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Circulo de Estudios Manual

Circulo de Estudios ManualCirculo de Estudios Manual

Acción Católica Mexicana

Comisión Nacional de instrucción religiosa

México

1941

 

 

SECRETARIA DEL ARZOBISPADO
DE MÉXICO

1576/41

 

 

 

 

El Excmo., y Revmo. Señor Arzobispo, en el acuerdo de! día de hoy, ha tenido a bien disponer diga a usted., como me es satisfactorio hacerlo, que se concede la licencia que a nombre de la Comisión Central de Instrucción Religiosa, solicitó en su atento oficio No. 28125 de abril 26, para imprimir e! opúsculo “LOS CÍRCULOS DE ESTUDIO”.

Lo que tengo el honor de comunicar a usted para su inteligencia y fines consiguientes, reiterándole mi atenta consideración.

 

 

Dios le guarde por muchos años.

 

 

México,  D. F.,  a 7 de mayo de  1941.

José   Hernández,   Pro.  Srio.

Sr.  D. Luis Beltrán y Mendoza,
Secretario de la Comisión Central
de Instrucción  Religiosa,
Apartado   1481,
CIUDAD

 

 

 

Círculos de Estudios

 

A pesar de que en nuestro país han venido multiplicándose los círculos de estudios en proporción notable, hay necesidad todavía de seguir difundiendo las nociones substanciales de tan admirable  medio de fomentar la cultura, para  facilitar  la formación de nuevos círculos y  para  normar el funcionamiento de los existentes a fin de que se les conserve su carácter peculiar y no se les desvirtúe, para que  no dejen de dar sus excelentes frutos.

Ese pensamiento inspiró una serie de sencillos artículos que fueron publicados en ONIR y que ahora, completados y compilados, ofrecemos en este opúsculo, que Dios quiera bendecir para que sea útil, particularmente a los Grupos de las Organizaciones Fundamentales y Asociaciones Confederadas de la Acción Católica Mexicana.

 

Qué es el Círculo de Estudios

Es el Círculo de Estudios un grupo poco numeroso de personas que han convenido en reunirse periódicamente y en un ambiente de completa sencillez y familiaridad, para estudiar en común asuntos que les interesan, aportando cada una sus conocimientos y su esfuerzo investigador.

Grupo poco numeroso ha de ser el círculo, por razón de su cualidad imprescindible de que se desarrolle en un ambiente de completa sencillez y familiaridad.

Se distingue el círculo de las demás maneras de estudiar, por el ambiente: En una clase el profesor enseña, los alumnos atienden y callan; él manda, los otros obedecen. En una academia cada quien es persona mes o menos sabia que va a presentar trabajos acabados, producto de su erudición. En el círculo no hay quien vaya a enseñar a los demás; ni es reunión de eruditos en donde se presenten grandes estudios; sino que ahí todos toman parte espontáneamente, unas veces como si enseñaran, otras preguntando, otras, emitiendo opiniones o discutiendo las ajenas; ahí se pone un asunto a estudio y todos han de tomar parte en éste, diciendo cada quien lo que sepa acerca del tema -sea por investigación, sea por experiencia, por observaciones o por simples noticias-, o lo que quiera saber. Esa ha de ser la condición principal: que todos tomen parte. En el círculo de estudios no ha de haber sujetos inactivos o puramente pasivos.

Al círculo todos van a estudiar, cada quien hace esfuerzos y unos a otros se ayudan para llegar a conseguir los conocimientos que todos buscan. En ese plano de igualdad y sencillez se logra la completa libertad para que cada quien exponga sin encogimiento sus ideas, pregunte cuanto quiera, emita sus dudas y sus opiniones, en tanto que ¡os demás las oyen dispuestos a aprovechar cada’ quien para sí las ideas nuevas y a ayudar a sus compañeros a completar conocimientos y resolver cuestiones.

Es el círculo de estudios una verdadera cooperativa de conocimientos: cada quien aporta los que tiene y su esfuerzo para aumentarlos, a fin de formar un cauda! común, del cual todos y cada uno sacan provecho.

Ya se comprenderé que si el círculo fuera numeroso, la sola presencia de muchas personas cohibiría, sobre todo a quienes no estuvieran acostumbrados a trabajar en asambleas, y nadie se sentiría con ¡a suficiente libertad para decir sin preocupaciones lo que quisiera, condición indispensable para que se logren ¡os fines del círculo de estudios, que por eso pide ambiente de familiaridad, de confianza.

Claro que para realizar una labor provechosa en ese estudio de los círculos, se necesitan tres requisitos: regularidad para las sesiones, por eso hemos dicho que el círculo debe reunirse periódicamente; un conveniente ordenamiento de las labores y un plan determinado de estudio. De todo eso hablaremos en subsecuentes capítulos.

Integración  del Círculo

Para organizar un círculo de estudios lo primero que se debe pensar es en las personas que hayan de integrarlo. Para escogerlas hay que tener en cuenta dos condiciones características: que ha de ser su número limitado y que ha de haber cierta homogeneidad en el conjunto.

Número Limitado

Habíamos dicho antes que en el círculo todos deben tomar parte activa; si fuesen muchos los miembros del círculo, ni habría el ambiente de sencillez propicio a que todos se animasen a hacer cada quien lo que pudiera, ni alcanzaría el tiempo de las sesiones para que todos participasen.

¿Cuál ha de ser el número de personas? El número ideal sería entre 12 y 15; con ése habría suficiente animación y se facilitaría la familiaridad del ambiente. Pero en todas partes hay que avenirse a las circunstancias: si son menos, porque no se consiguen más, pues trabajar los que haya; si son algunos de más -cinco o diez a lo sumo- porque no se pueda hacer dos círculos, pues con ésos; pero si excediera de 25 el número, ya sería prácticamente imposible que el grupo funcionara como verdadero círculo de estudios.

Con todo, si las circunstancias obligaran a excederse, procúrese hasta donde sea posible aplicar las demás características del Círculo de Estudios, porque son tan útiles que no dejarán de dar algún provecho.

Homogeneidad

En cuanto a la homogeneidad hay que procurarla principalmente desde el punto de vista de la disposición de las personas y de su capacidad intelectual para el objeto del círculo.

Se necesita que estén animados los circulistas de un común anhelo y de unos mismos propósitos; porque si unos quisieran llevar las cosas por un lado y otros por otro, o si algunos exigieran cosas que no estuviesen al alcance de os demás, el trabajo cooperativo ya no podría ser.

Y se necesita que todos estén más o menos capacitados para participar en los mismos estudios, porque de lo contrario podrían éstos resultar muy altos para algunos y si se hiciesen demasiado elementales para ésos, perderían el interés para los que estuviesen más adelantados.

Hemos tenido oportunidades de participar en círculos de estudios en que había obreros, estudiantes, profesionistas, sacerdotes, empleados, y en los que se estudiaba la cuestión social; como la materia de estudio interesaba con igual calor a todos, y por otra se desarrollaba en un plano de investigación que estaba al alcance de todos, la heterogeneidad, en ese plano, desaparecía; los sacerdotes y los profesionistas hacían los estudios profundos pero llevaban al círculo los resultados expresándolos en fórmulas concretas y claras, los obreros y los empleados aducían en pro o en contra sus experiencias y expresaban su manera de ver los asuntos, los estudiantes llevaban la voz de las osadías y las inquietudes de su ambiente y las ideas que circulaban en las aulas; la materia, colocado su estudio en el plano adecuado, estaba al alcance de todos.

Mas si se trata de un círculo de estudios religiosos, por ejemplo, ya se comprenderá que sería disparatado reunir a quienes ya han hecho estudios importantes con quienes necesitan aprender los rudimentos de la Doctrina. Sin embargo, si al estudiar, digamos por caso, un curso sobre la Santa Misa hay alguna diferencia de alturas, que no sea tanta que impida el que se entiendan unos a otros, lo concreto y la naturaleza del tema pueden como nivelar un poco las capacidades, en muchas ocasiones, ya que tan poco se ha estudiado la Liturgia entre nosotros.

Pero si no, se puede lograr cierto nivel para que unos puedan alcanzar los estudios y los otros no les pierdan el interés, el círculo será impracticable; por eso se necesita la homogeneidad, siquiera en el grado mínimo .que hemos explicado, aunque cuanto más homogéneo, sobre todo desde el punto de vista de la capacidad intelectual, sea el grupo de los circulistas, con tanta mayor facilidad se trabajará y tanto más interesante y provechoso será el estudio.

La Organización del Círculo

El círculo no consiste en la simple reunión para ¡as sesiones, sino que ha de ser una agrupación bien organizada, para que pueda dar todos sus frutos.

Se necesita, como en todo, quien haga cabeza, por eso ha de tener su presidente; se impone la necesidad de recordar los asuntos ya tratados y de consultar los estudios ya hechos, luego ha de haber un libro en que se escriba la relación de las sesiones habidas, así como un archivo en que se guarden ordenadamente los trabajos presentados en el círculo; y si los circulistas quisieran formar una pequeña biblioteca para uso común, habría necesidad de un bibliotecario.

Así, pues, por regla general se necesita un presidente, un secretario, y en algunos casos un bibliotecario, que podría serlo el mismo secretario del círculo. Esos, como funcionarios permanentes.

Porque hay una práctica que suele ser de bastante provecho y consiste en que para dar oportunidad a los socios de irse adiestrando en dirigir debates, levantar actas, etc., funciones que a menudo se ofrece y conviene saber desempeñar; se nombre para cada sesión un presidente y un secretario, de modo que se vayan turnando en esos ejercicios todos los miembros del círculo.

Mas esa práctica, recomendable sobre todo cuando el círculo está formado por personas que se preparan para los trabajos de la Acción Católica, no excluye la existencia del presidente permanente, que tiene que velar de una manera constante por el mantenimiento y buen funcionamiento del círculo y cuyas atribuciones son las habituales de todo jefe de agrupación-; ni la del secretario permanente, que reúne y conserva el archivo.

Hay, además, un personaje muy importante, el director del círculo, que merece capítulo especial.

El Director

El Director, que ha de ser la persona más instruida en la materia que se estudia, tiene por funciones orientar, cuando se hace necesario, las discusiones, aportando los conocimientos que en un momento dado pudieran hacer falta a los circulistas, resolver las dudas o los problemas que aquéllos no pueden resolver por sí solos, y poner las cosas en su lugar cuando en los trabajos o las discusiones se incurriese en errores o cuando no pudieran los circulistas ponerse de acuerdo.

El director deberá limitar a eso solamente su intervención, para que no cohíba a los circulistas tratar por ellos mismos los asuntos o exponer con toda la libertad que necesitan sus pensamientos.

Ya se comprende que el papel de director está reservado al Asistente Eclesiástico del círculo, cuya presencia en las sesiones será tanto más necesaria cuanto más delicada sea la materia del estudio; así por ejemplo, tratándose de los estudios de religión, en que hay que poner sumo cuidado para que no se incurra en inexactitudes, falsedades o confusiones.

Pero cuando el Asistente Eclesiástico no pudiese dirigir e! círculo personalmente y haya que recurrir a un seglar, es preciso que éste reciba la autorización, de aquél para desempeñar el puesto.

Y cuando los seglares se vean obligados a trabajar solos, deben tener la precaución de informar al párroco, de sus trabajos y conclusiones, y reservar para consultar con él las cuestiones que no puedan explicar con seguridad y claridad.

 

Funcionamiento del Círculo

Organizado el Círculo de Estudios en la forma que hemos explicado, su funcionamiento es sencillísimo. Para explicarlo colocaremos a cada uno de los personajes que intervienen, en su correspondiente puesto.

Rezadas las oraciones iniciales por el Asistente Eclesiástico, o si él faltare, por el Presidente permanente del Círculo, designa éste a quien haya de presidir la sesión y a quien haya de levantar el acta de la misma.

Se lee en seguida el acta de a sesión anterior, que debe ser un resumen conciso y breve de lo que se trató y de las conclusiones a que se llegó; se pone luego a discusión, y el secretario de la reunión que se está celebrando toma nota de las rectificaciones o adiciones que se .hagan, para hacerlas constar. Aprobada el acta la recoge el Secretario permanente para archivarla.

Se pasa a la exposición del tema. Luego a su discusión y por ultimo a hacer el resumen de lo tratado.

Finalmente se designa a quien haya de tratar el tema en la siguiente reunión.

Entre tanto, el Presidente de la sesión ha estado concediendo ordenadamente la palabra, cuidando de que la discusión no se desvíe del punto a que debe ceñirse, y si la conversación llegó a decaer, él la reavivó, pidiéndole su opinión a alguno de los circulistas, presentando una objeción, haciendo una pregunta, con lo que hizo hablar a los que estaban callando.

Si hubo, algún error que los circulistas mismos no corregían; intervino el  Director del Círculo, que asimismo estuvo resolviendo los puntos que aquéllos no pudieron resolver y respondiendo a las consultas que .quisieron  hacerle.

Al terminar, el Secretario permanente recoge también los trabajos escritos que hayan sido presentados.

El Presidente permanente da los avisos que tenga, propone los asuntos de la marcha del círculo que se ofrezcan, y con las preces finales se levanta la sesión.

Ni Cohibir ni Desalentar.

Mucho cuidado deberá tenerse de no cohibir ni desalentar a los circulistas, antes por el contrario, se les estimulará afanosamente para que todos tomen parte.

Y si alguno dijese un desacierto, o no pudiese entender algo, o tuviera dificultad para expresarse o incurriese en cualquier deficiencia, jamás se le debe hacer objeto de burla o menosprecio, por el contrario, todos deben tratar de ayudarlo y animarlo con naturalidad y discreción.

El éxito de un círculo depende en gran parte, del ambiente que en él hallen los socios.

 

Puntualidad rigurosa.

Es imprescindible que las sesiones empiecen con  rigurosa puntualidad, y conviene fijar su duración para evitar que se prolonguen, porque esto ahuyenta a es circulistas: es preferible posponer la conclusión del tema para otra sesión, y sólo en caso de que todos lo deseen,  prolónguese el trabajo, pero siempre el menor tiempo posible.

Debe establecerse el compromiso de que los socios, sabiendo ya el día, hora y lugar en que han de celebrarse las sesiones, no tienen que esperar ningún citatorio para acudir. Pero el Secretario permanente anotará en cada sesión si alguno faltó, y en este caso, si no fuera posible que alguien visitase al faltista para investigar la causa y alentarlo a la perseverancia, el citado Secretario le dirigirá un recordatorio estimulador.

Métodos de los Círculos de Estudios

Lo más característico de los círculos de estudios es el modo de trabajar en ellos; pues ya hemos advertido que los círculos no son cátedras, ni academias, ni catequesis, ni conferencias; son sencillamente círculos; de estudios.

Sin embargo, no se piense que sólo de un único modo se puede trabajar en el círculo; al contrario precisamente por el fin de adoptarse a todas las capacidades y circunstancias, allí no debe haber nada estricto, nada riguroso, nada inflexible, sino todo dúctil y elástico para que esté al alcance de todas las inteligencias.

De los variados métodos que se usan en los círculos vamos a exponer algunos:

EXPOSICIÓN DISCUTIDA

Llamamos así a la práctica de encomendar a uno de los circulistas el desarrollo del tema que habrá de ser tratado en la siguiente sesión, en la cual el encargado del tema lo expone en la forma más clara, ordenada y completa que le es posible, y terminada esa exposición intervinieren los demás circulistas, pidiendo explicaciones, indicando omisiones, presentando objeciones, aduciendo experiencias u observaciones, sea en pro, sea en contra de lo expuesto, emitiendo o rebatiendo opiniones; todo en ordenada discusión, y haciendo al final, sea por alguno a quien se encomiende, sea entre todos, el resumen de lo que se trató, cuya parte principal seré la enunciación precisa de las conclusiones a que se haya llegado.

Por supuesto que los temas se distribuirán entre los circulistas, de manera que todos se vayan turnando en el trabajo de hacer la exposición; mas hay que tener presente que no sólo el encargado del tema deberá prepararse estudiándolo, sino todos, para que con conocimiento de causa y “no a tientas y de improviso, intervengan en las discusiones. Estas serán tanto más fáciles, interesantes y provechosas cuanto mejor preparados asistan a ellas los miembros del círculo.

La exposición podrá hacerse hablada o escrita, pero en todos los casos, así la exposición como las discusiones se caracterizarán por una suma sencillez, huyendo de! estilo oratorio y procurando mantener siempre el ambiente de una animada conversación entre amigos, en la que no deben llegar a faltar nunca la cordialidad y la benevolencia. Esta virtud se hará necesaria frecuentemente, porque cuando alguno yerre en la exposición o en las discusiones, es preciso que las réplicas sean siempre razonadas, para hacer entender con claridad las cosas, y prudentes, para no desalentar ni lastimar a nadie.

PREGUNTA CIRCULANTE

Sucede que al comenzar a trabajar en los círculos de estudio, las personas no acostumbradas a esta clase de ejercicios no se animan a discutir espontáneamente, y menos aún a encargarse de la exposición de los temas. Para inducirlos a que lo hagan da muy buenos resultados el método de la pregunta circulante.

Consiste dicho método en hacer el director del círculo, si no hubiera circulistas que la hiciesen, la exposición del tema en forma concisa y breve, y después, volviendo ordenadamente sobre cada uno de los puntos, interrogar a cada circulista, primero para fijar bien los conceptos, segundo para darse cuenta de cómo ha sido entendida la cuestión por cada uno, y luego provocando opiniones personales, interrogando si hay dudas e invitando a pedir explicaciones.

La pregunta circulante puede formularse idéntica a cada quien, hasta conseguir que se grabe suficientemente la explicación completa y exacta del asunto; sin embargo es más conveniente variar la forma para evitar la monotonía, que ahuyenta el interés. Pongamos un ejemplo.

En el círculo de estudios religiosos se está tratando como tema el Sacramento de la Confirmación. Comienza el interrogatorio por la definición de dicho sacramento, que se pide repetir al primer circulista; supongamos que la da aprendida del Catecismo Católico:

-“la Confirmación es un sacramento instituido por Jesucristo para infundir una gracia especial y los dones del Espíritu Santo, con que el confirmado es fortalecido para profesar la fe de palabra y de obra, como perfecto soldado de Cristo.”

Al interrogar al segundo circulista, en vez de invitarle a repetir también la definición, preguntarle:

-¿Para que instituyó Jesucristo el Sacramento de la Confirmación?

Al tercero:-¿Cómo se ha de profesar la fe?

Al cuarto:-¿Y por qué dice que el confirmado ha de profesar la fe como perfecto soldado de Cristo?

Al quinto:-¿Usted había ya reflexionado que por medio de un sacramento había sido hecho soldado de Cristo?

De esa manera se puede pasar de un punto a otro del tema, ligándolos por medio de un verdadero comentario que se hace o se provoca con las preguntas, y en cuanto cada punto haya sido suficientemente desarrollado y comprendido, hay que entrar en el siguiente, procurando dar la mayor animación al diálogo..

Naturalmente que todos los circulistas deben ser interrogados, y esto hay que hacerlo observando a cada quien, para alentar a los tímidos o atrasados poniéndoles la cosa fácil.

El que dirija el círculo debe cuidadosamente dar oportunidad a cada persona para que dé de sí lo que pueda; hay que dejar hablar libremente, ya habrá tiempo de corregir lo que no. esté bien; hay que procurar que cada quien exponga con confianza sus dudas o pida las explicaciones que desee. De ahí vendré el resolverse a opinar y a argüir y aun a aceptar el compromiso de exponer los temas.

Pero aun prescindiendo de estas ventajas del método que nos ocupa, sin salir de-él, es decir, limitándose a la pregunta circulante según queda explicada, se puede hacer interesante cualquier curso, y en algunos casos será precisamente ése el método más indicado.

LECTURA COMENTADA

Este es un método tan sencillo como útil; su nombre lo caracteriza desde luego, pero hay varias maneras de usarlo.

Unas veces se acostumbra que algún circulista, designado anticipadamente, prepare la lectura del trozo escogido, procurando penetrarse bien, párrafo por párrafo, no sólo para darle la debida expresión a la hora de leerlo en el círculo, sino para hacer él mismo el comentario y sostener la discusión; otras se designa al lector cuando la sesión comienza; pero siempre conviene que no sólo el que haya de fungir como ponente, sino todos los miembros del círculo tengan copia de lo que se va a estudiar, para que se preparen con tiempo. Lo indicado es que en cada sesión se dé el material para la venidera.

Es conveniente hacer la lectura de corrido, y después releer cada párrafo para comentarlo.

Es indispensable que al comentario del lector sigan los de los demás circulistas, pues no resultaría círculo de estudios si sólo aquél hablara; el que dirija el círculo debe poner en esto mucho empeño.

Suele también señalarse a un circulista distinto del lector, para que haga el comentario; o bien dejar éste a la espontánea intervención de los concurrentes; por regla general es preferible que haya un comentador preparado.

Entre personas acostumbradas a los ejercicios intelectuales de este género, los comentarios se producen fácilmente, y no escasean; pero cuando no, es frecuentemente necesario provocarlos. El que dirija la sesión procurará hacer esto de acuerdo, con la mentalidad de sus compañeros de círculo. Ahí cabe desde un trascendental ¿Están ustedes de acuerdo con el autor? hasta que ¿Qué entendió usted con este párrafo? y a los demás: ¿Les parece que está bien entendido como lo ha expresado el señor H? Empero estas formas un tanto abstractas de preguntar no son siempre las que convienen; es preferible muchas veces incluir en las preguntas los textos a que se refieran, para facilitar las respuestas.

No hay que perder de vista que el propósito de esos interrogatorios es hacer razonar y que los circulistas externen sus conceptos o sus impresiones de los puntos a estudio, por lo cual no conviene conformarse con la sola repetición de un enunciado; cuando falta toda preparación podrá empezarse si se quiere por ahí; pero poco provecho dejaría, y difícilmente aguantarían los concurrentes, que eso se prolongase.

Ya se habrá entendido que a falta de un ponente, un buen libro o un buen artículo de periódico puede serlo; por eso es que la lectura comentada se usa mucho donde escasean los elementos preparados; pero el valor de este método estriba en los comentarios.

Si este método es usado aun entre intelectuales de  altura, a quienes agrada reunirse para leer y comentar una obra en el amable ambiente de la reunión de amigos, se presta aun para los lugares en que hay menor ilustración.

En una de nuestras giras de Acción Católica, al visitar una parroquia rural,-tuvimos una gratísima impresión al hallar reunidos a una decena de señores de la U. C. M. que leían y comentaban una página de ONIR; el estilo era sencillísimo; leía el lector una pregunta y una respuesta, de las catequesis que se publicaban aquel año, y luego se iban turnando en repetir el contenido de la respuesta, más o menos apegados al texto, pero en plan de explicarlo: cuando alguno incurría en algún error, los demás le corregían luego, y a veces se detenían en un punto, que volvían a leer una o más veces, hasta que quedaban claras las ideas, gracias al esfuerzo de todos para explicárselas bien. Nos llamó la atención especialmente cierto estilo casi pueril que usaban los circulistas, y que de pronto tomamos por sencillez campesina; pero luego quedamos admirados al recibir, sin requerirla, la explicación: -Este círculo lo tenemos para instruirnos nosotros y para prepararnos a enseñar en los ranchos -nos dijeron-; porque las tardes de los domingos nos repartimos en los ranchitos para enseñar la Doctrina. Como nosotros no sabemos bastante, les leemos a los niños, como lo hacemos ahora, y luego les explicamos; después les hacemos repetir la explicación, según la hemos entendido aquí, hasta que se les queda bien. Cuando e! señor Cura puede, viene con nosotros y nos pregunta y nos explica; pero como tiene tanto quehacer, nos ha enseñado a que estudiemos así nosotros solos.

ENCUESTAS

Es este método uno de los más interesantes, tiene muchas ventajas y muchas aplicaciones. Es particularmente útil en el campo social, y ahí puede prestar a la Acción Católica, servicios muy importantes.

Consiste en formular un cuestionario sobre datos que se pretende investigar; el cual se da a todos los-miembros del Círculo de ‘Estudio para que cada uno haga personalmente las investigaciones y con el resultado de ellas llene el cuestionario. Después, en la sesión en que se hayan de estudiar las respuestas, cada quien da los datos que haya obtenido: sobre cada una de las preguntas informan todos, siguen los comentarios y el análisis de las observaciones, y se pasa a la pregunta siguiente para oír, comentar y analizar las respuestas que se reciban. Naturalmente que éstas se confrontan con las enseñanzas recibidas de la  teoría, o se relacionan, para valorizarlas, al fin con que se promueve la encuesta.

Ilustraremos la explicación con un ejemplo:

Se trata en un círculo de estudios sociales el tema de la familia obrera. Después de haber visto las enseñanzas de la Iglesia acerca de la familia en general, y acerca de la condición de ios trabajadores, se resuelve averiguar en concreto cómo son y cómo viven en la parroquia las familias de los obreros, con ¡a mira de hacer algo para procurar su mejoramiento.

Con ese fin se formula un cuestionario en que se pregunta cómo están fundadas esas familias, si sobre el matrimonio cristiano o no; si los padres cumplen con sus deberes de cabeza de familia, si las madres los suyos; si los hijos reciben educación cristiana, si todos los componentes de la familia cumplen habitualmente sus deberes religiosos; cuántos hijos tiene cada pareja, qué otras personas forman parte de la familia; cuántas personas de la familia trabajan, cuánto ganan los que trabajan; cómo son las viviendas en que moran las familias obreras; cómo se visten éstas, cómo se alimentan, qué esparcimientos suelen disfrutar, etc., etc.

El cuestionario ha sido producto de los mismos estudios hechos en el círculo, ha sido formulado con la cooperación de todos sus miembros. Al quedar terminado, se da una copia a cada uno de éstos, y durante e! plazo que se fije para la encuesta, cada miembro del círculo visita el número de familias a que se comprometió, inquiriendo los datos para llenar el cuestionario y anotándolos minuciosamente. Terminada la encuesta se tiene una información suficiente para dar ideas claras y precisas acerca de la familia obrera y sus condiciones en la jurisdicción parroquia; esos datos se ordenan y recopilan en un cuadro estadístico en que resulta retratada como en un espejo la realidad, y nada más útil que ese cuadro para mostrar lo que es necesario hacer en favor de las familias de !os feligreses obreros.

Pueden las encuestas hacerse de una vez incluyendo todas las preguntas necesarias en el cuestionario, o por partes, dando a los circulistas primero unas preguntas, después otras.

También, en vez de empezarse por el estudio teórico, puede empezarse a trabajar en el círculo, promoviendo la investigación, cuando ya se cuenta con la formalidad de los socios.

Como se ve, el procedimiento pone a ¡os circulistas en contacto directo con la realidad, se la hace palpar, y esto, por cuanto es más impresionante que cualquiera otra forma de estudio, es de resultados más definitivos en las mentes de los circulistas y lleva a conclusiones más prácticas.

EL C. E. Y LAS COMISIONES PARROQUIALES

Recomendamos también este método a las Comisiones Parroquiales de la A. C. M. para que logren orientar de la manera más práctica los trabajos que les toca emprender en bien de la Parroquia. Es de Insustituible utilidad para las de Clases Trabajadoras, .Acción Escolar, Acción Familiar (que suele existir con diferentes nombres: Moralización, Padres de Familia, ,,etc.) y no digamos para la de Propaganda y Esta-.dística.

A las Comisiones de Instrucción Religiosa, por ejemplo, les ayudará a cumplir eficazmente los fines de la O. N. I. R.

Ya sabemos que éstos pueden reducirse a dos: expender la instrucción religiosa a todas partes y a toda clase de personas, y mejorar los métodos de enseñanza.

Lo primero que debe hacer una Comisión Parroquial es estudiar el campo en que ha de trabajar. A ese fin importa conocer el territorio de la parroquia; investigar los centros de enseñanza religiosa que ahí “existan, (sean catequismos, escuelas de religión, círculos de estudios religiosos, etc.), y localizarlos; averiguar cuántas personas (niños, jóvenes, adultos, de uno y otro sexo] reciben en ellos la instrucción; averiguar, el número de feligreses que hay en  la  parroquia  y -compararlo con el de las personas que reciben la enseñanza religiosa; ver no sólo cuántas personas están .careciendo de la instrucción, sino qué lugares de la parroquia son los más desprovistos je centros de enseñanza; dónde podrían establecerse éstos; buscar personas que pudieran ayudar a enseñar; localizar las escuelas laicas, para ver de proveer de escuelas de religión, catequesis o .círculos de estudio a los alumnos que a ellas concurren, etc. Ese estudio producirá los datos para formar la estadística y el .cuadro geográfico de la instrucción religiosa en la parroquia, que no sólo son utilísimos, sino verdaderamente necesarios para realizar una labor eficiente en pro de la instrucción religiosa, que es la base de toda la obra de recristianización que se propone la Acción Católica.

Los dignatarios que componen la Comisión Parroquial de Instrucción Religiosa y sus auxiliares, lo mejor que pueden hacer es trabajar en forma de círculo de estudios, y la encuesta sobre la enseñanza de la Religión en la parroquia, no sólo proporcionará los datos preciosos, sino que acendrará el espíritu apostólico de los miembros de la Comisión.

Programas y Términos

Para que un círculo tenga éxito es necesario que se determine con toda precisión el objeto práctico dei estudio; si no, será muy difícil conseguir la perseverancia de los socios.

Es posible organizar círculos en que se estudie por diletantismo; pero eso sólo entre personas ya enteradas y muy aficionadas a la materia que se haya escogido. Mas si se trata de los círculos ordinarios que la Acción Católica organiza y que frecuentemente tienden a formar la afición por la materia, y aun por ‘el estudio, nada más apto para producir el fracaso, que lo impreciso y lo indeterminado; que lo que no deja ver el fin práctico por el cual se haya de someterse a la obligación de asistir a tal hora y en tales días a hacer esfuerzos fatigosos y a trabajar también fuera del círculo, como es indispensable para obtener de éste resultados efectivos.

Por eso aconsejaríamos: nada de círculos de estudios sin un objeto práctico.

Pero además del objeto, es imprescindible determinar un programa. No hay cosa que tanto predisponga al decaimiento de los entusiasmos como el no saber dónde y cuándo va a terminar una tarea que se impone. Esos círculos de estudio sin programa, en que no se sabe sino que hay que asistir y más asistir, trabajar y más trabajar sin que se tenga una idea cabal de lo que se va a hacer ni de cuándo se va a terminar, son un desastre.

En cambio, si se conoce un programa sugestivo y se sabe el término en que va a desarrollarse, se tiene el interés de conocer completo el asunto, y e! incentivo del tiempo contado que se escapa.

Por eso es tan conveniente formular los programas, no sólo precisando los temas de cada curso, sino aun las fechas en que cada-tema ha de ser tratado.

¿Que se va a estudiar Religión? Sí, pero no basta, el estudio de la Religión comprende multitud de materias. Ni sería suficiente decir: Vamos a estudiar, por ejemplo, Liturgia, porque el estudio de la Liturgia es amplísimo y hay en él tarea para muchos años de estudio, y así cada materia de las principales que comprende el estudio de la Religión. Hay que delimitar y fijar: Este curso de Doctrina, éste de Apologética, o éste de Liturgia, y comprendiendo estos puntos.

Así el que ha entrado en un círculo de estudios sabe lo que va a aprender, y lo que va a durar el esfuerzo que se impone.

Y no extrañe nuestra insistencia en este punto: hemos visto fracasar la generalidad de los círculos imprecisos.

En cambio, hemos presenciado magníficos éxitos cuando, el objeto del círculo se determina bien, se ha tenido acierto en elegir la materia, se ha precisado un programa y se ha fijado un término para desarrollarlo.

Planes para los Círculos de Estudios

La preparación de las sesiones del Círculo de Estudios es la clave del éxito en éstos.

En primer lugar el director, además de fijar los puntos para el estudio elegido y distribuirlos en el número de sesiones que se haya determinado efectuar, o sea, después de formar el programa para el Círculo; debe preparar el desarrollo de cada tema, de manera que pueda bastar el tiempo disponible y que el buen orden de la exposición y de la discusión permita que las ideas vayan quedando ciaras y firmes.

Por regla general no conviene aumentar e número ni la duración de las sesiones; por eso hay que procurar que la discusión no se alargue tanto que se haga insuficiente el tiempo fijado.

Y en cuanto al ordenamiento de las ideas es indispensable, no sólo para facilitar el análisis de los temas y encauzar la discusión, sino para conseguir que los circulistas adquieran conocimientos precisos y se los asimilen bien.

(Orden no quiere decir rigor. Ya hemos dicho que en los Círculos de Estudios nada debe ser riguroso, sino todo fácil y propio de! ambiente familiar que les ha de caracterizar).

En segundo lugar es necesario que los circulistas sepan anticipadamente qué se va a estudiar en la sesión, para que a su vez se preparen, siquiera enterándose de lo que van a tratar. Ya se comprenderá que mientras mejor preparados concurran los circulistas, más fáciles, más interesantes y sobre todo más provechosas serán las sesiones.

Para conseguir todo lo anterior, nada tan práctico como formar para cada sesión un esquema que contenga ordenadamente los puntos para el desarrollo del tema correspondiente, glosados con una breve explicación. Es lo que se ha dado en llamar planes para los Círculos de Estudio.

Dichos planes deben ser precisos y concisos, de manera que bastando para que los circulistas tengan noción de lo fundamental del asunto a estudio y una guía para la discusión, den margen a que los miembros del círculo hagan reflexiones, desarrollen las ideas y saquen conclusiones por propio esfuerzo.

Bien que a veces conviene dar los planes casi desarrollados, especialmente cuando no hay facilidad para que los circulistas dispongan de libros u otras fuentes donde prepararse. Pero aun en ese caso, el estilo analítico, que lleve a la reflexión y la discusión, suscitando el esfuerzo personal, y deje, aunque facilitándolo, el trabajo de hacer la síntesis correspondiente, es lo característico de los planes para los Círculos de Estudio.

Llegar a la sesión a enfrentarse de improviso con un tema desconocido es algo muy duro, y cuando el círculo se reúne en esas condiciones, tiende a volver se algo así como una lección escuchada en una clase, pues sólo el ponente, que va preparado, puede hablar. Por tanto los directores de Círculos de Estudio deben procurar dar siempre de una sesión para otra los temas que se habrá de tratar; pero mucho mejor será, generalmente, dar el tema acompañado de un esquema que facilite su preparación, es decir: un buen plan para cada sesión del Círculo de Estudios.

Cómo usar los Planes para los Círculos.

Para explicar prácticamente cómo se trabaja en el círculo de estudios a base de planes, hablaremos de cómo usar los que se publican en Onir.

Esos planes tienen dos objetos: facilitar el trabajo a los directores de círculos de estudio, y proporcionar a los circulistas un medio para que asistan preparados a las sesiones, es decir, enterados de lo que se va a tratar, conocedores del asunto y de su desarrollo.

A los Directores de Círculos: Cada uno de los planes de ONIR contiene la materia para una sesión; pero esto, naturalmente, esta sujeto a la capacidad de  los componentes del círculo, al tiempo disponible para las reuniones y aun a la naturaleza de cada terna; no hay que tomar los planes con todo rigor.

Lo primero, porque el estudio podrá hacerse más o menos profundo, más o menos amplio, o bien sencillo y simplificado, para ponerlo al alcance de los circulistas.

Lo segundo, porque si se dispone de tiempo, mientras más completo pueda hacerse el estudio, tanto mejor.

Lo tercero, porque hay temas que de por sí son complicados, su contenido muy macizo y se requiere bastante tiempo para desarrollarlos bien; en cambio, hay otros más fáciles, más ligeros, que demandan menor tiempo y menor esfuerzo.

Así, pues, los directores podrán repartir el contenido de los planes como más convenga y adaptarlo a las circunstancias de su círculo, buscando sólo que el estudio se haga con el mayor provecho.

Sería imposible hacer multitud de planes para diferentes mentalidades y culturas, de manera que todas las personas los encontrasen a la medida exacta de sus alcances y sus necesidades. Los planes que se publiquen para uso de Círculos de Estudio, en general, tienen que ser accesibles, a culturas medianas .y contener lo principal y suficiente de cada tema; el simplificarlos o ampliarlos según las exigencias de cada círculo, es tarea que corresponde a los directores de círculos.

A los Circulistas: Indudablemente que el estudio de los planes es la preparación necesaria para ir al círculo a trabajar y no sólo a oír; porque de lo primero se saca mucho fruto, de lo segundo, poco.

El método para aprovechar los planes es sencillo: ante todo una lectura atenta a todo el plan, después otra lectura, párrafo por párrafo, reflexionando sobre e! contenido de cada uno y tratando de explicarlo.

Al mismo tiempo que se haga eso, ocurrirán las objeciones que se hayan oído o las dudas personales que se tengan; si con ese estudio no han quedado resueltas, conviene apuntarlas para presentarlas en ía sesión del círculo.

Mas si se puede, no se limiten a eso los circulistas: aprovechen las indicaciones bibliográficas que se encuentren en los planes o que dé el director del círculo, para consolidar y ampliar los conocimientos que vayan adquiriendo: lean y estudien.

El uso de los planes, ya en el círculo, no ofrece ninguna dificultad.

Si se sigue el método de exposición discutida, el encargado de exponer el tema, habiendo estudiado el plan correspondiente, lo hace siguiendo el orden de desarrollo que hay en éste, pero, naturalmente, expresándolo a su manera propia y según lo haya entendido, pues no se trata de repetir simplemente una lección estudiada.

Luego vendrán las aclaraciones que pidan los circulistas, las rectificaciones, si hubiere lugar a ella, las objeciones o las distintas interpretaciones, si no todos estuviesen de acuerdo con el ponente. Y tratado cada punto del tema, se fijarán los “conceptos de manera que quede clara la doctrina. Al final se hará el resumen para coordinar y fijar las ideas, según expusimos al hablar del método de “exposición discutida”.

Si se ha de usar el método de la pregunta circulante, conviene que el director haga previamente una división de cada punto del tema tratado en el plan, de manera que sobre cada cuestión pueda formular una pregunta. Se empieza el estudio con la exposición, como se explicó al hablar de este método, y luego se pasa a las preguntas. Igualmente, al terminar cada parte del plan conviene hacer una recapitulación de las respuestas dadas, y un resumen general al fin.

Y si se recurre a la lectura comentada, la de los planes de Onir es sumamente fácil. Nos remitimos a la explicación que dimos de ese método.

Cuestionarios

Otra forma pueden tener los planes para los círculos de estudio, y es ¡a de cuestionarios.

En vez de dar los puntos del tema expuestos, aunque sea muy lacónicamente, y resueltos, aunque sea indicando apenas la solución, como en los planes; se pueden dar en forma de preguntas, para que los circulistas preparen las respuestas, que darán en la sesión siguiente; y de la misma manera que explicamos al hablar de las encuestas, se va oyendo de todos los concurrentes las contestaciones a cada punto; se hacen notar los errores o defectos que aparezcan, y se da la contestación más perfecta que resulte, o !a que deba ser, de manera que se grabe bien.

Esos cuestionarios deben contener los puntos principales del tema, de modo que al contestarlos quede completa la exposición de éste, y deben ser sus preguntas de tal manera claras y precisas, que los circulistas las comprendan con exactitud, se les facilite dar con las respuestas y no vayan a confundir cuestiones diferentes.

Además, las preguntas deben formularse de modo que den lugar al trabajo personal de reflexión y al esfuerzo de investigación de los circulistas; por ejemplo: que si los estudios fuesen de Religión, no se formule una pregunta de doctrina tal como la formula el catecismo, porque entonces, sencillamente, se dará lugar a una repetición de memoria o a copiar las respuestas; sino que la pregunta, sin mengua de su claridad y precisión, obligue al circulistas a discurrir por sí mismo antes de dar la contestación.

Las contestaciones al cuestionario pueden pedirse de palabra o por escrito, según convenga, dados el objeto y ¡a materia del estudio y la índole de los circulistas.

Bibliografía

Algo muy importante para los círculos de dio es la bibliografía. Para facilitar a los socios la preparación de los temas, conviene siempre que así en los planes como en los cuestionarios, y cualquiera que sea el método que se adopte, se indiquen los libros de estudio o de consulta; servicio tanto más necesario cuando se trate de materias o asuntos no vulgarizados.

Mas hay que tener en cuenta, a fin de que las referencias bibliográficas que se den para la preparación sean realmente útiles a los circulistas, la facilidad de obtener los libros que se indiquen; porque si se aconsejaran obras excelentes, pero que por no haberlas en el lugar o por su precio excesivo no pudieran consultarlas, la referencia no sería de provecho para el objeto inmediato, que es prepararse para la sesión del círculo.

Hay que aconsejar libros de fácil adquisición y de positiva utilidad; porque la carestía y la escasez de los libros, aun la falta de librerías en muchas poblaciones, no permite lujos en materia bibliográfica.

Siendo indispensable por otra parte contar con libros para prepararse, conviene que los directores de círculos de estudio, además de escoger con sentido práctico los libros que hayan de recomendar, procuren con tiempo que los circulistas, o la biblioteca del círculo, se provean de ellos.

Inclusive pueden encargarlos previamente a las librerías donde existan, o recurrir a los organismos de la A. C. M., para que se los consigan, si no saben donde obtenerlos.

Aprovechamientos del C. E.

El Círculo de Estudios, con sus diferentes métodos atinadamente adaptados, es de una utilidad sin límites.

No sólo se presta al estudio de cualquier case de materias y a la realización de investigaciones importantes, sino al ejercicio de especiales aptitudes y a la preparación de las personas para el desempeño de labores y funciones, que en el campo social son tan necesarias.

PARA LA PREPARACIÓN DE CATEQUISTAS

He aquí un objeto importantísimo para el que los Círculos de Estudio pueden prestar excelentes servicios. Nadie desconoce que la instrucción religiosa tropieza entre nosotros con e! gran obstáculo de la escasez de instructores, y ésta en gran parte es debida a la-falta de medios de preparación, pues no son pocas las personas de buena voluntad dispuestas a hacer esa nobilísima obra de misericordia, de enseñar al que no sabe. Escuelas para catequistas serían necesarias en todas las parroquias, pero no las hay, y en mucho tiempo careceremos en muchas partes de ellas. Mas entre tanto pueden suplirse con los círculos de estudio.

La base para éstos sería un buen programa, adaptado a las necesidades del medio y a la capacidad de las personas. Más o menos amplio, comprendería por lo menos tres materias: Religión, Historia Sagrada y Pedagogía. Hay obritas fáciles que pueden servir de texto. Lo deseable sería que el párroco personalmente dirigiera el círculo; si no, pues a trabajar gustosamente con la persona que él designe.

Vamos a hablar de cómo estudiar en un círculo la Pedagogía.

Nos vamos a imaginar en una parroquia donde la cultura general es modesta y donde no hay maestros que puedan enseñar la Pedagogía catequística.

Se necesitaría, pues, un texto, una serie de lecciones que conteniendo los puntos más esenciales, los principales, fuese, además, fácilmente comprensible. Para el caso serían muy útiles las lecciones publicadas en ONIR los años 1934 a 1936 y 1940.

Esas lecciones se darían a estudiar a todos los circulistas, y según el método que se quisiera seguir, se encargaría cada una a alguno de ellos, turnándolos paca que la expusieran y explicaran, o en la sesión se leerían y comentarían entre todos.

Mas lo importante al tratarse de esta materia es Ir aplicando cada indicación, cada observación de la Pedagogía, a! medio y a los elementos que conocen los circulistas.

Por ejemplo, si se trata del lenguaje que hay que usar con los pequeños para hacerse entender de ellos, recordar la experiencia habida con los niños del lugar: los concurrentes podrán narrar casos que les hayan ocurrido, repetir las expresiones que no les fueron entendidas y aquellas con que lograron hacerse entender; podrán recordar las expresiones oídas a los chiquillos o las que la gente del lugar suele usar.

Igualmente si se estudiase algún capítulo relativo a la disciplina: comunicarse mutuamente los circulistas cuáles han sido los medios usados por ellos y cuáles los resultados; qué estímulos han sido más eficaces; qué recursos para apoderarse de la atención ae los chicos; qué correctivos han visto que se acomodan más a la índole de éstos.

Ese cambio de observaciones valdrá por todo un curso, porque el valor de cualquier método pedagógico depende de su adaptación a los elementos a que se ha de aplicar, pues lo que en algún lugar da buenos resultados, en otros puede no dar ningunos satisfactorios.

Hay que aprovechar, pues, las luces del texto, para estudiar el medio en que se labora, pues conocer bien éste es lo que importa, a fin de comprender cómo se ha de trabajar para conseguir que los niños asistan con gusto y con aplicación a la catequesis, que aprendan, que asimilen la Doctrina a su propio ser, y se llenen de amor a Dios y al prójimo, que es el fin de la instrucción religiosa,

Podrá hacerse el estudio con personas que no hayan tenido ninguna experiencia pero que quieran aprender a enseñar la Religión; en este caso han de procurar empezar cuanto antes su labor de instructores, guiados por las lecciones que vayan siendo estudiado en el círculo y que procurarán ir poniendo en practica prudentemente, cuidando de adaptar los conocimientos teóricos a las realidades con que tienen que habérselas: con eso ya habrá materia para el cambio de impresiones y observaciones que acabará por formar a los circulistas el sentido pedagógico, que vale más que todo un tratado aprendido de memoria.

Y como lo más probable es que se reúnan en algunos círculos personas que ya hayan .tenido alguna experiencia catequística con otras que no hayan laborado antes en ninguna catequesis, las segundas aprovecharán lo que oigan de las primeras, y a éstas les inducirán las preguntas de los novatos, juntamente con as sugestiones del texto, a buscar el porqué de muchas cosas sobre las cuales no habían reflexionado antes.

De todos modos se realizaré esa valiosa aportación de ideas, impresiones y experiencias que formará, para provecho de todos los circulistas, un caudal de conocimientos que en poco tiempo les capacitaran para hacerse buenos catequistas-

LITERATURA, ORATORIA, DECLAMACIÓN

Para la formación de oradores y escritores, el ambiente y los métodos del Círculo son de lo más favorables.

En el grupito de amigos cada uno lee su trabajo literario, dice su discurso, recita su poesía, y los demás, al hacer la crítica benévola pero sincera, leal pero alentadora, le ayudan a corregir defectos e imperfecciones, le señalan aciertos, le indican lo más digno de cultivo en sus aptitudes.

Según los propósitos de los circulistas, puede la crítica no limitarse al fondo de los trabajos, sino también atender a la forma literaria y a la manera de leer o declamar las composiciones, abarcando voz, dicción, apostura, mímica, etc.

Naturalmente que esos ejercicios pueden ser más acertados y útiles habiendo un director competente; pero a falta de él, el entusiasmo estudioso conseguirá excelentes frutos.

PROPAGANDISTAS

Pero donde el provecho del Círculo de Estudios alcanza una de sus culminaciones es en la formación de propagandistas. Estos necesitan, cualquiera que sea la clase de propaganda en que vayan a trabajar, ciertos conocimientos fundamentales, ciertas instrucciones precisas, e indispensables orientaciones de carácter práctico. Para proporcionárselos, nada mejor que el círculo de estudios en que a base de raciocinio personal, discusión de objeciones y dificultades, con luces de observación y experiencia se tratan los asuntos con que tiene que habérselas el propagandista.

Porque éste está llamado a una actuación personalísima, y entre las grandes virtudes del Círculo de Estudios está la de inducir a los circulistas a! desenvolvimiento de su personalidad. De ninguna parte podrá sacar el propagandista tanto provecho para su preparación, como de la reunión en que con los demás que están luchando en el mismo campo y con los mismos problemas, unos a otros se comunican sus experiencias y observaciones.

El Círculo da oportunidad para ensayarse en exponer los asuntos; ayuda al análisis de las propias experiencias; brinda el provecho de las experiencias de los demás; en una palabra: ofrece todos los recursos deseables para la formación de propagandistas eficientes y acertados.

PARA LOS DIRIGENTES

Basta leer lo anterior para entender cuan apropiado es el sistema de Círculos de Estudios para preparar buenos dirigentes.

Mas queremos aprovechar la coyuntura para recomendar a las personas que integran organismos directivos, que no limiten su esfuerzo a despachar en ¡as sesiones ordinarias los asuntos, como quien dice, sobre las rodillas; sino que hagan de los que lo requieren, un concienzudo estudio y no cesen de estudiar a fondo las cuestiones sobre las que ordinariamente tienen que deliberar. Un círculo de estudios es para el buen desempeño de las funciones de los dirigentes, algo inmejorable, y aun diríamos imprescindible.

Recomendaciones a los Directores

En el curso de los capítulos precedentes se ha señalado lo principal de lo que hay que decir acerca de los directores de círculos de estudio. Nos parece que sería útil a quien haya de desempeñar tan importante papel, subrayarlas para tenerlas presentes.

Mas conviene agregar algunas recomendaciones que son de importancia.

El Director debe preparar las sesiones y no improvisar; porque esto entre otros inconvenientes tiene los de dificultar la claridad y exactitud de los estudios, dar lugar a divagaciones y alargar la exposición y discusión de los temas más tiempo del conveniente. Por preparar las sesiones entiéndase la preparación del plan que ha de servir de base para su desarrollo, la del director, para guiarlas con expedición y acierto, y la de los circulistas, que hay que facilitarles dándoles oportunamente los planes y las indicaciones bibliográficas necesarias.

Hay que poner al alcance de los circulistas el estudio, para que lo hagan en la forma que debe hacerse en los círculos, según se ha explicado, y adaptándolo a su mentalidad. Cuando se note que los temas o el modo de presentarlos se les dificulta, no se omita esfuerzo para allanárselos.

Téngase presente que la exposición de los temas debe ser breve, para dar amplio espacio a la discusión, pues el estudio en los círculos ha de consistir principalmente en el esfuerzo personal de los circulistas para analizar y explicarse las cuestiones.

Esfuércese el Director por conservar la atención de los circulistas sobre el tema que se estudia, evitando que cuando alguien diga cosa fuera de él, aunque sea por equivocación, se discuta eso en vez del tema.

Al terminar cada curso conviene mucho una recapitulación.

El Director debe estimular y alentar generosamente a los circulistas, de modo que ninguno falle por falta de estímulo y ayuda.

Procúrese siempre la amenidad, y evítese la monotonía y cuanto pueda hacer fastidiosas las sesiones Téngase la seguridad de que el provecho de los círculos estará en razón directa del gusto con que los circulistas asistan y trabajen en ellos.

Los directores necesitan observar constantemente el ambiente de su círculo y a sus circulistas, para orientarlos con éxito.

Evítese a todo trance retardar el principio de las sesiones y el prolongarlas: la puntualidad y exactitud para empezar y concluir evitan aburrimiento, alientan la perseverancia y hacen rendir más el tiempo.

Procure además el Director no faltar nunca; pues si él falla el círculo fracasa. Y en caso de tener que faltar, provea oportunamente de quien lo supla, de manera que la marcha del círculo no 5e perturbe. Puede valerse, por ejemplo, de alguno de los circulistas más aptos.

Evítense las interrupciones, pues hacen decaer los círculos y cas! siempre que las hay, algunos circulistas se van y no vuelven más. Por eso conviene disponer los programas de modo que su desarrollo no sufra con las vacaciones.

Podríamos resumir diciendo que el Director de círculo requiere para trabajar con éxito: preparación, adaptación, amenidad, bondad alentadora, exactitud, constancia y perseverancia.

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CAPITULO XVIII FORMAS DE APOSTOLADO

CAPITULO XVIII FORMAS DE APOSTOLADO

SUMARIO: 1. Ideal de la Acción Católica: Restaurar todas las cosas en Cristo. – 2. Formas de Apostolado: Apostolado de la conversación y del ejemplo. – 3, Apostolado del dinero. – 4. Apostolado del talento. – 5. Apostolado del carácter. – 6. Apostolado del libro. – 7. Apostolados al por menor y por mayor,.. – 8. La mujer y el apostolado.

 

1.-IDEAL DE LA ACCIÓN CATÓLICA: RESTAURAR TODAS LAS COSAS EN CRISTO.-

El Cristianismo encontró delante de su cuna tres poderes formidables: el poder de la fuerza, el de la inteligencia y el de la religión. Apenas nace, ya la fuerza quiere ahogarlo en su cuna y en su sangre; la inteligencia de sus enemigos esgrime contra él las armas vedadas del sofisma, y la religión pagana defiende sus dioses, halaga las pasiones, deifica los vicios y presenta a los cristianos como enemigos jurados del imperio.

Aquéllos fueron tres siglos de luchas y de triunfos, de combates y de victorias. Y cuando el Paganismo se gloriaba de haber borrado del mundo el nombre cristiano, Constantino izaba en el Capitolio el estandarte glorioso de la Cruz vencedora.

Y cuando aquel viejo imperio caía bajo el peso de sus propias iniquidades, porque había edificado sobre la arena movediza de sus pasiones, el Apóstol San Pablo propuso a los cristianos de su tiempo este programa salvador: “Restaurarlo todo en Cristo”.

Hay que restaurarlo todo en Cristo, hoy que un nuevo Paganismo quiere arrancar del corazón de la sociedad el último vestigio de la fe cristiana; como aquéllos, los paganos de hoy han deificado los vicios, rindiendo culto a la diosa razón, a la Venus de la lujuria, al Marte de la venganza, al Júpiter de la soberbia. En presencia de este nuevo paganismo debemos repetir la frase salvadora de San Pablo que hizo suya el gran Papa Pío X, “Restaurarlo todo en Cristo”. El mundo moderno ha apostatado de Cristo, lo ha desterrado de todas las actividades: del individuo, de la familia, de la sociedad, que son los tres elementos de toda civilización.

No sólo los individuos: los pueblos; no sólo los pueblos: los que mandan, los que gobiernan, se han separado de Cristo, Impera la apostasía de las naciones.

Por eso hay que cristianizar, hay que restaurarlo todo en Cristo, supremo ideal de la Acción Católica. Para esto es necesario el trabajo, la acción, el apostolado.

2.-FORMAS DE APOSTOLADO: CONVERSACIÓN Y EJEMPLO.-

Al apostolado han sido llamados por la Iglesia todos los seglares para que colaboren con la jerarquía. Y todos pueden ser apóstoles: el hombre o mujer, el niño o adulto, el noble o el plebeyo, el burgués o el proletario, la señora o la criada, el militar o paisano, el artista, el jornalero, el empleado, todos, cualquiera que sea la condición en que Dios los ha colocado en la sociedad. De esta manera pueden ser apóstoles, desde la humilde anciana que reza por las intenciones del Papa hasta el sabio que escribe obras en defensa de la Religión.

Veamos algunas formas de apostolado. El apostolado de la conversación, desde luego. Muchos dicen’ “Yo no sé hablar, no soy elocuente, no sé componer discursos. ¡Ojala se hablara menos y se hiciera más! Por lo tanto no os hace falta hablar bien ni ser elocuentes, ni pronunciar discursos. La conversación puede ser un gran apostolado. Se hablan tantas cosas inútiles, tantas cosas perversas. ¿Por qué no hablar cristianamente? Por la conversación se propagan las ideas y las ideas dominan el mundo. Bien sabemos que no sólo de pan vive al hombre: vive de ideas, de máximas, de verdades. Y hoy la lucha es de ideas, ya por la palabra, o por la pluma. Si esa persona tiene alguna autoridad, ¡cuánto bien puede hacer su conversación oportuna y prudente, cuántos males puede evitar, cuántas ideas puede despertar en la mente de los que le oyen y cuánto bien puede hacer a sus súbditos.

La conversación es un precioso medio de propaganda. Luego el apostolado del ejemplo, el más elocuente de los apostolados. Ya hemos hablado de él en el apostolado de la mujer. Ahora sólo algunas ideas sumarias. Cada católico puede ser un ejemplo viviente de la religión que profesa y un apologista de sus ideas. El que vive santamente es un gran maestro, dice San Gregorio. Si realiza su ideal religioso, ya en su vida privada como en su vida pública, ya en su vida profesional como en su vida de relaciones, contribuirá al apostolado lo mismo que aquél que escribe obras de apología en defensa de la religión.

Los primeros cristianos vencieron al Paganismo con la predicación del ejemplo. “Ved cómo se aman”, exclamaron los paganos. Y esa frase ha quedado consignada en la historia.

La palabra mueve, el ejemplo arrastra y persuade más que cien discursos y disertaciones. Nuestro Señor predicó con el ejemplo durante treinta años en Nazaret. Ejemplo de vida interior, de trabajo, de crecimiento espiritual. “Os he dado ejemplo” nos dice el Evangelio. “Que brillen vuestras obras para que glorifiquen al Padre que está en los cielos”.

El cristiano puede predicar siempre y con el ejemplo hacer hermosa obra de apostolado.

3.-APOSTOLÁDO DEL DINERO.-

Por el dinero, el cristiano puede ser un apóstol. Si sois rico, comprad ese título.

¡Qué cantidades se gastan por lograr algún título de nobleza! o un puesto en el parlamento, etc. ¿No hemos de pagar otro tanto para lograr el título de apóstoles de Dios, por lograr un puesto entre los séniores del Apocalipsis, por lograr un asiento, un trono en el reino de Dios?

Lo que otros gastan en programas, gastadlo en repartir libros buenos; con lo que otros gastan en comprar electores, comprad vosotros pobres para convertirlos; con lo que otros costean mil vanidades, construid una iglesia; las propinas que dais en los casinos, dadlas en las conferencias y patronatos. Lo que gastaríais en una recepción, gastadlo en una misión; en vez de sostener un periódico liberal, sostened un buen periódico o fundad un círculo de obreros. Y en vez de dar dinero a un cacique egoísta, dadlo al párroco para los pobres de su parroquia y sus obras de apostolado.

Haced el bien con vuestro dinero; sed pobres de espíritu y tendréis por recompensa el reino de los cielos.

4.-EL APOSTOLADO DEL TALENTO.-

Si Dios os ha colocado en esa cumbre, haced del talento que os ha dado, haced de él un apostolado. Poned vuestra carrera al servicio del apostolado y del bien espiritual. ¡Cuánto puede hacer un abogado discreto, un médico inteligente, un ingeniero cristiano, un oficial celoso!

En manos del médico puede estar, muchas veces, la salud del cuerpo y del alma. Puede curar las enfermedades físicas y morales. Y el abogado, médico de las enfermedades jurídicas y llagas sociales, y rompimientos domésticos, de injusticias, de fraude, de engaños, tiene muchas ocasiones para evitar pecados, evitar lazos de iniquidad, estorbar compromisos de infierno, aconsejar, reprender, corregir, obligar…

Y con su ejemplo, con su conducta, puede hacer buenos cristianos, puede predicar la honradez, la justicia, la delicadeza, lo mismo que un sacerdote. Y luego un profesor en su cátedra, un industrial, un ingeniero, ¡cuánto bien pueden hacer entre sus discípulos, obreros o dependientes! Ya mostrando severidad con los de mala conducta; ya prohibiendo ciertas conversaciones, ya fomentando actos religiosos, ya admitiendo visitas del sacerdote, ya despidiendo a los maleantes, ya alentando y premiando a los buenos y trabajadores. Poned vuestro talento al servicio del apostolado.

5.-EL APOSTOLADO DEL CARÁCTER.-

Este es uno de los pedestales más altos en que puede estar colocado el hombre. El carácter, feliz alianza de cualidades de entendimiento y corazón. Estos hombres llevan a cabo grandes empresas. El inventa recursos, funda nuevas asociaciones, sostiene las que existen, da vida a las que languidecen, y dondequiera pone su mano, hace brotar una corriente de vida.

Si entra en la política, dice un escritor, es Windthorsí.

Si está en el gobierno, es García Moreno.

Si escribe en la prensa, es Luis Yeuillot.

Si atiende a los obreros, es León Hannel.

Si se fija en los pobres, es Ozanam,

Estos son tipos de apóstoles, los que salvan un pueblo, los que conducen, los que libran del vicio, de la inmoralidad. Si Dios os ha dado eses dones, ponedlos al servicio del apostolado. “Cuando Dios da poca raíz y poca savia, es que quiere formar una yerba del prado; cuando da profundas raíces y abundantes savias, quiere formar un cedro del Líbano”, dice un escritor.

Habéis nacidos para cedros: no os quedéis en briznas del mezquino heno…

6.-APOSTOLADO DEL LIBRO.-

E1 libro tiene una importancia trascendental en la vida de los individuos y de los pueblos. Es el pan y alimento del alma y de la inteligencia. Si es bueno, produce salud, bienestar y gozo; si es malo envenena y mata. Los libros buenos, de sana doctrina, son vehículo de las ideas que hacen florecer la religión y la piedad. Son como elocuentes predicadores que van por todas partes anunciando la buena nueva, la buena doctrina, dan orientaciones, iluminan, fortalecen, forman santos, apóstoles y genios.

“Mucha ciencia lleva a Dios, decía Bacon, y poca ciencia aleja de El”.

En los libros se forjan los grandes caracteres, las voluntades férreas, los grandes estadistas y economistas. El gran Ribot llevaba y leía todos los días la Santa Biblia; el Presidente de Francia leía el Evangelio; el Conde de Mun, en sus viajes llevaba siempre los Ejercicios de San Ignacio; Franklin tenía siempre la Biblia a la cabecera de su cama.

Alfredo de Musset, hastiado de todos los placeres y vanidades del mundo, encontraba consuelo en la lectura del Evangelio, cuyas sagradas páginas humedecía con sus lágrimas, y a su lectura debe su retorno a la fe y su conversión a Dios. Laharpe retorna al hogar de su antigua fe, leyendo el Evangelio y la imitación de Cristo, y en los transportes de su dulce calma, exclamaba: “No he experimentado jamás una emoción más deliciosa que cuando repetía, anegado en dulces lágrimas, las palabras de la Imitación: “Hijo mío, yo vengo a ti porque me has invocado”.

El genio de Agustín cae derrotado a los pies de la Cruz, después de leer las Epístolas de San Pablo; la lectura de la vida de los Santos hizo de Ignacio de Loyola un Apóstol, un conquistador espiritual.

El apóstol seglar debe trabajar por todos los medios posibles, por propagar libros buenos, amenos, instructivos, y tratar de alejar a las almas de la lectura de libros malos, pornográficos, eróticos, sectarios, en cuya portada se podría escribir la frase del Dante: “Los que aquí entráis, perded toda esperanza…”

El mismo Rousseau anunciaba en su tiempo que naufragaba moralmente cualquiera que leyese sus obras. “No puedo mirar uno solo de mis libros sin estremecerme, en lugar de instruir, corrompo; en lugar de alimentar, enveneno, pero la pasión me extravía, y,  con todos mis  hermosos discursos, no soy más que un infame”.

Los enemigos de Cristo se consagran de lleno a la propaganda del libro impío, inmoral, doctrinario. En calles y plazas, en ciudades y aldeas, en escaparates y anaqueles, en Bibliotecas y puestos ambulantes, encontramos el libro anárquico, subversivo, la novela llamativa y todos a un precio increíble. Y nosotros qué nacemos? Demos al pueblo pan y Catecismo, como decía Le Play, y ese pueblo será feliz y retornará de nuevo a Jesucristo.

7.-APOSTOLADO AL POR MENOR Y AL POR MAYOR.-

¡Cuántos apostolados y qué pocos apóstoles! Van algunos apostolados al por menor. Se cuenta de un jefe de ejército que se solía rodear de los reclutas más cristianos para resguardarlos de los vicios, y los vigilaba, y corregía y castigaba cuando faltaban a sus deberes; de un matemático que se dedicaba a la enseñanza privada para tener ocasión de hacer bien a sus discípulos; de una criada que se fue a servir a una casa con el fin de convertir a un matrimonio; de una señora que se sirvió de una criada harto inútil para librarla de un peligro; de un militar que preparaba de sobremesa con su esposa los puntos de catecismo que ella había de explicar a los obreros; de un jefe de taller que fue sustituyendo, poco a poco, los obreros irreligiosos y viciosos por otros honrados y trabajadores; de unas ancianas achacosas que visitaban en la sala del hospital a unas mujeres viciosas y con sus conversaciones, con su paciencia, con sus ejemplos, las llevaron a mejor vida; de un empleado de ferrocarril que con su oportuna presencia en los viajes evitaba mil ofensas a Dios; de un caballero que se entretenía en ir esparciendo disimuladamente en sitios públicos y tranvías, opúsculos y hojas religiosas.

Y ese apostolado al por menor ¡cómo se diversifica!

Para las mujeres, puede ser el marido; para los señores, el criado; para los amos, el dependiente; para el maestro los discípulos; para los hijos, los padres; etc.

¿No tenéis un amigo incrédulo, un pariente, un condiscípulo que no van por buen camino, que leen libros prohibidos, que no cumplen sus deberes religiosos? Pues bien: siembre cada cual el pedazo de tierra que le rodea, riegue el árbol que le corresponde, cultive la vid que está a su lado. Cultive su huerto… Haga el bien. Sea apóstol.

Y los apostolados al por mayor… Ya es vuestro cargo, vuestra autoridad, vuestras facultades, todo eso convertido en palanca poderosa para elevar las almas y llevarlas al cielo.

Si tenéis autoridad pública, no sólo podéis sino que debéis hacerlo. Procurad la moralidad; evitad los abusos; corregid los vicios; dictad leyes sabias y prudentes; evitad la impiedad y el vicio que, como dice Mella, “son los dos cirios que iluminan con luz siniestra el sepulcro de las civilizaciones que se pudren”.

En una palabra: haced de vuestra autoridad, de vuestro talento, de vuestro carácter, de vuestro dinero, de vuestras actuaciones en todos los órdenes, un apostolado y salvad las almas. “Si ganáis un alma, decía un escritor, yo me río de las campañas de Napoleón y de los laureles de César y de las conquistas de Alejandro. Porque todas ellas no valen nada comparadas con vuestra campaña y con vuestra conquista”.

8.-LA MUJER Y EL APOSTOLADO.-

Ya hemos hablado del apostolado de la mujer y de la joven.

Ahora sólo algunas ideas. La mujer o puede ser instrumento de perversión o apóstol altísimo de la religión.

La mujer puede ser apóstol en su hogar como hija, como madre, como esposa. Y fuera de la familia puede realizar innumerables obras de celo.

No es su talento, ni su gracia, ni su elocuencia lo que triunfa; es su humildad, su perseverancia, su reserva de amor, su abnegación. Tolera, calla, sufre, espera, y logra al fin la victoria. Y muchas veces triunfa de los más fuertes, como Fabio de Aníbal.

“Ella anuncia en la casa los días de fiesta, dice Vilariño; hace guardar las vigilias y obliga a cumplir con Pascua; quema el libro obsceno, rompe el cuadro escandaloso, calma las tempestades, apaga, la blasfemia en los labios, extingue la incredulidad y las dudas, evita pecados y procura los arrepentimientos. Gana a su marido; educa y salva a sus hijos; se dedica a las obras de caridad y se convierte en misionera del pueblo. Llega al moribundo; descubre a la joven comprometida, a la mujer viciosa, a la familia desmoralizada, al infiel, al hereje. Y trabaja sin descanso por llevarlos hasta el sacerdote. Ella entra al palacio, sube a la bohardilla, visita el hospital, obliga al rico, prepara la misión, funda la escuela nocturna, edifica círculos de obreros, sostiene doctrinas, arregla matrimonios, salva familias, convierte herejes, deshace la propaganda del mal y siembra la semilla en el campo de las almas. ¡Cuánto bien puede hacer la mujer! Ponga todas las cualidades que le ha dado Dios al servicio del bien, del apostolado y ceñirá su frente con una corona de gloria en las alturas del cielo.

Vamos todos a trabajar porque todos podemos hacerlo. A trabajar y siempre a la “Mayor gloria de Dios”, lema, bandera y enseña de los Apóstoles de Cristo.

Tomado del Libro
“Apostolado Seglar y Acción Católica”,
Autor Pbro Luis Maria Acuña,
Edit Difusión, 2ª edición, 1953

Es válido representar a Cristo

Es válido representar a Cristo

* José Martínez Colín

Periódico AM Querétaro, México 09/04/03

 

1) Para saber

El Papa Benedicto XVI ha dedicado los últimos miércoles, en la tradicional catequesis, a los escritores del primer milenio del cristianismo. Ahora le correspondió al Patriarca Germán del Siglo VIII.

El Patriarca Germán de Constantinopla, que fue uno de los grandes defensores de las imágenes sagradas, se enfrentó al Emperador cuando éste quiso destruir todas las imágenes santas, llamándose a estas luchas: “iconoclastas”.

Cuenta el Papa que cuando la ciudad de Constantinopla sufrió un peligrosísimo asedio por parte de los sarracenos, el Patriarca Germán organizó una solemne procesión en la ciudad con la imagen de la Madre de Dios, la Theotokos, y de la reliquia de la Santa Cruz, para invocar su ayuda. Y en efecto, Constantinopla fue liberada del asedio. Germán se convenció de que la intervención de Dios debía considerarse una aprobación evidente de la piedad hacia las santas imágenes.

Debido al amor de Germán por las imágenes, el emperador lo obligó a dimitir como Patriarca y fue exiliado donde murió olvidado por todos. Sin embargo, años más tarde, en el Segundo Concilio de Nicea (787), se reconocieron sus méritos.

 

2) Para pensar

Sobre la importancia de asistir a las celebraciones litúrgicas y, entre ellas, la de la Santa Misa, se cuenta una anécdota ilustrativa.

Sucede que un asiduo asistente a la iglesia le escribió al editor de un periódico quejándose que no tenía sentido ir a la iglesia todos los domingos. Y argumentaba: “He ido durante 30 años y durante ese tiempo habré escuchado como 3000 sermones. Pero juro que no recuerdo ni uno sólo de ellos. Por eso pienso que estoy perdiendo mi tiempo, y los sacerdotes también dando sermones”.

Así empezó una controversia en la columna de “Cartas al Editor”, que continuó por varias semanas hasta que alguien escribió: “Ya llevo casado 30 años. Durante todo ese tiempo, mi esposa debe haber preparado 32,000 comidas, y juro por mi vida que no me acuerdo de ni un solo menú. Pero sí sé esto: Todas me alimentaron, y me dieron la fuerza que necesitaba para hacer mi trabajo. Si mi esposa no me las hubiera preparado, estaría físicamente muerto el día de hoy. ¡De la misma manera, si no hubiese ido a la iglesia para alimentarme, estaría espiritualmente muerto en la actualidad!”.

 

3) Para vivir

El Patriarca Germán cuidaba mucho la liturgia y afirmaba: “La Iglesia es templo de Dios, espacio sagrado, casa de oración, cuerpo de Cristo… Es el cielo en la tierra… Dentro de ella se encuentran aquellas verdaderas y auténticas perlas preciosas que son los dogmas divinos de la enseñanza ofrecida directamente por el Señor a sus discípulos”.

Concluía el Papa que hay una cierta visibilidad de Dios en el mundo que debemos aprender a percibir. Y aunque Dios había prohibido en el Decálogo hacer imágenes suyas, esto era para que no se cayera en la idolatría. Sin embargo, cuando Dios se hizo visible en Cristo, mediante la encarnación, ya permitió reproducir el rostro de Cristo. Las imágenes santas nos enseñan a ver a Dios en el rostro de Cristo y también en el rostro de los santos, en el rostro de todos los hombres en los que resplandece la santidad de Dios.

*Sacerdote, Ingeniero en Computación por la UNAM y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra padrejosearticulos@gmail.com

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Domingo si misa

Domingo si misa

Luis Fernando Valdés

Periódico AM Querétaro, México 09/04/03

 

Como es sabido, durante la actual contingencia epidemiológica que abarca a todo nuestro País, se han suspendido todo tipo de reuniones masivas, para evitar el riesgo de contagio de la influenza porcina. Muchos templos católicos también han adoptado esta medida, de modo que en muchas iglesias no se celebrará la misa dominical para los fieles. Esta situación tan inusitada nos da pie para reflexionar.

El culto católico no ha sido suspendido; sólo se han cancelado las misas dominicales, que son un parte -la principal- dé ese servicio religioso. Pero, ¿qué pasaría si el culto, en todas sus manifestaciones, se suspendiera?

Esta pregunta ha perdido mucho sentido en las últimas décadas. Parecería que el hombre contemporáneo, que ha sabido sobrevivir a las guerras, y que ha dominado la naturaleza, ya no requiere de Dios. Éste nombre actual ya no necesitaría dar culto a Dios, pues por sí mismo ha superado los límites de la naturaleza, sin tener necesidad de milagros.

Pero, en una sociedad sin culto a Dios, pronto adviene la injusticia. Ahí, donde no hay referencia a Dios, la moral y el derecho degradan al hombre, porque lo despojan de sus más altas posibilidades espirituales, y lo privan de la posibilidad de lo eterno. En palabras del entonces Card. Ratzinger, “con esta aparente liberación, [el ser humano] queda sometido a la dictadura de las mayorías dominantes, a las medidas humanas fortuitas que terminan por hacerle violencia” (“El espíritu de la liturgia”, 2002, p. 39).

En nuestro contexto post-ilustrado, la sospecha hacia lo religioso es moneda corriente. Se suele recelar de que detrás de todo rito “siempre” hay una segunda intención, ya sea una finalidad mercantilista, ya sea un deseo de poder, porque se da por supuesto que la realidad divina no existiría. Para superar la sospecha, es mejor preguntarnos: ¿qué tipo de realidad encontramos en el culto?

Existe un realismo aparente que niega que Dios sea parte de la realidad. Pero no se consigue la pretendida objetividad por el mero hecho de rechazar lo que no es captable con la mirada, lo que escapa a nuestros sentidos. Un mundo en el que se recházala relación objetiva con Dios, y se le tolera sólo como una relación mera-r mente subjetiva, termina por ser un mundo en el que el resto de las relaciones del hombre -con los otros humanos y con el cosmos- caen en el desorden. ¿No es esto lo que vemos cuando un grupo armado pretende imponer su ley, a una sociedad democrática? ¿No es esto lo que encontramos en la crisis ecológica mundial?

Además, el culto nos hace participar ya desde ahora del mundo de Dios. Se da un anticipación de lo que sucederá en el futuro, de modo que el mundo divino irrumpe ya en este mundo nuestro. “Una vida en la que estuviera ausente esta anticipación, se convertiría en una vida pesada y vacía” (J. Ratzinger, ibidem). Por eso, no existe una sociedad en la que no haya algún tipo de religiosidad. Precisamente, los sistemas abiertamente ateos y materialistas han creado su liturgia civil, que casi siempre sirve de cortina de humo, para ocultar su fracaso social y político.

Entonces, el culto a Dios no ha sido superado; es connatural al hombre, porque mediante los ritos religiosos se configura la existencia humana en el mundo: respetar a Dios conlleva respetar al prójimo y al cosmos. Estos días de contingencia epidemiológica nos podrían ayudar para meditar si los actos de devoción nos llevan a mejorar nuestras relaciones con Dios, con los demás y con la naturaleza.

Correo: lfvaldes@gmail.com

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Comprender a los otros

Comprender a los otros

Por Pedro J. Bello Guerra

Periódico AM Querétaro, México 09/04/03

 

Uno de los siete hábitos que maneja Stephen Covey en su libro tan conocido, los 7 hábitos para la gente altamente efectiva es: “Primero entender y luego ser entendido”. En cualquier conversación o negociación normalmente los dos o varios que platican quieren salirse cada uno con la suya. El otro día oía una plática entre una mama y su hija de 15 años que iba como sigue: -Mamá voy a ir me al antro con mi novio este fin de semana, yo te llamo para que no estés preocupada, llegaré en cuanto se termine todo.

– Mira hija, no puedes llegar a la casa después de la una de la mañana porque si no tu papá y yo nos preocupamos muchísimo.

– Mamá, no sean anticuados, a la una apenas está empezando la fiesta.

La conversación siguió con el mismo tenor, la mamá queriendo convencer a la hija y la hija no dando su brazo a torcer.

Podemos poner temas mucho más difíciles que este, pero siempre debe de haber para empezar una conversación un marco de referencia o unas reglas escritas o no escritas, a las cuales ajustarse; por ejemplo, en el caso de la madre y la hija, deberían de haberse puesto de acuerdo varios años antes a la hora en que ella iba a llegar en la noche cuando fuera a salir a los antros, de tal forma que ya habiendo una base sobre la que negociar, es mucho más fácil estar conformes.

“Cuentan que un di a una niñita regresó a su casa muy pero muy feliz después de estar en la casa de una señora amiga de su mamá ala que se le había muerto su marido.

– ¿A qué fuiste a casa de Mariela? –le preguntó su papá.

– A consolarla.

– Pero, ¿qué puedes hacer tú tan pequeña para consolarla?

– Me senté en sus piernas y lloré con ella.”

Aquí se ve que esta niña consoló a la señora haciendo lo que podía hacer: llorando con ella. Esa es la base de la comprensión, pensar en lo que piensan los demás, tratar de comprehenderlos, es decir, meterse en ellos, en lo que les pasa, sucede, acontece, lo que les preocupa y así lograremos entenderlos primero y sabiendo cómo piensan, que sienten, lo que tienen en el corazón, entonces podremos con mayor facilidad lograr que ellos nos comprendan.

En una reunión de negocios entre dos japoneses se llevó a cabo el siguiente coloquio:

– Cuéntame – dijo Hiroshi – todo lo relacionado a ese negocio y déjame hacerte muchas preguntas hasta que te entienda perfectamente.

– Gracias – comentó Jakiro – cuando me hayas comprendido, entonces voltearemos las cosas y tú me cuentas todo hasta que te entienda perfectamente.

Así estuvieron los amigos platicando durante varias horas hasta que llegaron a un compromiso. Hiroshi cuando empezó su discurso traía en su mente una idea y Jakiro otra, los dos completamente diferentes; pero poco apoco, a través del diálogo, fueron acercando sus posturas porque después de muchas preguntas Jakiro intuyó porque Hiroshi pensaba así y supo discernir la mejor manera de llegar a un arreglo. Lo mismo le ocurrió a Hiroshi, se percató que la postura de su colega no era simplemente por terquedad sino porque así la concebía y necesitaba.

El anterior es un ejemplo que nos debe ayudar a todos a dialogar para llegar a acuerdos, lo mismo en los negocios que en la familia que en cualquier otra situación. Esto es muy usado por los negociadores de los secuestros o cuando lo hacen con terroristas, primero logran captar lo que quieren y entonces van poco apoco haciéndolos llegar a alianzas, sin ceder en aquellos puntos en los que no pueden, pero sí tratando de acercarse a través del razonamiento a soluciones a los conflictos.

Todo esto lo debemos aplicar en nuestra vida real, con los agentes de tránsito si nos pasamos un alto, en el trabajo con nuestros clientes, con la esposa, con la suegra, con los hijos. Hay varias sugerencias prácticas para lograrlo: primero escuchar, luego preguntar hasta entender estando serenos  calmados, deforma que al otro perciba que nos importa e interesa. Al final alar nuestra opinión e ir acercándonos poco a poco a una solución consensada.

Esto por supuesto depende de la edad de las personas, no se usa este sistema con niños en brazos, pero si debemos tratar de comprenderlos a ellos y a todos para hacer de nuestro mundo un mejor lugar para vivir.

pedrobelloguerra@gmail.com

Categorías:Cuentos para educar