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El Apostolado y las enseñanzas pontificias Cap IV

CAPITULO IV EL APOSTOLADO Y LAS ENSEÑANZAS PONTIFICIAS

SUMARIO: 1. Apostolado seglar y las enseñanzas de Pío IX. – 2. Normas de León XIII. – 3. Orientaciones de Pío X al Apostolado seglar. – 4. La doctrina de Benedicto XV.

l.-EL APOSTOLADO SEGLAR Y PIÓ IX.-

Un escritor contemporáneo, al hablar de la necesidad e importancia del Apostolado seglar, dice que “él debe colaborar con el clero para libertar a Jesucristo que está prisionero en las iglesias, en los sagrarios, en las sacristías. Hay que sacarlo por las calles; introducirlo hasta los inmensos barrios que circundan las grandes urbes; hay que llevar la hermosura de nuestra fe a los que sufren, hay que llevarlo al pueblo, a ese pueblo que tanto amó Jesucristo, que por él derramó su sangre y dio su vida, hay que darle a conocer a ese Dios que también quiso vivir entre sus filas, que trabajó como los hijos del pueblo, en un humilde taller de Nazaret; en una palabra, a ese pueblo hay que mostrarle a Dios, a Cristo que vive en nosotros”…

Los Pontífices han invitado a los sacerdotes y seglares a que se unan, se organicen y formen verdaderas falanges para ir al pueblo, a ese pueblo alejado de Dios. Cansado, fatigado, cubierto del polvo del vicio, tiene su alma hambrienta de verdad y de justicia. Y hay que darle el pan material que sacia los cuerpos y el pan de verdad que sacia las almas. Hay que darle, junto con la luz que ilumina el hogar, la luz que ilumina el espíritu.

Nuestra divisa debe ser la frase de Mons. Ireland, que hizo suya el gran Pontífice León XIII, el Papa de los obreros: “Id al Pueblo”.

El pueblo se ha alejado de nosotros, es preciso que vayamos a buscarlo en el taller, en la fábrica, en el círculo, por medio de los apóstoles seglares. ¡Hermosa finalidad, bello ideal! Esto es una necesidad y un mandato de la Iglesia.

Hemos establecido y demostrado que el Apostolado seglar es tan antiguo como la Iglesia, pero su nombre es nuevo y data del i 5 de Febrero de 1872, cuando el Conde de Aquaderni, Presidente de la juventud católica italiana, delante de Pío IX, exponía el objeto de esta sociedad, diciendo que consistía “en reunir, alrededor del Papa y los Obispos, a quienes compartieran con los ministros de Dios, y sometidos a éstos, las fatigas del apostolado”,

El Papa de la Inmaculada la aprueba, aplaude y bendice por el Breve del 23 de Febrero de 1872, diciendo: “Más aún, por la gran utilidad que nos prometemos para los fieles y para la Iglesia de la unión de las fuerzas en tanta perturbación dé cosas, confiamos en el Señor que todas las otras sociedades instituidas en estos calamitosos tiempos, dondequiera, y particularmente en Italia, para prevenir o contrarrestar, según sus fuerzas, la iniquidad de este siglo perverso, ya con la asidua oración, ya con la buena y cristiana educación de la juventud, ora con los escritos, ora con toda otra manera de buenas obras, procurarán caminar en concordia en el buen combate del Señor, se unirán de igual modo en una misma alianza con las sociedades romanas”.

Después, el 25 de Septiembre de 1876, dirige un Breve al Comité permanente de la obra de los Congresos de Italia, y de nuevo vuelve a alabar, con palabras encomiásticas, la organización de los seglares católicos, siempre a las órdenes de los Obispos y los llama “compacta falange”. “Aherrojada con cepos como está la Autoridad eclesiástica, vosotros, hijos queridos, sois llamados por la divina Providencia para acudir a su socorro. Nos complacemos y gozamos considerando el celo con que vosotros, a modo de falange, os unís a vuestros pastores para defender el honor de Dios, vindicar los derechos de la Religión y de la Iglesia, procurar la salud de las almas, sin hacer cuenta de las angustias, gastos, enemistades, contiendas y también no leves peligros, gozándoos en padecer afrenta por el nombre de Cristo”. Pío IX trazó las primeras bases del Apostolado seglar, bases que alcanzaron un maravilloso desarrollo en el glorioso pontificado de León XIII.

2.-NORMAS DE LEÓN XIII.-

E1 gran papa social que ha pasado a la historia con el nombre del “Papa de los obreros”, consagró toda su vida, todo su celo, toda su inteligencia-cumbre, a los pobres, a los necesitados, a los que habían hambre y sed de justicia, de verdad, organizando falanges de católicos seglares para la defensa de los intereses de Jesucristo y de su Iglesia.

En el Breve del 2 de abril de 1887, expone la necesidad del Apostolado seglar, y la finalidad que debía tener en sus trabajos. A este propósito, dice el gran Papa: “Las condiciones de los tiempos y de las cosas altamente reclaman de los verdaderos hijos de la Iglesia que pongan el más diligente empeño en defender en todo el orden social los necesarios baluartes de la vida cristiana, en sostener la educación católica de la juventud, en propagar las sanas doctrinas por medio de la prensa que ha de difundirse entre el pueblo, en aumentar y ayudar con todos los medios las sociedades obreras, en torno a las cuales cosas hemos declarado muchas veces Nuestro pensamiento, con la esperanza de que, nos presenten su colaboración en esta batalla”. En estas palabras el Pontífice traza un perfecto programa de apostolado para los católicos seglares. En el Breve del 9 de Septiembre de 1891, habla de la importancia de la coordinación de las fuerzas. “En tan áspero conflicto, dice, en el que se ventilan supremos intereses, es deber de los católicos seguir resueltamente la obra que se propone por fin la salvación de la Iglesia combatida, tocándoles a ellos, como bien ordenada y compacta falange, defender a la Iglesia virilmente. Esta empresa nobilísima ha acometido vuestra asociación más que las otras. Por lo cual para defensa de la Iglesia ha constituido acertadamente Juntas parroquiales, diocesanas y provinciales, que, a guisa de cohortes adictas a los capitanes, prestan fielmente sus servicios a los párrocos y Obispos, y por este medio procura aunar las fuerzas dispersas por toda Italia”.

Y como la guerra contra Jesucristo y su Iglesia continuase con más encarnizamiento, tratando de destruirlo todo, hasta los fundamentos del orden social, y como los poderes públicos no quisieran oír la voz de León XIII, que predecía con clara visión los inmensos peligros del porvenir, entonces el Papa de los obreros, en la citada Encíclica, exclama: “Ahora creemos llegado el momento de alzar la voz, y decimos a los católicos italianos: la religión y la sociedad están en peligro; es tiempo de desarrollar toda vuestra actividad, oponiendo al mal, que es torrente invasor, un dique con la palabra, con las obras, con las asociaciones, con los comités, con la prensa, con los congresos, con las instituciones de caridad y de oración, con todos los medios, en fin, pacíficos y legales que sean a propósito para mantener en el pueblo el sentimiento religioso, y a remediar la miseria, mala consejera, tan profunda y extendida por las depresivas condiciones económicas de Italia”.

En la Encíclica “Dalí Alto”, de 15 de Octubre de 1890, vuelve a recordar a los católicos el sagrado deber que “tienen de dedicarse con actividad, empeño y constancia, a las obras públicas, a las asociaciones e instituciones bendecidas por la Iglesia, animadas y sostenidas por los  Obispos y por él Romano Pontífice”.

Más tarde publica su inmortal Encíclica “Rerum Novarum” llamada la Carta Magna del mundo trabajador y el documento más notable de ciencia del siglo XIX. En ella explica ampliamente todas las razones de justicia, de interés individual y colectivo, de caridad que tienen los sacerdotes y seglares para consagrarse a remediar las necesidades espirituales y económicas de las masas obreras: la necesidad imperiosa de ir al pueblo, si queremos que el pueblo sea nuestro, y a la vez señala las normas, formas y principales líneas de acción que debe desarrollar el apostolado seglar. Documento de alta importancia que, cual faro de luz de cielo, iluminó el sombrío horizonte de los pueblos. Hoy toda acción social tiene que inspirarse en la inmortal Encíclica del Papa de los obreros.

3.-ORIENTACIONES DE PIÓ X.-

E1 gran Papa de la Eucaristía, siguiendo las huellas luminosas de su predecesor comienza su pontificado dando al mundo la Encíclica “E supremi apostolntus cathedra” en la que expone el fin supremo del apostolado seglar, sintetizado en aquellas palabras que son como la divisa de su pontificado: “Instaurare omnia in Christo”. Y da normas y reglas para la positiva colaboración del estado seglar en la obra de la restauración de todas las cosas en Cristo, pero siempre bajo la autoridad de los Prelados.

En esta Encíclica dice Pío X: “Verdad es que en esta obra tan ardua de restauración del género humano en Cristo, no es intención nuestra que vosotros (habla a los Obispos), y vuestro clero se queden sin colaboradores. Sabemos que Dios recomendó a cada uno el cuidado de su prójimo. No son, por tanto, los sacerdotes solos, sino todos los fieles, sin excepción, los que deben trabajar por los intereses de Dios y de las almas; entendiendo con esto que no deben hacerlo según su arbitrio o inspiraciones propias sino siempre bajo la dirección y el mando de los Obispos, ya que en la Iglesia a nadie es dado presidir, enseñar y gobernar más que a vosotros, a- quienes puso el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios”.

Después habla de la organización y fines del Apostolado seglar: “Nuestros predecesores aprobaron y bendijeron hace ya mucho tiempo a los católicos que, con fin vario, pero siempre con religiosas intenciones, se unieron entre sí en sociedad. Nos también no dudamos en tributar alabanzas a tan nobles intenciones, y ardientemente deseamos que se propaguen y florezcan en las ciudades y en los campos; pero entendemos bien que el primero y principal fin de estas asociaciones ha de ser que los que en ellas se inscriban cumplan fidelísimamente los deberes de la vida cristiana. Mas nadie imagine que esto dice solamente en relación a los bienes eternos; también los temporales y la prosperidad pública experimentarán la benéfica influencia de estas cosas”.

En la Encíclica “Il proposito” expone Pío X la naturaleza, el fin, el objeto, la utilidad y las condiciones que debe tener este Apostolado seglar. “Vastísimo es el campo de la Acción Católica, directo o indirecto, que pertenece a la divina misión de la Iglesia. Fácilmente se reconoce la necesidad del concurso individual para tan grande obra, no sólo para la santificación del alma propia sino también para difundir y dilatar siempre más el reino de Dios en los individuos, en la familia y en la sociedad, procurando cada uno, según las propias fuerzas, el bien del prójimo con la difusión de la verdad revelada, y en el ejercicio de las verdades cristianas y con las obras de caridad y de misericordia espiritual y corporal. Restaurar todas las cosas en Cristo, ha sido siempre la divisa de la Iglesia; restaurar en Cristo, no solamente lo que pertenece a la divina misión de la Iglesia, es decir, llevar las almas a Dios, sino también lo que se deriva espontáneamente de aquella divina misión, esto es, la civilización cristiana en el conjunto de todos y de cada uno de los elementos que la constituyen”.

Hablando de la positiva labor de los seglares, dice: “Bien sabéis qué auxilio aportan a la Iglesia las escogidas huestes de católicos que se proponen especialmente juntar todas sus fuerzas vivas para combatir, por todo medio justo y legal, a la civilización anticristiana; reparar por todos los medios los desórdenes morales que de esa civilización se derivan; restaurar a Cristo en la familia, en la escuela, en la sociedad; establecer el principio de autoridad humana cómo representante de la de Dios; defender con decidido empeño los intereses de la clase de los operarios y labradores, no sólo inculcando en los corazones de todos el principio religioso, único verdadero manantial de consolaciones en los trabajos, pero esforzándose en enjugar sus lágrimas, endulzar sus penas y mejorar su condición económica, merced a bien entendidas disposiciones; emplearse en hacer que las leyes públicas sean conformes a la justicia y en que se modifiquen o deroguen las que le son contrarias; defender, por último, y sostener con espíritu verdaderamente católico, los derechos de Dios en todas las cosas y los no menos sagrados de la Iglesia”.

Y al hablar de la eficacia del apostolado seglar dice “que constituye un verdadero apostolado a honor y gloria de Cristo mismo”, Y luego se refiere a las sólidas virtudes que deben adornar al apóstol católico en la acción que desarrolla por la conquista de las almas.

4.-LA DOCTRINA DE BENEDICTO XV.-

Este ilustre Pontífice subió al trono en los momentos más difíciles de la historia, cuando Europa estaba convertida en un campo de batalla y la guerra diezmaba pueblos y naciones. La Divina Providencia, que siempre está con su Iglesia, puso en la silla de San Pedro a Benedicto XV, para que guiara la mística navecilla, con mano diestra y segura a través de las aguas airadas; y tuvo ¡a misión de llevar la paz de Cristo

a los espíritus conturbados. Esos deseos de su corazón paternal los expone en su primera Encíclica: “Ad beatissimi Apostolorum Pnncipis”. Pero el Papa de la paz no se olvida del apostolado seglar, y dirigiéndose a los Obispos les dice: “Ya que para profesar abiertamente la fe católica y para vivir de manera conveniente en la misma fe, los hombres suelen ser estimulados principalmente con fraternales exhortaciones y mutuos ejemplos, por eso Nos complace sobremanera que sean fundadas de continuo nuevas asociaciones católicas. Y no sólo deseamos que dichas asociaciones crezcan, sino también queremos que florezcan por Nuestra protección y por Nuestro favor, y florecerán, sin duda, con tal que se acomoden constante y fielmente a las prescripciones que esta Sede Apostólica ha dado o diere en adelante”.

Siguiendo las inspiraciones del Papa, el Cardenal Gasparri llama a la acción de los católicos italianos: “Santo apostolado de iluminación”.

Y cuando la Unión Popular encuentra oposiciones entre los mismos elementos católicos, el Papa se queja, diciendo: “De algún tiempo a esta parte, nos causa pena el hecho comprobado de que, hasta en los mejores de nuestros hijos, apenas se habla de la Unión Popular, y con sorpresa no menos dolorosa hemos notado el silencio harto frecuente de la prensa católica acerca del movimiento religioso, científico y práctico. Tal vez este doble silencio haya de atribuirse en parte a los tristes acontecimientos que en los últimos años ocuparon tanto a la opinión pública. Pero Nos quisiéramos que no se olvidara que la Unión Popular es el agente principal de la Acción Católica. Si otras actividades pudieran brotar recientemente en diferentes campos, éstas son tan sólo arroyuelos salidos del río principal. Pueden los arroyuelos del Tíber y del Pó venir a menos, al paso que el Pó y el Tíber continuarán siempre su curso majestuoso entre villas y ciudades. No de otro modo hemos de hablar de las diferentes actividades que han brotado del río principal de la Unión Popular”.

En carta del 17 de Junio de 1920 al Episcopado del Véneto, Benedicto XV expresa a los Obispos sus deseos de “que las organizaciones católicas se consolidaran en todas partes y floreciesen más y más” y que “en ellas trabajasen principalmente los mejores entre los seglares, contribuyendo los jóvenes con su actividad, los ancianos con la sabiduría de consejo y con el fruto de la experiencia”.

Benedicto XV llamaba a los apóstoles seglares “sus devotos cooperadores y factores poderosos de la renovación religiosa y moral del pueblo italiano”.

Cuanto a la necesidad del Apostolado seglar, en la alocución consistorial del 23 de Mayo de 1923, dice el Papa: “Nos alegramos cuando vernos con qué fervoroso deseo del bien y con qué sentimiento del deber, episcopado, clero y seglares, vienen secundando nuestras invitaciones y nuestras recomendaciones acerca del conjunto de iniciativas e instituciones, de organizaciones y de trabajo, que se comprenden bajo la denominación de Acción Católica. Esta se dirige a la formación de las conciencias según los principios de Jesucristo, bajo la Jerarquía, y en correspondencia a los deberes y a’ las necesidades individuales y sociales. No hay quien no vea cuánto beneficia, de cuánta importancia y necesidad es la Acción Católica, no sólo para la vida de la Iglesia, sino también para la vida civil y para el humano consorcio.

He aquí, pues, las sabias normas que dictaron los ilustres Pontífices que precedieron al que ha sido llamado el constructor de la Acción Católica, el ilustre Pontífice Pío XI. Estudiemos detalladamente las bases de organización que le ha dado en sus Encíclicas, Cartas y diversos documentos.

Juntos en Accion por futuro del trabajo

 
 

¡La JOCI cumple 50 años de vida y acciones con la juventud trabajadora del mundo!

 

Logo: Together in Action!
 
 
El 25 de agosto, la Juventud Obrera Cristiana Internacional (JOCI) celebrará la voz de la juventud trabajadora y recordará al mundo sus 50 años de acción internacional y de incesantes reivindicaciones por que se realicen los sueños de los jóvenes trabajadores.

“Este día marca nuevos inicios para la JOCI que reivindica un trabajo que respete el valor incalculable de cada joven trabajador y joven trabajadora – que valen más que ‘todo el oro del mundo’”. Así lo afirma Bridget Rauch, responsable internacional de la JOCI.

Representando el Movimiento Internacional, cuya sede se encuentra en Bruselas, Bélgica, jóvenes trabajadores de distintos países se reunirán en Manila, en las Filipinas, para participar en un programa internacional de intercambio que marcará el Aniversario oficial de la JOC Internacional.

Las celebraciones que tendrán lugar en las Filipinas servirán también para abrir oficialmente la etapa de preparación del Consejo Mundial de la JOCI que tendrá lugar en Tamil Nadu, India, en septiembre de 2008.

“Aquí en Bélgica, como en toda Europa, los jóvenes trabajadores somos conscientes de que nuestra experiencia de trabajo y desempleo y nuestras necesidades de formarnos más tienen que ver con los cambios que se están dando en el mundo del trabajo y que afectan a la juventud trabajadora en todos los países. Dentro de este marco queremos seguir organizando a los jóvenes trabajadores para garantizarles a todos una vida y un trabajo justos y decentes”

Suja, una mujer joven que vive en el pueblo de Karungal en la provincia de Kanyakumari, en el Tamil Nadu, tiene 20 años y trabaja en la producción de anacardos desde hace 4 años.

“Cuando terminé la enseñanza secundaria, aspiraba a continuar los estudios para ser maestra. Mi padre me dijo que con su salario no tenía para costear el gasto de mis estudios ni el de mi hermano. Entonces, en lugar de permitirme continuar estudiando, me pidió dejarlo e ir a una fábrica en la que procesan anacardos para ayudar a mi hermano a sacarse una carrera. Me explicó que “una chica, lo que debe hacer es casarse cuanto antes y formar un nuevo hogar, con lo cual no sirve de nada invertir en su educación”.

La coordinación internacional de la JOCI se creó en 1957. Tras medio siglo de existencia, el movimiento realiza acciones por, para y con los jóvenes trabajadores en más de 40 países del mundo.

En 2008 en la India, la JOCI prestará especial atención a un intercambio de experiencias de jóvenes que se encuentran trabajando en la economía informal. “Queremos precisar la actuación del movimiento internacional en el marco de la actual globalización del mundo. La India está pasando por cambios rápidos y se halla inmersa en la cultura de la globalización. Bridget Rauch cree importante que la JOCI realice su Consejo Mundial en aquel país.

“Somos en nuestra opinión una forma alternativa de mundo globalizado, un movimiento global en el que “juntos en la acción” obramos por conseguir un trabajo justo y decente. Con ello la JOCI quiere que seamos conscientes de la realidad y necesidades de la juventud trabajadora en todas las partes del mundo”

Con motivo de la celebración de los 50 años del movimiento internacional, la JOCI está recogiendo referencias de acción, vivencias y sueños de jóvenes trabajadores a fin de impulsar acciones colectivas por un mundo mejor. Estos sueños y aspiraciones, al igual que los expresados por la joven Suja, se presentarán en la página Web oficial del Consejo Internacional 2008 (www.juntosenaccion.org) como reconocimiento a 50 años de acción y a la necesidad de cambiar nuestros sueños en realidades.

Bridget Rauch
Secretaria General de la JOCI

 
¿Qué es «Juntos en acción»?
 
escrito por Secretariat International   
 
Wednesday, 07 de May de 2008

«Juntos en acción – por el futuro del trabajo» es el tema del consejo mundial de la Juventud Obrera Cristiana Internacional (JOCI); una oportunidad para los trabajadores miembros de los movimientos jocistas del todo el mundo tengan tiempo para reflexionar sobre la realidad que vivimos en el mundo actual, para compartir y evaluar nuestras acciones, nuestra organización y nuestro movimiento internacional. Es una oportunidad para intercambiar ideas sobre el futuro, elaborar un nuevo plan de acción para un mundo mejor y asumir la responsabilidad de aplicar este plan de acción. Esta oportunidad se presenta generalmente cada cuatro años y este año el consejo tendrá lugar en Thanjavur, en la región de Tamil Nadu, en la India, del 28 de septiembre al 13 de oct ubre.


El encuentro en India no es la única forma de participar en este consejo. Queremos que nuestro consejo mundial no sea “solamente una reunión” sino que sea una parte de la acción desarrollada por nuestro movimiento – que se inserte en el proceso continuo de educación a través de la acción, ahora, en la vida cotidiana de nuestro movimiento a nivel local, nacional e internacional – y que se comparta con otra gente en los foros, los blogs y las páginas de chat de este espacio web. ¿Por qué no compartir tu experiencia a través de este espacio web y lanzar una discusión con otra gente sobre nuestro movimiento internacional?  

Queremos que una mayoría de miembros participen en un proceso que comienza hoy – preparar juntos, intercambiar nuestras acciones, nuestra visión, nuestra coordinación y todos los aspectos de nuestro movimiento. Queremos una preparación sólida hacia el consejo y una estrategia bien preparada para aplicar las decisiones en los movimientos miembros después del consejo. Para que esto sea posible, queremos que participes. Puedes acceder a todos los documentos así como al calendario de preparación y el plan, en la sección de descargas de este espacio web. No olvides que tienes que inscribirte como miembro para poder acceder a esta página.

 

 

 

Los miembros de la JOC India

«Juntos en acción» no es solamente una reunión.

«Juntos en acción» empezará con un intercambio y una inmersión en las acciones realizadas ante las realidades específicas de los trabajadores de la economía informal y las jóvenes trabajadoras, acciones que son objeto de una atención especial en la India. Los movimientos nacionales también podrán reunirse por continente/región después del consejo con el fin de elaborar un plan para la puesta en marcha del plan de acción internacional que decidiremos en el consejo.

TE invitamos a participar en este consejo aportando tus ideas y experiencias en este espacio web. Ayudanos animando a otras personas para que compartan sus experiencias, acciones, preocupaciones e ideas, y para que reaccionen sobre las acciones de los demás. Esto nos ayudará a ver mejor las necesidades y preocupaciones de los movimientos nacionales durante el proceso de preparación del consejo y a utilizar nuestro tiempo más eficazmente juntos en la India.

Vamos a tener en cuentas tus reacciones en cuanto al programa del consejo porque queremos que este responda a las necesidades de tu movimiento nacional. Esperamos que la participación de los miembros de nuestro movimiento internacional sea un estímulo para un mejor plan de acción para el futuro del trabajo y nuestro movimiento de jóvenes trabajadores. Queremos estar VISIBLES como protagonistas de la sociedad militante a favor de un mundo mejor para todos. ¡Actuemos juntos – para el futuro del trabajo! ¡Nos gustaría que participaras

Categorías:Accion Catolica

El secreto de la felicidad

El secreto de la felicidad

EDUCAR HOY

POR PEDRO J. BELLO GUERRA.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx

Periódico AM Querétaro 13/07/08

 

Con cierta frecuencia nos preguntamos si existe un secreto para alcanzar la felicidad. En otras épocas se llegó a pensar que ese secreto era ‘la fuente de la eterna juventud” o el “elixir de la vida”, que en nuestra época sería algo así como los avances científicos que detendrían el envejecimiento y la muerte, y nos permitirían curar cualquier tipo de enfermedades. La felicidad así entendida estaría en la salud y la inmortalidad.

Los alquimistas pensaron que el secreto estaba en hallar la “piedra filosofal”, objeto mágico para algunos o conocimiento para otros, que permitiría transformar los metales corrientes en oro; es decir, el secreto de la felicidad estaría en producir abundantes riquezas materiales.

Algunos más pensaron que la felicidad estaba en vivir y disfrutar el momento sin preocuparse por el mañana ni de las consecuencias, en el famoso “carpe diem”; que visto hoy sería como tener acceso a lujos, placeres y comodidades sin preocuparse por el pago de la deuda, no sólo material sino también física y espiritual, pues el cuerpo y el alma siempre nos pasan factura ante los abusos que cometemos contra ellos.

Finalmente, algunos más han buscado la felicidad haciendo el bien, esforzándose por llegar a la verdad y contemplando y acrecentando la belleza y armonía del mundo; aunque no pocos se quedaron con una visión reduccionista que se centraba en el cumplimiento del deber, tan centrados en alcanzarla meta, que se olvidaron de disfrutar del “camino” y de convivir con los “compañeros de viaje”, como en la siguiente historia de Bruno Perrero:

“Un joven preguntó al más sabio de todos los hombres el secreto de la felicidad. El sabio aconsejó al joven dar una vuelta por su palacio y regresar después de un par de horas .

-Sólo te pido un favor -dijo el sabio al entregarle una cucharita en la que echó dos gotas de aceite-. Mientras caminas,  lleva esta cucharita sin derramar el aceite.

Después de dos horas el joven regresó y el sabio le preguntó :

-¿Viste los tapices de mi comedor? ¿Viste mis bellos pergaminos, mis magníficos jardines?

El joven, avergonzado, confesó no haber visto nada. Sólo se había preocupado de no derramar las gotas de aceite.

– Regresa y mira las maravillas de mi mundo -dijo el sabio.

El joven tomó la cucharita y otra vez dio un paseo por el palacio y ahora sí observó las obras de arte. Vio los jardines, las flores y las montañas. Volvió con el sabio y le contó detalladamente todo lo que había visto.

– ¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te encomendé? -preguntó el sabio.

Mirando la cucharita el joven se dio cuenta que las había tirado.

-Pues bien, éste es el único consejo que tengo que darte -concluyó el sabio- El secreto de la felicidad felicidad consiste en apreciar todas las maravillas de mundo sin olvidarte jamás de las dos gotas de aceite”.

Esta anécdota nos recuerda que la felicidad tiene una doble dimensión: por una parte es bueno disfrutar de todas las maravillas del mundo a nuestro alcance; que para algo las puso allí el Creador: alimentos, energéticos, minerales, mares y ríos, flores, montañas…, y también es bueno disfrutar de lo que la actividad humana transforma en la naturaleza, añadiendo un nivel de perfección, una especie de “transmisión de su propia humanidad” al arte, la ciencia, la tecnología y la cultura.

Sin embargo, la clave de la felicidad está en no olvidar la segunda dimensión, por la cual además del disfrute está el compromiso, la entrega y la responsabilidad por amor, con una misión en el mundo: las “gotas de aceite” que recibimos en custodia y como vocación, y, como dice el cuento, de las que no debemos olvidarnos jamás.

Pero ¿qué pueden importar dos insignificantes gotas de aceite?, quizá porque el aceite es un símbolo de cosas muy valiosas como el cariño y delicadeza con que se lubrican las relaciones humanas; el compromiso que nos lleva a hacer lo que debemos y no sólo lo que nos agrada; el cuidado que hay que tener de no manchar o contaminar el mundo con el aceite de nuestras acciones; el no desperdiciarlos dones recibidos e irlos tirando irresponsablemente por la vida y, sobre todo, el preservar y acrecentar toda la riqueza que recibimos.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx

Categorías:Cuentos para educar

CAPITULO III ORÍGENES DEL APOSTOLADO SEGLAR

CAPITULO III ORÍGENES DEL APOSTOLADO SEGLAR

SUMARIO: I. Su antigüedad y raíz apostólica. – 2. Enseñanza de la Sagrada Escritura y del Salvador, – 3. Enseñanza de los Apóstoles y práctica de la Iglesia primitiva. – 4. Testimonio de los Padres. – 5. Luchas 7 triunfos a través de la Historia. – 6. Nombres gloriosos.

l.- SU ANTIGÜEDAD Y RAÍZ APOSTÓLICA.-

El apostolado seglar no es una organización moderna; es tan antiguo como la Iglesia y tiene su origen en la predicación de Nuestro Señor y es de tiempos apostólicos.

En el desarrollo de la Iglesia a través de los tiempos, la Iglesia que no es sino la prolongación de Cristo, la expansión de su vida de amor, el apostolado seglar tiene gestas hermosas. La Iglesia, la palabra del Evangelio, por medio de celosos Apóstoles, ha penetrado en todas partes, ha dejado sentir su vida sobrenatural y ha llevado su poderosa influencia a todos los pueblos de la tierra. No hay obra ni empresa apostólica que no haya sido alentada por el Espíritu del apostolado seglar; porque la finalidad que tiene hoy es la misma que tuvo en el colegio apostólico y en las Catacumbas: defender, propagar y restaurar el reino de Cristo en el mundo. Y esta palabra que anunciaron los apóstoles llevada por sacerdotes y laicos fue la que voló de un extremo a otro de la tierra, derribó los altares eje los falsos dioses; derribó el Paganismo, santificó los hogares, restauró la familia, elevó el nivel de la mujer, y penetró en los corazones, transformando las costumbres públicas y privadas.

El Apostolado seglar es de tiempos apostólicos. Por medio de las diaconisas, en la época de San Pablo, se consagra al servicio de la Iglesia y atiende con exquisita solicitud a los enfermos, prepara a los catecúmenos para la recepción de los Sacramentos y ayuda a los ministros del Señor en la propagación del Evangelio.

San Pablo alaba y aplaude a las mujeres que con él laboraron en el Evangelio. Más adelante citaremos sus palabras. La Historia Eclesiástica recuerda a Lidia que con ardiente celo pone a disposición de San Pablo su casa y todos sus bienes; Febe, la diaconisa, es portadora desde Grecia de la Epístola a los Romanos, a quienes ruega encarecidamente el Apóstol la reciban con caridad y amor: Prisca presta positivos servicios al Apóstol en Corinto y le acompaña en sus empresas apostólicas en Efeso y Roma, mereciendo ella y su esposo Aquila, por su fecundo apostolado, este elogio de San Pablo: “Salud a Prisca y Aquila que conmigo trabajaron en servicio de Jesucristo y expusieron su vida por salvar la mía”.

La Historia recuerda a las nobles damas Evodia y Sintiques, que trabajaron con San Clemente en la Iglesia filipense; a Tecla, protomártir de su sexo que evangeliza con el Apóstol en Asia y fue tan grande y magnífica su acción que San Ambrosio la llama “colaboradora del apostolado”.

El Apostolado seglar tiene, pues, raíz apostólica y por eso dice Su Santidad Pío XI: “No cabe la menor duda de que la Acción Católica, así entendida, no es un bella novedad, como algunos lo han afirmado”.

El Apostolado seglar tiene la gloria de haber contribuido a la difusión del Cristianismo. Con los Apóstoles fue labio que anunció el mensaje de amor, fue pecho encendido de celo, fue acción brillante y fecunda en el triunfo del Cristianismo.

2. – DOCTRINA DE LA SAGRADA ESCRITURA Y ENSEÑANZAS DEL SALVADOR..-

Pero demostremos que el Apostolado seglar tiene orígenes apostólicos por los textos de la Sagrada Escritura y las enseñanzas del Salvador. San Pablo escribe al Obispo de la comunidad de Filipo recomendándole dos obreras en el apostolado. “También te pido a ti, oh fiel compañero, que asistas a éstas, que conmigo han trabajado por el Evangelio, con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida” (Filip., 4,3).

San Pedro habla del sacerdocio real de los laicos y los llama á cumplir su deber de participar en el sacrificio y magisterio. “Sois también vosotros a manera de piedras vivas, edificadas encima de él, siendo como una casa espiritual, como un nuevo orden de sacerdotes, para ofrecer víctimas espirituales que sean agradables a Dios por Jesucristo” (I Pedro, 2, 5). “Vosotros, al contrario, sois el linaje escogido, una clase de sacerdotes reyes, un sacerdocio real, gente santa, pueblo de conquista, para publicar las grandezas de Aquél que os sacó de las tinieblas a su luz admirable” (Id., 2, 9).

Nuestro Señor recomienda la cooperación apostólica, en el ejemplo apostólico y en el trabajo apostólico. “Así brille vuestra luz ante los hombres, que vean vuestras obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat., 5, 16).

“Quien no está por mí está contra mí; y quien no recoge conmigo, desparrama” (Lc., 11, 23).

“La mies es mucha; mas los trabajadores son pocos. Rogad, pues, al dueño de las mies que envíe obreros a su mies” (Lc, 10, 2).

Casi la totalidad de la doctrina revelada converge, por su letra y espíritu, á-este punto: el lateado debe participar (Will).

El Salvador nos habla de los dones apostólicos, de las tareas apostólicas y de los obreros apostólicos en la parábola de los talentos. Su parábola entraña un llamado urgente al apostolado, llamado que no sólo se dirige a los Obispos y al clero, sino a los simples fieles,

En la parábola del Samaritano misericordioso nos pone ante los ojos la responsabilidad de todo hombre por la suerte de su prójimo, de su hermano. La gran palabra: “Vosotros sois la sal de la tierra” es clásica y caracteriza el espíritu de la Acción Católica. Nuestra vida cristiana debe ser amable a los demás; la sal condimenta y hace apetecible la comida. El Salvador practicaba sus enseñanzas en sus relaciones con los laicos de su tiempo.

Los Apóstoles sorprendieron a un hombre que obraba milagros en nombre de Jesús. Era apóstol sin misión. Y Juan dijo: “Maestro, hemos visto a uno que no era de nuestra compañía, que andaba lanzando los demonios en tu nombre, y se lo prohibimos”. “No hay para qué prohibírselo, dijo Jesús; puesto que ninguno que haga milagros en mi nombre, podrá luego hablar mal de mí. Quien no es contrario vuestro, de vuestro partido es. Y cualquiera que os diese un vaso de agua en mi nombre, atento a que sois discípulos de Cristo, en verdad os digo que no quedará defraudado en su recompensa” (Marc., IX, 37). Con estas palabras justifica el Señor el apostolado laico y nos manifiesta lo que piensa acerca de estas actividades.

Uno de los enfermos curados por el Señor solicita ser recibido en el número de los discípulos. Pero el Señor declina su ofrecimiento y le dice: “Vete a tu casa y con tus parientes, y anuncia a los tuyos la gran merced que te ha hecho el Señor y la misericordia que ha usado contigo” (Mc., V, 19).

Nos encontrarnos, pues, ante un laico a quien el Señor no acepta en el sacerdocio, pero a quien inmediatamente impone otra misión: la de evangelizar a los miembros de su propia casa.

Nuestro Señor aceptó durante su vida pública la ayuda permanente de varias piadosas mujeres; era un núcleo de laicas que se habían comprometido a cuidar del sustento de su persona y de. sus discípulos.

3.-ENSEÑANZA DE LOS APOSTÓLES Y PRACTICA DE LA IGLESIA PRIMITIVA. –

San Pablo escribe a los de Efeso: “Estad, pues, a pie firme, ceñidos vuestros lomos con el cíngulo de la verdad y armados de la coraza de la justicia, y calzados los pies prontos a seguir y predicar el Evangelio de la paz” (VI, 14).

En su carta a Tito escribe el Apóstol: “Aprendan asimismo los nuestros a ejercitar, los primeros, las buenas obras en las necesidades que se ofrecen, para no ser estériles y sin fruto” (III, 14). *

A los cristianos de Colossa recomienda el Apóstol la ayuda recíproca en los asuntos de la vida religiosa: “La palabra de Cristo, o su doctrina en abundancia tenga su morada en vosotros, con toda sabiduría, enseñándoos y animándoos unos a otros, con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando de corazón con gracia, las alabanzas de Dios” (III, 16).

La conducta que deben observar con los extraños a su fe, la expresa el Apóstol: “Portaos sabiamente y con prudencia con aquellos que están fuera de la Iglesia, resarciendo el tiempo perdido. Vuestra conversación sea siempre sazonada con la sal de la discreción, de suerte que acertéis a responder a cada uno como conviene” (IV, 5, 6).

Y luego hace un llamado a la acción social, a la defensa de la doctrina de Cristo: “Que seáis irreprensibles y sencillos como hijos de Dios, sin tacha en medio de una nación depravada y perversa; en donde resplandecéis como lumbreras del mundo, conservando la palabra de vida que os he predicado” (Filip., II, 15).

San Pedro (V, 10) hace un llamado al apostolado con estas palabras: “Comunique cada cual al prójimo la gracia según la recibió, como buenos dispensadores de los dones de Dios, los cuales son- de muchas maneras. El que habla o predica la palabra divina hágalo de manera que parezca que habla Dios por su boca; quien tiene algún ministerio, ejercítelo como una virtud que Dios le ha comunicado, a fin de que, en todo cuanto hagáis, sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien sea gloria por los siglos de los siglos”.

Santiago inculca la excelencia de la ayuda prestada a los huérfanos y a las viudas y cierra su carta excitándolos a participar de la solicitud del buen Pastor, que vino a la tierra para buscar y conducir al redil a las ovejas perdidas. “La religión pura y sin mancha delante de Dios Padre, es ésta: Visitar o socorrer a los huérfanos, y a las viudas en sus tribulaciones y preservarse de la corrupción de este siglo” (XI, 27). “Hermanos míos: si alguno de vosotros se desviare de la verdad, y otro le redujere a ella, debe saber, que quien hace que se convierta el pecador de su extravío, salvará de la muerte al alma del pecador y cubrirá la muchedumbre de sus propios pecados” (I, 19, 20).

Nos vamos a referir ahora al apostolado de algunos laicos en particular.

Hombres – apóstoles. Un modelo de apóstol laico fue Apolo. Judío de Alejandría, predicaba a sus correligionarios el Mesías, anunciando ya por San Juan Bautista. Dotado de celo y erudición, se consagró a promover la ley cristiana, especialmente en Efeso y en Corinto.

Aquila fue otro gran Apóstol. En su casa de Corinto y Efeso halló hospedaje y sostenimiento San Pablo. Con su esposa Prisca se ocupaba de la enseñanza y explicación del Evangelio.

San Pablo cita en su segunda carta a Timoteo, a Onesíforo, que colaboraba con él en el apostolado.

A Febe, Prisca y María junto con Aquila recomienda San Pablo en su carta a los Romanos. A todos los llama mis colaboradores en Cristo Jesús (Rom., 16, 1, 6).

Los Hechos nos hablan del apostolado de la comunidad primitiva. “Y perseveraban en las instrucciones de los Apóstoles y en la comunicación de la fracción del pan y en la oración”.

Los creyentes vivían unidos entre sí y nada tenían que no fuese común entre ellos. “Toda la multitud de los fieles tenía un mismo corazón y una misma alma; ni había entre ellos quien considerase como suyo lo que poseía; sino que tenían todas las cosas en común” (Hechos, IV, 32).

El espíritu de comunidad de la naciente Iglesia, la vida de comunidad, vida en común, el ejemplo de apostolado: era la organización de la familia de Dios. Cuando se levantó una gran persecución contra la Iglesia y Saulo desolaba la Iglesia de Dios, “todos los que se habían dispersado andaban de un lugar a otro, predicando la palabra de Dios” (Hechos, VIII, I, 4).

“Entretanto los discípulos que se habían esparcido por la persecución, suscitada con motivo de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, predicando el Evangelio únicamente a los judíos. Entre ellos había algunos nacidos en Chipre, los cuales habiendo entrado en Antioquía, conversaban asimismo con los griegos anunciándoles la fe del Señor Jesús. Y la mano del Señor les ayudaba; por manera que un gran número de personas creyó y se convirtió al Señor” (Hechos, II, 19, 21).

San Pablo se refiere a ese apostolado, diciendo: “Habéis servido de modelo a cuantos han creído en la Macedonia y en la Acaya. Pues que de vosotros se difundió la palabra del Señor o el Evangelio, no sólo por la Macedonia y la Acaya, sino que por todas partes se ha divulgado en tanto grado la fe que tenéis en Dios, que no tenemos necesidad de decir nada sobre esto” (Tes., I, 7, 9).

Y cuando estaba entre cadenas, expresa el Apóstol: “Y muchos hermanos en el Señor, cobrando bríos con mis cadenas, con mayor ánimo, se atreven a predicar sin miedo la palabra de Dios” (Filip., II, 12, 15).

Todos estos textos de la Escritura, de los Apóstoles, junto con las enseñanzas del Salvador y la práctica de la Iglesia primitiva,  nos indican cuál fue el origen, la actuación y la acción brillante del Apostolado seglar en la época apostólica.

4.-TESTIMONIO DE LOS PADRES. –

Todavía vamos a citar algunos testimonios de los Padres de los tiempos primitivos. Tertuliano nos hace una descripción del apostolado: “¿Quién entre los paganos, permitiría a su esposa recorrer las calles de la ciudad, detenerse en las puertas de las casas, penetrar en las habitaciones más miserables, sólo con el fin de visitar a las hermanas en la fe? ¿Quién les permitiría introducirse furtivamente en las cárceles, para tener la dicha de besar las cadenas de un mártir? ¿O siquiera acercarse a un hermano en la fe, para darle el ósculo cíe paz en el Señor? ¿O piara aportar agua con el fin de lavar los pies a los santos? ¿O retirar de la comida o la bebida lo necesario para los pobres? ¿Quién siquiera pensó en esto entre los paganos?” (Libros a su esposa. II, 4).

De Arístides: “Las esposas de los cristianos son castas como vírgenes. Entran en conversación con sus esclavos y esclavas y con los hijos de ellos, invitándolos a que por cariño a ellas, se hagan cristianos; y una vez que lo han conseguido, los llaman sus hermanos, sin diferencia de clases” (Apología, XV, 6).

Atenágoras y Orígenes también nos hablan en sus apologías del apostolado de los cristianos. Policarpo que más tarde llegó a ser el gran Obispo de Esmirna, fue un apóstol laico de un celo extraordinario, antes que Bucolo lo ordenara de Diácono, i

San Mesropio de Armenia desplegó una intensa actividad como apóstol laico; lo mismo Panteno, Clemente de Alejandría y Orígenes que muchas veces exponían sus doctrinas ante los auditorios paganos; los apologetas que salieron en defensa del Cristianismo; los Padres del desierto, que al promover y dirigir personalmente el gran movimiento monástico en Egipto, Siria y Palestina, provocaron un formidable movimiento

espiritual que halló eco en la joven Iglesia. Y basta y sobra de testimonios. (VILLS. – “Problemas de la Acción Católica”).

5. – LUCHAS Y TRIUNFOS A TRAVÉS DE LA HISTORIA. NOMBRES GLORIOSOS. –

Reseñemos ahora las luchas y triunfos del Apostolado seglar a través de la historia, para enseñanza y estímulo de todos los que trabajan en las actividades de la Acción Católica.

Hemos demostrado que los Apóstoles seglares, junto con los Doce, predicaron el Evangelio, la más honda revolución que han presenciado los siglos; que anunciaron la palabra de Dios y abrasaron los corazones de los hombres con el fuego del cielo.-

Recorrieron el mundo, sembraron la verdad y la luz, arrastrando en pos de sí los corazones y las almas.

Las Actas de los mártires son la más alta prueba del celo y de la abnegación de los apóstoles seglares. ¡Qué nombres! Brillan como soles en el cielo de la Iglesia. Bastaría nombrar a Sebastián, Tarsicio, Pancracio, Fabiola, Inés, Cecilia… La hora de los tormentos fue también la hora de los apóstoles. “La sangre de los cristianos es semilla de cristianos” pudo decir Tertuliano. Cuando la herejía pretendió desgarrar la túnica inconsútil de su Madre la Iglesia; cuando aparecen los Ebionitas, los Gnósticos, los Montañistas, al lado de aquellos Padres de la Iglesia suscitados por Dios para combatir el error y hacer resplandecer la luz de la verdad, San Ireneo, San Gregorio, Tertuliano, vemos surgir también abnegados apóstoles seglares, llenos de celo y de ciencia como Milcíades, Teófilo, Castor, que trabajan por la gloria de Dios y la salvación de las almas.

Y después la Iglesia en su marcha triunfante, con la cooperación de los apóstoles seglares, derrota y pulveriza las herejías, sea el Maniqueísmo, el Nestorianismo, el Pelagianismo, el Arrianismo, el Protestantismo, el Jansenismo y de ellas no queda más que una triste sombra en las páginas de la historia, en frase de un escritor.

Y después de tres siglos de luchas que fueron también tres siglos de triunfos, la Iglesia sale de las Catacumbas, como la paloma del Arca con las alas teñidas de sangre, para reinar en el corazón de los hombres y de los pueblos. Y la divina Providencia prepara aquellos dos elementos necesarios para la formación cristiana de las futuras sociedades: la doctrina que modela las conciencias y la ley que regula las relaciones sociales. Los apóstoles sacerdotes y laicos vencieron las herejías y precisaron la doctrina dogmática, convirtieron a reyes, emperadores y pueblos.

Pero ¿quién acomete la grandiosa empresa de cristianizar la antigua legislación romana sino Constantino el Grande que infiltra el espíritu cristiano en los municipios, en las magistraturas, en los puestos públicos y en las corporaciones? Fue un gran apóstol coronado con diadema imperial.

Y después, Clotilde convierte reinos, hace caer de rodillas al fiero sicambro que adora lo que ha quemado y quema lo que ha adorado. Y el Rey franco levanta parroquias, abre escuelas, da instrucción cristiana, defiende los derechos de la Iglesia, proclama la realeza de Jesucristo, mereciendo el elogio de San Avito, hermoso programa de Apostolado seglar: “Habéis aprendido de nuestros abuelos a reinar sobre la tierra: pero vos enseñáis a vuestros súbditos a reinar en el cielo”. ¡Qué bellas palabras!

Y Clodoveo prepara el camino de los grandes apóstoles seglares: Godofredo, que se niega a ceñir corona de oro donde el Salvador de los hombres la ciñó de espinas; San Luis, Santa Juana de Arco heroína de la Religión y de la patria; y después los grandes publicistas Augusto Nicolás, Pascal, Pasteur, De Maistre, Ozanarn, Conde de Muna Luis Veuillot, Donoso Cortés.

Recaredo, gran Apóstol, después de convertirse al Cristianismo-, colabora con las autoridades eclesiásticas para establecer el reinado de Jesucristo en España, fundando la monarquía católica y da la batalla decisiva contra el Arrianismo, jurando defender los derechos de Cristo. Y convoca los Concilios de Toledo; consolida la religión en sus estados; dicta sabias leyes y es el alma de aquel Código de justicia civil y criminal que desterró de España las legislaciones bárbaras.

Y en las páginas de la historia del apostolado seglar tienen un puesto de honor Vladimiro de Rusia, Boris de Bulgaria, Etelberto de Gran Bretaña, que mereció en su tiempo que se llamase “La Isla de los santos” y a quien escribía Gregorio el Grande: “Bendigamos al Omnipotente que se digna reservarnos la conversión de la nación inglesa valiéndoos de vos, como se valió de Santa Elena, para encaminar hacia la fe cristiana los corazones de los romanos”.

Cario Magno verdadero apóstol de las Galias infunde el espíritu cristiano en las instituciones de su época; funde todas aquellas tribus y razas en el crisol del Evangelio y forma una confederación bajo la dirección de la Iglesia, base de la monarquía cristiana. Y conquista a los sajones, a los bávaros y los croatas para presentarlos a los pies de Cristo como trofeos de victoria. Defiende al Romano Pontífice contra los lombardos; da una patria común a veinte razas, y llamado para ser el Rey de Jerusalén, depone a los pies del Pontífice sus grandezas, sus lauros, sus victorias y cifra su mayor gloria en aquella hermosa frase: “Defensor devoto de la Santa Iglesia Romana y humilde cooperador”.

Y cuando se levanta un mundo al grito de “Dios lo quiere” para defender la tierra santificada con la sangre de Cristo, apóstoles fueron los que llevaron a cabo tan gloriosa empresa. Ahí están sus nombres escritos eon letras de oro en las páginas de la historia, junto a Godofredo, Ricardo Corazón de León, Tancredo y mil otros.

Y después de esta sublime epopeya cristiana, la gran cruzada de ocho siglos que realiza el apostolado seglar en España contra las fuerzas islámicas. Y ¡qué nombres! Pelayb; Alfonso VI; las hazañas de Alfonso VIII en Tolosa; las de Fernando III entrando triunfante en Córdoba, y el Cid, y Guzmán el Bueno y Gonzalo de Córdoba, nombres que brillan como estrellas en el cielo del heroísmo.

Y cómo olvidar a aquella Reina inmortal, Isabel la Católica, que junto con Fernando izaron victorioso el estandarte de la Cruz en las almenas de Alhambra y de Granada? ¿Aquella mujer que arrancó las joyas de su corona destinadas a hacer brotar un mundo en medio de las olas desconocidas? Dios le dio un Nuevo Mundo para que en él cupiera la gloria de su raza. Y Colón, llamado el Mesías del Indio, y de quien se ha dicho que el genio lo hizo descubridor y la fe lo hizo Apóstol. De él se ha dicho que es el Saulo del Apostolado seglar.

Y ya que hemos nombrado a una Reina ilustre que tuvo dos mundos por corona, evoquemos algunos nombres de ilustres mujeres que realizaron el más sublime apostolado con su influencia y con su acción.

Santa Elena forma el corazón de Constantino; Santa Mónica el de San Agustín; Nona a San Gregorio Nacianceno; Emilia a San Basilio; Antusa a San Juan Crisóstomo; Silvia a San Gregorio el Grande; Blanca a San Luis; Berenguela a San Fernando de España. Madres santas formaron hijos santos que son gloria de sus madres y de su siglo. Santa Clotilde, como hemos dicho, convierte un reino; Ringonta a Recaredo; Santa Adelberta al Rey Etelberto de Inglaterra. Y luego Santa Margarita de Escocia; Erna en Dania, Santa Matilde en Alemania; Gisela en Hungría; Dombrowka en Polonia; Eduviges en Lituania; Brígida en Suecia ¡qué nombres, qué apostolado! Y luego Olimpia, Salvína, Nicareta de ilustre recuerdo en la historia Eclesiástica. Y Genoveva, patrona de Francia, y Santa Clara y la Condesa Matilde y Santa Catalina de Sena que persuade al Papa que abandone Avignón y se restituya a Roma. ¡Santa Teresa de Jesús, cumbre de la belleza y de la santidad!  A qué seguir.

Estos nombres gloriosos, esta verdadera epopeya del apostolado seglar debe ser un estímulo para trabajar en la sublime finalidad que se propone la Acción Católica: ganar mundos para Cristo. Extender por el universo su reinado de paz, su reinado de amor. Para que así, el Señor, reine eternamente y para siempre.

Hay que afilar el hacha

 

 

Hay que afilar el hacha

EDUCAR HOY

Por Pedro J. Bello Guerra.

 

 

Periódico AM Querétaro 20/07/08

 

 

En este periodo vacacional acostumbramos descansar y recuperar fuerzas para retomar nuestras actividades cotidianas con nuevos “bríos”-al menos eso se dice-, sin embargo, muchos maestros y no pocos jefes, se quejan que las vacaciones acaban con los buenos hábitos, se olvídalo que con esfuerzo se ha aprendido, vuelve a costamos la levantada temprano y el llegar a tiempo, los hábitos de lectura, estudio y diligencia en nuestro trabajo se “pierden”. Parecería que después de venir “encarrilados” de nuestro estudio o trabajo, las vacaciones constituyen un alto tan brusco que en vez de ayudarnos a recuperar fuerzas nos “oxida” y hace más lentos. La siguiente anécdota y decálogo de Bruno Perrero nos recuerdan que siempre debemos tener lista el alma y el cuerpo, a pesar de los descanso y gracias ellos:

“Dos leñadores trabajaban en el mismo bosque cortando árboles. Los troncos eran enormes, pesados y duros. Ambos leñadores usaban sus hachas con idéntica destreza, pero con una técnica distinta: el primero golpeaba el árbol con increíble constancia, golpe tras golpe, sin detenerse, a no ser pocos segundos para recobrar el aliento. El segundo leñador hacía una discreta pausa cada horade trabajo.

Al atardecer, el primer leñador iba a la mitad de su árbol. Había sudado sangre y lágrimas y no resistía ni cinco minutos más. El segundo había llegado al final de su tronco. ¡Habían empezado al mismo tiempo y los dos árboles eran iguales!

El primer leñador no podía creer lo que veía.

-¡No lo entiendo! ¿Cómo has avanzado tan rápido si hacías una pausa cada hora?

El otro sonrió:

-Viste que me detenía cada hora. Pero lo que no viste es que aprovechaba cada pausa para afilar mi hacha”.

 

Cuando de trabajo y descanso se trata, al parecer existen dos opciones: por una parte están los que nunca descansan, trabajan y trabajan como “hormigas”, y hasta en fines de semana y vacaciones se llevan trabajo a casa, son como el primer leñador, constante, golpe tras golpe, sin descanso…, pero que al final de la jornada está agotado y no ha no necesitan vacaciones pues toda su jornada laboral es un auténtico “descanso”, son los llamados “aviadores” que cobran pero no trabajan, o que si trabajan lo hacen prestando un pésimo servicio que le ha ganado tan mala fama a burócratas y empleados encargados de atender en ventanillas, despachos, talleres de reparación, encargados de arreglar fugas de agua en la calle, alumbrado público que lleva semanas fundido, basura con semanas sin recogerse… Pero también vale la pena decir que hay personas que, al igual que el segundo leñador de la historia, hacen su trabajo con dedicación, manteniendo día a día afilada el hacha de su disposición para hacer un buen trabajo; son personas que ante los “mismos árboles” de las oficinas, reparaciones, atención al público, estudios, servicios y negocios, saben dar lo mejor de sí porque no han dejado oxidar ni enmollecer su alma. Son personas que viven con orden, dando a cada cosa o compromiso su tiempo: al trabajo, a los amigos, a la familia, a la superación personal y al descanso; por eso no trabajan con el “alma cansada” sino con optimismo y responsabilidad, porque su espíritu está “afilado”.

Tu espíritu es como un hacha. No debes dejar que se enmohezca. Afílalo un poco todos los días:

1. Detente diez minutos y escucha un poco de música. Relájate y cultiva tu espíritu.

2. Camina siempre que puedas. Mantén en forma tu cuerpo.

3. Abraza cada día a las personas que amas y diles: “Te quiero”.

4. Festeja cumpleaños, aniversarios, onomásticos y todo lo que te venga en mente.

5. Sé cortés con todos, incluso con los de tu casa.

6. Sonríe. Siempre hay cosas las cuales alegrarse.

7. Ora. Datadas a Dios y encomiéndate a Él.

8. Ayuda a alguien que te necesite. Comparte tus bendiciones.

9. Trata bien a todos, incluyéndote a ti mismo.

10. Mira al cielo y apunta alo alto.

Ten siempre metas e ilusiones nobles.

pjbeflog@cokgioalamos.edu.mx

 

 

Categorías:Cuentos para educar

Capitulo III Origenes del apostolado seglar

CAPITULO III ORÍGENES DEL APOSTOLADO SEGLAR

  primeros cristianos apostolado – Bing images

 

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

 

SUMARIO: I. Su antigüedad y raíz apostólica. – 2. Enseñanza de la Sagrada Escritura y del Salvador, – 3. Enseñanza de los Apóstoles y práctica de la Iglesia primitiva. – 4. Testimonio de los Padres. – 5. Luchas 7 triunfos a través de la Historia. – 6. Nombres gloriosos.

l.- SU ANTIGÜEDAD Y RAÍZ APOSTÓLICA.-

El apostolado seglar no es una organización moderna; es tan antiguo como la Iglesia y tiene su origen en la predicación de Nuestro Señor y es de tiempos apostólicos.

En el desarrollo de la Iglesia a través de los tiempos, la Iglesia que no es sino la prolongación de Cristo, la expansión de su vida de amor, el apostolado seglar tiene gestas hermosas. La Iglesia, la palabra del Evangelio, por medio de celosos Apóstoles, ha penetrado en todas partes, ha dejado sentir su vida sobrenatural y ha llevado su poderosa influencia a todos los pueblos de la tierra. No hay obra ni empresa apostólica que no haya sido alentada por el Espíritu del apostolado seglar; porque la finalidad que tiene hoy es la misma que tuvo en el colegio apostólico y en las Catacumbas: defender, propagar y restaurar el reino de Cristo en el mundo. Y esta palabra que anunciaron los apóstoles llevada por sacerdotes y laicos fue la que voló de un extremo a otro de la tierra, derribó los altares eje los falsos dioses; derribó el Paganismo, santificó los hogares, restauró la familia, elevó el nivel de la mujer, y penetró en los corazones, transformando las costumbres públicas y privadas.

El Apostolado seglar es de tiempos apostólicos. Por medio de las diaconisas, en la época de San Pablo, se consagra al servicio de la Iglesia y atiende con exquisita solicitud a los enfermos, prepara a los catecúmenos para la recepción de los Sacramentos y ayuda a los ministros del Señor en la propagación del Evangelio.

San Pablo alaba y aplaude a las mujeres que con él laboraron en el Evangelio. Más adelante citaremos sus palabras. La Historia Eclesiástica recuerda a Lidia que con ardiente celo pone a disposición de San Pablo su casa y todos sus bienes; Febe, la diaconisa, es portadora desde Grecia de la Epístola a los Romanos, a quienes ruega encarecidamente el Apóstol la reciban con caridad y amor: Prisca presta positivos servicios al Apóstol en Corinto y le acompaña en sus empresas apostólicas en Efeso y Roma, mereciendo ella y su esposo Aquila, por su fecundo apostolado, este elogio de San Pablo: “Salud a Prisca y Aquila que conmigo trabajaron en servicio de Jesucristo y expusieron su vida por salvar la mía”.

La Historia recuerda a las nobles damas Evodia y Sintiques, que trabajaron con San Clemente en la Iglesia filipense; a Tecla, protomártir de su sexo que evangeliza con el Apóstol en Asia y fue tan grande y magnífica su acción que San Ambrosio la llama “colaboradora del apostolado”.

El Apostolado seglar tiene, pues, raíz apostólica y por eso dice Su Santidad Pío XI: “No cabe la menor duda de que la Acción Católica, así entendida, no es un bella novedad, como algunos lo han afirmado”.

El Apostolado seglar tiene la gloria de haber contribuido a la difusión del Cristianismo. Con los Apóstoles fue labio que anunció el mensaje de amor, fue pecho encendido de celo, fue acción brillante y fecunda en el triunfo del Cristianismo.

2. – DOCTRINA DE LA SAGRADA ESCRITURA Y ENSEÑANZAS DEL SALVADOR..-

Pero demostremos que el Apostolado seglar tiene orígenes apostólicos por los textos de la Sagrada Escritura y las enseñanzas del Salvador. San Pablo escribe al Obispo de la comunidad de Filipo recomendándole dos obreras en el apostolado. “También te pido a ti, oh fiel compañero, que asistas a éstas, que conmigo han trabajado por el Evangelio, con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida” (Filip., 4,3).

San Pedro habla del sacerdocio real de los laicos y los llama á cumplir su deber de participar en el sacrificio y magisterio. “Sois también vosotros a manera de piedras vivas, edificadas encima de él, siendo como una casa espiritual, como un nuevo orden de sacerdotes, para ofrecer víctimas espirituales que sean agradables a Dios por Jesucristo” (I Pedro, 2, 5). “Vosotros, al contrario, sois el linaje escogido, una clase de sacerdotes reyes, un sacerdocio real, gente santa, pueblo de conquista, para publicar las grandezas de Aquél que os sacó de las tinieblas a su luz admirable” (Id., 2, 9).

Nuestro Señor recomienda la cooperación apostólica, en el ejemplo apostólico y en el trabajo apostólico. “Así brille vuestra luz ante los hombres, que vean vuestras obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat., 5, 16).

“Quien no está por mí está contra mí; y quien no recoge conmigo, desparrama” (Lc., 11, 23).

“La mies es mucha; mas los trabajadores son pocos. Rogad, pues, al dueño de las mies que envíe obreros a su mies” (Lc, 10, 2).

Casi la totalidad de la doctrina revelada converge, por su letra y espíritu, á-este punto: el lateado debe participar (Will).

El Salvador nos habla de los dones apostólicos, de las tareas apostólicas y de los obreros apostólicos en la parábola de los talentos. Su parábola entraña un llamado urgente al apostolado, llamado que no sólo se dirige a los Obispos y al clero, sino a los simples fieles,

En la parábola del Samaritano misericordioso nos pone ante los ojos la responsabilidad de todo hombre por la suerte de su prójimo, de su hermano. La gran palabra: “Vosotros sois la sal de la tierra” es clásica y caracteriza el espíritu de la Acción Católica. Nuestra vida cristiana debe ser amable a los demás; la sal condimenta y hace apetecible la comida. El Salvador practicaba sus enseñanzas en sus relaciones con los laicos de su tiempo.

Los Apóstoles sorprendieron a un hombre que obraba milagros en nombre de Jesús. Era apóstol sin misión. Y Juan dijo: “Maestro, hemos visto a uno que no era de nuestra compañía, que andaba lanzando los demonios en tu nombre, y se lo prohibimos”. “No hay para qué prohibírselo, dijo Jesús; puesto que ninguno que haga milagros en mi nombre, podrá luego hablar mal de mí. Quien no es contrario vuestro, de vuestro partido es. Y cualquiera que os diese un vaso de agua en mi nombre, atento a que sois discípulos de Cristo, en verdad os digo que no quedará defraudado en su recompensa” (Marc., IX, 37). Con estas palabras justifica el Señor el apostolado laico y nos manifiesta lo que piensa acerca de estas actividades.

Uno de los enfermos curados por el Señor solicita ser recibido en el número de los discípulos. Pero el Señor declina su ofrecimiento y le dice: “Vete a tu casa y con tus parientes, y anuncia a los tuyos la gran merced que te ha hecho el Señor y la misericordia que ha usado contigo” (Mc., V, 19).

Nos encontrarnos, pues, ante un laico a quien el Señor no acepta en el sacerdocio, pero a quien inmediatamente impone otra misión: la de evangelizar a los miembros de su propia casa.

Nuestro Señor aceptó durante su vida pública la ayuda permanente de varias piadosas mujeres; era un núcleo de laicas que se habían comprometido a cuidar del sustento de su persona y de. sus discípulos.

3.-ENSEÑANZA DE LOS APOSTÓLES Y PRACTICA DE LA IGLESIA PRIMITIVA. –

San Pablo escribe a los de Efeso: “Estad, pues, a pie firme, ceñidos vuestros lomos con el cíngulo de la verdad y armados de la coraza de la justicia, y calzados los pies prontos a seguir y predicar el Evangelio de la paz” (VI, 14).

En su carta a Tito escribe el Apóstol: “Aprendan asimismo los nuestros a ejercitar, los primeros, las buenas obras en las necesidades que se ofrecen, para no ser estériles y sin fruto” (III, 14). *

A los cristianos de Colossa recomienda el Apóstol la ayuda recíproca en los asuntos de la vida religiosa: “La palabra de Cristo, o su doctrina en abundancia tenga su morada en vosotros, con toda sabiduría, enseñándoos y animándoos unos a otros, con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando de corazón con gracia, las alabanzas de Dios” (III, 16).

La conducta que deben observar con los extraños a su fe, la expresa el Apóstol: “Portaos sabiamente y con prudencia con aquellos que están fuera de la Iglesia, resarciendo el tiempo perdido. Vuestra conversación sea siempre sazonada con la sal de la discreción, de suerte que acertéis a responder a cada uno como conviene” (IV, 5, 6).

Y luego hace un llamado a la acción social, a la defensa de la doctrina de Cristo: “Que seáis irreprensibles y sencillos como hijos de Dios, sin tacha en medio de una nación depravada y perversa; en donde resplandecéis como lumbreras del mundo, conservando la palabra de vida que os he predicado” (Filip., II, 15).

San Pedro (V, 10) hace un llamado al apostolado con estas palabras: “Comunique cada cual al prójimo la gracia según la recibió, como buenos dispensadores de los dones de Dios, los cuales son- de muchas maneras. El que habla o predica la palabra divina hágalo de manera que parezca que habla Dios por su boca; quien tiene algún ministerio, ejercítelo como una virtud que Dios le ha comunicado, a fin de que, en todo cuanto hagáis, sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien sea gloria por los siglos de los siglos”.

Santiago inculca la excelencia de la ayuda prestada a los huérfanos y a las viudas y cierra su carta excitándolos a participar de la solicitud del buen Pastor, que vino a la tierra para buscar y conducir al redil a las ovejas perdidas. “La religión pura y sin mancha delante de Dios Padre, es ésta: Visitar o socorrer a los huérfanos, y a las viudas en sus tribulaciones y preservarse de la corrupción de este siglo” (XI, 27). “Hermanos míos: si alguno de vosotros se desviare de la verdad, y otro le redujere a ella, debe saber, que quien hace que se convierta el pecador de su extravío, salvará de la muerte al alma del pecador y cubrirá la muchedumbre de sus propios pecados” (I, 19, 20).

Nos vamos a referir ahora al apostolado de algunos laicos en particular.

Hombres – apóstoles. Un modelo de apóstol laico fue Apolo. Judío de Alejandría, predicaba a sus correligionarios el Mesías, anunciando ya por San Juan Bautista. Dotado de celo y erudición, se consagró a promover la ley cristiana, especialmente en Efeso y en Corinto.

Aquila fue otro gran Apóstol. En su casa de Corinto y Efeso halló hospedaje y sostenimiento San Pablo. Con su esposa Prisca se ocupaba de la enseñanza y explicación del Evangelio.

San Pablo cita en su segunda carta a Timoteo, a Onesíforo, que colaboraba con él en el apostolado.

A Febe, Prisca y María junto con Aquila recomienda San Pablo en su carta a los Romanos. A todos los llama mis colaboradores en Cristo Jesús (Rom., 16, 1, 6).

Los Hechos nos hablan del apostolado de la comunidad primitiva. “Y perseveraban en las instrucciones de los Apóstoles y en la comunicación de la fracción del pan y en la oración”.

Los creyentes vivían unidos entre sí y nada tenían que no fuese común entre ellos. “Toda la multitud de los fieles tenía un mismo corazón y una misma alma; ni había entre ellos quien considerase como suyo lo que poseía; sino que tenían todas las cosas en común” (Hechos, IV, 32).

El espíritu de comunidad de la naciente Iglesia, la vida de comunidad, vida en común, el ejemplo de apostolado: era la organización de la familia de Dios. Cuando se levantó una gran persecución contra la Iglesia y Saulo desolaba la Iglesia de Dios, “todos los que se habían dispersado andaban de un lugar a otro, predicando la palabra de Dios” (Hechos, VIII, I, 4).

“Entretanto los discípulos que se habían esparcido por la persecución, suscitada con motivo de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, predicando el Evangelio únicamente a los judíos. Entre ellos había algunos nacidos en Chipre, los cuales habiendo entrado en Antioquía, conversaban asimismo con los griegos anunciándoles la fe del Señor Jesús. Y la mano del Señor les ayudaba; por manera que un gran número de personas creyó y se convirtió al Señor” (Hechos, II, 19, 21).

San Pablo se refiere a ese apostolado, diciendo: “Habéis servido de modelo a cuantos han creído en la Macedonia y en la Acaya. Pues que de vosotros se difundió la palabra del Señor o el Evangelio, no sólo por la Macedonia y la Acaya, sino que por todas partes se ha divulgado en tanto grado la fe que tenéis en Dios, que no tenemos necesidad de decir nada sobre esto” (Tes., I, 7, 9).

Y cuando estaba entre cadenas, expresa el Apóstol: “Y muchos hermanos en el Señor, cobrando bríos con mis cadenas, con mayor ánimo, se atreven a predicar sin miedo la palabra de Dios” (Filip., II, 12, 15).

Todos estos textos de la Escritura, de los Apóstoles, junto con las enseñanzas del Salvador y la práctica de la Iglesia primitiva,  nos indican cuál fue el origen, la actuación y la acción brillante del Apostolado seglar en la época apostólica.

4.-TESTIMONIO DE LOS PADRES. –

Todavía vamos a citar algunos testimonios de los Padres de los tiempos primitivos. Tertuliano nos hace una descripción del apostolado: “¿Quién entre los paganos, permitiría a su esposa recorrer las calles de la ciudad, detenerse en las puertas de las casas, penetrar en las habitaciones más miserables, sólo con el fin de visitar a las hermanas en la fe? ¿Quién les permitiría introducirse furtivamente en las cárceles, para tener la dicha de besar las cadenas de un mártir? ¿O siquiera acercarse a un hermano en la fe, para darle el ósculo cíe paz en el Señor? ¿O piara aportar agua con el fin de lavar los pies a los santos? ¿O retirar de la comida o la bebida lo necesario para los pobres? ¿Quién siquiera pensó en esto entre los paganos?” (Libros a su esposa. II, 4).

De Arístides: “Las esposas de los cristianos son castas como vírgenes. Entran en conversación con sus esclavos y esclavas y con los hijos de ellos, invitándolos a que por cariño a ellas, se hagan cristianos; y una vez que lo han conseguido, los llaman sus hermanos, sin diferencia de clases” (Apología, XV, 6).

Atenágoras y Orígenes también nos hablan en sus apologías del apostolado de los cristianos. Policarpo que más tarde llegó a ser el gran Obispo de Esmirna, fue un apóstol laico de un celo extraordinario, antes que Bucolo lo ordenara de Diácono, i

San Mesropio de Armenia desplegó una intensa actividad como apóstol laico; lo mismo Panteno, Clemente de Alejandría y Orígenes que muchas veces exponían sus doctrinas ante los auditorios paganos; los apologetas que salieron en defensa del Cristianismo; los Padres del desierto, que al promover y dirigir personalmente el gran movimiento monástico en Egipto, Siria y Palestina, provocaron un formidable movimiento

espiritual que halló eco en la joven Iglesia. Y basta y sobra de testimonios. (VILLS. – “Problemas de la Acción Católica”).

5. – LUCHAS Y TRIUNFOS A TRAVÉS DE LA HISTORIA. NOMBRES GLORIOSOS. –

Reseñemos ahora las luchas y triunfos del Apostolado seglar a través de la historia, para enseñanza y estímulo de todos los que trabajan en las actividades de la Acción Católica.

Hemos demostrado que los Apóstoles seglares, junto con los Doce, predicaron el Evangelio, la más honda revolución que han presenciado los siglos; que anunciaron la palabra de Dios y abrasaron los corazones de los hombres con el fuego del cielo.-

Recorrieron el mundo, sembraron la verdad y la luz, arrastrando en pos de sí los corazones y las almas.

Las Actas de los mártires son la más alta prueba del celo y de la abnegación de los apóstoles seglares. ¡Qué nombres! Brillan como soles en el cielo de la Iglesia. Bastaría nombrar a Sebastián, Tarsicio, Pancracio, Fabiola, Inés, Cecilia… La hora de los tormentos fue también la hora de los apóstoles. “La sangre de los cristianos es semilla de cristianos” pudo decir Tertuliano. Cuando la herejía pretendió desgarrar la túnica inconsútil de su Madre la Iglesia; cuando aparecen los Ebionitas, los Gnósticos, los Montañistas, al lado de aquellos Padres de la Iglesia suscitados por Dios para combatir el error y hacer resplandecer la luz de la verdad, San Ireneo, San Gregorio, Tertuliano, vemos surgir también abnegados apóstoles seglares, llenos de celo y de ciencia como Milcíades, Teófilo, Castor, que trabajan por la gloria de Dios y la salvación de las almas.

Y después la Iglesia en su marcha triunfante, con la cooperación de los apóstoles seglares, derrota y pulveriza las herejías, sea el Maniqueísmo, el Nestorianismo, el Pelagianismo, el Arrianismo, el Protestantismo, el Jansenismo y de ellas no queda más que una triste sombra en las páginas de la historia, en frase de un escritor.

Y después de tres siglos de luchas que fueron también tres siglos de triunfos, la Iglesia sale de las Catacumbas, como la paloma del Arca con las alas teñidas de sangre, para reinar en el corazón de los hombres y de los pueblos. Y la divina Providencia prepara aquellos dos elementos necesarios para la formación cristiana de las futuras sociedades: la doctrina que modela las conciencias y la ley que regula las relaciones sociales. Los apóstoles sacerdotes y laicos vencieron las herejías y precisaron la doctrina dogmática, convirtieron a reyes, emperadores y pueblos.

Pero ¿quién acomete la grandiosa empresa de cristianizar la antigua legislación romana sino Constantino el Grande que infiltra el espíritu cristiano en los municipios, en las magistraturas, en los puestos públicos y en las corporaciones? Fue un gran apóstol coronado con diadema imperial.

Y después, Clotilde convierte reinos, hace caer de rodillas al fiero sicambro que adora lo que ha quemado y quema lo que ha adorado. Y el Rey franco levanta parroquias, abre escuelas, da instrucción cristiana, defiende los derechos de la Iglesia, proclama la realeza de Jesucristo, mereciendo el elogio de San Avito, hermoso programa de Apostolado seglar: “Habéis aprendido de nuestros abuelos a reinar sobre la tierra: pero vos enseñáis a vuestros súbditos a reinar en el cielo”. ¡Qué bellas palabras!

Y Clodoveo prepara el camino de los grandes apóstoles seglares: Godofredo, que se niega a ceñir corona de oro donde el Salvador de los hombres la ciñó de espinas; San Luis, Santa Juana de Arco heroína de la Religión y de la patria; y después los grandes publicistas Augusto Nicolás, Pascal, Pasteur, De Maistre, Ozanarn, Conde de Muna Luis Veuillot, Donoso Cortés.

Recaredo, gran Apóstol, después de convertirse al Cristianismo-, colabora con las autoridades eclesiásticas para establecer el reinado de Jesucristo en España, fundando la monarquía católica y da la batalla decisiva contra el Arrianismo, jurando defender los derechos de Cristo. Y convoca los Concilios de Toledo; consolida la religión en sus estados; dicta sabias leyes y es el alma de aquel Código de justicia civil y criminal que desterró de España las legislaciones bárbaras.

Y en las páginas de la historia del apostolado seglar tienen un puesto de honor Vladimiro de Rusia, Boris de Bulgaria, Etelberto de Gran Bretaña, que mereció en su tiempo que se llamase “La Isla de los santos” y a quien escribía Gregorio el Grande: “Bendigamos al Omnipotente que se digna reservarnos la conversión de la nación inglesa valiéndoos de vos, como se valió de Santa Elena, para encaminar hacia la fe cristiana los corazones de los romanos”.

Cario Magno verdadero apóstol de las Galias infunde el espíritu cristiano en las instituciones de su época; funde todas aquellas tribus y razas en el crisol del Evangelio y forma una confederación bajo la dirección de la Iglesia, base de la monarquía cristiana. Y conquista a los sajones, a los bávaros y los croatas para presentarlos a los pies de Cristo como trofeos de victoria. Defiende al Romano Pontífice contra los lombardos; da una patria común a veinte razas, y llamado para ser el Rey de Jerusalén, depone a los pies del Pontífice sus grandezas, sus lauros, sus victorias y cifra su mayor gloria en aquella hermosa frase: “Defensor devoto de la Santa Iglesia Romana y humilde cooperador”.

Y cuando se levanta un mundo al grito de “Dios lo quiere” para defender la tierra santificada con la sangre de Cristo, apóstoles fueron los que llevaron a cabo tan gloriosa empresa. Ahí están sus nombres escritos eon letras de oro en las páginas de la historia, junto a Godofredo, Ricardo Corazón de León, Tancredo y mil otros.

Y después de esta sublime epopeya cristiana, la gran cruzada de ocho siglos que realiza el apostolado seglar en España contra las fuerzas islámicas. Y ¡qué nombres! Pelayb; Alfonso VI; las hazañas de Alfonso VIII en Tolosa; las de Fernando III entrando triunfante en Córdoba, y el Cid, y Guzmán el Bueno y Gonzalo de Córdoba, nombres que brillan como estrellas en el cielo del heroísmo.

Y cómo olvidar a aquella Reina inmortal, Isabel la Católica, que junto con Fernando izaron victorioso el estandarte de la Cruz en las almenas de Alhambra y de Granada? ¿Aquella mujer que arrancó las joyas de su corona destinadas a hacer brotar un mundo en medio de las olas desconocidas? Dios le dio un Nuevo Mundo para que en él cupiera la gloria de su raza. Y Colón, llamado el Mesías del Indio, y de quien se ha dicho que el genio lo hizo descubridor y la fe lo hizo Apóstol. De él se ha dicho que es el Saulo del Apostolado seglar.

Y ya que hemos nombrado a una Reina ilustre que tuvo dos mundos por corona, evoquemos algunos nombres de ilustres mujeres que realizaron el más sublime apostolado con su influencia y con su acción.

Santa Elena forma el corazón de Constantino; Santa Mónica el de San Agustín; Nona a San Gregorio Nacianceno; Emilia a San Basilio; Antusa a San Juan Crisóstomo; Silvia a San Gregorio el Grande; Blanca a San Luis; Berenguela a San Fernando de España. Madres santas formaron hijos santos que son gloria de sus madres y de su siglo. Santa Clotilde, como hemos dicho, convierte un reino; Ringonta a Recaredo; Santa Adelberta al Rey Etelberto de Inglaterra. Y luego Santa Margarita de Escocia; Erna en Dania, Santa Matilde en Alemania; Gisela en Hungría; Dombrowka en Polonia; Eduviges en Lituania; Brígida en Suecia ¡qué nombres, qué apostolado! Y luego Olimpia, Salvína, Nicareta de ilustre recuerdo en la historia Eclesiástica. Y Genoveva, patrona de Francia, y Santa Clara y la Condesa Matilde y Santa Catalina de Sena que persuade al Papa que abandone Avignón y se restituya a Roma. ¡Santa Teresa de Jesús, cumbre de la belleza y de la santidad!  A qué seguir.

Estos nombres gloriosos, esta verdadera epopeya del apostolado seglar debe ser un estímulo para trabajar en la sublime finalidad que se propone la Acción Católica: ganar mundos para Cristo. Extender por el universo su reinado de paz, su reinado de amor. Para que así, el Señor, reine eternamente y para siempre.

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Laicos de Acción Católica y misión: proponer la fe en la sociedad de hoy

Laicos de Acción Católica y misión: proponer la fe en la sociedad de hoy
Lourdes AZORIN
Ex Secretaria General de la AC de España. Miembro del Secretariado FIAC
29 de abril de 2008,
0. IntroducciónObjetivos de las Jornadas: Reflexión y toma de conciencia de la tarea que los militantes de AC, laicos cristianos están llamados a desarrollar en el extenso y variado campo de la vida pública, en la sociedad y en las circunstancias actuales

Tema que centra las Jornadas: La propuesta cristiana en la sociedad de hoy, la presencia de Dios en la vida pública. En esta ocasión, se trata de reconocer la influencia que tiene en el orden público la presencia de Dios

La propuesta de la fe: Jesucristo, camino, verdad y vida. La fe es vía para la  experiencia del encuentro con una persona, con Jesucristo el viviente, ayer, hoy y siempre. La fe es la fuente de la vida nueva. La fe no es una ideología, es una virtud teologal, es una fuerza, una dinámica cuya iniciativa es de Dios. La fe también es adscribirse a un contenido a una objetivación, formulación unánime y común: Creo en Dios Padre… Fuera de eso hay libertad de opinión y de conciencia, supuesto el necesario y querido por todos, discernimiento cristiano y el respeto a los valores fundamentales y coherentes con la fe. 
Dios llama siempre a los hombres a la fe desde determinados contextos humanos y eclesiales, que inevitablemente los caracterizan y a los cuales son enviados como testigos de Cristo. Por ello es conveniente mirar ahora, aunque sea someramente, a nuestro contexto socio-cultural: sus posibilidades y sus dificultades, sus estímulos positivos y sus retos problemáticos. No pretendemos hacer un análisis completo de la situación. Nos limitamos a esbozar algunas características del cambio socio-cultural acelerado en el que vivimos, conscientes de que sin una toma de conciencia de este contexto, no es posible una presencia misionera pertinente para hoy. No puedo evitar referirme a la situación del primer mundo que conozco más. Seguro que en los grupos y en los diálogos podremos ampliar y enriquecer este esbozo.

1. En momentos de cambio sin precedentes
“El cambio acelerado y profundo que se está viviendo en la cultura moderna, en general, y en la sociedad española, en particular, plantean un reto a la capacidad evangelizadora de la Iglesia” (1).
En efecto, los pueblos europeos, en general, son portadores de una riquísima herencia cristiana. Las raíces cristianas de nuestra cultura y nuestra historia son palpables. Sin embargo, compartimos  un cambio socio-cultural, sin precedentes en su historia, de signo secularista y neopagano (2). Según algunos analistas “se da una situación de nuevo paganismo: El Dios vivo es apartado de la vida diaria, mientras los más diversos ídolos se adueñan de ella” (3).
Esta situación paradójica interpela fuertemente nuestra conciencia cristiana y nos urge a responder creativamente a los nuevos desafíos que la situación actual plantea a la fe y a la Iglesia.

Es una paradoja verdaderamente llamativa. En la Europa actual, a la vez que se mantienen tradiciones, vivencias religiosas y costumbres cristianas, el cristianismo es considerado hoy, no pocas veces, como algo anacrónico que debe ser superado y que provoca los recelos y las sospechas propias de la crítica decimonónica contra la religión, que se ha difundido y socializado ampliamente en nuestros días.
Las numerosas y crecientes manifestaciones de religiosidad tradicional y popular, en cuyas raíces y expresiones está la savia cristiana y la presencia activa de las realidades eclesiales (parroquias, cofradías, hermandades, santuarios, etc.), coexisten con la influencia de la cultura y de los estilos de vida hoy aparentemente dominantes que son, bajo un cierto aspecto, neopaganos y bajo otro, los de una sociedad  que “está de vuelta” del cristianismo y cree haberlo “rebasado”.
La inmensa mayoría de los españoles está compuesta por bautizados
. Pero muchos se encuentran en una situación de fe poco madura. Sin una fe personalizada y adulta les resulta muy difícil afrontar los nuevos retos de nuestro tiempo. Incluso muchos han caído en una especie de idolatría de los bienes de este mundo y en una suerte de “cristianismo a la carta”.
Esta crisis por la que atravesamos no puede atribuirse meramente a la hostilidad de los adversarios de la Iglesia. Como bien dicen los obispos franceses en relación, “la crisis por la que atraviesa hoy la Iglesia se debe en buena medida a la repercusión, en la Iglesia misma y en la vida de sus miembros, de un conjunto de cambios sociales y culturales rápidos, profundos y que tienen una dimensión mundial”  (4).

2. Valores y signos de esperanza de nuestra cultura

Este cambio socio-cultural, sin precedentes, no debe llevarnos a la actitud de los que el Beato Juan XIII, llamaba “profetas de desgracias”. De ellos afirmaba que “andan diciendo que nuestra época, comparada con las anteriores, es mucho peor” y que “se comportan como si no hubiera nada que aprender de la historia, que es maestra de la vida”  (5).
A pesar de que en las últimas décadas se han producido profundos cambios, en el mundo y en España, respecto a los años sesenta, y de que el estado general de los ánimos es bien distinto al de entonces, no debemos caer en una actitud negativa y pesimista. El mismo Juan XXIII decía que “en el curso actual de los acontecimientos, en el que parece que los hombres empiezan un nuevo orden de cosas, hay que reconocer más bien los designios misteriosos de la divina Providencia”  (6).

Conviene subrayar que esta sociedad nuestra a la que amamos tiene, sin duda, numerosos valores positivos, estimulantes y esperanzadores que han de estar muy presentes en nuestra conciencia. Enumeremos algunos:

  • la fuerte sensibilidad en favor de la dignidad y de los derechos de la persona;
  • la afirmación de la libertad como cualidad inalienable del hombre y de su actividad y la estima de las libertades individuales y colectivas;
  • la aspiración a la paz y la convicción cada vez más arraigada de la inutilidad y el horror de la guerra;
  • el pluralismo y la tolerancia entendidas como respeto a las convicciones ajenas y no como imposición coactiva de las creencias o formas de comportamiento;
  • la repulsa de las desigualdades en los derechos de la clases y naciones;
  • la atención a los derechos de la mujer y el respeto a su dignidad,
  • la preocupación por los desequilibrios ecológicos.
La exhortación apostólica Ecclesia in Europa también subraya que en Europa como comunidad civil “no faltan signos que dan lugar a la esperanza”:
– “Comprobamos con alegría la creciente apertura recíproca de los pueblos, la reconciliación entre naciones durante largo tiempo hostiles y enemigas, la ampliación progresiva del proceso unitario a los países del Este europeo. Reconocimientos, colaboraciones e intercambios de todo tipo se están llevando a cabo, de forma que, poco a poco, se está creando una cultura, más aún, una conciencia europea, que esperamos pueda suscitar, especialmente entre los jóvenes, un sentimiento de fraternidad y la voluntad de participación”.
– “Registramos como positivo el hecho de que todo este proceso se realiza según métodos democráticos, de manera pacífica y con un espíritu de libertad, que respeta y valora las legítimas diversidades, suscitando y sosteniendo el proceso de unificación de Europa”.
– “Acogemos con satisfacción lo que se ha hecho para precisar las condiciones y las modalidades del respeto de los derechos humanos”.
“Por último, en el contexto de la legítima y necesaria unidad económica y política de Europa, mientras registramos los signos de la esperanza que ofrece la consideración dada al derecho y a la calidad de la vida, deseamos vivamente que, con fidelidad creativa a la tradición humanista y cristiana de nuestro continente, se garantice la supremacía de los valores éticos y espirituales” (EE 12).

3. Retos de nuestro contexto socio-cultural

Junto a estos valores y signos de esperanza, la cultura pública actual, inserta en el contexto europeo, se caracteriza, también, por algunos contravalores que envuelven, como la niebla, la vida de las personas, las familias y los grupos humanos.
La exhortación Ecclesia in Europa afirma que las Iglesias en Europa están “afectadas a menudo por un oscurecimiento de la esperanza” y que “hay numerosos signos preocupantes”, entre los que Juan Pablo II destaca: la pérdida de la memoria y de la herencia cristianas; el lento y progresivo avance del laicismo; el miedo a afrontar el futuro; una difusa fragmentación de la existencia; y un decaimiento creciente de la solidaridad (cf. nn 7-8).
De entre estos retos destacamos

el consumismo, el hedonismo, el individualismo, el relativismo y el secularismo.

 “La implantación de un modelo de vida dominado por el consumo y disfrute del mayor número posible de cosas induce a amplios sectores de nuestra sociedad, bautizados en su mayor parte, a prescindir prácticamente de Dios y de la salvación eterna en su vida privada y pública” (TDV 21).
Cuando el hombre llega a ser prisionero de estos contravalores aún los mismos valores humanos y cristianos son vividos e interpretados desde claves que los deforman gravemente. Pensemos, por ejemplo, en valores como la “libertad”, la  “democracia”, la “sexualidad” interpretados desde el absoluto relativismo y hedonismo.
Se extiende una mentalidad consumista y hedonista que llega hasta sacrificar en aras del bienestar el valor supremo de la vida, especialmente de los no nacidos o de los ancianos. La vida del hombre y su dignidad sagrada deja de ser un valor intangible frente a lo intereses personales, familiares, económicos, sociales o ideológicos. Es el fenómeno que se viene denominando “cultura de la insolidaridad”, e incluso, “cultura de la muerte”  (7).

El individualismo a ultranza comienza a caracterizar a amplios sectores sociales precisamente en unos momentos en los que se agravan las desigualdades sociales. En el mundo no deja de crecer la distancia entre países pobres y países ricos y la globalización de los circuitos financieros y económicos la acrecienta cada día. En nuestro país, a pesar de la relativa contención del paro, crece la precariedad del empleo, aparecen capas sociales que parecen estar destinadas a la miseria y aumenta la inmigración.
Bajo el influjo del relativismo está también muy difundida la persuasión de que no existe la verdad. Si no existe “la verdad”, lo primero que se cuestiona de la afirmación “Cristo es la Verdad”, es su segundo término (¿existe la verdad?) y, con ello, toda la frase  (8).
La aceptación de esta mentalidad entraña graves repercusiones para el bien del hombre y de la sociedad: el Dios verdadero es suplantado por los ídolos de realidades finitas que le esclavizan. El hombre se instala entonces en la finitud absolutizada y queda sometido a fuerzas inferiores a él de las que no se puede liberar si no es por la ayuda de Alguien que es superior a él y a ellas; la jerarquía de valores es sustituida por el aturdimiento moral o, incluso por la amoralidad sistemática. Renacen los “dioses” del paganismo, la “religiosidad de la Naturaleza y de la Vida”  (9).

“En la raíz de la pérdida de la esperanza está el intento de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo. Esta forma de pensar ha llevado a considerar al hombre como el centro absoluto de la realidad, haciéndolo ocupar así falsamente el lugar de Dios y olvidando que no es el hombre el que hace a Dios, sino que es Dios quien hace al hombre. El olvido de Dios condujo al abandono del hombre, por lo que, no es extraño que en este contexto se haya abierto un amplísimo campo para el libre desarrollo del nihilismo, en la filosofía; del relativismo en la gnoseología y en la moral; y del pragmatismo y hasta del hedonismo cínico en la configuración de la existencia diaria. La cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera” (EE 9).

4. Algunas causas de esta situación


Dos podrían ser las fuentes de este deterioro: la primera, como hemos apuntado, externa, producida por el ateísmo práctico, la indiferencia religiosa y el brotar del neopaganismo, fruto del bienestar económico y de la mentalidad consumista. Nos dicen los obispos españoles: “La cultura pública occidental moderna se aleja consciente y decididamente de la fe cristiana y camina hacia un humanismo imanentista […] Esta cultura imanentista, que es el contexto actual en que vive la Iglesia en España, se convierte en causa permanente de dificultades para su vida y misión”  (10).

La segunda, en relación con la anterior, interna a la Iglesia, causada por el contagio del ambiente social general, por la incoherencia de la vida de muchos cristianos, por la rutina de muchas de nuestras comunidades y por la deficiente imagen personal y social que, con frecuencia, podemos estar dando.
Según los obispos españoles “el problema de fondo, al que una pastoral de futuro tiene que prestar la máxima atención, es la secularización interna. […] Entre los efectos de esta situación de secularización interna destacamos: la débil transmisión de la fe alas generaciones jóvenes; la disminución de vocaciones para el sacerdocio y para los institutos de vida consagrada; el cansancio e incluso desorientación que afecta a un buen número de sacerdotes, religiosos y laicos; la pobreza de vida litúrgica y sacramental de no pocas comunidades cristianas”  (11).
Bastantes bautizados, viven ante el dilema de refugiarse en un modelo de religiosidad tradicional, cerrando filas frente a un mundo que perciben como extraño o adverso, menos en lo que tiene de bienestar, y privatizando su fe, o bien, de aceptar ­los criterios y estilos de vida dominantes en esta sociedad, a costa de abandonar, en mayor o menor grado, la fe y la identidad cristiana y eclesial.

La exhortación apostólica Christifideles Laici parece referirse a esto cuando habla “del desafío al que se enfrentan aquellos pueblos donde todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana”, y al afirmar tajantemente que “este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y la difusión de las sectas”  (12).
“En la actualidad, en medio de la cultura secularizada, muchos no saben en ocasiones cómo orientar la vida, el trabajo o el apostolado en sentido verdaderamente cristiano. Así, por ejemplo, la insuficiente defensa del matrimonio y de la familia es un exponente destacado de este tipo de carencias. Algo parecido se podría decir respecto a la presencia en la vida pública en sus múltiples expresiones”  (13).

“El sentimiento de inferioridad y marginación que experimentan muchos católicos adultos, incapaces de mostrar públicamente su identidad católica con sencillez y sin miedo, es lo más opuesto a una fe “martirial”, es decir, de testigos valientes de Jesucristo  (14).
Esta contradicción de muchos entre la fe que se dice profesar y la vida personal y social en la que se prescinde de ella (separación fe-razón, fe-liturgia, fe-oración, fe-moral), nos hace ver la urgencia de llevar adelante una nueva evangelización de nuestra sociedad, uno de cuyos momentos esenciales es la catequesis y la formación cristiana.

5. La formación de los laicos, una prioridad
El capítulo V de la exhortación Chirstifideles Laici Está dedicado a la formación de los fieles laicos, formación necesaria y precisa “para dar más fruto”. Recordar simplemente los títulos que incluye este capítulo:

  • Madurar continuamente
  • Descubrir y vivir la propia vocación y misión
  • Una formación integral para vivir en la unidad
  • Aspectos de la formación
  • Colaboradores de Dios educador
  • Otros ambientes educativos
  • La formación recibida y dada recíprocamente por todos
  • Llamamiento y oración
Gracias a Dios, en el seno de la Iglesia ha crecido mucho la conciencia de la urgencia de la presencia evangelizadora de las comunidades eclesiales, que convierta nuestra rica herencia religiosa en fermento de liberación y salvación integrales. Muchos cristianos, laicos, religiosos y sacerdotes sienten la imperiosa necesidad de que el pueblo bautizado aprenda a discernir los valores y contravalores de la nueva cultura dominante y a saber aceptar aquellos y rechazar éstos, en fidelidad al don recibido en el Bautismo.

Hoy, la formación de laicos es una clara prioridad en nuestras diócesis. ¡Necesitamos formar cristianos de verdad! Cristianos que hayan acogido plenamente el don inefable de Jesucristo, nuestro Evangelio, y que a fuerza de estar unidos a él y a su Iglesia y de ser coherentes con su Evangelio, vivan y proclamen con gozo y con total claridad la fuerza salvadora de la fe, con todas las implicaciones religiosas y morales, personales y sociales, de la misma: “El mundo exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos mismos conocen y tratan familiarmente, como si estuvieran viendo al Invisible”  (15). Sólo así podrá restablecerse la credibilidad del cristianismo ante aquellos sectores del pueblo que equivocadamente piensan que la Iglesia no ha asumido sus ansias de justicia, igualdad, libertad y solidaridad, y que desconfían de ella identificándola con los poderes de este mundo.

No somos pesimistas; por el contrario, compartimos esta afirmación de los obispos franceses: “los tiempos actuales no son más desfavorables para el anuncio del Evangelio que los tiempos de nuestra historia pasada. La situación crítica en la que nos encontramos nos impulsa, al contrario, a ir a las fuentes de nuestra fe y a hacernos discípulos y testigos del Dios de Jesucristo de una forma más decidida y radical”  (16).
En la exhortación Ecclesia in Europa Juan Pablo II hace un llamamiento a la formación de los laicos en Europa, cuando dice: “La actual situación cultural y religiosa de Europa exige la presencia de católicos adultos en la fe y de comunidades cristianas misioneras que testimonien la caridad de Dios a todos los hombres. El anuncio del Evangelio de la esperanza comporta, por tanto, que se promueva el paso de una fe sustentada por costumbres sociales, aunque sean apreciables,

a una fe más personal y madura, iluminada y convencida.
Los laicos de AC, pues, han de tener una fe que les permita enfrentarse críticamente con la cultura actual, resistiendo a sus seducciones; incidir eficazmente en los ámbitos culturales, económicos, sociales y políticos; manifestar que la comunión entre los miembros de la Iglesia católica y con los otros cristianos es más fuerte que cualquier vinculación étnica; transmitir con alegría la fe a las nuevas generaciones; construir una cultura cristiana capaz de evangelizar la cultura más amplia en que vivimos.

Además de esforzarse para que el ministerio de la Palabra, la celebración de la liturgia y el ejercicio de la caridad, se orienten a la edificación y el sustento de una fe madura y personal, es necesario que las comunidades cristianas se movilicen para proponer una catequesis apropiada a los diversos itinerarios espirituales de los fieles en las diversas edades y condiciones de vida, previendo también formas adecuadas de acompañamiento espiritual y de redescubrimiento del propio Bautismo.
En particular, reconociendo su innegable prioridad en la acción pastoral, se ha de cultivar y, si fuera el caso, relanzar el ministerio de la catequesis como educación y desarrollo de la fe de cada persona, de modo que crezca y madure la semilla puesta por el Espíritu Santo y transmitida con el Bautismo. Remitiéndose constantemente a la Palabra de Dios, custodiada en la Sagrada Escritura, proclamada en la liturgia e interpretada por la Tradición de la Iglesia, una catequesis orgánica y sistemática es sin duda alguna un instrumento esencial y primario para formar a los cristianos en una fe adulta” (EE 50-51)
Creo que es en este campo donde los militantes de la Acción Católica han de ser “especialistas”. Esta es nuestra gran aportación, nuestra gran misión: la formación.
Los Movimientos Apostólicos de Acción Católica tienen como fin inmediato “el fin apostólico de la Iglesia, es decir, la evangelización y santificación de los hombres y la formación cristiana de sus conciencias de tal manera que puedan imbuir del espíritu del Evangelio las diversas comunidades y los diversos ambientes” (AA 20,a).

6. Eje conductor de la formación: unidad fe-vida


La formación, en la Acción Católica, no podemos reducirla ni a los saberes ni al aprender, una de las características de la verdadera formación es que nadie enseña lo que no vive. Si nosotros no somos una comunidad que trabaja esta formación, que vive formándose, que vive transformándose permanentemente, en nuestro caso, cristiano, en un proceso de conversión  permanente intentando conformarnos con Cristo, si nosotros no entramos en esa dinámica, no ayudamos a una verdadera formación a nadie.
Tenemos que entender la formación como un proceso vivencial, experiencial, que nos transforma la conciencia, que nos la ahonda y que también supone una transformación de nuestra realidad.

 La formación de la que hablamos tiene como objetivo la conciencia cristiana unitaria integral capaz de armonizar nuestros deseos, sentimientos, pensamientos y acciones. Que desarrolla de un modo armónico las dimensiones fundamentales de la misma:

  • Dimensión personal de la fe cristiana

La identidad cristiana tiene una dimensión fundamental que es la dimensión personal, este aspecto de conformar yo mis deseos, mis sentimientos con Cristo, construirme como  una persona que pueda decir: No soy yo quien vive sino que es Cristo quien vive en mí. Esto, como veis, es para toda la vida.

  • Dimensión sociopolítica

La identidad cristiana tiene una dimensión sociopolítica que  hay que desplegar. Si  no, no hay una identidad cristiana plena.
La dimensión política de la caridad, la caridad política de la que se ha hablado en muchos momentos, supone asumir con conciencia la necesidad y la gracia de colaborar en la construcción del reino de Dios. Esto es política en el mejor y  más genuino sentido de la palabra, es hacernos cargo de la ciudadanía, de las relaciones humanas y transformar la realidad.

  • Dimensión eclesial
La identidad cristiana tiene una dimensión, que está basada en la radical sociabilidad del ser humano, que es la dimensión eclesial. No somos personas aisladas.
El ser humano no es un individuo. Esta es una concepción que se nos ha querido  meter, pero  no es verdad. No somos individuos, venimos de una comunión, de una comunidad, de ese Dios trino; siempre estamos referidos a otros en comunidad y en comunión y a la comunión estamos destinados.

En este contexto socio-cultural, nuestros procesos de formación tienen que tener como eje conductor la búsqueda permanente de la unidad fe-vida mediante una formación integradora y unificadora. Quiere contribuir a vivir en la unidad “dimensiones que, siendo distintas, tienden con frecuencia a escindirse:

  • vocación a la santidad y misión de santificar el mundo;
  • ser miembro de la comunidad eclesial y ciudadano de la sociedad civil;
  • condición eclesial e índole secular, en la unidad de la novedad cristiana;
  • solidario con los hombres y testigos del Dios vivo;
  • servidor y libre;
  • comprometido en la liberación de los hombres y contemplativo;
  • empeñado en la renovación de la humanidad y en la propia conversión personal;
  • vivir en el mundo, sin ser del mundo, como el alma en el cuerpo, así los cristianos en el mundo”  (17).

Para ello entiendo que la formación ha de posibilitar recoger las dudas, los interrogantes y los retos que la cultura y la vida de hoy plantean al cristiano adulto, y busque capacitarlos

para darse a sí mismos respuesta desde la vivencia de la fe y para dar razón de la esperanza cristiana a los demás, incluso cuando el ambiente es hostil al cristianismo.

7. La presencia social de los laicos de Acción Católica
La presencia fermento siempre se ha vivido entre los cristianos y está en sus raíces. ¿En que consiste la presencia fermento?, consiste en que los cristianos toman en consideración los problemas, los retos, las aspiraciones, las esperanzas, las dificultades, que vive el mundo, las repiensan en cristiano y se comprometen codo a codo con los demás para ir transformando la realidad conforme al plan salvador de Dios para la humanidad. El cristiano anuncia en su compromiso el Evangelio a los demás.

Los militantes de la AC somos parte del pueblo, parte del barrio, parte de la parroquia y tomamos en consideración sus problemas. Hay problemas de paro, de violencia, de discriminación, hay problemas de cultura, hay aspiraciones de mejorar la vida en esto. Todas estas situaciones las retomamos y repensamos en cristiano. Los problemas humanos son vistos y juzgados en cristiano para ofrecer soluciones cristianas que nos comprometan con aquellos que los sufren. Hay que tomar en consideración esos problemas del ambiente en el que estamos, valorarlos y discernirlos de acuerdo con el Evangelio y la doctrina social de la Iglesia y en ofrecer en igualdad de condiciones que los demás, las soluciones, las propuestas que son necesarias en cada uno de los ámbitos.

8. Una presencia al servicio de la dignidad humana

Compromiso en las realidades más cercanas
Esta es la clave de nuestro quehacer como laicos de AC en medio del mundo. Yo empezaría con la familia. La familia es la célula de la sociedad, el ámbito en el que todos estamos presentes. Hemos de tomar en consideración los problemas que vive la familia, pero no la familia en abstracto, sino las familias concretas del pueblo, las familias concretas del  barrio. Ahí hay problemas de todo tipo, laborales, políticos, humanos, psicológicos, en las relaciones del hombre y la mujer, de la pareja, de los padres con los hijos.

Esos problemas humanos son los que en todos los ámbitos, desde los más cercanos a los más generales, exigen de una reflexión constante. Después, a través de nuestro vivir y de actuar en cristiano, en primer lugar, y luego con nuestras propuestas, nuestras acciones y con nuestro compromiso, hacer posible que la familia sea una familia de acuerdo con el plan de Dios para la familia.

Vamos a otro ámbito, el mundo laboral. En el mundo laboral me voy a encontrar con problemas y situaciones de todo tipo y la ley interna de la evangelización me dice encárnate en esos problemas, tómalo en consideración, con seriedad, discierne con conciencia cristiana y propón soluciones, propón alternativas, para que esos problemas se puedan solucionar. Esto significa que lo que caracteriza a los laicos cristianos en el terreno social es un quehacer de presencia en la vida, en toda su riqueza, en la vida social, la vida política, la vida cultural, una presencia en la vida en donde nuestra aportación específica cristiana va a ser intentar ver, juzgar esos problemas y proponer soluciones en diálogo con todos. Presencia por lo tanto encarnada.

El lugar adecuado, más específico y más humano de la vida apostólica y la misión primordial del laico sabemos que no es otra que el vivir su fe en la realidad de cada día, transmitir su fe en la vida y expresar su fe en los ambientes que vive y  comprometerse en la transformación y la renovación continua de la sociedad de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia. Esa es su tarea social.

A la luz de la Doctrina Social de la Iglesia

Un elemento necesario en el quehacer social del laico de AC sería la Doctrina Social de la Iglesia. La actuación se tiene que caracterizar por anunciar, proclamar y practicar la Doctrina Social de la Iglesia.

Esto implica que la formación de la AC ha de estar continuamente al día mediante la profundización en la Doctrina Social de la Iglesia que no consiste en saberse de memoria las encíclicas de los Papas, sino que es una praxis comunitaria del discernimiento cristiano en orden a la acción a partir de los criterios fundamentales para el compromiso en la vida pública.

Vamos a señalar a continuación los criterios que en armonía con la fe y la Doctrina Social de la Iglesia permiten a cada cristiano juzgar por sí mismo y realizar el compromiso político social que estime conveniente:

  • El reconocimiento teórico y práctico de la prioridad de la persona. En primer lugar la dignidad de la persona humana. La Iglesia me dice que juzgue, valore los problemas y actúa sobre ellos, a la luz que da el reconocer que cada persona tiene una dignidad. Esto implica que en la óptica del cristiano tiene que estar presente esta valoración de la dignidad de la persona humana, y de ahí se deduce un conjunto de posicionamientos y de actuaciones que son ineludibles. Esta valoración abarca a todos los ámbitos de la vida: familia, vida, trabajo, cultura, ocio, política, relaciones humanas…
  •  La coherencia de la actividad y del compromiso político del cristiano con la fe y la espiritualidad que la fe genera. Esta coherencia sólo puede adquirirse a través de una formación explícita en este campo.
  • El bien común, la exigencia de la solidaridad, que consiste en el conjunto de condiciones que hacen posible la liberación y plena realización de cada persona y de todas las persona, de cada pueblo y de todos los pueblos.
  •  La preferencia hacia los pobres y oprimidos, expresada en una solidaridad activa y en comunión efectiva con ellos.
  • La prioridad de la sociedad sobre el estado, exigencia del principio de subsidiariedad.
  •  El progreso de la democracia real para que la sociedad sea sujeto de sí misma, como expresión de corresponsabilidad y de verdadera vida comunitaria.
  • El fomento de la cultura popular y de la ética social sin las que la sociedad no puede ser protagonista de su propia vida ni el hombre puede alcanzar su realización.
  •  La tendencia a la autogestión económica como expresión de la democracia real en ese campo.
  • El realismo en los objetivos y en el modo de trabajar por ellos.

 

Todos estos principios y criterios aplicados convenientemente permiten emitir un juicio sobre las situaciones, las estructuras, los sistemas, las leyes, los proyectos políticos y los programas que se presentan en la sociedad. Los cristianos no nos limitaremos a proponer los principios, sino que hay que hacer posible un discernimiento de manera que todos se puedan orientarse con suficiente claridad y saber qué es y no es coherente con los principios y criterios cristianos.

Se trata de reflexionar, discernir e iluminar la conciencia de los cristianos. Una reflexión que  respeta la libertad de opción política a que cada uno tiene derecho. Se trata de promover actitudes de crítica objetiva y constructiva.

Todo esto implica un compromiso que sea coherente con la fe que vivimos. La fe genera un estilo, un modo de situarse y un modo de plantearse la vida que empieza siempre por nuestro propio mundo más cercano y que se va abriendo. El militante cristiano de AC, allí donde esté, en el paro, en el trabajo, de profesor de universidad, en cualquier actividad, donde sea, ¿qué tiene que hacer? Llevar adelante su trabajo y su compromiso con los demás cultivando y ahondando siempre la coherencia de su fe y de su vida. La coherencia de nuestro compromiso social con la fe implica el reconocimiento teórico y práctico de la dignidad de la persona y la defensa en promoción de los derechos humanos.

Por los frutos los conoceréis

Luego, hay una  irrenunciable dimensión sociopolítica de la identidad cristiana que se plasma en un quehacer social de todos y cada uno de los cristianos, como hay un quehacer social de la Iglesia,  lo que ocurre es que todavía el catolicismo español ha ahondado poco en este aspecto y lamentablemente hay que decir que todavía en muchos ámbitos parroquiales, arciprestales, colegios católicos, catequesis, incluso seminarios no es donde mejor se vive este quehacer. Todo cristiano debe trabajar con coherencia para que el reconocimiento de la persona sea una realidad. Esto implica la formación en la Doctrina Social de la Iglesia para el desarrollo de toda persona.

Todos estamos implicados en llevar adelante todo esto para que se defienda toda justicia en la sociedad y para que defendiendo esa justicia social se proclame el Evangelio. Todos estamos implicados en promover la preferencia hacia los pobres, oprimidos y marginados expresada mediante la solidaridad y en comunión activa con ellos. La opción preferencial por los pobres no es una opción que el cristiano pueda hacer o no, sino que me viene dada. Yo puedo ser o no cristiano, pero lo que no puedo es decir soy cristiano pero no tomo como preferencia a Jesucristo y los empobrecidos. Esto está muy claro en el Evangelio, por su parte Juan Pablo II en la Nuevo Milenio dice textualmente:

“El Evangelio impone a la Iglesia una opción preferencial por los pobres”.

“El evangelio impone”, aquí no se trata de elegir, todos tenemos la obligación, por decir creo en Cristo, de tomar como preferencia de vida del abandonado, del oprimido y a los conjuntos humanos más pobres.

Dando protagonismo a la sociedad

Buscar la prioridad de la sociedad sobre el estado. La Iglesia y en ella los cristianos deben llevar adelante un compromiso social dándole protagonismo a la sociedad. Esto ¿qué quiere decir? El estado tiene razón de ser en tanto que sirve al bien de la sociedad, el estado es servidor de la sociedad, luego es la sociedad la que tiene que estar servida por el Estado. La tarea del militante cristiano no es estar contra los partidos, porque los partidos son necesarios, cumplen una misión, sino que la tarea de los militantes cristianos es fomentar el protagonismo de la sociedad, es decir, allí donde estén intentar que todos los que están conmigo sean conscientes de todo lo que pasa, que sean críticos y participen en la vida social y política.
Nuestro quehacer está en ser responsables en la vida social e intervenir en todos los ámbitos para transformar la realidad. Actuar en todos los grupos e intervenir siempre en orden a favorecer el protagonismo social. Que la sociedad sea servida por el estado y no al revés.

Que prevalezca siempre la verdad

Vivimos una cultura relativista en la que todo el mundo tiene derecho a opinar y a decir lo que le parezca. Toda opinión es respetable por el hecho que la emite una persona, pero esto no quiere decir que toda opinión sea válida. En este sentido es muy importante que los cristianos sepamos distinguir lo que es el respeto a la persona de lo que es la defensa de la verdad que debe prevalecer por encima de cualquier otro interés.

¿Cualquier opinión que dé cualquiera en cualquier campo de la vida es válida y hay que asumirla? El cristiano continuamente debe hacer un ejercicio de clarificación, ya que no es lo mismo la verdad que la mentira, no es lo mismo el amor que el odio, no es lo mismo estar con los pobres que estar con los ricos… Vivimos en una sociedad en la que toda la gente se queda con cualquier opinión y todas las opiniones son igualmente válidas, y si hay alguien que se atreve a decir que la verdad está por encima de la opinión y que hay que buscarla y seguirla, es tachado de intolerante.

En el compromiso social de la Iglesia hacen falta cristianos que por convencimiento, sin pretender prevalecer, sino buscando y descubriendo la verdad, promuevan una cultura de libertad y de verdad. Cuando los cristianos viven de verdad la fe van generando a su alrededor una cultura de la verdad, una cultura de servicio, una cultura de amor, y no de muerte. Esta es una reflexión que los cristianos deberíamos desarrollar. Desde un respeto profundo a los demás, hay que luchar contra todo aquello que supone la mentira y la muerte.

El cristiano tiene que distinguirse por su amor a la vida y por sus ganas de vivir. Amor a la vida y ganas de vivir implican una cultura de la dignidad, una cultura de la libertad auténtica. En todos los terrenos puede y debe haber militantes cristianos de Acción Católica, esto supone un profundizar continuamente en la doctrina de la Iglesia, en todos los terrenos, en el terreno de asuntos sociales, de la ética, de la vida del trabajo…

“Dios me llama y me envía como obrero a su viña; me llama y me envía a trabajar para el advenimiento de su Reino en la historia. Esta vocación y misión personal define la dignidad y la responsabilidad de cada fiel laico y constituye el punto de apoyo de toda la obra formativa, ordenada al reconocimiento gozoso y agradecido de tal dignidad y al desempeño fiel y generoso de tal responsabilidad.”

  1. Cf. GMFL pg. 11.
  2. Cf.  E. Bueno, España, entre el Cristianismo y el Paganismo. San Pablo, Madrid, 2002.
  3. CEE, Plan Pastoral 2002-2005. Una Iglesia Esperanzada. ¡Mar adentro! (Lc 5,4), 8.
  4. CEF, “Proponer la fe en la sociedad actual”, Ecclesia 2835-36 (5 y 12 de abril de 1997) p 514.
  5. CEE (Ed). CONCILIO VATICANO II, BAC., “Discurso de Juan XXIII en la inauguración solemne del Concilio Vaticano II” (11-10-62) pgs. 1091-92: “A menudo – lo comprobamos en nuestro ministerio apostólico diario – nos llegan ciertas voces que no dejan de herir nuestros oídos. Se trata de personas sin duda muy preocupados por la religión, pero que no juzgan las cosas con imparcialidad y prudencia. Estas personas, en efecto, no son capaces de ver en la situación actual de la sociedad humana sino desgracias y desastres. Andan diciendo que nuestra época, comparada con las anteriores, es mucho peor. Se comportan como si no hubiera nada que aprender de la historia, que es maestra de la vida. […] Nosotros creemos que de ninguna manera se puede estar de acuerdo con estos profetas de desgracias que siempre anuncian lo peor, como si estuviéramos ante el fin del mundo”.
  6. Ib pg. 1092.
  7. Cf. EV 12.
  8. Ratzinger,J., “Situación actual de la fe y la teología”. Ed. impresa desde Internet, pg. 2): “El relativismo se ha convertido así en el problema central de la fe en la hora actual. Sin duda, ya no se presenta tan sólo con su vestido de resignación ante la inmensidad de la verdad, sino también como una posición definida positivamente por los conceptos de tolerancia, conocimiento dialógico y libertad, conceptos que quedarían limitados si se afirmara la existencia de una verdad válida para todos”.
  9. Cf. E. Bueno, España entre el cristianismo y el paganismo, pgs. 235-283.
  10. CEE, Plan Pastoral 2002-2005. Una Iglesia Esperanzada. ¡Mar adentro! (Lc 5,4), 7-8. Puede verse también Ecclesia in Europa, en sus nn. 7-10:”El oscurecimiento de la esperanza”.
  11. Ib 10-11.
  12. ChL, 34.
  13. CEE, Plan Pastoral 2002-2005. Una Iglesia Esperanzada. ¡Mar adentro! (Lc 5,4), 18.
  14. Ib.
  15. EN, 76.
  16. CEF, “Proponer la fe en la sociedad actual”, Ecclesia 2835-36 (5 y 12 de abril de 1997) p 514.
  17. Cf. CLIM 77.V ASAMBLEA ORDINARIA – Roma, 27 de abril – 4 de mayo de 2008
    POR LA VIDA DEL MUNDO (Jn 6,51)
    Laicos de Acción Católica a 20 años de la Christifideles Laici

 

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