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Exhortación Pastoral del Obispo de Querétaro con ocasión del Año de la Fe

Exhortación Pastoral del Obispo de Querétaro con ocasión del Año de la Fe

Escrito por  Mons. Faustino Armendáriz Jiménez

A los hermanos presbíteros diocesanos y religiosos,

a los diáconos,

a los miembros de la Vida Consagrada,

a los fieles laicos,

a la familia, a los jóvenes y a los niños,

a todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad:

 

I.  Introducción

 

1.  Con ocasión del año de la fe, que providencialmente el  Papa Benedicto XVI, con los Padres Sinodales y los presidentes de las Conferencias Episcopales, declarará solemnemente en la plaza de San Pedro, el día 11 de octubre a las 10:00 a.m., les envío mi saludo afectuoso, mi oración y mi vehemente exhortación a vivir intensamente, este año de gracia y bendición. Estoy seguro que el Año de la Fe, será como un aire fresco y una gran oportunidad que nos ayudará a permear y dar más vigor e impulso a la misión permanente en nuestra querida Diócesis de Querétaro.

 

II. El año de la fe: para dar gracias a Dios por dos grandes eventos eclesiales

 

2.  En el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y la celebración de los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, y con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe, el Santo Padre Benedicto XVI ha decidido convocar un año de la fe que dará inicio el 11 de octubre de 2012 y terminará el 24 de noviembre del 2013, en la Fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. (cf. PF, n. 4).

3.  El Concilio Vaticano II ha querido transmitir, pura e integra, la doctrina, sin atenuaciones ni  deformaciones, comprometiéndose a que esta doctrina, cierta e inmutable, que debe ser fielmente aceptada, sea profundizada y presentada de manera que corresponda a las exigencias de nuestro tiempo. El Sínodo de los Obispos ha sido la forma de aplicar y asegurar la correcta recepción de las enseñanzas del Concilio, por otra parte, el Catecismo de la Iglesia es otro fruto del Concilio y es un instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial, y una regla segura para la enseñanza de la fe. (cf. Congregación para la Doctrina de la fe, nota con indicaciones pastorales para el año de la fe).

4.  El Catecismo de la Iglesia Católica, como un auténtico fruto del Concilio, “manifiesta de verdad una cierta sinfonía de la fe” (Constitución Apostólica Fidei depositum, del 11 de octubre de 1992, n. 2), ya que la fe,  es  el principio  basilar, es el quicio, el criterio esencial de la renovación que pretendió el concilio. De la fe deriva la norma moral, el estilo de vida, la orientación práctica de cada una de las circunstancias”  (cf. Juan Pablo II, Discurso de clausura de la II Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos del 7 de diciembre de 1985, n. 6).

5.  El Santo Padre Benedicto XVI ya había sugerido en la homilía del inicio de su pontificado este camino de fe. «La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud». (cf. Homilía de inicio de Pontificado, 24 de abril de 2005).

 

III.  El año de la fe: para dar un nuevo impulso a  la  misión permanente en nuestra Diócesis.

 

6.  Nos preparamos para celebrar con júbilo el ciento cincuenta aniversario de la erección canónica de la Diócesis de Querétaro. Esta Iglesia particular ha llegado a la conclusión de que la prioridad pastoral de hoy es hacer de cada hombre y mujer, cristianos con una presencia radiante de la perspectiva evangélica en medio del mundo, en la familia, la cultura, la economía y la política. Porque ¿qué pasaría si la sal se volviera insípida? (cf. Mt 5, 13).

7.  Las palabras del Beato Juan Pablo II: no tengan miedo de abrir las puertas de par en par a Cristo, son palabras que nos invitan a caminar hacia la amistad con Cristo, pues quien deja entrar a Cristo no pierde nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. (cf. Homilía de inicio de Pontificado, 24 de abril de 2005).

8.  La fe en Jesucristo, es la puerta que nos permite entrar de modo solemne en la Iglesia siempre abierta para todos, esto supone un camino que dura toda la vida, ahora bien,  este paso no lo damos en solitario, pues quien cree, nunca está solo; no lo está en la vida ni tampoco en la muerte. (cf. Homilía de inicio de Pontificado, 24 de abril de 2005).

9.  El año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión y luego a una valiente y decidida acción misionera. En este sentido, la Diócesis, con todas sus comunidades y estructuras, está llamada a ser una “comunidad misionera”, a impregnar todas sus estructuras con una firme decisión misionera (cf. DA 365), y hacer de la Diócesis, presidida por el Obispo, el primer ámbito de la comunión y la misión (cf. DA 163). Ante el desafío de revitalizar nuestro modo de ser  católico, hay que hacer que la fe arraigue en el corazón como acontecimiento fundante, y el Evangelio se manifieste como novedad de vida y de misión. (cf. DA 3). El campo de la misión se ha ampliado notablemente y no se puede definir basándose sólo en consideraciones geográficas o jurídicas, hay que tener también en cuenta los ámbitos socioculturales y, sobre todo, los corazones. (cf. DA 375; DA 375); la fe que se encarnó en la cultura puede ser profundizada y penetrar cada vez mejor la forma de vivir de nuestros pueblos (cf. DA 262).

 

IV.  El año de la fe: para redescubrir la ALEGRÍA de creer (discípulos)

 

10.         Nosotros como Iglesia Particular también vivimos de la fe, por eso queremos durante este año redescubrir la fe como la puerta que nos pone en camino hacia el encuentro y seguimiento de Cristo vivo, impulsando el Plan Diocesano de Pastoral, celebrando los ciento cincuenta años de nuestra Diócesis, y acentuando la dimensión social en la fe, para dinamizar nuestra Pastoral tomando como base, la Iniciación Cristiana y la Formación Permanente desde nuestras familias.

11.         El año de la fe nos permitirá comprender que el fundamento de nuestra fe es: «el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (DCE, 1).

12.         «Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una Nueva Evangelización, para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. El compromiso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano de su amor, que nunca puede faltar. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos». (cf. PF, n. 7).

13.         El Santo Padre ha convocado también, la Asamblea General del Sínodo de los Obispos en el mes de octubre del 2012 sobre el tema de La Nueva evangelización, para la transmisión de la fe cristiana, en el contexto de una fuerte crisis de fe que se percibe en no pocos cristianos, este gesto nos llama a poner nuestra atención en un punto crucial y que requiere la intervención del episcopado: «Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas». (cf. PF, n. 2). Hoy es necesario atender a esta urgente necesidad existencial para la vida de la Iglesia, a través de la Nueva Evangelización que consiste en “imaginar situaciones, lugares de vida y acciones pastorales que permitan a las personas  salir del ʽdesierto interiorʼ” (cf. Instumentum laboris para la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, n. 86).

14.         Hermanos y hermanas, este interés del Sucesor de Pedro nos revela que el acto de la fe no es un acto individual sino un acto eclesial. Su intención no sólo es la de testimoniar su inquebrantable voluntad de conservar íntegramente el depósito de la fe (cf. 1Tim 6, 20), que nos fue transmitida, sino también de robustecer el propósito de llevar la misma fe a la vida en este tiempo en que la Iglesia tiene que peregrinar en este mundo.  Pues, quien cree en Jesús no quedará jamás defraudado.

15.         Redescubrir la alegría de creer, implica también redescubrir y encarnar los rasgos del discípulo, a los que apunta la iniciación cristiana, como lo señalamos los obispos en Aparecida destacamos los siguientes: “que tenga como centro la persona de Jesucristo, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de toda madurez humana y cristiana; que tenga espíritu de oración, sea amante de la Palabra, practique la confesión frecuente y participe de la Eucaristía; que se inserte cordialmente en la comunidad eclesial y social, sea solidario en el amor y fervoroso misionero” (cf. DA 292).

 

V. El año de la fe: para redescubrir la alegría de proclamar la fe (misioneros)

 

16.         La Iglesia necesita testigos gozosos y convincentes del Señor resucitado, capaces de señalar “la puerta de la fe” a tantos que están en búsqueda de la verdad”. El texto bíblico del libro de los Hechos de los Apóstoles  (14, 27), que inspira al Santo Padre para dar título a esta Carta Apostólica “Porta Fidei”, “Puerta de la fe”, se refiere a dos grandes misioneros: Pablo y Bernabé, que después de haber hecho muchos discípulos regresaron a Antioquía… “y se pusieron a contar todo lo que Dios había hecho por medio de ellos y como había abierto las puertas de la fe a los pueblos paganos”. Esto es justamente a lo que nos convoca el Papa, cuando dice: “Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19). Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una Nueva Evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. El compromiso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano de su amor, que nunca puede faltar. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo” (cf. PF, n. 7).

17.         Los Obispos de América Latina y el Caribe reunidos en Aparecida, Brasil en Junio del 2007, después de analizar la realidad y descubrir el alto porcentaje de católicos con una identidad cristiana débil y vulnerable (cf. DA 286), “consideramos urgente cuestionar a fondo, la  manera que estamos educando en la fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana (cf. DA 287). Nuestra conclusión fue esta: “O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo, e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora” (cf. ibidem).

18.         Por eso, en este año de la fe, invito a todos los fieles a leer y meditar y hacer operativa la Carta apostólica Porta fidei del Santo Padre Benedicto XVI. Este año debe ser una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía. La liturgia no es obra nuestra, sino acción de Dios en nosotros y con nosotros. Es obra suya, él es el sujeto, y a nosotros toca abrirnos y dejarnos guiar por él, y por su cuerpo que es la Iglesia de modo particular en la Eucaristía. En la Eucaristía, misterio de la fe y fuente de la Nueva Evangelización, la fe de la Iglesia es proclamada, celebrada y fortalecida. Todos los fieles están invitados a participar de ella en forma consciente, activa y fructuosa, a fin de que aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él para ser auténticos testigos del Señor (cf. SC 48).

19.         Los sacerdotes diocesanos y religiosos podrán dedicar mayor atención al estudio de los documentos del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica, recogiendo sus frutos para la pastoral parroquial –catequesis, predicación, preparación a los sacramentos, etc.– y proponiendo ciclos de homilías sobre la fe o algunos de sus aspectos específicos, como por ejemplo, el encuentro con Cristo, los contenidos fundamentales del Credo y la fe y la Iglesia.

20.         Los catequistas podrán apelar aún más a la riqueza doctrinal del Catecismo de la Iglesia Católica y, bajo la responsabilidad de los respectivos párrocos, guiar grupos de fieles en la lectura y la profundización común de este valioso instrumento, con la finalidad de crear pequeñas comunidades de fe y testimonio del Señor Jesús. Utilizando de manera fundamental el documento en toda acción catequética.

21.         Se espera por parte de las parroquias un renovado compromiso en la difusión y distribución del Catecismo de la Iglesia Católica y de otros subsidios aptos para las familias, auténticas iglesias domésticas y lugares primarios de la transmisión de la fe. El contexto de tal difusión podría ser, por ejemplo, las bendiciones de las casas, el bautismo y la confirmación de los adultos y los matrimonios de quienes ya viven juntos y no lo han recibido. Esto contribuirá a confesar y profundizar la doctrina católica en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. Debemos redescubrir en la familia “un lugar ejemplar para dar testimonio de la fe por su capacidad profética de vivir los valores fundamentales de la experiencia cristiana” (cf. Instumentum laboris para la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, n. 110).

22.         Será conveniente intensificar el trabajo del censo parroquial, la misión intensiva y la formación de pequeñas comunidades y animar otras iniciativas en las parroquias y en los lugares de trabajo, para ayudar a los fieles a redescubrir el don de la fe bautismal y la responsabilidad de su testimonio, conscientes de que la vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado.

23.         En este tiempo, los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica están llamados a comprometerse en la Nueva Evangelización mediante el aporte de sus propios carismas, con una renovada adhesión al Señor Jesús, fieles al Santo Padre y a la sana doctrina. Les hago un vivo y fraternal llamado a los religiosos que participan del sacerdocio ministerial a participar en todos los momentos en los que el Obispo se reúne con el presbiterio del que son parte, en virtud del sacramento del Orden y al que la ley canónica los vincula y para bien de todos los fieles.

24.         Las comunidades contemplativas durante el Año de la fe dedicarán una particular atención a la oración por la renovación de la fe en el Pueblo de Dios y por un nuevo impulso en su transmisión a las jóvenes generaciones.

25.         Las Asociaciones y los Movimientos eclesiales están invitados a hacerse promotores de iniciativas específicas que, mediante la contribución del propio carisma y en colaboración con el Obispo y los párrocos, se incorporen al gran evento del Año de la fe. Las nuevas Comunidades y Movimientos eclesiales, en modo creativo y generoso, encontrarán los medios más eficaces para ofrecer su testimonio de fe al servicio de la Iglesia.

26.         Dirijo un especial llamado e invitación a todos los jóvenes, para que con su audacia y su juventud se atrevan a vivir en este año un encuentro con Jesucristo vivo y puedan así rencontrar el sentido de la vida y enfrenar la vida con alegría. “La aspiración a la alegría está grabada en lo más íntimo del ser humano. Más allá de las satisfacciones inmediatas y pasajeras, nuestro corazón busca la alegría profunda, plena y perdurable, que pueda dar «sabor» a la existencia. Y esto vale sobre todo para ustedes, porque la juventud es un período de un continuo descubrimiento de la vida, del mundo, de los demás y de sí mismo. Es un tiempo de apertura hacia el futuro, donde se manifiestan los grandes deseos de felicidad, de amistad, del compartir y de verdad; donde uno es impulsado por ideales y se conciben proyectos” (cf. Mensaje del santo padre Benedicto XVI para la XXVII Jornada Mundial de la Juventud).

26.         Todos los fieles de la Diócesis, están llamados a reavivar el don de  la fe, y tratar de comunicar su propia experiencia de fe y caridad, dialogando con sus hermanos y hermanas, incluso de otras confesiones cristianas, sin dejar de lado a los creyentes de otras religiones y a los que no creen o son indiferentes. Así se espera que todo el pueblo cristiano comience una especie de misión entre las personas con quienes viven y trabajan, conscientes de haber: recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. (cf. nota con indicaciones pastorales para el año de la fe, de la Congregación para la Doctrina de la fe).

27.         Redescubrir la alegría de proclamar la fe implica un seguimiento radical de Jesucristo, así lo decíamos los Obispos en Aparecida: “La fuerza de este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad misionera. Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo. Él sigue convocando, sigue invitando, sigue ofreciendo incesantemente una vida digna y plena para todos. Nosotros somos ahora, en América Latina y El Caribe, sus discípulos y discípulas, llamados a navegar mar adentro para una pesca abundante. Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos, con valentía y confianza (parresía), a la misión de toda la Iglesia” (DA 363).

28.         Finalmente, les recuerdo el objetivo y los criterios para este año que ya hemos presentado en la reunión de Decanos del 24 de junio y asumido en la reunión plenaria del pastoral del 18 de septiembre de este año:

 

Objetivo: Redescubrir la fe como la puerta que nos introduce, al encuentro y seguimiento de Cristo vivo, impulsando el PDP, celebrando los 150 años de nuestra Diócesis, y acentuando la Dimensión Social en la fe, para dinamizar nuestra Pastoral tomando como base, la Iniciación Cristiana y la Formación Permanente de los discípulos misioneros.

Que se tengan en cuenta los documentos del Concilio Ecuménico Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica, en todos los eventos que celebramos.

Que de los eventos que celebramos a nivel diocesano y parroquial se haga un programa unitario según expresa el objetivo.

Que coordine la Comisión de la Pastoral Social siguiendo la acentuación que indica el diseño del Plan Diocesano de Pastoral, correspondiente al año 2013.

Que cada Comisión de Pastoral Diocesana elabore y enriquezca su programación teniendo en cuenta el contexto eclesial y éste proyecto diocesano.

Que se asuma el programa para la celebración de los 150 años de la erección canónica de la Diócesis (Misión Diocesana Intensiva) y se complemente y se enriquezca con los demás programas.

Que cada Parroquia asuma, complemente y enriquezca su programación, teniendo en cuenta el proyecto diocesano.

Que en nuestra Diócesis se siga el dinamismo que se impulsa, y se culmina en nuestras Asambleas Diocesanas de Pastoral.

Apertura del año de la fe en toda la Diócesis:

El 11 de octubre a las 12:00 hrs., en la Catedral, la Basílica, los Santuarios, las Parroquias, las Capillas, de toda la Diócesis (repique de campanas y rezo del Credo). Hay que tener en cuenta que del 8 al 12 de octubre, es la primera tanda de ejercicios.

El 19 de noviembre del año 2012 en la Asamblea Diocesana de Pastoral.

Clausura del año de la fe:

El 18 de noviembre del año 2013 en la Asamblea Diocesana de Pastoral.

El 24 de noviembre en la Santa Iglesia Catedral.

Participación en los eventos diocesanos con motivo del año de la fe:

Peregrinación diocesana a la Montaña de Cristo Rey, el día 10 de noviembre de 2012, de la cual posteriormente se nos dará informes más precisos.

Peregrinación provincial de los presbíteros diocesanos y religiosos a la montaña de Cristo Rey, para la apertura del año de la fe, el día 22 de noviembre del 2012.

Peregrinación provincial de los presbíteros diocesanos y religiosos a la Basílica de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, para la clausura del año de la fe, el día  21 de noviembre del 2013.

En la Sede Episcopal de Santiago de Querétaro, a los 08 días del mes de octubre  del año del Señor 2012.

+ Faustino Armendáriz Jiménez

IX Obispo de Querétaro

 

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6 Virilidad y Pureza

6.     VIRILIDAD Y PUREZA

Material de formación de la ACJM Nacional 1970

 

I          INTRODUCCION EL PLAN DE DIOS

Dios, con su sabiduría infinita, desde el principio, creó al ser humano: hombre y mujer, y constituyó así la primera comunión de personas.

Estableció características propias y particulares para cada sexo, dotando a cada uno de la inteligencia y voluntad necesarias para realizar la vocación a que libremente ha sido llamado.

El joven, pues, es un hombre, un varón.

Por supuesto que el muchacho y la muchacha poseen anhelos profundos de su propia personalidad; deseos que son los mismos en todos y quizá se podrían resumir en uno: SER FELICES.

Tanto el joven como la joven, disponen de sentidos con los cuales se busca la dicha, el gozo. Ellos gustan de saborear alimentos finos; contemplar espectáculos ricos en colores, escuchar sonidos que tienen armonía. Por otra parte, la inteligencia busca descubrir el secreto de todas las cosas; el corazón busca siempre la felicidad, huye del dolor y aspira al gozo. En todo esto se parecen, no hay diferencia de sexo, ni edad, ni clase social.

Sin embargo, hay diferencia cuando se trata de escoger aquellos que cada quien le parece puede darle la felicidad que ansia. En el plano físico, algunos gozarán del deporte, otros de los viajes. En el plano intelectual, hay quienes se apasionan por la literatura, otros por el arte de los inventos. Y en el plano afectivo unos son muy sentimentales y otros no sienten necesidad de afecto.

Estas diferencias naturalmente se explican: el temperamento, las inclinaciones propias de cada quien, que se deben en gran parte al medio social en que nació y en donde evolucionarán; las condiciones de vida de la familia, etc. Todas estas causas influyen en la personalidad del joven.

Lo importante para él es descubrir en su propia personalidad todas aquellas condiciones que lo hacen un varón. Pero no sólo descubrirlas sino estimarlas y ordenarlas, es decir, valorar su capacidad de hombre varón y utilizarla para la realización de su vida plena.

II DESARROLLO LA VIRIUDAD

La virilidad es la característica propia del sexo masculino y, por lo tanto,, lo que distingue del sexo femenino.

Es necesario mencionar algunos rasgos de la virilidad del joven, con intención de que profundice en ellos.

Cuando se habla de la virilidad, muchas veces se piensa en el “machismo” o en la hombría irreflexiva, en las “aventuras” y se pone el acento. generalmente, en lo estrictamente sexual.

Su cooperación en la obra creadora:

Naturalmente que primero hay que considerar la psicología del joven para precisar sus distingos con la mujer, de tal manera que, según su propia condición, pueda encauzar sus valores masculinos según el pensamiento de Dios, de la razón natural.

El Concilio nos dice que la unidad de cuerpo y alma, por su misma condición corporal, es una síntesis del universo material, el cual alcanza por medio del hombre su más alta cima y alcanza la voz para la libre alabanza del Creador. No debe el hombre despreciar la vida corporal sino, por el contrario, debe tener por buena y honrado su propio cuerpo como creatura de Dios que ha de resucitar el último día.

El instinto sexual es una tendencia natural del hombre y, en cuanto obra de Dios, buena por sí misma. Los cambios fisiológicos y psicológicos que experimenta el joven son el aviso de Dios que advierte el regalo que El ha hecho. Si esto se entiende así, la juventud masculina debe elevar un himno de acción de gracias porque Dios hace una juventud creadora. De aquí que ha de rechazarse definitivamente la actitud educativa de repulsión hacia todo lo sexual; es una conducta fisiológica y psicológicamente ineficaz.

La virilidad del joven no sólo se reduce al aspecto sexual.

Dios da a la juventud muchos valores humanos, físicos e intelectuales que debe apreciar, estimar, cultivar. Valores propios que le pertenecen y de los cuales él es responsable.

De estos valores y sus finalidades, ya se habló en el tema del sexo.

LA VIRILIDAD AL SERVICIO DE DIOS

No basta comprender todo lo que Dios da al hombre. Es necesario realizarlo conforme su propia naturaleza y según la voluntad divina.

La virilidad del joven cristiano ha de manifestarse en todas las actitudes de su vida. Sus cualidades físicas sentidos y órganos han sido dados i:íira un fin específico. El joven ha de sentirse orgulloso de su virilidad, pero también debe vivirla con dignidad. Sólo así pondrá su condición y capacidad de hombre al servicio de Dios.

VIRILIDAD Y PUREZA

La virilidad ha de estar unida a la Pureza entendida ésta en el sentido más amplio. La Pureza es la plena autenticidad. Ser puros, significa ser auténticos. Y tenemos que hablar de la pureza integral; así lo exige el cristianismo y el mundo ¡o reclama, pues quiere ver jóvenes que den testimonio de sus valores humanos y sobrenaturales.

LA VIRILIDAD ES UN COMPROMISO

El mundo quiere jóvenes que se comporten virilmente en sus relaciones con Dios y con el prójimo. Con todo el compromiso que supone ser cristiano; el compromiso de un varón que cumple conscientemente con su deber. Jóvenes que sepan amar a los demás, que amen a su novia como mujer creatura de Dios, como futura esposa. Amor que es respeto, caballerosidad de varón. Jóvenes que entiendan su noviazgo como el taller de lucha, de trabajo, en donde se confecciona el amor con el esfuerzo de su recia voluntad, de su carácter y todas las posibilidades físicas que Dios le brinda.

Una juventud viril que cumple sus responsabilidades en el estudio, en la fábrica, en la Universidad, en la oficina, en el campo. Que pone todas sus energías físicas e intelectuales para lograr mejores condiciones de vida en la comunidad donde se desenvuelve.

Una juventud viril que busca entender los signos de los tiempos modernos, los valora y los aprovecha para la construcción de un mundo mejor.

Una juventud viril que sabe amar el dolor, el heroísmo, el sacrificio, porque ellos purifican y elevan su vida. Y también una juventud que sabe y quiere amar el gozo, la dicha y la felicidad.

Una juventud viril, llena de autenticidad, sin hipocresías, que manifiesta su virilidad no sólo por momentos, sino siempre, y pone todo su es-fuerzo para lograrlo.

CRISTO, EL MODELO DEL VARON CRISTIANO

Cristo es el hombre perfecto. El, a imagen de Dios invisible, ha de-vuelto a todos, desde Adán, la semejanza divina que se deformó por el pecado. Cristo, con su Encamación, se ha unido en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente como nosotros, excepto en el pecado.

Ahí está el modelo que debemos conquistar: CRISTO, Dios y Hombre.

III       RESUMEN

¿Qué busca el plan de Dios al crear los sexos?

¿Qué es la virilidad?

¿Cómo coopera el joven en la obra creadora de Dios?

¿Cómo puede ser el joven viril y puro?

¿En qué consiste el compromiso de la virilidad?

¿Cómo puede el joven descubrir los valores humanos de Cristo Dios Hombre ?

IV           ENCUESTA

VER: ¿Cuál es el concepto de virilidad que tienen los jóvenes de tu ambiente,

JUZGAR: ¿Cuáles son los resultados de estos conceptos?

ACTUAR; ¿Qué puede hacer el Equipo para que se conozca y practi¬que el verdadero concepto de la virilidad?

V            CONSIGNA PERSONAL

¿Qué haré para practicar cada día el verdadero concepto de la virilidad? ¿Cómo ayudar a mis compañeros para que conozcan y practiquen la ver-dadera virilidad?

Año de la Fe: Junto a Benedicto XVI

Año de la Fe: Junto a Benedicto XVI…

José Martínez Colín*

http://www.am.com.mx

 

Año de la Fe: Junto a Benedicto XVI, Bartolomé I de Constantinopla y el Primado Anglicano, Rowan Williams

Desde Ciudad del Vaticano, en este memorable jueves 11 de octubre de 2012, Vatican Information Service (VIS) nos anuncia: “Hoy, con gran alegría, a los 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, damos inicio al Año de la Fe”. Estas fueron las palabras de Benedicto XVI durante la Santa Misa celebrada esta mañana en la Plaza de San Pedro. Concelebraron con el Papa los cardenales, patriarcas y arzobispos mayores de las Iglesias Orientales Católicas, los obispos padres sinodales, los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo y algunos obispos que participaron en calidad de padres en los trabajos del Vaticano II. También estuvieron presentes en la celebración eucarística -no concelebran, claro está- el patriarca ecuménico Bartolomé I de Constantinopla y el Arzobispo de Canterbury y Primado de la Comunión Anglicana, Rowan Williams.

Para rememorar el Concilio -dijo el Santo Padre- esta celebración se ha enriquecido con algunos signos específicos: por ejemplo, la entronización del Evangeliario, copia del que se utilizó durante el Concilio; y la entrega de los siete mensajes finales del Concilio y del Catecismo de la Iglesia Católica, que haré al final, antes de la bendición. Estos signos no son meros recordatorios, sino que nos ofrecen también la perspectiva para ir más allá de la conmemoración. Nos invitan a entrar más profundamente en el movimiento espiritual que ha caracterizado el Vaticano II, para hacerlo nuestro y realizarlo en su verdadero sentido.

Y este sentido -confirmó Benedicto XVI- ha sido y sigue siendo la fe en Cristo, la fe apostólica, animada por el impulso interior de comunicar a Cristo a todos y a cada uno de los hombres durante la peregrinación de la Iglesia por los caminos de la historia.

¿Algunos extractos de su homilía?

“El Año de la Fe que hoy inauguramos está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un ‘Año de la Fe’ en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo”.

“El Concilio Vaticano II (…)  estuvo animado por la conciencia y el deseo, por así decir, de adentrase nuevamente en el misterio cristiano, para proponerlo de nuevo eficazmente al hombre contemporáneo (…).

“Se comprende lo que yo mismo tuve entonces ocasión de experimentar: durante el Concilio había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe en nuestro tiempo, sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado: en la fe resuena el presente eterno de Dios que trasciende el tiempo y que, sin embargo, solamente puede ser acogido por nosotros en el hoy irrepetible. Por esto mismo considero que lo más importante (…) es que se reavive en toda la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo”.

“Podemos representar este Año de la Fe como una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: (…). El Evangelio y la fe de la Iglesia, de los que el Concilio Ecuménico Vaticano II son una luminosa expresión, como lo es también el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado hace 20 años”.

Concluye Benedicto XVI: “El 11 de octubre de 1962 se celebraba la fiesta de María Santísima, Madre de Dios. Le confiamos a ella el Año de la Fe, como lo hice hace una semana, peregrinando a Loreto. La Virgen María brille siempre como estrella en el camino de la nueva evangelización”.

Emilio Palafox Marqués

Descripcion del autor: José Martínez Colín es sacerdote, ingeniero en Computación por la UNAM y doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.

Categorías:Reflexiones

Día Mundial de las Misiones 2012

Día Mundial de las Misiones 2012

El padre Alberto Ramírez Mozqueda

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Siempre ha sido para mí una interrogante el por qué de un Día Mundial de las Misiones en la Iglesia. ¿Se ha olvidado de la misión más importante que Cristo le confió? ¿La Iglesia tiene mala memoria o está ocupada en otros menesteres? No sería difícil afirmarlo, porque efectivamente la Iglesia tiene muchas cosas que atraen su atención, y es necesario entonces volver a los orígenes, para darse cuenta de que si la Iglesia existe, es para llevar el Evangelio a las gentes que aún ahora no conocen a Cristo ni participan de la paternidad de Dios. Los cristianos tenemos que volver a considerar la grandeza del encuentro con Cristo Salvador y la necesidad de comunicar con alegría tan grato encuentro, de manera que anticipemos el momento en que todos los hombres puedan sentir la protección, el cariño, el amor y la entrega del Redentor, Cristo Jesús, muerto y resucitado.

El Papa Benedicto señala en su mensaje para el Día Mundial de las Misiones, tres acontecimientos que van a marcar su celebración en este año y a darle un colorido muy especial: la conmemoración de los 50 años del Concilio Vaticano II que abrió los postigos de la Iglesia para que entrara aire fresco, segundo, la apertura del Año de la Fe, que acabamos de iniciar  y también el Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, que se está celebrando en estos días en Roma.

En esta ocasión, quiero ceder la palabra al mismo Papa, en dos párrafos que me parecen esenciales en su mensaje. En el primero, se señala la necesidad de que todos, todos en la Iglesia estén puestos al servicio de la evangelización y de la misión: “Para un Pastor, pues, el mandato de predicar el Evangelio no se agota en la atención por la parte del pueblo de Dios que se le ha confiado a su cuidado pastoral, o en el envío de algún sacerdote, laico o laica Fidei donum. Debe implicar todas las actividades de la iglesia local, todos sus sectores y, en resumidas cuentas, todo su ser y su trabajo. El Concilio Vaticano II lo ha indicado con claridad y el Magisterio posterior lo ha reiterado con vigor. Esto implica adecuar constantemente estilos de vida, planes pastorales y organizaciones diocesanas a esta dimensión fundamental de ser Iglesia, especialmente en nuestro mundo que cambia de continuo. Y esto vale también para los Movimientos eclesiales: todos los componentes del gran mosaico de la Iglesia deben sentirse fuertemente interpelados por el mandamiento del Señor de predicar el Evangelio, de modo que Cristo sea anunciado por todas partes. Nosotros los pastores, los religiosos, las religiosas y todos los fieles en Cristo, debemos seguir las huellas del apóstol Pablo, quien, “prisionero de Cristo para los gentiles” (Ef 3,1), ha trabajado, sufrido y luchado para llevar el Evangelio entre los paganos (Col 1,24-29), sin ahorrar energías, tiempo y medios para dar a conocer el Mensaje de Cristo”.

El segundo párrafo señala la necesidad de intensificar el esfuerzo de llevar el Evangelio a las gentes, nacido del  encuentro con Cristo como persona viva, “que colma la sed del corazón, no puede dejar de llevar al deseo de compartir con otros el gozo de esta presencia y de hacerla conocer, para que todos la puedan experimentar. Es necesario renovar el entusiasmo de comunicar la fe para promover una nueva evangelización de las comunidades y de los países de antigua tradición cristiana, que están perdiendo la referencia de Dios, de forma que se pueda redescubrir la alegría de creer. La preocupación de evangelizar nunca debe quedar al margen de la actividad eclesial y de la vida personal del cristiano, sino que ha de caracterizarla de manera destacada, consciente de ser destinatario y, al mismo tiempo, misionero del Evangelio. El punto central del anuncio sigue siendo el mismo: el Kerigma de Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo, el Kerigma del amor de Dios, absoluto y total para cada hombre y para cada mujer, que culmina en el envío del Hijo eterno y unigénito, el Señor Jesús, quien no rehusó compartir la pobreza de nuestra naturaleza humana, amándola y rescatándola del pecado y de la muerte mediante el ofrecimiento de sí mismo en la cruz”.

El padre Alberto Ramírez Mozqueda

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Categorías:Reflexiones

RELIGIÓN Y FAMILIA

RELIGIÓN Y FAMILIA

P. Dennis Doren L.C.

Epitafio: ‘Acumuló muchos años de felicidad’

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La felicidad es como una ráfaga de viento frío en medio de un ardiente calor, que pasa por tu rostro y te lo refresca. Cuántos momentos verdaderamente felices hemos tenido a lo largo de nuestra vida; si sumásemos cada instante feliz y su duración, ¿cuánto daría?, ¿una, dos, cinco, veinte, cincuenta horas? Aprende a sacarle el jugo a la vida, ella se vive una sola vez y así podrás tener muchas horas de felicidad.

Un día un hombre llegó a un lugar bello pero también misterioso que le llamó mucho la atención. El hombre entró a aquella colina y caminó lentamente entre los árboles y unas piedras blancas. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sobre una de las piedras descubrió aquella inscripción: “Aquí yace Juan Pablo el emprendedor, vivió seis años, seis meses, dos semanas y tres días”.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esta piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar, mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una descripción. Se acercó a leerla, decía: “Aquí yace Teresa Martínez, vivió ocho años, ocho meses y tres semanas”.

El hombre se sintió terriblemente abatido. Ese hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lápidas; todas tenían inscripciones similares: un nombre y tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que más le impactó, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los ocho años.

Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. “¿Qué pasa con este pueblo?, ¿por qué tantos niños muertos enterrados en ese lugar?, -le preguntó al cuidador.

El anciano respondió: “Puede usted serenarse. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contestaré: cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y comience a notar en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado en los pequeños y grandes detalles; a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo interior, la felicidad, a pesar de las adversidades”.

“Las tumbas que usted ve aquí, no son de niños, sino de adultos; y el tiempo de vida que dice la inscripción de la lápida, se refiere a la suma de los momentos que duró la verdadera felicidad de cada una de las personas que descansan en este lugar”.

No pierdas la oportunidad, comienza desde este instante a vivir tu vida de felicidad.

Visitar la página web: www.regnumchristi.org

Categorías:Cuentos para educar

5 Paternidad Espiritual y paternidad fisica

5.     PATERNIDAD ESPIRITUAL Y PATERNIDAD FISICA

I          INTRODUCCION

Si Dios creó al hombre haciéndolo a su imagen y semejanza, la vida humana es un chispazo de la vida divina y en el alma inmortal quedó grabada la imagen de Dios, viniendo a ser el entendimiento y la voluntad humanas, en cuanto son capacidades para captar la verdad y poseer el bien, destellos de la misma inteligencia y bondad divinas. Pero el hombre no sólo es imagen de Dios, sino que fue constituido hijo suyo: “no habéis recibido el espíritu de servidumbre sino que habéis recibido el espíritu de adopción de hijos, por el que clamamos: Abba, Oh Padre (Rom. 8, 15)” “Mas ahora, oh Yahvé, tú eres nuestro Padre…” (Is, 64, 8) uno solo es nuestro Padre, el que está en los cielos.. ” (Mt. 23, 9).

La relación más íntima, más cálida, más consoladora que guarda el hombre con Dios, es la de ser hijo suyo y poder llamarle con el dulce nombre de Padre.

Una de las ideas que Cristo quiso inculcar más en el corazón humano, es la idea de que Dios es nuestro Padre: “Nuestro Padre que está en los Cielos”, “Voy a mi Padre y a Vuestro Padre”. Cuando oréis, decid: “Padre Nuestro que estás en los Cielos” etc.

Al comunicarnos la Gracia. Dios nos hizo partícipes de la naturaleza divina, hijos adoptivos y herederos del Cielo.

II         DESARROLLO

Comunicación de la Paternidad de Dios al Hombre

Hay algo verdaderamente admirable, algo verdaderamente impresionante: Dios no sólo ha comunicado al hombre su vida sino su misma Paternidad.

El hombre ha sido escogido por Dios en sus incalculables designios, para que sea colaborador suyo en la acción de la vida. Por voluntad divina, lleva el hombre en sí el maravilloso poder de encender la llama de la vida en nuevos seres. “Creced y multiplicaos y llenad ¡a tierra” (Gen.) y al impulso de este mandato han visto los hombres, llenos de asombro, cómo se multiplica la vida en su derredor.

Nosotros mismos somos una llama que nuestros padres encendieron al influjo del poder creador que Dios les dio.

A tal punto Dios ha querido vincular al hombre a su obra creadora y a su paternidad divina, que en el corazón de todo hombre bulle el fuego de la paternidad y en las entrañas del hombre pugna vigoroso el impulso da la creación de nuevas vidas. Esta es la fecundidad y general vocación del hombre en la tierra, la de ser padre; en el cumplimiento de esta Vocación, encuentra el hombre no sólo la satisfacción de sus más profundas tendencias, sino la máxima plenitud de !a naturaleza humana, El hombre encuentra en la paternidad la expresión más plena de su ser y la realización vista en su vocación humana y terrena.

El ser padre, da al hombre plenitud, desarrollo, madurez y proyección de su ser hacia el futuro.

La paternidad es el don más sublime que ha dado Dios a los hombres, y este don, como ningún otro, lo asemeja y vincula más a Dios Padre y a Dios Creador.

El ser padre es más grande que el ser inventor.más grande que el genio que descubre las fuerzas ocultas de la naturaleza, que el explorador que escala las cumbres de las montañas, que el conquistador que domina pueblos y gentes. Más grande que el artista que forja sus ideas sobre números o sobre arcilla o sobre el lienzo…

El hombre, al ser padre, da un nuevo ser al mundo, una nueva vida, nuevo calor, nueva inteligencia; un nuevo hijo de Dios, una llama que no se extinguirá con el tiempo sino que arderá en la eternidad.

La paternidad, como vocación y religión humana, comprende todas las emociones y todos los sentimientos nobles del hombre.

a)      EL AMOR. Los hijos son fruto del amor, son flor y el perfume del amor, del corazón humano que cede, que se inmola para perpetuarse. El fruto del amor humano es el hijo, parte entrañable de la misma vida de los padres. Los hombres somos el fruto del amor exquisito de Dios que, al volcarse hacia fuera, nos plasmó a nos-otros dejándonos indelebles las huellas de amor.

Por eso, el vínculo que más fuerte ata a los hombres es el amor y en primer término el del Padre porque la fuerza que más atrae, es la fuerza del amor paterno.

b)     LA ALEGRIA Y EL GOZO. Nadie puede explicar la alegría y el gozo íntimo de la paternidad. ¿Quieres ver a un hombre feliz? Con-témplalo frente a sus hijos, en los que se ve él mismo reproducido, en los que puede comprobar el profundo misterio de la vida v en los que, al descubrir sus rasgos, su sangre, su ser, no puede menos que vibrar de íntima alegría.

c)      EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO. Oh, el dolor de ser padre.. el que ama, sufre. El amor es identificación con el ser amado y es participación de los sentimientos Cómo sufre el padre la enfermedad, el fracaso, el abandono, el hambre, la muerte de los hijos…

d)     EL TRIUNFO. Un padre triunfa en sus hijos…

La Paternidad: Acción Prolongada

La Paternidad no es un acto pasajero. El acto de comunicar la vida es una acción permanente que implica una responsabilidad para toda la vida.

El comunicar la vida es el primer acto de la paternidad. Pero no termina ahí, sino que se prolonga a través de toda la vida del hijo. Ser padre no es, pues, solamente comunicar la vida, sino sostenerla, desarrollarla, acrecentarla, madurarla, perfeccionarla y protegerla. Por eso no es una actividad pasajera de hombre sino una vocación que abarca la vida y que requiere de un permanente estado de vida.

UNA DOBLE PATERNIDAD EN EL HOMBRE

Si todos los hombres tienen vocación a la paternidad, no todos la tienen a la misma. Existen dos clases de paternidad como vocación y estado para el hombre. La paternidad física y la paternidad sobrenatural.

1 PATERNIDAD FISICA

Es la paternidad por la que el hombre, en el seno sagrado de un hogar, transmite la vida física, su sangre, su carne, a sus hijos, en colaboración con una mujer que es la madre de sus hijos, esposa y compañera.

Esta paternidad es la vocación a la que están llamados la generalidad de los hombres, el camino ancho por el que el hombre, siguiendo los designios divinos, realizará su vida y cooperará a la obra del Creador.

Esta paternidad significa un timbre de nobleza para el hombre. Le da razón de ser a su vida y plenitud a su ser.

Pero lleva consigo todas las exigencias y responsabilidades de que hablábamos anteriormente, así como la experiencia de todos los sentimientos de amor., sacrificio, alegría y dolor que son inherentes a la paternidad.

Entraña, sobre todo, la exigencia del respeto a su propia dignidad y el respeto a las leyes dadas por Dios, para que esta paternidad realmente sirva al hombre para engrandecerlo. El ejercicio de la paternidad debe ser un acto consciente, responsable, realizado dentro de las leyes dadas por Dios.

Cualquier abuso de estos poderes creativos entraña una conculcación o pisoteo de las leyes divinas, degrada y envilece al hombre.

2             PATERNIDAD SOBRENATURAL

Además de la paternidad física, existe otra paternidad a la que Dios ha querido asociar al hombre.

Hemos dicho qué Dios ha llamado al hombre a participar de su propia vida divina y ha sido objeto de su acción y de su ternura de Padre. Pues bien’ en sus inescrutables designios, Dios ha llamado al hombre a participar de esta paternidad  sobrenatural a través de la cual se engendra en el espíritu a los hijos de Dios por la comunicación de la Gracia.

Es la paternidad de que habló t.- Pablo, cuando dijo: “aunque tengáis millones de maestros en .Jesucristo, no tenéis muchos padres, pues yo os he engendrado en .Jesucristo por él evangelio” (I Cor. 4. 15). Es esta la vocación al Sacerdocio ofrecido ]x>r Cristo al hombre como un estado de vida y como una realización plena de la vida humana.

El Sacerdote es la obra maravillosa de Dios para continuar en el mundo. a través del tiempo, si/a paternidad divina.

El Sacerdote nació precisamente de la infinita fecundidad de la Santísima Trinidad que, al desear comunicar su vida, creó al Sacerdote como instrumento y cauce de la vida misteriosa cuya fuente es la misma Augusta Trinidad.

Cuántos ignorantes interpretan mal la misión y el ser del Sacerdote. Cuántos creen al Sacerdote un hombre frustrado en lo que más profunda-mente lleva en sus entrañas; el impulso a la paternidad.

Cuántos lo consideran un ser inútil para la vida. ..

Qué equivocados están.

La vocación de padre, lejos de apagarse en él, cobra ímpetus. Lejos de frustrarse, se sublimiza y eleva a alturas insospechadas: participar de la misma paternidad divina en la creación de hijos de Dios,

No hay más que una fuerza en el mundo que .sea capaz de vencer el impulso de la paternidad en el hombre: es otra paternidad superior que lo atrae, que lo obsesiona, que le absorbe toda su vida y que le hace entregar a Dios sus alegrías, sus capacidades, sus sacrificios, su tiempo y su vida, para la sublime misión de hacer de los hombres hijos de Dios.

Por eso el título más hermoso que pueda ostentar un sacerdote y el más elocuente que habla de su vocación y de su fecundidad sobrenatural, es el dulce nombre de “Padre”.

Ninguna palabra expresa tanto y tan profundamente, su misión Sacerdotal.

Esta paternidad divina del Sacerdote, lleva también consigo todas las consecuencias y sentimientos del Padre.

  1. AMOR. Como en ninguna otra paternidad, la paternidad espiritual está sostenida por un amor entrañable a Cristo y a las almas por quienes se va a inmolar. Amor que es el portador de la vida, que es olvido continuo de sí mismo, que es entrega sin reservas, que es fuego que impulsa y que sostiene a pesar de las fatigas, de los sufrimientos y del sacrificio. Amor que es el secreto de la fecundidad, de la felicidad y de la pujanza .sacerdotal.
  2. GOZO. Un gozo interior, íntimo, sobrenatural, que invade todo su ser y lo impulsa a seguir, a pesar de todo.
  3. LÁGRIMAS Y DOLOR. El dolor de la paternidad que siempre impilcará la entrega de la vida, hecha jirones cada día y que exige, por el amor, estar unidos a los hijos espirituales en su lucha, en sus dolores, en su muerte,
  4. TRIUNFO. Porque el sacerdote triunfa con sus hijos:

Al comunicarles la vida destruyendo las ligaduras del pecado, al iniciarlos en el camino hacia el cielo, al presentarlos triunfantes ante Dios. Triunfa en ellos, goza con ellos y reunirá con ellos en la eternidad.

EXIGENCIAS DE ESTA PATERNIDAD SOBRENATURAL

  1. Se requiere una vocación especial de Dios. El llamado misterioso que Dios hace en el silencio al corazón del hombre y que se vuelve fuerza irresistible que arranca de todo y que sostiene hasta el final.
  2. La renuncia a la paternidad física, para dedicar todas sus energías, su vigor, su frescura, su capacidad de amor, de sacrificio, su atención y todo su ser a esta empresa divina de la que depende la salvación de tantos hombres.
  3. La renuncia a los intereses particulares para buscar sólo los intereses de Dios en una entrega total y sin reservas a la familia de Dios, que en adelante será su familia.

 

3             PATERNIDAD ESPIRITUAL

¿Y qué pasa con el hombre que no se casa y que no se ordena sacer-dote? ¿Se frustra en él su vocación, la Paternidad?

El hombre que se queda “soltero” desde luego que corre el peligro de «encerrarse en sí mismo, de volverse egoísta, de dedicar su vida a la satis-facción de sus caprichos y de sus antojos, cerrando las puertas de la ternura y a la donación a los demás, para volverse adorador de sí mismo.

Pero no necesariamente tiene que ser así. Y los solteros que por sólidas y valerosas razones se quedaron “libres”, tienen ese hermoso campo abierto para ejercer y saborear un tipo de paternidad que puede significar una rica realización humana y una fuente de satisfacciones.

Si hemos dicho que la paternidad no termina en la comunicación de la vida, sino que se perpetúa en la obra de perfección, de sostenimiento, de conocimiento y maduración de esa vida, aquí es donde puede realizarse una verdadera paternidad que llamaremos moral o espiritual y que consistirá en dar protección, amor, cuidado, ternura, alegría, a tantos desvalidos y desheredados y en cuy« ejercicio amoroso podrá encontrar el hombre el camino de su fecundidad y, a la vez, de alegría y satisfacción, principio de la alegría y satisfacción eterna en que Dios colmará su corazón.

III       RESUMEN

¿ De qué manera vinculó Dios al hombre en su obra creadora ?

¿Qué comprende la paternidad como Vocación y religión humanas? ¿Cuántas paternidades hay en el hombre?

, Qué es y qué exige la paternidad ?

¿Cómo se es padre sobrenaturalmente?

¿Cómo se es padre espiritualmente?    ,

IV        ENCUESTA

VER: ¿Qué concepto se tiene en tu ambiente sobre la paternidad ? JUZGAR: ¿Cuáles son los resultados de estos conceptos de paternidad?

ACTUAR: ¿Qué puede hacer el Equipo para que se conozca en toda su amplitud el concepto de la paternidad?

V         CONSIGNA PERSONAL

¿Qué debo hacer para conocer mejor mi Vocación a la Paternidad y ponerla en práctica en el momento oportuno ?

¿Cómo ayudaré a mis compañeros a que descubra:: y profundicen en su vocación a la paternidad?

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario – B

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario – B

 

Citas:

Gn 2,18-24:                                                             www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9a11dyb.htm

He 2,9-11:                                                               www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9an3nxb.htm

Mc 10,2-16:                                                       www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9ade1lj.htm

 

La Providencia ha querido que, en el día en el que tradicionalmente se celebra la Santísima Virgen del Rosario, o Santa María de las Victorias, recordemos la Resurrección de Cristo. De este modo, nos ofrece un mensaje muy claro: la Victoria de María y de todos los cristianos es la Resurrección del Señor, celebrada en cada Santa Misa y, especialmente, en la de la Pascua semanal que es el Domingo.

En la Liturgia de la Palabra de hoy, además, parecen alternarse el anuncio inequívoco de Cristo acerca de la Voluntad de Dios sobre la creación y la resistencia de sus interlocutores: los fariseos y los discípulos. Y en la conducta de unos y otros, podemos advertir que la verdadera diferencia entre los discípulos del Señor, es decir, todos nosotros, y los enemigos del Señor, no está en la inmediata comprensión y acogida de las palabras del Maestro o en su obstinado rechazo.

Hemos escuchado cómo, después de la respuesta del Señor a los fariseos, los discípulos, una vez que llegaron a casa, lejos de la muchedumbre, le vuelven a preguntar sobre el tema, movidos por el interés de un modo completamente nuevo y fascinante de mirar la realidad, como es la mirada de Cristo. Pero, probablemente, también les movía la dificultad para aceptar la novedad que trae consigo esta mirada: San Mateo, en efecto, narrando el mismo episodio, recoge una afirmación de los discípulos, casi escandalosa para nuestra sensibilidad: “Si esa es la condición del hombre con respecto a su mujer, no trae cuenta casarse” (Mt 19,10).

Tanto los fariseos como los discípulos, pues, no comprenden las palabras del Señor: unos y otros parecen resistirse. Pero, a diferencia de los discípulos, los fariseos se acercan al Señor “para ponerlo a prueba” (Mc 10,2). Se les ve indispuestos a tomar en serio lo que Él les ha dicho. Tan es así que a la pregunta de Cristo –“¿Qué os ha mandado Moisés”?- reaccionan respondiéndole no a Él: “Moisés permitió escribir un libelo de repudio y despedirla”: están totalmente sordos en el corazón y en la mente.

El Señor, con una paciencia conmovedora, aprovechando incluso el mal para sacar el bien de aquellos que ama, ofrece entonces dos preciosos criterios. Ante todo, no apela a una Ley superior, sino que va al origen mismo de la Ley, o sea, a la Voluntad y a la obra del Creador: “Al principio de la creación, Dios le hizo varón y mujer” y continúa: “por lo tanto, que el hombre no separe lo que Dios ha unido”. El precepto de “no separar” es solamente la consecuencia de la obra de Dios: unirse.

La ley –divina y revelada, ante todo, y después, natural– no constituye para nosotros una incomprensible norma que hay que aplicar, como si fuera un obstáculo para nuestra libertad y originalidad, sino que representa, más bien, la correspondencia de nuestra razón y voluntad a lo real, a la inteligencia que está inscrita en la naturaleza de las cosas y que a nosotros se nos da, por naturaleza, poder conocerla.

El segundo precioso criterio que el Señor indica es el que extraemos del último diálogo del Evangelio de hoy: “El que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Para recibir el Reino de Dios, que es él sentido último de la realidad y que coincide con la persona misma de Cristo, hay que hacerse como niños, humildes, reconociéndose necesitado de todo y estar atento al propio corazón, a esa brújula que Dios ha puesto dentro de nosotros, que, si está rectamente formada e iluminada por la gracia, es un parámetro infalible para reconocer la excepcional presencia del Señor y para seguirlo fielmente en la fidelidad a la Iglesia y al Magisterio, en la correspondencia a los deberes del propio estado de vida y aprovechando toda ocasión, fortuna e importunamente, para anunciarlo y testimoniarlo.

Pidamos a la Santísima Virgen que modele  nuestro corazón, que lo haga humilde y dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo, graníticamente fiel a la realidad y enamorado de Cristo, y que nos conduzca al Puerto esperado por todos los que la invocamos como Madre de la Iglesia y Reina del Santo Rosario. Amén.

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