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CAPITULO IX FALTA DE ACCIÓN EN LOS CATÓLICOS

CAPITULO IX FALTA DE ACCIÓN EN LOS CATÓLICOS

SUMARIO: 1. Una clasificación de los católicos por Roberto Meder. – 2. Un hospital de inválidos lleno de ciegos. – 3. Los sordos. – 4. Los mudos. – 5. Los paralíticos.

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

 

 

 

 

l.-UNA CLASIFICACIÓN DE LOS CATÓLICOS POR ROBERTO MEDER.-

Muchas veces hemos oído una frase sacramental que repiten ciertos católicos, y con la cual pretenden cohonestar su absoluta falta de trabajo, de acción, de propaganda. Cuando se oye esta frase hay que sonreír tristemente… porque ella nos muestra la intensidad del mal de que adolece la acción de estos católicos. ¿Sabéis cuál es esa frase típica? Es la siguiente: “Los católicos somos los más”… Perfectamente… somos los más, y, sin embargo, nos dejamos azotar y pisotear por los menos… Somos los más… para correr… no detrás sino delante de los enemigos.  Somos los más… para encerrarnos en nuestras casas, en nuestro egoísmo glacial, en nuestra enfermiza indolencia, y en medio del fragor de la pelea arrojar las armas y abandonar el campo al enemigo. Somos los más… sí, los más apáticos, los más imprevisores, los más incapaces, los más ingobernables, los más ineptos, los más egoístas, los más criticones y… los más tacaños.,.

 

Somos los más… ¿pero somos los mejores? Somos la cantidad; pero  ¿somos la calidad? He aquí el pecado capital de algunos católicos.

Somos el número, pero no somos la organización; somos la masa, pero no somos la fuerza; somos la cantidad pero no somos el trabajo, la acción y la propaganda. ¿Y qué somos? por desgracia…: somos la desunión delante de la unión; somos la desorganización delante de la organización; somos la pulverización delante de la concentración; y somos la tacañería delante de la generosidad, del sacrificio. ¿Acaso exagero la nota con enfermizo pesimismo?.

En las actividades del apostolado religioso y social los católicos tienen como lema aquel cómodo principio de la escuela liberal: “Dejar hacer, dejar pasar”.

Y por eso nuestras obras agonizan y mueren; nuestras filas están rotas y desorganizadas; nuestra prensa, decaída y moribunda; nuestra acción, negativa, débil o infecunda; nuestros templos vacíos, y el pueblo lejos de nosotros, la política, la acción social casi toda en manos de los enemigos.

¿Sabéis por qué? Porque el mundo católico que debía ser la avanzada, la vanguardia del ejército de Cristo, se ha convertido hoy en un inmenso hospital de inválidos, lleno de ciegos, de sordos, de mudos, de paralíticos. Así los clasifica el célebre escritor alemán Roberto Meder en su célebre “Die Ganzen” que despertó enorme sensación en Europa. Veamos estos enfermos para conocer la categoría en que debemos clasificarnos los católicos de América.

2.-LOS CIEGOS.-

Comienzo por los ciegos. Nunca como hoy se cumple aquella frase bíblica: “Tienen ojos y no ven”. Pero se impone la ley de los contrastes. Siglo de luz y sociedad de ciegos… El mundo marcha entre tinieblas; los hombres chocan entre sí; la sociedad va de tumbo en tumbo sin ver siquiera el abismo a donde se despeña en carrera loca y desatada.  De esta ceguera participan los católicos. Llevan una venda… es un mundo de vendados…

Esa venda la ha amarrado el diablo sobre los ojos de los católicos y hace ya medio siglo que la llevan. ¿Sabéis por qué? Porque el diablo sabe hacer muy bien los nudos. . . Es la mano que aprieta y que abraza para mejor ahogarnos. Y lo primero que se propone la Acción Católica es dar luz a los ciegos. Sí; es necesario que los ciegos vean y caiga la venda fatal, que oculta a nuestros ojos la verdad, la realidad de las cosas.

Si leemos los libros; si desempolvamos bibliotecas; si abrimos un diario y leemos la columna editorial, vemos que el mundo, que los sabios, que los hombres, tienen abiertos sus ojos sobre un solo elemento secundario, contingente y accesorio de la vida. Son ciegos para lo que, por su importancia, sobrepuja a todo lo demás. Lo que hace dos mil años domina la historia, es Cristo y su Iglesia.

Ese drama gigantesco llena el universo y ante él pueblos y soberanos, Estados y gobiernos, artes y ciencias, política e industria comparecen a hacer su papel. Pero esta gran realidad histórica, no se encuentra ni en los libros ni en las bibliotecas, ni en los poderes constituidos, ni en la literatura, ni en la prensa, ni en las conversaciones, ni en las actividades. Hay una terrible ceguera en el mundo; no se quiere ver la luz del sol, la luz del Sol de Justicia, del Sol de las almas: Jesucristo.

Y los católicos son víctimas de esta ceguera. No ven: he ahí los ciegos. No quieren ver: he ahí los peores ciegos. Ni esta realidad histórica, ni su conducta, ni su vida, ni su acción ni su cristianismo. Se llaman católicos porque fueron bautizados… pero su catolicismo no les llega al espíritu.

Son católicos por atracción, por conveniencias, por sentimentalismo, no por convicción. Y ellos se creen muy buenos católicos, porque no ven ni su vida, ni su actuación, ni el Evangelio que ellos escarnecen.

Descendamos a lo práctico. Se trata, por ejemplo, de la prensa. Son ciegos perfectos. Sabemos que la prensa en nuestro siglo ha pasado a ser la gran palanca que pedía Arquímedes para mover el mundo de las inteligencias.

Sabemos que el diario católico es un maestro, un predicador, un apóstol. Apóstol que llega a la inteligencia, al corazón y sale de los templos, y penetra en los hogares, y sigue al hombre por los caminos, y penetra en el interior de los bosques, y sube a la cumbre de las montañas, y multiplica la palabra y se esparce por todas las regiones y por todos los pueblos.

¡Qué apóstol! Tenemos cuarenta mil pulpitos en Francia, decía un escritor sacerdote, pero ya no se nos viene a oír y tenemos que predicar por medio de la prensa. Ella es el complemento del pulpito, enseña Ketteler.

Todo esto, el mundo lo ve, pero los católicos tienen ojos y no lo ven… Son ciegos… Sabemos que la lucha está empeñada en el campo de las ideas; que hoy no se esgrimen espadas y lanzas como en la época caballeresca; la espada de hoy es la pluma y la lucha de ideas en el campo de la prensa.

La pluma es más poderosa que la espada, dice el proverbio inglés.

Sabemos que la prensa es la reina del mundo porque es la reina de la opinión. Que en Chile hay tres millones ochocientos mil católicos… ¡Qué hermoso número! Pero no se suman: se restan; no se multiplican: se dividen. Forman, por tanto, la inmensa mayoría del país. Sabemos también que todo este número de católicos apenas tiene en su poder 25 diarios de los ochenta y tantos que se publican en el país. Que estos 25 diarios no son los mejores ni en presentación, ni en circulación, ni en situación económica y que muchos dejan de publicarse por falta de ayuda y de cooperación. Que por este mismo motivo nuestra propaganda es restringida, que el enemigo invade nuestro campo, y penetra en nuestras trincheras y merma nuestras filas. Pero los católicos están ciegos… no se dan cuenta de esta situación. Poco les importa la prensa; y muchas veces, ese caballero, ese comerciante, esa señora, ese estudiante católico, compran, leen, avisan y alaban a la prensa enemiga, y a la prensa católica la critican y la ayudan con buenas palabras, con buenos deseos, con buenas intenciones… ¡Tienen ojos y no ven!

En cuanto a los problemas que se agitan en la actualidad, también son ciegos perfectos. Vemos el estado de la sociedad, cómo agoniza y muere, cómo los hombres luchan y se despedazan por un pedazo de tierra que no bastará a dar sepultura a sus huesos miserables. Pero he ahí lo admirable: los católicos nada ven, no se dan cuenta de esta situación, siguen tranquilos, en el mejor de los mundos, y los que no ven… son ciegos…

¡Ah! es necesario que esos ciegos vean, que esos católicos repitan la plegaria del ciego de Jericó: “Señor, haz que vea”. Y sólo cuando Cristo imponga su mano omnipotente y toque esos ojos enceguecidos, sólo entonces se abrirán de nuevo a la alegría del universo, a los esplendores de la luz..,

3.-LOS SORDOS.-

En este hospital de inválidos formado por los católicos apáticos, tibios, indolentes, que sólo se conmueven cuando les tocan la bolsa o les hablan de la hacienda, del casino… o del hipódromo, no sólo hay muchos ciegos: también hay muchos sordos. Hay un hecho establecido en el mundo moderno; se oyen con mayor dificultad que en otras edades las cosas espirituales. Es uno de los grandes castigos con que el Señor aflige a los pueblos. Esta sordera es efecto de ciertas doctrinas que reinan, hace más de un siglo. Como nunca, la Iglesia ha levantado su voz señalando esas doctrinas como máquinas destructoras de la sociedad. Y ahí están las ruinas que lo demuestran… El mundo es un montón  de escombros perdidos en un caos apocalíptico, escribió Guillermo Ferrero. Los hombres apagaron todas las luces en el cielo y todas las autoridades se desplomaron en la tierra… ¡Qué colección de tronos, de dinastías, de imperios cayeron y se derrumbaron con estrépito! ¡Han pasado a incrementar los museos de la historia… Pero los gobiernos y los pueblos permanecieron sordos… En esa época, el sismógrafo del Vaticano, registraba la proximidad de inmensas catástrofes. Los Pontífices, unos en pos de otros, levantaron su voz, pero los gobiernos permanecieron sordos y la palabra de Roma caía en el vacío. Pero entonces Dios tomó la palabra y habló el año 14 por la boca elocuente de los cañones… Dios no hace la guerra; la hacen los hombres, pero se vale de ella para castigar a los pueblos prevaricadores. Pero con todo, ni los gobiernos, ni los pueblos abrieron los oídos… Y el mundo no se ha vuelto ni más piadoso, ni más honesto, ni más recto, ni más casto. Después de la guerra estalló la revolución social, escoltada por el hambre y la miseria. Y hoy, una nueva guerra vuelve a ensangrentar los campos de Europa.

Y, no obstante los chispazos siniestros de la revolución y la inquietud del mundo enloquecido, el mundo sigue sordo. La sordera es universal: sordos los gobiernos, sordos los pueblos, sordos los católicos. Los Pontífices, los Prelados, los sacerdotes, la necesidad de los tiempos, la acción y el triunfo de los enemigos: todos nos llama a la propaganda, a la defensa. Se predica en todas partes: en la cátedra, en la tribuna, en el libro, en la prensa. Ayudad vuestras obras, sostened vuestra prensa; propagadla, ingresad a la Acción Católica.

Esta es la voz de orden. Pero ¿quién oye? ¿Quién reflexiona? ¿Quién trabaja? ¿Quién se conmueve? Son muy pocos. Cada uno vive para sí; se encierra dentro de sí mismo; cada uno se preocupa de su vino y de su pan, y muchos católicos se preocupan más de sus miserables intereses que de defender sus principios amenazados por las doctrinas anticristianas y antisociales.

Hay en él mundo una terrible sordera espiritual.

4.-LOS MUDOS.-

También es necesario enseñar a hablar a los mudos. Y es terrible la mudez en el mundo católico. Así como en el mundo, llamado un carnaval, hay muchos que llevan una careta: la careta de la virtud, del honor, de la justicia, de la honrado/, hay también muchos que llevan una mordaza en los labios: la mordaza de la cobardía, de la falta de valor moral, de la timidez, del respeto humano. Pero la mudez, el silencio, es la política al uso y a la moda. Silencio en el funcionario; el ansia de hacer carrera le tapa la boca… Silencio en el comerciante: mientras más calla, más clientes…

Y éstos cotizan su silencio o su conciencia, como cotizan los frutos del país. Verdad que la conciencia ha pasado a ser un equipaje asaz molesto en el camino de la vida. Por eso unos se la echan a la espalda; otros la venden, tal vez por ser un artículo de primera necesidad.

Silencio en el estudiante, cuando el profesor insulta la religión y se sitúa en la cátedra para decir disparates. Su silencio le asegura buenas notas en el examen.

Silencio en el periodista para callar ciertos escándalos.

Silencio en el político para quien la mudez es prácticamente lo mejor.

Y silencio en el católico cuando se insulta a la Iglesia y se burla a la Religión. Los católicos se han vuelto sordomudos …

Están poseídos del demonio mudo de que habla el Evangelio. Mudos para alabar a Dios; mudos para agradecer sus beneficios; mudos para defender su gloría; mudos para recomendar sus obras.

Poco es una palabra y con una palabra podemos ayudar nuestra causa, podemos defender nuestra prensa. Y hay que hablar como nunca; hay que desatar esas lenguas enmudecidas por la falta de sólidas convicciones; hay que crear un movimiento entre los católicos para enseñarles a hablar. Arranquemos la mordaza, desatemos nuestras lenguas y digamos con el Apóstol: “No me avergüenzo del Evangelio”.

5.-LOS PARALITICOS.-

Hay también en este hospital de inválidos muchos paralíticos que han declarado la huelga de los brazos cruzados, de los brazos caídos. Pertenecen a aquella sociedad que hoy forma legión: a la sociedad de los hermanos durmientes… Cuando los enemigos nos atacan por todas partes; cuando se adueñan de todo; cuando invaden nuestras propias trincheras, ¿qué hacen los discípulos de Cristo? Duermen como los apóstoles a la entrada del Huerto…

Están cruzados de brazos, permanecen indiferentes, tienen sus miembros paralizados. Representan a aquel paralítico del Evangelio: postrado en el lecho, sin vida, sin movimiento, sin actividad. El paralítico tenía sus miembros, pero esos miembros no tenían vida, no tenían actividad.

Hay entre los protestantes una secta que se llama de los sabatistas, porque descansan el Sábado. Para estos católicos paralíticos, su vida es un gran Sábado, es decir un descanso perpetuo…

Todos podrán llevar como epitafio de sus tumbas: “Don Fulano aquí reposa, y jamás hizo otra cosa”.. .

Y la vida es movimiento, es actividad. “Vita inmotu” dice el principio latino. Y a esos paralíticos es necesario llevarlos al Señor, como al paralítico del Evangelio. Cristo le. ordena tres cosas: le manda levantarse, tomar sobre sus hombros la camilla y le manda irse a su casa.

Así también con estos enfermos de parálisis del mundo católico. Deben levantarse del lecho de indiferencia y de inactividad en que yacen; deben cargar su camilla, es decir, sus hábitos, sus costumbres, etc., y deben volver de nuevo a la casa del Padre, al seno de la Iglesia, a practicar buenas obras, a trabajar por el reinado de Jesucristo y por su propia santificación en las actividades del apostolado.

Tales son los enfermos del mundo católico: ciegos, sordos, mudos y paralíticos, que tan genialmente clasifica Meder en su obra citada.

¿Y sabéis cuál es el remedio para curar estos enfermos? Sencillo y eficaz: el único remedio es que los católicos abran los ojos, abran la boca… abran los oídos y muevan sus miembros paralizados por la inacción. ¡Dios lo quiere! Nuestro Generalísimo es el Trabajo y nuestra orden del día: ¡Adelante!

Mañana sonará en el reloj del tiempo la hora decisiva para los destinos de la humanidad. O triunfará el Cristianismo o triunfará el Socialismo. Por lo tanto: vamos a trabajar en las actividades de la Acción Católica. Cada uno en el puesto, en la esfera de acción en que Dios le ha colocado. No esperemos que la bofetada de escarnio y el salivazo inmundo venga a manchar el rostro de nuestra Madre la Iglesia, ni que el látigo de la persecución venga a despertarnos de nuestro letargo. Vamos a ayudar nuestra causa, a sostener nuestra prensa, a defender los principios del Evangelio y del orden social cristiano.

El tiempo huye. ¡Son las doce menos cuarto! gritó un diputado socialista en el Congreso de Berna, aludiendo a la necesidad de trabajar por el triunfo de sus ideales. ¡Son las doce menos cinco!, digamos los católicos. ¡Y a trabajar, a luchar con valor y con honor por la causa santa de Dios, y nos sonreirá el triunfo, y nos sonreirá la gloria…!

 

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¿Porqué existen los insectos?

¿Porqué existen los insectos?

Educar Hoy
Pedro J. Bello Guerra
Periodico AM, Queretaro, 19/10/08

Un joven príncipe preguntó un día a su maestro: -¿Para qué ha creado Dios las moscas y las arañas? Semejantes insectos no son útiles al hombre, y yo, si pudiese, los haría desaparecer de la tierra.

-Toda la creación -replicó su maestro- está tan sabiamente ordenada, que todas las criaturas, aún las más pequeñas, tienen alguna razón de existir, aunque nosotros no lo comprendamos.

El príncipe movió la cabeza, poco convencido de lo que decía el maestro.

Algunos años después, el príncipe tuvo que ir a la guerra y, vencido en una batalla, se vio obligado a huir avergonzado ala vista de su enemigo. Llegada la noche fatigado por el cansancio, se tendió al pie de un árbol en medio del bosque y se quedó profundamente dormido.

Un soldado enemigo, que le había seguido, se le acercó despacio mientras dormía, para matarlo, pero en aquel momento una mosca se posó en la mejilla del príncipe y le picó tan fuerte, que le hizo despertar sobresaltado. Inmediatamente se levantó, sacó la espada y puso en fuga al soldado enemigo.

Libre de aquel peligro, el príncipe fue a esconderse a una cueva cercana. Durante la noche una araña tejió su tela a la entrada de la caverna y al despuntar la mañana ya había terminado su magnífica obra.

En aquel momento, dos soldados que buscaban al fugitivo pasaron frente a la entrada de la cueva en la que se había refugiado el príncipe; éste oyó lo que hablaban:

-Mira, debe estar aquí escondido.

-No -replicó el otro-, no es posible que se encuentre en esta cueva, pues al entrar debería haber roto esta telaraña.

Cuando los soldados se fueron, el príncipe levantó las manos al cielo: -Dios mío -dijo-, te doy gracias. Ayer me has salvado la vida por medio de una mosca, hoy por medio de una araña. Las obras de tus manos

Igual que el príncipe del cuento, muchos otros piensan que en la naturaleza hay seres que no deberían de existir: arañas, insectos, víboras, reptiles, murciélagos, etc., y también hay quienes piensan que algunas personas no deberían de existir, por ejemplo los delincuentes -ladrones, asesinos, secuestradores- , los políticos corruptos, los tiranos, las personas prepotentes e injustas,  llegando al extremo de desear que no existan los enfermos, los niños de la calle, los niños no planeados, las personas pobres, las de color…

Llega a tanto nuestra insensatez que creemos que sólo merece vivir la “gente bonita”: con dinero, bien parecida, con cierta cultura…, sin embargo, Dios se encarga de mostrarnos que así como las arañas o las moscas tienen una función en el mundo, también los seres humanos en situación de desventaja económica, cultural, de saludo que ha cometido errores en su vida tiene una misión que cumplir como cualquier otra persona, porque en la concepción y nacimiento de los seres humanos no hay casualidades o “accidentes”.

Para empezarlos delincuentes no nacieron así, sino que el ambiente desfavorable, los malos ejemplos, , las carencias materiales y espirituales en las que crecieron, la vida cómoda o fácil y las malas decisiones, han influido en su estilo de vida, pero ciertamente existe para ellos la esperanza de una rehabilitación.

Tenemos personas que viven en condiciones de desventaja como ,1a pobreza, la enfermedad o la ignorancia, que están en este mundo porque, una vez saliendo de su situación- con nuestra ayuda efectiva-, pueden aportar mucho ala sociedad, y aún sin salir de de aquella, muchas veces nos dan ejemplo de alegría, solidaridad, generosidad, humanismo… y constituyen una oportunidad de crecimiento para los que no estamos en sus circunstancias de vida. Ellos nos recuerdan lo mucho que debemos agradecer y también, el deber moral que tenemos de compartir un poco de esas bendiciones con quienes no las han recibido, por ejemplo, los niños que fueron concebidos sin ser planeados o deseados, o incluso concebidos con violencia, son víctimas que requieren de amor y respeto, y si están aquí es por algo y para algo, quizá muy grande como tantos casos de personajes ilustres que fueron concebidos en situaciones difíciles, pero gracias al apoyo recibido pudieron plasmar la huella imborrable de su paso por este mundo.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx

Categorías:Cuentos para educar

Cap VIII Fuentes de apostolado y el deber de los catolicos

CAPITULO VIII FUENTES DE APOSTOLADO  Y EL DEBER DE LOS CATÓLICOS

SUMARIO: 1. Una página del Evangelio. — 2. Fuentes de Apostolado. Vida sobrenatural; vida Eucarística. – 3. Deberes: Unión de las colectividades. – 4. Acción, cooperación efectiva a todas las obras.

 

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

 

l.-UNA PAGINA DEL EVANGELIO. –

Hay en el Evangelio una página que encierra, como todas las de este libro divino, una hermosísima enseñanza. Es aquella que nos presenta al Maestro divino que derramaba bendiciones, y consolaba a los pobres, y acariciaba a los niños, y ponía sobre las sienes, heridas aún por el clavo de la servidumbre, la corona del reino de los cielos, nos lo presenta acompañado de tres de sus discípulos, cuando iba a dar comienzo a su dolorosa Pasión. Puesto en oración, una queja dolorida se exhala de su pecho y un sudor de sangre baña la tierra culpable. Va a buscar consuelo entre sus amigos, entre sus discípulos, y los encuentra profundamente dormidos… Tres veces va a decirles: “Velad conmigo y orad” y otras tantas los encuentra dormidos. Y cuando sus enemigos se preparan para condenarlo, cuando en los labios impuros de Judas ya va a estallar el beso traidor que lo entregaría en manos de sus enemigos, sus discípulos duermen, sus ojos están cargados de sueño…

 

Esta escena del Evangelio se reproduce en la vida cristiana. La Pasión no ha terminado… y el mundo sigue condenando al inocente; se pide todavía la libertad de Barrabás y la crucifixión de Cristo. El mundo sigue siendo el calvario de la verdad, de la justicia y de la virtud. Y Pilatos, y Anas, y Caifas, y Herodes y Judas viven todavía en medio de los hombres, y están representados por el que entrega a Cristo, por el que vende a Cristo, por el que burla a Cristo, por el que lo entrega con un beso de paz… La Pasión no ha terminado y ahí esta la Cruz plantada en medio de la tierra… Aún golea sanare. . .

Aún pende de sus brazos la Víctima divina, coronada de dolor y llagada por el amor. Y cuando los enemigos se preparan para condenar por segunda vez a Jesucristo, ¿qué hacen sus discípulos, qué hacen los que se llaman cristianos, y lo confiesan por Maestro y doblan ante El su rodilla?

Duermen como los Apóstoles a la entrada del Huerto. Sus ojos están cargados de sueño…

Esos discípulos somos nosotros que estamos durmiendo el sueño aletargados de la cobardía, de la inactividad, de la indiferencia. Y mientras los enemigos destierran a Cristo del corazón, de la familia, de todos los órdenes de la vida social, mientras el enemigo nos ataca por todas partes: en la política, en la rosa pública, en la prensa, en la legislatura, nosotros contestamos a ese ataque franco, decidido y audaz, escondiéndonos cobardemente en nuestras casas y abandonando el campo al enemigo.

Dormimos; nuestros ojos, están cargados de sueño…

En presencia de esta conjuración contra todo lo divino, nosotros, católicos, tenemos una misión redentora, sublime y social. Cruzados de la milicia de Cristo, no podemos dormir el sueño de la apatía, de la inacción, de la indiferencia. Tres cosas nos salvaran en la hora presente: vida sobrenatural en los individuos; unión estrecha en las colectividades; cooperación efectiva a todas las obras. Expondremos cada uno de estos tres puntos.

 

2. – VIDA SOBRENATURAL; VIDA EUCARISTICA. –

Lo primero, vida sobrenatural que se alimenta de la Eucaristía.

Para alcanzar el éxito en las obras, el católico debe sentirse animado por la vida del espíritu, sin la cual ninguna obra es fecunda. En esta milicia, todo hombre es un soldado; todo soldado, un apóstol, y todo apóstol debe vivir la vida del espíritu. Trabajamos por el reinado de Cristo en las almas. ¿Y cómo lo haremos reinar en las almas si primero no reina en nuestros corazones? Debemos tener a Cristo para dar a Cristo. La vida del espíritu es el fundamento de la vida de acción; como la vida de acción, es el desbordamiento de la vida del espíritu.

Por eso, lo primero es cumplir nuestros deberes de católicos sin miedo ni temores. Lejos el respeto humano que degrada y envilece. ¿Cuál es el soldado que se avergüenza de su bandera? Nuestra bandera es la Cruz, vencedora del mundo, del pecado y de la muerte; nuestro Capitán es Cristo, y nuestra fe, la fe de la humanidad que, postrada de rodillas ha recitado el símbolo de la fe, en lo alto de las montañas, en la soledad de los desiertos, a la orilla de los lagos, en medio de los océanos, en el silencio de los templos, en la paz de los sepulcros.

Pero, desgraciadamente, hay muchos católicos cobardes, víctimas del respeto humano, de ese Nerón del Miedo… que nos mata, de que liemos hablado anteriormente. Hay muchos católicos que llevan un catolicismo postizo que se les cae en la calle pública; hay muchos que adoran a Cristo en la penumbra del hogar, en el círculo de los amigos, pero que le niegan en la vida social.

¡Hay muchos católicos-murciélagos que temen la luz y buscan las tinieblas! Son los cobardes que huyen cuando lo “nuevos Judas venden al Maestro con un beso de paz; cuando los Pilatos le entregan por temor al César, que enmudece cuando los Herodes burlan de nuevo a Cristo, o las muchedumbres, ebrias de vino, de sangre y de vicio piden que sea crucificado.

No; es necesario vivir una vida íntegramente cristiana, vida interior que se alimente con la recepción de los Sacramentos. Hay que vivir la Religión, no esa religión ideal que sólo va a la mente pero que no orienta la vida del hombre; la Religión, no sólo como poesía del alma sino como virtud que eleva, que engrandece y dignifica y perfecciona. Hoy es más necesaria que nunca la .predicación del ejemplo. El católico está sobre el candelero, sobre la montaña y todo el mundo lo mira y lo contempla. Debemos poner de acuerdo nuestros principios con nuestra conducta, nuestras acciones con nuestras creencias. “Hay que vivir como se piensa; de otra manera, llegaremos a pensar como hemos vivido”, según la frase genial de Paul Bourget.

Vida interior, y la vida interior se alimenta de oración y Eucaristía. Nuestro Señor consagró a la oración treinta años de la vida y tres al ministerio activo. Con esto nos enseña la fecundidad de las lentas preparaciones y la necesidad de la unión con Dios antes de la acción, como dice el P. Rodríguez. Hablar de Dios: éste es el celo; hablar con Dios: éste es el recogimiento. Una cosa depende de la otra. En el recogimiento se adquiere el amor a Dios y a las almas en el que se funda el apostolado efectivo… del mismo modo que el apostolado efectivo se funda en la oración comunicada.

“La meditación, dice una mujer ilustre, Isabel Leseur, prepara el trabajo del día. El estar a solas con Dios nos ayuda para estar luego en medio de los hombres distribuyéndoles un poco de nuestra provisión de la mañana. El don de sí mismo resulta más fácil cuando el alma ha hecho su provisión Interior”,

Un distinguido escritor expresa a este propósito un bellísimo pensamiento: “Las almas interiores son nacidas para las grandes empresas, dirimió se recogen, se condensan, y condensándose, son brasas; cuando salen de sí, se difunden, y difundiéndose, son luz”.

“Oración y vida interior, decía Pío X a un Rector de Seminario, que después vendrá la acción”.

Un santo predica bien. “Predica siempre”, como se decía del Santo Cura de Ars. En la vida de Santo Domingo se lee que este misionero Incomparable se contristaba por no cosechar frutos tan copiosos en las almas que evangelizaba. Un día oyó esta palabra: “¡Siembras y no riegas…” Comprendió el sentido del aviso del cielo, y desde entonces se entregó a la oración.

Un sacerdote explicaba la necesidad de la oración de esta manera original: “Imaginaos las más hermosas instalaciones eléctricas. Todo esta a punto: acumuladores, bombillas, alambres, conmutadores. Pero… no pasa la corriente…”

De semejante manera, puede un sacerdote tener gran preparación en ciencias eclesiásticas y profanas. Hermoso aparato, pero inerte. . . Si no establece contacto con Dios, no circulará el fluido vivificador. Orar equivale a cargar los acumuladores…

El más activo apóstol precisa que sea hombre de oración. “El que permanece en Mí y Yo en el da mucho fruto” (Joan., XV, 5).

El que ha de comunicar calor precisa que haya hecho antes provisión de calorías… ¿Sirve el hielo para calentar?

Nadie puede dar lo que no tiene.

“Las manos levantadas, dice Bossuet, derrotan más batallones que las manos que hieren”.

Vida de oración y vida eucarística. En las tareas apostólicas se necesita fortaleza, coraje, espíritu de sacrificio, abnegación, perseverancia.

Y la Sagrada Eucaristía es fuente de fortaleza, pone a Dios en nuestro pecho; comunica fuerza apostólica para entregarse del todo a la salvación de las almas. Nos da nueva vida. ”Yo soy la vida”, decía Jesús a sus discípulos antes de morir.

Y esta vida, esta vida interior la recibimos de Cristo; debe estar informada de la vida de Cristo; no debe expansionase mas que en Cristo; y no debe el apóstol tener otro fin que el mismo Cristo, para hacer que Cristo reine en las .almas y en los pueblos. “El alimento Eucarístico, dice San Juan Crisóstomo, nos convierte, no sólo en Jesucristo por el amor, sino que nos trocamos en carne del mismo Jesucristo”. ¡Sed almas Eucarísticas!

¡Qué incendios de caridad y de celo no aviva en las almas de los apóstoles seglares la caridad infinita de Jesús que en  Sacramento alimenta a todos los fieles para que todos no formen más que un solo cuerpo con El y en El “¡Oh qué hermoso campo sería el de la Iglesia, dice un escritor; cómo se cubrirían de doradas espigas sus hermosas llanuras, de matizadas flores sus jardines, si las almas de los apóstoles seglares fuesen almas eucarísticas, si estuviesen caldeadas por el Sol de la divina Eucaristía!” Entonces sentiríamos abrasadas nuestras almas por el celo divino.

“¡Nada tan hermoso como el celo, decía San Vicente de Paúl. Si el amor de Dios es un fuego, el celo es su llama; si el amor es un sol, el celo es su rayo luminoso!”

En una palabra: es necesario que la vida oculta preceda a la vida pública. Si nos proponemos llegar a Jerusalén es preciso que antes oremos en Nazareth, siguiendo el ejemplo del ideal de los Apóstoles.

3. – DEBERES. UNION DE LAS COLECTIVIDADES. –

Lo segundo que puede salvarnos es la unión estrecha de todos los católicos. Y la Acción Católica es un organismo coordinador de todas las fuerzas, según la palabra del Papa Pío XI. La unión es la ley, la base, la condición indispensable de toda sociedad, de toda propaganda. Sin ella, nada puede existir, ni la sociedad misma. De nada sirve la aglomeración de Individuos sin un vínculo que los una, sin un fin que los determine, sin una autoridad que los dirija. Serán fuerzas dispersas pero no serán fuerzas sociales.

Si nuestros enemigos triunfan, es porque tienen en su mano la fuerza del oro, rey del mundo, la fuerza del número y la fuerza admirable de la organización. Todas las conquistas del hombre moderno que orada montañas, y canaliza continentes, y domina el espacio, y embellece y fecunda la tierra; todo esto es milagro de la asociación, milagro de la unión de esfuerzos, de actividades, de trabajos.

Esta unión la predica y la manda el Maestro divino. El unió todos los corazones, proclamando la ley de caridad. Unió los corazones, pero también unió las inteligencias, enseñando la misma verdad, constituyéndose en centro de verdad; hoy todas las inteligencias giran alrededor de Cristo, como los astros alrededor del sol.

Esta unión también la exige la Iglesia por la voz de sus Pontífices que nos llaman a estrechar nuestras filas y a participar en el apostolado, estrechamente unidos a la Jerarquía. También la exige la condición de los tiempos que vivimos y la guerra enconada contra lo más caro que poseemos; nuestra fe cristiana y los sagrados intereses de Jesucristo.

Nuestros enemigos se unen para combatirnos; nosotros también debemos unirnos para organizar la defensa; nuestros enemigos se unen para hacer triunfar sus doctrinas; nosotros debemos unirnos para hacer triunfar nuestros ideales.

Unión de inteligencias por la misma fe; Unión de corazones por el mismo amor; unión de actividades por el mismo ideal, cual es el reinado de Cristo en la sociedad.

 

4. – LA ACCIÓN, LA COOPERACIÓN A TODAS LAS OBRAS. – .

Lo tercero que podrá salvarnos es la cooperación -efectiva a todas las obras de propaganda. Vida sobrenatural; unión organizada; efectiva cooperación: he ahí todo nuestro programa.

 

Tenemos buenos católicos, pero muchos de ellos son inútiles para la propaganda; tenemos hombres de fe, pero nos falta el hombre de acción. Esta es la raíz de nuestros males. Hay muchos católicos que suscriben los artículos de la fe, pero se  olvidan de las obras de acción, de propaganda, Y como Gramática hay verbos activos, pasivos y neutros, hay también  entre los católicos: activos, pasivos y neutros. Los pasivos no hacen nada; los activos hacen mucho pero son muy pocos; y los neutros, es decir, los que no son ni activos ni pasivos, forman la mayoría y lo echan todo a perder.

Y mientras los enemigos se hacen dueños de la casa y organizan sus filas, y se apoderan de la prensa, los católicos pasivos y neutros se meten en sus casas mientras retumba el cañón y se siente el fragor de la pelea. ¿Y a qué obras debe cooperar el católico, el apóstol? A todas las obras que promueve y dirige la Acción Católica. De ellas hablaremos especialmente al tratar de las finalidades de la Acción Católica. Ahora sólo señalamos cuatro capítulos de acción: lo que pertenece al culto y a la religión; a la propaganda de la fe y de la doctrina; las de caridad cristiana y la defensa de los derechos de la Iglesia.

El templo es nuestro hogar, nuestro punto de reunión. Trabajad porque haya hermosas iglesias, por el esplendor de las festividades, por la frecuencia de los sacramentos. Si decae el culto, decae la religión y la piedad. Cuando el culto se realza, se reanima el espíritu y florece la virtud. Entre las obras de propaganda, la primera es la prensa, llamada por León XIII “el apóstol de nuestro siglo”.

La prensa es cátedra, es tribuna, es pulpito, es escuela. Debéis ayudarla con suscripciones, con avisos, con la acción, con la palabra. A este trabajo de prensa dedicaremos más adelante un capítulo especial.

En lo que se refiere a las obras de caridad, visitad asilos, hospitales, orfanatos, contribuid a su fundación y sostenimiento.

Haceos miembros de las Conferencias de San Vicente y alentad sobre los pobres, el soplo de la caridad de Cristo.

Aliviad esas miserias físicas y morales. La caridad es la gran fuerza que puede salvar al mundo. Según aquella bella frase del poeta portugués convertido, Guerra Junqueiro, el Cristianismo fue engendrado por el Amor y por el Dolor. Por eso es inmortal y no han podido destruirlo ni el furor de los tiranos, ni los dientes de las fieras, ni la espada, ni el hierro, ni los verdugos, ni toda la sangre derramada que ha sido semilla fecunda de cristianos.

Aquel sabio de la antigüedad, Arquímedes, pedía un punto de apoyo para mover el mundo con su palanca. Este punto de apoyo no lo conocía la antigüedad, pero lo conoce el mundo cristiano. Esa palanca es la caridad, y el punto de apoyo, el pecho de Cristo.

Por último, debemos defender los derechos de la Iglesia: en el orden religioso, propagando sus enseñanzas; en el orden político, ejerciendo nuestros derechos ciudadanos; en el orden social, aplicando a la vida sus sabios principios y normas que hacen la felicidad de los pueblos.

La guerra que se hace cada día contra la Iglesia es más enconada y satánica. Se atenta contra su influencia civilizadora; se niegan los beneficios que ha hecho a la humanidad y la encadenan los idólatras del Estado, los eternos lacayos del César. Como buenos hijos, debemos defender a nuestra Madre. El que pueda dar actividad personal, dé actividad personal; el que pueda dar talento, dé talento; el que pueda dar palabra, dé palabra; el que pueda dar dinero, dé dinero. Y si nada de esto posee, siquiera sabrá escribir cosas útiles, o tendrá entusiasmo para dar parte de lo que traman los enemigos, o tendrá un brazo fuerte para escoltar al débil o voz para animar a los combatientes. Cada uno tiene un puesto en estas filas, en esta milicia santa. La lucha, no sólo es contra la idea religiosa sino contra el orden social; no sólo es contra el hombre-sacerdote, sino contra el hombre-magistrado, contra hombre militar, contra el hombre-propietario, contra el altar y el trono, contra la Religión y la autoridad que son los dos polos del mundo social. Vivimos una hora de inquietudes, de incertidumbres y hemos contemplado con musulmana indiferencia la prédica de esos falsos apóstoles que, con los ojos en Rusia y las manos metidas en el bolsillo de los pueblos, lo incitan a la revolución social.

Por eso debemos defender el altar y el hogar, es decir, la Religión y la Patria. ¡Cruzados de la idea cristiana! ¡A la lucha, al triunfo, a la gloria! Lleváis en vuestro pecho la cruz gloriosa que ha inspirado todos los heroísmos, todas las epopeyas de la historia y en vuestros corazones el amor a Dios y el amor a la Patria.

Las montañas

Las montañas

Pedro J. Bello Guerra

Diario de AM de Querétaro, 26/10/08

“Había una pacífica tribu que vivía en una planicie a los pies de los Andes. Un día, una feroz banda de ladrones que vivía en una guarida en las escarpadas cimas de las montañas atacó la aldea.

Como parte del botín, se llevaron con ellos a un niño a la montaña, hijo de una familia de la tribu de la planicie.

La gente de ese lugar no sabía escalar montañas, ni conocían los senderos que la gente de la montaña utilizaba y tampoco cómo encontrar a esa gente o cómo seguir sus rastros en ese terreno quebrado.

A pesar de todo, mandaron a un grupo de hombres, sus mejores guerreros, a escalar la montaña para recuperar al niño. Los hombres empezaron a ascender, primero de una manera, después de otra. Probaron un sendero, después otro. Luego de varios días de grandes esfuerzos, no habían logrado avanzar más que escasos cien metros por la montaña.

Los hombres de la planicie se sintieron totalmente incapaces, se dieron por vencidos y se prepararon a regresar al poblado.

Cuando se disponían abajar, vieron a la madre del niño que venía hacia ellos. Se dieron cuenta de que la mujer bajaba de la montaña que ellos no habían podido escalar y, además traía consigo al niño, envuelto con una tela y a sus espaldas, ¿Cómo lo había logrado?

Uno de los hombres del grupo la saludó y le dijo:

-Nosotros, los hombres más fuertes del pueblo, no logramos escalar la montaña. ¿Cómo lo lograste tú? La mujer encogió los hombros y dijo:

-“No es su hijo”.

¿Cuál es tu montaña?, sería la pregunta que naturalmente surgiría después de esta lectura, A veces los retos en la vida nos hacen desanimarnos cuando después de tres o cuatro intentos fracasamos, por ejemplo, cuando un hijo reprueba matemáticas cada mes pensamos. ..” a este hijo mío no se le dan las matemáticas, los maestros no le deberían exigir tanto” o quizá pensemos… “Mi hijo es un flojo, si vuelve a reprobar lo sacaré de la escuela y lo pondré a trabajar”;  mas si tuviésemos la actitud de la mujer del cuento, en vez de lamentamos por el fracaso escolar del hijo buscaríamos las causas, nos daríamos tiempo para estudiar con él o para ver al menos cuáles son sus deficiencias, para animarlo a estudiar y para dar seguimiento a los buenos propósitos de nuestro hijo que poco a poco se van apagando por falta de supervisión de nuestra parte”.

Otras veces las montañas a que nos enfrentamos son las actitudes de nuestros hijos: desobediencias, mentiras, peleas con los hermanos, egoísmos, pereza… y la clave es la misma que con el estudio: en vez de gritar, amenazar, castigar y, finalmente, darnos por vencidos, sería bueno buscar las causas, implementar un sencillo plan de mejora que implique ejercitarse en la virtud contraria al vicio que queremos erradicar, haciendo conciencia en el hijo de la necesidad de mejora, poniendo conjuntamente metas a corto plazo, supervisando su cumplimiento, felicitando ante logros, animando ante tropiezos, corrigiendo errores, incentivando y, en su caso, aplicando los correctivos necesarios una vez advertidos de ello.

Cuando la montaña está en la relación deteriorada con el cónyuge, conviene que recuerden ambos que se trata del propio matrimonio, de la propia familia y proyecto de vida y portante no podemos darnos por vencidos tan fácilmente. Aquí la mayor parte de los problemas se deben a una mala comunicación, así como al cansancio por los problemas, rutinas y desencantos cuando el amor y la generosidad mutua se van apagando; por tanto, un buen comienzo para remediar estas situaciones es aprender a escuchar, hablar de nuestras diferencias sin agredir al otro, buscando soluciones y no culpables, pensando en todo momento en lo que nos une -hijos, matrimonio, amor- y no en lo que nos separa, a descansar, a darnos un tiempo para reconquistar ala pareja, a brindar y disfrutar pequeños detalles de cariño.

Lo mismo que en el cuento, debemos aprender a escalar las montañas que nos alejan de la felicidad, a superar obstáculos pensando como aquella mujer: “lo hago por mis hijos” “lo hago por mi matrimonio”, lo hago por mi esposo(a)”, ‘lo hago por mí mismo(a)”, sólo entonces no se nos hará imposible la escalada y cuando menos lo pensemos ya estaremos de vuelta con nuestro “hijo”, “matrimonio”, “cónyuge” en brazos.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx

 

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Lo mas bello, lo mas dramático, lo esperanzador

 

Lo mas bello, lo mas dramático, lo esperanzador.
Emilio Palafox Márquez
Diario de AM de Querétaro, 26/10/08
 

 

E1 Mensaje conclusivo del Sínodo del 2008 es el más bello surgido de una asamblea sinodal”. Con este comentario no sólo concuerdan varios de los padres sinodales que tomaron la palabra en el debate tras su presentación, sino también una crónica de L’Osservatore Romano.

¿Y quién es el autor de este mensaje, calificado el más bello de una asamblea sinodal? Monseñor Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, es el responsable ahora del Mensaje conclusivo del Sínodo.

Monseñor Ravasi es autor de unos 150 libros y de numerosos artículos, escribe en el diario Awenire y colabora con varios diarios y revistas italianas y extranjeras. Dirige un programa de televisión dominical “Fronteras del Espíritu”.

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Recordemos. El pasado 5 de octubre Benedicto XVI hablando del Sínodo de los Obispos que comenzaba en Roma, explicó “el valor y la función de esta asamblea particular de los obispos, elegidos de manera que representen a todo el episcopado y convocados para aportar al Sucesor de Pedro una ayuda más eficaz, manifestando y consolidando al mismo tiempo la comunión eclesial”. Como es sabido, esta Asamblea culmina el 26 de octubre.

Para este 26 de octubre el Mensaje conclusivo “tiene la finalidad de estimular al Pueblo de Dios, alentándolo en la fidelidad a la propia vocación y alentándolo por los esfuerzos realizados”.

Haciéndose eco de las intervenciones de los padres sinodales, “rebosa de dinamismo cristiano, penetrado del justo orgullo de ser cristianos”, constata L’Osservatore Romano.

El mensaje se basa en cuatro símbolos que constituyen sus cuatro capítulos: “La voz de la Palabra: la revelación, El rostro de la Palabra: Jesucristo, La Casa de la Palabra: la Iglesia,

Los caminos de la Palabra: la misión”. El texto completo, del que circula una versión abreviada, está disponible desde

hoy en las agencias.

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La más dramática intervención en el Sínodo fue del cardenal Emmanuel III Delly, Patriarca de Babilonia de los Caldeos, en el actual Iraq, el 14 de octubre 2008: “Soy un hijo de la tierra de Abraham, Iraq. (…) Hemos hecho todo lo posible por obtener la paz y la tranquilidad en el País. La situación en algunas partes de Iraq es desastrosa y trágica. La vida es un calvario: faltan la paz y la, seguridad, así como los elementos básicos cotidianos. Todos temen los secuestros y las intimidaciones. (…) Por no hablar del número cada vez mayor de muertos causados por las bombas y por los kamikazes (…) Para nosotros, vivir la Palabra de Dios significa testimoniarla también al preció de la propia vida, como ha sucedido y sucede con el sacrificio de obispos, sacerdotes y fieles. (…) Por eso. les suplico que recen por nosotros y con nosotros al Señor Jesús, Verbo de Dios, y que compartan nuestra preocupación, nuestras esperanzas y el dolor de nuestras heridas, para que la Palabra de Dios hecha carne permanezca en su Iglesia y junto a nosotros como buen anuncio y como apoyo. Dieciséis de nuestros sacerdotes y dos obispos han sido secuestrados y liberados tras un rescate muy costoso. Algunos de ellos pertenecen al grupo de los nuevos mártires que hoy interceden por nosotros desde el Cielo: el arzobispo de Mosul, Faraj Rahho, el padre Raghid Ganni, otros dos sacerdotes y otras seis jóvenes”.

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Sin lugar a dudas, una de las intervenciones más esperanza-doras fue la del obispo Joseph Nguyen Chi Linh, de Thanh Hoa, Vietnam, el mismo martes 14: “El Evangelio fue proclamado por primera vez en nuestra tierra a inicios del Siglo XVI, en el doloroso contexto de una guerra civil entre dos reinos de hermanos enemigos. (…) Inmersos en una historia entretejida de odio, de guerras ideológicas y de limitaciones discriminatorias, nuestros cristianos están cada vez más convencidos de que sólo la Palabra de Dios les puede conservar en el amor, en la alegría, en la paz, en la comunión y en la tolerancia. (…). Merece la pena citar un episodio para demostrar que la Palabra de Dios sigue sosteniendo a \a Iglesia en Vietnam. Se trata de la conversión en masa de miles de personas pertenecientes a minorías étnicas, poco después de la canonización de los 117 mártires de Vietnam en 1988. Lo más curioso es que muchos hayan admitido haber escuchado la Radio Protestante de Manila, Filipinas, y que se hayan convertido al catolicismo en Vietnam (…). La Palabra de Dios, resonando desde ‘muy lejos y alcanzando sus oídos, se ha convertido en fuente de esperanza para estas personas dispersas entre las montañas, privadas de todo y sin futuro. Para concluir, quisiera subrayar, en cuanto cristiano vietnamita, la convicción de que en las persecuciones nuestra mayor gracia es la fidelidad a la Palabra de Dios”.

 

 

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