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Crónica Congreso Catequesis y Discapacidad

Crónica Congreso Catequesis y Discapacidad

Por Manuel María Bru el 23 octubre, 2017 en Noticias

El Papa en el Congreso Internacional “CATEQUESIS Y PERSONAS CON DISCAPACIDAD: UNA ATENCIÓN NECESARIA EN LA VIDA DIARIA DE LA IGLESIA”:

“Todos somos vulnerables”

Organizado por el Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización (responsable entre otras cosas de la promoción y coordinación de la catequesis en toda la Iglesia), y celebrado en la Universidad Pontificia Urbaniana del 20 al 22 de octubre de 2017, el Congreso Internacional “Catequesis y personas con discapacidad: una atención necesaria en la vida diaria de la Iglesia” congregó a 500 personas entre catequistas, agentes de pastoral en el ámbito de las diversas capacidades, y personas con discapacidad.

El Congreso contó con ponencias de fundamentación teológica y pastoral sobre esta “necesaria atención” eclesial, así como con numerosos testimonios de diversas   iniciativas en los cinco continentes, principalmente sobre los procesos de iniciación cristiana con personas con discapacidad, y también de otras experiencias pastorales convergentes, y el testimonio de sacerdotes y consagrados con discapacidad. Punto álgido del Congreso fue sin duda la audiencia especial con el Santo Padre en la sala Clementina, en la que además del discurso dirigido a los congresistas, quiso saludar uno a uno a todos ellos, con gestos de cariño y muestras de gran alegría compartido con los congresistas con algún tipo de discapacidad, tanto física como mental.

 

La percepción del amor

Entre las ponencias de fundamentación teológica cabe destacar la del presidente del Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización, monseñor Rino Fisichela, quien empezó diciendo qué si la catequesis es transmisión de la fe, lo es en tanto en cuanto “la fe consiste en la percepción de ser amados”, dado que “es generada y sostenida por el amor de Dios”, y que “vive del amor”. Porque Dios no sólo “habla” al hombre, sino que “se entretiene” con él. Y “Dios siempre hace sentir su amor y nos hace entender como nos ama en las situaciones y en las circunstancias en las que cada uno esté”. Desde esta perspectiva la catequesis en general, y la que tiene que ver con las personas con discapacidad, decía monseñor Fisichela, debe ser revisada desde la cultura del encuentro y la Iglesia en salida que nos propone el Papa Francisco.

Imagen de Dios

La ponencia del profesor Stafano Toschi de la asociación “Beati noi” de Bolonia sobre “La vida en Cristo, el hombre a imagen de Dios” (leída por otra persona dada su discapacidad física) sobre el recorrido que el concepto de comunicación en general y de comunicación de la fe en particular ha tenido a lo largo de la historia de la filosofía, mostró como la dimensión cartesiana de la comunicación ha supuesto un reduccionismo cognitivo de la comunicación para entender tanto la comunicación con Dios como la comunicación entre los hombres, con graves consecuencias cuando se trata de una comunicación en la que intervienen las personas con algún tipo de discapacidad. La verdadera comunicación humana, mucho más compleja, requiere una antropología para la que su identidad como imagen de Dios permite descubrir otras dimensiones (emocionales, espirituales, etc…) que integran todas las capacidades humanas, no sólo la cognitiva.

 

Tras la profesora Pia Matthews, de la Universidad londinense de Sant Mary, cuya ponencia de carácter más teológico mostró el verdadero sentido del valor de la igualdad entre todos los seres humanos, una igualdad basada en que todos comparten el fundamento de su dignidad, el haber sido no sólo creados a imagen de Dios, sino redimidos en el hombre nuevo, Cristo paciente muerto y resucitado. Este fundamento ha sido y será siempre contracorriente de cualquier tendencia a la discriminación, de la que no estamos excluidos los mismos cristianos.

Sobre la tutela de las personas con discapacidad habló Sheila Hollins, de la Comisión Pontificia para la protección de menores, antes de que se inaugurase, como último momento del primer día de congreso, la exposición “El catecismo de la Iglesia católica accesible a todos. Instrumentos pastorales y catequísticos para la inclusión de las personas con discapacidad”.

¿Catequesis especial?

Sobre la iniciación cristiana de las personas con discapacidad hablaron en el segundo día del congreso Miguel Romero, profesor de la Universidad Salve Regina de Rhode Island (Estados Unidos), como el obispo de Borken Bay (Ausrtralia) monseñor Peter Andrew Comensoli.

Miguel Romero desarrollo los argumentos teológicos y pastorales de su exposición con su experiencia personal como hermano mayor de un discapacitado psíquico. Desde muy joven se hacía esta pregunta: ¿qué le pasa a mi hermano? Mientras descubría que sus amigos del colegio veían en su hermano sólo diferencias y limitaciones, desde la fe descubría en cambio en su hermano al protagonista de una extraordinaria “alianza” de amor entre Dios, él y su hermano, que disipaba las diferencias entre ambos porque “todos somos iguales ante la necesidad de la gracia y de la misericordia de Dios”.

Para explicar esta diferente manera de mirar la realidad de la discapacidad, hay que entender como en la modernidad el concepto de autonomía del hombre frente a Dios ha marcado una antropología en la que “fuerza”, “libertad” (de maniobra) y “capacidad” son considerados atributos indispensables del ser humano, mientras debilidad, vulnerabilidad y discapacidad deprecian la valencia humana.

Y de este prejuicio moderno no siempre estamos libres a la hora de afrontar el desafío pastoral. De ahí que pueda darse incluso entre los cristianos un ideal catequético racional, que ve en la discapacidad (no sólo pero sobre todo en la intelectual) un obstáculo para la “excelencia” de la catequesis, que además tiene su mirada puesta en un destinatario normalizado y genérico de la catequesis, en lugar de un destinatario personalizado, concreto y real, que es cada uno de los catecúmenos. Nos ayuda librarnos de esta lectura deshumanizante (e incluso repelente), la teología natural de San Juan Pablo II que nos enseña que la única diferencia que existe está en el tipo y en el grado de limitaciones entre los destinatarios de la catequesis.

Por eso conviene desterrar la diferenciación entre una “catequesis normal” y una “catequesis especial o alternativa” (que no excluye procesos pedagógicos diferenciados en virtud del principio de adaptación), porque sólo hay una catequesis, la que se da en la relación entre catequistas y catecúmenos, en la que entran en juego las limitaciones de ambos. Una única catequesis por tanto que se adapta siempre a las capacidades y limitaciones de cada catecúmeno, como reza el principio básico del Directorio General de la Catequesis, el de su doble fidelidad: fidelidad al mensaje, y fidelidad al destinatario.

Si es verdad que las personas se perfeccionan, como decía Santo Tomás de Aquino, en su semejanza a Dios en el amor, pudo concluir Miguel Romero diciendo que su hermano de 41 años aunque con capacidad cognitiva de 11 años, no es un niños, sino un adulto con 41 años de experiencia humana, y así ha de ser tratado por todos, incluida la comunidad cristiana a la que pertenece.

La fe como participación

¿Dónde esta la garantía de la adhesión libre a la fe cuando intelectualmente solo podemos presumirla? Para responder a esta pregunta podemos partir de este postulado: “No somos sólo creaturas de Dios (creados por él), sino interlocutores de Dios”.

Por eso, explicó monseñor Peter Andrew Comensoli, los sacramentos, “ocasiones preciosas en el proceso de la iniciación cristiana”, son “empeños de Dios en su diálogo de amor con los hombres”, y “signos de la participación de quienes los reciben en la vida de Dios en Cristo”. Y por eso si tenemos fe es porque somos humanos, es consecuencia de la existencia humana. El hombre no “realiza al fe”, sino que es la fe la que “realiza al hombre”.

De ahí que, por un lado, “es el hecho de que somos humanos, y no de cómo lo seamos, lo que importa para participar de la vida sacramental de la Iglesia”; y por otro lado, la respuesta de la fe “no depende de ninguna capacidad de realización sino de la participación en la vida de Cristo”, por lo que aún en las más profundas discapacidades se da esta plena participación, no basada en lo que las personas realizan, sino en lo que son.

Y si la fe es “el signo distintivo de una creatura en grado de hablar con Dios”, y por tanto hay que valorar la dimensión dialogal y lingüística (escucha, acogida, respuesta) de la fe, como don de Dios y como respuesta humana, hay que entender que las personas con discapacidad extrema no están excluidas del lenguaje en su diálogo con Dios, pues lo hacen desde un lenguaje existencial, el de una relación que se nos escapa a los demás. Para ellos reza también la oración sobre las ofendas del sacramento de la confirmación, cuando implora para ellos que sean “configurados hoy más perfectamente con Cristo, que con su muerte nos mereció el don del Espíritu; y concédeles que la participación en la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor, les impulse a dar testimonio de Jesucristo tu Hijo”.

No hay límites que impidan el encuentro con Cristo.

El Papa Francisco partió en su discurso en la audiencia tenida con los asistentes al Congreso de esta contradicción: por un lado que “el crecimiento en la conciencia de la dignidad de cada persona, sobre todo de aquellas más débiles, ha llevado a asumir posiciones valientes por la inclusión de cuantos viven con diversas formas de discapacidad”; y por otro lado, el que, “en cambio, a nivel cultural permanecen aún hoy expresiones lesivas con la dignidad de estas personas para mantener una falsa conciencia de la vida”. A saber, la de una “visión en gran medida narcisista y utilitarista” que lleva a estas personas a la marginación, a considerarlas incapaces de ser felices y de realizarse a si mismas, y por tanto sin reconocer su “multiforme riqueza tanto humana como espiritual”. La prueba de ello es la práctica de suprimir al aún por nacer que presenta cualquier forma de imperfección.

En todo caso, decía el Papa, “es un peligroso engaño pensar que somos invulnerables. Como decía una niña que encontré en mi reciente viaje a Colombia, la vulnerabilidad pertenece a esencia del hombre”.

Por que la respuesta esta siempre en el amor, “no ese falso, ñoño y pietístico, sino aquel verdadero, concreto y respetuoso”, la Iglesia no puede ser afónica ni desafinada en la defensa y promoción de las personas con discapacidad”, también con su inclusión en la generación de la vida cristiana y en la participación de la liturgia dominical. Y de modo especial en la catequesis, “llamada a descubrir y experimentar formas consistentes para que cada persona, con sus dones, sus límites, y su discapacidad, incluso grave, pueda encontrar en su camino a Jesús y entregarse a él desde la fe. Ningún limite físico y psíquico podrá jamás ser un impedimento para este encuentro, porque el rostro de Cristo resplandece en lo más íntimo de cada persona”.

Además nos urgía el Papa a estar alerta ante la tentación neo-pelagiana de no reconocer la fuerza de la gracia de los sacramentos de iniciación cristiana, a superar todas las dificultades en la relación con las personas con discapacidad, y a inventar con inteligencia instrumentos adecuados para que a nadie le falte el sostenimiento de la gracia. Para todo ello es necesario, terminaba el Papa, tanto formar catequistas lo más capacitados posible para acompañar a estas personas para que crezcan en la fe y den su genuina y original contribución a la vida de la Iglesia, como favorecer que cada vez más que los mismos discapacitados puedan ser catequistas, para que con su testimonio puedan transmitir la fe de un modo más eficaz.

Testimonios convincentes y emocionantes.

Convincentes porque mostraron claramente que catequesis y personas con discapacidad es no sólo real, plural y creciente, sino también enormemente enriquecedora para toda la comunidad cristiana. Emocionantes porque nos abren la puerta de un tipo de experiencia gozosa de la fe y la de comunión cristiana aún muy desconocida incluso dentro de la Iglesia.

Algunos italianos con discapacidad intelectual hablaron de su relación personal con Dios, y en introdujeron a todos en ese misterio profundo de la fe que es el encuentro con Jesús Crucificado y Abandonado abrazado en medio de las vicisitudes de la discapacidad.

El Padre Guiuseppe Fabbrini y la profesora Fiorenza Pastelli, de la parroquia Santa María de Loreto, contaron la experiencia que se esperaba como agua de mayo por no pocos de los participantes del Congreso: cuando hablamos de catequesis y discapacidad no sólo hablamos de catecúmenos con discapacidad, sino también de catequistas con discapacidad, una experiencia aún muy incipiente que ya el Papa Francisco en su discurso había señalado.

El Padre Michaél Depcik OSFS, director del Cathilc Deaf Community de la Archidióceis de Detroit (EEUU), uno de los 20 sacerdotes sordo mudos que hay en el mundo, contó su experiencia de conversión. Si tenemos en cuenta que sólo un 3% de los padres de niños sordos aprenden el lenguaje de los sordos, y que el 96% de los sordos no participan de las celebraciones litúrgicas, entendemos el alcance de este desafío pastoral. Los sordos no piensan con palabras, sino con signos. Las palabras se pueden traducir pero, ¿cómo traducir la “música” de los sordos? No se trata sólo de traducir de un lenguaje a otro, sino de una manera de pensar a otra. Pero además, las dificultades de la comunicación no se dan sólo por el lenguaje, sino también porque los sordos tienen otras necesidades vitales distintas a las de los oyentes.

 

El Padre Depcik tuvo la suerte de ser hijo de sordomudos, que le iniciaron en la fe y le trasmitieron el ejemplo de los santos. En la escuela católica en cambio le enseñaron a rezar sin entender lo que decía, recitando oraciones cuyo significado no había sido debidamente traducido a su mundo gestual. Pero en un viaje a Australia cuando tenía 18 años (y estaba a punto de dejar la Iglesia), aprendió de la familia que allí lo acogió otro modo de rezar, conversando con Dios, con naturalidad, con sus gestos. Y desde esa experiencia pudo encontrar la vocación al sacerdocio y al ejercicio de su ministerio al servicio de los sordos. Una pastoral a partir de la palabra de Jesús a aquel sordomudo apartado, “effeta”, que todos recibimos como signo en el bautismo. Porque no es sólo una llamada de Cristo a abrir los oídos para escuchar y los labios para hablar, sino una llamada a todos, más allá de capacidades y discapacidades, para abrir la mente y el corazón a la Palabra de Dios.

La experiencia de Cristina Gangemi, directora en el Reino Unido de “Kairos” partió de un encuentro con un joven con discapacidad mental a la puerta de un cementerio, cuando éste iba a cerrar. ¿Esperas a alguien?, le preguntó. Si, espero a mi mama. Al preguntarle a portero del cementerio, esté le contó que llevaba diez años viniendo diariamente a esperarla, pero su madre estaba enterrada. Cuando murió alguien allí mismo le dijo que se había ido, pero que volvería. Gangemi se dio cuenta entonces de la necesidad de saber introducir a los discapacitados mentales en la experiencia de la muerte. Para ellos es también la experiencia del duelo y la catequesis de la esperanza cristiana. Así nació, con este fin, “Kairos” , para acompañar a todos, también a las personas con discapacidad, en el momento de la perdida de un ser querido.

¿Quién ha dicho que las personas con discapacidad, física o mental, no pueden ser catequistas, o no pueden consagrar su vida a Dios y al servicio de la Iglesia? El testimonio de las hermanas con y sin síndrome de Down, de la Comunidad Monástica femenina Petites Soeurs disciples de lágneau, dejó a todos encantados. Contagiaban entusiasmo, entre palabras y gestos llenos de gratitud a Dios y a la Iglesia, cargadas de humildad.

 

La experiencia del Padre Gabriele Pipinato, fundador del Sanit Martín Catholic Socal Apostolate di Talitha-Kum y de las comunidades de El Arca en Kenia, fue la de un sacerdote tan agradecido a Dios por su vocación sacerdotal como por su dedicación a las personas con discapacidad, de las que dijo aprende todos los días a vivir su fe. Contó, casi al modo de una confesión, como en momentos de dificultad personal ante las dificultades propias de toda iniciativa social, han sido las personas con discapacidad las que le han devuelto la paz, las que le han recordado el amor infinito y misericordioso de Dios, a través del cariño y la alegría de aquellos que más se identifican con Jesús.

Anne Dewulf de Bélgica contó el secreto del trabajo de la Comunidad de San Egidio con los discapacitados, que es el mismo que con los emigrantes y con todos los que ofrecen algún tipo de necesidad: la amistad. La Comunidad no los acoge como destinatarios de una ayuda, sino que los quiere, los quiere como amigos, los introduce en los lazos comunitarios del amor mutuo, y les ofrece con la oración la experiencia del amor de Dios.

Más que un congreso fue una ventana abierta a la Iglesia en salida, esa que recordaba monseñor Fisichela, explica el Papa en el número 46 de Evangelii Gaudium: “Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino”.

Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.

 

Fuente: http://catequesis.archimadrid.es/cronica-congreso-catequesis-y-discapacidad/

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Discapacitados: Dignidad y derechos, calidad de vida, papel del Estado y aportación de la mujer

 

Discapacitados: Dignidad y derechos, calidad de vida, papel del Estado y aportación de la mujer

(Por: Magda Figiel, Colaboradora de Mujer Nueva, 2006-02-08)

Entre el 16 de enero y 3 de febrero de 2006, en las instalaciones de la ONU en Nueva York, el Comité Ad Hoc de la Asamblea General se reunió para revisar el borrador y redactar la primera Convención Internacional para la Protección y Promoción de los Derechos de la Personas con Discapacidades. Más de 400 personas han participado en las discusiones, entre ellos muchos discapacitados. En los discursos conclusivos se reconoció que ha habido buen progreso en la profundización y comprensión común de los temas tratados, así como una notable unión en las opiniones de los participantes. Pero aún falta concluir el trabajo en las reuniones programadas para agosto y presentar el documento a votación para que llegue a ser una convención vinculante.

Afortunadamente, hoy día nadie duda, de que las personas discapacitadas son sujetos plenamente humanos, titulares de derechos y deberes. Hay una convicción común, según la cual se debe respetar la dignidad de cada persona, independientemente de su edad, o el grado de desarrollo de sus facultades.

Los derechos del discapacitado son exactamente los mismos que de cualquier otra persona, porque se tienen los mismos derechos humanos simplemente por ser persona humana. A veces, su calidad de vida en algunos aspectos resulta inferior. Su dignidad puede entonces parecer más escondida, sin embargo en cierto sentido también se presenta de forma más clara. A pesar de las limitaciones y los sufrimientos gravados en sus cuerpos y en sus facultades, ponen más de relieve la dignidad y grandeza del hombre.

Los voluntarios que se han dedicado a atender a personas minusválidas, normalmente quieren volver a trabajar con ellos. No sólo por la maravillosa experiencia de entregarse; no sólo porque los discapacitados les enriquecen, sino, ante todo, los quieren por descubrir el valor que hay en cada uno de ellos. De modo semejante los padres de un niño con síndrome de Down suelen decir con cariño, que este hijo es su mayor tesoro, el mayor regalo que han recibido en su vida. Son como una perla, que se aprecia después de abrir la ostra y quitar la, más o menos bonita, concha.

El valor absoluto de una persona discapacitada resulta evidente al hacer la experiencia de tratar con ella. No se necesitan estudios teóricos para saberlo. Debemos agradecerles a los discapacitados, porque nos ayudan a encontrar el verdadero sentido de la vida en el amor, o demuestran cómo el sufrimiento puede hacer a la persona “más humana”.

La persona humana vale por lo que es, no por lo que hace, ni por su calidad de vida y sus cualidades, como la salud física o mental, capacidad intelectual, etc. Las cualidades sólo demuestran su dignidad. Pueden faltar, y entonces… se ve aún con más claridad en qué consiste la verdadera grandeza de la persona. La dignidad y los derechos humanos, que son consecuencias de esta dignidad, son los mismos independientemente de sí la persona es discapacitada o no. Están arraigados en su ser. Las circunstancias, influencias externas, decisiones de gobiernos o tratados no pueden aumentarlos o disminuirlos. Se trata por tanto de reconocerlos, de garantizar, en la medida de lo posible, que se respeten y no de crear derechos especiales.

Un punto ampliamente tratado ha sido la no-discriminación de los discapacitados. Si bien los discapacitados son iguales en dignidad y derechos, sí necesitan un trato especial para poder desenvolverse y vivir sus derechos fundaménteles. Por su situación y por sus posibilidades, en ciertos aspectos siempre limitados, generalmente deben recibir más apoyo que otros. Han de ser ayudados a participar en la vida familiar y social en todas las dimensiones y en todos los niveles accesibles a sus posibilidades. Un tratado y una labor subsidiaria (1) de los Estados resulta importante para promover con medidas apropiadas y eficaces su bien.

Sería irracional entender la no-discriminación como el deber de tratar a todos de la misma forma. Es correcto buscar, por ejemplo, la posibilidad de acceso al trabajo para todos o la igualdad en la justa remuneración, pero no se puede exigir a una empresa de mudanzas que contrate a una persona en silla de ruedas.

Obviamente, no se espera terminar el trabajo sobre la convención sólo con la afirmación de los derechos de las personas con discapacidades. Se discuten los distintos criterios para mejorar el goce efectivo de los derechos humanos para después aplicar medidas adecuadas y mejorar las condiciones de vida de los discapacitados en los Estados concretos (2).

A diferencia de los derechos humanos, que son universales e inmutables, la calidad de vida varía según las circunstancias de cada persona y se puede influir en ella. En las reuniones de las últimas semanas, representantes de diferentes países y ONG-s han reconocido, que en realidad muchas de las medidas, que facilitarían notablemente la vida de los discapacitados, no requieren grandes inversiones de dinero, v. gr. construir las aceras o banquetas tomando en cuenta a los que usan sillas de ruedas. Louise Arbour, Alta Comisaria de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, subrayó en su discurso del 27 de enero pasado, que “más que la falta de recursos, son las actitudes las que a menudo obstaculizan el ejercicio de los derechos de las personas con discapacidades” (3). Efectivamente, la actitud es muy importante. Para las personas con discapacidades no puede ser suficiente, que se respete su derecho a la vida, que se pongan soluciones para responder a sus necesidades materiales básicas, médicas o incluso sociales, como el acceso al trabajo. Para su plena realización y felicidad necesitan también sentirse entendidos y acogidos por los demás.

Se puede decir que una mujer de 35 años, que está enferma de escoliosis múltiple, pero que se siente acompañada y cuidada con cariño por su esposo y sus hijos y les da todo su amor, tiene mejor calidad de vida que su amiga que disfruta de buena salud y riquezas, pero no encuentra el sentido de su vida y sufre de estados depresivos. Otro ejemplo es la niña británica, Charlotte Wyatt (4). Ella seguramente siempre se podrá sentir querida por sus papás, que lucharon por su derecho a la vida, hasta que un alto tribunal revocó la orden que daba razón al hospital público de no reanimarla si llegaba a sufrir un colapso respiratorio o alguna crisis (5).

Es vital nuestra necesidad humana de sentirse amado y acogido por otros, lo cuál se debería experimentar ante todo en el ámbito natural de la propia familia, y también en toda la sociedad. La calidad de vida abarca, por tanto, además del bienestar material y la salud, el amor en el hogar, la solidaridad en la sociedad y otros valores éticos, vividos por los discapacitados y en relación a ellos. El papel del Estado es subsidiario: debe apoyar a la institución familiar, para que ésta sea, en la medida de lo posible, quien se responsabilice de la ayuda al discapacitado, y en favorecer actitudes de auténtica solidaridad, para que pueda vivir sus derechos y deberes fundamentales. No se necesita legislar todo lo que es humano ni todo lo que se vive en las relaciones interpersonales, pero se puede apoyar lo que es positivo y desde luego no obstaculizar la vivencia de los valores profundamente humanos.

Es posible ir más allá de la justicia abstracta, de leyes impersonales y de sólo evitar la discriminación. Ver por la persona que sufre, apoyarla, amarla… Y aunque todos pueden descubrir su dignidad, conviene reconocer que las mujeres suelen demostrar una especial sensibilidad para intuir las necesidades concretas de otros y querer cuidarlos con gran comprensión y cariño (6). Más que hacer a los discapacitados sentirse autónomos, tienden a buscar que perciban, que son amados. Establecen más rápido vínculos afectivos, experimentan sentimientos de empatía. Estas características, más frecuentes en la psicología femenina, reflejan su especial papel humanizador en la sociedad. Dado que hoy hay una mayor participación de las mujeres en la vida pública y social, podemos aprovechar lo que ellas enriquecen y ayudan para el bien de todos.

Magda Figiel

 

(1)       La subsidiariedad es el principio que regula la interacción entre la autoridad y las personas y sociedades intermedias para lograr el bien común, su desarrollo integral. Los dos componentes de este principio son: 1) el deber de la instancia superior de prestar asistencia en lo que las personas y sociedades intermedias no pueden hacer por sí solas (subsidiariedad propiamente dicha), y garantizar, promover y estimular la iniciativa de aquellas; 2) y la no-injerencia de la instancia superior en la vida interna de las sociedades intermedias y el deber de no suplirlas en lo que ellas pueden y deben hacer por sí mismas (la “sola subsidiariedad”).

En el ámbito de la autoridad política nacional, el Estado es la instancia superior en relación con las sociedades intermedias y las personas, así como el gobierno federal en relación con los gobiernos municipales.

(2)       Importantes objetivos serían: apoyo en situación de pobreza; nutrición; educación integral; servicios médicos; oportunidades de empleo; vivienda digna; servicios de calidad en rehabilitación y terapia cuidando los mejores intereses de toda persona humana; acceso, inclusión y participación en la vida social, económica, cultural, política; protección contra la crueldad, tortura, abuso; una vida jurídica, legal, patrimonial plena; dispositivos de ayuda sensoriales o motrices que se requieran; no ser víctima de señalamientos y exclusión por su condición, etc. Los medios para alcanzarlos estos objetivos han de ser adecuados (proporcionados, éticos o realizables).

(3)       Statement by Louise Arbour, UN High Commissioner for Human Rights, General Assembly Ad Hoc Comité, 7th session New York, 27 January

(4)       Parents win legal lifeline to keep sick baby alive (The Scotsman/Regno Unito, 22.10.2005

”THE parents of a profoundly ill baby girl who was not expected to survive long beyond her first year celebrated her second birthday yesterday with a partial victory in their legal battle to have her resuscitated by doctors if she falls seriously ill”…

(5)       Para que una persona sea respetada, ha de existir. El derecho a la vida es el primero. Esta evidencia se reflejó en el hecho de que nadie se oponía al artículo número 10 sobre el derecho a la vida de los discapacitados, cuando fue revisado. Unicamente IDC (International Disability Caucus) propuso una enmienda: añadir las palabras “en todas las etapas de la vida” después de “cada ser humano”, y añadir “todos deben reconocer” después de “reafirmar”.

(6)       Recientes estudios de C. Gilligan y M. Nussbaum profundizan en esta aportación de la mujer en el campo del derecho.

personas con discapacidad

 

 

Categorías:Discapacidad, General

La integración de los sordomudos

La integración de los sordomudos

Aprender lenguaje de señas

Autor: María Cecilia Jaurrieta
jaula@ciudad.com.ar

http://san-pablo.com.ar/

Así como muchos estudian un idioma extranjero para comunicarse con otros de distinta lengua, a Cintia Guma se le ocurrió aprender lenguaje de señas.

Cintia está casada tiene una nena, Milagros y un bebé en camino. Es contadora. Nos recibió en su casa toda tapizada de juguetes.

Revista On line: ¿Cómo se te ocurrió estudiar lenguaje de señas?

Cintia: Desde chica me llamó la atención verlos en el colectivo comunicarse por este  lenguaje tan especial. Y así como a algunos se les da por estudiar Inglés, yo me enganché cuando una amiga que estudia guía de turismo para sordos me indicó un lugar donde hacerlo. Poco a poco me fui encariñando, al ver que uno los puede ayudar a integrarse.

ROL: ¿En qué medida te enriqueció este estudio?

Cintia: Uno descubre otras realidades… Aprende de la comunidad de los sordos que tienen una organización muy bien armada, ya que tienen las mismas posibilidades que los oyentes. Son muy perceptivos y muy cariñosos.

Cintia: Hace cuatro. Con dos años uno aprende lo básico para comunicarse. Pero seguí porque tengo la idea de ser intérprete. Esto te da la posibilidad de ser intérprete en un congreso, o en la televisión como es el caso de mi profesora actual.

ROL: ¿Hay turismo para sordos?

Cintia: Los sordos tienen numerosas asociaciones que los protegen, como la ASO, (Asociación de Sordos Oralistas), que son los que se comunican tanto en forma oral, leyendo los labios, como por lenguaje de señas. Ellos  organizan sus propios paseos y salidas.

ROL: ¿Sentís que ha mejorado la integración de los sordomudos?

Cintia: Yo creo que no. Si bien han conseguido un montón de cosas para su promoción, hay una barrera que es la imposición de la lengua oral sin darles la posibilidad de que usen el lenguaje de señas que es el más familiar. Creo que la mayoría que impone una forma de enseñanza oral le hace mal a la integración. En este momento hay una sola escuela que permite completar la enseñanza dada en forma oral con lenguaje de señas.

Una experiencia desde la “oralidad”

El Instituto Nuestra Señora de las Gracias, de la ciudad de Buenos Aires, tiene en su proyecto institucional la integración de personas con necesidades especiales. Hace unos años se matriculó una adolescente que había cursado la escuela primaria en el Instituto Oral Modelo, adonde se plantea la integración desde la “oralidad”. Con el gabinete psicopedagógico de esta institución se elaboraron las siguientes normas para los docentes. Estas sugerencias parten de la necesidad de que el alumno sordo tenga sus tiempos para poder interpretar por lectura de los labios las palabras del profesor.

Los si y los no en la relación docente alumno sordo en la escuela común

SI

  • Dejar que se ubique en los asientos delanteros
  • Asegurarse de que se retire del aula conociendo sus tareas para la próxima clase, fechas de pruebas, etc. Puede encargarse cada profesor o el preceptor o uno o varios compañeros.
  • Permitirle que copie simultáneamente los apuntes de su compañero de banco o que este utilice un carbónico para dejarle que le facilite al alumno sordo su apunte para fotocopiar. Organizar con los compañeros turnos rotativos para ello, para evitar el cansancio de estos.
  • Facilitarle apuntes o fotocopias de los contenidos, cuadros sinópticos, esquemas que el profesor explique. Si se pudiera hacer con anterioridad a la clase o al inicio de esta, le permitiría al alumno sordo seguir mejor las explicaciones del profesor.
  • Incluirlo en los grupos de estudio, podría ser en forma rotativa.
  • Ante la dificultad por parte del profesor, en comprender lo que expresa el alumno sordo, brindarle la posibilidad de que lo escriba (lecciones, respuesta a preguntas, etc)
  • Instrumentar recursos para que el alumno sordo, en caso de inasistencia a clase, reciba la información necesaria respecto de las tareas a cumplir

Ej. Suministrarle los teléfonos de sus compañeros para que algún familiar pueda comunicarse con ellos. Si los padres son sordos ver la posibilidad de enviárselos por fax o  de que alguien se lo alcance a su domicilio.

NO
  • Obligarlo a sentarse adelante (puede que con el tiempo y experiencia desee  hacerlo)
  • Exponerlo a dictados. Pensemos que el alumno sordo necesita  hacer lectura labial. No puede tomar nota basándose en su vía auditiva.
  • Temer hacerle repetir si no se le entiende
  • Temer pedirle que escriba sus mensaje
  • Evitar hacerlo participar por temor a no entenderlo
  • Temer verificar si realmente comprendió
  • Conformarse con sus señales de asentimiento. No siempre puede seguir por lectura labial lo que el profesor dice durante toda la hora de clase y menos aún durante toda la jornada escolar. ( Profesores no entrenados, gran cantidad de alumnos, esfuerzo del alumno sordo para decodificar el mensaje, cansancio…).
  • Instituto de Lenguas de señas Argentino – Viamonte 2367 – T.E. 4951-2092
  • Instituto Oral Modelo- Tte. Gral. Perón 2239 – 4951 3300

Disfrutar el desafío

 

 

  • Instituto de Lenguas de señas Argentino – Viamonte 2367 – T.E. 4951-2092

 

  • Instituto Oral Modelo- Tte. Gral. Perón 2239 – 4951 3300

 

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Tener un hijo discapacitado es un gran dolor

Tener un hijo discapacitado es un gran dolor

Mabel es una madre que nos ha hecho llegar el profundo dolor que vive, dado que tiene un hijo discapacitado.

Tener un hijo con discapacidad debe ser un gran dolor.

Por más que recemos nosotros, por más que tengamos el firme deseo de acompañarla, por más que le digamos te queremos, te acompañamos, nunca, pero nunca, viviremos el dolor de ella.

Nunca podemos vivir el dolor que vive ella. Nunca podremos vivir el dolor que vive ella.

Hay dolores personales, dolores que tienen un solo sabor, el sabor amargo del que los tiene que vivir.

No hay ninguna duda que sobre tu situación  –madre de un hijo discapacitado—poco o nada te puedo decir, poco o nada se puede decir de algo que no se vive, del dolor que no se vive.

Por más que yo trate de ponerme en tu dolor, esto es imposible.

Las cruces que cada uno lleva solamente cada uno sabe lo que pesan.

Con mi esposa Lydia somos amigos de un matrimonio que tienen una hija discapacitada. Es autista.

Les ha costado muchos años aceptar esta cruz.

Un día charlando de nuestros hijos, así como al pasar, le dije que uno quiere a todos los hijos por igual. Hay de mas buenos y otros que no lo son tanto. Pero igual uno los quiere.

Y entre las cosas que uno anhela es que ellos también lleguen al paraíso.

Yo no sé si mis hijos verán el rostro de  Dios. Uno ha tratado de hacerlos buenos, pero siempre…..siempre te asalta la duda. Porque ellos son libres de su vida y libres de sus actos.

En cambio ustedes amigos, les dijimos,  tienen la absoluta seguridad de que su hija verá el rostro de Dios. Nosotros no sabemos si nuestros hijos lo conocerán. Ustedes si: todo hijo discapacitado en su mente, verá el rostro de Dios..

Dios solamente permite que cada uno de nosotros viva la cruz que puede soportar. Creo que yo no lo podría soportar.

Con los años hemos ido viendo que ellos fueron asumiendo esta circunstancia, y creemos…..creemos que ya no les pesa tanto como antes cuando ella era mas chiquita.

Quizás les pesa menos, aunque seguro que les sigue doliendo.

Como puedes ver  –estimada Mabel—tu cruz es pesada,  pero Dios no dejará de darte la fuerza que necesitas para soportarla y dar testimonio de ello frente a la comunidad que seguro te acompañará y rezará por ti.

Es frecuente que el hombre creyente crezca en el dolor, en el dolor asumido se entiende. Dolor asumido es entrar a formar parte de aquella cruz y a igual que aquella cruz se entra a formar parte de la redención.

Es darle sentido al dolor, es darle sentido a lo que uno le toca vivir.

En el diario donde Elizabeth Leseur reflejaría el sufrimiento experimentado durante un periodo de su vida, el cual fue redimensionado por la fe, nos dejó escrito: “el sufrimiento es la forma más elevada de acción, la más alta expresión de la maravillosa comunión de los santos; en el sufrimiento se es útil para los demás y para las grandes causas que uno anhela servir”.

Víctor Frankl nos dice en uno de sus libros: el sufrimiento sin sentido es neurósis, cuando se lo dota de sentido es crecimiento.

Esta frase es cristianismo puro.

Hay que esforzarse en encontrar un sentido a la vida, en toda vida y mucho más frente al sufrimiento.

Uno de los grandes problemas del mundo de hoy es que muchos no han encontrado el sentido a lo que viven. Viven sin saber bien para que.

Y mucho menos lo van a encontrar cuando el sufrimiento rodea su vida.

Un verdadero creyente  intuye que lo que aparece como mal inexplicable, con la luz de la fe, puede devenir un bien espiritual imposible de abarcar, pesar o medir. (Miguel Rivilla San Martin)

La fe ayuda. Ser creyente ayuda.

Fe y creencia ayudan a entender que en la vida a todo dolor le sigue una alegría. Y que a veces también a las alegrías le suceden sufrimientos.

Es la vida que sigue……….. y seguirá hasta el fin de los tiempos.

Salvador Casadevall

salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

 

REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA………..para acompañar a vivir

Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2007  Programa “Día Internacional de la Mujer”

Galardonado con la Rosa de Plata-Buenos Aires 2007  Programa “Navidad”

Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2006  Programa “Día del Niño”

Mención especial Premio  Magnificat-Buenos Aires 2005  Programa “Adultos Mayores”

 

Los cuatro primeros libros sobre estas reflexiones están disponibles y son vendidos por correo certificado de entrega.

 

Estas reflexiones pueden hallarse en los siguientes portales:

www.es.catholic.net de México

www.mensajesdelalma.org de Argentina

www.diosesvida.netfirms.com de Argentina

www.grupomatrimonios.com.ar  de Argentina

www.aragónliberal.es de  España

www.analisisdigital.com  de España

www.mfc.org.ar de Argentina

www.ideasclaras.org de México

www.yoinfluyo.com  de México

Si usted abre GOOGLE, o  YAHOO o ASK  y pone mi nombre en BUSCAR le aparecerán varias páginas WEB que alguna vez las han publicado y algunas hasta las han archivado. Para entrar en el archivo hay que usar el mismo camino: poner en BUSCAR mi nombre

Categorías:Discapacidad

Escuchemos a quien no oye

 

ESCUCHEMOS A QUIEN NO OYE

 

Revista “Signo de los tiempo” Mexico

La mayoría de los sordos saben muy bien que no pueden vivir al margen de los que oyen. Pero son muy desconfiados porque son muy poco escuchados, comprendidos y frecuentemente tratados con condescendencia

LouLs Ginamard

La sordera constituye una discapacidad que causa incomprensión y rechazo. La sordera entraña dificultades aparentemente sin importancia, pero para los sordos se vuelve insoportable en situaciones de apuro. La espiral de exclusión se encadena rápidamente, sin posibilidad de remediarla, por la falta de poder comunicarse. Los problemas de comunicación, tanto oral como escrita, generan soledad en las personas sordas. ¿A quién dirigirse en los casos extremos?

Una joven hacía fila en el seguro social. Le toca su tumo, pero ella está distraída. La persona de atrás se impacienta. «Le toca a usted», le dice empujándola por la espalda. La joven se sobresalta, murmura una excusa avanzando hacia la ventanilla. Ahí, ella saca un papel en el que un amigo le escribió la razón de su visita. Se lo entrega a la encargada, que además está impaciente. La encargada lo lee, y echa una mirada a la joven, que está sonriendo: «Dígame su nombre y su número de seguro social»». La joven apenas puede pronunciar su nombre, con una voz gangosa. La encargada queda confundida, sin levantar la cabeza, le gruñe: «¿Me lo repite?». La muchacha sonríe sin decir nada. La encargada le dirige una mirada de pocos amigos:

«¿Está usted sorda o se está burlando de mí? La muchacha pudo apenas leer la palabra «sorda» de los labios y hace un signo afirmativo con la cabeza. La encargada, primero sorprendida, después avergonzada por su actitud, le escribe, como excusa, en un papel: «¿Podemos entendernos por escrito?». Entonces es la muchacha la que se avergüenza. No sabe escribir bien. Domina poco el idioma. Sólo sabe ex-presarse mediante signos, con movimientos del brazo y de la mano. Atrás la gente se impacienta. La encargada no sabe qué hacer ni a quién dirigirse. Su jefe inmediato se encuentra en las mismas condiciones. La joven abandona el lugar sin haber obtenido la ayuda que fue a solicitar. Esta anécdota se repite cotidianamente.

La primera exclusión generada por la sordera es la incomprensión por par-te de las personas que oyen. La sordera no se ve. Existe una gran variedad de sorderas: los totalmente sordos, o por nacimiento o que se han vuelto sordos; sordos que utilizan signos, y sordos que saben leer los labios. Se encuentran ante la soledad, que les produce dificultades sociales, familiares, financieras, etc. Se enfrentan a una falta de formación y de estructuras que les puedan ayudar.

Pero no todas las dificultades provienen de la falta de estructuras, muchas provienen del entorno social en el que se encuentran las personas sordas, sobre todo de la misma familia. El círculo familiar no les crea un ambiente relacional o, peor, les crea un ambiente sobreprotector que no ayuda a su autonomía. Ambos casos favorecen a su soledad.

Esta exclusión se vive también en la escuela, al sufrir fracasos escolares antes de que se les detecte la sordera. Luego, en los estudios superiores, son pocas las estructuras adecuadas a sus necesidades: ¿cómo oír una conferencia en el auditorio?

Lo mismo en el mundo del trabajo: pronto encontrará impaciencia e incomprensión de sus colegas. Las personas sordas están también excluidas del mundo de la información, en general. Los noticieros cotidianos no son comprendidos. Por ejemplo, lo sucedido el 11 de septiembre de 2001, a través de la televisión fue captado por las personas que sí oyen. Pero, piénsese si el radio no se escuchara, y la televisión no tuviera sonido, ¿cómo entender aquellas imágenes impactantes?

La exclusión de los instrumentos ordinarios de información pone en serio peligro a los sordos. Quedan al margen del problema del SIDA, al quedar excluidos de las campañas de prevención.

La mayoría de los sordos saben muy bien que no pueden vivir al margen de los que oyen. Pero son muy desconfiados porque son muy poco escuchados, comprendidos y rara vez tratados con condescendencia.

Fuente: Messsges. de Cáritas francesa, n. 559 (VI.02). Traducción: Armando Rejón

 

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Los discapacitados, realidad misteriosa que nos interpela

Los discapacitados, realidad misteriosa que nos interpela

Escrito por  Mons. José Luis Chávez Botello

La discapacidad es una realidad cercana a todos; encontramos discapacitados a cada paso: ciegos, paralíticos, sordomudos, sin brazo o sin pies, personas con síndrome  dawn. La discapacidad de tantas personas es una realidad misteriosa y desconcertante; no pocos la ven como mala suerte o una verdadera desgracia, otros la experimentan como estímulo y bendición para quienes los rodean y para la misma sociedad. Una palabra sobre esta segunda manera de considerarla.

Cada vez son más los discapacitados que, asumiendo su limitación, desarrollan más de lo común otras capacidades, se superan  y realizan trabajos como cualquier persona, estudian en universidades y sobresalen en su profesión; ahí están entre otros los medallistas de los pasados juegos parapanamericanos. A una persona así, por lo menos habrá que reconocerle mayor mérito; su realización nos interpela a afrontar las limitaciones  de la vida, a despertar nuestras capacidades dormidas y a superarnos.

Pero hay algo más importante. Cuántos discapacitados de nacimiento suscitan y alimentan mayor entrega y cariño en quienes los rodean; su presencia estimula a jerarquizar, a usar los bienes materiales y el tiempo más al servicio de la vida, transmiten fortaleza a veces heroica, ayudan a valorar más la vida y humanizan a quienes los rodean. Los discapacitados son capaces de movilizar y humanizar a la misma sociedad; allí están tantas expresiones, historias y frutos del Teletón.

El fruto más importante del Teletón no es la cantidad de dinero recaudado ni la construcción de los CRIT, estos son medios importantes, pero medios. El fruto más importante está en que el Teletón ha ido llevando a la sociedad mexicana a ver a los discapacitados desde el corazón; ellos nos muestran y transmiten fortaleza más allá de la fuerza física, infunden amor, nos estimulan a encontrar el sentido más profundo de lo que tenemos y hacemos, nos hacen pensar para aprovechar mejor lo que tenemos y ellos no tienen. Los CRIT son ya verdaderos talleres de superación y de humanismo donde, como el orfebre a fuerza de fuego y golpes al metal precioso le quita la escoria hasta sacarle su calidad y brillo, así en las terapias y atención a niños discapacitados va apareciendo la calidad, la grandeza y capacidades de estos niños y de sus familiares.

La discapacidad no es impedimento para vivir con calidad y aportar a la sociedad, es solo una limitación; de ahí nuestro deber de prevenirla y de abolir toda discriminación. Ante tantas contrariedades y limitaciones sociales, en Oaxaca necesitamos aprender de estos niños y de sus familiares que luchan por caminar, por superarse y relacionarse bien con los demás; nos urge aprender a no ser conformistas ni mediocres, a luchar por vivir mejor. Oaxaca necesita integrar activamente la riqueza humana y laboral de sus discapacitados, desde sus familias y comunidades; sería un crimen desperdiciar tanta riqueza hoy. ¡Cómo necesitamos abrirnos con humildad al misterio de la vida, a la sabiduría de Dios!

Con mi saludo y bendición para todos.

 

+ José Luis Chávez Botello

Arzobispo de Antequera-Oaxaca

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¿Somos cómplices?

¿Somos cómplices?

JUAN AGUILERA AZPEITIA

24 Julio 2011, http://www.am.com.mx

El lunes de la semana que acaba de terminar, el presidente de la Canaco León, Héctor Tejada Shaar, fue acompañado de su secretario por el rumbo del fraccionamiento Delta. Tan pronto detuvieron la marcha de su vehículo y a punto de bajarse aparecieron varios mozalbetes que los amenazaron y robaron sus pertenencias.

Casi al instante aparecieron varios funcionarios municipales, que tenían cita en el punto con el dirigente empresarial. La policía, que fue llamada, no tardó en presentarse.

Peinaron el área en busca de los asaltantes que no aparecieron por ningún lado.

Esto parece anécdota de lo cotidiano porque ya nos acostumbramos a que al amigo, pariente o a nosotros mismos nos saquen una pistola o cuchillo y se lleven el reloj, el bolso si se trata de una mujer, o la cartera. Puede el hecho ocurrir a cualquier hora del día.

¿Quiénes son los amantes de lo ajeno que así operan y han proliferado últimamente?

Se podrá decir que nadie sabe.

Falso. Sí son conocidos y en ocasiones por nombre y apellido; en su calle, manzana o colonia saben los apodos y hasta nombres de los hurtadores que de eso han hecho especie de oficio. Cuando atracan nada más corren a su casa y se meten con premura para ser amparados por la familia. La policía si no trae orden de cateo no puede entrar. Allí se queda el proceso persecutorio, con el nuevo sistema de justicia oral ya pronto podrá incursionar en esos ámbitos; por ahora no.

Los vecinos afirman discretamente: “están adentro, viven en esa casa”. Amparados por la familia los cacos se tornan intocables.

El ingeniero Tejada, al comentarme el hecho en el que él y su auxiliar fueron víctimas hizo una seria y muy pertinente reflexión en el sentido de que nosotros mismos, usted, yo, todos, en ocasiones resultamos cómplices de los rufianes. ¿Cuándo? Cada que adquirimos un objeto que no tiene una procedencia legítima.

Va usted a un tianguis, pregunta por el celular que está tirado con otros aparatos, el chacharero le provoca: “se lo dejo en cien, jefecita”. Si en la agencia vale cuatrocientos, lo toma y paga. Todavía el cómplice del pillo se lo activa.

Pero, aguarde. Cómplice el que vendió ¿y quien compró?

Es parte o sea somos cuando asumimos ese papel, de la misma cadena.

Va por la Nuevo León o la Ribera y le instan exhibiendo una computadora pequeña y ultramoderna. Le informa el que la porta que vale nueve mil; pero se la deja en dos. Es mucha la rebaja y tentación. Como no queriendo le ofrece mil y se la lleva.

Fue, pensará usted, una ganga. Sí, pero a costillas de la descomposición social porque usted está fomentando el hurto.

Por eso sostiene Héctor Tejada que si no adquiriéramos cosas robadas disminuirían los amantes de la rapiña; pero al que le sacaron del carro el acumulador, va adonde venden los ladrones, porque ya tienen una especie de entrego o sea quien les paga doscientos por esa batería. Allí la dan en cuatrocientos. Usted va y la adquiere. ¡Puede ser la misma que le saqueraron a su unidad!

O por decirlo claro: Cuando adquirimos cosas robadas nosotros mismos fomentamos el círculo vicioso.

Otra parte del problema resulta cuando los ladrones son sorprendidos in fraganti, o sea en el acto, el momento y los lleva uno al Ministerio Público.

A todo el mundo le espanta el entretenimiento en esos sitios, pero peor resulta cuando levantan el acta y le informan al quejoso que la denuncia no procede o que lleve las facturas de los objetos, si no es que “ya le devolvió sus cosas, no hay nada que perseguir”.

Sale el denunciante frustrado y lanzando pestes ya no contra el ratero sino lanzándoselas al funcionario ministerial. Hay casos en que usted le indica al agente del MP que ese hurtador es recurrente y que sí procede el seguimiento contra ese individuo (a), entonces le pueden decir que no se lleva un registro de esos hechos y por lo mismo es insostenible la aplicación de reincidencia. No se le podrá aplicar la ley.

Es una lástima que nuestra vida social se haya desquiciado pero es peor que nosotros mismos fomentemos estos aspectos de corrupción.

Y ¿sabe qué?

Hay actividades que contribuyen a que lo torcido siga perjudicándonos. Una de ellas son las llamadas casas de préstamo y empeño. No, por ahora no voy a referir lo que cobran de intereses, que son más que leoninos, comentaré simplemente que a ese sitio o esos lugares los ladrones llevan aparatos por los que les “prestan”. Los robaron, es presumible, si no llevan factura. Les dan un dinero y unos y otros saben, como lo sabemos también nosotros, que en ese sitio se quedará el objeto para que prontamente, al término del plazo, la casa que lo adquirió en prenda lo remate. Es obvio que tampoco dará al nuevo comprador, factura a menos que haga una ficticia.

Recapitulemos reiterando la idea de que no debemos adquirir cosas que a todas luces son robadas; no seamos cómplices de la rapiña.

Si usted tiene vecinos que se dedican a ese que ya hasta parece oficio, el de robar, repórtelos en forma anónima a la autoridad municipal para que sepa en dónde están las guaridas.

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