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Archive for 24 febrero 2009

Reunion Nacional JCFM

 

  EL COMITÉ NACIONAL DE  LA
JUVENTUD CATOLICA FEMENINA MEXICANA

 

 

CONVOCA A

PRESIDENTAS Y DELEGADAS DE FORMACION DE COMITES DIOCESANOS
A VIVIR LA SEMANA SANTA EN UN

 RETIRO KERIGMATICO  FECHA: DEL 09 AL 12 DE ABRIL DE 2009

LUGAR: CENTRO DIOCESANO DE FORMACION INTEGRAL
 UBICADO EN CAMINO A LA CONCHITA  NO. 35 COL.ZIMBRONES,
MUNICIPIO DE ZINANCATEPEC
TOLUCA, EDO DE  MEXICO

                             ENTRADA: JUEVES 5:00 P.M.                            
SALIDA: DOMINGO  3:00 P.M.

 

(PARA EL TRASLADO AL LUGAR DE RETIRO NOS ESTARÁN ESPERANDO EN

LA  CASA DE LA ACCION CATOLICA UBICADA

EN INDEPENDENCIA OTE. 406. COL. SANTA CLARA)

 

COSTO DE INSCRIPCION:  $ 450.00
INCLUYE: HOSPEDAJE, ALIMENTOS Y MATERIAL DE TRABAJO
(LLEVAR: BIBLIA Y SABANAS)

 

POR FAVOR CONFIRMEN SU ASITENCIA ANTES DEL 31 DE MARZO CON VERONICA RODRIGUEZ
 VIA E-MAIL: veroka__21@hotmail.com, O AL NÚMERO DE 
                    CEL. (045-722) 36 78 052 O CON SU SERVIDORA DULCE  RIVERA AL
NUMERO DE CEL. 045 22 21 54 56 87 o  VIA E-MAIL: dulyren@hotmail.com,

 

NOTA:  PARTICIPARA EN ESTE RETIRO EL COMITÉ NACIONAL DE LA A.C.J.M.

 

“EUCARISTIA, APOSTOLADO Y HEROISMO”

“SOY DE CRISTO, SOY DISCIPULA MISIONERA”

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Categorías:Comunicados

CAPITULO XVI APOSTOLADO DE LA CARIDAD


CAPITULO XVI APOSTOLADO DE LA CARIDAD

SUMARIO; 1. a) Necesidad de la caridad. La mujer y la caridad. Caridad con el prójimo.  – 2. b) El Evangelio y la caridad. ¿Cuál debe ser nuestro don?, c) Limosna del corazón, limosna de la fe, limosna de las manos. La sonrisa del corazón.

1.-a) NECESIDAD DE LA CARIDAD. –

Justicia y caridad no son simplemente impulsos subjetivos y psicológicos; son también principios éticos fundamentales que regulan la dominación objetiva de la vida social; santos deberes de conciencia, lo mismo para los gobernantes que para los gobernados, para reyes como para vasallos. La sociedad no sólo marcha con la justicia: necesita también de la caridad, del amor. Están ajustadas las piezas de una máquina; movedla, y saltará hecha fragmentos, porque falta el aceite que suaviza los movimientos de las piezas y hace marchar en perfectas condiciones el mecanismo. Están ajustados los derechos de la sociedad; pero sin el óleo suave de la caridad y del amor, saltarán también hechos fragmentos los organismos particulares de la sociedad. Hoy día se pretende buscar sólo en la justicia el remedio de los males sociales, y tanto se pregona la justicia que se llega al menosprecio de la caridad. Esto es una grave equivocación. Si ante todo debe reinar la justicia entre los hombres, hemos de estar persuadidos de que mientras el mundo exista, aun reinando la justicia, siempre será necesaria la caridad. Causas múltiples engendrarán perpetuamente necesidades que la práctica de la justicia no podrá remediar; he ahí una misión exclusiva de la caridad. Siempre habrá pobres, enfermos, pequeños, impedidos que necesitan del amor, de esa caridad cristiana que es el amor con que amamos a Dios por sí mismo y al prójimo por amor a Dios.

Este sentido de la caridad se verá todavía más claro si la comparamos con la justicia.

La justicia a nadie quita lo suyo; la caridad da espontáneamente de lo propio; la justicia, cuando da, sólo da lo que otro tiene derecho a exigir; la caridad de lo que otro no tiene derecho a exigirle. La justicia, más bien paga; la caridad da generosamente, se da a sí misma.

La caridad es necesaria y su infracción puede ser grave menosprecio a la ley divina. “Nuestro deseo, sería, dice León XIII, que consideraran los ricos que no están exentos de procurar la suerte de los pobres, sino que a ello están obligados. Porque en la sociedad, no sólo vive cada individuo para sí, sino también para la comunidad; de esta suerte, lo que unos no pueden hacer por el bien común, súplanlo con largueza los que puedan. La superioridad misma de los bienes recibidos, de la que ha de darse estrecha cuenta a Dios, que los ha otorgado, demuestra la gravedad de esta obligación, como también la declara el torrente de males que, a no prevenirse con tiempo, acarrearían la ruina de todas las clases sociales, resultando de aquí que el que desprecia la causa del pueblo, se acredita imprevisor respecto de sí mismo de la sociedad” (Graves de Communi).

La mujer ha sido hecha para sentir. Sus fibras delicadas y sensibles deben modular, al soplo de la caridad, acordes divinos.

Ha sido constituida la reina, el corazón del hogar. Y en el cristianismo ha sido apóstol de la caridad, la virtud reina.

Ella puede ejercer en la sociedad una gran influencia con la práctica de esta virtud que se ha olvidado en el mundo.

La mujer que forma el corazón de sus hijos, educa las generaciones del porvenir.

La beneficencia, el socorro al desvalido, será siempre una manifestación de sentimientos generosos de corazones nobles, elevados; si va animada por un espíritu sobrenatural, será una obra de misericordia que tiene divinas recompensas.

Y así debemos ejercer la beneficencia, la limosna, en favor de los pobres, de los desgraciados. Pero debemos remover, al hacerlo, un obstáculo que hay en el corazón femenino: el sentimentalismo. Es un impulso instantáneo a veces semiinconsciente, que la mujer experimenta al aliviar el dolor o las miserias humanas. Como todos los impulsos del corazón, si no son controlados por la inteligencia, pueden tener hasta efectos contraproducentes. ¿Qué corazón femenino no se conmueve ante los desgraciados que alargan su mano entumecida, o en los días de invierno, cuando se ve a esas madres con sus criaturas tiritando de frío? Y, sin embargo, puede suceder que la limosna entregada a esos pobres contribuya más que a remediar su miseria, a fomentar el vicio.

Por eso la limosna debe ser bien ordenada. No sólo deben remediar momentáneamente la necesidad, sino arrancar la miseria del cuerpo social.

Y así, muchas veces, es preferible dar esa limosna a organizaciones u obras de beneficencia donde se supiera que quedaría garantido su empleo.

Hay que distinguir también entre las necesidades meramente materiales y las que trascienden a cosas más elevadas. Hay males que se presentan perpetuamente y otros de raíz dañina que se pueden extirpar.

Debemos hacer el bien, pero cuanto más eficaz y más universal, es más divino. Orden en la caridad. Muchos católicos, muchas señoras se interesan por los pobres, los enfermos, los desamparados, los que luchan con la miseria y con la muerte; pero hacen muy poco por los que luchan por la vida, por el pan cotidiano, por la libertad de sus hijos, por 3a seguridad, libertad y nobleza de su trabajo. Hay que cumplir también los deberes con la sociedad, con las clases sociales, es decir, que la beneficencia debe estar sabiamente organizada.

2. – b) EVANGELIO Y CARIDAD. –

Abramos el Evangelio y veamos qué nos dice acerca de esta virtud fundamental.

El Doctor interroga: Maestro ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley cristiana? Y Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos está cifrada la ley y todos los Profetas”.

Y ahí tenemos enunciada por labios divinos cuál es la fórmula de esta ley: amad; el objeto, el término de esta ley: el prójimo; la medida de esta ley: como a nosotros mismos…

Amar a Dios y al prójimo es, pues, la primera y la última palabra de la ley cristiana.

Desgraciadamente el hombre se ha olvidado de este precepto fundamental. Un gemido sordo descubre a toda la tierra el enfriamiento de los corazones. Por eso la caridad, no sólo es un precepto de la ley cristiana, sino una necesidad social. Hay un abismo que la llama: el egoísmo que reina en el corazón de la sociedad. El egoísmo es como su respiración; la caridad es su aspiración. Y para ese egoísmo, el único remedio es una efusión abundante de caridad, la acción de la caridad cristiana.

c) Cuál debe ser nuestro don. “Ama como a ti mismo”; he ahí la fórmula de esta ley divina.

Amar es dar; pero no sólo es dar: es darse. Siendo la caridad el amor del corazón, la ley de la caridad es el don de sí mismo.

Y ¿qué somos nosotros? Inteligencia, sentimiento, vida exterior.

Como inteligencia, debemos dar la verdad; como sentimiento, el amor, como vida exterior, la limosna, el alivio, las obras de caridad.

He ahí las tres limosnas: la limosna de la verdad, del corazón y la limosna de las manos. “Amad como a vosotros mismos”…

En primer lugar, la limosna de la fe. Bajo esos harapos hay un alma, un corazón que es el nuestro, porque es el alma y el corazón humanos.

Debemos dar la limosna del espíritu, de los consejos, de las palabras, de los consuelos, porque ese pobre ha sido, muchas veces, despojado de los únicos bienes que le quedaban: la fe y la esperanza divinas.

Debéis dar luz a esas inteligencias, energías a esas voluntades y resignación a esos corazones. Tal es la limosna de la verdad.

Después la limosna del corazón. “Amad”… Esos pobres tienen más hambre de amor que de pan, están sedientos de bienestar y de paz.

Es cierto que hay que vencer resistencias; ese pobre, a veces ingrato, cubierto de harapos; es para nosotros como una momia que nos causa horror. Y tener que descender desde tan alto hasta tan abajo… Hay que vencer resistencias. Pero demos a esos pobres el abrazo de la caridad, el beso del amor… y triunfaremos.

Finalmente, la limosna exterior, las obras de caridad. Consagrar parte de nuestra vida a aliviar las miserias humanas. Tened presente que después del Tabernáculo no hay lugar más próximo al cielo que la casa del pobre. Si lo visitamos, Dios nos dará en retorno el paraíso. Beatus qui intelltgit super egenum et pauperem… (Psl., XL, 2).

Después de estas visitas nos sentiremos mejores, se iluminará nuestro espíritu, sentiremos una especie de transformación. Si estábamos tristes, inquietos, agitados, se llenará do gozo nuestra alma, porque hemos aliviado los dolores y enjuagando las lagrimas del pobre es otro Cristo. Porque dice el evangelio: “Lo que hiciste a uno de estos pequeños hermanos míos, conmigo lo hiciste”. Y ya no pensaremos en nuestros dolores al contemplar esas miserias de alma y cuerpo; no nos apegaremos a la vida y tal vez derramaremos lagrimas, lagrimas hermosas que seran para nosotros las mas bellas perlas de nuestra corona en el cielo.

“La caridad cubre la multitud de los pecados”, dice el apóstol San Pedro (I, 4, 8).

No olvidemos aquellas palabras: Todo el que te busca te va a pedir algo. El rico, tu conversación; el pobre, tu dinero; el que sufre, un apoyo moral. Todos te van a pedir algo. Y tú tienes la inmensa dicha de dar, aunque sea una palabra, una mirada, una limosna. En esto podemos parecernos al Padre celestial, que es donación perpetua, que es regalo perpetuo. Debiéramos caer de rodillas y decirle: “Gracias, porque yo también puedo dar, Padre mío”. No olvidemos que el mundo es un mundo de hambrientos.

Todos tenemos hambre: hambre de verdad, hambre de paz, hambre de pan. Y todos, por consiguiente, podemos ejercer la candad.

El hambre de verdad va atormentando a los caminantes; el hambre de paz, de felicidad va desgarrando nuestros pies andariegos; el hambre de pan es el que más nos conmueve, es más dramática, y es la menos digna de conmovernos. Aprende a conocer el hambre del que te habla; pero recuerda que fuera del hambre de pan, hay hambres que se ocultan; tanto más inmensas, cuanto más escondidas.

Practiquemos, pues, la caridad; demos a los pobres de Cristo lo que ha sido llamado: la sonrisa del corazón.

Hambre y sed de Dios

Hambre y sed de Dios

EMILIO PALAFOX  MARQUÉS

Periódico AM Querétaro, 22/02/09

 

A nadie le sobra nada. Ni a los que tienen mucho ni a quienes tienen poco y, no obstante su incierta esperanza, saben ayudar a tantos que les falta lo necesario. Debe ser también una experiencia gozosa compartir con otros la propia abundancia.

Para todos es la llamada interior de Cristo: “Hay más alegría en dar que en recibir”. En dar, en servir, estala clave de la alegría y de la paz que todos ansiarnos. Tal vez sea la clave para darle sentido a la vida; sentido que -nos descubre Frankl- no está ni en gozar ni en tener, sino en dar, en amar.

Qué buena pedagogía familiar y social será enseñar con el ejemplo a prescindir de algo -mucho o poco-, por una razón de amor, a habituarnos a dar “de lo que cuesta dar”, no sólo de lo que sobra. Porque -volvemos sobre nosotros- a nadie le sobra nada.

En la ciudad de Huelva, al sur de España -nos refieren en http://www.buenasnoticias.org-, donde Patrocinio Mora tiene un hotel, en 2007 ofreció una cena de Navidad para 90 inmigrantes; en 2008 ofreció otra cena, pero en esta ocasión para 200 inmigrantes. ¿El menú? Pollo, papas, queso, camarones, langostinos, champiñones, fruta, vino y pan. Patrocinio no tenía intención de aumentar el número de comensales, pero al ver la “demanda” y la felicidad que podía dar a esas personas, decidió hacer una cena más grande. Son las matemáticas del amor cristiano.

Pero, ¿cómo dar si no nos sobra nada? ¿Cómo dar de lo que cuesta dar? Habrá que tener un motivo alto.

***

El Papa Benedicto XVI invita a los creyentes a recuperar el valor y el sentido del ayuno en su Mensaje para la Cuaresma 2009, que tiene como lema “Jesús, tras ayunar durante cuarenta días y cuarenta noches al fin tuvo hambre”, presentado en el Vaticano por el cardenal Paul Josef Cordes, presidente del Consejo Pontificio “Cor Unum”, el organismo de la Santa Sede que se encarga de distribuir la caridad del Papa.

El cardenal Cordes dijo que ayunar no significa despreciar nuestro cuerpo, ya que el mismo Hijo de Dios lo asumió para convertirse en nuestro hermano, sino que supone desprenderse y unirse a Cristo, para recibir el don del amor que renueva el Ser cristiano.

En el Nuevo Testamento, recuerda el Papa, Jesús indica la razón profunda del ayuno, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial. El mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre. También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas.

“En nuestros días, -explica el Pontífice- parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. La Cuaresma -afirma el Santo Padre- podría ser una buena ocasión para retomar estas normas, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo.

Privarse del alimento material facilita una disposición interior a escuchar a Cristo. Con el ayuno y la oración permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios. Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos, dice el Papa. Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre. Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño.

Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, el Papa anima a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales, y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido. También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.

***

El mensaje papal es la antesala de las actividades del Pontífice durante la Cuaresma. El 25 de febrero se trasladará a la Basílica romana de Santa Sabina para presidir los ritos del Miércoles de Ceniza, que abren el tiempo de Cuaresma. El do-mingo 1 de marzo se retirará durante una semana de ejercicios espirituales en el Vaticano, que concluirán el sábado 7 de marzo.

Categorías:Reflexiones

Amor y amistad

Amor y amistad

POR PEDRO J. BELLO GUERRA.

Periódico AM Querétaro, 22/02/09

 

Muy estimados amigos, se preguntarán, y no sin razón, porque este tema cuando ya no es 14 de febrero. Déjenme contarles: siempre es más fácil inspirarse en un domingo con una rica taza de café porque es un día tranquilo y es por eso que todos los domingos escribo los artículos que saldrán la próxima semana y -sin quererlo –al abrir mi mail el día de hoy me he encontrado con bastantes de ustedes que me han reclamado porque en el contenido dé lo que leyeron no hacía ninguna referencia al amor y la amistad.

Es por eso que ahora tocaremos ese tema, siempre hay que hacer caso a los lectores, por una simple razón, ustedes entenderán, sino lo dejan de leer a uno.

El tema del amor y la amistad es complejo, trillado y se ha escrito tanto sobre él que -a la mejor – los aburro con mi narración, pero lo bueno de ustedes es que son buenas gentes, les gusta esta columna y después de haberlo pensado mucho abordaré el asunto desde una nueva perspectiva.

“Cuentan que existió una vez una mariposa nocturna, muy hermosa que se enamoró de una estrella por-que la luz que reflejaba era nítida y muy hermosa. Sus amigos le decían que su amor era imposible, porque por más que volara jamás la alcanzaría; debería de conformarse con revolotear alrededor de las lámparas, esas sí estaban a su alcance.

Estando la mariposa sumamente triste porque no alcanzaba el lucero y seguía en su necio intento, llegó una amiga-mariposa, por supuesto – que la animó diciéndole: tu sueño es imposible, no importa, tú sigue luchando, siendo mejor, esforzándote para alcanzarlo y así algún día, de alguna forma lo conseguirás. Entonces la mariposa se quedó muy contenta, pero al día siguiente llegó su padre y la llamó diciéndole:

-En muchos meses no te has acercado a ninguna lámpara, no te has quemado las alas ni un poquito y las demás mariposas hablan de ti diciendo que eres sumamente rara, Por favor, déjate de sueños tontos y ve acercándote a un farol como todas las demás.

La mariposa por fin dejo la casa paterna, pero no fue a volar cerca de ningún foco, siguió obstinadamente en su empeño por alcanzar su sueño, que se encontraba a millones de años luz. Creía, en cambio, con la ceguera de estar enamorada, que su cariño estaba atrapado en las altas ramas de un árbol.

 

Intentaba y volvía a intentar, noche tras noche, sin lograr tocarla y su amor no disminuía sino que al contrario crecía y crecía, porque sentía cierto placer porque pensaba que con su esfuerzo le demostraba su amor al amado.

Fue tan grande su amor que vivió hasta una edad muy avanzada, sus hermanas y hermanos, sus padres y muchos amigos murieron antes que ella porque a ella la mantenía viva su gran amor.

En esta pequeña historia podemos aprender muchísimo sobre el amor y la amistad: Primero que cuestan trabajo, hacer un buen amigo o enamorarse de una persona valiosa no es fácil, hay que esforzarse, luchar, demostrar que se le quiere, revolotear, pensar en el otro, una buena amistad, un buen noviazgo tiene lo suyo, ¿o no es así?.

En segundo lugar que el amor es ciego. A veces tratamos de explicarlo, ¿por qué te enamoraste de uno o de la otra? Muchas veces hay razones, pero no olvidemos que el corazón no entiende razones, se enamora y ya. Entonces como padres o amigos debemos llegar antes y sembrar en los muchachos los valores que deben buscar para formar un buen noviazgo o una buena amistad, más vale prevenir que lamentar.

En tercer lugar cuando uno está enamorado, cuando uno tiene un magnífico amigo y tanto el amor como la amistad se cultivan y crecen, uno mejora; porque el verdadero amor o la verdadera amistad siempre nos hace mejores: más alegres, más esforzados, más entregados, más ordenados y así podemos ir enumerando muchas virtudes. ¿A qué se debe eso? El simple motivo es que el que ama quiere darle gusto a la persona amada y así para la mariposa no era tan importante el que llegara a tocar a su adorado sino el amor que le demostraba intentándolo siempre. Así es la amistad y el amor, el importante es el otro, se acaba el egoísmo de pensar en uno mismo, cuando hagamos eso nuestros amigos serán duraderos y nuestros amores verdaderos.

Muchísimas felicidades, aunque sean atrasadas, en el dia del amor y la amistad.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx

Categorías:Cuentos para educar

La caridad Cambia corazones

La caridad Cambia corazones

Jose Martinez Colin*

Periódico AM Querétaro, 15/02/09

 

1) Para saber

Cada año se celebra el 11 de febrero la Jornada Mundial del Enfermo. Ese día es dedicado a Nuestra Señora de Lourdes quien en sus apariciones mostró especial compasión por los enfermos y pecadores. Ha sido probado en muchas ocasiones, cómo peregrinos que han acudido a su santuario han recibido la salud tanto corporal, como espiritual.

El Santo Padre Benedicto XVI envió un mensaje invitando a tomar responsabilidad ante la pobreza y el dolor, atendiendo especialmente a los niños, las criaturas más débiles e indefensas y, entre estos, a los niños enfermos, sufrientes, abandonados, privados del calor de una familia. De todos estos niños, dijo el Papa, se eleva un silencioso grito de dolor que interpela a nuestra conciencia de hombres y de creyentes.

La comunidad cristiana no puede permanecer indiferente ante tan dramáticas situaciones y tiene el imperioso deber de intervenir. Como escribió el Papa, la Iglesia “es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario” (Dios es Amor, 25, b).

2)Para pensar

En la gran novela de Victor Hugo, “Los Miserables”, el personaje principal se llama Jean Valjean. Es un ex convicto miserable que acaba de cumplir una condena injusta. El Obispo de Digne le da acogida en su casa, pero por la noche, el hosco Valjean le robalos ricos cubiertos de plata y huye. La Policía lo captura por sospecha de robo y lo llevan frente al Obispo, sacando de su saco sucio los ricos cubiertos. Valjean tiene vergüenza de haber defrauda-do la confianza del Obispo. Pero entonces el Obispo, en lugar de ratificar las sospechas de la Policía, encubre su delito, asegurando que los cubiertos son un regalo que él mismo hizo a su huésped, e incluso lo reprende por no haber querido llevarse también unos candelabros, que de inmediato introduce en su saco.

Quizá encubrir a un delincuente merezca la reprobación de la justicia; pero, de esa manera, el Obispo de Digne redime a un hombre. Enaltecido por ese gesto, Jean Valjean convertirá su vida, a partir de ese momento, en una incesante epopeya de abnegación y de caridad. El Obispo de Digne entendía que Dios anida en el corazón de sus criaturas más afligidas.

3) Para vivir

El amor al pobre o necesitado hace mucho más que la mera justicia; no resuelve la situación económica o elimina algún dolor, pero lo que el amor salva es a la persona misma.

El Papa Benedicto XVI recordaba unas palabras de Juan Pablo II quien, ofreciendo un ejemplo luminoso en el ocaso de su vida, escribió: “Sobre la cruz está el ‘Redentor del hombre’, el Varón de dolores, que ha asumido en sí mismo los sufrimientos físicos y morales de los hombres de todos los tiempos, para que en el amor podamos encontrar el sentido salvífico de su dolor y respuestas válidas a todos sus interrogantes” (Salvifici doloris, 31).

Ante el día del amor, celebrado en unas partes el 14 de febrero, habría que llevar ese amor también a todos los días del año, dando testimonio del amor de Cristo. Como recordábamos anteriormente, hay que salir a acoger a las personas, especialmente a “los que están solos, enfermos, y a los que rechazan por su modo de ser”.

*Sacerdote/ ingeniero en computación por la UNAM y doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra

Categorías:Reflexiones

Exigir para educar

Exigir para educar POR PEDRO J. BELLO GUERR A Periódico AM Querétaro, 15/02/09 Hace algunas semanas fui de excursión con unos amigos a la montaña, llegamos a una cabaña muy bonita, en un lugar precioso en la Sierra de Puebla; llegando al refugio, la señora nos puso a limpiarlo todo para que estuviera presentable y así estuvimos durante un largo rato; iba con nosotros Marco, su hijo pequeño, de 4 años de edad. Mientras Lorena, que as í se llama mi amiga se ponía a limpiar las telarañas y a quitar las arañas que había en los rincones, de repente se escuchó el grito de Marco que decía: -Mami, no mates a las arañas pequeñas por favor. Todos nos sorprendimos por la fuerza de su comentario y detuvimos lo que estábamos haciendo en ese momento. Mientras su mámale dijo: -¿No ves que feas son? -Sí, pero para sus mamas son bonitas, lo mismo que yo para ti. Esta pequeña historia nos ayuda a centrarnos en el tema de hoy: Exigir para educar. ¿Qué es lo hermoso o valioso qué buscamos en las personas? ¿Lo físico? ¿Su dinero? ¿Lo material? ¿Sus valores? ¿Qué es? Realmente lo que los padres quieren para sus hijos y todos queremos para nuestros seres queridos es que sean felices, pero la felicidad es una meta muy difícil de alcanzar, cuesta trabajo y solamente se alcanza con gran esfuerzo; mismo que en esta época que nos ha tocado vivir brilla por su ausencia, la gente no se exige y no exige a los demás. Se bebe demasiado, se permite lo que sea mientras se cuide el dicho “nada con exceso y todo con medida”; pero la verdad es que nos falta exigirnos y exigir a los otros. ¿Qué es exigir? Exigir es esforzarse en conseguir una meta que uno se ha planteado poniendo los medios adecuados para llegar a ella. La exigencia, entre otras cosas debe tener los siguientes componentes: Primero: La firmeza, que no tiene nada que ver con la rudeza sino con ponerse una meta y darle seguimiento ayudando a que las personas no se desvíen; sin importar nuestro estado de ánimo, porque a veces venimos eufóricos porque nos fue bien-en un negocio y entonces damos permisos que en condiciones normales no daríamos; o al revés, cuando estamos de malas no damos ningún permiso y con esto podemos hacer referencia a cualquier cosa en las relaciones. Debemos ser firmes, como los mástiles de los barcos que sostienen las velas sin importar la fuerza del viento. Para poder exigir el primer componente es la firmeza. El segundo componente es la constancia: cuando uno se fija una meta personal o que deben conseguir los hijos, empleados o gente que depende de nosotros; debemos ayudarles a no darse por vencidos con facilidad y para eso hay que revisar con ellos como van, su avance, cómo lo están haciendo, e ir inventando nuevas formas de hacer las cosas porque las formas anteriores no funcionan. Ahora no se le puede prohibir a un hijo no chatear, pero si puede uno sentarse con él a poner reglas y ver formas de que no tenga interacciones peligrosas; pero si dejamos a la gente y no les damos seguimiento, jamás conseguiremos que lleguen a sus metas. El tercer componente es la motivación. Se habla muchísimo de esto, motivar es mover hacia algo y si tenemos firmeza, constancia, pero no motivamos, podemos causar heridas, molestias, enojos, entonces debemos tener la habilidad de – en el momento adecuado – decir la frase necesaria como: “adelante”, “vas bien”, “no importa que retrocediste un poco, pero mañana lo lograras”, “confío en ti, sé que puedes”, “aunque hayas dicho una mentira, seque te equivocaste, pero no eres un mentiroso, se que no lo volverás a hacer”. Todo eso nos lleva al cuatro componente que es una buena comunicación porque todo lo anterior: firmeza, constancia y motivación no sirve para nada si no sabemos comunicar, que es algo que nos falta, comunicarnos con nuestros iguales, con los menores, con los mayores, para eso hay que saber escuchar y hablar en el momento adecuado, pero muchas veces hablar haciendo reflexionar al otro: “yo que tu haría esto, pero tu sabrás”; de tal forma que no obliguemos más que cuando sea necesario por el bien de la persona a la que mandamos; pero en los demás casos, vale la pena decir: “yo que tu en lugar de fumar una cajetilla al día, empezaría fumando cinco cigarros diarios para ir bajando un poco y así en todo. Seamos exigentes con firmeza, constancia, motivando y buscando nuevas formas de comunicarnos con los demás, así mejoraremos este mundo nuestro que tanto falta le hace la exigencia. jbellog@colegioalamos.edu.mx

Categorías:Cuentos para educar

CAPITULO XV APOSTOLADO DE LA FAMILIA

CAPITULO XV APOSTOLADO DE LA FAMILIA

SUMARIO:  1. La crisis de la familia. – 2. La gran desolación. – 3. Sus peligros. – 4. Sus  remedios. – 5. El apóstol seglar y la educación.

 

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

l.-LA CRISIS DE LA FAMILIA.-

Los tiempos presentes son de una perversidad moral que causa espanto. Podemos repetir la frase bíblica: “Toda carne ha corrompido su camino” (Gen. VI, 12). Esto tiene preocupados a moralistas, estadistas y gobernantes y a todo hombre que piensa seriamente. Los grandes centros de población se hallan tan corrompidos o acaso más que Babilonia, Corinto y Roma. Y en los mismos pueblos pequeños, aunque quedan restos de pudor cristiano, se van aminorando por la facilidad de las comunicaciones que los pone en contacto con el resto del mundo.

La inmoralidad es un verdadero cáncer social que el mismo progreso y refinamiento de la vida moderna ha venido a agravar. La inmoralidad reina en todos los espectáculos, en los cines, teatros, modas, playas, diversiones, bailes, paseos, cabarets, music-halls, café-concerts, y donde se pasea el escándalo y la desnudez y donde se exhiben todas las formas de pasión.

Este problema de la corrupción es un problema universal porque la inmoralidad es una tromba devastadora que lleva al abismo a las sociedades, corrompe a la juventud y extingue las fuentes mismas de la vida y amenaza los cimientos del orden social.

La fiebre de placer se ha hecho como la segunda naturaleza de esta moderna sociedad; ella ha entrado en el período de la descomposición. Estas consecuencias se dejan sentir en la familia. Ella ya no es “el principio de la ciudad y como el semillero de la República” en frase de Cicerón; la familia está en crisis; y es una crisis honda y aterradora.

Ha desaparecido de la familia aquella vida tradicional de nuestros antepasados; hoy se ha convertido el hogar en un hotel a donde se va a comer y a dormir. Es un montón de ruinas destruido o asaltado por el materialismo, por el Socialismo y la impiedad. La corrupción es uno de sus enemigos más formidables. Ella hace decrecer el número de los hogares, de los hijos; lleva al amor libre, trae las nefandas leyes del divorcio, del matrimonio civil, que llevan a la poligamia sucesiva; unión sin Dios, unión sin amor; madres sin hijos…; hogares desolados, ruinas sin cuento. La misma vida moderna arroja del santuario del hogar a los esposos, y a los hijos a la calle, al teatro, al cine, al salón de baile, de patinar, al salón de té. Las prácticas cristianas se han desterrado de la familia; ya no es Jesús el que preside estas bodas como en Cana; es la pasión. El hombre ha cerrado las puertas del cielo y sólo mira los goces materiales.

2. – LA GRAN DESOLACIÓN. –

Podemos, pues, contemplar la gran desolación y miseria de la familia actual. Las mujeres huyen del matrimonio, prefieren la unión libre, sin ninguna ley moral, sin ningún freno, sin más ley que su capricho, su pasión. El vicio, la inmoralidad ambiente va acrecentando el número de los “sin hogar”, dignas parejas de los “sin patria”. Pero el vicio no sólo lleva la desolación al hogar, también los deja anémicos. Porque malgastando el hombre su vida en los desórdenes, en los vicios, en la lujuria ¿qué fuerzas podrá transmitir a sus hijos? ¿Qué vigor, qué savia de vitalidad va a dar si él la ha dejado toda en el regazo del sensualismo? Y esas pobres criaturas son remedos de vida, y muchas veces tienen que maldecir a sus padres que les transmitieron la muerte en lugar de la vida, porque el vicio envenenó su sangre y mató las energías de su vida.

Y si a esto añadimos la educación superficial, el reinado del alcoholismo, la molicie, las excitaciones al placer, al lujo, las novelas eróticas, las cintas del cine y tantos otros factores de corrupción, tendremos el cuadro completo de la desolación de los hogares modernos.

3. – SUS PELIGROS. –

Otros peligros se divisan en la familia moderna y uno de ellos es la natalidad. Este es el hecho, un hecho evidente y claro, que confirman las estadísticas: el reinado de la inmoralidad, las leyes del divorcio han traído la disminución de la natalidad.

“Tenemos más ataúdes que cunas”, dice Pinard.

El descenso de los nacimientos sorprende a los estadistas. “Francia pierde cada seis meses una ciudad de 28 mil habitantes”, decía Bertillón. Y Leroy Beaulieu ha demostrado que si no se remedia este mal, el año 2012, en Francia no quedará un francés de origen.. .

Este descenso de la población se nota en todos aquellos países que han facilitado el divorcio, que se multiplica cada día. En Estados Unidos hay más de doscientos mil divorcios al año; en Francia más de treinta y dos mil. El aumento vegetativo de la población de Francia es de 2,4, el más bajo del mundo; y Francia es un país divorcista por excelencia; el de Estados Unidos es de 9,2, inferior a Italia que es de 12,4, a Colombia de 15,8 y a nuestro país que es de 12,6.

Todas las estadísticas demuestran que el divorcio lleva a la inmoralidad, a la disminución de la natalidad, aumento de la criminalidad, hijos ilegítimos, fomenta el amor libre y el paganismo en las costumbres.

Es ley de la historia que la vida y grandeza de un pueblo depende del número de sus habitantes y de la moralidad de las costumbres. Cuando un pueblo es insuficiente para ocupar y defender su territorio, no tarda otro en apoderarse de él. Esta es ley de la historia y no hace más que repetirse. Cuando en Roma las mujeres no querían tener hijos, llega un día en que la Señora del mundo no tiene soldados para defenderse de los bárbaros.

Hoy dominan en el mundo las teorías malthusianas que han invadido el santuario del hogar. Estas teorías dominan aun en aquellos países que han tenido exceso de población como Alemania.

Después de la guerra, en Alemania y Austria se nota un descenso de nacimientos y, según las estadísticas, son cerca de un millón de niños que no vienen a la vida por efecto de estas teorías que han adquirido un alarmante predominio.

Ante ese mal que: hoy deploramos, podemos repetir aquellas airadas palabras de liossuet en “De la Politique Sacrée”: “Sean malditas de Dios y de los hombres las uniones cuyos frutos no se desean y cuyos anhelos consisten en que sean estériles”. Hoy existe aquel error que anatematiza un escritor con estas palabras de fuego: “Cuando estas palabras puedan ser verídicas escritas sobre una nación, esa nación está perdida hasta la médula de los huesos. Cuando los hombres temen el trabajo o la guerra justa; cuando las mujeres temen a la maternidad, ellos tiemblan al borde de la condenación, y convendría que desaparecieran de la superficie de la tierra en la que son con justicia objeto de desprecio para todos los hombres y todas las mujeres dotadas de almas elevadas, fuertes y animosas”.

La causa de este mal hay que buscarla en la falta de religión, en el egoísmo, en la relajación de las costumbres familiares, en el progreso alarmante de la inmoralidad, en el divorcio, en los avances del feminismo moderno que agrava más y más el malestar social, en esa nefanda literatura anticoncepcionista que pone al alcance de todos los procedimientos y teorías malthusianas, literatura de burdel corruptora de las almas, asesina de la humanidad.

¡Más ataúdes que cunas! Esta es la situación de la familia moderna.  Y   hablando de  Francia, donde  la población decrece, dice un escritor: “Este es el principio del fin. Finis Galliae…  Así  deben desaparecer de la escena del mundo los pueblos que han hecho trizas las leyes fundamentales de la vida”.

4. – SUS REMEDIOS. –

Para remediar estos hondos males que lamentamos en la familia, debemos señalar algunos remedios morales.

a)         Vida de fe. La fe nos revela un mundo desconocido, nos llena de santo temor y amor de Dios. “Si creyereis, veréis la gloria de Dios”  (Juan, II, 40).

La fe que nos muestra a Dios en todas partes, envuelve al hombre en una atmósfera sobrenatural, le lleva a Dios a rogarle, a alabarle, a temer sus justos juicios y castigos. La fe nos hace conocer a Cristo, y en su conocimiento está la vida eterna. La fe llevará a Cristo a nuestra vida, a nuestros hogares, a nuestros amores como lo llevaron los esposos de Cana, Y cuando Cristo reina en el hogar, reina también la paz, la pureza y la armonía.

Pero cuando desaparece la fe viene el materialismo, la vida pagana. Y entonces: “Los hombres se han corrompido y se han hecho abominables por seguir sus pasiones, no hay quien obre el bien, no hay uno siquiera” (Psal., XIII, 1).

b)         Prácticas de piedad. No basta creer; es necesario practicar. La fe sin obras es muerte, dice Santiago. La vida cristiana es vida de oración, de plegarias,  de prácticas piadosas.

Es necesario llevar a los hogares esas -prácticas cristianas olvidadas y que pueden restituir la pureza a las familias. El cumplimiento de los deberes religiosos; el Rosario en familia; la devoción a María; las oraciones de la mañana y de la noche, etc. “La tierra está desolada porque no hay ninguno que piense en su corazón” (Jer., XII, 11).

Estas prácticas avivarán la piedad y formarán la vida cristiana tan necesaria a las familias.

c) Huir de los peligros. La vida cristiana es santifica-dora, todo tiende en ella a purificar los corazones y preservarlos del pecado. El Apóstol nos describe cómo debe estar vestida nuestra vida de buenas obras: “Todo lo que es conforme a la verdad, todo lo que respira pureza, todo lo que es justo, todo lo que es santo, todo lo que os haga amables, todo lo que sirva al buen nombre, toda virtud, toda disciplina loable: esto sea vuestro estudio” (Phil., IV, 8).

Y nada caracteriza mejor al discípulo de Cristo que la huida del mundo en el cual reina esa triple concupiscencia de que habla el Apóstol San Juan. “Vosotros no sois de este mundo”, dice San Juan. “La vida pagana consiste en seguir las máximas del mundo, las diversiones, las voluptuosidades y glotonerías, las embriagueces y lujurias. Mas la vida cristiana consiste en sacrificar las pasiones y concupiscencias para seguir a Cristo”.

El verdadero cristiano mortifica sus pasiones, emplea su vida en buenas obras, obras de caridad, de compasión, de limosna, de celo, de apostolado, de propaganda.

Si lamentamos la vida pagana sin Dios, sin religión, sin Cristo, santifiquemos nosotros el hogar y que reinen en él Jesús y María como en un trono en nuestros corazones y en nuestros hogares.

¡Qué campo de acción tiene en la familia el Apóstol seglar!

5.-EL APÓSTOL  SEGLAR Y LA EDUCACIÓN-

El Apostolado seglar tiene un extenso campo que desenvolver en el apostolado de la educación cristiana. El que conquista este campo, conquista el mundo; porque la educación es el troquel donde se forman los hombres del mañana que son los hombres del porvenir.

“Lo presente es hijo de lo pasado”, ha dicho con gran sentido social Leibnitz, “y padre de lo porvenir”. El mundo se reformaría si se reformase la educación. Cuando se quiere corromper a los pueblos se empieza por corromper la educación. Las generaciones salen vivas y formadas del molde de la educación; y cuando el molde es el de la impiedad, del laicismo, de la inmoralidad, ellas salen ateas, corrompidas y sensuales. Por eso la fuerza de una educación discreta y perseverante es una fuerza incontrastable, sobre todo si el objeto de la educación es un ser blando y tierno, porque entonces se puede moldear como la cera y darle la figura y forma que se crea más conveniente.

La educación es de mayor importancia que la instrucción. La primera se dirige principalmente al corazón; la segunda a la inteligencia. Eduquemos el corazón y después instruyamos la inteligencia.

El corazón es el gran enfermo del siglo. Por eso hay que dirigirlo hacia el bien por medio de una sólida educación. ¿Queremos que la sociedad sea cristiana, que piense en católico y que obre en conformidad con los principios del decálogo? Apoderémonos de la escuela, conquistemos la cátedra, trabajemos por apoderarnos de la enseñanza y entonces, la sociedad será de Jesucristo.

Trabaje el Apóstol seglar por llevar a Dios a las inteligencias; en eso consiste la instrucción; llevar a Dios, amor y regla suprema, a las conciencias; en eso estriba toda la obra educativa.

Tenga puestos sus ojos en los centros de enseñanza y a ellos debe dirigir todos sus esfuerzos: Institutos, Universidades, Academias, pero de una manera espacialísima a las escuelas de los niños; ellos son y representan las futuras generaciones,  y si las   conquistamos para Jesucristo, habremos salvado al mundo.

Lleve su influencia a la Asociación de Padres de familia, a la Juventud escolar; ejerza el Apóstol seglar una severa censura e inflexible crítica contra los quebrantos y males de la enseñanza, ya en el periódico, en la tribuna, en el parlamento, a fin de que llegue a los poderes públicos, buscando siempre que se respeten los derechos de la Iglesia y de los padres de familia a educar a sus hijos en las enseñanzas netamente católicas. La educación es la base de la grandeza de los pueblos. Y en el problema de la educación debemos ponernos en guardia contra los avances de cierta pedagogía que tiene por única finalidad formar hombres medianamente instruidos pero no hombres buenos; que disciplina la inteligencia pero que descuida la voluntad; que da cierto barniz de cultura general, pero que no enseña al hombre a usar de su libertad, que no forma su carácter ni modela su corazón.

Es el gran error de nuestros días. Se confunde la instrucción con la educación. “La instrucción consiste en la adquisición de conocimientos científicos; la educación en la adquisición de las virtudes – dice un ilustre pedagogo -. La primera cultiva y enriquece el entendimiento; la segunda liberta y ennoblece la voluntad; la primera hace hombres sabios; la segunda hace hombres buenos” (Foerster).

“La Cultura de la inteligencia, dice Smiles, ejerce poca acción sobre la conducta moral. Vemos hombres ilustrados, literatos, artistas que no tienen en manera alguna buena conducta y que son derrochadores y viciosos”.

“La educación sin moral, dice un estadista argentino, es un arma para que el criminal perfeccione sus métodos de delincuencia. Es una linterna en manos del ladrón”….”Educación, dice Julio Simón, es un espíritu que ilumina a un espíritu, es un corazón que forma un corazón”.

De todo esto se infiere que la educación debe basarse en los principios de la moral y de la Religión, que es la única que impera en el interior del hombre, que le enseña a usar de su libertad y a obrar en conformidad a su razón.

“La educación religiosa la creo hoy más necesaria que nunca”, decía Víctor Hugo en el Parlamento francés en 1848.

Estas palabras podemos suscribirlas todos los que vivimos la edad contemporánea.