Archivo

Archive for the ‘Palabras de Papa Pio XI Sobre la Accion Catolica’ Category

IV ORIGENES DE LA ACCION CATOLICA

IV ORIGENES

I.       ES ANTIGUA, VENERANDA Y SANTA

Sabía que aquellos amados hijos, (los ahí presentes), gozaban en lo íntimo de su corazón, y con toda razón, al ver que la Acción Católica, de ellos y del Papa, es tan antigua, tan veneranda y tan santa; y que llega a nosotros justamente de las manos de los primeros Apóstoles, pudiendo decirse, en alas de la palabra divinamente inspirada, sobre la ola de sangre de los primeros mártires. Magnífica cosa es este llamamiento de los seglares a participar en la salud de las almas, en la salvación, como diría el poeta, en la acción salvadora del mundo.

Del discurso del Santo Padre el 19 de abril de 1931 a la Junta Diocesana de Ac¬ción Católica Romana.

II.      SUS ORIGENES EN EL EVANGELIO

La Iglesia siempre ha amado, apreciado y querido, la ayuda de la Acción Católica. A algunos puede parecer, esta Acción Católica, como una novedad; pertenece, sin embargo, a la más venerable antigüedad. La Acción Católica es, precisamente, una de aquellas antigüedades que nos llevan a los tiempos de los Apóstoles y de Nuestro Señor. Porque también El se valía de la ayuda y contribución de mujeres buenas y piadosas que lo seguían, pues se lee a través de las líneas del Evangelio que ellas proveían a las necesidades del Colegio Apostólico. Es Jesús quien llama en ayuda de su predicación y de la predicación de los Apóstoles, a la Acción Católica.

Del discurso del Santo Padre el 5 de marzo de 1933 a la juventud Femenina de Acción Católica de Roma.

III.     EL EJEMPLO DE LA IGLESIA NACIENTE

Basta un conocimiento siquiera superficial de la antigua literatura cristiana, de las antiguas páginas literarias y de historia de la Iglesia naciente—y entre estas páginas es necesario colocar las Cartas Apostólicas, los Hechos de los Apóstoles—páginas inspiradas por Dios mismo, que la Divina Providencia ha querido hacer llegar hasta nosotros con el fin de que las leyésemos para nuestra  continua consolación y para continuo estímulo y edificación—para convencerse de cómo, precisamente así, ha comenzado la Iglesia, pues los Apóstoles se valen de la obra de los seglares hasta entonces paganos; y apenas encuentran algún adepto, algún discípulo, lo hacen instrumento de su actividad, lo hacen participar de su trabajo, de su apostolado, de la obra evangelizadora que andaban realizando.

Y he aquí a San Pablo recomendado a las oraciones comunes a “aquellos y a aquellas”, y especialmente a “aquellas”: excelentes hombres, excelentes mujeres, y excelentes hijos, que han trabajado con él: “…rnecum lahoraverunt in Evangelio”.

Del discurso del Santo Padre el 19 de abril de 1931 a las Asociaciones Católicas de Roma.

Apostólica, en verdad, es la Acción Católica. Y la prerrogativa más hermosa, más simpática, más atrayente de la Acción Católica actual, es el haber sido la compañera fiel de los primeros apóstoles, del primer apostolado. Es esto algo que le seduce cuantas veces se detiene a considerarlo. Es algo que recuerda lo que fueron los grandes apóstoles, los primeros apóstoles.

Del discurso del Santo Padre el 12 de marzo de 1936 a los Institutos Eclesiásticos de Roma.

IV.     NO ES UNA INVENCION DE LOS ULTIMOS TIEMPOS

Sería un gran error el pensar que la Acción Católica es una cosa nueva, una invención de los últimos tiempos. No; no hay nada más antiguo. Fue precisamente con el auxilio de la Acción Católica, cómo el Apostolado Jerárquico de los Apóstoles comenzó y pudo realizarse con eficacia pronta, vasta, rápida y factible. La Acción Católica explica en gran parte lo que entonces sucedió, y de ello da testimonio toda la antigua y gloriosa literatura cristiana, de la cual resulta, y no como cosa de poca importancia, que la Acción Católica mereció la atención y la gratitud misma de los Apóstoles. San Pablo termina frecuentemente sus cartas con saludos para éste o para ésta, recomendando a aquel o a aquella. Y no se trata de Obispos, ni de sacerdotes, sino que frecuentemente son mujeres, jóvenes doncellas, amadas hijitas, de las cuales dice el Apóstol, mecum lahoraverunt in Evangelio. Aquí se encuentra la Acción Católica en su esencia verdadera y genuina. He aquí lo que debe ser la Acción Católica, para que sea lo que el Papa quiere, coma él la entiende, como es y ha sido siempre, y para que conserve su belleza y su mérito.

Del discurso del Santo Padre el 8 de septiembre de 1929 al Congreso de Universitarios de Acción Católica Italiana.

La Acción Católica, entendida como participación de los seglares en el apostolado verdadero y propio de la Iglesia, no es una hermosa novedad de nuestros tiempos, como a algunos se les ha puesto en la cabeza, o algunos que no están dispuestos a recibirla y que no aman bastante esta hermosa novedad. Existía como existe ahora, y mejor que ahora y desde mucho tiempo atrás.

La primera difusión del Cristianismo, aquí mismo en Roma, ha tenido lugar de este modo, se ha verificado con la Acción Católica. Y, ¿podía realizarse de otra manera?.. . ¿Qué habrían hecho los doce, perdidos en la inmensidad del mundo, si no hubieran llamado gente a su alrededor, hombres, mujeres, viejos, niños, diciéndoles: “Traemos el tesoro del cielo, ayudadnos a repartirlo”. Es hermoso ver los documentos históricos de esta antigüedad; San Pablo cierra sus cartas con una letanía de nombres entre los que hay pocos sacerdotes, y muchos seglares, y entre éstos también hay mujeres “adiuva illas quae macum lahoraverunt in Evangelio”. Parece decir: son de la Acción Católica.

Del discurso del Santo Padre el 19 de marzo de 1927 a las Obreras de la Juventud Femenina de Acción Católica Italiana.

V.      SUSTANCIA ANTIGUA Y FORMA NUEVA

Como lo hemos hecho notar muchas veces en documentos semejantes a éste, según que las circunstancias Nos presentaban la oportunidad, la Acción Católica no es cosa nueva, sino que en sustancia es tan antigua como la Iglesia, no obstante que en su forma actual se haya venido delineando y precisando, cada vez mejor, en estos últimos tiempos. Por una parte, se deriva de la necesidad que la Jerarquía Eclesiástica ha experimentado siempre, de tener cooperadores entre los seglares católicos, y por otra, del vivo deseo que los mismos seglares católicos deben experimentar de dar al clero su cooperación propia y voluntaria para el triunfo pacífico del Reino de Jesucristo. Por esto ya el Apóstol de las gentes hace mención en su carta a los Filipenses (IV, 3), de sus cooperadores y pide sean ayudadas aquellas piadosas mujeres, que unidas a él lahoraverunt in Evangelio. Y Nuestros Predecesores durante el curso de los siglos, han apelado muchas veces al celo laborioso de los fieles, invitándolos, según lo pedían el tiempo y las circunstancias, a dar con entusiasmo su ayuda para el triunfo de la causa católica, “Mientras más terribles fueron los trances en que se vieron la Iglesia y la sociedad, con tanto mayor empeño, como tocando a reunión, exhortaron a todos los fieles para que, bajo la dirección .de los Obispos, combatiesen las santas batallas y según sus fuerzas, proveyesen a la eterna salvación del prójimo (Carta al Card. Ber- tram).

Pero si, como dejamos dicho arriba, la Acción Católica en su sustancia es tan antigua como la Iglesia, sin embargo, en su forma actual ha venido formándose y constituyéndose en estos últimos tiempos, según las indicaciones dadas por Nuestros Predecesores inmediatos y según las normas directivas manifestadas muchas ve- ces por Nos.

De la carta del Santo Padre el 6 de noviembre de 192Q al Card. Primado de España.

III Fundamentos Dogmaticos de la Accion Catolica

 

 Fuente

Libro “La palabra del Papa sobre la
Accion Catolica”

 

III FUNDAMENTOS DOGMATICOS

 LOS DERECHOS DE LAS ALMAS Y DE LA IGLESIA

Los derechos sacrosantos e inviolables de las almas y de la Iglesia están representados y personificados en la Acción Católica. Se trata del derecho que tienen las almas de procurarse el mayor bien espiritual bajo el magisterio y la obra educadora de la Iglesia, única mandataria divinamente constituida de tal magisterio y de tal obra, en el orden sobrenatural fundado en la sangre de Dios Redentor, necesario y obligatorio a todos para participar de la Redención divina. Se trata del derecho que tienen, las almas, así formadas, de compartir los tesoros de la Redención con otras almas, colaborando en la actividad del Apostolado Jerárquico.

De la Encíclica “Non abbiamo bísogno” del 29 de junio de 1931.

II. ES IMPUESTA POR EL BAUTISMO Y LA CONFIRMACION

Será muy útil hacer comprender-—ya que muchos fieles aún lo ignoran—que el apostolado es uno de los deberes inherentes a la vida cristiana; y que la Acción Católica es, entre las diversas formas de apostolado, beneméritas todas de la Iglesia, la que más se adapta a las nuevas necesidades de la edad presente, edad que se encuentra todavía bajo las consecuencias deletéreas de una prolongada y ramificada obra de laicismo.

Y, efectivamente, si bien se considera, son los mismos sacramentos del Bautismo y de la Confirmación los que imponen, entre otras obligaciones, ésta del apostolado, esto es, de la ayuda espiritual a nuestro prójimo. En efecto; la Confirmación nos hace sóldados de Cristo. Ahora bien; ¿quién no ve que el soldado debe trabajar y combatir no solamente para él sino también para los demás? Mas, también el Bautismo—aunque de manera menos evidente al ojo profano— impone el deber del apostolado, ya que por aquél nos hacemos miembros de la Iglesia, esto es, del cuerpo místico de Cristo; y entre los miembros de este cuerpo —como de cualquiera otro organismo— debe haber solidaridad de intereses y comunicación reciproca de vida: “Multi unum corpus sumus in Christo, singuli autem alter alterius menbra” (Rom. XII, 5). Un miembro debe, por lo tanto, ayudar al otro; ninguno debe permanecer inactivo, sino que cada cual, a la vez que recibe, debe también dar.

Ahora bien; así como cada cristiano recibe la vida sobrenatural que circula en las venas del cuerpo místico de Cristo— aquella vida abundante, que Cristo mismo dijo haber venido a traer a la tierra: “Vení ut vitam habeant, et abundantius haheant” (Joan. X, 10)— así también la debe transfundir en otras que no la poseen, o que la poseen muy escasamente y sólo en apariencia.

De la carta del Santo Padre el 10 de no¬viembre de 1933 al Card. Patriarca de Lisboa.

III.     LA ACCÍON CATOLICA Y EL BAUTISMO

A la Acción Católica se le puede, llamar la realización práctica del Santo Bautismo, pues es la práctica y el desenvolvimiento de todas las gracias que el Bautismo confiere a las almas.

Del discurso del Santo Padre el 11 de agosto de 1937 a las Dirigentes Diocesanas de la Juventud Femenina de Acción Católica de Lacio.

 

IV.     ES IMPUESTA POR EL PRECEPTO DE AMAR A DIOS Y AL PROJIMO

El apostolado de la Acción Católica obliga tanto a los sacerdotes como a los seglares, aunque no de la misma manera, porque a todos nos obliga el precepto común de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Efectivamente, quien ama a Dios no puede menos que querer que todos le amen; y quien verdaderamente ama al prójimo, no puede menos de desear y trabajar por su eterna salvación. En esto, como en su fundamento, se basa el apostolado, el cual no es otra cosa que el ejercicio de la caridad cristiana, la cual obliga a todos los hombres.

De la carta del Santo Padre el 4 de febrero de 1931 al Episcopado Argentino.

V.      SE DERIVA DEL AMOR A JESUS

El apostolado no proviene de una tendencia puramente natural a la acción, sino que es fruto de una sólida formación interior, es la necesaria expansión de un amor intenso a Jesucristo y a las almas redimidas con su sangre preciosa, que le lleva a imitar su vida de oración, de sacrificio, de celo inextinguible y de donación sin límites. Esta imitación de Jesucristo suscitará multiplicidad de formas de apostolado en los diversos campos donde las almas están en peligro, o se hallan comprometidos los intereses del Rey Divino; se extenderá por lo tanto esta Acción Católica a todas las obras de apostolado que de cualquier manera caigan dentro de la misión divina de la Iglesia, y por consiguiente penetrará no solamente en el ánimo de cada uno de los individuos, sino también en el santuario de la familia, en la escuela y aun en la vida pública.

De la Carta Apostólica del Sto. Padre al Episcopado Mexicano el 28′ de marzo de 1937.

VI.     ES UNA MANIFESTACION DE GRATITUD HACIA JESUCRISTO

Pero, además del motivo de caridad, el apostolado cristiano es obligatorio por razón de la gratitud que debemos a Jesucristo.

Porque cuando hacemos partícipes a los demás de los dones espirituales que hemos recibido de la divina largueza, satisfacemos los deseos del Corazón dulcísimo de Jesús, que no anhela otra cosa que ser reconocido y amado, según El mismo lo dice en el Evangelio: ¿Igneon veni mittere in terram. et quid volo nisi ut accendatur?

De la carta del Santo Padre el 4 de febrero de de 1931 al Episcopado Argentino.

VII. NO SE DA VERDADERA VIDA CRISTIANA SIN ACCION

Cuando estas verdades fundamentales de la fe sean bien consideradas por los fieles, no dudamos que un nuevo espíritu de apostolado se posesionará de sus corazones y germinará en una acción intensa; porque no se puede concebir vida verdadera sin acción, siendo ésta no sólo una manifestación, sino el coeficiente necesario y la medida misma de la vida.

De la Carta del Santo Padre el 10 de noviembre de 1933 al Card. Patriarca de Lisboa.

Es necesario vivir la vida cristiana y trabajar. Porque, efectivamente, ¿qué cosa viene a ser la vida sin la acción? y ¿cómo se puede concebir la acción sin presuponer la vida? Una vida cristiana, sin aquella particular Acción que es llamada justamente Católica, resulta inerte y árida. Precisamente por esto la Acción Católica es tan querida del Papa. Es necesario que todos, los jóvenes y los no, jóvenes, las doncellas y las madres cristianas, todos trabajen y se afanen por la Acción Católica.

Del discurso del Santo Padre el 22 de mayo de 1933 a la Peregrinación Española.

VIII. A. C. SIGNIFICA VIVIR VERDADERA VIDA CATOLICA.

Decir Acción Católica significa y debe significar vida católica, que es lo que hace tan preciosa a la Acción Católica, y lo que hace vivir exacta y substancialmente la vida de la Iglesia; y es por esto que el Santo Padre ha dicho siempre que la Acción Católica es la pupila de sus ojos y lo que le llega más al corazón.

Del discurso del Santo Padre el 22 de julio de 1938 a los Asistentes Eclesiásticos de la Juventud Masculina.

Decimos Acción Católica, pero podríamos llamar a este apostolado vida católica, porque así como no hay acción sin vida, así no hay vida sin acción. Por eso la Acción Católica se propone formar católicos sinceros que conozcan, amen y practiquen íntegra- mente la fe cristiana, que muestren con hechos cómo es posible llenar completamente los deberes cristianos en cualquier medio, condición o profesión social.

No es posible que esos católicos íntegros, ejemplares y animados del verdadero espíritu cristiano, dejen de experimentar claramente el deseo, y el deber, de cooperar con la Jerarquía a edificar y ampliar el cuerpo místico de Cristo, conquistándole nuevos miembros.

Se puede por lo tanto afirmar que en los que realmente aman y practican la Acción Católica, coinciden perfectamente vida católica íntegra y fervorosa y vida apostólicamente activa; se puede decir que esa vida católica fervorosa que por un lado crece en el individuo, por otro se comunica a quienes la poseen imperfectamente o a aquellos en quienes se ha extinguido. Los buenos socios pues de la Acción Católica dentro de los justos límites, son propagadores y defensores de la vida sobrenatural de los demás.

De la carta del Santo Padre el 18 de enero de 1939 al Episcopado Filipino sobre la manera de intensificar la vida cristiana.

IX. ES SEÑAI. Y MEDIDA DE VIDA CRISTIANA

La Acción Católica es, precisamente, la señal y medida de la vida cristiana traída por el Divino Redentor. La Acción Católica no es una acción como quiera, un “dinamismo” cualquiera, para emplear una palabra de moda. Es vida y coeficiente de vida cristiana. Y de esta manera se entiende cómo, hasta en los primeros anuncios de la Redención hechos al mundo, encontramos la Acción Católica.

Del discurso del Santo Padre el 21 de abril de 1934 a los alumnos de los Institutos Eclesiásticos de Roma.

X.      ES CONTINUACION DE LA OBRA DEL REDENTOR

El Hijo de Dios se representaba a Sí mismo y a los fieles en el símbolo que ha recorrido y recorrerá todos los siglos: El Buen Pastor que se complace en sus ovejas, declarando, además, haber venido para traerles la vida con abundancia cada vez mayor. Ego autem veni, ut vitam habeant et abundantius habeant. Y es esto exactamente lo que hacen los sacerdotes, ahí presentes, cuando trabajan en la Acción Católica: conservan, alimentan y desarrollan la vida sobrenatural en las almas, principalmente en aquellas que son más gratas al Corazón Divino, [1] las primeras que El ha distinguido entre las filas de los Redimidos.

Del discurso del Santo Padre el 2 de febrero de 1934 a los Asistentes Diocesanos de la Juventud Masculina de Acción Católica Italiana.


[1] Los inscritos en la Acción Católica

 

Accion Catolica: Definicion

II LA DEFINICION

LIbro Palabra del Papa sobre la Accion Catolica, Ediciones de la Junta Nacional de Mexico, 1946

I. DEFINICION INSPIRADA EN LOS TEXTOS DE LA SAGRADA ESCRITURA

Desde el principio de nuestro pontificado invitamos paternalmente a la Jerarquía y a los fieles a preparar y a organizar al pueblo para el apostolado, que inspirándonos en textos de la S. Escritura definimos; la participación de los seglares en el apostolado de la Jerarquía; al cual hemos dado el nombre de Acción Católica.

De la Carta Apostólica del Santo Padre el 18 de enero de 1939 al Episcopado Filipino, sobre la manera de intensificar la vida cristiana.

II. LA VERDADERA DEFINICION

La verdadera Acción Católica como Nos la queremos y como la hemos definido repetidas veces, es la participación de los seglares católicos en el Apostolado Jerárquico para la defensa de los principios religiosos y morales, para el desarrollo de una sana y benéfica acción social, bajo la dirección de la Jerarquía Eclesiástica, fuera y por encima de los partidos políticos, y con el fin de restaurar la vida católica, en la familia y en la sociedad.

De la carta del Santo Padre el 30 de julio de 1928, a la Presidenta General de la Unión Internacional de ligas Femeninas Católicas.

III. REFERENCIA A LA ENCICLICA: UBI ARCANO

En nuestra primera Encíclica: “Ubi Arcano” definimos la Acción Católica: la participación de los seglares en el Apostolado Jerárquico, y declaramos que la Acción Católica debe considerarse por los Sagrados Pastores, como algo que necesariamente pertenece a su ministerio, y por los fieles, como un deber de la vida cristiana.

De la carta del Sto. Padre el 26 de enero de 1927, al Card. Gasparri.

IV. FORMULADA ANTES POR S. PABLO

Los apóstoles que por todas partes se habían esparcido para evangelizar al mundo, encomiendan al amor y a la gratitud de los primeros fieles a aquellos que les habían ayudado en la evangelización. “Adiuva illas quae mecum laboraverunt in Evangelio”. (Ph. IV, 3). Se hablaba de mujeres y, por consiguiente de seglares. Puede decirse, que, precisamente, con estas palabras, el Apóstol había preparado la actual definición que el Papa ha dado de la Acción Católica: “La colaboración de los seglares en el Apostolado Jerárquico”, es decir, en aquella que ha sido y es la obra de la redención; obra que será siempre la gran misión de llevar el pensamiento, el sentimiento, la palabra de Nuestro Señor a los pueblos y a cada una de las almas. Por lo tanto; cuando el Papa dio esta definición de la Acción Católica: “La colaboración de los seglares en el Apostolado Jerárquico” no hizo otra cosa que repetir lo que el Apóstol había ya dicho y formulado desde tanto tiempo antes. Esta Acción Católica que entra en el mundo visitado, habilitado y redimido , por Dios, alcanza el instante mismo de las primeras vicisitudes del Cristianismo y de la Redención.

Del discurso del Santo Padre el 12 de marzo de 1936, a los Institutos Eclesiás¬ticos de Roma.

V.      VENTAJAS DE LA DEFINICION

Una de las cosas en gran manera útiles, en especial cuando se trata de la enseñanza, es la de volver a las fuentes. Tratándose de la Acción Católica, se complacía en advertir que era su intento el remontarse precisamente al concepto primitivo y básico de la misma. Nos colocamos en las mismas condiciones del Apóstol San Juan, el cual, en su gloriosa y avanzada edad, no cesaba de repetir a sus jóvenes discípulos, con una asiduidad al parecer, quizá excesiva, el recuerdo del mandato divino de la caridad. También ahora el Papa, con relación a la Acción Católica, cree útil volver frecuentemente al primer concepto, a la definición misma de la Acción Católica. Ella es la cooperación de los seglares en el Apostolado Jerárquico. Esta misma definición, esta noción primera, ofrece conclusiones tales que, por encontrarnos precisamente en las raíces son las más verdaderas, las más útiles, las más necesarias, y que siempre deben tenerse presentes.

Del discurso del Santo Padre el 14 de marzo de 1935, a los alumnos de los Institutos Eclesiásticos de Roma.

El punto de partida es siempre la definición de la Acción Católica que Su Santidad había dado ya desde el principio de su Pontificado, desde su primera Encíclica: “La Acción Católica es la participación de los seglares en el Apostolado Jerárquico de la Iglesia”. Pocas palabras son éstas, pero contienen muchas cosas, gran sentido, y todo aquello que se necesitaba y se necesita que haya en una definición, la cual, como se sabe, para que sea verdaderamente tal, debe contener, en cuanto sea posible, todos los elementos esenciales y substanciales de la cosa que se quiere definir.

Del discurso del Santo Padre el 19 de abril de 1931, a las Asociaciones Católicas de Roma.

VI.     NO SIN INSPIRACION DIVINA

La misión de cooperar en la Acción Católica es una misión alta y sublime, ya que debe siempre recordar que el Santo Padre, reflexiva y deliberadamente—más aún, no sin inspiración divina— definió la Acción Católica en su primera Encíclica: “La participación de los seglares católicos en el apostolado verdadero y propio de la Iglesia”. Es este un llamamiento a cooperar en el apostolado de los verdaderos y propios apóstoles; el de los sacerdotes y de los obispos. “Toda la substancia grande y divina de la Acción Católica, el punto del cual todo se deriva, es ésta: solicitud por las almas propia y ajenas, apostolado y propagación del bien en todas las direcciones y medidas posibles. Esta es la substancia y la veneranda belleza histórica de la Acción Católica.

Del discurso del Santo Padre el 19 de marzo de 1927, a las obreras de la Juventud Femenina de Acción Católica Italiana.

Contribuyendo las mujeres católicas cada vez con más eficacia, en la actividad del apostolado de verdadero y propio nombre, en el mismo Apostolado Jerárquico, se harán más y más beneméritas de las almas, de los individuos, de la familia, de la sociedad, y de la Iglesia; y según las grandes líneas trazadas ya por el Pontífice en su primera Encíclica, en la cual, no sin una especial inspiración de Dios, definió la Acción Católica como la participación, la colaboración de los seglares en el Apostolado Jerárquico de la Iglesia, serán: todo lo que hay de más hermoso y más santo, puesto que esta actividad de apostolado se identifica con la obra misma y la vida del Redentor.

El punto esencial, el tema principal de la vida divina acá en la tierra, fue la formación de los apóstoles. A su vez, los apóstoles se dieron prisa en procurarse colaboradores entre los hombres y entre las mujeres; más aún, éstas ocuparon uno de los primeros lugares en la colaboración para difundir el Evangelio: “quae mecum lahoraverunt in Evangelio”.

Del’ discurso del Santo Padre el 6 de abril de 1934, a las Ligas Femeninas Católicas Internacionales

Ante la intensa y variada actividad de los enemigos de la fe, que va causando en el pueblo, especialmente en las clases obreras y en la juventud, lamentables ruinas, el Clero no es ya suficiente para luchar sólo contra los innumerables propagandistas del mal y contra los poderosos medios modernos de que disponen, ni puede su actividad llegar a todas partes ya por la resistencia que oponen ciertos ambientes y personas, ya por su misma dignidad sagrada, que le impide penetrar donde son más grandes la necesidad y el peligro de las almas.

Aquí salta a la vista la necesidad de la colaboración de los fieles que no sin inspiración divina hemos definido participación de los seglares en el Apostolado Jerárquico de la Iglesia.

De la carta del Santo Padre el 14 de febrero de 1934, al Episcopado Colombiano.

Palabras del Papa sobre la Accion Catolica Su Naturaleza

 

 

LA PALABPA DEL PAPA

SOBBRE LA

ACCION CATOLICA

 

SEGUNDA EDICION

 

 

EDICIONES DE LA
JUNTA CENTRAL

Publicado con las

Debidas licencias

MEXICO, D. F.                                                                                           1946

TALLERES LINOTIPOGRAFICOS ‘^BEATRIZ DE SILVA”. ITURBIDE, 26.            MEXICO.

 

 

Prologo a la Segunda Edición

 

 

Esta segunda edición de “LA PALABRA DEL PAPA SOBRE LA ACCION CATOLICA”, va notablemente mejorada sobre la primera, pues lleva un nuevo índice analítico, que con los dos anteriores, hace ya el manejo de la obra no sólo fácil sino hasta deleitoso; y como fue además totalmente revisada y cotejada con los originales italianos expurgándola de aquellas erratas o frases menos claras de que adolecía en la primera edición, abrigamos justificadamente la esperanza de ofrecer a todos en ésta “nítido y claro el pensamiento y direcciones supremos”.

Considerando además la protección providencial y universal que sobre la Acción Católica ejerce el “Pobrecillo de Asís”, pues es el Patrono de la misma, él que con alma verdaderamente universal abrazó en su corazón a toda la cristiandad, porque a todos quiso salvar y a todos quiso convertir en apóstoles de sus hermanos, como hermosamente aparece en su “Mensaje a todos ¡os fieles de la cristiandad”, nos ha venido el deseo y voluntad de despachar esta segunda edición a cumplir con su misión, con la bendición del mismo “Pobrecillo de Asís”: “EL SEÑOR TE BENDIGA TE GUARDE”. Y PUES LLEVAS LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO EN LA TIERRA SOBRE LO QUE “ESTA INTIMAMENTE UNIDO AL MINISTERIO PASTORAL Y A LA VIDA CRISTIANA”, EL SEÑOR MUESTRE SU FAZ A TODOS LOS QUE TE LEAN Y DERRAME EN SUS INTELIGENCIAS Y CORAZONES LOS TESOROS DE SU MISERICORDIA. EL SEÑOR POR TU MEDIO HOS MIRE A TODOS BENIGNAMENTE NOS CONCEDA LA PAZ DE CRISTO EN EL REINO DE CRISTO.

Durango, marzo 16 de 1946.

MIGUEL GARCIA. Pbro.

 

 

PRIMERA PARTE

LA ACCION CATOLICA

I – SU NATURALEZA

I DOCUMENTO FUNDAMENTAL

La primera Encíclica del Sto. Padre, Ubi Arcano, del 23 de diciembre de 1922, pone ya de manifiesto los elementos esenciales de la Acción Católica, esto es:

I. APOSTOLADO MULTIPLE PROMOVIDO POR LOS PONTIFICES

Tal es el espíritu de apostolado cada vez más difundido y laborioso que con la oración, con la palabra, con la buena prensa, con el ejemplo de toda la vida, con todas las industrias de la caridad, busca de todas las maneras posibles conducir almas al Corazón Divino, y volverle a dar al mismo Corazón el trono y cetro en las familias y en la sociedad; la santa guerra, emprendida con ardor en tantos frentes, para reivindicar a la familia y a la iglesia los derechos que por ley natural y divina les corresponden en la enseñanza y en la escuela; queremos decir ese conjunto de organizaciones, de institutos y de obras, que caen bajo la denominación de ACCION CATOLICA que fue por nuestros inmediatos Antecesores promovida con tan gran providencia y solicitud, alimentada con muchos y luminosos documentos solemnes, dirigida y disciplinada, según lo pedían la rápida sucesión y el desarrollo de las diversas situaciones sociales, con el fin de preparar cristianos cada vez más perfectos, y con ello, también, ciudadanos cada vez mejores, y formar conciencias tan exquisitamente cristianas, que sepan en todo momento, y en todas las circunstancias de la vida, privada o pública, encontrar, o al menos entender bien y aplicar, la solución cristiana de los múltiples problemas que en una u otra de estas circunstancias de vida se presentan.

II. PROGRAMA DEL SANTO PADRE

Todas estas formas y obras de hacer el bien, a las cuales Nos. hemos dedicado atenciones y cuidados solícitos desde los primeros días de Nuestro Pontificado, no solamente deben conservarse, sino también reforzarse y desarrollarse cada vez más.

III. INDISOLUBLEMENTE UNIDO A LA PAZ DE CRISTO EN EL REINO DE CRISTO

Indudablemente que todas estas formas y obras de hacer el bien, exigen de todos, pastores y fieles, siempre nuevas aportaciones de trabajo y de abnegación; pero, ahora ya pertenecen innegablemente al oficio pastoral y a la vida cristiana; y a ellas se une indisolublemente la restauración del Reino de Cristo y el restablecimiento de la verdadera paz, propia, únicamente, de este reino.

IV. COOPERACION DEL CLERO

Decid a vuestro clero que conocemos sus generosas fatigas en todos estos variados campos, y que también Nos, por haberlas visto y compartido de cerca, altísimamente las apreciamos; decidles que cuando dan su cooperación unidos a vosotros como a Cristo, y guiados por vosotros como por Cristo, entonces más que nunca están con Nos, y Nos, estamos con ellos bendiciéndolos.

V.      COOPERACION DE LOS RELIGIOSOS

No es necesario que os digamos. Venerables Hermanos, qué clase de esperanzas y cuántas tengamos fincadas en el Clero regular, al poner por obra el programa que Nos hemos trazado.

Vosotros sabéis, como Nos, cuánto contribuye este Clero al esplendor interno y a la dilatación externa del reino de Cristo; este Clero que pone en práctica no solamente los preceptos de Cristo sino también los consejos; este Clero, que tanto en el silencio contemplativo dé los claustros, como en el fervor de la actividad exterior, traduce en obras de vida los más elevados ideales de la perfección cristiana, manteniendo vivo en el pueblo cristiano el llamamiento hacia lo alto, con el ejemplo continuo de la generosa renuncia a todo aquello que es comodidad terrena o privada, para adquirir tesoros espirituales, para consagrarse enteramente al bien común, con obras de beneficencia, que llenan a todas las miserias corporales y espirituales y para todas encuentran un socorro, y para realizar una epopeya secular y divina de apostólicas empresas y de espirituales conquistas, frecuentemente arrebatadas al enemigo infernal aun a costa de la propia vida, y con el martirio de su sangre en todos los extensos frentes de las misiones católicas, dilatando cada vez más los confines del reino de Cristo y de su paz.

VI.     LA COOPERACION DE LOS SEGLARES

Decid a vuestros fieles seglares, que cuando ellos, unidos a sus sacerdotes y a sus obispos participen en las obras de apostolado y de redención individual y social, entonces más que nunca son el linaje escogido, el sacerdocio real, la gente santa y el pueblo de Dios que S. Pedro glorifica. (1. Petr. 2, 9).

Entonces más que nunca están también con T^os y con Cristo, y son beneméritos, asimismo, de la paz del mundo, como de la restauración y propagación del Reino de Cristo.

Decidles que Nos vemos en ellos a aquel pueblo de Dios, a aquella verdadera y mundial democracia en la cual todos son nobles y grandes con la nobleza y grandeza de Cristo, y los que presiden no son más que ministros del bien común, siervos de los siervos de Dios, según el ejemplo del grande amigo de los humildes y de los que sufren, Jesucristo Señor Nuestro.