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Archive for 17 junio 2009

Comunicado Encuentro Nacional ACM

 

Acción Católica Mexicana

Junta Nacional

 

 

27 de mayo de 2009

 

Estimado Presidente de Junta Diocesana.

Al saludarlos y agradecer al Señor y a la Santísima Virgen de Guadalupe que la contingencia sanitaria ha llegando a su fin, quiero pedirles refuercen su atención en el proceso de preparación e inscripción a nuestra próxima Celebración de los 80 años de la Acción Católica en México, que D.M. se llevará a cabo el 24, 25 y 26 de julio del año en curso en el Centro de Convenciones de la Ciudad de Puebla, Puebla.

Se ha distribuido a los Grupos Parroquiales el folleto de preparación para la Celebración, del que les hacemos llegar un ejemplar del mismo, para que nos apoyen en motivar la participación de los presidentes diocesanos de cada Organización o Movimiento en la integración de la información. Participar en la dinámica que plantea el folleto será de gran riqueza para nuestra querida ACM.

 

Insistimos en que se inscriban para aprovechar la cuota especial, además que quienes lo hagan antes del 24 de junio tendrán derecho a la playera conmemorativa.

Para las inscripciones, los originales de las fichas de Inscripción personal, grupa! y de depósito se deben presentar el día del registro.

 

El hospedaje será con familias de la diócesis. Quienes decidan hospedarse en hotel, les hacemos llegar una relación de empresas con las que nuestros anfitriones han gestionado precios especiales, hay que reservar a la brevedad porque la Celebración coincide en fechas con un evento de nuestros hermanos cristianos. Al reservar hay que señalar que es un evento de Acción Católica para que aplique la tarifa especial.

 

Anexo al presente el programa y los aspectos a considerar para el proceso de inscripción y la dinámica de la Celebración, les agradezco su acuse de recibo y nos hagan saber algunas noticias del avance que llevan en la preparación de nuestra Celebración. Para cualquier duda o aclaración comunicarse vía telefónica con la Srita. Paola Mejía al tel. 01 (55) 52 08 41 91

 

 
PRESIDENTA NACIONAL

 

Reciban un abrazo fraterno y seguimos unidos en oración para que Dios nuestro Señor nos lleve de su mano en nuestro caminar para la Celebración de los 80 años de la ACM.

 

 

Fecha: 24, 25 y 26 de julio de 2009

Objetivos:

1 .  Valorar los motivos que inspiraron el origen de la Acción Católica y su aportación permanente y fiel a la vida de la Iglesia y al desarrollo de la sociedad en México,

  1. 2.              Asumir los retos que presenta tu comunidad a la ACM, frente los cuales, ella debe proyectar
    su acción evangelizadora y  
  2. 3.              Vitalizar la acción misionera personal y de nuestro grupo de la ACM ante los cambios de la
    época. 

 

Lema: “80 años de ACM, un ayer fecundo, hoy exigente, mañana esperanzador”

Sede: Cenfro de Convenciones, Ciudad de Puebla, Puebla.

Boulevard Héroes de 5 de mayo Núm. 402 Col. Centro Puebla, Puebla.

Categorías:Comunicados

CAPITULO XX INFLUENCIA SOCIAL DEL CRISTIANISMO

CAPITULO   XX INFLUENCIA SOCIAL DEL CRISTIANISMO

SUMARIO: 1. Supervivencia de Cristo, – 2. La obra del Cristianismo iluminó el mundo intelectual, – 3. Elevó el inundo moral, – 4. Transformó el mundo social. – S. Prosopopeya.

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

1.-SUPERVIVENCIA DE CRISTO.-

Damos a los apóstoles seglares dos temas de ilustración para su obra de propaganda. Comenzarnos por uno de alta trascendencia. “Influencia Social del Cristianismo”.

El tiempo borra todos los recuerdos; agosta todos los amores; sepulta todas las grandezas; derriba todas las generaciones.

¿Qué ha sido de aquellos grandes conquistadores: Alejandro, César, Garlo Magno, Carlos V, Felipe II, Napoleón? Sobre sus sepulcros se extiende hoy el olvido…

¿Qué fue de aquellos grandes imperios, gigantes de hierro y de oro: Babilonia, la de ostentosos jardines; Nínive, la excelsa; Persépolis, la hija del Sol; Menfis, la de los hondos misterios; Sodoma, la impúdica; Atenas, la sabia; Jerusalén, la ingrata; Roma, la grande? Sobrar sus ruinas se extiende hoy la arena del desierto…

El hombre no puede luchar con el olvido. Los hombres viven, mas no pueden sobrevivir.

Pero Cristo es inolvidable; vive y sobrevive en la inteligencia, en el corazón, en la historia.

‘Después del correr incesante del tiempo, cuya piqueta inexorable va derribando las generaciones y sepultando los siglos la humanidad lleva todavía en su inteligencia a Cristo-Verdad como lleva en su corazón a Cristo-Santidad. Y cuando todo pasa lo mismo que las rosas: los hombres, los imperios y las cosas; cuando miramos los acontecimientos de la historia, bajo esa arquería inmensa de los siglos, donde se borran todos los nombres y se enfrían todos los amores, el solo nombre de Cristo nos quema aún las entrañas; su palabra ha incendiado al mundo en llamaradas de amor y su obra ha infundido soplos de espiritualidad en la historia, en la literatura, en el arte; en todos los órdenes de la vida humana nos ha hecho sentir el calor intenso de sus palpitaciones amorosas. Por eso Cristo es eternamente actual, es el contemporáneo de las ideas y de los sentimientos.

Los genios llegaron a la cumbre de la gloria y se perdieron en la sombra; los adoradores de la belleza y del ideal esparcieron la simiente del ensueño y los ritmos de la trova; pasaron también… Los héroes conquistaron mundos para dormirse luego en sus heladas tumbas. Brillaron un día en el cielo de la existencia para caer después, envueltos en la sombra del olvido. Pero Cristo… aún sigue enseñando desde el movible barco de Genezareth su parábola quemante que traspasa el pecho y llaga el corazón; aún le anuncian sus apóstoles; las turbas le siguen y sus labios se abren en flores de esperanza y de cordelo y su palabra, proferida veinte siglos ha, todavía sigue vibrando en medio de la humanidad. Los hombres se repartieron sus vestiduras, rasgaron su túnica, pero su espíritu se encuentra inagotado e inagotable. Su nombre está escrito en todos los libros; su imagen grabada en todos los monumentos; su memoria impresa en el recuerdo de todos los hombres. No escaló la ciencia sus luminosas cumbres, sin recibir antes el crisma de la ortodoxia cristiana, ni llegó el hombre a la cima de los idealismos sublimes, sino después de haberle envuelto Jesús con el fuego de sus miradas divinas. Los mismos que se afanan por negar sus doctrinas se pasan la vida recordando su nombre, y los mismos que t4jaecen la infinita desdicha de no amarle, llevan su nombre presente y vivido como un faro en el mismo vaivén de sus eternas inquietudes… Estudiemos su obra para conocerlo y amarlo. En el conocimiento de Jesucristo está la salvación del mundo y la solución de los” hondos problemas que agitan a la sociedad contemporánea.

2.-LA OBRA DEL CRISTIANISMO ILUMINO EL MUNDO INTELECTUAL.-

El mundo contempló a aquel varón, que discurría por los campos, las ciudades, las orillas del mar, como una visión hecha de celestes claridades, con la ternura en los ojos, con el perdón en los labios, con la dádiva en la mano, con el prodigio en la voz y en la mirada, regalando a sus discípulos el don inefable de la paz, envuelto en las claridades de la resurrección.

De esos labios, de donde fluía lo eterno, brotó, como en ondas regeneradoras, una enseñanza admirable, que es llamarada de luz y calor de vida, fuente de belleza y perfección social.

Ese Verbo hecho carne y hecho amor, nos legó una doctrina, que no sólo es un concepto teológico, que nos enseña verdades altísimas que se refieren a Dios; un concepto filosófico que nos enseña verdades que se relacionan con los hombres, sino también una doctrina que es una perfección de ética y un progreso social.

El Cristianismo es una gran Filosofía, un arte, una doctrina social. Como Filosofía, es manantial de verdad; como arte, es fuente de belleza ideal; como acetrina social, dio dignidad al esclavo, igualó moralmente al pobre y al rico, hizo de las naciones, antes enemigas, hermanas, elevó a la humanidad y quiso que esta obra redentora tuviera por primer holocausto el sacrificio del Verbo y por su primer mártir al Hijo del Eterno…

“Tres ideas constituyen toda la civilización, dice un estadista: Roma, el Cristianismo y los bárbaros. Los bárbaros dan la materia con sus tribus; Roma, la forma con sus leyes y sus códigos; el Cristianismo, la vida con sus ideas y sus dogmas. Si Grecia, patria del arte, hizo de la humanidad una bella estatua, el Cristianismo la animó con el fuego traído del cielo”.

¡Qué obra más inmensa la de Cristo en el orden de las ideas y de los hechos! Todo lo reformó al soplo del Evangelio civilizador: iluminó el mundo intelectual; elevó el mundo moral; transformó el mundo social.

Y el orden intelectual, moral y social, constituyen toda la cultura, toda la civilización.

Estudiemos esta prodigiosa transformación que ha operado el Cristianismo. Al otro lado de la Cruz, antes de la venida de Cristo, el mundo intelectual giraba sobre el quicio del pensamiento humano. El hombre se había erigido a sí mismo en centro de verdad. Pero Cristo lo cambia, lo muda totalmente y dice: “Ego sum veritas”. “Yo soy la Verdad”. Y llega un día en que todas las inteligencias gravitan en torno de El, como los astros en torno del sol. Y realizó lo que no pudo realizar ningún genio, ninguna institución, ninguna filosofía, fundar en el mundo la república intelectual y alcanzar la suprema dictadura del entendimiento.

Tales no tiene discípulos fuera de Grecia; Demóstenes siente que los ecos de su voz se apagan en el ágora de Atenas; Sócrates, Platón, Aristóteles jamás intentaron imponer al mundo sus doctrinas. Pero Cristo dice a sus discípulos: “Id y enseñad a todas las gentes”… Y su enseñanza salva la frontera de los mundos y vuela a través de los continentes y de los mares. Y se constituyó en centro de verdad.

Es la verdad en el orden teológico. Porque es el Verbo, la expresión intelectual del Padre; porque todas las verdades de la Teología se refieren a Cristo como rayos de un mismo foco, y encuentran en El su explicación y complemento. La Encarnación, la Redención, la Eucaristía: esto es todo el Cristianismo. Y Cristo es el centro, es el lazo de unión de estos tres misterios adorables; poema de los amores divinos.

Es la verdad en el orden filosófico, porque vino a dar solución adecuada a todas aquellas verdades que son el fundamento de la Filosofía y que no puede resolver la razón humana sin las luces de la revelación divina: Dios y el hombre, el mundo y el alma, la vida y el derecho, la justicia y la libertad, la moral, la autoridad y las leyes eran grandes interrogativos para la conciencia humana.

Pero Cristo vino a iluminarlos con los rayos de su sabiduría y con las luminosidades de su genio.

¡Cuánta luz proyecta en la conciencia humana el solo primer artículo del Símbolo: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador…”

Es el Sol de la verdad cristiana que vino a iluminar todos los horizontes de la conciencia y de la vida.

Cristo es la verdad en el orden histórico. Fue su inteligencia la que animó la elocuencia de un Pablo, la dialéctica de un Orígenes, la erudición de un Jerónimo, la ciencia de un Agustín; la que movió la pluma de un León, de un Gregorio, la que dio armonías a la lira de un Basilio y la que transformó en boca de Oro la boca de un Crisóstomo. Y los pensamientos de un Buenaventura, y las concepciones de un Tomás, y los atisbos de un Lulio han brotado al calor de la inteligencia de Cristo. Y fue Cristo el que iluminó la inteligencia de un Bossuet, de un Balmes, de un Lacordaire, de un Sechi, de un Pasteur y de mil otros; la que pulsó la lira de un Luis de León, de un Lope, de un Milton, de un Dante, de un Tasso; la que prestó colores mágicos a los pinceles de Fray Angélico, de Miguel Ángel, de Murillo, de Rafael y que  ha sublimado las letras y perfeccionado las artes, proyectando en todas ellas las fulguraciones de su genio.

 

3.-ELEVO EL MUNDO MORAL.-

Pero no sólo iluminó el mundo intelectual: también elevó el mundo moral. En el Paganismo, el mundo moral giraba sobre el amor a sí mismo. Su centro era el egoísmo. Cristo cambia sus polos, y al amor a sí mismo sustituye el amor a Dios, y al orgullo y concupiscencia, la humildad y la castidad. El mundo estaba perdido por el orgullo, la ambición y el sensualismo, las tres llagas que son el origen de todas las decadencias, el nudo y la trama de todas las tragedias de la historia. Cristo vino a salvarlo por la humildad, la pobreza, el sacrificio y el amor, Y El mismo se hace humildad, se hace pobreza, se hace sacrificio, se hace amor. Y no viene al mundo en alas de las estrellas sino en la humildad de un pesebre; no en el seno de las nubes sino en el seno de la pobreza; no a levantar un pueblo contra otro ni una raza sobre los huesos de otra raza, sino a estrechar contra su pecho, con infinito amor, a todos los pueblos y a todas las razas.

El que incendió el sol, tiene frío; el que derramó las aguas, tiene sed; el que infundió vida a los seres, tiene hambre; el que sojuzgó los poderes de la .tierra, quiere ser condenado por los jueces del mundo; y el que apareció en el Sinaí en gloriosa nube, teniendo por mensajero al rayo y hablando por la voz de la tempestad y de los torrentes, El, causa de toda existencia, muere en afrentoso suplicio, y al morir, derrama su espíritu en el mundo, y ese espíritu es el alma de la civilización.

4. – TRANSFORMO EL MUNDO SOCIAL.-

El mundo social, en el Paganismo, giraba por completo sobre el poder de la fuerza. Arriba, la fuerza; abajo, la servidumbre; en el centro, la espada y el látigo que hacía marchar a las sociedades humanas.

Pero Cristo lo muda todo. Y sustituye, al despotismo, la autoridad; a la servidumbre, la libertad; y al derecho de la fuerza, la fuerza del derecho…  Y esto no es una afirmación gratuita, es un hecho histórico.

¿Qué era el mundo antes de Cristo? El imperio de Nerón que hizo gemir a la humanidad: el despotismo, la servidumbre, la tiranía.

¿Qué es la humanidad después de Cristo? Es Cario Magno, el derecho, la libertad, la justicia, el amor.

La ciencia, el arte, la cultura material del mundo pagano, no impidieron que la sociedad quedase retardada. Se hablaba de la familia, y la mujer era una esclava y el hombre era un tirano. Se hablaba de dignidad humana, y el trabajo era una deshonra y el hombre era una bestia. Se hablaba de paz, e imperaba el absolutismo y la fuerza. Pero vino Jesús, el Hijo de Dios vivo. Nació en un pesebre, y todas las cunas se alzaron hasta quedar niveladas como cunas hermanas. Padeció, y quedaron sublimados todos los dolores. Amó, y el amor se derramó por el mundo, llenándolo con su perfume.

Habló, y su palabra alborozó el pecho de las turbas.

Fue amigo, y la amistad floreció entre los hombres.

Fue obrero, y el trabajo se elevó a la dignidad más encumbrada.

Fue santo, y su ejemplo pobló el mundo de apóstoles.

Murió en una Cruz, y desde ella atrajo a todos los corazones.

Fue enclavado, y esos clavos fundieron los hierros de la servidumbre y las cadenas de la tiranía.

Esa cuna, ese obrero, ese amigo; los dolores, el perdón y el amor; el ejemplo, la paz y la Cruz transformaron el mundo y establecieron un orden social sobre las ruinas del antiguo. Todas las bases se mudaron. El pobre pasó a ocupar el primer rango; el trabajo fue el empleo más noble de la actividad humana; el perdón, la condición para ser perdonado; el amor, un precepto terminante del Evangelio; el matrimonio, un vínculo indisoluble del hogar; el orden divino y político, deslindado entre Dios y el César; la paz, una promesa a los hombres de buena voluntad.

Lo dice la historia: Cristo elevó y perfeccionó la sociedad, Aporque elevó y transformó los tres órdenes que la constituyen: el orden intelectual, moral y social. He aquí por qué el Cristianismo, no sólo es un concepto teológico y filosófico, sino también una perfección ética, un progreso social.

5. – PROSOPOPEYA. –

La humanidad, en su peregrinaje eterno en busca de la verdad, del bien, de la belleza, llegó un día al pie de las pirámides faraónicas, cuyas tres caras ha iluminado el Sol de la Historia. Y allí, hollando el polvo de una fenecida y brillante civilización, formuló esta pregunta pavorosa: “Quid es ventas? ¿Qué es la verdad?” Y su voz se perdió en la mudez inmensa del desierto…

Se dirigió entonces a la ciudad de Atenas, cuna de las ciencias y de las artes, y evocando a aquellos genios, cuyas obras son el Arca santa del pensamiento y del arte, volvió a preguntar: ¿Quid est ventas?

Las sombras de Sócrates, Platón y Aristóteles pasaron cabizbajas y pensativas.

Se encaminó entonces a Roma, y en el Capitolio, nido de las águilas romanas, volvió a preguntar: ¿Quid est ventas? ¿Qué es la verdad? Las sombras de Virgilio, de Hortensio, de Cicerón se irguieron con gesto de desconsuelo.

Se volvió entonces a todos los sistemas que iban alboreando en cada siglo, y volvió a preguntar, y su pregunta fue más que una pregunta fue un gemido doloroso: ¿Quid est ventas? Y el estruendo deja caída de cada sistema que pasaba con el tiempo fue la única respuesta a la pregunta eterna.

Pero llegó, un día, fatigada al pie de una montaña donde el Maestro anunciaba al mundo su mensaje de amor.. . Llevaba la pregunta en los labios y un anhelo en el alma. Y oyó extasiada esa palabra que, como linfa clarísima, rasgaba las tinieblas y sembraba la luz: “Bienaventurados los pobres.. los que sufren. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.. .

Y esa humanidad que no había encontrado la verdad en la cultura egipcia, ni en la cultura helénica, ni en la cultura latina, la encontró en el Evangelio, mensaje  de amor, de paz, de fraternidad, soplo restaurador del mundo nuevo,. Carta Magna del derecho y de la libertad.. .

Y entonces enjugó su llanto secular al oír que los pobres serían los primeros en el reino de Dios; al escuchar la parábola divina; se estremeció de júbilo al saber que ese pobre esclavo… también podía llevar una corona de gloria en el reino de Dios y cayó de rodillas al ver que todas las manos se alzaban para orar con la nueva fórmula divina: “Padre Nuestro que estás en los Cielos…”

La verdad sobre la familia

La verdad sobre la familia

La Voz  Del  Papa

La voz del Papa en Tierra Santa

Emilio Palafox Marqués

Periodo AM, Queretano 090614

 

Al atardecer, antes de que no invada la oscuridad de la noche, en nuestras ciudades resplandece el alumbrado público que les brinda una especial belleza. ¿Qué sería si fallara ese inestimable servicio? De hecho, cuando ha ocurrido, las consecuencias son catastróficas.

Cuando anochece en la sociedad civil -y se trata de una catástrofe mayor aún-, se hacen necesarias luces claras que marquen el camino, hay que encender focos. Son hombres y mujeres que nos muestren el sentido de la vida. Esto es lo que hace, y admirablemente por cierto, Benedicto XVI y a todos nos toca seguir su ejemplo.

Desde Nazaret, en Palestina, donde María -la Madre del Señor- escuchó el anuncio del arcángel Gabriel, y donde Jesús vivió la mayor parte de su vida, Benedicto XVI redescubrió ante el mundo el papel insustituible de la familia en la sociedad -compromiso estable de un solo hombre y una sola mujer, bendecido por los hijos- y el deber de reconocer y respetar la dignidad y la misión de la mujer. En presencia de más de 40 mil fieles y unido a todos los bautizados -somos más de dos mil millones-, el Papa celebró la misa de conclusión del Año de la Familia convocado por la Iglesia católica en Tierra Santa.

En la homilía del acto más multitudinario de su visita a Tierra Santa, el Papa sintetizó en esta exclamación su mensaje a favor de la familia: “¡Cuánta necesidad tienen los hombres y mujeres de nuestro tiempo de volver a apropiarse de esta verdad fundamental, que constituye la base de la sociedad y qué importante es el testimonio de parejas casadas para la formación de conciencias maduras y la construcción de la civilización del amor!”. La familia creará así “un ambiente en el que los niños aprendan a amar y querer a los demás, a ser honestos y respetuosos con todos, a practicar las virtudes de la misericordia y del perdón”.

¿Cierto o no?

 

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El Estado, aclaró Benedicto XVI, tiene el deber “de apoyar a las familias en su misión educadora, de proteger la institución de la familia y sus derechos inherentes, y de asegurar que todas puedan vivir y florecer en condiciones de dignidad”.

Este mensaje implica otra consecuencia: “Nazaret nos recuerda el deber de reconocer y respetar la dignidad y misión concedidas por Dios alas mujeres, como también sus carismas y talentos particulares”.

“Ya sea como madres de familia, en cuanto presencia vital en las fuerzas laborales y en las instituciones de la sociedad, ya sea en la particular vocación a seguir al Señor mediante los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, las mujeres tienen un papel indispensable en la creación de esa ‘ecología humana’ de la que nuestro mundo y también esta tierra tienen una necesidad urgente”.

“¡Que cada uno rechace el poder destructivo del odio y del prejuicio, que matan al alma humana antes que al cuerpo!”, nos pide Benedicto XVI.

Al final de la misa, el Papa bendijo las primeras piedras del Parque Memorial Juan Pablo II, de la Universidad Papa Benedicto XVI y del Centro Internacional de la Familia.

Nazaret es la ciudad árabe más grande del estado de Israel y la capital administrativa de Galilea, con unos 70 mil habitantes, de los cuales el 17% son cristianos.

 

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Con motivo de la peregrinación de Benedicto XVI a Tierra Santa se han publicado las estadísticas de la Iglesia católica en Jordania, en Israel y los Territorios Palestinos, con datos de 2007.

Jordania tiene una población de 5’720,000 habitantes, de los que 109,000 son católicos, es decir, el 1.91% de la población. Actualmente hay 4 obispos, 103 sacerdotes y 258 religiosos.

Los seminaristas mayores son 7. Un total de 30,595 alumnos asisten a las 123 escuelas que pertenecen a la Iglesia católica. Por lo que concierne a los centros caritativos y sociales de la Iglesia, en Jordania hay 2 hospitales, 1 ambulatorio, 1 consultorio familiar y 3 centros especiales de educación o reeducación social.

En Israel y los Territorios Palestinos viven 7’180,000 personas, de las cuales 130,000 son católicas, es decir, el 1.81% de la población. Actualmente hay 11 obispos, 406 sacerdotes, 1,171 religiosos y un misionero laico. Existen 14 seminaristas menores y 110 seminaristas mayores.

En los 192 centros de educación católicos, desde las escuelas maternas hasta las universidades estudian 43,876 alumnos. Por lo que respecta a los centros caritativos y sociales de la Iglesia, en Israel y los Territorios Palestinos hay 11 hospitales, 10 ambulatorios, 9 hogares para ancianos e inválidos, 11 orfanatos y guarderías, 4 centros especiales de educación o reeducación social y 2 instituciones de otro tipo.

E-mail: epalafox@buzon.com

Categorías:Familia

La elegancia en el actuar

La elegancia en el actuar

Educar Hoy

Por Pedro J. Bello Guerra.

Periodo AM, Queretano 090614

 

 

Muchos de nosotros conocemos el manual de Carreño sobre los buenos modales, hoy en día es algo que está bastante abandonado: dar gracias, decir por favor, el abrirle la puerta a una señora, ceder el asiento a una persona mayor y tantas cosas más.

Recuerdo hace algunos años que me comentó un amigo que en cierto lugar de, España al ir a un bar y pedir una cerveza, “caña le llaman allá”, dijo por favor y gracias al recibirla, pero la persona que lo atendió se molestó y le dijo: nada de favor y gracias, es mi obligación. Es cierto, le contestó mi amigo, pero es una forma de ser cortés y terminaron riéndose los dos.

La buena educación hace la vida más grata para todos, mientras que la mala educación la hace siempre más difícil. Cuando uno está a la mesa y alguien come con la boca abierta, haciendo ruidos horribles, inmediatamente se nos quita el apetito y hasta se nos revuelve el estómago; mientras que cuando la gente procura dignificar todo, nos sentimos mejor y estamos contentos. Lo mismo que cuando nos sirven un platillo para comer y ese platillo está bien presentado, es un arte y nos facilita el comer, igualmente sucede al ir al baño en una casa y ver todo limpio, en su sitio, da gusto.

“Cuentan que en una ocasión un niño iba paseando por un gran parque y en medio se encontraba un enorme árbol que impedía que uno pudiera seguir adelante, en medio del árbol se encontraba un letrero gigantesco – para ir con el árbol – que decía lo siguiente: “Soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás”.

El niño trató de acertar al hechizo y dijo: “abracadabra”, nada; luego trató con “supercalifragilisticoespialidoso” y no sucedió gran cosa. El muchacho con bastante paciencia siguió y siguió sin ningún resultado, hasta que se tiró al pasto y ya desesperado se dirigió al arbolito: “por favor arbolito” y entonces se abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro menos un cartel que decía: “sigue haciendo magia” Entonces el niño le dio las gracias con gran cariño: “Gracias arbolito”, y se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino a una gran montaña repleta de juguetes y dulces. Al ver eso el niño fue por todos sus amigos para que gozaran junto con él de este gran tesoro”.

La elegancia la definen algunos como saber comportarse bien en cualquier lugar y vestirse de acuerdo a las circunstancias. La elegancia en el hablar, en el comer, en el beber, en la preocupación por los demás, en todo, es llamada por los especialistas: “tono humano”; que significa la tensión, misma que deben tener las cuerdas délos instrumentos para dar buenas notas, que hombres y mujeres debemos poseer luchando contra nosotros mismos, contra nuestra flojera, para así mostrar la maravillosa dignidad de la que estamos hechos. Ese tono, es la lucha por dar las gracias, por pedir por favor, por no ceder ante la flojera, recogerlas cosas del cuarto, ayudar a mamá a levantar la mesa, lavarlos trastes, todo eso nos va haciendo que mejoremos como personas, al luchar por tener ese tono. Cuantas veces vemos a los guitarristas que tienen que afinar su instrumento, apretando suavemente para que la cuerda se tense y después que bellos sonidos percibimos.

De todos los sucesos, hasta de los malos, Dios puede sacar algo bueno. La influenza que azota a nuestro país ha ayudado a mejorar nuestra sociedad, la gente ahora se lava las manos, no escupe en las calles, es más cuidadosa al comer, tiene más higiene. Qué pena que tenga que suceder algo así para que crezcamos como sociedad, pero aún así es excelente por que esta enseñanza perdurara por mucho tiempo.

Los buenos modales son las palabras mágicas, los actos normales de nuestra vida que nos hacen diferentes de los animales. Papas, mamas, no consientan con el ambiente, sigan luchando para que ustedes y sus hijos construyan una mejor sociedad; así como cuidamos el medio ambiente, los perritos y todo lo demás; así debemos cuidarnos como seres humanos y corregirnos para que nuestros modales hablen por sí mismos y se vea que somos personas de categoría, unos caballeros y unas damas que ponen la dignidad del ser humano en primer lugar.

pedrobelbguerra@gmail.com

Categorías:Cuentos para educar

Violencia sexual e ideología

Violencia sexual e ideología

Fe y Razón

Luis   Fernando  Valdés

Periodo AM, Queretano 090614

 

 

En la primera semana de junio, más de 400 médicos y enfermeras, así como instituciones de salud se ampararon contra la recién aprobada Norma Oficial Mexicana (NOM-046-SSA2-2005) relativa a la violencia familiar, sexual y contra las mujeres, que incluye la práctica del aborto en casos de violación. Se trata de un tema importante, ya que pone de manifiesto la pugna entre el derecho y la ideología, que surge cada vez que se discute el tema del aborto.

La NOM-046 tiene una larga historia, en la que se nota la intervención de una postura ideológica, que sostiene que el aborto es un derecho de la mujer (y que la vida no es un derecho del no-nato). Esta Norma fue creada para garantizar la adecuada atención a víctimas de violencia sexual, que incluye anticoncepción de emergencia, aborto, asesoría jurídica y atención psicológica, y fue aprobada el 21 de julio de 2008.

El 28 de enero pasado se aprobó una versión que establecía -entre otros aspectos- que “se deberá respetar la objeción de conciencia de los médicos y personal de salud”, y también que se informara a las menores de edad sobre los riesgo del aborto “a efecto de garantizar que la decisión de la victima sea una decisión informada”.

Lo que más llamó la atención es que esta nueva versión, en lo que se refiere a la obligación de los hospitales para facilitar el aborto de la víctimas de una violación, cambiaba un “contarán” por un “podrán contar” con médicos capacitados en aborto y que no sean objetores de conciencia.

Sin embargo, por presiones de grupos feminista, esta versión fue cambiada el 27 de febrero, y fueron eliminados ambos aspectos: información sobre el aborto y objeción de conciencia. Y así se aprobó el 16 de abril de este año. La versión definitiva fue considerada como un éxito -aunque parcial-, por parte de la agrupación feminista CIMAC (www.cimac-noticias.com).

Y es que el tema del derecho a abortar es considerado por las asociaciones feministas como un logro, porque consideran que así se defiende el “derecho de la mujer” tanto sobre su cuerpo como sobre su maternidad.

Y este derecho de la mujer no es sometido a ninguna crítica, sino que se toma como un  primer principio. Y desde esa base se juzgan los demás derechos, de manera que ninguno puede estar por encima de él. Como es un derecho impuesto, pero no razonado ni contrastado, cae más bien en el ámbito de la ideología.

Entonces, si la presencia de un recién concebido es considerada como no deseada, el principio ideológico del derecho de la mujer a decir sobre su cuerpo o sobre si desea ser madre, se impone al derecho a vivir que tiene el no-nato.

En el caso de esta Norma Oficial sobre la violencia sexual, está presente esta visión ideológica que privilegia el derecho de la mujer por encima de todo otro derecho, porque intenta obligar a todos los prestadores de los servicios de salud a prescribir la anticoncepción de emergencia, en caso de violación. Esta imposición va en contra del derecho a objetar que la Constitución que garantiza a todos los mexicanos, en su artículo 5º: “Nadie podrá ser obligado a prestar sus servicios sin la justa retribución y sin su pleno consentimiento”.

Se pueden hacer otras observaciones más a esta NOM. Pero sólo se trata de indicar que una postura ideológica está buscando legitimarse con apariencias de tutelar los derechos de la mujer. Esto es un abuso contra la noción misma del derecho, que ya no buscaría lo justo, sino lo que le dicta una ideología.

Categorías:DSI

Cap XIX Apostolado Social del Clero


CAPITULO XIX APOSTOLADO SOCIAL DEL CLERO

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

SUMARIO: 1. Influencia del sacerdote. – 2. El actual estado de la sociedad. – 3. Hay que volver la sociedad a Cristo. – 4. El clero debe dedicarse al apostolado social. Condiciones de este apostolado. – 5.Normas Pontificias.           ,           : ,

1. – INFLUENCIA DEL SACERDOTE. –

Todos los deberes del sacerdote pueden llamarse sociales, aun aquellos que parecen referirse a lo más íntimo de su personalidad. Porque el sacerdote es en cuerpo y alma para la sociedad. Si ora, si predica, si celebra, si administra sacramentos, si conduce a la última morada a sus hijos, en todo eso, el sacerdote es para la sociedad. Es hombre público, diputado de Dios, la sal de la tierra que ha de impedir en la sociedad la podredumbre del vicio.

El sacerdote prohíbe al que roba, sus hurtos; al embustero, sus engaños; al malhechor, sus crímenes; al impúdico, sus desórdenes; advierte al rico la obligación que tiene de abrir sus manos para socorrer al menesteroso, consuela al pobre, defiende sus derechos; y al magistrado, al gobernante les recuerda su deber de mirar por el bien de todos, especialmente por los pequeños, por los necesitados. En concepto cristiano, gobernar es la mejor manera de servir.

El sacerdote, pues, es todo para la sociedad.

He aquí los deberes sociales que le incumben. Nadie puede desconocer en esta hora el problema que agita a las sociedades, a obreros y capitalistas, a ¡a Iglesia y hombres de Estado; problema que surge de las conversaciones, en los parlamentos, en las Academias, en los mítines, en las fábricas, en el taller; la relación entre grandes y pequeños, ricos y pobres, entre el capital y el trabajo: el pavoroso problema social. A este importante problema en vano buscan solución el legislador con sus leyes, el sociólogo con su organización, el gobernante con la punta de las bayonetas. La experiencia nos ha hablado de los grandes fracasos que han sufrido los que esperan la solución con la ciencia solamente.

¿Dónde, pues, encontraría? La respuesta está condensada en este hermoso pensamiento  de Baunard: “Para curar todas las llagas de un pueblo, no hay más que un bálsamo; para esclarecer todas las tinieblas, no hay más que un faro luminoso, y para resolver todos los problemas, no hay más que una solución: el Evangelio de Jesús.”

El clero tiene gloriosa tradición que mantener. Desciende de aquéllos que, como ejércitos de sombras, restañaron las heridas de la humanidad y dieron sepultura al vasto cadáver del imperio, como dice Pidal; de aquellos que amasaron la ferocidad de los bárbaros; los hicieron caer de rodillas ante la Cruz, doblaron la cabeza del fiero sicambro, que adora lo que ha quemado y quema lo que ha adorado; de aquéllos que hicieron de sus claustros los asilos de la virtud y de la ciencia, y transformaron las selvas de Europa en amenísimo jardín.

Los grandes Pontífices, desde Gregorio XVI, han dedicado a la cuestión social una parte principalísima de sus inmortales Encíclicas: los obispos del mundo católico han publicado y publican interesantes pastorales y en cada una de sus páginas dan al clero acertadas orientaciones, sabios consejos y salvadores mandatos para trabajar por la conquista de las almas y por llevar las naciones al seno de la Iglesia mediante el apostolado social; los sacerdotes de muchos países toman una parte muy principal en este movimiento que llega a alarmar a los propios enemigos que ven cómo se acrecienta cada día en la sociedad el prestigio y la influencia de la Iglesia católica.

No se puede negar que la ciencia social ha adquirido en los últimos tiempos una importancia capital; apenas abrimos un libro, un periódico, una revista en la que no se estudie el problema social y se trate de solucionar las hondas cuestiones que agitan a la sociedad. No nos hagamos ilusiones, los problemas sociales son de suma trascendencia para el clero. ¿No estamos palpando las tristes consecuencias de estos pavorosos problemas? ¿No vemos cómo nuestra sociedad se está dejando arrastrar por esas corrientes demoledoras, atentatorias a toda autoridad, y a toda ley? ¿No observamos que lo que ayer era cuestión de unos cuantos, ha pasado a tomar cartas de ciudadanía y a ocupar un puesto principalísimo en los problemas políticos? Las masas proletarias se están alejando de la Iglesia, están volviendo las espaldas a Cristo; el pueblo ya no nos pertenece. ¿Y va el clero a permanecer inactivo, a ver con la mayor indiferencia cómo las almas que le han sido confiadas se van descristianizando?

El clero, hoy corno ayer, debe ocupar un puesto de honor en la lucha que se está librando. La Iglesia, la Patria, la sociedad lo esperan en el campo social.

Examinemos, pues, cuál debe ser este apostolado a la luz del Evangelio, de las Encíclicas papales, a la luz de las tinieblas, pero antes demos una mirada al actual estado de la sociedad.

2.-EL ACTUAL ESTADO DE LA SOCIEDAD. ~

¿Quién no ha oído el fragor de esa tormenta que amenaza sepultar todo el orden social existente? Las ideas más avanzadas van cristalizando en sistemas que se proponen arrancar del corazón del hombre todo principio espiritual. Pero son muchos los que no ven o no quieren ver el peligro que se avecina, creyendo todavía que el campesino y el obrero son creyentes y tienen aún arraigados los sentimientos religiosos de sus antepasados. Y consecuentes con este modo de pensar arcaico, no quieren adiestrarse en las nuevas armas para la lucha moderna y mucho menos orientarse hacia la Democracia cristiana. ¡Error lamentable! Y ceguedad incomprensible, porque no se quiere ver cómo en todos los organismos sociales están germinando elementos de desorden y revolución que amenazan la religión y la autoridad, que son los dos polos del mundo social.

Y luego la ignorancia religiosa profunda que reina en todas las clases sociales, tanto intelectuales como obreras. Las doctrinas más avanzadas forman como el Evangelio de los pueblos. Se les presenta la religión corno la amparadora y mantenedora de las grandes injusticias sociales, y por eso el pueblo huye de la Iglesia, mira con horror al sacerdote, abomina el Evangelio y nada quiere con nosotros.

Y esa propaganda anti-religiosa y anti-social está llegando a los mismos trabajadores de los campos. Ellos se nutren con las doctrinas de periódicos, revistas y folletos que inyectan el odio, avivan la lucha de clases y son en gran parte la causa de la apostasía social que es una de las más tristes realidades de nuestra historia contemporánea.

Y una sociedad sin Dios, sin moral, sin justicia, sin ley ¿podrá subsistir? Marcha a la descomposición, a la ruina, al aniquilamiento. Y luego esa lucha entablada entre el capital y el trabajo, entre el patrón y el obrero, entre el acaudalado y el proletario. ¿De parte de quién está la razón? ¿Qué hacer? ¿Qué debe hacer singularmente el sacerdote que se pertenece a la sociedad?

No puede negarse que las riquezas, por efecto de la nueva organización económica de las naciones, se han acumulado en pocas manos y continuarán acumulándose. Al mismo tiempo que los capitales fabulosos de esos hombres opulentos se han ido formando y engrosando, ha disminuido notablemente el número de los pequeños propietarios y ha ido creciendo el de los proletarios. Y esto sucede cuando el legítimo progreso de la humanidad tiende a mejorar la condición de los humildes, a dignificarlos, a elevarlos, realizando así la verdadera fraternidad que el cristiano trajo a la tierra.

Es claro que no debe condenarse al rico por ser rico, cuando sus capitales han sido legítimamente adquiridos. Por otra parte, una mayor concentración de las fortunas que la antigua ha sido en nuestros tiempos conveniente, porque ha facilitado el grande impulso que las ciencias y la industria han adquirido, proporcionando al hombre comodidades y ventajas desconocidas en los tiempos pasados. Sin grandes capitales hubiera sido bastante más difícil la construcción de ferrocarriles, la explotación de las minas, el establecimiento de las Compañías de navegación tan rápida y cómoda como la que hoy puede hacerse, la unión de continentes mediante cables submarinos, etc.

Lo que se condena son las injusticias que se cometen para redondear las fortunas, el uso egoísta que se hace de las mismas y el enorme desequilibrio que prevalece hoy en su distribución. Esta debe ser más equitativa, lo pide la justicia legal, el bien de la sociedad. La riqueza, sangre de la vida material de las naciones, debe circular por todas las clases, de tal manera que se difunda en todas y a todas, y a cada una procure la vida y un congruente desahogo.

La exagerada acumulación de riquezas en pocas manos, tal como hoy existe, al lado del pauperismo de los proletarios, significa un estado congestivo, innatural, absurdo y violento de la sociedad. Tal estado de cosas no puede permanecer. “Nihil violentum durabile”, decían los latinos. Ya las masas en reacción terrible se organizan cada día en las filas del Socialismo y Anarquismo, para precipitarse sobre los capitales; y la humanidad presenciará una espantosa catástrofe si no se atiende pronto al remedio.

Y el remedio consiste en remover las causas. Hay que reavivar en el obrero la fe amortiguada, resucitar en él las costumbres cristianas; encauzar su legítima aspiración a elevarse, a dignificarse en presencia del rico, a quien tiene derecho a considerar como substancialmente igual a él, aunque difieran en lo circunstancial; mejorar sus condiciones de subsistencia; convenir en que los modernos adelantos han de servir de provecho, no sólo al rico, sino también al pobre.

¿Han de servir las máquinas sólo para aumentar los productos, disminuir el costo de producción y enriquecer al patrono? ¿No deberán servir para economizar las fuerzas del obrero y acortar la jornada?

En esta empresa, objeto de la Democracia cristiana, tan recomendada por León XIII, una parte de mucha importancia corresponde al sacerdote. Deber social de éste, en las nuevas condiciones de la vida del hombre, es colocarse a la vanguardia del movimiento democrático cristiano, y procurar bajo la dirección de su Prelado, la moralización del obrero, del pobre, su instrucción, y el necesario y conveniente aumento de sus intereses temporales.

En concreto, no es posible decir lo que habrá de hacer el sacerdote, porque eso depende de las circunstancias y de varias condiciones del pueblo donde vive. Ya puede fundar Escuelas, Círculos, promover conferencias, establecer bibliotecas populares, Cajas rurales, Cajas de Ahorro, de socorros mutuos, Montes de Piedad, etc., cuidando, ante todo, renovar el espíritu cristiano entre los pueblos.

3. – HAY QUE VOLVER LA SOCIEDAD A CRISTO. –

La sociedad se ha alejado de Dios; las conciencias y las nociones de justicia y de virtud van desapareciendo de nuestros contemporáneos y vendrá, como consecuencia, la apostasía nacional. Urge curar y cicatrizar las llagas que aquejan a la sociedad moderna y que corroen los órganos más vitales del orden social.

Si estudiamos a fondo las causas de las grandes desavenencias sociales -y de la honda crisis porque atraviesa la clase proletaria, necesariamente la encontraremos en la falta de principios religiosos. Cuando éste reinaba en el corazón de los hombres, se desconocían las huelgas, las amenazas, las luchas, los paros; la cruz con sus amorosos brazos cobijaba paternalmente a pobres y ricos y a todos los unía un mismo centro común: la fe.

Pero hoy es la apostasía de las masas la que amenaza el sombrío horizonte social. Hay que trabajar para que la sociedad vuelva a Cristo; es necesario dar a conocer las salvadoras páginas del Evangelio, para que ilumine los espíritus y dulcifique los corazones; que las masas obreras conozcan la doctrina católica; hay que arrancar de raíz ese prejuicio de que la Iglesia es amparadora y mantenedora de las injusticias sociales, y hacer ver que ese pueblo, tan querido del divino Maestro, tiene su mejor apoyo en la religión; que es ella la que predica las regeneradoras doctrinas de justicia, de equidad, la que se preocupa con el amor de su alma maternal de la triste situación en que se encuentran las masas proletarias, y la única que puede resolver los pavorosos problemas que cada día ponen nubes siniestras en el horizonte del porvenir.

Las clases obreras se alejan de la Iglesia, de los brazos del divino obrero de Nazaret para caer en la esclavitud y en la tiranía; van en busca de la fraternidad, olvidándose, como dice Rousseau que fue cristiana antes que revolucionaria; y sólo encuentran odios, rencores, egoísmos, miseria y muerte. Es necesario enseñarles que la Iglesia es la que puede hacer que se solucionen las grandes luchas, explicándoles aquellas maravillosas palabras de tan hondo sentido social: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. “Urge hacerles ver que la Iglesia es la que dice a los ricos: “Tú que eres rico, tú que tienes criado, trata al criado con amor, piensa que tú también eres criado de otro Señor que te pedirá cuenta de tus actos”.

Hay que enseñarles que la Iglesia dice a los de arriba: “No debéis ser déspotas con los de abajo”. Hay que inculcarles que en el seno de la Iglesia todos somos hermanos, que entre nosotros no hay siervos ni señores sino que todos somos hijos de Dios.

Si las masas comprendieran estas hermosas doctrinas, esas masas sociales podrían dirigirse a los gobernantes para decirles: “¡Fuera las bayonetas, los cañones, la policía, que a nosotros sólo nos bastan las enseñanzas de la Cruz!”

Porque una de las causas de la apostasía social, dice Leroy Beaulieu, es “porque el pueblo no conoce el Evangelio, porque se ha olvidado de la Cruz a cuyos pies encontraba su esperanza”.

Hay, pues, que cristianizar la sociedad, darle a conocer las enseñanzas de Jesucristo. ;Y quién tiene la misión de hacer destellar los esplendores de la fe cristiana en los pueblos y de salvar a los que han perecido? El sacerdote, porque a él le fue dicho: “Id y predicad el Evangelio a todas las naciones”. Y en el Evangelio está el germen de la solución de todos los problemas sociales.

4. – EL CLERO DEBE DEDICARSE AL APOSTOLADO SOCIAL. –

La Iglesia ha desarrollado en todos los tiempos un fecundo apostolado conforme al espíritu del Evangelio y a las necesidades de la época. Hoy es necesario que el ciego salga a trabajar a plena luz, a dejar oír su voz en la vida pública: “Praedicate super tecta”. Los enemigos quisieran encerrarlo en la sacristía para seguir descristianizando todos los sectores de la vida social. Pero el sacerdote debe salir de los templos, debe ir al pueblo que se ha alejado de la Iglesia. El sacerdote no debe contentarse con hacer oír su palabra en las interioridades del templo donde acuden sólo unos cuantos. ¿Y esos miles que quedan fuera no son almas, no son hermanos rescatados con la misma sangre divina? Cristo no sólo evangelizaba en el templo sino que hablaba en las plazas públicas, enseñaba por las villas, por las aldeas, adoctrinaba en las montañas, recorría los pueblos, asentaba su cátedra de verdad en las playas, al borde de los pozos y a todos evangelizaba y enseñaba la nueva doctrina. No nos dice: “Esperad que vengan a vosotros”. Manda predicar, enseñar. “Id”. Y propone la conmovedora imagen del pastor que deja noventa y nueve ovejas para ir en busca de la descarriada.

El sacerdote, pues, no puede permanecer impasible, no puede mirar con indiferencia la pérdida de esas almas a quienes está obligado a salvar.

“El sacerdote, dice un escritor, debe absolutamente entrar en la vida social; debe luchar denodadamente por entrar en ella, debe, una vez que ha entrado, mantener, vivo o muerto el puesto conquistado. Es misión suya. Es necesidad extrema. Donde, pudiendo hacerlo, no lo haga, y esto no sólo como ciudadano sino como sacerdote, es reo de traición, no cumple con su deber, daña a la patria, a la Iglesia, a Jesucristo”.

En efecto; su misión es la misma de Cristo, es tan vasta como la de Cristo. No se puede limitar a los individuos, a las familias, a las paredes domésticas, a los altares, a los hogares, sino que debe extenderse a todas las formas y manifestaciones de la vida humana, como a todas ellas se extiende la verdad de la que es maestro, la fe de la que es intérprete, la moral de la que es defensor.

El sacerdote tiene una misión eminentemente social; debe, sin escatimar un esfuerzo, participar, animar, informar la vida social, llevando a ella a Jesucristo.

Los sacerdotes son la luz del mundo: alumbren, pues; son la sal de la tierra: pónganse en contacto con los que deben preservar de la corrupción; son apóstoles: salgan del cenáculo y realicen el prodigio esperado por el mundo de una nueva redención social.

Estas palabras trazan el deber del sacerdote, son una invitación para que abandone el templo, la sacristía y salga a la vida pública. Salir del templo no es desertar su misión de apóstol de Cristo: es obrar más en conformidad al espíritu de Cristo, es hacer suya la misión de Cristo.

Mons. Dabert, refiriéndose al apostolado social del clero, decía: “El clero, trabajando principalmente por la conversión y santificación de las almas, no debe permanecer extraño a la obra de reforma social. Se ha presentado a la Iglesia y al sacerdote como extraños a ese terreno. El sacerdote dejóse intimidar, y el pueblo, no hallando al sacerdote en el terreno social, se alejó de la Iglesia”.

Sin embargo, la Iglesia posee la única doctrina social, y el Santo Padre incita vivamente al clero a sobresalir en ese terreno.

Cuanto a las condiciones de ese apostolado, debe estar adornado de aquéllas de que habla Millot: “Competencia, prudencia, discernimiento: he ahí las condiciones esenciales de la acción social del sacerdote. Si esas condiciones faltan, su intervención en el terreno político o económico no será más que motivo de escándalo para los fieles y de irritación para los enemigos”.

Para tener competencia, el clero debe dedicarse al estudio de las ciencias sociales que tanta importancia revisten en nuestros días, Millot, dice que el sacerdote deseoso de ganar almas por medio de las obras sociales, necesita de la ciencia teológica que debe poseer como sacerdote y de la ciencia social indispensable a todo reformador que pretenda mejorar >la organización de la sociedad.

Urge, pues, la fundación de centros sociales, de Academias de sociología cristiana, donde el clero puede adiestrarse para la lucha y poder cristianizar, así, la sociedad que rueda al abismo.

Todas las grandes cuestiones de actualidad social se encuentran magistralmente expuestas en las inmortales Encíclicas de León XIII, Pío X, Benedicto XV y Pío XI. Estudien a fondo esos preciosos documentos de ciencia social, sean ellos sus guías en los actuales conflictos.

Además, el celo por la salvación de las almas que el sacerdote en todo tiempo y lugar debe tener. Sin este celo, sin este amor por el prójimo como el amor de Cristo, el apostolado social sería estéril sin provecho, sin utilidad práctica.

León XIII alaba y aplaude el celo y abnegación del clero francés porque son los inspiradores y apóstoles de todas las buenas obras, porque se acercan al pueblo y procuran por todos los medios, aun a trueque de sacrificios considerables de tiempo y de dinero, hacer su suerte menos dura, ayudándolo y moralizándolo. El mismo Pontífice dice en otra parte que “para que el celo sea fecundo, provechoso y digno de alabanza, debe ser discreto, recto y puro”.

Adornado con estas dotes de competencia, de celo y discernimiento, el clero podrá cumplir con sus deberes como corresponde a un ministro de Cristo, porque entonces no tendrá otro pensamiento que el que inspiraba al divino Maestro: llevar almas a Dios aunque tenga que padecer las afrentas,, las calumnias y la misma cruz.

5. – NORMAS PONTIFICIAS. –

Los Pontífices han trazado sabias normas al clero para orientar y dirigir la acción redentora del catolicismo en el campo de las reformas sociales modernas. Su corazón rebosa de amor por las clases humildes a imitación del divino Maestro, cuyas palabras en el Sermón de la Montaña fueron como el beso que dio al desvalido y al pobre. Condecora a los obreros; escribe su magistral Encíclica para defender sus derechos y pasa a la historia con el título de Papa de los obreros. La orden de León XIII al clero y a los Obispos era: “Id al Pueblo”. “Aconsejad a vuestros sacerdotes, decía al Obispo de Coutances, que se ocupen del obrero, del pobre, de las clases inferiores. Es necesario salvar el abismo que separa al sacerdote del pueblo. Es preciso hacer que todos sientan la influencia saludable de la religión”. “Es menester que vuestros sacerdotes vayan al pueblo, decía a Mons. Doutreloux, Obispo de Lieja, No pueden  permanecer encerrados en sus iglesias y en sus casas parroquiales”.

Dirige una Encíclica al clero francés; hace un elogio de su actividad en el campo social. “Conocemos y el mundo conoce como Nos – decía -, las cualidades que os distinguen. No hay una sola buena obra de la que vosotros no seáis o los inspiradores o los apóstoles. Dóciles a los consejos que os hemos dado en nuestra Encíclica “Rerum Novarum”, os acercáis al pueblo, a los obreros, a los pobres; procuráis por todos los medios acudir en su ayuda, moralizarlos, y hacer su suerte menos dura. Con este fin promovéis reuniones, congresos; fundáis patronatos, círculos, cajas rurales, agencias de asistencias, colocación para trabajadores, y os ingeniáis para introducir reformas en el orden económico y social; y a trueque de realizar empresas tan difíciles, no vaciláis en hacer considerables sacrificios, comprendiendo las apremiantes necesidades de la sociedad contemporánea y de las almas”.

Y en su Encíclica “Graves de communi”, dirigiéndose al clero dice: “Cosa es de por sí manifiesta cuánto deben trabajar los sagrados ministros en todo este género de obras que ligan directamente los intereses de la Iglesia y del pueblo cristiano. Nos mismos, más de una vez, hablando con eclesiásticos, hemos creído conveniente asegurarles que en nuestros días es oportuno llegar al pueblo y comunicarse con él. Con más frecuencia aún, de no mucho tiempo a esta parte, en letras dirigidas a los Obispos y personas eclesiásticas, alabamos esta amorosa solicitud en favor del pueblo, diciendo de ella que es propia de uno y otro clero. Pero procedan en todo esto con gran cautela y prudencia, puestos los ojos en los ejemplos de los santos. El pobrecito y humilde Francisco, el padre de los infelices Vicente de Paúl, y otros muchos en todas las edades de la Iglesia, acertaron a ordenar sus cuidados para con el pueblo, de suerte que sin engolfarse indiscretamente en esta ocupación, ni perderse a sí mismos de vista, atendieron con igual ardor a la perfección del espíritu. Y en este punto nos place poner ante vuestros ojos explícitamente una manera de acción, en que no solamente los eclesiásticos, sino todos los amigos de la causa del pueblo pueden sin grande dificultad hacerse muy beneméritos.

“La cual consiste en inculcar con amor fraterno en el ánimo de los que forman parte de él, estos consejos: que se guarden enteramente de las sediciones y de los sediciosos; que respeten inviolablemente los derechos del prójimo; que ejecuten de grado y con el obsequio debido la obra que justamente demandan sus patronos; que no sientan aversión a la vida doméstica, fecunda en muchos bienes; que practiquen sobre todo la religión y de ella tomen el más positivo consuelo en los trabajos y contradicciones de esta vida. Para conseguir mejor este fin servirá ciertamente presentar ante sus ojos el singular modelo de la Santa Familia de Nazaret, y proponer el ejemplo de aquéllos que de su misma suerte infeliz supieron aprovecharse para subir hasta la cumbre de la virtud, y por último, fomentar la esperanza del premio que nos está reservado en una vida mejor.

“Concluiremos ahora insistiendo de nuevo sobre un aviso que ya hemos dado. Así los individuos como las sociedades, al poner por obra cualquier pensamiento concebido con este propósito, deben tener presente la plena obediencia que deben a la autoridad de los obispos. No se dejen alucinar de cierto celo de caridad intemperante, el cual no es, a la verdad, sincero ni saludablemente fecundo, ni agradable a Dios si se tiende a menoscabar el deber de la obediencia.

“Dios se complace en aquéllos que sacrificando sus propias opiniones escuchan a los Prelados de la Iglesia como a El mismo, y asiste propicio en sus empresas por arduas que sean, dándoles benignamente feliz éxito. Añádanse a esto, ejemplos de virtudes, singularmente de aquéllas en que el cristiano se muestre enemigo de la pereza y los placeres y benévolo dispensador de lo superfluo en beneficio del prójimo y constantemente invicto. Porque estos ejemplos tienen gran fuerza para excitar saludablemente los ánimos del pueblo; fuerza tanto mayor cuanto son más conspicuos los varones en quien se admiran”.

Pío X, siguiendo las luminosas huellas de su predecesor, vuelve a insistir en que el clero debe ir al pueblo, que se ponga en contacto con el pueblo y le hable según el espíritu del Evangelio. “Empléese en mejorar, dentro de los límites de la caridad y de la prudencia – dice -, la condición económica del pueblo, favoreciendo y propagando las obras que tiendan a este fin, aquéllas sobre todo que tienen por objeto disciplinar a las muchedumbres contra la tiranía invasora del Socialismo y que la salven a la vez de la ruina económica en la organización moral y religiosa. De esta suerte, la colaboración del clero en las obras de acción católica tendrá un fin altamente religioso y nunca será obstáculo, antes bien, secundará su ministerio espiritual, cuyo campo irá ensanchando y cuyos frutos multiplicará”.

Benedicto XV y Pío XI tienen una vastísima literatura social; en toda ella palpita el amor de sus nobles corazones-hacia las clases humildes y en la cual exhortan muy paternalmente al episcopado y al clero que vayan a laborar en la acción social.

De todos es conocida la fecunda labor de los prelados franceses, italianos, alemanes, españoles, belgas, etc., que, juntamente con su ilustrado clero, desarrollan en el campo social. A ellos se debe la perfecta organización obrera de la que está surgiendo esa Democracia cristiana, esa gran fuerza que vislumbró en los horizontes del porvenir el ilustre tribuno español Donoso Cortés: “De todos los partidos políticos no van a quedar más que dos fuerzas, las que encontrándose frente a frente darán la batalla: la Democracia cristiana y la Democracia roja o revolucionaria”.

La guerra civil española es la plena confirmación de estas palabras. La Iglesia, los Pontífices, el episcopado, la necesidad misma de los tiempos, dan la orden de mando de que el clero debe orientarse hacia la Democracia cristiana. Debe, en frase inmortal de León XIII: “Ir- al pueblo”. Los sublime misión de la Iglesia en los actuales momentos históricos está condensada en aquella profética visión del P. Ventura Ráulica, en la oración fúnebre por el gran líder del catolicismo irlandés O’Connell: “Si los reyes, dejándose penetrar del elemento pagano, renuncian al elemento cristiano, y no quieren comprender la doctrina de la verdadera libertad religiosa de los pueblos y la independencia de la Iglesia que constituye la felicidad y la gloria de sus antepasados, la Iglesia sabrá prescindir de ellos; se volverá hacia la Democracia, bautizará a esta heroína salvaje, la hará cristiana, imprimirá en su frente el sello de la consagración divina y le dirá: “Tú eres reina y reinarás”.

Contamos con el gran Maestro

Contamos con el gran Maestro

José Martínez Colin

Periódico AM Querétaro 090531

 

 

1) Para saber

Dará la fiesta de Pentecostés, el Papa Benedicto XVI decía que ese día el Espíritu Santo descendió con fuerza sobre los apóstoles y así comenzó la misión de la Iglesia en el mundo. Jesús mismo les pidió que permanecieran juntos para recibir el don del Espíritu Santo. Ellos se reunieron en oración con María en el Cenáculo, en espera de ese acontecimiento prometido (cf. Hch 1,14).

El Papa señalaba que la condición que puso Jesús para acoger el don del Espíritu Santo fue la de permanecer juntos. Así nos da una magnífica lección. A veces se piensa que la eficacia misionera depende principalmente de una esmerada programación y de su sucesiva aplicación inteligente mediante un compromiso concreto. Ciertamente, continúa el Papa, el Señor pide nuestra colaboración, pero antes de cualquier respuesta nuestra se necesita su iniciativa: su Espíritu es el verdadero protagonista de la Iglesia. Él es el maestro.

Una anécdota nos ilustra esta idea.

 

o2) Para pensar

Una madre, queriendo dar ánimo a su hijo pequeño para que progresara en el piano, lo llevó al concierto del pianista famoso polaco, Ignacy Paderewski. Después de sentarse, la madre vio a una amiga y fue a saludarla. El pequeño se cansó de esperar y comenzó a recorrer el lugar hasta que llegó a una puerta donde estaba escrito “PROHIBIDA LA ENTRADA” y la pasó.

Cuando las luces se apagaron y el concierto estaba a punto de empezar, la madre regresó a su lugar y descubrió que su hijo no estaba allí.

En eso, las cortinas del estrado se abrieron y las luces cayeron sobre un impresionante piano Steinway en el centro del escenario. La madre horrorizada vio a su hijo, sentado al teclado inocentemente, tocando las notas infantiles de… “Mambrú se fue a la guerra”.

En aquel momento, el gran maestro de piano hizo su entrada, rápidamente fue al piano y susurró al oído del niño, “No pares, continúa tocando”.

Entonces, Paderéwski extendió su mano izquierda y empezó a llenar la parte del bajo.

Luego, puso su mano derecha alrededor del niño y agregó un bello arreglo de melodía. Juntos, el viejo maestro y el joven aprendiz transformaron una situación embarazosa en una situación maravillosamente creativa.

El público, muy emocionado, ovacionó con estruendo el gesto del artista con el niño.

 

3) Para vivir

Así son las cosas cuando uno está con Dios. Por cuenta propia hacemos lo mejor posible y los resultados no siempre salen bien. Pero, con las manos del Maestro, del Espíritu Santo, las obras de nuestras manos adquieren un valor divino, son perfeccionadas.

Cuando hagamos cualquier actividad podemos escuchar la voz del Espíritu Santo, susurrándonos: “No pares, continúa tocando”. Si lo consentimos, sus fuertes manos estarán tocando el concierto de nuestra vida.

Dice el Papa que el misterio de Pentecostés consiste en que el Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y, al mostrarnos a Cristo crucificado y resucitado, nos indica el camino para llegar a ser más semejantes a él, instrumentos de su amor.

Así como los discípulos estaban reunidos con María esperando la llegada del Espíritu Santo, podemos unirnos a Ella para invocarlo a diario: “¡Ven, Espíritu Santo! Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”.

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