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Pentecostés Nacimiento De La Comunidad Eclesial

Una de la definiciones de la Acción Católica es que “es una comunidad”, este documento nos puede ayudar a comprenderla 

  

            Pentecostés Nacimiento De La Comunidad Eclesial

http://www.iglesia.cl/pentecostes/

 

Generalmente se le atribuye a la Fiesta de Pentecostés, el momento del nacimiento de la Iglesia.

No es este el lugar para discutir esto, sino para refrescarnos acerca del sentido y práctica que tenemos como comunidad eclesial. Por eso nos hacemos la pregunta:

 

¿QUÉ ES UNA COMUNIDAD?

 

La comunidad queremos definirla como un servir y vivir (Koinonía y diaconía)

 

Somos hijos de diversas comunidades: familia, colegio, amigos, parroquia, CEB, CCB, movimientos, etc.

 

Con ellos hemos ido aprendiendo a vivir. Nadie ha crecido solo.

 

La comunidad es una experiencia básica en la vida de los cristianos y deberíamos ser los que más sabemos en esta materia.

 

Es una vivencia importante en la eclesiología de la Biblia y más explícitamente, en la concepción que San Pablo tiene de lo que es la Iglesia.

 

Sin una participación real y una comunión de vida no hay Iglesia: “Ubi tres, Ecclesia est” – Tertuliano.

 

Es la posibilidad de vivir en concreto la comunión del pueblo de Dios.  Es difícil vivir como cristiano sin estar unido a un grupo o a una comunidad.

 

La parroquia se ha hecho una institución demasiado grande, se burocratizó y fue albergando las élites creyentes. Va pasando el tiempo de las grandes multitudes anónimas.

 

Necesitamos aprender a vivir en comunión, a estar, a ser con.  Hemos aprendido a imponer, a manipular, o bien, a marginarnos.

 

“Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos” 1a. Juan

 

Hablar de comunidades es:

 

Hablar de hombres y mujeres, de sus historias y de su historia.

 

Son personas concretas que se reúnen convocadas por Cristo y en medio de ellas está El mismo.  Vamos aprendiendo a ser ciudadanos y a buscar lo que Cristo quiere para nuestro tiempo.

 

Es heterogeneidad que va aunándose y esto es a veces con dolor.

 

* Hablar de necesidad; somos hombres necesitados en todas las dimensiones de la vida: en lo físico, en lo intelectual, en lo afectivo, en lo religioso, en lo laboral, en lo estético, etc.

 

A lo largo de los años tenemos que aprender a ser ayudados, lo que cuesta reconocerlo ya que se asocia a debilidad, a insuficiencia.  La necesidad es una parte constitutiva nuestra y como personas y como cristianos tenemos que asumirla.  El enemigo es la autosuficiencia.

 

*  Hablar de cercanía, de ligarnos, de crear vínculos que van siendo más profundos en forma progresiva.  Sin cercanía, la vida pierde fuerza, gozo y sentido.  Es fácil encerrarse, considerarse especial, fuerte.  La soledad y el individualismo son realidad a vencer.

 

*  Hablar de encuentro, de intercambio, de lugar donde podemos querer y pelear, animarnos, frustrarnos, reconciliarnos, planificar, hacer y evaluar.  Es crear un nosotros y querer entender juntos la realidad, reflexionar sobre ella, iluminarla con la Palabra de Dios, realizarla y celebrarla.

 

* Hablar de un largo camino, de un proceso que tiene muchas vueltas, tiempos claros y oscuros, crisis, pero allí es donde encontramos a los demás y sale Cristo a nuestro encuentro (discípulos de Emaús).

 

* Hablar de mundo nuevo, de Reino, de una manera antigua y a la vez novedosa de vivir la Iglesia.  Es llegar a ser signo de una manera nueva de vivir la sociedad.

 

Para vivir en comunidad necesitamos convertir nuestro corazón de piedra en un corazón de carne.

 

ALGUNAS ADVERTENCIAS

 

           No basta tener buena voluntad y entusiasmo para conformar una comunidad.  La comunidad es un don de Dios y no un producto de nuestras habilidades y entusiasmo.

 

           No hay comunidades sin crisis, choques interpersonales y conflictos, frutos de nuestras diferencias.  Estamos marcados por el individualismo, la competitividad y la eficiencia.

 

           No basta y no satisface sólo reflexionar e intercambiar ideas, también necesitamos hacer, celebrar, evaluar.

 

           Es tarea, esfuerzo, decisión y gracia de Dios que tenemos que pedir para poder perseverar, para que florezca nuestra pobre realidad.

 

 

           Tenemos que dejar algunos criterios y adquirir otros, necesitamos convertirnos para descubrir el valor de la comunidad.

 

           Exige fe profunda, lo que significa escuchar con inteligencia a Dios y a los hombres, mirar con penetración, querer con delicadeza y pedir una esperanza que no decaiga.

 

           No son la solución global a los problemas de la Iglesia y de la sociedad.

 

           No hay modelos uniformes de comunidad.  Cada uno tiene que ir haciendo su camino en forma libre y autónoma.

 

2. Algunos aprendizajes para vivir la comunidad.

 

a)        Necesitamos aprender a hablar, a darnos a conocer, a compartir desde nosotros mismos, nuestros aciertos, cansancios e inseguridades, nuestra experiencia de fe y de trabajo.

 

b)        Necesitamos aprender a ser queridos, a dejarnos querer, que otros entren y vean nuestra realidad humana y cristiana.  Es dejarnos conocer para que no fantaseen con nosotros sino puedan querernos como lo necesitamos, que otros tengan una palabra sobre nosotros, que podamos ser apoyados y corregidos.

 

c)         Necesitamos aprender a seguir a Cristo, cada vez más y mejor.  Necesitamos compartir nuestra experiencia cristiana, el gozo y el dolor que ella provoca, el desafío que representa.  Todos sabemos que  el amor humano se cansa y necesitamos ir creciendo en intensidad de amor a Dios.

 

d)        Necesitamos aprender a querer.  Esto toma un largo tiempo.  Ser adulto y ser cristiano toma tiempo ya que necesitamos llegar a tener un corazón amplio y misericordioso y una inteligencia de los procesos humanos con sus búsquedas y rebeldías.

 

            Es en este largo caminar donde vamos descubriendo nuestras rigideces, intolerancias, límites y diferencias con otros como también nuestras fuerzas y habilidades.

 

e)        Necesitamos aprender a descubrir la belleza de los demás, a ser testigos de lo verdadero, de lo santo, de lo justo y de lo bello de los que están juntos a nosotros.

 

f)          Necesitamos aprender a soñar y compartir nuestros sueños, darle un espacio a las utopías personales, profesionales, cristianas.  Aprender a tener sueños proféticos en un mundo pragmático (lugar del Apocalipsis en nuestra vida cotidiana).

 

 

g)        Necesitamos aprender a hacernos las preguntas importantes de la vida:  lo que somos, lo que hacemos, lo que creemos, lo que es el trabajo, el amor, el sufrimiento, el matrimonio, los hijos, la profesión, la crisis; lo que es Dios en nuestra vida.

 

Por último, la comunidad es: cuidar, compartir, asumir, servir.

 

            Necesitamos de hombres y mujeres marcados por Jesucristo y con una gran experiencia de comunidad.

 

3. Afirmaciones:

 

* Que NO es una comunidad cristiana: Sumisión, anarquía, dominación, democracia, ideal, un nido.

 

* Que es: espacio circular, nosotros, con Cristo, proceso, es escuela donde aprendemos a querer y a servir, es espacio personalizante y liberador, experiencia de algo que será lo definitivo, es un sacramento, es un sistema complejo de relaciones interpersonales, es proyecto, es presente, es historia, es un espacio abierto, es consenso, es unidad en la diferencia, lugar donde aprendemos a construir la unidad contando con nuestras diferencias.

 

4. Diferencia entre grupo y comunidad.

            GRUPO

            COMUNIDAD

 

*          El líder es fuerte y está claramente individualizado.

*          Los roles de liderazgo son compartidos por todos los miembros.

*          La responsabilidad es más bien individual frente a la tarea.

*          La responsabilidad es tanto individual como colectiva frente a lo que se realiza.

*          El grupo tiene el mismo propósito que la misión más amplia de la organización.

*          La comunidad se autoasigna un propósito específico, que puede armonizar con la misión más amplia de la organización, pero que no es lo mismo.

*          Los resultados del trabajo responde a esfuerzos de tipo individual.

*          Los resultados del trabajo se deben a esfuerzo colectivo.

*          El grupo sostiene reuniones eficientes.

*          La comunidad estimula la discusión abierta y las reuniones activas de resolución de problemas, aunque gaste más tiempo en ello.

*          El grupo mide su eficacia indirectamente por su influencia en otros (por ejemplo:  cantidad de jóvenes que logramos captar para una actividad, cantidad de $ lograda en el año…)

*          La comunidad mide el desempeño directamente mediante la evaluación de resultados del trabajo colectivo (cada proceso y operación con su resultado directo y su responsable es evaluado por todos).

*          El grupo discute, decide y delega.

*          La comunidad discute, decide y hace el trabajo en conjunto.

 

La diferencia entre el grupo y la comunidad, es que el primero es transitorio, puede desaparecer; la comunidad, en cambio, es permanente.  El grupo es especializado (catequesis, liturgia, Palabra); La comunidad, no necesita ninguna oficialidad, puede reunirse, deshacerse, comenzar, cambiar, puede hacer por su cuenta lo que quiera dentro de la fe y la moral cristiana.  La comunidad es global, abarca la misión de la Iglesia, supone ser reconocida como célula eclesial, permanece, tiene una cierta oficialidad.

 

3. ¿Porqué son importantes las comunidades?.

Herramientas para:

– Caminar juntos, con-formarnos, dejarnos tomar

– potenciar la capacidad de análisis, vivir con sentido.

– cristianamente, imagen de la Trinidad, sacramento de la iglesia, es imagen del cuerpo de la iglesia, es principio de unidad y libertad, es presencia de la totalidad en lo singular, es donde se vive la solidaridad, es participación y comunión, es reciprocidad, es representatividad.

 

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Categorías:Laicos

Benedicto XVI a la Acción Católica

Benedicto XVI a la Acción Católica

https://accioncatolicaqueretaro.files.wordpress.com/2008/05/57528-benedicto2bxvi2b2528102529.jpg?w=349&h=624

 

Al celebrar su 140 aniversario de fundación

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 15 mayo 2008 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI a miles de miembros de la Acción Católica que celebraban el 140 aniversario de su fundación el pasado domingo, 4 de mayo de 2008.

* * *

Queridos muchachos,
jóvenes y adultos de la Acción católica:

Es para mí una gran alegría acogeros hoy aquí, en la plaza de San Pedro, donde muchas veces en el pasado vuestra benemérita asociación se ha encontrado con el Sucesor de Pedro. Gracias por vuestra visita. Os saludo con afecto a todos, que habéis venido de las diversas partes de Italia, así como a los miembros del Foro internacional, que provienen de cuarenta países del mundo. En particular, saludo al presidente nacional, profesor Luigi Alici, al que agradezco las sinceras palabras que me ha dirigido; al consiliario general, monseñor Domenico Sigalini; y a los responsables nacionales y diocesanos. Os doy las gracias también por el particular regalo que me habéis hecho a través de vuestros representantes y que testimonia vuestra solidaridad con los más necesitados. Expreso mi profundo agradecimiento al cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia episcopal italiana, que ha celebrado la santa misa para vosotros.

Habéis venido a Roma en compañía espiritual de vuestros numerosos santos, beatos, venerables y siervos de Dios: hombres y mujeres, jóvenes y niños, educadores y sacerdotes consiliarios, ricos en virtudes cristianas, crecidos en las filas de la Acción católica, que en estos días cumple 140 años de vida. La magnífica corona de rostros que abrazan simbólicamente la plaza de San Pedro es un testimonio tangible de una santidad rica en luz y amor. Estos testigos, que siguieron a Jesús con todas sus fuerzas, que se prodigaron por la Iglesia y por el reino de Dios, son vuestro documento de identidad más auténtico.

¿Acaso no es posible también hoy para vosotros, muchachos, para vosotros, jóvenes y adultos, hacer de vuestra vida un testimonio de comunión con el Señor, que se transforme en una auténtica obra maestra de santidad? ¿No es precisamente esta la finalidad de vuestra asociación? Ciertamente, esto será posible si la Acción católica sigue manteniéndose fiel a sus profundas raíces de fe, alimentadas por una adhesión plena a la palabra de Dios, por un amor incondicional a la Iglesia, por una participación vigilante en la vida civil y por un constante compromiso formativo.

Queridos amigos, responded generosamente a esta llamada a la santidad, según las formas más características de vuestra condición laical. Seguid dejándoos inspirar por las tres grandes “consignas” que mi venerado predecesor, el siervo de Dios Juan Pablo II, os confió en Loreto en el año 2004: contemplación, comunión y misión.

La Acción católica nació como una asociación particular de fieles laicos, caracterizada por un vínculo especial y directo con el Papa, que muy pronto se convirtió en una valiosa forma de “cooperación de los laicos en el apostolado jerárquico”, recomendada “encarecidamente” por el concilio Vaticano II, que describió sus irrenunciables “notas características” (cf. Apostolicam actuositatem, 20). Esta vocación sigue siendo válida también hoy. Por tanto, os animo a proseguir con generosidad en vuestro servicio a la Iglesia. Asumiendo su fin apostólico general con espíritu de íntima unión con el Sucesor de Pedro y de corresponsabilidad operante con los pastores, prestáis un servicio en equilibrio fecundo entre Iglesia universal e Iglesia local, que os llama a dar una contribución incesante e insustituible a la comunión.

Esta amplia dimensión eclesial, que identifica vuestro carisma asociativo, no es signo de una identidad incierta o superada; más bien, atribuye una gran responsabilidad a vuestra vocación laical: iluminados y sostenidos por la acción del Espíritu Santo y arraigados constantemente en el camino de la Iglesia, se os estimula a buscar con valentía síntesis siempre nuevas entre el anuncio de la salvación de Cristo al hombre de nuestro tiempo y la promoción del bien integral de la persona y de toda la familia humana.

En mi intervención en la IV Asamblea eclesial nacional, celebrada en Verona en octubre de 2006, precisé que la Iglesia en Italia “es una realidad muy viva, que conserva una presencia capilar en medio de la gente de todas las edades y condiciones. Las tradiciones cristianas con frecuencia están arraigadas y siguen produciendo frutos, mientras que se está llevando a cabo un gran esfuerzo de evangelización y catequesis, dirigido en particular a las nuevas generaciones, pero también cada vez más a las familias” (Discurso de clausura, 19 de octubre de 2006: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 27 de octubre de 2006, p. 8).

¿Cómo no ver que esta presencia capilar es también un signo discreto y tangible de la Acción católica? En efecto, la amada nación italiana siempre ha podido contar con hombres y mujeres formados en vuestra asociación, dispuestos a servir desinteresadamente a la causa del bien común, para la edificación de un orden justo de la sociedad y del Estado. Por consiguiente, vivid siempre a la altura de vuestro bautismo, que os ha sumergido en la muerte y la resurrección de Jesús, para la salvación de todos los hombres que encontréis y de un mundo sediento de paz y de verdad.

Sed “ciudadanos dignos del Evangelio” y “ministros de la sabiduría cristiana para un mundo más humano”: este es el tema de vuestra asamblea; y es también el compromiso que asumís hoy ante la Iglesia italiana, aquí representada por vosotros, por vuestros presbíteros consiliarios, por los obispos y por su presidente.

En una Iglesia misionera, que afronta una emergencia educativa como la que existe hoy en Italia, vosotros, que la amáis y la servís, sed anunciadores incansables y educadores formados y generosos. En una Iglesia llamada a pruebas incluso muy exigentes de fidelidad y tentada de acomodarse, sed testigos intrépidos y profetas de radicalismo evangélico. En una Iglesia que se confronta diariamente con la mentalidad relativista, hedonista y consumista, ensanchad los horizontes de la racionalidad con una fe amiga de la inteligencia, tanto en el ámbito de una cultura popular y generalizada, como en el de una investigación más elaborada y profunda. En una Iglesia que llama al heroísmo de la santidad, responded sin temor, confiando siempre en la misericordia de Dios.

Queridos amigos de la Acción católica italiana, en el camino que tenéis delante no estáis solos: os acompañan vuestros santos. También otras figuras han desempeñado papeles significativos en vuestra asociación: pienso, por ejemplo, entre otros, en Giuseppe Toniolo y en Armida Barelli. Estimulados por estos ejemplos de cristianismo vivido, habéis comenzado un año extraordinario, un año que podríamos calificar de santidad, durante el cual os comprometéis a encarnar en la vida concreta las enseñanzas del Evangelio. Os aliento en este propósito. Intensificad la oración, orientad vuestra conducta según los valores eternos del Evangelio, dejándoos guiar por la Virgen María, Madre de la Iglesia. El Papa os acompaña con un recuerdo constante ante el Señor, a la vez que os imparte de corazón la bendición apostólica a vosotros, aquí presentes, y a toda la asociación.

[Traducción distribuida por la Santa Sede

© Copyright 2008 – Libreria Editrice Vaticana]

 

Categorías:Accion Catolica

Cap I apostolado seglar y Acción Católica Introducción

Queridos Amigos:
Les envio la introduccion y el 1er capitulo del libro “Apostolado Seglar y Acción Católica” del Pbro Luis Maria Acuña, que data de 1953, esto es con el fin de ver y reflexionar la evolucion de la teologia laical.
En este capitulo ya se habla de la notas de la AC, tambien de situacion que ya se veian venir en la sociedad y hoy lo estamos viviendo.

Apostolado Seglar y Acción Católica

Libro “Apostolado Seglar”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

INTRODUCCIÓN

Ofrecemos a nuestros lectores la nueva obra “Apostolado Seglar”, que nos han pedido con insistencia tanto del país como del extranjero.

Es una contribución a las actividades que desarrolla la Acción Católica, codificada definitivamente por el ilustre Pontífice Pío XI.

Esta obra no es un Manual de Acción Católica; es un libro de formación, de principios, destinado a despertar el entusiasmo del mundo católico para que colabore con la Jerarquía en el inmenso campo del apostolado religioso y social. Nuestro tema es el Apostolado seglar, su origen, su importancia, sus normas, sus formas diversas y, naturalmente, damos las normas fundamentales de la Acción Católica, especialmente las qué señaló Pío XI en sus Encíclicas, en sus Cartas, en las Actas de la Secretaría de Estado y en los Concordatos.

Es la hora del trabajo, de los grandes trabajos. Trabajemos, pues. Esta acción de los seglares la reclama la Iglesia y es de la más alta importancia. “Antes -decía el ilustre Luis Veuillot -, la Iglesia necesitaba del brazo secular; hoy necesita de la acción de los seglares”.

En esta obra damos la noción clara de Apostolado Seglar; qué han pensado de él los ilustres Pontífices que han regido, en los últimos tiempos, los destinos de la Iglesia, Luego estudiamos la necesidad y la importancia del apostolado. Del de defensa, de conquista, de obediencia. Esbozamos la organización de la Acción Católica. Después estudiamos el origen y la evolución del Apostolado seglar, sus grandes figuras y sus gestas hermosas. Los campos y fuentes del apostolado; sus formas diversas; las glorias del apostolado de la Iglesia; el apostolado de la mujer, del joven, de la joven; el apostolado social del clero y temas de formación, finalizan esta obra.

Damos, pues, una obra de formación, de principios, de doctrina.

Esto es lo que más necesitamos: ideas, principios, doctrinas que nos lleven a la convicción, al trabajo, a la propaganda.

El mundo vive una hora de anarquía intelectual; luchan en todos los campos ideologías encontradas y opuestas y esas ideologías se concretan después en sistemas que luchan por el predominio de la humanidad.

El católico debe estar arraigado, como nunca, en la verdad, en la convicción. “La verdad permanece eternamente”. Esa verdad debe ser para él como un faro de luz que la ilumine en medio de las tempestades, en esta noche de dolor y de tragedia que ha caído sobre el mundo de las almas.

Se ha dignado escribir el Prefacio de honor de esta obra, el distinguido Prelado chileno y Obispo diocesano de Talca (Chile), Dr. D. Manuel Larraín Errázuriz. Conocedor como pocos de los problemas de la Acción Católica y de los problemas sociales, nos alienta con su palabra sabia y prestigiosa. Le hacemos llegar nuestra gratitud junto con la admiración que le profesamos.

El Prólogo de la obra lo escribe el conocido sacerdote porteño Pbro. D. Miguel Ulloa Ossandón, cuyos trabajos apostólicos, especialmente en la prensa, en la radio y en las organizaciones son conocidos de todos y se distinguen por el entusiasmo y el brillante éxito.

Colabora también con un capítulo especial sobre el apostolado de la radio, de cuya propaganda es Director Eclesiástico. Hacemos llegar al distinguido sacerdote nuestro agradecimiento por esta colaboración y por habernos alentado en nuestras obras.

Al publicar esta nueva obra cumplimos los anhelos de nuestros distinguidos hermanos los sacerdotes argentinos, quienes nos han pedido, en la “Revista oficial del clero” la publicación del “Apostolado Seglar”.

Esperamos que esta obra sea aceptada y acogida con el mismo entusiasmo que las anteriores. Es obra para todos: sacerdotes, seglares, dirigentes, juventudes. A ella hemos consagrado nuestros estudios, nuestras mejores horas; le hemos dado la mayor actualidad, relacionando los temas con los problemas y tendencias de la época.

En el presente año, Dios mediante, el autor iniciará la publicación de sus “Obras Oratorias”, comenzando por un tomo de “Discursos y Conferencias”. Después seguirá con otro de “Sermones y Panegíricos”, “Planes Oratorios”, un “Tratado Superior de Religión” y una obra de prensa.

Nos encomendamos a las oraciones de todos y los saludamos afectuosamente en el Señor.

PBRO, LUIS MARÍA ACUÑA G.


CAPITULO I

EL APOSTOLADO

SUMARIO: 1. Un cuadro de la sociedad. – 2. Apostolado. Definición. Explicación de los términos. Hablan los Pontífices Pío X, Pío XI y un eminente Prelado. – 3. Verdadero carácter de! apostolado seglar. – 4. Faltan hombres…

l.-UN CUADRO DE LA SOCIEDAD. – El mundo vive la hora de la inquietud, vive la hora de la lucha en todos los órdenes. Un recio choque de ideologías: descompaginación política, agitación social, ruina económica caracterizan la vida contemporánea.

Y en el orden religioso, vivimos tiempos de lucha y de encarnizado combate contra los sagrados intereses de Jesucristo y de su Iglesia.

Luchas raciales: sovietisrno, racismo, que no son otra cosa que el despotismo entronizado, hacen cruda guerra al Cristianismo y pretenden arrancar a Cristo del trono de amor en que lo ha colocado la fe de veinte siglos. Grave es la hora que vivimos; grave es el momento, el más grave de cuantos ha vivido la humanidad en los últimos siglos. En todas partes, los enemigos de Cristo se unen, se agrupan, y forman una inmensa falange, un frente único para descristianizar al individuo, a la familia y a la sociedad.

Esbocemos un cuadro de la situación. Si miramos la vida industrial, doméstica y social veremos que la paz ha huido de la tierra. No hay paz ni para el individuo, ni para la familia, ni para la sociedad, ni para las naciones. Estamos en guerra perpetua: guerra de clases, guerra política, disensiones domésticas, y sentimos en nosotros y cerca de nosotros enormes inquietudes.

Ø      En el orden internacional vemos cómo de nuevo, el monstruo de la guerra, cual jinete apocalíptico, va dejando un reguero de sangre y de lágrimas… Y aunque no exista el estado de guerra hay un espíritu de guerra que causa hondo malestar a las sociedades y a los pueblos.

Ø      En el orden religioso, se ha excluido a Dios del principio del derecho, de la vida pública y consagrado la apostasía social.

Ø      En el orden doméstico, se ha laicizado el matrimonio, se ha desorganizado la familia, se ha quitado a Dios de la escuela y, con El, toda base de moralidad.

Ø      En el orden social, arrecia la lucha de clases; estamos tocando con la mano sus miserias, sus llagas; oímos su grito de desesperanza…

Parece que el infierno se ha desencadenado sobre la tierra. El vacío de Dios, la apostasía de las naciones agita a las sociedades. Falsos redentores habían prometido curar los males de la humanidad y no han hecho sino agravarlos horriblemente. La ciencia no ha enjugado de nuestros ojos una lágrima ni infiltrado una gota de consuelo en los corazones desgarrados.

Es el laicismo imperante que ha convertido a Cristo en el gran Desconocido, en el gran Desterrado; “que después de borrar su augusto nombre de los Códigos de las leyes, como dice bellamente un escritor, después de desterrarlo de los tribunales de justicia, hasta ha llegado a prohibirle que extendiera sus amorosos brazos sobre los cementerios.. que se pasee solitario y triste por las calles de las ciudades, de las aldeas, de los campos en busca del moribundo.. . Le ha arrancado ese dulce refugio que el Maestro divino tenía en el alma popular; y despedido ignominiosamente, no tuvo más remedio que marcharse, sacudiendo de los pies cansados y desnudos y llagados.. . el polvo acumulado por las fatigas del día y de la noche; Cristo, solitario y maltrecho, fue entregado al vocerío procaz de sus enemigos…”

Ahí tenemos la obra del laicismo, la obra de los bárbaros civilizados. Hemos asistido al desarrollo de un drama gigantesco, de un terrible drama social cuyo prólogo ha escrito con sangre la Rusia contemporánea y cuyo epílogo escribirá con sus propias lágrimas la sociedad presente si no retorna a los principios salvadores del Evangelio.

¿Y qué debemos hacer nosotros los católicos en esta hora urgente, grave, que vivimos? ¿Podremos encerrarnos en nuestro egoísmo, en nuestras casas cuando se oye el fragor del combate? ¿Podremos huir cobardemente como los apóstoles, cuando los enemigos quieren crucificar de nuevo a Jesucristo en el corazón de los hombres? ¡Ah, no! Debemos agruparnos en torno de Cristo; debemos formar una falange, un verdadero Apostolado seglar para hacer reinar de nuevo a Jesucristo en los hombres y en los pueblos.

En la época moderna son otros los campos de batalla, observa un escritor. Hoy Cristo está en los polvorientos suburbios de las grandes ciudades, obscurecido por el humo de las fábricas; está en las plazas públicas, envuelto en la ola de los niños callejeros; está en los parlamentos y en la cátedra para ser el ludibrio y la befa de los que se llaman intelectuales; está allí, defendiéndose como puede, sólo, en nuestro siglo en que la mayoría impera y el número es un argumento; está allí, no pudiendo responder a las acusaciones y a las calumnias más que con miradas de amor… y mostrando sus llagas que las gentes ya no comprenden. Está allí y allí es donde ha de estar el apóstol seglar para defender a Cristo, a su Iglesia, a sus ministros con su palabra, con su trabajo y si fuere necesario, con su sangre.

Este es el vasto campo de acción apostólica reservado al apostolado seglar. Y para hacer obra digna y fecunda en las actividades del apostolado, debemos instruirnos, tener una amplia cultura religiosa, y dedicarnos al trabajo interior del espíritu.

“La gravísima enfermedad de la edad moderna, dice Pío XI, y la fuente principal de los males que lamentamos, es la ligereza e irreflexión que lleva extraviados a los hombres; de aquí procede la insaciable codicia de riquezas y placeres que va extinguiendo en las almas el deseo de bienes más elevados y no las deja levantarse a la consideración de las verdades eternas. La inquietud de la vida social; la turbulenta inquietud de los negocios impiden al hombre una seria reflexión sobre los grandes problemas, los únicos importantes de la vida, cuales son: saber su origen y su fin, de dónde viene y a dónde va. El hombre debe dedicarse al trabajo interior del espíritu, a la reflexión, a la meditación, al examen de sí mismo, todo lo cual es una admirable escuela de educación, en la cual la mente aprende a reflexionar, la voluntad se vigoriza, las pasiones se dominan, la actividad recibe una dirección, una norma, un impulso eficaz y toda el alma se levanta a su nativa nobleza, conforme a lo que el Pontífice San Gregorio enseña en su libro pastoral con símil elegante: “La mente humana, como el agua, si se comprime, sube a lo alto, porque vuelve al lugar de donde descendió; si se suelta, se dispersa, porque se difunde inútilmente hacia abajo”.

En todas estas disciplinas interiores, en esta vida interior debe ejercitarse el apóstol seglar, para cooperar dignamente al apostolado jerárquico. La vida interior es la fuente fecunda del apostolado, como lo demostraremos más adelante al hablar de las fuentes de apostolado.

Esbozado este cuadro de fa Sociedad, vamos a la definición del apostolado.

2. – APOSTOLADO. DEFINICIÓN. EXPLICACIÓN DE LOS TÉRMINOS. – 3. – HABLAN LOS PONTÍFICES.. . Su Santidad Pío X, en su Encíclica “// fermo proposito”, nos da este concepto del Apostolado seglar: “Todas las obras alentadas y promovidas por el laicado católico para restaurar en Cristo el individuo y la familia, la sociedad y la escuela, es lo que constituye el apostolado seglar”.

Civardi dice “que es una actividad organizada y multiforme, desarrollada por el estado seglar católico en el campo de la vida social bajo la dependencia directa de la autoridad eclesiástica, con el fin de cristianizar la sociedad”. También se llama: “apostolado organizado de los seglares católicos para la afirmación, difusión, actuación y defensa de los principios católicos en la vida individual, familiar y social” (Marotta).

Pero demos la definición clásica de lo que con tanta propiedad el ilustre Pontífice Pío XI llama “Acción Católica”. La Acción Católica en el sentido subjetivo es una clase de actividad, y en el sentido objetivo denota las organizaciones en que se concreta esa actividad.

Y así Pío XI, creador de la Acción Católica, en su Encíclica “Ubi Arcano Dei” nos da la siguiente y clásica definición: “Es la participación de los católicos seglares en el apostolado jerárquico”.

En esta definición entran los cuatro elementos que constituyen la Acción Católica: la subordinación a la Jerarquía; la intervención seglar; los fines del apostolado y la organización oficial.

Una definición más amplia podría ser la siguiente: “El trabajo individual o colectivo que todo buen católico debe efectuar para la propagación, defensa, aumento y esplendor de la fe y de la moral cristianas conforme a su situación social, bajo la dirección o autoridad de la Iglesia”.

Pero expliquemos los términos de la definición de Pío XI.

a)  Es la participación… Se debe observar, dice Mons. Pizzardo, que la palabra participación envuelve la idea de parte, y, por consiguiente, también la de un todo. Este todo es el Apostolado jerárquico o sea, la actividad de la Jerarquía en la obra de la salvación de las almas. Y aunque es verdad que participar no es lo mismo que ser parte esencial, es también cierto que tal palabra, al sugerir la idea de parte, indica que la Acción Católica debe tener el mismo carácter que el apostolado jerárquico. Esta idea de participación nos revela también con absoluta claridad que el fin de la Acción Católica no es otro que el del apostolado jerárquico. De donde se deduce que una obra pertenecerá por mejor título a la Acción Católica cuanto más de cerca y más íntimamente participe de la naturaleza y de la finalidad del Apostolado jerárquico. Advirtamos también que la parte depende del todo. Por lo que no podría pertenecer a la Acción Católica una obra que no estuviera sometida a la Jerarquía. Y cuanto más estrechos sean los lazos que con la Jerarquía vinculen las actividades de los católicos, más conformes serán éstas a la naturaleza de la Acción Católica.

b) ”De los católicos seglares… Vengamos al segundo elemento que figura en la definición de la Acción Católica: los seglares católicos. ¿Quiénes han de ser estos seglares? La jerarquía, a la que se dio el mandato divino de salvar las almas, hace un llamamiento a los seglares para que vengan a colaborar en esta admirable obra. Y estos seglares, obedeciendo al mandato dado a la Jerarquía, ofrecen su cooperación y asumen una responsabilidad, no sólo ante la Iglesia, sino ante la sociedad misma. Es, por consiguiente, de suma importancia que los seglares se apresten a trabajar en esta trascendental y delicada empresa y estén adornados de eminentes cualidades espirituales. Ya el Papa Pío X indicó tres de esas cualidades que se requieren esencialmente, a saber: una fe viva, una irreprochable conducta y un ardiente celo. O en otras palabras: una vida inmaculada, una piedad profunda, una adecuada cultura sobre materias religiosas, fervor apostólico, devoción filial hacia el Papa y los Obispos y perfecta sumisión y disciplina. Se necesita, pues, para consagrarse a la Acción Católica, una vida interior intensa que de continuo habrá de nutrirse en el ejercicio del apostolado. Los seglares que deseen trabajar en la Acción Católica deben poseer o adquirir de antemano un rico tesoro de vida espiritual. Así lo exigen la dignidad misma de la Acción Católica y la excelencia del fin que ella se propone.

c)  En el apostolado jerárquico… El tercer elemento de la definición que analizamos es el apostolado… La Acción Católica es la participación, en cuanto es posible para los simples seglares, en la actividad apostólica propia de la Jerarquía. Esta recibió oficialmente del mismo Dios la investidura del apostolado en virtud de aquel mandato divino: “Como mi Padre me envió a Mí, así Yo os envío a vosotros. Id y enseñad”. Con estas palabras nos quiso decir: ensanchad el reino de Dios atrayendo a él nuevas almas; organizadlas jerárquicamente en cristandades nuevas; reconquistad el terreno perdido y las almas que en tan gran número, en nuestros días, aun siendo cristianas de nombre, permanecen en la infidelidad por haber olvidado en absoluto los principios y normas de’ la vida cristiana, y abandonado, en consecuencia, toda práctica religiosa.

Siendo, por tanto, la actividad apostólica, el elemento central de la Acción Católica, conviene ahondar en el sentido de la palabra apostolado. Apóstol, en su acepción etimológica, significa enviado. Pío XI, decía el 19 de Abril de 1931: “Jesús, enviado por su Padre para salvar lo que se había perdido (S. Juan, XX, 21), perpetúa su misión de Salvador de las almas por medio de sus doce Apóstoles, que son escogidos entre los discípulos y a quienes confiere la triple potestad de enseñar, de santificar y de gobernar. Participar en el apostolado jerárquico, quiere decir, participar en este primer apostolado que nació directamente del corazón, de la vida y de las manos de Nuestro Señor, y que perdura en todas las generaciones por la expansión y el desarrollo mundial y secular del Colegio Apostólico, del Episcopado”.

Los Apóstoles transmitieron a los Obispos esta triple potestad que recibieron de Jesucristo. Y así, el Papa y los Obispos formaron la jerarquía de jurisdicción. La potestad de jurisdicción se comunica parcialmente a los sacerdotes y en particular a aquéllos a quienes en cada diócesis se les ha confiado una parte del rebaño del Señor.

Si la Acción Católica es participación en el apostolado jerárquico, deberá proponerse, como ese mismo apostolado, la conquista o reconquista de las almas. Deberá ver en todo y siempre el interés de las almas, y prodigarse e ingeniarse por todos los procedimientos para buscar almas que salvar. Hay que insistir en este punto. Vemos, por consiguiente, que la razón formal de la Acción Católica, es la conquista o la reconquista de las almas; que son las almas lo que en último término debe buscar, de continuo la Acción Católica. Y a la verdad, en nuestro lenguaje corriente damos el nombre de apóstoles a estos buscadores y conquistadores de almas. Tales fueron los Doce y con ellos luego San Pablo, Apóstol de los Gentiles; no otra cosa fue San Francisco Javier, llamado el Apóstol de las Indias. El Apóstol clásico es, pues, el que sale a la conquista de las almas. Y no creáis que sea necesario marchar hasta el corazón de las Indias para realizar esta conquista. En el recinto mismo de las Basílicas romanas podréis hallar almas que conquistar (Mons. Pizzardo. “Conferencias de Acción Católica”).

Hemos explicado los términos de la clásica definición de Pío XI. En ella están incluidos los cuatro elementos de que hemos hablado: subordinación a la Jerarquía; intervención seglar; los fines de apostolado y la organización oficial.

Los dos primeros quedan suficientemente explicados. Una palabra más sobre los fines y la oficialidad de la Acción Católica. Esta, como organización no tiene otro fin que el propio fin de la Iglesia. Lo afirma así explícitamente la Carta al  Episcopado argentino y constituye esta consideración un punto  luminoso que no debe perderse en toda la extensión te tratado. Cuanto a la oficialidad es una nota especial de la Acción Católica que la hace más íntimamente unida Iglesia jerárquica. Son varios los documentos que llaman acción Católica oficial, principalmente la carta al Episcopado Argentino y la Carta del Cardenal Pacelli al Presidente de acción Católica italiana.

La oficialidad de la Acción Católica, dice Beytia, su-que toda su personalidad, que las modalidades de su organización son obra de la Iglesia; que la Iglesia se halla íntimamente unida con la marcha misma de la obra, ejerciendo-lo continua vigilancia y dirección sobre ella, que favorecerla es favorecer a la misma Iglesia, y combatirla, es combatir la Iglesia. La oficialidad en la organización ha hecho ésta se acomode a los grandes planes de la organización i misma Iglesia, haciendo a la Acción Católica parroquial y diocesana. Las Juntas diferentes de coordinación van disponiéndose en este orden junto a los grados diferentes de la jerarquía. La Junta parroquial, órgano de coordinación para la acción Católica en sus actuaciones dentro de la parroquia, funciona bajo la alta dirección del Párroco; la Junta diocesana bajo la dirección episcopal, y las Juntas superiores o centrales que pertenecen a la misma dirección pontificia, ejercitada en algunos países directamente por el Papa, como acontece en Italia, y delegada en otros en Juntas de metropolita-y cardenales ¡Qué importancia tiene esta organización y apostolado!

En la lucha por la civilización cristiana los seglares tienen puesto importantísimo en la conquista de las almas y de pueblos.

Cuando en las modernas sociedades se atacan los sagrados  derechos de la Iglesia católica ¿quién los puede defender con positiva eficacia en el orden humano, más que los seglares agrupados en torno a su Madre?

En este Apostolado seglar, en esta cruzada Santa tienen cabida todos: los ricos, los pobres, los niños, los ancianos, el obrero y el burgués, los gobernantes y gobernados, los grandes y los pequeños. Cada hombre debe ser un soldado, cada soldado un apóstol. El padre de familia tiene su campo de acción en el seno del hogar, formando el corazón, la inteligencia y la voluntad de sus hijos en los principios de una sólida y verdadera educación cristiana, haciendo cumplir a sus hijos, sirvientes y subordinados sus deberes religiosos; el maestro o catedrático, con sus alumnos, el profesional, con sus clientes; las esposas, con sus esposos y sus hijos; las hijas, con sus padres y hermanos; el obrero, con sus compañeros de taller y de fábrica; el estudiante, con sus condiscípulos. “¡Oh, qué hermosos los pasos de los que evangelizan la paz, de los que evangelizan el bien!”

No se nos exige igual intensidad de trabajo, ni la misma preparación, sino alguna actividad en proporción a los talentos que nos ha dado el Señor y nuestra situación social. “Cada uno está obligado -dice el inmortal León XIII- a propagar la fe delante de los demás, ya para instruir y confirmar a los fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles.”

3.-VERDADERO CARÁCTER DEL APOSTOLADO SEGLAR.-Todos los que deseen alistarse en las huestes del apostolado seglar, dice un ilustre orador, para entrar de lleno en el apostolado de Cristo, ha de ser siempre mirando a la Iglesia, bajo la dirección única del Romano Pontífice, de los Prelados y del clero, y, por tanto, ha de trabajar bajo la autoridad de la Iglesia, obedeciendo en todo a los Obispos.

Claramente lo dice el Pontífice Pío XI: “La acción del Apostolado seglar debe ser colaboradora verdadera de la Iglesia, la obra del apostolado no puede tener mejor suerte ni mejores condiciones que la Iglesia misma. Lo cual quiere decir, que la acción apostólica debe mirar siempre a la Iglesia, a sus doctrinas y a sus advertencias”.

“La Acción Católica, dice un ilustre Prelado, no es otra cosa que la aplicación del Evangelio a las necesidades espirituales y corporales del pueblo; a los Obispos y sacerdotes que han recibido de Jesucristo la misión de enseñar y dirigir las almas, incumbe la tarea de predicar la justicia y la caridad”.

Y en la carta al Cardenal Bertram, dice Pío XI: “El apostolado seglar no consiste solamente en atender a la propia perfección, que es lo primero y principal, sino también en un verdadero apostolado en que tienen participación los católicos de todas las clases sociales, unidos con el pensamiento y con la acción en torno de los centros de sana doctrina y de múltiple actividad, legítimamente constituidos como se debe, y, por tanto, ayudados y sostenidos por la autoridad del Obispo.

Y queriendo expresar la compenetración que debe haber entre el clero y los seglares, añade: “A los fieles, unidos de este modo, en cerrado escuadrón, para acudir al llamamiento de la Jerarquía eclesiástica, esta misma sagrada Jerarquía, así como les comunica el mandato, así también los alienta y espolea”. Sobre el distintivo del apostolado seglar, dice: “Al igual que el mandato confiado por Dios a la Iglesia y a su apostolado jerárquico, el Apostolado seglar no ha de llamarse puramente material, sino espiritual; no terreno, sino celestial; no político sino religioso”.

Pero como la acción del sacerdote es insuficiente, la Iglesia tiene necesidad de cooperadores seglares que, fieles a la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, y celosos del bien de las almas, se ofrezcan a los representantes de Dios para esparcir la celestial doctrina sobre el mundo. Estos auxiliares deben ser desinteresados y dispuestos al sacrificio; sin esto la labor será estéril e infecunda. Además necesitan pureza de intención, generosidad de espíritu y, sobre todo, unión perfecta de voluntad con los Obispos y sacerdotes, hasta el punto de aceptar sin condiciones, las enseñanzas y ordenaciones de los Romanos Pontífices y las instrucciones de los Obispos.

Su Santidad Pío XI habla de “la feliz necesidad de la entera confianza, de la ilimitada generosidad y firme disciplina; la disciplina es siempre un deber, deber de sentimiento, deber de inteligencia, deber de corazón y de obra”. Toda la milicia necesita jefes, oficiales y soldados. Los jefes del ejército del Apostolado seglar son el Sumo Pontífice y los Obispos; la oficialidad la constituyen el clero secular y regular; y los fieles son los soldados. El jefe supremo es el Romano Pontífice que guiará a todos al puerto de la verdad y de la virtud. Después vienen los Obispos, sucesores legítimos de los Apóstoles, puestos por él Espíritu Santo para regir la Iglesia y conducir a los hombres hacia la consecución de sus destinos eternos; los sacerdotes, y de una manera especialísima los párrocos, “operarios evangélicos y labradores” de la Viña del Señor. Estos son los brazos poderosos de la Iglesia, y bajo su dirección y acción han de militar todos los que quieren ser útiles en el reino de Cristo. Por último, vienen los seglares, que forman las aguerridas huestes de combate, el valeroso ejército de Cristo, sin otra aspiración y sin otros móviles que los de laborar por el restablecimiento del reino universal de Jesucristo en la tierra.

El Apostolado seglar tiene un enemigo formidable y es la vanidad ambiciosa, el deseo de figurar y de escalar altos puestos. Esta desmesurada ambición ha engendrado muchas veces graves discordias, sembrando la división entre los miembros del Apostolado seglar, y acarreando la ruina de tantas empresas evangélicas. El Apóstol seglar necesita una sólida instrucción sobre los dogmas católicos y problemas espirituales. “Requiérese, dijo Pío XI a los dos mil jóvenes italianos presentes en Roma en la clausura de la primera semana de formación, un espíritu práctico que profundice el estudio de la Apologética, un espíritu de piedad que se nutra en la eucaristía, manantial primero de la vida cristiana y un espíritu de fidelidad y disciplina para con la Santa Sede. Debe tener un corazón recto, lleno de amor de Dios y al prójimo, para que pueda desbordar sobre los demás.

“Dadme una docena de Franciscos de Asís, decía Lazzatti en la cámara italiana, y la cuestión social está resuelta”.

El Apóstol seglar debe llevar como lema: “Plegaria, acción, sacrificio”, según la palabra de Pío XI. Debe tener una voluntad resuelta, decidida, forjadora del carácter necesario para afrontar los inmensos sacrificios que impone el cumplimiento * del deber y exhibir a la vista de todo el mundo una vida inmaculada, que se imponga al respeto general, sabiendo sacrificar su comodidad y bienestar en aras del amor de Cristo y a su reinado. Tal es, pues, el verdadero carácter del Apostolado seglar.

4.-FALTAN HOMBRES…- ¿Quiénes defenderán los sagrados intereses de Cristo y de su Iglesia? ¿Quiénes salvarán la vida espiritual de los individuos y de los pueblos? ¡Hombres, hombres, exclamaba el Padre Coubé, vengan hombres que no tenemos!

¿Qué se han hecho los fuertes de Israel? ¿Dónde están aquellos valientes paladines de mejores edades? Héroes de las jornadas gloriosas ¿dónde os habéis escondido? Faltan hombres. .. -ésta es la verdad. En nuestro siglo de progreso material sobran los ferrocarriles, aeroplanos y automóviles, pero faltan hombres… Como Diógenes, podríamos seguir buscándolos con una linterna sin lograr encontrarlos. Faltan hombres de convicciones, de carácter, de propaganda, de apostolado. Esto, de puro sabido debía callarse, pero hay cosas que de puro sabidas, se olvidan. Estamos empeñados en la Acción Católica, en la propaganda, en la defensa de nuestros ideales amenazados como nunca por el enemigo. Para esto necesitamos al hombre-apóstol,” al cruzado de la idea, al propagandista incansable. Al hombre de espíritu cristiano que coloca, por encima de todo lo suyo, el sacrificio, la abnegación, el trabajo, la conciencia de su apostolado. Y todo esto porque la Acción Católica es una acción personal, acción de hombres, de agentes racionales y libres. Y cual sea el agente tal será la acción. Primero hombres, después asociaciones, y antes que hombres, ideas o y principios, convicciones arraigadas y profundas Los hombres pasan, las asociaciones mueren; pero la idea se hace carne y se hace sangre, se hace inteligencia y voluntad, no pasa ni muere. Y esto es precisamente lo que nos falta: hombres de ideas, de convicciones, de principios, de vida cristiana. Sobran los hombres-creyentes pero hay falta absoluta de hombres-apóstoles. Tenemos hombres de fe, pero nos falta el hombres de acción. Hay muchos hombres católicos pero no hay hombres de propaganda. Cada uno vive para sí; cada uno se preocupa de sus negocios; todos se encierran dentro de su egoísmo feroz. Están viendo con sus propios ojos la gravísima situación del mundo. Están convencidos de que es necesario trabajar, que se necesita la acción de todos para defender la religión y detener la ola de anarquía y de desorden que invade todas las instituciones, las sociedades y los pueblos. Ya nada se respeta: ni tradiciones, ni justicia, ni derecho, ni leyes, ni hombres, ni doctrinas. Pero si se llega a la práctica, si Ud. se acerca a ellos, a pedirles su concurso, su trabajo, su dinero, sus actividades, su influencia, se retiran, se acobardan y nada hacen para la defensa, para la propaganda. Están muy ocupados; deben atender sus negocios, su hacienda; pero no sus doctrinas, sus principios, su religión, su prensa, sus obras. Y’ ellos se creen muy buenos católicos, porque van a Misa en ciertas festividades… porque se confiesan una vez al año… Este es el católico que encontramos en todas partes. Y con esta especie de católicos, con esta clase de propagandistas, desde luego tenemos asegurada la derrota y el triunfo de los enemigos. Y el triunfo de los enemigos se explica, precisamente, por la actitud pasiva de esos católicos, porque no ha habido hombres de acción y de propaganda; porque nuestra indiferencia ha entregado el campo al enemigo; porque nada hemos hecho y nuestra falta de acción, de generosidad, de sacrificio ha llevado a la cumbre a los enemigos de Dios y de la Iglesia. ¡Esta es nuestra obra!

No, debemos reaccionar. Esto lo pide la Iglesia por la voz de sus Pontífices; esto lo reclama la necesidad de los tiempos que vivimos y la acción organizada y perseverante de los enemigos. Esa acción debe estimularnos para trabajar en las actividades de la Acción Católica. Alistaos, pues, en las filas del Apostolado seglar. Cristo os llama. ¡Dios lo quiere! Escuchad su voz y seguidle…

El siguiente Capituto es “Necesidad del apostolado”

Convocatoria Asamblea Extraordinaria Nacional JCFM-ACJM

 

 

 

 

 

México, D. F. a 19 de abril de 2008.

 

 

Presidentes de Comités Diocesanos y Parroquiales,

Asistentes Eclesiásticos Nacionales, Diocesanos y Parroquiales,

Integrantes de la Juventud Católica Femenina Mexicana y

Asociación Católica de la Juventud Mexicana

 

Queridos Hermanos en Cristo:

 

En el marco del periodo que concluye, tiempo propicio para reflexionar sobre el caminar de nuestras Organizaciones, el fortalecimiento de nuestro compromiso de ser mejores discípulos y elegir a los presidentes de la Juventud Católica Femenina Mexicana y de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, los Comités Nacionales CONVOCAN a todos sus dirigentes a participar en la:

 

ASAMBLEA EXTRAORDINARIA JUVENIL

DE LA ACCIÓN  CATÓLICA  MEXICANA

 

Objetivo:

En un ambiente de estudio y reflexión elegir a los presidentes nacionales de los organismos juveniles para una Acción Católica discípula y misionera.

 

Lema:

“Jóvenes discípulos, unidos en la Misión”

 

Que DM se llevará a cabo el 28 y 29 de junio de 2008 en la Casa de la ACM de la Arquidiócesis de Guadalajara, ubicada en Calle Nuño de Guzmán Núm. 477 Col. Americana, Guadalajara, Jalisco C.P. 44160

 

Solicitamos a los Presidentes de los comités diocesanos de la JCFM y ACJM, hagan del conocimiento de todos sus miembros sobre la Celebración de esta Asamblea para que apoyados en el material de estudio que se anexa, la oración y unidos a Jesús Eucaristía, vivamos en unidad este momento de suma importancia para nuestras organizaciones.

 

Las Delegaciones Diocesanas estarán conformadas de la siguiente manera: 

 

10 integrantes teserados de cada organización, sus Asistentes Eclesiásticos y miembros de la Junta Diocesana correspondiente que consideren necesario. 

 

Se anexa el programa de Asamblea.

 

 

 

 

 

Cuota de recuperación:

 

Antes del 16 de mayo, $150.00 (ciento cincuenta pesos 00/100)

Del 17 de mayo al 26 de junio $200.00 (doscientos pesos 00/100)

 

Para realizar el depósito bancario, por cuestiones de seguridad comunicarse con los responsables de la sede. 

 

 

      Mayores informes:   

 

      María Guadalupe Espinoza Iñiguez:  Tel. 045 3314111072

Moisés Israel Rodríguez Ramos: Tel. 045 3313849743

Casa de la ACM Guadalajara: Tel. 01 33 38 25 55 97 y Fax 01 33 38 25 60 88

 

         

“Eucaristía, Apostolado y Heroísmo”                        “Por Dios y por la Patria”

 

 

 

 

 

Esmeralda Serrato García                                  Edgar Cecilio Leyva Mendoza

Presidenta Nacional JCFM                                      Presidente nacional ACJM

 

 

 

 

 

       Pbro. Artemio Flores García                           Pbro. Juan Carlos Reyes Rodríguez

 Asistente Eclesiástico Nacional JCFM                         Asistente Eclesiástico Nacional ACJM                     

 

 

 

 

 

Pbro. Nicolás Valdivia De León

Asistente Eclesiástico Nacional ACM

                                                          

 

 

 

 

c.c.p. Presidentes de Juntas Diocesanas

c.c.p. Mons. Ricardo Watty Urquidi.- Presidente de la DELAI

c.c.p. Archivo JCFM y ACJM


 

 

 

P R O G R A M A

 

Objetivo: En un ambiente de estudio y reflexión elegir a los presidentes nacionales de los organismos juveniles para una Acción Católica discípula y misionera.

 

Sábado 28 de junio

 

Actividad

Recepción e inscripciones

Dinámicas de integración

Oración de bienvenida

Bienvenida

Declaración de apertura

Pase de lista de las diócesis participantes

Presentación del objetivo y dinámica de la Asamblea

Tema 1

Jóvenes laicos, discípulos y misioneros, centinelas del mañana. 

Sesión de preguntas y respuestas

Tema 2

Reafirmemos nuestra identidad para vivificarla con l@s jóvenes de hoy

Mesas de reflexión

Comida

Tema 3

La formación, instrumento y camino para reafirmar nuestra identidad

Animación o dinámica para reafirmar el tema

ASAMBLEAS PARTICULARES

Eucaristía

Cena-convivencia

 

Domingo 29 de junio

 

Actividad

Laudes

Enlace del día anterior

Desayuno

Tema 4

Proyección de los jóvenes de ACM en la Iglesia y en el Mundo

Mesas de reflexión

Presentación de las líneas de acción

Ceremonia de clausura

Celebración Eucarística

Comida y despedida

 

 

Categorías:Comunicados

Corregir el Rumbo

Corregir el Rumbo

 

EDUCAR HOY

POR PEDRO J. BELLO GUERRA.

Periódico AM, Querétaro 11/05/08

ACM Qro

 

“Un barco de guerra patrullaba un sector especialmente peligroso del Mediterráneo. Había tensión en el ambiente. La visibilidad era escasa, con abundantes bancos de niebla, de modo que el capitán había decidido permanecer en el puente vigilando las actividades de la tripulación.

Poco después de anochecer, el vigía del puente anunció:

– ¡Luces a estribor!

– ¿Está inmóvil o se aleja! -gritó el capitán.

– Inmóvil, capitán -contestó el vigía.

Esto significaba que el barco de guerra se dirigía a otro barco, con el riesgo de una colisión.

El capitán dio órdenes al señalador:

– Señala a ese barco: estamos en ruta de colisión, corrijan ruta en 20 grados.

El otro barco hizo señales diciendo:

– Es mejor que sean ustedes quienes corrijan la ruta 20 grados.

– Transmite: soy un capitán, corrijan la ruta en 20grados -dijo el capitán.

 -Yo soy un marinero de segunda clase – fue la respuesta-.

– Es aconsejable que corrijan la ruta en 20grados. El capitán se puso furioso.

– Transmite -gritó-: soy un barco de guerra: corrijan ruta en 20 grados.

La respuesta fue simple:   

– Soy un faro.

El barco de guerra cambió de ruta.”

 

Hay personas que pasan por la vida creyendo que los demás están a su servicio y no aceptan que se contradigan sus deseos. Lo mismo tenemos niños  caprichosos; jóvenes irrespetuosos y temerarios o adultos prepotentes y arrogantes; la historia comienza cuando a los hijos desde pequeños los padres los han acostumbrado a cumplirles cuanto antojo tengan: golosinas, juguetes, programas de televisión a deshoras o con contenidos poco aptos para ellos, justificarlos cuando no hacen las tareas o reprueban -la culpa siempre la tiene el maestro-, o darles la razón en cuanto pleito con amigos o vecinos tengan, sin molestarse en indagar si a veces es el propio hijo el culpable del problema; y no se trata de que los quieran echar a perder, sino más bien porque por un amor mal entendido consideran que entre más cosas les den a sus hijos y más del “defiendan” de la maldad de los “otros”, más les demuestran lo que los quieren, y además porque son papás un poco débiles, que no soportan un llanto o una rabieta de sus hijos, y se olvidan que a veces el educar implica esfuerzo, sacrificio, renuncias y cierta dosis de sufrimiento, porque aquellas virtudes que queremos inculcar -generosidad, respeto, responsabilidad, honestidad- han de irse forjando en la personalidad de los hijos como cuando se esculpe una estatua a golpes de cincel y martillo, o cuando se poda un rosal para que resista el invierno o para que nazcan de él nuevos brotes de flores.

 

Conforme van creciendo esos niños y se vuelven adolescente, si sólo han recibido de casa bienes materiales, permiso para hacer cuanto quieran y un ejemplo de que todo y todos se pueden comprar si les llega al precio, entonces tendremos jóvenes prepotentes que le faltan al respeto a los profesores, a sus compañeros y no sólo a otros padres sino a los propios, y es cuando los papas se preguntan ¿qué hemos hecho mal? si siempre le hemos demostrado que lo queremos…

 

Y es sólo entonces, cuando nos topamos con la cruda realidad de “un faro inamovible” – las consecuencias de maleducar a los hijos-, que nos vemos precisados a cambiar el rumbo en la educación.

 

Ojala y, si es nuestro caso como padres, nos topemos con ese faro mientras nuestros hijos son niños, porque los descalabros no pasarán de materias reprobadas o un ojo morado, pero si ese faro lo encontramos en la adolescencia y juventud los problemas crecerán -sin quitar nada de lo anterior- a proporciones de expulsión del colegio, drogas, delincuencia, cárcel o quizá muerte del hijo por sobredosis o por conducir en estado de ebriedad; y si el faro se presenta hasta la edad adulta, sumado a lo anterior habrá quizá despidos en el trabajo, divorcios, violencia intrafamiliar, infelicidad…

 

Ojala y todos encontremos aun marinero de segunda categoría que nos diga antes de colisionar: “corrige tu ruta en 20°”.

pjbeftog@cokgioakmos.edu.mx

Categorías:Cuentos para educar

Con las manos vacías

Con las manos vacías

 

José Miguel Miranda

Teólogo y Comunicador

Revista Horizontes # 20 Mexico

 

 

Hace varios años se rodó una película que llevaba por título: “Con las A Amaños vacías”. En ella había una escena de una señora, muy elegante, pero muy descuidada en sus deberes religiosos. Va por la carretera con su flamante automóvil, último modelo. Se distrae y choca tan fuertemente contra un camión, que la arroja fuera del carro, a la acequia. El camionero huye. Y  queda sola la señora viéndose desangrarse sin remedio. Al ver que son pocos los minutos de vida que le quedan, se acuerda de Dios, se pone de rodillas y comienza a gritar levantando sus manos estériles: “Dios mío, no me lleves, porque tengo las manos vacías”. El grito desesperante se repite una y otra vez: “Dios mío, no me lleves porque tengo las manos vacías”. Y se oye una voz misteriosa que le hace eco: “vacías… vacías…. vacías”, y era verdad, no había hecho nada en su vida que mereciese la pena. Es tan fuerte el grito de dolor y de súplica, que, al fin, aparece una mano con un crucifijo. Lo pone en esas manos infecundas que se mueven desesperadas, y le dice una voz extraña: “Agárralo fuertemente; y ya puedes morir, porque tus manos están llenas”.

 

La escena acaba muy bien, pero en película; porque en realidad, ¿qué tal? ¿Qué decir de una vida estéril, sin sentido, egoísta e insensible a los demás?

 

Una persona decía que había tenido un sueño muy raro. Soñó que había muerto sin hacer nada digno y que fue castigada por Dios a un particularísimo purgatorio: vaciar al suelo un grandísimo costal de nueces que representaban los días de su vida y luego abrirlas una por una, para ver, al final, que todas ellas estaban vacías por dentro. Este sueño es realidad, desgraciadamente, en muchas personas. No hay mayor fracaso para un  hombre que pasar sus días inútilmente, llegar al final con las manos vacías y el corazón vacuo, y tener que cantar con el poeta León Felipe:

 

Me voy sin haber dado mi cosecha
Sin haber encendido mi lámpara
Sin haber compartido mi pan.

 

Hay que llenar, hermano y amigo, el cántaro de la vida de sonrisas y cantares. Hay que encender la lámpara de las buenas obras. Vivir a tope las horas de nuestra existencia, dejando a un lado la mediocridad. Hay que ser un árbol fecundo, manantial de aguas, jardín florido.

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Amor con dimensión social en la Biblia

Amor con dimensión social en la Biblia

Camilo Maccise, revista Horizontes # 20, México

 

A la luz de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se habla de la conexión que existe entre la experiencia de Dios y el amor a los demás. Los profetas expresan de muchas maneras esta experiencia de Dios en el amor al prójimo. Llaman a esto “conocimiento de Yahvé”. En él se manifiesta una relación existencial con Dios, que compromete profundamente con el prójimo. “Conocer a Yahvé” es “juzgar la causa del humillado y del pobre” (Jeremías 22,16). Miqueas resume las consecuencias de la auténtica experiencia de Dios, cuando escribe: “Te he explicado, hombre, el bien, lo que Dios desea de ti: simplemente que respetes el derecho, que ames la misericordia y que andes humilde con tu Dios” (Miqueas 6,8). Esto es lo que ellos llaman “religión interior” o “religión auténtica”. En la práctica de la justicia, del derecho, de la misericordia el ser humano se encuentra con Dios y llega a tener una auténtica experiencia mística. Junto con la fe, éste es el fundamento de la verdadera religión y espiritualidad. En ella no hay lugar para falsas experiencias de Dios en el formalismo y en el ritualismo que pretenden tranquilizar la conciencia. La verdadera experiencia de Dios está hecha de la integración de la fe en Dios con el amor al prójimo (ver Jeremías 9,22-23).

 

La misma doctrina aparece en el Nuevo Testamento. De manera particular el evangelista S. Juan parte de una profunda experiencia de lo que es la comunión con Dios en la interioridad expresada en la comunión fraterna. Para ver si existe una real apertura al Dios trascendente y manifestado en Cristo basta examinar si se manifiesta en el amor a los demás. Si no, se trata sólo de una experiencia imaginada o vacía de contenido real (ver Juan 3,16; 1 carta de Juan 4,11-20).

 

El experimentar a Dios en la interioridad trae también consigo una invitación a cambiar la historia. Hay que luchar por una sociedad basada en el derecho y la justicia (Jeremías 21,11-22,4). El amor hacia el prójimo posee una dimensión histórica, que se debe concretizar en la acción exigida por las nuevas circunstancias siempre cambiantes.

 

Hoy se requieren nuevas mediaciones que den al amor cristiano la eficacia que le falta en ocasiones: exigencias como la no-violencia cristiana, la protección del ambiente, la planificación responsable de la familia, la prevención sanitaria; la responsabilidad política y otras, pueden tener, por lo menos, tanta importancia como los preceptos particulares, que anteriormente eran considerados y predicados como el contenido del amor al prójimo.

 

Las mismas obras de misericordia, enumeradas en el texto de Mateo, en el que se describe el juicio final (Mateo 25, 31-46), deben ser interpretadas, en la misión evangelizadora, también desde una visión social. Dar de comer y beber al necesitado significa colaborar para que en la sociedad se creen fuentes de trabajo y estructuras que permitan a todos, a través de una retribución digna, satisfacer estas necesidades ‘elementales de la persona humana. Visitar al enfermo implicaría trabajar para que nadie carezca de seguridad social y médica. Preocuparse de quien está en la cárcel, debe llevar a la denuncia de la violación de los derechos humanos de los prisioneros, de las torturas que se les infligen, de los arrestos arbitrarios.

Es interesante constatar hasta qué grado la gente sencilla ha comprendido, a partir de experiencias místicas, que tiene sin darse cuenta cabal, lo que el Dios-Amor le esta pidiendo como exigencia. Percibe a Cristo, cercano a nosotros presente en cada ser humano que “quiso identificarse con particular ternura con los mas débiles y pobres”.

 

A la luz de las palabras de Jesús en Mateo 25, 31-46 han reconocido en los pobres y marginados los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela y que recientemente la Conferencia de Aparecida ha enumerado: comunidades indígenas y afro-descendientes, jóvenes sin oportunidades, desempleados; migrantes, desplazados, campesinos sin tierra, niños y niñas sometidos a la prostitución infantil, millones de personas y de familias que viven en la miseria, quienes dependen de las drogas, las personas con discapacidad, portadores del VIH, enfermos de Sida, víctimas del terrorismo, de conflictos armados y de inseguridad ciudadana.[1] La imagen de Dios en estas personas que sufren está ofuscada y ultrajada. Dios sufre en ellos y, a partir de la experiencia mística invita a una conversión y a anunciar su sufrimiento para evangelizar a todos, invitándolos a un compromiso de auténtica solidaridad con dimensiones sociales.


[1] Cf CONFERENCIA DE APARECIDA, Documento provisional # 65

 

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