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Archive for 16 noviembre 2012

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario – B

 

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario – B

 

Citas:

Da 12,1-3:                                                                 www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9abr1ql.htm

He 10,11-14.18:                                                www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9arbi0j.htm

Mc 13,24-32:                                                     www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9bfegpm.htm

 

 

«Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que Él está cerca, que está a las puertas» (Mc 13,29). La Liturgia de la Iglesia quiere hoy conducirnos a contemplar el último Día, quiere dirigir nuestra mirada hacia Aquel que es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin de todas las cosas, hacia Aquel del cual, el próximo Domingo, celebraremos su Realeza universal: Jesucristo Dios. En Él todo se recapitula, todo tiende hacia Él, todo el cosmos y la historia corren hacia Él, toda la creación “gime con los dolores del parto”, diría San Pablo, y nosotros mismos vivimos en esta continua, dulce espera.

«Cuando veáis que suceden estas cosas, saben que Él está cerca, que está a las puertas». Cristo nos ama tanto, su Corazón de tal manera arde de Amor y de deseo por cada uno de nosotros, que anticipa –antes de inmolarse en la Cruz- lo que sucederá en los últimos tiempos. Y es lo propio de quien ama, despertar en el amado la espera de su regreso, de manera que, esperándolo, ellos lo deseen y, deseándolo, lleven a cabo los actos de amor que les sugiere el corazón para prepararse al encuentro, para acogerlo dignamente, demostrarle el amor y agradarle.

«Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que Él está cerca, que está a las puertas”. Cuando el corazón se carga de espera por el amado, sucede además algo singular: todo lo que nos rodea se “transfigura” a nuestros ojos y se convierte en ocasión, en pretexto para amar. Aún más sucede así con Cristo. Cuando en el corazón se enciende y se renueva el amor y el deseo de Él, todo encuentra su sentido, todo –cada encuentro, cada circunstancia, cada alegría y dolor, todo deber- asume un gusto nuevo, puesto que recibe de Él luz y consistencia: porque en Él, nuestro Creador y Redentor, encuentra su propio significado.

«Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que Él está cerca, que está a las puertas». Hablándonos de los últimos días, no obstante, el Señor no nos señala un término temporal preciso. Agrega, en efecto: “Respecto a aquel día o a aquella hora, ninguno lo sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sólo el Padre » (Mc 13,32). Por esto nos dice: “cuando veáis que suceden estas cosas”… es decir, nos llama a mirar la realidad, nos invita a leer los signos ciertos de su retorno. No es refugiándonos en una religiosidad intimista y subjetiva, incapaz de regir la vida, de obedecer a la realidad, como nos preparamos para el último Día. Más bien, adentrémonos siempre con mayor seguridad en la realidad, fiándonos de Aquel que la ha hecho y la ha redimido, fiándonos de ella y de los signos del Misterio cada vez más numerosos que descubriremos. La realidad, en efecto, es la verdadera maestra en el camino que lleva al Cielo, puesto que, como dice también el Apóstol, «la realidad es Cristo» (Col 2,17).

«Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que Él está cerca, que está a las puertas». Pero nuestra espera, la espera cristiana, no se refiere solamente a un futuro cierto pero lejano. El Día futuro al que tendemos, el Último Día al que todo nos llama, ya está presente. Ya viene, puesto que este Día es Cristo, el Hijo Unigénito de Dios que viene a visitarnos desde lo Alto, como el Sol que nace (cf. Lc 1,78). No podemos vivir la espera en la tristeza, en el deseo de un bien ausente: debemos vivirla en la alegría de su presencia, que nos llega en la Iglesia, de modo especial a través de los sacramentos y por el anuncio de la Palabra. Es la Presencia que podemos experimentar en la comunión con los hermanos, que es un don del Espíritu Santo. Es la Presencia que resplandece de modo eminente sobre el Altar, donde Cristo, nuestro Futuro, entra en nuestro Presente para atraernos hacia Él, a su Corazón y, por medio de Él, al Padre.

«Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que Él está cerca, que está a las puertas». Dejemos que la espera de su presencia encienda en deseos nuestro corazón, lo dilate y lo haga capaz de un amor atento y premuroso, que reconoce a Cristo en cada hermano y que se abrirá en el Día que no tiene fin. Que María Santísima, Mujer de la espera e insuperable Modelo de amor, prepare siempre nuestro corazón para el encuentro con su Hijo, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

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Categorías:Magisterio

Cristo Rey 2012

Cristo Rey 2012

http://www.accioncatolica.org.ar/?p=8266

Nov 7, 2012

Cristo Rey 2012Nos acercamos ya al mes de Noviembre, en que la Acción Católica en la Argentina, (también en algunos otros países del mundo) celebra su fiesta, en la FESTIVIDAD DE CRISTO REY.

¿Por qué en Cristo Rey?

Pío XI, el Papa que dio a la Acción Católica, su definición y cause dentro de la vida pastoral de la Iglesia, asumió como Pastor en épocas muy turbulentas, para la humanidad como fue la 1º Guerra Mundial.

Su papado estuvo marcado, ciertamente por la preocupación en torno a la PAZ, y propuso como eje la restauración de la paz en un mundo quebrado por la guerra.

Es así, que la Acción Católica Italiana, y las que nacerían a partir de su propuesta, hicieron suya la invitación del Santo Padre en dos de sus encíclicas, y sus programas nacieron con esta meta como propia.

De ahí, que la AC hizo suyo el  lema:”LA PAZ DE CRISTO EN EL REINO DE CRISTO” y la festividad de Cristo Rey, como su día. (Ver textos de los Documentos de Pío X)

¿Qué celebramos en la actualidad?

CRISTO REY

LA VOCACION DE LA ACCION CATOLICA

 CRISTO REY

La celebración de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, cierra el Año Litúrgico, en el que recorremos a través de la Palabra el misterio de la Salvación.

El Papa Pio XI, el 11 de diciembre de 1925, instituyó esta solemnidad para recordar la soberanía universal de Jesucristo y para que cada uno de nosotros, centremos nuestra vida en Aquel, que es camino, verdad y vida; del Reino nuevo que crece en medio de la historia de la humanidad: JESUS.

Cristo Rey nos recuerda la tensión de la vida y de la meta a la que aspiramos alcanzar.

Su realeza hecha de misericordia, de justicia y de bondad pone frente a nosotros una mirada distinta, para descubrir en los acontecimientos y en cada persona una oportunidad para anunciar la Buena Nueva que Jesús ha venido a comunicarnos y a la que entramos por “la puerta de la fe”.

En este tiempo, en que los Obispos del mundo se han reunido para reflexionar sobre la Nueva Evangelización, a los 50 años del Concilio Vaticano II y a los 20 años del Catecismo de la Iglesia, la fiesta de Cristo Rey, nos ha de poner en claves de anunciadores alegres y gozosos de una experiencia capaz de cambiar la vida: El encuentro con Jesús.

Jesús cuya realeza es anuncio de que el poder es servicio, que en cada “otro” está mi hermano, que en cada situación de injusticia hay un ser humano que clama al cielo, y reclama de nosotros compromisos nuevos, actitudes renovadas.

Su realeza nos pone en “clave” de caridad y de compromiso frente a los nuevos escenarios donde Dios es desconocido o silenciado, o en otros donde es buscado casi sin saberlo.

Podemos preguntarnos juntos:

¿Qué hay detrás del pobre que duerme desprotegido en la estación de ferrocarril del barrio?

¿Qué hay más allá de la madre que abandona a un hijo o de un padre violento que golpea a su familia?

¿Qué pasa por el corazón de una madre que aprueba el aborto, o de un médico que está dispuesto a hacerlo o de un legislador que desea dar su acuerdo para legalizarlo?

¿Qué hay en el horizonte de un hombre o una mujer que ha perdido su trabajo o de aquel que explotado gana centavos por hora?

¿Qué hay en la “lógica” de la guerra que con más violencia busca la paz?

¿Qué reside en el corazón de aquel que vende droga, mata por un par de zapatillas, viola, o se dedica a la trata de personas?

¿Qué hay en aquel que comercia con el cuerpo o estimula permanente el sexo sin valor?

Frente a estas situaciones y muchas otras, queremos proponernos abrir el corazón para reorientar nuestra propia vida y proponerles a los demás la vida nueva que hay en JESUS:

LA ACCION CATOLICA

¿Qué recursos te ofrecemos?

1.       HISTORIA DE LA ACCIÓN CATÓLICA

2.      LA ACCIÓN CATÓLICA EN EL CONCILIO VATICANO II

3.      LA ACCIÓN CATÓLICA EN LA APOSTOLICAN ACTUOSITATEM

4.     LA ACCIÓN CATÓLICA EN LA CHRISTIFIDELIS LAICI

5.      VOCACIÓN; CARISMA Y MINISTERIO DE LA ACCIÓN CATÓLICA

6.     MATERIAL DE PREPARACIÓN

Categorías:Accion Catolica

Retiro Espiritual de la Unión de Católicos Mexicanos (UCM)

ACCION CATOLICA MEXICANA

UNION DE CATOLICOS MEXICANOS

CONSEJO NACIONAL

BARRANCA DEL MUERTO No. 482, COLONIA ALPES, C.P. 01010, MEXICO, D.F

A LOS  ASISTENTES ECLESIASTICOS NACIONALES

A LOS SISTENTES ECLESIASTICOS DIOCESANOS

A LOS ASISTENTES ECLESIASTICOS PARROQUIALES

A LOS COMISIONADOS NACIONALES

A LOS DELEGADOS PROVINCIALES

A LOS PRESIDENTES DIOCESANOS

Por medio de la presente y de la manera más atenta, el Presidente Nacional de la Unión de Católicos Mexicanos, de manera extraordinaria:

CONVOCA

Al primer Retiro Espiritual de nuestra querida Organización UCM, con el propósito de reencontrar el primer amor que hemos perdido y preparar las bases para un Plan Nacional de Trabajo y se pueda trabajar de manera homogénea en todas las Diócesis de la República Mexicana donde se tiene presencia. Dicho retiro se llevara a cabo los días 4,5 y 6 de Enero del 2013 en  LA  CASA DE RETIROS DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD DE TOLUCA, Camino a la Conchita No. 35 Col. Zimbrones, Zinacantepec, Estado de Mexico.

La cuota de recuperacion será de $500.00 que cubrirán los alimentos y hospedaje durante todos los días del retiro.

FAVOR DE REGISTRARSE A MAS TARDAR el 28 DE DICIEMBRE, SE ANEXA FORMATO DE REGISTRO.

Para cualquier aclaración o duda llamar a los teléfonos:

Sr. Edgar Sanchez Alvarez al            045 7222293567

Sr. Reyes Cepeda Rodriguez al         045 8331893700

Sr. Antonio Rangel Enriquez             01818-367-9075

Sr. Jaime Muñoz Muñoz                    01223-275-0715 o  01249-425-0841

Toluca, Estado de Mexico, a 29 de Octubre del 2012

FUERTES EN LA FE

Pbro. Lic. Miguel Jaime Caballero Becerril

ASISTENTE ECLESIASTICO NACIONAL

Sr. Antonio Rangel Enríquez

PRESIDENTE NACIONAL

Sr. Jaime Muñoz Muñoz

SECRETARIO NACIONAL

Categorías:UCM

Tener un hijo discapacitado es un gran dolor

Tener un hijo discapacitado es un gran dolor

Mabel es una madre que nos ha hecho llegar el profundo dolor que vive, dado que tiene un hijo discapacitado.

Tener un hijo con discapacidad debe ser un gran dolor.

Por más que recemos nosotros, por más que tengamos el firme deseo de acompañarla, por más que le digamos te queremos, te acompañamos, nunca, pero nunca, viviremos el dolor de ella.

Nunca podemos vivir el dolor que vive ella. Nunca podremos vivir el dolor que vive ella.

Hay dolores personales, dolores que tienen un solo sabor, el sabor amargo del que los tiene que vivir.

No hay ninguna duda que sobre tu situación  –madre de un hijo discapacitado—poco o nada te puedo decir, poco o nada se puede decir de algo que no se vive, del dolor que no se vive.

Por más que yo trate de ponerme en tu dolor, esto es imposible.

Las cruces que cada uno lleva solamente cada uno sabe lo que pesan.

Con mi esposa Lydia somos amigos de un matrimonio que tienen una hija discapacitada. Es autista.

Les ha costado muchos años aceptar esta cruz.

Un día charlando de nuestros hijos, así como al pasar, le dije que uno quiere a todos los hijos por igual. Hay de mas buenos y otros que no lo son tanto. Pero igual uno los quiere.

Y entre las cosas que uno anhela es que ellos también lleguen al paraíso.

Yo no sé si mis hijos verán el rostro de  Dios. Uno ha tratado de hacerlos buenos, pero siempre…..siempre te asalta la duda. Porque ellos son libres de su vida y libres de sus actos.

En cambio ustedes amigos, les dijimos,  tienen la absoluta seguridad de que su hija verá el rostro de Dios. Nosotros no sabemos si nuestros hijos lo conocerán. Ustedes si: todo hijo discapacitado en su mente, verá el rostro de Dios..

Dios solamente permite que cada uno de nosotros viva la cruz que puede soportar. Creo que yo no lo podría soportar.

Con los años hemos ido viendo que ellos fueron asumiendo esta circunstancia, y creemos…..creemos que ya no les pesa tanto como antes cuando ella era mas chiquita.

Quizás les pesa menos, aunque seguro que les sigue doliendo.

Como puedes ver  –estimada Mabel—tu cruz es pesada,  pero Dios no dejará de darte la fuerza que necesitas para soportarla y dar testimonio de ello frente a la comunidad que seguro te acompañará y rezará por ti.

Es frecuente que el hombre creyente crezca en el dolor, en el dolor asumido se entiende. Dolor asumido es entrar a formar parte de aquella cruz y a igual que aquella cruz se entra a formar parte de la redención.

Es darle sentido al dolor, es darle sentido a lo que uno le toca vivir.

En el diario donde Elizabeth Leseur reflejaría el sufrimiento experimentado durante un periodo de su vida, el cual fue redimensionado por la fe, nos dejó escrito: “el sufrimiento es la forma más elevada de acción, la más alta expresión de la maravillosa comunión de los santos; en el sufrimiento se es útil para los demás y para las grandes causas que uno anhela servir”.

Víctor Frankl nos dice en uno de sus libros: el sufrimiento sin sentido es neurósis, cuando se lo dota de sentido es crecimiento.

Esta frase es cristianismo puro.

Hay que esforzarse en encontrar un sentido a la vida, en toda vida y mucho más frente al sufrimiento.

Uno de los grandes problemas del mundo de hoy es que muchos no han encontrado el sentido a lo que viven. Viven sin saber bien para que.

Y mucho menos lo van a encontrar cuando el sufrimiento rodea su vida.

Un verdadero creyente  intuye que lo que aparece como mal inexplicable, con la luz de la fe, puede devenir un bien espiritual imposible de abarcar, pesar o medir. (Miguel Rivilla San Martin)

La fe ayuda. Ser creyente ayuda.

Fe y creencia ayudan a entender que en la vida a todo dolor le sigue una alegría. Y que a veces también a las alegrías le suceden sufrimientos.

Es la vida que sigue……….. y seguirá hasta el fin de los tiempos.

Salvador Casadevall

salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

 

REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA………..para acompañar a vivir

Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2007  Programa “Día Internacional de la Mujer”

Galardonado con la Rosa de Plata-Buenos Aires 2007  Programa “Navidad”

Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2006  Programa “Día del Niño”

Mención especial Premio  Magnificat-Buenos Aires 2005  Programa “Adultos Mayores”

 

Los cuatro primeros libros sobre estas reflexiones están disponibles y son vendidos por correo certificado de entrega.

 

Estas reflexiones pueden hallarse en los siguientes portales:

www.es.catholic.net de México

www.mensajesdelalma.org de Argentina

www.diosesvida.netfirms.com de Argentina

www.grupomatrimonios.com.ar  de Argentina

www.aragónliberal.es de  España

www.analisisdigital.com  de España

www.mfc.org.ar de Argentina

www.ideasclaras.org de México

www.yoinfluyo.com  de México

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Categorías:Discapacidad

Educar es hacer del hijo, fuerte en su personalidad

Educar es hacer del hijo, fuerte en su personalidad

 

Cuando uno llega del cine a las dos de la mañana y se encuentra que recién sus hijos se disponen a salir a disfrutar la noche………eso preocupa.

 

Cuando a uno lo despiden con un simple grito desde la puerta: ¡Chau, viejo! después de haber intentado que nos digan a dónde van y con quien van a volver…….eso también preocupa.

 

Pero cuando uno mira el reloj a las 7 de la mañana y los chicos todavía no llegaron y por más que uno ya sabe que normalmente no aparecen antes de las 8 de la mañana……..eso asusta.

 

El problema está en que la lógica y el sentido común nos dicen que hay que hacer algo y………no sabemos qué.

El ambiente de la diversión, los manipuladores de los adolescentes que lo que buscan es ganar dinero se nos han metido en casa. Los juntan de a miles en locales, estadios, conciertos, etc., cuando más amontonados mejor, es una manera de despersonalizarlos, que piensen poco y consuman mucho.

 

En estos tiempos tan lleno de soledades, el alma de muchas personas están atiborradas de “contactos”, “relaciones” y “conocidos”…….pero son un alma solitaria.

……………….y llegó el día que ya nos anunció Albert Einstein:

“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad”

 El mundo solo tendrá una generación de distraídos.

¿Ustedes no han notado lo que está pasando con los nuevos celulares que no sé para cuantas cosas  sirven?

 

En una reunión de amigos, en una comida en familia, tomando el té unas amigas, en el campo de futbol, en el auto, cada uno está atento de su maquinita en vez de conversar, mirar el partido o el paisaje, cada uno está en su mundo encerrado en esa pequeña cajita.

En las Iglesias, cines y teatros tienen que rogar que los apaguen.

Menos mal que al menos cuando duermen, hacen lo que siempre hemos hecho: dormir.

 

Si bien podemos decir que la sociedad actual conduce a las personas a ser materialistas  debido al alto nivel de consumismo y de tecnicismo reinante, notamos también que este ambiente influye decisivamente en la configuración de personalidades cada vez más débiles.

De ahí que debemos hacer de nuestros hijos, hijos fuertes, formados, sino queremos que predomine en ellos la formación de un ambiente que está ahí y que no podemos evitar que influya en alguna medida en su persona.

 

Por eso, además de hacer todo lo posible por mejorar las costumbres, es importante equipar a cada hijo para enfrentar situaciones que nosotros como adultos nunca vivimos.

Si queremos hacerlos libres para que puedan enfrentar su realidad, los debemos hacer fuertes, firmes en sus actitudes, seguros de lo que son.

 

Educar en valores significa conseguir que una persona actúe de manera habitual de tal modo, que su comportamiento sea digno de imitarse.

Últimamente se habla mucho de la autoestima. Es lógico, porque nos vamos dando cuenta de que el valor de una persona es tan grande que merece que alguien la ame incondicionalmente; es decir que esa persona exista y sea plenamente él.

 

¿Y dónde se aprende esto, dónde se enseña, dónde se mama sin que uno se dé cuenta? En la familia, en el hogar. No hay otro lugar.

La familia es como el bosque. Si estás fuera de él, sólo ves su densidad. Si estás dentro, puedes ver que cada árbol tiene su propio lugar. (“Palmeras en la nieve”- Luz  Gabás)

¡Qué importante que haya ido mamando la esencia de cada uno!, para que sin darse cuenta, haya crecido, como crece cada uno de los árboles que forman un bosque.

 

La soledad es cuando uno está rodeado de personas pero el corazón no ve nadie cerca  (Luis Gonzaga Pinheiro)

El hijo necesita para su formación sentir que nunca está sólo.

El amor sin condiciones sólo lo puede dar la familia, es allí donde se nos quiere por lo que somos y no por lo que valemos.

Mientras uno no se sienta querido así, no sabrá cuánto vale ni tendrá noción de su propia dignidad: su valoración va depender del espejo de los otros.

Que importante es, que este espejo de los otros sean sus padres, sea lo que ha visto vivir. Si eso no es así, lo que será, será una persona que va a la deriva por la vida.

En el mundo moderno de hoy es esencial y necesario que su hogar sea un espejo dónde un día se pueda mirar.

 

Se dice que no importa la cantidad de tiempo que se pasa con los hijos, sino la calidad. De acuerdo. Pero convengamos que el afecto necesita un tiempo para ser expresado y para ser recibido.

Tiene que haber un tiempo para escuchar, un tiempo para clarificar lo que intuyo, un tiempo para conocer los motivos de múltiples actitudes.

Cuanto más tiempo dedique a mis hijos más profunda será la semilla que vamos sembrando cuya cosecha un día vendrá.

Algunos padres la ven otros no. Pero si no hay tiempo de siembra nunca puede venir la cosecha.

 

Un padre que se tiene confianza en si mismo, es un padre que transmite sus convicciones con seguridad, con claridad y no se dobla o cambia de parecer por presión alguna. Podrá si ser abierto a las nuevas situaciones, se esforzará en ser comprensivo y en aceptar reflexionar sobre lo que se debe hacer en cada caso.

La diferencia entre debilidad y capacidad de adaptación es que el débil no piensa, sino que cede, se entrega, baja los brazos. No tenía motivos propios para sostener una posición frente a sus hijos. Sin darse cuenta le está diciendo que no sabe qué hacer con él.

El padre que está seguro de su responsabilidad se esfuerza y asume la perspectiva de las cosas y reflexiona. Y hace lo que mejor pueda hacer.

 

La actitud de los padres tiene que ser la de quien tira para adelante y sostiene su manera de ver las cosas, haciendo de espejo donde el hijo pueda reflejarse.

 

Un punto importante es el optimismo.

Educar personalidades fuertes es enseñar a ver las cosas desde muchos puntos de vista, saber enfrentar las preocupaciones no como problema imposible de resolver, sino como una circunstancia de la vida que debo buscar el cómo arreglarla, aprender a disfrutar de lo que hago porque todo esfuerzo vale la pena.

 

En la vida no todo puede ser oscuridad, siempre acaba saliendo el sol.(Charlotte Valandrey)

A las preocupaciones que todos han de vivir, hay que sembrar que siempre se debe vivir en la esperanza, esforzándose, sabiendo que siempre sale el sol.

Dice Stephen Covey en uno de sus libros: A veces lo más proactivo a nuestro alcance es el ser feliz. La felicidad como la desdicha, es una elección.

Hay que enseñarles a saber elegir.

Para poder elegir el ser o no ser feliz, es necesario ser fuerte en lo que cada uno es. En lo que cada uno aprendió en su casa por contagio o lo aprenderá  en la vida a base de  golpes.

 

Elijamos………

Salvador Casadevall

salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

 

 

REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA………..para acompañar a vivir

Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2007  Programa “Día Internacional de la Mujer”

Galardonado con la Rosa de Plata-Buenos Aires 2007  Programa “Navidad”

Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2006  Programa “Día del Niño”

Mención especial Premio  Magnificat-Buenos Aires 2005  Programa “Adultos Mayores”

 

Los cuatro primeros libros sobre estas reflexiones están disponibles y son vendidos por correo certificado de entrega.

 

Estas reflexiones pueden hallarse en los siguientes portales:

www.es.catholic.net de México

www.mensajesdelalma.org de Argentina

www.diosesvida.netfirms.com de Argentina

www.grupomatrimonios.com.ar  de Argentina

www.aragónliberal.es de  España

www.analisisdigital.com  de España

www.mfc.org.ar de Argentina

www.ideasclaras.org de México

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Categorías:Familia

Triple «Oficio»: Sacerdote, Profeta Y Rey

TRIPLE «OFICIO»: SACERDOTE, PROFETA Y REY

DicEc

http://mercaba.org/DicEC/T/triple_oficio_sacerdote_profeta_rey.htm

 

En el Antiguo Testamento los sacerdotes, los profetas y los reyes eran instrumentos y representantes especiales de Dios. A través de su ministerio era edificado el pueblo (Dt 17,14—18,22). En el Nuevo Testamento a Jesús se le dan los tres títulos: sacerdote (Heb 4,14-16; cf Jn 19,23; Ap 1,13), profeta-nabi (Lc 24,19) y rey (Jn 6,15; 18,33-37: ambiguo, pero véanse en los cuatro evangelios la entrada mesiánica en Jerusalén —Mt 21,1-11 y par.— y la inscripción sobre la cruz —Mt 27,37-42 y par.—). La primitiva comunidad cristiana era real y sacerdotal (>Sacerdocio común) y tenía la función profética de proclamar las obras maravillosas de Dios (lPe 2,9-10).

 

La tríada aparece en la >Tradición apostólica a propósito de la bendición del Aleo: reyes, sacerdotes y profetas`. Más tarde aparece en textos patrísticos y Eusebio de Cesarea (t 340 ca.) la usa en un sentido cristológico. Se encuentra también en la época medieval, pero no aparece como tema dominante hasta la época de los reformadores, especialmente con Calvino. En los círculos empieza a usarse en el siglo XVII, haciéndose más frecuente en el siglo XIX con >Newman, [que de forma novedosa propone que la eclesiología debe atender al triple ministerio de la Iglesia, cuyo ministerio profético asegura la regla de la verdad contra la tentación del racionalismo, el ministerio sacerdotal guía al culto contra la superstición, y el ministerio real conduce a la santidad contra la ambición y la tiranía. De esta forma los tres ministerios se atemperan mutuamente y se libran uno al otro de sus peculiares tentaciones. Así, el culto frena el racionalismo, la verdad vence la superstición y la piedad mitiga el peso de la ley].

 

Ya en el siglo XX, un estudio católico clave sobre la tríada fue el de J. Fuchs en 1941. Y. Congar había empezado a usarla como principio eclesiológico en la década de 1930, convirtiéndola en principio organizador de su obra clásica sobre los laicos. La tríada, en forma de maestro, rey y sacerdote, fue aplicada por Pío XII a Cristo en su encíclica Mystici corporis. G. Philips recurrió a ella también en su estudio sobre los laicos. Estaba, pues, madura en la época del Vaticano II.

 

El concilio la aplica a Cristo, a los laicos y a los ministros ordenados. En este último caso sigue el orden maestro-sacerdote-pastor/rey (LG 25-27; CD 12-16; PO 4-6), mientras que aplicada a los laicos el orden es sacerdote-profeta-rey (LG 34-36). Quizá su función más importante consista en indicar la igualdad radical en dignidad de todos los cristianos: «Por tanto, el pueblo de Dios, por él elegido, es uno: un Señor, una fe, un bautismo (Ef 4,5). Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo… Aun cuando algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del cuerpo de Cristo» (LG 32).

 

Hay una diferencia entre el >sacerdocio común de los fieles y el >sacerdocio ministerial o jerárquico que es esencial y no cuestión de grado (essentia et non gradu tantum [LG 10]). El sacerdote ministerial realiza un servicio distinto en la comunidad, pero eso no significa que por ello sea más santo que los laicos. Hay que buscar en la Lumen gentium los elementos clave que muestran en qué sentido es esencialmente diferente el sacerdocio de los laicos del sacerdocio de los ordenados, al igual que los elementos que muestran lo que tienen de común.

 

Todos están consagrados, por lo que sus obras son verdaderos sacrificios espirituales (Rom 12,1) y un testimonio para los demás (LG 10). El sacerdocio común se ejerce en la vida sacramental de la Iglesia (LG 11). La vida de sacrificio de los laicos es «espiritual» (está regida por el Espíritu Santo): Cristo se «asocia íntimamente [a los laicos] a su vida y a su misión y los hace partícipes de su oficio sacerdotal con el fin de que ejerzan el culto espiritual para gloria de Dios y salvación de los hombres… Pues todas sus obras, sus oraciones e iniciativas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el cotidiano trabajo, el descanso del alma y de cuerpo, si son hechos en el Espíritu, e incluso las mismas pruebas de la vida si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (lPe 2,5), que en la celebración de la eucaristía se ofrecen piadosísimamente al Padre junto con la oblación del cuerpo del Señor» (LG 34).

 

Sabemos por las Actas del concilio que LG describe la función profética de todo el pueblo: es una participación en la función profética de Cristo; consiste en el testimonio, la alabanza, la confesión de la fe y el >sensus fidei. Más tarde LG 35 desarrolla el tema de la función profética de los laicos: establecidos como testigos, dotados del sensus fidei y la gracia de la palabra «de modo que el poder del evangelio pueda resplandecer en la vida diaria de la familia y la sociedad», convirtiéndose en heraldos de esperanza, sin ocultar la razón de la misma, de forma que, «incluso ocupados en sus tareas temporales, puedan los laicos desempeñar la valiosa labor de procurar ahondar diligentemente en el conocimiento de la verdad revelada y de pedir encarecidamente a Dios el don de la sabiduría». Al tratar de los obispos, Lumen gentium 25 subraya la importancia de la predicación del evangelio, e insiste en que son maestros autorizados del mismo (>Magisterio). La proclamación del evangelio es la primera tarea de los sacerdotes, que tienen además la responsabilidad de un amplio ministerio en la Palabra (PO 4).

 

El oficio real no está tan desarrollado como los otros dos oficios en el capítulo II de LG, donde se dice que es común a todos los bautizados y lo ejercen por una parte los obispos (LG 27, donde se le da el nombre de «oficio pastoral»; >Obispos) y por otra los laicos (LG 36, en relación a la tarea pastoral de los sacerdotes; cf PO 6). A propósito de estos últimos se dice: «También por medio de los fieles laicos el Señor desea dilatar su reino: reino de verdad y de vida, reino de santidad v de gracia, reino de justicia. de amor y de paz… Deben, por tanto, los fieles, conocer la íntima naturaleza de todas las criaturas, su valor y su ordenación a la gloria de Dios… En el cumplimiento de este deber universal corresponde a los laicos el lugar más destacado… Igualmente coordinen los laicos sus fuerzas para sanear las estructuras y los ambientes del mundo cuando inciten al pecado, de manera que todas estas cosas sean conformes a las normas de la justicia… Obrando de este modo, impregnarán de valor moral la cultura y las realizaciones humanas… Conforme lo exige la misma economía de la salvación, los fieles aprendan a distinguir con cuidado los derechos y deberes que les conciernen por su pertenencia a la Iglesia y los que les competen en cuanto miembros de la sociedad humana. Esfuércense en conciliarlos entre sí» (LG 36). El oficio pastoral de los obispos (LG 27) y de los presbíteros (PO 6) es una participación especial en el oficio real de Cristo. Estos se ocupan de los fieles de un modo global, nunca de manera dominante. sino como siervos.

 

El uso de la palabra «rey» plantea en la actualidad algunos problemas; muchísimas personas, en efecto, no tienen ninguna experiencia de reyes o reinas que puedan ser reflejo de algún modo del uso bíblico de esta palabra. Con respecto a la jerarquía es preferible generalmente el empleo de la palabra «pastor». En el caso de Cristo es quizá mejor usar la palabra «Señor», que es la fórmula de los credos primitivos (ICor 12,3; Rom 10,9) y permitiría hablar de que los laicos participan del señorío de Cristo. [El título «Señor» es el preferido por J. Alfaro. Sobre este «munus» gravita toda una problemática referida a la posibilidad de su participación teniendo en cuenta el origen sacramental de la «potestas sacra» por la cual se inclina prioritariamente el Vaticano II (>Autoridad/Potestad sacramental). Con todo, para mantener una cierta participación y no contradecir esta unidad, algunos autores distinguen dos elementos de LG 27: la potesta.s iurisdictionis, que tiene carácter vinculante, pero que no agota el «munus regendi», y «los consejos, exhortaciones y ejemplos» como función «persuasiva» propia también del «munus regendi»”]

 

¿Cuántos oficios hay? El Vaticano II no dice en ningún momento que sean tres, pero habla de un triple oficio (triplex munus) o del oficio profético, sacerdotal y real. La idea de que hay un solo oficio, el sacerdotal, con consecuencias proféticas y reales, parece también contar con argumentos en su favor. Este oficio sacerdotal estaría a su vez vuelto hacia Dios y hacia el mundo: su función sería mediadora. Esta visión explicaría las aparentes superposiciones de los textos del Vaticano II, por ejemplo el que se diga que el testimonio pertenece tanto al oficio sacerdotal (LG 10) como al profético (LG 35). Puede notarse también la interacción de las tres funciones: la real es sacerdotal y profética; la sacerdotal es real y profética; y la profética es sacerdotal y real. Pero Cristo es el modelo de todas ellas.

 

El Código de Derecho canónico empieza su exposición del Libro II con una declaración sobre todos los fieles cristianos, que es una modificación de LG 31, referida a la participación de los laicos en el oficio sacerdotal, profético y real de Cristo (can. 204). El resto del Código, sin embargo. no presenta ninguna elaboración profunda y amplia del modo en que los laicos ejercen de hecho este ministerio. No obstante, la idea del triple oficio ha influido en la estructura de los libros centrales: II. Del pueblo de Dios; III. La función de enseñar en la Iglesia; IV. De la función de santificar en la Iglesia.

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Laico: Sacerdote, Rey y Profeta

Laico: Sacerdote, Rey y Profeta

Publicado el 08 octubre 2010 por Beatriz

 

Los laicos participan de las funciones de  Cristo, que es Sacerdote, Rey y Profeta.  Al igual que Jesús Sacerdote, intercedemos por los demás;  y como Jesús  Profeta, denunciamos las desviaciones de la fe, ya sea por defecto o por exceso, las injusticias sociales, la opresión de los hombres, etc.  A veces me parece que no somos muy conscientes de nuestra función profética.

La participación de los laicos en la misión sacerdotal de Cristo

901 “Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. En efecto, todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo (cf 1P 2, 5), que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios” (LG 34; cf. LG 10).

902 De manera particular, los padres participan de la misión de santificación “impregnando de espíritu cristiano la vida conyugal y procurando la educación cristiana de los hijos” (CIC, can. 835, 4).

903 Los laicos, si tienen las cualidades requeridas, pueden ser admitidos de manera estable a los ministerios de lectores y de acólito (cf. CIC, can. 230, 1). “Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el Bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho” (CIC, can. 230, 3).

Su participación en la misión profética de Cristo

904 “Cristo […] realiza su función profética no sólo a través de la jerarquía […] sino también por medio de los laicos. Él los hace sus testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra” (LG 35).

«Enseñar a alguien […] para traerlo a la fe […] es tarea de todo predicador e incluso de todo creyente (Santo Tomás de Aquino, S. Th. 3, q. 71, a.4, ad 3).

905 Los laicos cumplen también su misión profética evangelizando, con “el anuncio de Cristo comunicado con el testimonio de la vida y de la palabra”. En los laicos, “esta evangelización […] adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo” (LG 35):

«Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes […] como a los fieles» (AA 6; cf. AG 15).

906 Los fieles laicos que sean capaces de ello y que se formen para ello también pueden prestar su colaboración en la formación catequética (cf. CIC, can. 774, 776, 780), en la enseñanza de las ciencias sagradas (cf. CIC, can. 229), en los medios de comunicación social (cf. CIC, can 823, 1).

907 “Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los pastores, habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas” (CIC, can. 212, 3).

Su participación en la misión real de Cristo

908 Por su obediencia hasta la muerte (cf. Flp 2, 8-9), Cristo ha comunicado a sus discípulos el don de la libertad regia, “para que vencieran en sí mismos, con la apropia renuncia y una vida santa, al reino del pecado” (LG 36):

«El que somete su propio cuerpo y domina su alma, sin dejarse llevar por las pasiones es dueño de sí mismo: se puede llamar rey porque es capaz de gobernar su propia persona; es libre e independiente y no se deja cautivar por una esclavitud culpable» (San Ambrosio, Expositio psalmi CXVIII, 14, 30: PL 15, 1476).

909 “Los laicos, además, juntando también sus fuerzas, han de sanear las estructuras y las condiciones del mundo, de tal forma que, si algunas de sus costumbres incitan al pecado, todas ellas sean conformes con las normas de la justicia y favorezcan en vez de impedir la práctica de las virtudes. Obrando así, impregnarán de valores morales toda la cultura y las realizaciones humanas” (LG 36).

910 “Los seglares […] también pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio de la comunidad eclesial, para el crecimiento y la vida de ésta, ejerciendo ministerios muy diversos según la gracia y los carismas que el Señor quiera concederles” (EN 73).

911 En la Iglesia, en el ejercicio de la potestad de régimen “los fieles laicos pueden cooperar a tenor del derecho” (CIC, can. 129, 2). Así, con su presencia en los concilios particulares (can. 443, 4), los sínodos diocesanos (can. 463, 1 y 2), los consejos pastorales (can. 511; 536); en el ejercicio de la tarea pastoral de una parroquia (can. 517, 2); la colaboración en los consejos de los asuntos económicos (can. 492, 1; 536); la participación en los tribunales eclesiásticos (can. 1421, 2), etc.

912 Los fieles han de “aprender a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana. Deben esforzarse en integrarlos en buena armonía, recordando que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana. En efecto, ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios” (LG 36).

913 “Así, todo laico, por el simple hecho de haber recibido sus dones, es a la vez testigo e instrumento vivo de la misión de la Iglesia misma ‘según la medida del don de Cristo’” (LG 33).

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