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“Los fieles laicos, en virtud del Bautismo, son protagonistas en la obra de evangelización y promoción humana”, dijo el Papa Francisco hace pocos días en un encuentro con los responsables de las agregaciones laicales eclesiales y de inspiración cristiana, promovido por la Diócesis de Roma. Pero ¿qué significa ser laicos protagonistas en el mundo de hoy? Comparto algunas claves ofrecidas por el Cardenal Ricardo Ezzati, Arzobispo de Santiago.

1. Vocación diferente pero complementaria

El Cardenal Ezzati, en diálogo con ACI Prensa, nos explica que “la misión de los laicos forma parte del proyecto pastoral de nuestra arquidiócesis”. Esto surge “de la experiencia vocacional de la Iglesia”. Hay que recordar que “la Iglesia tiene una sola vocación: la de ser signo de Cristo Jesús en el mundo y continuar en la historia la acción salvadora de Jesucristo, a través de la predicación del Evangelio, la vida comunitaria, la celebración de los misterios de la fe, y la diaconía, el servicio a los hombres”. Esta vocación “está conformada de vocaciones diferentes y complementarias. Entonces ser laico significa ser discípulo misionero de Jesucristo luz del mundo, en el mundo, en una relación muy directa con el mundo”.

2. Luz del mundo…en el mundo

“Participando de la única vocación y de la única misión de ser Iglesia”, el laico está “muy estrechamente relacionado con el mundo, con sus semejantes, con la construcción de la historia en clave cristiana, como discípulo de Cristo, como misionero suyo, privilegiando la metodología de la misión propia de un laico”, dijo el Cardenal, y explicó que para entender esta metodología particular, es necesario comprender que “Al laico no se lo pide ser un presbítero en el mundo”, sino ser un “buen esposo, buen trabajador, o buen profesional, como hombre o una mujer”, comprendiendo que desde su lugar y vocación debe será discípulo del Señor y misionero.

3. Campo apostólico de los laicos

La exhortación apostólica Christi Fideles Laici del Beato Juan Pablo II define la primera tarea del laico. Esta consiste en “hacer del mundo un anticipo de lo que será definitivo: el Reino definitivo de Dios”. Pero ¿en qué parte del mundo debe hacerlo?, “En varios campos: en la familia, haciendo la Iglesia doméstica, en el ámbito de la cultura, educando a los hijos y promoviendo una cultura cristiana de la vida.”

4. ¿Realmente tienen espacio en el mundo?

“¡Cuánto espacio para un laico!, ¡Cuánto espacio para un laico para hacer del mundo, del trabajo y de la vida diaria, Reino de Dios; en los sindicatos, en las empresas!, ¿Cómo no pensar en la misión que los cristianos tienen en la vocación política?”, enfatiza el Cardenal Ezzati, y continúa diciendo que cuando existen fallas en estos campos, sobre todo en Latinoamérica que es un continente mayoritariamente cristiano, es porque existe la “dificultad de encarnar el Evangelio en el día de hoy”. Para el Purpurado es “fundamental que los laicos sientan que su adhesión a Jesucristo es vocación de construir realidades humanas impregnadas de los valores del Evangelio”, y no quedarse mirando la historia desde el balcón, como dijo el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud.

5. La misión del laico es fundamental para la Iglesia

“Sin los laicos no sería la Iglesia de Jesucristo. Sin la participación de los laicos, una Iglesia clericalista no sería la Iglesia de Jesucristo”, agrega el Cardenal Ezzati, ya que su misión “tiene relación con el crecimiento de la misma Iglesia”, a través de una tarea específica. “Ahí radica la importancia de que los “laicos ocupen de verdad su espacio vocacional, su identidad vocacional al interior de la misma Iglesia. Cada vocación no puede vivirse sin las otras, cada una está llamada a aportar desde la esencia de la propia identidad bautismal, de confirmado, lo que es especifico ya que entre todos somos el cuerpo de Cristo.”

6. Formación permanente: un desafío

Muchas veces nos topamos con personas que no se atreven a hacer apostolado por la falta de conocimiento. Ante esto, el Cardenal recuerda que “los laicos viven y se forman en la Iglesia, y por consiguiente, encuentran todos los domingos la posibilidad de escuchar la Palabra de Dios, de celebrar, de vivir en comunidad, de ejercer el servicio de la caridad”. Pero además tienen la responsabilidad continua de formarse. “La Iglesia ofrece ayuda de formación en varios campos”, pero también “entra en juego la disponibilidad y el deseo de ser servidores a la altura del hombre, de la mujer de hoy”. Este “gran desafío no es solamente para los laicos, es desafío para nosotros los consagrados, para las religiosas, los religiosos; ya que se trata de responder a nuestra vocación, a través de un proceso de formación permanente, respuesta concreta al llamado que el Señor nos ha regalado”.