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El matrimonio y la familia Fundamentados en la Biblia y en el Derecho

El matrimonio y la familia Fundamentados en la Biblia y en el Derecho

El matrimonio y la familia  Fundamentados en la Biblia y en el DerechoEl matrimonio y la familia  Fundamentados en la Biblia y en el Derecho

Autor:

Salomón Domínguez Bermúdez, ijs

Más de uno se preguntará ¿qué tiene que ver el Derecho de la Iglesia en estas grandes y nobles instituciones del matrimonio y la familia? ¿Qué aporta el Derecho Canónico para su conocimiento, su desarrollo, su fortalecimiento, su santidad, su integridad, su proyección y eficacia, en medio de la sociedad y de la Iglesia? Éstas y muchas otras interrogantes serán el desafío de esta nueva sección que hemos iniciado el mes pasado para ustedes, queridos lectores y destinatarios de una revista que llega al corazón de todos.

Algunas notas históricas

¿Quién predomina en el matrimonio, el padre o la madre? Santo Tomás de Aquino decía que a “las cosas se les denomina por lo más relevante que hay en ellas”. Por eso se llama matrimonio. Porque proviene de una palabra latina, mater (madre), y munus (oficio), es decir, el oficio o función de la madre, “porque se sabe que el infante necesita más el auxiliar materno que el paterno, y se sabe que para ella fue oneroso antes del parto, doloroso en el parto y laborioso después del parto”. En Francia sobresale el aspecto paterno, donde la palabra viene de mariage, que significa matrimonio, boda, casamiento, pero que a su vez se deriva de marí, que significa marido, es decir, hace alusión al varón, al que engendra.

En los dos primeros siglos de la historia, el Derecho Romano acuñó conceptos que han sido aceptados universalmente y conservados en la actualidad. “La unión del varón y la mujer, que contiene (retiene) una costumbre inseparable de vida” (consuetudo, que es el punto clave de la vida conyugal). Igualmente Modestino (s. II) definió al matrimonio como “la unión del varón y la mujer y el consorcio de toda la vida, la comunicación del derecho divino y humano”.

El Concilio Vaticano II y el Codex Iuris Canonici de 1983

Sin duda, las anteriores notas históricas han influido en el concepto de matrimonio que consagra la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, en sus números 46 al 52, así como en el Codex Iuris Canonici (CIC), canon 1055, § (párrafo o parágrafo) número 1, como ya vimos en el mes anterior.

El número 48 de dicha Constitución dice, sobre la naturaleza del matrimonio:

“La íntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable. Así, del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente nace, aún ante la sociedad, una institución confirmada por la ley divina. Este vínculo sagrado, en atención al bien tanto de los esposos y de la prole como de la sociedad, no depende de la decisión humana. Pues es el mismo Dios el autor del matrimonio… Por su índole natural, la institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados por sí mismos a la procreación y a la educación de la prole, con las que se ciñen como su corona propia. Por el pacto conyugal, el marido y la mujer ‘ya no son dos, sino una sola carne’” (Mt 19, 6).

Como podemos apreciar, estos conceptos de la doctrina del Concilio Vaticano II sobre el matrimonio van a ser definitivos para la normativa de la Iglesia sobre el particular. Ya no es sólo un contrato que da derecho al cuerpo para los actos generativos, sino una alianza mediante la cual los esposos se donan y se reciben mutuamente, de la cual nace la íntima comunidad conyugal de vida y amor. De aquí que el CIC incluya estos elementos constitutivos de la naturaleza del matrimonio en su concepto y en el de consentimiento.

 

El Antiguo y el Nuevo Testamento

En el Antiguo Testamento, el término alianza, que además de ser jurídico es bíblico, es más rico que el término contrato, dice Aznar Gil, porque expresa mejor el elemento personal (entrega y aceptación mutua) y evoca la relación peculiar de Dios con su pueblo elegido. La Sagrada Escritura define la naturaleza del matrimonio muy claramente en textos bastante conocidos: “Y los bendijo Dios diciéndoles: ‘crezcan y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen…’” (Gén 1, 28). “Por esta razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos se hacen uno solo” (Gén 2, 24). De estos textos, dice el Padre Antonio Molina Meliá, “… se deduce claramente la monogamia heterosexual y su relación con la procreación, y se insinúa la indisolubilidad”. Los Patriarcas hablan de fecundidad; los Profetas, de amor conyugal, como Oseas, Ezequiel e Isaías: “No temas, no quedarás en ridículo; no serás ofendida ni avergonzada… El Señor te llama de nuevo. ¿Puede ser rechazada la esposa tomada en la juventud? Por un breve instante te abandoné, pero ahora te recibo con inmenso cariño… el amor con que te amo es eterno…” (Is 54, 4-8).

En el Nuevo Testamento, san Pablo, en su Carta a los Efesios, sublima la educación de los hijos cuando dice: “Y ustedes, padres, no irriten a sus hijos, sino edúquenlos, corríjanlos y enséñenles tal como lo haría el Señor” (Ef 6, 4). En su Carta a los Colosenses, habla del amor como vínculo de la perfección: “Como elegidos de Dios, pueblo suyo y amados por él, revístanse de sentimientos de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando alguno tenga motivos de queja contra otro. Del mismo modo que el Señor les perdonó, perdónense también ustedes. Y por encima de todo, revístanse del amor que es el vínculo de la perfección. Que la paz de Cristo reine en sus corazones; a ella los ha llamado Dios para formar un solo cuerpo. Y sean agradecidos…” (Col 3, 12-15).

El Concilio Vaticano II tomará estas fuentes y las de los Santos Padres para la nueva Codificación de 1983, que define la naturaleza del matrimonio, “elevada a la dignidad de sacramento entre bautizados” (c. 1055), tema que retomaremos en el siguiente número.

Recuerda que puedes plantearnos tus inquietudes, preguntas y dudas a mi correo electrónico frsdcic@yahoo.com o directamente al de la revista redaccion@lafamiliacristiana.com.mx

http://www.lafamiliacristiana.com.mx/lfc/index.php?option=com_k2&view=item&id=179:Salom%C3%B3n%20Dom%C3%ADnguez%20Berm%C3%BAdez,%20ijs&Itemid=66

 

 

 

 

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LOS HIJOS: UNA EXPERIENCIA PARA ACERCARNOS A DIOS

LOS HIJOS: UNA EXPERIENCIA PARA ACERCARNOS A DIOS

 

 

María Carolina Sánchez Silva

Bogotá, octubre de 2005,

Colombia

 

Existen algunos imaginarios colectivos que rondan por ahí como verdades incuestionables y que se oyen así: “la religión es para los curas y las monjas”, “para hablar de Dios hay que ser religioso”, “si el sacerdote lo dice es porque es así”, “hay un camino más perfecto para llegar a Dios y ese es ser monja o cura”. Todas estas frases siguen vigentes para muchos cristianos que aún esperan que alguien les explique cómo es eso de la religión y también para algunos padres y madres que esperan que sus hijos sean acercados a Dios por alguien más experimentado que ellos en este asunto percibido como inmensamente difícil.

Por otra parte, es la época de los papás inseguros. Ya no existe el autoritarismo de antaño en el cual las cosas eran claras y las normas simplemente se obedecían porque mi papá lo dice o porque me da miedo. Los padres de hoy les pedimos permiso a nuestros hijos, dudamos, no sabemos si los estamos traumatizando con nuestras normas, nos sentimos culpables de no estar con ellos y queremos resarcirlos no imponiéndoles demasiadas cargas.

También los niños de hoy están más metidos en el mundo, recibiendo toda clase de informaciones indiscriminadamente, aprendiendo a cuestionar más y a exigir ante unos papás inseguros y confundidos.

Ante este panorama, ¿qué podemos decir de la experiencia de Dios? ¿Qué queremos transmitir sobre ella? ¿Cómo se relaciona con la crianza de nuestros niños y qué papel juega en semejante misión? ¿También estamos inseguros en este campo de la enseñanza de Dios a los hijos?

Las siguientes son algunas reflexiones sobre el papel de los laicos como padres, como detentadores del privilegio de acercar los hijos a Dios y poseedores de las herramientas más poderosas para hacerlo.

 

 

Cómo se nos fue abriendo el camino

En el devenir de la Iglesia a través de los siglos el concepto de laico se fue definiendo en oposición al clero. Según este enfoque de la Iglesia, el clero se ocupaba de las cosas sagradas en contraposición al laico dedicado a las cosas temporales. Los laicos venían a ser algo así como la plebe cristiana, gobernada por el clero.

A pesar de esta percepción del laico, en toda Europa, a partir del siglo XIII, surgen multiplicidad de organizaciones autónomas de laicos, hombres y mujeres dedicados a la práctica de la caridad en las formas más diversas: hospitales, posadas para proteger peregrinos, constructores de vías y puentes etc., todas con el propósito de ayudar a los pobres, enfermos y débiles.

 

Sin embargo, con el transcurrir de los siglos se acentuó más la condición subalterna de los laicos y se hizo claro que la Iglesia era una sociedad desigual donde unos estaban hechos para gobernar y otros para ser gobernados. Unos eran pastores y otros, ovejas, que necesitaban ser guiadas y dirigidas desempeñando, por lo tanto, un papel pasivo y limitándose a obedecer.

Este modo de mirar las cosas cambió a partir del Concilio Vaticano II que les devuelve a los laicos su pertenencia plena y su honda significación para la vida de la Iglesia. En la nueva visión, la Iglesia se describe como pueblo de Dios, integrado por todos los bautizados, todos iguales en dignidad, todos responsables de ella. Es decir las diferencias entre los miembros de la Iglesia son sólo de orden funcional. El Concilio considera que la vocación laical es la de tratar los asuntos históricos y seculares ordenándolos según Dios, pero sobre todo es una vocación al apostolado que los laicos tienen el derecho y la obligación de realizar en el medio social y cultural en que se encuentren.

 

La religión, la religiosidad y la fe

  1. Batista Libanio hace una diferenciación entre estos tres términos que ilumina nuestra pregunta sobre ¿cómo acercar a las familias a la experiencia de Dios? Nuestro presupuesto es que si acercamos a los padres a la experiencia de Dios, estamos automáticamente acercando a los hijos a la vivencia de la fe dentro de los medios que nos brinda nuestra Iglesia Católica.

Los tres términos van juntos, se encuentran en una relación dinámica e inseparable, no se entiende el uno sin el otro.

La religión es un sistema de medios que tiene el poder de organizar tiempos, sitios, personas, doctrina para que los seres humanos vivan su sentido religioso y expresen su fe.

La religiosidad es una dimensión humana, es la capacidad de percibir el mundo de la religión. La religiosidad es una capacidad humana para vivir el sistema religioso.

La fe es aceptar la palabra revelada de Dios en Jesucristo que nos pide un compromiso de vida con los demás.

Si relacionamos los tres elementos podemos decir que la religión existe para satisfacer nuestra dimensión religiosa (religiosidad). A su vez nuestra condición religiosa que quiere trascender pide una religión en donde se pueda expresar y vivir. Y la fe es nuestra vivencia central que nos pide conversión y compromiso al estilo de Jesús. La fe no es organización de ritos, ni sensibilidad religiosa. La fe es lo central, lo que no cambia, lo que se mantiene a pesar de que entremos en crisis con la religión o con la religiosidad.

Ningún elemento se entiende sin el otro puesto que es difícil vivir la fe sin religión y la religión sin religiosidad y sin fe.

El tiempo postmoderno y neoliberal que estamos viviendo en el cual cada quien piensa lo que quiere y hace lo que quiere, y también, nuestra experiencia como laicos, papás y mamás, nos hace percibir que la familia ha perdido la creencia fundamental de la fe, su vivencia, y se siente poco satisfecha con lo que su religión le propone para desarrollarse como creyentes comprometidos con este  mundo de hoy.

Creemos que nuestro camino como laicos apasionados y seducidos por Jesús puede ayudar a otros papás y mamás a acercarse al encuentro persona a persona con Jesús, centro de nuestra fe, y también, puede ayudar a crear nuevos caminos y formas que hagan de la vivencia de la fe en la religión católica, una nueva familia que se sienta escuchada y apoyada en la  integración de su fe con la realidad.

Es más, queremos decir también que la fe en Jesucristo ilumina nuestras relaciones al interior de la familia y nos da la guía necesaria a la luz del Evangelio para criar a nuestros hijos en un mundo tan sin sentido y en donde todo es relativo, individual y subjetivo.

 

Los laicos, evangelizadores de sus hijos

“Jesús sabe que el hecho de la familia es decisivo en la experiencia y en la vida de los hombres y mujeres. Por eso, habla frecuentemente de las relaciones familiares como modelo para explicar lo que es Dios o el reinado de Dios en el mundo. Y así, las relaciones del esposo, padre, madre, hijo, novio, hermano, aparecen repetidas veces en boca de Jesús cuando habla del reinado de Dios, de lo que es Dios para los hombres, de lo que éstos tienen que ser ante Dios, o de lo que todos debemos ser, los unos para con los otros. Desde nuestras experiencias en la vida de familia podemos todos comprender, de alguna manera al menos, lo que deben ser nuestras experiencias ante Dios y ante los demás. La familia es fuente de vida y fuente de alegría por la vida que transmite. En ella está Dios. Es un espacio humano privilegiado donde nace, crece y se cultiva el amor. Y con el amor, la felicidad, la generosidad, la entrega de unas personas a otras, la responsabilidad ante las propias tareas y obligaciones, la piedad honda y sincera” (J. L. Caravias)

La familia es el espacio en donde los laicos han tenido el privilegio y la casi exclusividad de la evangelización en todos los tiempos. Dentro del ámbito familiar, en las más variadas circunstancias y en medio de la complejidad de las relaciones entre padres e hijos, los padres son los únicos que pueden transmitir a las futuras generaciones el mensaje cristiano. Ni los sacerdotes, ni las instituciones educativas tienen la fuerza poderosa que nace de la íntima relación de un niño con su madre o con su padre desde que nace y que le hace el transmisor natural, a veces inconsciente, de los valores, las creencias y las actitudes ante la vida.

No hay un mundo nuevo sin hombres nuevos y en las manos de los laicos (esposos y padres), está el transmitir los valores fundamentales y la formación básica que ha de desembocar en hombres y mujeres que construyan una sociedad de acuerdo con los valores cristianos. En esta labor los padres no están solos; cuentan con la presencia y el apoyo de Dios que les revela, en el amor paternal y maternal, el amor incondicional del Padre por la humanidad. Es en la familia donde se entiende que no hay amor más grande que dar la vida por el otro, como están dispuestos a hacerlo los padres por sus hijos en todo momento. En el núcleo familiar, antes que en cualquier otra parte, se hace realidad ese amor incondicional que es la clave de la construcción del Reino.

Por otra parte, el trabajo de formar a los hijos no es sencillo. Podemos decir que existen dos aspectos esenciales en esta tarea: el primero y más importante es transmitir la experiencia de Dios; el segundo, imprescindible también, es dar a conocer las verdades de la fe, teniendo siempre como telón de fondo y punto de referencia, las dificultades y desafíos del mundo de hoy.

 

Transmitir la experiencia de Dios

Acerca del primero de estos puntos podemos decir que enseñar a conocer y a amar a Dios es, ante todo, enseñar a tener una experiencia de Dios. El niño debe sentir y experimentar que Dios existe, es real y cercano, convive con él y con sus padres, participa en sus decisiones, es alguien con quien se cuenta en todas las circunstancias. Ahora bien, esto únicamente puede experimentarlo a través de sus padres. Para el niño solo es absolutamente real aquello que lo es para sus padres. La importancia que conceda a Dios, la evidencia de la presencia divina en la vida cotidiana depende de la actitud de sus padres, de la forma como ellos transparenten una adecuada imagen de Dios.

Este hacer presente a Dios solo puede hacerse real en la vida cotidiana del niño. Al levantarse, al acostarse, durante sus juegos, en sus contactos con la realidad circundante, con las personas mayores, con otros niños. En todos esos momentos, los padres deben saber pronunciar la palabra adecuada, realizar el gesto oportuno para hacer presente y real a Dios. Es un asunto de creatividad y de oportunidad. Hay que saber aprovechar los momentos adecuados e inventarse las estrategias para que el mensaje sea asimilado por el niño no en un nivel intelectual, imposible para su edad, sino como una experiencia que se interioriza a un nivel tan profundo que llega a ser imborrable y, a partir de entonces, crece y se expande con la edad. La fe del adulto es el fruto maduro que surge de esta experiencia vivida en la infancia. Una fe que es fruto de la relación cálida, confiada y amorosa entre los padres y Dios, que el niño ha vivido y sentido durante toda su infancia y de la cual ha participado consiente e inconscientemente.

 

Enseñar una fe renovada y actual

Con respecto al segundo aspecto, hay que concientizarse de la necesidad de que los laicos padres y madres de familia actualicen sus conocimientos sobre las verdades centrales de la fe para que puedan dar a sus hijos las explicaciones adecuadas a los conocimientos que quieren transmitir. En épocas pasadas, se hablaba sin problemas de que un cristiano podía tener lo que se llamaba “la fe de carbonero” y que con ella bastaba. Hoy no es así. Empezando porque ya no hay “carboneros”; hasta el más humilde de los cristianos se encuentra hoy ante un televisor o ante el Internet desde donde recibe un bombardeo constante de informaciones y desinformaciones acerca de todas las materias, incluso religiosas, capaces de  llenar de confusión a cualquiera.

Ante esta situación sólo queda la ineludible necesidad de que los padres enseñen claramente a sus hijos desde pequeños las verdades centrales que debe conocer un católico con claridad, de acuerdo con las explicaciones actuales de la teología, iluminadas por las luces que nos dio en buena hora el Concilio Vaticano  II. Ya no hay excusa para transmitir conocimientos trasnochados y sin validez en el mundo actual. Le debemos a Dios el esfuerzo de presentar una imagen suya más verdadera, más real, más viva que aquella que muchos quieren imponernos en los medios de comunicación. No permanezcamos impasibles ante la deformación de la imagen de Dios.

De ahí la necesidad de que los padres busquen formas, que afortunadamente las hay, de actualizar sus conocimientos. Se ofrecen cursos, existen libros, hay grupos de cristianos interesados en estudiar la fe con una mirada nueva, con la mirada a la que estamos obligados los laicos del siglo XXI.

Se debe entonces establecer una nueva relación entre los laicos y el “clero”. Debe ser un apoyo mutuo, pero sobretodo ayudarles a los sacerdotes a asumir su papel de animadores y acompañantes en la fe. Con esta propuesta no se quiere dejar de lado la figura del sacerdote o de la religiosa, porque caeríamos en el otro extremo, se trata de buscar perspectivas acordes a la formación actual.

 

 

Anticiparnos a sus dificultades futuras

Ocurre el caso de niños que reciben una buena formación religiosa pero al crecer pierden la fe. Es muy frecuente que el choque entre una concepción poco clara acerca de Dios y las dificultades del mundo actual, haga zozobrar una fe débil y sin fundamentos sólidos. Por eso, una educación religiosa eficaz debe darle al niño herramientas con las cuales enfrentar y superar sus dudas y, en general, los obstáculos que se interpongan en el camino de su fe. Ello quiere decir que debemos educar para el futuro, anticiparnos a sus dudas, comprender las dificultades a las que tendrán que enfrentarse y fortalecer aquellos aspectos en los cuales sabemos que tendrán mayores dificultades para salir adelante. Demos algunos ejemplos:

El niño debe saber armonizar las verdades de la fe con los conocimientos científicos. Estos son logros maravillosos del hombre. No existe conocimiento científico que pueda apartar de Dios, creador del universo y de todo cuanto en él existe. Todo lo que la ciencia descubra y pueda crear, si es verdadero tiene que estar de acuerdo con Dios porque Dios es la verdad. Por lo tanto si un conocimiento científico, verdadero y comprobado, nos aleja de Dios es porque no conocemos a Dios, porque no tenemos una adecuada formación religiosa y estamos tergiversando y falsificando la revelación.

Otro ejemplo lo constituye la falsa interpretación sobre la actuación de Dios en el mundo. Interpretar las catástrofes o el mal en el mundo como castigo de Dios o como algo querido por Dios aleja a los niños de una adecuada percepción de la realidad. Tampoco hay que confundir la voluntad de Dios con los resultados de la acción destructora del hombre en el mundo. Desde pequeño el niño debe saber que la forma de actuar de Dios no es el milagro permanente ni la acción tremendista y espectacular.

Nada tan valioso como educar a un niño en la verdad. Los problemas deben ser enfrentados como problemas: si hay cosas que no entendemos acerca de Dios, de su actuación en el mundo, deben presentarse así, como problemas. Y el niño debe aprender que es responsabilidad de todos, suya también, buscar una respuesta. Si al niño se le dice siempre la verdad, de acuerdo a su edad, en forma sencilla, nunca se sentirá desilusionado de sus padres, ni de las cosas que le enseñaron. Si se le incentiva a buscar la verdad en aquellas situaciones difíciles de su relación con Dios, nunca se desilusionará de Dios.

La crianza de los hijos: una experiencia para acercarnos a Dios

Como se desprende de las reflexiones anteriores, la misión que Dios nos ha encomendado como padres y madres, si la tomamos en serio, implica asumirla con toda radicalidad. Somos la autoridad ante nuestros hijos, somos el ejemplo, el testimonio del cual ellos obtienen las herramientas necesarias para ser y hacer para sí y para los demás.

Y la cosa va más allá, tener un hijo o una hija en los brazos, no solo es desde el primer momento un milagro de la vida que Dios nos regala en abundancia, sino también la oportunidad que Dios nos da para ser mejores cristianos. ¿Queremos darles a nuestros hijos lo mejor? ¿Queremos que sean felices? Ellos no se llevarán lo mejor de nosotros si nosotros no dejamos que Dios entre en nuestra vida y nos dé la fuerza y el deseo de ser mejores personas para ellos.

En la experiencia de ser papás y mamás rápidamente comprobamos que nuestras cantaletas son poco efectivas, nuestros discursos poco llegan al corazón de nuestros hijos, pero nuestro ejemplo arrasa con todo, cala hondo. ¿Cómo enseñarles a nuestros hijos acerca de Dios si ellos ven que Él no es el centro de nuestras vidas, si no hace parte de nuestra cotidianidad? ¿Cómo van a aprender a vivir según Dios si hablamos mal de los demás y decimos mentiras, si enseñamos desprendimiento pero solo pensamos en acumular y nos llenamos de cosas, si no oramos en familia?

En la base de este compromiso de transmitir la fe está la relación de pareja. Son efectivas las semillas de fe que quedan en nuestros hijos cuando el amor al estilo de Jesús es una realidad que se intenta vivir todos los días y sin descanso en la pareja. La pareja es la comunidad fundante de aquella más amplia que es la familia. Vivir en cercanía con el otro, vivir bajo un mismo techo y compartiéndolo todo no es tarea fácil, pero sí es la oportunidad más concreta y más real para poner en práctica el amor de Jesús. El amor de Jesús sólo se hace realidad en comunidades pequeñas que caminando juntas, conformamos la gran Iglesia.

Que los hijos vean cómo sus padres se aman, no sin conflictos, es maravilloso. Que los hijos vean que sus padres son pareja, hacen frente unido así no piensen igual, sepan conciliar sus diferencias, sepan tratarse con cariño aceptándose el uno al otro, es el mejor espejo que se pueden llevar para plantear sus relaciones. Amarse en pareja al estilo de Jesús, es saber que a pesar de los problemas, las circunstancias difíciles y las diferencias, lo fundamental no se pone en juego: ese amor incondicional de apostarle a vivir con el otro amándolo en su singularidad y sabiendo que el otro es un regalo de Dios para la propia vida.

Porque no se pone en juego el amor fundamental es que se puede disentir, porque toda discusión puede acabar con una palabra o un gesto maravilloso que lo borra todo, es como se sabe que el otro sigue queriéndome y apostando a lo que estamos construyendo. Esta es la seguridad que los hijos necesitan para poder creer y para desplegar su fe en un Dios que es quien hace posible este tipo de amor.

Estar comprometidos con la comunidad de la familia como una prioridad implica para la pareja y para cada papá y cada mamá una minuciosa labor de discernimiento para saber en cada momento cómo quiere Dios que criemos con su amor. El verdadero, en el que creemos.

A veces nos desviamos y pensamos que el amor a los hijos es solo decirles frases cariñosas, o estar pendientes de ellos indicándoles qué hacer, qué decir, qué sentir, o a veces podemos pensar que es comprarles todo lo que se les antoja o incluso brindarles toda clase de oportunidades.

“El amor que verdaderamente les llega a los hijos se da cuando hay un profundo interés por ellos y un verdadero compromiso con su crianza. Se expresa cuando vemos y consideramos a nuestros hijos como algo muy especial, cuando disfrutar de su compañía es más importante que cualquier otra actividad, cuando les tratamos con tanto respeto y consideración como a nuestros más queridos amigos, cuando les escuchamos con mucha atención e interés, cuando les apoyamos en las dificultades y aceptamos sus fracasos o errores sin discriminarlos por haber fallado. Es un amor incondicional que incluye caricias y demostraciones afectivas, exige paciencia y tolerancia, requiere calidad y cantidad de tiempo y, por supuesto, darle más importancia a las personas que a los deberes y las cosas” (A. Marulanda, 2001).

Formar a nuestros hijos para que vean el mensaje de Jesús totalmente implicado en la vida misma es capacitarlos para que obren como Dios quiere en cada momento de la vida. Que ellos puedan hacer lo correcto, aunque nadie los vea, que puedan decir la verdad aunque no les convenga, que puedan superar las penas saliendo enriquecidos y sosteniendo la esperanza.

Hay que discernir siempre, pues a veces, ponemos el acento más en que los hijos se sientan bien y no en que sean buenas personas. Este carácter que queremos para nuestros hijos se establece con el ejemplo y se forma como resultado de las lecciones que nos da la vida. La tolerancia, la generosidad, la compasión, la perseverancia, la valentía, no se desarrollan en la abundancia sino en la moderación, y no se enriquecen en las diversiones sino en las dificultades. En efecto, es cuando no tenemos lo suficiente cuando más gozamos lo que recibimos, es cuando nos esforzamos cuando más apreciamos lo que logramos. De nada les servirán a nuestros hijos los grandes conocimientos, los títulos y una gran autoestima, si no tenemos el carácter para ponerlos al servicio de lo que nos hace plenamente humanos y felices: la satisfacción de hacer el bien y de obrar en forma correcta, como nos lo enseñó Jesús.

Y el reto no se queda allí para dentro, como dice Caravias, la verdadera familia cristiana enseña a vivir en profundidad el amor mutuo, pero rompiendo los muros en que instintivamente tiende a encerrarse ese amor. Será tanto más cristiana la familia cuanto más vaya dejando de ser exclusiva, cuanto más vaya queriendo como verdaderos hermanos a los que no lo son. A los prójimos hay que hacerlos cada vez más próximos; mirándolos a ellos hay que ver a Jesús.

 

Creemos que como padres, laicos y laicas, papás y mamás, parejas, tenemos el compromiso dentro de la Iglesia de formar a otros padres en la teología actual, de conformar grupos de apoyo que den herramientas más claras a los papás y mamás, para acercar a sus hijos a la experiencia de Dios, hecho que no se da si no se está viviendo en carne propia al resucitado.

Es Dios mismo encarnado en nuestros hijos quien nos invita a experimentarlo de manera más radical cuando somos pareja y padres. ¡¡¡Qué medio más maravilloso y qué tarea tan apasionante ha escogido para acercarnos  a él!!!

Dios se manifiesta a través de nuestros hijos invitándonos a seguirlo, a ser coherentes y radicales, y a no dudar ni tener temor de hablar de Dios a nuestros hijos. Él mismo es el más interesado en hacernos mejores personas como padres y como hijos. Es por eso que ya no tendremos más temor de anunciarlo, tanto cuando son pequeños como cuando son grandes. Queremos que se queden con nuestra más preciada herencia: la fortuna de tener fe en el Dios de Jesús, misericordioso, acompañante de camino, creador incansable y amante de todas las personas sin excepción.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Bingemer, María Clara, Identidad del laico. En caravias Jose Luis. Recopilaciones en el CD Fe y Vida.

 

Caravias José Luis, “Matrimonio y familia a la luz de la Biblia”. Recopilaciones en CD Fe y vida.

 

Mosser Antonio o.f.m. “Fe cristiana, sexualidad y familia”. Recopilación en CD Fe y Vida

 

Marulanda Angela, “Creciendo con nuestros hijos”. 1998

 

Libanio joao Batista, “Vivir la fe en los comienzos del tercer milenio”. Curso oct. 2005. CIRE. Bogotá Colombia

 

Silva de Sánchez María Teresa, “Cómo hablar de Dios a los hijos”. Indoamerican Press service. 1995.

 

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La Familia

Les compartimos un segundo tema de reflexión.

Recordamos que estos temas son de problemáticas actuales e iluminados con los mensajes del Papa Francisco en su visita a nuestro país.

El contenido es extenso, es para la lectura personal y tener mayor información.

Quienes deseen analizarlo en reunión del grupo pueden hacerlo en dos o tres sesiones, de acuerdo a sus realidades locales.

Les pedimos de favor difundir entre sus contactos y asegurarse de que llegue a todos los grupos parroquiales.

Favor de imprimir para que regalen una copia a quienes no usan este medio. Gracias.

Dios los diga bendiciendo.

Saludos
Omar Peña
Junta Nacional

Elaborado por la Junta Nacional de la Acción Católica Mexicana

TEMA LA FAMILIA

ANALIZAR

UNA MIRADA A NUESTRA REALIDAD

El Diccionario de la Lengua Española define a la familia, entre otras cosas, como un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas, lo que lleva implícito los conceptos de parentesco y convivencia.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento declarativo adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en ésta se recogen en sus 30 artículos los derechos humanos considerados básicos.

Citemos el artículo 16 de dicha declaración:

  1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.
  2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.
  3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Si analizamos de una manera textual el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, encontramos que se habla de hombres y mujeres en edad de casarse que tienen el derecho de fundar una familia, sin restricciones por su raza, nacionalidad o religión; en ningún momento se expresa la opción de preferencias sexuales, simplemente se habla de hombre y mujer.

Además vemos cómo se enaltece el concepto de familia como elemento natural y fundamental de la sociedad, por ello es muy común la expresión “la familia es el núcleo de la sociedad”, entendiéndose por núcleo la parte central, fundamental o más importante de algo, en este caso, eso es la familia para la sociedad.

Ahora analicemos nuestra ley, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el artículo 4° de nuestra Carta Magna, expresa lo siguiente:

“El Varón y la mujer son iguales ante la ley. Ésta protegerá la organización y el desarrollo de la familia”.

Como podemos ver, es una obligación del Estado proteger la organización y el desarrollo de la familia, entendiendo por organización tradicional de la familia aquella a la que tienen el derecho de fundar un hombre y una mujer según la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Desde hace varias décadas se ha expresado con más insistencia el concepto de “preferencia sexual”, la cual se entiende como los sentimientos de atracción sexual y emocional hacia personas del mismo o del otro sexo. Esto ha ido en crecimiento y ahora existen en nuestra sociedad múltiples opciones para que los seres humanos “elijan” la clasificación en la que se sientan aceptados y realizados: al hombre y la mujer se les llama heterosexuales, pero además existen palabras como: bisexual, homosexual (gay y lesbiana), y de ahí se desprenden otras preferencias como transexual o transgénero.

Los cristianos bien sabemos que las Sagradas Escrituras nos dicen que Dios creó al hombre (Gn 2, 7) y que posteriormente Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera sólo y creó a la mujer (Gn 2, 18 -22) y “Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer, y son los dos una sola carne” (Gn, 2, 24). La historia de la creación es tan bella porque en ella Dios nos resalta el amor y confianza que tiene en el hombre y la mujer, a pesar de nuestras debilidades y fallas.

Jesús viene a salvarnos y los Evangelios nos narran la importancia que Jesús le da al matrimonio, recordemos que nos dice: Al principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá con su esposa y serán dos en una sola carne. Por lo tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre (Mc 10, 6-9; Mt 19, 4-6).

Está bastante clara la voluntad de Dios: hombre y mujer. Pero no nos toca a nosotros juzgar a las personas que han decidido optar por orientaciones sexuales diferentes, pues detrás de cada ser humano hay una historia que va forjando la conducta, el carácter y las decisiones de las personas; no sabemos qué los llevó a tomar esas decisiones, pero sí sabemos que son seres humanos, hijos de Dios que debemos amar por igual. No somos jueces, somos pecadores que constantemente experimentamos la misericordia de Dios.

 

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 2358, nos dice:

“Un número apreciable de hombres y mujeres presenta tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”.

Lo que si nos toca a nosotros es defender el Sacramento del Matrimonio, pues como sacramento es un signo sensible, instituido por Cristo, para darnos la gracia, al respecto el Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 1625, nos dice:

“Los protagonistas de la alianza matrimonial son un hombre y una mujer bautizados, libres para contraer el matrimonio y que expresan libremente su consentimiento. Ser libre, quiere decir:

  • no obrar por coacción
  • no estar impedido por una ley natural o eclesiástica”

Por ley natural entendamos aquella que los seres humanos podemos conocer por medio de la razón; por lo tanto se requiere de un hombre y una mujer para participar de la naturaleza del matrimonio y del amor conyugal que están ordenados a la procreación y la educación de sus hijos que son el don más excelente del matrimonio (Cfr Catecismo de la Iglesia Católica n. 1652).

De nuevo dejemos que el Catecismo de la Iglesia Católica nos ilumine, en el número 1653 nos dice:

“Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos. En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la vida”.

Por todo lo anterior entendamos la familia como una comunidad, una unidad de convivencia en el amor, no una simple suma de individuos. Es el escenario donde la persona inicia su crecimiento y la superación de su soledad, gracias a la interacción de sus miembros. Es el medio donde la persona entra en contacto y practica los valores que orienta a la sociedad, como la solidaridad, el respeto, la honestidad y la responsabilidad. Adopta gradualmente las actitudes ante la vida y acepta o rechaza determinados comportamientos de los miembros de la familia y, en consecuencia, de la sociedad.

Los grandes problemas de la humanidad radican en la familia. Cuando una persona crece en medio de estructuras familiares complejas puede existir confusión, falta de valores o una percepción superficial y bastante relajada de la moral y las buenas costumbres. En ocasiones, algunas conductas de rechazo, intolerancia o indiferencia al bien común y a las cosas de Dios, vienen de situaciones adversas vividas en la familia.

 

Hoy en día cada vez son más los que desean fundar una familia haciendo a un lado al matrimonio, olvidando o no importando que esa sea la unión que Dios quiso bendecir. Estas personas argumentan que “no necesitan contratos para ser felices”.

En otros casos, cada vez hay más mujeres dispuestas a ver la maternidad como una superación personal y no como un acto de amor conyugal, y se conforman con decir “que pueden ser padre y madre”; en estos casos se piensa en la propia realización y en cierta seguridad de compañía a futuro, creyendo que un padre para sus hijos no hace falta ni en lo económico ni en lo emocional.

También existe la otra cara, las mujeres que son madres solteras, no por decisión, si no por otros factores como abandono de la pareja, embarazo no deseado o incluso violación. Algunas de ellas toman decisiones equivocadas y acaban con la vida practicando el aborto, en algunos casos de forma legal bajo el nombre de “interrupción del embarazo”. En otros casos, muchas mujeres valientes defienden la vida de sus hijos, los traen al mundo, los educan y salen adelante con ellos, pero muchas veces en un modelo de familia disfuncional en las que les corresponde intentar hacer el papel de padre y madre.

Los divorcios son otro grave problema para la desintegración de las familias, en ellos los más afectados suelen ser los hijos.

También existe la violencia en las familias, en donde alguno de los miembros se convierte en agresor de los demás, ya sea de manera física o emocional, o ambas.

Todo lo anterior pueden ser factores que propicien que las personas crezcan con una educación completamente lejana de los valores, y la falta de valores es lo que genera egoísmo, corrupción y maldad.

Pero ahora miremos a las familias que si están integradas por un matrimonio, en las que existe la figura paterna, materna y los hijos, muchas de estas familias sufren de crisis económica, desempleo, enfermedad, falta de oportunidades de educación y desarrollo y poco a poco pueden empezar a desesperarse hasta caer en prácticas indebidas. En todos estos casos hace mucha falta no alejarse de la presencia de Dios.

Y qué decir de las familias en donde la vida es económicamente más desahogada o incluso con bastante solvencia económica; ahí se puede correr el riesgo de la desintegración familiar por múltiples causas como la falta de interés de unos por otros, el uso inadecuado de la libertad y los recursos para conseguir lo que desee, las malas compañías y muchas cosas más. No siempre la abundancia material es la mejor forma de educar en los valores. Estas familias también necesitan a Dios para no equivocar el camino y no pensar sólo en generar riqueza privándose de gozar de su familia.

En todas las familias se puede hacer presente la tentación, en cualquiera de sus miembros, de amenazas como: infidelidad, drogadicción, alcoholismo, sexualidad mal orientada, prostitución, narcotráfico y muchas cosas más que atentan contra la persona.

Toda familia necesita revalorarse, interesarse unos por otros, conocer sus problemas e inquietudes, solo la comprensión, el diálogo y el perdón ayudarán a superar cualquier obstáculo. Es tiempo de hablar, de mirarnos con misericordia y de apoyarnos unos a otros para que todos los miembros de nuestras familias sean factores de cambio para la sociedad.

ESCUCHAR LA VOZ DEL PAPA

Tomado del mensaje de S.S. Francisco en el Encuentro con las Familias en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 15 de febrero de 2016.

“Creo que es lo que el Espíritu Santo siempre quiere hacer en medio nuestro: “echarnos ganas”, regalarnos motivos para seguir apostando a la familia, soñando y construyendo una vida que tenga sabor a hogar y a familia”.

“Y es lo que el Padre Dios siempre ha soñado y por lo que desde tiempos lejanos el Padre Dios ha peleado. Cuando parecía todo perdido esa tarde, en el jardín del Edén, el Padre Dios le echó ganas a esa joven pareja y le dijo que no todo estaba perdido. Y cuando el Pueblo de Israel sentía que no daba más en el camino por el desierto, el Padre Dios le “echó ganas” con el maná. Y cuando llegó la plenitud de los tiempos, el Padre Dios le “echó ganas” a la humanidad para siempre y nos mandó a su Hijo”.

“De la misma manera, todos los que estamos acá hemos hecho experiencia de eso, en muchos momentos y de diferentes formas el Padre Dios le ha “echado ganas” a nuestra vida. Podemos preguntarnos: ¿Por qué?

Porque no sabe hacer otra cosa: ¡Nuestro Padre Dios no sabe hacer otra cosa que querernos y de echarnos ganas, y empujarnos y llevarnos adelante! ¡No sabe hacer otra cosa!… porque su nombre es amor, su nombre es donación, su nombre es entrega, su nombre es misericordia. Eso nos lo ha manifestado con toda fuerza y claridad en Jesús, su Hijo, que “se la jugó” hasta el extremo para volver a hacer posible el Reino de Dios. Un Reino que nos invita a participar de esa nueva lógica, que pone en movimiento una dinámica capaz de abrir los cielos, capaz de abrir nuestros corazones, nuestras mentes, nuestras manos y desafiarnos con nuevos horizontes. Un Reino que sabe de familia, que sabe de vida compartida. En Jesús y con Jesús ese Reino es posible. Él es capaz de transformar nuestras miradas, nuestras actitudes, nuestros sentimientos muchas veces aguados en vino de fiesta superficial. Él es capaz de sanar nuestros corazones e invitarnos una y otra vez, setenta veces siete, a volver a empezar. Él es capaz de hacer siempre todas las cosas nuevas”.

“Muchos adolescentes sin ánimo, sin fuerza, sin ganas… muchas veces esa actitud nace porque se sienten solos, porque no tienen con quien hablar. Piensen los padres, piensen las madres: ¿hablan con sus hijos y sus hijas o están siempre ocupados, apurados? ¿Juegan con sus hijos y sus hijas?”.

“Pensemos en toda la gente, en todas las mujeres que pasan por la precariedad, la escasez, el no tener muchas veces lo mínimo nos puede desesperar, nos puede hacer sentir una angustia fuerte ya que no sabemos cómo hacer para salir adelante y más cuando tenemos hijos a cargo. La precariedad no sólo amenaza el estómago (y eso es ya decir mucho, ¿eh?), sino que puede amenazar el alma, nos puede desmotivar, sacar fuerza y tentar con caminos o alternativas de aparente solución, pero que al final no solucionan nada. Existe una precariedad que puede ser muy peligrosa, y que se nos puede ir colando sin darnos cuenta, es la precariedad que nace de la soledad y el aislamiento. Y el aislamiento siempre es un mal consejero”.

“La forma de combatir esa precariedad y aislamiento, que nos deja vulnerables a tantas aparentes soluciones, se tiene que dar a diversos niveles. Una es por medio de legislaciones que protejan y garanticen los mínimos necesarios para que cada hogar y para que cada persona pueda desarrollarse por medio del estudio y un trabajo digno. Por otro lado, cuando buscamos la manera de transmitir el amor de Dios que hemos experimentado en el servicio y en la entrega a los demás. Leyes y compromiso personal son un buen binomio para romper la espiral de la precariedad”.

“La familia está siendo debilitada, cómo está siendo cuestionada. Cómo se cree que es un modelo que ya pasó y que ya no tiene espacio en nuestras sociedades y que, bajo la pretensión de modernidad, propician cada vez más un modelo basado en el aislamiento. Y se van inoculando en nuestras sociedades, se dicen sociedades libres, democráticas, soberanas; se van inoculando colonizaciones ideológicas que las destruyen y terminamos siendo colonias de ideologías destructoras de la familia, del núcleo de la familia que es la base de toda sana sociedad”.

“Es cierto, vivir en familia no es siempre fácil, muchas veces es doloroso y fatigoso, pero creo que se puede aplicar a la familia lo que más de una vez he referido a la Iglesia: prefiero una familia herida, que intenta todos los días conjugar el amor, a una familia y sociedad enferma por el encierro o la comodidad del miedo a amar. Prefiero una familia que una y otra vez intenta volver a empezar a una familia y sociedad narcisista y obsesionada por el lujo y el confort”.

“Prefiero una familia con rostro cansado por la entrega a una familia con rostros maquillados que no han sabido de ternura y compasión”.

 

“Padre, una familia perfecta nunca discute”, ¡Mentira! Es conveniente que de vez en cuando discutan y que vuele algún plato, está bien, no le tengan miedo. El único consejo es que no terminen el día sin hacer la paz, porque si terminan el día en guerra, van a amanecer ya en guerra fría y la guerra fría es muy peligrosa en la familia, porque va socavando desde abajo.

“La vida matrimonial tiene que renovarse todos los días. Como dije antes, prefiero familias arrugadas, con heridas, con cicatrices, pero que siguen andando, porque esas heridas, esas cicatrices, esas arrugas son fruto de la fidelidad, de un amor que no siempre les fue fácil”.

“El amor no es fácil, no es fácil, no; pero es lo más lindo que un hombre y una mujer se pueden dar entre sí: el verdadero amor, para toda la vida”.

“Ustedes queridos mexicanos tienen un plus, corren con ventaja. Tienen a la Madre: la Guadalupana quiso visitar estas tierras y esto nos da la certeza de tener su intercesión para que este sueño llamado familia no se pierda por la precariedad y la soledad. Ella es madre y está siempre dispuesta a defender nuestras familias, a defender nuestro futuro; está siempre dispuesta a “echarle ganas” dándonos a su Hijo”.

“Y no nos olvidemos de San José, calladito, trabajador pero siempre al frente, ¿eh? Siempre cuidando a la familia”.

PRIMEREAR

TENEMOS QUE ACTUAR

1.       – Orar por las familias.

Sugerencias:

  • -Orar todos los días por nuestra propia familia y por todas las familias del mundo.
  • Como grupo podemos promover acciones como: Misa por las Familias, Hora Santa por las Familias, Rosario para las Familias.

2.       – Invitar a la reflexión.

Sugerencias:

  • -Hacer campañas de concientización del valor de la familia.
  • Difundir información sobre la familia y el plan de Dios.
  • -Organizar pláticas o conferencias sobre la familia.

3.       – Hacer propósitos concretos.

Sugerencias: -Incrementar la comunicación en nuestras familias.

  • Promover reuniones de familia para convivir sanamente. -Conocer las inquietudes de todos los miembros de la familia y apoyarnos mutuamente.
  • Como grupo, salir a las calles a visitar hogares o en los cruceros a promover el valor de la familia.
  • Organizar eventos para las familias en donde se Jesús sea el invitado principal.
  • Promover los Retiros Espirituales para Matrimonios.
  • Incluir en los planes de formación actividades que involucren a las familias.
  • Conocer, apoyar y difundir a todas las instituciones que defienden la familia y la vida.
  • En elecciones de gobernantes votar por candidatos que defiendan la familia y den testimonio de ello.

INICIATIVA DE LEY

Es importante que sepas que existe una organización a nivel internacional que le llaman Lobby LGBT (Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual) que inició luchando por defender los derechos de los homosexuales que eran víctimas de la discriminación. Con el paso de los años ha ido tomando fuerza en varios aspectos: económico, político y presencia en muchos países.

Existe un día que han declarado para celebrar el día internacional de la diversidad sexual, y resulta que el pasado 17 de mayo fue dicha celebración. Ese mismo día el Presidente de la República presentó al Senado una iniciativa de ley para modificar el artículo 4° de la Constitución y establecer el concepto de “matrimonio igualitario”, que se trata de permitir y proteger todo tipo de uniones de cualquier preferencia sexual y con ello darles todos los derechos como esposos.

Muchas asociaciones, instituciones, la Iglesia y muchas iglesias de diversas religiones se empezaron a manifestar al respecto. La postura es muy clara: se pide no llamar matrimonio a esas uniones, pues va en contra de la naturaleza. Además podemos decir que por defender los derechos de unos pocos se están pisoteando lo derechos de las mayorías, pues un tema tan delicado requiere diálogo con la ciudadanía.

Lamentablemente hay mucha desinformación al respecto y muchos, incluso católicos, han caído en el juego de palabras. Por ejemplo a los no piensan igual que ellos y no apoyan esa iniciativa los llaman “homofóbicos”, todos sabemos que una fobia es un miedo y pánico indescriptible, y no se ha expresado sentir eso por ellos, sólo se ha dicho que no estamos de acuerdo.

Cuando se defiende a la familia y a los niños salen muchas personas a recordar errores de algunos sacerdotes que como Iglesia nos duele mucho. Es decir, no hay capacidad de respeto o diálogo, y lo más triste es que una gran mayoría de los que piensan así son bautizados.

 

Es tiempo de reflexión, de estar informados, de seguir de cerca este asunto. No siempre los medios de comunicación nos van a informar con claridad, es bueno recurrir a las redes sociales y las orientaciones de nuestros obispos y sacerdotes. Si no sabes usar una computadora pide a tus familiares que te mantengan informado.

Además se está trabajando un programa para las escuelas en las que se quiere informar con detalle a los menores sobre estos asuntos y darles a elegir la preferencia que ellos deseen. Es un derecho de los padres educar a sus hijos en los valores que ellos consideren necesarios y eso pisotea ese derecho.

No olvidemos, estas personas merecen respeto y amor, el hecho de que no pensemos como ellos no quiere decir que los odiemos, nuestra tarea es defender la familia y el matrimonio según el plan de Dios.

Oremos por nuestro Presidente de la República y por todos los gobernantes y legisladores.

Pidamos a Dios que ilumine a todos los que están confundidos o desinformados y que en este y en todos los casos reine el amor que Cristo nos ha traído y con ello los valores de su reino: justicia, paz, amor y verdad.

Elaborado por la Junta Nacional de la Acción Católica Mexicana

 

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20 Consejos Que Da Un Hombre Divorciado A Los Que Están Casados:

20 CONSEJOS QUE DA UN HOMBRE DIVORCIADO A LOS QUE ESTÁN CASADOS:

Fuente FB Fray Fernando Rodriguez Ofm

 

 

Los publicó en su Facebook al día siguiente de que su relación de 16 años llegó oficialmente a su fin. El mensaje ha sido compartido casi 130 mil veces. Gerald Rogers es un estadounidense que desde hace varios años realiza charlas motivaciones. Tiene cuatro hijos y hasta julio llevaba un matrimonio de 16 años con su esposa Jana. Pero el 27 de ese mes su relación llegó oficialmente a su fin. Y en lugar de lamentarse y no hacer nada, Gerald decidió sentarse frente a su computador y escribir todo lo que hará diferente la próxima vez que esté casado, porque está convencido de que alguna vez de nuevo tendrá ese estado civil que dice “amar”.

Sin embargo, no quería guardar sus pensamientos sólo para él, por lo que los compartió en su Facebook con el título “Los consejos sobre el matrimonio que me hubiera gustado tener”.

En total son 20 recomendaciones que -afirma- están orientadas a “aquellos esposos jóvenes cuyos corazones aún están llenos de esperanza, y a esas parejas quienes quizá olvidaron cómo amar”.

“Si tu matrimonio no es lo que tú querías que fuera, toma 100% de tu responsabilidad y comprométete a aplicar estos consejos mientras sea tiempo”, anima Gerald. Y aunque su mensaje está dirigido principalmente a los hombres, sostiene que también puede servirle a las mujeres.

Los tips de este hombre divorciado han tenido tanto éxito, que ya han sido compartidos casi 130 mil veces. A continuación te mostramos un resumen de ellos.

1.- Nunca dejes de cortejar. Nunca dejen de salir. Nunca jamás creas que la tienes asegurada. Nunca te olvides de que ella te eligió, así que no puedes descuidar tu amor.

2.- Protege tu propio corazón y ámate a ti mismo. Pero reserva un lugar especial en tu corazón donde nadie más que tu esposa pueda entrar.

3.- Enamórate una y otra y otra vez. Siempre habrá cambios, tanto en ella como en ti, y es por eso que ambos tendrán que reelegirse todos los días. Cuida su corazón, sino ella puede dárselo a otro y quizás nunca lo recuperes. Siempre lucha por ganar su amor tal como lo hiciste cuando la cortejabas.

4.- Siempre ve lo mejor de ella. Enfócate en lo que amas y no en lo que te molesta, y así te darás cuenta de que eres el hombre más afortunado sobre la Tierra por tener a esa mujer como esposa.

5.- No es tu trabajo corregirla, sino hacerla feliz. Debes amarla tal como es, sin esperar que ella cambie. Y si lo hace, ama en lo que se convierta.

6.- Hazte responsable de tus propias emociones. Mucho de lo que vives hoy viene de tu pasado. Si tus padres llevaban malas relaciones, necesitas estar muy atento… porque tiende uno a repetirlas. Muchas veces lo que sientes de molestia por tu esposa es eco de tu propio pasado. Está muy atento con esto.

7.- Nunca culpes a tu esposa si tú te frustras o enojas con ella. Son tus emociones y es tu responsabilidad. Cuando te sientas así, tómate tu tiempo y mira hacia tu interior.

8.- Déjala ser. Cuando esté triste o molesta, tu único trabajo es abrazarla y apoyarla. Hazle saber que la escuchas, que ella es importante y que tú eres el pilar sobre el cual siempre puede apoyarse. Así confiará en ti y te abrirá su alma. Nunca escapes a estos momentos, quédate y sé fuerte.

9.- Sé simpático. No te tomes todo tan seriamente. Ríe y haz que ella se ría. La risa hace todo mucho más fácil.

10.- Llena todos los días su alma. Conoce las maneras en que ella se siente importante, validada y apreciada. Pídele que haga una lista con 10 cosas que la hacen sentir amada, memorízalas y aplícalas todos los días para hacerla sentir como una reina. Si logras que ella sea feliz será una persona radiante… y tú disfrutarás de esa luz.

11.- Hazte presente. No sólo le des tu tiempo, sino también tu atención y tu alma. Trátala como si fuera tu cliente más valioso, al que no puedes perder.

12.- Estimula su sexualidad. Déjala que se derrita en su suavidad femenina, mientras sepa que puede confiar plenamente en ti… Aprende a entrar al ritmo de ella. Tú puedes terminar tu asunto en 5 minutos… ella necesita mucho más tiempo.

13.- No seas tonto, pero tampoco temas ser uno. Cometerás errores, pero intenta que éstos no sean demasiado grandes y aprende de ellos. No se supone que seas perfecto, pero sólo trata de no ser tan estúpido.

14.- Dale su espacio. Las mujeres son buenas para entregar y entregar, y a veces necesitan que se les recuerde que se tomen el tiempo para ellas mismas, sobre todo si tienen niños. Ellas necesitan ese espacio para renovarse, recentrarse y reencontrarse.

15.- Sé vulnerable. Puedes perder tu entereza de vez en cuando, y compartir tus miedos y sentimientos. Es formidable tener con quien poder llorar en su hombro.

16.- Sé totalmente transparente. Si quieres que ella confíe en ti, debes compartirlo todo, en especial lo que no quieres compartir. Quítate la máscara y así podrás experimentar el amor en toda su dimensión.

17.- Nunca dejen de crecer juntos. Cuando dejas de trabajar los músculos, éstos se atrofian. Lo mismo ocurre con las relaciones. Busquen metas comunes, sueños y visiones en las que pueden trabajar como un equipo. Hagan proyectos a futuro que los emocione a los dos: un viaje a Europa, una casa o un auto nuevo, el enviar los hijos a un buen colegio…

18.- No te preocupes demasiado por el dinero. Trabajen juntos y busquen la forma de equilibrar las fuerzas de ambos para ganarlo.

19.- Perdona de inmediato y concéntrate en el futuro. Aferrarse a los errores del pasado que tú o ella hayan cometido, es una pesada ancla que siempre detendrá a tu matrimonio. El perdón es libertad.

20.- Siempre elige el amor. En definitiva, éste es el único consejo que necesitas. Si éste es el principio que te guía, nada amenazará la felicidad de tu matrimonio

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Educar es hacer del hijo, fuerte en su personalidad

Educar es hacer del hijo, fuerte en su personalidad

 

Cuando uno llega del cine a las dos de la mañana y se encuentra que recién sus hijos se disponen a salir a disfrutar la noche………eso preocupa.

 

Cuando a uno lo despiden con un simple grito desde la puerta: ¡Chau, viejo! después de haber intentado que nos digan a dónde van y con quien van a volver…….eso también preocupa.

 

Pero cuando uno mira el reloj a las 7 de la mañana y los chicos todavía no llegaron y por más que uno ya sabe que normalmente no aparecen antes de las 8 de la mañana……..eso asusta.

 

El problema está en que la lógica y el sentido común nos dicen que hay que hacer algo y………no sabemos qué.

El ambiente de la diversión, los manipuladores de los adolescentes que lo que buscan es ganar dinero se nos han metido en casa. Los juntan de a miles en locales, estadios, conciertos, etc., cuando más amontonados mejor, es una manera de despersonalizarlos, que piensen poco y consuman mucho.

 

En estos tiempos tan lleno de soledades, el alma de muchas personas están atiborradas de “contactos”, “relaciones” y “conocidos”…….pero son un alma solitaria.

……………….y llegó el día que ya nos anunció Albert Einstein:

“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad”

 El mundo solo tendrá una generación de distraídos.

¿Ustedes no han notado lo que está pasando con los nuevos celulares que no sé para cuantas cosas  sirven?

 

En una reunión de amigos, en una comida en familia, tomando el té unas amigas, en el campo de futbol, en el auto, cada uno está atento de su maquinita en vez de conversar, mirar el partido o el paisaje, cada uno está en su mundo encerrado en esa pequeña cajita.

En las Iglesias, cines y teatros tienen que rogar que los apaguen.

Menos mal que al menos cuando duermen, hacen lo que siempre hemos hecho: dormir.

 

Si bien podemos decir que la sociedad actual conduce a las personas a ser materialistas  debido al alto nivel de consumismo y de tecnicismo reinante, notamos también que este ambiente influye decisivamente en la configuración de personalidades cada vez más débiles.

De ahí que debemos hacer de nuestros hijos, hijos fuertes, formados, sino queremos que predomine en ellos la formación de un ambiente que está ahí y que no podemos evitar que influya en alguna medida en su persona.

 

Por eso, además de hacer todo lo posible por mejorar las costumbres, es importante equipar a cada hijo para enfrentar situaciones que nosotros como adultos nunca vivimos.

Si queremos hacerlos libres para que puedan enfrentar su realidad, los debemos hacer fuertes, firmes en sus actitudes, seguros de lo que son.

 

Educar en valores significa conseguir que una persona actúe de manera habitual de tal modo, que su comportamiento sea digno de imitarse.

Últimamente se habla mucho de la autoestima. Es lógico, porque nos vamos dando cuenta de que el valor de una persona es tan grande que merece que alguien la ame incondicionalmente; es decir que esa persona exista y sea plenamente él.

 

¿Y dónde se aprende esto, dónde se enseña, dónde se mama sin que uno se dé cuenta? En la familia, en el hogar. No hay otro lugar.

La familia es como el bosque. Si estás fuera de él, sólo ves su densidad. Si estás dentro, puedes ver que cada árbol tiene su propio lugar. (“Palmeras en la nieve”- Luz  Gabás)

¡Qué importante que haya ido mamando la esencia de cada uno!, para que sin darse cuenta, haya crecido, como crece cada uno de los árboles que forman un bosque.

 

La soledad es cuando uno está rodeado de personas pero el corazón no ve nadie cerca  (Luis Gonzaga Pinheiro)

El hijo necesita para su formación sentir que nunca está sólo.

El amor sin condiciones sólo lo puede dar la familia, es allí donde se nos quiere por lo que somos y no por lo que valemos.

Mientras uno no se sienta querido así, no sabrá cuánto vale ni tendrá noción de su propia dignidad: su valoración va depender del espejo de los otros.

Que importante es, que este espejo de los otros sean sus padres, sea lo que ha visto vivir. Si eso no es así, lo que será, será una persona que va a la deriva por la vida.

En el mundo moderno de hoy es esencial y necesario que su hogar sea un espejo dónde un día se pueda mirar.

 

Se dice que no importa la cantidad de tiempo que se pasa con los hijos, sino la calidad. De acuerdo. Pero convengamos que el afecto necesita un tiempo para ser expresado y para ser recibido.

Tiene que haber un tiempo para escuchar, un tiempo para clarificar lo que intuyo, un tiempo para conocer los motivos de múltiples actitudes.

Cuanto más tiempo dedique a mis hijos más profunda será la semilla que vamos sembrando cuya cosecha un día vendrá.

Algunos padres la ven otros no. Pero si no hay tiempo de siembra nunca puede venir la cosecha.

 

Un padre que se tiene confianza en si mismo, es un padre que transmite sus convicciones con seguridad, con claridad y no se dobla o cambia de parecer por presión alguna. Podrá si ser abierto a las nuevas situaciones, se esforzará en ser comprensivo y en aceptar reflexionar sobre lo que se debe hacer en cada caso.

La diferencia entre debilidad y capacidad de adaptación es que el débil no piensa, sino que cede, se entrega, baja los brazos. No tenía motivos propios para sostener una posición frente a sus hijos. Sin darse cuenta le está diciendo que no sabe qué hacer con él.

El padre que está seguro de su responsabilidad se esfuerza y asume la perspectiva de las cosas y reflexiona. Y hace lo que mejor pueda hacer.

 

La actitud de los padres tiene que ser la de quien tira para adelante y sostiene su manera de ver las cosas, haciendo de espejo donde el hijo pueda reflejarse.

 

Un punto importante es el optimismo.

Educar personalidades fuertes es enseñar a ver las cosas desde muchos puntos de vista, saber enfrentar las preocupaciones no como problema imposible de resolver, sino como una circunstancia de la vida que debo buscar el cómo arreglarla, aprender a disfrutar de lo que hago porque todo esfuerzo vale la pena.

 

En la vida no todo puede ser oscuridad, siempre acaba saliendo el sol.(Charlotte Valandrey)

A las preocupaciones que todos han de vivir, hay que sembrar que siempre se debe vivir en la esperanza, esforzándose, sabiendo que siempre sale el sol.

Dice Stephen Covey en uno de sus libros: A veces lo más proactivo a nuestro alcance es el ser feliz. La felicidad como la desdicha, es una elección.

Hay que enseñarles a saber elegir.

Para poder elegir el ser o no ser feliz, es necesario ser fuerte en lo que cada uno es. En lo que cada uno aprendió en su casa por contagio o lo aprenderá  en la vida a base de  golpes.

 

Elijamos………

Salvador Casadevall

salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

 

 

REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA………..para acompañar a vivir

Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2007  Programa “Día Internacional de la Mujer”

Galardonado con la Rosa de Plata-Buenos Aires 2007  Programa “Navidad”

Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2006  Programa “Día del Niño”

Mención especial Premio  Magnificat-Buenos Aires 2005  Programa “Adultos Mayores”

 

Los cuatro primeros libros sobre estas reflexiones están disponibles y son vendidos por correo certificado de entrega.

 

Estas reflexiones pueden hallarse en los siguientes portales:

www.es.catholic.net de México

www.mensajesdelalma.org de Argentina

www.diosesvida.netfirms.com de Argentina

www.grupomatrimonios.com.ar  de Argentina

www.aragónliberal.es de  España

www.analisisdigital.com  de España

www.mfc.org.ar de Argentina

www.ideasclaras.org de México

www.yoinfluyo.com  de México

Si usted abre GOOGLE, o  YAHOO o ASK  y pone mi nombre en BUSCAR le aparecerán varias páginas WEB que alguna vez las han publicado y algunas hasta las han archivado. Para entrar en el archivo hay que usar el mismo camino: poner en BUSCAR mi nombre. .               

 

 

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Yo colaboro con el crimen organizado

Yo colaboro con el crimen organizado

Guadalupe Chávez Villafaña

Revista Acción Femenina julio 2007

Me costó trabajo aceptarlo, pero es verdad. Les cuento.

Durante muchos años solamente me dedicaba a criticar al gobierno y a vivir como una ciudadana normal, esto es  llevando una vida común y corriente. En las reuniones solía platicar con mis amigas y comentar los sucesos del país: nos escandalizábamos de la violencia, de la falta de valores, de que ya nada es como antes hasta que

UN BUEN DÍA…

mi hijo adolescente nos escuchó y cuando estuve sola me preguntó:¿Qué han hecho ustedes para evitar que nuestra patria esté como está? Si comentan que antes todo era mejor, ¿qué pasó para que llegáramos a esta situación? ¿Qué hicieron o dejaron de hacer ustedes, todos los mayores de 30, incluso los ancianos, para permitir que el mal se extendiera de esa forma?

No lo sé, contesté. Nosotros hemos llevado una vida decente, no le hemos hecho mal a nadie. ¿Qué más podemos hacer?

Entonces, mi hijo me dijo que su profesor de ética les ha demostrado que todos somos responsables, de una u otra forma, del país en el que vivimos y me preguntó:

¿Alguna vez tú o mi papá han dado mordida, ya sea en el tráfico o para realizar algún trámite?

Bueno, le contesté, es que si no lo hubiéramos hecho nos hubiéramos tardado mucho en poder abrir el changarro.

Mi hijo no me respondió pero me hizo otra pregunta:

¿Pagan impuestos regularmente, sin hacer tranza?

Hijo, ¿qué quieres? El gobierno se roba todo, es mejor no pagar, si lo podemos evitar.

¿Le pagas el sueldo justo a Tere, la trabajadora doméstica y a Rene, el dependiente del changarro, los tienes en el Seguro Social?

Ay, hijo, no se te hace que estás exagerando. No nos hubiera alcanzado si les pagamos más y los metemos al seguro. Ya con darles chamba es suficiente, ¡con tanto desempleo!

Mira mamá, el padre Suárez, mi maestro, nos dijo que ser buenos ciudadanos es construir la patria hasta en los pequeños detalles.  No creas, todo lo que tú me estás repelando se lo dijimos nosotros y nos hizo reflexionar.

SOMOS CÓMPLICES

El dar mordida es hacernos cómplices de la corrupción. Tanto peca el que mata la vaca como el que le detiene la pata. ¿Qué pasaría si nadie diera mordida? Bueno, por lo menos la mayoría.

Y los impuestos, ¿con qué crees que se hacen las obras públicas y los hospitales, y tantas cosas que hacen funcionar a las ciudades y al campo. ¿Que lo desvían? Todos sabemos que es cierto, que hay muchos funcionarios y políticos corruptos; incluso deberíamos decirlo claro, son ladrones, se roban el dinero que es nuestro, de todos los mexicanos, sobre todo de quienes más lo necesitan. Sin embargo no por ellos nosotros vamos a actuar igual y a dejar de pagar lo que nos corresponde. En ese caso, hay que denunciar y participar de alguna manera para exigirles cuentas y que se castigue a los culpables.

Y en cuanto a pagarles más a Tere y a Rene, ¿en verdad no nos hubiera alcanzado? ¿Para qué? ¿Acaso no se compró papá una mega pantalla para ver el fútbol? Y tú, ¿no cambiaste el refri, que bien que servía, pero querías uno que hace hielitos…? Yo no digo que les paguen una fortuna, solamente lo justo. Además Rene tiene hijos pequeños, ¿qué pasa si se le enferman?

No creas, el padre nos hizo pensar mucho, nos dijo que los videos piratas y, en general toda la mercancía pirata, además de no pagar impuestos, es de contrabando y está ligada al crimen organizado. En el salón de clase todos habíamos comprado cosas piratas, y no una sino varias veces.

Te cuento que Mario, mi amigo platicó que su papá va a un lugar de provincia a una agencia de coches a comprar su flotilla para el negocio, porque allá es más barato, dicen que es porque lavan dinero.

Y un compañero dijo que su hermano va a antros en donde se vende droga; que él no la consume pero ve que otros sí. Y decía que si no la consumía, ¿qué tenía de malo ir ahí? Y el padre le dijo que pagaba su consumo y aunque no fuera para droga ese dinero ayudaba a sostener un negocio ilícito.

Víctor dijo que ellos de vacaciones van a hoteles súper padres que son más baratos, que claro tienen fama de ser de empresarios que lavan dinero.

Después de que comentamos todo esto, el maestro nos contó lo que han hecho en Colombia y lo qué hicieron en Sicilia para acabar con la violencia, para ir disminuyendo la actividad de los cárteles y recobrar la paz.

Así, el padre nos hizo reflexionar y caímos en la cuenta que, de una u otra forma, todos nos hemos convertido en cómplices, que hemos colaborado a que esta situación de corrupción, de crimen y violencia se haya extendido y que está en nuestras manos hacer algo.

¿PREFIERES QUEDARTE CON LOS BRAZOS CRUZADOS?

Uf, hijo, ya me estás haciendo pensar, pero la verdad no creo que tú o yo, o tu papá podamos acabar con esta guerra.

Solitos, claro que no, má. Pero, si cada uno de nosotros pone su granito de arena y vamos convenciendo a familiares y amigos a que actuemos con justicia, que evitemos la corrupción y la complicidad, te aseguro que lo podremos lograr.

El padre Suárez nos recordó lo que han hecho persona para cambiar sus países, Aun Saan Su ky, un ama de casa que en Birmania, encabeza un movimiento independentista. Y nos recordó todo lo que logró,

Si damos soborno, ayudamos a la corrupción.

Gandhi, liberó a la India, nada más ni nada menos que de los ingleses y sin violencia. O en México, la señora Wallace.

¿En verdad prefieres quedarte con los brazos cruzados, y que nosotros tus hijos y luego tus nietos vivan en un país dominado por el crimen organizado?

No mamá, ya basta, podemos y debemos empezar hoy mismo. No hay tiempo qué perder. La violencia nos está alcanzado. En nuestras manos está el cambio, no requiere más que pequeñas acciones, pequeños actos de honestidad y de justicia que irán formando una gran cadena que romperá el mal.

Además, eso sí, el padre Suárez, nos recomendó que lo pongamos en manos de Jesús y de María y que oremos mucho, sobre todo en familia.

¡Qué tal si empezamos hoy en la noche antes de cenar, rezado todos juntos y luego, en la merienda platicamos qué podemos hacer cada uno de nosotros!

Y fue así como, de colaborar con el crimen  organizado, aunque hubiera sido sin querer, sin darme cuenta, pasé a ser una mujer activa, que lucha diariamente por un México mejor.

Y tú, ¿qué estás haciendo? ¿De qué lado estás?.

Cuando el tiempo ha desgastado una relación

Cuando el tiempo ha desgastado una relación
P. DENNIS DOREN L.C.
3 Julio 2011, http://www.am.com.mx

Sabemos que las relaciones con el tiempo se van gastando, perdemos la tolerancia, la capacidad de escucha, ya no dialogamos, comenzamos con actitudes de desconfianza, la relación se va enfriando y pareciera que todo lo que dice o hace el otro me causa malestar. Cuántos matrimonios o relaciones familiares con el paso del tiempo se vuelven insoportables, y todo comenzó con pequeñas cosas; hoy es el día de hacer un alto en el camino y ver cómo va mi relación con mis seres cercanos, hasta dónde se mantiene el respeto, el cariño, la confianza y la comunicación, actitudes bases para construir sobre roca nuestra vida familiar y amistad con los demás, aquí un buen sabio te deja esta lección.

En una aldea remota vivía una pareja con sus buenos años de casados, Pedro y Julia. Ya acostumbrados el uno del otro, con las clásicas amarguras y la vida dura les había curtido y endurecido el corazón. De las alegrías y diálogo cariñoso de los primeros tiempos pasaron a vivir discutiendo y gritándose el día entero.

Si Pedro abría la boca para decir una palabra, Julia decía cinco; si el hombre le contestaba con diez, Julia con quince, y así se pasaban largas horas hiriéndose. Vivían en un discutir permanente, y lo que es peor, sin acordarse muchas veces del por qué discutían.

-¿Y por qué estamos peleando? -preguntaba perplejo Pedro.

-¿Que por qué? ¡Por tu culpa!

-¡No! ¡Por la tuya!

Y nuevamente se comenzaba un pleito sin fin, día a día, año tras año.

Los vecinos, cansados ya de tantos gritos, apenados por la forma en que los viejitos estaban pasando lo que debían ser sus años dorados, contaron a la señora que en lo alto de la montaña vivía un gran sabio dueño de un agua mágica. Decían los vecinos que esa agua curaba todo tipo de situaciones, y que los ayudaría para que no siguieran peleándose.

Allá fue Julia, confiando al sabio con lágrimas en los ojos la situación de dolor, desconfianza y rencores que tenía con su esposo de tantos años. Al terminar su exposición, el hombre le entregó una sencilla botella llena de agua.

-Aquí está su solución. Cuando Pedro comience a pelear, tome un poco de esta agua y manténgala en su boca. No la escupa ni la trague hasta que él se calme. Hágalo así siempre. Ya verá como todo se solucionará.

-¡Por qué no está lista la comida! -fue el saludo de Pedro. Ella, sin contestarle, tomó un poco del agua y la mantuvo en su boca. El anciano seguía gritándole. Ella, callada. Viendo Pedro que no le contestaba, también calló. La anciana, cantando alegremente, preparó una suculenta comida. Luego, nuevamente la comenzó a atacar:

-¡Mira la casa, toda sucia y de-sarreglada!

La pobre Julia, ofendida y dolida, quiso responderle, pero tomó un poco del agua y calló. Al ver que no le respondía, el viejo hizo lo mismo, calló.

Y así ocurrió una y otra vez. Con el tiempo, los ancianos dejaron de discutir, pelear, gritar, y aprendieron a vivir con una gran tranquilidad, como la gente. Ella le contó a su compañero todo lo del sabio y la botella de agua, y juntos fueron a lo alto de la montaña a agradecerle por esa agua maravillosa que había cambiado sus vidas.

El sabio les dijo que lo que contenía la botella era agua, simple agua, y que el aprender a controlarse fue lo que les enseñó a vivir sin peleas y gritos, dándose tiempo antes de responder, pensando qué y cómo decir las cosas.

Y los esposos se dieron cuenta de que Dios había contestado aquella hermosa oración, que en sus años mozos solían dirigirle, y que dice:

Enséñame a regalar a todos, cada día, una palabra sencilla y un gesto sincero.

Regalar algo de mi tiempo a quien lo necesita.

Regalar el perdón a quien me haya herido.

Regalar mi generosidad a quien es más pobre que yo.

Que sepa regalar cada día una mirada abierta, un corazón atento, diálogo para respetarnos y amor para entendernos.

Renueva y sana hoy con esta oración todas las resquebrajaduras hechas a lo largo de estos años en tu corazón y que te ha hecho una persona iracunda, poco comprensiva y tolerante, y bebe una vez más del agua viva del amor que te lleve a restablecer con paz y armonía todas tus relaciones con los demás.

Informes sobre libros “Sembrando Esperanza” 044 (477) 142 8526/

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