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Que futuro político podemos construir?

Especial 15-M y 22-M: ¿QUÉ FUTURO POLÍTICO PODEMOS CONSTRUIR?, por Rafael Díaz Salazar

¿QUÉ FUTURO POLÍTICO PODEMOS CONSTRUIR?
Por Rafael Díaz Salazar
Profesor de Sociología en la Universidad Complutense y
autor de “Desigualdades internacionales,
¡justicia ya!” (Icaria).

http://hoaccadizyceuta.blogspot.com/2011/05/especial-15-m-y-22-m-que-futuro.html

http://www.hoac.com.es/?p=3892

http://issuu.com/hoac/docs/15-mdiazsalazar


Con el título “15-M y 22-M: ¿Qué futuro político podemos construir?” de Rafael Díaz Salazar, los internautas tienen disponible un extenso artículo del profesor y autor de “Desigualdad Internacional, ¡justicia ya!” que podrán leer en pantalla directamente y en el caso de que quieran imprimir o enviar a sus contactos deberán darse de alta en el servicio gratuito que presta “issu.com”.


«Dos grandes explosiones políticas han tenido lugar
en nuestro país entre el 15 M y el 22 M.
¿Estamos esquizofrénicos los españoles?
Es hora de dar respuesta a esta pregunta y de reflexionar sobre los antagonismos
existentes entre ciudadanos que han tenido comportamientos bien diferentes.
Hemos de preguntarnos qué manifiestan el 15-M y el 22-M.»
De individuos siervos a ciudadanos precarios en luchaEn el primero de los casos, estamos ante la insurrección del «precariado».

Utilizo este término acuñado por Robert Castel para referirse al trabajador precario, al ciudadano que experimenta condiciones de vida cada vez más deterioradas.

El proletariado de siglos pasados se reencarna de alguna forma en el precariado del siglo XXI.

Está formado por parados, trabajadores con bajos salarios, jóvenes sin acceso a la vivienda, jubilados con bajas pensiones, inmigrantes explotados, graduados universitarios sin empleo o con trabajos mal pagados, parejas sin perspectiva de formar una familia, prejubilados, habitantes de barrios obreros desestructurados y de comarcas rurales deprimidas.

Hasta ahora estos ciudadanos explotaban hacia dentro de sí, asumían su infortunio con rabia contenida o con la desesperación de la impotencia, aguantaban la situación con ayuda familiar dispuestos a sobrevivir en la selva del «sálvese quien pueda».

Este precariado se ha ido extendiendo en diversas clases sociales, llegando a afectar incluso a familias burguesas.

Padres de clase media ven que a sus hijos, que han recibido mejor formación que ellos, les aguarda un futuro peor.

La sociedad se ha ido dividiendo en dos grandes bloques: los satisfechos e integrados, a quienes la crisis lo único que les ha provocado ha sido una disminución de su consumo, y los precarizados y expulsados de la sociedad del bienestar y de los trabajos dignos.

El 15 M ha significado la explosión hacia fuera de los humillados y ofendidos por la nueva exclusión social.

Se han dado cuenta que los partidos y los sindicatos representan ante todo a los ciudadanos satisfechos e integrados y a ellos sólo les aguarda la abstención, el voto nulo de la rabia o el voto desencantado cada vez más sin sentido.

Ante el aburguesamiento general de los que tienen voz y poder (políticos, sindicalistas, periodistas, profesores), han decidido ser portavoces de su situación y de sus demandas.

Y han atacado al centro de nuestro sistema: el poder político y el poder económico.

Y demandan más democracia, más soberanía popular, más poder ciudadano.

Déficit de democracia, obsolescencia de las organizaciones políticas y sindicales, repolitización y lucha de los ciudadanos que viven la precariedad: esto es lo que manifiesta el 15 M.

Su radicalismo no nace de ideologías izquierdistas, sino, por afirmarlo con palabras de Mounier, del «realismo como extremismo».

La tibieza de las políticas sociales, económicas y sindicales de estos años se debe a que han estado realizadas por los representantes de los satisfechos de la izquierda y la derecha que estaban sordos y ciegos ante las condiciones de vida del precariado o, al menos, no se sentían presionados por él.

Al contrario, han creído que favoreciendo la acumulación de plusvalía de los poderosos y desregulando cada vez más las condiciones de trabajo, a todos nos iría mejor, aumentaría el PIB y se crearía más empleo.

No importaba demasiado si éste era indecente o decente, según la distinción establecida por la OIT.

Crítica a la democracia realmente existenteNuestra democracia sufre un déficit de republicanismo, entendido éste como un sistema de «no dominación».

El sufragio universal no conlleva por sí solo la soberanía popular en ámbitos económicos, sociales y culturales.

Tenemos una democracia unilateralmente identificada con el parlamentarismo, incapaz de expandirse y convertirse en democracia económica y democracia cultural.

Los partidos y sindicatos tienen una grave responsabilidad en esta reducción de la democracia.

La crítica explícita e implícita a partidos y sindicatos expresada por el movimiento del 15 M manifiesta con gran riqueza de lenguaje y de símbolos la baja confianza institucional en éstos expresada por la mayoría de los españoles, según puede verse en el estudio de Metroscopia, Pulso de España 2010.

En este estudio se pregunta por el nivel de confianza en 28 instituciones y grupos sociales.

Los sindicatos se sitúan en el puesto 26 y los partidos en el puesto 27; sólo las multinacionales (puesto 28) generan mayor desconfianza.

Partidos y sindicatos sufren una grave arterioesclerosis y son incapaces de innovar la acción política y sindical.

Los poderes económicos y financieros han sido desnudados por esta movilización ciudadana.

Uno de las mayores paradojas políticas de la democracia desde sus inicios es el mantenimiento de la fuerza dominadora de estos poderes.

A ellos no les afecta ni los cambios de gobiernos, ni las movilizaciones sindicales.

Han sido capaces de crear alianzas con los poderes políticos y mediáticos, enmascararse con sus obras sociales y sus patrocinios culturales para ocultar su sistema de explotación, mantener bien atados a los partidos por sus deudas con los bancos, ganar a los sindicatos en su capacidad de presión sobre los gobiernos, utilizar mecanismos financieros para reducir sus contribuciones a Hacienda y operar en paraísos fiscales, lograr que las Universidades investiguen sobre la situación de los pobres, pero no sobre el poder de los ricos.

El movimiento del 15 M ha puesto por fin el foco sobre ellos, ha exigido conocer su acumulación de riqueza y ha demandado que ésta se redistribuya justamente.

Cuando los trabajadores votan a la derechaLas tesis que vengo sosteniendo en este texto pueden ser útiles para comprender lo sucedido en las elecciones del 22 M.

Sin duda alguna, ha habido un voto de castigo al gobierno y, especialmente, a su presidente.

Estos males tiene la política adoptada de identificar a un partido con su secretario general y presidente de gobierno.

Sin embargo, el voto masivo al PP tiene también que ver con la asunción por un sector importante de la ciudadanía de que vale más el original que una mala copia si de lo que se trata es de crear empleo a cualquier precio.

Si no hay más salida que hacer política objetivamente de derecha, pues que la haga ella, que lo hará mejor.

El PSOE, desde 1982, no sólo se ha derechizado él mismo, sino que ha derechizado a la sociedad.

Especialmente en los últimos ocho años ha confundido totalmente su papel y ha creído que progresismo es igual a socialismo.

Con ello habrá podido contentar a la burguesía progresista, pero el precariado esperaba otra cosa.

Un partido socialista no es lo mismo que una mezcla de partido radical italiano «pasado por agua» y el ala de izquierda del partido demócrata de Estados Unidos.

Es verdad que han pagado justos por pecadores, pero también los primeros han sido consentidores de la desorientación socialista que viene de muchos años atrás.

En la génesis y desarrollo del precariado están las políticas económicas y las reformas laborales llevadas a cabo por el PSOE y avaladas en parte por los principales sindicatos.

He analizado este hecho en “Trabajadores precarios: El proletariado del siglo XXI” (Ediciones HOAC).

IU también ha fracasado, antes y ahora, en la articulación y representación política del precariado.

IU no es vista ni como organización capaz de gobernar, ni como movimiento articulador de los trabajadores precarios.

Nunca como ahora tenía condiciones objetivas para haber captado el voto de los descontentos con el PSOE y, sin embargo, quien ha canalizado el malestar de una parte significativa de este precariado ha sido el PP.

Basta con analizar la distribución del voto en ciudades, pueblos y barrios de toda España en donde la cultura roja fue fuerte y los trabajadores tenían alta conciencia de clase.

La falta de arraigo entre el precariado de estas zonas, más allá del trabajo asistencial que desde las instituciones se haya hecho para mejorar algo sus condiciones de vida, ha provocado una metamorfosis social, cultural y política muy grande.

Desde hace años, no se incrementa significativamente el número de trabajadores que vota a IU.

Muchos prefieren la abstención o el voto nulo, precisamente porque piensan que ni PSOE ni IU les representan.

La novedad actual es el aumento del número de trabajadores que vota a la derecha y en las próximas elecciones autonómicas en Andalucía lo veremos con mayor claridad.

Desde hace más de un siglo, sabemos que la situación de clase no convierte a la «clase en sí» en «clase para sí».

Por supuesto, no todos los trabajadores votan al PP, pero sí crece el número de los que lo hacen.

Ello ha favorecido, además de la abstención y el voto nulo como formas de desafección hacia el PSOE e IU, el triunfo del PP y de CIU en barrios obreros y en ciudades en las que antes la izquierda era dominante y, en otros casos, un gran crecimiento de estos dos partidos.

El futuro político y el fortalecimiento del movimiento del 15 MCon una parte del precariado votando al PP y con otra parte del mismo movilizándose por la democracia real y criticando a los partidos de derecha y de izquierda, ¿qué futuro político nos aguarda?

A corto plazo, no parece que haya condiciones para detener el triunfo del PP en las generales.

Si el PSOE e IU son capaces de reaccionar ante lo que significa el movimiento del 15 M, quizá puedan acortar la distancia entre el PP y ellos.

Pero lo importante es el medio plazo.

Hay que cambiar la forma de hacer política, desvelar la concentración de la riqueza en España y redistribuirla, elaborar nuevas políticas en fiscalidad, vivienda, trabajo decente, democracia en la empresa, educación.

Y para estos cambios necesitamos que el movimiento del 15 M se fortalezca, genere contrapoder ciudadano, cree un nuevo antagonismo social basado en el conflicto no violento y la propuesta de alternativas, penetre entre el precariado que ha votado al PP para reorientar su comportamiento cultural y político.

El Movimiento del 15 M necesita tiempo para crecer, pero a los partidos y sindicatos les urge aprender de lo que significa y demanda.

El debate en el Comité Federal del PSOE del 28 de mayo no ofrece indicios sobre la existencia de una fuerte catarsis en este partido más allá de las decisiones de quién ha de ser candidato a la presidencia de gobierno.

No se cambia fácilmente la cultura y la orientación económica y política de fondo que mantiene este partido desde hace años.

Organización, demandas y luchas del precariado sublevadoNo sabemos todavía si las concentraciones y movilizaciones desarrolladas a partir de la segunda quincena de mayo van a cristalizar en un movimiento social o sólo van a ser una explosión social de corta o media duración.

También cabe la posibilidad de que se convierta en otro micromovimiento más de los muchos que existen, sin capacidad de expandirse y llegar a mucha gente.

La observación de las acciones combativas en Grecia y Francia nos enseña que la multiplicación de huelgas o de enfrentamientos con la policía no son ya las formas más eficaces de mantener viva una situación de antagonismo persistente.

Me parece que sería más útil una estrategia neogandhiana de resistencia, desobediencia civil, ocupación del espacio público. Una especie de guerra de guerrillas no violenta, de acción y retirada, de movilización y educación cívica, de protesta y elaboración colectiva de propuestas y alternativas.

Un movimiento sin prisa y sin pausa, que sabe que para crecer a largo plazo hay que saber ajustar el ritmo y el tiempo.

Se trata de crear un movimiento amplio de ciudadanos que sufren la precariedad, no una nueva vanguardia antisistema hiperideologizada.

Al igual que en los tiempos de las Acampadas por el 0,7, he observado una gran creatividad en las formas de acción colectiva.

Cuando los ciudadanos se reúnen y se liberan del tiempo reducido a la producción, el descanso y el consumo, despliegan una enorme creatividad social y las iniciativas de acción se multiplican.

Es muy importante generar antagonismo y conflicto.
La sociología nos enseña que sin ellos, no hay cambio social.

El conflicto social hoy día tiene que ser no violento, pero no por ello debe ser pacato.

Un intelectual nada radical como es Santos Juliá llamaba la atención sobre lo que supondría que los cinco millones de parados en vez de estar en sus casas, se manifestaran al unísono con cierta regularidad («Parados y en la calle, indefinidamente», El País-Domingo, 22 de mayo, 2011, pg. 16).

Está bien que se intente articular el movimiento a nivel de barrio, pero es imprescindible mantener la acción directa en los centros de las ciudades.

Movimiento 15-M en Cádiz, Plaza “El Palillero” Imagen de La Voz Digital.
La maduración y el crecimiento de un movimiento social de precarios en luchavan a necesitar una elaboración programática que vaya más allá del enunciado de demandas genéricas por más justas que puedan ser.Nos enfrentamos a problemas muy complejos y ha llegado la hora de crear talleres ciudadanos de elaboración de propuestas políticas y económicas en los que confluyan activistas y expertos.

No es cierto que no haya alternativas.

Es mucho lo que ya está elaborado, pero los militantes más concienciados, los economistas críticos y los ciudadanos que sufren la precariedad han estado desvinculados.

Es hora de organizar la confluencia para ir elaborando una plataforma programática que se ofrezca desde la sociedad civil.

Quizá una de las innovaciones políticas más urgentes sea la de los mítines de los ciudadanos a los dirigentes políticos.

Los campos prioritarios han de ser:
el control democrático de la riqueza,
una nueva fiscalidad,
la creación de una banca pública,
nuevas leyes laborales para la democracia en la empresa,
la creación de empleo decente y
la progresiva extinción del trabajo precario,
formas para lograr «trabajar menos, trabajar todos y vivir mejor»,
cambios en las formas de elegir a los diputados,
creación de observatorios independientes de políticas públicas,
nuevas políticas de acceso a viviendas dignas,
etc.

Ante el nuevo ciclo político del PP, hay que organizar la movilización ciudadana.

Su receta neoliberal para el empleo es bien conocida: crear las condiciones para que haya más trabajo, pero asumiendo que éste sea cada vez más precario.

Un empresario catalán lo expresaba no hace mucho con gran claridad, según me contaba una persona que lo había escuchado: «ustedes tienen que elegir: o trabajan como los chinos, o nos llevamos nuestra empresa a China».

Tenemos que contemplar también el tiempo medio y largo, si se desea crear un movimiento social persistente.

La acción y la elaboración programática irán creando las condiciones para nuevas formas de representación política.

Hoy contemplamos el fracaso del capitalismo, de la socialdemocracia y del comunismo.

Palabras como izquierda y socialismo están muy vacías de contenido real.

Lo que hemos tenido en Europa es una izquierda sin socialismo.

No nos perdamos y enredemos con los nombres.

Lo que sí está claro es que hay que ir más allá del capitalismo y que un futuro con esperanza pasa por la construcción de alternativas anticapitalistas, ecologistas e internacionalistas.

Las luchas y las alternativas generadas desde las bases ciudadanas irán dando cuerpo a nuevas formas de hacer política que quizá con el paso de los años cristalicen en nuevas formaciones políticas.

Por ahora, estamos en el tiempo del «mientras tanto». ■

Categorías:DSI

VI Domingo de Pascua

 

VI Domingo de Pascua

Año A

Citaciones

Act 8, 5-8.14-17:           www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9ahx00h.htm

1P 3,15-18 :                     www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9axgcxc.htm

Jn 14,15-21 :                   www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9axiymn.htm

Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos permiten proponer algunas consideraciones sobre la “vida cristiana” en la que también nosotros, como discípulos del Resucitado, estamos llamados a “permanecer” (cfr. Jn 14,16).

El texto de los Hechos de los Apóstoles nos sugiere sobre todo de “poner atención a las palabras” que la Iglesia nos anuncia, siendo este el primer paso necesario para entrar y formar parte del cuerpo místico de Cristo: es una acción que implica, como luego se especifica, no sólo la “escucha”, sino sobre todo la vista de los “signos” que hacen evidente el contenido del mensaje cristiano (cfr.Hch 8,6). Se trata por lo tanto de una “puerta”, que pasada una vez para siempre mediante el Bautismo, tiene la necesidad de ser atravesada cada día, en el “descubrimiento” de que cosa signifique verdaderamente ser discípulo.

Es por esto, que Pedro y Juan, como hemos escuchado, deciden  dirigirse a Samaría para imponer las manos a los discípulos de Felipe, con el fin de que recibieran el Espíritu Santo (cfr. Hch 8,17), y por lo tanto la fuerza que por si sola puede hacer capaz al hombre de “dar el grande anuncio” y de “hacerlo llegar a los confines del mundo”, como nos invita Isaías en la antífona de ingreso (cfr.Is 48,20).

Las palabras del Profeta nos introducen, también, a otro elemento esencial para que la existencia de un hombre pueda ser reconocida como “vida cristiana”.

El Apóstol Pedro lo indica cuando afirma que debemos estar «siempre dispuestos a responder delante de cualquiera que pida razón de la esperanza» que esta en nosotros(1P 3,15) «con suavidad y respeto» (1P 3,16).

El uso de términos como “necesidad”  y “deber”, usados hasta este momento, necesita a este punto una explicación: el cristianismo no es una aplicación de una moral del deber; el Cristianismo es más bien la comunión de aquellos que están enamorados de Cristo: y permanecen en su amor, “observando sus mandamientos” (cfr. Jn 14,21) que el creyente se da cuenta de cumplir actos que de otro modo sería inexplicable, humanamente hablando.

El cristiano, lo entendemos muy bien con la lectura del Evangelio, no es un hombre que debe esforzarse por poner en practica preceptos o comportamientos devotos: si uno ama, entonces, es orientado naturalmente a vivir como Jesús nos ha indicado. Descubrir el propio Bautismo, a través de la guía del Espíritu de verdad, significa por lo tanto, tratar de conocer cada día un poco más la vida de Jesús – a través de la lectura, la oración, los sacramentos, la vida de comunidad –, para que sea más fácil enamorarse de Él.

De todo el recorrido propuesto hasta ahora, por lo tanto, emerge, que ninguna objeción a tal “vida” es real, ni siquiera el hecho de que Jesús no se pueda ver en carne y hueso.

Y es todavía el Evangelio de Juan que nos lo hace entender: «Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán» (Jn 14,19). La alternativa entre “ustedes” y el “mundo” no corresponde a una división de tipo moral o étnica: se trata más bien, de una alternativa que alberga en el corazón de cada uno de nosotros.

Si seguimos, entonces, la mentalidad del mundo, no lograremos nunca ver al Resucitado; pero si iniciamos a confiar enla Iglesia, nuestra madre, y a escuchar lo que ella  nos enseña y nos sugiere, entonces descubriremos que en verdad el Señor se ve y es una Presencia tan esencial y real que suscita en nosotros una fascinación irresistible, el único y verdadero motor de la “vida cristiana”.

Categorías:Magisterio

Aportación de la Acción Católica a la Iglesia y a la Sociedad

Aportación de la Acción Católica a la Iglesia y a la Sociedad

 

Equipo de Consiliarios

Fuente Acción Católica General España

 

Partimos de la realidad de nuestro mundo y de la Iglesia  que deseamos para  ese  mundo, mostrando lo que la Acción  Católica aporta tanto a la Iglesia  como a la sociedad, una aportación que se realiza  por medio de un protagonismo laical organizado que se encuentra comprometido en los ambientes con presencia pública.

 

 

1ª Reunión VER: El mundo en que nos movemos y somos
2ª Reunión JUZGAR: La Iglesia  que deseamos para  vivir y ser en este mundo
3ª Reunión JUZGAR: Aportación de la Nueva Acción  Católica a la Iglesia
4ª Reunión JUZGAR: Aportación de la Nueva Acción  Católica a la sociedad
5ª Reunión ACTUAR: Un protagonismo laical real y organizado
6ª Reunión ACTUAR: Comprometidos en los ambientes con  presencia pública

 

VER: EL MUNDO  EN QUE NOS MOVEMOS Y SOMOS

LA ACCIÓN CATÓLICA: IGLESIA  EN EL CORAZÓN DEL MUNDO. INTRODUCCIÓN

En mi  vida  ministerial he  tenido la suerte de encontrarme con  la AC por  razones pastorales,  aunque en  mi  diócesis no  abundara,  al menos en  mi época de  formación debido a la crisis  sufrida por  la misma  en  España.  Siendo formador en  el Seminario Mayor  conocí algo al poner en  contacto a seminaristas con  jóvenes  cristianos de  grupos de  JEC que se  estaban  iniciando. Después  me   hice   cargo del secretariado  de   pastoral  universitaria en   la diócesis y  desde aquí   me  introduje más  de lleno en  dicho movimiento como animador y consiliario, y he  asistido al nacimiento de  Profesionales  Cristianos en  España,  donde colaboro desde la consiliaría nacional. Desde esta corta experiencia, once años, me  siento nuevo  en  estas lides,  pero agraciado como para no poder negarme a  colaborar con  este encuentro haciendo esta  reflexión teológica que me han  pedido. Ni que decir tiene que cualquier  consiliario, de   los  auténticos, podría hacerlo  mil  veces mejor que  yo,  pero  agradezco que se  hayan fijado   en  mí  para   esta labor, que una vez más me sirve de formación y profundización en este instrumento evangelizador y misionero de la Iglesia  que es la AC.

 

En mi exposición seguiré tres  pasos sencillos y fundamentales: Un  punto de  partida situándonos en  la realidad que  nos  ha  tocado vivir, época  de   globalización  y  de   mercado  que afecta a la configuración de  la persona y, cómo no,  a su dimensión religiosa; una  segunda parte estará más  centrada en  la necesidad de una  Iglesia  viva y corresponsable que sepa responder, especialmente desde  un   laicado organizado, a la situación actual para  ejercer tanto su  ser  comunión como su  misión evangelizadora; por  último trataremos de  ver  cómo la AC es un  instrumento realmente válido para  esta  Iglesia  y este mundo, o  mejor para que la  Iglesia   llegue evangelizando hasta el corazón del   mundo y  de   nuestra  sociedad española.

 

EL MUNDO  EN QUE NOS MOVEMOS Y SOMOS.  LA GLOBALIZACIÓN

 

Hoy  casi  todo el mundo utiliza  el término de globalización para  referirse a la realidad que nos ha  tocado  vivir.  Con   este concepto se explica y  se  justifica todo, pero  en  realidad pocas veces se  entra en  la profundidad de  lo que  el  término en  cuestión  significa y de  lo que está   suponiendo en  orden a  configurar tanto la  sociedad humana, como a  la  personas,  y a la propia Iglesia  así como a la vivencia  de la fe y de la construcción del mundo.

Son  distintos elementos los  que se  interrelacionan y se configuran mutuamente [1]; por  un lado  está  todo el proceso técnico-económico [2]  con  la revolución en  las  tecnologías de  la información de  la comunicación que  han  entrado de  una  forma rápida  en  las  formas de producción y de  vida  de  mucha gente, sobre todo para  los que vivimos  en  países industrializados. Este proceso puede beneficiar a bastante gente pero al día  de  hoy  sólo  algunos tenemos el acceso a estos medios, muy  lejos quedan los países que  no están desarrollados. En nuestra sociedad, tanto  la incorporación de las  tecnologías de  comunicación e  información  a las empresas, como el acceso personal a las mismas, es más fácil y supone un cambio brutal en las formas de vida de la gente, en los trabajos y nuevas formas  de  producción, en  la formación  e  información, en   los   entretenimientos,   en    la   comunicación   y   relación humana, en  la conexión con  todas las realidades  del  mundo,  en  los  cambios en  el capital, en  el deterioro del medio ambiente, así hasta en  la  evolución del  papel del  estado como agente y organizador económico. Estamos en otra   etapa de  la  historia  y  los  cambios son  vertiginosos.

En la  dimensión  sociopolítica [3]   también se deja  notar todo este proceso globalizador, el capitalismo  ha  obtenido su  victoria política por  motivos ideológicos, pero sobre todo de carácter tecnológico, económicos y culturales. La  política  internacional se  mueve ahora no por  bloques “políticos”   sino   más   bien por ejes económicos con  sus  diferencias políticas y  culturales. La economía es  la organizadora de  la vida,  los  estados han  de  salir  de  su  ser contenedor y comenzar a internacionalizarse para  ser  fuertes como ejes  y poder subsistir; desde occidente se  trata  de  transplantar este sistema de  democracia liberal,  sin  adaptación ni proceso, a todos los países y, aparte de  obtener poco éxito,  en  algunos casos ha  desencadenado fundamentalismos antioccidentales.

La dimensión política también  va  girando y nos  encontramos con  una  ciudadanía que no confía en  los agentes políticos tradicionales y que se mueve más  a gusto en  los nuevos movimientos sociales, donde  se  preocupan de problemas locales de  un  modo concreto, sin organizaciones  duras y jerarquizadas, con  una comunicación fluida  a  través de  los  medios que rompen fronteras. Se  trata   de  un  dinamismo  nuevo  que  posibilita un   modo de hacer  político que  parece  alternativo a  los sistemas  tradicionales que  se   ven   caducos, aunque  a  veces estos  modos  son   también ambiguos e interesados con  particularidades y no universalmente.

Socialmente  este  proceso  globalizador  ha sido  enriquecedor para  un  determinado tipo de población haciendo más alejada a la mayo ría. Dentro del entorno desarrollado aparecen nuevas pobrezas y agujeros negros que se ven reforzados, y entre los pobres el muro  que se abre es aún  mayor;  la inmigración es un  detonante clarísimo de lo que está  ocurriendo con este proceso desigual e injusto en  muchos de sus aspectos.

En el aspecto cultural [4], aquello que  da  sentido  y forma a nuestra existencia, los cambios también han   sido   acelerados y  fuertes; tres son las novedades que señala J. M. Serrano en torno a los inputs culturales, inputs mediados de  la  televisión o  por   Internet, producidos como  productos  culturales con  el  ánimo de sacar   beneficios  económicos, y  procedentes de  personas o  culturas  lejanas. Esto  influye especialmente en  las  personas que se  están formando para  llegar  a la vida adulta.

Esto  ha  dado  de  sí un  nuevo horizonte conceptual de una pluralidad en muchos casos no  digerida, con  desprecio de  lo  propio, de  lo objetivo,  y  exaltación de  lo  relativo con   renuncia de  los  grandes ideales y favorecedor de una  pasividad extrema. Lo que más  se  ha desarrollado es  la utilización del  tiempo libre con  este modo nuevo de  relación como es  la relación virtual,  en  la que  se  desfigura de  algún modo la frontera entre lo real  y lo virtual, entre la ficción y la realidad.

En cuanto es  el  mercado el  que configura la realidad el  hombre se  configura como consumidor y se  le  lanzan elementos de  seducción  para  que  sienta el  deseo irresistible de poseer lo productos que se elaboran para  él y que exigen la creación del deseo dentro de su persona, pues  no  suelen responder a verdaderas necesidades. Esto ocurre especialmente con  los  productos de  la industria del  entretenimiento. En este sentido el consumismo global provoca cambios de  valores e incluso comportamientos adictivos, que no  se  detectan  ni  suelen tratarse normalmente porque adquieren visos  de  normalidad en  el  funcionamiento de  la sociedad y el comportamiento de las personas.

Por  otra  parte en  este mundo cultural global está  en  juego lo  específico y propio que da riqueza a la cultura universal, cada día las diferencias son  más  accidentales y externas y se va  eliminando lo sustancial de  cada  cultura y formas  de  vivir. Ni que decir tiene que todo esto afecta a los  ideales y a las tradiciones de todo tipo  incluidos los religiosos.

Como podemos observar desde  el  eje  económico en  correlación con  lo técnico, lo político, lo social, así como lo cultural se configura  una  nueva constelación de  pensamiento y de vida,  que nominamos como globalización, en  el que nos  movemos habitualmente y que necesita  ser  nombrado a conciencia para  saber  con  el hombre que somos y que  nos  encontramos  en  la  vida  real,  y que afecta a  la dimensión religiosa y cristiana.

En este sentido nos  encontramos un  ser  del mundo organizado fundamentalmente desde la  economía que  está   influyendo en   el  ser humano y en su configuración personal; cuestión que consideramos importante en orden a los  prenotandos del  tema que nos  proponemos tratar y profundizar.

 

MERCADO  Y PERSONA HUMANA EN EL SISTEMA CAPITALISTA NEOLIBERAL [5]

En la tradición judeo-cristiana no  se cae  en  el espiritualismo de  otras religiones, que  se desentienden del mundo y que no tiene en cuenta la dimensión económica. Más  bien  se  considera cuestión de  orden no  solo  moral sino sobre todo teológico; no hay modo de llegar  y experimentar a Dios  si no es a través del  prójimo. El propio evangelio de Mateo en su capítulo  veinticinco se refiere a la identidad entre Cristo y los débiles refiriéndose a cuestiones fundamentales de  la vida como son  el sustento,  la integración y la libertad. Es más,  la dialéctica  mateana de  que no  se  puede servir  a Dios y al dinero, nos  muestra hasta qué  punto existe relación entre la teología y la economía.

Actualmente nos  movemos en el capitalismo y este sistema económico está  siendo la base de la construcción de  la realidad y conformación de la personalidad. Si la dimensión económica siempre  se   ha   considerado  de   importancia vital,  actualmente con  la victoria de  este sistema  ha  pasado a ser  la parte predominante de  la vida social y personal, parece que la meta  de  la  vida  consiste en  alcanzar el  mayor nivel   de  vida  posible, la  economía pasa   de medio a fin en  sí misma. Lo económico se  ha magnificado y la actividad laboral se convierte en  el  medio de  la seguridad económica, del éxito  y el prestigio social,  la imagen pública y la misma  valoración de uno mismo.

Pero  ahora estamos en  la etapa del  capitalismo globalizado con   sus  propias características,  donde un  tercio de  la humanidad producimos  y consumimos con  un  alto  nivel,  otro tercio produce barato para  nosotros pero no consume, sólo  sobrevive, y lo  más  grave:  un último tercio ni consume ni es necesario para la producción mundial. Ahí entra por ejemplo ese dicho de  si África desapareciera no  lo notaría  la  economía mundial aunque  allí  vivan seiscientos cincuenta millones de personas.

Otros cambios de interés en este sistema, una vez  caído   el  muro de  Berlín,  es  el  planteamiento neoliberal que comienza a sospechar de la intervención reguladora y redistribuidora  del   estado, poniendo  la  confianza en   la dinámica mercantil y su competencia; esto ha llevado consigo que se  pase del  trabajo estable  a lo  que  se  llama  “flexibilidad ocupacional” donde uno se  pierde como persona en su estabilidad, así como que la preocupación del interés por  la producción ahora esté cen trada  en cómo  mantener el  consumo, cómo provocar deseos en  los consumidores y cómo crear  productos nuevos para  esos deseos dirigidos.

En este contexto aparecen cuestiones de  gran calado  antropológico;  por   ejemplo, dos   mil millones de  personas han  de  esforzarse casi exclusivamente en  sobrevivir; también en  lo económico, y en  la necesidad de  unos  recursos  mínimos, nos  jugamos nuestra real  libertad.

Pero  además lo  que ocurre es  que la identidad  en  esta  sociedad está  viniendo, así como la  dignidad y la autoestima, por  el  elemento laboral y económico. Esto crea  sentimientos y propicia  una   nueva  escala   de   valores que condiciona la realidad personal. No  hay  duda  de  la implantación a través  de  los  medios de comunicación social  del influjo  de  las fuerzas económicas propiciando la veracidad de  la afirmación “consumo luego existo”.

En  este  contexto, aunque  reconocemos  los valores positivos que  tiene el progreso material  y  de   los   que  disfrutamos, aparece un “hombre unidimensional” donde lo económico  va  marginando otras  dimensiones de   la persona, caemos en  la  absolutización de  las necesidades de   consumo,  haciendo de   ello religión, viviéndolo de un modo inconsciente. Nos enriquecemos a la vez que nos  empobrecemos personal y socialmente: tanto a  nivel artístico, político, relacional, filosófico, espiritual, solidario, público, afectivo, educativo…

 

La mercantilización progresiva de  crecientes facetas de  la  vida  comienza a  ser  normal y justificada,  de   tal  manera  que  comienza  a hablarse de  la venta de  sí mismo en  el argot del mercado laboral: es  necesario saber venderse y cuidarse para  tener un  buen aspecto como la manzana que brilla  con  la cera  en  el supermercado para  ser  elegida y no  ser  considerada “desechable”. El comercio sustituye el calor  humano y familiar  en  la atención a los débiles.

Aparece una  cultura del individualismo posesivo frente a la solidaridad. Cada  uno se piensa a sí mismo como el resultado de  su esfuerzo  y  de  su  lucha y no  le importan los  demás que están en  la situación que están porque se lo han  buscado de  alguna manera, aunque no es  verdad porque  todos somos fruto  de  un contexto familiar,  social  e histórico en  mayor medida que nuestros propios esfuerzos. Pero  da la sensación que a lo más  que llegamos es a la solidaridad selectiva y son  muy pocos los que consideramos de “los nuestros”.

Curiosamente según  nos  adentramos en   el ámbito de la riqueza se refuerzan las actitudes defensivas con  respecto a los prójimos y a los más  pobres se  les  ve  como amenaza en   la lejanía  y a los  cercanos como competidores; el  bienestar se  impone como religión dominante  e  impone sus  mandamientos de  consumo y placer para  poder pertenecer a  esta sociedad con  un  nivel  aceptable de  vida,  así como sus fiestas  y sus momentos especiales.

El consumo funciona como práctica religiosa que sana  y salva a la persona, que le concede vida  en   la  sucesión  de   pequeños  placeres, placeres que   además no  deben  esperar. En este contexto la persona queda tocada en  su ser, en  sus  aspiraciones y deseos. No está  nada  fácil  que   se   desarrolle  la  configuración religiosa y  trascendente del  ser  humano en este contexto.

 

Lo que nos encontramos más  bien es a personas que se gastan en la infeliz  búsqueda de su felicidad;  se  mueven a  niveles  superficiales, sin  profundidad, no  aceptan la  dificultad,  la contradicción y el  dolor como elementos de la vida que transforman y construyen para  ser y vivir con  sentido, no  se  abren al encuentro del  otro como espacio de  realización negándose a  toda trascendencia humana y, por  lo mismo,  viven  en  la  indiferencia total  ante la posibilidad de  la  trascendencia divina   como referencia última de  vida y de  sentido para  la limitación, la debilidad y la muerte.

 

Se  tiende a  centrarse sobre sí  mismo como realidad única a la que debe supeditarse todo, para  que no  le falte  gozo y placer permanente, en  un  disfrute de  elementos externos que a la postre le acaban fatigando y agotando en un maremágnum donde la vida  pierde verdadero horizonte y auténtico sentido, terminando  en  una  noria interminable de  sucesos sin conexión y sin  identidad. Es en  este contexto donde hablamos de  una  nueva situación que se  da  en el ser  humano con  respecto al tema religioso y que  en  nuestra sociedad española comienza a abundar, nos referimos a la indiferencia religiosa y a  la  cultura secular y laica que la propicia; es  lo  que  algunos han  dado en llamar  época postcristiana o fenómeno de descristianización de  la  sociedad española  y europea.

 

LA INDIFERENCIA RELIGIOSA EN ESPAÑA: HACIA UNA CULTURA LAICA Y SECULAR  [6]

En la actualidad notamos como la fe y la experiencia religiosa se  sitúan sobre todo   en  las personas mayores y en  la decreciente cultura rural   y  campesina, mientras que  la  cultura juvenil y urbana se  muestra  poco receptiva a la fe y a la experiencia religiosa, declarándose laica y secular. Lo obvio  comienza a ser  la increencia,  el  agnosticismo, cuando  no  el  ateísmo.  La fe  y lo  religioso en  dichos ámbitos comienza a ser  lo extraño o lo menos normal. Entre  los  rasgos culturales [7] que sitúan la fe en este estado nuevo podemos enumerar los siguientes:

 

v     z Vivimos en  una  cultura laica y este rasgo no lo tenemos  asimilado suficientemente los creyentes y los  no  creyentes. No  hemos  logrado entrar en  el diálogo de  unos y otros en orden a consensuar reglas  de  juego y ética  de mínimos para  una  sana  convivencia. Todavía intentamos  imponer  cosmovisiones propias con rechazo de  las  otras. Hoy  notamos por ejemplo la no  valoración de  la aportación de la cosmovisión y de  las tradiciones religiosas, así  como  el  deseo de  algunos creyentes de establecer la suya como la de todos.

v     z Vivimos  en  una  cultura  de  las  sensaciones que ha  sustituido a la cultura de  las  grandes preguntas y la cuestión del sentido de la vida.

v     z Vivimos en una  cultura de luces cortas, de la inmediatez, del  corto plazo, de  la inmanencia, de los  deseos cortos. Aquí  no  cabe la dimensión   religiosa   que nos   obliga a  poner luces largas,  mirar  a lo lejos,  a hacer preguntas sobre el sentido, a pagar el peaje de  ciertas renuncias a corto  plazo para  garantizar un  largo plazo más  humano para  las personas y para  la sociedad. Aquí estamos con  un  problema que va  más  allá  de   la  problemática  religiosa, se trata de la cuestión de las humanidades.

v     z Vivimos  en  una  cultura del  pluralismo sin límites, del  subjetivismo creciente, de  la libertad no liberada. Esta cultura fácilmente se desliza hacia  un  relativismo plano en  el que todo vale igual,  la fe y la increencia. Todo  tiene los mismos  derechos, tanto  la  verdad  como  la mentira.

v     z Vivimos en una  cultura del descrédito de las instituciones, especialmente de  las instituciones religiosas laicas,  de  las  iglesias   y de  las religiones. Es preocupante en  España  el  descrédito de  la Iglesia,  de  la Jerarquía, del  clero, del cristianismo en general.

v     z De  todos modos es  necesario apuntar también cómo en  medio de  todo este contexto comienza   a  aparecer  una   cierta necesidad religiosa, una  cierta  nostalgia de  lo  infinito, una cierta hambre de mística.

 

Dada  la tónica de  esta  nueva cultura secular y laica y la no  integración de  lo religioso en  su ámbito nos  encontramos con  una  nueva configuración de  la sociedad con  respecto a la fe y la experiencia religiosa. Hoy los “no religiosos” lo son  porque a la fe religiosa o creencia le falta plausibilidad social  y cultural. Son  fundamentalmente  razones  “sociales”   las   que están de  fondo: cambio de  sociedad, quiebra de  socialización religiosa en  la familia,  irrupción de  un  “régimen de  indiferencia” merced a la  desvalorización que  introducen las  relaciones mercantiles neoliberales en  casi  todos los  frentes de  la identidad y la oferta masiva de  entretenimiento mediante el consumo de sensaciones. La población no  es irreligiosa de forma consciente sino  indiferente.

 

En la irrelevancia lo religioso se  resguarda en lo íntimo y pierde relevancia pública, dejando de este modo que aparezca más  la irreligiosidad  o  no   religiosidad  de   la  que  realmente existe. Sin embargo hay frente a la desregularización  de  la religiosidad tradicional nuevas condiciones para  que surjan  búsquedas variadas de  lo religioso por  los  caminos más  inesperados.

 

Llama la atención en  los últimos estudios sobre   la  religión a  través de  encuestas los  siguientes datos: el  descenso creciente de  los practicantes, de  los  que caminan por  el  sendero de  la Iglesia.  Un  gran  número de  alejados,   no  practicantes duros e  incluso indiferentes. También sobresale el  número de  los que se  identifican como no  religiosos, casi  la mitad; se  ven  como creyentes en  Dios  pero indiferentes ante lo religioso.

Se  habla de  los  tres  tercios en  el  panorama católico español, el  primero de  practicantes, un segundo grupo de  católicos ocasionales, y el tercer grupo los  no  “practicantes” que debemos considerar alejados, que nunca van  a misa  u otros oficios religiosos. Otros aspectos a  señalar son  la  tendencia a  individualizar e incluso subjetivizar las  creencias, perdiendo por ejemplo fuerza la idea  de  un  Dios  personal y pasando a una  fuerza o espíritu vital de la realidad así como la creencia en  el más  allá o escatología.

El segundo proceso es la caída  en la asistencia a   la  Iglesia   o  práctica religiosa. Sorprende también el grupo de  españoles que se  considera fuera de  toda religión institucional, un dieciocho por  ciento, entre los  que cuentan los defectores que han  abandonado y los irreligiosos, personas que ni antes ni ahora  se han considerado religiosos.

Entre  los  no  religiosos se  dan  las  siguientes características: son  más varones que mujeres, tienen menos de  cincuenta y cinco años, con estudios o  sin  ellos,  no  están en  la mejor situación laboral o de  independencia, la mayoría  son  políticamente de  izquierdas. Nos  encontramos por tanto con  una  situación fuerte de indiferencia que se manifiesta con  despreocupación frente a lo religioso, no  se pronuncia  sobre Dios,  viven  sin  horizonte de  trascendencia.

El indiferente organiza su  vida  dentro de  la inmanencia, de  lo inmediato y a mano: la profesión o el paro, el éxito  o el fracaso, el poder o la impotencia, el dinero o la escasez, el placer  o el dolor,  el consumo o la carencia. Podemos hablar  de  una  cierta tipología de  indiferencia:  los  defectores,  los   arreligiosos,   la indiferencia  comprometida,  y  la  que   surge como salida  a un conflicto personal.

La situación nos  habla  de  un  avance implacable de la no religiosidad, la no práctica religiosa, la distancia frente a las iglesias  y la religiosidad oficial o institucionalizada; se trata  entre nosotros  de   una   descristianización que  podríamos  denominar como  postcristiana. Signos   de   la  nueva  situación son   el  descenso drástico de  las vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada con  la previsible desclericalización de la Iglesia  Católica; también notamos el descenso de  un  cristianismo cúltico-ritual y una  mayor libertad en  la interpretación doctrinal  que inciden en  la  uniformidad y ortodoxia  de  la doctrina, e incluso de  las normas morales.

El mundo juvenil  se muestra muy  poco  receptivo a la dimensión  religiosa, un  setenta por ciento no  muestra  sensibilidad religiosa.  Se plantea de   este modo una   cuestión  fundamental de  evangelización: si  la  mitad de  los que se consideran católicos en  la práctica son alejados y además nos  encontramos con  un cuarenta y cuatro por  ciento que se  dice  no religioso en  su  fuero interno, ¿no  estaremos en un momento que reclama una  pastoral real de alejados? Hemos de  preguntarnos si nuestra Iglesia  tiene capacidad para  efectuar una pastoral de alejados.

La situación actual  parece  indicar que  caminamos hacia  formas  minoritarias y diferentes de  las  que han  predominado  hasta nuestros días;   el   cristianismo  de   cristiandad  parece tocar a su fin en  nuestra sociedad, lo cual reclama  un cristianismo de  otro estilo.  Es a esta  realidad  a   la   que  tenemos  que  responder eclesialmente,  necesitamos saber qué Iglesia  deseamos construir y edificar hoy  para  vivir y ser  en  este mundo concreto en  el que nos  ha tocado vivir y  al que tenemos que amar  para  que le llegue la vida abundante que el Padre le quiere dar  en  su hijo Jesucristo, de  quien la Iglesia  es sacramento.

José Moreno Losada, Consiliario General de Profe sionales Cristianos: LA AC, IGLESIA EN EL CORAZÓN DEL MUNDO. Ponencia del Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

 

 

EXPERIENCIAS

Sirva  a  modo de  introducción para  contaros desde mi experiencia, lo que yo entiendo que desde que conozco y vivo la AC, ha  aportado a nuestra querida Iglesia  y a la Sociedad en  la que nos  ha tocado vivir.

En primer lugar  dar  las gracias a los responsables  y organizadores de este ya Décimo tercer Encuentro de  Sacerdocio y AC, por   todo lo que supone de  dar  a conocer de  una  forma práctica  la AC a muchos sacerdotes de  toda España  que año  tras  año  van  pasando por  estas  jornadas. También dar  las  gracias porque

siempre viene  bien, aunque te suponga a menudo un  esfuerzo, pararse a pensar y a organizar,  un  poco,  en  tu  mente y también en  tu corazón,  la experiencia que vas  acumulando poco a poco  y que en  definitiva es  el bagaje de  tu  vida,  lo  que te  alimenta y también, en ocasiones, lo que te da fuerzas para continuar sin dejarte caer  en malsanas añoranzas de que cualquier tiempo pasado fue  mejor. La vida es el maravillosa regalo del Padre Dios y siempre y en cada  momento exige  esfuerzos nuevos y nos  da satisfacciones nuevas.

Para que me  conozcáis un poco más  y podáis haceros una  idea   mejor de  cual  ha  sido   mi recorrido y mi vida  en  la AC os  voy a contar brevemente quien soy  y cual  ha  sido  y es  la historia de  mi vida.  Algo ya han  dicho de  mí en la presentación, pero puedo compartir con vosotros que  nací  en  un pequeño pueblo de la  maravillosa montaña  del  Alto  Maestrazgo de  Teruel, Mosqueruela, hace ya 51 años. Mi familia era muy religiosa y piadosa y mi madre siempre fue  de  la AC, aspirante, joven y mujer, hasta que por  las circunstancias que todos conocemos se  disolvió  el  grupo parroquial y se terminó la AC en  el pueblo. Por eso  puedo decir que a mí siempre me sonó bien la AC, ya desde  niño oí  hablar con   mucho cariño de ella.

Me  llevaron al Seminario de  niño y fui ordenado sacerdote en  1980 por  el entonces Obispo de  Teruel D. Damián Igualen. Después de

15 años  de  cura  rural  en  pequeños pueblecicos y trabajando en  equipo con  varios  compañeros, vine  para  Madrid para  acompañar al Mvto.  Junior  de  AC durante tres  años como Consiliario General. Terminada esta  tarea me encargaron al acompañamiento del  Equipo Internacional del MIDADEN (Movimiento Internacional de  Apostolado de  los Niños) en París, otros tres  años, y si no  era  suficiente, al terminar mi  tarea se  me  pide  acompañar la ACE  como  Viceconsiliario, durante  4  años. Terminada esta  tarea he  regresado con  gozo y con  ilusión a mi  diócesis de  origen, después de un  periplo de  diez  años. En estos momentos soy  párroco “in solidum” con  mi compañero Enrique, en  la Unidad parroquial de  Calamocha  que   incluye ocho pueblos, pequeños.

Julio Marín Gil, párroco en la Unidad Parroquial de Calamocha (Teruel) Experiencia presentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

Empiezo con cuatro cosas sobre mí: me  llamo Luisa, tengo 29 años  y soy de  Asturias aunque hace casi  4 años que vivo  en  Zaragoza. Tras muchos años   de   estudio en   la  Universidad espero acabar este año  Matemáticas y Estadística. Empecé en la JEC hace  más de once  años, tras otras experiencias eclesiales  como el catecismo, la confirmación, colegios religiosos, JMV…

 

Me  han   pedido que, desde mi  experiencia, comparta mi  aportación a  la  sociedad y a  la Iglesia  como  miembro de  la AC y en  concreto como militante de  la JEC. Me resulta realmente  difícil  intentar resumir en  quince minutos una experiencia que percibo realmente intensa y rica. Formar  parte de  la AC me  ha ayudado  a  sentirme Iglesia  y a optar por  seguir el estilo de vida de  Jesús.  No  ha  sido  una  experiencia  puntual, sino   un  proceso que  continúa,  a veces más  lento y a veces más  rápido, con avances y con  dificultades.

 

Comienzo con  lo  que intuyo que ha  sido  y está    siendo  mi   aportación  a   la   sociedad. Cuando la gente habla de  “la sociedad” siempre  me  da  la sensación de  que se  refieren a algo  lejano y  un  tanto ajeno. En  mi  primer campamento de  la JEC descubrí que  en  realidad estaba más  cerca de  lo  que yo  pensaba. Allí donde me movía  cada  día, en mi clase  y en el colegio, aquellos compañeros y profesores formaban ya esa  sociedad concreta de  la que yo también formaba parte.

 

Durante aquellos días reflexionamos sobre las situaciones injustas de  nuestros  institutos y nos  cuestionamos cuál estaba siendo nuestra actitud frente a todo aquello, cuál era  nuestra aportación a aquél trocito de sociedad.

 

Una   vez   en   la  Universidad  la  situación se acentuaba. Había   una  mayor   frialdad en  las relaciones, en   las  aulas,   entre  profesores y alumnos… En los pasillos  las quejas eran continuas pero pocos hablaban en  los foros donde se nos  daba la palabra. Así que  el segundo año,  animada por  un  compañero, tomé  la decisión de presentarme como representante de alumnos ya que no  había ninguno del  primer ciclo.

 

Luisa, militante de JEC en Zaragoza Experiencia pre sentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

Se  me  pide que a  partir de  mi  experiencia como  militante de   AC  en   mi  grupo,  Movimiento en el Conjunto de la AC en mi Ciudad, Asociaciones… comparta mi  apreciación personal o  a través de  personas  vinculadas a la AC  de   las  aportaciones que  ha  realizado y realiza la AC al conjunto de  la Iglesia  y de  la Sociedad.

 

Mi  experiencia  personal  es   que yo  con   49 años, cristiano de la época clerical  (en torno al sacerdote) en   una   ciudad pequeña  (Ciudad Real)  en  un  Colegio de  Religiosos, con   una práctica religiosa intensiva durante  10  años, sin  apenas convicción personal, supuso una fatiga religiosa  importante, que concluyó con  la apertura de  un  paréntesis en  mi vida  de  fe coincidiendo con  mi salida  del  Colegio y comenzar a trabajar en Barcelona.

 

“Me  cansé   de   creer”,  fui  durante bastantes años practicante sin convicción y un  buen día el Evangelio, se  me  cayó  de  las manos.  Hasta que algún tiempo después, ya de joven maduro  (18 años)  descubrí el Movimiento de  Jóvenes  de  AC, a través de  gente concreta, y eso  supuso  un  zarandeo en  mi fe adormecida, al descubrir  el  papel protagonista que el  joven debe tener en el mundo, que la fe es algo más que una práctica religiosa semanal y la inquietud  por hacer algo más.

 

Después vendrían los procesos de fe, materializados, en la Revisión de Vida, en la reactualización continua del Proyecto Personal de Vida Militante, en  los  diferentes Planes de  Formación,  en  la importancia del  apostolado asociado, de lo organizativo…

Es lo que yo llamo  “volver a empezar”. Era un cristiano  sin   demasiada  convicción,  un   día abandoné la práctica religiosa y me  fui alejando de  la  fe.  Luego   se  produjo un  acontecimiento en  mi vida, a través  del  conocimiento de gente concreta, que me  hizo  dejar mis  incertidumbres y reanudar el  camino de  la  fe, ofertándoseme la AC, como Itinerario de  Vida y Fe.

 

Hace  unos 12 años se nos  encargó a personas concretas en  la  Diócesis hacernos cargo del Movimiento  de   AC  General  de   Adultos en Ciudad Real. He  de  confesar que después de aquél zarandeo en  mi fe, que antes he  contado, este encargo, fue  para  mí una  llamada  del Señor, a través de la persona concreta que me hizo  el encargo. Os  leo  alguna frase  de  la carta  personal que  me   entregó  para   que  reflexionara: “Necesitamos  Seglares tal y como hemos entendido siempre desde la AC, capaces de  dar  una  respuesta al Señor y  darla  a este hombre y mujer de  hoy.  Por favor piénsalo a la luz del  Evangelio.  Yo rezaré  para que lo veas. Lo que decidas lo entenderé”.

 

Lo rece dije  que sí y tengo que darle gracias a Dios,  por  esa  decisión, es  verdad que  me  ha supuesto muchas madrugadas, muchos viajes, muchas renuncias a estar  con  mis hijos,  pero ese  paso me  sirvió  y me  está  sirviendo para descubrir QUÉ MUNDO, QUÉ IGLESIA y QUÉ LAICO  NECESITA HOY  LA IGLESIA, y  sobre todas las cosas  el principal descubrimiento es el  TREMENDO AMOR  A LA IGLESIA, que mi experiencia personal de  laico  en  la AC me  ha hecho tener con  todos sus  defectos que sin duda son  muchos.

Juan de Dios Martín Ramírez, militante de ACGA en Ciudad Real Experiencia presentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

FICHA DE TRABAJO Nº 1

 

  • ¿En qué coincides y en  qué discrepas respecto a la visión  de  la realidad presentada en el texto de J. M. Losada?
  • Comenta la frase: “La situación actual parece indicar  que caminamos hacia formas  minoritarias y diferentes de  las que han  predominado hasta   nuestros  días;  el  cristianismo  de   cristiandad parece tocar a su fin en  nuestra sociedad,  lo  cual  reclama  un  cristianismo de  otro estilo. Es a esta  realidad  a la que tenemos que responder eclesialmente”.
  • ¿Descubres coincidencias entre las tres  experiencias?

 

JUZGAR: LA IGLESIA QUE DESEAMOS PARA  VIVIR Y SER EN ESTE MUNDO

Consideramos que hoy más  que nunca, dadas las circunstancias  de  las  que hemos venido hablando hasta ahora, tenemos que mirar  a la eclesiología del Concilio Vaticano II, donde se entendía la  Iglesia   desde su  relación con   la humanidad.  En  el  pensamiento   conciliar  la relación con  el  mundo no  sólo  descubre  la misión propia de  la  Iglesia   sino   también su identidad.

Pablo  VI en  el  discurso de  apertura del  segundo  período  conciliar decía:  “La  Iglesia quiere contemplarse a sí misma en  la mente de Cristo… Y no  se piense que al hacer  esto la Iglesia se detiene en un  acto  de complacencia en sí misma, olvidando de un lado a Cristo, de quien  todo lo  recibe, y de  otro  a la humanidad,  a cuyo servicio está  destinada… Que no se  cierna  sobre  esta  reunión otra luz si no  es Cristo, luz  del  mundo”.  La Iglesia  es  un  don de Cristo para  toda la humanidad.

Desde esta   perspectiva se  ha  resaltado, con razón, que la constitución sobre la Iglesia  (LG) tiene su  complemento y lugar  interpretativo en la constitución pastoral sobre la Iglesia  en el  mundo  actual (GS)  y  viceversa.  Iglesia   y mundo no  son   magnitudes  excluyentes. No necesita la Iglesia  salir  de  sí misma  para  encontrar  al  mundo, y  en  ella  es  donde  Dios encuentra al mundo de  una  manera singular. Pero  cuando hablamos de  mundo -que también será  entendido y llamado “realidad”, “historia”, “humanidad”… lo   consideramos como la realidad que ha  sido  “Asumida y salvada” por  Cristo  [8]; que es para  nosotros lugar teológico, en  el que Dios  se  nos  manifiesta y que a  Dios  se  nos   revela [9]; receptor de  la Buena Noticia  y, a la vez, cerrada a ella [10].

 

IGLESIA SERVIDORA EN MEDIO DEL MUNDO

La Iglesia  ha de saber manifestar que  es el lugar en el que  se expresa la acción de  Dios  en favor del  mundo, donde Cristo ejerce su soberanía  y la reconciliación de  la humanidad. Le pertenece en  cierto modo  al  mundo puesto que en él despliega el Señor su acción salvadora, a cuyo servicio está la Iglesia. Es Iglesia de la Trinidad y al mismo tiempo de los hombres.

El modo de  relación ideal  de  la Iglesia  con  el mundo es el que desde el principio expresa la constitución Gaudium et  Spes:  “Los  gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los  pobres y de  cuantos sufren, son  a la vez  gozos  y  esperanzas, tristezas y  angustias  de los  discípulos de  Cristo. Nada  hay verdaderamente  humano que no  encuentre eco  en  su corazón.  La comunidad cristiana  está  integra da por  hombres que, reunidos en  Cristo,  son  guiados por el Espíritu  Santo en  su peregrinar hacia  el  reino   del   Padre,  y  han   recibido  la buena nueva de  salvación para comunicarla a todos. La  Iglesia,  por  ello,  se  siente íntima y realmente  solidaria  del  género humano y de su historia” (GS 1).

 

Y más  adelante se añade: “Tiene,  pues, ante  sí la Iglesia  al mundo, esto es, a la entera familia humana con  el conjunto universal de  realidades entre las que ésta  vive;  el  mundo, teatro de la historia  humana, con  sus afanes,  fracasos  y victorias;  el mundo, que  los cristianos creen fundado y conservado por el  amor  del  Creador,  esclavizado bajo  la servidumbre del  pecado,  pero  liberado por  Cristo,  crucificado y resucitado, roto  el  poder del  demonio, para que el mundo se transforme según el propósito divino y llegue a su  consumación”. (GS 2). Esta  idea  se  repite, con  diversos matices, en otros pasajes.

 

Así se  afirma  que la razón de  ser  de  la Iglesia “es actuar  como fermento y como alma  de  la sociedad,  que   debe  renovarse en   Cristo   y transformarse  en   familia   de   Dios”.  (GS  40), puesto que avanza   juntamente  con   toda  la humanidad y  experimenta la  suerte terrena del  mundo.  La  razón  de   esta   nueva  visión conciliar hay  que buscarla en  el nuevo modo como la Iglesia  se  ve a sí misma  (LG) y ve al mundo (GS). Pero  esta  relación exige  una  serie de  claves  fundamentales como son  la que relatamos en adelante.

 

 

Actitud de diálogo

La Iglesia   no  debe ni  puede  mantener una actitud de  enfrentamiento o contraposición al mundo; está en el mundo y no fuera del mundo. Desde la teología de  la creación, valora  la Iglesia  al mundo como lugar  de  la historia de la salvación. Es el ámbito donde debe ejercer su función pastoral. Ha de  reconocer la justa autonomía de  las realidades terrenas, la política,  la economía aportando lo  que es  propiamente suyo:   la  vocación última  del  mundo, aquello a lo que está  llamado a ser  en  la consumación del Reino  de Dios.

 

Adopta una  actitud de diálogo con  la cultura y las religiones desde  el  reconocimiento de  la parte de verdad que puede existir  en ellas. Ella está en  el mundo y para  el mundo, sin ser  de él.  Por  eso  no  puede serle extraño nada  de cuanto contribuya al logro  de  las aspiraciones justas y al  desarrollo integral de  la  persona, dando un  sentido más  humano al hombre y a su historia (GS 40).

Hoy no  tiene  ningún sentido una  concepción de  Iglesia   como sociedad perfecta, que  se relaciona con el mundo desde el poder.

 

En la eclesiología y en  la praxis  eclesial dominante anterior al  Concilio  la  relación de   la Iglesia   con   los  poderes  públicos partía  del concepto de  la Iglesia  como sociedad perfecta. A ella debía  estar  sometido el poder político,  en  razón  del  pecado que impregnaba las realidades temporales, para  orientarlo en con formidad con los designios de Dios.

 

En cuanto sociedad perfecta a veces  ha reclamado  para sí un poder directo sobre  lo temporal, si bien  la teoría  más común en los últimos tiempos ha  sido  la del  poder indirecto de  la Iglesia.  Pero esta concepción ha sido superada, lo cual ha propiciado que  la Iglesia,  aliviada  de conceptos jurídicos,  haya  encontrado identidad  más  propia y buscado nuevos modos de presencia en la vida pública y política.

Opción  por  la  independencia  y  autonomía mutuas

Este cambio ha  sido  asumido por  el Vaticano II. En él se  afirma  que la Iglesia  por  razón de su misión y de  su competencia no  se confunde  con  la comunidad política ni  está  atada a sistema político alguno, pero es signo y salvaguardia del  carácter trascendente de  la persona  humana. Reconoce que tanto la  comunidad política como la Iglesia  son  independientes  y autónomas, cada una en  su propio terreno.  Sin embargo ambas están al servicio de  la vocación personal y social del  hombre; de  ahí la necesidad de  que exista  una  eficaz  colaboración entre ellas.

Desde esta   clave   fundamental  de   independencia la Iglesia:  respeta y anima  la libertad y la   responsabilidad   política  del    ciudadano; recurre sólo  a los medios propios del Evangelio  para   evangelizar, fiándose  del   Padre;  se sirve  de  medios temporales para  lo  sobrenatural,  a  la vez  que renuncia a privilegios que puedan empañar su  testimonio (GS 76); reconoce la libertad religiosa y la autonomía de  lo temporal, la separación de Iglesia-estado.

Y sin embargo exige  “poder predicar  la fe con auténtica libertad,  enseñar su doctrina sobre la sociedad, ejercer  su misión entre los hombres sin traba alguna  y dar su  juicio  moral,  incluso sobre  materias referentes  al  orden  político, cuando lo exijan  los  derechos fundamentales de la persona o la salvación de  las almas, utilizando todos y sólo  aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de  todos según  la diversidad de  tiempos y situaciones… La  misión de  la Iglesia  es  fomentar y  elevar todo cuanto de  verdadero, de  bueno y de  bello hay en la comunidad humana, consolidar la paz en  la humanidad para gloria de Dios”. (GS

76)

La colaboración

En orden a alcanzar el bien común integral de la  persona humana es  indispensable la colaboración entre la comunidad política y la Iglesia.  De   ahí   la  necesidad primeramente  del diálogo.  Además  se  insta   a  los  cristianos  a tomar parte en  las realidades políticas y sociales  a  fin  de  que, mediante su  testimonio,  la Iglesia se  haga  presente en  ellas  y el mensaje evangélico pueda repercutir en  las decisiones de la sociedad. Pero  todos estos elementos de  los  que venimos  hablando son  imposibles sin un verdadero laicado que  desarrolle esta  presencia y colaboración,  ellos   son   el   verdadero puente entre la Iglesia  y el mundo, ellos  son la Iglesia en el mundo y el mundo en la Iglesia.

 

José Moreno Losada, Consiliario General de Profe sionales Cristianos: LA AC, IGLESIA EN EL CORAZÓN DEL MUNDO. Ponencia del Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

FICHA DE TRABAJO Nº 2

 

  • ¿En qué coincides y en  qué discrepas respecto a lo expuesto?
  • ¿Qué otras ideas aportarías?

 

 

JUZGAR: APORTACIÓN DE LA NUEVA  ACCIÓN CATÓLICA A LA IGLESIA

MISIÓN DE LOS LAICOS EN LA IGLESIA  Y EN EL MUNDO [11]

 

En esta  concepción conciliar la Iglesia  ya no se protege del  mundo, va  a  él.  El mundo es  el lugar  de  la misión. La secularidad alcanza sentido   teológico porque  el  bautizado no  sólo está   en   el  mundo, sino   que es   enviado  al mundo para  anunciar el evangelio de  la salvación.

 

Debido a su participación en  el oficio  profético de  Cristo, los  fieles  laicos  están comprometidos en  la  tarea de  la  nueva evangelización.  Les corresponde ser  testigos de  la fe en Cristo Jesús  como único  Salvador, en quien se encuentra la sola respuesta plenamente válida a  los  problemas  y  expectativas  que   la  vida plantea a cada hombre y a cada sociedad. Para ello es  preciso superar en  los  mismos cristianos  la fractura entre la fe y la vida,  recomponiendo en   su  vida  familiar   cotidiana,  en   el trabajo y en  la sociedad, esa  unidad de  vida que encuentra en  el  Evangelio inspiración y fuerza para realizarse en plenitud.

 

 

EL CARÁCTER SECULAR PROPIO Y PECULIAR DE LOS LAICOS (LG 31. GS 43)

La relación con  el mundo es para  los laicos  el modo propio de  vivir  la  existencia cristiana, por tanto la relación salvífica con  Cristo  y con la  Iglesia.   El lugar   de  la  Iglesia   entera es  lo terrestre, ella está  investida de  una  misión en el mundo. La laicidad [12] es una  categoría englobante de las actividades de la Iglesia.

 

No  es  el  laico  el  que necesita encontrar su identidad, es la Iglesia  la que ha de redefinirse en el momento en que adquiere la conciencia de  ser  sencillamente y sin  más  el  pueblo de Dios,  que vive  su  existencia  cristiana en  las condiciones de  la secularidad. Ninguna “persona de Iglesia”   puede  dispensarse de  ser “persona en el mundo”. Lo temporal debe ser concebido como lugar  teológico.

La dimensión secular [13], por  tanto, antes que una  característica que afecta  al laicado,  alcanza a la totalidad de  la Iglesia  y se convierte en elemento constitutivo de  la misma.  La comunidad cristiana nace y crece en  el mundo, y es enviada al mundo como mensajera de  la Buena  Noticia, compartiendo  y discerniendo los gozos y la esperanzas, las tristezas y angustias de  las gentes, sobre todo de  los pobres y afligidos.

Dicen los  obispos vascos y navarros que “La secularidad de  la Iglesia,  es  decir,  su  apertura dialogante al  mundo, constituye un  signo y una garantía de fidelidad al Espíritu de Jesús, a la misión evangelizadora y al proyecto de  salvación de  Dios  Padre.  Una  Iglesia  cerrada  al mundo o indiferente y ajena a él, puede adoptar   fácilmente  comportamientos  sectarios o caer en el espiritualismo o en el clericalismo.

El Concilio Vaticano II no  ve a la Iglesia  como realidad  desgajada del  mundo, sino  inserta  en la  vida  de  la gente y de  los  pueblos, peregrinante en  la historia  humana. No  cabe  entenderla  como comunidad alejada  de  los  problemas y  de  las  inquietudes de  las  personas o insolidaria con  la suerte del  grupo humano en que  vive.   La causa   del   Reino de   Dios,   que nuestras Iglesias   anuncian y  tratan  de  hacer visible,  no  puede ser ajena a las causas  humanas que en  nuestra sociedad propugnan una mayor   justicia   y  fraternidad. Toda  realidad   y actividad  eclesial  posee una referencia temporal y secular  positiva, sanante y santificadora” [14].

El laico  es  el  cristiano que  vive  en  la dimensión  de  la secularidad, pero todos los  miembros  del   pueblo  de   Dios   tienen  referencia secular:  está  llamado a construir el  reino de Dios  en  pleno mundo, respetando las  leyes internas y la consistencia de  las propias realidades terrestres, es  decir, por  los  medios naturales de  la ciencia y de  la técnica. Desde el punto de  vista antropológico, el sujeto  verdadero de  la secularidad, más  allá de  la iglesia  y del mundo, es la persona humana.

 

La especificidad secular del  laico  se  entiende como una relación específicamente cristiana a la  realidad del  mundo y no  el mero ejercicio de la profesión. La gracia presupone la naturaleza,  no la destruye, sino  que la perfecciona y eleva.  La naturaleza es  presupuesto de  la gracia. Hay una preparación desde el interior de la  realidad  humana y  temporal para  con   el evangelio.  Pero  los  cristianos quieren que la vida  de Cristo penetre con  fuerza vital en  las raíces del ser humano y de  su mundo. Hemos de considerar en este sentido que:

 

  • La Iglesia  ha de  ser  sacramento de  salvación para  el mundo: está  en  el mundo, pero no  es del mundo.
  • El laico  representa a la Iglesia  en  el mundo, es “persona cristiana  en  el mundo”. Sin él no puede llegar  la corriente de  la salvación hasta las últimas células de  vida  del  mundo. Su carácter secular significa  la relación específicamente cristiana con  el mundo y la misión para  el mundo resultante del sacerdocio universal.
  • El servicio propio de  los laicos:  no  solamente  posee un  “lugar  en  el  mundo”, sino  “un lugar  cristiano en  el  mundo”. Teología de  la creación y de  la redención. Está en  el mundo desde la nueva visión  de  Cristo. La medida de plenitud de  toda acción humana está  en  Cristo. Mover hacia  Cristo esa  realidad por  actos mediadores.
  • La responsabilidad en  la configuración del mundo en  razón de  la “justa  autonomía” de las  realidades temporales (GS 36) presupone libertad para   la  decisión y  la  actuación responsables. Los criterios de  relación entre los principios y su libre  aplicación se muestran en la  práctica con  bastantes variables. Su proceder   requiere  una   madurez  cristiana  y  una conciencia rectamente  formada (GS  43).  Resulta  superflua la tutela clerical, aunque debe haber una  mutua colaboración de  las diversas vocaciones.

 

Conclusión: El laico  ha de  preguntarse acerca de lo que significa de  manera concreta en  su vida  ordenar el  mundo según el  evangelio. Cómo vivir  en  la  realidad  histórica la  experiencia  escatológica  que   supera  la  historia;

 

cómo formarse para  asumir  responsabilidades en  el  ámbito  secular  (hay  que  preguntarse acerca de los lugares del mundo a los que hay que dar  preferencia); cómo  crear nuevas experiencias y posibilidades de  celebración de la fe, la oración y la liturgia.  También es necesario plantearse sobre cómo se estructuran, se forman  y se  educan los  laicos  en  los  grupos creyentes.  Hay que adecuar los  instrumentos formativos  para   saber vivir  en   el  mundo y buscar acompañantes que quieran dedicarse a los laicos que viven en exigencias de frontera.

 

 

FORMAS PARTICIPATIVAS: MOVIMIENTOS Y ASOCIACIONES LAICALES

Juan  Pablo  II afirmaba que  “es  absolutamente necesario que  cada  fiel  laico  tenga siempre una  viva conciencia de  ser ‘un miembro de  la Iglesia’, a quien se le confiado una  tarea original, insustituible e indeleble, que debe llevar a cabo  para el bien de todos. En esta perspectiva asume su  significado la afirmación del  Concilio sobre la absoluta necesidad del apostolado de cada persona”. (ChL 28).

Al mismo tiempo, Juan  Pablo  II examinaba el nuevo impulso que ha recibido en los últimos tiempos el  fenómeno  asociativo del  laicado, que viene a expresar la naturaleza social  de  la persona y que  es  más  necesario aún   en  un mundo  secularizado. “Ante  todo debe reconocerse la libertad de  asociación de  los  fieles laicos  en  la Iglesia…  Se  trata de  una  libertad reconocida y garantizada por la autoridad eclesiástica y que debe ser ejercida siempre y sólo  en la comunión de la Iglesia”. (ChL 29).

Se dan  diferentes tipos de  movimientos laicales,  que el documento  Cristianos laicos,  Iglesia en  el  mundo (n.  92) ha  descrito de  la siguiente manera:

  • Movimientos de  laicos  (aunque también los otros, como veremos a continuación, incluyen laicos),  que comprenden sólo  laicos  o  laicos  en su  mayoría y cuyo  fin primordial es  la formación de  cristianos laicos  con  una  vivencia cristiana y eclesial profunda, capaces  de insertarse en  las realidades temporales y partícipes en la vida de la Iglesia (aquí  se sitúa  la AC).
  • Movimientos   de    espiritualidad (aunque también los otros fomentan la  espiritualidad de sus  miembros) que reúnen varias  categorías  de  personas y cuyo  fin  especial es  dar  a conocer y difundir una  espiritualidad particular, o fomentar una  vida más santa o promover el culto público.
  • Nuevos movimientos (aunque no  todos los así  llamados son  recientes) formados por  diversas categorías y estados de fieles  en la Iglesia (sacerdotes, laicos,  casados, solteros, religiosos, consagrados…) que  promueven especialmente la vivencia en  la Iglesia  de  un  elemento o  aspecto  particular de   su  misterio, como la  unidad, la  comunión, la  caridad,  el anuncio del  Evangelio, la vida  evangélica, las obras de misericordia…

El mismo Documento, en  sus  números 99 y 100, nos  presenta cuáles  han  de  ser  los  criterios  eclesiales de  discernimiento de  las  asociaciones laicales:

  • Santidad de  vida:  La prioridad de  la llamada  a la santidad de  todos los cristianos. Santidad que  se  verifica   en   las  obras: testimonio  de vida, confesión de  fe, oración, comunión, trabajo por la justicia, solidaridad con  los pobres y  pobreza evangélica. Las asociaciones y movimientos ayudarán a la conversión personal, a  superar el  divorcio entre la fe  y la vida  de sus miembros y a la liberación integral de  cada hombre y todos los  hombres: pues  hoy  la santidad no es posible sin un compromiso por  la justicia,  sin una  solidaridad con  los pobres y oprimidos.
  • Confesión y celebración de la fe: La responsabilidad de  confesar la fe católica  y de  celebrarla:  las  asociaciones deben  anunciar, proponer y educar para vivir la fe en todo  su contenido, según la  interpretación auténtica del Magisterio, y hacer que sus  miembros participen en  la celebración de  la Eucaristía, los  sacramentos y la oración.
  • Comunión  eclesial:  El testimonio  de   una comunión efectiva y afectiva:  con  el Papa  (y la Iglesia  universal); con  el  Obispo (y la Iglesia particular); con  otras comunidades eclesiales (parroquias, asociaciones).
  • Fin apostólico de  la Iglesia:  La conformidad y  la  participación en  el  fin  apostólico de  la Iglesia:  evangelización, santificación y formación.
  • Solidaridad con  los pobres y pobreza evangélica:   Las  asociaciones,  y  toda comunidad evangelizadora, verifican   lo  que son  cuando los pobres son  evangelizados (Lc 4, 18; 7, 22), cuando viven  lo que anuncian: según las bienaventuranzas.
  • Presencia pública: La presencia comprometida   en   la  sociedad civil:  según la  doctrina social   de  la  Iglesia   al  servicio del  reconocimiento efectivo de  la dignidad de  la persona humana y de  la solidaridad entre los hombres y los pueblos.
  • Protagonismo seglar:  La participación de los laicos  en  la triple función de  Cristo -litúrgica, profética y caritativo-social y la cooperación con la jerarquía en  la misión de  todo el pueblo de  Dios,  que tiene su  fundamento en  el bautismo,  la  confirmación  y,  para   muchos además, en  el matrimonio, supone un  verdadero protagonismo. Les  exige  aportar su  experiencia, asumir la responsabilidad en  la dirección de  las asociaciones por  ellos  creadas, discernir las condiciones y métodos de acción y tomar las oportunas decisiones.

 

 

CAMPOS DE ACTUACIÓN

“El campo propio, aunque no  exclusivo, de  la actividad   evangelizadora  de   los  laicos   es  la vida pública:  el dilatado y complejo mundo de la  política, de  la realidad  social,  de  la economía;  así  como  también de   la  cultura,   de   la ciencia y de  las artes, de  la vida internacional, de   los   órganos  de   comunicación  social;   y también  de  otras  realidades particularmente abiertas  a la evangelización: como  el amor,  la familia, la educación de los niños y de los adolescentes, el trabajo  profesional, el sufrimiento”. (EN 70; CVP 7; Cristianos laicos,  Iglesia  en el mundo, 45).

 

En  todos  estos  aspectos de   la  vida   ha   de hacerse presente el  laicado de  nuestras Iglesias.  A los  seglares, cuyo  apostolado es  participación  en   la  misma   misión  salvífica   de   la Iglesia,  compete hacer presente el  Evangelio en todos ellos,  sin dejar de  lado  ninguno. Pero  no   es  menos importante que  sean ellos mismos  quienes  lleven  a  las   comunidades cristianas y  a  la  Iglesia   particular propia  las ilusiones,  gozos, esperanzas  y  preocupaciones de la gente.

 

Este camino de  ida  y vuelta  es  una  de  las características de  la existencia cristiana laical. Se trata,  al fin y al cabo,  de vivir en el mundo con responsabilidad cristiana, enriqueciendo  des de ahí la vida de la Iglesia.

 

La imposibilidad de  que todos los  cristianos puedan hacerse presentes en  todos los ámbitos citados, simultaneándolo además con  su papel activo  en  el  interior de  la  comunidad cristiana, impone  la  necesidad de   un   compromiso preferente. Este será  normalmente el resultado de un discernimiento o, lo que es lo mismo, de  un planteamiento netamente vocacional.  Más allá de  los  gustos y aficiones personales, cada  persona bautizada habrá de preguntarse, en  las  diferentes  circunstancias de su vida, por  la voluntad de  Dios sobre ella. En el momento actual  nuestras Iglesias  deberían prestar también una mayor  atención a las vocaciones de  presencia en  la sociedad y establecer las ayudas necesarias para  su  discernimiento y realización.

 

Pero  en  medio de  este amplio campo de  presencia del  laicado, Cristianos laicos, Iglesia  en el mundo (Cf. n. 46) dice  que debemos distinguir: “entre presencia de  los  laicos,  presencia pública de  los laicos  y presencia pública  de  la Iglesia.

  • Los laicos  cristianos, como ciudadanos de  la sociedad con  derecho a participar  en  la vida social y política, no pueden renunciar al deber de  participar  activamente en  la vida  pública. En  efecto, “los  fieles laicos  de  ningún modo pueden abdicar de la participación en la “política”; es  decir,  de  la multiforme y variada acción  económica, social  legislativa,  administrativa y cultural,  destinada a promover orgánica e  institucionalmente el  bien común”. Así los laicos,  que son  Iglesia  y  son  la Iglesia  en  el mundo, que “pertenecen plenamente al mismo tiempo al Pueblo de  Dios  y a la sociedad civil”,  con   su  presencia  en   la  vida  pública, hacen  presente  a  la  Iglesia   en   el  mundo  y animan   y  transforman  la  sociedad según  el espíritu del  Evangelio. Al mismo tiempo participan  en  la Iglesia  como hombres y mujeres de la sociedad civil.
  • Los laicos  cristianos que  tienen el derecho y deber de  participar  individualmente en  la vida pública, pueden y  deben igualmente participar  de  forma  asociada.  Con  su  presencia pública  hacen oír otra  voz,  de  Iglesia,  en  la sociedad civil.
  • La Iglesia  entera, sacramento de  salvación , Pueblo de  Dios,  es  ya, en  sí misma, un  hecho público; puede y debe estar  activamente presente en  el  seno de  la  sociedad civil;  y  así hacer  oír otra voz, de  la Iglesia,  en  la vida pública”.

 

También  dice   el  mismo documento  de   los obispos en   su  número 47,  que “Hemos de distinguir también las diversas formas  asociadas a través  de  las  cuales pueden  participar legítimamente los católicos en  la vida pública. Asimismo hemos  de   diferenciar  las  diversas actuaciones públicas (de  los  católicos individualmente, de  sus  asociaciones e  instituciones,  de  la Jerarquía): comportamientos, declaraciones,  notas,   documentos,  publicaciones, gestos, acciones, campañas… Este conjunto de distinciones nos  permiten comprender toda  la complejidad y amplitud de  la “vida pública” y de la “presencia pública”

 

Por  otra  parte, según la Christifidelis Laici de Juan  Pablo  II, los  campos fundamentales de actuación del  laicado han  de  ser:  La defensa de  la  dignidad de  la  persona; La familia;  La política; La economía; El empeño por el desarrollo y la tecnología (ChL 42); La cultura y las culturas;  Los medios de  comunicación social (Chl 37-44).

 

Terminamos este punto recordando que los campos de acción señalados como de  competencia especial de  los laicos,  son responsabilidad  de  toda la Iglesia  y de  todos sus  miembros en  conformidad con la condición y vocación  de  cada uno. Los fieles  laicos  están especialmente comprometidos en  ellos,  les  atañe de modo particular, pero no de manera exclusiva.  Los  laicos   son   el  alma  de  la  sociedad. Son,  Iglesia  en  el  mundo.  (Cristianos laicos; Iglesia  en el mundo, 29)

 

José Moreno Losada, Consiliario General de Profe sionales Cristianos: LA AC, IGLESIA EN EL CORAZÓN DEL MUNDO. Ponencia del Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

EXPERIENCIAS

Aportación  de la AC a la Iglesia:  Os decía que ya  desde niño había  oído hablar   bien de  la AC, pero mi conocimiento y mi contacto con ella no  se  produjeron hasta que comencé en el Seminario Mayor,  alrededor de  los 18 años. Fue un  cura  consiliario del  Junior y una  educadora (Paquita, que todavía lo es, educadora claro)  lo primero que conocí de  la AC y realmente fue  tal  el  impacto que produjo en  mi vida, que perdura hasta hoy y espero que hasta siempre.

Desde estas personas  de   referencia y  a  su lado   muchas otras que  ido   conociendo  en estos 33 años  de  vivir de  cerca la AC., estoy convencido y cada  día  doy gracias  a Dios  por ello,  que la AC es lo mejor que le ha ocurrido a  la  Iglesia  en  el  siglo  pasado y también en éste. Y también lo mejor que me  ha  pasado a mi  como sacerdote, para  mi  vida  pastoral y para mi vida personal

Cristianos  por  opción: La AC ha  aportado y está  aportando a la Iglesia,  cristianos por  opción,  es decir, personas que han  optado consciente y decididamente por vivir su vida como seguidores  de   Jesús,   con   todas  sus   consecuencias y hacerlo en el seno de la Iglesia  con todo lo que ello  implica  y todo lo que  la Iglesia ofrece a sus hijos.

 

  • Una  vida vivida con  intensidad y esperanza, afianzada  y  asentada en   el  conocimiento y seguimiento de  Cristo;   para   ello  centran  su vida desde la oración diaria  basada en  la lectura  y estudio de  la Palabra de  Dios y una  participación asidua e  intensa de  los sacramentos,  fundamentalmente de   la  Eucaristía  y  la Penitencia. Siempre me  han  impresionado y lo  siguen haciendo, esos militantes, sean del Movimiento que  sean,  no   importa, que  se organizan cada  día  de  su  vida en  función del momento o la hora  en  que  puedan participar de la Eucaristía, porque  es su vida. La Eucaristía,  fuente y  el  culmen de  la  vida  cristiana, hecha realidad en  la persona y la vida de  muchos militantes.
  • Una vida que  alcanza su pleno sentido en  la participación en  la vida de  su  Iglesia  particular,  unas  veces experimentada y vivida  en  la vida de la parroquia y otras veces, por las distintas  circunstancias, en  los  organismos diocesanos de  participación o incluso de  gobierno de  la diócesis. En la vida  de  la parroquia, estando siempre atentos a todo lo sea  fomentar la participación de  la gente y en  dar  vida a las tareas de la Parroquia y aportando siempre la idea  de  misión, es decir, los militantes de  la AC  tienen clara  conciencia de  que todas las actividades o cosas que se organizan desde la parroquia han   de   estar en   clave   misionera, para  sean siempre anuncio de  la Buena Noticia  de   Jesucristo.  Corresponsabilidad  en   la tarea y misión de la Iglesia, lo llamamos.
  • Esta  participación,  en  algunos  casos, pasa por  participar en el equipo de liturgia para dar más vida a las celebraciones de la Comunidad, y  en otros por  animar a que haya  gente dispuesta a realizar este servicio  fundamental en toda vida parroquial. En algunas ocasiones ha supuesto un  esfuerzo importante de  concienciación de  incluso, algún   sacerdote; y  otras veces, a acompañar muy  de  cerca a otros laicos para   que descubrieran su  carisma  para esta  tarea eclesial.
  • Desarrollo y dinamización   del  Consejo de Pastoral parroquial y participación muy  activa y cualificada en  el Consejo Diocesano de  Pastoral, animando y haciéndose cargo de  la Secretaría del  mismo.  La participación activa  en los  consejos pastorales en  muchas ocasiones conlleva tener que dedicar mucho tiempo y trabajo para  coordinar actividades diocesanas y  a  veces   parroquiales asumiendo  cargos y responsabilidades, que tienen que conjugar con  su  vida  laboral y familiar.  No  es  fácil encontrar personas con  esta  dedicación y capacidad de  trabajo entre los  cristianos de  nuestras parroquias.

 

En otras ocasiones hay militantes, aquí  mi experiencia me  dice  que son  mujeres, que han descubierto que su  aportación a la vida  de  la Iglesia  pasa  por  colaborar o dinamizar la catequesis infantil   parroquial. La catequesis que es una  tarea primordial en  la vida y misión de la Iglesia  realmente necesita de  personas formadas,  capaces de  animar  y de  acompañar a otras personas que puedan realizar esta  tarea de la Iglesia,  no solo  de cara a los sacramentos de la Eucaristía  y la primera Penitencia, sino  ya de  cara  a una  catequesis con  jóvenes y adul tos como es  la preparación de  padres para  el bautismo de sus hijos.

En estos casos  a veces se ven poco valoradas y reconocidas por  otros militantes, incluso, pero  realmente están realizando una  de  las  tareas  más  ingratas y difíciles de  la comunidad parroquial.

Formados  para servir:  Otra aportación, creo yo, muy fundamental a la Iglesia  es la disponibilidad y capacidad de  renuncia de  entrega y de sacrificio, para  ocupar puestos de  responsabilidad y de  dirección en  los propios organismos de  dirección de  los  Movimientos. Es una  inmensa riqueza para  la Iglesia  que haya militantes dispuestos  a  dejar su  trabajo,   su casa, en  ocasiones a su familia,  amigos…. para  ir a Madrid o dejar incluso su país para  servir  a la Iglesia  en  la AC. Siempre me  ha admirado y me  ha  cuestionado profundamente la disponibilidad de  tantos militantes de  AC que son capaces  de  dejarlo todo por  servir  a los  hermanos en una tarea a veces dura e ingrata. Muchas veces  tengo presente en  mi vida y en mi  oración  a esta  personas que son  capaces de dejar su país, a veces lejano de América del Sur o de  África, para  sumergirse en  una  cultura  europea de  la cual  tiene que aprender el idioma, las  costumbres, y sobre todo dejar a sus seres más  queridos a veces, hijos  pequeños,  padres, sólo  por  hacer un servicio a la AC y la Iglesia,  fundamentalmente.

 

En mis  primeros años de  consiliario, me  impresionaba y me  llamaba  también la atención la  formación cristiana y experiencia de  fe  de aquellos militantes con  los  que me  encontraba. Poco  a  poco fui  descubriendo la  importancia de  la formación en  la AC Es uno de  los pilares  básicos que  configuran al  militante con Cristo. La formación en  el Equipo de  militantes, semana a semana, realmente hace militantes capaces  de  dar  razón de  su  fe  y testimoniar su esperanza. La formación, junto con  el  acompañamiento personal  del  consiliario, ha  configurado  a  cientos de   militantes que son auténtica levadura en la masa  y pequeña y a  veces grande luz  para  los  que están a  su lado.

 

(Julio Marín Gil, párroco en la Unidad Parroquial de Calamocha (Teruel) Experiencia presentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07)

 

Toca  dar  respuesta a  otra  gran  pregunta,  mi aportación como AC a la Iglesia.

Una de  las mayores riquezas que he  vivido  en la AC ha sido la de  compartir vida con  un  grupo creyente. He  puesto mi vida  en  manos de los demás y he  acogido la suya  como un  tesoro en vasijas de barro.

A través de herramientas como el proyecto de vida, lecturas creyentes, campañas, revisiones de vida… hemos ido buscando juntos una  vida unificada, la coherencia entre lo que creemos y lo que vivimos.  Algunos elementos  como la interpelación de  otros miembros o  la formación  han  sido  claves  para  el crecimiento personal y grupal.

Un grupo integrado a su vez en un movimiento como la JEC, que ha supuesto una  comunidad donde compartir y celebrar esa  fe tanto a nivel diocesano como estatal. Desde la propia organización  del   Movimiento  he   ido   asumiendo  tareas  eclesiales  en   los   diferentes equipos diocesanos, como la responsabilidad de  economía o  el  acompañamiento  a  otros grupos. He  vivido  intensamente la vida  en  el movimiento aprovechando cada  encuentro, eucaristía o retiro que se organizaba, enriqueciéndome  como  persona  y  como  creyente junto  a  otros con  los  que  compartía y  sigo compartiendo camino.

También en el movimiento me he sentido acompañada por  animadores que  me han ayudado  a ir dando pasos. Me han mostrado a un Dios Padre  que  nos  abraza. Me han  lanzado a tomar mi vida en mis manos, cuestionándome cuando flojeaba, pero  siempre desde el respeto y el cariño. Desde esa experiencia ¿cómo no asumir  la  responsabilidad de  seguir transmitiendo  a otros una  fe que  da plenitud a mi vida?  Llevo  seis  años  animando grupos  de  secundaria dentro del movimiento. De nuevo  se repite  la  sensación de  que  recibo más  de  lo que  doy, aunque a veces  resulte difícil o cansado.  Siendo animadora me siento instrumento de Dios  y transmito la experiencia de fe no desde un discurso, sino  desde mi propia vida. Al igual  que  Jesús  hizo  con  los apóstoles, camino  junto  a personas, pendiente de sus nece sidades, acelerones o tropiezos. Acojo  su vida en mis manos como  un regalo  que  comparten conmigo.  Asumo  la animación como  un com promiso serio que  va más allá de una  reunión semanal y algún  que  otro  encuentro. Soy animadora de jóvenes  en  un movimiento concreto, pero  sobre todo, acompaño a personas para  que se sientan parte  de una Iglesia universal.

Luisa, militante de JEC en Zaragoza Experiencia pre sentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

La fidelidad a  la  Iglesia  es  lo  que a  muchos Seglares de  mi  entorno, y  a  mí  mismo, me hizo  descubrir la AC.

La invitación y el testimonio de  personas concretas, por   supuesto de  AC, fueron en  este caso los  dos  resortes que inclinaron mi  opción,  de no ser por  esas  personas hoy no estaría aquí.

En mi recorrido en la AC quisiera destacar tres cosas que para   mí  han   sido   y  están siendo esenciales:

 

  • Que aun  cuando la llamada  a la fe es personal,  es  necesaria la implicación en  el apostolado   asociado, para   pasar de  un  laico,  a  un laicado. El apostolado asociado sin el personal es imposible, o mejor dicho no es apostolado, y  el  apostolado  personal sin  el  asociado es incompleto.  Lo  asociativo  y  organizativo es necesario no para  conseguir una  mayor eficacia, que también, sino  como consecuencia de que la Iglesia  es  comunión y la comunión es para  la misión. Una  Diócesis que viva intensamente su  misión evangelizadora, no  puede prescindir  del   apostolado  asociado  de   los laicos,  no  puede prescindir de  este signo de comunión evangelizadora que es el Laicado.
  • La formación está   siendo un   pilar   fundamental en  mi  proceso de  fe.  Formación que parte de la vida, que reflexiono sobre la vida y termino en  la  vida  guiada por  la  palabra de Dios y la fe de la Iglesia.
  • Mi amor a la Iglesia  y el ejercicio del  apostolado  tanto en la Iglesia  como en el Mundo. No podemos hacer el apostolado al margen de  la Iglesia,  ni desarrollar las actividades que desarrollamos dentro de  la Parroquia como única tarea. En ese  equilibrio y complementariedad está nuestra misión.

 

A través de  militantes de  ACGA con  nombres y apellidos se está  contribuyendo a la edificación de  la Parroquia: fomentando Grupos de Formación; impulsando la creación de  grupos de  oración; cuidando  y  llevando grupos de catequesis; animando a la participación en  los diversos  órganos  de   la  Parroquia, especialmente en  el Consejo de  Pastoral; urgiendo a la  Comunidad Eclesial  a abrir  la parroquia  al barrio y a sus vecinos.

Juan de Dios Martín Ramírez, militante de ACGA en Ciudad Real Experiencia presentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

FICHA DE TRABAJO Nº 3

  • ¿Qué destacarías de  todo lo expuesto en  el texto de  J. M. Losada?  ¿Qué elementos te  parecen prioritarios?
  • “Los campos de  acción señalados como de competencia  especial de  los  laicos,  son  responsabilidad de  toda  la Iglesia  y de  todos sus miembros en  conformidad con  la condición y vocación de cada uno”.  ¿Qué aporta la Acción Católica a la Iglesia  para  hacer surgir un  laicado con  las características señaladas?
  • ¿Qué te  ha  llamado más  la atención en  las experiencias? ¿Qué  ha   aportado  la  Acción Católica a estas personas?

 

JUZGAR:APORTACIÓN DE LA NUEVA ACCIÓN CATÓLICA A LA SOCIEDAD

 

LA ACCIÓN CATÓLICA AL SERVICIO  DE LA IGLESIA  EN EL MUNDO

Nos  adentramos en  la  cuestión que pretendemos  iluminar de  alguna manera  con   esta ponencia; queremos clarificar qué papel juega la AC en  esta  etapa histórica que estamos viviendo y en la Iglesia  que quiere ser respuesta a ese  hoy de la humanidad.

La primera afirmación que  considero  necesaria para  nuestra reflexión es  la que  nos  habla de que en la AC no nos  encontramos con  algo específico y singular de  lo que es la Iglesia  en general, sino que es un modo de configurarse y ser  desde el laicado en  medio del  mundo y de   ejercer  su   secularidad como  elemento transversal y  autentificador. No  se  trata   por tanto de  un  carisma específico que  tenga un origen de  fundación propio, sino  más  bien la articulación de  los  laicos  en  orden a vivir su realidad en  el seno de  la Iglesia  y en  la relación  de ésta con  el mundo.

Por eso  la aportación fundamental no va a ser otra   que la  de   presentarse como  un   modo concreto y válido  de  ser  y vivir lo propio del laico cristiano, organizado en  la comunión de la Iglesia  en orden a la realización de la misión que es la evangelización del mundo.

Aunque la  AC es  anterior, sin  embargo, podemos decir que es  en  el Concilio donde se levanta acta  de  la AC al valorar  una  rica  realidad   de   laicos   organizados que  en   estrecha colaboración con  los pastores hacen presente a Jesucristo en  medio del  mundo. El Concilio considera que se  trata  de  una  singular forma de   apostolado  seglar  que  durante  mucho tiempo y en  diversos países ha dado excelentes  frutos para  el Reino  de  Dios  y por  ello  la recomienda  como  forma   asociativa  idónea para  promover la  participación de  los  laicos  en la vida y misión de la Iglesia.

 

Hoy  definimos a la AC como la colaboración fraterna, estable y organizada entre el  Ministerio Pastoral y el laicado,  cada  uno según su específica función, en  orden a la  realización del fin global de  la Iglesia,  esto es la evangelización con   todas sus  implicaciones. En  esta dirección  apunta  el   documento   Cristianos Laicos,  Iglesia   en   el  mundo,  cuando afirma que “la Acción Católica,   de  acuerdo con   la doctrina de  las cuatro notas, no  es una  asociación  más,  sino  que en  sus  diversas realizaciones  (…) tiene  la vocación de  manifestar la forma habitual  apostólica de  ‘los laicos  de  la diócesis’,  como organización que  articula  a  los laicos  de  forma  estable y asociada  en  el dinamismo de   la  pastoral   diocesana. Con   razón Pablo VI inicialmente y últimamente y con frecuencia Juan Pablo  II ha calificado  a la AC como ‘una  singular   forma  de  ministerialidad eclesial’”. (CLIM, 95)

 

LA ACCIÓN CATÓLICA  EN LA NUEVA RELACIÓN IGLESIA-MUNDO

Desde la experiencia vivida  en  los  movimientos de  la AC observamos que realizan de  un modo concreto y creativo el ser  de  la Iglesia  en el mundo del que hablaba el Concilio Vaticano  II en  la Constitución Gaudium et  Spes. La clave  de  relación que  potencia la  AC  es fundamentalmente cristológica porque con  su estructura de  revisión de  vida,  anclada en  el ver, el juzgar  y el actuar, vive y desarrolla las perspectivas de  la encarnación, del  juicio compasivo en  el contraste de  la cruz, y en  la novedad transformadora de la resurrección.

Llama  la  atención cómo  la  propia estructura de  la  constitución  conciliar aludida [15], está referida a estos tres  momentos que tanto valora  la AC Se trata  de  una pedagogía con  fundamentación teológica que ayuda a estar en el mundo desde el  corazón del  Padre.  Los que caminamos  con   militantes  cristianos  de   los movimientos somos conscientes de  que día a día se va viviendo una  relación con  el mundo concreto y real,  que no  se sitúa  en  el anatema constante sino  en  el diálogo, que busca y escruta los signos de  los tiempos, que hace teología con  los ojos  abiertos -lectura creyentey que va respondiendo  a lo que cada  momento y etapa va presentando en la vida.

Desarrollando este modo de  ser  y estar en  el mundo se propicia una identidad de  la Iglesia más  novedosa y auténtica para  los hombres de hoy, pues desde esta  militancia cristiana se presenta una  Iglesia:

  • Que ama de  un  modo concreto y cercano al mundo y a las realidades humanas que lo conforman.
  • Que sabe leer  creyentemente y descubrir a Dios en la historia y en las personas.
  • Que apuesta por  lo que  el mundo necesita, por  los problemas que  sufren los seres humanos,  especialmente los  más  pobres, a  la  vez que sabe gozar  y compartir todas sus alegrías  y esperanzas en las claves  del Reino.
  • Que no  pretende el  poder y la notoriedad sino  ser  fermento de  la fraternidad en  medio de la sociedad universal.

 

Aparece de  este modo una  Iglesia  dialogante que no  se  muestra poderosa ni perfecta sino compañera de  camino; que no  quiere privilegios  y que reconoce la  libertad, la  independencia y la autonomía del mundo y su política, a la vez que anima  a los creyentes a ser  verdaderos ciudadanos (seculares) partícipes y comprometidos en  la construcción del  mundo desde su propia identidad cristiana.

Como consecuencia de  este modo de  hacer y vivir se  va rompiendo el muro de  separación entre la Iglesia  y la sociedad y se  inician  modos nuevos de  colaboración que son  los  propios de  la encarnación que apunta a realidades  nuevas, como signos de  la  resurrección esperada. En una  sociedad laica y secular en la que se  desarrolla rápidamente la indiferencia religiosa, no  podemos permanecer en  actitudes   conservadoras, defensivas o  condenatorias,   necesitamos  pasar  activamente  a  este modo de  relación que nos  inserta como fermento y levadura en  medio de  la  masa,   en verdadero contacto y colaboración con  los miembros de  la sociedad de  la que formamos parte. En este  sentido creo  que la AC tiene un papel muy importante en la Iglesia  actual.

El mundo, por su parte, necesita también una Iglesia  que esté atenta a los  grandes problemas  que le aquejan y que genere en  su interior un laicado comprometido que se implique en la construcción de  la sociedad con  un  carácter  verdaderamente  universal. El dolor de los  últimos  está   reclamando continuamente una presencia compasiva y transformadora.

 

LA OPCIÓN POR UN LAICADO ADULTO  Y MILITANTE

En el concilio Vaticano II se  dignificó la vocación  del  seglar “siendo la primera  vez  en  la historia  que un  concilio consagra  un capítulo particular  a los  seglares”  [16]; ahí  los laicos  pasaron de  ser  considerados destinatarios de  la acción pastoral de  la Iglesia a ser  sujetos activos   de    la   evangelización, considerándose miembros de  pleno derecho del  Pueblo de Dios.  En este sentido la AC ha  propiciado, y tiene como fin fundamental, la formación de laicado adulto y militante.

 

La AC tiene como objetivo prioritario los procesos de  la personas en  orden a su  construcción  y  a  su   formación tanto  en   el   orden humano como en  el cristiano. En tales  procesos se  cuidan fundamentalmente los  siguientes aspectos:

 

  • La conexión fe-vida:  podríamos de decir que es la esencia y la clave fundamental en el planteamiento que los  movimientos hacen en  orden a  la  formación y a  los  procesos de  los militantes cristianos. Se trata  de  todo  un  reto en  orden a pasar de  un  cristianismo de  cristiandad a un  ser  cristianos conscientes, críticos  y  comprometidos en   la  realidad  actual. Para ello  es fundamental por  una  parte lo que se refiere al encuentro con  la Palabra  de  Dios y  por  otra  al  análisis y profundización en  la vida y sus  acontecimientos, tanto a nivel  per sonal, como comunitario y social.
  • Desarrollo de la secularidad: como personas insertadas en  el  medio es  necesario que se desarrolle el carácter ciudadano y social  de  la persona: familia,  trabajo, política, economía, cultura… Todos   estos aspectos requieren de una  formación y profundización en  orden a ser  auténticos y vivir con  conocimiento de  la realidad.
  • La dimensión comunitaria y eclesial:  es otro elemento básico para  la construcción del  creyente, se trata  de  adentrarse en  la vivencia  de lo comunitario como espacio propio para  experimentar la filiación divina  en  la fraternidad apostólica,  y  para   tomar conciencia del   ser iglesia,  y de la identidad que esto supone para  la persona.
  • Participación y acción: la pedagogía de  la fe, que implica la  conexión fe-vida,  va  acompañada de  la pedagogía de  la acción. Se trata  de que en la propia secularidad y mundanidad de la  persona  reconozcamos la  revelación  del Dios  de  la Historia, encarnado, crucificado y resucitado, a  la  vez  que  lo  experimentemos entrando en dicho  proceso  pascual. En  los movimientos este aspecto  se cuida  con  exquisitez, tanto desde la revisión de  vida constante,  como estilo   y  fundamento, así  como en toda lectura creyente que cada  día se  va ejer ciendo como clave  de  comprensión de  la historia  y de la vida propia. Para ello  se educa en la acción a través  de las campañas, las encuestas,  las acciones comunes, la participación en las mediaciones…

 

Es necesario destacar cómo los  movimientos tienen estructurados sus  procesos de  formación   laical  con   su  riqueza y  su  singularidad propia, y que  en  todos ellos  se  busca la formación integral de  los militantes. También subrayamos el trabajo realizado en  el proyecto de formación laical que ha ido coordinando el Consejo de la AC en España.

José Moreno Losada, Consiliario General de Profe sionales Cristianos: LA AC, IGLESIA EN EL CORAZÓN DEL MUNDO. Ponencia del Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

 

EXPERIENCIAS

 

 

Aportación  de  la AC a la Sociedad: Desde mi experiencia puedo  afirmar con  rotundidad y seguridad que  los  militantes de  la AC tienen bien puestos sus  pies  en  el suelo, que no  viven  una  espiritualidad desencarnada ni realizan una  pura  formación teórica de  acumulación  de  conocimientos. Me atrevo a decir que hay exquisitos militantes que cumplen a rajatabla  el  famoso refrán de  “A Dios  rogando y

con   el  mazo dando”.   El compromiso  en   la sociedad va inseparablemente unido al compromiso eclesial, al no  poder desligar uno del otro. Los militantes de  la AC tiene bien claro que su  compromiso en  el mundo y en  la sociedad no  parte de  un  voluntarismo o  de  un simple humanitarismo más  o menos solidario con el resto de las personas, sino que parte de su vivencia profunda de  la fe en  el encuentro con el Señor, y de  sentirse miembros corresponsables de  la Iglesia,  en  la tarea de  ser  fermento y  sal  para   nuestra sociedad, y  así  ir construyendo con  el resto de  los creyentes el Reino  de Dios.

La acción por  la acción se  convierte en  puro activismo que puede acabar siendo pura ideología.  Por  eso  mismo en  los  equipos de  vida se preparan y se  comparten las acciones que nuestra fe  nos  pide realizar. De  esta  manera dejan de  ser  acciones individuales y solitarias, para  convertirse en  una  auténtica acción comunitaria y por  tanto de Iglesia.

Habitualmente lo mas  cercano es  lo que más nos  cuestiona en la vida, por  eso  muchos militantes de la AC se sienten interpelados por  las situaciones que se viven  en  su Barrio  y se implican en  la solución  de  los  problemas, unas veces integrándose en  Asociaciones de  vecinos ya existentes, y en otros casos haciendo lo posible para  que surjan.

Otra forma de  vivir su  compromiso cristiano en este mundo es  comprometiéndose en  acciones ciudadanas que de una  forma o de otra intentan  preservar el  medio ambiente o  luchando efectivamente para  mejorar las condiciones de  vida de  determinados colectivos de personas, colaborando activamente en  ONGs para  el  desarrollo. Esto  suelen hacerlo a dos niveles, siempre respondiendo a mi experiencia,  colaborando económicamente con  aportaciones fijas, y ejerciendo el voluntariado en su tiempo disponible.

La militancia en  sindicatos u  otros   tipos de organizaciones sociales, es  otra  de  las formas de vivir el compromiso cristiano por  la justicia  y por  la igualdad de las personas. La militancia sindical en  algunos casos  supone un  esfuerzo muy  considerable,  porque hay  que sumarlo a todas las  demás cosas que  van  sacando adelante. En algunos casos es  la familia  y las responsabilidades laborales las que llenan la mayoría  del  tiempo y  hay  que tener una   gran capacidad de  organizarse para  llegar  a todos los  compromisos y hacerlo con  calidad. Estos esfuerzos saben hacerlos algunos militantes de la AC

 

El compromiso político es otro de  los campos en  que mueven los  miembros de  la AC, fundamentalmente como militantes de base, aunque también conozco algún caso  en  el que se han asumido puestos de  responsabilidad y se ha formado parte de  las listas  electorales. Este campo de la política, también he comprobado que es uno de los más difíciles y arriesgados y en ocasiones hasta difícil de  comprender por otros miembros de   la  AC  Puede deberse  a que el  compromiso político cuando se  toma en  serio exige   mucha dedicación y también tomar  decisiones que, tal  como  funciona la disciplina de  los  partidos, se  hacen incompatibles con   nuestra  forma cristiana de  ver  el mundo y el proyecto que  Dios  tiene para  los seres humanos.

 

Lo que nunca falta a un  buen militante cristiano es  una  buena lectura creyente de  la realidad.   La  acción va  siempre encaminada a  la construcción del  Reino  de  Dios  y la realidad hay que mirarla con  los ojos  con  que  los mira el Padre Dios.

El militante que se mantiene firme  en un compromiso político o sindical  de  una  forma permanente y  estable, necesita de  un  acompañamiento cercano de  su equipo de  militantes, para  que le ayuden a superar el desgaste y el cansancio que a veces  estas tareas acarrean.

Bien, amigos esta  ha sido  mi reflexión a la luz de mi experiencia. Solo me queda deciros que para  mi es una gozada, en  todos los sentidos, espiritual, humano, personal, el desarrollar mi ser cura  formando parte de un equipo de militantes de  la  AC, en  este momento y por  las circunstancias de  mi  diócesis, de  un  equipo de ACG, por  todo lo que  aporta a mi vida de fe ,  porque ya no  la vivo en  soledad sino  en comunión, y por  la  satisfacción personal de sentirte persona que camina en  este  mundo codo con  codo con  otras que desde su  confianza  en  el Padre Dios  y de  su  cercanía a Jesús son  capaces  de  aportar a su  entorno una  luz de esperanza.

(Julio Marín Gil, párroco en la Unidad Parroquial de Calamocha (Teruel) Experiencia presentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07)

Ser   representante  de   alumnos  se   convirtió para  mí en  una  manera de  servir  a los demás, manteniendo abiertos los  ojos,  los  oídos y el corazón.  Me  sentía enviada por  aquellos que hacían el esfuerzo de  votar  y darnos su  confianza, e intentaba ser voz de mis compañeros trabajando junto a otros representantes.  Esto último suponía un  esfuerzo continuo de  comunión con  personas que, aunque buscaban muchas veces  lo mismo,  no  siempre compartían maneras conmigo. Buscaba el diálogo y el consenso, pero sin olvidar  la denuncia. Poco a poco fui teniendo una  presencia no  silenciosa,  participativa, convocando a otros  a hacer más  cosas que  coger apuntes  (a  participar, opinar, pedir, dar…).

 

Durante  varios    cursos   dedicamos   mucho tiempo a la renovación del  plan  de  estudios de  la  Licenciatura. Coincidió  con  unos años en  los  que desde las  campañas  de  la JEC se planteaba lo que llamábamos “estudio solidario”. Nos  cuestionábamos nuestra manera de estudiar, el  individualismo, los  criterios que nos movían a la hora de  escoger asignaturas, la pasividad en  las aulas,  la ética  como  futuros profesionales… Suponía todo un  reto identificar realidades sociales a las que podíamos dar respuesta desde nuestro estudio y desde una mirada creyente. Para  mi  fue  una   llamada a vivir nuestro saber como talentos recibidos y a pensar cómo desde las matemáticas y la estadística se  podía servir  a la sociedad, siendo consciente de  que desde la propia tarea del estudio ya me  estaba configurando como persona y creyente.

 

Luisa, militante de JEC en Zaragoza Experiencia pre sentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

Otra persona, en  su  juventud (ahora tiene 62 años), fue  de  AC, y en  los  años 80 retomó el Proceso de  Iniciación de  ACGA, y desde ahí realizó un  Curso de  Animadora Socio  Cultural, trabajando en  los  Centros de  Cultura Popular, colaborando al  mismo tiempo (en  los años 90) con  un programa de Promoción de la Mujer de  Cáritas y desde ahí,  años después, sirvió  a  la  Iglesia  Diocesana como Directora de Cáritas Diocesana.

A otra  persona, desde su  militancia en  AC se le  pidió por  parte del  Obispo que se  hiciera cargo de  una  acción a favor  de  la promoción de la mujer rural,  pasando a formar una  Asociación Apostólica laical, diocesana rural,  que continúa trabajando en  una  comarca  de  Ciudad  Real,   atendiendo  personalmente doce aldeas.

La aceptación de estos compromisos a los que han  sido  llamadas estas personas, y otras muchas,  por  la Iglesia  Diocesana, ha  impulsado sin duda su condición de militantes cristianos, formados en  la AC en  su espíritu y metodología, y sobre todo en su sentir  con  la Iglesia.

Juan de Dios Martín Ramírez, militante de ACGA en Ciudad Real Experiencia presentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

FICHA DE TRABAJO Nº 4

  • ¿Qué dificultades encuentran  los laicos para vivir  su   presencia  en   el  mundo?  ¿Qué  les puede aportar la Acción  Católica para  superar esas  dificultades?
  • ¿Qué destacarías de  las experiencias? ¿Qué ha recibido la sociedad de  esos militantes de Acción  Católica?

 

 

 

ACTUAR: UN PROTAGONISMO LAICAL REAL Y ORGANIZADO

El protagonismo  del   laicado  es   la  segunda nota que el Concilio Vaticano II en  la Apostolicam  Actuositatem aplica  a  los  movimientos de la AC: “Los seglares cooperando, según el modo que le es  propio con  la Jerarquía, aportan su experiencia y asumen  sus  responsabilidad en  la dirección de  estas  organizaciones, en el examen diligente de  las condiciones en que ha  de  ejercerse la acción pastoral  de  la Iglesia,  y  en   la  elaboración y  desarrollo del método de acción”. (AA 20, b)

En la AC es  esencial la vivencia de  esta  nota; de no serlo se traicionaría en aquello que es y lo  que la  Iglesia  pide de  ella.  Son  los  movimientos los  que promueven el protagonismo laical real,  fieles  al planteamiento  conciliar de lo propio y singular del laicado en  su  secularidad  e inserción en  el mundo desde las claves evangélicas. Se trata  de  la aportación más importante. Los procesos de formación lanzan a los  militantes a desarrollar la dimensión activa y participativa de sus personas y a la asunción de responsabilidades en  todos los  órdenes  que le son  propios.

Una   de   las  señales de   dicho protagonismo esta   en  la  propia organización de  los  movimientos; respondiendo a la tercera nota conciliar  donde se  explicita que “los seglares trabajan  juntos a la manera de  un  cuerpo orgánico,  de  forma  que se  manifieste mejor la comunidad de  la Iglesia  y resulte más  eficaz el apostolado”. Se trata  de  un  laicado bien organizado desde ellos  mismos. Ellos son  los  portadores, organizadores, cuidan sus  procesos y sus pasos, y van decidiendo en  todo lo que es propio del  laicado. No  se  trata  por  tanto de singularidades,   ni   voluntades  individuales, sino  de  una  vivencia de  lo  comunitario eclesial en  orden a realizar la verdadera misión de la  Iglesia   en   su  entrega al  mundo y  en   el anuncio del  Evangelio de  Jesucristo. Se ha  de agradecer a los  movimientos el desarrollo de la  secularidad de  la Iglesia  vivida  y realizada activamente, cooperando a un  rostro de  Iglesia  desclericalizada, de  verdadero pueblo de

 

 

Dios,  así como el paso de  los  laicos  al “laicado”.

 

 

EN COMUNIÓN  CON EL MINISTERIO PASTORAL Y CON SU SER DIOCESANO [17]

 

La cuarta   nota  conciliar de  los  movimientos presenta  la  cooperación  con   el   Ministerio Pastoral: “Los seglares, ya se  ofrezcan espontáneamente, ya sean  invitados a la acción  y a la  directa  cooperación con  el  apostolado jerárquico,  obran bajo la dirección superior  de la propia  jerarquía,  la cual  puede  sancionar esta cooperación incluso con  un  mandato explícito”. (AA 20, d).

 

Aunque casi todos conocen  y han  oído hablar de  la  AC,  no  es  tan  conocida  la  naturaleza específica de  la  misma con  respecto a  otras asociaciones laicales. No se  trata de una más, sino  de  la forma habitual de  los  laicos  en  las diócesis; es  más,  ofrece una  riqueza para  dinamizar la vida  y la misión evangelizadora de las parroquias, tanto desde la formación laical que  desarrolla, como por  las  herramientas y pedagogía que sostiene para  el encuentro con Dios en la experiencia cotidiana del mundo.

 

El documento  de   la  CEE Cristianos  Laicos, Iglesia  en  el  mundo dice  explícitamente: “La Acción Católica, de acuerdo con  la doctrina  de las  cuatro  notas, que ya citamos en  el primer capítulo, no es  una asociación más,  sino  que en sus  diversas realizaciones tiene la vocación de  manifestar la forma  habitual apostólica de los  “laicos  de  la diócesis”, como  organismo que  articula  a  los  laicos  de  forma   estable  y asociada en  el  dinamismo de  la pastoral  diocesana”  (nº  95). En este sentido vemos  cómo en España  se  ha reconstruido tras  la crisis  pasada  (1962-72)  lo  que se  refiere a  los  movimientos; los obispos han  impulsado este proceso de  renovación. Primero con  las  “Orientaciones sobre el  Apostolado Seglar” que en 1972 renuevan su  confianza la AC tras  las cri-sis, así como las conversaciones entre obispos de  la CEAS y movimientos en  el  período del 1986-90,  que   suponen una   relectura  de   las cuatro notas conciliares recogida en  el documento “Mirando  al futuro” (1990) presentado en  la  L   Asamblea  plenaria.  Dicho   proceso concluye con  la aprobación de  las Bases  Generales y los nuevos Estatutos de  la  Federación  de  Movimientos de  AC (1993) en  elaboración  desde 1978  y  particularmente  con   la aprobación del  proyecto del  Movimiento de Jóvenes de AC (1996).

 

El documento Cristianos Laicos,  Iglesia  en  el Mundo (1991) supuso un apoyo definitivo del episcopado  a  la  AC, general y especializada; en   él  se   proponía  como   objetivo  directo “promover e impulsar  la acción católica,  en  su doble vertiente: general y especializada”; para ello   hablaban   de   la  actualización  y  reconstrucción de  la ACE: una con  dos  modalidades; la  colaboración con  el  ministerio pastoral en cada Iglesia  particular y en España  con  la Conferencia a través  de  la comisión del  Apostolado Seglar;  la promoción de  la AC General y el impulsar los movimientos especializados y la renovación de  los estatutos de  los movimientos.

 

Desde entonces se  ha  dado un  proceso de reorganización importante, a la vez  que complejo y costoso. Es cierto que donde los  movimientos se  han   cuidado  y  fortalecido nos encontramos con  un  laicado adulto, militante y organizado, con  sentido de  lo propio de  su ser en  la Iglesia  y en  el mundo; aunque también es verdad que está  siendo difícil situarse en todas la diócesis y que  éstas entiendan de verdad que la AC es  la forma habitual de  organización del laicado,  para  lograr  realizar una verdadera presencia pública   en   el  contexto cultural y sociopolítico en  el que vivimos,  así como el situarse creyentemente en la realidad que ahora nos  toca  vivir con  todos los  cambios  que están aconteciendo.

 

Me gustaría destacar un  punto que ya ha sido tratado en  varias  ocasiones en  este foro,   se trata  de  la complementariedad entre la AC y las parroquias. Estoy  convencido de  que los movimientos enriquecen a las parroquias y les ayudan a ser verdaderamente evangelizadoras y  misioneras llegando al corazón  de  los  ambientes. Los  militantes necesitan del  ámbito parroquial donde  se   encuentran  con   otros cristianos y celebran juntos los  procesos de salvación que Dios va realizando en sus vidas.

 

Una  parroquia que tiene bien integrados los movimientos  de   AC,  es   una   parroquia con dinamismo  misionero  y  con   inquietud permanente, gozosa de  un  laicado participativo tanto en  su interior como en  el espacio social que le es propio.

 

De  singular importancia es  la relación de  los sacerdotes con  estos procesos y organización laical;  la figura  del  consiliario como  realidad del ministerio pastoral que  tocan diariamente los militantes tiene un  singular importancia y el  enriquecimiento mutuo es  enorme, según atestiguan tanto los sacerdotes implicados en los movimientos como las experiencias de  los militantes en  dicha relación de  comunión en la construcción del  Reino.  Podemos decir que los   sacerdotes  encuentran  en   estos  movimientos espacios apropiados para  vivir su sacerdocio  ministerial como servicio al sacerdocio común  de  los  fieles,  a la vez  que desarrollan la dimensión secular de su sacerdocio ministerial.

 

 

EL DESARROLLO DE UNA ESPIRITUALIDAD LAICAL [18]

Hablar de espiritualidad laical y de la AC no es algo diferente, pues ha sido  ella la gran  impulsora  de  la misma, ha sido su vida y su proceso quienes han  iluminado especialmente  el  camino de  descubrimiento de  la espiritualidad propia laical. No se  trata  por  tanto de  una  espiritualidad especial y propia sino  de la espiritualidad del bautizado laico.

Así lo afirma  un  documento programático de la  AC:  “La espiritualidad que  la  fe  cristiana genera implica  toda  la vida humana, ya que la polariza  vitalmente en  torno a Jesucristo y la transforma en  una  vida nueva por  nuestra  comunión con  El en  el  Espíritu…  Este  carácter radical y totalizante de  la fe y de  la espiritualidad  hace  de  ellas  el  núcleo de  la identidad cristiana.  Su  vivencia abarca, por  tanto, todos los  ámbitos y  aspectos de   la  vida  personal, familiar,  profesional, eclesial  y política.  Así es como la vida  entera del  cristiano se  convierte en una  vida a la escucha de  la Palabra, vida de ofrenda a Dios,  vida de  adoración y acción  de gracias,  vida  de  mediación entre el  mundo y Dios,  vida  de  oración, vida  como miembros conscientes de  la Iglesia,  vida  de  seguidores de Jesucristo, vida de testigo del Reino en este mundo” [19].

 

Este  planteamiento general de  espiritualidad bautismal y laical  en  la  AC cobra su  propio color y sabor.  En los movimientos nos encontramos con  personas apasionadas por  la evangelización que buscan, en  comunión con otros, ser   testigos de   la  fe  en   Cristo y  del compromiso  en  el mundo a favor  de  los  hermanos, especialmente  los  más   pobres; esto sólo  es  posible desde una  personalidad profundamente creyente enraizada en  la Palabra de Dios,  los sacramentos, la oración, la comunidad cristiana.

 

Del  mismo modo la vivencia espiritual ha  de tener calado como para  llevar  a la persona a sumergirse en  lo áridos territorios de  los  ambientes  socio-culturales, donde  han   de   ser testigos del  Evangelio. Pertenece  a  la  espiritualidad de  AC la contribución a la comunión eclesial en  los  distintos ámbitos, tanto  diocesano como supradiocesano, y además en  verdadera comunión con  el  ministerio pastoral. Como vemos se  trata  de  evangelizar, vivir la comunión eclesial  y  realizar   la  colaboración con el ministerio pastoral.

 

Esta espiritualidad se entiende y se vive en los movimientos como proceso que ha  de  reunir tres   momentos  decisivos: descubrir  y  optar por Jesucristo; educarnos  en  el  “creo  en  la Iglesia”  como  comunidad en  la que  nos  encontramos con  Cristo Resucitado; y un  tercer momento  de   incorporación al  proyecto del Reino  de Dios que Jesús  anuncia.

Para  dicho proceso se  cuenta con  unos instrumentos, que se  encuadran dentro de  una opción pedagógica  que llamamos pedagogía de la acción, que se  ha  convertido en  un  elemento de identidad; dicha pedagogía conlleva un estilo de  llegar  y situarse ante la realidad y un estilo de  educar en  la fe: se  parte de  la vida, con  mirada evangélica, sin  disociar vida  y fe,  mirando a  las  personas en  todas sus  dimensiones y tratando de  descubrir en  la realidad  la presencia y acción del Espíritu,  la luz de la Pascua y el Evangelio, y llegando a la verdadera  celebración de  la fe  con  la vida  y la acción militante.

Todo  este proceso ha de  hacerse considerando que la educación y evangelización de  las personas tiene su  ritmo, a veces lento,  en  el que es básico el respeto tanto a la acción de la gracia  como al ritmo de  cada  uno. En el desarrollo histórico de  la vivencia  de  los procesos, los  movimientos se  han   ido  equipando con  toda  una  serie  de  instrumentos que  están al servicio de los mismos: revisión de vida, lectura  creyente, proyecto de  vida,  campañas, encuestas…

La lectura creyente de  los  acontecimientos y de la vida, desde la revisión de  vida y el análisis de  la realidad, se considera el instrumento básico para  la construcción espiritual del  militante de la AC. Aquí la oración realizada desde la vida contemplada en  el corazón del  Padre y el  proyecto personal de  vida  cristiana como programa de  crecimiento personal y de  compromiso evangelizador son  fundamentales.

Subrayo también todo lo  que se  refiere a la celebración y la liturgia  en  los  movimientos; en ellos  se  descubre una  conexión real  de  lo acontecido y lo vivido con  lo celebrado, de tal manera que la  conexión fe-vida  a  la  que se aspira  continuamente  también queda reflejada en su modo de celebrar la liturgia cristiana, lo  que hace que sea  verdaderamente significativa en  sus vidas a la vez que llena  de  vitalidad y creatividad. Hay un modo, que  responde al hombre de  hoy,  de  celebrar la vida que la Iglesia  necesita y que el mundo, los  llamados  alejados, agradece  cuando  lo  descubre lleno de vida.

José Moreno Losada, Consiliario General de Profe sionales Cristianos: LA AC, IGLESIA EN EL CORAZÓN DEL MUNDO. Ponencia del Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

EXPERIENCIAS

 

Soy animadora  de  jóvenes en  un  movimiento concreto, pero sobre todo, acompaño a personas para  que  se sientan parte de  una Iglesia universal.

Precisamente esa  clave  la fui  descubriendo  a raíz de mi pertenencia a la JEC: la riqueza de la comunión con  el resto de  la Iglesia.  Las pascuas  con  la MJAC o la JOC,  el día  de  la AC o los encuentros de comisiones diocesanas, han supuesto momentos donde conocer al resto de  movimientos de  AC y compartir también con ellos la fe que nos  une.

Somos laicos  organizados dentro de  la Iglesia  y como tal nos sentimos en  ella y en  nuestros ambientes. Juntos abarcamos esos lugares necesitados de  evangelización a  los  que no llegaría la Iglesia  por  otros cauces. Desde mi pertenencia  a  la  JEC  me   he   ido   sintiendo “Iglesia  en  la Escuela” y como tal me  han  ido descubriendo mis  compañeros. Al principio muchos mostraban  rechazo y  a  veces   ni  siquiera respeto. Con  el tiempo fueron viendo cómo el  ser  cristiana me  llevaba  a participar en  la universidad con  aquellas actitudes. No eran pocos los que nos  decían que con  lo que hacíamos  en   la  JEC descubrían  una   Iglesia diferente a la que salía en  los periódicos. Desde  entonces tengo grabado a  fuego lo  que nos  dijo  un  día  Julián,  mi  animador durante aquellos años:  “vuestra  manera de  vivir puede que sea  la única  Biblia  que lean  muchos de vuestros compañeros”.

Como decía al presentarme también he vivido otros procesos dentro de  la  Iglesia,  muchos de  ellos  en  el  ámbito parroquial. Desde pequeña he  mantenido una   vinculación continuada con  una  comunidad parroquial, primero en Asturias  y ahora en Zaragoza, a través  de la  catequesis o  el  proceso de  confirmación… He  colaborado durante muchos años  en  tareas como la animación musical  de las Eucaristías  y me he  hecho presente en  consejos parroquiales y otras actividades comunitarias.

A  nivel   diocesano  también  he   vivido   otros espacios de  comunión con  jóvenes y no  tan jóvenes. Celebraciones diocesanas de  pastoral  juvenil, encuentros  estatales  de   pastoral universitaria, congresos  de  laicos…  Han  sido también lugares donde  aportar y  compartir desde la diversidad; quizás desde una  presencia más  puntual por  nuestras pobrezas y limitaciones, pero siempre desde una  valoración por estos espacios.

Por  último y no  por  ello  menos importante, afirmar que todo esto no significaría lo mismo sin el alimento de  la oración y la celebración comunitaria. Formar parte de  un  movimiento de AC me  ha  educado en  la espiritualidad de lo cotidiano. Voy pasando de mirar  a y de oír a escuchar.  Busco   y  descubro  los   signos de Dios  en  mi vida, tanto en  las alegrías como en los fracasos, y la acción de  su Espíritu. La militancia en las aulas,  la enfermedad, la comunidad, son  vivencias que me  han   llevado a  la oración y a la relación con  un  Dios  Amor,  un Amor   que a  veces   me   desborda pero que siempre me  envía  de  nuevo a la vida.  Poco  a poco he  ido  descubriendo la experiencia de celebrar mi fe junto a otros, en el movimiento, en  la  parroquia,  en   la  diócesis… con   gente conocida o desconocida… porque lo que nos une es  creer  que otra  Iglesia  y otra  sociedad son posibles ya que Otro lo creyó y así lo vivió mucho antes que nosotros…

 

Luisa, militante de JEC en Zaragoza Experiencia pre sentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

Finalmente indicar que desde mi experiencia personal, el grupo de  vida  es  el soporte para poder descansar, para  ver mi vida en  relación con  la Iglesia,  como un  todo, donde te pones en  zapatillas, donde  “alumbras con  la  fe  la vida”.

La AC me  ofrece el cauce para  poder vivir mi compromiso laical  en  la Iglesia,  desde mi trabajo   en   la  Parroquia,  en   la  Delegación de Apostolado Seglar,  en  el Sindicato, en  el AMPA, en  mi  despacho profesional con   la  profundidad que  merece. Es verdad que  ha  sido un proceso, pero veo  claramente que el grupo de referencia, tu grupo, es el que te prepara y te  confronta para  revisar la vida, nuestra vida con los ojos  de Dios.

 

Yo he  descubierto en  la  AC,  que la  misión pasa  necesariamente por  nosotros. Y vale  de reproches permanentes a los  sacerdotes. ASUMAMOS   LOS   LAICOS   EL   PAPEL QUE NOS  TOCA  REPRESENTAR Y HAGAMOS  CADA  UNO   EL  ESFUERZO POR  RECONOCERNOS  A CADA UNO  EN SU MINISTERIO. SIN SACERDOTES NO  HAY EUCARISTÍA, SIN EUCARISTÍA  NO  HAY COMUNIDAD,  SIN  COMUNIDAD NO HAY LAICOS, SIN LAICOS NO HAY MISIÓN.

 

Juan de Dios Martín Ramírez, militante de ACGA en Ciudad Real Experiencia presentada en el Encuentro de Sacerdotes

y AC El Escorial, 10-IV-07

 

FICHA DE TRABAJO Nº 5

 

  • Comenta la frase:  “La AC, de  acuerdo con  la doctrina de  las cuatro  notas,  que ya  citamos en  el  primer  capítulo, no  es  una  asociación más,  sino   que   en   sus  diversas   realizaciones tiene la vocación de  manifestar la forma habitual apostólica de  los  “laicos  de  la diócesis”, como organismo que articula  a los  laicos  de forma  estable y asociada  en  el dinamismo de la pastoral  diocesana” (nº  95). ¿Por  qué  no  se aplica en  la  mayoría de  comunidades parroquiales?
  • Comenta la frase:  De singular  importancia es la relación de  los  sacerdotes con  estos procesos y organización laical; la figura del consiliario  como realidad  del  ministerio pastoral  que tocan diariamente los  militantes tiene un  singular importancia y el enriquecimiento mutuo es  enorme, según atestiguan tanto los  sacerdotes  implicados en  los  movimientos  como las  experiencias  de   los   militantes  en dicha relación de  comunión en  la construcción del Reino. Podemos decir  que  los  sacerdotes encuentran en  estos movimientos espacios apropiados para vivir su sacerdocio ministerial como  servicio   al  sacerdocio común  de   los fieles, a la vez  que desarrollan  la dimensión secular  de  su  sacerdocio  ministerial. ¿Qué te aporta, o crees que podría aportarte, acompañar grupos de AC?
  • Tras leer  las experiencias de  los  militantes, ¿podrían haber  desarrollado  su   acción del mismo modo sin  pertenecer a  la  AC? ¿Qué elementos destacan ellos?

 

 

ACTUAR: COMPROMETIDOS EN LOS AMBIENTES CON PRESENCIA PÚBLICA [20]

 

Al día  de  hoy  también hemos de  reconocer que son  los movimientos de AC los que trabajan por  la presencia de los laicos  en los distintos  ambientes y promueven la presencia pública  de  los  mismos. En este sentido los  movimientos tratan de  estar presentes en  ámbitos concretos que tienen que ver con  la vida y la  organización de  la sociedad: mundo rural, obrero, enfermedad, estudiantil, cultural y profesional… Sólo  una  mirada al tipo  de  publicaciones y revistas que salen de su trabajo y preocupación, nos  muestra cómo son  Iglesia  en el mundo de  un  modo activo  y encarnado, conscientes de  los  ambientes con  presencia evangelizadora en los mismos.

Señalo también cómo  lo  militantes  trabajan por                                                                la         ciudadanía       activa                                                                                                                                               y         participativa haciendo que  las  personas sean conscientes de sus  situaciones y de  lo común y lo público para  trabajar por   ello.  Es encomiable cómo militantes  de   los   distintos movimientos se aproximan y  participan en   las  estructuras y mediaciones  sociales,  políticas, económicas, culturales, estudiantiles.  Espacios que  son  de dificultad y de  aridez en  los que sólo  pueden permanecer desde  una   vida   profunda, con unas convicciones fuertes y con  el apoyo de la comunidad -grupo de  vida del  movimiento en el que están insertos. Ellos son  para  todos una   referencia  del   verdadero  compromiso laical en orden a construir el Reino,  ordenando las cosas del mundo según Dios Padre.

 

Sus  campañas, encuestas, manifiestos… son ejemplo claro  de un  tipo  de presencia pública que cada  vez es  más  necesaria en  nuestra sociedad, en  orden a una  verdadera pluralidad  y participación. Es bueno que la voz del  laicado organizado tenga sus  espacios en  la sociedad, sobre todo en  un  momento en  el que la indiferencia no sólo  toca  a lo religioso sino  a todo lo que se sale de la esfera de lo individual.

 

Es cierto que el  número de  militantes no  es todo lo amplio que nos  gustaría, aunque detectamos  que   esto ocurre con   todo lo  que pretende ser  serio y tener auténticos procesos,  tanto en  la  Iglesia   como en  el  mundo, pero la  verdad es  que en   los  movimientos tenemos personas y modos de  organización que son  referencia dentro de  la propia Iglesia  y  en  el  mismo mundo. En un  contexto en  el que apremia evangelizar en  los medios, salir a los caminos y encontrarse con  los alejados, la Iglesia  sabe que tiene un medio extraordinario en  los movimientos de  AC y su pedagogía de la acción y de la fe. Sólo queda que lo utilicemos convenientemente para  que la Iglesia sea más  misionera y evangelizadora y llegue allí  donde quiere llegar,  al corazón  del  mundo.

 

Hemos de  reconocer sinceramente que tampoco hay mucho entusiasmo en el clero actual para  trabajar y gastar sus fuerzas en  favorecer el crecimiento de  un  laicado adulto y organizado  con  verdadero protagonismo eclesial, y no  es  porque no  haga  falta  o  estemos muy contentos con  la realidad pastoral con  la que trabajamos diariamente.

José Moreno Losada, Consiliario General de Profe sionales Cristianos: LA AC, IGLESIA EN EL CORAZÓN DEL MUNDO. Ponencia del Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

 

 

EXPERIENCIAS

 

 

Unos años más  tarde me  fui a vivir a Zaragoza ya  con   pocas   asignaturas en  la  mochila. Mi vida como estudiante cambió en  muchos sen tidos y comencé a intuir un paso más en aquél proceso. Desde el estudio solidario ya contribuíamos a construir otra  universidad diferente  y  por  tanto otra   sociedad. Pero   también sentía la llamada  a ir a buscar nuevos ámbitos en  los que dar  continuidad al proceso. Así, un día  encontré la  página de  Cáritas Diocesana de Zaragoza. Me  llamó  la atención un apartado que ponía “Servicio  de  Estudios Sociales”.  La descripción era breve pero suficiente como para  despertar en  mí la curiosidad y preguntarme qué harían en  aquél  programa y si podría aportar algo  desde mi estudio. Un  conocido me puso  en  contacto con  el técnico del Servicio  de  Estudios Sociales (más  conocido como SES) y así encontré y opté por  un nuevo espacio de militancia [21].

 

El SES contaba entonces con  sólo  tres  voluntarios   (todos  sociólogos) además  del   técnico (que era  psicólogo). En este servicio se  cumplía de nuevo la abundancia de mies  y la escasez de  obreros (aunque en  el  último año  se han  incorporado cuatro voluntarios más).  En los  meses anteriores a  mi  llegada  se  había puesto  en  marcha la denominada “Ficha Social  Unificada”.  Había   sido   concebida como un  instrumento de  recogida y análisis de  la información que generan todas las  intervenciones  sociales realizadas en   Cáritas.   La  información se  recoge a través de  unos expedientes y posteriormente se  almacena informáticamente. Así que comencé a trabajar con esa  base de  datos explotando los  datos  allí recogidos.

 

Esta tarea responde a uno de  los objetivos del equipo que es  el desarrollo de  un  Observatorio permanente de  la pobreza. A partir  de  esa información vamos  obteniendo perfiles de personas  y   familias    acogidas,  difundiendo dicha información dentro y fuera de Cáritas.

Otro de  los  objetivos a los  que contribuye la explotación de  la Ficha  Social  Unificada es  al de  diseñar procesos de  animación de  lectura creyente y análisis  de  la realidad  destinados a la  comunidad. Para  ello  colaboramos con  el programa de Formación de Cáritas en diferentes cursos (iniciación de  voluntarios u  otros abiertos al público en  general) y participamos en   sesiones  de   reflexión  y  formación con equipos parroquiales.

Un tercer objetivo del equipo es la realización de  procesos  de   investigación.  Por   ejemplo, durante  los   últimos  años   se   han   realizado estudios  sobre  infravivienda, vivencia de   la maternidad en   mujeres solas,   publicaciones anuales sobre la exclusión… Actualmente  estamos comenzando un  informe sobre la situación  en las cárceles de Aragón.

Entré en el SES motivada por  la idea  de aplicar la estadística a temas  sociales.  Hoy me  descubro   como  una   privilegiada, conociendo  lo realmente cerca que está   la  pobreza de  mí, descubriendo sus  mecanismos, echando abajo  prejuicios fáciles  y poniendo rostro a  esa realidad que  voy conociendo a través de  números y porcentajes.

Aún  con  nuestras pobrezas y debilidades, el SES supone socialmente uno de  esos escasos lugares donde se  va  más  allá  de  la  realidad aparente y se  buscan las causas y consecuencias  de  la pobreza y la exclusión, además de realizar una denuncia pública desde la opción por los últimos. Una de sus razones es ser voz de  los  que no  tienen voz…  A pesar de  que este tipo  de  militancia no supone un contacto directo  con  las  personas acogidas desde los equipos y  centros de   Cáritas, estamos  con vencidos  de  que nuestra tarea sigue  siendo igual   de  necesaria para   la  sensibilización  y transformación de la sociedad.

 

Luisa, militante de JEC en Zaragoza Experiencia pre sentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

Os  puedo relatar y contar experiencias personales de  vida  anónimas, que merecerían ser enmarcadas, por  su profundidad y testimonio. Así por  ejemplo:

La de  un  militante de  Ciudad Real , trabajador de un  pequeño taller  en  un  pueblo de  la provincia  de  Ciudad Real,  nacido en  el  seno de una  familia  cristiana, de  derechas, que se crió en  la  posguerra, donde  su  familia   materna sufrió persecuciones y muertes. Con  la llegada de  un  sacerdote al pueblo en  1975, inician un grupo de JUNIOR, ahí estuvieron un año  y, con  el  paso del  tiempo, por   su  entorno de trabajadores,  se   ubica   con   su   mujer  en   la HOAC,  iniciándose el camino en  la AC, marcando su vida, su forma de ser  y ver el mundo y su compromiso.

En aquéllos años el debate estaba en  si debía estar o no  en  los  partidos políticos y sindicatos. Él lo tenía claro  y militó  activamente en  el PSOE y UGT, fue Secretario General de la UGT de su pueblo.

Me  recordaba como  experiencia vital,  ilusionante y  dura,   una  huelga  en   el  Sector del Campo, como consecuencia de  la firma  de  un convenio  colectivo, paralizando la  vendimia, estando al frente de  la misma “un cristiano de la AC”. No hace falta decir lo que eso  supuso, tanto en  su familia  de  sangre como en  la de  la Iglesia.

Contaba que  lo más  duro  fue  ver  una  madrugada,  antes de  salir  a los caminos para  hacer piquetes informativos de  la huelga, a su  madre llorando de  rodillas , pidiéndole, que dejara esto, que  le podía pasar lo que a su abuelo si esto cambiaba, fusilado en  las tapias del cementerio. Su  abuelo por   ser   cristiano  de derechas y él por  ser cristiano de izquierdas.

Dice  como anécdota que su madre al cabo de los  años terminó votando al  PSOE,  aunque estaba convencido que las primeras veces se confesaba después de hacerlo.

Tuvo el apoyo  de  su familia,  de sus  párrocos y del recién nombrado Obispo D. Rafael, quien cuenta que al menos en  dos  ocasiones, desde su Parroquia, vinieron a verle  para  pedirle que le  expulsaran  de   la  Iglesia,   lógicamente sin éxito.

Igualmente en  el PSOE, y por  divisiones internas,  le  ofrecieron la posibilidad de  asumir la Secretaría de  la Agrupación Local, como persona de  consenso. Lo reflexionó con  su familia y en  la HOAC,  que convocó una Asamblea Diocesana donde se  debatió si era  o no  conveniente  entrar  en   la  arena  política, lo  reflexionaron, lo rezaron y se  decidió, que respetando su  decisión personal tenía el  apoyo de todos para hacerlo. Fue Secretario General, y concejal durante 12 años.

Hoy  puedo decir, que la AC marcó la vida, la forma de  ser  y entender la militancia de  esta persona y de  su  mujer, y cómo le  ha  hecho, en  infinidad de  ocasiones, enfrentarse  tanto dentro  de  la  Iglesia,   como  del  partido para defender las cosas que creía  justas, pero que no respondían a los  dictados, unas  veces del partido, otras  de la Jerarquía de la Iglesia.

 

Él dice  con  orgullo que, gracias  a la AC, cada vez  quiere más  a la Iglesia  y cada  vez  quiere más a este mundo con  todas las imperfecciones  que a la vez son  suyas. La AC le ha hecho más cristiano y más ciudadano.

Tuvo  que dejar la  HOAC  por  causas de  distancia  entre pueblos donde había militantes, pero nunca dejó la AC. Después, en  la década de los  90, pasaron su  mujer y él a la ACGA y siempre al servicio tanto del  Movimiento como de la Iglesia.

Hoy  sigue en  el  PSOE y la UGT, pero con  la militancia de base, me decía que cada persona tiene su momento y él dio  cuanto se le pidió, todo lo que tenía, y hoy el tiempo es de otros, y  su  militancia  la da  hoy  en más  plenitud en otros  campos, sin  dejar de  ser  cristiano y socialista y por  supuesto militante de AC.

Juan de Dios Martín Ramírez, militante de ACGA en Ciudad Real Experiencia presentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

FICHA DE TRABAJO Nº 6

  • Comenta el texto y las experiencias. ¿Qué te ha llamado más la atención?
  • Lee los textos de  la CONCLUSIÓN. Concreta tu  compromiso de  cara  a reforzar o iniciar grupos de formación de laicos.

 

 

CONCLUSIÓN

Por  todas estas razones, que están avaladas por los  testimonios que   antes hemos escuchado, considero que en este momento histórico  es  necesario  abrirnos a  este modo de hacer y de vivir el laicado organizado en nuestras Iglesias si queremos responder con  actualidad  y con  profundidad a la situación que nos  ha tocado vivir. Para ello, la misma  AC tendrá que irse  renovando y planteando su modo de ser única en  sus  dos  ramas de  general y especializada.

 

Es necesario descubrir juntos las nuevas militancias que han  de  ejercerse en  este nuevo contexto  socio-cultural que  nos   ha   tocado vivir, todo ello  siendo verdaderamente fieles al espíritu de  una  Iglesia  que quiere ser  servidora  en  el mundo, y al camino andado hasta ahora  en esta  espiritualidad laical,  y en  esta pedagogía de  la acción y de  la fe  que marca unos procesos y unos  ritmos que logran verdadera y profundas experiencias de  fe  y de militancia cristiana  en  los  laicos  adultos  que culminan los procesos de  los movimientos de la AC.

 

Entiendo que  si la AC no  existiera y quisiéramos  ser  fieles   al  espíritu del  Concilio en  el mundo actual  tendríamos que crearla, aunque la llamáramos de  otro modo, pues nunca como hoy es necesario un laicado organizado en su propio ser y hacer eclesial y mundano.

 

 

José Moreno Losada, Consiliario General de Profe sionales Cristianos: LA AC, IGLESIA EN EL CORAZÓN DEL MUNDO. Ponencia del Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

 

QUÉ HACER PARA QUE LA AC CREZCA

Me  gustaría sugeriros la  posibilidad de  que ofrecieseis a los laicos  de  vuestras parroquias este cauce de vida, de compromiso, de formación  que es  la AC. Van a recibir mucho y podrán dar  mucho más.  La AC necesita sacerdotes  que  quieran implicarse en  el  tema. Nos guste o  no,  todavía mucho en  la  Iglesia  depende de  la actitud y trabajo de  los  sacerdotes. Y por  la cuarta Nota  de  la AC, comunión con el  Ministerio Pastoral, tiene importancia decisiva en  su  implantación diocesana  y parroquial el  empeño del  Obispo Diocesano y de los  sacerdotes. Al fin y al cabo, se  trata  de “los laicos de la Diócesis”.

Juan de Dios Martín Ramírez, militante de ACGA en Ciudad Real Experiencia presentada en el Encuentro de Sacerdotes y AC El Escorial, 10-IV-07

 

 

 

NOTAS

 

 

[1]  J.F. Mària  y Serrano habla  de  la  globalización  como “un   proceso  de  interconexión  financiera, económica, social  y cultural que se  acelera por  el abaratamiento de los  transportes y la incorporación en  algunas  instituciones   (empresas,  grupos  sociales,  algunas  familias…)   de tecnologías de  la  información y de  la comunicación en un contexto de crisis económica (1973), de victoria política  del  capitalismo (1989) y de  cuestionamiento cultural de  los  grandes  ideales” (Serrano, J.F.M., “La  globalización” Cuadernos Cristianismo y Justicia,  nº  103 Barcelona, 2000)

[2] Cf., Ibid., pp. [3] Cf., Ibid., pp. [4] Cf., Ibid., pp.

[5]  En este punto  seguimos fundamentalmente  a  Pedro José  Gómez Serrano, “¿Todo por  la pasta? Influencia de la economía en  la  personalidad  humana”. Conferencia pronunciada en   el  ciclo  de   conferencias  del  Aula  fecultura del   Arzobispado  de   Badajoz.  Publicadas  en   la Colección Aula fe-cultura, nº 1 Badajoz 2006.

[6] cfr., Mardones, J.M., La indiferencia religiosa en España. ¿Qué  futuro tiene el cristianismo? Ed. HOAC Madrid 2003.

[7]  Cfr.,  Martínez,  F.,  “Presencia  evangelizadora  en   la universidad” Rev. Universidad y Cristianismo nº  3 Badajoz 2006.

[8] Cfr. AG, 3b [9] Cfr. GS, 2b [10] Cfr. GS, 9d

[11]  Cf.  Joaquín Perea,   El Laicado:  un  género  de vida eclesial sin  nombre. Desclée de  Brouwer, Bilbao  2001; Carlos  García  de Andoin: La pretensión pública de  la fe. Desclée de Brouwer. Bilbao, 1994.; Ibid., Laicos cristianos, iglesia en el mundo. Ed. HOAC, Madrid 2004

[12]  Hay  que aclarar:   laicismo   es  distinto   de  laicidad. Laicismo   está   referido a  quienes  rechazan de   manera radical  toda  legitimidad al  uso  de  la  hipótesis de  Dios como elemento influyente sobre el orden social.  z Laicidad   del  mundo:   reconocimiento de  la  autonomía  del estado y de  las realidades temporales: afirmar la mundanidad del mundo. La GS reconoce la laicidad del mundo: autonomía de  lo  temporal. z  Laicidad  de  la Iglesia:  cuál es  el sentido que tiene la pretensión de  la iglesia  como un  sistema  de  mediación colectiva entre  Dios  y  el  ser humano en  relación con   aquel complejo  de  personas, estructuras, proyectos, historia  que llamamos “mundo”. Ahora  la laicidad  significa diálogo. La iglesia  “es  el pueblo de Dios en el camino de la humanidad” z Laicidad en la Iglesia:  redescubrimiento y respeto del  valor  de  los humano, de  las realidades del mundo en  el interior de  la iglesia. Sobre la dignidad humana se construye la propia de  todo  bautizado:  “todos los  miembros de  la  iglesia toman parte de  diversas maneras en  su dimensión secular” (CFL 15).

[13]  Cf.  Carta   Pastoral de  los  Obispos de  Pamplona y Tudela, Bilbao,  San Sebastián y Vitoria: El Laicado: Identidad cristiana y misión eclesial. Cf. nos  25-28.

[14] Ibid, n. 27.

[15] González-Carvajal, L., Iglesia en el… pp.51-60

[16] Cfr., García de Andoin, C., Laicos… p.50ss

[17] Ibid., pp 353ss

[18] cfr., AAVV Espiritualidad laical de  la Acción Católica. IV Encuentro General de Apostolado Seglar. Edice 1998.

[19] La Acción  Católica Española.  Documentos:  “La A.C. hoy, nueva  configuración” pág 48s.

[20] Cfr., García  Andoin, C., Laicos… pp. 203-36

[21]  El SES es  una  herramienta para  el  diagnóstico y el análisis de  la realidad social. Pretende descubrir las causas de  la pobreza y  la  exclusión, así  como los  mecanismos  y factores presentes, prioritariamente, en  el ámbito territorial de  la  Diócesis. Está  al  servicio de  todos los agentes de  Cáritas y pretende ser  un  lugar  de  encuentro donde sea  posible  investigar para   poder   trasformar la realidad desde una  mirada evangelizadora.

Categorías:Accion Catolica

Orar en el mundo obrero 6a semana de Pascua

C. Permanente HOAC                     Orar en el mundo obrero                         6ª semana de Pascua

http://hoacorihuelaalicante.blogspot.com/p/centros-de-la-hoac-de-orihuela-alicante.html

ORAR EN EL MUNDO OBRERO

6ª SEMANA DE PASCUA (29 mayo 2011)

Jesús nos habla hoy con el corazón traspasado de amor. Nos inunda de su Espíritu, que nos hace, en Jesús y como Jesús,

hijos del Padre y hermanos.

Esta comunión desbordada de amor divino,

que embriaga nuestro amor humano,

es la máxima aspiración de felicidad personal

que podemos soñar y gozar.

VER

«¿Cómo creen que se encuentra hoy Juan Urbano, siendo como es filósofo y del Re­al Madrid? Pues igual que ayer, es decir, tan abatido que mientras camina por la calle de Alberto Aguilera podría desatarse los zapatos tirando de los cordones con los dientes. Porque en estos momentos es un hombre noqueado que lo único que repite es “Alí Barça y los 40 ladrones, Alí Barça y los 40 ladrones, Alí Barça y los 40 ladrones…” Ya lo ven, a mí el fútbol me encanta pero no me importa, mientras que a él le deprime tanto perder que siempre encuentra injustas las derrotas.

“Ahí estaba la Cibeles por si acaso ganábamos”, dice, y eso me hace pensar en el modo en que el deporte es el último reducto de la alegría en los países en horas bajas. Antes las calles se llenaban para protestar por algo, para combatir, por ejemplo, algún ataque a los derechos de los trabajadores o algún abuso de poder de los gobernantes, y ahora solo se llenan para celebrar un Mundial o una Copa de Europa, es decir, que hemos cambiado las banderas por camisetas y el no nos moverán por el oé, oé, oé, lo cual segu­ramente significa algo» (Benjamín Prado, El País 05/05/2011).

Oremos dirigiendo una doble mirada: a cómo nos entretenemos a veces en superficia­lidades que nos entretienen y gastan nuestras energías, diluyendo nuestra atención y dedicación a las personas, especialmente a las que más sufren; y bendigamos al Señor por los gestos de solidaridad y verdadero amor que hacemos. Cantemos el amor de Dios que nos provoca al amor real y vivo a las víctimas de la injusticia, la enfermedad y la muerte indebida.

TESTIMONIO

Narrar experiencias de resurrección (Diálogo compartido en la Reunión de Consiliarios de Andalucía en Antequera, 30 abril 2011)

En Jaén, A. Ugarte (el consiliario), cuando muere un trabajador en accidente labo­ral, se hace presente, participa en la eucaristía. La HOAC convoca a una concentración en el pueblo del muerto. Se visita a la familia juntamente con miembros de otras familias que han padecido la misma situación.

En Granada y en Motril cada mes se celebra una eucaristía, seguida de una concen­tración, cada vez por un determinado colectivo de víctimas de la crisis.

Vuestro culto está vacío. No basta pedir por la crisis, sino poner nombre a situacio­nes concretas. La acción social en la realidad del mundo obrero unida a la Formación, la Espiritualidad.

“El contacto directo con las víctimas es espeluznante. Nos desmonta”.

VIVES EN EL PAN (V. Manuel Arbeloa)

Vivesel pan roto y compartido. Vives en la copa redonda de vino. Banquete de pobres. Botín de mendigos. Compañero fiel, amigo entre amigos. Vestido de vientos y sol de domingo, moreno de viñas, y hermoso de trigos. Muerto por los hombres y en los hombres vivo. Cuando nos juntamos te abrimos caminos  y vienes y pasas alegre y activo por todas las cosas por todos los sitios. Cantamos tu muerte: el definitivo triunfo de la vida por mundos y siglos. Cantamos la muerte fatal del destino. Cantamos la fiesta final del sentido.Vives en el pan roto

 

PALABRA DE DIOS

Juan 14, 15-21

“Si me amáis, guardaréis los mandamientos míos, y entonces yo pediré al Padre que os dé otro abogado que esté siempre con vosotros: el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo percibe ni lo conoce; voso­tros, en cambio, lo conocéis, porque vive ya con vosotros y está en vosotros.

No os dejaré desamparados: volveré. De aquí a otro poco el mundo no me verá más; vosotros sí me veréis, pues de la vida que yo tengo viviréis también vo­sotros: aquel día conoceréis que yo estoy con el Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él”.

PARA COMPRENDER EL TEXTO

El amor es el centro de todo. Es el amor de Jesús, que nos da su Espíritu y nos abre al amor del Padre.

El amor de Jesús es la donación y comunicación de sí mismo, de su vida: de la vida que yo tengo viviréis también vosotros. Y la vida de Jesús es la vida del Padre. Por lo tanto, entramos en la vida íntima de Dios, en la comunión en Jesucristo con el Padre por el Espíritu: conoceréis que yo estoy con el Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Es un conocimiento no intelectual, sino de experiencia viva de comunión y encuentro.

Es la relación personal de amor más honda: de revelación por parte de Jesús (lo amaré y me revelaré a él) y de ver por parte del discípulo (el mundo no me verá más, vosotros sí me veréis). Una relación, pues, que es puro don y gracia de Jesús. Una expe­riencia de encuentro íntimo con Jesús que va unida a la experiencia del Espíritu: lo co­nocéis, porque vive ya con vosotros y está con vosotros. En realidad, es una única expe­riencia de unión con Jesús inducidos por su Espíritu.

Pero el amor se expresa y se realiza en guardar los mandamientos de Jesús, es de­cir, en practicar la misma vida de Jesús: ser como Jesús, sentir, pensar y hacer como Jesús. Los mandamientos no son leyes o normas externas, sino concreciones del amor de Jesús y a Jesús. Son intrínsecos a la vida de unión e identificación con Jesús, manifesta­ción del vivir con Jesús.

El único verdadero mandamiento es el mandamiento nuevo, el mandamiento ori­ginal de Jesús: que os améis unos a otros como yo os he amado (Jn 14,34). Es decir, que nos amemos en el amor mismo de Jesús. Solamente podemos amar el amor. Amor pro­duce amor.

En este discurso de despedida, Jesús no nos deja un testamento que nos remita al pasado sino que nos encarga una tarea a realizar: la tarea única de amar como Él, desde la alianza o vinculación permanente con Él.

Este amor no es obra y acción nuestra sino de Jesús a través de su Espíritu:

–        Es el Espíritu de Jesús quien anima toda nuestra vida. El Espíritu es “defensor, in-tercesor, asistente, protector, maestro, pedagogo, ayudante, sustentador, abogado, procurador y, sobre todo, animador e iluminador de la fe” (Fl. Ulibarri, Conocer, gustar y vivir la Palabra, ciclo C, VD, 190).

–        Es el mismo Espíritu que condujo y sostuvo a Jesús a lo largo de toda su vida, des­de su concepción en el seno de María, pasando por el bautismo, el desierto y el comienzo de su misión en la sinagoga de Nazaret, hasta su muerte.

En su muerte, Jesús entregó el espíritu (Jn 19,30). De su corazón traspasado salió sangre y agua (Jn 19,34), el agua del bautismo y la sangre de la eucaristía, es decir, la vida misma de Jesús donada para la vida de todos.

Acojamos a Jesús, invocando a su Espíritu. Pongamos los ojos en Jesús. Dirijamos la mente y abramos el corazón a su Espíritu. Nos lanza dardos de ternura. Susurra en nuestros oídos sones de paz. Nos embarga de alegría íntima. Nos conduce a Jesús, el Amigo del alma. Unidos a Jesús, nos envuelve el abrazo entrañable del Padre. Así, nos enlazamos todos como hermanos y hermanas. Nos enlazamos con quienes no nos entendemos, no empatizamos, no nos co-respondemos. Sobre todo, abrimos el co­razón y damos la mano del compartir y de la solidaridad efectiva a las víctimas de tan­to abuso laboral y social.

ACTUALIZACIÓN DE LA PALABRA

Jesús está presente en la comunidad cristiana y en cada cristiano. Es una presencia personal, interior, íntima, una verdadera experiencia de amor

Quedan superadas las mediaciones externas de tipo legal, ritual o doctrinal. Las normas, ritos y teologías cristianas son expresión, celebración y dinamización de la pre­sencia liberadora y humanizadora de Jesús en nosotros.

El cristiano vive identificado con Jesús y transfigurado por su Espíritu. Es Jesús quien vive en él. El cristiano transparenta el corazón, el rostro y la mirada, los gestos y las palabras del mismo Jesús.


El Espíritu es quien anima y reanima, ilumina, fortalece, renueva y recrea la vida de la Iglesia y de cada cristiano. Es agente de renova­ción y creatividad continua. A nivel personal, es fuente de verdadera libertad para la disponibi­lidad, el amor, la acción constructiva eclesial y la implicación en la transformación de la reali­dad social. A nivel eclesial, el Espíritu invita a romper sistemas y concepciones cerradas y ob­soletas e impulsa no solamente a abrir las puer­tas y ventanas de la casa eclesial para que la gente entre en ella, sino a plantar la tienda (eclesial) en la plaza del mundo al servicio de los pobres y oprimidos (como hizo Jesús).

“Antes se decía que el cristiano era un soldado sometido a la ley cristiana. Quizás sea más exacto decir que el cristiano es un artista. Una persona que bajo el impulso creador y gozoso del Espíritu, aprende el arte de vivir con Dios y para Dios” (Fl. Ulibarri, 192), con las personas y para las personas, con y para las personas empobrecidas.

D. Bonhöeffer

¿Quién soy yo? Me dicen a menudo que salía del encierro de mi celda sereno, alegre, con firmeza, cual hacendado de su rural vivienda.

¿Quién soy yo? Me dicen a menudo cuando hablaba a mis guardianes libre y amigable, claramente, como si fuese yo quien diera las órdenes.

¿Quién soy yo? También me dicen que soportaba los días de infortunio tranquilo, sonriente, dignamente, como acostumbrado a ganar siempre.

Pero ¿soy realmente lo que otros dicen que soy?

¿O soy solamente lo que yo mismo conozco de mí,

inquieto y anhelante y enfermo, cual pájaro enjaulado,

luchando por respirar, como si unas manos

me oprimieran la garganta,

suspirando por los colores, las flores, el canto de los pájaros,

sediento de palabras cariñosas, de compañía,

moviéndome agitado, a la espera de grandes acontecimientos,

temblando impotente por amigos infinitamente alejados,

cansado y vacío al orar, al pensar, al actuar,

débil y presto a despedirme de todo?

¿Quién soy yo? ¿Éste o el otro?

¿Soy una persona un día y otra al siguiente?

¿Soy las dos al mismo tiempo? ¿Soy un hipócrita ante otros y ante mí mismo un infortunado y despreciable cobarde? ¿O hay algo aún en mí parecido a un ejército vencido que huye desordenado de una victoria ya alcanzada?

¿Quién soy yo? De mí se burlan estas solitarias preguntas mías. Quienquiera que yo sea, tú lo sabes, oh Dios, soy tuyo.

Seguro que lo que los compañeros de prisión veían en D. Bonhöffer era real: vivía transfigurado por la gracia del amor de Dios, que le confería libertad, fuerza, sereni­dad, paz, amor Pero la gracia (como él mismo decía) no es barata, no encubre ni su­prime la búsqueda, el miedo y la angustia. Así le sucedió al mismo Jesús a todo lo lar­go de su misión (no solamente en Getsemaní). A Pablo, aquejado de una espina cla­vada en la carne, le decía el Señor: Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debili­dad (2Cor 12,9). Es el sufrimiento convertido en crisol de un mayor amor y de una más honda felicidad. Esto quizás no se entienda con la cabeza; solamente se podrá pedir y experimentar como gracia.

La tristeza según la Pascua   (Lucía Ramón, Cristianismo y Justicia)

“En una cultura que busca atajos ante cualquier dolor, que no nos enseña a respetar los tiempos de duelo, que nos acostumbra a vivir en la epidermis como consumidores de experiencias, los relatos pascuales son una interpelación para vivir y sentir la vida de otra manera. Afrontan la cuestión del sufrimiento como parte sustancial de la vida, también de la vida espiritual. Como ámbito de revelación en el que puede irrumpir la esperanza cuan­do el dolor inevitable no se elude, cuando se encara desde el amor y desde la búsqueda ra­dical de sentido.

En ese horizonte hay que situar las lágrimas de María Magdalena. La discípula va­liente que va a hacer duelo ante la tumba del Maestro –la expresión más terrible que pueda imaginarse de sus esperanzas sepultadas– y se encuentra con Jesús Resucitado. Dice la teóloga alemana Dorothee Sölle que quien tiene hambre y sed de justicia atraviesa necesa­riamente periodos en los que está completamente exhausta, llena de tristeza y de dolor.

A menudo el Espíritu nos conforta y nos lleva a la verdad por medio de las lágrimas. Hemos olvidado pedir al Espíritu por el don de las lágrimas, que es esencial para sacar fue­ra lo que está dentro y hacerlo visible y audible. Vivir sin lágrimas es la expresión de una cultura que es incapaz de experimentar y expresar sentimientos profundos. En cambio, con-sentir –admitir y compartir con otros– nuestra tristeza y nuestros sufrimientos en Dios y abrirnos al dolor de Dios por los que más sufren, es el camino que Jesús, la divina Sofía, nos ha enseñado para resucitar, para hacernos más divinos, más humanos”.

Era una primavera lluviosa. El tenue peso de las gotas caía sobre el ala indefensa de un gorrión herido que a la orilla del río intentaba inútilmente el vuelo. Con los ojos cerrados

Los niños protegidos

por el dintel sonoro de la infancia

reían contemplando su lucha con la muerte.

(Nosotros no sabíamos

nada de muerte ni de lucha, sólo

habíamos aprendido

Y, de pronto, pensé, por qué no hacerlo.

Como si fuera yo quien se mojara

–tan tierno e indefenso como él–

corrí en su ayuda, lo tomé en mis manos

–era algodón mojado– lo apreté contra el pecho,

le soplé con mi aliento entre las plumas

y con las alas vírgenes de lluvia

CARTA DE DIOS (Rafael de Andrés, “Dios, de incógnito”, mecanogr. 132, 139)

Es probable que no me conozcas, pero yo te conozco perfectamente (Salmo 139,1). Sé cuándo te sientes y cuándo te levantas (S 139,2). Todos tus caminos me son conocidos (S 139,3). Aun tus cabellos los tengo todos contados (Mt 10,29-31). Porque fuiste creado a mi imagen y semejanza (Gn 1,27). En mí vives, te mueves y existes… Porque linaje mío eres (He 17,28). Antes que te formase en el vientre te conocí (Jr 1,4-5). Fuiste predestinado conforme a mi propósito (Ef 1,11-12). En mi libro estaban escritos tus días (S 139,16). Tu creación fue maravillosa (S 139,14). Yo te hice en el vientre de tu madre (S 139,13). Te saqué de las entrañas de tu madre (S 71,6). Soy la manifestación perfecta del amor (1Jn 4,16). Tú eres mi hijo y yo soy tu PADRE (1Jn 3,1).

Te ofrezco mucho más de lo que podría darte tu padre terrenal (Mt 7,11). Porque yo soy el Padre perfecto (Mt 5,48).

Toda buena dádiva que recibes viene de mí (Sant 1,17).

Porque yo soy tu proveedor, que cubre tus necesidades (Mt 6, 31-33). Mi plan para tu futuro está lleno de esperanza (Jr 29,31). Porque te amo con amor eterno (Jr 31,3).

Mis pensamientos sobre ti se multiplican más que la arena de la orilla del mar (S 138, 17). Nunca me volveré atrás de hacerte bien (Jr 32,40). Tú eres mi especial tesoro (Ex 19,5). Deseo afirmarte de todo corazón y con toda el alma (Jr 32,41).

Y te quiero mostrar cosas grandes y ocultas que tú desconoces (Jr 33,3).
Me hallarás, si me buscas de todo corazón (Dt 4,29).

Deléitate en mí y te concederé las peticiones de tu corazón (S 37,4).

Porque yo inspiro tus deseos (Fil 2,13).

Yo puedo hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que tú pides o entiendes (Ef 3,30).

Porque yo soy quien más te alienta (2Tes 2,16-17).

Soy también el Padre que te consuela en todos tus problemas (2Cor 1,3-4).

Cuando tu corazón está quebrado, yo estoy cerca de ti (S 34,18).

Como un pastor lleva en sus brazos a un cordero, yo te llevo cerca de mi corazón (Is 40,11).

Un día enjugaré toda lágrima de tus ojos…Y quitaré todo el dolor que has sufrido en esta

tierra (Ap 21,3-4).

Si recibes el regalo de mi Hijo Jesucristo, me recibes a mí (1Jn 2,23).

Y nada te podrá volver a separar de mi amor (Rm 8,38-39).

Vuelve a casa y participa en la fiesta más grande que el cielo ha celebrado (Lc 15,7).

Siempre he sido y por siempre seré tu Padre (Ef 3,14-15).

Mi pregunta es: ¿quieres ser mi hijo? (Jn 1,12-13)

Aquí te espero (Lc 15,11-32).

Te he dado a conocer mi amor en Jesús (Jn 17,26).

El es la imagen misma de mi sustancia (Hb 1,3).

Él vino a demostrar que yo estoy por ti y no contra ti (Rm 8,31).

Y para decirte que no tomaré en cuenta tus pecados (2 Cor 5,18)
Porque Jesús murió para reconciliaros (1Cor 5,19).

Su muerte fue mi máxima expresión de amor por ti (1Jn 4,10) Entregué todo lo que amaba para ganar tu amor (Rm 8,31-32).

Si recibes el regalo de mi Hijo Jesucristo, me recibes a mí (1Jn 2,23). Y nada te podrá volver a separar de mi amor (Rm 8,38-39).

Sí, dejémonos abrumar por el amor de Dios, tan exuberante, eterno, íntimo, cargado de promesas de esperanza para nosotros, para todos, para los abandonados y exclui­dos de la sociedad. Nadie nace, vive y muere en el olvido de Dios, sino que todos es­tamos acogidos en la mente y en el corazón de Dios. Un amor tan inabarcable y des­bordante, que está llamando a quienes hemos sido agraciados con su experiencia personal y comunitaria, a que los irradiemos a nuestro alrededor: nuestro amor humano es sacramento del amor de Jesús hoy a quienes carecen de amor, de vida digna y feliz.

Guillermo Rovirosa (Carta a Mosén Insa, 8/10/57)

“Primero y siempre Amor de Cristo, que se manifiesta, no en la limosna en cualquie­ra de sus formas (la limosna en cualquiera de sus formas y tal como se practica, rarí-simamente es Caridad cristiana, ya que ésta exige DAR previamente al otro toda la dignidad de Cristo y ponerse interiormente a sus pies…), sino en la amistad, con to­das las exigencias humanas que esta palabra lleva consigo. Cuando seáis amigos, el hablar de Cristo será una necesidad, y se recibirán tus palabras como recibe la lluvia la tierra sedienta”.

… DARÁN MUCHO FRUTO (FRATER)

Si tus ojos no se cansan de buscar todo lo bueno que hay en los otros

y reparten sin parar sonrisas de amistad… DARÁN MUCHO FRUTO.

Si tus brazos están como dormidos de tanto aguantar brazos frágiles,

brazos envejecidos, brazos cansados… DARÁN MUCHO FRUTO.

Si tus oídos están constantemente atentos al llanto del que sufre,

al gemido del enfermo, al silencio del que se siente solo… DARÁN MUCHO FRUTO.

Si tus pies no paran de ir de un lado para otro,

buscando siempre que los pies de otros puedan descansar… DARÁN MUCHO FRUTO.

Si tu tiempo se hace corto o inexistente de tan larga que has hecho la lista

de servicios que quieres hacer a los otros… DARÁ MUCHO FRUTO.

Si tu buen nombre ha sido manchado por la envidia, por desprecio,

por incomprensión… DARÁ MUCHO FRUTO.

Si tu tiempo libre es libre para los otros y ocupación para ti,

descanso para los otros y agotamiento para ti… DARÁ MUCHO FRUTO.

Si tu oración mira al Padre y habla de todos los hermanos y de sus luchas

y dificultades y no tiene tiempo de hablar de ti… DARÁ MUCHO FRUTO.

Si tu corazón va acelerado de ternura, de perdón, de amistad, de detalles,

de sencillez, de bondad… DARÁ MUCHO FRUTO.

“Un corazón solitario no es un corazón”

(A. Machado)

Categorías:Accion Catolica, HOAC

Reunión Nacional de ACJM

Reunion Nacional ACJM

Buenas tardes a todos.

Por razones de logística y con la finalidad de facilitar una mayor participación, la reunión cambia de sede, ya no será en Encarnación de Díaz Jalisco.

Será en la Ciudad de México.

En la sede de la ONIR.

Jalapa no. 37 Col. Roma

Entre Puebla y Durango.

Anexo de nuevo convocatoria:

Para los que tuvieron la oportunidad de asistir a la reunión en Guadalajara, sabrán que la Junta Nacional está convocando a la siguiente reunión, para informar sobre la reestructura de la ACJM.

Convocados:

  • Presidentes y Vicepresidentes Diocesanos unicamente. Los demás militantes serán convocados en otro momento para dar seguimiento al proyecto.
  • En las Diócesis donde si hay Comité Diocesano reconocido por la Junta y el Obispo, se convoca solo al Presidente y Vicepresidente. Las Diócesis donde hay alguno o algunos grupos parroquiales, pero no hay un Presidente Diocesano reconocido por el Obispo, se les convocará en breve y se buscará apoyarles para formalizar su participación en la Pastoral Juvenil y en la Junta de su Diócesis para que tengan el reconocimiento del Obispo.

Fecha:

Sábado 4 y Domingo 5 de junio de 2011.

Horario:

Del sábado a las 10:00 de la mañana al domingo después de mediodía, aproximadamente 4:00 de la tarde.

Sede:

Ciudad de Mèxico

Casa de la ONIR.

Recomendaciones:

  • Procurar recibir el Sacramento de la Reconciliación antes de la reunión.
  • Ir dispuestos a buscar el bien de la ACJM, unidos a la Junta, con disposición para trabajar unidos.

Ya no será necesario acampar, solo llevar sus artículos de uso personal.

Cuota de recuperación: (no hay)

  • La alimentación será cubierta por la Junta Nacional.
  • El hospedaje será en alguna de las siguientes opciones: Casa de Retiros y en un Hotel, en breve se les informa. La Junta se hace cargo.
  • Solo deben cubrir su pasaje.

¿Cómo llegar?

  • Llegando al DF por cualquier medio, tomar un taxi que los lleve al domicilio señalado.
  • Si alguien le sabe al metro, pueden tomarlo y bajar en la estación de la glorieta de los Insurgentes y de ahí caminar unas 3 cuadras a la casa de la ONIR.
  • (Cambien tomar el metro y bajarse en la estación Insurgentes (glorieta) de ahi esta a dos cuadras) tip de Qro

Las Diócesis en las que tenemos detectada la presencia formal de ACJM y que son los convocados son:

1.- México

2.- Texcoco

3.- Nezahualcóyotl

4.- Puebla

5.- Tlaxcala

6.- Yucatán

7.- Oaxaca

8.- Tehuacán

9.- León

10.- San Juan de los Lagos

11.- Guadalajara

12.- Tepic

13.- Gómez Palacio

14.- Monterrey

15.- Acapulco

16.- Chilpancingo – Chipala

Si se nos pasa alguna favor de notificar a un servidor por este medio y verificamos y validamos su participación.

Requisitos para participar:

  • Enviar correo electrónico a un servidor indicando: nombre, diócesis, correo, teléfono de casa y celular.

Con esto se realiza el registro y solo se recibirá a los que se hayan registrado hasta el día miércoles 31 de mayo, no habrá excepción alguna.

Para los que tengan la oportunidad de regresar a su tierra hasta el domingo por la noche, podemos programar un paseo la tarde del domingo.

FAVOR DE ENTERAR A LOS PRESIDENTES Y VICEPRESIDENTES DIOCESANOS QUE CONOZCAN DE LAS DIOCESIS MENCIONADAS.

Oremos por la ACJM para que retome su rumbo y su ideal: Cristo….

Saludos

Omar Peña

Presidente Nacional Acción Católica Mexicana

“Que brille Jesucristo, que es la luz del mundo, y que de su brillo nosotros irradiemos a los demás”.

Categorías:Accion Catolica, ACJM

Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2011

Hermanos:

El material del Dia del Apostalodo y Accion Catolica que edita la Conferencia Episcopal Española,  lo podran bajar de este link

Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2011

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ARRAIGADOS EN CRISTO
ANUNCIAMOS EL EVANGELIO

12 de junio de 2011
(Solemnidad de Pentecostés)
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Nuevo link de la pagina de la Junta de la Acción Católica Mexicana

Visita la nueva direccion de la Junta Nacional de la Accion Catolica Mexicana

http://www.accioncatolicamexicana.net/

Categorías:Accion Catolica