Evangelizar requiere discipular laicos y crear comunidades: ¿saben los curas como hacerlo?

 

Evangelizar requiere discipular laicos y crear comunidades: ¿saben los curas como hacerlo?

REL – El Encuentro de Nueva Evangelización 2013 en Valladolid, del 4 al 7 de julio, contó con un potente análisis sobre las debilidades de la Iglesia en Occidente y en España, primero por parte de Josué Fonseca, uno de los organizadores, y después por otros analistas allí presentes.

Josué Fonseca es un oteador privilegiado por varias causas: como profesor, ve las generaciones de jóvenes en el instituto y la universidad, año tras año, más ajenas a la fe. También lo vive como padre de familia. Como fundador de la Comunidad Fe y Vida, ve lo que sucede cuando una comunidad crece en número, en la fe, en conversiones, cuando se fundan nuevas familias cristianas en red… Y, sobre todo, tiene amplitud de visión histórica porque es profesor de Historia de la Iglesia, historiador especializado en Historia de las Mentalidades, tiene visión sociológica de las cosas y ha viajado mucho, en persona y por Internet, conociendo nuevas comunidades y propuestas en distintos países, católicas o protestantes.

La cultura de hoy es “imagen y sentimiento”
“Estamos viviendo un cambio de paradigma mental, algo que ha sucedido pocas veces en la historia: de una mentalidad basada en la razón y las ideas -así, el siglo XX fue llamado el siglo de las grades ideas- hemos pasado a una cultura postmoderna basada en las imágenes y los sentimientos; puede gustar o no, pero esto es así”.

El problema es que la estructura pastoral en la Iglesia Católica se ha quedado anclada en el modelo de diciembre de 1565, fecha de finalizacióndel Concilio de Trento: “un modelo basado en parroquias, cada una con un cura o más, y con una pastoral basada en los sacramentos”. En el nuevo paradigma esta estructura es insostenible: “en mi diócesis de Santander, en 1964 teníamos 500 seminarista; hoy tenemos 6”, pone a modo de ejemplo.

Otro modelo: comunidades y discipulado
Josué propone otro modelo: crear comunidades (gente que se conoce por su nombre y se apoya en el día a día), con discipulado (entrenamiento cercano para seguir a Cristo; el discípulo convive con el maestro y aprende viviendo junto a Él, más que estudiando sus textos) y eclesialidad muy fuerte, dando mucha importancia al obispo.

Josué puede hablar de su experiencia en la comunidad Fe y Vida. Él era profesor de instituto y se le notaba que era cristiano. Los jóvenes se le acercaban con sus problemas, crisis e inquietudes. Él les escuchaba, los mantenía cerca, los juntaba para rezar. Algunos incluso eran acogidos en su casa, en su familia, en situaciones más duras. Aprendían a quererse unos a otros y a relacionarse con Dios.

Y cuando ya éramos 50 fui al obispo y le dije: ´señor obispo, mire lo que está sucediendo´. Y él dijo que siguiéramos así, y ya veríamos más adelante. El obispos nos acompañó y orientó”.

Josué cree que en esta nueva época se parecerá mucho más a la organización cristiana de los siglos II y III que a la del siglo XVI al XX: “más centrada en casas, en comunidades, y con obispos supervisores, y menos en parroquias y párrocos”.

La importancia del obispo, insiste, es esencial, “para que los movimientos no creen guetos y pierdan el sentido eclesial. Trabajamos para la Iglesia y Cristo, no para el movimiento. No entiendo esos movimientos que les pides, por ejemplo, materiales para cursos matrimoniales, y te dicen que no, que son solo para los de su grupo”.

Cambiarlo todo, menos el Magisterio
Ante la crisis de fe, Josué Fonseca pide “cambiar todo lo que haga falta, menos el Magisterio y el Depósito de la Fe”. De hecho, critica que se hace exactamente lo contrario: se mantienen, por ejemplo, cursos de Confirmación donde ningún joven encuentra la fe y de hecho muchos la pierden, así como la moral católica, porque los catequistas de Confirmación no les hablan, por ejemplo, de la propuesta católica sobre la sexualidad… “catequistas que cohabitan con sus novias, ya sabéis; mantienen la estructura caduca y ni siquiera dan la doctrina buena“.

No hay que tocar ni un dogma, ni un punto de la doctrina. Pero hay que saber comunicarlo al mundo de hoy. “¿Por qué la Iglesia es tan mala comunicadora? ¿Por qué es peor comunicadora que cualquier otra institución? Es verdad que es muy grande y muy antigua, ninguna otra entidad se le parece, su inercia la hace pesada, pero… ¿por qué los jóvenes de los carteles de publicidad diocesana parecen todos de las juventudes del PP? Desde luego, no conectan con mis alumnos universitarios. La imagen es muy, muy importante”.

En la misma línea que la imagen, entra la música: los jóvenes, el sector social menos católico, escuchan mucha música, y por eso la música ha de ser un gran vehículo por el que entre la Palabra de Dios, el Evangelio y la práctica de la oración.

Del Che Guevara: abrir fuegos

Josué citó con cierto ánimo iconoclasta al Che Guevara, que explicaba cual era su sueño revolucionario: “él quería hacer surgir un, dos, tres Vietnam en América Latina. Pues yo lo que quiero es que surjan un, dos, tres, o mil comunidades en España, con personas convertidas, que pongan a Cristo en el centro de su vida”.

Serán siempre comunidades bastante diversas, no seguirán todas un mismo patrón, no estarán “clonadas”, pero tendrán siempre oración, gente que se conoce y se apoyapara crecer en el amor a Dios.

(Una parroquia no es comunidad: de 10.000 personas en la parroquia, quizá mil van a misa, el cura conoce sólo a 150, y ellos entre sí no se conocen ni el nombre).

“¡Sacerdotes, cread comunidades!”
Josué Fonseca da un consejo a los sacerdotes, siempre escasos y saturados de trabajo “urgente” que no les deja hacer “lo importante”: “¡sacerdotes, buscad un grupo de personas con fe, formadlas, construid un grupo de discípulos, hasta que sean comunidad!; ellos seguirán trabajando cuando tú te vayas; orad con ellos, y cuando estén más maduros, evangelizad”.

Y a los padres de familia les comenta: “mi hijo de 16 años me dijo que tendrá que dejar a sus amigos el año que viene, cuando la diversión del grupo ya sea sólo alcohol, zona de vinos, etc… Él tendrá que encontrar, como pueda, un grupo de amigos cristianos, que crean en otra forma de vivir. ¿Estamos creando espacios para que nuestros hijos puedan ser cristianos, con amigos cristianos?

Obispos con miedo a ser creativos

Además, Josué lamentó que mientras que hay obispos que dejan a malos catequistas (y curas) predicar errores, hay otros obispos que son creativos y quieren hacer cosas nuevas y buenas pero no las hacen por miedo al “qué dirán”, en una especie de mediocridad para no destacar en el grupo.

Los grandes temas planteados por Josué volvieron a retomarse en la tertulia final del ENE 2013, en la que ejerció de moderador el periodista Jesús Colina (Aleteia), y participaron Josué, Tote Barrera (Cursos Alpha)Alfonso Cherene (pastor evangélico, del movimiento ecuménico juvenil Jucum) y Yuan Fuei Liao, predicador y evangelizador de la comunidad católica Siervos de Cristo Vivo.

Una red: más allá de mi movimiento
Alfonso Cherene, que conoce la experiencia del movimiento internacional Jucum, con grupos de jóvenes y formadores en muchos países y de distintas denominaciones, habló de la evangelización como un “trabajo que es una red de sembradores y cosechadores, y encuentros como el ENE fortalecen los nudos de esa red, porque nos enriquecemos unos a otros; hay que mirar alrededor y entender que el Reino de Dios va más allá de mi movimiento particular”.

Tote Barrera, de los escasos laicos que en España se dedican a tiempo completo (y remunerado) a la Evangelización, admite que “uno querría ver más frutos, pero si hay frustración, que sea una frustración santa, que no tenga desánimo ni abandono, porque en realidad el peso lo lleva el Señor; hemos de entender que la Iglesia la lleva el Señor, que se nos ha prometido que al final la Iglesia vencerá; en cuanto a la crisis en la Iglesia, pienso que puede servir para que se nos vayan muchas tonterías...”

En Hispanoamérica, más laicos
Yuan Fuei Liao, un chino criado en República Dominicana y con muchos viajes internacionales a sus espaldas, destaca el papel de los laicos para evangelizar, “algo que la Iglesia en América Latina entiende mejor que en Europa, quizá porque allí siempre hubo más escasez de clero. Allí los laicos predican, sirven en cargos, se dedican a la evangelización, etc…”

“Para mí”, añade Yuan, “las letras E-N-E significan ´Espíritu´, ´Novedad´ y ´Evangelización´.” De hecho, Yuan impartió en el Encuentro de Nueva Evangelización un taller sobre “creatividad” y “nuevas expresiones para romper esquemas en la evangelización”, remitiéndose a la petición de Juan Pablo II: “nuevo ardor, nuevos métodos, nuevo lenguaje“.

Respecto al “nuevo ardor”, Yuan lo tiene muy claro: “hay que evangelizar a los bautizados, a los feligreses; hay que anunciar el kerigma a un parroquiano igual que a un pagano que nunca oyó de Jesús; y después, cuando tengan ese ardor, ya se puede ir a evangelizar a los alejados“.

¿Alguien enseña al cura cómo evangelizar?
Yuan también señala que a los sacerdotes en los seminarios no les dan ningún entrenamiento pastoral para el mundo real que van a encontrar, ni para crear o apoyar comunidades, ni para formar evangelizadores… “Si no está en el curriculum, al menos que hagan cursos paralelos de fin de semana. Deberían venir ya con una mentalidad renovada y renovadora desde el seminario”, propone.

Tote Barrera señaló que “un problema de la Iglesia es la crisis de confianza: ¿cuántos fieles confían en su párroco y cuántos párrocos se fían de sus fieles? A veces, todos se consideran ortodoxos pero no se fían unos de otros. Yo creo que incluso cuando el entendimiento no es pleno, es posible hacer cosas juntos si hay confianza“.

La unidad ¡es evangelizadora!
El pastor Alfonso Cherene apuntó una herramienta muy poderosa que se debe cuidar y fomentar: la unidad. “El poder de la unidad de los cristianos da una autoridad extraordinaria. ´Creerán si ven que sois uno´, dice el Evangelio de Juan. La unidad ya evangeliza, mientras que la división es una trampa diabólica. En el caso de la división entre católicos y evangélicos, es bueno hacer cosas juntos, centrados en lo que nos une, y no en lo que nos divide”.

Con casi 200 participantes en el ENE 2013 y 4 días de intensos debates, uno de los puntos que se perfilan para la próxima edición parece ser el de cómo formar a los seminaristas y a los sacerdotes para la Nueva Evangelización práctica, concreta.

Un sacerdote de Cádiz tomó el micrófono con una petición: “los curas estamos a veces bloqueados, y necesitamos a laicos con fervor para desbloquearnos; ¡insistid a los curas, animadnos a que nos lancemos a la Nueva Evangelización.

 

Fuente: http://salesianos.pe/evangelizar-requiere-discipular-laicos-y-crear-comunidades-%C2%BFsaben-los-curas-como-hacerlo/

Anuncios
Categorías:Laicos

Los fieles laicos ante la nueva evangelización

Los fieles laicos ante la nueva evangelización

La nueva evangelización es tarea de todos, laicos o ministros sagrados, como la misma misión de la Iglesia. Cada uno la cumple según su propia función en ella, y acompañando siempre su palabra con el testimonio de una coherente vida cristiana.

La nueva evangelización, impulsada por Juan Pablo II y por Benedicto XVI, nos remite a la misión misma de la Iglesia, que se puede sintetizar precisamente en la traditio Evangelii , la transmisión del Evangelio. “Evangelio” entendido, no sólo como contenido noético, sino en el sentido global paulino de “ fuerza de Dios para la salvación de todos los creyentes ” (Ro 1, 16). La nueva evangelización de países y ambientes ya antiguamente evangelizados, pero en gran medida secularizados, plantea peculiares exigencias, necesariamente insertas en la permanente misión salvífica de la Iglesia. A la vez, la realidad compleja en que vivimos requiere novedad de planteamientos pastorales, y apostólicos en general, adecuados a los desafíos de la modernidad y de la post-modernidad.

La participación de los laicos en la evangelización

Una de las dimensiones del sacerdocio real de los fieles, al que se refiere san Pedro (cfr. 1 Pt 2, 4-10), es la función profética: “…para que anunciéis el poder de aquél que os llamó desde las tinieblas a su luz admirable ” (ibid.). Este anunciar es transmitir el Evangelio. Que los laicos participen en la misión de la Iglesia no significa primaria ni principalmente que hayan de colaborar en las funciones de los ministros sagrados, aunque esto sea posible y, en ocasiones, oportuno; además, los ministros no abarcan toda la misión; también ellos participan en ésta. Tanto sobre unos como sobre los otros recae el peso y el honor de la entera misión de la Iglesia: la traditio Evangelii . Pero cada uno la realiza parcialmente, según la propia función eclesial.

Flickr: Opus Dei (Sala de prensa)
Flickr: Opus Dei (Sala de prensa)

 

Lo específico de la participación de los laicos en la evangelización fue expresado así por el Concilio Vaticano II, en Lumen gentium, 35: “ Cristo, gran Profeta, que con el testimonio de su vida y la fuerza de su palabra, proclamó el Reino del Padre, está cumpliendo su oficio profético hasta la más plena manifestación de la gloria no sólo a través de la Jerarquía, que enseña en Su nombre y con Su poder, sino también a través de los laicos, a quienes, por consiguiente, constituye en testigos y los adorna con el sentido de la fe y con la gracia de la palabra, para que brille la fuerza del Evangelio en la vida cotidiana, familiar y social ”. La capacidad y la responsabilidad evangelizadora –el munus propheticum – de los fieles laicos no deriva de una delegación dada por la Jerarquía, sino directamente de Jesucristo, mediante el Bautismo y la Confirmación.

El sentido de la fe – sensus fidei –, que la Lumen gentium pone como origen inmediato del ejercicio de la función profética de los fieles laicos, es la capacidad que la fe teologal y los dones del Espíritu Santo confieren al creyente para asentir a las verdades reveladas, para discernir con facilidad lo que es conforme o disconforme con esa revelación, para captar sus implicaciones más profundas, no mediante reflexión teológica sino espontáneamente, por una especie de connaturalidad, y para aplicar la fe a la vida. La radicación de la función profética de los laicos en el sensus fidei , pone de relieve también que ésta no es participación en la misión magisterial, propia de la Jerarquía eclesiástica, sino participación directa de la virtus profética de Jesucristo, al mismo tiempo que su ejercicio se realiza “ bajo la guía del sagrado Magisterio ” ( Lumen gentium , 12).

La nueva evangelización es tarea de todos, laicos o ministros sagrados, como la misma misión de la Iglesia. Cada uno la cumple según su propia función en ella, y acompañando siempre su palabra con el testimonio de una coherente vida cristiana

La “ gracia de la palabra ”, a la que se refiere también Lumen gentium , no se refiere sólo ni principalmente a la “gracia” de una palabra simpática o humanamente convincente, sino sobre todo a la asistencia del Espíritu Santo que, sin conferir una autoridad oficial a la palabra evangelizadora de los laicos, la constituye en vehículo de la Palabra de Dios y, como tal, no sólo transmisora de nociones, sino fuerza eficaz en orden a la fe que salva.

La dependencia esencial que la tarea evangelizadora tiene de la fe y de la asistencia del Espíritu Santo, nos remite al imprescindible servicio que sólo los ministros de la Iglesia pueden y deben prestar a los laicos, mediante la predicación de la Palabra de Dios con la autoridad de Cristo, en sus diversas formas, y la celebración de los sacramentos. La Iglesia es, en efecto, un pueblo sacerdotal orgánicamente estructurado, que realiza su misión en el mundo con distinción de funciones, que son a su vez interdependientes.

Flickr: Opus Dei (Sala de prensa)Flickr: Opus Dei (Sala de prensa)

En la vida cotidiana, familiar y social

Es en este contexto de vida ordinaria –como leemos en las ya citadas palabras de la

Lumen gentium

–, donde los fieles laicos ejercitan su propia función evangelizadora. Esto es necesariamente así, porque –en expresión de quien, como afirmó Juan Pablo II, fue precursor del Vaticano II en su doctrina sobre el laicado– “

la específica participación del laico en la misión de la Iglesia consiste precisamente en santificar ab intra –de manera inmediata y directa- las realidades seculares, el orden temporal, el mundo

” (S. Josemaría Escrivá de Balaguer, Conversaciones, 9).

Es en el contexto de la vida ordinaria donde los fieles laicos ejercitan su propia función evangelizadora

La función profética de los laicos, como la de los pastores, es participación del munus propheticum Christi , y Cristo es Revelador y Revelación de Dios, no sólo con sus palabras sino también con todas sus obras. Por esto, y no sólo por una razón de eficacia humana, la evangelización ha de llevarse a cabo con el testimonio de la vida y con la palabra, y la que ejercen los laicos tiene su característica propia –y una especial eficacia– en el hecho de realizarse dentro de las realidades seculares.

En la vida ordinaria, con sus múltiples relaciones familiares, profesionales y sociales, los fieles laicos pueden unir de formas muy diversas el testimonio de su vida y la palabra que anuncia el Evangelio, contribuyendo –cada uno en la medida de sus posibilidades– a informar con el espíritu de Cristo las instituciones sociales, profesionales, los medios de comunicación, etc. Especialmente importante es la transmisión del Evangelio de persona a persona, en el diálogo de amistad sincera, como el fermento en la masa: “ obrando como obraría un fermento ” ( Apostolicam actuositatem , 2).

Flickr: Opus Dei (Sala de prensa)
Flickr: Opus Dei (Sala de prensa)

Este modo de transmitir el Evangelio reviste una particular eficacia, también por responder a una realidad antropológica importante: el diálogo interpersonal, en el que se busca transmitir a otro el bien recibido. Este diálogo apostólico surge con naturalidad cuando existe amistad sincera. No se trata de una instrumentalización de la amistad, sino de hacer partícipes a los amigos del gran bien de la fe en Cristo. Como recordó Benedicto XVI en la homilía del comienzo solemne de su pontificado, “ nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él ” (24 de abril de 2005).

La transmisión del Evangelio exige siempre –más, si cabe, en el diálogo de persona a persona– el respeto de la intimidad y de la libertad de todos; respeto que es una exigencia de la justicia y de la caridad. Lo contrario, pretender imponer las propias convicciones con cualquier tipo de engaño o violencia es, evidentemente, opuesto al espíritu del Evangelio. Ese tipo de proselitismo –el que no respeta la libertad– es del todo inaceptable; sin embargo, el proselitismo en su sentido original propio es no sólo una cosa buena sino una exigencia necesaria de la misión evangelizadora que Jesucristo ha confiado a sus discípulos. De hecho, en ámbito cristiano, la palabra proselitismo ha significado y significa frecuentemente la actividad misionera. Incluso en contextos civiles –jurídicos y políticos– el proselitismo está reconocido positivamente como un componente intrínseco de la libertad religiosa.

Flickr: Opus Dei (Sala de prensa)
Flickr: Opus Dei (Sala de prensa)

 

 

Ante los desafíos de sociedades descristianizadas

La nueva evangelización en países de antigua tradición cristiana se encuentra ante graves, complejos y variados desafíos. El más radical es la difusión del ateísmo en sus diversas expresiones teóricas y la indiferencia religiosa, que están afectando a la fe de no pocos bautizados, produciendo en ellos cuanto menos una pérdida del sentido que la existencia de Dios debería tener en sus vidas. Para afrontarlo, los modos pueden ser muy diversos, pero en cualquier caso es fundamental que cada uno entienda y enseñe que el Evangelio no es sólo ni primariamente un conjunto de verdades y de normas morales: no es un simple sistema de pensamiento y de conducta. El Evangelio es, antes y sobre todo, el mismo Jesucristo (cfr. 1 Co 1, 24).

La existencia de Dios puede conocerse, aunque con dificultad, con la sola razón humana, y en la nueva evangelización convendrá afrontar algunas veces, de un modo u otro, la gran cuestión filosófica de la existencia de Dios. Sin embargo, lo central será dar a conocer a Jesucristo muerto y resucitado, mostrando –al nivel que, en cada caso, sea posible y adecuado– la verdad histórica de su Resurrección, que es la “ demostración ” más decisiva de la existencia de Dios. No es aquí el caso de pretender enumerar tantos otros desafíos, teóricos y prácticos, que se presentan ante la nueva evangelización (lógicamente, no sólo a los laicos sino a toda la Iglesia). Uno más, bastante radical, es la mentalidad relativista en sus múltiples expresiones. En la tarea de evangelización convendrá siempre empezar desde aspectos compartidos sobre los que se pueda instaurar un diálogo sincero. Es el caso, por ejemplo, de la difundida conciencia sobre los derechos humanos. No es difícil hacer ver que, sin reconocer valores absolutos –y en último término a Dios–, no tiene sentido ni siquiera el concepto de derechos humanos; el mismo Derecho, en su totalidad, no pasaría de ser –según la conocida afirmación de Karl Marx– “ un aparato decorativo del poder ”.

Flickr: Opus Dei (Sala de prensa)
Flickr: Opus Dei (Sala de prensa)

 

Para afrontar estos y otros desafíos, se precisa una sólida formación doctrinal; pero no es suficiente. La evangelización, el apostolado personal en general, requiere que a la palabra y al diálogo vaya unido el testimonio de una coherente vida cristiana. Para esto, son necesarias, con el fundamento del Bautismo y la fuerza de la Confirmación, una vida sacramental intensa (Eucaristía, Penitencia) y la oración, indispensables para la identificación personal con Jesucristo, que despierte en los laicos su propia responsabilidad apostólica: para que sean conscientes de que –como ha escrito recientemente Benedicto XVI– “ Caritas Christi urget nos (2 Co 5, 14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, Él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cfr. Mt 28, 19) ” ( Porta fidei, 7 ).

Por Mons. Fernando Ocáriz . Vicario General del Opus Dei. Vice Gran Canciller de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Consultor de la Congregación del Clero y del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.

Fuente: https://opusdei.org/es-es/article/los-fieles-laicos-ante-la-nueva-evangelizacion/

Categorías:Laicos

EL MODELO DE LIDERAZGO DE SERVICIO

EL MODELO DE LIDERAZGO DE SERVICIO

https://accioncatolicaqueretaro.files.wordpress.com/2018/12/e803b-lider-doulos.jpg?w=595

Peter G. Northouse, profesor de comunicación y liderazgo en la Escuela de Comunicación de la Southwestern University de Michigan, en su libro “Leadership. Theory and Practice” (6ªedición),  dedica un capítulo al liderazgo de servicio.

Plantea la paradoja de que en las imágenes que cotidianamente se nos presentan del liderazgo éste se caracteriza por el poder y la influencia que no parece que armonice muy bien con el concepto de servicio.

El término fue acuñado por Robert Greenleaf , actualmente director del Centro Greenleaf de Liderazgo de Servicio, en 1970, y es un enfoque del liderazgo que se centra en los comportamientos. Destaca la importancia de que los líderes sean conscientes de las preocupaciones de sus colaboradores, sientan empatía hacia ellos y colaboren en el desarrollo de todo su potencial, poniendo sus necesidades por delante de las propias. Es un liderazgo ético que busca el servicio a los integrantes de la organización y de la sociedad en general.

Greenleaf lo define como: “El liderazgo de servicio comienza con el sentimiento de que lo más importante para nosotros es servir y que para conseguirlo necesitamos liderar. Para comprobar si lo estamos consiguiendo nos debemos preguntar si las personas a las que servimos crecen y son más libres, autónomas, sabias y sienten la necesidad, por tanto, de servir a los demás también.”

La idea, según su autor, surgió de la lectura de la novela “Viaje al Oriente” de Herman Hesse. Narra la historia de un grupo de viajeros que emprenden un viaje mítico acompañados por un sirviente que realiza las tareas que parecen poco importantes pero que también les apoya con su ánimo positivo y canciones. La presencia del sirviente ejerce un gran impacto en el grupo, ya que cuando éste se pierde y desaparece los viajeros se sienten desprotegidos, desorientados y terminan abandonando el viaje. Sin el sirviente no son capaces de seguir. El verdadero líder del grupo era el sirviente que con sus cuidados desinteresados les guiaba.

Otra de las responsabilidades que destacan Greenleaf y Graham, entre otros, es la de la preocuparse por intentar aliviar la situación de los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

Larry Spears, de acuerdo con las ideas de Greenleaf, identifica 10 características que son imprescindibles para el desarrollo del liderazgo de servicio:

1.- Escucha activa. El líder debe comenzar el proceso de comunicación escuchando a sus colaboradores para conocer sus puntos de vista.

2.- Empatía, para llegar a entender lo que piensan y sienten sus seguidores.

3.- Preocupación por el bienestar de sus colaboradores, ayudándoles a superar sus problemas.

4.- Autoconocimiento y consciencia del entorno y del impacto que el líder tiene en él.

5.- Capacidad de persuasión para convencer a los colaboradores y seguidores para que acometan los cambios necesarios, en lugar de utilizar la coacción, aprovechando la utilidad formal.

6.- Habilidad de conceptualización para tener una visión clara del futuro de la organización y de las metas a alcanzar para llegar a él.

7.- Capacidad de predecir el futuro en función de los hechos del presente y del pasado. Tiene un componente ético de responsabilidad sobre posibles errores cometidos al no anticipar lo que de forma razonable se podía esperar que sucediese y haber actuado en consecuencia.

8.- Aceptación de la responsabilidad que implica dirigir una organización o parte de ella y a las personas que en ella prestan sus servicios.

9.- Compromiso con el desarrollo de los profesionales.

10.- Habilidad para facilitar la creación de un sentimiento de comunidad que permita a sus integrantes identificarse con unos valores y sentirse conectados entre ellos, mientras se respeta su individualidad para aportar lo mejo r de cada uno.

Durante tres décadas el liderazgo de servicio se consideró una serie de características dispersas, como las mencionadas, y se consideraba como un enfoque de liderazgo en lugar de una teoría o modelo con mayor base científica. Liden, Wayne , Zhao y Henderson presentaron en 2008 un modelo que incluía tres componentes: antecedentes, comportamientos del líder y resultados obtenidos con este tipo de liderazgo.

I.- ANTECEDENTES:

Tres factores condicionan y tienen impacto en el desarrollo de este tipo de liderazgo:

1.- El contexto y la cultura. El liderazgo de servicio es más fácil que se pueda producir en entornos en los que el trabajo tenga un componente trascendente mayor de cuidados y compromisos con los demás, como el sanitario. La forma de presentación del liderazgo de servicio va a variar, pues, dependiendo de las normas que imperen en cada organización.

La cultura tiene también gran importancia. En aquellas en las que las diferencias jerárquicas son escasas y el poder se reparte de forma equitativa entre las personas de todos los niveles sociales (como las de los países nórdicos) es más fácil que surja el liderazgo de servicio. En los casos en los que la orientación hacia las personas es baja es más complicado su desarrollo.

2.- Atributos del líder. Las cualidades de cada líder van a influir en el proceso de desarrollo de este tipo de liderazgo, ya que las personas diferimos en áreas tales como la inteligencia emocional o el desarrollo moral y estos rasgos van a interactuar en la forma de desempeñar este liderazgo.

3.- La receptividad de los seguidores. La actitud de los mismos es importante. Existen profesionales que consideran este tipo de liderazgo como micromanagement y no quieren tener un líder que les conozca, les guíe o se interese por su desarrollo. Por el contrario si lo aprecian tiene efectos muy beneficiosos sobre el desempeño.

II.- COMPORTAMIENTOS DEL LÍDER:

Los autores destacan las siete competencias y comportamientos siguientes, que coinciden en gran medida con las características planteadas por Spears y Greenleaf:

1.- CAPACIDAD DE CONCEPTUALIZACIÓN que le permite al líder tener una comprensión clara y profunda de la organización, de sus propósitos, complejidades y misión. gracias a ella va a poder, detectar si algo va mal y resolver problemas con creatividad de acuerdo con los objetivos globales de la misma.

2.-INTELIGENCIA EMOCIONAL con sensibilidad para detectar las preocupaciones de los demás y preocupación por obtener su bienestar. Incluye la disponibilidad para ayudar a los demás y para estar a su lado cuando lo necesiten.

3.- DISPOSICIÓN PARA PONER LAS NECESIDADES DE NUESTROS PROFESIONALES POR DELANTE DE LAS NUESTRAS. Es la característica que mejor define el liderazgo de servicio. Significa que nuestras palabras y actos deben demostrar a los colaboradores que sus preocupaciones son una prioridad para nosotros, así como en caso necesario poner sus intereses por encima de los nuestros.

4.- CAPACIDAD DE AYUDAR A LOS COLABORADORES A CRECER Y TRIUNFAR. Implica conocer las aspiraciones de éstos y ayudarles a alcanzarlas. El desarrollo profesional de sus subordinados es una prioridad para el líder.

5.- COMPORTAMIENTO ÉTICO. Significa hacer las cosas correctas de la forma correcta, así como ser honesto, íntegro y justo con sus profesionales y no comprometer sus principios éticos por tener éxito.

6.- “EMPOWERING” o capacidad para dar libertad a sus colaboradores para que actúen de forma independiente, que tomen sus propias decisiones y sean autónomos. De esta forma se comparte el poder al permitirles que tengan el control de sus actuaciones y facilita que adquieran confianza en sus posibilidades.

7.- CAPACIDAD PARA CREAR VALOR PARA LA COMUNIDAD. Este tipo de líderes consiguen aportar valor participando en actividades comunitarias y animando a sus seguidores a que hagan lo mismo y se impliquen en el bienestar de su comunidad o de otras.

III.- RESULTADOS:

Se pueden valorar a tres niveles:

a).- Desarrollo y desempeño de los profesionales: el resultado previsible es que puedan utilizar todo su potencial y se mantengan actualizados, con lo que la productividad aumenta y se incrementan los resultados positivos. Otro efecto es el de que al servir como modelo de un tipo de comportamiento es posible que sus colaboradores imiten y adopten este tipo de liderazgo.

b).- Desempeño organizacional: ejerce un efecto positivo, ya que los profesionales se muestran más dispuestos a comprometerse más allá de con los requerimientos básicos de sus tareas con lo que colaboran al mejor funcionamiento de la organización.

El liderazgo de servicio se ha comprobado que interviene en el funcionamiento de los equipos, aumentando su eficacia al incrementar la confianza de sus integrantes en sus capacidades y al contar con unas directrices claras y con el apoyo del líder para alcanzar los objetivos.

c).- Impacto en la sociedad. No se ha analizado este aspecto en profundidad, pero como hemos comentado el liderazgo de servicio se preocupa por mejorar las condiciones de la sociedad. Un ejemplo de liderazgo de servicio, llevado al extremo, que destacan los autores es el de Teresa de Calcuta y su extraordinaria influencia para cambiar las condiciones de vida de personas sin recursos.

Publicado por Isabel Carrasco en 11:41

Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir con TwitterCompartir con FacebookCompartir en Pinterest

Etiquetas: Liderazgo, Valores

2 comentarios:

  1. Miguel31 de agosto de 2013, 6:20Responder
  2. Este artículo tiene toda la razón y más en lugares que geográficamente estén en pleno desarrollo como Latino América, la imagen del líder perfecto, no encaja con la de una persona servicial, ya que este sencillo aspecto pude ser tomado como debilidad ante sus subordinados.
    Considero que hoy en día, los líderes de las organizaciones inteligentes (empresas del nuevo siglo), deben tener en cuenta que el servicio es una cualidad y no un signo de debilidad, esta cualidad puede ser aprendida y copiada por otros colaboradores y así generar un ambiente ameno para dejar de ser un grupo de trabajo y convertirse en un equipo.
    El simple hecho de ser servicial no es suficiente, deben de enfatizase y propiciarse actitudes éticas fundamentadas en valores, como lo son:
    • La honestidad
    • El respeto
    • La lealtad hacia la empresa y hacia sus compañeros
    • La competitividad legitima
    • La reciprocidad
    • La apertura
    Por otra parte, el papel del líder en la organización funge como detonante para otras personas, es por este detalle que es tan importante proteger este tipo de actitudes y difundirlas como parte de un comportamiento aceptable entre las jerarquías altas, ya que de esta manera se protege la integridad de la empresa y del recurso más importante que tiene una organización, SU RECURSO HUMANO.
  3. Respuestas
  4. Juan Choque13 de octubre de 2018, 4:10
  5. Es increible como un concepto bíblico como es el liderazgo de servicio sea tan bien aprovechado en el liderazgo empresarial y luego de experimentarlo y disfrutarlo, se le niegue el reconocimiento de sus bases.

Fuente: http://clavesliderazgoresponsable.blogspot.com/2013/05/el-modelo-de-liderazgo-de-servicio.html

https://accioncatolicaqueretaro.files.wordpress.com/2018/12/e803b-lider-doulos.jpg?w=595

Categorías:Liderazgo

Acción Católica

Acción Católica

AccCat

La Acción Católica es una comunidad que se percibe como una agrupación de fieles cristianos laicos que, libre y comprometidamente, se vinculan e interaccionan entre sí, para participar en la consecución de un fin y objetivos comunes, con conciencia clara, de pertenencia a la Iglesia.

Los miembros de Acción Católica, están llamados a ser presencia del mundo en la Iglesia y, a su vez, presencia de la Iglesia en el mundo, para vivir inmersos en la problemática social y desde dentro, evangelizarla en comunión con todo el Pueblo de Dios.

Y es en el mundo, el ámbito en el que realiza su vocación cristiana en orden a transformar la sociedad, donde el militante desarrolla su acción apostólica: en los centros de comunicación y participación y en todos los espacios de la sociedad.

La Acción Católica se define pues, como “la participación de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia”, por lo tanto es de la misma naturaleza que el apostolado de la Jerarquía, una acción “no de orden material sino espiritual; no de orden terreno, sino eclesial; no político sino religioso”.

Sin embargo es verdaderamente “una acción social”, porque se propone dilatar el Reino de Jesucristo… Se la puede definir más ampliamente: la unión de las fuerzas católicas organizadas para la afirmación, la difusión, la actualización y la defensa de los principios católicos en la vida individual, familiar y social.

Historia

El desarrollo histórico de la Acción Católica en el mundo va ligado a la evolución del apostolado y del concepto “acción católica”, según el pensamiento de los papas.

Pío IX promueve en el apostolado la idea de “unión de los católicos” para ir coordinando los esfuerzos de todos los seglares.

Pío X busca la reunión de todas las obras seglares en un sólo movimiento que llama Acción Católica”.

Benedicto XV propone y realiza la Acción Católica en forma unitaria, creando las juntas directivas en los planos diocesanos para imprimir cohesión a los grupos parroquiales. Señala con claridad el carácter apostólico eclesial de la Acción Católica para distinguirlo del de otras instituciones de carácter meramente temporal”.

Esta evolución del pensamiento de la Acción Católica y las varias formas organizativas de la Acción Católica Italiana, creadas bajo la inspiración de los distintos pontífices, influyeron en las líneas programáticas, en la estructura del apostolado de cada país y, en concreto, sobre la Acción Católica.

Pío XI da el impulso definitivo a la Acción Católica mediante el magisterio que llega a todo el mundo. La define como “la participación y colaboración de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia”.

Urgió la necesidad de la Acción Católica; afirmó su obligatoriedad y la propuso como parte integrante de la pastoral.
Llegó a calificarla como “la Asociación Oficial del apostolado seglar.

Varios obispos hablan sobre la naturaleza de la AC; su valiosa aportación a la Iglesia y a la sociedad; sobre la formación de los militantes, y de la relación de la AC con otras asociaciones apostólicas.

Misión evangelizadora de la A.C.

El fin de la Acción Católica es “proclamar la BUENA NUEVA”, fin propio de la misma Iglesia.

La Acción Católica tiene el mismo fin que el Apostolado de la Jerarquía, y por lo mismo: “la salvación de las almas, la difusión del Reino de Jesucristo”
Como fin inmediato y como condición “sine qua non”, para realizar el fin indicado, la Acción Católica tiende a la formación de las conciencias: formación profundamente cristiano.. formación completa que abarca toda la vida del hombre.

La Acción Católica, en una palabra, tiene por fin formar conciencias tan exquisitamente cristianas, que sepan a cada momento, y en todas las situaciones de la vida privada o publica, encontrar o por lo menos entender y aplicar la solución cristiana de los múltiples problemas que se presentan en una y en otra condición de la vida.

 

Fuente: https://notasxc.wordpress.com/2015/03/28/accion-catolica/

AccCat

Categorías:Accion Catolica, General

UNIÓN DE DAMAS CATÓLICAS MEJICANAS, 1920-1926

RESTAURARLO TODO EN CRISTO:
UNIÓN DE DAMAS CATÓLICAS MEJICANAS, 1920-1926[ 1 ]

Laura O’Dogherty


El 5 de febrero de 1923 los más altos miembros de la jerarquía católica de México hicieron llegar las siguientes líneas al presidente Álvaro Obregón:

Permítanos usted, señor presidente, recordar que las dos soluciones que se han querido dar a ese problema [el problema, social], la socialista y la católica, por más que van de acuerdo en reconocer muchos de los males gravísimos de la época, están en todo en desacuerdo cuando se trata de señalar el origen de ese malestar y en verdadero antagonismo cuando se trata de los principios de que hay que partir para aplicar los debidos remedios; porque mientras los socialistas quieren encontrar el origen del mal en la propiedad individual, en el capital, en las relaciones de familia y en los vínculos mismos de la religión; los católicos lo encontramos en el abuso de la propiedad, en el capitalismo, en la relajación de los vínculos familiares, en la ignorancia religiosa y en la relajación de las costumbres, causas todas que directa o indirectamente provienen de la disgregación social que trajeron consigo los principios liberales, que abolieron en vez de reformar los antiguos gremios, y de las trabas puestas a la Iglesia para desenvolver su programa de justicia y caridad, desde el absolutismo de los reyes hasta la tiranía de los gobiernos individualistas.
Si del origen de esos males pasamos a los principios a que hay que acudir en busca del remedio, el antagonismo entre socialistas y católicos es patente, porque los primeros en nada tienen en cuenta a Dios ni la conciencia ni la moral cristiana ni la vida futura, y los segundos se basan precisamente en estos fundamentos de la vida social que aquéllos minan.[ 2 ]

Con estas palabras respondieron los arzobispos Leopoldo Ruiz, de Michoacán, y José Mora y del Río, de la ciudad de México, en su nombre y en el de los prelados de Guadalajara, Puebla y Oaxaca al llamado del presidente Obregón a la conciliación tras el incidente del Cerro del Cubilete y la expulsión del delegado apostólico. En su carta al episcopado, el 27 de enero de 1923, el general Obregón invitaba a los altos miembros del clero católico a obrar con sinceridad y buena intención, lo que evitaría la pugna entre “dos fanatismos que se disputan ese espíritu [de las masas]”. Afirmaba que “el actual programa de gobierno, emanado de la Revolución, es esencialmente cristiano y es un complemento del programa fundamental de la Iglesia Católica”, y concluía diciendo que “los postulados del verdadero socialismo están inspirados en las doctrinas de Jesucristo quien, con toda justicia está siendo considerado como el socialista más grande que haya conocido la Humanidad”.[ 3 ]

Mientras Obregón pide la colaboración de la Iglesia para llevar a cabo las reformas sociales de la Revolución y, al límite, para evitar el enfrentamiento; los obispos no sólo niegan que la colaboración sea posible, sino consideran al proyecto social del régimen una amenaza para el orden social católico. En este sentido, era claro el enfrentamiento entre dos proyectos sociales rivales que, desde la perspectiva de la Iglesia, aparecían como excluyentes.

Por ello, la iniciativa de la Iglesia de erigir un monumento en honor de Cristo Rey en el Cerro del Cubilete, supuesto centro geográfico de México, no podía ser interpretado por la Secretaría de Gobernación como la simple construcción de otro edificio religioso. En la ceremonia para colocar la primera piedra se proclamaría al Sagrado Corazón de Jesús como rey de México, y los prelados, el clero y los fieles renovarían el juramento formulado por primera vez en 1914 de vasallaje y fidelidad a su reinado.[ 4 ] El juramento de 1914 y la primera coronación de la imagen de Cristo siguió a la solicitud de consagrar México al Corazón de Jesús que en 1913 hicieran un grupo de católicos al papa Benedicto XV. A partir de esa fecha, la Iglesia buscó celebrar cada año una coronación, propósito que tuvo que ser pospuesto por la lucha armada. Pacificado el país, en 1920 se inauguró un pequeño monumento a Cristo Rey en la cima del Cerro del Cubilete sin que ocurriera ningún incidente. Sin embargo, para 1923 las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado habían cambiado. La coronación de Cristo ya no era simbólica, sino que proclamaba la ascendencia temporal de la religión católica en México, y con ello de la jerarquía eclesiástica.[ 5 ]

La Secretaría de Gobernación reaccionó con la expulsión del delegado apostólico y la prohibición de continuar con las obras en el Cerro del Cubilete. Estas medidas fueron interpretadas por la jerarquía y los militantes católicos como una más de una serie de hostilidades para minar los cimientos de la religión católica en México, y recibieron agrias críticas en algunas publicaciones católicas. Por ejemplo, la revista La Dama Católica calificó la prohibición de la Secretaría de Gobernación de continuar con las obras en la “Montaña de Cristo Rey” como una “jacobina [que] es ilegal, es antidemocrática, es repugnante, es estéril”. Además, menciona que “la enorme mayoría del pueblo mexicano es católico […]. El gobierno se opone arbitrariamente a la voluntad de la enorme mayoría del pueblo”.[ 6 ] En esta misma línea, en relación con el régimen del general Obregón, el historiador jesuita José Gutiérrez Casillas afirma que:

El presidente Obregón […] reanudó la persecución religiosa mediante la aplicación esporádica de los artículos antirreligiosos de la Constitución, principalmente los que se refieren al culto público. Además del ataque insensible, pero constante y artero, de la enseñanza, que con color de ser laica era marcadamente inmoral, se empleaba contra los católicos mexicanos un plan preconcebido de desgaste, descargando sobre ellos periódicamente rudos y certeros golpes, para acabar con sus organizaciones nacidas al fragor de la lucha o simplemente para disminuir sus bríos.[ 7 ]

La visión de Gutiérrez Casillas es interesante, pues permite pensar que la Iglesia se sentía perseguida no sólo a partir de la serie de incidentes violentos en su contra, tolerados o no por el régimen, sino sobre todo por la política social de éste. Obregón inauguró su gobierno buscando la conciliación con la Iglesia católica: restituyó al culto todos los templos cerrados entre 1914 y 1919, con lo que reforzó la política de apaciguamiento de Carranza, e hizo extensivos a los católicos los beneficios de la reconciliación nacional de 1920;[ 8 ] además durante su régimen no aplicó los principios constitucionales que restringían la actividad religiosa.[ 9 ] Esta situación permitió un vigoroso resurgimiento del programa social católico. Sin embargo, la consolidación de un gobierno nacional, su promoción de ciertas reformas sociales, así como su papel activo en la organización de sindicatos, ligas agrarias y, fundamentalmente, el proyecto educativo de Vasconcelos, entraban en conflicto directo con la Iglesia católica. Obregón dejaba de lado el liberalismo de Carranza, para construir una sociedad sobre las bases del nacionalismo revolucionario, lo cual se enfrentaba al dominio corporativo de la Iglesia.

La reacción de la Iglesia fue inmediata. Por un lado, condenó la reforma agraria, prohibió a los católicos, bajo pena de cometer pecado mortal, unirse a los sindicatos seculares,[ 10 ] y reprobó la escuela laica. Los líderes católicos veían en los proyectos de reforma del gobierno un intento de corromper a la sociedad.[ 11 ]

Por otro lado, la Iglesia impulsó el desarrollo de un amplio programa social y la consolidación de organizaciones católicas. A fines de 1919, se constituyó la Confederación de Asociaciones Católicas de México, y en octubre de 1920, el Secretariado Social Mexicano como el organismo coordinador del programa social católico.[ 12 ] Este programa social se fundaba en cuatro organizaciones que resurgen a principios de la década de 1920 y alcanzan su punto más alto a mediados de la misma: La Confederación Nacional Católica del Trabajo, que coordinaba en 1925 a 348 agrupaciones con 19 500 socios;[ 13 ] la Unión Nacional de Damas Católicas Mejicanas, que contaba con 216 centros regionales y locales y con 22 885 socias; la Orden de Caballeros de Colón, con 51 consejos y 5 000 socios; y la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, que tenía 170 grupos y 5 000 socios.[ 14 ]

Este trabajo es un primer acercamiento a una de estas organizaciones, la Unión de Damas Católicas Mejicanas, que ha sido muy poco estudiada. Considero que profundizar en el conocimiento de esta asociación podría iluminar las características de las organizaciones y del pensamiento católico de la primera mitad de la década de 1920.

Resurgimiento de la Unión de Damas Católicas

La Asociación de Damas Católicas Mejicanas se fundó en la ciudad de México en 1912 y, durante el régimen maderista, en las ciudades de Zamora y Guadalajara. En 1917 se establece en Colima; en 1918, en Guanajuato y Puebla, y en 1919, en San Luis Potosí y La Paz, Baja California.

A pesar del impulso inicial de organización, en la efervescencia del programa social católico inspirado en las enseñanzas de León XIII sobre la “Cuestión Social”, como muchas otras organizaciones católicas, la presencia de la Asociación de Damas Católicas Mexicanas es muy reducida durante el periodo constitucionalista de la Revolución. En 1920, sólo contaba con el Colegio Salesiano en la ciudad de México.[ 15 ]

En junio de 1920, como parte del programa de resurgimiento social católico, y por iniciativa del arzobispo de México, José Mora y del Río, se estableció el Centro Regional de México, de la desde ese momento Unión de Damas Católicas Mejicanas. La unión se reorganizó con la fundación de diversas secciones de trabajo, encargadas de llevar a cabo las obras sociales “a fin de que cada una de las damas que las integran pueda trabajar según sus inclinaciones y facultades, pues nuestras labores, que están encaminadas a extender el reinado social de Jesucristo, ofrecen trabajos de muy distinta índole para hacer reinar a Cristo en las diversas clases sociales”.[ 16 ]

Según un informe presentado por el Centro Regional de México en la revista La Dama Católica, de septiembre de 1920, en julio de ese año comenzaron los trabajos de la Unión de Damas. Se establecieron en la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, templo de la Profesa, la Sección Catequística, con el objeto de que “Las damas mexicanas entendiesen a fondo la religión para que la puedan enseñar y defender cuando es atacada”; la Sección de Escuelas dada la “necesidad de impartir la instrucción, a la vez que la religión, a los niños pobres para encaminar a la generación que ahora comienza en mejor senda que la seguida por la juventud actual y contrarrestar de esa manera las mil calamidades que nos rodean, por la corrupción de las costumbres y la falta de religión”;[ 17 ] y, la Sección de Prensa, con el fin de fundar un periódico como órgano de la unión. La revista mensual La Dama Católica apareció, por primera vez, en septiembre de 1920 con un tiraje de 400 ejemplares y 24 páginas. Para septiembre de 1925, lo había incrementado a 24 870 ejemplares con 32 páginas.[ 18 ]

También en julio se fundaron, en casas particulares de las socias, la Sección de Extensión para invitar a otras mujeres a participar en la Unión de Damas, la de seminario para ayudar a los seminaristas y fomentar las vocaciones religiosas y la de entronizaciones del Sagrado Corazón de Jesús. Las ceremonias de entronización buscaban “poner en práctica la moralización de los hogares en que se constituye por rey a Jesucristo”.[ 19 ] La moralización de los hogares, y posteriormente de las fábricas y escuelas, significaba regularizar matrimonios, promover conversiones religiosas y fomentar la participación en los sacramentos.

En 1921 se ampliaron las secciones del Centro Regional de México con la fundación de una sección de apoyo a la Asociación Católica de la Juventud Mexicana y la Sección de Trabajo. En un principio, esta sección se limitó a sostener una academia para obreras y empleadas, pero pronto buscó extender su labor hacia la formación de uniones profesionales y de empleadas y obreras. En septiembre de 1921 se fundó el periódico obrero Cultura Popular,[ 20 ] que alcanzó un tiraje quincenal de 230 750 ejemplares en 1925.[ 21 ]

Además de las obras emprendidas en las diversas secciones, las Damas Católicas tenían a su cargo obras que funcionaban con cierta autonomía y estaban confederadas a la unión. Entre ellas destaca el ejército de defensa de la mujer que inició sus labores en la ciudad de México en febrero de 1921. Su objetivo era

luchar por salvar a la mujer caída, desarrollando en ella el amor al bien, por medio de una instrucción sana y adecuada; llevándola a centros en donde tenga un ambiente enteramente moral, y facilitándole medios de trabajo honrado y productivo, para bastarse a sí misma, pues bien sabemos que la miseria y la ignorancia son las principales causas de la prostitución.[ 22 ]

A partir del Centro Regional de México, en 1920 se restablecieron los centros de San Luis Potosí, Guadalajara, Puebla y Zamora. En la Arquidiócesis de Guadalajara, de larga experiencia en la organización católica, la Unión de Damas reinauguró el Centro Regional por iniciativa de monseñor Francisco Orozco y Jiménez, agrupando a un gran número de asociaciones preexistentes de diversa índole: obras de caridad como el ropero de pobre y el comedor para niños pobres; obras catequísticas, como la acción parroquial y la asociación de Santa Zita para sirvientas; organizaciones ligadas al movimiento obrero católico, como la Liga de Preservación de la Obrera y el Obrero que contaba con asociaciones mutualistas, cajas de ahorro y escuelas dominicales. Además, impulsó la fundación de escuelas católicas para niños y para la formación del magisterio. En el informe de diciembre de 1921, se menciona que la sección de escuelas contaba con nueve escuelas de niños y una escuela normal libre. Desde el principio, el Centro Regional de Guadalajara destacó entre los demás centros de la Unión por la solidez de su trabajo. Contaba con su propio órgano de difusión: La Mujer Católica Jalisciense, y fue pionero dentro de la Unión de Damas en el trabajo con obreros y empleados, promoviendo desde 1921 la Unión Profesional de Empleados.[ 23 ]

De manera más modesta se reiniciaron los trabajos en los centros regionales de San Luis Potosí y de Zamora. El Centro Regional de San Luis Potosí se reorganizó en febrero de 1920 por invitación del deán Agustín Jiménez y el comité regional potosino de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana. Durante los primeros meses se fundaron centros de catequesis para niños y obreros. Sin embargo, con la muerte del deán se redujo el número de miembros y el ritmo de trabajo. No es sino hasta enero de 1921, salvo algunas actividades aisladas, que se reinició la labor de reorganización con la fundación de una escuela para niños.[ 24 ] En su informe, después de un año de trabajo, el centro regional afirma que “pocos son en verdad los resultados prácticos que la Unión de Damas Católicas ha podido efectuar desde su fundación”.[ 25 ] El Centro Regional de Zamora es aprobado y bendecido por el obispo José Othón Núñez en octubre de 1920, e inició sus actividades en enero de 1921 con la fundación de los colegios de Santa Inés y de Santa María Margarita.[ 26 ]

Sobre el restablecimiento de los trabajos en el Centro Regional de Puebla no se encontraron datos en la publicación de la Unión de Damas.

Entre 1921 y 1925 se fundan otros centros regionales, entre los que destacan los de Colima, León, Morelia y Orizaba. Para diciembre de 1925, la Unión de Damas Católicas Mejicanas contaba con centros regionales en 32 diócesis, con centros locales en 162 localidades y con 22 885 socias (véase anexo 1).

Cuadro 1. Centros regionales [ 27 ]

Fecha fundación
Centros locales
10.1923
12.1925
México
1912
1920
12
14
Guadalajara
1913
1920
27
31
Zamora
1912
1920
3
10
Puebla
1918
1920
11
11
León
1918
6
7
San Luis Potosí
1919
1920
3
7
Aguascalientes
1921
1
Morelia
1921
8
7
Querétaro
1921
1
Zacatecas
1921
2
2
Jalapa(municipio de Orizaba)
1921
2
1
Orizaba
2
Saltillo
1922
5
6
Mérida
1922
4
4
Monterrey
1922
3
4
Campeche
1922
1
1
Tabasco
1922
Oaxaca
1922
2
8
Tacámbaro
1922
2
Cuernavaca
1922
2
Durango
1922
1
3
Chihuahua
1922
1
2
La Paz, Baja California
1919
1923
1
1
Colima
1917
1923
4
17
Papantla
1923
7
Cananea
1
n.d
Tampico
1923
2
Sinaloa
1923
1
Tulancingo
1924
3
Tehuantepec
1924
4
Huejutla
1925
Guerrero
1925
2
San Andrés Tuxtla
1925

Este rápido crecimiento puede observarse en el cuadro 1 sobre los centros regionales. La primera columna indica la fecha de su fundación que iniciaron su trabajo antes de 1920 y, en la segunda, las fechas de fundación o restablecimiento a partir de 1920. Junto con los centros regionales se fundaron centros locales que dependían de los primeros. Las columnas tercera y cuarta indican el número de centros locales dependientes del centro regional en octubre de 1923 y diciembre de 1925.

“En pro de la religión y del orden social”

Este rápido crecimiento se explica en gran parte por el interés del episcopado mexicano en la Unión. La jerarquía impulsó el restablecimiento de la Unión de Damas con el fin de “poner al servicio de la reestructuración social cristiana la influencia de la mujer católica, en la familia y en la sociedad”. La organización buscaba “estimular, coordinar y robustecer los esfuerzos aislados para hacer más eficaz el apostolado de la mujer mexicana en pro de la religión y el orden social”.[ 28 ]

La Unión de Damas reunía a mujeres católicas para que, organizadas bajo la dirección del episcopado, fundaran o apoyaran diversas obras sociales para la difusión y defensa de valores cristianos, que desde la perspectiva de la Iglesia estaban siendo amenazados por el programa social del régimen revolucionario. En la presentación de La Dama Católica se invitaba a las mujeres católicas a trabajar para que en la sociedad rigieran los mismos valores que prevalecían en la familia, de forma que el hogar cristiano pudiera conservarse incorruptible. Se exhortaba a:

Las señoras decentes e ilustradas […] a prestar el valiosísimo contingente de su cooperación en la gran lucha moderna por el reinado social del Corazón de Jesús y por la restauración de la sociedad conforme a principios cristianos, únicos capaces de salvarnos del conflicto actual […]. Proponemos que la mujer, sin dejar su encantadora misión del hogar, si quiere que su hogar viva pacífico en un ambiente social puro, trate de ocupar las horas que el hogar le deje libres en formar ese medio ambiente social tal como ella lo conciba y lo quiera y no espere que otros lo formen como ella, no sólo no lo quiere sino que lo abomina […] [que] advierta que el santuario moral de sus convicciones de creyente está siendo demolido y debe ella defenderlo si es que lo ama.[ 29 ]

La Unión de Damas defendía una postura religiosa que podría calificarse de integral,[ 30 ] es decir, que se negaba a reducir lo religioso a las prácticas de culto y a las convicciones privadas, y buscaba edificar una sociedad cristiana según la enseñanza y la guía de la Iglesia. El proyecto del catolicismo integral está destinado a recuperar todo el espacio social y construir una sociedad regida por principios cristianos. Por ello, se opone por igual al liberalismo y al socialismo, y propone una vía católica. Esta postura podría ser interpretada como un intento de dar marcha atrás al proceso de secularización que coloca a la religión en la esfera de lo privado, y como una forma de oposición a la intervención del Estado en la formulación y la transmisión de valores.

Organización interna

Para reinstaurar en la sociedad los principios católicos, los estatutos generales de la Unión de Damas Católicas establecían una federación de comités a nivel regional -según la división diocesana- y local. Cada comité regional y local eran autónomos en su régimen interno y en la administración de sus recursos. Tenían libertad para emprender las obras que consideraran convenientes, de acuerdo con la capacidad económica de las socias o benefactores y de las necesidades del lugar, dentro del marco muy general y flexible de los estatutos y del espíritu de la organización. Cada comité se dividía en secciones -por ejemplo, entronizaciones, seminario, catequesis, vanguardias, tabernáculos, sirvientas, etcétera- formadas por socias directamente relacionadas con las obras.

Los centros locales estaban subordinados sólo para asuntos de carácter general al centro regional que les correspondiera, según la división diocesana de la república. Los centros regionales, a su vez, dependían del gobierno central, que le correspondía a una asamblea general y a un comité central. La primera estaba organizada como cuerpo legislativo y el comité central, cuya función era hacer efectivo los acuerdos tomados en la asamblea, gobernaba conforme a los estatutos generales previa consulta y voto de un consejo formado por delegados de los distintos comités regionales.[ 31 ]

La organización formal de las Damas Católicas llevaría a pensar en un régimen interno de gobierno de carácter bastante democrático. Más aún, esta idea se confirmaría por la constante mención que se hace en los informes de actividades de los diversos centros de la elección por mayoría de votos de las responsables de las diversas secciones o cargos de autoridad, informes que aparecen en la revista La Dama Católica.

Sin embargo de lo anterior, como en otras organizaciones católicas, el gobierno interno era vertical y el control del episcopado absoluto. Las socias mantenían puestos de autoridad, pero las decisiones clave estaban en manos de sacerdotes, designados por los obispos como directores de los centros regionales y locales. Aunque las funciones otorgadas al director en los estatutos son muy limitadas -se garantizaba su derecho a designar la sede del centro regional y a convocar a reunión a las dirigentes de los centros a su cargo cuando lo juzgaran conveniente-, en la práctica pareciera que todas las decisiones, incluso las de menor importancia, debían ser aprobadas por el sacerdote encargado. Esta última afirmación puede sostenerse a partir, por ejemplo, de los informes de fundación de los diversos centros que aparecen en la revista La Dama Católica -en donde, por cierto, salvo raras excepciones los artículos están escritos por sacerdotes, y en menor grado por laicos varones, pero no por las socias de la unión-. Todos los centros regionales fueron fundados por iniciativa del prelado local o por sugerencia al mismo del director del secretariado social. Además, en los mismos informes es claro que el funcionamiento de los centros dependía del interés mostrado por el obispo de la diócesis correspondiente. Cuando ésta se quedaba vacante, o bien el obispo abandonaba la sede episcopal por un periodo largo del tiempo, las actividades de la unión decaían casi por completo.[ 32 ] Otro ejemplo que ilustra con claridad la extrema dependencia de las socias en relación con el clero son las siguientes líneas de una carta del Centro Local de San Luis de la Paz, de Guanajuato, al director del Secretariado Social Mexicano: “[Le escribimos para] invitarlo a que se digne venir a darnos unas conferencias de acción social católica tan pronto como sus múltiples ocupaciones se lo permitan. Nuestro párroco, director de la asociación, quien nos ha autorizado para escribirle”.[ 33 ]

La subordinación de las Damas Católicas a las autoridades eclesiásticas limita en gran medida los alcances de la unión. Dado que para su funcionamiento eran necesarios tanto el interés y la iniciativa de los obispos de fundar un centro regional en su diócesis, como la existencia de sacerdotes disponibles que actuaran como directores de los centros regionales y locales, el crecimiento de la organización estaba limitado a localidades en donde la estructura eclesiástica fuera sólida.

Obras de acción social

Una vez fundado el centro regional y de acuerdo con los estatutos generales, se emprendía una serie de obras. Éstas, organizadas en secciones de trabajo (véase cuadro 2) o como obras confederadas, pueden agruparse en tres según su ámbito de acción: la formación de la conciencia -mediante el sostenimiento de estas escuelas católicas para niños pobres y para empleados, obreros y sirvientes-, la organización del mundo del trabajo -con el fomento de uniones profesionales- y la vida cotidiana -que suponía campañas de moralización y regeneración del ambiente.

Cuadro 2. Obras sociales

Centros regionales
Secciones
1
2
3
4
5
6
7
México
X
7N
X
X
X
X
Guadalajara
1N
X
X
X
Zamora
3
Puebla
León, Guanajuato
X
X
X
San Luis Potosí
X
5N
X
X
Aguascalientes
X
X
X
Morelia
2
X
X
*
X
Querétaro
1
X
Zacatecas
X
2
*
Orizaba
16
X
Saltillo
X
2
X
X
X
X
Mérida
X
1
Monterrey
X
3
X
X
X
X
Oaxaca
X
X
Durango
X
1
Chihuahua
X
La Paz, Baja California
2
Colima
3
X
X
Papantla
X
1
X
X
Tampico
X

1. Ayuda a seminarios
2. Escuelas (N: escuelas normales)
3. Obras con sirvientas
4. Casas de regeneración
5. Hospitales (* sólo se mantienen algunas camas)
6. Academias de empleadas y obreras
7. Asilos

Escuelas católicas

Una de las obras a las que las Damas Católicas dedican mayores esfuerzos, y que desde su restablecimiento les encomienda el episcopado,[ 34 ] es el sostenimiento de escuelas católicas para niños pobres, así como escuelas dominicales y academias para empleadas y obreras. La gran mayoría de los centros regionales, y algunos locales, contaban con escuelas primarias o escuelas dominicales y, en México, Guadalajara y San Luis Potosí, se establecieron centros para la formación del magisterio católico.

Las escuelas sostenidas por la Unión de Damas estaban sujetas a una serie de normas. Entre ellas, debían tener un cuerpo directivo absolutamente católico y dependiente para la toma de decisiones de la aprobación de la Sección de Escuelas de las Damas Católicas. Además, las escuelas debían estar inscritas ante el gobierno con un nombre que las identificara como escuelas católicas e impartir, al tiempo que el programa oficial, instrucción religiosa -Catecismo, Historia Sagrada y Moral.[ 35 ]

Además, la unión promovió medidas para la protección de los maestros católicos y su organización en la Unión Profesional del Magisterio Católico.[ 36 ] En el Centro Regional de Mérida, por ejemplo, en marzo de 1921 se fundó la Sección de la Proveeduría para prestar ayuda a los profesores de escuelas estatales que habían sido destituidos de sus empleos al haberse negado a la “difusión de un folleto inmoral y obsceno, editado oficialmente y destinado a combatir la maternidad”.[ 37 ]

La labor educativa de la Unión de Damas era considerada como un aspecto fundamental de su misión de poner al servicio de la restauración social cristiana la influencia de la mujer católica en la familia y en la sociedad. Para las Damas Católicas la familia era “el santuario de toda virtud religiosa y civil, pública y privada”, y tenía el derecho de educar a los hijos, como un derecho natural y complemento de la paternidad. En este sentido, la defensa de la familia implicaba la defensa de la libertad de enseñanza.

En el Primer Congreso de la Unión de Damas, celebrado el 22 de noviembre de 1922, el tema de la educación recibe una atención privilegiada. En las conclusiones sobre el tema “Reivindicación del derecho de libertad de enseñanza” se afirmaba que, “los padres gozan por derecho natural, anterior a toda ordenación civil, la libertad de educar y, por consiguiente, de instruir a sus hijos de acuerdo con sus convicciones. En consecuencia, podemos concluir que con una frase que expresa con toda claridad nuestro pensamiento: la escuela es una sucursal de la familia”.[ 38 ]

Por ello, cualquier intromisión del Estado, restringiendo o vulnerando ese derecho natural, era considerada un atentado al bien común y actuaba en su perjuicio. Por ello, las Damas Católicas condenaban el carácter excluyente del artículo tercero constitucional; proponían su reforma y la derogación de todas las leyes contrarias al derecho del padre de familia a educar a sus hijos como cristianos en la escuela, además de la reorganización de la Asociación Nacional de Padres de Familia.[ 39 ]

La demanda de libertad de enseñanza, que podría interpretarse como la búsqueda de una educación plural y de respeto al derecho de los padres a decidir sobre la educación de los hijos, se complementa con una concepción muy negativa de la escuela laica, entendida como una forma oculta de persecución religiosa y un atentado contra el bien común. Por ello, la demanda de libertad de enseñanza no significa garantizar el respeto a la diferencia, sino una exigencia de educación católica con carácter exclusivo. Las palabras de una militante de la Unión de Damas en el Primer Congreso son muy claras al respecto:

Atravesamos en estos momentos por la persecución más terrible que jamás se haya levantado contra nuestra santa religión. Los golpes incesantes de nuestras instituciones […]. La persecución contemporánea es muy artera, muy injusta y muy maliciosamente dirigida. Primero, se le prohíbe el derecho de educar cristianamente a sus hijos y después, cuando ya se ha logrado que las multitudes, de suyo cristianas, estén incultas, se usa de la calumnia y del fraude que siempre logran hacer alguna mella entre los ignorantes y, lo diré con dolor […], prospera al menos en algunas instancias la persecución.
Y por lo que toca a nuestra pobre nación, no ha sido suficiente para aleccionarnos el haber sido víctimas de tres revoluciones engendradas, fomentadas y consumadas en la escuela sin Dios, o la llamada escuela laica […]. Su enseñanza es la enseñanza sin Dios, es la enseñanza atea, es en fin, la enseñanza que procura apoderarse en temprana edad del corazón del niño o del joven, para hacer de él no lo que debe ser, creyente y temeroso cristiano, sino hombre sin fe y sin ley: en una palabra, hombre sin religión. La escuela sin Dios es por necesidad la escuela contra Dios.[ 40 ]

Organizaciones profesionales

Las Damas Católicas comenzaron a trabajar en la organización de obreras y empleadas a partir de 1921. Comparten con el clero católico la idea de una sociedad jerárquica, dividida en clases que colaboran para el logro del bien común y ligadas por vínculos de caridad. En esta sociedad las clases bajas debían estar conscientes de los límites de su condición y las clases altas recordar sus deberes de caridad para sus inferiores. Según palabras del pontífice, citadas en la pastoral colectiva del Episcopado Mexicano del 8 de septiembre de 1923:

Otro mal, mucho más deplorable, es el relajamiento de la misma trabazón social, amenazada y sacudida no sólo al exterior por los enemigos armados, sino también en el interior por hombres y partidos subversivos, principalmente por la lucha de clases que ha llevado a ser la enfermedad más inveterada y mortal de la sociedad, cual gusano roedor que asecha todas las fuerzas vitales: trabajo, industria, arte, comercio, agricultura, todo en fin lo que contribuye al bienestar de la prosperidad pública y privada […]. Los hombres no son ya hermanos para los hombres como dicta la ley cristiana, sino casi extranjeros y enemigos; se ha perdido el sentimiento de la dignidad racional y del valor de la misma humana persona en el brutal prevalecer de la fuerza y del número.[ 41 ]

Guiadas por la idea de construir un orden social en donde reinara la armonía entre las clases, en agosto de 1921, a partir de la experiencia del Centro Regional de Guadalajara, la Sección de Trabajo de la Unión de Damas organizó a nivel nacional el Sindicato Católico de Empleadas con el objetivo de “defender los intereses morales y materiales de la obrera”. Para ello, se establecerían centros de instrucción y educación nocturnos a fin de facilitar su mejoramiento y progreso; se formaría un fondo mutualista mediante una pequeña cuota mensual, y se asistiría a la obrera en caso de falta de trabajo, proporcionándole recursos y ayudándola a encontrar empleo. En caso de enfermedad se facilitaría un médico y medicinas, y en caso de muerte se sufragarían los gastos del entierro. En el informe sobre esta sección, en La Dama Católica, se comentaba que:

no es más que el principio de una labor que continuaremos con todo empeño, pues no podemos permanecer neutrales al ser atacados en su base los principios de moral y orden que rigen a toda sociedad cristiana. La lucha va a ser dura, la ola roja amenaza arrollarnos; por eso debemos aportar a esta obra todas nuestras energías, nuestro entusiasmo, nuestra confianza, pues Dios está con nosotros.[ 42 ]

Para agosto de 1921, el Centro Regional de México, por ejemplo, contaba con una Academia de Empleadas y Obreras,[ 43 ] y pertenecían al sindicato 60 obreras de la Fábrica de Camisas, y la Fábrica Larín, la Fábrica de Velas, la Pasamanería Francesa y la Fábrica de La Esperanza se estaban organizando.[ 44 ] En 1922 se agrupan trabajadores del comercio, la Unión Profesional de Tabaqueras del Buen Tono, un grupo de mujeres de la Fábrica Méjico-Turquía, el Sindicato de la Aguja, y se organiza la Unión Profesional del Magisterio Católico.[ 45 ] Es interesante señalar que antecede a la formación de sindicatos una campaña de moralización en las fábricas: en la Fábrica de Larín y en la de velas hubo una ceremonia de entronización del Sagrado Corazón de Jesús el 22 de abril de 1921[ 46 ] y en la Pasamanería Francesa el 13 de mayo de 1921.[ 47 ]

La información con la que se cuenta no es suficiente para evaluar el grado y la relevancia de la participación de la Unión de Damas en la formación del movimiento obrero católico ni el peso de sus obras (véase cuadro 3). Sin embargo, existe alguna evidencia indirecta que sugiere que esta labor tuvo cierta importancia. Por ejemplo, el periódico obrero Cultura Popular,[ 48 ] fundado por las Damas en 1921, según sus propios informes, alcanzó un tiraje quincenal de 230 750 ejemplares en 1925.[ 49 ] Además, en noviembre de 1922, en un congreso de la Confederación Nacional Católica del Trabajo, en Guadalajara, se solicitó a la Unión de Damas su colaboración para promover una atmósfera favorable al sindicalismo católico, apoyo material para los sindicatos y su participación en la fundación y desarrollo de sindicatos femeninos.[ 50 ] En 1923, durante unas conferencias organizadas por el Secretariado Social Mexicano, se sugería a los sacerdotes que para la organización sindical buscaran la colaboración de la Unión de Damas.[ 51 ] Por último, en 1924 la Unión de Damas promovió con éxito, ante la Confederación de Cámaras de Comercio, normas para la protección de la empleada de comercio.

Se requería a los comerciantes proporcionar un asiento a las empleadas con el objeto de evitar que estuvieran de pie constantemente.[ 52 ] Un antecedente interesante de esta sugerencia es la llamada Ley de la Silla durante el gobierno de Partido Católico Nacional en Jalisco.

Cuadro 3. Centros obreros [ 53 ]

Centros regionales
México Academia Nocturna, Escuela Dominical
Obrador de María Auxiliadora
Guadalajara Protectora del Obrero
Puebla Cooperativa de Consumo, Escuela Nocturna
Caja Mutualista
León Escuela
Aguascalientes Casa Obrera
Morelia Academia
Orizaba Casa Amiga de la Obrera, Alcancía del Niño y Protectorado de Obreras
Monterrey Escuela Nocturna
Oaxaca Fábricas cigarreras y escuela nocturna
Durango Escuela, Sindicato Nuestra Señora de Lourdes
Jalapa Escuela

Moralización y regeneración del ambiente

Las obras de moralización y regeneración del ambiente emprendidas por la Unión de Damas tenían el objeto de encarnar en la vida cotidiana los valores del orden social cristiano para preservarlos y para combatir la corrupción de la sociedad.

Las obras de moralización que caracterizan a la Unión de Damas son la ceremonia de entronización del Sagrado Corazón de Jesús y de Nuestra Señora de Guadalupe, principalmente en los hogares pobres, en fábricas y escuelas, así como la difusión de la doctrina católica a través del catecismo. Ambas actividades iban acompañadas de manifestaciones públicas de piedad, por ejemplo, la participación en el sacramento de la eucaristía o en ceremonias colectivas de expiación; de una labor de convencimiento para lograr la conversión de personas alejadas de la Iglesia o de los sacramentos; y de la regulación de las uniones libres en matrimonios.

La continua realización de actos de piedad externa era una forma de construir y una manifestación de la vigencia del orden social católico. De ahí la importancia dada en los informes de actividades a la contabilidad exacta del número de entronizaciones, sacramentos, conversiones, etcétera. Por ejemplo, en su informe anual de 1921, el Centro Regional de México reportaba que:

El número de entronizaciones que se han hecho en el año ha sido de 2 768, de las cuales fueron muy solemnes las de las fábricas de La Tabacalera, de Larín, La Moderna y La Francesa. Igualmente fervorosas fueron las que se verificaron en 9 casas de vecindad y en 3 colegios particulares, en donde hubo un triduo de preparación […]. El número de personas que han recibido la sagrada eucaristía, en las familias, en las comunidades, en las fábricas y en el pueblo de La Piedad, asciende a 1 152. Y el de las primeras comuniones a 192[…]. También son fruto de las entronizaciones, el que se hayan convertido 6 personas, que se efectuaran 61 matrimonios, que se confesaron 100 enfermos del Hospital General y 144 del Hospital Juárez y que 38 comunidades religiosas ofrecieran sus oraciones y penitencias por la extensión del reinado del Sagrado Corazón de Jesús.[ 54 ]

Además de las manifestaciones de piedad externas, la Unión de Damas mantenía una actitud de constante vigilancia sobre los usos y costumbres sociales, a los que buscaba normar de acuerdo con la moral católica. El cine, los bailes modernos y la moda recibieron una especial atención: se establece una “comisión de censura […] a las películas que anuncian las casas exportadoras, para en caso necesario dar la voz de alarma a todos los centros de la república”,[ 55 ] se condena los bailes modernos por su “repercusión […] en el porvenir de la familia, pues en las jóvenes produce a veces la ruina moral definitiva y a los jóvenes los aleja del matrimonio”,[ 56 ] y se regula el vestir de las mujeres. El Centro de Lagos propuso en el Primer Congreso de la Unión de Damas que se estableciera en todos los centros la “Liga de las Señoras para la Modestia Cristiana”, siguiendo a la Acción Social Católica de la Mujer de Tarragona, España. Esta liga establecía los siguientes cánones:

a) Se podrá llevar descubierto todo el cuello, pero sin que se derrame su desnudez sobre los hombros, pecho y espaldas; b) la manga habrá de confeccionar de modo que el codo quede cubierto en cualquiera de los movimientos del brazo; c) la falda, sin salir nunca de los límites que fija la modestia cristiana, podrá acortarse según la edad y en forma adaptable a las condiciones de la persona. Pero su vuelo inferior habrá de ser tan holgado, que oculte las piernas en las niñas y los pies en las señoras y señoritas, cuando estén arrodilladas; y, d) por lo cual queda proscrito todo uso de gasas o ropas reveladoras de estas mismas desnudeces que se trata de esconder.[ 57 ]

En sus actividades es clara una actitud de vigilancia y combate de la inmoralidad. Por ejemplo, en la presentación del Centro Local de Encarnación, en Jalisco, en este Primer Congreso Nacional se proponen para su discusión y aprobación lo siguiente:

1. Modo de perseguir la inmoralidad en todas sus formas. Las Damas Católicas de este Centro, de acuerdo con el párroco, vigilan las manzanas que están a su cargo y dan cuenta en la junta respectiva de las necesidades físicas y morales, que en dichos lugares encontraron, para remediarlas en cuanto se pueda. 2. Modo de arreglar los matrimonios disueltos. 3. Que se haga hincapié en la instrucción de la niñez y la juventud […]. 5. Que se persiga el cinematógrafo inmoral. Por lo que se refiere a este punto, se ha observado que las cintas, aun las revisadas, dejan mucho qué desear en lo relativo a la moralidad; por tal motivo las Damas Católicas Guadalupanas se proponen perseguir el cine sin descansar, porque ven que es una causa activa de la desmoralización y que no deben admitir ataques contra la moralidad.[ 58 ]

Una obra que ilustra el sentido dado por las Damas a la labor de moralización y su visión de la sociedad es la del Ejército de Defensa de la Mujer. Fundado en 1921 como una organización confederada a la unión, se ocupó de la regeneración de prostitutas a partir del establecimiento de casas especiales.[ 59 ] Con motivo de la visita a México de monseñor Jorge Murgía, director de las Damas Católicas de Colombia, la Unión de Damas se refiere a esta obra de la siguiente manera:

No bien hemos de pronunciar esta palabra ejército y ya estamos pensando en el combate, en las guerras. Pues bien, ésa es nuestra labor, de luchar contra el vicio y de guerra a muerte al demonio y al pecado. Defensa, también ésa es nuestra milicia, defensa abierta y decidida al ser débil llamado mujer a quien cercan y atacan por todas partes los enemigos del alma […]. La idea de esta obra nació de un grupo de señoras que visitaban un hospital donde va a dar la mujer desdichada que cae herida por terrible enfermedad contraída en el vicio. Encontraban ahí a veces criaturas de corta edad, y seres que por su ignorancia y escasa educación habían sido arrastradas por la vorágine del mal, pero que hablándoles del alma que casi podía creerse que ignoraban la tenían, de una vida más allá de la tumba y de las verdades santas de nuestra religión, de un Dios bueno, del camino del bien y el fin de éste, el cielo, se estremecían y se mostraban deseosas de emprender una vida nueva; pero ¿cómo hacerlo? Con este fin se fundó el asilo para recoger a estas infelices y a todas las desdichadas que llaman a sus puertas pidiendo protección contra el vicio.[ 60 ]

En los informes sobre la regeneración de prostitutas se establecen dos espacios sociales distintos y excluyentes. Por un lado, el mundo del vicio y la corrupción, de la ignorancia de la religión y la miseria, representado por las prostitutas, que eran descritas como “seres que por su ignorancia y escasa educación habían sido arrastradas por la vorágine del mal”. Por el otro lado, el mundo de la piedad, la virtud y la verdad, representado por las casas de regeneración. En ellas, “conmovía ver a muchachas que fueron desenvueltas, atrevidas y en una palabra, viciosas, ahora con unos modales tan recatados y tan sencillos que parecían pequeñas criaturas”.[ 61 ]

La labor de las Damas Católicas con las prostitutas se iniciaba en los hospitales en donde se encontraban enfermas. Mediante la predicación provocaban en ellas el deseo de cambiar de vida. Les hablaban “del alma […], de una vida más allá de la tumba y de las verdades santas de nuestra religión, de un Dios bueno, del camino del bien y el fin de éste, el cielo”, palabras frente a las cuales las prostitutas “se estremecían y se mostraban deseosas de emprender una vida nueva”. En los asilos comenzaba un proceso de moralización con ceremonias públicas de expiación y manifestaciones de piedad colectiva. En el informe de la inauguración de la primera casa de regeneración se afirma que las mujeres, “sollozando de emoción, entraron las arrepentidas al oratorio y con los brazos en cruz se postraron a los pies de Cristo crucificado […], en seguida se procedió a calzarlas y uniformarlas para que asistieran a la entronización del Sagrado Corazón de Jesús”.[ 62 ] Una vez arrepentidas, en los centros de regeneración se proporcionaba educación y un espacio reglamentado: “un medio ambiente enteramente moral […] [y] medios de trabajo honrado y productivo, para bastarse a sí mismas”.[ 63 ]

El tránsito del primer espacio al segundo es semejante al que se busca para la regeneración de la sociedad y, en cierta forma, resume el sentido de las obras emprendidas por la Unión de Damas: catequesis, moralización, educación y organización del trabajo. La sociedad debía ser reconquistada por la Iglesia Católica y remodelada según los principios de la misma. Sus obras representan una lucha sin cuartel contra la secularización de la vida y el proceso de reorganización social emprendido por el Estado revolucionario. Por la intransigencia de su postura, el enfrentamiento con el Estado por el control del espacio social era inevitable.

Conclusiones

La Unión de Damas Católicas tuvo un papel importante dentro del programa de reorganización y fortalecimiento de la Iglesia Católica en la primera mitad de los años veinte. En este periodo creció rápidamente, alcanzando su máximo desarrollo a mediados de 1926. Sin embargo, a partir de septiembre de 1926 en que la Unión de Damas se retira de la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa,[ 64 ] su presencia en el conflicto religioso se vuelve marginal. Como organización no participan en la rebelión cristera, aunque el Sindicato de Empleadas Católicas de Guadalajara, fundado bajo los auspicios de la unión, se integró a la Brigada Femenina de Santa Juana de Arco que proveía parque a los rebeldes.[ 65 ]

Los nombramientos de Pascual Díaz y Flores como delegado apostólico a fines de 1929, ambos con una destacada participación en los arreglos entre la Iglesia Católica y el Estado mexicano, que dieron fin a la rebelión cristera, significaron el desplazamiento de los prelados más tradicionales y la disolución de las organizaciones que fueron pilares en el programa de la restauración católica del Secretariado Social Mexicano: la Unión de Damas Católicas Mejicanas y la Asociación Católica de la Juventud Mexicana.[ 66 ]

Con los arreglos, la Iglesia renuncia a su oposición radical al Estado revolucionario y favorece la conciliación. Acepta como un hecho irreversible su pérdida de control político y el avance de la sociedad hacia la secularización. Por ello, en la práctica deja de lado la defensa de una solución católica al problema social, como una alternativa opuesta a las iniciativas del Estado, y renuncia a organizar directamente lo temporal de acuerdo con principios cristianos. La nueva estrategia, a cargo de la Acción Católica Mexicana, consistía ahora en influir de manera indirecta sobre la sociedad para recristianizarla a través de la formación de líderes católicos.


 

Centro
Número
de socias
Centro Regional de México
1 760
Toluca
59
San Ángel
56
Popotla
24
Texcoco
33
Huichapan
76
El Oro
54
Temascalcingo
Atlacomulco
24
Cacalomacan
18
Metepec
76
San Pedro Atzcapotzaltongo
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Zamora
327
Cotija de la Paz
798
Cojumatlán
600
Uruapan
197
Yurécuaro
71
Garachita
140
Los Reyes
190
Jiquilpan
Santiago
Sahuayo
Jacona
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Guadalajara
828
Lagos
700
Tequila
54
Santa María de la Paz
85
Ahualulco
81
San Julián
200
Atemajac de Brizuelas
395
Tala
16
Ayo el Chico
180
San Miguel de Cuarenta
29
Unión de San Antonio
29
Tuxcueca
20
Teocuitatlán
114
Mexticacán
350
Cuquío
120
Tuxcueca
20
Ixtlahuacán del Río
147
Jalostotitlán
147
Degollado
180
Ocotlán
480
(Faltan doce centros)
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Colima
82
Autlán
128
Coquimatlán
40
Pihuano
206
El Grullo
150
El Limón
150
Manzanillo
40
El Cante
Tomatlán
Zapotitlán
Sihuatlán
Tecatitlán
San Jerónimo
Villa de Álvarez
Cuautitlán
Comala
Tonila
San Juan de Amula
Purificación
112
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Puebla
821
San Andrés Chalchicomula
36
Tlatlauqui
50
Tlaxcala
21
Zacapoaxtla
30
Amozoc y Libres
Teziutlán
Atlixco
Tepexi
Huamantla
Molcaxac
Alcajete
Cuitzala
Centro
Número
de socias
Centro Regional de León
173
Guanajuato
140
San Luis de la Paz
63
San Miguel Allende
31
Irapuato
130
Dolores Hidalgo
60
Silao
78
Centro
Número
de socias
Centro Regional de San Luis Potosí
1 600
Matehuala
114
Cárdenas
103
Río Verde
75
Cedral
40
Villa Guerrero
103
Santa María del Río
61
Alaquines
43
Centro
Número
de socias
Centro Regional de La Paz
150
Mulegé
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Orizaba 381
Córdoba 208
Nogales 103
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Aguascalientes
112
Encarnación de Díaz
112
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Morelia
915
Celaya
40
Acámbaro
30
Puruándiro
20
Salamanca
60
Pátzcuaro
80
La Piedad
245
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Querétaro
338
Amealco
89
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Zacatecas
176
Villa de Guadalupe
40
Ojo Caliente
Con agencias en Caderilla Cieneguilla Visitador San Miguel La Escondida Mal Paso
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Saltillo
358
San Pedro de las Colonias
140
Piedras Negras
345
Múzquiz
50
Sabinas
62
Torreón
Cuatro Ciénegas
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Mérida
270
Valladolid
36
Motul
27
Izamal
80
Progreso
30
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Monterrey
583
Villaldama
92
Linares
172
Montemorelos
58
Cadereyta Jiménez
65
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Campeche
Laguna del Carmen
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Tabasco
157
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Oajaca
470
Tehuacán
40
Villa de Etla
33
Tuxtepec
Miahuatlán
Tlaxiaco
Pinotepa Nacional
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Cuernavaca
32
Miacatlán
Totolapan
18
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Tacámbaro
130
Ario
Huetamo
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Durango
167
Ciudad Lerdo
83
Gómez Palacio
30
Canatlán
54
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Chihuahua
100
Ciudad Juárez
110
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Tampico
80
Ciudad Victoria
197
Matamoros
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Papantla
360
Tuxpan
178
Misantla
72
Coyutla
Tlapacoyan
Jicaltepec
Gutiérrez Zamora
Ozulama
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Sinaloa
409
Mazatlán
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Jalapa
190
Coatepec
155
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Huejutla
26
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Tehuantepec
61
Salina Cruz
101
Minatitlán
25
Juchitán
30
Centro
Número
de socias
Centro Regional de San Andrés Tuxtla
35
Centro
Número
de socias
Centro Regional de Tulancingo
130
Acaxochitlán
83
Pachuca
21
Huesca de Ocampo
33
Centro
Número
de socias
Estado de Guerrero
Iguala
Buena Vista de Cuéllar

FUENTE: “Informe de la Secretaría General “, La Dama Católica, v. 6 (64), 1 de diciembre de 1925, p. 11-15. El informe aclara que no se incluyó un Centro Regional y 73 locales. Además explica que se estaban reorganizando el Centro Regional de Chiapas y fundando el de Huajuapan de León y de Sonora. En el cuadro se completó la información sobre los centros locales de Colima con “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 6 (59), 1 de julio de 1925, p. 23; de Puebla con “Lo que hacen las Damas, Informe del Centro Regional de Puebla. 30 de septiembre de 1924”, La Dama Católica, v. 6 (54), febrero de 1925, p. 10-16.

 

[ 1 ] Este artículo fue elaborado durante el curso Revolución Mexicana: el Periodo Presidencial de Álvaro Obregón, a cargo del doctor Álvaro Matute, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, a quien agradezco sus comentarios.

[ 2 ] “Episcopado y ejecutivo”, La Dama Católica, v. 3 (31), 1 de marzo de 1923, p. 1-3.

[ 3 ] “La carta presidencial”, La Dama Católica, v. 4 (31), 1 de marzo de 1923, p. 6-7.

[ 4 ] Véase la circular enviada por los obispos de León, Aguascalientes y San Luis Potosí con motivo de la bendición y colocación de la primera piedra del monumento a Cristo Rey, el 11 de enero de 1923, reproducida en ” La Montaña del Rey”, La Dama Católica, v. 4 (29), 1 de enero de 1923, p. 9-10.

[ 5 ] Robert E. Quirk, The Mexican Revolution and the Catholic Church, 1910-1929, Bloomington, Indiana University Press, 1973, p. 130-135.

[ 6 ] “Levantemos el monumento”, La Dama Católica, v. 4 (21), 1 de marzo de 1923, p. 11. Otro ejemplo podría ser el comentario en la misma publicación al atentado a la basílica de Guadalupe, en donde se afirma que “Visto el atentado del 14 de noviembre con ojos de filósofo cristiano, no es más que un episodio en esta escena, en la cual somos actores del drama gigantesco de la historia: episodio si queréis de la mayor importancia, y que podrá influir decisivamente en el desenlace; pero siempre episodio que no debe tomarse aisladamente, sino que, para juzgarlo y aprovechar sus enseñanzas, habrá que relacionarlo con sus causas y buscarle el lugar que le corresponde en los designios de Dios sobre nosotros. Este atentado relacionado con sus causas nos da la voz de alerta, nos dice que la persecución no ceja, sino que arrecia, y nos manda estar cristianamente apercibidos para la lucha. Este mismo atentado, en los designios de Dios, parece enseñarnos que de la cristiana defensa que hagamos de nuestra sacrosanta religión dependerá el que México cumpla con la misión que Dios le ha dado entre los pueblos del orbe”. “La lección del Crimen”, La Dama Católica, v. 3 (20), 1 de marzo de 1922, p. 2-4).

[ 7 ] José Gutiérrez Casillas, Historia de la Iglesia en México, México, Porrúa, 1974, p. 388-389.

[ 8 ] Jean Meyer, La Cristiada. Conflictos entre la Iglesia y el Estado, México, Siglo XXI, 1973, p. 111-112.

[ 9 ] Lo que es reconocido incluso por autores como José Gutiérrez Casillas, Historia de la Iglesia en México, México, Porrúa, 1974, quien acepta que, durante la presidencia de Obregón, salvo una serie de incidentes violentos en donde existió complacencia del gobierno, la Iglesia actuaba en un clima de relativa libertad. Gutiérrez Casillas afirma que “durante la presidencia de Obregón, se toleró […] que los encargados de los templos nunca cumplieran con las prescripciones constitucionales que los convirtieran en funcionarios dependientes del Estado, que los sacerdotes extranjeros ejercieran su ministerio, que las congregaciones religiosas se dedicaran a la enseñanza y a la beneficencia, etcétera. En varias ocasiones, los gobiernos locales pretendieron exigir el registro de sacerdotes, pero los obispos rechazaron la iniciativa, y la ley no fue aplicada” (p. 388-392). Robert E. Quirk, The Mexican Revolution and the Catholic Church, 1910-1929, Bloomington, Indiana University Press, 1973, en cambio, sostiene la opinión que la política de Obregón frente a la Iglesia fue liberal.

[ 10 ] Robert E. Quirk, The Mexican Revolution and the Catholic Church, 1910-1929, Bloomington, Indiana University Press, 1973, p. 121-125.

[ 11 ] Los ejemplos que ilustran la tendencia de los militantes católicos a considerar los programas sociales del Estado como corruptores de la sociedad son múltiples. Por ejemplo, frente al proyecto de la Dirección General de Educación Primaria del Estado de Jalisco, en el que se establecía que los maestros buscaran que su labor en el aula se reflejara en los hogares, velaran para que se cumpliera el precepto del laicismo y no pertenecieran a ninguna corporación religiosa, la revista La Dama Católica reaccionó violentamente. Por un lado, afirma que la escuela debe ser únicamente auxiliadora de la familia, y no imponer valores diversos; por otro, califica al laicismo una “injusticia y una estupidez”, y considera que la norma sobre la no pertenencia a alguna corporación religiosa como una demanda de abdicación de la conciencia, y por ello algo “perversísimo e infame”. Por último, establece que “malo e injustificable es que un gobierno pretenda oprimir la conciencia de los ciudadanos; pero es más perverso, más villano, más infame que intente corromperla. Pero que la tiranía que encadena y azota es la que deshonra y prostituye”. “Por la libertad de conciencia”, La Dama Católica, v. 4 (40), 1 de diciembre de 1923, p. 8-9.

En un nivel casi anecdótico, pero ilustrativo de esta lucha de valores, un líder católico escribe a Miguel Palomar y Vizcarra lo siguiente: “Mis asuntos particulares van de mal en peor; por más esfuerzo que he realizado, voy fatalmente a la ruina, o para decir mejor, ya he llegado, pues agotados todos mis recursos me he visto obligado con esta fecha a suspender la instrucción de mis hijos por falta de elementos para pagar su educación en los planteles que hasta el día de ayer estuvieron, y como prefiero que sean ignorantes antes que prostituidos, se quedarán como están, entre tanto que adquiera modo de continuar sosteniéndolos en sus colegios, o en otros que me den plena garantía”. Carta de Manuel García Herrera a Miguel Palomar y Vizcarra, Guadalajara, 1 de noviembre de 1919, Archivo Miguel Palomar y Vizcarra, Correspondencia Personal, caja 3, carpeta 19, f. 1 472.

[ 12 ] En la Pastoral Colectiva del Episcopado Mexicano sobre la Acción Católica en Asuntos Sociales, el Secretariado es considerado como “una institución nacional encargada de la dirección técnica en el campo sociológico, de la coordinación sistemática y de la organización eficiente de las diversas fuerzas sociales de la república conservando y robusteciendo su autonomía, fomentando ellas lo que tanto las dignifica, la propia iniciativa y responsabilidad […] ‘como una obra que debe ayudar a todos, sin poner trabas a ninguno’ “.

Como órgano del Episcopado debe ser no sólo el guardián de la catolicidad de las obras, sino también el intérprete de la doctrina social católica en sus aplicaciones a la solución del referido problema social en las circunstancias especiales de nuestro país, en todos los cuales procederá de oficio y en nuestro nombre, con aprobación de acuerdo con el comité episcopal integrado por los ilustrísimos y reverendísimos arzobispo de México, arzobispo de Puebla y obispo de Zamora, que hemos elegido para ese efecto y cuya presidencia corresponde al excelentísimo y reverendísimo señor arzobispo de México”. Archivo del Secretariado Social Mexicano, Correspondencia del Episcopado. Pastoral Colectiva del Episcopado Mexicano sobre la Acción Católica en Asuntos Sociales, 8 de septiembre de 1923.

[ 13 ] Un interesante estudio sobre el resurgimiento del sindicalismo católico es el de Manuel Ceballos Ramírez, “El sindicalismo católico en México, 1919- 1931”, Historia Mexicana, XXXV (140), abril junio de 1986, p. 621-674.

[ 14 ] Informe rendido al venerable episcopado por el presbítero doctor Miguel D. Miranda (director), Archivo del Secretariado Social Mexicano, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano. Informe. Seis Años de Actividades del Secretariado Social Mexicano, 1925-1931, México, 1931.

[ 15 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 1 (4), 31 de diciembre de 1921, p. 16.

[ 16 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 4 (33), 1 de mayo de 1923, p. 28.

[ 17 ] “Sección Oficial”, La Dama Católica, v. 1 (1), 1 de septiembre de 1920, p. 8.

[ 18 ] “Centro Regional de Méjico”, La Dama Católica, v. 7 (65), 1 de enero de 1926, p. 16.

[ 19 ] “Sección Oficial”, La Dama Católica, v. 1 (1), 1 de septiembre de 1920, p. 7-10.

[ 20 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 3 (25), 1 de septiembre de 1922, p. 20.

[ 21 ] “Centro Regional de Méjico”, La Dama Católica, v. 7 (65), 1 de enero de 1926, p. 16.

[ 22 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (17), 31 de mayo de 1921, p. 16-19.

[ 23 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (16), 31 de diciembre de 1921, p. 19-20.

[ 24 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (5), 31 de mayo de 1921, p. 18-19.

[ 25 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (20), 31 de agosto de 1921, p. 18-19.

[ 26 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 3 (25), 1 de septiembre de 1922, p. 25.

[ 27 ] El Centro Regional de León tuvo su primera sede en Guanajuato y el de Jalapa en Orizaba. En el último caso, después del traslado, se funda un nuevo centro regional en Orizaba. Para la fecha de la primera fundación de los centros regionales entre 1912 y 1923 y el número de centros locales en octubre de 1923, véase Informe de la Asamblea General de la Unión Nacional de Damas Católicas Mejicanas, del 24 al 26 de octubre de 1923, en “Lo que hacen las Damas”, La Dama Católica, v. 5 (41), 1 de enero de 1924, p. 35-36. La fecha de fundación de los centros regionales en 1924 aparece en el Informe rendido al presbítero Jorge Murcia Riano, delegado de Colombia, el día 13 de marzo de 1924, en “Lo que hacen las Damas”, La Dama Católica, v. 5 (47), 1 de julio de 1924, p. 40.

Para conocer la fecha de fundación de centros en Huejutla, Guerrero y San Andrés Tuxtla y el número de centros locales en octubre de 1925, véase “Informe de la Secretaría General “, La Dama Católica, v. 5 (52), 1 de diciembre de 1925, p. 10-15. Para saber las fechas de reorganización de los centros regionales fundados antes de 1920, véase: México, “Sección Oficial”, La Dama Católica, v. 1 (1), 1 de septiembre de 1920, p. 7-10; San Luis Potosí, “De la confederación”, La Dama Católica, v. 2 (9), 31 de mayo de 1921, p. 18; Guadalajara y Puebla, “Las Damas en la república”, La Dama Católica, v. 2 (16), 31 de diciembre de 1921, p. 19; Zamora, “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 3 (28), 1 de septiembre de 1922, p. 25; La Paz, Baja California, “Lo que hacen las Damas”, La Dama Católica “, v. 4 (35), 1 de julio de 1923, p. 37; Colima, “Lo que hacen las Damas”, La Dama Católica, v. 5 (43), 1 de marzo de 1923, p. 31.

[ 28 ] “Estatutos generales de la Unión de Damas Católicas Mejicanas”, en Primer Congreso Nacional de Damas Católicas Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 16-23.

[ 29 ] “La Dama Católica”, La Dama Católica, v. 1 (1), 1 de octubre de 1920, p. 2-3.

[ 30 ] Véase Roberto Blancarte, Iglesia y Estado en México: seis décadas de acomodo y de conciliación imposible, México, Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, 1990 (Colección “Diálogo y Autocrítica”, 15).

[ 31 ] “Estatutos generales de la Unión de Damas Católicas Mejicanas”, en Primer Congreso Nacional de Damas Católicas Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 16-23.

[ 32 ] Por ejemplo, en Monterrey el arzobispo de Linares, Francisco Plancarte y Navarrete, en 1914 muestra interés por fundar una asociación de damas en su diócesis. El proyecto se pospone por la Revolución y el exilio de los obispos. En 1920, los obispos vuelven del exilio y existe el interés del episcopado por la Unión de Damas; sin embargo, su fundación en Monterrey no se lleva a cabo por la muerte del prelado. Es necesario esperar a marzo de 1921 a que se nombre a don Juan de Jesús Herrera y Pina para iniciar los trabajos de la unión.

Además, existen cartas en el Archivo del Secretariado Social Mexicano de miembros del clero solicitando, a nombre del obispo de su localidad, información al Secretariado Social Mexicano sobre la forma de fundar la Unión de Damas Católicas Mejicanas o informando sobre iniciativas de los obispos en relación con la fundación de algún centro. En algunas cartas se pide consejo al Secretariado para “preparar convenientemente, en ánimo de algunas señoras católicas”, lo que llevaría a pensar en iniciativas verticales Clemente Juárez de Tlalpuhahua, Michoacán al reverendo padre Alfredo Méndez Medina, 8 de mayo de 1923, Archivo del Secretariado Social Mexicano, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano, 1922-1924.

Véase, también, de Clara Arce, secretaría general del Consejo Regional de la Unión de Damas Católicas Mexicanas al Secretariado Social Mexicano, 17 de julio de 1924, Archivo del Secretariado Social Mexicano, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano, 1922-1924; del presbítero D. Armora, secretario del Gobierno Eclesiástico de Tamaulipas, al reverendo padre Alfredo Méndez Medina, 10 de julio de 1924, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano al Episcopado Mexicano; del Secretariado Social Mexicano al presbítero D. Armora, secretario del Gobierno Eclesiástico de Tamaulipas, 14 de julio de 1924, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano al Episcopado Mexicano; de Leopoldo Lara, obispo de Tacámbaro, Michoacán, al reverendo padre Alfredo Méndez Medina, 5 de marzo de 1923, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano al Episcopado Mexicano; de Vicente Castellanos, obispo de Tulancingo, Hidalgo, al reverendo padre Alfredo Méndez Medina, 1 de abril de 1923, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano al Episcopado Mexicano; de Leopoldo Lara, obispo de Tacámbaro, Michoacán, al reverendo padre Alfredo Méndez Medina, 23 de agosto de 1923, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano al Episcopado Mexicano.

[ 33 ] Centro Local de la Unión de Damas Católicas Mexicanas de San Luis de la Paz, Guanajuato, al reverendo padre Alfredo Méndez Medina, 8 de octubre de 1923, Archivo del Secretariado Social Mexicano, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano al Episcopado Mexicano, 1922-1924.

[ 34 ] En la Pastoral Colectiva del Episcopado Mexicano sobre la Acción Católica en Asuntos Sociales, el episcopado encomienda a la Unión de Damas “el cuidado de la formación religiosa de la niñez, con todos los medios oportunos, algunos de los cuales han comenzado a poner en práctica y es el menor procurar que los padres de familia obren de acuerdo con la responsabilidad que les incumbe educar cristianamente a la familia”. Archivo del Secretariado Social Mexicano, Correspondencia del Episcopado, Pastoral Colectiva del Episcopado Mexicano sobre la Acción Católica en Asuntos Sociales, 8 de septiembre de 1923. Tomado del Archivo Social, año II, 15 de septiembre de 1923, n. 54.

[ 35 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 3 (19), 1 de marzo de 1922, p. 21.

[ 36 ] “Reivindicación del derecho de libertad de enseñanza”, en Primer Congreso Nacional de Damas Católicas Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 35.

[ 37 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 3 (24), 1 de agosto de 1922, p. 24.

[ 38 ] “Reivindicación del derecho de libertad de enseñanza”, en Primer Congreso Nacional de Damas Católicas Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 25.

[ 39 ]“Reivindicación del derecho de libertad de enseñanza”, en Primer Congreso Nacional de Damas Católica Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 27-28.

[ 40 ] “Reivindicación del derecho de libertad de enseñanza”, en Primer Congreso Nacional de Damas Católicas Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 29-30.

En este mismo sentido, las palabras del obispo de Tacámbaro, monseñor Leopoldo Lara y Torres, pronunciadas en la ceremonia de premiación de los primeros alumnos del Colegio Seminario de Tacámbaro, el 30 de octubre de 1922, se oponen radicalmente a la educación laica: “sólo la educación cristiana puede salvar al hombre, puede salvar a la patria, puede salvar al mundo. Y por ende, ¡malditas la enseñanza laica! ¡la escuela atea! que nos quieren engañar con sus falsas promesas de redención y de vida […]. Malditas, porque dejan al hombre sumergido en los abismos del error y perdido en las crueles incertidumbres de la duda; malditas, porque dejan al hombre desamparado, sin freno y sin timón, presa de todas sus pasiones, en medio de las borrascas de la vida; malditas, porque ¡le quitan al hombre la luz de la esperanza, en la noche más negra y oscura del naufragio; malditas, porque mutilan al hombre, arrancándole los dones que le diera el cielo y le hacen inferior a las bestias y a los animales inmundos; malditas, porque violan los derechos sagrados de los padres de familia; malditas, porque desgarran los derechos más sagrados de los hijos; malditas, porque ultrajan los derechos augustos de la patria. Porque la patria, como los pueblos, como la familia, como los individuos, también tiene derecho a la verdad, a la luz, al amor, a su Dios, a su vida; al amor y respeto de sus hijos, a la vida y bienestar de sus postreros. Maldita una y mil veces, porque traicionan las esperanzas de la patria”. Discurso sobre la “Reconstrucción de la patria”, pronunciado por el obispo de Tacámbaro, monseñor Leopoldo Lara y Torres, en Documentos para la historia de la persecución religiosa en México de monseñor Leopoldo Lara y Torres, primer obispo de Tacámbaro, México, Jus, 1972, p. 3 839. Además consúltese, en el mismo libro, el discurso pronunciado en la misma circunstancia el 20 de octubre de 1923, p. 42-52.

[ 41 ] Archivo del Secretariado Social Mexicano, Correspondencia del Episcopado. Pastoral Colectiva del Episcopado Mexicano sobre la Acción Católica en Asuntos Sociales, 8 de septiembre de 1923 Tomado del Archivo Social, año II, 15 de septiembre de 1923, n. 54.

[ 42 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (12), 31 de agosto de 1921, p. 16.

[ 43 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (13), 30 de septiembre de 1921, p. 18.

[ 44 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (12), 31 de agosto de 1921, p. 16-17.

[ 45 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 3 (21), 1 de mayo de 1922, p. 21.

[ 46 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica v. 2 (9), 31.

[ 47 ] “Informes de Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (10), 30 de junio de 1921, p. 13.

[ 48 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 3 (25), 1 de septiembre de 1922, p. 20.

[ 49 ] “Centro Regional de Méjico”, La Dama Católica, v. 7 (65), 1 de enero de 1926, p. 16.

[ 50 ] La cooperación de la Unión de Damas Católica Mejicanas en el desarrollo de la Confederación Nacional Católica del Trabajo, presbítero José Toral Moreno, Guadalajara, 9 de noviembre de 1922, Archivo del Secretariado Social Mexicano, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano, 1922-1924.

[ 51 ] Conferencias privadas sobre la intervención del sacerdote y de sus colaboradores seglares en el desarrollo de la acción social conforme a la mente de la Iglesia, 2 de octubre de 1923, Archivo del Secretariado Social Mexicano, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano.

[ 52 ] Presidente y secretario de la comisión ejecutiva de la Confederación de Cámaras de Comercio de los Estados Unidos Mexicanos, 7 de junio de 1924, Archivo del Secretariado Social Mexicano, Correspondencia del Secretariado Social Mexicano, 1922-1924.

[ 53 ] Informe del 13 de marzo de 1924, “Lo que hacen las Damas”, La Dama Católica, v. 5 (47), 1 de julio de 1924, p. 41.

[ 54 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (16), 31 de diciembre de 1921, p. 16.

[ 55 ] En el Primer Congreso Católico se aprobaron ciertas resoluciones en relación con el cine: “El Congreso Nacional de la Unión de Damas Católicas Mejicanas aspira al ideal de que se forme una compañía fuerte para filmar películas buenas y morales […], se compromete a no asistir a cines inmorales, y concurrir a aquellos cines que dan películas morales, anunciándolos y recomendándolos a propios y extraños. Comisión de censura por la Unión de Damas Católicas Mejicanas, a las películas que anuncian las casas exportadoras para, en caso necesario, dar la voz de alarma a todos los centros de la república”. “Cinematógrafos”, en Primer Congreso Nacional de Damas Católicas Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 65.

[ 56 ] En relación con los bailes, en este Primer Congreso se dijo: “No es menos grave la repercusión de estos bailes en el porvenir de la familia, pues en las jóvenes produce a veces la ruina moral definitiva y a los jóvenes los aleja del matrimonio, pues encuentran que esas señoritas no son dignas de fundar un familia ni de reinar en ningún hogar. Por lo cual, el matrimonio, lejos de fundarse en la mutua estimación, se convierte en un negocio o medio de emancipación”. Se aprobó la abolición completa en los salones de familias católicas de los bailes inmorales y de aquellos que aun después de corregido conservaran un sello inmoral, por ejemplo el tango, el fox-trot y otros parecidos. Afirman que “en casos dudosos, consultar a los prelados y acatar su fallo, sea cual fuere”. Además, se establecía que “Las madres de familia no consientan que sus hijos bailen más que a cierta distancia […] la frecuentación a los dancing, es decir a todos los lugares de diversión donde se pueda asistir pagando, queden prohibidos para todas las señoritas de todas las clases sociales. Tampoco deberán asistir las casadas que se respeten. Que traten de ponerse de modo los bailes clásicos y nacionales […]. Se recomienda a las señoras católicas no bailar ni permitir se baile en sus salones durante el Adviento y la Cuaresma “. “Bailes”, en Primer Congreso Nacional de Damas Católicas Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 45.

[ 57 ] “Varios temas” y “Liga de Señoras para la Modestia Cristiana “, en Primer Congreso Nacional de Damas Católicas Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 146-148.

[ 58 ] “Moralización e instrucción”, en Primer Congreso Nacional de Damas Católicas Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 144.

[ 59 ] “Defensa de la mujer”, en Primer Congreso Nacional de Damas Católicas Mejicanas, noviembre de 1922, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, s. f., p. 51-53.

[ 60 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 5 (45), 1 de mayo de 1924, p. 29.

[ 61 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 5 (45), 1 de mayo de 1924, p. 29.

[ 62 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (20), 31 de agosto de 1921, p. 16.

[ 63 ] “Informes y Sugestiones”, La Dama Católica, v. 2 (17), 31 de mayo de 1921, p. 16-19.

[ 64 ] Jean Meyer, La Cristiada. La guerra de los cristeros, México, Siglo XXI, 1973, v. I, p. 61-62.

[ 65 ] Jean Meyer, La Cristiada. Los cristeros, México, Siglo XXI, 1987, v. III, p. 120-121.

[ 66 ] Hugh Gerald Campbell, La derecha radical en México, 1929-1949, México, Secretaría de Educación Pública, 1976 (Sep Setentas), p. 12.

Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México,Álvaro Matute (editor), Ricardo Sánchez Flores (editor asociado), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 14, 1991, p. 129-158.

DR © 2006. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas

Fuente: http://www.historicas.unam.mx/moderna/ehmc/ehmc14/184.html

Categorías:General, UFCM

Cristo Rey y Acción Católica

CRISTO REY y Acción Católica
Imagen relacionada

I. CRISTO REY.

“Cristo tiene que reinar”, dice San Pablo. Colabora a la construcción de ese Reino el que realiza el amor y la justicia, aunque no reconozca a Cristo explícitamente. De aquí la pregunta extrañada de los justos del Evangelio. Cada vez que acallamos un hambre, una sed o una soledad, extendemos el Reino de Cristo. Esta lucha contra el mal y el sufrimiento sólo termina con la aniquilación de la muerte. La fe en Cristo resucitado hace posible esa esperanza que anima sin descanso a la transformación del mundo hasta colocarlo bajo sus pies.

CRISTO REY Y LA ACCIÓN CATÓLICA.
Como miembros de la Acción Católica, celebramos a Jesús nuestro Rey, alejados de la imagen histórica de reyes y principados de este mundo, que El mismo desde el principio se encargó de diferenciar muy bien: “Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro siervo de la misma manera que el Hijo del hombre, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate de muchos”( Mt. 20, 25-28)
Por eso celebramos la alegría del servicio de trabajar en la construcción del reino de Dios, que presente entre nosotros, necesita germinar hasta la plenitud y cuyo Rey no tiene ejércitos, ni organiza combates, sino que ama profundamente a los hombres y los sirve hasta dar la vida para salvación de todos, a través de las más diversas acciones misioneras.
Fue el Papa Pio XI quien asoció a la Acción Católica con Cristo Rey, en aquella Encíclica Ubi Arcano (1922), donde hablaba sobre la realiza de Cristo y del Reino y nuestra finalidad de “restaurar la Paz de Cristo en el reino de Cristo”. Esta frase actualizada, es la que aún figura en nuestro ritual de oficialización en el momento que se nos entrega el escudito: “Recibe el distintivo y al hacer uso de él no olvides que es tu deber trabajar por la paz de Cristo, en el Reino de Cristo”.
Frase que anuncia la alegría de ser “invitados a la Viña”(Mt. 20, 1-2) para construir un Reino “que no es de este mundo”( Jn. 18,36) pero que crece en él y al que debemos amar porque por le dió la vida Cristo, realizando en medio de él nuestra vocación y misión propia de laicos.

En la Asamblea Diocesana iniciamos uno de los trabajos, mirando, observando, contemplando nuestro propio ambiente de trabajo, estudio, familia, parroquia, impregnando nuestra mirada con el texto del Evangelio que sigue:
“En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y Él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. Ellos atracaron las barcas a la orilla, y abandonándolo todo, lo siguieron”. (Lc. 5, 1-11).

Observemos y contemplemos ahora a Pedro, cuando “se echó a los pies de Jesús”.
Nos puede ayudar:
1. Imaginar la mirada de Pedro hacia Jesús. Cuántas veces en mi vida he mirado al Señor con tanta admiración y reconociéndolo Hijo de Dios, mi Salvador, mi Rey?
2. Imaginar la mirada de Jesús a Pedro. Qué mezcla misteriosa de Amor y de Firmeza en esa mirada! Frente a un Pedro que duda, como puedo dudar yo, en diferentes momentos de mi día y de mi vida, Jesús dá señales inequívocas de su Reinado, de su Poder, de su Gran Amor por mí y por todos los hombres.
3. Me siento invitado por el Señor a echar las redes confiando incondicionalmente en El?

II. CRISTO REY. FIESTA DE LA IGLESIA.
FIESTA DE LA ACCIÓN CATÓLICA.
Somos convocados a una Fiesta.
¿Podemos festejar frente a tanto dolor en nuestra Iglesia y en nuestros ambientes?

HACER FIESTA, “CONTRA VIENTO Y MAREA”.
“Ciertamente, a veces uno tiene la sensación de que no son tiempos para andar haciendo fiesta. Hablar de fiesta en circunstancias tan duras como las que vivimos y en este mundo, tan herido por la pobreza y el dolor, suena casi irrespetuoso. Sin embargo, es necesaria la fiesta, no para alienarse, sino para juntar fuerzas.
Me vienen a la memoria dos escenas que, creo, pueden dar razón de esto que hemos dicho: una es bíblica. Está relatada en el Antiguo Testamento, en el libro de Nehemías.
El pueblo de Israel ha vuelto del destierro babilónico y se encuentra con una Jerusalén destruída, “la muralla en ruinas y sus puertas incendiadas”(recordemos que eran ciudades amuralladas a las que se accedía por grandes puertas). Todo un símbolo de devastación y tristeza.
En ese contexto de desolación es que se reunió todo el pueblo en la plaza, en torno al gobernador Nehemías, y a Esdras, el sacerdote, que les leía el libro de la Ley. Y viendo que la gente lloraba les dijo:
“Este día está consagrado al Señor, nuestro Dios; no hagan duelo ni lloren. Vayan a casa, coman buenas tajadas, beban vinos generosos y envíen porciones a los que no tienen nada, porque hoy es día consagrado a nuestro Dios. No estén tristes: la alegría en el Señor es vuestra fortaleza” ( Ne 8, 2-10).
Y dice que “el pueblo se fue, comió, bebió, envió porciones y organizó una gran fiesta (la fiesta duraba 8 días), porque habían comprendido lo que les habían explicado”. Y al día siguiente, los jefes de familia se reunieron para organizar la reconstrucción de la muralla.
Este Jubileo también es “un año de gracia” que necesitamos celebrar profundamente, aún en medio de las ruinas del corazón y del mundo por donde a veces nos parece caminar. Y no lo hacemos para “borrarnos” ni para negar que hay muchas cosas que no están como deberían. Sino para que, con el corazón renovado por la fiesta, podemos “al día siguiente” poner nuestras manos a la obra en lo que Dios nos pida personal y eclesialmente, en lo que haya que sostener o reconstruir.
El otro ejemplo habla de la fiesta “en pobreza”, y si bien hace referencia a una pobreza no tan común, porque es una pobreza elegida como modo de vida, creo que de todos modos el ejemplo nos sirve. Lo narra Julien Green en su biografía de San Francisco de Asís y lo comenta Martín Descalzo sabrosamente:
“Francisco y sus hermanos estaban en tiempo de rigurosos ayunos, y una noche, mientras dormían en una cueva Francisco oyó los lamentos de un hermano que gemía. Se levantó. Qué pasa hermano? ‘Lloro – respondió aquel- porque me muero de hambre’… Francisco entonces despierta a los demás hermanos y les explica que el ayuno está muy bien, pero que no pueden dejar que un hermano se muera de hambre. Y como tampoco deben dejarle que sufra la vergüenza de comer él solo, es necesario que todos los compañeros se levanten y se pongan juntos a comer con él. Y el hambre del hermano se convirtió en una fiesta, aunque la comida estuvo compuesta sólo de pan y unos pocos rábanos, pero bien regados por la alegría común.’
Es evidente que nadie, nunca, será capaz de curar todo el mal del mundo. Pero también es evidente que el amor avanza lenta e implacablemente. Lo urgente es compartir el pan hoy y acompañarlo hoy con el reparto de la alegría. Quien tenga pan, que lo reparta. Quien tenga pan y sonrisa, que distribuya los dos. Quien sólo tenga sonrisa, que no se sienta pobre e impotente; que reparta sonrisa y amor.
Porque el hambre volverá mañana, pero el recuerdo de haber sido querido por alguien permanecerá floreciendo en el corazón. Seguro que al buen fraile que se moría de hambre en los tiempos de Francisco, más que el pan y los rábanos lo alimentó el cariño de sus compañeros, que interrumpieron su sueño sólo para que aquel hambriento se sintiera participante de un banquete (de una fiesta) común”.
Cristo no quiere creyentes satisfechos. Por eso nos señala una meta: la perfección del Padre que está en el cielo. Esto es todo un desafío y un privilegio.
1. Me siento llamado personalmente por Jesús a dejarlo Reinar en mi corazón humilde y sencillo?
2. Estoy dispuesto a celebrar junto al Señor? Está mi grupo de Acción Católica dispuesto a celebrar?
3 Qué celebraré en este próximo Cristo Rey?

III. EL REINADO DE CRISTO: VOCACIÓN DE LA A.C.A.

El Reino de Dios no es proyección al futuro de las esperanzas no cumplidas y de la paciencia acumulada. No es “otro mundo”. El Reino es este mundo transformado, hecho nuevo.
El sueño y la realidad se mezclan. Entonces aparece el deseo de vivir en un mundo mejor, en una Iglesia mejor, donde los hombres se amen y se respeten sin miedos ni complejos, un mundo y una Iglesia donde la paz no sea sólo un tratado firmado con hipocresía, sino el mejor fruto de la justicia. Un mundo y una Iglesia, donde las miradas puedan cruzarse sin ser opacadas por la desconfianza y el engaño; un mundo y una Iglesia, donde todos los hombres puedan vivir dignamente, alimentarse y rezar. Alguien podría pensar que estos son sueños. Es un sueño hecho realidad, pues este mundo nuevo y esta Iglesia ya existen. Jesús lo ha inaugurado. Eso es lo que predicó incansablemente.
Construir este mundo y esta Iglesia, no es tarea de una o dos generaciones de hombres y mujeres de buena voluntad, sino que es fruto del trabajo permanente y silencioso de todos nosotros. Ese trabajo, que como todo trabajo necesita esfuerzo, y que solo perdurará si se inicia y se basa en la Oración y, fundamentalmente, en el alimento que El mismo dió: La Eucaristía.
Como miembros de nuestra Acción Católica, a donde Cristo mismo nos convocó a través de su LLAMADO, ¿somos concientes que el Señor nos miró, nos eligió, nos convocó a la Boda, nos hace participar YA de su Reino?

Muchos de nosotros somos oficializados o hemos realizado la promesa. En ese momento se nos entregó un distintivo, el escudito. Muchos más son convocados a comprometerse en esta hermosa vocación dentro de la Iglesia, para la Santificación de la misma Iglesia y de cada uno de nuestros ambientes.
Este distintivo que nos identifica, es signo y testimonio.
Así como la alianza matrimonial simboliza el amor conyugal, el hábito la consagración, la lámpara en el sagrario la presencia de Cristo vivo en la Eucaristía, el distintivo simboliza la vocación apostólica del miembro de Acción Católica.
Ahora bien, ni la alianza hace al matrimonio, ni el hábito al monje, ni la luz a Cristo. Tampoco el distintivo hace a la Acción Católica ni a cada uno de sus miembros, pero es un testimonio, un anuncio y un compromiso.
Este signo, solo TESTIFICA el estido de vida que hemos elegido quienes lo llevamos, concientes de haber sido LLAMADOS.
El distintivo es: – una imagen que logra reunir un montón de vivencias, anhelos y tensiones que tironean el alma.
– señala una meta: la Cruz. Si observás el distintivo allí se distingue clara y centralmente la Cruz. Eso nos lleva decir junto a San Pablo “Lejos de mí gloriarme sino en la Cruz”.
– Representa la consigna por la que vivimos y nos movemos: Cristo en los ambientes, cada día.
Nuestro distintivo tiene:
– una forma: de escudo, como símbolo de que la construcción de la civilización del amor es una tarea tenaz, esforzada, activa, pero pacífica.
– Un estilo: que es sobrio, sencillo, como signo de la austeridad y espíritu que debe guiar nuestro peregrinar cotidiano, explicado con sabiduría de Dios en las Bienaventuranzas.

Hagamos realidad el llamado de Jesús en este momento de nuestra vida: “SEAMOS UNO PARA QUE EL MUNDO CREA”.

En forma individual y luego compartiendo en grupo, podemos entrar en intimidad con Nuestro Señor, contemplando su Rostro, a través de esta oración:
Señor Jesús, tu poder multiplica la obra del hombre.
Crece cada día, entre nuestras manos, la obra de tus manos.

Nos señalaste un trozo de la viña y nos dijiste: “Ven y trabaja”.
Nos mostraste una mesa vacía y nos dijiste: “Llénala de pan”.
Nos presentaste un campo de batalla y nos dijiste: “Construye la paz”.
Nos sacaste al desierto y nos dijiste: “construye la ciudad”.
Pusiste una herramienta en nuestras manos y nos dijiste: “Es tiempo de crear”.

Escucha Señor el rumor de la obra, ya que queremos que nuestras manos sean tu obra más hermosa, para la construcción de tu Reino.

IV. CRISTO REY. MISTERIO DE ESTA REALEZA.

1. Rey ante todo por su divinidad, ya que el Hijo, eterno y trascendente, es la Imagen perfecta del Dios invisible, su Palabra eterna, al tiempo que la base de sustentación, el vínculo de unidad y el principio arquitectónico de la entera creación. Todo fue hecho para El, por El y en El, y nada de lo que se hizo se hizo sin El, nos dice San Juan.
2. Rey por su encarnación. Así lo proclamó el ángel del Señor cuando anunció el prodigio: “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará en la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
3. El quiere, sin duda, ganar el universo, pero prefiere hacerlo conquistando primero los individuos. Anhela ser Rey de nuestros corazones. Vino al mundo para dominar la rebeldía de los pueblos, pero ésta había surgido precisamente en el corazón del hombre que le negó su obediencia y su afecto.
4. Cristo quiere, pues poner su trono en nuestros corazones. Pero ello no es todo. También ha dicho: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Es el eco de lo que profetizara Daniel, según lo escuchamos en Dan. 7, 13-14: “Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas”. Efectivamente, Cristo quiere ser también el Rey de las sociedades. Los hombres no se independizan de El por el hecho de haberse organizado en sociedad. Hay quienes querrían ofrecer a Cristo el incienso de Dios, pero no el oro de su Realeza en el orden temporal. Y sin embargo el Apocalipsis nos describe al Cordero soberano, revestido con un largo manto en cuya orla está escrito: “Rey de los reyes y Señor de los señores”.
El Papa Pío XI instituyó esta Fiesta y tal es nuestra tarea, impregnar todo el orden temporal –la política, la economía, la cultura, el arte- con el espíritu del Evangelio.
5. No perdamos la confianza al menos en la victoria final. Frente a tantas personas y a tantas sociedades que se resisten a la acción redentora del Señor, y que parecen ir dominando el mundo, frente a la crisis que hoy sacude a la Iglesia y provoca en no pocos de sus hijos aquello que un sagaz teólogo contemporáneo dio en llamar la “apostasía inmanente” (“apostasía” porque con el corazón ya se han separado de la Iglesia; “inmanente” porque aparentemente siguen permaneciendo a ella). Frente a todo esto, a pesar de todo esto, nunca dejemos de esperar y de anhelar aquel Día en que el Reino de Cristo encontrará su realización plena.
Mientras quedamos esperanza un acontecimiento tan glorioso, se nos concede hoy, tomar parte en el Santo Sacrificio de la Misa. Así como la Cruz fue el trono real del Señor, el altar será el nuevo trono del sacrificio de Cristo.

Que Cristo penetre hoy en nuestros corazones como entró un día en el seno purísimo de su Madre, y encuentre que con los pañales de nuestra humildad hemos sabido prepararle en pequeño trono desde donde pueda reinar sin trabas sobre cada uno de nosotros.

Fuente: http://www.mercaba.org/ARTICULOS/C/cristo_rey_accion_catolica.htm

Imagen relacionada

Categorías:Accion Catolica, General

La hora del laicado

La hora del laicado

04.11.18 | 14:39. POR Gabriel María Otalora

Todos estamos llamados a seguir a Cristo según el espíritu de las bienaventuranzas. No hay estados más o menos perfectos, sino formas diversas de escuchar y vivir la llamada al seguimiento. El Concilio Vaticano II supuso un antes y un después para los laicos; sin embargo, es palmaria la ambigüedad que suscita la Lumen Gentium sobre nuestro papel al dejar claro que la cura pastoral es exclusiva de los presbíteros: somos “partícipes”, solo somos una ayuda (LG 36-37) aunque estamos llamados por Cristo a ser sal, luz, y levadura.

Los laicos parecemos el equipo suplente ante la escasez de sacerdotes. A fecha de hoy, somos una categoría eclesial de segunda división que se nos ha definido más por lo que no somos (no-sacerdotes, no-religiosos y no-religiosas) que por lo que somos. Si no hubiese crisis sacerdotal, nuestra participación eclesial sería más exigua. Llama la atención el pírrico número de santos y santas laicos cuyo ejemplo ha merecido tal distinción. En todo caso, el prototipo del laico occidental es el de un cristiano desconcertado, inseguro y escéptico de su papel. Un laicado mayoritario que ha perdido la referencia de las tres virtudes teologales: la fe (por inmadura), la esperanza (por descafeinada) y la caridad (porque es muy difícil). Como corresponde a un tiempo revuelto, los laicos no acabamos de encontrar nuestro sitio en el mundo ni en una institución eclesial que se resiste a dejar atrás las cuotas de poder y de ostentación: Estado Vaticano, títulos y dignidades, carrera eclesiástica, etc.

Pero los laicos tenemos deberes. Ya no sirve ampararnos en que nos marginan y consideran menores de edad, eclesialmente hablando. El Papa Francisco incorpora la madurez en su exhortación apostólica Amoris letitia, la alegría del amor, al colocar como criterio principal de actuación para obispos, sacerdotes y laicos, vivir siendo capaces de discernir la conducta a seguir en cada caso. Para acertar en el discernimiento es preciso dejarse iluminar por Dios, escuchar, orar. Estamos llamados a curar y cuidar, a sanar y acompañar conforme al signo cristiano: lo primero, no hacer daño. Lo segundo, implicación, erradicando la actitud de “no es asunto mío”. Lo tercero, hacerlo con amor, a la manera de Jesús.

Lograr, entre todos, una Iglesia libre y abierta en lugar de estar a la defensiva por temor a perder algo mundano: son palabras del Papa, no mías. En este contexto, es hora de reivindicar el papel del laico y desperezarnos de una pasividad endémica que nos cuestiona frente a las justas quejas que formulamos buscando una Iglesia viva en comunión participativa que ofrezca respuestas con hechos. No es una cuestión de clérigos, sino de todos, porque mientras no sea así, nuestra tarea cristiana de evangelizar está en juego. No seremos más que un pálido reflejo de lo que podríamos alumbrar y seremos motivo de escándalo.

Los laicos tenemos que sacudirnos pasividades, comodidades e inhibiciones y dedicar tiempo al compromiso activo en la comunidad cristiana y en la sociedad. Pero los presbíteros deben superar el control total de la comunidad y los recelos con los laicos para fomentar un verdadero liderazgo de servicio. Es cierto que no es posible hablar de un único tipo de laico en la Iglesia, sobre todo en Occidente. Existe un laicado tradicional configurado como una mayoría silenciosa, pasiva e inhibida que hace seguidismo a la jerarquía a la que le basta con aceptar sumisamente la doctrina que enseña la jerarquía, sin sospechar siquiera que puedan tener alguna responsabilidad en la construcción comprometida de la comunidad o en el anuncio con hechos del Evangelio. No obstante, existe otro grupo de laicos y laicas comprometidos que trabajan por un mundo mejor, muy activos frente al materialismo consumista que nos ha secado las entrañas y sumido en contradicciones casi insalvables de las que no se salva la institución eclesial, poderosa y acomodaticia.

Como dice José Antonio Pagola, de los lodos clericales (protagonismo excesivo, autoritarismo y acaparamiento de casi todo por parte de ciertos presbíteros), ha crecido una religiosidad individualista en la que prima el cumplimiento de ritos sobre el compromiso solidario y ejemplar. El sentido de pertenencia comunitaria de la fe y la importancia de la oración a la escucha son aspectos todavía secundarios y sin líderes pastorales.

Las consecuencias son graves: a) No son pocos los laicos que, deseando sinceramente trabajar en la Iglesia, se ven frenados y abandonan la comunidad o viven desalentados en ella. b) La comunidad se empobrece sin que seamos ejemplo para nadie. c) Nosotros ahuyentamos, a veces, a los que buscan sinceramente a Dios.

Pretender acaparar o ignorar la acción del Espíritu en los demás es la gran tentación de una jerarquía centrada en sí misma: creer que el Espíritu tiene que pasar necesariamente por ella. Es la gran tentación también del laicado que no se compromete en las realidades que el Evangelio señala, cuando otras muchas personas actúan cristianamente desde su agnosticismo o ateísmo manifestando al Espíritu sin saberlo. Nadie es superfluo ni imprescindible y a la vista está que no somos capaces de concitar adhesiones ni entre los nuestros.

El Vaticano II recuerda que el único título que la Iglesia ha de reivindicar es el de evangelizara con actitud de servicio. En una sociedad como la actual, en proceso de secularización y descristianización, resulta tentador para no pocos el buscar «refugio» en una Iglesia poderosa. Es falsa la división clásica que separaba a los cristianos en dos sectores: el sector llamado a una vida de perfección en la consagración de los tres votos (pobreza, castidad y obediencia), y la mayoría laical, llamada solamente al cumplimiento de los mandamientos de Dios como cristianos de segunda categoría.

Este septiembre pasado, Francisco ha publicado Episcopalis Communio que reforma el modelo de gobierno de la Iglesia incorporando la participación y la corresponsabilidad laical en detrimento del clericalismo absolutista. Algo se mueve frente a la llamada tradición sacerdotal que se aferra a una moralización exagerada y formalista y cuyo resultado ha sido la marginación de la tradición profética, centrada en la comunidad. Simplificando podemos decir que la primera gira en torno a los sacerdotes del Templo, mientras que la segunda lo hace sobre los grandes profetas. Todo parece indicar que Jesús se situó decididamente de parte de la tradición profética que priorizaba la evangelización del amor de Dios sobre la norma. Es hora de reflexión comprometida y humilde… es todos los estamentos la Iglesia.

La revolución del laicado. La Iglesia vista por un laico. Editorial San Pablo. Octubre 2018

 

fuente: http://blogs.periodistadigital.com/punto-de-encuentro.php/2018/11/04/la-hora-del-laicado-2

 

Categorías:Laicos