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Archive for 29 agosto 2010

Masacre: cifras sin sentido

Masacre: cifras sin sentido

Columna FE Y RAZÓN

Luis Fernando Valdés

Periódico AM Querétaro, México. 29/ags/2010

La opinión pública internacional se conmocionó con la noticia: 72 migrantes sudamericanos fueron masacrados en San Fernando, Tamaulipas (24.VIII.2010), por no llevar consigo dinero para pagar la extorsión de un grupo armado. ¿En qué radica que este atentado sea noticia? ¿En que fueron 72 víctimas? ¿En que eran migrantes?

Desde hace cuatro años, diariamente escuchamos y leemos las noticias del parte de guerra. Palabras como ‘ejecutados’, ‘levantados’, ‘encobijados’, ‘decapitados’, ‘torturados’ y ‘secuestrados’ han dejado de tener impacto, porque nos hemos acostumbrado a convivir con esas tristes realidades. Y casi lo único que despierta nuestra atención es que eso le ocurra a un personaje destacado (un político, un alto mando policial. ..), o bien, que eso le suceda simultáneamente a un grupo numeroso de personas.

Las noticias policíacas no suelen enfatizar el atropello ala libertad y a la vida de las víctimas, sino el morbo de las cifras. Pensemos lo grotesco de esta situación: cada semana mueren decenas por la guerra del narcotráfico, pero como son asesinadas en momentos y en escenario distintos no pasan de ser una nota sin importancia; en cambio, si los asesinan simultáneamente y en gran volumen se convierten en noticia destacada.

Cifras y más cifras, recopiladas en estadísticas. Se forma así un velo que nos aleja del núcleo del problema, porque los datos siempre deben ser interpretados, es decir, se debe encontrar su sentido. Las cifras recibidas asépticamente no transmiten sentido y, por eso, generan desesperanza.

Hay que ir más allá de las cifras, y llegar al ser humano que está detrás de esos números. Si perdemos de vista que se trata de personas, cada una de ellas irrepetible, entonces nos acostumbraremos también a las ‘masacres’, e incluso podremos llegar a la aberración de comentar con frialdad e indiferencia: ‘¿fueron sólo 20?’, ‘¿nada más 15?’.

En ocasiones, algunos piensan que el problema de la opinión pública son los medios, pues son los que dan a conocer los hechos violentos. Ciertamente, los medios deben guiarse por un código de ética, pero ante todo, somos los ciudadanos los que debemos tener madurez de juicio y un exquisito sentido crítico, de modo que sepamos descubrir lo que está atrás de los números.

En esta gran tragedia de la localidad de San Fernando, hubo un sobreviviente que narró las circunstancias del suceso, y esto nos permite ver por encima de los datos. Por él sabemos que, cuando los captores vieron que los migrantes no tenían dinero, les ofrecieron incorporarse a sus filas, con un sueldo muy alto. Como los secuestrados rechazaron la propuesta, fueron asesinados a sangre fría.

Más allá de las cifras, encontramos el lado verdaderamente humano: estas personas tuvieron el valor de decir que no, a pesar de las amenazas y de la coacción, y pagaron con sus vidas esta valiente decisión.

La noticia no está en el número 72, ni en las duras declaraciones de las Cancillerías latinoamericanas o de la ONU y la OEA. El núcleo del suceso son las historias del heroísmo silencioso de muchos de estos migrantes, que mostraron una gran calidad humana.

Expresamos nuestra solidaridad con los 72 hermanos migrantes, y rezamos por sus almas. Y aprendemos de ellos, pues así como ellos rechazaron la invitación a delinquir, nosotros debemos decir que no a la falta de esperanza, debemos recordar que el México actual no es sólo violencia, debemos empeñarnos en no dejar de ver -detrás de las cifras- a esos seres humanos, con rostro y con historia.

Correo: lfvaldes@gmail.com

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Categorías:DSI

La lectura ayuda a no aburrirse

La lectura ayuda a no aburrirse

Educar Hoy

Por Pedro J. Bello Guerra.

Periódico AM Querétaro, México. 29/ags/2010

La lectura es fundamental porque a través de el la aprendemos nuevos conocimientos, es un gozo leer y nos libra del aburrimiento, leer viene del latín legere, es el proceso de percibir y comprender la escritura. La psicología cognitiva y la lingüística estudian cómo los seres humanos perciben y comprenden la escritura. Especialmente midiendo los movimientos oculares con el método eye tracking (inglés para “seguimiento de los ojos”) la psicología trata de entender cómo percepción y comprensión se influyen y completan mutuamente. Las técnicas de lectura sirven para adaptar la manera de leer al propósito del lector. Dos objetivos comunes son la maximización de la velocidad de lectura y la maximización de la comprensión del texto. Por regla general estos objetivos son contradictorios por lo que debe establecerse un compromiso entre ambos.
Viene a cuento la siguiente historia para entender la importancia de la lectura en la vida ordinaria: “Cuando la malvada Bruja de las Cumbres encerró a las 7 princesas en los 7 castillos de las 7 montañas, custodiadas por 7halcones, 7 ogros y 7 dragones, nadie pensó que se las pudiera volver a ver con vida. Pero años después, el valiente Sir Petrín juntó un aguerrido grupo de nobles caballeros que cabalgaron hasta las Grandes Cumbres, vencieron a halcones, ogros y dragones, y acudieron a liberar alas princesas.

Los caballeros fueron entrando a cada uno de aquellos castillos para rescatar a las jóvenes. Eran unos lugares tan fríos y oscuros que parecían muertos, y los valientes se preguntaban qué clase de terrible maldad debía poseer el negro corazón de la bruja para haber encerrado allí a las princesas. Las jóvenes liberadas se mostraron enormemente agradecidas a sus salvadores, pues su vida en aquel encierro érala más vacía y aburrida que se pudiera imaginar. Y sonrientes, escuchaban las hazañas de los caballeros, enamorándose de su valentía y de su arrojo.

Pero al llegar al último de los castillos, que en nada parecía diferenciarse de los anteriores, descubrieron un interior precioso, primorosamente cuidado y adornado, lleno de luz y color. Podía incluso oírse una bella música de fondo, como si se tratara de un lugar mágico . Y cuando corrieron a rescatar a la princesa de su alcoba en la torre más alta, como habían hecho con las demás, no la encontraron allí. La buscaron por todas partes hasta que siguiendo la mágica melodía, fueron a parar a una pequeña salita. No encontraron en el la nada más mágico que una alegre princesa tocando un arpa con gran destreza.

Nada desconcertó tanto a los caballeros como la actitud entusiasmada y alegre de la joven. Era culta, ingeniosa, elegante y con un especial don para las artes, y al contrario que el resto de princesas, en quienes el efecto de su encierro era bien visible, esta última parecía haber vivido una vida mucho más activa e interesante. Pero tras mucho preguntar e indagar, los caballeros concluyeron que había estado tan encerrada y solitaria como todas las demás.

Extrañados, recorrieron el palacio buscando una explicación, hasta llegar a la biblioteca. Faltaban muchísimos libros, y sólo entonces se dieron cuenta del motivo: el castillo entero estaba lleno de libros. Sobre cada mesa y cada mueble era fácil encontrar algún libro. ¡La princesa no dejaba de leer! Y así había podido aprender y vivir tantas cosas que parecía que nunca hubiera llegado a estar encerrada, viviendo su encierro entre múltiples actividades que nunca dejaron paso al aburrimiento.

El viaje de vuelta fue un viaje extraño. Salvo ésta última, las demás princesas resultaron tan sosas y aburridas, que ninguno de los caballeros pudo corresponder a su amor. Al contrario, todos ellos estaban prendados del encanto de la joven Clara, quien sin dejarse llevar por el brillo de las hazañas y las armaduras, pudo elegir su amor verdadero mucho tiempo después. Pero eso, es otra historia.

En esta aprendimos de una forma natural la importancia de leer para aprender cosas y así vivirlas. Pongámoslo en práctica leyendo un rato todos los días.

pedrobelloguerra@gmail.com.

Categorías:Cuentos para educar

Primaveras Negras

Primaveras Negras

Fe Y Razón

Luis-Fernando Valdés

Periódico AM Querétaro, México. 22/ags/2010

En días recientes, México y Cuba han vivido unos episodios sociales que aparentemente no tienen conexión. En la isla caribeña fueron liberados algunos presos políticos, mientras que en nuestro País, la Suprema Corte avaló la constitucionalidad de la llamada ‘adopción gay’. Sin embargo, entre ellos hay una raíz, ¿cuál es?
Se conoce como la ‘Primavera negra’ de Cuba, a la serie de arrestos -y de posteriores condenas- de unos 75 detractores del Gobierno de Fidel Castro, ocurridos durante la primavera de 2003. Recientemente, este episodio ha vuelto a la opinión pública internacional, por las manifestaciones de las llamadas ‘Damas de blanco’.

Este grupo está conformado por esposas y madres de esos presos políticos. Desde 2003 se manifiestan semanalmente, vestidas de blanco. En mayo pasado, el Presidente Raúl Castro amenazó con reprimir estas manifestaciones, cuando la Iglesia Católica se ofreció para mediar entre ellas y el Gobierno. Finalmente, el 11 de julio fueron liberados algunos de esos prisioneros políticos.

Entre tanto, el fallo de la Suprema Corte a favor de la constitucionalidad de la Ley que permite la adopción por parte de parejas homosexuales, ha causado descontento en gran parte de la población nacional. Y esto se ha reflejado en la polémica entre el Cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval, y el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.

Ambos sucesos tienen un ‘factor común’, que es la deficiente relación entre la dignidad humana y el ejercicio de la libertad. En los dos casos, se ha perdido de vista que la libertad sólo se entiende, cuando ésta tiene como punto de apoyo el carácter inviolable de cada persona.

En Cuba, el régimen político prevalece sobre los individuos, de modo que las libertades fundamentales -que se derivan del hecho de ser persona- son reprimidas. El paradigma político de tipo comunista hace que, en Cuba, los individuos queden supeditados a los intereses del partido en el Gobierno.

En nuestra Patria, en cambio, la libertad se ha extrapolado, hasta el grado de ponerse por encima de la dignidad de los niños que pueden ser adoptados. En la reciente legislación del Distrito Federal, ha prevalecido la ‘no discriminación de género’ sobre el interés del niño, pues esa Ley se aprobó aun cuando no está comprobado que un menor adoptado por una pareja homosexual esté fuera de riesgo de un posible trauma en su desarrollo emocional.

En un caso, se reprende la libertad; en el otro, la libertad pasa por encima de las personas (especialmente de las más vulnerables). En ambas situaciones, el gran don de la libertad no tiene dónde apoyarse. Estos hechos son la’prueba’ de que se requiere de un punto de referencia, para que la capacidad de autodeterminación de cada persona no se pierda ni dañe al prójimo.

El faro que ilumina la libre actuación es el valor intrínseco que cada sujeto posee. Ese valor es irrenunciable, y ningún interés particular puede estar por encima de él, ni un régimen político, ni siquiera el deseo de paternidad cuando ésta no se puede conseguir de modo natural.

Estamos ante otra ‘Primavera negra’, que es el oscurecimiento del valor intrínseco de cada persona. Vivimos en una época oscura, que reclama una nueva primavera del espíritu, la cual sólo advendrá cuando cada uno de nosotros cobre conciencia del indisoluble binomio ‘dignidad y libertad’.y entienda que si la libertad no está anclada en la verdad sobre el hombre, terminará por atropellar la dignidad de los demás.

Correo: lfvaldes@gmail.com

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Capitulo VII Los seglares y la ordenes inferiores al sacerdocio

               CAPITULO  VII  LOS SEGLARES Y LAS ORDENES INFERIORES AL SACERDOCIO

Se disputa hoy con interés sobre la conveniencia de restablecer las Ordenes anteriores al sacerdocio, devolviéndoles su antigua utilidad práctica. Sabemos, por los Hechos de los Apóstoles, que el Diaconado fue instituido para que los Apóstoles se viesen libres de ocupaciones no estrictamente sacerdotales, con el fin de poderse dedicar enteramente a la oración y predicación.

Pasando los siglos, por exigencias del sagrado ministerio, instituyó la Iglesia nuevas órdenes inferiores. Dice Santo Tomás: “En la Iglesia primitiva, por la escasez de ministros, los diáconos se encargaban de todos los ministerios inferiores, como se ve por lo que dice Dionisio en el cap. 3, De la Jerarquía Eclesiástica: “Algunos ministros están a las puertas cerradas del templo, otros cumplen con otros deberes de la Orden recibida, y les hay que presentan al sacerdote sobre el altar el pan sagrado y el cáliz bendito. La potestad del diácono resumía implícitamente todas estas funciones. Más tarde, al tomar mayores proporciones el culto divino, la Iglesia distribuyó entre diversas órdenes lo que antes había asignado a una sola”[1] (99).

Durante muchos siglos, esas Ordenes tuvieron el carácter de ministerios permanentes, es decir, que quien recibía alguno de ellos podía quedarse en él y ejercitarlo durante toda la vida. En otras palabras: las Ordenes menores, más que una potestad, eran un ministerio; si alguno, por ej.. se le ordenaba lector o acólito, era precisamente por la necesidad de alguien que cumpliera estos oficios.

A partir del siglo X se descubre un desplazamiento progresivo de la atención: ahora se fija más en la potestad que confieren las ordeñes que en su aspecto de servicio. Contribuyó a fomentar esta tendencia la opinión teológica, según la cual creían entonces que todas las órdenes, aun las menores,  imprimen  carácter  sacramental. Escribe Santo Tomás: “Sobre esto ha habido tres opiniones. Algunos han dicho que sólo el sacerdocio imprime carácter. Pero esto es falso. Porque ninguno, fuera del diácono, puede ejercer las funciones de diácono; prueba de que en la dispensación de los sacramentos tiene un poder que no poseen los demás. Por eso han creído algunos que también las Ordenes mayores imprimen carácter, pero no las menores. Cosa igualmente errada, ya que cualquiera de las Ordenes coloca al ministro por encima del pueblo, en lo tocante a la potestad de dispersar los sacramentos. Y como lo que coloca a alguien por encima de los demás es precisamente el carácter, es manifiesto que todos imprimen carácter. Prueba de ello es también que duran siempre y no pueden repetirse. Esta tercera sentencia es la más común”[2]. De este modo todas las Ordenes anteriores al sacerdocio se fueron considerando como un poder más que un oficio. Finalmente quedaron como meros escalones para llegar al sacerdocio. La actual legislación eclesiástica ordena: “La primera tonsura y las órdenes sólo deben conferirse a aquellos que tengan el propósito de ascender hasta el presbiterado y de los cuales se pueda razonablemente conjeturarse que han de ser algún día sacerdotes dignos”[3]; pueden, sin embargo, ejercer las órdenes ya recibidas aun cuando rehúsen recibir órdenes superiores, no puede el Obispo obligarlo a recibirlas, ni puede prohibirle el ejercicio de las ya recibidas, a no ser que tenga algún impedimento canónico o haya, a juicio del Obispo, alguna causa grave que lo impida”[4]. Tales Ordenes han desaparecido como ministerio, quedando únicamente como potestad simbólica. Los seglares son los que hoy cumplen las funciones de las Ordenes menores.

Los Padres del Concilio Tridentino, en la séptima sesión, día 15 de julio de 1563, decretaron: “Canon 17: que, en conformidad con los sagrados cánones, sean restablecidas al primitivo vigor de que gozaron en la Iglesia durante los tiempos apostólicos, las funciones propias de las órdenes menores, descuidadas durante algún tiempo en muchos lugares. Así no podrán los herejes tacharlas de inútiles. Con deseo ardiente de que cobre nuevo vigor aquella antigua costumbre, ordena este Santo Concilio que solamente los que han recibido órdenes menores puedan ejercer tales funciones; exhorta también y manda a todos y cada uno de los Prelados de las Iglesias que, en cuanto sea posible, procuren revalorizar esas funciones en las catedrales, colegiatas y parroquias, si son muy frecuentadas por el pueblo y los ingresos de la iglesia lo permiten… Si no hay clérigos célibes que cumplan las funciones de las cuatro órdenes menores, pueden hacerlo personas casadas, de buena vida, con tal de que no sean bígamos, tengan las necesarias aptitudes y usen tonsura y hábito clerical dentro de la iglesia”[5] (103). Mas estos deseos del Concilio nunca llegaron a realizarse. El motivo principal porque muchos anhelan la revalorización de las órdenes menores es la escasez, siempre creciente, de vocaciones sacerdotales. Sería mucho más fácil encontrar candidatos idóneos que quisiesen ejercer estas funciones no-sacerdotales, ya que no requieren tantas dotes de espíritu ni tan larga preparación teológica. Por eso está surgiendo en las Ordenes monásticas una “tendencia” a dar las órdenes menores a los hermanos donados y a los coadjutores seglares[6]. En el Congreso Internacional de Pastoral y Liturgia, celebrado en Asís, en septiembre de 1956, Mons. Wilhelm van Bekkun, S. V. D., Vicario Apostólico de Ruteng (Indonesia), pronunció un largo discurso sobre las necesidades particulares de las misiones en materia litúrgica. Entre ellas hizo referencia a la urgencia de restablecer el diaconado y las demás órdenes inferiores al sacerdocio, porque, según decía él, en muchos lugares de misión está decayendo la vida religiosa por falta de sacerdotes[7].

Algunos encuentran, además, otra ventaja en la repristinación de las órdenes, del diaconado en particular. De esta manera se aprovecharían las vocaciones tardías de muchos sujetos que, por su edad avanzada, no pueden ya soportar los pesados estudios que se requieren para el sacerdocio. Si se les ordena de diáconos, se entregarían con empeño al servicio de Dios y de las almas, pudiendo ser magníficos colaboradores del sacerdote en la cura de almas, administración de los sacramentos y, sobre todo, en la administración de los bienes temporales de la Iglesia, que fue el motivo principal de fundar el diaconado, según se ve en los Hechos de los Apóstoles.

Los que trabajan por la vuelta de las Iglesias protestantes ven el diaconado como la mejor solución al arduo problema que plantea la conversión de los “pastores”. Vinculados como están a sus familias, no pueden ejercer el sacerdocio. Por otra parte, les sería muy desagradable verse reducidos a simples seglares. Suelen, además, estar dotados de muy buenas cualidades, y podrían prestar a la Iglesia grandes servicios, conservando al mismo tiempo su condición anterior.

Algunos desearían que los altos oficiales de la Acción Católica poseyeran alguna de las Ordenes menores. Aducen como razón que, por el mandato recibido, su actividad es pública en la Iglesia, y obran en cierto modo en nombre de ésta. Sería, pues, conveniente que recibieran también alguna potestad espiritual.

                   Observaciones

La presente cuestión no es tan sencilla como pudiera creerse a primera vista; para evitar confusiones hacemos algunas advertencias:

1)      La primera duda se refiere a la terminología: ¿si los seglares reciben las Ordenes menores, continúan siendo seglares? No es posible dar una respuesta categórica; en cuanto al Orden y al oficio son clérigos; en cuanto al modo de vida, seglares. Como ya hemos advertido anteriormente, los clérigos se diferencian de los seglares no sólo por razón del Orden, sino también por la manera de vida, .que es de retiro del mundo, cosa que, en nuestra hipótesis, no estarían obligados a observar los seglares ordenados de menores. Su situación es análoga a la de los miembros de los Institutos Seculares: en sentido teológico son religiosos, mientras jurídicamente son sólo seglares. No hay inconveniente en que la Iglesia, por la misma razón que se movió a fundar tales religiosos seculares, se decida igualmente a permitir seglares clérigos. De ser admitidos, formarían una categoría intermedia entre clérigo y seglares: una especie de raíz de la jerarquía hundida en la masa de los fieles. Pero está idea, como advierte Pío XII, no parece haber llegado al tiempo de su madurez[8].

2)      Adviértese, en primer lugar, que no se trata de ensanchar el ámbito del apostolado seglar; es más bien una ampliación y una intensificación del apostolado de la jerarquía. “Por institución divina, la jerarquía sagrada, en razón del orden, se compone de Obispos, presbíteros y ministros”[9]; pues bien: se trata de activar esta tercera categoría, que durante mucho tiempo ha permanecido infructuosa. Y si algún día se restableciera, será siempre de la jerarquía, como ha dicho Pío XII en las palabras ya citadas, la Acción Católica es una actividad que cae dentro del apostolado propiamente seglar, aun cuando realice la misión qué se le ha encomendado bajo las órdenes de la jerarquía. No se ve, pues, por qué hayan de recibir las órdenes menores algunos de sus miembros, a no ser que sean destinados a ministros eclesiásticos. Pero entonces ya no es razón de su pertenencia a la Acción Católica, sino por otros motivos. Fundamentos del apostolado seglar son la gracia y el carácter del Bautismo y la Confirmación.

3)      Una revalorización de las Ordenas inferiores al sacerdocio no lleva inherente la dispensa del celibato; en cuanto a las Ordenes mayores, no convendría en modo alguno dispensar de él. Por eso los religiosos laicos y los miembros de los Institutos Seculares parecen ser los más indicados para recibir las Ordenes mayores: poseen los miembros de los Institutos, además del celibato, un régimen de vida enteramente seglar, cualidad que ejo. algunas circunstancias les hace candidatos aún más aptos para ese ministerio. En las Ordenes menores no es tan grande la necesidad del celibato. Por eso, el Concilio Tridentino, al tratar de la restauración ae estas Ordenes menores admite a los casados (que no sean bigamos), siempre que sean idóneos para tales oficios, debiendo llevar en la iglesia tonsura y hábito clerical[10]. Aunque no será tarea fácil encontrar hombres que, no teniendo vocación sacerdotal ni religiosa, estén dispuestos a abrazar el celibato y a renunciar enteramente al mundo por el solo motivo de ejercer los ministerios de las Ordenes menores


[1] Supplem., q. 37, a. 2.

[2] Supplem., q.  35, a.  2.

[3] Codex Juris Canonici, can. 973, 2

[4] Loc. cit., can. 873, 2

[5] Concilium Tridentinum…,  ed. soc. Goerresiana, t. IX, Friburgi Brisgoviae, 1924, pp. 627-628.

[6] scribe H. R. Philippeau: “Un movimiento se dibuja, sin embago, en el seno de algunas agrupaciones monásticas o canonicales, como la Trapa, Fremostratenses. a favor de la colación de las órdenes menores a conversos o coadjutores laicos, destinados al servicio práctico de la liturgia. ¿Se extenderá este movimiento hasta los grupos de clérigos mayores y de empleados de la Iglesia? El porvenir lo dirá. Nos basta haber señalado sus raíces tradicionales y jurídicas.

Hacemos notar a este propósito que, para acrecentar el prestigio de los indispensables colaboradores laicos del clero misionero en tierras ínfleles, una reciente decisión ds la Propaganda autoriza a algunos de ellos a recibir las órdenes menores y a prestar, servicio en las reuniones culturales, sin exigirles por eso que renuncien al matrimonio y a la vida conyugal, ni que aspiren a recibir más tarde las órdenes mayores. Es un paso considerable en !a. dirección indicada en Trento y tan olvidada después” i’Les orares mineurs, in La vie spiritvelle. Supplement, 10 oaout 1849\ pp. 176-177).

Por lo que se refiere a la segunda afirmación, es decir, que la S. Congregación de Propaganda Pide haya concedido que algunos cooperadores laicos se ordenen de las órdenes menores, advertimos que, después de una diligente búsqueda en la sede de dicha organización, no hemos podido encontrar nada que pueda servir de fundamento a semejante aserción.

[7] Cfr. The Liturgical Revival in the Service of the Mission, in The Assisi Papers…, Collegeville (Minn), 1957, pp. 110-111: se da en lengua inglesa la conferencia, tenida en alemán.

[8] “Hasta aquí no hemos considerado las ordenaciones que preceden al presbiterado y que, en la práctica actual de la Iglesia, no se confieren más que como preparación para la ordenación sacerdotal. La función encomendada a las órdenes menores la vienen ejerciendo desde antiguo los sellares. Nos sabemos que en la actualidad se piensa en introducir un orden de diaconado concebido como función eclesiástica independiente del sacerdocio. La idea, hoy al menos, no está madura todavía. Si lo llegara a estar un día, nada cambiaría en cuanto Nos acabamos de decir, excepto que este diaconado ocuparía su lugar con el sacerdocio en las distinciones indicadas por Nos mismo” <_AAS, 49 (1957), p. 925

[9] Código de Derecho Canónico, can. 108

[10] Cfr. más arriba nota 103

Seguir amando a nuestra Iglesia

Seguir amando a nuestra Iglesia

Mónica Santamarína de Robles

Revista Acción Femenina. Agosto 2010/año 77/947

Pasan los meses y el tema de los escándalos en la Iglesia no termina. Siguen saliendo a la luz casos de abusos de niños y jóvenes inocentes por parte de sacerdotes y religiosos en distintos lugares del mundo. Se sabe también de algunos ministros que, en lugar de denunciar a tiempo los delitos cometidos, decidieron callar y encubrirlos, en un afán equivocado de causar menos daño. Hasta México han llegado estas graves situaciones con el descubrimiento de la doble vida del fundador de una de las órdenes y movimientos laicales más extendidos en el país.

Todo esto nos duele, nos lastima y nos escandaliza. Nos duele, en primer lugar, por el sufrimiento de las víctimas de abusos y de sus familias. Nos lastima por la decepción de tantas personas, especialmente jóvenes, entregados sinceramente a Dios y a los hombres a través de la vida consagrada.

Nos duele por la gran cantidad de personas que, al no comprender lo que está sucediendo, se han alejado de la Iglesia. Nos lastima, finalmente, porque amamos a nuestra Iglesia y reconocemos el grave daño causado por los actos inmorales de algunos de sus miembros; actos que pueden dejar prácticamente en el olvido todo el bien que la misma Iglesia, a través de la mayoría de sus integrantes, ha hecho a lo largo de los siglos y sigue haciendo hasta hoy.

Ante la gravedad de los casos buscamos explicaciones y nos cuestionamos: ¿Cómo es posible que muchos de los que debían identificarse con Jesús como “Camino, Verdad y Vida” se hayan desviado así? ¿Por qué quienes más debían dar ejemplo de vida cristiana y cuidar de los demás, especialmente de los más vulnerables, fueron capaces de cometer tales atropellos? ¿Qué debemos pensar y qué podemos hacer nosotros ante a todo esto?

En fin, es momento de hacer un alto en el camino y, en una actitud madura y serena, reflexionar sobre ello a la luz de nuestra fe.

UNA IGLESIA SANTA FORMADA POR PECADORES

Ante la realidad de la miseria humana, estos hechos tan lamentables no deberían extrañarnos tanto. La Iglesia es santa, pero todos los que formamos parte de ella somos pecadores. Si confiamos demasiado en nosotros y nos soltamos de la mano de Dios, somos capaces de los peores actos. Tal como lo mencionaba hace poco S.S. Benedicto XVI: “Los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen desde fuera, sino que el sufrimiento de la Iglesia viene de dentro de ella, de los pecados que existen en su interior”.

Jesús nos ha elegido a todos para salvarnos y trabajar por la salvación de los demás. Ha puesto en nuestras manos todos los medios indispensables para fortalecernos en la fe y ayudarnos a realizar nuestra misión: la oración, los sacramentos, la penitencia, el sacrificio, el perdón, la formación cristiana, etc. Sin embargo nosotros, ya seamos sacerdotes, religiosos o laicos, en uso de nuestra libertad y viviendo en esta sociedad tan secularizada, nos hemos ido alejando de estos medios y, ya debilitados, nos separamos del Señor y lo traicionamos. Mientras más cerca hemos estado de Él, más grave es la traición. Ya desde los tiempos de Cristo, con la figura de Judas aprendimos que a veces los elegidos de Dios, incluso los más cercanos, lo traicionan.

ANTE TODO ESTO, ¿POR QUÉ AFIRMAMOS QUE LA IGLESIA ES SANTA Y POR QUÉ SEGUIMOS CREYENDO EN ELLA?

Podemos estar seguros de que lo que recitamos en el Credo cada domingo en la Misa es verdad. La Iglesia es santa a pesar de mis pecados, de los tuyos y de los de todos los que la formamos. La Iglesia es santa porque Dios santísimo es su autor, porque Cristo se entregó a ella para santificarla y hacerla santificante y porque el Espíritu Santo la vivifica con la caridad. Es santa porque su fin es conducirnos a todos a la santidad y porque, a pesar de estar formada por pecadores, ha producido a través de la historia incontables frutos de santidad.

En la Iglesia descubrimos que la misericordia de Dios es más grande que todos nuestros pecados juntos. La resurrección de Cristo nos garantiza que ninguna potencia adversa podrá destruirla. La barca de Pedro podrá tambalearse, pero nunca se volcará, porque Cristo prometió nunca abandonarla.

¿POR QUÉ AMAR A NUESTRA IGLESIA?

Para amar a nuestra Iglesia debemos recordar primero que fue Cristo mismo quien la fundó por amor hacia todos nosotros. Desde sus orígenes la Iglesia fue concebida como fuente de santificación para todos sus miembros, hechos hijos suyos a través del bautismo. La Iglesia es necesaria para nuestra salvación. Tú y yo la amamos porque sólo a través de ella hemos podido encontrar el sentido de nuestras vidas; también porque Cristo la ama como el mejor de los esposos y es su cabeza.

En otras palabras, la Iglesia es la gran familia de todos los hijos de Dios, incluyéndonos a nosotras y por ello hemos.de amarla, cuidarla y respetarla en todo momento. Como en toda familia, cuando en la Iglesia alguno de sus miembros cae en el pecado, hay que procurar ayudarlo y corregirlo, pero también llevarlo a asumir la responsabilidad de sus actos, actuando con justicia y con el mayor celo posible para cuidar de los demás miembros y evitar que el mal se propague.

FRENTE A ESTA CRISIS, ¿CUÁL DEBE SER NUESTRA ACTITUD?

En primer lugar aprendamos a juzgar a nuestra Iglesia no por quienes no viven su auténtico espíritu, sino por los que caminan lado a lado de la mano del Señor. Podemos centrarnos en aquellos que traicionaron al Señor y que abusaron en vez de amar a quienes estaban llamados a servir, o podemos enfocarnos en los demás, en la gran mayoría que ha permanecido fiel: todos esos sacerdotes, religiosos y laicos que siguen ofreciendo sus vidas para servir a Cristo y a los demás.

Ahora bien, esta actitud no significa que no condenemos abiertamente todos esos casos de abuso. Debemos también preguntarnos cuál es la responsabilidad de quienes conociendo estos abusos no hicieron nada para impedirlos, para ayudar a los que poco a poco se desviaban del camino y para separar de sus cargos y denunciar ante las autoridades eclesiales y civiles a quienes cometieron dichos delitos. Tal parece que el demonio pudo más, impidiendo que hablaran oportunamente quienes tenían obligación de hacerlo y tapando los oídos a las autoridades correspondientes, que en su momento tenían que haber actuado con toda severidad.

Nosotros no podemos asumir esa actitud. A ejemplo de Cristo debemos ser valientes para denunciar los atropellos a la dignidad de cualquier persona. No podemos reaccionar con ingenuidad ni con apocamiento. Los católicos tenemos que aprender a hablar a tiempo, a decir las cosas claras, a no transigir con la mentira, venga de donde venga; a ser firmes para denunciar el error y las faltas. Debemos actuar siempre para proteger a los más inocentes y para prevenir daños.

Tú y yo no sabemos con exactitud lo que ha sucedido. No nos corresponde juzgar ni hacer especulaciones al respecto. Tenemos que ser capaces de encauzar el dolor, el coraje o la desilusión a la expiación, el perdón y el arrepentimiento. Tal como lo dijo hace poco el Papa: “La Iglesia tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, aceptar la purificación, entender, por un lado, el perdón, pero también la necesidad de justicia”.

El perdón no sustituye a la justicia y por ello Su Santidad invita a los sacerdotes y religiosos que han traicionado la confianza depositada en ellos a: “responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos” (…) a “admitir abiertamente su culpa y a someterse a las exigencias de la justicia, pero no desesperar de la misericordia de Dios”.

Apoyemos a las víctimas y a sus familias. Animemos y, en lo posible, orientemos a todos aquellos que han visto con gran dolor cómo la imagen de quienes consideraban sus ejemplos a seguir se ha destrozado para siempre. Como miembros de la UFCM volvamos a trabajar como antes en los seminarios, para contribuir con la formación integral adecuada y suficiente de todos nuestros seminaristas. Orientemos a niños, jóvenes y padres de familia para que sepan prevenir este tipo de abusos y, en su caso, denunciarlos. Evitemos que muchos tomen estos escándalos como “pretexto” para alejarse más de su religión.

Pero sobre todo, redoblemos los esfuerzos por fortalecer nuestra vida de fe: tenemos que orar más, prepararnos más, acercarnos con mayor frecuencia a los sacramentos y volver a la “penitencia” tan fuera de moda en nuestros días. En fin, hemos de ser más fuertes para actuar en esos momentos difíciles en que Jesús nos llama a reforzar el trabajo en su viña.

¡RENOVEMOS NUESTRA IGLESIA!

Por supuesto que sí. Pensemos en las duras pruebas que ha tenido que enfrentar la Iglesia a lo largo de los años; basta con revisar la historia. Tú y yo podemos estar seguras de que si no fuera por Dios, los seres humanos habríamos acabado con ella hace mucho tiempo. Nuestro Señor ha permitido que a través de grandes crisis como ésta surjan grandes ejemplos de valentía y santidad que han transformado a la propia Iglesia y al mundo.

Cómo no recordar a San Francisco de Asís a quien frente a los escándalos que en aquella época se vivían, Cristo le pedía: ¡Reconstruye mi Iglesia!

Y vaya que sí lo hizo. Tampoco podemos olvidar a Santa Teresa de Ávila, doctora de la Iglesia, a quien el Señor confió la reforma del Carmelo.

Ella, al ingresar al convento, descubrió que había muchos abusos y faltas graves a los votos y a la regla carmelita. Fue la gran reformadora de esta orden religiosa que persiste dando frutos de santidad hasta nuestros días.

Y para nosotros los laicos la figura de Santo Tomás Moro debe darnos la pauta a seguir

en estos momentos. Él fue firme y fiel a su conciencia hasta el final. Sin dejar de denunciar el error y las faltas de autoridades civiles y de altos representantes del clero de su época, supo combinar en circunstancias muy delicadas el amor a la verdad y su fidelidad a la Iglesia, cuidando ante todo la caridad. Es mucho lo que los católicos de estos tiempos tenemos que aprender del comportamiento de este santo.

La Iglesia entera debe ahora estar unida en oración, penitencia y trabajo por todos los sacerdotes para que valoren la grandeza de su ministerio. Con la certeza de que Cristo es el único modelo a seguir y ce que Él nunca nos fallará, todos los que formamos parte de ella hemos de acompañar y apoyar en su fe a religiosos, seminaristas y tacos que han sido afectados. El propio Jesús, que conoce nuestras debilidades y las perdona, es quien, con la fuerza del Espíritu Santo, nos da los  medios para salir adelante. Estemos seguros, la barca de Pedro nunca se volcará porque Jesús está y permanecerá con ella hasta el final de los tiempos.AF

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Para envejecer con dignidad…

Para envejecer con dignidad…

Luz Flores

Revista Acción Femenina. Agosto 2010/año 77/947

Hoy puede ser un gran día imposible de recuperar,

un ejemplar único, no lo dejes escapar.

Que todo cuanto te rodea lo han puesto para ti.

No lo mires desde la ventana y siéntate al festín.

Joan Manuel Serrat

Es innegable… a casi nadie le gusta pensar en la vejez. Es uno de los temas que invariablemente tendemos a evitar, a callar.

En un mundo en el que los estándares de belleza son: delgadez, juventud y piel perfecta, el envejecimiento es visto como algo negativo y triste. ¡Cuántas veces nos hemos avergonzado por decir nuestra edad! La callamos o cambiamos o hacemos hasta lo imposible para disimularla: cirugías, tratamientos de belleza…

Tenemos dos caminos: pelearnos con nuestra edad y vivir, de alguna manera, enojadas con nosotras mismas o aceptarla y reconocer que tenemos caudales de experiencia acumulada.

Si lo vemos por el lado positivo y natural, podemos presumir que Dios nos ha regalado muchos años de vida, muchas experiencias buenas y malas que nos han ayudado a madurar.

LAS CIFRAS HABLAN…

La realidad es que México y el mundo entero envejecerán gradualmente. Gracias a Dios y a los avances de la Ciencia, la esperanza de vida ha aumentado en las últimas décadas. El Consejo Nacional de Población (CONAPO)1 y el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM)2 señalan que actualmente viven en el país 8.8 millones de personas de 60 años o más, y que para el 2030, dicho sector crecerá a 20.7 millones.

En México, diariamente 799 personas cumplen 60 años. Para el año 2050, habrá 33.8 millones de adultos mayores; uno de cada cuatro será adulto mayor.

El envejecimiento de la población nos plantea profundos cambios culturales en los que se redefine el significado social de la vejez.

UN PROYECTO DE VIDA, UN PROYECTO DE VEJEZ

Recuerdo una canción de Piero que dice: “La edad se le vino encima, sin carnaval ni comparsa”… Cuando no tenemos claro un proyecto de vida, nos puede pasar como al abuelito del cantautor, que así, de pronto, nos demos cuenta q^e ¡ya no nos cocemos al primer hervor!

Por eso es importante hacer un plan de vida, el cual tiene que incluir, necesariamente, la etapa de la vejez.

¿Qué quieres para esa etapa de plenitud y de sabiduría, que es la etapa de la vejez? ¿Ser un estorbo? ¿O ser productiva? El adulto mayor puede ser como el faro que da luz a las generaciones jóvenes, compartiéndoles su experiencia de vida, su alegría y su fortaleza.

¡A CAMBIAR ESQUEMAS!

¿Cómo te visualizas en tu vejez? ¿Te gusta el estereotipo de la ancianita que, sentada en su silla mecedora se dedica a tejer y a tejer, que sólo espera que la vengan a visitar y que le gusta inspirar lástima? ¡Ese estilo ya pasó de moda!

Te presentamos algunas ideas que te ayudarán a replantear tu vejez, ya sea que ésta sea un proyecto de vida o una realidad actual:

  • Preocúpate por tu arreglo personal. Muchas mujeres, en cuanto se jubilan y dejan de ir a trabajar, se olvidan de cuidar su presentación: ¡Arréglate para ti misma! ¿No ves que la vida es una fiesta? ¡Disfrútala! Te ves bien, te sientes bien.
  • Si físicamente estás en condiciones de salir de casa, aprovecha la oportunidad para pasear. ¿No ves que tu condición es envidiable? Visita a tus amigas, ve al cine, conoce y disfruta tu ciudad. No esperes a que tus hijos o nietos vengan a sacarte. Forma un grupo de amigas de tu edad.
  • Si tus condiciones de salud no te permiten salir con facilidad, busca actividades para realizar en casa. Cultiva el hábito de la buena lectura. A través de los libros puedes viajar a mundos maravillosos.
  • Trabaja. Cultiva tu mente, disfruta del arte. Sé útil.
  • Escucha música. Pero no sólo escuches tu música. Es bueno ponerse nostálgica a veces, pero no siempre. Deja de lado esa  idea que sólo la música de tus tiempos era buena. La realidad es que sólo trasciende la buena música. Sé sincera. ¿No es cierto que en tus tiempos también había música horrible?
  • Realiza ejercicio físico: contra inercia, diligencia.
  • Cultiva el optimismo. Evita estar hablando continuamente de tus achaques. Deja de inspirar lástima. Sé fuerte. Cultiva el sentido del humor.
  • No vivas en función de los demás, busca tus propias actividades, sé autónoma.
  • No hagas de tu vida y de tu hogar un museo. No es cierto que el pasado era mejor. Evita frases negativas como: “’ Ay, cómo está el mundo, en mis tiempos todo estaba muy bien”. Sé sincera, también en tus tiempos también había violencia, guerra, desorden moral… Y al igual que antes, el mundo también te sigue ofreciendo cosas maravillosas. ¡Vive y disfruta el presente!

Nunca es tarde para comenzar. ¡Estudia! Puedes aprender un nuevo idioma, continuar tus estudios, aprender computación

Comunicado sobre el reconocimiento de uniones de entre presonas del mismo sexo

 

Consejo de Analistas Catolicos de Mexico

 

México, D.F., 24 de agosto de 2010.

 

 

COMUNICADO DE PRENSA

 

 

A la opinión pública:

 

En relación a la discusión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre la acción de inconstitucionalidad 2 / 2010 promovida por el Procurador General de la República acerca de las reformas a los artículos 146 y 391 del Código Civil del Distrito Federal que reconoce las uniones entre personas del mismo sexo y la adopción de menores, el Consejo de Analistas Católicos de México (CACM), manifiesta lo siguiente:

PRIMERO. El máximo tribunal ha declarado la constitucionalidad de las reformas al Código Civil del Distrito Federal obedeciendo a criterios que, desde el ámbito internacional, han venido marcando las tendencias que tratan de otorgar “derechos plenos” a los grupos minoritarios, anteponiendo derechos secundarios y relativizando derechos fundamentales, como el derecho a la vida de las personas desde la concepción.

La V Asamblea Legislativa del Distrito Federal y los lamentables criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) han alterado la esencia de la institución del  matrimonio en el Código Civil del Distrito Federal,  como consorcio de vida y amor entre un varón y una mujer, usurpándolo y equiparándolo con las uniones entre personas del mismo sexo que, a la luz de criterios antropológicos elementales, no debería ser aceptado en una legislación civil.

SEGUNDO. Al ocurrir lo anterior, el Consejo de Analistas Católicos de México considera urgente que los estados de la Federación blinden sus Códigos Civiles respectivos, a fin de que las legislaturas locales conserven como matrimonio válido el constituido por un hombre y una mujer, de conformidad con el artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y los distintos Tratados Internacionales suscritos por el Estado mexicano.

TERCERO. Como ciudadanos en pleno ejercicio de nuestros derechos políticos, pedimos a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal legislar para que el derecho de objeción de conciencia, tanto de oficiales como trabajadores del registro civil, sea reconocido y garantizado para que a nadie se obligue a actuar contra su conciencia y principios morales o religiosos y no se les coaccione cuando por esas razones se nieguen a dar fe de la celebración de estos mal llamados “matrimonios”.

Al mismo tiempo, hacemos un llamado a los legisladores del Congreso de la Unión para que el Constituyente Permanente modifique los artículos 24 y 130 constitucionales para proteger plenamente la libertad religiosa, ya que todo Estado que se jacte de ser democrático garantiza y promueve este derecho fundamental, tal y como el Estado mexicano se ha comprometido por su adhesión a diversos instrumentos internacionales.

CUARTO. Igualmente exigimos que los legisladores del Congreso de la Unión y los diputados de las legislaturas locales revisen los sistemas de adopciones para facilitar el trámite, la asignación de menores y se reconozcan los derechos de los niños -como el caso de tener una madre y un padre- tutelando de manera efectiva el bien del menor.

QUINTO. Como el matrimonio ha dejado de ser el consorcio de vida y amor formado entre un hombre y una mujer en la legislación civil del Distrito Federal, convocamos a todas las parejas que están por unirse en matrimonio civil a boicotear y rechazar cualquier celebración en los juzgados del registro civil de esta ciudad, para casarse en los municipios conurbados del Estado de México o de otra entidad federativa, a fin de manifestar su repudio a una disposición legislativa injusta que ha atentado contra la institución matrimonial.

SEXTO. Finalmente manifestamos que no estamos en contra de los homosexuales; al contrario, los respetamos como personas y la Iglesia no está en su contra. Sin embargo, afirmamos que estas reformas no son un avance de las libertades plenas y sí constituyen un retroceso evidente que relativiza los derechos humanos fundamentales.

Por el Consejo de Analistas Católicos de México (CACM)

 

 

CARLOS CÉSAR MONTIEL GONZÁLEZ

DIRECTOR

 

 

GUILLERMO GAZANINI ESPINOZA

SECRETARIO

ALBERTO PATIÑO REYES

RESPONSABLE COMISIÓN DE RELACIÓN IGLESIA-ESTADO

 

 

JAIME DUARTE MARTÍNEZ

RESPONSABLE DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN E IMAGEN PÚBLICA

 

 

 

 

 

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