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CAPITULO I LA HORA DE LOS SEGLARES

Queridos Hermanos   Poco a poco les enviare este material editado  a mediados del siglo pasado, el cual nos da una visión de la evolución del la misión del laico, a veces pensamos que la promoción del laico es  de ahora pero ya lleva mas de siglo y medio, al siglo la experiencia laical quedo plasmada en el concilio Vaticano II.   Este material fue editado antes del Concilio Vaticano II.

P. CIRILO BERNARDO PAPALI, o.c.d.

Profesor en la Univ. Pontif. “de Prop. Fide”,
en la Facul. Teolog. O. C. D. y en el Inst.
“Regina Mundl”. Miembro de la Com. Pontif. de
Apostolatum Laicorum poreparatoria del
Conc. Vaticano II

ÍNDICE

Presentación, por el Emmo. Cardenal Fernando Cento

Aviso del autor

PRIMERA PARTE

EL LAICADO Y SU FUNCIÓN EN LA IGLESIA. EL APOSTOLADO EN GENERAL.

I.-La hora de los seglares          

Crisis moderna.-Los laicos en la Iglesia primitiva.-Los laicos en la Edad Media.

II.-¿Qué es un “laico”?

Definición de laico. – Instituciones seculares.

III.-Puesto que ocupa el seglar en la Iglesia.

Posición del laico en la Iglesia.-Actividad de los laicos en la Iglesia.

IV.-Fundamentos de la actividad cristiana.

Carácter sacramental. – Participación del Sacerdocio de Cristo.-Dones carismáticos.

V.-Apostolado de la Iglesia.

Extensión del apostolado de la Iglesia.- Sujeto directo de la Redención.-Sujeto indirecto de la Redención.-Diversas formas del apostolado eclesiástico.

SEGUNDA PARTE

VI.-Diversas formas del apostolado seglar          

Actividad de los seglares por delegación eclesiástica. – En la administración de los Sacramentos. – En la ‘predicación. – En la cura de almas.-En la administración de los bienes temporales de la Iglesia.

VII.-Los seglares y las órdenes inferiores al sacerdocio 

Observaciones.

VIII.-La Acción Católica

Definición de la Acción Católica.-¿”Participación” o “colaboración”?-¿Qué es lo que confiere el “mandato”?-Intervención de la Jerarquía en la Acción Católica.-Amplitud y límites de la Acción Católica.-La Acción Católica no es la única forma de apostolado seglar.-Algunas modificaciones en el concepto de Acción Católica, introducidas por Pío XII.

IX.-Actividad de los católicos.

Actividad de los católicos en el orden espiritual.- Apostolado de los seglares en el orden temporal.

X.-“Consagración del mundo”

¿Hay realmente valores naturales?-Actitud del cristiano ante el mundo.

Bibliografía 

Es para mi un placer, atendiendo al deseo del P. General de los Carmelitas Descalzos, escribir estas líneas para la segunda edición del precioso libro del R. P. Papali, O. C. D., titulado APOSTOLADO SEGLAR, y con mayor gozo por ser Cardenal Protector de dicha Orden y por ser el autor miembro de la Comisión Pontificia de “Apostolado de los Seglares”, a la cual ha prestado siempre su importante y admirable colaboración; además, como Cardenal Presidente de la misma Comisión Pontificia, me es muy grato expresarle este testimonio de agradecimiento a su esfuerzo y diligente trabajo.

Este queridísimo hijo de Santa Teresa no necesita presentación, pues es sobradamente conocido por sus muchos escritos, publicados tanto dentro como fuera de su Orden. Hizo sus primeras publicaciones en la India, su patria; más tarde en Italia, donde es profesor, desde hace muchos años, en el Pontificio Ateneo Urbano de Propaganda FideJ en Roma, donde explica el método pastoral que se ha de usar en las misiones, historia de las religiones, Filosofía india y lengua sánscrita. Además, dados sus muchos conocimientos, es profesor del instituto Regina Mundi y en la Facultad Teológica de su Orden.

Este libro, APOSTOLADO SEGLAR, es fruto de sus lecciones en dichos centros. Ha recogido en esta obra concisa sus enseñanzas, avaladas por una óptima riqueza de documentos, publicadas primeramente en la revista Ephemerides Carmeliticae (septiembre 1958) en una redacción más breve. Más tarde fueron traducidas al inglés y publicadas en la revista norteamericana Theology Digest (otoño 1960).

El autor no pretende dar en su obra una exposición completa de la doctrina sobre el apostolado seglar, sino ofrecer solamente las líneas fundamentales. Así expone el significado de la palabra “.laico”, que muchas veces se aplica de un modo análogo a las religiones no clericales, a los institutos seculares y al pueblo cristiano; después puntualiza sobre el puesto que ocupa el seglar en la Iglesia y sus actividades, según los fundamentos teológicos.

No es extraño, por lo tanto, que, agotada la edición latina, muchos deseen su reimpresión. Es indiscutible que la cuestión del apostolado seglar tiene en estos momentos máxima actualidad y que por eso mismo esta obra será de gran utilidad para todos aquellos que, por diversas razones, teóricas o prácticas, se dedican a ella. La importancia que esta cuestión tiene en la misma Iglesia aparece claramente en el hecho de que se haya constituido una Comisión especial sobre la misma, para preparar el Concilio Ecuménico.

Felicito, pues, de lo intimo del corazón a su autor y auguro un rotundo éxito a esta segunda edición de su obra.

Roma, 19 de marzo de 1962.

FERNANDO CARDENAL CENTO

Este trabajo fue primeramente elaborado el año 1956 para las explicaciones de cátedra en la universidad “Propaganda Fide” y publicado en “.Ephemerides Carmeliticae” el año 1958. Ahora se edita de nuevo para satisfacer múltiples exigencias. He preferido conservar el texto integro, añadiendo solamente en notas algunas citas de documentos pontificios, para que nadie piense que he utilizado indebidamente conocimientos adquiridos como Miembro de la Comisión Pontificia para el Apostolado de los Seglares, preparatoria del Concilio Vaticano II. Por otra parte, no veo la necesidad de cambiar lo expuesto. Espero sin embargo que, en un futuro próximo, una vez que se publiquen las Actas del Concilio, pueda preparar una nueva edición de esta obra, ampliada, ciertamente, y modificada en cuanto sea necesario.

Me es sumamente grato expresar mi más sincero agradecimiento al Emmo. y Rvmo. Cardenal Cento, Protector de la Orden del Carmen Descalzo, Presidente de la Comisión Pontificia para el Apostolado de los Seglares, quien, por su benevolencia para conmigo, se ha dignado bendecir esta obra y presentarla al público; igualmente a los Superiores que con paternal solicitud promovieron y llevaron a feliz término la edición de este libro.

Finalmente, a los pies de la Reina del Mundo y Auxilio de los Cristianos deposito este humilde obsequio.

EL AUTOR

PRIMERA PARTE

EL LAICADO Y SU FUNCIÓN EN LA IGLESIA
EL APOSTOLADO EN GENERAL

               CAPITULO I  LA HORA DE LOS SEGLARES

                   Crisis moderna

“Ha llegado la hora, ¡amados hijos! -decía Pío XII en una exhortación al pueblo romano- ha llegado la hora de efectuar el avance decisivo; es hora de sacudir el funesto letargo; de que todos los buenos, los que se preocupan por la suerte del mundo, se reúnan y estrechen sus filas; hoy debemos repetir con el Apóstol: es hora ya de que despertemos de nuestro sueño (Rom. 13, 11); pues está cerca .nuestra salvación. Hay que renovar al mundo entero desde sus fundamentos, hay que transformarlo de salvaje en humano, de humano en divino, es decir, según, el  corazón de. Dios”. [1]

Exhortaciones de este tenor son frecuentes en los documentos de los últimos Sumos Pontífices. El mismo Pío XII dijo en cierta ocasión a un seglar insigne que toda la esperanza de la Iglesia estriba en los seglares santos[2]. Y es fácil descubrir una renovación universal del celo apostólico por parte de los seglares: señal evidente del influjo del Espíritu Santo en la Iglesia. No es una novedad, dentro de la Iglesia, el apostolado seglar. Es sin embargo algo insólito la intensidad con que hoy se practica. Nunca, si exceptuamos los primeros siglos, ha tenido una manifestación tan universal.

Y debe tenerse presente que tales manifestaciones extraordinarias del Espíritu corresponden a las necesidades particulares de nuestro tiempo. El apostolado seglar, necesario siempre, se hace indispensable cuando la sociedad humana de tal manera se aparta de la Iglesia,, que viene a resultar casi impenetrable el apostolado de la Jerarquía. Es lo que sucedió con el mundo pagano en los primeros siglos de la Iglesia; y es lo que está sucediendo también con la sociedad moderna después de la revolución religiosa, cultural, industrial y política de los tres últimos siglos. Es el seglar fiel quien debe servir de lazo entre el reino celestial y el terreno, como miembro que es de uno y otro con pleno derecho. Así podrá la Iglesia por medio de él como a través de los vasos capilares, vivificar espiritualmente todo el cuerpo de la sociedad humana. Decía Pío XII en una alocución a los Cardenales, el 20 de noviembre de 1946: “en este sentido, Venerables Hermanos, los fieles, y más en concreto, los seglares, están en primera línea de la vida de la Iglesia; para ellos es la Iglesia el principio vital de la sociedad humana. Deben, por tanto, ellos, sobre todo ellos, tener clara conciencia de su pertenencia a la Iglesia, más aún, de ser la misma Iglesia, es decir, la congregación de los fieles en la tierra bajo la guía del jefe común, el Papa, y de los Obispos unidos con él”[3].

Se hace aún más necesario hoy el apostolado de los seglares por ser el número de sacerdotes insuficiente para cumplir los oficios estrictamente sacerdotales y por la escasez de vocaciones al sacerdocio. Ya en su primera Encíclica Summi Pontificatus, Pío XII se lamentaba de esa penuria de vocaciones: “Ya que hoy los sacerdotes son, por desgracia, menos de los que sus incumbencias requerirían, pudiendo aplicarse también a nuestra época la sentencia del divino Salvador: es mucha la mies y pocos los obreros; resulta inestimable la ayuda que a los sagrados ministros presta la diligencia de algunos seglares, que, uniéndose a la jerarquía eclesiástica, alimentan un noble y ardiente deseo de entregarse, haciéndonos concebir las mejores esperanzas. Los ruegos que la Iglesia dirige al Señor de la mies, para que envíe obreros a su mies, cobran el sentido que les confieren las necesidades peculiares de nuestra época; que la obra del sacerdote, impotente con frecuencia y obstaculizada, sea felizmente sustituida y llevada a término”[4]

                   Los laicos en la Iglesia primitiva.

Se impone, pues, el retorno al fervor apostólico de los primeros cristianos, que con su generosa ayuda merecieron ser auténticos colaboradores de Cristo y de los Apóstoles. La colaboración de los seglares en la misión del Señor está bien clara en los Evangelios. No eran sacerdotes, ni probablemente llamados al sacerdocio, aquellos “setenta y dos” que el Señor mandó a predicar en los lugares que él debía recorrer después[5] (5). Pueden considerarse éstos los primeros apóstoles seglares. Y muchas fueron las mujeres’ colaboradoras de Cristo, que iban tras él y le servían[6] (6); en primer lugar, la Samaritana que, en seguida de haberse convertido, trajo hacia el Señor a toda su ciudad[7]. Y muchos de los que fueron curados por Jesús o librados del demonio se hicieron predicadores suyos, como advierten con frecuencia los evangelistas[8]. El caso del ciego de nacimiento demuestra cuan valientes defensores de Jesús resultaron algunos[9]. ¿No fueron, acaso, las devotas mujeres que velaban junto al sepulcro las escogidas por el mismo Señor para ser las primeras en anunciar su resurrección a los mismos Apóstoles, que aún dudaban?

Los Apóstoles siguieron el ejemplo de su Maestro asociándose fieles que cooperasen en el cumplimiento del oficio apostólico. En los Hechos leemos que Apolo comenzó a predicar ya antes de haber sido bautizado, y él mismo había recibido su instrucción de Aquila y Priscila [10]. San Pablo hace mención, en las Cartas, de numerosos colaboradores suyos (véanse, por ej., los encargos y saludos al final de la Carta a los Romanos). El Apóstol da bien a entender los grandes servicios que le ha prestado la cooperación de los seglares. Escribe al final de la Carta a los Corintios: “Un ruego voy a haceros, hermanos: Vosotros conocéis la casa de Estéfana, que es la primicia de Acaya y se ha consagrado al servicio de los santos. Mostraos deferentes con ellos y con cuantos como ellos trabajan y se afanan.

Me alegraré de la llegada de Estéfana, de la de Fortunato y de la de Acaico, porque han suplido vuestra ausencia. Han traído la tranquilidad a mi espíritu y al vuestro. Quedadles, pues, reconocidos” [11].

El mismo Señor infundió eficacia a este apostolado, otorgando en mayor abundancia los carismas al principio de la Iglesia, como aparece en los Hechos. Las persecuciones intensificaron, dándole al mismo tiempo un campo más amplio, el apostolado de los seglares: “Los que se habían dispersado iban por todas partes predicando la palabra de Dios”[12]. Este celo apostólico de los fieles fue una ayuda inmensa en la expansión de la Iglesia durante los siglos inmediatamente posteriores a los tiempos apostólicos. Escribía Pío XII, en Evangelii Praecones: “Es igualmente manifiesto a todos que la fe cristiana debe su propagación por las vías consulares, no sólo a Obispos y Sacerdotes, sino también a magistrados, soldados y nobles ciudadanos. Muchos cristianos cuyos nombres hoy nos son desconocidos, recién imbuidos de la fe católica y ardiendo en deseos de propagar la nueva religión que habían abrazado, se esforzaron por abrir camino a la verdad evangélica; a ellos se debe que en apenas cien años el nombre y la virtud cristianos llegaran a todas las ciudades más importantes del Imperio Romano” [13].

                   Los laicos en la Edad Media

Más, a medida que avanza la Edad Media, por diversas razones, el celo apostólico de los seglares disminuye. He aquí cómo se expresa Ms. Gérard Philips:   “Hacia ya mucho tiempo que el sentimiento religioso de la Edad Media se iba debilitando. Brillaba exteriormente en todo su vigor, mas en lo interior estaba ya penetrado por la ignorancia y el conformismo. Todos pedían inútilmente la reforma in capite et In membrls. Sólo la rebelión de Lutero logró que las autoridades emprendiesen en serio la tarea de la reforma;  y cuando, por fin, llegó la contra-Re-forma, ya fue demasiado tarde para gran parte de la Europa cristiana [14]. Son muchas las causas de esta indiferencia de los seglares. “El ideal monástico”, que con tanta insistencia se presentaba entonces como la verdadera norma de vida cristiana, infundió en muchos seglares un sentimiento de  inferioridad. El  estado seglar aparecía como una especie de condescendencia con la humana fragilidad, y por tanto, poco apto para las tareas apostólicas. El Decreto de Graciano hace suyas estas palabras de San Jerónimo: “Hay dos especies de cristianos. Una es la de los que se dedican al servicio divino, a la oración  y  contemplación,  a   quienes  conviene alejarse del tumulto de las cosas temporales. Estos son los clérigos, consagrados o convertidos a Dios, pues “kleros”, en griego, es lo que en latín llamamos “sors”. De ahí que esos hombres se llamen clérigos, es decir, elegidos por suerte. A todos les ha elegido el Señor para ser suyos. Estos son reyes, pues se gobiernan a sí mismos y a los otros en la virtud, y de este modo poseen en Dios un reino. Es precisamente lo que indica la corona sobre su cabeza (…) o Hay otra especie de cristianos, que son los seglares. “Laos” significa pueblo. Estos pueden poseer las cosas temporales, pero solamente para hacer uso de ellas. Nada hay, en efecto, más indigno que despreciar a Dios por las riquezas. A éstos se les permite casarse, cultivar la tierra, hacer justicia, mover los juicios, poner sobre el altar las oblaciones, entregar los diezmos. Y de este modo se podrán salvar si, además de estas buenas obras, evitan los vicios”[15]. En una Bula a los Premostratenses, fechada el 1 de febrero de 1090, escribía Urbano II: “Dos maneras de vida se han propuesto los fieles desde los comienzos de la Santa Iglesia: una, acomodada a la flaqueza de los débiles; otra, que confirma a los fuertes en su vida santa; la primera se queda en la humilde Segor, la segunda se eleva hasta la cumbre del monte; aquélla expía sus pecados con lágrimas y limosnas, ésta se enriquece en méritos eternos con el esfuerzo cotidiano; los que siguen la primera, más imperfecta, gozan de los bienes de la tierra; los que siguen, por el contrario, la otra, más elevada, desprecian y abandonan esos bienes. Esta última, libre por una gracia espiritual de las cosas terrenas, se subdivide en dos ramas, que tienen casi una misma finalidad: la de los canónigos y la de los monjes”[16]. Poco después, en 1093, repetía el mismo Sumo Pontífice estas palabras al aprobar la Congregación de Canónigos de San Pablo, en Narbona[17] (17). Tal doctrina es, sin duda, exacta. Pero con motivo de tales afirmaciones y de otras semejantes, surgió en la mente de algunos la idea de que los seglares tienen bastante con salvar a duras penas su propia alma, sin preocuparse de otros ideales más elevados.

Mientras mantuvo todo su vigor la Unión del Estado y la Iglesia, componiendo una única república cristiana, o reino de Cristo, fue causa de muchos bienes para la Iglesia. Se concebían Estado e Iglesia como dos cuerpos con una sola cabeza, Cristo, o como los dos costados del único cuerpo de Cristo. Pero esta misma idea de la unión trajo consigo la necesidad de marcar con mayor claridad la distinción entre las incumbencias de uno y otro. Necesidad tanto más urgente por la continua intromisión del Poder temporal en los negocios eclesiásticos. Escribía el Card. Humberto: “… del mismo modo que los clérigos deben estar ajenos a los negocios del siglo, así también se prohíbe a los seglares ingerirse en las cosas eclesiásticas (…); los seglares ordenen y cuiden solamente de lo suyo, es decir, de lo del siglo, y los clérigos atiendan exclusivamente a lo que les concede su estado, o sea, a los negocios eclesiásticos”[18]. En muchas pinturas de aquel tiempo, el Reino de Cristo se figura compuesto de dos grandes grupos: de un lado, el Papa, con los Obispos y los clérigos; de otro, el Emperador, con sus príncipes, hombres y mujeres seglares.

Esta marcada distinción entre clérigos y laicos, entre negocios seculares y negocios eclesiásticos, se entendió muy bien mientras la sociedad entera se mantuvo unida y bajo la potestad de la Iglesia. Pero, al comenzar la Edad Moderna, el Estado civil, en muchas naciones, se rebeló contra la Iglesia, apartándose de ella. Entonces la situación del laicado católico resultó extremadamente ardua y delicada; por un lado se halló envuelto en las actividades de la sociedad civil, privada ahora de la íntima unión que tuviera en otro tiempo con la Iglesia; de otra parte, no estaba suficientemente adiestrado en las actividades de la Iglesia.

La Eclesiolagía, como parte especial de la Teología, es de origen más reciente. Dieron ocasión a su nacimiento los errores de Lutero y de Cal-vino sobre todo. En consecuencia, cuida casi exclusivamente de probar qué la Iglesia fue instituida en forma jerárquica. Se comprende que en aquel ambiente y en aquellas circunstancias, la Iglesia fuese presentada de manera unilateral. Más en el ardor de la disputa algunos llenaron a usar expresiones exageradas. Esto dio pie a los enemigos de la Iglesia para acusarla de clericalismo. Y aun algunos católicos llegaron a creer que los seglares tienen poca o ninguna actividad dentro de la Iglesia. Por ejemplo, Bismarck, comparando la religión católica con la protestante, afirma que ambas se apoyan en bases enteramente distintas: la Iglesia católica, según él, puede existir perfectamente y obtener su fin con sólo sus clérigos; puede continuar existiendo sin la comunidad; puede igualmente sin comunidad celebrarse la Misa; la comunidad es ciertamente útil para que la Iglesia ejercite en ella su actividad jerárquica, pero no es en modo alguno necesaria para su existencia.

Según los protestantes, por el contrario, sólo en la comunidad se halla el fundamento de toda la Iglesia; no puede, sin ella, existir culto alguno; toda la organización de la Iglesia Protestante estriba en la comunidad[19].

Pío XII, en su alocución al Primer Congreso Internacional del Apostolado Seglar, se opone abiertamente a tan injusta generalización, demostrando cómo a pesar de las circunstancias desfavorables, el Espíritu Santo ha suscitado siempre en la Iglesia verdaderos apóstoles seglares[20]. Dirigiéndose igualmente a los Socios de la Acción de Obreros Cristianos Belgas, recibidos en audiencia el 11 de septiembre de 1949, refutación de las calumnias que los enemigos les exhortaba a que su conducta fuera luminosa han lanzado contra la Iglesia, acusándola de haber privado, por envidia, a los seglares de toda actividad personal, rehusando admitirles a colaborar en su campo [21].


[1]           Alocución del 10-2-1952; Díscorsi e Radiomessaggi, t. 13, Tip. Poliglotta Vaticana, 1952, pp. 470-471; cfr. Alloc. ad paroecianos S. Sabae, del 11-1-953, Ibíd., t. 14, 1953, p. 453.

[2]           J. M. Perrin, L’heure des laics, París, 1954, en el proemio.

[3]           AAS (Acta Apostolicae Sedis), 38 (1946), p. 149.

[4]              ASS, 31 (1939), p. 443. Cfr. Pius XI, Epist. “Laectus sane nuntius”, del 6-11-1929, al Cardenal Segura: Del conventu nationali Actioni Catholicae provehendae: “Es, por tanto, sumamente necesario en nuestros tiempos que todos sean apóstoles; es absolutamente necesario que los seglares no vivan desidiosamente, sino que estén prontos a la voz de la jerarquía eclesiástica, y que de tal modo ofrezcan a ésta sus servicios, que, orando, sacrificándose y colaborando activamente, contribuyan en gran manera al incremento de la fe católica y a la cristiana enmienda de las costumbres” (AAS, 21 (1929), p. 668).

[5]              Lc. 10, 1

[6]              Lc. 8, 1-3

[7]              Jn. 4, 28-30

[8]              Mc. 1, 45;  Mt. 9, 30-31

[9]                ¿

[10]             Act, 18, 24-26.

[11]             l Cor. 16, 15-18.

[12]             Act 8, 4

[13]             ASS, 43   (1953), p. 511

[14]             Le  role  du  Itíícat   dans   l’Eglise,  Pai-ís/Tournai, 1954, p. 7

[15]             C. 7, e. XII, q. I (Friedberg,  I,  678).

[16]             Epistolae   et  privilegia,   58   (PL   (Garnier),   151, 338 C.).

[17]             Loc cit, 79 (ibíd., 360 BS).

[18]             Adversus simoniacos, III, 9   (PL  (Garnier),  143, 1153).

[19]             Die politischen Reden des Fürsten Bismarck, ed. Horts Kohl, t. XII, Stuttgart, 1894, p. 376.

[20]             “Gustan frecuentemente de decir que durante los cuatro últimos siglos, la Iglesia ha sido exclusivamente “clerical”, por reacción contra la crisis que en el siglo XVI había pretendido llegar a la abolición pura y simple de la Jerarquía; y con este fundamento se insinúa que ya ha llegado el tiempo de que ella amplié sus cuadros.

            Semejante juicio está tan lejano de la realidad, que es precisamente a partir del santo Concilio de Trento cuando el laicado se ha encuadrado y ha progresado en la actividad apostólica. La cosa es fácil de comprobar; baste recordar dos hechos históricos patentes entre muchos otros: las Congregaciones Marianas de hombres que ejercitaban activamente el apostolado de los seglares en todos los dominios de la vida pública, y la introducción progresiva de la mujer en el apostolado moderno.’ Y conviene en este punto evocar dos grandes figuras de la historia católica: una, la de María Ward, aquella mujer incomparable que, en las horas más sombrías y sangrientas, dio la Inglaterra católica a la Iglesia; otra, la de San Vicente de Paúl, indiscutiblemente en el primer plano entre los fundadores y los promotores de las obras de la caridad católica.

            Tampoco habría que dejar pasar inadvertida, ni sin reconocer su bienhechora influencia, la estrecha unión que hasta la revolución francesa mantenía en mutua relación en el mundo católico a las dos autoridades establecidas por Dios: la Iglesia y el Estado. La intimidad de sus relaciones en el terreno común de la vida pública creaba-en general-una especie de atmósfera de espíritu cristiano que dispensaba en buena parte del trabajo delicado al que tienen que entregarse hoy los sacerdotes y los seglares para procurar la salvaguardia y el valor práo tico de la fe” (Discurso del 14-10-1951; ASS, 43 (1951), pp. 784-785).

[21]             “Vuestra conducta debe ser una respuesta clamorosa a las calumnias de los adversarios que acusan a la Iglesia de que tiene a los seglares celosamente maniatados sin permitirles ninguna actividad personal y sin asignarles una tarea propia en su dominio. Ni es ni ha sido jamás ésta su actitud” (ASS, 41 (1949), pp. 549-550).

Los universitarios le escriben

Los universitarios le escriben

La Voz Del Papa

Emilio Palafox Marqués

Periódico AM Querétaro, 25/04/10

 

Todo sucede como si a los feroces laicistas de ahora les esté yendo muy mal. Todo se les voltea… Ellos están desprestigiando a la Iglesia católica y calumnian al Papa Benedicto XVI, con la intención de alejarnos de la fe y de frenar el auge de vocaciones que se da en la Iglesia. Pero la realidad es que, aunque mucho les pese y no lo reconozcan, sus falsedades quedan al descubierto, la Iglesia sigue creciendo con firmeza y la gente joven de todo el mundo se acerca cada vez más a Benedicto XVI. Por ejemplo, William McGurn, en un reciente artículo del Wall Street Journal (WSJ), explica la verdad sobre algunos hechos corruptos del New York Times (NYT) utilizados en su campaña difamatoria contra Benedicto XVI.

***

Los universitarios que participaron en Roma en el Forum UNIV 2010 han escrito conmovidos una carta a Benedicto XVI para transmitirle lo que cada uno, durante esos días, querría contar al Papa. Fueron más de cuatro mil jóvenes participantes, mujeres y hombres, de 30 países, México entre ellos.

En el texto, que firma Robert Weber, de Austria, Presidente del Congreso UNIV 2010, le dicen entre otras cosas: Somos universitarios de 30 países que provenimos de culturas diversas, no todas cristianas o católicas. Queremos escribir al Papa para manifestar la gratitud que nos une.

Gracias por estos cinco años de Pontificado; por su ejemplo de servicio, y por su ejemplo en la búsqueda de la verdad. Gracias por sus encuentros con los jóvenes: lo decimos en nombre de los millones de personas que han podido escuchar la palabra del Papa en Colonia, Cracovia, en Sao Paulo, en Loreto, en Nueva York, en Sydney, en París, en Yaoundé, en Luanda, en Praga… Gracias por su servicio infatigable y por el ejemplo de apertura al diálogo que nos ofrece constantemente, para buscar la verdad de las cosas.

Añaden los universitarios: Vemos cómo muchos toman ocasión de hechos dolorosos para la Iglesia y para el Papa y siembran dudas y sospechas. A estos sembradores de desconfianza queremos decir con claridad que no aceptamos su ideología. Les respetamos, pero exigimos de ellos también el respeto por nuestra fe y el reconocimiento del derecho que tenemos de vivir como cristianos en una sociedad plural.

Cada uno de nosotros, también quien no tiene el don de la fe, conoce directamente innumerables sacerdotes, capellanes universitarios, párrocos, directores espirituales y confesores. Los conocemos personalmente, no por los periódicos, y estamos agradecidos por su presencia disponible, eficaz, sacrificada, abierta a todos. A todos ellos, y al Papa en primer lugar, queremos decir: ¡Gracias!

También en nombre de todos nuestros amigos y conocidos queremos decirle que estamos con Usted, Santo Padre, mediante nuestra oración, nuestro afecto y nuestro trabajo cotidiano. Le pedimos la bendición para nuestro estudio, para nuestras familias, para el empeño de cada uno de nosotros en la amistad con Dios y con los demás, en la universidad, en el voluntariado, en el deporte y en la diversión. ¡Gracias y muchísimas felicidades por estos primeros cinco años como Vicario de Cristo!

***

Benedicto XVI, por su parte, afirma en su mensaje para este domingo del “Buen Pastor”: Todos los que son fieles a su vocación, transmiten la alegría de servir a Cristo, e invitan a todos los cristianos a responder a la llamada universal a la santidad. Por tanto, para promover las vocaciones específicas al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa, para hacer más vigoroso e incisivo el anuncio vocacional, es indispensable el ejemplo de todos los que ya han dicho su “sí” a Dios y al proyecto de vida que Él tiene sobre cada uno. El testimonio personal, hecho de elecciones existenciales y concretas, animará a los jóvenes a tomar decisiones comprometidas que determinen su futuro.

Categorías:Reflexiones

Para evitar la envidia.

Para evitar la envidia.

Educar Hoy

Por Pedro J. Bello Guerra.

Periódico AM Querétaro, 25/04/10

 

 

La envidia es el deseo de obtener algo que posee otra persona y que uno carece. Se trata, por lo tanto del pesar, la tristeza o malestar por el bien ajeno. En este sentido, la envidia constituye el resentimiento (el sujeto no quiere mejorar su posición sino desea que al otro le vaya peor). La envidia puede surgir cuando hay una escasez de objetos materiales o cuando dichos objetos son muy difíciles de obtener. Por lo tanto, quienes los poseen son envidiados por los demás.

“Ésta es la increíble historia de un niño muy singular. Siempre quería aquello que no tenía: los juguetes de sus compañeros, la ropa de sus primos, los libros de sus papas… y llegó a ser tan envidioso, que hasta los pelos de su cabeza eran envidiosos. Un día resultó que uno de los pelos de la coronilla despertó de color verde, y los demás pelos, al verlo tan especial, sintieron tanta envidia que todos ellos terminaron de color verde. Al día siguiente, uno de los pelos de la frente se manchó de azul, y al verlo, nuevamente todos los demás pelos acabaron azules. Y así, un día y otro, el pelo del niño cambiaba de color, llevado por la envidia que sentían todos sus pelos.

A todo el mundo le encantaba su pelo de colores, menos a él mismo, que tenía tanta envidia que quería tener el pelo como los demás niños. Y un día, estaba tan enfadado por ello, que se tiró de los pelos con rabia. Un pelo delgadito no pudo aguantar el tirón y se soltó, cayendo hacia al suelo en un suave vuelo… y entonces, los demás pelos, sintiendo envidia, se soltaron también, y en un minuto el niño se había quedado calvo, y su cara de sorpresa parecía un chiste malo.

Tras muchos llantos y rabias, el niño comprendió que todo había sido resultado de su envidia, y decidió que a partir de entonces trataría de disfrutar de lo que tenía sin fijarse en lo délos demás. Tratando de disfrutar lo que tenía, se encontró con su cabeza lisa y brillante, sin un solo pelo, y aprovechó para convertirla en su lienzo particular.

Desde aquel día comenzó a pintar hermosos cuadros de colores en su calva cabeza, que gustaron tantísimo a todos, que con el tiempo se convirtió en un original artista famoso en el mundo entero.”

Actitudes ante la envidia. Primero: Prevención. Como sucede con todo sentimiento insano, es conveniente mantener actitudes preventivas, de forma que no lleguemos a padecer de manera obsesiva sus efectos. Una buena prevención ante la envidia iría encaminada a: Favorecer la confianza básica en uno mismo y en los demás. Conocer las limitaciones y potencialidades que tenemos, aceptándonos como somos. Pensar que hay cosas que podemos cambiar y otras que no. Aprender a valorar con precisión la propia competencia, sin infravalorarse ni sobrevalorarse. Acostumbrarse a centrar la atención en los aspectos más positivos de la realidad. Estimular la empatia, es decir, la capacidad para ponerse en el lugar del otro. Establecer relaciones adecuadas y satisfactorias con los iguales. Aprender a relativizar las diferencias sociales y adquirir habilidades para elegir adecuadamente con quién, cómo y cuándo compararse. Aprender a relativizar también el éxito.

La Superación: Para gestionar y superar la envidia, nada mejor que replantearnos algunos principios clave, que son los que nos ayudan a disfrutar de un mayor equilibrio ya vivir de forma más serena y gozosa: Pensar que no estamos perdiendo nada cuando a otras personas les va bien. Darnos cuenta de que si queremos ser nosotros mismos, el único punto de referencia de superación somos nosotros. No necesitamos compararnos con nadie más. Apreciar el valor de nuestra vida y mostrarnos agradecidos detenerla. Alegrarnos de lo que tenemos. No vivir pendientes de lo que no tenemos. Redescubrir día a día lo que nos rodea: las personas, el paisaje, las pequeñas cosas que nos hacen más fácil la vida…

Y lo más difícil, pero alcanzable: sentirnos felices por la buena suerte de los demás, porque, en definitiva, vengan de la mano de otros o de las nuestras propias, de lo que se trata es de vivir el mayor número de momentos de felicidad y alegría.

pedrobelloguerra@gma.il.com

Colaborar con la verdad

Colaborar con la verdad

Fe y Razón

Luis Fernando Valdés

Periódico AM Querétaro, 25/04/10

 

Hace cinco años, contemplaba emocionado la Misa del Solemne Inicio del Pontificado de Benedicto XVI. Era de madrugada en el tiempo de nuestro País. Salió el sol y, en el ejemplar del “a.m.” de esa mañana, pude contemplar impreso mi primer artículo en este rotativo. Escribí sobre el recién elegido Pontífice. No me imaginaba que cinco años después, el Papa Ratzinger iba a estar en el ojo del huracán.

Recién fallecido Juan Pablo II, un amigo me invitó a un programa de radio en los estudios situados en la Avenida Zaragoza, para hablar de la figura y mensaje del Papa polaco . Mi participación se repitió con motivo del Cónclave, y como yo había saludado alguna vez al entonces Card. Ratzinger, en la universidad española en la que yo estudiaba el doctorado en Teología, me convertí en el “experto” sobre el tema en Querétaro.

He de decir que durante los dos años previos a estos episodios, había estado leyendo de modo sistemático varios libros de Joseph Ratzinger: en cierto modo se justificaba mi calidad de “experto” en el tema.

Por estos dos factores y una buena casualidad, fui invitado a escribir en el “a.m.” un artículo en el que explicara quién era el nuevo Pontífice. En esa colaboración, salí al paso de los “mitos” sobre el recién elegido, como su supuesto pasado nazi.

Y a esta entrega siguieron cuatro o cinco más, explicando el pensamiento del Papa alemán. Y a partir de entonces, gracias a los lectores, ese espacio se convirtió en la columna “Fe y razón”. Confieso que llegue a pensar que pronto ya no tendría temas para escribir sobre el Papa… pero, semana a semana, no han faltado noticias sobre el Pontífice, ni oportunidades para comentar aspectos de su pensamiento.

Después de cinco años de presentar a los lectores sus viajes, de comentar sus encíclicas y discursos, y de analizar con detalle las polémicas, se confirmó en mí la percepción inicial que tuve de aquel Cardenal con el que conversé en castellano.

Cuando terminó aquella breve presentación, al contemplar la sencillez y afabilidad del quizá mejor teólogo de la segunda parte del siglo XX, al sentir su mirada amable y escuchar su voz suave y pausada, pensé: “yo quisiera ser su amigo”. Y hoy sigo deseándolo, quizá con mayor ilusión.

Hay un pasaje de sus memorias que me impresionó mucho, y que ha sido uno de mis puntos de inspiración en mi labor como docente universitario de Teología. Ahí el Profesor Ratzinger cuenta que escogió como lema episcopal unas palabras de la tercera epístola de San Juan: “colaborador de la verdad”. Y su trayectoria intelectual y vital confirma que así ha vivido.

Benedicto XVI ha resultado un Papa “incómodo” porque no ha dudado en denunciar que “en el mundo de hoy el argumento de la ‘verdad’ ha casi desaparecido”, pero “si no existe la verdad todo se hunde”. Y, con una gran talla intelectual, ha explicado una vez y otra que la mente humana sí puede conocer la verdad, y que por eso el hombre puede y debe orientar su vida hacia esa verdad.

Han pasado cinco años, en una continua apología por el Papa, que nunca ha sido artificiosa, sino que ha surgido con naturalidad, pues sólo he expuesto los hechos, que por sí solos muestran su gran talla moral e intelectual. Ojalá también esta columna dominical amerite ser llamada “colaboradora de la verdad”.

Después de haber seguido de cerca su pontificado, he visto a un Papa que no ha tenido miedo de la verdad sobre los errores de la Iglesia; he contemplado a un Pontífice que no se ha desmoralizado ante una opinión pública hostil. Habemus Papam!

Correo: ljvaldes@gmail.com

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Categorías:General, Reflexiones

Dictadura sutil

Dictadura sutil

Fe y razón

Luis Fernando Valdez

Periódico AM Querétaro, 18/mzo/2010

 

El Papa celebró su cumpleaños 83 entre el acogimiento de los católicos y la dura campaña de desprestigio de algunos medios. Este fin de semana, Benedicto XVI inició un viaje apostólico a la Isla de Malta, y no faltaron protestas y manifestaciones de algunos lugareños. ¿Qué hay en el fondo de esta crisis mediática?

Atravesamos por una “histeria mediática” (Diego Contre-ras), que consiste en sacar en la prensa únicamente los casos de pederastia atribuidos a sacerdotes, de modo que se relacione en la mente del lector o espectador a la Iglesia con los abusos sexuales a menores.

Los sociólogos llaman “pánico moral” a la presentación de problemas sociales existentes desde hace decenios como si fueran nuevos, con datos exagerados que se repiten sistemáticamente (Massimo Introvigne).

Estos fenómenos de comunicación de masas producen un efecto casi invisible: la desconfianza en la religión, la cual es la principal fuente de esperanza de los seres humanos. Los causantes de esta crisis están -consciente o inconscientemente- reproduciendo lo que la Alemania nazi o la Rusia comunista intentaron por todos los medios: eliminar a Dios.

Estos sistemas totalitarios persiguieron a la religión para que el hombre se olvidara de Dios, y pusiera su esperanza en el Tercer Reich o en el Paraíso del proletariado. Hoy sucede lo mismo, pero con una nueva versión: que la esperanza se ponga en la ciencia, en la riqueza, en una vida placentera…

En una homilía reciente, el Santo Padre puso de relieve que las dictaduras siempre han sido contrarias a la obediencia a Dios:”La dictadura nazi, así como la marxista, -dijo- no pueden aceptar a un Dios por encima del poder ideológico”.

Y explicó que hoy existen formas sutiles de dictaduras: “Un conformismo, por lo que se vuelve obligatorio pensar como piensan todos, actuar como actúan todos, y las agresiones sutiles o menos sutiles contra la Iglesia, demuestran cómo ese conformismo puede realmente ser una verdadera dictadura”.

El Papa explicó que la causa de estas dictaduras consiste en que el hombre toma el lugar de Dios y termina por eliminar al hombre. Recordó que se habla a menudo de la plena autonomía del hombre y, por tanto, de liberarse de Dios. “Pero esta autonomía -afirmó- es una mentira. Una mentira ontológica, porque el hombre no existe por sí mismo y para sí mismo. Es una mentira política y práctica, porque la colaboración y el compartir libertades son necesarios y si Dios no existe, si Dios no es una instancia accesible al hombre, queda como suprema instancia sólo el consenso de la mayoría”.

Pero esa opinión mayoritaria se convierte en un instrumento contra el hombre. El Pontífice advirtió que entonces “el consenso de la mayoría se vuelve la última palabra a la que debemos obedecer y este consenso -lo sabemos por la historia del siglo pasado- puede ser también un consenso del mal. Así vemos que la denominada autonomía no libera al hombre”.

Esta crisis mediática busca desprestigiar a la Iglesia, para que su peso moral no siga denunciando los grandes crímenes de nuestra civilización: aborto, eutanasia, corrupción, hedonismo… Como lo intentó Hitler, como lo buscó Stalin.

La lección de la Historia es importante. Cuando el ser humano pone su esperanza de plenitud, de felicidad, de superar el mal y de encontrar sentido, únicamente en un sistema intramundano, el resultado siempre es el mismo: el hombre atropella al hombre. La esperanza que no falla es la fe sobrenatural, pues es la única que libera al hombre al unirlo a Dios.

Correo: lfvaldes@gmail.com

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Ser buenos instrumentos

Ser buenos instrumentos

La Voz Del Papa

Jose Martínez Colín

Periódico AM Querétaro, 18/mzo/2010

 

1)      Para saber

Hace unos días celebramos la Pascua del Señor; es decir, festejamos haber sido redimidos por Jesús. Sin embargo, es preciso que la gracia que nos ganó Jesucristo llegue a cada persona. Para ello, el Papa Benedicto XVI nos invita a pensar en el mensaje que Jesús resucitado dijo a los Apóstoles; “Como el Padre me envió, también yo os envío” (Jn 20, 21). Eso significa que, como Jesús fue el anunciador del amor de Dios Padre, también nosotros lo debemos ser de la caridad de Cristo: somos mensajeros de su resurrección, de su victoria sobre el mal y sobre la muerte, portadores de su amor divino.

2)      Para pensar

El Señor ha querido valerse de unas personas para hacer llegar su mensaje a otros. Cada uno que ha sido salvado debe a su vez ayudar a los demás.

Podemos ver cómo en la historia de cada conversión, junto a la insondable intervención de Dios, se da también la mediación humana: un amiga, un familiar, un compañero… que sabe orientar, sin violencia, en el momento oportuno.

Tal fue el caso de un conocido actor en los principios del cine sonoro llamado Frank James Cooper, mejor conocido como Gary Cooper. Él nació en Estados Unidos el 7 de mayo de 1901. Era hijo de unos inmigrantes ingleses, que poseían un inmenso rancho. Allí aprendió a montar a caballo, habilidad que demostraría después en numerosos westerns.

A mitad de los treinta es una de las máximas estrellas de Hollywood. En 1941 logra su primer Óscar por “El Sargento York”, y en 1952, el segundo por “Sólo ante el peligro”.

Aunque no era católico, acompañaba a su esposa e hija a misa los domingos, porque le gustaban los “fantásticos sermones del padre Harold Ford”.

Este joven y celoso sacerdote no lo “sermoneaba”, sino que supo hacerse su amigo y ganarse su confianza. Como sabía que a Gary Cooper le gustaba la pesca y la caza lo acompañaba a sus excursiones, donde le fue explicando la riqueza insondable de la Fe católica. Al final le dio a leer “La montaña de los siete círculos”, un libro donde Thomas Merton, monje, cuenta su conversión. El veterano actor se bautizó en la Iglesia católica en mayo de 1959. La amistad con el sacerdote había dado su fruto.

A las pocas semanas de su conversión, empezaron a manifestarse los primeros síntomas del cáncer que le llevaría a la tumba. Aún filmó películas y en 1960 recibió un Óscar especial de la Academia “por su larga y extraordinaria carrera”. Durante 35 años, había intervenido en más de cien películas. Murió el 13 de mayo de 1961.

La influencia de su conversión fue enorme en el mundo de los artistas. Ernest Hemingway recuerda que pocas semanas antes de la muerte de su amigo actor hablaron largo y tendido sobre el catolicismo. Al final, con la voz muy seria, Gary Cooper le dijo: “Tú sabes que tomé la decisión correcta”. Hemingway no olvidaría nunca aquella conversación. Aquel moribundo tumbado en la cama le había parecido la persona más feliz de la tierra.

3)      Para vivir

No podemos desentendernos de los que nos rodean, sino que podemos ayudarles a encontrar a Cristo. Habiendo recibido la gracia nos corresponde vivir como buenos instrumentos transmitiendo el amor de Dios a los demás, sabiendo que les llevamos la mayor felicidad. Terminaba el Papa pidiéndole a la Virgen María que nos ayude a ser mensajeros valientes y gozosos de la resurrección de Cristo.

*Es sacerdote, Ingeniero en Computación por la UNAM y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra padrejosearticulos2@gmail.com

Categorías:Reflexiones

Una sonrisa

Una Sonrisa

Educar Hoy

Por Pedro J. Bello Guerra

Periódico AM Querétaro, 18/mzo/2010

 

Había una vez un heroico caballero, délos que triunfan en cuentos de todas las lenguas y lugares. Su valentía era tan grande, y su espada tan temida, que cansado de buscar dragones, ogros y monstruos de cuento en cuento, decidió abandonar los cuentos y venir a probar su valentía y su destreza al mundo real. Pero cuando llegó aquí, no encontró temibles criaturas, ni malvados brujos, ni siquiera una pobre madrastra a la que atemorizar con su espada. Y era muy raro, porque lo único que vio fue gente preocupadísima, con la misma cara de susto de todos aquéllos que alguna vez había salvado de un dragón o un ogro. Sin embargo, no parecía haber nadie que les atemorizara o les obligara a vivir con aquella angustia: todos iban de un lado a otro, con prisa y sin hablar con nadie, como si algo terrible fuera a ocurrir. Pero al acabar el día, nada malo había ocurrido. Y así un día, y otro, y otro.

El caballero pensó que aquélla podría ser su aventura más heroica, y resolvió dedicarse por completo a encontrar el misterio de la angustia del mundo real. Buscó, preguntó, indagó, navegó y trepó, pero no encontró nada. Dispuesto ano rendirse, regresó a su mundo de cuentos para hablar con el gran sabio.

  • Dime, gran sabio ¿cuál es el gran enemigo invisible que atemoriza a las gentes del mundo real? Aún no he podido encontrarlo, pero no des cansaré hasta vencerle y liberarlos a todos, como hice con tantas ciudades.

El gran sabio calló durante largo rato, y finalmente dijo:

  • No tienes fuerza ni coraje suficientes para vencer esta batalla. El enemigo no existe, pero es poderoso, y tan numeroso como las estrellas del cielo.
  • ¡Cómo! – protestó el caballero -¿es eso posible?
  • En el mundo real, como no había dragones ni ogros, se inventaron los enemigos, y ahora los llevan dentro. Cada uno tiene un enemigo hecho a su medida, y ésta dentro de su corazón. Para unos se llama codicia, para otros envidia, para otros egoísmo, pesimismo o desesperanza. Han sembrado su interior de malos sentimientos, llevándolos consigo a todas partes, y no es nada fácil arrancarlos de allí.
  • Yo lo haré -repuso el caballero-yo los libraré.

Y el caballero regresó al mundo, llevando consigo todas sus armas. Y uno tras otro, se fue ofreciendo a cuantos encontraba para liberarles de su mal interior. Pero nadie le hizo caso, sólo encontró indiferencia y caras de extrañeza. Finalmente, agotado y confundido, arrojó sus armas al suelo y se dirigió hacía una piedra del camino para descansar. Pero al hacerlo, tropezó con la espada y fue aparar al suelo, dándose de cabeza contra un pollo que cacareaba por allí. Al verlo, un hombrecillo triste que pasaba por aquel lugar, comenzó a reír a carcajadas, tanto que casi no podía mantenerse en pie. El caballero se enojó, pero al mirar al hombrecillo, observó en sus ojos el brillo alegre que no había encontrado en el mundo real…

Y así fue como el caballero encontró por fin la solución al mal de los habitantes del mundo; sólo necesitaban una sonrisa, una pequeña ayuda para desterrar sus malos sentimientos y disfrutar de la vida…. Y desde aquel día, el caballero, armado con una gran sonrisa, se dedicó a formar un ejército de libertadores, un numeroso grupo de gente capaz de recordar a cualquiera la alegría de vivir. Y vaya si ganó la batalla, tan brillantemente como siempre lo había hecho.”

La sonrisa es la luz de nuestro rostro, laque nos abre muchas puertas, la que genera aptitudes positivas y nos allana, prepara el camino para llegar a los demás. La sonrisa tiene un efecto multiplicador en cualquier actividad que desarrollemos. Pedir algo por favor y acompañarlo de una sonrisa, produce un efecto muy positivo en la otra persona. Siempre nuestra sonrisa debe ser natural, y nada fingida; esta actitud positiva nos beneficia siempre en nuestra relación con el otro. Incluso la sonrisa puede disminuir el efecto de algún error o equivocación que tengamos.

Una sonrisa significa mucho, enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo, pero su recuerdo, nunca se borra.

El maquillaje que embellece más es una sonrisa, por lo que debemos siempre procurar sonreír.

pedrobelloguerra@gmail.com

Categorías:Cuentos para educar