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Cuando el tiempo ha desgastado una relación

Cuando el tiempo ha desgastado una relación
P. DENNIS DOREN L.C.
3 Julio 2011, http://www.am.com.mx

Sabemos que las relaciones con el tiempo se van gastando, perdemos la tolerancia, la capacidad de escucha, ya no dialogamos, comenzamos con actitudes de desconfianza, la relación se va enfriando y pareciera que todo lo que dice o hace el otro me causa malestar. Cuántos matrimonios o relaciones familiares con el paso del tiempo se vuelven insoportables, y todo comenzó con pequeñas cosas; hoy es el día de hacer un alto en el camino y ver cómo va mi relación con mis seres cercanos, hasta dónde se mantiene el respeto, el cariño, la confianza y la comunicación, actitudes bases para construir sobre roca nuestra vida familiar y amistad con los demás, aquí un buen sabio te deja esta lección.

En una aldea remota vivía una pareja con sus buenos años de casados, Pedro y Julia. Ya acostumbrados el uno del otro, con las clásicas amarguras y la vida dura les había curtido y endurecido el corazón. De las alegrías y diálogo cariñoso de los primeros tiempos pasaron a vivir discutiendo y gritándose el día entero.

Si Pedro abría la boca para decir una palabra, Julia decía cinco; si el hombre le contestaba con diez, Julia con quince, y así se pasaban largas horas hiriéndose. Vivían en un discutir permanente, y lo que es peor, sin acordarse muchas veces del por qué discutían.

-¿Y por qué estamos peleando? -preguntaba perplejo Pedro.

-¿Que por qué? ¡Por tu culpa!

-¡No! ¡Por la tuya!

Y nuevamente se comenzaba un pleito sin fin, día a día, año tras año.

Los vecinos, cansados ya de tantos gritos, apenados por la forma en que los viejitos estaban pasando lo que debían ser sus años dorados, contaron a la señora que en lo alto de la montaña vivía un gran sabio dueño de un agua mágica. Decían los vecinos que esa agua curaba todo tipo de situaciones, y que los ayudaría para que no siguieran peleándose.

Allá fue Julia, confiando al sabio con lágrimas en los ojos la situación de dolor, desconfianza y rencores que tenía con su esposo de tantos años. Al terminar su exposición, el hombre le entregó una sencilla botella llena de agua.

-Aquí está su solución. Cuando Pedro comience a pelear, tome un poco de esta agua y manténgala en su boca. No la escupa ni la trague hasta que él se calme. Hágalo así siempre. Ya verá como todo se solucionará.

-¡Por qué no está lista la comida! -fue el saludo de Pedro. Ella, sin contestarle, tomó un poco del agua y la mantuvo en su boca. El anciano seguía gritándole. Ella, callada. Viendo Pedro que no le contestaba, también calló. La anciana, cantando alegremente, preparó una suculenta comida. Luego, nuevamente la comenzó a atacar:

-¡Mira la casa, toda sucia y de-sarreglada!

La pobre Julia, ofendida y dolida, quiso responderle, pero tomó un poco del agua y calló. Al ver que no le respondía, el viejo hizo lo mismo, calló.

Y así ocurrió una y otra vez. Con el tiempo, los ancianos dejaron de discutir, pelear, gritar, y aprendieron a vivir con una gran tranquilidad, como la gente. Ella le contó a su compañero todo lo del sabio y la botella de agua, y juntos fueron a lo alto de la montaña a agradecerle por esa agua maravillosa que había cambiado sus vidas.

El sabio les dijo que lo que contenía la botella era agua, simple agua, y que el aprender a controlarse fue lo que les enseñó a vivir sin peleas y gritos, dándose tiempo antes de responder, pensando qué y cómo decir las cosas.

Y los esposos se dieron cuenta de que Dios había contestado aquella hermosa oración, que en sus años mozos solían dirigirle, y que dice:

Enséñame a regalar a todos, cada día, una palabra sencilla y un gesto sincero.

Regalar algo de mi tiempo a quien lo necesita.

Regalar el perdón a quien me haya herido.

Regalar mi generosidad a quien es más pobre que yo.

Que sepa regalar cada día una mirada abierta, un corazón atento, diálogo para respetarnos y amor para entendernos.

Renueva y sana hoy con esta oración todas las resquebrajaduras hechas a lo largo de estos años en tu corazón y que te ha hecho una persona iracunda, poco comprensiva y tolerante, y bebe una vez más del agua viva del amor que te lleve a restablecer con paz y armonía todas tus relaciones con los demás.

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