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Archive for 30 enero 2011

El laicado en la Iglesia: preliminares

EL LAICADO EN LA IGLESIA

Por Raimondo Spíazzi

Pequeña Biblioteca Herder 7

Barcelona

Editorial Herder

1961

RAIMUNDO SPIAZZI

EL LAICADO EN LA IGLESIA

BARCELONA EDITORIAL HERDER

1961

Traducción de JOAQUÍN BLAZQUEZ, Pbro., hecha directamente sobre la obra original italiana 11 laicato nula Chiesa, de RAIMUNDO SPIAZZI, dentro de la serie Problemi e Orientamenti di Teología Dommatica, publicada en 1957 por Dott. Carlo Marzorati Editore, de Milán, Italia

Original de la cubierta por ANTONIO MUNILL

NIHIL OBSTAT:   El censor, Dr.  ANTONÍO BRIVA,  Pbro.

IMPRÍMASE,  Barcelona,   10 de noviembre 1960  

+ GREGORIO, Arzobispo-Obispo de Barcelona

Por mandato de Su Excia.  Rvma. ALEJANDRO PECH, Pbro., Canciller-Secretario

Editorial  Herder,   Barcelona  1961

N.o R.  4091-60

Es PROPIEDAD         Dep. legal: B.  13346-1960     PRINTED IN SPAIN

Gráficas Condal, Clot,  102 y  104, Barcelona

PRELIMINARES

1.      Relaciones entre el estudio teológico sobre el laicado y los diversos tratados de teología.

El laicado, tal como es considerado en el presente estudio, es objeto de la teología. No sólo porque como todas las otras realidades tiene relación de dependencia y de finalidad con Dios[1],  sino especialmente porque entra en la economía de la salvación, correspondiente a los designios divinos, como parte integrante de la Iglesia; parte sin la cual la Iglesia no podría ni siquiera existir ni vivir, tal como Cristo la ha querido; parte que, en la Iglesia, entra en el dominio de lo sagrado, de lo religioso, de lo soteriológico, constituyendo por tanto, según decíamos, un campo de investigación importantísimo para la teología. Propiamente es objeto de la eclesiología, entendida como consideración y estudio de la Iglesia en su plenitud, o sea Cristo y sus miembros, lo visible y lo invisible, lo jerárquico y lo comunitario, como veremos en seguida. Esta eclesiología podría insertarse, en el corpus theologiae, después del tratado del Verbo encarnado y redentor, para subrayar la continuación de Cristo en la Iglesia y ofrecer el cuadro y casi el clima natural a los sacramentos, de los cuales se trata en la actualidad inmediatamente después de la cristología. Más aún, santo Tomás desarrolla la teología de la Iglesia, en cuanto a su elemento más profundo y a sus líneas esenciales, en el ámbito del tratado sobre la encarnación, allí donde habla de la gracia de Cristo, que, en cuanto es fuente de santificación y de incorporación de los creyentes a Él, se llama “gracia capital”[2]. En la línea luminosa de la gracia capital, santo Tomás contempla la Iglesia como cuerpo que, en su totalidad, vive por el flujo vital que recibe de la cabeza. Dentro de esa línea luminosa es considerado también el laicado.

Y nos parece que esta consideración eclesiología del Laicado puede bastar para darle el sentido y valor justos, sin necesidad de un tratado especial y mucho menos de una parte de la teología, que sería la “laicología”. No hay por qué hacer distinta y autónoma esta rama de la eclesiología. Es más, parece necesario mantener, desarrollándolo ampliamente, el tratado sobre los seglares en el ámbito de la eclesiología[3], precisamente para subrayar el carácter eclesial del laicado, en el sentido que diremos después, y para hacer que se refleje incluso en el plano estructural y metodológico de la teología la unidad de la Iglesia, en la cual, como veremos, hay ciertamente una distinción de derecho divino entre sacerdocio y laicado, pero es más profunda la pertenencia común a la única cabeza, Cristo, y por tanto la unidad fundamental de todos en Él.

Una eclesiología desarrollada en correspondencia con las dimensiones completas de la Iglesia implica una referencia continua a la pneumatología[4] (referencia que se encuentra indicada en santo TOMÁS[5] ), porque el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia y, entre la ascensión y la parusia, el protagonista de todo el desenvolvimiento de la economía de la gracia y de la revelación; por eso el estudio del laicado, como ha notado CONGAR[6] \ no puede prescindir de la consideración de la relación de los fieles, en la Iglesia, con la tercera persona, y por tanto no puede no estar inspirado en y ligado a la pneumatología.

Asimismo incluye elementos que se desarrollan y profundizan en la mariología, en cuanto María santísima es el tipo más alto – e incluso trascendente, porque no es del todo catalogable —de la participación laical en la santidad y en la obra redentora de Cristo[7]  y la madre de la Iglesia y de las almas, la guía de la vida pastoral[8]. Y todavía las doctrinas sobre el sacerdocio, los sacramentos (especialmente en cuanto al “carácter” sacramental), la gracia, la caridad, la fe sirven para un tratado sobre el laicado que quiera estudiarlo de verdad en la ordenación sobrenatural establecida por Dios para la salvación, y por tanto para inserirlo en el lugar justo en la teología.

Aquí, naturalmente, podremos ocuparnos sólo de algunos elementos esenciales, especialmente cristológicos y eclesiológicos, para recabar de ellos el sentido teológico de la posición y de la función del laicado en la Iglesia.

2.      Razones del nacimiento y de la investigación de una teología del laicado.

La consideración teológica del laicado se ha ido desarrollando cada vez más en los últimos tiempos en obras que han tenido el mérito indiscutible de plantear problemas sobre los que no había existido antes una reflexión tan explícita y directa, y de aportar no pocas colaboraciones eficaces para su solución. Recordaremos de momento las fundamentales de Congar, de Cerfaux y de Philips[9]9.

Este progreso doctrinal lo relacionamos con algunos fenómenos de vida eclesial y cívica que se han verificado en los últimos siglos.

  1. Ante todo, este progreso ha sido estimulado, como esfuerzo de revaloración y defensa contra la progresiva profanación del laicado, acaecida en 1ª edad moderna y llegada, a través de sucesivas etapas, al llamado “laicismo”, fenómeno complejo que incluye una cantidad de equívocos en la teoría y en la práctica, y que, si se prescinde de su afirmación de la independencia del poder político del religioso-jerárquico (en cuyo sentido se podría llamar quizá más propiamente “gibelinismo”), no tiene sentido respecto de todos los demás campos de pensamiento y de vida a los que ha sido extendido. Como quiera que sea, no hay duda de que, por múltiples razones, se ha verificado un proceso de laicización, con planteamiento netamente anticlerical, que no podía por menos de terminar en la separación de ambos estratos del laicado de la Iglesia, con la consiguiente atenuación del sentido de participación de los fieles en la vida de la comunidad cristiana y con la casi exclusiva presencia y dirección del clero en su organización. Un nuevo descubrimiento y valoración del lugar y de la función del laicado en la Iglesia requería por tanto una profunda investigación teológica de los datos de la revelación, de la liturgia y de la historia a este respecto.
  2. Estímulo asimismo para tal investigación era el hecho de que desde la segunda rnital del siglo xix, y cada vez con más amplitud hasta nuestros días, se había producido un auténtico despertar de los seglares, de su conciencia eclesial, de su actividad apostólica, a lo que respondía la incitación, ía exhortación y en cierto modo el mandato de los papas y de los obispos, hasta que se formaron organizaciones específicas, especialmente la Acción católica, que fue la gran obra de Pío xi. Especialmente bajo este pontífice y bajo Pío xn, habiéndose desarrollado ampliamente la acción de los seglares, se sintió la necesidad de reexaminar sus fundamentos teológicos y. por tanto, de dar lugar a una verdadera y propia “teología del laicado”. Caso típico, éste, de interdependencia e influjo recíproco entre la doctrina y la vida, de suerte que la teología, que con la luz de la revelación ilumina y dirige la vida de la Iglesia, es a su vez impulsada por ella y expresa en conceptos, ciertos momentos salientes, ciertos resultados, ciertos ritmos suyos.
  3. La nueva subida del pueblo a la escena de la historia al difundirse los principios democráticos y cobrar firmeza en organizaciones sociales y en regímenes políticos, creó las condiciones históricas en que tanto la recuperación de la conciencia eclesial del laicado como la profunda investigación teológica de su acción y de su presencia en la Iglesia eran de actualidad y respondían a requerimientos, a esperanzas, a necesidades. También estas condiciones históricas favorables contribuyeron al trabajo teológico.

Como quiera que sea, por estas y otras rizones se produjo en este campo un avance real de las ciencias sagradas, aunque entre incertidumbres, exageraciones, hasta errores. En conjunto se puede hablar de ello en términos de progreso, reconociendo aquí uno de los puntos en torno a los cuales lateología en general y la eclesiología en particular se han enriquecido y desarrollado en nuestro siglo,

Aquí fijaremos sólo las grandes líneas de la “teología del laicado” resultante del trabajo que se ha dicho, tanto en cuanto al ser como en cuanto al hacer de ios seglares en la Iglesia.

3.      Sentido del término “Laicado”.

Notamos también, como preliminar, que el término “laicado” se usa a veces para designar algunos notables entre los fieles, o porque forman un grupo de personas particularmente representativas, o porque están organizadas, como seglares, para desarrollar ciertas actividades en la Iglesia. Ahora bien, no hay duda de que la acción del laicado se manifiesta especialmente a través de estos elementos selectos y de estas organizaciones. Aquí empero entendemos por “laicado” la amplía parte de la Iglesia no perteneciente al clero[10]; por tanto, el cuerpo de los fieles, o, como dice el Código de derecho canónico, de los christifideles: la plebs de la antigua liturgia, la plebs sancta, el populus Dei, al que ciertamente pertenecen también el clero y la jerarquía (como al pueblo español pertenecen también las autoridades españolas), pero que se distingue del clero, de la jerarquía, si en éstos se considera, más que la unidad profunda en Cristo y el común origen de Él, precisamente el perfil organizador y jerárquico: entonces el laicado se entiende como el conjunto de los fieles que, para su vida de fe y de unión con Cristo, tienen necesidad de maestros, de legisladores, de guías, de sacerdotes, de los que dependen, pero con los cuales viven siempre activamente en la única Iglesia.

4.      Elementos  fundamentales  de  la  Iglesia  como cuerpo místico.

El último preliminar que ponemos se refiere a la Iglesia, en cuyo ámbito consideramos aquí el lai-cado. De ella deberemos hablar más veces, precisamente porque la teología del laicado no puede no considerar su objeto en la Iglesia y ser eclesiología. Pero aquí es necesario recordar ya desde el principio algunos elementos fundamentales, y ante todo éste: que la Iglesia es un misterio [11]“.

Una realidad profunda, trascendente, sobrenatural que se expresa también en manifestaciones exteriores de vida y en estructuras jurídicas y organizativas, pero que tiene su ser más verdadero en un fondo invisible e inefable donde las almas redimidas por Cristo se unen en la fe y en el amor, por los cuales Cristo vive en ellas y las hace una sola cosa consigo mismo, un cuerpo místico unido a Él como a cabeza de muchos miembros: esto es la Iglesia. Por esto nosotros proclamamos en nuestra profesión de fe: Credo unam, sanctam, catholicam et apostolicam ecclesiam… Nosotros creemos en la Iglesia como en los otros misterios de Dios y de su intervención sobrenatural en el mundo. Creemos en ello porque nos damos cuenta de que se trata de una realidad que en su ser más profundo supera los límites de nuestra inteligencia natural. Sólo con la fe podemos hablar de ello adecuadamente, por más que ésta no basta para hacernos entender todo el misterio. Por ella nos adherimos, fundándonos en la palabra de Dios que nos lo revela, pero no lo vemos. Sólo en el cielo, en la luz de la visión beatífica, conoceremos por directa intuición a Dios en sí mismo y en sus obras, y por ende también a Cristo, y a la Iglesia, que es su cuerpo místico.

La fe, empero, ya nos enuncia en términos humanos, análogos, el misterio, y nos dice también lo que es la Iglesia y lo que nosotros todos, sacerdotes y seglares, somos en la Iglesia.

 “La teología de la Iglesia -ha escrito sabiamente JORGE FLOROVSKY, profesor en el Instituto ortodoxo de París – no es más que un capítulo, y un capítulo fundamental de la cristología. Y sin este capítulo la misma cristología no sería completa[12]” “. Pienso que estas palabras, bien entendidas, serían suscritas incluso por santo Tomás de Aquino, el cual, en efecto, como hemos visto, estudia e ilustra la Iglesia como cuerpo místico de Cristo en la cuestión octava de su tratado sobre la encarnación. Es la línea de los padres, entre los cuales bastará citar a san JUAN CRISÓSTOMO, que escribe: “La Iglesia es el complemento de Cristo del mismo modo que la cabeza completa el cuerpo y que el cuerpo es completado por la cabeza… [Cristo] ha preparado a toda la raza humana para seguirle y unirse a Él… Notad bien cómo san Pablo le presenta como necesitado de todos sus miembros. Esto significa que la cabeza será completa sólo cuando el cuerpo habrá sido hecho perfecto, cuando nosotros estaremos todos juntos, unidos y vinculados juntamente”[13]; ya san AGUSTÍN, que a su vez añade las famosas expresiones: “No sólo somos hechos cristianos, sino que [somos hechos] Cristo… El hombre todo entero, es Él y nosotros”[14]; y todavía: “Porque Cristo no está sólo en la cabeza sin estar en el cuerpo, sino que Cristo está todo Él en la cabeza y en el cuerpo”[15].

Esta concepción de la totalidad de Cristo en la Iglesia les viene a los padres y a santo Tomás de san Pablo, para el cual, como es sabido, la Iglesia es “cuerpo”  y “plenitud”  de Cristo. Numerosos textos nos dicen su pensamiento. El más significativo a este respecto es el de la epístola a los de Éfeso (1, 23), donde el apóstol escribe que el Padre ha dado a Cristo “por cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo: la plenitud del que lo acaba todo en todos”[16].

No es que no sea Cristo, sin nosotros, un ser completo, ni que la personalidad perfecta sea dada a los hombres por Cristo; en el plano ontológico, nosotros y Cristo somos distintos, autónomos y nos encontramos a distancia infinita. Tampoco es admisible una concepción de la Iglesia como de una colectividad en la que los individuos se unan cancelando la propia personalidad. Al contrario, cada uno sigue siendo el mismo, personalmente unido a Dios, aun cuando necesariamente inserto en la Iglesia y engendrado y nutrido por ella en la vida de “hijo de Dios”; cada uno es siempre personalmente llamado y personalmente responsable. En el cristianismo auténtico no hay nada de un impersonalismo que en nombre de la unión corporativa sacrifique el valor personal. Todo lo contrario. El concepto de la Iglesia como organismo cuya cabeza es Cristo hay que entenderlo bien y considerarlo contenido en sus propios límites. Se completa con el otro concepto de una “sinfonía de personalidad”, como escribía el teólogo ortodoxo citado poco antes[17]. Pero, hechas estas precisiones, nosotros podemos fijar la atención en el concepto paulino, buscando saborear todo su contenido, gozando de sabernos, en cuanto miembros de la Iglesia, miembros del mismo Cristo, que uniéndonos a sí realiza aquella totalidad, aquella plenitud espiritual del misterio de la encarnación redentora que el Padre ha contemplado y decretado eternamente en el plan que fijaba toda la economía de la salvación, sometiendo todo a Cristo como a heredero del universo, estableciendo que sólo de Él y por medio de Él nos viniese la gracia santificadora y salvadora.

Estos elementos de la revelación que nos ofrece san Pablo cuando habla del cuerpo místico, o de la nueva alianza, o del nuevo pueblo de Dios[18], explican por qué santo Tomás inserta la teología de la Iglesia en la teología de la encarnación, fiel a la doctrina del apóstol. Pero esta eclesiología a través del Apóstol alcanza su verdadera fuente en el mismo Cristo, que con otros conceptos ha expresado la misma misteriosa realidad de la Iglesia cuando con relación a la humanidad se ha presentado como Pastor[19], Salvador[20], Esposo[21] y, sobre todo, como única vid de la que los creyentes en Él son los sarmientos; sarmientos que de Él traen la vida y por Él llevan fruto[22].

Como se ve, se trata de una realidad sobrenatural en la cual los hombres son llamados a entrar en comunión de vida con Cristo y a formar como una “humanidad acrecentada (de surcroit), en la cual Él renueva su misterio”, como decía sor Isabel de la Santísima Trinidad; y esta humanidad, santificada al contacto y en la comunión de vida con Cristo, es la Iglesia, sociedad humana y divina, edificada en Cristo y por Cristo, que refleja en su unidad la unidad misma de las divinas personas[23], habitada como un templo por Dios. En efecto, dice san Pablo a los cristianos: “Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular el mismo Cristo Jesús, en el cual todo el edificio, armónicamente trabado, se alza hasta ser templo santo en el Señor; en el cual también vosotros sois juntamente edificados para ser morada de Dios en el Espíritu” (Eph 2, 19-22).

Estas palabras de san Pablo van dirigidas a todos los cristianos, dicen la realidad de todos, indistintamente, a condición únicamente de que ellos estén efectivamente en comunión con Cristo, sean miembros de la ciudad de Dios. En el fondo misterioso de la Iglesia, donde se opera la unión con Cristo y la participación en su vida, no hay otra razón u otro criterio para distinguir a los hombres fuera de la personal pertenencia a Cristo como a cabeza. y por ende de la personal realización de gracia, de santidad, de vitalidad divina. En la medida en que uno se adhiere más a Cristo y repite en sí la vida de Él, aumenta también el grado de su íntima pertenencia a la Iglesia y de su participación en ella; cuanto más es de Cristo, más es de la Iglesia: más aún, cuanto más está Cristo en él, tanto más está en él la Iglesia, y en algún sentido él mismo es la Iglesia.

Pero de esto volveremos a hablar en seguida, así como de la distinción genérica que ya se perfila en el texto paulino citado. Aquí queríamos solamente afirmar, como base de toda ulterior consideración, el concepto de la unidad de la Iglesia con Cristo y de todos los miembros de Cristo en la Iglesia, de tal suerte que la comparación entre los dos términos: “Laicado” e “Iglesia”, encuentre su real consistencia teológica en la revelación de la Iglesia, y, aun cuando deba desenvolverse en el plano institucional, externo, jerárquico, donde las distinciones son netas, no prescinda jamás de la unidad fundamental por virtud de la cual se puede hablar también del “Iaicado” como de “Iglesia”. En nuestro estudio buscaremos siempre tener presente esta unidad, aun respetando las distinciones necesarias.


[1]  Tal   es   el   elemento   específico   que   caracteriza  la   consideración teológica.  Cf.  Summa Teologica. Cf  Summa theol  i,   q.   1,  a.  7.

[2] En la m parte de la Summa, como se sabe, después de la cuestión “De la gracia de Cristo en cuanto es hombre individuo”, sigue la cuestión vm, “De la gracia de Cristo en cuanto es cabeza de la iglesia”. Según Juan de santo Tomás, el Angélico se habría inspirado, para esta división, en el prólogo de san Juan, sacando de él el concepto de la doble gracia y el de la “gracia de unión”. Es decir: “El Verbo se hizo carne” (gracia de unión); “le vimos lleno de gracia y de verdad” (gracia singular); “de su plenitud todos hemos recibido” (gracia capital). Se tiene así, en la gracia, una misteriosa y solidísima unión entre Cristo y la iglesia, considerada como su prolongación y, más aún, como su “cuerpo”, y al mismo tiempo su soldadura al misterio de la redención, como pone de relieve la Summa Theol, va, q. 7, a.  13; q. 8, a. 5

[3] Así hacen los teólogos que en nuestro tiempo han desarrollado con particular esmero la “teología del Íaicado”. Cf.  Y. CONGAR, sacerdoce et laicat dans VÉglise, Éd. du Vitrail, París 1947, p. 7 ss; Jalons pour une théologie du laicat, Éd. du Cerf, París 1953, p. 46 ss; G. PHILIPS, Le role du laicat dans VÉglise, Casterman, Tournai 1954, p. 27 ss; trad.   itaL:   Vita e Pensiero,  Milán    1956

[4] Cf. Y, CONGAR, Sacerdoce et laicat dans VÉglise, p. 8 s; P. DA-BIN, S. I., Le sacerdoce royal des fidéles dans les livres saints, Bloud et Gay, París 1942

[5] Cf. Summa Theol. HI, q. 8, a. 1, ad 3: “… el Espíritu Santo es comparado con el corazón porque vivifica y une invisiblemente a Sa Iglesia: Cristo se compara a la cabeza, según su naturaleza visible, por la cual Él, hombre, está puesto ante los hombres.” Todo esto en el cuadro de la teología del cuerpo místico, del cual es precisamente Cristo la cabeza y el  Espíritu Santo el corazón.

[6] Sacerdoce   et   laicat  dans VÉglise,   p.   8  s.

[7] Cf. R. SPIAZZI, La Madonna e i laici, en “Tabor” 6 (1953) 463-478.

[8] Cf. María SS. nella economía della sálate, Actas de la “Setti-mana di Aggiornamento Pastorale” de Milán (14-18 sept. 1953), Didas-caleion, Milán 1953. Aquí se encuentran, además de los trabajos doctrinales sobre María santísima y la vida pastoral, estudios también de metodología pastoral mariana con relación a la familia (C. COLOMBO), a la Acción católica (S. E. monseñor G. URBANI), a las Congregaciones Marianas (V.  INSOLERA).

[9] Además  de  las  obras  de  Congar  y  de  Philips  ya  citadas,   re contemos, de L. CERFAUX, Regale Sacerdotium, en “Rev. Se. Philos. Theol.” 28 (1939) 5-39, y La Ihéologie de l’Église suivant Sí. Paul, í:d. tju Cerf, París  1942.

[10] Remito ya desde ahora a los tratados específicos, p. ej.: H. LECLERCQ, Ldics, en “Dict. d’Archéol, et de Liturg.”; P. DABIN, S. I Le sacerdoce royal des jidéles..-, pp. 86-97: sobre todo, Y. CONOAR, Jalons…,  pp.   19-44.

[11] Como ha evidenciado especialmente U. CLERISSAC en su inolvidable libro Le mystére de l’Église, París 1925; trad. ita!.: Morcellia-na, Brsscia 1935. Cf. también P. BROUTIN, S. I-, Mysterium Ecclesia, Á l’Orante, París 1947; G. CERIANI, 7/ mistero di Cristo e della Chiesa, Vita e Pensiero, Milán 1945; Y. CONGAR, Esquiases du mystére de l’Église,   Éd.   du Cerf,  París   1953.

[12] Le corps du Christ vivant, en La Sainte Eglise Universelle, Cahiers théologigues de Pactualité protestante, Delachaux et Niestlé, París-Neuchatel 1948, p.   12.

[13] ln Ephes. hom.  ni:  PG 62, c. 29.

[14] In Evang. loan, tract. xxi, 8: PL 35,  1568.

[15] Ibid.,  tract.  xxvm:  PL 35,  1622.

[16] Sobre el sentido de este texto, cf. F. PRAT, S. I., La tkéologit de St.    Paul,  Beauchesne, París  “1933, t.  n,  p.  341 ss.

[17] 17.G.  FLOROVSKY, Le corps du Christ vivant, p. 22.

[18] Cf. Epb  1, 3-14; 2, 4-7 13-22;  Col 1, 15-23; Hebr 1, 1-4;  2., 8-18; 8, 6-a13, etc.

[19]  Cf. Ioh  10,   11  14 16.

[20] Cf. Mt 18, 11; Le 9, 56; 19,  10; Ioh 12, 47

[21] Cf. Mt 9,  15; Le 5, 35.

[22] . Cf. Ioh   15,   1-5.

[23] Cf. Ioh  17,   11 21  s.

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Redes sociales, ¿amistades reales?

Redes sociales, ¿amistades reales?

FE Y RAZÓN

LUIS-FERNANDO VALDES,

Periodico AM Queretaro, 30/01/11

 

La amistad es quizá la más apreciada de las cualidades humanas. Ya Aristóteles explicaba en la ‘Ética a Nicómaco’ que la amistad lleva hacia una de las formas más elevadas de felicidad. Pero hoy, en plena revolución informática, cuando las relaciones interpersonales han superado el tiempo y el espacio mediante las redes sociales en Internet, ¿está bajo amenaza la amistad auténtica?

La amistad es una de las principales manifestaciones del espíritu humano, y nos muestra el deseo profundo de salir de’ nosotros mismos para compartir tanto nuestras aspiraciones más elevadas como nuestras incidencias cotidianas.

Esta ‘sed de comunión’, que está presente en la vida de cada persona, ha encontrado en las redes sociales una forma privilegiada para manifestarse y para saciarse. Como la presencia, que es una condición para iniciar la amistad, ya no está sujeta a coincidir físicamente en un mismo lugar, ahora es más sencillo entablar o retomar relaciones amistosas.

Pero también en esta facilidad de convivencia ‘en tiempo real’ radica un peligro: el ‘eclipse de la amistad’. Cuando no se tiene la experiencia de la amistad ‘en vivo’, se puede confundir la amistad con el contacto meramente ’virtual’.

¿Qué aspectos se deben tener en cuenta para que las relaciones en las redes sociales expresen una auténtica y verdadera amistad? Precisamente, Benedicto XVI acaba de presentar una seria reflexión sobre el sentido de la comunicación en la era digital (24.1.2011).

El Papa explica que las nuevas formas de relación interpersonal inciden en la imagen que se tiene de uno mismo y esto conlleva que cada uno se pregunte sobre su propia autenticidad.

De manera que lo primero es preguntarnos si deseamos una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si evitamos buscar refugiarnos en una especie de mundo paralelo, o en una excesiva exposición al mundo virtual.

Entonces, el anhelo de compartir, reestablecer “amistades”, implicad desafío de que seamos auténticos, fieles a nosotros mismos, sin ceder ala ilusión de construirnos artificialmente un ‘perfil’ público.

Como el ser humano siempre está implicado en aquello que comunica, tanto en el mundo real como las redes virtuales, cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales. Por eso, afirma el Santo Padre, “en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva”.

Al meditar estas ideas de Benedicto XVI, vemos que la amistad sigue siendo la misma de siempre. La autenticidad y los valores siguen siendo condición para ser realmente amigos. De ahí que las redes sociales no van a cambiar la naturaleza de la amistad; pero en cambio, sí ponen rápidamente de manifiesto las riquezas o las carencias de la amistad que cada persona ofrece.

Lejos de ser una amenaza, las redes sociales se convierten en una oportunidad para aprender el ‘arte’ de la amistad. El problema no radica en la tecnología (antes los adolescentes pasaban horas en el teléfono fijo; luego en el celular; ahora en Internet); la clave se encuentra en cultivar los valores de comprensión, de autenticidad, de servicio a los demás, porque son los que llevaremos a la red virtual.

Concluyo con la invitación del Papa Ratzinger a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones virtuales, “no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana”.

Correo: lfvaldes@gmail.com

http://columnaferyrazon.blogspot.com

Categorías:DSI

Festejo de los 140 años de la Accion Catolica Italiana

140 años de la ACI

Les dejo te video del festejo de los 140 años de la Accion Catolica Italiana

http://www.gloria.tv/media/119155/embed/true

Categorías:Accion Catolica

Reunion Nacional de la Accion Catolica de Adolescentes y Niños (ACAN)

    Acción Católica de Adolescentes y Niños

Equipo Nacional

  Escudos de la Accion Catolica de Adolescentes y Niños

Puebla de los Angeles, 12 de enero 2011

 

A los Miembros del Equipo Nacional

Y Presidentes Diocesanos

PRESENTE

                Enviamos a ustedes un afectuoso saludo, con todo el deseo, que la esperanza que da el inicio de este año que Dios nos regala, sea una oportunidad para hacer mejoras en nuestro caminar apostólico, como una ofrenda al amor que Dios ha derramado en nuestros corazones, el motivo de la presente es para convocarlos a participar en la 1ª Junta del Equipo Nacional del trienio 2010-2013, que se llevará a cabo D.M.  el día 5 de febrero del año en curso en la Diócesis  de Puebla, iniciando a las 10:00 a.m.; su puntual asistencia es de suma importancia, ya que el festejo de los 40 años de la organización está muy próximo y necesitamos hacer la programación lo antes posible, de igual modo deseamos informarles de las necesidades y acciones que ha decidido tomar la Junta Nacional para estos años.

Sin más por el momento quedamos a sus ordenes suplicándoles confirmar su asistencia lo antes posible, para darles a conocer más detalles.

Dios les bendiga y conserve la alegría en sus corazones deseando un 2011 lleno de mucho fruto en el apostolado en sus vidas.

“Niños y Adolescentes con Cristo”

   María Dolores Chávez Ortiz                                      Pbro. Rafael Hernández Sosa

Presidente Nacional de la ACAN                                               Asistente Eclo. Nacional de la ACAN

Categorías:ACAN

Alentadoras Asambleas Nacionales de la Acción Católica Mexicana

Fuente Revista Cultura Cristiana mexico

Alentadoras Asambleas Nacionales de la Acción Católica Mexicana

 

MISIÓN EVANGELIZADORA DE LA IGLESIA PARA LA PAZ

Llegaron los días esperados, después de un intenso proceso de varios meses que culminó con el desarrollo de estas Asambleas, los días 12,13,14 de noviembre, en San Juan de los Lagos, Jal.

Fuente Revista Cultura Cristiana, año LXXVIII, No 11, nov 2010

Viernes 12

Arribo

Desde las primeras horas del viernes doce los dirigentes ocuparon las instalaciones de la acogedora y funcional Casa de Pastoral “Juan Pablo II”. Jorge y Lupita Chávez coordinaron esta labor, para lograr el mejor recibimiento a los asambleístas, algunos provenientes de lugares lejanos.

Celebración Eucarística Inaugural

Todo se encontraba preparado para este momento. Los sacerdotes, presididos por el P. Ramón Pérez Mata, Asistente de Grupos, Asociaciones y Movimientos Laicales de San Juan de los Lagos, iniciaron su marcha hacia el altar colocado en el centro del espacioso auditorio, escuchándose los cantos del coro del Seminario y de todos los asambleístas que siguieron los distintos momentos en un folleto práctico preparado inteligentemente por la Comisión de liturgia que coordinó la señora María Arratia. La homilía, a cargo del P. Ramón se refirió a los textos de las lecturas y en particular al mensaje de Benedicto XVI en ocasión de un importante aniversario de la Acción Católica Italiana.

Sesión de Apertura

Por la tarde, después de la comida, en un ambiente más calido por el intercambio personal, principia esta importante reunión. Los tambores y cornetas de la banda de guerra del Colegio Motolinía anuncia los honores al lábaro patrio y se entona el himno nacional. Desfilan también las banderas de las organizaciones y Movimientos Nacionales de la Acción Católica.

Saludo y presentación de Participantes

Previamente se escucharon los mensajes de bienvenida expresados por Anita Todd de Croada, Presidenta Nacional y de Inocencio Padilla, Presidente de la Junta Diocesana de la sede anfitriona. De igual manera, del P. Nicolás Valdivia de León, en nombre del Consejo de Presidencia del Episcopado Mexicano.

Fungió como animadora de los distintos actos generales, Dulce Irene Rivera Torres, Presidenta Nacional de la JCFM. Con su I carácter alegre y jovial, invitó a los participantes a su presentación y así cada delegación, al escuchar el nombre de la diócesis respondió con voz fuerte: “La Paz de Cristo en el Reino de Cristo”.

A fin de avivar entre los asambleístas un trato humano más intenso, Osvaldo Sauce, dirigente diocesano de ACAN, promovió una dinámica de sensibilización, mediante el dialogo a partir de varias cuestiones.

Función Informativa

Con anterioridad al cumplimiento de esta responsabilidad se expusieron dos puntos:

Primero: qué es una Asamblea y particularmente su calidad de “Plenaria” , a nivel nacional. Estuvo a cargo de Bertha Alicia Bermejo y Rafael Rodríguez Ozuna, dirigentes diocesanos de la JCFM Y ACJM, respectivamente.

Segundo: los objetivos específicos de la XXIX Asamblea Nacional, expuestos por Carlos Mercado, Presidente Nacional de la UCM, a la luz de dos ideas: “Cristo nuestra Paz” y “Lograr que en Cristo se realice el proyecto renovador de la Acción Católica”.

Como lo indica el Estatuto General, una de las principales funciones de la Asamblea Plenaria es conocer y examinar el informe de la situación que vive la ACM y las realizaciones más destacadas durante el último trienio. Para ello, Anita Todd y Guadalupe Chávez dieron lectura a los informes en su carácter de Presidenta y Tesorera.

La Presidencia informó hasta dónde se alcanzaron los compromisos asumidos en la XXVIII Asamblea Plenaria (Querétaro 2007)

Señaló la forma como mantuvo contacto con las organizaciones diocesanas para cumplir con la misión de servicio que corresponde a la Junta Nacional. Describió los problemas más agudos de la institución y planteó algunas soluciones. Buena parte de esta información la cubrió la relación correspondiente a cada una de las Organizaciones, Movimientos y Obras de Servicio. Por supuesto, mencionó el nombre de las personas que integraron su equipo, agradeciéndoles, al igual que a los dirigentes diocesanos, la colaboración siempre generosa y entusiasta.

Por su parte, el informe de la Tesorería mostró los diversos movimientos realizados en lo que se refiere a “Ingresos y Egresos”, destacando las fuentes primordiales de adquisición de bienes y el destino que se les dio.

El esfuerzo, el cuidado y la diligencia de Anita y Lupita en tan delicadas responsabilidades, recibieron un cálido aplauso de los asambleístas.

Acto seguido se nombraron las diócesis encargadas de dictaminar sobre los informes. Para el de Presidencia: Acapulco, Tlalnepantla y León. Tesorería: Aguas-calientes, Querétaro y Mérida. Además, se solicitó el servicio de las diócesis de Monterrey, Chihuahua y México para el recuento de votos durante las elecciones.

SÁBADO 13

El nuevo día se inicia con el rezo de Laudes.

La reunión plenaria continúa con el enlace de las actividades del día anterior, presentado por Imelda Escobar Pioquinto, Presidenta Nacional  de  la UFCM.

Para conectar el itinerario de la Asamblea con las orientaciones eclesiásticas recientes, el Lie. Emilio Bravo Maldonado, Ex-presidente Nacional de la UCM, dicta una conferencia con base en tres documentos: la carta apostólica “Obicumque            et Semper” con la cual se constituye el Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización; las conclusiones de la V Conferencia Episcopal Latinoamericana (Aparecida), en lo relativo al fenómeno de la Globalización y al discipulado y vocación misionera de los laicos. Así mismo, la Exhortación Pastoral del Episcopado Mexicano sobre la misión de la Iglesia en la construcción de la paz, para la vida digna del pueblo de México.

El mensaje ofrecido por el Lie. Bravo tuvo gran claridad, conceptos precisos y adecuados para iluminar los objetivos de la Asamblea. Una aportación muy valiosa recibida con bastante interés

El Proyecto

La parte central de la Asamblea ha sido la presentación del llamado “Proyecto Nacional ACM”. El Ing. Eduardo Ramírez Cato expuso una síntesis de cómo se elaboró este instrumento, señalando las distintas etapas del proceso: primero, la preparación del Encuentro celebrativo de los 80 años, (Puebla 2009); después, el análisis de los resultados de este evento, y finalmente una minuciosa consulta a los organismos nacionales y diocesanos, todo encaminado a conocer los desafíos que plantea la realidad social y la de los grupos de base, y por tanto, las posibles respuestas que la ACM requiere ofrecer en el hoy.

Posteriormente, Esmeralda Serrato García, señaló los objetivos generales del Proyecto y sus perspectivas.

Las Propuestas

El citado Proyecto lo configuran ocho propuestas, mismas que se dieron a conocer, previa la fundamentación de cada una de ellas; esta imprescindible orientación la ofrecieron los Presidentes Nacionales: Dulce Irene Rivera, Maria Dolores Chávez, Imelda Escobar Pioquinto y Carlos Mercado.

Discusión y aprobación

La señora Maria Eugenia Díaz de Pfennich, miembro de la “Comisión de Contenido” del Proyecto, coordinó este momento, explicando a los asambleístas el procedimiento para su discusión, el cual debía considerarse en su conjunto, es decir, las ocho propuestas en su totalidad, no en lo particular.

Análisis y votación

Se concedió un tiempo a fin de que los delegados dialogaran y manifestaran su aceptación o rechazo al “Proyecto”. Cada diócesis tenía derecho a un solo voto y lo expresaron, ante la vigilancia de la Comisión especial para el caso, obteniéndose este resultado: 42 votos a favor, 4 en contra y 3 abstenciones.

Presencia del Episcopado

Mons. Javier Navarro Rodríguez, Obispo de Zamora, fue recibido por los asambleístas con alegría y esperanza. En su carácter de Presidente de la Dimensión Episcopal para los Laicos expuso una serie de orientacio nes que enriquecieron al  proyecto  aprobado por la Asamblea. De   manera   particular dio algunas indicaciones sobre el proceso electivo.

Enseguida, Mons. Navarro presidió la Eucaristía, acompañado de los Asistentes Eclesiásticos.

Asambleas particulares

La tarde de este día fue dedicada exclusivamente a la celebración de las Asambleas particulares: UFCM, ACJM, UCM, JCFM, MEAC, ACAN y MORAC.

El desarrollo de estos actos estuvo centrado es tres momentos:

  • El informe de actividades del trienio
  • La asimilación del Proyecto aprobado y su puesta en práctica en cada Organización y Movimiento
  • La elección del Presidente (a) Nacional

Concluidas estas Asambleas los participantes disfrutaron de una fraternal convivencia denominada “cena de gala”, para saborear algunos   platillos mexicanos, bajo la animación de jóvenes y adultos que jubilosos cantaron y bailaron.

Domingo 14

Llegamos al último día. La lectura breve del rezo de Laudes inspiró las actividades: “La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono y del Cordero ¡La bendición, y la gloria , y la sabiduría, y la acción de gracias, y el honor, y el poder, y la fuerza son de nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amen.” (Ap. 7,10-12)

Enlace

Para unir los asuntos tratados el sábado con el programa de hoy, Lolita Chávez hizo una breve síntesis subrayando que la parte central del día es las elecciones del Presidente de la Junta Nacional.

Dictamen de los Informes

Las comisiones responsables de esta labor comunicaron su dictamen. Sobre el informe de la Presidenta, la señora Lourdes Medrano, (diócesis de León); en cuanto a la Tesorería, la señora Susana Gabriela Marrufo, (diócesis de Mérida).

La Asamblea escuchó con atención los dos juicios, sin comentarios.

Función Electiva

La señora Cándida Briones López, Presidenta de la Junta Diocesana de Tlaxcala, coordinó el desarrollo de esta función.

En primer lugar, recordó el proceso seguido para recibir las propuestas de los candidatos de las diócesis; el cuidado que se tuvo para el cumplimiento de las condiciones requeridas por el reglamento. Finalmente, la comunicación de la Dimensión Episcopal para los laicos, a fin de recibir la aprobación de las personas que podían fungir como candidatos.

De esta manera, se dieron a conocer los nombres de las tres personas ratificadas por la DELAI.

Ø      Srita. Esmeralda Serrato García, Presidenta de la Junta Diocesana de Toluca.

Ø      Sr. Ornar Florentino Peña, Presidente de la Junta Diocesana de Monterrey.

Ø      Sr. Rogelio Villegas Ruiz, Presidente de la Junta Diocesana de Cd. Obregón.

La misma Comisión presentó el curriculum vitae de los candidatos, señalando el número de votos a que tenían derecho los organismos diocesanos y nacionales. Por supuesto, la expectación entre los asambleístas fue creciendo. Las personas indicadas pasaron a depositar su voto, con el siguiente resultado: Omar Florentino Peña 29 votos, Esmeralda Serrato García 13 votos y Rogelio Villegas Ruiz, 20 votos.

De inmediato surgieron las porras de júbilo a favor del nuevo Presidente, en un ambiente festivo muy fraternal, con abrazos y aplausos.

Omar, muy emocionado, agradeció la solidaridad de los asambleístas y los invitó a iniciar una labor de conjunto para la superación de la AC, apoyados en el nuevo Proyecto. Él mismo propuso a tres dirigentes para ocupar la Vice-presidencia: Rogelio Villegas Ruiz (Cd. Obregón), Maria de Jesús Vilchis de Cavazos (Cd. Juárez) y Víctor Hugo Labra Carreto(Chilapa). Por mayoría, se eligió al primero de ellos.

Los Nuevos Presidentes

En las Asambleas particulares se eligieron a:

Unión Femenina Católica Mexicana Consuelo Cortés Bravo
Asociación Católica de la Juventud Mexicana Miguel Manzo Villanueva
Juventud Católica Femenina Mexicana Guadalupe Espinoza Iñiguez
Unión de Católicos Mexicanos Antonio Rangel Enríquez
Acción Católica de Niños y Adolescentes Dolores Chávez Ortiz
Movimiento de Enfermeras de Acción Católica Alicia Mendoza Cervantes
Movimiento Rural de Acción Católica María Becerril de Arratia

Eucaristía y posesión de cargos

La emoción vivida durante el momento de las elecciones se mantuvo y creció a la hora de la Acción de gracias final. El Padre Nicolás Valdivia presidió este acto en unión de los Asistentes Eclesiásticos. En su calidad de Asistente Nacional hizo varias preguntas a Ornar, para ratificar su fe en la Iglesia y en la Acción Católica. Sus respuestas eran también la voz de los demás Presidentes y la de todos los asambleístas.

Llegó el momento del intercambio de Banderas, como símbolo de asumir la responsabilidad de dirigir e impulsar la marcha de la Acción Católica en los años por venir. ¡Un momento intenso, inolvidable, esperanzador…!

El P. Valdivia manifestó la gratitud por el admirable esfuerzo de tantos dirigentes, militantes y Asistentes Eclesiásticos; a la Junta Nacional, especialmente para Anita Todd; a los equipos Nacionales, las Juntas y Comités diocesanos; los grupos de base, y de modo muy particular a la Acción Católica de San Juan de los Lagos, que desbordó cariño y generosidad para que se superara el éxito esperado.

Se acercaba la despedida. Algunos asambleístas tuvieron tiempo de comer; otros lo harían en el camino; muchos se fueron a visitar a la Virgen en la Basílica. Surgieron los abrazos de alegría y tristeza, y también lagrimas. Pero todos llevaban un corazón nuevo, encendido de pasión para seguir anunciando el Evangelio. En los rostros se vislumbraba un anhelo: “¡Pronto nos volveremos a encontrar…!”

Personas que participaron en la XXIX Asamblea Plenaria

124      Unión Femenina Católica Mexicana

69        Movimiento de Enfermeras de Acción Católica

60        Acción Católica de Niños v Adolescentes

57        Unión de Católicos Mexicanos

47        Juventud Católica Femenina Mexicana

19        Movimiento Rural de Acción Católica

14        Asociación Católica de la Juventud Mexicana

3          Obra Nacional de Instrucción Religiosa

25        Juntas Diocesanas

4          Junta Nacional

422  Total

De 15 Arquidiócesis y 28 Diócesis


Intolerancia Religiosa, Peligro Para La Paz

Intolerancia Religiosa, Peligro Para La Paz

Fe y Razón

Luis-Fernando Valdés, Periódico AM Querétaro, 09/01/2011

 

Desde hace bastantes años, la tolerancia religiosa ha sido un valor que cobra mayor peso en la vida cotidiana de nuestro País. Sin embargo, en la ‘aldea global’ el pasado 2010 fue un año difícil para la libertad religiosa. No podemos cerrar los ojos al sufrimiento de tantos hombres y mujeres, aunque vivan en a miles de kilómetros de aquí.

Primero demos un pequeño repaso a los principales sucesos en esta materia, ocurridos hace unos meses. El 31 de octubre pasado hubo un atentado, en la catedral sirio-católica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de Bagdad (Irak), en la que fueron asesinados dos sacerdotes y más de cincuenta fieles, mientras estaban reunidos para la celebración de la Santa Misa. En los días sucesivos, hubo más ataques a los cristianos iraquíes.

En Paquistán, una cristiana llamada Asia Bibi, madre de dos niños, fue condenada a la horca, el 11 de noviembre, por el delito de blasfemia contra Mahoma. Asia Bibi fue acusa da de haber ofendido al Islam durante una discusión con mujeres musulmanas en su lugar de trabajo. Este asunto produjo una movilización internacional, incluida la Santa Sede, que logró salvar la vida de esta persona o En China, el Gobierno mantuvo su cerrada posición de intervenir en la vida de la Iglesia Católica, nombrando Obispos y persiguiendo a los Prelados que se resisten a apoyar estos nombramientos. De 7 al 9 de diciembre pasado, se celebró en Beijing la octava Asamblea de Representantes católicos chinos’, cuya asistencia fue impuesta por las autoridades civiles a numerosos Obispos, Sacerdotes, religiosos y fieles laicos. Se trató, en palabras de un comunicado del Vaticano, de “una actitud represiva en relación con el ejercicio de la libertad religiosa, que se esperaba ya superada en la China actual”.

Ante este panorama, Benedicto XVI ha publicado un llamado al respeto de la libertad religiosa (1.1.2011). Este Pontífice pasará a la historia también por ser un valiente defensor de los cristianos -y tantos otros creyentes- que sufren por profesar su fe.

El Papa Ratzinger explica que la libertad religiosa es específica de la persona humana, por la que puede ordenar la propia vida personal y social a Dios, ya que sólo a la luz del Creador se comprende plenamente la identidad, el sentido y el fin de la persona.

La libertad religiosa es condición para la paz, porque esta libertad no se agota en la simple dimensión individual, sino que se realiza en la convivencia del sujeto con el resto de la sociedad. Esto es así por el que el hombre un ser social, diseñado para relacionarse con los demás. Por eso, insiste el Santo Padre, “la libertad religiosa, como toda libertad, aunque proviene de la esfera personal, se realiza en la relación con los demás. Una libertad sin relación no es una libertad completa”.

Por eso, cuando se niega o limita de manera arbitraria esta libertad, ser educe la visión de la persona humana, y la sociedad se torna injusta, pues esta no se ajusta a la verdadera naturaleza de los humanos, y entonces se “hace imposible la afirmación de una paz auténtica y estable para toda la familia humana”.

Todos somos ciudadanos del mundo. Aunque no nos toque vivir de cerca estas duras situaciones de intolerancia religiosa, y a pesar de que nuestra Nación tenga también unas fuertes crisis por superar, no podemos permanecer indiferentes. Nos mueve el deseo de compartir nuestra libertad, y el afán solidario nos empuja a no dejar en el olvido a quienes sufren por defender su conciencia.

Correo: lfvaldes@gmail.com

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