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CAP. XXIII La Accion Catolica y las obras Economico-sociales

CAPITULO XXIII LA ACCIÓN CATÓLICA Y LAS OBRAS ECONÓMICO – PROFESIONALES

SUMARIO: 1. Importancia de las cuestiones sociales. – 2. Clases de Asociaciones. – 3. Lo temporal y lo espiritual. – 4. Las Asociaciones económico-profesionales ¿son obras de Acción Católica? – 5. Documentación pontificia.

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

I.-IMPORTANCIA DE LAS CUESTIONES SOCIALES.-

Hemos establecido la importancia que tienen en esta hora las cuestiones sociales y cómo debe trabajar el apóstol seglar en la acción obrera y patronal. Ahora, una palabra más acerca del tema y especialmente de la relación que tiene la Acción Católica con las obras económico-profesionales. La Iglesia siempre se ha preocupado vivamente del problema social.

“Los grandes hechos políticos -dice Balmes-: la cuestión en la superficie es política, pero en el fondo es social”.

Y la obra que ha realizado la Iglesia en el terreno social es admirable; es una de sus glorias. Regenera al individuo, a la familia, a la sociedad; señala límites a derechos que antes se tenían por ilimitados. La justicia y caridad, virtudes fundamentales que rigen estas cuestiones, han sido investigadas por teólogos y juristas católicos.

La Iglesia por medio de sus admirables Encíclicas, especialmente “Rerum Novarum” y “Quadragesimo Anno”, ha dado reglas sapientísimas para resolver los problemas del mundo social y económico.

Refiriéndose a estos problemas, especialmente a la redención del proletariado, llega a decir el Papa que “si con vigor y sin dilaciones no se emprende el llevarlo a la práctica, es inútil pensar que puedan defenderse el orden público, la paz y la tranquilidad de la sociedad humana, contra los promotores de la revolución”.

Después de la importancia de las cuestiones sociales, viene la legitimidad de la sindicación católica. Hagamos una breve síntesis de la doctrina de la Iglesia:

En este punto queremos dejar la palabra al sociólogo francés M. Marsot, que en el gran “Diccionario de Sociología”[1] (a), actualmente en curso de publicación, sintetiza así la doctrina de la Iglesia:

a)      “En  el estado actual de las cosas, la Iglesia estima que los católicos tienen el deber moral de constituir asociaciones profesionales.

Efectivamente, León XIII lo afirmaba taxativamente: “En este estado de cosas -dice-, los obreros cristianos no tienen más remedio que escoger entre dos partidos: o inscribirse en asociaciones peligrosas para la Religión, o formarlas entre ellos mismos, uniendo así sus fuerzas a fin de poder sustraerse a un yugo tan injusto e intolerable. ¿Hay alguien que dude de que es preciso optar por este último medio?”

b)      “Estas   Asociaciones profesionales, que la Iglesia estima necesarias hoy, deben ser grupos enteramente católicos, o, en los lugares  en los que la fundación de  tales grupos católicos  sea  absolutamente  imposible,   han de ser organizaciones realmente respetuosas del espíritu católico.

“Es decir, que los Papas exhortan vivamente a la fundación de tales grupos católicos; permiten, bajo ciertas reservas, que los católicos den su nombre, en ciertos casos, a asociaciones que no sean oficialmente católicas, y condenan positivamente las asociaciones cuyo espíritu se opone al espíritu católico, prohibiendo a los fieles adherirse a ellas; aunque, a título excepcional y para fin determinado, acepte que se organicen alguna vez, en combinación con ella, carteles intersindicales.”

“Que se tenga bien en cuenta -dice la Sagrada Congregación del Concilio- que tal combinación no es lícita sino a condición de que se haga sólo en casos particulares, que la causa que se haya de defender por ella sea justa, que se trate de un acuerdo temporal, y que se tomen todas las precauciones para evitar los peligros que pueden provenir de un acercamiento semejante.”

c)                  “La Iglesia no ha dirimido la cuestión de saber  sí los grupos profesionales deben comprender a la vez a patronos y obreros, o si se deben organizar separadamente los unos de los otros. Mas, en este segundo caso, pide que los sindicatos patronales y los  sindicatos  obreros  se  entiendan  pacíficamente.”

“La Sagrada Congregación vería con gusto -dice el documento de 1929- que se estableciese un modo regular de relación entre las dos clases de sindicatos mediante una comisión mixta permanente. Esta comisión tendría por finalidad tratar, en reuniones periódicas, los asuntos de interés común y obtener que las organizaciones profesionales sean, no organismos de lucha y de antagonismo, sino, como deben ser, según la concepción cristiana, medios de mutua comprensión, de discusión benévola y de pacificación”.

d)      La tercera  afirmación preliminar se refiere a la intervención indudable que compete a la Acción Católica en esta cuestión social.   Varias veces lo  hace constar explícitamente la “Quadragesimo Anno”. Al ponderar la ardua empresa que aguarda a los apóstoles de la difusión de las doctrinas sociales de la Iglesia, señala a sus “amados hijos, inscritos en la Acción Católica, que comparten con él de manera especial el cuidado de la cuestión social, en cuanto compete y toca a la Iglesia por su misma institución divina”. Con esto se podrá ya entender el alcance del problema que intentamos resolver. En cuestión tan importante intervienen las Asociaciones profesionales y las Asociaciones de Acción Católica. Cabe preguntar: ¿tales Asociaciones son distintas? Y en caso afirmativo, ¿cómo armonizar esta doble intervención señalada por la palabra de los Papas? Para la resolución de estas dos cuestiones nos interesa conocer más a fondo la naturaleza misma de las Asociaciones profesionales, una vez que ya conocemos la naturaleza propia de las Asociaciones de Acción Católica.

2.-CLASES DE ASOCIACIONES.-

Los tratadistas de Derecho Canónico distinguen dos clases de Asociaciones, que nos importa consignar: Asociaciones eclesiásticas y Asociaciones seglares o laicales[2].

La diferencia de unas y otras no está basada en el fin que ellas se propongan, sino en el modo de su erección, que condiciona las facultades de dirección, es decir, en su modalidad jurídica.

Esta distinción se admite en muchos documentos canónicos. Baste citar, entre ellos, el decreto A remotissima de la Sagrada Congregación Consistorial de 31 de diciembre de 1909, y sobre todo la nueva fórmula “De relationibus dioecesanis” redactada por la Sagrada Congregación Consistorial, de 4 de noviembre de 1918.

Las Asociaciones eclesiásticas son erigidas y dirigidas por la autoridad de la Iglesia. Las Asociaciones seglares o laica y régimen interno, sino en tanto en cuanto puede esto tener relación con los casos previstos por el canon 336 en su párrafo segundo.

Ya con estos datos podríamos resolver nuestra primera cuestión, declarando distintas por naturaleza jurídica a las Asociaciones de Acción Católica de las Asociaciones económico-profesionales. Pero nuevas consideraciones dejarán aún más clara esta distinción.

3.-LO TEMPORAL Y LO ESPIRITUAL.-

Otra razón independiente de la cualidad jurídica de las distintas Asociaciones marca una nueva y más profunda diferencia entre las Asociaciones profesionales y las Asociaciones de Acción Católica.

León XIII[3] (1) ha señalado la existencia de dos órdenes distintos de cosas, que dan origen a dos órdenes de sociedades, temporales y espirituales, jerarquizadas entre sí y sometidas respectivamente a las dos, que, por perfectas e independientes son supremas cada una en su género.

Pío X, en la encíclica “II fermo proposito”, ha distinguido también la cualidad de aquellas sociedades “derechamente enderezadas al auxilio del ministerio espiritual y pastoral de la Iglesia y encaminadas a un fin religioso y bien directo de las almas”, de la de otras que se “encaminan a este o ese otro bien particular de la sociedad y del pueblo”, y añade que son “de diferente linaje y diversa constitución”.

De las primeras deduce que “deben estar en todo subordinadas a la Autoridad de la Iglesia, y por consiguiente a la autoridad de los obispos, puestos por el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios en las diócesis que les están diputadas”.

De las otras, supuesto el fin integral de la Iglesia y las interferencias entre lo temporal y lo espiritual, entre lo moral y lo económico, dice “que no pueden concebirse, en ninguna manera, independientes del consejo y alta dirección de la autoridad eclesiástica, por cuanto se han de conformar con los principios de la doctrina y moral cristianas”; pero que, puesta su condición, han de proceder con razonable libertad, pues sobre ellas recae la responsabilidad de la acción, principalmente en materias temporales, económicas y administrativas, ajenas al ministerio meramente espiritual”.

Según esta doctrina, y teniendo en cuenta la variación de la terminología, que se ha establecido, principalmente desde los primeros años del Pontificado de Pío XI, sobre Acción Católica, los sindicatos y obras profesionales, evidentemente pertenecen a esta última clase de asociaciones, de orden temporal y terreno en su naturaleza, pertenecientes a la esfera del Estado, con indirecta subordinación a la Iglesia, como todo lo temporal, mas las Asociaciones de Acción Católica, prolongación de la propia Jerarquía hasta los seglares, pertenecen, ciertamente, al orden espiritual y están directamente sometidas a la autoridad de la Iglesia.

Estas son “participación de los seglares en el apostolado jerárquico” con un “fin nobilísimo, porque coincide con el fin propio de la Iglesia”.

Las primeras son asociaciones estables de profesionales unidos bajo la dirección de los jefes, escogidos libremente por ellos, para estudiar y defender sus intereses comunes en la determinación de las condiciones del trabajo[4]. El fin directo es temporal, aunque indirectamente puedan y deban contribuir a un fin remoto de cristianización de la vida económica y de la clase.

4.-LAS ASOCIACIONES ECONÓMICO-PROFESIONALES, ¿SON OBRAS DE ACCIÓN CATOLICA?-

Es la consecuencia del razonamiento que venimos haciendo. Aun parezca que estas Asociaciones verifican todas las condiciones de las obras de Acción Católica, ya que son obras de seglares, sometidas a Jerarquía, en el terreno social, con fines remotos de cristianización, lo cierto es que no son obras de Acción Católica.

Porque bajo estas apariencias de identidad se encierran diferencias decisivas. Ya que ni la dependencia de la Jerarquía es la misma, en unas indirecta y en otras directa e inmediata; ni el fin próximo especificativo es el mismo, en unas el bienestar económico de los asociados, en otras la ayuda a la Jerarquía en su obra de apostolado.

Además, la misma organización tiene caracteres distintos, en los asociados que agrupa, profesionales los unos, simplemente cristianos los otros; y en la propia contextura de la organización, más unitaria y jerárquica en las obras de Acción Católica que en las Asociaciones económico-profesionales, que no tienen jerarquía propiamente dicha.

5.-DOCUMENTACION PONTIFICIA.-

Pio XI Limitando la documentación a los textos más expresivos, queremos destacar entre todos uno fundamental de la “Quadragésima Anno” y tres de las apostólicas más recientes.

En la Encíclica “Cuadragésimo Anno”, tras haber juzgado con fina crítica el ensayo corporativista realizado en Italia, con sus ventajas y sus peligros, señala el Papa la necesidad de ir a un “estado social mejor”.

Y entre los medios que deben ponerse en práctica “para alcanzar ese nobilísimo intento” se excluye positivamente la influencia directa de la Acción Católica, “porque no pretende desarrollar actividad estrictamente sindical”, y se requiere, en cambio, la influencia indirecta “de parte de aquellos de Nuestros hijos que la Acción Católica educa exquisitamente en los mismos principios y en el apostolado, bajo la guía y el magisterio de la Iglesia”.

Esta distinción, que supone la exclusión de  las obras propiamente sindicales de los cuadros específicamente integrantes de la Acción Católica, la veremos repetida en los demás documentos.

Así en la carta al cardenal Segura [5](1): “Mas para remover en lo posible todo motivo de duda, queremos dejar bien entendido esto: las Asociaciones que conformando sus propósitos y empresas con los preceptos de la religión y los peculiares intentos de la Acción Católica, tienen por blanco ayudar a los ciudadanos, ya en sus asuntos económicos, ya en el ejercicio de su profesión, conviene de todo punto que en las materias concernientes a los fines de la Acción Católica se sujeten a ella y sirvan a las obras de apostolado cristiano; pero en las empresas de suyo económicas, sean su propia cuenta y exclusiva responsabilidad”.

Repite casi las mismas palabras en la Carta al Episcopado argentino, y en la última y recentísima enviada a los obispos de Colombia recoge en síntesis la conclusión, que nosotros apuntamos al decir “que la Acción Católica no debe suplantar a las organizaciones económicas y profesionales, que tienen por finalidad directa e inmediata el ocuparse en los intereses temporales de las diversas clases de trabajadores manuales o intelectuales. Estas asociaciones deben conservar su autonomía y su responsabilidad exclusiva en el dominio técnico”.

De todos estos documentos se deduce que hay que respetar la autonomía sindical y cumplir el mandato que la Encíclica ” Quadragesimo Armo” hace a la Acción Católica sobre la cristianización de la vida económica, y así se realizan también los deseos del Santo Padre, que, escribiendo al Cardenal Arzobispo de Lisboa, decía que “ninguna actividad, en cuanto es posible y resulta útil a la vida cristiana, debe excluirse de su programa”.

La propaganda social, la formación de dirigentes, aun la misma generosa ayuda a la institución de Asociaciones profesionales, entra dentro de la actividad propia de la Acción Católica. No así la dirección de estos sindicatos, una vez constituidos, sino en el sentido en que lo establecen las bases de los Metropolitanos y las, cartas pontificias.

Entre éstas, terminamos nuestro capítulo con las consideraciones que Pío XI hace en la citada carta al cardenal arzobispo de Lisboa.

“Entre todas (las actividades de Acción Católica), hay algunas que, por corresponder a necesidades comunes y capitales de nuestro tiempo, deben ser sobre todo urgentemente atendidas. Entre las cuales contamos la competente asistencia al pueblo obrero, no sólo la espiritual, sino también la material, promoviendo señaladamente aquellas asociaciones que tienen por fin aplicar los principios y normas de la equidad social y de la caridad evangélica.

“Por lo cual la Acción Católica procurará suscitar estas Asociaciones donde no las hay y se esforzará en ayudarlas donde las hay. Sin embargo de todo esto, no tomará sobre sí la dirección de las cosas técnicas y económicas, sino que la remitirá a la libre disposición de las Asociaciones.

“Su oficio ha de ser procurar con todo empeño que sigan los genuinos preceptos de la doctrina católica y obedezcan las prescripciones de esta Sede Apostólica”[6].

Es decir, siempre una función de carácter educativo parte y cumplimiento de aquel programa general de “reeducación de conciencias” que constituye el fin específico e inmediato de la Acción Católica. (Beytía: “Apostolado de los Seglares”).

Al terminar esta obra, a la cual hemos consagrado nuestros estudios y nuestros desvelos, hacemos un fervoroso llamado a los seglares para que colaboren con la Jerarquía en las nobles actividades de la Acción Católica. Y les repetimos, como a manera de clarinada, aquella frase encendida de un gran luchador de la causa cristiana:

“Seguid blandiendo con pujante diestra,
De la verdad, la espada centelleante,
Mostrando del error, la vil escoria.
¡Adelante, cruzados, adelante!
¡Es vuestro el porvenir, vuestra la gloria!”

LAUS DEO.


[1] JACQEMET, Dictionnaire de Sodologie. Fase. VII-VIII, col. 391 y siguientes.

[2] Cuestiones Canónicas, I, 761-763.

[3] Immortale Dei, Nobilissima Gallorum gens.

[4] ARENDT, pág. 20.

[5] Direcciones Pontificias, pág. 347.

[6] Acta Apostólicae Sedis, diciembre de 1934

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Anglicanos vuelven al catolicismo

Anglicanos vuelven al catolicismo

Fe y Razón

Luis Fernando Valdés

Periódico AM Querétaro 25/10/09

Esta semana, la Santa Sedé anunció la promulgación de una figura jurídica, que permitirá que cerca de medio millón de miembros de la Iglesia Anglicana, incluidos obispos y sacerdotes, puedan ser recibidos en la Iglesia Católica. Se trata de un hecho sumamente importante, porque muestra la vitalidad de la fe católica, que es capaz de volver a unir en una misma confesión de fe a millones de personas de culturas muy diversas.

Desde el s. XVI los cristianos ingleses se habían separado de Roma, El Rey Enrique VIII decidió romper con el Papa, y se impuso a sí mismo como cabeza de la Iglesia Católica en Inglaterra. Esto dio lugar a un cisma, dividiendo a los fieles en dos: los que seguían unidos al Pontífice (los católicos romanos) y los que tomaron al Rey por jefe religioso (anglicanos).

En años recientes, miles de anglicanos han reconsiderado su posición, y han visto que la unidad con el Romano Pontífice es fundamental para ser fieles al mensaje cristiano. Por eso, han pedido a la Santa Sede ser admitidos de nuevo en la Comunión de la Iglesia Católica.

Esta solicitud implicaba una serie de dificultades que la nueva estructura canónica, llamada “ordinariato personal”, han quedado resueltas. La primera de estas complicaciones es de tipo cultural y ritual. Como es lógico, en el transcurso de más cuatro siglos, la Comunión Anglicana fue forjando sus propias tradiciones litúrgicas, devocionales y espirituales. ¿Tendrían que renunciar a ellas para volver a la Iglesia? O sea, ¿deberían “uniformarse” con las tradiciones y ritos romanos?

La reciente declaración de la Curia romana reconoce el valor de esas tradiciones anglicanas, que “son preciosas para ellos y conformes con la fe católica”. También son llamadas “un don”, porque permiten profesar de un modo distinto una misma fe. “La unión con la Iglesia no exige la uniformidad que ignora las diversidades culturales”, afirma el documento del Vaticano.

Los “ordinariatos personales” resuelven también la complicada cuestión de los clérigos anglicanos. El ritual anglicano cambió la parte esencial de la fórmula de Ordenación de obispos y presbíteros, de modo que con el paso de los siglos, los nuevos clérigos en realidad no habían recibido válidamente el sacramento del Orden sacerdotal.

Por eso, los clérigos anglicanos actuales ya no tienen el verdadero sacerdocio. Entonces, sus Misas no tienen verdadero valor sacramental. La nueva figura canónica permite que los clérigos anglicanos reciban el sacerdocio católico, para que puedan celebrar verdaderamente los sacramentos. Además, también prevé que los obispos que estarán al frente de estos anglicanos recibidos en la Iglesia, procedan de los mismos clérigos anglicanos conversos.

Y una solución más. Actualmente, entre los clérigos anglicanos conversos hay muchos que están casados. Los “ordinariatos personales” permitirán que estos ministros puedan seguir casados y recibir el sacerdocio católico.

Pero esto se debe entender bien. No se trata de que los sacerdotes célibes ahora sí se pueden casar. Más bien, se aplica la praxis de las Iglesias católicas orientales: que los varones ya casados pueden luego ser ordenados sacerdotes.

Esta iniciativa promovida por Benedicto XVI genera motivos de optimismo. Si durante siglos las diferencias entre estas confesiones dieron lugar a sangrientos conflictos, hoy día el diálogo ecuménico ha triunfado. Comienza a desvanecerse el fantasma de la intolerancia.

Correo: lfvaldes@gmail.com

http://columnafeyrazon.blogspot.com

Categorías:Reflexiones

La importancia de la familia

La importancia de la familia

Educar hoy

Pedro J. Bello Guerra

Periódico AM Querétaro 25/10/09

Todos estamos conscientes de la gran importancia que tiene la familia en la vida de los hijos y en la sociedad, pero a veces en la vida real, con datos concretos, con o hechos no lo vivimos. Sirva esta pequeña historia para situarnos en este tema: “Amanda estaba emocionadísima. Habían tenido que esperar muchos días, pero por fin, aquella noche nacerían las tortuguitas en la playa ¡y su papá le iba a llevar a verlas!

Se levantaron cuando aún era de noche, tomaron las linternas, y fueron a la playa con mucho cuidado. Su padre le había hecho prometer que respetaría a las tortugas bebé, y que no haría ruido y obedecería al momento, y ella estaba dispuesta casi a cumplir cualquier cosa con tal de poder ver cómo nacían las tortugas. No sabía muy bien cómo sería aquello, pero había oído a su hermano mayor, que las tortugas nacían en la playa a pocos metros del agua, y luego corrían hacia el mar; y todo eso le pareció muy emocionante.

Agazapados y sin hacer ruido, sólo con la pequeña luz de una linterna muy suave, estuvieron esperando. Amanda miraba a todas partes, esperando ver a la tortuga mamá, y casi se pierde la aparición de la primera tortuguita. ¡Era tan chiquitita! Se movía muy torpemente, se notaba que era un bebé, pero sin esperar ni a sus hermanos ni a la tortuga mamá comenzó a correr hacia el mar. En seguida aparecieron más y más tortuguitas, y todas comenzaron a correr hacia la orilla.

Ellos seguían escondidos y quietos, observando el bello espectáculo de aquella carrera loca. Pero enseguida ocurrió algo que a Amanda le pareció horrible: llegaron algunas gaviotas y otras aves, y comenzaron a comerse algunas de las tortuguitas. Amanda seguía buscando por todas partes para ver si aparecía el papá tortuga y les daba una buena zurra a aquellos pajarracos, pero no apareció por ningún sitio. La niña siguió observando todo con una lagrimita en los ojos y cuando por fin las primeras tortuguitas llegaron al agua y se pusieron a salvo de los pájaros, dio un gritito de alegría. Aunque los pájaros comieron bastantes tortuguitas, finalmente otras muchas consiguieron llegar a la orilla, lo que hizo muy feliz a Amanda.

Cuando volvían a casa, su papá, que había visto la lagrimita de Amanda, le explicó que las tortugas nacían así; mamá tortuga ponía muchos huevos, escondiéndolos en la arena, y luego se marchaba; y cuando nacían las tortuguitas debían tratar de llegar a la orilla por sus propios medios. Por eso nacían tantas, porque muchas se las comían otros animales, y no sólo en la arena, sino también en el agua. Y le explicó que las pocas que conseguían ser mayores, luego vivían muchísimos años.

Amanda se alegró mucho de aprender tanto sobre las tortugas, pero mientras volvía a casa, sólo podía pensar en lo contenta que estaba de tener una familia, y de que sus papas y sus hermanos la hubieran ayudado y cuidado tanto desde pequeñita”.

La naturaleza está diseñada para funcionar de esa manera: muchos huevecillos que se convierten en seres vivos, algunos de ellos sobreviven y otros no, lo que decía Darwin, la sobrevivencia del más fuerte. Pero en el caso del ser humano no es así porque cada niño, cada niña son importantes en sí mismos, son seres irrepetibles, no hay otro como él, como ella; es por eso que nacen en una familia, se les cuida, se les pone un nombre especial: Andrés, Jorge, Amanda, Inés o cualquier otro porque asilos reconocemos como individuos. En la familia cada miembro es importantísimo, se le conoce con sus cualidades y defectos, se le quiere así o se le debe querer así y como bien dice Amanda: que importante que la cuiden y la quieran desde pequeña, la cuidan, mientras que los animales dejan a sus hijitos crecer y los pequeños se van valiendo por sí mismos, muchas veces en ese camino, como en el caso de las tortugas indefensas son presas fáciles de los depredadores. El ser humano cuando es pequeño es el más indefenso de todos por eso la importancia de la familia, del amor délos padres, de su fidelidad y a que así rodean al hijo de un ambiente sano que los hace crecer estables y listos para enfrentarse a este mundo difícil que nos rodea.

pedrobelloguerra@gmail.com

Categorías:Cuentos para educar

El Vaticano Se Anticipó A Los Periodistas

El Vaticano Se Anticipó A Los Periodistas

La  Voz  Del  Papa

Emilio Palafox Marqués

Periódico AM Querétaro 25/10/09

Como anuncia la Agencia noticiosa ZENIT desde Roma, un SMS enviado al teléfono celular de los corresponsales en el Vaticano anunciaba de manera inédita la rueda de prensa con la que la Santa Sede revelaría, en la mañana del martes 20, nuevas disposiciones de Benedicto XVI para acoger a los anglicanos que desean entrar en comunión plena con la Iglesia católica.

Es la primera vez que se anunciaba de una manera tan inminente un encuentro con los periodistas por parte del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal norteamericano William Joseph Levada.

De este modo, el director de la Oficina de Información de la Santa Sede, Federico Lombardi, no sólo se ha adelantado a los medios de comunicación para dar la noticia, sino que además ha evitado interpretaciones erróneas, como las que se dieron en enero pasado con el anuncio del levantamiento de la excomunión a los obispos tradicionalistas ordenados por el Arzobispo Marcel Lefebvre y la polémica sobre las declaraciones de uno de ellos, Richard Williamson.

El SMS hacía relación a un mensaje enviado por correo electrónico a los mismos periodistas en el que se explicaba que el “briefing” afrontaría “un tema relacionado con las relaciones con los anglicanos” y anunciaba también la presencia del Arzobispo Joseph Augustine Di Noia, secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

La Santa Sede anunció en esa rueda de prensa la pronta publicación de una constitución apostólica de Benedicto XVI con la que la Iglesia católica acepta la petición de numerosos obispos, sacerdotes y fieles laicos anglicanos de entrar en comunión plena y visible.

Esta disposición responde a la solicitud de adhesión de un gran número de anglicanos -se informa que son unos 50 obispos anglicanos los que han pedido la entrada a la Iglesia católica-, que se encontraban insatisfechos con algunas modificaciones que se han realizado dentro de la comunión anglicana, entre ellas la ordenación de mujeres en el sacerdocio y el episcopado, la ordenación de clérigos y obispos que llevan una vida de convivencia homosexual, y la bendición de parejas del mismo sexo.

En el encuentro con los periodistas, el Cardenal Levada explicó las razones de esta medida por parte de la Iglesia católica.

“Los anglicanos que se han puesto en contacto con la Santa Sede -explicó del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe- han expresado claramente su deseo, de cara a una plena y visible comunión en la Iglesia, una, santa católica y apostólica. Al mismo tiempo, nos han hablado de la importancia de sus tradiciones anglicanas, que tienen que ver con la espiritualidad y el culto, para su propio camino de fe”, aclaró.

Cuando se publique la constitución apostólica, que en la rueda de prensa se anunció para “los próximos días”, el Papa Benedicto XVI introducirá “una estructura canónica que provee a una reunión corporativa a través de la institución de ordinariatos personales, que permitirán a los fieles ex anglicanos entrar en la plena comunión con la Iglesia católica, conservando al mismo tiempo elementos del específico patrimonio espiritual y litúrgico anglicano”.

La constitución apostólica determina que el ordinario, el superior, “pueda ser o un sacerdote o un Obispo no casado” (los obispos anglicanos que tocan a las puertas de la Iglesia católica en general están casados).

Los ex anglicanos que quieran adherirse plenamente ala Iglesia, formarán parte de esta estructura canónica, que contará con sus propios obispos, sus propios sacerdotes, seminaristas y fieles.

Dentro de las adaptaciones a la tradición anglicana, la nueva constitución permitirá a los pastores anglicanos casados que pasen a ser presbíteros dentro de la Iglesia católica junto con su esposa y su familia. Esta excepción ya se había permitido desde 1994 cuando, tras la primera ordenación de mujeres en la Iglesia anglicana, varios pastores de esta confesión pidieron su adhesión a la Iglesia católica conservando su estado clerical, que les fue concedida de manera individual.

Por su parte, los obispos casados anglicanos serán recibidos en la Iglesia católica, pero en calidad de presbíteros. Esta medida se da, según el Cardenal Levada por “razones históricas y ecuménicas”, pues tradicionalmente el ministerio episcopal está ligado al celibato.

Desde Londres se informó paralelamente que el Arzobispo de Canterbury y Primado de la Iglesia anglicana, Rowan Williams, se mostró partidario de la creación de una estructura canónica particular dirigida a los anglicanos que quieran adherirse a la fe católica.

Así lo expresó en una declaración conjunta con el Arzobispo católico de Westminster, Vincent Gerard Nichols, dada a conocer de manera simultánea en Londres y en el Vaticano, al anunciarse el lunes 19 de octubre la próxima publicación de una Constitución Apostólica de Benedicto XVI, para la creación de una nueva estructura canónica que permitirá a los miembros de la Iglesia anglicana que lo deseen entrar en plena comunión con la Iglesia católica, conservando algunos elementos del patrimonio y la liturgia de la tradición anglicana.

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