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Archive for 30 junio 2012

XII Domingo del T.O. – B

 

XII Domingo del T.O. – B

Citas Iob 38,1.8-11:                                                            www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9agippbf.htm 2Cor 5,14-17:                                                             www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9arb04e.htm Mc 4,35-41:                                                                www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9bwdv2d.htm     Como la semilla de mostaza, de la que hablaba la Liturgia del Domingo pasado, es pequeña y aparentemente impotente, y sin embargo es el germen de una planta capaz de dar sombra y cobijo a los pájaros que harán en ella su nido (Domingo XI T.O.), así la fe del hombre que reconoce el señorío de Dios sobre las potencias del mal, aunque aparece como “poca cosa”, en realidad es quien genera esperanza y consuelo en la tumultuosa vida del mundo. Esta esperanza y este consuelo provienen de la Presencia de Cristo en la historia. La liturgia de hoy está dominada por la narración de la tempestad calmada. El relato de Marcos aparece como la continuación ideal de la primera Lectura. Al desahogo de Job, que pide explicaciones de su sufrimiento, Dios responde recordando su propia omnipotencia, que todo lo domina, también las fuerzas de la naturaleza: «¿Quién ha encerrado entre dos puertas el mar?». En un ritmo a contrapunto, el relato del lago coloca a Dios y al hombre frente a frente: Cristo y su señorío, frente al hombre y su miedo. Los pescadores de Galilea se resignan, deponen sus fuerzas y se dejan dominar por el miedo, hasta llegar a la completa consternación cuando ven que Jesús duerme: «¿No te importa que perezcamos?». Esta es la acusación que le hacen, interrumpiendo el sueño del Maestro. Piensan que le resulta ajeno el drama que sufren, como sucede a muchos hombres en la historia. Por este “alejamiento” de Cristo del propio drama, los hombres miden su fe: los discípulos de ayer, como los de hoy, viven en la fe en la medida en que perciben a Cristo como presencia de la y en la vida, jamás extraño a ella. Olvidan que la vida está en las manos del Señor y algunas veces presumen de estar como “exonerados” de las pruebas. En consecuencia, con dificultad vivirán una experiencia dramática como experiencia de fe, hasta llegar a una total confianza en el Señor, si en el tiempo de los consuelos no se desapegan de esto. El Señor reprueba no tanto el miedo, muy humano, como la incapacidad de fiarse de Él por la falta de fe. Piensan que está ausente, porque les falta un verdadero conocimiento de Cristo, como novedad auténtica y definitiva de la vida (II Lectura). ¿Dónde está la medida de esta confianza, si no en la pregunta final de los discípulos, que reconocen lo que ha sucedido y se preguntan: «¿Quién es éste?». En esta pregunta y de tal pregunta consiste todo el sentido religioso humano. La barca “agitada violentamente por la tempestad” es vista por los Padres como la imagen de la Iglesia, que atraviesa las tempestades de la historia. Justamente, cuando se pierde de vista a Cristo como “medida” de la vida, parámetro de toda elección y razón de la existencia, la tempestad parece ser más agresiva. Cuando se comete el error de pensar en la Iglesia sin Cristo, entonces ella está más sujeta a las olas violentas.”Es Él la medida del verdadero humanismo. Una fe “adulta” no es la que sigue las ondas de la moda y la última novedad; adulta y madura es la fe profundamente enraizada  en la amistad con Cristo. Es esta amistad la que nos abre a todo lo que es bueno y nos da el criterio para distinguir entre verdadero y falso, entre engaño y verdad. Esta es la fe adulta en la que debemos madurar, a esta fe debemos guiar el rebaño de Cristo” (Card. J. Ratzinger, Homilía Santa Misa Pro Eligendo Romano Pontifice). La garantía de la salvación es estar con Él, en la barca, a pesar de la tormenta. Su nombre amado, venerado e invocado, es la garantía de que Él jamás priva de su guía a aquellos que ha establecido sobre la roca de su amor (Colecta). La Virgen Santísima, Mater Ecclesiae, nos proteja siempre, y nos obtenga de Cristo la gracia para superar las olas que atacan incesantemente la barca de la Iglesia y nos consiga, en la barca guiada por Pedro, una auténtica santidad de vida.

Categorías:Magisterio

UCM Convocatoria 6o Consejo Nacional

ACM

ACCION CATOLICA MEXICANA

UNION DE CATOLICOS MEXICANOS

CONSEJO NACIONAL

Barranca Del Muerto No. 482, Colonia Alpes, C.P. 01010, México, D.F

UCM

A Los  Asistentes Eclesiásticos Nacionales

A Los Asistentes Eclesiásticos Diocesanos

A Los Asistentes Eclesiásticos Parroquiales

A Los Comisionados Nacionales

A Los Delegados Provinciales

A Los Presidentes Diocesanos

Por medio de la presente y de la manera más atenta, el Presidente Nacional de la Unión de Católicos Mexicanos, conforme a nuestros estatutos:

CONVOCA

A la 6ª Reunión de Consejo Nacional de UCM que se llevara a cabo, Dios mediante,  los días 21 y 22 de Julio del 2012, en  LA  CASA DE A.C.M., que se localiza, en calle Huajuco No. 2708, Colonia  Valle del Huajuco, C.P. 64840. Monterrey, Nuevo León. Con el  Lema:

“UCEMEROS CAMINANDO FUERTES EN LA FÉ”

Uno de los puntos importantes a tratar, es el avance de la venta de boletos para el sorteo de nuestra organización, que se llevara a cabo, para el mes de agosto 2012, el segundo es la preparación, para recibir el año de la Fe, así como también revisar agendas de trabajo de las Comisiones, Delegados y presidentes Diocesanos. Es importante  contar con su presencia, en caso de no poder asistir como Presidente Diocesano, favor de  mandar  un representante de su grupo, con el poder de decisión, para cualquier acuerdo. Gracias.

Para cualquier aclaración o duda llamar a los teléfonos:

Sr. Luis Carlos Aguiñaga                   01818-355-0251 o  8114938305

Sr. Antonio Rangel Enríquez             01818-367-9075

Sr. Jaime Muñoz Muñoz                    01223-275-0715 o  01249-425-0841

La cuota de recuperación, para esta ocasión será de $ 300.00. Y si alguien va a llegar el día viernes 20 de julio, favor de confirmar con el señor Luis Carlos Aguiñaga, ya que los hospedajes  van ser en hotel. Gracias.

Monterrey, Nuevo León, a 7 de Junio del 2012

“FUERTES EN LA FE”

ASISTENTE ECLESIASTICO NACIONAL

 

Pbro. Lic. Miguel Jaime Caballero Becerril, Asistente Eclesiástico

Sr. Antonio Rangel Enríquez
Presidente Nacional

Sr. Jaime Muñoz Muñoz
Secretario Nacional

Categorías:UCM

La realidad latinoamericana y de la iglesia desde aparecida

LA REALIDAD LATINOAMERICANA Y DE IGLESIA DESDE APARECIDA

 

Camilo Maccise

http://www.cirm.org.mx/

INTRODUCCIÓN

a. Objetivo de la Asamblea. – El slogan de nuestra XLIII Asamblea Nacional de la CIRM  es el de Una vida consagrada discípula-mística y misionera-profética en el México de hoy. En él hemos querido expresar nuestra sintonía con los “signos de los tiempos” en nuestra realidad para responder a las interpelaciones de Dios. Celebramos esta Asamblea a menos de un año de la conclusión de la V Asamblea General del Episcopado de América Latina y El Caribe, celebrada en Aparecida, Brasil,  y de la promulgación de su Documento. Esa Asamblea tuvo como tema central ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que  nuestros pueblos en Él  tengan vida.

Para ser discípulo hay que estar a la escucha del Maestro con una actitud contemplativa o mística que lo descubre en la creación, en las personas y en los acontecimientos. De allí brota la exigencia de la misión que se realiza en el testimonio y el anuncio proféticos.

b. Discipulado y misión en el marco de México y de A.L. y El Caribe. – El discipulado y la misión profética se viven y se realizan en unas circunstancias concretas que expresamos cuando decimos en el México de hoy. Nuestra realidad socio-cultural y eclesial es la que nos cuestiona e interpela. Ésta, sin embargo, debe contemplarse dentro del marco más amplio de la realidad latinoamericana y caribeña y de la situación eclesial y de vida consagrada en ella. Esto explica el por qué de esta introducción sobre la realidad latinoamericana y de Iglesia vistas desde el Documento de Aparecida. En él encontramos una buena síntesis sea de la realidad social que eclesial y de los grandes retos que nos presentan. Estos nos están pidiendo un cambio radical, una nueva manera de ser cristianos y personas consagradas, nuevas formas de servir ala gente. Como afirmó el Cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Madariaga “no se trata simplemente de hacer cambios enla casa. Se trata de cambiar de casa. Los cambios culturales son grandísimos. En estos momentos se necesitan nuevos discípulos, capaces de responde a los huracanes profundos culturales que vienen”.

c. Esquema de la exposición. – Divido la exposición en tres partes. En la primera hablaré de la realidad latinoamericana, en la segunda de la realidad eclesial, y en la tercera de la vida consagrada vistas desde Aparecida.  Hago una gran síntesis que debe ser completada con la lectura del Documento.

  1. I.                  LA REALIDAD SOCIO-CULTURAL LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA

a. Ver, juzgar actuar. – Ante todo hay que decir que Aparecida recuperó el método ver, juzgar y actuar, usado en Medellín y en Puebla y que había sido relegado en el Documento de Santo Domingo. En efecto, las tres partes del Documento son: La vida de nuestros pueblos hoy (primera parte): Ver; La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros (segunda parte) Juzgar; y La vida de Jesucristo para nuestros pueblos (tercera parte): Actuar.  

b. Desde una realidad globalizada. – La visión de la realidad socio-cultural de nuestros pueblos aparece de manera relevante en la primera parte, pero también en otros capítulos vuelve a surgir directa o indirectamente. Acertadamente Aparecida coloca el análisis de nuestra realidad dentro del gran fenómeno de la globalización que impacta “la cultura, la economía, la política, las ciencias, la educación, el deporte, las artes y también, naturalmente la religión” (n. 35). Cuando se examina esa realidad hay que evitar perspectivas unilaterales como la económica, la política,la científica. Hay que reconocer la complejidad del fenómeno de la globalización y tener en cuenta todos sus sentidos íntimamente entrelazados. De todos modos, es importante separarlos para poder comprender mejor los retos que presenta.

  1. La situación socio-cultural (nn. 43-59)

a. Un cambio de época. – A lo primero que impacta la globalización es al ámbito socio-cultural. El modo de vivir la cultura y de insertarse en ella está condicionado por este cambio de época. Se ha desvanecido la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios. Se favorece la subjetividad individual que trae consigo también la inconsistencia e inestabilidad junto con la afirmación exasperada de derechos individuales y subjetivos.  La ciencia y la técnica son puestas exclusivamente al servicio del mercado, con los únicos criterios de la eficacia, de la rentabilidad y de lo funcional. Eso propicia una nueva colonización cultural por imposición de culturas artificiales despreciando las locales.

b. Riqueza de la diversidad cultural. – Dentro de este marco universal hay que aceptar que en América Latina y El Caribe existe la riqueza de una diversidad cultural. Están presentes culturas indígenas, afroamericanas, mestizas, campesinas, urbanas y suburbanas con sus características peculiares (cf. n. 56). Estas culturas coexisten en condiciones desiguales con la llamada cultura globalizada. Ellas exigen reconocimiento y ofrecen valores que constituyen una respuesta a los antivalores de la cultura que se impone a través de los medios de comunicación de masas: comunitarismo, valoración de la familia, apertura a la trascendencia y solidaridad.

c. Situación precaria de la mujer. –  Aparecida insiste en la urgencia, desde el punto de vista cultural, de la situación precaria que afecta la dignidad de muchas mujeres “sometidas a múltiples formas de violencia dentro y fuera de casa: tráfico, violación, servidumbre y acoso sexual; desigualdades en la esfera del trabajo, de la política y de la economía… explotación publicitaria…” (n. 48). La avidez del mercado descontrola el deseo de niños, jóvenes y adultos. Especialmente las nuevas generaciones que crecen en la lógica del individualismo pragmático y narcisista.

d. Aspectos positivos del cambio cultural. –  Entre los aspectos positivos de este cambio cultural, aparece el valor fundamental de la persona, de su conciencia y experiencia, la búsqueda del sentido de la vida y la trascendencia. De aquí surge el deseo de encontrarse con otros y compartir lo vivido, como una manera de darse una respuesta. Pero, junto con el énfasis en la responsabilidad individual se niega a las mayorías el acceso a los bienes que constituyen elementos básicos para vivir como personas.

  1. 2.    La situación económica

a. El dios-dinero. -El Documento de Aparecida inicia el n. 62 señalando que la globalización está conducida por una tendencia que privilegia el lucro y sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos. No solamente de los recursos físicos y monetarios sino sobre todo los de la información. Esto conduce a la exclusión de quienes no están suficientemente capacitados e informados, aumenta las desigualdades y mantiene en la pobreza a multitud de personas. Enseguida invita a contemplar los rostros de quienes sufren pobreza material o moral y son excluidos dela sociedad. Habla también de las nuevas pobrezas y hace ver que son fruto principalmente de una globalización sin solidaridad. Los excluidos no son solamente ‘explotados’ sino ‘sobrantes’ y ‘desechables’.

b. La ambición del lucro. -Se pone de relieve el hecho de que las instituciones financieras y las empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías locales, sobre todo, debilitando a los Estados. Subordinan la preservación de la naturaleza al desarrollo económico con daños a la biodiversidad, con el agotamiento de las reservas de agua y de otros recursos naturales, con la contaminación del aire y del cambio climático. La actual concentración de renta y riqueza se da principalmente por los mecanismos del sistema financiero. Es también alarmante el nivel de corrupción en las economías que involucra tanto al sector público como al sector privado y la vincula en ocasiones con el narcotráfico.

c. Marginación y pobreza. – La población económicamente activa de la región está afectada por el subempleo (42%) y el desempleo (9%) y casi la mitad está empleada en trabajo informal. El trabajo formal se realiza en situaciones de injusticia: salarios bajos, y desprotección en el campo de la seguridad social que no permite una vida digna. Los campesinos, en su mayoría, sufren a causa de la pobreza por no tener acceso a tierra propia mientras existen grandes latifundios. Esto orilla a la migración y a la itinerancia dentro o fuera de sus propios países. Se da también un vergonzoso tráfico de personas que incluye la prostitución, aún de menores.

  1. 3.    La dimensión socio-política

a. Desarrollo de democracia participativa. – En los socio-político se constata un cierto progreso democrático, aunque se dan también diversas formas de regresión autoritaria por vía democrática, a veces con corte neopopulista. Se está fortaleciendo la democracia participativa con la irrupción de nuevos actores sociales: indígenas, afroamericanos, mujeres, profesionales, clase media, sectores marginados organizados. Se notan esfuerzos en los Estados por definir y aplicar políticas públicas en los campos de la salud, educación, seguridad alimentaria, previsión social, acceso a la tierra y a la vivienda, creación de empleos y leyes que favorecen las organizaciones solidarias.

b. El flagelo de la corrupción. – Por otro lado sigue vigente la corrupción en la sociedad y en el Estado. La vida social, en convivencia pacífica, se está deteriorando  gravemente en muchos países latinoamericanos y caribeños por la violencia: robos, asaltos, secuestros, asesinatos. Aumenta el crimen organizado y el narcotráfico, los grupos paramilitares. Algunos Parlamentos o Congresos legislativos aprueban leyes injustas por encima de los derechos humanos. No se respetala ecología. La naturaleza ha sido y continúa siendo agredida por intereses económicos.

c. Aspectos positivos. – En América Latina y el Caribe se aprecia una creciente voluntad de integración regional con acuerdos multilaterales. También es positiva la globalización de la justicia en el campo de los derechos humanos y de los crímenes contra la humanidad.

  1. 4.    Los pueblos indígenas y afroamericanos

a. Exclusión y desaparición de culturas. – Se constata que los indígenas y afroamericanos son “otros” diferentes, que exigen respeto y reconocimiento. La sociedad tiende a menospreciarlos, desconociendo su diferencia. Su situación social está marcada por la exclusión yla pobreza. Están amenazados en su existencia física, cultural y espiritual. Sufren grandes ataques a su identidad y supervivencia. Su progresiva transformación cultural provoca la rápida desaparición de algunas lenguas y culturas. La migración, forzada por la pobreza, está influyendo profundamente en el cambio de costumbres, de relaciones e incluso de religión.

b. Valores de las culturas indígenas y afroamericanas. -Por otro lado, los indígenas y afroamericanos emergen ahora en la sociedad y en la Iglesia con sus valores de apertura a Dios, el aprecio de la familia, el sentido de solidaridad. La realidad latinoamericana cuenta con comunidades indígenas y afroamericanas muy vivas que aportan y participan activa y creativamente en la construcción de este continente.

  1. II.              LA REALIDAD DE LA IGLESIA LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE VISTA EN APARECIDA

a. Luces y sombras eclesiales en la evangelización. -La Iglesia recordó su papel evangelizador con sus luces y sombras a lo largo de cinco siglos. Hablando del presente se constata el compromiso que ella ha tenido a favor de los pobres, de la justicia, de la defensa de los derechos humanos. Destaca los esfuerzos pastorales orientados hacia el encuentro con Jesucristo vivo que han dado y siguen dando frutos. Entre ellos: la animación bíblica y pastoral; la renovación litúrgica. Se cuenta con la abnegada entrega de misioneros y misioneras. Crecen los esfuerzos de renovación pastoral en las parroquias favoreciendo un encuentro con Cristo vivo, mediante nuevos métodos de evangelización. Se constata en algunos lugares un florecimiento de comunidades eclesiales de base. La doctrina social de la Iglesia ha animado el testimonio y la acción solidaria de los laicos y laicas. Por otro lado,  se lamenta que haya en la Iglesia algunos intentos de volver a cierto tipo de eclesiología y espiritualidad contrarias a la renovación conciliar como otras reduccionistas. Todavía no se ha dado suficiente acompañamiento a los laicos. Se percibe una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y expresiones. En la evangelización, en la catequesis, en la pastoral persisten todavía lenguajes poco significativos para la cultura actual y especialmente para los jóvenes. El insuficiente número de sacerdotes y su no equitativa distribución imposibilitan que muchas comunidades puedan participar regularmente de la Eucaristía.

b. Retos y anuncio de la Buena Noticia. – La Iglesia  se reconoce “como comunidad de pobres pecadores, mendicantes de la misericordia de Dios”. Desde su pobreza quiere anunciar el evangelio como “buena noticia” frente a los  desafíos socio-culturales que son la pobreza y la exclusión social persistentes e incluso acentuadas; la violencia que se extiende por todas partes; las numerosas emigraciones del pueblo latinoamericano hacia los países ricos del hemisferio norte, los efectos económicos y culturales de la globalización, los cambios religiosos, las migraciones de los fieles de la Iglesia hacia otras Iglesias y grupos cristianos, la comercialización de lo sagrado según una cierta concepción de “mercado religioso”, los nuevos problemas éticos.  Grandes retos también son la misión de la Iglesia en las grandes metrópolis urbanas, la profundización de la fe y el cultivo de un renovado sentido de pertenencia de los católicos a la Iglesia en un entorno cultural caracterizado por la movilidad, la precariedad, y la inestabilidad de las relaciones y los compromisos humanos con las Instituciones tradicionales. y culturales   hacia las realidades de vida de nuestro pueblo: sus sufrimientos y luchas diarias, sus cruces históricas, sus esperanzas y ansiedades de libertad, dignidad y felicidad.  La Iglesia quiere seguir siendo una presencia significativa en las realidades sociales e históricas, políticas, económicas y culturales de nuestros pueblos. La Iglesia en América latina tiene algo propio que decir a los pueblos, a sus organizaciones y a su cultura, esto es: la vida de los pueblos según los diseños de Dios y de su Reino, que no sigue ninguna ideología o teoría económica o partido político.

c. Formación para el testimonio. – Esto requiere mucho trabajo misionero de la Iglesia, mucha paciencia y perseverancia. No es algo que pueda resolverse sólo en el entorno eclesiástico. Vivimos una situación cultural amplia y difusa, que favorece la poca identificación a la fe católica y a la Iglesia. Aparecida quiere ayudar a los católicos a tener una conciencia clara de su identidad cristiana. La formación de la identidad pasa por la formación cristiana de base, por la intensa acción evangelizadora, por la catequesis y la formación mística, el testimonio positivo de la presencia y de la acción de la Iglesia en la vida de las personas y dela sociedad. Para ello quiere comprometerse con el testimonio y el anuncio de la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la familia, de la actividad humana y del destino universal de los bienes y dela ecología. Se insiste en la comunión que debe vivirse en la Iglesia señalando los lugares eclesiales para la comunión: diócesis, parroquias, comunidades Eclesiales de Base, pequeñas comunidades, conferencias episcopales. También se habla de los discípulos misioneros con sus vocaciones específicas: obispos, presbíteros, diáconos, laicos y laicas, consagrados y consagradas.

d. Espiritualidad y formación para la gran misión continental. – La Iglesia en América Latina y El Caribe se compromete a vivir una espiritualidad trinitaria en su encuentro con Jesucristo y a favorecer una formación en todos los niveles y de todos los que la forman. Su misión es un compromiso con la vida especialmente en la promoción de la dignidad humana globalizando la solidaridad y dando prioridad a la opción por los pobres, a la familia y a la cultura. Para ello convoca a una gran misión en todo el continente. A través de ella busca promover una profunda conversión personal y pastoral de todos los agentes evangelizadores para que, con actitud de discípulos, todos podamos recomenzar desde Cristo una vida nueva en el Espíritu. Al mismo tiempo se quiere fomentar una formación kerigmática, integral y permanente que, siguiendo las orientaciones de Aparecida, impulse una espiritualidad de la acción misionera, teniendo como eje la vida plena en Jesucristo. De este modo se busca hacer que las comunidades, organizaciones, asociaciones y movimientos eclesiales se pongan en estado de misión permanente, a fin de llegar hasta los sectores más alejados de la Iglesia y a los indiferentes y no creyentes. Se pretende  destacar en todo momento que la Vida plena en Cristo es una actitud y un servicio que se ofrece a la sociedad y a las personas que la componen para que puedan crecer y superar sus dolores y conflictos con un profundo sentido de humanidad. El Plan considera que estos objetivos se tienen que alcanzar al desarrollarse cinco etapas que pueden variar en el tiempo, según las realidades de cada Conferencia Episcopal y diócesis. Las etapas planteadas son: a) Período introductorio, donde se daría una profundización en el conocimiento de las Conclusiones de Aparecida b) Misión con agentes pastorales y evangelizadores c) Misión con grupos prioritarios d) Misión sectorial e) Misión territorial.

  1. III.            LA REALIDAD DE LA VIDA CONSAGRADA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE VISTA EN APARECIDA

Aparecida habló de la vida consagrada  dentro del gran tema de ser discípulos misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida. Además de dedicarle un apartado dentro del capítulo quinto,  en el que se habla de la comunión de los discípulos misioneros en la Iglesia,  menciona a los religiosos y religiosas en otros capítulos.

a. Luces y sombras de la vida consagrada. -Los consagrados y consagradas son nombrados en último lugar entre los discípulos misioneros (nn. 216-224). Antes se habla de los obispos, presbíteros, párrocos, diáconos permanentes, laicos y laicas. Subraya su papel de ser “testigos del Padre”, es decir de dar testimonio de vida. Esta vida consagrada es un don del Padre por medio del Espíritu. Es decir, entra dentro de los carismas que Él comunica, y “es un elemento decisivo para la misión de la Iglesia”. Pone de relieve con especial énfasis, entre las sombras de la vida de la Iglesia: “no pocas recaídas secularizantes en la vida consagrada influida por una antropología meramente sociológica y no evangélica” (n. 100 b). Por otro lado habla de la necesidad de que la vida consagrada sea mística, comunitaria y profética “hasta la entrega de la vida en continuidad con la tradición y martirio de sus miembros” (n. 220). Se recuerdan las nuevas formas de vida consagrada que hay que discernir, apreciar y formar. Hay que orar por las vocaciones a la vida consagrada y favorecer una conveniente promoción vocacional. La vida contemplativa es valorada por su testimonio del absoluto de Dios y por su vida de oración apostólica.

b. Sentido de la consagración religiosa. – La vida consagrada es un camino de especial seguimiento de Cristo a través de una vida virginal, pobre y obediente como la de Él. Los votos convierten a sus miembros en testigos de libertad frente a los bienes (pobreza), frente a la erotización y banalización de las relaciones (castidad) y frente a una realidad que relativiza el valor de Dios (obediencia). Por su consagración están llamados a dar testimonio de la absoluta primacía de Dios y de su Reino.

c. Vida consagrada misionera en una Iglesia de comunión. – El documento insiste en que la vida consagrada está llamada a ser experta en comunión dentro y fuera de la Iglesia. Se concibe la comunión al interior de la Iglesia como subordinación a los obispos incluso cuando habla de la CLAR y de las Conferencias nacionales de religiosos y religiosas se subraya que actúan bajo la orientación de los Pastores. Sólo de ese modo se da el diálogo fecundo y amistoso. Como es natural en un documento pastoral, el de Aparecida se ocupa sobre todo de la misión de los religiosos y religiosas. Vuelve a repetir que en el desempeño de su misión evangelizadora deben estar en comunión con los Pastores en el sentido de subordinación. Están llamadas a ser espacios de anuncio explícito del evangelio, principalmente anunciado a los más pobres, como lo hicieron desde el inicio dela evangelización. Ha sido significativo en este sentido el aporte de la vida consagrada y su testimonio en la acción pastoral y su presencia en situaciones de pobreza, de riesgo y de frontera, en las periferias urbanas y del interior. El trabajo pastoral de los religiosos y religiosas debe orientarse, según el carisma de cada Instituto, a colaborar en la formación de cristianos discípulos y misioneros para lograr una sociedad justa y humana. Un lugar importante para la formación son las universidades y centros superiores de educación católica.  Finalmente, la vida consagrada está llamada a participar en organismos ecuménicos y debe renovar su espíritu misionero y dar importancia a su formación universitaria y permanente.

CONCLUSIÓN

 

         Esta visión sintética de la realidad latinoamericana, de la  eclesial  y de vida consagrada nos prepara para examinar, dentro de un marco general más amplio, la realidad de nuestro país, de nuestra Iglesia y de nuestra vida consagrada para que ésta sea discípula-mística y misionera-profética en el México de hoy.

 

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Laicos católicos deben participar en política sin sucumbir a sed de poder, dice el Papa

Laicos católicos deben participar en política sin sucumbir a sed de poder, dice el Papa

http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=33618 

VATICANO, 26 May. 11 / 05:14 pm (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Benedicto XVI señaló esta tarde que los laicos católicos deben participar, en primera persona, en la vida pública y política para ofrecer su necesaria contribución a la sociedad, formados a partir de la Doctrina Social de la Iglesia que los purifique de la “sed de poder”.

Así lo indicó el Papa en su discurso luego de presidir el rezo del Rosario con los obispos italianos en ocasión del 150° aniversario de la unidad del país, en el que se meditó los misterios luminosos instituidos por el Beato Juan Pablo II.

El Santo Padre dijo también a los obispos: “no dudéis en estimular a los fieles laicos a vencer todo espíritu de cerrazón, distracción e indiferencia y a participar en primera persona en la vida pública”.

A los prelados que celebran su asamblea plenaria desde el lunes, el Papa alentó a “animar las iniciativas de formación inspiradas en la Doctrina Social de la Iglesia, para quien está llamado a la responsabilidad política y administrativa no sea víctima de la tentación de explotar la propia posición para intereses personales o sed de poder”.

En la Basílica romana de Santa María la Mayor, indica la nota de Radio Vaticana, Benedicto XVI destacó que cada uno de los católicos miembros de la Iglesia debe promover y tutelar la vida humana en todas sus fases, sostener a la familia.

Asimismo exhortó a los que participan en la política y al mundo empresarial a que hagan todo lo que esté a su alcance para superar la precariedad en el trabajo, “que en los jóvenes compromete la serenidad de un proyecto de vida familiar, con un grave daño para un auténtico desarrollo y armónico de al sociedad”.

El Papa también resaltó la necesidad de la oración en la vida cotidiana como fuente de todos estos esfuerzos, y puso como ejemplo de la misma a la Virgen María con quien “hemos sido invitados a compartir los pasos de Jesús”.

“Que la oración nos ayude a reconocer en Él el centro de nuestra vida, a permanecer en su presencia, a conformar nuestra voluntad a la suya, a hacer ‘lo que él os diga’ seguros de su fidelidad”.

Benedicto XVI subrayó luego que “éste es el deber esencial de al Iglesia, por Él coronada como mística esposa, como la contemplamos en el esplendor de la cúpula del ábside. ‘María se ha fiado: ella es la ‘bienaventurada’, y es así por haber creído hasta estar revestida por Cristo para entrar en el “séptimo día” a participar del descanso de Dios”.

“La disposición de su corazón –escucha, acogida, humildad, fidelidad, alabanza y espera– corresponden a la disposición interior y a los gestos que plasman la vida cristiana. De ellos se alimenta la Iglesia, consciente de que expresan aquello que Dios espera de ella”.

Tras resaltar que Italia puede “estar orgullosa de la presencia y de la acción de la Iglesia”, el Papa reiteró una vez más que “la Iglesia no persigue privilegios ni quiere intervenir en la responsabilidad de las instituciones políticas. Respetuosa de la legítima laicidad del Estado está atenta en el sostener los derechos fundamentales del hombre”.

“Entre estos hay sobre todo las instancias éticas y por tanto la apertura a la transcendencia, que constituyen valores previos a cualquier jurisdicción estatal porque están inscritos en la naturaleza misma de la persona humana”, añadió.

Finalmente el Papa hizo votos para que “el ejemplo de María abra el camino a una sociedad más justa, madura y responsable, capaz de redescubrir los profundos valores del corazón humano”.

“Que la Madre de Dios –concluyó– anime a los jóvenes, sostenga a las familias, consuele a los enfermos , implore a cada uno a reconocer y a seguir también en este tiempo

Categorías:DSI

La democracia y los católicos

La democracia y los católicos

Ataliva Amengual 1

http://www.ataliva.cl/

 

 

ÍNDICE

Sociedad y política

El mundo moderno es plural

La particularidad de la democracia

Valores y madurez democrática

El desafío de la democracia y el pluralismo

Una paradoja para los católicos

Una sociedad democrática moralmente pluralista

El diálogo

Nuestra responsabilidad

 

Abstract: El autor comienza aceptando que lo que escribe es discutible, sólo intenta invitar a la reflexión.

Afirma que la política es la forma de sociedad más amplia.

Constata y analiza la pluralidad en el mundo.

Enseguida pasa examina la particularidad de la democracia y la relación entre valores y la madurez democrática.

A continuación pasa a considerar una paradoja para los católicos, como consecuencia de una sociedad democrática moralmente pluralista.

Prosigue acentuando la necesidad de diálogo en la vida sociopolítica.

Y finalmente señala nuestra responsabilidad como católicos en la vida social y política.

Sociedad y política.

Entre las distintas formas naturales de agrupación humana, la sociedad política es la más amplia.

La política debe perseguir la construcción del bien común de la sociedad.

El bien común de la sociedad, que la política aspira a realizar, se alcanza en la medida en que sus miembros vean promovidas las expectativas de alcanzar una vida cada vez más acorde con su dignidad de personas; no consiste sólo en procurar la satisfacción de algunas necesidades, sino también crear aquellas condiciones éticas que faciliten la plena realización del hombre.

Como enseña Hannah Arendt, la propia política tiene como base la pluralidad de los hombres 2. La tarea propia de la política es organizar las cosas, en común, en medio de las diferencias. La política trata de la convivencia entre los diferentes. El pluralismo, por tanto, no es una concesión del político, sino una condición de la propia humanidad.

El mundo moderno es plural

La pluralidad de opiniones no resulta de la limitación de la razón humana, sino que más bien es un efecto lógico de nuestra libertad personal 3 y de que la experiencia humana, por abundante que sea, no es capaz de satisfacer completamente la realidad.

Los problemas con los que nos enfrentamos tienen aspectos múltiples, y hay maneras diferentes de enfrentarlos.

La particularidad de la democracia diferente

La democracia es una forma de organización de grupos de personas, cuya particularidad sobresaliente es que el sujeto del poder radica en la totalidad de sus miembros, dando lugar a que la toma de decisiones corresponda a la voluntad colectiva de los integrantes del grupo.

En sentido estricto la democracia es una, forma de gobierno, un modo de organización del Estado en el cual las decisiones sociales son adoptadas por el pueblo por medio de procedimientos de participación (directa o indirecta) que otorgan legitimidad a los representantes. En términos generales, podemos decir que, la democracia es un modo de organización social para que la multiplicidad de personas diferentes pueda convivir; en que todos los miembros, sin distinción, son libres e iguales y donde las relaciones sociales se establecen de acuerdo a procedimientos que crean vínculos jurídicos consensuados que fundan derechos y obligaciones.

La particularidad de la democracia consiste en que nos faculta para profesar nuestros modos de pensar, sentir, decidir, relacionarnos y actuar en coherencia con nuestros valores vitales. Cuando se acepta esta particularidad democrática entre los valores humanos, estamos reconociendo que el hombre es el supremo valor y que el ser humano no debe estar supeditado, ni al Estado, ni a instituciones o estructuras sociales que hagan de él un mero instrumento.

La particularidad de la democracia es que es un modo de ordenación 4 social que funda una visión de la vida social, visión que es criterio fundamental por la que adecuamos nuestras interacciones y actuaciones en el medio sociopolítico. Todo orden, sistema, organización o partido democrático, deben de estar orientados esencialmente al servicio del pueblo, que es el que le otorga el poder y la autoridad. En la democracia el ciudadano no es para las instituciones o estructuras, sino las estructuras para el bien común ciudadano.

Cuando la democracia se corrompe, se pone en primer lugar a las estructuras, a las organizaciones, a los partidos, a los candidatos y al gobierno.

Sólo respetando y cumpliendo con la particularidad de la democracia se logrará que ella resplandezca con toda su moralidad y legitimidad.

Una persona o una comunidad que se comprometa con esta particularidad de la democracia, sustentará el bien de la persona y de la sociedad, es decir, el bien común.

Valores y madurez democrática

Los valores democráticos, que acepta un individuo como propios en su vida, orientan su actividad en su modo de relacionarse socialmente y en la política.

Vivir los valores de la democracia lleva a la persona a la madurez democrática a través de la cual la persona manifiesta su interés por lo social y lo político. Estos valores se reflejan en el respeto por las personas, las instituciones y organizaciones que participan y colaboran en los procesos democráticos para el bien común de la sociedad.

La particularidad democrática, requiere en sí el compromiso de aquellos valores esenciales en una auténtica democracia, entre otros: la verdad 5 , la libertad 6 , la solidaridad 7 , el pluralismo, la tolerancia 8 y la justicia 9 . Valores cimentados en la excelencia y dignidad de la persona.

La vivencia de los valores lleva a la madurez democrática de la persona que proclama su vocación por lo social y lo político. Por el contrario, una persona sin valores denota inmadurez socio-política pues ha abandonado el bien común.

Una democracia sin valores expresa inmadurez socio-política y se expresa en el uso del engaño, la falsedad las calumnias, por los ofrecimientos populistas, por la prostitución del voto comprando la aceptación del pueblo y produciendo, finalmente, la desconfianza e incredulidad acerca de la democracia.

El desafío de la democracia y el pluralismo

Un desafío es el que presenta la comprensión y la gestión del pluralismo y de las diferencias en todos los ámbitos: de pensamiento, de opción moral, de cultura, de adhesión religiosa, de filosofía del desarrollo humano y social…, porque en la historia se ha abierto una nueva época, que atañe al destino de la humanidad. 10 Observamos que hay tantas éticas y valores como grupos humanos.

En esta sociedad plural, el individuo está forzado a elegir. El pluralismo implica una pluralidad de visiones que transmiten las ideologías, la ciencia y la publicidad, entre otros agentes.

El pluralismo nos sitúa en una perspectiva relativista «… que caracteriza muchos aspectos de la cultura contemporánea. No falta quien considera este relativismo como una condición de la democracia ya que sólo él garantizaría la tolerancia, el respeto recíproco entre las personas y la adhesión a las decisiones de la mayoría, mientras que las normas morales, consideradas objetivas y vinculantes, llevarían al autoritarismo y a la intolerancia.» 11

La democracia necesita solucionar la cuestión de la pluralidad en la sociedad, es decir, la cuestión de cómo resolver la coexistencia de todas las cosmovisiones, en una sociedad democrática. Cómo arbitrar la relación que ha de guardar el Estado 12 con todas ellas, asegurando su neutralidad respecto a ellas, pero no su indiferencia; pues las considera a todas como consecuencia de una sana laicidad, que no de laicismo. Una democracia moderna es inseparable del pluralismo y de la neutralidad respecto a las múltiples cosmovisiones en que consiste la laicidad.

El pluralismo deriva de la propia condición humana y de la libertad de conciencia.13 El pluralismo, es una consecuencia de la libertad de la persona. El pluralismo no se opone a la existencia de sociedades ordenadas y estables, siempre que éstas sean sociedades tolerantes y donde se respete al otro, como alguien igualmente digno, libre y razonable, con capacidad de concebir y de juzgar. La cooperación y la confraternidad en la sociedad substituyen en las comunidades bien ordenadas, como son las democráticas, a la lógica del conflicto propio de las sociedades cerradas.

La pluralidad y la laicidad no pueden significar de ningún modo la renuncia a las propias convicciones. Uno puede respetar y defender el derecho de cada uno a seguir los dictados de su conciencia, pero otra cosa es abandonar la crítica de sus ideas, crítica que la persona libremente podrá aceptar o rechazar. Una verdadera democracia, puede nacer y crecer, solamente, si se basa en la igualdad de todos sus miembros, unidos en sus derechos y deberes.14

Hay que proteger el pluralismo y la laicidad de los extremos: el del monismo (creer que existe un único código moral, que debe imponerse a todos los ciudadanos porque es el verdadero) y el del relativismo (todo vale lo mismo)15 o el del monólogo moral (considerar que los distintos códigos morales son tan diferentes que no se puede establecer entre ellos un diálogo que permita coincidir en valores y principios compartidos). Debemos tener un equilibrio en nuestra manera de concebir para que no nos lleve a la falta de tolerancia hacia los otros y que la tolerancia hacia los otros no nos conduzca al todo vale lo mismo del relativismo o al escepticismo respecto al diálogo.

Si la vida social se fundamenta en simples consensos obtenidos democráticamente, debemos aceptar la decisión de la mayoría, puesto que la particularidad democrática garantiza la íntegra práctica de los derechos políticos, comprometiéndose al principio de la soberanía popular a través del sufragio universal, igual, secreto y obligatorio. Señalemos que la elección se fundamenta en el número. No son las razones, no los argumentos, no la verdad, no el orden ni el derecho; sólo el número.

Al aceptar la democracia nos arriesgamos a perder y nos obligamos a admitir el rechazo de principios y cuestiones morales objetivas.

Una paradoja para los católicos

Es imperioso confesar que la pluralidad y la exigencia del diálogo traen consigo varios retos para los católicos. El principal de ellos es reconocer a la otra persona, ver en ella a Cristo mismo, reconocerlo como nuestro prójimo, respetar su dignidad. No sólo tolerancia, el católico debe tener solidaridad. De acuerdo al mandamiento del amor, el católico debe promover el amor en la vida pública, en especial en la política.

Nuestra misión de fieles, en cuanto ciudadanos, es actuar en favor de un orden justo en la sociedad, es configurar rectamente la vida social, promoviendo organizada e institucionalmente el bien común, en cooperación con los otros ciudadanos.

Entonces si los católicos, como consecuencia de la realidad plural, debemos considerar no sólo la propia creencia sino también la ajena y aún la contraria estamos equiparando a la verdad con el error; eso es lo que debemos aceptar, si entramos en el sistema democrático. Estamos igualando acciones justas e injustas, como si fueran ambas posiciones igualmente admisibles.

Parece una paradoja, para los católicos, la necesidad existente en las sociedades laicas, pluralistas, de un razonamiento que justifique un mínimo acuerdo moral en lo político para intentar lograr un máximo de consenso político.

En la búsqueda del bien común los católicos, pues, nos encontramos con esta paradoja, con un problema aparentemente insuperable: ¿cómo aspirar a defender la verdad en un régimen al que le resulta neutral la verdad, o que la somete al parecer mayoritario? ¿Qué sucede cuando nuestras certezas más profundas se enfrentan con decisiones impuestas por consenso?

¿Cómo compatibilizar el catolicismo con la particularidad de la democracia?

Ante todo señalemos la obligación de los católicos de participar en las actividades sociales: “Se equivocan los católicos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta de que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la vocación personal de cada uno». Alégrense los fieles católicos«de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una síntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico, con los valores religiosos, bajo cuya altísima jerarquía todo coopera a la gloria de Dios».16 Más aún, deben participar en la actividad política 17 y hacerlo con respeto y amor con quienes sienten u obran de modo distinto al nuestro en materia social, política e incluso religiosa.

Entre los católicos que participan de la vida social se pueden encontrar, quizá, grupos que viven ignorando la pluralidad de la sociedad, que la conciben de modo monista, absolutista. Mientras que hay otros sectores donde el tema religioso no se debe tocar socialmente, lo religioso es sólo un asunto privado, de suerte que el creyente debe de autocensurarse si no quiere ser proscrito de la vida social. También existen los que aceptan y promueven una ciudadanía compleja; ciudadanía compleja que no desprecia las diferencias, entre ellas, las que manifiestan conflictos con la religión, sino que las acoge: El católico debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales discrepantes y debe respetar a los ciudadanos que, aun agrupados, defienden lealmente su manera de ver. 19

El respeto de la libertad personal, en la democracia exige la ciudadanía compleja.

“Católico” significa etimológicamente “universal”: esta expresión alude a la unidad compleja fundamentada en la comunicación de las diferencias, la unidad en la multiplicidad.

La Iglesia nos orienta a nosotros los católicos acerca de cómo cumplir nuestra misión cuando nos dice: escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas y para ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, un mundo caracterizado por cambios profundos y acelerados, que sobrevienen sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. 20

La Iglesia Católica propone su doctrina social como un diálogo 21 con todos aquellos que buscan sinceramente el bien del hombre 22 y la transformación de las relaciones sociales, que no están establecidas de una vez por todas, sino que están en continuo desarrollo en sus determinaciones concretas.23 Es, al parecer, inimaginable la política sin alguna clase de divergencias. Dichas divergencias manifiestan la existencia de conflictos específicos. En toda sociedad existen conflictos.. La democracia exige que los conflictos que surjan sean sometidos a reglas comunes originadas y aceptadas por el diálogo constructivo 25 y renunciando a la violencia. La violencia frena el desarrollo auténtico e impide la evolución de los pueblos hacia un mayor bienestar socioeconómico y espiritual. 26

Para los católicos hay valores fundamentales que son absolutos: la dignidad de las persona, el respeto y la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Todos estos valores que el católico acepta y propone son criterios para tomar decisiones políticas.

Subrayemos, nuevamente, que la norma fundamental del sistema democrático no es la Verdad, sino el número, la mayoría. El sistema democrático faculta que un acuerdo mayoritario, aunque injusto e inmoral, se convierta en ley. En consecuencia un partido político, que adopte la doctrina social de la Iglesia o un católico que vote en contra de esa decisión inmoral, no tendrá ningún efecto frente a una mayoría que no la acate porque la oposición del católico a la propuesta inmoral es condicionada al principio democrático de la mayoría, de la legalidad, aunque ilegítima.

Más aún, podemos advertir que ningún partido político está dispuesto a mantener íntegramente todos los preceptos contenidos en la concepción del catolicismo. Ningún partido político, si acepta la democracia, por más católico que sea, puede defender integralmente estas verdades absolutas.

Si los católicos pretendemos imponer políticamente nuestros valores absolutos dentro del mismo sistema democrático, terminamos consolidando la legalidad injusta que permite negarlos. Cuando fracasemos en una elección, estaremos forzados por el principio democrático a aceptar como legal la postura de los contrarios. De nada servirá que invoquemos al derecho natural, o los principios no negociables, en un sistema que se desentiende por norma de la verdad y del bien objetivos. 27

La manera de entender la ciudadanía democrática, el pluralismo y la tolerancia hacia las otras personas significa, para los católicos, ser capaces de colaborar políticamente, y supone la decisión de reconocer la legitimidad de las decisiones y procedimientos democráticos, incluso, cuando impliquen la negación de las propias convicciones fundamentales acerca del bien. Los católicos debemos, por consecuencia, apoyar como legítimas las instituciones políticas incluso cuando, en casos definidos, originen decisiones que reconozcamos profundamente injustas por afectar valores morales esenciales o por ser corruptoras del bien común. Se trata de cooperar aunque estemos en oposición, incluso cuando ese conflicto sea profundo y supone la decisión de anular esas decisiones o reformar esas instituciones exclusivamente con procedimientos legales, democráticos, intentando convencer a los otros ciudadanos de la razonabilidad de nuestros requerimientos, con lo cual, fortalecemos la legitimidad de las instituciones democráticas. Lo anterior supone para los católicos avalar la importancia y la exigencia de un entendimiento compartido sobre los valores morales mínimos y fundamentales sobre los que se puede establecer la vida social democrática.

Es común que los países democráticos proclamen oficialmente que están permitidas todas las ideologías políticas que no violen su Constitución, y que tales ideologías pueden estar representadas por los partidos políticos los cuales deben competir en elecciones libres para conquistar el voto del pueblo. Y en la vida social democrática las personas también pueden optar por distintas concepciones morales, que en su diversidad deben ser respetadas por todos, siempre que no quebranten la Constitución. Es decir, que en las sociedades democráticas junto al pluralismo político existe un pluralismo moral.28

Compartir y sostener valores morales mínimos fundamentales en la vida política, en una sociedad democrática, plural en sus ideologías o concepciones globales del mundo, y laicas en su organización estatal, es algo, para el católico, no sólo no inconveniente, sino necesario.

Una sociedad democrática moralmente pluralista

Una sociedad democrática moralmente pluralista es aquella en la que conviven distintos propósitos máximos, distintas opciones para la vida, y cuya subsistencia como sociedad permanece porque las personas comparten propósitos mínimos, de los que no pueden descender sin caer bajo los límites de humanidad. Se trata de tomar parte en unos mínimos y respetar activamente y promover unos máximos para convivir.

El pluralismo moral se produce en las sociedades democráticas en las que conviven distintos códigos morales.

Una sociedad pluralista puede basarse meramente en la coexistencia de distintas éticas de máximos que pactan no agredirse, o bien fundamentarse en la convivencia, e incluso en la edificación conjunta de la vida común, que exige respeto activo recíproco, y no sólo tolerancia pasiva.

Esta base común compartida es la ética política, porque es la ética de las personas como ciudadanas, como miembros de una comunidad política.

Una democracia moderna es inseparable del pluralismo y de la neutralidad religiosa en que consiste la laicidad.

El pluralismo deriva fundamentalmente de la propia naturaleza humana y de la libertad de conciencia 29 .

El pluralismo, una consecuencia del libre juego de la razón humana, no es obstáculo para la existencia de sociedades ordenadas y estables, siempre que sean sociedades tolerantes y donde se reconozca al otro, como un ser igualmente digno, libre y razonable, capaz de pensar y de creer. La cooperación social y la amistad cívica como se dan en las sociedades democráticas, bien ordenadas, reemplazan, al conflicto y a la dialéctica de lucha propios de las sociedades cerradas.

El principio pluralista construye una síntesis entre la diversidad y la igualdad que sólo puede ser realizada por la aplicación de la política del bien común.

La aceptación política del pluralismo es necesaria y plenamente capaz para proporcionar una plataforma común para la cooperación de los ciudadanos en condiciones de pluralismo moral.

En el marco de la laicidad y del pluralismo es posible integrar las creencias religiosas y las pretensiones de verdad metafísica con un modo democrático, de entender la vida política.

El Credo de los católicos de carácter sobrenaturalmente revelado, no excluye la concepción de la ley natural que podemos conocer por la razón 30 y que posee en sí misma una dimensión política y secular, esto es, puramente racional enraizada en la verdad metafísica acerca del hombre.

Sin la razón la fe fracasa; sin la fe, la razón corre el riesgo de atrofiarse. 31

La respuesta a la posibilidad de conocer, compartir y mantener esos valores morales mínimos fundamentales, en nuestras sociedades, la da el magisterio de Benedicto XVI, por ejemplo, en sus Discursos de Aparecida32 y de Rastibona33 , puesto que tales valores son plenamente accesibles a la razón humana integral, es decir, abierta a Dios.

El fundamento de una auténtica democracia nos dice Juan Pablo II está «Sólo en la obediencia a las normas morales universales el hombre halla plena confirmación de su unicidad como persona y la posibilidad de un verdadero crecimiento moral. Precisamente por esto, dicho servicio está dirigido a todos los hombres; no sólo a los individuos, sino también a la comunidad, a la sociedad como tal. En efecto, estas normas constituyen el fundamento inquebrantable y la sólida garantía de una justa y pacífica convivencia humana, y por tanto de una verdadera democracia, que puede nacer y crecer solamente si se basa en la igualdad de todos sus miembros, unidos en sus derechos y deberes. Ante las normas morales que prohíben el mal intrínseco no hay privilegios ni excepciones para nadie. No hay ninguna diferencia entre ser el dueño del mundo o el último de los ‘miserables’ de la tierra: ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales.»34

El diálogo

Es posible avanzar hacia una convivencia, más cooperativa, más humanizadora, entre las personas, a pesar de las diferencias en cuanto a creencias y particularidades éticas, cuando se da la pluralidad en el diálogo racional. Éste emerge ya no solamente como un deber ético, sino como una verdadera necesidad para poder llegar a acuerdos comunes con quienes no comparten nuestra forma de pensar.

En efecto, es siempre el Espíritu quien actúa, ya sea cuando vivifica la Iglesia y la impulsa a anunciar a Cristo, ya sea cuando siembra y desarrolla sus dones en todos los hombres y pueblos, guiando a la Iglesia a descubrirlos, promoverlos y recibirlos mediante el diálogo.35

En el diálogo se auscultan asuntos complejos y difíciles desde muchos aspectos. La sociedad debe explicitar sus supuestos, comunicarlos libremente. El resultado es una exploración libre que permite hacer aflorar la experiencia y el pensamiento de la sociedad. El diálogo se justifica en la intención de descubrir mutuamente nuestro pensamiento y comunicarlo a los demás.

En el diálogo la sociedad tiene la ocasión de aprender a observarse.

A través del diálogo los ciudadanos pueden ayudarse mutuamente a captar las diferencias de los propios pensamientos, y a ir al encuentro del pensamiento común, compartido socialmente, perfeccionándolo. No se trata solamente de buscar un ideal abstracto de coherencia. Todos los ciudadanos deberíamos trabajar juntos para volvernos sensibles a todas las formas posibles de unidad en la multiplicidad social.

Para que se dé el diálogo deberíamos escuchar al otro y después comunicarle racionalmente nuestra perspectiva, reconociéndonos como partícipes de la misma sociedad a la cual pertenecemos.

En un diálogo se pueden explorar asuntos dificultosos, en él se busca una comprensión más compleja, que proporcione el acuerdo social, en los problemáticos asuntos sociales.

Para que exista un verdadero diálogo, no basta que las personas hablen, expongan sus ideas y las discutan. Esto puede ser hasta engañosamente llamado “diálogo”. Para que sea verdadero debe existir un prejuicio, un único prejuicio: creer que siempre lo que el otro aporta me va a enriquecer. Que las actitudes y valores del otro, su sinceridad, sus ideas, su riqueza personal, sus experiencias de vida, me darán un aporte que me va a enriquecer y a abrir una cercanía a su mundo. El diálogo requiere, por eso, una disciplina. 36

Los católicos debemos en medio del mundo, dialogar con el mundo como cristianos, entrar así en la “razón pública”, y encontrar allí, sí, un “cristianismo en común con el no cristiano”. 37

Es necesario señalar que sólo desde la identidad propia es posible dialogar con quienes no piensan como uno. Se debe respetar y defender el derecho a seguir los dictados de la conciencia de cada uno, pero otra cosa es renunciar a la crítica de sus ideas, crítica que la persona aceptará o rechazará libremente.

El católico trata de dialogar no para hacer retroceder, la laicidad, el proceso de secularización y transitar hacia la segregación de los no católicos, sino exactamente al contrario: para mantener y, si es necesario, defenderlos integrándolos a la cultura política secular basada en los derechos humanos y en las libertades políticas fundamentales, pero sin negar el Credo católico que las incluye y, asimismo, sin dejar de señalar que este mundo moderno secular es consecuencia de la índole civilizadora del cristianismo.

Hay que abandonar las vacilaciones y tener seguridad en lo que se afirma, es como se puede ser interlocutor válido con la contraparte. La política requiere superar el escepticismo pragmático y responder a las preguntas ciudadanas. Esto no puede hacerse sin un prudente y sincero diálogo.

El católico debe luchar por su identidad, …para que el diálogo pueda ser verdaderamente constructivo, además de la apertura a los interlocutores, es necesaria la fidelidad a la identidad de la fe católica 39para que su propia visión pueda ser considerada tan valiosa como cualquier otra en la edificación de las estructuras políticas, en la formulación de las decisiones de las que depende el desarrollo y, en consecuencia, la paz.

Afirmamos que para que el diálogo sea eficaz tenemos que ver en él sólo un instrumento y no un fin, hay que renunciar a la idea de que únicamente renunciando a dar testimonio de la propia identidad se puede alcanzar la paz y el respeto del otro.

Los seres humanos mediante el diálogo abierto, el examen sereno y la contrastación con la experiencia, podemos y debemos cooperar en el quehacer público por el bien común de las personas y la sociedad.

El diálogo, si se realiza con voluntad decidida, y si busca descubrir realmente lo que se comparte proporciona, poco a poco, principios y valores comunes. El diálogo, es el factor por excelencia que ha permitido a las democracias consolidarse como sociedades más humanas.

Nuestra responsabilidad 40

Si cada católico debe asumir una responsabilidad activa en materia política, ello significa para él una serie de deberes ineludibles.

El primero de estos es formarse. Se trata, sin duda, de la formación general como persona y como católico, pero más en particular, en vinculación con nuestras responsabilidades políticas, es preciso lograr una respuesta coherente a los desafíos de nuestro tiempo a la luz del Evangelio y de la enseñanza social de la Iglesia.41

El segundo de estos deberes es informarse de modo veraz y oportuno.42 Sin adecuada información resulta imposible conocer la realidad social, las necesidades que ella plantea, y muchos menos concebir las propuestas más adecuadas para el desarrollo justo de la sociedad. Como católicos tenemos la responsabilidad de analizar críticamente la realidad en la cual vivimos. A través de la información y de su análisis crítico podemos conocer los problemas y buscar alternativas de solución adecuadas.43

El tercero es el derecho-deber de cada católico es de participar en la vida social y política44 según su personal vocación. Una primera forma de participar es a través de las organizaciones y movimientos sociales. Ellos pueden ejercer una presión real sobre los gobernantes para que tomen las decisiones en función del bien común y fiscalizando sus actuaciones. Y una segunda forma de participación, y más eficaz, es militando en un partido político.45

Respondiendo de este modo los católicos cooperaremos para construir la democracia sobre la idea del bien común, como condición de posibilidad de una sociedad en la que todos podamos vivir en justicia y paz siguiendo el deseo expreso del Papa Benedicto XVI al publicar “Caritas in veritate” (Caridad en la verdad) que este documento “ayude a la humanidad a sentirse una única familia comprometida en realizar un mundo de justicia y de paz”. 46

NOTAS

  1. Ataliva Amengual

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Santiago. CHILE

Fono: 56-2-325 4045

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Skype: Buscar usuario Skype

 

  1. Hannah Arendt, O que é política?, Río de Janeiro: Bertrand Brasil, 1999, 2 ed. p. 21
  2. Véase al respecto: Gabriel Zanotti.. PERSONA HUMANA Y LIBERTAD. www.hacer.org/pdf/Zanotti03.pdf
  3. Juan Pablo II. Evangelium vitae 70d… es un ‘ordenamiento’ y, como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter ‘moral’ no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que, como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es, depende de la moralidad de los fines que persigue y de los medios de que se sirve.
  4. Mirar en nuestro blog www.ataliva.cl nuestro trabajo EDUCACIÓN Y VALORES 1. LA VERDAD.
  5. Fijarse en nuestro blog www.ataliva.cl nuestro trabajo EDUCACIÓN Y VALORES 3. LA LIBERTAD 1ª parte y 2ª parte
  6. Ver en nuestro blog www.ataliva.cl nuestro trabajo FRATERNIDAD Y SOLIDARIDAD
  7. Sugerimos ver en nuestro blog www.ataliva.cl el siguiente: ENSAYO DE REFLEXIÓN SOBRE EL RELATIVISMO, LA TOLERANCIA Y EL PLURALISMO.
  8. Sobre este tema invitamos ver en nuestro blog www.ataliva.cl: LA JUSTICIA SOCIAL y JUSTICIA Y SOLIDARIDAD.
  9. Compendio de la doctrina social de la Iglesia. Nº 16
  10. Juan Pablo II Evangelium vitae 70ª
  11. Benedicto XVI. VATICANO, 02 Oct. 09 / 02:14 pm (ACI). “es necesario que exista una distinción justa entre Iglesia y Estado, sin separar a la Iglesia de la vida social y cultural”. http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=27057
  12. Esta libertad concreta encuentra su fundamento en la naturaleza misma del hombre de quien es propio el ser libre, y, según los términos de la Declaración del Concilio Vaticano II esta libertad permanece “también en aquellos que no cumplen la obligación de buscar la verdad y adherirse a ella; y no puede impedirse su ejercicio con tal de que se respete el justo orden público” (Dignitatis humanae, 2 ). LA LIBERTAD DE CONCIENCIA Y DE RELIGIÓN. 1/9/1980. Documento de la Santa Sede, enviado por el Papa Juan Pablo II a los Jefes de Estado de los países firmantes del Acta Final de Helsinki, en vísperas de la Reunión de Madrid sobre Seguridad y Cooperación en Europa.
  13. Juan Pablo II. Veritatis splendor, 96b
  14. Juan Pablo II Evangelium vitae 70ª
  15. Gaudium et spes Nº 43
  16. Juan Pablo II. Christifideles laici Nº 42
  17. Gaudium et Spes, nº 28
  18. Gaudium et spes Nº 75. Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la cosa pública, en la determinación de los campos de acción y de los metas de las diferentes instituciones y en la elección de los gobernantes. Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común. La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio. Los católicos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común, así demostrarán también con los hechos cómo pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa diversidad. El católico debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales discrepantes y debe respetar a los ciudadanos que, aun agrupados, defienden lealmente su manera de ver. Los partidos políticos deben promover todo lo que a su juicio exige el bien común; nunca, sin embargo, está permitido anteponer intereses propios al bien común.
  19. Gaudium et spes, nº 4
  20. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 534
  21. Ibid. 10
  22. Ibid. 53
  23. Ibid. 445
  24. Ibid. 438 y “En nombre de Dios, el Papa pide a todos renunciar al instrumento de la violencia que causa tantos sufrimientos y de emprender el camino de la paz”. Al mismo tiempo, el Pontífice pide a la comunidad cristiana de Paquistán que no renuncie a sus propios esfuerzos “para ayudar a construir una sociedad en la que un profundo sentido de confianza en los valores humanos y religiosos “se caracterice por el mutuo respeto de todos sus miembros”. Telegrama del Papa a Pakistán. 04-08-09. Benedicto XVI exhorta a renunciar a la violencia y a emprender el camino de la paz en Pakistán. http://www.cope.es/religion/04-08-09–benedicto-xvi-exhorta-renunciar-violencia-emprender-camino-paz-pakistan-73759-1
  25. Benedicto XVI. Caritas in veritati, nº 29
  26. JUAN PABLO II, Carta Encíclica Evangelium vitae, 73. “… del caso en que no fuera posible evitar o abrogar completamente una ley injusta en vigor o que está por ser sometida a votación, que este parlamentario, cuya absoluta oposición personal a dicha ley es clara y notoria a todos, pueda lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública. Obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta; antes bien, se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos”.
  27. Gaudium et spes Nº 75. Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la cosa pública, en la determinación de los campos de acción y de los metas de las diferentes instituciones y en la elección de los gobernantes. Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común. La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio. Los católicos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común, así demostrarán también con los hechos cómo pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa diversidad. El católico debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales discrepantes y debe respetar a los ciudadanos que, aun agrupados, defienden lealmente su manera de ver. Los partidos políticos deben promover todo lo que a su juicio exige el bien común; nunca, sin embargo, está permitido anteponer intereses propios al bien común.
  28. León XIII, Libertas praestantissimum: AL 8,237-238 (Roma 1888). Juan XXIII. Mater et magistra AAS 53 (1961) 430. Concilio Vaticano II. Declar. Dignitatis húmame ,sobre la libertad religiosa, 2
  29. Juan Pablo II. FIDES et Ratio. 14 de septiembre de 1998. Recomendamos encarecidamente esta Encíclica de la cual extractamos los siguientes párrafos: La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad; La Iglesia, por su parte, aprecia el esfuerzo de la razón por alcanzar los objetivos que hagan cada vez más digna la existencia personal. Ibid. nº 5;… además del conocimiento propio de la razón humana, capaz por su naturaleza de llegar hasta el Creador, existe un conocimiento que es peculiar de la fe. Ibid. nº 8; El Concilio Vaticano I enseña, pues, que la verdad alcanzada a través de la reflexión filosófica y la verdad que proviene de la Revelación no se confunden, ni una hace superflua la otra. Ibid. Nº 9; No hay, pues, motivo de competitividad alguna entre la razón y la fe: una está dentro de la otra, y cada una tiene su propio espacio de realización. Ibid. nº 17
  30. 31 Conferencia del CARDENAL JOSEPH RATZINGER. Congreso “JUAN PABLO II: 25 años de Pontificado. “La Iglesia al servicio del hombre”. Las catorce Encíclicas del Santo Padre Juan Pablo II. Pontificia Universidad Lateranense. (ROMA, 8-10 de mayo). http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20030509_ratzinger-simposio_laterano_sp.html
  31. “Las estructuras justas son, como he dicho, una condición indispensable para una sociedad justa, pero no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal.” Benedicto XVI. Discurso inaugural. Aparecida
  32. Benedicto XVI. “En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a este gran logos, a esta amplitud de la razón”. Discurso de Rastibona, 12 de Septiembre de 2006, http://www.zenit.org/article-20352?l=spanish
  33. Juan Pablo II, Veritatis splendor, 96b
  34. Juan Pablo II Redemptoris missio, nº 29
  35. Mons. Manuel Donoso D. La Patria, una misión por cumplir La Serena. Chile, 18/09/2004. http://documentos.iglesia.cl/conf/documentos_sini.ficha.php?mod=documentos_sini&id=2113&sw_volver=yes&descripcion=
  36. Gabriel Zanotti. Instituciones, economía, ética y… cristianismo, Nuestra conclusión. http://iglesia.libertaddigital.com/instituciones-economia-etica-y-cristianismo-1276236803.html
  37. Juan Pablo II. Centesimus anuus, nº 21
  38. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. ARTÍCULO DE COMENTARIO a las Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia. http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20070629_commento-responsa_sp.html
  39. Hemos copiado varios párrafos de la Guía del Evangelizador de El caminante: http://www.elcaminante.org/PSGM/Mision03/M03T8.htm
  40. Aparecida págs. 36 ss.
  41. Catecismo de la Iglesia Católica nº 1783
  42. Gaudium et spes, nº 4
  43. “No cabe duda que debe ser reprobado el abstencionismo absoluto, en cuanto que la participación en la política constituye para los fieles, en el sentido ya expuesto, un deber verdadero y propio, fundado en la justicia legal y en la caridad” (Carta de S. E. el Cardenal Pacelli) http://www.ssanrafael.cl/descargas/alberto_hurtado/accion%20catolica%20y%20politica.doc y
  44. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. NOTA DOCTRINAL sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política Nº 3. http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20021124_politica_sp.html
    CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. NOTA DOCTRINAL sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política Nº 3 y JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles laici, n. 42, AAS 81 (1989) 393-521. Esta nota doctrinal se refiere obviamente al compromiso político de los fieles laicos. Los Pastores tienen el derecho y el deber de proponer los principios morales también en el orden social; «sin embargo, la participación activa en los partidos políticos está reservada a los laicos» (JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles laici, n. 69). Cfr. Ver también CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 31-I-1994, n. 33.
  45. El Papa espera que nueva encíclica ayude a construir un mundo de justicia y paz. VATICANO, 08 Jul. 09 / 09:32 am (ACI). http://mariooweb.wordpress.com/2009/07/09/nueva-enciclica-ayudara-a-construir-un-mundo-de-justicia-y-paz/
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Escuchemos a quien no oye

 

ESCUCHEMOS A QUIEN NO OYE

 

Revista “Signo de los tiempo” Mexico

La mayoría de los sordos saben muy bien que no pueden vivir al margen de los que oyen. Pero son muy desconfiados porque son muy poco escuchados, comprendidos y frecuentemente tratados con condescendencia

LouLs Ginamard

La sordera constituye una discapacidad que causa incomprensión y rechazo. La sordera entraña dificultades aparentemente sin importancia, pero para los sordos se vuelve insoportable en situaciones de apuro. La espiral de exclusión se encadena rápidamente, sin posibilidad de remediarla, por la falta de poder comunicarse. Los problemas de comunicación, tanto oral como escrita, generan soledad en las personas sordas. ¿A quién dirigirse en los casos extremos?

Una joven hacía fila en el seguro social. Le toca su tumo, pero ella está distraída. La persona de atrás se impacienta. «Le toca a usted», le dice empujándola por la espalda. La joven se sobresalta, murmura una excusa avanzando hacia la ventanilla. Ahí, ella saca un papel en el que un amigo le escribió la razón de su visita. Se lo entrega a la encargada, que además está impaciente. La encargada lo lee, y echa una mirada a la joven, que está sonriendo: «Dígame su nombre y su número de seguro social»». La joven apenas puede pronunciar su nombre, con una voz gangosa. La encargada queda confundida, sin levantar la cabeza, le gruñe: «¿Me lo repite?». La muchacha sonríe sin decir nada. La encargada le dirige una mirada de pocos amigos:

«¿Está usted sorda o se está burlando de mí? La muchacha pudo apenas leer la palabra «sorda» de los labios y hace un signo afirmativo con la cabeza. La encargada, primero sorprendida, después avergonzada por su actitud, le escribe, como excusa, en un papel: «¿Podemos entendernos por escrito?». Entonces es la muchacha la que se avergüenza. No sabe escribir bien. Domina poco el idioma. Sólo sabe ex-presarse mediante signos, con movimientos del brazo y de la mano. Atrás la gente se impacienta. La encargada no sabe qué hacer ni a quién dirigirse. Su jefe inmediato se encuentra en las mismas condiciones. La joven abandona el lugar sin haber obtenido la ayuda que fue a solicitar. Esta anécdota se repite cotidianamente.

La primera exclusión generada por la sordera es la incomprensión por par-te de las personas que oyen. La sordera no se ve. Existe una gran variedad de sorderas: los totalmente sordos, o por nacimiento o que se han vuelto sordos; sordos que utilizan signos, y sordos que saben leer los labios. Se encuentran ante la soledad, que les produce dificultades sociales, familiares, financieras, etc. Se enfrentan a una falta de formación y de estructuras que les puedan ayudar.

Pero no todas las dificultades provienen de la falta de estructuras, muchas provienen del entorno social en el que se encuentran las personas sordas, sobre todo de la misma familia. El círculo familiar no les crea un ambiente relacional o, peor, les crea un ambiente sobreprotector que no ayuda a su autonomía. Ambos casos favorecen a su soledad.

Esta exclusión se vive también en la escuela, al sufrir fracasos escolares antes de que se les detecte la sordera. Luego, en los estudios superiores, son pocas las estructuras adecuadas a sus necesidades: ¿cómo oír una conferencia en el auditorio?

Lo mismo en el mundo del trabajo: pronto encontrará impaciencia e incomprensión de sus colegas. Las personas sordas están también excluidas del mundo de la información, en general. Los noticieros cotidianos no son comprendidos. Por ejemplo, lo sucedido el 11 de septiembre de 2001, a través de la televisión fue captado por las personas que sí oyen. Pero, piénsese si el radio no se escuchara, y la televisión no tuviera sonido, ¿cómo entender aquellas imágenes impactantes?

La exclusión de los instrumentos ordinarios de información pone en serio peligro a los sordos. Quedan al margen del problema del SIDA, al quedar excluidos de las campañas de prevención.

La mayoría de los sordos saben muy bien que no pueden vivir al margen de los que oyen. Pero son muy desconfiados porque son muy poco escuchados, comprendidos y rara vez tratados con condescendencia.

Fuente: Messsges. de Cáritas francesa, n. 559 (VI.02). Traducción: Armando Rejón

 

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El Espíritu Santo y el Apostolado

El Espíritu Santo y el Apostolado

http://www.hermandaddelamerced.org/formacion.htm

La fiesta de Pentecostés viene a ser como el culmen del año litúrgico. El centro es evidentemente Jesucristo, en todo su misterio pascual de muerte y resurrección, pero el mismo misterio pascual es el que abre las compuertas al Espíritu Santo, que es derramado abundantemente, para renovar la faz de la tierra. Todo culmina en la efusión del Espíritu Santo, que brota del corazón de Cristo traspasado en la cruz. “Y al punto salió sangre y agua” (Jn 19,34). De ese corazón abierto sale a borbotones el Espíritu Santo, amor envolvente del Padre y del Hijo, que nos envuelve también a nosotros convirtiéndonos en templos de su gloria.

La fiesta de Pentecostés es el completo de la Pascua. Hemos de estar abiertos a la sorpresa de Dios, que nos ha ido preparando a lo largo del año litúrgico para regalarnos sus dones en esta fiesta. Qué me tiene preparado Dios para este año. Esperemos con atrevimiento, y Dios nunca nos dará menos de lo que esperamos. El Espíritu Santo viene a renovar la Iglesia, a rejuvenecerla, a purificarla mediante el baño del agua y de la Palabra ¡Hay tanto lastre en esta vieja institución! Pero el Espíritu Santo es capaz de sacar de los jugos maternales de la Esposa de Cristo nuevas fecundidades en todos los campos de su expansión. La Iglesia es joven, porque tiene como alma el Espíritu Santo, eterna juventud de Dios y fecundidad sin agotamiento. En los programas humanos todo se acaba, se gasta, se hace viejo. En la vitalidad de la Iglesia todo es constantemente nuevo con la novedad de Dios, que no se acaba ni envejece.

Y dentro de esta Iglesia, nuestra madre, cada uno de nosotros somos vivificados con nuevo aliento, al recibir el Espíritu Santo. La Iglesia crece por la santidad de sus hijos, pero son sus hijos los que crecen por la santidad de la Iglesia: “Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica”. Ella es santa en su entraña más honda, donde actúa el Espíritu Santo renovándola continuamente, y nosotros vamos recibiendo de ella sus jugos maternales, que nos van transformando de pecadores en santos. La Iglesia no tiene que renovarse desde fuera hacia dentro, eso sería un maquillaje ridículo. La Iglesia se renueva desde dentro hacia fuera, es decir, se renueva en virtud del dinamismo que la sostiene y la recrea continuamente. Y esa fuerza interior es el Espíritu Santo, el amor de Dios, que en Pentecostés se hace expansivo como si de una fisión nuclear se tratara, es decir, una explosión liberadora de bien y de energía para toda la humanidad.

Coincidiendo con esta fiesta, se nos avisa del Apostolado seglar y la Acción católica. “Apóstoles para la nueva evangelización”. En la Visita pastoral me encuentro con miles de seglares que viven en torno a la parroquia, de ella se nutren y colaboran en las múltiples tareas que se les encomiendan: catequesis, liturgia, cáritas. Ojalá constituyan en cada parroquia un cuerpo orgánico, liderado por los mismos laicos, en plena comunión con los Pastores, para atender esa misión de la Iglesia, que es la nueva evangelización. Eso es la Acción Católica en sus múltiples ramificaciones. Hay además otros muchos carismas, que embellecen y enriquecen a la Iglesia. Pentecostés es la fiesta de la comunión eclesial, porque el Espíritu nos une en un mismo Cuerpo, el de Cristo, que se prolonga en el tiempo. Somos todos llamados a una nueva evangelización. Esa “novedad” le viene del Espíritu Santo, que recuerda a la Iglesia todo lo que Jesús nos ha dicho y continúa diciendo a su Esposa, la Iglesia.

Fiesta de Pentecostés, fiesta de la siega, de la cosecha. Abrimos nuestras manos para llenarnos de un amor que nos desborda, de un amor que transfigura, de un amor que vence toda dificultad. Es posible la santidad personal y es posible la nueva evangelización, porque se nos ha dado el Espíritu Santo, que lo renueva todo. Ven Espíritu Santo y renueva la faz de la tierra.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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