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Sinceridad y comunicación con los hijos

Sinceridad y comunicación con los hijos

Educar Hoy

Pedro J. Bello Guerra

Periódico AM Querétaro 090927

Algo complejo en la vida diaria es tener la habilidad para hablar con los hijos diciéndoles las cosas claramente y también saberlos oír, que ellos puedan expresar su sentir, es decir, que exista comunicación entre padres e hijos; pero esa información debe ser sincera que significa exponer siempre la verdad en el momento adecuado con la persona apropiada y como bien dice un autor contemporáneo: “hablar con el corazón’, tratando de ser empático con el que se habla procurando el bien del otro, el crecimiento personal de la esposa o esposo, de los hijos, aún en contra de nuestro propio beneficio haciendo un lado al egoísmo. Entiendo que el crecimiento personal de los hijos es la felicidad de los padres, lo cual solamente se consigue formando personas mejores y que sepan conocerse sinceramente para así luchar contra los defectos e ir cada día progresando como nos cuenta esta pequeña historia:

“Irma era una niña muy preocupada por su papá. Desde hacía algún tiempo, había visto que se estaba quedando calvo, y que cada vez tenía menos pelo. Un día, se atrevió a preguntárselo:

– Papá, ¿por qué cada día tienes menos pelo?

Su papá le dijo sonriente:

– Es por el ladrón de pelos. Hay por esta zona un ladrón pequeño que visita mi cabeza por las noches cuando estoy dormido, y me quita todos los pelos que le da gana. ¡Y no hay forma de atraparlo!

Irma se quedó preocupada, pero decidida a ayudar a su papá, aquella misma noche aguantó despierta tanto como pudo. Cuando oyó los primeros ronquidos de su papá, agarró un bat y se fue a la habitación de sus padres. Entró muy despacito, sin hacer ruido, para que el ladrón de pelos no pudiera sentirla, y cuando llegó junto a su papá, se quedó observando detenidamente su cabeza, decidida a atrapar al ladrón de pelos en cuanto apareciera. Al poco tiempo, vio una sombra sobre la cabeza, y con todas las fuerzas que tenía, lanzó el golpe más raerte que pudo.

¡Menudo golpe! Su papá pegó un enorme grito y se levantó de un salto, con un enorme chichón en la cabeza y un buen susto en el cuerpo. Al encender la luz, se encontró con Irma de frente, con la mano enalto sujetando el bat, y diciendo:

– ¡Casi lo tenía papá! ¡Creo que le he dado, pero el ladrón de pelos se ha escapado!

Al oír eso y ver al papá con la cabeza bien adolorida, la mamá comenzó a reírse:

– Eso te pasa por contarle tonterías ala niña – dijo divertida.

Y el padre de Irma tuvo que explicarle que no existía ningún ladrón de pelos, y contarle la verdad de porqué se quedaba calvo. Y así, con la ayuda de un gran chichón en su cabeza, comprendió lo importante que era no engañar a los niños y contarles siempre la verdad. E Irma, que seguía preocupada por su papá, dejó de buscar ladrones de pelos, y le compró un bonito gorro de dormir”.

Esta historia nos ayuda a reflexionar sobre la importancia de la comunicación sincera, es decir, verdadera, cuesta mucho trabajo decir siempre la verdad, es fácil inventar cosas a los niños sobretodo cuando preguntan mucho ola explicación de lo que nos preguntan nos deja mal parados como en este caso al papá que se iba quedando calvo a causa del pasar de los años.

‘Decir las cosas como son’, es parte de la sinceridad, pero también actuar conforme ala verdad es requisito indispensable, mostrarnos tal como somos en realidad, ser congruentes entre lo que pensamos y decimos, de tal forma que nuestras obras vayan de la mano con nuestras expresiones; es lo que necesita el mundo actual, personas integras, congruentes y que con su vida personal arrastren a otros a ser mejores.

Es como una piedra caída en el lago que empieza haciendo un círculo en el agua y ese círculo hace otro y así se forman varios, las personas coherentes se rodean siempre de personas iguales a ellos como dice el famoso dicho: ‘dime con quién andas y te diré quién eres’. Si un mentiroso se hace amigo de alguien que siempre dice la verdad no solamente con palabras sino con obras, al final del camino el mentiroso cambiará su actitud y comenzara a decir la verdad al darse cuenta de que es mejor y está más feliz. Por eso la comunicación sincera entre padres e hijos es la base que ayudará a la transformación de la sociedad.

pedrobelloguerfa@gmail.com

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Categorías:Cuentos para educar

Exigencias De Renovación Para La Acción Católica Al Comenzar El Siglo XXI

Exigencias De Renovación Para La Acción Católica Al Comenzar El Siglo XXI

Pbro. Nicolás Valdivia

Asistente Nacional de la Acción Católica Mexicana

La Acción Católica como expresión providencial de la Iglesia, en un momento determinado de su historia reciente, ha de mirarse hoy como parte de la tradición viva de la comunidad cristiana, que ha encontrado en ella una forma eficaz de vivir y proclamar el Evangelio, en un mundo que frecuentemente se niega a abrirse a la oferta del Dios de Jesucristo. Por lo mismo, hay que acercarse a ella en el reconocimiento de la riqueza que ha significado su presencia en el conjunto de las iniciativas que han surgido por todas partes para llevar a cabo la única misión universal.

En esta actitud propongo la presente reflexión que se compondrá de dos partes: I) El escenario que pide de la AC una forma nueva de ubicarse, de pensar y de actuar. II) Los rumbos actuales hacia los cuales tiene que orientarse la AC para que sea lo que está llamada a ser en el hoy del mundo y de la Iglesia.

I. EL ESCENARIO  ACTUAL: NUESTRA SOCIEDAD EN TIEMPOS DE CAMBIO.

No pretendo repetir lo que ya se ha dicho. Tampoco señalar los cambios específicos que hoy se están dando. Simplemente deseo comentar lo que el cambio significa hoy a fin de encontrar en él nuestra correcta ubicación.

1. La transición como algo ineludible, es una realidad tan antigua y a la vez tan nueva, que obliga a todo el mundo a asumirla sin dramatismo, a comprenderla con serenidad y a enfrentarla con sabiduría, a fin de caminar al ritmo de la historia, viviendo con dignidad y realizando los proyectos de vida que nos hemos propuesto.

1.1   Cómo entender la transición. Suele entenderse como un fenómeno social, histórico y cultural, que se presenta en forma permanente, con fuerza devastadora y de manera englobante. Este hecho que todos vivimos diariamente, rompe con la estabilidad y el equilibrio de la vida, exigiendo de los individuos y de las sociedades replantearse muchas cosas, revisar las actitudes, ajustar los comportamientos, confrontar los valores, en una palabra, tomar una posición activa para no sucumbir y sentirnos desbordados.

1.2   Las causas pueden ser de origen muy diverso: unas negativas como el desgaste, la decadencia, la pérdida de significaciones, la insatisfacción, el afán de novedad, la ineficiencia; otras positivas como la sana inquietud por renovarse, la necesidad de ser creativos, los anhelos de superación, la urgencia de hacer rupturas, la elaboración de nuevos proyectos. A veces el cambio viene sin que lo busquemos. A veces viene porque nosotros mismos lo provocamos. Y así tenemos cambios obligados y cambios que nosotros decidimos.

1.3   Las consecuencias inmediatas del cambio son múltiples y variadas: van desde la crisis y el aturdimiento, hasta la inseguridad y la incertidumbre, pasando por el miedo, el conflicto, el desencanto y la necesidad de refugiarse en las propias seguridades. En realidad el cambio nos obliga a todos a revisar honestamente las más profundas fuentes de donde brota el sentido de la vida: los valores, las convicciones y las motivaciones que están en la base de nuestros proyectos de vida.

1.4 Al observar la sociedad contemporánea constatamos que ella vive un cambio como nunca antes se había dado en su historia. Es verdad que siempre han existido los cambios, pero la diferencia entre los cambios del pasado y el cambio actual es que éste es simultáneo (en todas partes), global (lo abarca todo), acelerado (es rapidísimo) e incontrolable (no lo para nadie). El cambio se da en todos los niveles y ámbitos de la vida, con intensidades diversas y ritmos diferentes, en mayor o menor grado, produce una convulsión que estremece, lastima y aturde a mucha gente.

 

2. Tanto en la sociedad como en la Iglesia encontramos unos cambios que ponen el acento en cosas que antiguamente no eran tomadas muy en cuenta. Estos nuevos acentos exigen mantener lo bueno del pasado y promover lo bueno de la actualidad a fin de encontrar un equilibrio.

2.1 En la sociedad se está transitando:

  • de una sociedad monolítica y uniforme a una sociedad plural y fragmentada
  • de una sociedad reprimida y cerrada a una sociedad abierta y democrática.
  • de una sociedad artesanal a una sociedad tecnificada
  • de una sociedad respetuosa y piadosa a una sociedad irreverente y descarada
  • de una sociedad con criterios morales claros a una sociedad permisiva y sin moral.
  • de una sociedad comunitaria a una sociedad individualista
  • de una sociedad aislada a una sociedad globalizada
  • de una sociedad autoritaria a una sociedad donde todo se somete al debate…

2.2 En la Iglesia se está pasando:

  • de una Iglesia centro a una Iglesia signo
  • de una Iglesia señora de la sociedad a una Iglesia servidora de la misma
  • de una Iglesia centralista a una Iglesia participativa
  • de una Iglesia fuertemente clerical a una Iglesia decididamente laical
  • de una Iglesia excesivamente preocupada por lo espiritual a una Iglesia solidaria con las luchas, gozos, tristezas y anhelos de los hombres.
  • de una Iglesia preocupada por la cantidad de su miembros a una atenta la calidad de los mismos.
  • de una Iglesia aliada a los poderes de este mundo a un Iglesia fundada en la Palabra de Dios y en el Espíritu de Jesús.
  • de una Iglesia excesivamente institucional a una Iglesia Pueblo de Dios.
  • de una Iglesia demasiado ocupada en conservar tradiciones que a veces ya no significan nada a una Iglesia sensible a los signos de los tiempos donde el Señor no cesa de provocarnos.
  • de una Iglesia muy centrada en los santos y en las devociones a una Iglesia centrada en la persona de Jesús…

Estos acentos nos dicen que a nuestra generación le ha tocado vivir como a caballo entre dos épocas: una que no acaba de morir junto a otra que no acaba de nacer. Y frecuentemente uno no sabe hacia dónde dirigir su mirada. Algunos se aferran al pasado que no quiere soltar a ningún precio, aunque sepan que muchas cosas ya nos les funcionan. Otros, en cambio, se aferran al presente y promueven los cambios a veces sin razón y sin saber a dónde quieren llegar con ellos.

3. Lo que verdaderamente está en juego en los cambios es la actitud y el sentido que pueda tener la historia para la humanidad entera y en especial para nosotros los cristianos. De esto va a depender en gran medida nuestra sabiduría para enfrentarlos.

3.1 No podemos olvidar que para los cristianos la historia es como un sacramento donde Dios se hizo presente, se hace presente y se hará presente. Es el lugar privilegiado y el único donde podemos encontrarnos con el Señor. Así fue en Israel y así es en la vida de la Iglesia. Por eso la historia tiene tan gran importancia cuando en ella se producen cambios que nos desconciertan.

3.2 Podemos entender la historia como el espacio natural del acontecer humano, donde se vive la conciencia del tiempo en su triple dimensión de presente, pasado y porvenir. Es el lugar insustituible de las opciones y de los proyectos, del conflicto y de la armonía, del fracaso y del éxito, de la oportunidad y del desencanto, de la contingencia y de la búsqueda de trascendencia, de la estabilidad y de los cambios, del sentido de la vida y de las contradicciones cotidianas…

3.3 La historia juega un papel muy importante en la vida de los seres humanos. Por un lado es condición para valorar la tradición y la herencia recibidas; por el otro es un requisito tanto para el progreso y el desarrollo humano como para realizar nuestros planes en solidaridad con los que comparten la misma historia que nosotros. La historia podemos verla a nivel personal, social y de salvación.

3.3 Frente a la historia hay diversas actitudes, algunas que nos facilitan y otras que nos estorban para vivirla con plenitud. Actitudes que estorban: huir de ella, pelear contra ella, soportarla como algo ante lo cual nada podemos hacer, mirarla de manera conformista. Actitudes que favorecen: sentirnos en ella como actores y protagonistas, no como simples espectadores; mirarla sin miedos que nos paralicen;  enfrentarla con lucidez para participar en su construcción; hacer discernimiento para comprender cuál es su sentido más profundo.

3.4 Los cristianos hablamos de la historia de la salvación. Y con ello queremos indicar la intervención gratuita y libre de Dios para encontrarse con la libertad del hombre en su realidad histórica, a fin de hacer alianza con él y poder realizar juntos un proyecto donde cada uno aporte lo que puede aportar.

II. ALGUNOS RUMBOS QUE SE ESPERAN DE LA ACCIÓN CATÓLICA EN VISTAS DE SU RENOVACIÓN.

A la luz de lo que significan los cambios dentro de la historia que nos toca vivir, quisiera sugerir con gran respeto, algunas cosas que tal vez podrían servir a la AC para que vuelva a encontrar su vitalidad primera, su lugar en la Iglesia que tanto le debe y, sobre todo, su confianza en sí misma ante las nuevas situaciones que se dan en el mundo y en la Iglesia.

1. Retomar su carisma original para replantearlo, reorientarlo y reexpresarlo, de tal manera que siga siendo una expresión siempre actual del Espíritu del Señor, que nunca se echa para atrás cuando ha entregado sus dones a la Iglesia. Dejar que un carisma se apague es una forma de traicionar al Espíritu. Dios no cambia, pero ello nos pide ir descubriendo poco a poco de qué manera nosotros hemos de cambiar ante el Señor que siempre permanece fiel “porque El  no puede negarse a Sí mismo”.

a)  Para realizar lo anterior es indispensable enfatizar y clarificar los valores esenciales que siguen dando identidad a la AC y que ella no puede negociar. Permítanme que señale algunos de los más significativos:

b)  Indudablemente se trata de expresar de otra manera lo que han sido sus características fundantes y que nunca hay que perder de vista: su vocación evangelizadora, su condición laical, su carácter profundamente comunitario y sus lazos con la Iglesia local y universal, representada en el obispo.

c)  Sin embargo, a partir de lo anterior, que sigue siendo válido, conviene subrayar algunas otras tan importantes como éstas:

  • Promover un laicado más maduro en el contexto de un mundo y una Iglesia que han madurado.
  • Aceptación incondicional de la situación de pluralidad dentro y fuera de la Iglesia.
  • Cultivar el sagrado don de la secularidad que permita a los laicos realizar un magisterio que sólo a ellos les pertenece.
  • Buscar una presencia más significativa en su Iglesia, subrayando no sólo los deberes que tienen, sino también los sagrados derechos que poseen: ser reconocidos, opinar y ser tomados en cuenta, discrepar, pedir cuentas, ejercer sus carismas, participar en la toma de decisiones, ofrecer su experiencia y capacidad, cuestionar lo antievangélico, asociación, recibir atención adecuada, ejercer su liderazgo cristiano,  ser respetado en sus opciones, formación, información…
  • Realizar sus tareas en la Iglesia como un auténtico ejercicio de la ministerialidad que brota de la acción permanente del Espíritu y no como una graciosa concesión que se les hacen. Los laicos en la Iglesia no pueden ser sólo sacristanes, sino personas amadas de Dios con una dignidad que nace de su consagración bautismal.

2. Atreverse a superar, en nombre del Evangelio y de su vocación laical, algunos obstáculos (insatisfacciones, malestares, desencantos) que le impiden a la AC y a sus miembros,  caminar con la libertad de los hijos de Dios. ¿Cuáles podrían ser?

v       No dejarse llevar por la subestima al pertenecer a la AC, como si sus miembros fuesen cristianos de segunda, debido a los cambios ocurridos en la Iglesia.

v       Superar la experiencia a veces dolorosa de no ser suficientemente apreciados por algunos sectores de la jerarquía, sintiéndose un poco relegados (traicionados?), después de haber nacido a su sombra, por su iniciativa y dispuestos a colaborar lealmente dondequiera que se les pidiera. Los miembros de la AC no pueden vivir su fe como si la Iglesia fuera únicamente la jerarquía.

v       El desconcierto que se experimenta ante el aumento y el éxito de otros muchos grupos y movimientos de Iglesia. Recordar la luminosa Palabra de Jesús: “en la casa de mi Padre hay muchas moradas”, por tanto nadie debe sentirse como el dueño de la casa de Dios. Ya es mucho que tengamos un lugar dentro de ella.

v       No fijar demasiado su atención en un pasado glorioso de la AC, olvidando las exigencias de la actualidad y los rumbos que se tienen que tomar en el futuro. El pasado tiene su importancia para volver a las fuentes. Pero cuando no queremos evolucionar entonces el pasado se convierte en un peso insoportable.

v       Jamás permitir que a la AC se le hayan cerrado los caminos, los espacios, y las formas de servicio en las circunstancias actuales; más bien reconocer que los cambios son un incentivo y una provocación para una creatividad acorde con el Espíritu del Señor hoy. Habría que preguntarse: ¿qué formas antiguas de apostolado hay que conservar y que formas nuevas hay que inaugurar?

3. Hacia una nueva postura de la AC en la realidad del mundo y de la Iglesia.

 

1)  Quiero mirar a la AC como un viejo tronco que fue precursor en la era moderna de lo que después el Vaticano II promovería con acierto y claridad: la presencia del laicado en la Iglesia es un elemento constitutivo y de ninguna manera algo simplemente secundario, periférico y accidental. La Iglesia no es la de Jesús si los laicos no tienen el lugar que nunca debieron haber perdido.

2)  La AC podría seguir prestando un servicio inapreciable a la Iglesia y a los nuevos grupos apostólicos, si se animara a compartir la sabiduría que fue acumulando a lo largo de los años desde su fundación. De una persona con experiencia se espera sabiduría. Esta sabiduría tiene que ver con su fidelidad a la Iglesia, con su testimonio silencioso de los valores del Evangelio, con su espiritualidad de levadura en la masa, con su empeño por edificar el Reino de Cristo en las difíciles realidades temporales, con su profundo sentido de la oración y de los sacramentos… En nuestro tiempo esto no ha pasado de moda. Si algún movimiento o grupo nuevo olvida esto, estará renunciando a valores esenciales del Evangelio, por muy moderno que sea.

3)  La AC igual que todo grupo formado por hombres y mujeres, tal vez necesite profundizar en unos criterios que le darán muchas posibilidades para no caer en el estancamiento y el desencanto:

  • la ruptura en la continuidad para saber qué se debe abandonar y que se debe conservar.
  • la creatividad en la tradición para no pretender conservar lo antiguo como algo que nunca debe cambiar.
  • la fidelidad al núcleo de valores que le dieron vida a la AC, pero reconociendo que tal núcleo ha de expresarse y vivirse en formas siempre nuevas, de acuerdo a las circunstancias.
  • Saber discernir entre lo permanente y lo cambiante en la vida de la AC.
  • Saber combinar con equilibrio el pasado con la actualidad.
  • Seguir promoviendo los campos tradicionales de apostolado que la AC bien conoce, pero buscando abrir nuevos espacios para que el Evangelio llegue hasta donde tiene que llegar.

Una conclusión muy breve.

Finalmente la AC y cada uno de sus miembros, han de convencerse de que están llamados de una manera particular a vivir en su mundo diario como hijos e hijas amados de la Iglesia, orgullosos de ser creyentes comprometidos y no simplemente hombres o mujeres religiosos; pero por otro lado ellos viven en su Iglesia como hijos e hijas expertos, conocedores y amantes de su mundo, reconociendo que ese es el sitio donde han de acudir a la cita con el Señor, que los necesita para participar en la obra de salvación.

Bases Eclesiológicas de la Acción Católica

Bases Eclesiológicas de la Acción Católica

Por Nicolas Valdivia
Asistente Nacional de la ACM

2009

 

1. Introducción

En esta reflexión y estudio señalaré algunas perspectivas eclesiológicas de la Acción Católica a la luz del Concilio Vaticano II.

La Acción Católica, como la Iglesia, se ha realizado Históricamente en formas concretas muy diversas.

Estas expresiones concretas que ha encarnado la Acción Católica a lo largo de su historia, si bien han respondido a lo “esencial” de su naturaleza como forma específica de de su apostolado, sin embargo, ha estado envuelta en un “ropaje” provisional y contingente del momento histórico en que se desarrollaba. . Convengamos, entonces, que una cosa es la Acción Católica desde su comprensión teológica, eclesiológicas, espiritual y pastoral y otra los modelos empíricos que históricamente ha revestido, reviste en la actualidad y revestirá en el futuro.

Existe una comprensión teológica y pastoral de la Acción Católica muy anterior al Concilio Vaticano 11 que se engendró en su larga y fecunda trayectoria: una vocación particular para el apostolado de los laicos en la Iglesia y en el mundo.

Esta trayectoria histórica de la Acción Católica significó, junto con los movimientos bíblico, litúrgico y ecuménico, y la renovación teológica, pastoral y misionera, la preparación del “nuevo Pentecostés”, como fue proféticamente llamado el Concilio Vaticano 11 sin duda, el acontecimiento más importante de la Iglesia Católica en el siglo XX.

Cercanos a los cuarenta años de su clausura y habiendo cruzado el umbral del tercer milenio, reconocemos el inmenso don que Dios nos ha hecho al suscitar este acontecimiento eclesial; que, como todo don de Dios está siempre expectante de una nueva y actualizada respuesta por nuestra parte.

Este «acontecimiento providencial»[1], marca, de alguna manera, una nueva etapa en la vida de la Iglesia, que no rompe con lo anterior sino que logra una manifestación más plena. En la historia de la Iglesia “lo viejo” y lo “nuevo” están siempre profundamente relacionados entre sí. Lo “nuevo” brota de lo “viejo” y lo “viejo” encuentra en lo “nuevo” una expresión más plena[2].

Podemos decir que existe una “vieja” definición de la Acción Católica basada en la

teología vigente cuando la Acción Católica es dada a luz, y existe una “nueva” definición teológica y pastoral de la Acción Católica, en armonía con la teología que se inspira en la doctrina del concilio Vaticano II y en el magisterio posterior al mismo.

2. Enraizada en el pasado y dispuesta a seguir navegando mar adentro

La eclesiología de comunión que caracteriza al Concilio Vaticano II[3] es la que nos da la clave para comprender esta distinción y para tomar conciencia de los firmes cimientos teológicos y eclesiológicas en los que se asienta la “novedad” de la Acción católica.

Para poder percibir la relación armónica entre la vieja y la nueva Acción Católica, hace falta ante todo despojamos de todo prejuicio y distinguir lo profundo, permanente y esencial, de lo superficial, coyuntural y accidental.

El Concilio Vaticano II  alude a la historia de la Acción Católica precedente reconociendo que hace algunos decenios los laicos, en muchas naciones, entregándose cada día más al apostolado, se reunían en varias formas de acciones y de asociaciones , que conservando muy estrecha unión con la jerarquía, perseguían y persiguen fines propiamente apostólicos. Entre estas y otras instituciones semejantes más antiguas hay que recordar, sobre todo, las que, aun con diversos sistemas de obrar, produjeron, sin embargo, ubérrimos frutos para el reino de Cristo y que los Sumos Pontífices y muchos Obispos recomendaron y promovieron justamente y llamaron Acción Católica. La definían de ordinario como la cooperación de los laicos en el apostolado jerárquico[4].

2.1. Enraizada en el pasado

El Papa Pío XI propiamente el creador de la Acción católica, la definió como: la participación de los laicos en el apostolado jerárquico[5].

La palabra “participación”, no está tomada aquí en su sentido metafísico, no se alude al concepto eclesiológicas de aquello que constituye formalmente la Acción católica. Si así fuera, la Acción Católica representaría como un orden o un nuevo oficio eclesiástico. La fórmula de san pío XI representa más bien una definición descriptiva, en la que la palabra “participación” designa el hecho de que los laicos toman parle en la misión y en las necesidades de la Iglesia.

Esta “participación” es entendida fundamentalmente como colaboración disponible ya que el mismo Pío XI no dejaba de repetir La Acción católica no era más que la ayuda aportada por los laicos a las tareas apostólicas de la jerarquía; que había existido desde los orígenes de la Iglesia y que hoy día solamente tomaba formas nuevas, mejor adaptadas a los tiempos presentes….[6]

Por otra parte la expresión apostolado jerárquico circunscribe el ámbito de participación; no se trata de una nueva participación en el ministerio jerárquico sino en el apostolado. Más allá de cualquier consideración c1ericalista que se haya podido tener de la Acción Católica, ésta nunca fue concebida como una participación de los laicos en la jerarquía como tal; su colaboración a la vez que los acercaba a la jerarquía no los alejaba de su vocación laica!’

El Adjetivo jerárquico modifica directamente al apostolado al ejercicio evangelizador propio de todo cristiano.

Con este concepto se trataba de destacar que la Acción Católica toma parte en el apostolado auténtico, el mismo, y ningún otro, que continúa la obra de nuestro Señor, cuya misión fue encomendada por Él a los apóstoles. Se trata de una participación en la misión propia de la Iglesia, y no en ninguna otra. Aquella misión confiada por Cristo a los apóstoles, se transmite en la Iglesia mediante la sucesión legítima de los pastores, y de esta manera el mandato misionero involucra a toda la Iglesia. En consecuencia, la Acción católica, participa en el apostolado global de la Iglesia, sólo de un modo específico, esto es, en estrecha cooperación y subordinación a los portadores de la sucesión apostólica, es decir, la jerarquía.

Según esta lógica, se comprende con facilidad que Pío XII, en perfecta continuidad con Pío XI, sustituya la palabra «participación» por cooperación o colaboración[7] describiendo con otras palabras el mismo hecho: los fieles laicos participan, cooperan y colaboran en el apostolado global de la Iglesia que es apostolado auténtico por ser la misión que la jerarquía recibe de Jesucristo por medio de los apóstoles como legítimos sucesores de los mismos.

Sin duda es un ligero cambio de vocabulario cuyo matiz no carece de importancia. De él depende no solo una recta noción de Acción Católica, sino la apreciación de la situación de los fieles frente al apostolado y, por tanto, un elemento decisivo de toda la teología del laicado.

La exposición de Pío XII pone mejor de releve lo enunciado en los textos de pío XI, esto es, que la Acción Católica recoge, consagra, cualificada de manera nueva un apostolado que los fieles ya ejercían en razón de la fe y del fervor de su vida cristiana, pero no confiere a dichos fieles un título de apostolado absolutamente nuevo.

Al hablar de cooperación en el apostolado, en la misión pastoral de los obispos y de los sacerdotes, resulta que los laicos, ya eventualmente apóstoles gracias a los dones sacramentales de la iniciación cristiana son llamados por la Iglesia jerárquica para integrar su acción en un esfuerzo orgánico que sea, no ya el de éste o aquél, sino el de la Iglesia misma, en unión y subordinación a los ministros divinamente instituidos en la carga de pastores.

Ser Acción Católica no cambia la naturaleza del apostolado, que brota de la fe y de la iniciación cristiana, sino que cambia la cualidad del apostolado de los fieles: los laicos que ya son apóstoles por la fe y el bautismo, son llamados por la Iglesia jerárquica o se ofrecen libremente a ella, para integrar su acción en un esfuerzo orgánico que sea, no ya el de esta o aquella persona o grupo, sino el de la Iglesia misma, en unión estrecha y subordinada a los ministros instituidos por voluntad divina como pastores: la jerarquía.

La constitución de la Acción Católica, no supone, por tanto, alterar la naturaleza del apostolado al que están llamados los fieles por ser Iglesia, sino asumirlo y levarlo al nivel plenamente eclesial, al asociarlo estrechamente a los obispos.

La Acción Católica es el apostolado de los laicos, quienes, bajo la dirección   de los obispos, se ponen al servicio de la Iglesia. O sea, que cuando en lugar de  aplicarse de forma espontánea o dispersa y sólo a título privado, él apostolado de los fieles se coloca bajo la dirección expresa de los obispo a fin  de cooperar a su propia misión, la Acción Católica existe.

En lo que afecta a su naturaleza y a sus fundamentos, la Acción Católica continúa siendo básicamente el apostolado que brota de la condición de cristianos, pero añade una calificación nueva: la cualidad de ser actividad plenamente eclesial.

La Acción Católica, entendida correctamente, no es, en el fondo nada nuevo, sino que es tan antigua como la Iglesia[8].

2.2. Interpelada por el concilio Vaticano II

El Concilio Vaticano II, un concilio eclesiológico, reafirmó nítidamente el valor de la Acción Católica.

Sin embargo, al poco tiempo de concluido fue sumergida en una seria crisis; crisis que enfrentó'” la Iglesia en general y que se expresó con fuerza en el clero y en los seminarios.

«Conviene hacer notar que esta crisis que la Acción Católica sufrió en el inmediato postconcilio es explicable históricamente. Tal crisis se debió no a que fuera Acción Católica, ni a sus notas características, sino al cúmulo de problemas con los que se vio enfrentado el laicado y toda la Iglesia en ese período postconciliar. Sin embargo, hay dos posturas que se pueden tomar cuando atravesamos una crisis. La primera es hacer borrón y cuenta nueva y poner en marcha un nuevo proyecto con nombre nuevo. Si no se han digerido bien las causas de la crisis del proyecto anterior es muy fácil que se reproduzcan en la nueva experiencia los errores cometidos. El segundo camino es analizar las causas de la crisis del proyecto anterior y poner los elementos que faltan para la superación de la misma.

Esto es lo que ha ocurrido con otras crisis. También en el postconcilio se ha dado la crisis del clero, de los seminarios y del sacramento de la penitencia y eso no significa que no hayamos hecho bien emprendiendo la tarea de reconstruir los presbiterios y los seminarios, e impulsando el valor y la necesidad del sacramento de la reconciliación. Y la razón es que una realidad es válida o no, no porque haya o no tenido crisis, sino por lo que esa realidad significa desde el punto de vista eclesial y apostólico, o por el servicio que pueda prestar. Esta es la razón más profunda por la que, siguiendo al Concilio y al magisterio postconciliar sobre el laicado hoy se plantea la necesidad y conveniencia de una Nueva Acción Católica»[9].

Ahora bien el Concilio Vaticano II habla explícitamente de la Acción Católica en tres ocasiones, que citamos según el orden cronológico con que aparecieron[10]:

En el decreto Christus Dominus, que trata sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia, al hablar de la función de regir y apacentar, se subraya que los obispos han de fomentar las diversas formas de apostolado y han de urgir a los fieles el deber de ejercer el apostolado, cada uno según su condición y aptitud, y recomendarles que tomen parte y ayuden en los diversos campos del apostolado seglar; sobre todo en la Acción católica[11].

En Apostolicam actuositatem, decreto por entero a considerar el apostolado de los laicos, se explican detalladamente las cuatro propiedades o “notas”: fin apostólico, protagonismo laical, organicidad y vinculación a la Iglesia Particular y Universal que caracterizan a la Acción Católica[12].

En el decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, después de describir la obra misionera de primer anuncio, después de señalar la importancia del catecumenado y la iniciación cristiana, a la hora de hablar de la implantación de la Iglesia y el crecimiento de la comunidad cristiana, se subrayan como necesarios diversos ministerios que deben ser fomentados y cultivados por todos diligentemente, entre los que se cuentan las funciones de los sacerdotes, de los diáconos y de los catequistas y la Acción Católica[13].

En relación al magisterio postconciliar ocupa singular importancia las enseñanzas del Papa Pablo VI. De sus múltiples referencias a la Acción Católica, en lo que respecta a la misión de los pastores, insistía que saben bien que si los laicos tienen libertad para pertenecer o no a ella (la Acción Católica es un movimiento de voluntarios), es obligación suya conservarla y promover/a. No es un fenómeno caduco, que tuvo su tiempo, como dicen algunos; es un órgano integrador de la estructura eclesial; y es de tal importancia en las contingencias históricas actuales que sería juicio erróneo tenerlo en mediocre consideración (Cf.

AA22)[14].

Reconoce, por su parte, que los laicos de Acción católica son el tejido conjuntiva más resistente de la comunidad eclesial, realizan el grado más pleno y más intenso de comunión al cual sea dado llegar a los fieles laicos; […] son los que están más cerca de su oración, los más comprometidos en la acción apostólica, los más asociados al sacrifico que la venida del reino de dios siempre comporta[15].

Destaca y llama la atención, el Papa Pablo VI sobre el relieve peculiar de la Acción Católica que, en cuanto colaboración de los laicos en apostolado jerárquico de la Iglesia, ocupa un lugar no históricamente contingente, sino teológicamente motivado en la estructura eclesial. Después de cuanto dijo sobre esto el Concilio (cf.AA 20; AG 15), Y de lo que nosotros mismos tuvimos ocasión de subrayar en nuestra Exhortación Apostólica Evangelio nuntiandi (cf. Núm, 73), no se puede menospreciar el papel específico de la Acción Católica en el plan constitucional y en el programa operativo de la Iglesia. La Acción. Católica está llamada a desempeñar a la plantatio Ecclesiae y al desarrollo de la comunidad cristiana, en estrecha unión con los ministerios ordenados[16].

El laico de Acción Católica es aquel que enrolado en las fílas del apostolado, ha aceptado como quehacer propio ser testigo del Evangelio, gustoso de llevar la verdad de Cristo, en estrecha comunión con la jerarquía, a todos los ámbitos de la sociedad[17],

2.3. Dispuesta a seguir navegando mar adentro

En el pontificado de Juan Pablo II queremos subrayar la mención que trae la Exhortación Apostólica Christifideles Laici ya que de entre todas las asociaciones laicales cita solamente de forma explícita a la Acción Católica. Cuando al hablar de la corresponsabilidad de los laicos en la Iglesia misterio de comunión, haciendo referencia a una de las proposiciones del Sínodo sobre los laicos[18], destaca: Entre las diversas formas apostólicas de los laicos que tienen una particular relación con la jerarquía, los padres sinodales han recordado explícitamente diversos movimientos y asociaciones de Acción Católica, en los cuales “los laicos se asocian libremente de modo orgánico y estable, bajo el impulso del Espíritu Santo, en comunión con el Obispo y con los sacerdotes, para poder servir, con fidelidad y laboriosidad, según el modo que es propio a su vocación y con un método particular, al incremento de toda la comunidad cristiana, a los protyectos pastorales y a la animación evangélica de todos los ámbitos de la vida[19].

Últimamente insistía Juan Pablo II que la Iglesia no puede prescindir de la Acción Católica. La Iglesia necesita un grupo de laicos que, fieles a su vocación y congregados en torno a los legítimos pastores, estén dispuestos a compartir, junto   con ellos, la labor diaria de la evangelización en todos los ambientes. [ … ] La Iglesia necesita la Acción católica, porque necesita laicos dispuestos a dedicar su existencia al apostolado y a entablar, sobre todo con la comunidad diocesana, un vínculo que deje una huella profunda en su vida y en su camino espiritual. Necesita laicos cuya experiencia manifieste, de manera concreta y diaria, la grandeza y alegría de la vida cristiana; laicos que sepan ver en el bautismo la raíz de su dignidad, en la comunidad cristiana a su familia, con la cual han de compartir la fe, y en el pastor al padre que guía y sostiene el camino de los hermanos; laicos levadura del Evangelio al entramado de las relaciones humanas y a las instituciones, al territorio y a los nuevos lugares de la globalización, para construir la civilización del amor.

Precisamente porque la Iglesia necesita una Acción Católica viva, fuerie y hermosa, quiero repetirles a cada uno: Duc in altum! iDUC in altum, Acción católica! Ten la valentía del futuro[20].

3. Conclusión: Conveniencia de seguir profundizando en la reflexión teológica de lo que afirmó el magisterio

 

Para profundizar en lo que son las bases teológicas y eclesiológicas de la Acción católica debemos considerar prioritariamente que la naturaleza de la Acción Católica está claramente definida por las propiedades que el Concilio Vaticano I sancionó autorizadamente como definitorias[21].

Estas notas en su comprensión global la identifican como una «Forma singula[. Ge “ministerialidad” laical», «forma específica de apostolado» de los laicos en la Iglesia; que procura servir «áíincremento de toda la comunIdad cristiana, a los proyectos pastorales y a la animación evangélica de todos los ámbitos de la vida» en disponibilidad para actuar conforme a las prioridades que la jerarquía le señale.

Nuestra intención será, pues, recoger lo sustantivo de las notas conciliares, contemplándolas desde las enseñanzas del Concilio Vaticano II, y a la luz de la interpretación que de él ha hecho el magisterio.

Por otra parte intentaremos responder que significa aquella sentencia de Pablo VI refiriendo que la Acción Católica «ocupa un lugar no históricamente contingente, sino teológicamente motivado en la estructura eclesial». ¿Por qué, si en el decir de

Juan Pablo II, «la Iglesia no puede prescindir de la Acción Católica» es tan cuestionada su vigencia? ¿Estas enseñanzas del magisterio están acaso dirigidas sólo al auditorio ante el cual son pronunciadas o conciernen a toda la Iglesia?

Este esfuerzo nos ayudará a reconocer la configuración que actualmente asume la Acción Católica en México y nos dispondrá para responder a los desafíos que se presenten como a la sensibilidad y aspiraciones de los laicos en las circunstancias actuales.


[1] TMA 18.

[2] TMA 18.

[3] «El concepto de comunión (koinoía), ya puesto de relieve en los textos del Concilio vaticano II (LG 4,8, 13315, 18, 21.24-25. DV 10; GS 32; UR 2-4,14-15, 17-19, 22) es muy adecuado para expresar el núcleo profundo del misterio de la Iglesia, y ciertamente, puede ser una clave de lectura para una renovada eclesiología católica» (Carta «Comuniones notio», Congregación par la doctrina de la fe, 28-5-92).

[4] AA 20

[5] En la Encíclica Ad Catholici Sacerdotii, 63: >Aquí nuestro pensamiento se vuelve agradecido hacia esa Acción católica, con tan vivo interés por Nos imperada, impulsada y defendida, la cual, como participación de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia, no puede desinteresarse de este problema tan vital de las vocaciones sacerdotales»; En la Encíclica Mens Nostra, 17: «Con no menor solicitud, venerables hermanos, aconsejamos que con los Ejercicios espirituales se formen convenientemente las múltiples legiones de la Acción católica; la cual no desistimos ni desistiremos nunca, de fomentar y recomendar con todas nuestras fuerzas, porque tenemos por utilísima (por no decir necesaria) la participación de los seglares en el apostolado jerárquico ». Cf. Encíclica Quadragesimo Anno, 96; Cf. Quae nobis, al cardenal Berttsnd obispo de Breslau (13-11-28); Cf. Lemus Sane notius, 3.8. al Cardenal Segura de Toledo (6-11-29).

[6] Carta al Episcopado de Argentina 4-12-1930.

[7] Encíclica Mystici Corporis Christi, 45: «Los que militando en las filas de la Acción católica, cooperan en el ministerio apostólico con los Obispos y los sacerdotes»; Cf Encíclica Summi Pontificatus: «La colaboración de los laicos formados en las filas de la Acción Católica … »

[8] Podemos reconocer en los textos neotestamentarios una activa participación de discípulos que colaboran estrechamente con los apóstoles en la tarea evangelizadora. Sirve como ejemplo el testimonio que recuerda Pablo de Epafrodito, «hermano, colaborador y compañero de lucha» (Flp 2,25); Evodía, Síntique, Clemente y sus demás colaboradores quienes lucharon [con él] en la predicación del Evangelio.(Flp4,2-3)Epafras nuestro querido compañero en el servicio de Dios (Col 1,7; 4,12); Priscila y Aquila colaboradores en Cristo Jesús, María, que tanto ha trabajado, Andrónico y Junia,.que son apóstoles insignes, Urbano, colaborador en Cristo, Persis, que también ha trabajado mucho por el Señor(Ro 16,4-15); Estéfanas y su familia, quienes han decidido consagrarse al servicio de los hermanos (lCo 16,15) Filemón, amigo y colaborador CFil1.2).

[9] Fernández Casamayor, A., «Bases Teológicas y Eclesiológicas de la Acción Católica» Madrid: EDICE, pp28-29.

[10] No presentamos en este artículo una elaboración sistemática del contenido y significado del Magisterio sobre la Acción Católica, sino que sólo hacemos un recorrido sobre los textos>’en que se puede leer una referencia a lo esencial de la Acción católica.

[11] CD 17.

[12] AA 20.

[13] AG 15.

[14] Audiencia general 14-2-68.

[15] Discurso en el Centenario de la ACI, 8-12-68.

[16] Discurso a los participantes en la III asamblea general de la ACI (27-763) y lo repetía al afío siguiente en una carta a la AC Portuguesa (25-6-64).

[17] Carta al Cardenal Francisco Primatesta para la XVI Asamblea Federal de la AC Argentina, 12-6-77.

[18] Proposición no 13

[19] ChL 32.

[20] Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a los participantes en la XI Asamblea de la Acción Católica Italiana, 2-4 (26-04-2002).

[21] AA 20.

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Absurdos en el debate

Absurdos en el debate

Por: Walter turnbull

Periódico AM Querétaro, 6/sep/09

Me acabo de enterar, por un noticiero católico -estas noticias generalmente no agradan y no beneficial a la prensa comercial- que en Querétaro ya se dio el primer paso para el “blindaje” contra el aborto: la comisión de Puntos Constitucionales y de la Familia aprobó la reforma a la Constitución de Querétaro para proteger al ciudadano desde la fecundación, con sus excepciones. Ahora falta la aprobación délos gobiernos municipales y del pleno de la legislatura pero, como dijimos, es un principio que nos da esperanzas de que la lucha a favor del respeto a la vida y a la mujer se anote un triunfo, que últimamente han sido más bienes casos a nivel mundial. Esto, sin embargo, no obsta para observar algunos despropósitos que se presentan frecuentemente en este tipo de argumentaciones y que nos reflejan algo de quiénes son sus protagonistas.

Hace unos días escuchaba, esta vez sí en un noticiero comercial, acerca de las audiencias que se llevaron a cabo ante la comisión apropósito de la iniciativa.

Lo primero que llamó mi atención es que el debate para modificar la constitución estatal en Querétaro no iba necesariamente a reflejar el sentir de los queretanos: según las noticias, “…grupos en favor del aborto que operan en el Distrito Federal revitalizaron su estrategia, ante las derrotas sufridas en los congresos de 13 Estados y viajaron a Querétaro para participar en el debate que se abrió en esa entidad.” Yo pude reconocer a Patricia Mercado, la sexi-candidata que alguna vez demandó a nuestro Obispo por sugerirnos a todos que votáramos razonablemente, y creo que a MartaLamas, a quien no conocía físicamente pero reconocí su sempiterno discurso político. Es enojoso que estos grupos que eternamente manipulan los principios de democracia, voz del pueblo respeto a la voluntad… no tengan reparo en irse a meter a un Estado que no es el suyo a tratar de dirigir la opinión pública.

Lo segundo que llamó mi atención es la facilidad con que algunos pueden acostumbrarse a esgrimir una mentira y otros acostumbrarse a oírla. Todo es cosa solamente de decirla con cierto estilo y términos grandilocuentes. La infame frase “di una mentira mil veces y se convertirá en verdad” aquí cobra más realidad que nunca.

En esta ocasión la mentira, que se ha difundido muchísimo en todos los foros, fue planteada varias veces en diferentes forma, con un aplomo realmente admirable, y no dudo que incluso haya sonado convincente para muchos. Es lo que en lógica se llama un sofisma, es decir, una falsedad que se presenta como si fuera un razonamiento lógico, pero aplicando alguna premisa falsa o con una estructura engañosa. Si a usted lo marean un rato, lo distraen, le lloran, le manejan cifras falsas, le cuentan de la niña de Guanajuato y los horrores de la inquisición y de la ultraderecha, puede ser que se vea tentado a creerla, pero pruebe aponer la afirmación toda junta de un solo jalón, sin aclaraciones, sin teatros, sin enredos y sin adornos: “Defender el derecho ala vida del niño desde el momento de la concepción es un atentado contra los derechos de la mujer.” ¿Le suena perfectamente absurdo o escalofriantemente macabro? Pues le suena bien. Es perfectamente absurdo y encierra una intención macabra.

Categorías:DSI

Lo más importante en este inicio de clases

Lo más importante en este inicio de clases

Educar Hoy

Por Pedro J. Bello Guerra.

Periódico AM Querétaro, 6/sep/09

Acaban de iniciar clases, todos lo hemos notado, más tráfico en la ciudad, todos los niños estrenaron sus nuevos uniformes y están felices de regreso a clases con nuevos proyectos en cada una de las escuelas, conociendo a los nuevos del salón y empezando un nuevo curso, es realmente padre, bonito, divertido, el comenzar algo nuevo, el estrenar un nuevo año escolar y es el momento de preguntarnos: ¿qué será lo más importante qué debo conseguir en este 2009-2010? La respuesta puede tener infinitos matices, pero a mí me gustaría centrarme en uno especial que obtendremos leyendo esta pequeña historia:

“Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas.”Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas”.

El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.

Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar.”Dame algo, por favor”, le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dio a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él.

Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas.

Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papas, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dio a él.

En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿Qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas? ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!

Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, i ¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!

Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad había devuelto la alegría a todos.”

Es lo más importante que debemos enseñar todos en este regreso a clases: la generosidad, la capacidad de darnos a los demás, de entregarles no solamente lo material, cosas, sino nosotros mismos; en el desarrollo personal todo funciona como en un monte que en su cima tiene hielo y que al deshelarse va produciendo aguay esa agua va regando lo que tiene abajo, así como en el caso de nuestro conejito al entregar lo que tenía: “las ramas”, la magia consistió en que donó algo suyo muy querido y entonces ayudó a todos los demás. Siendo generoso con nuestros amigos, con las personas mayores, en casa, en el salón, en todas partes, lograremos no solamente ser mejores personas sino que creciendo junto con los otros podremos ayudarnos y ayudarles. La virtud que más cuesta en la vida es la generosidad, el dar a los demás délo que tenemos, pero sobre todo, darnos nosotros.

Es el momento de darnos como maestros, de servir como padres, de hacer buenas obras para los demás, claro que para hacer eso primero tenemos que tener, nadie dalo que no tiene. Para poder enseñar a estudiar, tenemos que estudiar nosotros, para dar amor tenemos que tener amor a los demás nosotros y así sucesivamente. Es por eso que la virtud de la generosidad es una de las más importantes y mas difíciles porque va unida a la entrega de uno mismo, como decía Agustín de Hipona: “donum sibi”. Darse a uno mismo, eso es amar: la generosidad siempre habla de amor, de pensar en el otro y en este inicio de clases si hay que aprender, hay que saber más cosas pero sobre todo hay que ser mejor, como meta en este año debemos ponernos ser más generosos.

pedrobelloguerra@gmail.com

Categorías:Cuentos para educar

Solo la verdad se da el verdadero desarrollo

Solo la verdad se da el verdadero desarrollo

La voz del Papa

José Martínez Colin

Periódico AM Querétaro, 6/sep/09

1)     Para saber

Hay un anhelo común en los hombres tanto de una manera personal, como sería en el matrimonio, como entre los grupos o naciones: es la obtención del entendimiento y la paz. Cuando se llega a estar de acuerdo en algo, se produce entonces cierta comunión entre las partes. Ese entendimiento es pleno cuando se consigue llegar a la verdad. Si cada parte tiene una opinión distinta, se podría mantener cierta convivencia, pero no habría una profunda unidad y comunión entre ellas. Cada persona tiene unos pensamientos, pero éstos no siempre son verdaderos. Por eso dice el Papa Benedicto XVI que la verdad es la que nos ayuda a traspasar nuestras opiniones subjetivas. Incluso nos hace superar las determinaciones de la propia cultura. Ello explica que el cristianismo, portadora y anunciadora de la Verdad, pueda ser aceptada por cualquier cultura, y no sólo como un añadido, sino como perfeccionadora de dicha cultura. Anunciar y testimoniar la verdad, dice el Papa, ha de ser la misión de cada cristiano.

2)     Para pensar

Cuentan que hace muchos años, cuando hubo mucha hambre en China y muchos morían, las madres chinas, desesperadas por no poderle dar de comer algo a sus hijos hambrientos, les daban de comer tierra con el fin de engañar al estomago al sentir algo pesado en él y dejaran de sufrir, con graves consecuencias. Algo parecido sucede cuando a las personas no se les habla con la verdad y se les llena el estómago con la tierra de la superstición y de la falsedad, haciéndoles creer como verdadero lo que no lo es con consecuencias también graves. En este campo tienen un papel muy importante los educadores y los medios de comunicación pues al transmitir información, están alimentando a las almas. Por ello la Iglesia se preocupa de no distorsionar la verdad, y de proclamarla con claridad y valentía, aunque sepa que algunos la podrán calificar de intransigente. Pero no puede engañar a las personas sólo para ser aceptada por esos algunos. El Papa Benedicto XVI señala que “vivir la caridad en la verdad lleva a comprender que la adhesión a los valores del cristianismo no sólo es un elemento útil, sino indispensable para ¡a construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral” (‘La caridad en la verdad’. n.4). El mismo Papa nos da ejemplo de testimoniar la verdad sin miedos, pues sabe que la Iglesia tiene un compromiso con la verdad, aunque a veces le haya costado la vida de muchos mártires.

3)     para vivir

La verdad, que viene de la palabra griega “logos”, al comunicarse produce el diálogo (diálogos), es decir, el logos de dos, es compartir la palabra, la verdad, entre dos, creando así una comunión, una unidad entre las partes. Así. dice el Papa, la verdad abre el intelecto y une a las personas al ser comunicada. Hay que vivir con el afán de transmitir la verdad, pero no imponiéndola, sino con caridad. San Josemaría Escrivá solía decir que no se trata de ganar en una discusión, pues así una parte vence y la otra queda derrotada. Sino que más bien se trata de convencer. Esta palabra, “convencer”, muestra mejor cuál ha de ser nuestra actitud, pues indica “vencer con”, es decir, que ambas partes salen vencedoras al conseguir, para ambas, la verdad.

José Martínez Colín es sacerdote,

Ingeniero en Computación por la

UNAM y Doctor en Filosofía por la

Universidad de Navarra

(e-mail:padrejosearticulos@gmail.com)

Categorías:Reflexiones