Archivo

Archive for the ‘Magisterio’ Category

Fiesta de Cristo Rey. La realeza de Cristo y la Doctrina Social de la Iglesia.

Fiesta de Cristo Rey. La realeza de Cristo y la Doctrina Social de la Iglesia.

 

El año litúrgico concluye con la Fiesta de Cristo Rey, que este año se celebrará el domingo 24 de noviembre. En esta ocasión la Fiesta de Cristo Rey tiene un significado adicional, ya que también marca la conclusión del Año de la Fe, iniciado por voluntad de Benedicto XVI el 11 de octubre de 2012 y que concluirá, precisamente, el domingo 24 de noviembre de 2013. Por eso es importante preguntarse lo que significa esta Fiesta.

La doctrina de Cristo Rey en el Catecismo
 
En primer lugar es útil precisar que el señorío o realeza de Cristo es una enseñanza de la Iglesia contenida en el Catecismo. Se trata de una verdad de la doctrina de la fe, como escribió Pio XI, el Papa que instituyó la fiesta: «es dogma, además, de fe católica, que Jesucristo fue dado a los hombres como Redentor, en quien deben confiar, y como legislador a quien deben obedecer» (encíclica Quas primas).
El párrafo 2105 del Catecismo dice: «El deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado. Esa es “la doctrina tradicional católica sobre el deber moral de los hombres y de las sociedades respecto a la religión verdadera y a la única Iglesia de Cristo” (Dignitatis humanae, 1). Al evangelizar sin cesar a los hombres, la Iglesia trabaja para que puedan “informar con el espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en la que cada uno vive” (Apostolicam actuositatem, 13). Deber social de los cristianos es respetar y suscitar en cada hombre el amor de la verdad y del bien. Les exige dar a conocer el culto de la única verdadera religión, que subsiste en la Iglesia católica y apostólica (Dignitatis humanae, 1). Los cristianos son llamados a ser la luz del mundo. La Iglesia manifiesta así la realeza de Cristo sobre toda la creación y, en particular, sobre las sociedades humanas».
El Reino de Dios está en Cristo mismo y su realeza se manifiesta en la creación (“por medio de él todas las cosas fueron creadas” dice el Evangelio de San Juan) y en la resurrección. Ella tiene un aspecto también mesiánico y escatológico: la realeza de Cristo se cumplirá definitivamente con su Regreso, cuando recapitule todas las cosas en sí mismo.
Muchos creen que la realeza de Cristo es una doctrina que pertenece a otra época. Por lo general, se considera una doctrina preconciliar desfasada. Sin embargo, como acabamos de ver, es una doctrina claramente afirmada en el Catecismo que Juan Pablo II publicó el 11 de octubre de 1982 (fijarse en la fecha) como consecuencia y fruto del Concilio. Por otra parte, en el párrafo 2105 que acabamos de leer hay numerosas referencias a algunos pasajes de documentos importantes del Vaticano II. No se puede, por lo tanto, separar la doctrina de Cristo Rey del Concilio.
La institución de la Fiesta con Pío XI
 
La Fiesta de Cristo Rey fue instituida en la encíclica Quas Primas de Pio XI, el 11 de diciembre de 1925, en la clausura del Año Santo. En esta encíclica el Pontífice, luego de recordar que ya en el Antiguo Testamento se habla proféticamente de la realeza de Cristo, explica que Él mismo se ha proclamado como tal, por ejemplo, respondiendo a una pregunta concreta de Pilatos y como los Evangelios lo proclaman repetidamente también.
Pio XI prosigue afirmando que Cristo no sólo es Rey por derecho de naturaleza, es decir, por lo que Él es Dios, sino también por derecho de conquista, en virtud de la Redención: «Ojalá que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador. Fuisteis rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero Inmaculado y sin tacha».
Pio XI enseña que la realeza de Cristo se expresa en los tres poderes: legislativo («En diferentes circunstancias y con diversas expresiones dice el Divino Maestro que quienes guarden sus preceptos demostrarán que le aman y permanecerán en su caridad»); judicial («el Padre no juzga a nadie, sino que todo el poder de juzgar se lo dio al Hijo», Jn 5,22); ejecutivo: ( «es necesario que todos obedezcan a su mandato, potestad que a los rebeldes inflige castigos, a los que nadie puede sustraerse».).
Aunque la potestad de Cristo es principalmente de orden espiritual, su realidad es también de orden social: «erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confirió un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su arbitrio». No sólo las personas le deben obediencia, sino también la sociedad, porque «Él es, en efecto, la fuente del bien público y privado. […] No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por sí mismos y por el pueblo públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo si quieren conservar incólume su autoridad y hacer la felicidad y la fortuna de su patria».
¿Una doctrina superada?
 
Las frases que acabamos de leer parecen no tener en cuenta la llamada “autonomía de las realidades terrenas”, y parecen afirmar que la política depende de la religión cristiana. Es por esta razón que muchos consideran esta doctrina superada, dado el actual contexto democrático y pluralista. Al respecto, lo primero que hay que decir es que los últimos Pontífices, ciertamente, no han condenado la democracia como los del siglo XIX, pero tampoco han dejado de proclamar el señorío de Cristo en el ámbito social y político.
Un ejemplo muy elocuente es la famosa invitación de Juan Pablo II a abrir las puertas a Cristo, invitación pronunciada en su primera homilía como Pontífice, el domingo 22 de octubre de 1978: «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce “lo que hay dentro del hombre”. ¡Sólo Él lo conoce!». Aquí el Papa no dice abrir las puertas a Cristo sólo de los corazones y las almas, sino también de los sistemas políticos; se trata por tanto de una realeza también social.
Benedicto XVI lo ha repetido innumerables veces: «Un Dios que no tenga poder es una contradicción en los términos»; «Lejos de Dios el hombre está inquieto y enfermo»; «El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano»; «No debemos perder a Dios de vista si queremos que la dignidad humana no desaparezca»; «Con el apagarse la luz procedente de Dios la humanidad ha perdido su orientación, cuyos efectos destructivos se manifiestan cada vez más». También Benedicto XVI ha proclamado la realeza de Cristo: «no existe un reino de cuestiones terrenas que pueda ser sustraído al Creador y a su dominio».
Realeza de Cristo y democracia
 
Señalé que la democracia sugiere creer que es absurdo considerar la realeza de Cristo sobre las cosas temporales, es decir, no sólo sobre las conciencias de los creyentes sino también sobre la organización de la sociedad y de la política. Al contrario, la Iglesia afirma que esta realeza permanece, sólo que ya no se realiza mediante instituciones “cristianas”, como en el pasado, sino a través de la acción de los fieles, y respetando la libertad de conciencia. No se realiza ya mediante un estado confesional, porque esto limitaría la libertad de conciencia que precisamente los cristianos reivindicaron primero ante el poder del Imperio Romano y que sería extraño que ahora lo prohibían a otros. Pero, hasta cierto punto, la modernidad ha querido no sólo superar el Estado confesional, sino también echar a Dios del mundo y relegarlo a la conciencia individual. De hecho, ha aprovechado la oportunidad del rechazo al Estado confesional para hacer esto. Lo primero lo ha logrado, pero no debe conseguir lo segundo, porque sería su condena.
Reiterar, por tanto, la realeza de Cristo en la sociedad y no sólo en las conciencias, no significa pensar que la sociedad y la política puedan hacerse sin Él. Dice la Caritas in veritate que «el cristianismo no es sólo un elemento útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad», con lo que se confirma la realeza de Cristo en el orden social.
Una forma muy importante de respetar la realeza de Cristo en la democracia es respetar las leyes, las políticas y los principios de la ley moral natural: la vida, la familia, la procreación, la educación de los hijos, la propiedad privada general, el trabajo, la moral pública. Es decir, respetar las leyes de la Creación, que proceden del Creador y que contienen las orientaciones sobre cómo debemos vivir si no queremos dejar de ser personas humanas. Si la sociedad y la política hacen esto, pronto se darán cuenta de que Dios debe tener un lugar en el mundo, porque de lo contrario también las normas morales se ponen en riesgo y, como decía Dostoievski, todo estaría permitido.

 

 

Fuente: http://www.forumvida.org/espiritualidad/fiesta-de-cristo-rey-la-realeza-de-cristo-y-la-doctrina-social-de-la-iglesia

Anuncios
Categorías:Magisterio

Los laicos y los medios de comunicación social

Los laicos y los medios de comunicación social

 

+ Faustino Armendáriz Jiménez
Obispo de Querétaro y presidente de la DELAI

¡Buenas tardes!

Con alegría les saludo a todos ustedes en esta XXIII Asamblea del Consejo Nacional de Laicos reunidos “Fortalecer la presencia del Consejo Nacional de Laicos como impulsor de acciones laicales que promuevan el bien común y la paz en México”. Sin duda un objetivo muy esperanzador y sobretodo muy acorde con el espíritu de la nueva evanglización.

Agradezco de modo especial al Sr. Jorge Carlos Estrada Avilés quien junto con la mesa directiva 2013 – 2016, han organizado esta Asamblea. Gracias por su empeño para que todo salga bien y sea de provecho.

Esta tarde quiero detenerme un momento para reflexionar con ustedes sobre “Los Laicos y los medios de comunicación social”, un tema que me parece de suma importancia, pues es una realidad en la que el laicado puede y debe desempeñar una tarea primordial, sobretodo buscando promover el bien común y la paz social. Pues, como nos señala el Decreto sobre los medios de comunicación social del Concilio Vaticano Inter Mirifica “Hoy día la opinión pública ejerce un poderosísimo influjo en la vida privada y pública de los ciudadanos de todos los sectores, por eso es necesario que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de caridad y justicia también en este campo; y así, con la ayuda de estos medios, se esfuercen por formar y difundir una recta opinión pública” (cf. IM, n. 8). Además señala más adelante “Todos los hijos de la Iglesia, de común acuerdo, tienen que procurar que los medios de comunicación social, sin ninguna demora y con el máximo empeño, se utilicen eficazmente en las múltiples obras de apostolado, según lo exijan las circunstancias de tiempo y lugar, anticipándose así a las iniciativas perjudiciales, sobre todo en aquellas regiones cuyo progreso moral y religioso exige una atención más diligente” (IM, 13). Especialmente considero que los medios de comunicación nos pueden ayudar con acciones muy concretas especialmente en el tema de la evangelización, del bien común de la paz.

Es por eso que deseo abordar el tema en cinco puntos esenciales: 1. La importancia de la comunicación para la Iglesia; 2. Los medios de comunicación social al servicio de la auténtica paz; 3. Los medios de Comunicación social al servicio del bien común; 4. El papel de los laicos en el manejo de las comunicaciones sociales.

1. La importancia de la comunicación para la Iglesia.

Quiza para inciar valga la pena hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué papel tiene que desempeñar la Iglesia con sus medios operativos y comunicativos? En cualquier situación, más allá de la puramente tecnológica, creo que el objetivo ha de ser lograr inserirse en el diálogo con los hombres y mujeres de hoy, lograr inserirse en el diálogo con los hombres y las mujeres de hoy, para comprender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas. Son hombres y mujeres a veces un poco desilusionados con un cristianismo que les parece estéril, que tiene dificultades precisamente para comunicar incisivamente el sentido profundo que da la fe. En efecto, precisamente hoy, en la era de la globalización, estamos asistiendo a un aumento de la desorientación, de la soledad; vemos difundirse la pérdida del sentido de la vida, la incapacidad para tener una “casa” de referencia, la dificultad para trabar relaciones profundas. Es importante, por eso, saber dialogar, entrando también, aunque no sin discernimiento, en los ambientes creados por las nuevas tecnologías, en las redes sociales, para hacer visible una  presencia, una presencia que escucha, dialoga, anima. No tengan miedo de ser esa presencia, llevando consigo su identidad cristiana cuando se hacen ciudadanos de estos ambientes. ¡Una Iglesia que acompaña en el camino, sabe ponerse en camino con todos!

Gracias también a las redes, el mensaje cristiano puede viajar «hasta los confines de la tierra»  (Hch. 1,8). Abrir las puertas de las iglesias significa abrirlas asimismo en el mundo digital, tanto para que la gente entre, en cualquier condición de vida en la que se encuentre, como para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al encuentro de todos. Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos. ¿Somos capaces de
comunicar este rostro de la Iglesia? El Papa Francisco nos ha dicho: “La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones” (cf. Francisco, Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2015). No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes
religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás «a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana» (cf. Benedicto XVI, Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2013).

Se trata de hacer descubrir, también a través de los medios de comunicación social, además de en el encuentro personal, la belleza de todo lo que constituye el fundamento de nuestro camino y de nuestra vida, la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación es necesario que la Iglesia consiga llevar calor, que enardezca los corazones.

El gran continente digital no es simplemente tecnología, sino que está formado por hombres y mujeres que llevan consigo lo que tienen dentro, sus experiencias, sus sufrimientos, sus  anhelos, la búsqueda de la verdad, de la belleza, de la bondad. Es necesario saber indicar y llevar a Cristo, compartiendo estas alegrías y esperanzas, como María que llevó a Cristo al corazón del hombre; es necesario saber entrar en la niebla de la indiferencia sin perderse; es
necesario bajar también a la noche más oscura sin verse dominados por la oscuridad y perderse; es necesario escuchar las ilusiones de muchos, sin dejarse seducir; es necesario acoger las desilusiones, sin caer en la amargura; palpar la desintegración ajena, sin dejarse disolver o descomponer en la propia identidad (cf. Francisco, Discurso al episcopado de Brasil, 27 julio 2013).

2. Los medios de comunicación social al servicio de la auténtica paz

El segundo aspecto que quiero abordar es los medios de comunicación social al servicio de la auténtica paz.

La superación de la violencia sólo será posible con el hábil uso de herramientas que se consiguen con la educación y que capacitan para hablar un lenguaje de paz. Estas herramientas son: el testimonio, la fuerza moral, la razón y la palabra. Si queremos responder al mal con la fuerza del bien, tenemos que educarnos para la paz; esto significa sacar desde dentro, desde lo más íntimo, desde nuestra mente y desde nuestro corazón, pensamientos y sentimientos de paz que se expresen a través de un lenguaje y de gestos de paz. Con estas herramientas primordiales para la consolidación de un estilo de vida, podremos impregnar la sociedad con los valores y principios de la paz (cf. Exhortación pastoral del episcopado mexicano sobre la misión de la Iglesia en la construcción de la paz, para la vida digna del pueblo de México, n. 198).

En el aprendizaje de un lenguaje de paz tienen también una importante función educativa de los medios de comunicación social ya que tienen un papel estratégico en la sociedad que es importante para el aprendizaje de un lenguaje de paz y para la difusión de los gestos de paz; sin embargo, muchas veces abonan más al clima de violencia y de inseguridad. Necesitamos conocer y valorar la cultura de la comunicación, poniéndola al servicio del evangelio de la paz. En este sentido los obispo nos hemos comprometido a (cf. Exhort. Que en Cristo nuestra paz, CEM, n 203):

  1. Promover la formación de comunicadores, profesionales, competentes, comprometidos con la verdad. La verdad tiene una fuerza pacificadora. La mentira no es la mejor estrategia ni tampoco lo es la manipulación de la verdad al servicio de los propios intereses. Por el contrario, el pensamiento claro y la palabra verdadera facilitan la paz.
  2. Invitar a los jóvenes cristianos a utilizar los nuevos lenguajes de la era digital para que en ellos nunca estén ausentes los códigos que traduzcan el anhelo de la paz; a utilizar con creatividad las redes sociales encaminándolas a la experiencia de una fraternidad de alcance universal, desenmascarando los engaños del mal que destruye y llevando a todos los espacios virtuales la fuerza del bien. No olvidemos que los medios de comunicación no sustituyen las relaciones personales ni la vida comunitaria local.
  3. Esforzarnos por educar y educarnos para un uso crítico de los medios de comunicación social de manera que con su valioso auxilio, nuestro pueblo se construya, fortalezca, dignifique, abriéndole siempre el horizonte de la verdad, que debe ser dicha y transmitida con bondad, para que no tenga el efecto nocivo de la crueldad.

Aunque todo esto parezca un enorme desafío, de ningún modo es pedir demasiado a los hombres y mujeres de los medios. Tanto por vocación como por profesión, están llamados a ser agentes de paz, de justicia, de libertad y de amor, contribuyendo con su importante labor a un orden social “basado en la verdad, establecido de acuerdo con las normas de la justicia, sustentado y henchido por la caridad, y realizado bajo los auspicios de la libertad” (Pacem in terris, 167).

3. Los medios de comunicación social al servicio del bien común.

Un tercer aspecto que no podemos ignorar es prescisamente darnos cuenta que los medios d ecomunicación deben colaborar para la promoción del bien común.

El desarrollo tecnológico está relacionado con la influencia cada vez mayor de los medios de comunicación social. Es casi imposible imaginar ya la existencia de la familia humana sin su presencia. Para bien o para mal, se han introducido de tal manera en la vida del mundo, que parece realmente absurda la postura de quienes defienden su neutralidad y, consiguientemente, reivindican su autonomía con respecto a la moral de las personas. Muchas veces, tendencias de este tipo, que enfatizan la naturaleza estrictamente técnica de estos medios, favorecen de hecho
su subordinación a los intereses económicos, al dominio de los mercados, sin olvidar el deseo de imponer parámetros culturales en función de proyectos de carácter ideológico y político.

Dada la importancia fundamental de los medios de comunicación en determinar los cambios en el modo de percibir y de conocer la realidad y la persona humana misma, se hace necesaria una seria reflexión sobre su influjo, especialmente sobre la dimensión ético-cultural de la globalización y el desarrollo solidario de los pueblos. Al igual que ocurre con la correcta gestión de la globalización y el desarrollo, el sentido y la finalidad de los medios de comunicación debe buscarse en su fundamento antropológico. Esto quiere decir que pueden ser ocasión de humanización no sólo cuando, gracias al desarrollo tecnológico, ofrecen mayores posibilidades para la comunicación y la información, sino sobre todo cuando se organizan y se orientan bajo la luz de una imagen de la persona y el bien común que refleje sus valores universales. El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas, no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos. Para alcanzar estos objetivos se necesita que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural.

En efecto, la libertad humana está intrínsecamente ligada a estos valores superiores. Los medios pueden ofrecer una valiosa ayuda al aumento de la comunión en la familia humana y al ethos de la sociedad, cuando se convierten en instrumentos que promueven la participación universal en la búsqueda común de lo que es justo.

Al Estado compete el cuidado y la promoción del bien común de la sociedad. Sobre la base de los principios de subsidiariedad y solidaridad, y con un gran esfuerzo de diálogo político y creación de consensos, desempeña un papel fundamental, que no puede ser delegado, en la búsqueda del desarrollo integral de todos. Este papel, en las circunstancias actuales, exige una profunda humildad social (cf. EG, 240).

En el diálogo con el Estado y con la sociedad, la Iglesia no tiene soluciones para todas las cuestiones particulares. Pero junto con las diversas fuerzas sociales, acompaña las propuestas que mejor respondan a la dignidad de la persona humana y al bien común. Al hacerlo, siempre propone con claridad los valores fundamentales de la existencia humana, para transmitir convicciones que luego puedan traducirse en acciones políticas (cf. EG, 241).

4. El papel de los laicos en el manejo de las comunicaciones sociales.

El asociarse de los fieles laicos por razones espirituales y apostólicas nace de diversas fuentes y responde a variadas exigencias. Uno de los criterios fundamentales cualquier acción de los laicos es sin duda es «la evangelización y santificación de los hombres y la formación cristiana de su conciencia, de modo que consigan impregnar con el espíritu evangélico las diversas comunidades y ambientes» (cf. Christifideles laici, 30).

Con estos tres presupuestos, podemos entonces preguntarnos: ¿Cuál es nuestro papel? Como Consejo Nacional de Laicos ¿qué es lo que debemos y podemos hacer?

La respuesta no es sencilla, sin embargo considero que podemos tomar como dos líneas de acción específicas:

a) Formación: Es evidente que en el centro de cualquier reflexión seria sobre la naturaleza y la finalidad de las
comunicaciones humanas debe estar un compromiso con las cuestiones relativas a la verdad. Un comunicador puede intentar informar, educar, entretener, convencer, consolar, pero el valor final de cualquier comunicación reside en su veracidad. En una de las primeras reflexiones sobre la naturaleza de la comunicación, Platón subrayó los peligros de cualquier tipo de comunicación que busque promover los objetivos y los propósitos del comunicador o de aquellos para quienes trabaja sin considerar la verdad de cuanto se comunica. También vale la pena recordar la sabia definición del orador que dio Catón el Viejo: “vir bonus dicendi peritus”, un hombre bueno y honesto, hábil para comunicar (cf. Quintiliano, Institutio oratoria: XII, 1, 1).  El arte de la comunicación, por su naturaleza, está vinculado a un valor ético, a las virtudes que son el fundamento de la moral. Alimentar y promover la pasión por la verda d y la bondad deben ser los objetivos que nos encaminen en esta noble tarea. Pues, es importante saber que esta pasión por la verdad,  también puede servirse de cierto escepticismo metodológico, especialmente en cuestiones de interés público, no debe distorsionarse ni convertirse en un cinismo relativista según el cual se rechace o ignore habitualmente cualquier apelación a la verdad y a la belleza.

Les aliento a poner mucha atención en la “formación del ámbito de los medios de comunicación social”, en especial en las dimensiones éticas de la comunicación entre las personas, en un período en el que el fenómeno de la comunicación está ocupando un lugar cada vez mayor en todos los contextos sociales. Es importante que esta formación jamás se considere como un simple ejercicio técnico o como mero deseo de dar informaciones;
conviene que sea principalmente una invitación a promover la verdad en la información y a hacer reflexionar a nuestros contemporáneos sobre los acontecimientos, a fin de ser educadores de los hombres de hoy y construir un mundo mejor. También es necesario promover la justicia y la solidaridad, y respetar en toda circunstancia el valor y la dignidad de cada persona, que tiene derecho a no ser ofendida en lo que concierne a su vida privada.

Sería una tragedia para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos de comunicación, que permiten compartir el conocimiento y la información de manera más rápida y eficaz, no fueran accesibles a los que ya están marginados económica y socialmente, o sólo contribuyeran a agrandar la distancia que separa a estas personas de las nuevas redes que se están desarrollando al servicio de la socialización humana, la información y el aprendizaje. Por otro lado, sería igualmente grave que la tendencia globalizante en el mundo de las comunicaciones debilitara o eliminara las costumbres tradicionales y las culturas locales, de manera especial las que han logrado fortalecer los valores familiares y sociales, el amor, la solidaridad y el respeto a la vida.

b) Concientización: El análisis previo que se hizo al Sínodo Extraordinario sobre la Familia concluyó que: “Entre
las distintas situaciones críticas en el seno de la familia también se mencionan constantemente las dependencias de alcohol y drogas, de la pornografía, que a veces se usa y se comparte en familia, así como del juego de azar y de los videojuegos, de internet y redes sociales. En cuanto a los medios de comunicación, por una parte, se subrayó repetidamente el impacto negativo que tienen sobre la familia, debido en particular a la imagen de familia transmitida y al hecho de que ofrecen antimodelos, que proponen valores equivocados, que confunden. Por otra, se
insistió en los problemas relacionales que los medios de comunicación, junto con las redes sociales e internet, que se crean en el seno de la familia. De hecho, televisión, smartphone y computadoras pueden resultar un impedimento real al diálogo entre los miembros de la familia, al alimentar relaciones fragmentadas y alienación: también en familia se suele comunicar cada vez más mediante la tecnología. De este modo, se acaban viviendo relaciones virtuales entre los miembros de la familia, en las que los medios de comunicación y el acceso a internet sustituyen
cada vez más las relaciones. Al respecto, se observó que además del riesgo de disgregación y desunión familiar, existe la posibilidad de que el mundo virtual se convierta en una auténtica realidad sustitutiva. Las respuestas subrayan reiteradamente que estos instrumentos se apoderan incluso del tiempo libre para la familia. Se subrayó además, el fenómeno creciente en la era de internet del overload informativo (information overloading): el aumento exponencial de la información recibida, al que con frecuencia no corresponde un aumento de su calidad, junto a la imposibilidad de verificar siempre la credibilidad de las informaciones disponibles on line. El progreso tecnológico es un desafío global para la familia, en cuyo seno causa rápidos cambios de vida respecto a los valores, las relaciones y los equilibrios internos. Los puntos críticos surgen, por tanto, con más evidencia donde en familia falta una educación adecuada al uso de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías (cf. Instrumentum laboris, n. 67-68) Por este motivo, les animo par que busquemos estrategias pastorales que favorezcan la concientización del impacto que los medios de comunicación desempeñan, especialmente en el seno familiar.

El documento de Aparecida señala algunas acciones específicas (cf. DA, 486):

  1. Conocer y valorar esta nueva cultura de la comunicación.
  2. Promover la formación profesional en la cultura de la comunicación de todos los agentes y creyentes.
  3. Formar comunicadores profesionales competentes y comprometidos con los valores humanos y cristianos en la transformación evangélica de la sociedad, con particular atención a los propietarios, directores, programadores, periodistas y locutores.
  4. Apoyar y optimizar, por parte de la Iglesia, la creación de medios de comunicación social propios, tanto en los sectores televisivo y radial, como en los sitios de Internet y en los medios impresos.
  5. Estar presente en los medios de comunicación social: prensa, radio y TV, cine digital, sitios de Internet, foros y tantos otros sistemas para introducir en ellos el misterio de Cristo.
  6. Educar la formación crítica en el uso de los medios de comunicación desde la primera edad.
  7. Animar las iniciativas existentes o por crear en este campo, con espíritu de comunión.
  8. Suscitar leyes para promover una nueva cultura que proteja a los niños, jóvenes y a las personas más vulnerables, para que la comunicación no conculque los valores y, en cambio, cree criterios válidos de discernimiento .
  9. Desarrollar una política de comunicación capaz de ayudar, tanto las pastorales de comunicación como los medios de comunicación de inspiración católica, a encontrar su lugar en la misión evangelizadora de la Iglesia.

 

– See more at: http://cursillosdemexico.org/uncategorized/los-laicos-y-los-medios-de-comunicacion-social/#sthash.2bostcly.dpuf

Categorías:Magisterio

Papa Francisco: cuando en la Iglesia falta profecía, aparece el clericalismo

 

Papa Francisco: cuando en la Iglesia falta profecía, aparece el clericalismo

Homilía hoy en la Domus Santa Marta

Oprima aquí para ver video

 

Cuando falta la profecía en la Iglesia, falta la vida misma de Dios y predomina el clericalismo: es lo que ha afirmado el Papa Francisco esta mañana en la Misa celebrada en Santa Marta, el tercer lunes de Adviento.

 

El profeta, afirmó el Papa comentando las lecturas del día, es el que escucha las Palabras de Dios, sabe ver el momento y proyectarse en el futuro. “Tiene dentro de sí estos tres momentos”: el pasado, el presente y el futuro.

 

“El pasado: el profeta es consciente de la promesa y tiene en su corazón la promesa de Dios, la mantiene viva, la recuerda, la repite. Después mira el presente, mira a su pueblo y siente la fuerza del Espíritu para decirle una palabra que lo ayude a levantarse, a continuar el camino hacia el futuro. El profeta es un hombre de tres tiempos: promesa del pasado, contemplación del presente, valentía para indicar el camino hacia el futuro. El Señor siempre ha custodiado a su pueblo, con los profetas, en los momentos difíciles, en los momentos en los que el Pueblo se desanimaba o era destruido, cuando el Templo no estaba, cuando Jerusalén estaba bajo el poder de los enemigos, cuando el pueblo se preguntaba dentro de sí: ‘¡Pero Señor tú me hiciste esa promesa! ¿Ahora qué pasa?’”.

 

Es lo que “sucedió en el corazón de la Virgen, prosiguió el Papa, cuando estaba a los pies de la Cruz”. En estos momentos “es necesaria la intervención del profeta. Y no siempre es bien recibido el profeta, muchas veces es rechazado. El mismo Jesús dice a los fariseos que sus padres asesinaron a los profetas, porque decían cosas que no eran agradables: decían la verdad ¡recordaban la promesa! Y cuando en el pueblo de Dios falta la profecía, observó de nuevo el Papa, algo falta: ¡falta la vida del Señor!”.

 

“Cuando no hay profecía la fuerza cae en la legalidad”, predomina el legalismo. Así, en el Evangelio, “los sacerdotes iban a Jesús a pedirle la cartilla de la legalidad: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¡Nosotros somos los señores del Templo!’”. “No entendían las profecías. ¡Habían olvidado la promesa! No sabían leer los signos del momento, no tenían ni ojos penetrantes ni habían escuchado la Palabra de Dios: ¡solo tenían la autoridad!”.

 

“Cuando en el pueblo de Dios no hay profecía, el vacío que deja es ocupado por el clericalismo: es ese clericalismo que le pregunta a Jesús: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Con qué legalidad?’. Y la memoria de la promesa y la esperanza de seguir hacia delante se ven reducidas solo al presente, ni pasado ni futuro esperanzador. El presente es legal: si eres legal vas hacia delante”.

 

Pero cuando reina el legalismo, la Palabra de Dios no está y el pueblo de Dios que cree, llora en su corazón, porque no encuentra al Señor: les falta la profecía. Llora “como lloraba la mamá Ana, la mamá de Samuel, pidiendo la fecundidad del pueblo, la fecundidad que viene de la fuerza de Dios, cuando Él despierta la memoria de su promesa y nos empuja hacia el futuro, con la esperanza. ¡Este es el profeta! Este es el hombre del ojo penetrante que escucha las palabras de Dios”.

 

“Que nuestra oración en estos días, en los que nos preparamos para la Natividad del Señor sea: ‘Señor, ¡que no falten los profetas en tu pueblo!’. Todos los bautizados somos profetas. ‘Señor, ¡que no nos olvidemos de tu promesa! ¡Que no nos cansemos de seguir hacia delante! ¡Que no nos encerremos en la legalidad que cierran puertas! Señor, libera a tu pueblo del espíritu del clericalismo y ayúdalo con el espíritu de profecía’”.

 

 

 


Iglesia y profecia

 

Tomado de Fray Alejandro Ferreirós OFMConv.

 

Papa Francisco: cuando en la Iglesia falta profecía, aparece el clericalismo Homilía hoy en la Domus Santa Marta Evangelio: Mateo 21,23-27 “El bautismo de Juan ¿de dónde venía?” En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: “¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?” Jesús les replicó: “Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venia, del cielo o de los hombres?” Ellos se pusieron a deliberar: “Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?” Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta.” Y respondieron a Jesús: “No sabemos.” Él, por su parte, les dijo: “Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.”

*********************

Cuando falta la profecía en la Iglesia, falta la vida misma de Dios y predomina el clericalismo: es lo que ha afirmado el Papa Francisco esta mañana en la Misa celebrada en Santa Marta, el tercer lunes de Adviento. El profeta, afirmó el Papa comentando las lecturas del día, es el que escucha las Palabras de Dios, sabe ver el momento y proyectarse en el futuro. “Tiene dentro de sí estos tres momentos”: el pasado, el presente y el futuro. “El pasado: el profeta es consciente de la promesa y tiene en su corazón la promesa de Dios, la mantiene viva, la recuerda, la repite. Después mira el presente, mira a su pueblo y siente la fuerza del Espíritu para decirle una palabra que lo ayude a levantarse, a continuar el camino hacia el futuro. El profeta es un hombre de tres tiempos: promesa del pasado, contemplación del presente, valentía para indicar el camino hacia el futuro.

El Señor siempre ha custodiado a su pueblo, con los profetas, en los momentos difíciles, en los momentos en los que el Pueblo se desanimaba o era destruido, cuando el Templo no estaba, cuando Jerusalén estaba bajo el poder de los enemigos, cuando el pueblo se preguntaba dentro de sí: ‘¡Pero Señor tú me hiciste esa promesa! ¿Ahora qué pasa?’”. Es lo que “sucedió en el corazón de la Virgen, prosiguió el Papa, cuando estaba a los pies de la Cruz”. En estos momentos “es necesaria la intervención del profeta.

Y no siempre es bien recibido el profeta, muchas veces es rechazado. El mismo Jesús dice a los fariseos que sus padres asesinaron a los profetas, porque decían cosas que no eran agradables: decían la verdad ¡recordaban la promesa! Y cuando en el pueblo de Dios falta la profecía, observó de nuevo el Papa, algo falta: ¡falta la vida del Señor!”. “Cuando no hay profecía la fuerza cae en la legalidad”, predomina el legalismo. Así, en el Evangelio, “los sacerdotes iban a Jesús a pedirle la cartilla de la legalidad: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¡Nosotros somos los señores del Templo!’”. “No entendían las profecías. ¡Habían olvidado la promesa! No sabían leer los signos del momento, no tenían ni ojos penetrantes ni habían escuchado la Palabra de Dios: ¡solo tenían la autoridad!”. “Cuando en el pueblo de Dios no hay profecía, el vacío que deja es ocupado por el clericalismo: es ese clericalismo que le pregunta a Jesús: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Con qué legalidad?’. Y la memoria de la promesa y la esperanza de seguir hacia delante se ven educidas solo al presente, ni pasado ni futuro esperanzador. El presente es legal: si eres legal vas hacia delante”.

Pero cuando reina el legalismo, la Palabra de Dios no está y el pueblo de Dios que cree, llora en su corazón, porque no encuentra al Señor: les falta la profecía. Llora “como lloraba la mamá Ana, la mamá de Samuel, pidiendo la fecundidad del pueblo, la fecundidad que viene de la fuerza de Dios, cuando Él despierta la memoria de su promesa y nos empuja hacia el futuro, con la esperanza. ¡Este es el profeta! Este es el hombre del ojo penetrante que escucha las palabras de Dios”. “Que nuestra oración en estos días, en los que nos preparamos para la Natividad del Señor sea: ‘Señor, ¡que no falten los profetas en tu pueblo!’. Todos los bautizados somos profetas. ‘Señor, ¡que no nos olvidemos de tu promesa! ¡Que no nos cansemos de seguir hacia delante! ¡Que no nos encerremos en la legalidad que cierran puertas! Señor, libera a tu pueblo del espíritu del clericalismo y ayúdalo con el espíritu de profecía’”. sources: Radio Vaticano CÓMO VER TODOS LOS POSTS DE “Fray Alejandro Ferreirós OFMConv” (FACEBOOK SÓLO MUESTRA TODOS AL 15% DE USTEDES) https://www.facebook.com/photo.php?fbid=429874987135487&set=a.384936468296006.1073741828.384864034969916&type=1&theater

 

Categorías:Magisterio

III Domingo de Adviento – “Gaudete” 2013

III Domingo de Adviento – “Gaudete”

Citaciones:

Is 35,1-10:                  http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9abtgobc.htm

Jc 5,7-11:                   http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9ak03ye.htm

Mt 11,2-15:                http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9adfnzk.htm

 

 

El austero Juan el Bautista, primo de Jesús, hijo de Isabel y Zacarías, es llamado en la Escritura “el amigo que se alegra con la llegada del Esposo” (Jn 3,29).

El Bautista, dado a conocer por Jesús como “Elías que debe venir” (Mt 11,14), se nos presenta en la fragilidad de su fe. Los signos realizados por Jesús lo dejan en duda, no sabe reconocer la presencia del Mesías. Necesita ser sostenido en su fe por el mismo Jesús, que lo invita y lo acompaña a releer los signos que realiza, a la luz de las Escrituras.

La alegría de Juan el Bautista al reconocer en Jesús al Mesías, es también nuestra misma alegría. Este domingo, llamado “gaudete”, nos invita a la alegría; a alegrarnos porque lo que nos fue anunciado por Isaías, en la primera lectura, se cumple en las palabras y en los gestos de Jesús, el Mesías: “Se abrirán los ojos de los ciegos, se destaparán los oídos de los sordos, entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo” (Is 35, 5-6).

Podemos sentir la tentación de buscar a nuestro alrededor los ciegos, los sordos, los mudos… Más difícil es descubrir, y sentir interiormente, que los verdaderos ciegos, sordos, cojos y mudos somos nosotros mismos. Por eso se nos da esta hermosa noticia: Dios viene a visitarnos y nos hará gustar su entrada en nuestra historia, para abrirnos a la plenitud de la vida en el reino. Las “mochilas” de nuestra vida están llenas de muchas cosas que nos impiden esperar vigilantes esta visita. Somos poco capaces de convertirnos a lo esencial.

 

Juan el Bautista, en cambio, con energía, nos señala lo esencial, nos lleva a lo esencial, nos abre a lo esencial.

¡Cuántas cosas inútiles llenan nuestra vida y a menudo terminan por causarnos daño, son nocivas, pesadas, nos perturban!… ¡Cuántas cosas inútiles en nuestras familias!

Lo esencial nos lleva a poner orden en nuestra vida. Es una disciplina que nos educa y que nos forma, no para llenarnos de cosas, no para desbordarnos con necesidades sin sentido, no para multiplicar nuestros ídolos, sino para hacer sitio a Dios y a los hermanos.

 

Lo esencial es la toma de conciencia de que somos exiliados, peregrinos en camino hacia el Padre. Nuestra verdadera realidad, la que se nos recuerda en este tiempo de Adviento, es que nuestro camino es visitado por Dios y va hacia Dios, hacia el día sin atardecer, en el que Dios será todo en todos. Este es el ejemplo que nos viene de Juan el Bautista, de los exiliados, de los emigrantes, de los pobres…, que no están ávidos de tantas cosas sino llenos de esperanza en una vida mejor, más simple y esencial que, para nosotros que tenemos fe, es Dios mismo.

 

El Espíritu Santo, que visitó a María, haciéndola Madre de Cristo y que preparó a Juan el Bautista para anunciar la presencia del Mesías en el mundo, prepare también nuestro corazón para acoger plenamente el don del Nacimiento del Señor, ya inminente.

Categorías:Magisterio

Solemnidad de la Inmaculda Concepción

Solemnidad de la Inmaculda Concepción

 

En el camino del Adviento, hoy nos acompaña la presencia amorosa de María, la Madre del Salvador. El misterio que la fe de la Iglesia nos invita a meditar en la Solemidad de hoy es el de la “Inmaculada Concepción” de María. Esto quiere decir que la concepción de María, de Ana y Joaquín, sus padres, sucedió sin ninguna señal del pecado original, es decir, que en María no hubo huella de la culpa de los progenitores. Este singular privilegio coresponde al hecho de que, en su proyecto de salvación de la humanidad, Dios quiso preparar en María “una digna morada para su Hijo unigénito”; que la humanidad asumida  en el seno de María, es semejante en todo a nosotros, con excepción del pecado.

Hoy la Iglesia mira a María como la “llena de gracia”, a Aquella que fue colmada de los dones de Dios desde su concepción. El pueblo cristiano, dirigiendo su mirada a María, se siente raptado por su belleza y su santidad, porque la contempla llena de la santidad de Dios. Esta santidad, que es la misma vida de Dios, en el principio estaba destinada como don para la entera creación, pero nuestros progenitores, Adán y Eva, tentados por la serpiente mentirosa, Satanás, cedieron y perdieron este regalo, para ellos y para nosotros. No obsante, nos queda una gran nostalgia de la plenitud de la vida de Dios, de su santidad, porque precisamente para ella fuimos pensados y creados por Dios.

¡No todo está perdido! María, la “llena de gracia”, Madre de Cristo, es también la causa de nuestra alegría, por aquella “feliz culpa que nos mereció tan grande redentor”. En María se abre el camino en el cual se desvela el rostro de Dios, se abre la visión misma del rostro de Dios. En el seno de María, en la Carne del Unigénito del Padre se hace visible el rostro de Dios. Encontrar el rostro de Jesús, su humanidad en todo semejante a la nuestra, salvo en la rebelión frente a Dios, que es nuestro pecado, nos abre a la alegría de la segura esperanza de que Dios nos ama, nos llama, nos espera y desea llenarnos de su santidad para siempre.

Tres verbos podrían acompañar hoy nuestra meditación y nuestra mirada hacia Maria:

–          pensar en María: su vida sencilla, como esposa de José y como Madre de Jesús. Esto nos lleva a considerar que su existencia estuvo siempre bajo la mirada de Dios, en compañía de su familia, viviendo la vida cotidiana ordinaria común a cualquier familia nuestra. En esta vida no estuvieron excluidas las fatigas ni los dolores, las alegrías y las esperanzas, los sufrimientos y los sinsabores, el trabajo y las preocupaciones… La familia de Nazaret vive y camina en la fe, bajo la mirada providente de Dios.

–          Mirar a María: para descubrir su “secreto”, en cuanto su caminar en la fe estuvo sostenido por el Espíritu Santo, que ilumina y revela los grandes dones de Dios en ella, hasta ser llamada por el Arcángel Gabriel a dar su libre disponibilidad para llegar a ser la Madre del Verbo encarnado. Es clara la vocación de María, que nunca está separada de la vida del Hijo, sino siempre involucrada con ella, hasta la Cruz, hasta la resurrección, el Cenáculo y hasta la gloria eterna.

–          Aprender de María a responder a Dios y sus proyectos con plena disponibilidad, a acoger en la alegría al Emmanuel, a darse cuenta de quién necesita de ella, como la prima Isabel. Como María, nosotros somos llamados a crecer en la fe en nuestro cotidiano camino de discipulado. Aprender de ella: mujer capaz de escuchar la palabra de Dios y de vivirla, poniéndola en práctica en las circunstancias ordinarias de la vida. Aprender de María, icono y Madre de la Iglesia, a dejarnos habitar y sostener por el Espíritu Santo, para vivir de fe, para abrirnos a la esperanza, para dejarnos incendiar por la caridad y permitir a Dios que transforme nuestra mirada a imagen de la de María, que supo leer las circunstancias ordinarias de la vida con ojos contemplativos, que hacían vislumbrar en presente el misterio de Dios.

Categorías:Magisterio

Primer Domingo de Adviento 2013

congregatioproclericis

Primer Domingo de Adviento

1 Diciembre 2013

 

Citaciones:

Is 2,1-5:                      http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9abshvb.htm

Rm 13,11-14:             http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9arapzm.htm

Mt 24,37-44:              http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9bzgykx.htm

 

Comienza un nuevo año litúrgico, vuelve el tiempo del Adviento a despertar en nosotros el sentido de la espera de la llegada de Jesús.

En este período del año litúrgico recordamos un evento-advenido: la venida en la historia del Mesías, el Hijo de Dios, que asume nuestra misma carne de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo. Y este tiempo también anuncia otro evento-adviento: la espera de la segunda venida de Cristo en su gloria, al final de los tiempos.

Es un tiempo para la memoria y para la espera y, sobre todo, es el tiempo de vigilar, como nos anima el Evangelio de San Mateo de este domingo, para comprender mejor el sentido de la primera venida de Cristo, que ha cambiado con su presencia y su Palabra el curso de la historia y también nuestro recorrido humano.

Hoy se nos invita a vigilar, también para estar prontos y así recibir al Señor, que vendrá al final de los tiempos, para manifestar la gloria del Padre y pronunciar el juicio sobre la historia y sobre cada hombre y cada mujer. Este juicio será, ciertamente, rico en misericordia, porque Dios conoce la fragilidad del hombre y la socorre, pero la misericordia de Dios tiene su fuente en la justicia, que ilumina las intenciones profundas que guian el camino de nuestra vida. No obstante, este tiempo no es tiempo de miedo, sino más bien de una ansiosay alegre espera, un tiempo de vigilancia que se hace oración, atención a las necesidades de los hermanos, primero en la propia familia y después, más allá, es premura por los pobres, los pequeños, los marginados, los enfermos, los exiliados… La espera de Cristo, en fin, nos empuja a salir de nosotros mismos para ir a encontrarlo en el mundo, sobre todo en los miembros que más sufren de la humanidad, como el Santo Padre, con la palabra y con el ejemplo, constantemente nos invita a hacer.

Esta vigilancia se alimenta de una fe robusta, para no desanimarnos y continuar caminando hacia el monte de Dios, al que son invitados todos los pueblos, como dice Isaías en la primera lectura.

El Adviento es un tiempo bendecido por Dios, que se nos da como don para que, despertando del sopor de la costumbre y de las distracciones por obra del Espíritu Santo, se nos conceda liberarnos de tantas cosas mundanas que no sólo nos enlentecen y apesadumbran en el camino hacia Dios y a los hermanos, sino que terminan por meternos en un profundo sueño, en un triste atardecer, del cual Señor viene a despertarnos.

El Adviento, pues, es como un cambio de estación. Es necesario prestar atención a lo que nos ocupa, a lo que llena nuestra vida, de manera que no nos suceda descubrir de repente que no estamos preparados para vivir el tiempo que se nos ha concedido, o que desaprovechamos las ocasiones que Dios nos ofrece para prepararnos y de preparar al mundo para su venida.

Es necesario, en fin, mantener una espera hecha de vigilancia, de oración, caridad, fe…, que sabe esperarlo todo con segura esperanza. La esperanza cristiana, en efecto, que el Adviento nos pide vivir, no es la espera inútil de que suceda algo, sino un amoroso darse qué hacer, día a día, esperando que el Amado, que ya vino una vez, finalmente venga para siempre en su gloria.

Se nos da este tiempo litúrgico para renovar la esperanza, para que en la intensidad de la oración irrumpa el grito que nace del corazón de la Iglesia: “MARA NA THA, ven Señor Jesús” (Ap 22,20).

Que Cristo resucitado surque los cielos y venga a este mundo, en la historia, en nuestra vida, para manifestar definitivamente que es no solo el Alfa de la creación, sino la Omega que todo recapitula y todo redime.

 

Categorías:Magisterio

De la “Evangelii nuntiandi” a la “Evangelii gaudium”

De la “Evangelii nuntiandi” a la “Evangelii gaudium”

Bergoglio: “La dulce y confortante alegría de evangelizar”

@DR

426
Compartir

Si la primera Exhortación Apostólica de Papa Francisco, “Evangelii gaudium”, fuese un documento post-sinodal clásico, siguiendo la tradición, debería centrarse específicamente en el tema del Sínodo 2012 dedicado a “nueva evangelización por la transmisión de la fe cristiana”. Se ha dicho sin embargo, que no es correcto el uso de la expresión “post-sinodal”. Para entender mejor deberemos esperar la presentación anunciada para hoy martes 26 de noviembre, aunque si desde hace días circulan las primeras copias del documento, algunas de las cuales fueron entregadas por el mismo Papa a un grupo de fieles en el transcurso de la Celebración Eucarística en la Clausura del Año de la Fe.

La Sala Stampa de la Santa Sede al anunciar la conferencia de prensa para la presentación del documento (con las ponencias de mons. R. Fisichella, L. Baldisseri y C.M. Celli) en lugar de usar la nomenclatura sinodal (“nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”) ha usado otra mucho más extendida y abierta: “anuncio del Evangelio en el mundo actual”. Obviamente no son conceptos contradictorios y antagonistas, sino que son distintos del punto de vista de la óptica de la elaboración, perspectivas a las cuales se abren las reflexiones y por el punto de partida del texto.

Se sabe que el documento del Papa Francisco tiene una estructura que se basa en 4 puntos: a) Anuncio, b) Evangelio, c)Mundo, d) Situación actual, todos son argumentos más que suficientes para dar consistencia y vida a una “casi Encíclica” como han dicho en Twitter algunas personas que han podido ojear el documento.

También se ha dicho que el documento tiene “cuerpo”, “con cas 300 puntos”, muy “bien elaborado ya con una estructura clara y pedagógica”.

Es probable que en el importante documento del Santo Padre estén muchas de las 58 propuestas conclusivas del Sínodo 2012 entregadas como contribución a Benedicto XVI, pero todo con “una lectura bergogliana”, donde destacan palabras muy recurrentes de sus homilías como arzobispo de Buenos Aires cada vez que hablaba de evangelización: “Audacia, celo apostólico e impulsos internos”. En su famosa intervención en una de las Congregaciones generales del pre-cónclave, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio habló de la “dulce y consoladora alegría de evangelizar”.

Estas fueron las palabras del ex arzobispo de Buenos Aires: Se ha hecho referencia a la evangelización. Es la razón de la Iglesia. ‘Conservamos la dulce y consoladora alegría de evangelizar, también cuando es necesario […] que sea anunciado y la Iglesia se implante en el corazón del mundo’ (Pablo VI). Es el mismo Jesús que, desde dentro, nos empuja.

1) Evangelizar supone el celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia la parresía (testimonio, ndr) de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir a las periferias, no solo geográficas, sino también a las periferias existenciales: donde está el misterio del pecado, del dolor, la injusticia, donde está el desprecio de los religiosos, del pensamiento, y donde están todas las miserias.

2) Cuando la Iglesia no sale para evangelizar, se convierte en autorreferencial y enferma (cfr. La mujer inclinada sobre sí misma de la que habla Lucas en el Evangelio (13,10-17). Los males que, en esta época, afectan a las instituciones eclesiásticas son la autorreferencialidad y una especie de narcisismo teológico. En el Apocalipsis Jesús dice que Él está a la puerta y llama. Obviamente pienso en los momentos en los que Jesús llama a la puerta desde fuera para entrar… Pero pienso también en los momentos en los que Jesús llama desde el interior para dejarlo salir. La Iglesia autorreferencial pretende tener a Cristo dentro de sí y no lo deja salir.

3) Cuando la Iglesia es autorreferencial, cree involuntariamente tener luz propia. Ya no es la certeza de mirar el mysterium lunae, sino que va hacia un mal muy grave conocido como la mundanidad espiritual (según de Lubac, es el peor mal que le pueda suceder a la Iglesia). La Iglesia vive para darse la gloria los unos a los otros. En palabras pobres hay dos imágenes de la Iglesia: la Iglesia evangelizadora que difunde
 “Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans”  y la Iglesia mundana que vive en sí y para sí misma. Este análisis debería iluminar los posibles cambios y sobre las reformas que deben ser hechas para la salvación de las almas.

4) Pensando en el próximo Papa, necesitamos un hombre que, desde la contemplación y la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí misma hacia la periferia existencial de la humanidad para que sea madre fecunda de la “dulce y consoladora alegría de evangelizar”.

En todas estas reflexiones resuenan, a menudo, muchos contenidos de otra Exhortación Apostólica dedicada a la Evangelización: la de Pablo VI, “Evangelli nuntiandi”, firmada hace 38 años, precisamente el 8 de diciembre de1975. Este documento fundamental de Papa Montini se abre con estas palabras: “El esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad. De ahí que el deber de confirmar a los hermanos, que hemos recibido del Señor al confiársenos la misión del Sucesor de Pedro (1), y que constituye para Nos un cuidado de cada día (2), un programa de vida y de acción, a la vez que un empeño fundamental de nuestro pontificado, ese deber, decimos, nos parece todavía más noble y necesario cuando se trata de alentar a nuestros hermanos en su tarea de evangelizadores, a fin de que en estos tiempos de incertidumbre y malestar la cumplan con creciente amor, celo y alegría”.

Categorías:Magisterio