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El matrimonio y la familia Fundamentados en la Biblia y en el Derecho

El matrimonio y la familia Fundamentados en la Biblia y en el Derecho

El matrimonio y la familia  Fundamentados en la Biblia y en el DerechoEl matrimonio y la familia  Fundamentados en la Biblia y en el Derecho

Autor:

Salomón Domínguez Bermúdez, ijs

Más de uno se preguntará ¿qué tiene que ver el Derecho de la Iglesia en estas grandes y nobles instituciones del matrimonio y la familia? ¿Qué aporta el Derecho Canónico para su conocimiento, su desarrollo, su fortalecimiento, su santidad, su integridad, su proyección y eficacia, en medio de la sociedad y de la Iglesia? Éstas y muchas otras interrogantes serán el desafío de esta nueva sección que hemos iniciado el mes pasado para ustedes, queridos lectores y destinatarios de una revista que llega al corazón de todos.

Algunas notas históricas

¿Quién predomina en el matrimonio, el padre o la madre? Santo Tomás de Aquino decía que a “las cosas se les denomina por lo más relevante que hay en ellas”. Por eso se llama matrimonio. Porque proviene de una palabra latina, mater (madre), y munus (oficio), es decir, el oficio o función de la madre, “porque se sabe que el infante necesita más el auxiliar materno que el paterno, y se sabe que para ella fue oneroso antes del parto, doloroso en el parto y laborioso después del parto”. En Francia sobresale el aspecto paterno, donde la palabra viene de mariage, que significa matrimonio, boda, casamiento, pero que a su vez se deriva de marí, que significa marido, es decir, hace alusión al varón, al que engendra.

En los dos primeros siglos de la historia, el Derecho Romano acuñó conceptos que han sido aceptados universalmente y conservados en la actualidad. “La unión del varón y la mujer, que contiene (retiene) una costumbre inseparable de vida” (consuetudo, que es el punto clave de la vida conyugal). Igualmente Modestino (s. II) definió al matrimonio como “la unión del varón y la mujer y el consorcio de toda la vida, la comunicación del derecho divino y humano”.

El Concilio Vaticano II y el Codex Iuris Canonici de 1983

Sin duda, las anteriores notas históricas han influido en el concepto de matrimonio que consagra la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, en sus números 46 al 52, así como en el Codex Iuris Canonici (CIC), canon 1055, § (párrafo o parágrafo) número 1, como ya vimos en el mes anterior.

El número 48 de dicha Constitución dice, sobre la naturaleza del matrimonio:

“La íntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable. Así, del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente nace, aún ante la sociedad, una institución confirmada por la ley divina. Este vínculo sagrado, en atención al bien tanto de los esposos y de la prole como de la sociedad, no depende de la decisión humana. Pues es el mismo Dios el autor del matrimonio… Por su índole natural, la institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados por sí mismos a la procreación y a la educación de la prole, con las que se ciñen como su corona propia. Por el pacto conyugal, el marido y la mujer ‘ya no son dos, sino una sola carne’” (Mt 19, 6).

Como podemos apreciar, estos conceptos de la doctrina del Concilio Vaticano II sobre el matrimonio van a ser definitivos para la normativa de la Iglesia sobre el particular. Ya no es sólo un contrato que da derecho al cuerpo para los actos generativos, sino una alianza mediante la cual los esposos se donan y se reciben mutuamente, de la cual nace la íntima comunidad conyugal de vida y amor. De aquí que el CIC incluya estos elementos constitutivos de la naturaleza del matrimonio en su concepto y en el de consentimiento.

 

El Antiguo y el Nuevo Testamento

En el Antiguo Testamento, el término alianza, que además de ser jurídico es bíblico, es más rico que el término contrato, dice Aznar Gil, porque expresa mejor el elemento personal (entrega y aceptación mutua) y evoca la relación peculiar de Dios con su pueblo elegido. La Sagrada Escritura define la naturaleza del matrimonio muy claramente en textos bastante conocidos: “Y los bendijo Dios diciéndoles: ‘crezcan y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen…’” (Gén 1, 28). “Por esta razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos se hacen uno solo” (Gén 2, 24). De estos textos, dice el Padre Antonio Molina Meliá, “… se deduce claramente la monogamia heterosexual y su relación con la procreación, y se insinúa la indisolubilidad”. Los Patriarcas hablan de fecundidad; los Profetas, de amor conyugal, como Oseas, Ezequiel e Isaías: “No temas, no quedarás en ridículo; no serás ofendida ni avergonzada… El Señor te llama de nuevo. ¿Puede ser rechazada la esposa tomada en la juventud? Por un breve instante te abandoné, pero ahora te recibo con inmenso cariño… el amor con que te amo es eterno…” (Is 54, 4-8).

En el Nuevo Testamento, san Pablo, en su Carta a los Efesios, sublima la educación de los hijos cuando dice: “Y ustedes, padres, no irriten a sus hijos, sino edúquenlos, corríjanlos y enséñenles tal como lo haría el Señor” (Ef 6, 4). En su Carta a los Colosenses, habla del amor como vínculo de la perfección: “Como elegidos de Dios, pueblo suyo y amados por él, revístanse de sentimientos de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando alguno tenga motivos de queja contra otro. Del mismo modo que el Señor les perdonó, perdónense también ustedes. Y por encima de todo, revístanse del amor que es el vínculo de la perfección. Que la paz de Cristo reine en sus corazones; a ella los ha llamado Dios para formar un solo cuerpo. Y sean agradecidos…” (Col 3, 12-15).

El Concilio Vaticano II tomará estas fuentes y las de los Santos Padres para la nueva Codificación de 1983, que define la naturaleza del matrimonio, “elevada a la dignidad de sacramento entre bautizados” (c. 1055), tema que retomaremos en el siguiente número.

Recuerda que puedes plantearnos tus inquietudes, preguntas y dudas a mi correo electrónico frsdcic@yahoo.com o directamente al de la revista redaccion@lafamiliacristiana.com.mx

http://www.lafamiliacristiana.com.mx/lfc/index.php?option=com_k2&view=item&id=179:Salom%C3%B3n%20Dom%C3%ADnguez%20Berm%C3%BAdez,%20ijs&Itemid=66

 

 

 

 

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