La misión: despertar la fuerza de los laicos

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Los Dicasterios de la Santa Sede contados desde dentro: historia, objetivos y el “presupuesto de misión”, cómo funcionan las estructuras que apoyan el ministerio del Papa. Conocemos el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida en la entrevista con el Prefecto, el cardenal Kevin Joseph Farrell.

Alessandro De Carolis – Ciudad del Vaticano

Tiene solo cinco años de existencia y tres “áreas” de competencia tan grandes como el mundo, resumidas en una palabra: “laicado”. El deseo de acoger en un abrazo a hombres y mujeres de toda condición, cultura y origen geográfico, impulsó al Papa Francisco para la creación de esta nueva estructura dentro de la Santa Sede. El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida es el lugar y el observatorio privilegiados para discernir y promover todo lo que pueda dar relieve a la vocación laical en la Iglesia y en el mundo. Un dicasterio en el que trabajan sobre todo laicos, con un presupuesto de misión de dos millones de euros (otorgados en 2021) y que tiene en el corazón -como explica el cardenal Kevin Joseph Farrell, que lo dirige- el bien de la familia con todos sus miembros, no solo los cónyuges, por tanto, también los niños, los jóvenes, los abuelos, las personas con discapacidad, y que anima todo tipo de reflexión -antropológica, moral, filosófica- o de acción -política, económica, ética- que pueda proteger y promover la dignidad de la vida humana.

Dicasterio Laicos Familia Vida - Cardenal Kevin Farrell

Dicasterio Laicos Familia Vida – Cardenal Kevin Farrell

Creado por el Papa Francisco en agosto de 2016, el dicasterio ha fusionado en una sola institución las competencias relativas a los laicos, la familia y la vida, antes distribuidas en diferentes organismos. ¿Cuál es el hilo conductor que mantiene unidas estas tres realidades?

Yo diría que el elemento común que une estas diversas áreas como un hilo conductor se puede ver en el papel principal de los fieles laicos en la Iglesia: los laicos en primera persona están llamados a formar a otros laicos en la vida cristiana y a asumir una mayor responsabilidad en sus propias parroquias y diócesis. Son los laicos, especialmente los jóvenes, los que están llamados a aportar su contribución creativa y “visionaria” a la Iglesia y a convertirse en misioneros de sus semejantes. Son los laicos casados quienes pueden, mejor que nadie, asumir la responsabilidad de preparar para el matrimonio y acompañar a otras parejas. Son los laicos los que deben estar presentes en el mundo de la política para orientar a los gobiernos a adoptar medidas adecuadas en defensa de la vida, a favor de las familias, de los ancianos, de los jóvenes, de las personas con discapacidades o que experimentan muchas otras formas de fragilidad. Este es también el deseo del Papa para nuestro Dicasterio: ser un organismo de la Santa Sede que promueva a los laicos en todos los ámbitos, civiles y eclesiales, superando las formas estériles de clericalismo o elitismo, que aún subsisten, especialmente en algunos países. El Papa quiere despertar este protagonismo de todos los laicos, de toda condición social.

¿Cómo se articula concretamente el trabajo del dicasterio?

La actividad del Dicasterio en relación con los laicos, como decía, pretende sobre todo promover su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo, tanto como individuos como miembros pertenecientes a asociaciones, movimientos y comunidades. Durante su visita al Dicasterio el 30 de octubre de 2017, el Papa Francisco había expresado el deseo de que los laicos trabajen aquí predominantemente y estén al servicio de otros laicos. Por lo tanto, se presta especial atención a la formación de los laicos en todos los niveles. Quisiera decir, a este respecto, que la formación de los laicos anima de manera transversal todo el trabajo del Dicasterio, en el sentido de que es una dimensión presente en todas nuestras actividades. De hecho, todo el trabajo que se realiza con los jóvenes, con las familias, con los movimientos eclesiales, incluye aspectos esenciales de la formación de los laicos: formación en la fe y en la vida espiritual, formación para el apostolado, formación para el testimonio cristiano en la sociedad, en la cultura y en la política.

Dicasterio Laicos Familia Vida - una reunión de trabajo

Dicasterio Laicos Familia Vida – una reunión de trabajo

Por mencionar algunas iniciativas más concretas, tras un estudio sobre el tema junto con todas las Conferencias Episcopales, se organizó una reunión de trabajo bajo el título “Promoción y formación de los fieles laicos. Buenas Prácticas“, con la participación de unos 40 representantes de diversas Conferencias Episcopales del mundo, con el objetivo de identificar las mejores iniciativas destinadas a formar a los fieles laicos para que puedan expresar plenamente su vocación y misión bautismal según la diversidad de culturas y tradiciones de cada país. También se buscaron formas de ayudar, apoyar y animar a las diócesis y Conferencias Episcopales que aún no han desarrollado iniciativas de formación más allá de las vinculadas a la preparación sacramental. Siguiendo una propuesta hecha durante esta conferencia, el Dicasterio también creó una página web, llamada laityinvolved.org, que presenta iniciativas y “best practices” de evangelización, formación y promoción de los fieles laicos que ya están en funcionamiento en diversas partes del mundo, que han resultado fructíferas en un país concreto y que pueden proponerse en muchos otros lugares. Se trata, pues, de un instrumento que el Dicasterio quiere poner al servicio de los agentes de pastoral, de los movimientos laicales y de todos aquellos que estén interesados en comprometerse en este campo vital de la formación de los laicos. También quiero añadir que la primera Asamblea Plenaria del Dicasterio, celebrada en 2019, tuvo como tema precisamente: “Los fieles laicos, identidad y misión en el mundo”. Durante las jornadas de trabajo de la Plenaria solicitamos la ayuda y la colaboración de nuestros miembros y consultores, que aportaron al Dicasterio una interesante visión de los objetivos a abordar en los próximos años.

Entre los fieles laicos de los que se ocupa el Dicasterio están los numerosos laicos que, en todas las partes del mundo, forman parte de asociaciones. Por lo tanto, el Dicasterio lleva a cabo una considerable cantidad de trabajo en relación con la erección o el reconocimiento de asociaciones de fieles y los movimientos eclesiales internacionales, para la aprobación de sus estatutos, y para el examen de los recursos administrativos relacionados con asuntos de su competencia.

Dicasterio Laicos Familia Vida - El cardenal Farrell en la capilla del dicasterio

Dicasterio Laicos Familia Vida – El cardenal Farrell en la capilla del dicasterio

En el ámbito de los laicos hay también dos oficinas particulares, también poco conocidas, pero de gran importancia pastoral: la “Oficina de la Mujer”, llamada a profundizar en la reflexión eclesial sobre la identidad y la misión de la mujer en la Iglesia y en la sociedad -preocupación muy presente en el Papa Francisco- y la oficina “Iglesia y Deporte”, que se propone ser una especie de “observatorio” del mundo del deporte para suscitar en las iglesias locales una renovada sensibilidad hacia la pastoral de los ambientes deportivos.

Vinculado al amplio mundo de los laicos, un lugar especial lo ocupan los jóvenes. El Dicasterio, en este sentido, se hace intérprete la preocupación de la Iglesia por los jóvenes, promoviendo las iniciativas del Santo Padre en el campo de la pastoral juvenil. En este ámbito, se requiere una gran inversión de energía y trabajo por parte del Dicasterio para la organización de las Jornadas Mundiales de la Juventud.

En el otro gran ámbito de competencia del Dicasterio, el de la Familia y la Vida, se pone en el centro la pastoral de la familia, la protección de su dignidad y su bien, a partir del sacramento del matrimonio; se promueven sus derechos y su responsabilidad en la Iglesia y en la sociedad civil. El Dicasterio promueve conferencias y eventos internacionales sobre la familia. También supervisa las actividades de los institutos, asociaciones, movimientos eclesiales y organizaciones católicas, tanto nacionales como internacionales, cuya finalidad es servir al bien de la familia. También supervisa la profundización de la doctrina sobre la familia y su difusión mediante una catequesis adecuada. Con el deseo de ofrecer instrumentos formativos concretos, favorece los estudios sobre la espiritualidad del matrimonio y de la familia, ofrece directrices para los programas orientados a los novios y a las parejas jóvenes, y apoya a las familias en la formación de los jóvenes en la fe y en la vida eclesial y civil, con especial atención al diálogo intergeneracional, así como a los pobres y a los marginados. Por último, favorece la apertura de las familias a la adopción y acogida de niños y al cuidado de ancianos.

Dicasterio Laicos Familia Vida - participantes en el Foro sobre Amoris laetitia

Dicasterio Laicos Familia Vida – participantes en el Foro sobre Amoris laetitia

El objetivo del Dicasterio es también apoyar y coordinar todas las iniciativas para la protección de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, teniendo en cuenta las necesidades de la persona en las distintas fases del desarrollo; promover y animar a las organizaciones y asociaciones que ayudan a la mujer y a la familia a acoger y valorar el don de la vida, especialmente en el caso de embarazos difíciles, y a prevenir el recurso al aborto; apoyar los programas e iniciativas destinados a ayudar a las mujeres que han abortado. También es tarea del Dicasterio estudiar y promover la formación de los fieles sobre la base de la doctrina moral católica y del Magisterio de la Iglesia, en lo que respecta a los principales problemas de la biomedicina y del derecho relativo a la vida humana, así como a las ideologías inherentes a la vida humana y a la realidad del género humano.

Su actividad está marcada, en particular, por eventos de gran resonancia a nivel mundial, como las Jornadas de la Juventud y los Encuentros de las Familias. ¿Qué papel desempeña el dicasterio en la promoción y coordinación de estas iniciativas?

La preparación de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) requiere un notable esfuerzo de organización y coordinación entre la Santa Sede, el comité organizador local y las diócesis de cada continente, que se desarrolla prácticamente “en un ciclo continuo”, es decir, sin apenas interrupción entre una JMJ y otra. A lo largo de los años, la JMJ se ha convertido en un acontecimiento de resonancia mundial, no solo a nivel eclesial sino también social, especialmente para los países organizadores. En concreto, el Dicasterio se encarga de la preparación de los momentos catequéticos que caracterizan los días previos al encuentro con el Papa, seleccionando a los ponentes y organizando los encuentros por grupos lingüísticos. Por otra parte, la logística del encuentro, que incluye la preparación de los espacios de celebración y reunión y toda la compleja gestión de la recepción, se deja en manos de la diócesis local que acoge la JMJ, pero el Dicasterio también desempeña un importante papel de asistencia al comité local, poniendo a su disposición su larga experiencia acumulada a lo largo de los años en las pasadas ediciones de este evento. Como es sabido, la JMJ internacional suele tener lugar cada tres años, mientras que en las iglesias particulares se celebra anualmente. El objetivo del Dicasterio es hacer de las JMJ un proceso continuo de formación, evangelización y acompañamiento de los jóvenes, para que estas jornadas no se reduzcan a un interludio intenso y emocionante que permanece aislado, pero que no deja huella en la vida concreta de los jóvenes, sino que representan el momento culminante, alegre y festivo, de un proceso gradual y profundo que permite a los jóvenes crecer y madurar, año tras año, dejando en ellos frutos duraderos. En este sentido, precisamente como parte de este “camino continuo” con los jóvenes y para los jóvenes, el Dicasterio está trabajando para sensibilizar a las Conferencias Episcopales para potenciar las JMJ diocesanas con el debido énfasis pastoral, a raíz de la reciente indicación del Papa Francisco, que ha decidido trasladar esta celebración local, tradicionalmente ligada al Domingo de Ramos, al domingo en que cae la Solemnidad de Cristo Rey, a partir de 2021. El subsidio titulado “Orientaciones pastorales para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en las Iglesias particulares” ya está disponible en varias lenguas en la página web del Dicasterio, e ilustra a los pastores de las iglesias locales sobre la JMJ diocesana, da indicaciones sobre cómo celebrarla y anima a su organización allí donde aún no está prevista.

Dicasterio Laicos Familia Vida - trabajando para el Congreso Mundial de las Familias 2022

Dicasterio Laicos Familia Vida – trabajando para el Congreso Mundial de las Familias 2022

Al igual que la JMJ, el Encuentro Mundial de las Familias ha cobrado a lo largo de los años tal importancia y trascendencia que ha requerido un largo y laborioso proceso de preparación, también en plena sinergia con la diócesis anfitriona. Al Dicasterio se le confía principalmente la preparación del Congreso Teológico-Pastoral Internacional, que tiene lugar en los primeros días del evento, con la participación de los Obispos encargados de la pastoral familiar y de la vida, de los matrimonios delegados por las Conferencias Episcopales y por las Diócesis, de los expertos, de los representantes de los movimientos y de las asociaciones familiares y, en general, de todas las familias que deseen vivir unas jornadas de formación y de intercambio, en un ambiente de amistad, de fiesta y de oración. El 10º Encuentro Mundial de las Familias del próximo año, que marcará la conclusión del “Año de la Familia Amoris laetitia“, será de especial importancia.

¿Qué recursos se utilizan para apoyar un compromiso tan amplio? ¿Y cuáles son los puntos más significativos de su “declaración de misión” específica?

Una parte importante de nuestro trabajo es de carácter pastoral y se realiza en continuo diálogo con los grupos de laicos, y en estrecha colaboración con los responsables de la pastoral familiar y juvenil. Diría, por tanto, que el principal recurso del Dicasterio son precisamente las personas que trabajan en él, porque permiten mantener viva esta red de relaciones, que es vital para nosotros, y, con sus competencias, hacen posible llevar a cabo con eficacia esta tarea de animación, orientación y acompañamiento pastoral. En cuanto a los recursos económicos, el Dicasterio se beneficia de algunas donaciones procedentes de Asociaciones o Fundaciones que apoyan parcialmente nuestras iniciativas, especialmente con motivo de los congresos internacionales que organizamos. Las principales partidas de gastos son las de alquiler, los sueldos de los funcionarios y el resto del personal. El Dicasterio también gestiona un “Fondo de Solidaridad” especial, alimentado por una contribución que pagan los jóvenes al inscribirse en la JMJ. Este fondo se utiliza para ayudar a los jóvenes con menos recursos a pagar el viaje y el alojamiento, para que puedan participar lo más ampliamente posible en la JMJ.

Presupuesto de la Santa Sede 2021, la incidencia de los gastos de los distintos dicasterios

Presupuesto de la Santa Sede 2021, la incidencia de los gastos de los distintos dicasterios

Entre las competencias del Dicasterio está el rico y variado mundo de las asociaciones y movimientos eclesiales. ¿Cuál es el estado de salud de las asociaciones de laicos hoy y cuáles son las perspectivas de futuro, también a la luz de las indicaciones del reciente Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes?

El mundo del asociacionismo laical es rico y variado, hasta el punto de que es difícil definir genéricamente el estado de salud de realidades tan diferentes entre sí. Hay asociaciones internacionales nacidas antes del Concilio Vaticano II, algunas con una historia centenaria; otras nacieron en el ámbito de las congregaciones religiosas; luego están los movimientos eclesiales, que después del Concilio han tenido un enorme desarrollo. Algunas realidades eclesiales están experimentando el “desconcierto natural”, como lo llama el Papa Francisco, que marca el período que sigue a la muerte de sus fundadores. Algunas, tras décadas de gran expansión, están experimentando en los últimos años un cierto descenso en su número, otras son más jóvenes y, por tanto, están en pleno desarrollo. Algunas ya han alcanzado la plena “madurez eclesial”, otras todavía tienen que crecer en este aspecto.

En cualquier caso, estas realidades constituyen un gran recurso para la Iglesia y sus métodos de evangelización contribuyen a realizar de diversas maneras el deseo del Papa Francisco de una Iglesia en salida, dirigida a las periferias sociales y existenciales. Los caminos y las etapas de formación que se desarrollan en su ámbito interno los convierten en verdaderos laboratorios en los que los jóvenes, los adultos y los mayores pueden hacer experiencia la fe y testimoniarla en los contextos de la vida cotidiana, el trabajo y el compromiso social.

Es tarea del Dicasterio acompañar a estas realidades en su camino de crecimiento y supervisar que, fieles a su propio carisma, maduren según los criterios de eclesialidad que las distinguen. Es un acompañamiento que el Dicasterio lleva a cabo a través de una densa red de contactos, correspondencia, encuentros anuales sobre temas importantes de la vida de la Iglesia, visitas de los responsables de las realidades asociativas internacionales al Dicasterio o la participación de los Superiores en sus eventos.

Dicasterio Laicos Familia Vida - en primer plano el texto de Amoris laetitia

Dicasterio Laicos Familia Vida – en primer plano el texto de Amoris laetitia

En los próximos meses los focos de la Iglesia se centrarán especialmente en la familia, después de que el Papa anunciara el año especial inspirado en Amoris laetitia. ¿Qué tipo de respuesta espera y en qué iniciativas piensa concentrar el compromiso del dicasterio?

El Año “Familia Amoris laetitia“, inaugurado por el Santo Padre el 19 de marzo de 2021, solemnidad de San José y quinto aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica, pretende ofrecer una oportunidad de reflexión y profundización para aplicar en la pastoral la riqueza de la Exhortación. La intención es poder llegar a todas las personas y a todas las familias cristianas del mundo, para anunciar lo precioso que es el don del matrimonio y fomentar el protagonismo de las propias familias en la evangelización. Esta intención quisiera traducirse en un renovado impulso pastoral, orientado a ofrecer una preparación matrimonial y un acompañamiento a los matrimonios adecuado a los desafíos de los tiempos, con especial referencia a la educación de los hijos, a la implicación activa de los cónyuges en la Iglesia junto a los sacerdotes, para ayudar a las parejas y a las familias en crisis o que atraviesan dificultades particulares.

El Dicasterio ya ha iniciado varias iniciativas en ese sentido: la publicación mensual de unos vídeos en los que el Santo Padre se detiene sobre los capítulos de Amoris laetitia y con algunas familias de todo el mundo que cuentan su experiencia de vida cotidiana concreta. Justamente la semana pasada se realizó un foro de cuatro días con los responsables de la pastoral familiar de las Conferencias Episcopales, los movimientos y las asociaciones internacionales, para compartir los retos y las estrategias en la aplicación de Amoris laetitia. El cuarto domingo de julio de este año se celebrará la primera Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, y están previstas otras muchas iniciativas, también de carácter académico, en colaboración con redes de universidades y centros familiares, para promover la cultura del matrimonio y la familia en la sociedad civil. El Año concluirá con la celebración del 10º Encuentro Mundial de las Familias en Roma (22-26 de junio de 2022), cuyo tema es “El amor familiar: vocación y camino de santidad”.

Se trata de favorecer el trabajo, en algunos contextos eclesiales ya muy intensos, de las Conferencias Episcopales, las Iglesias locales, los movimientos y las asociaciones familiares,  de las academias y las universidades, para compartir contenidos y estrategias pastorales en un espíritu de auténtica comunión eclesial.

Dicasterio Laicos Familia Vida - una conexión a distancia

Dicasterio Laicos Familia Vida – una conexión a distancia

En este tiempo de pandemia han tenido un gran eco las campañas que ustedes han promovido para llamar la atención sobre la situación de las personas mayores. ¿Cómo piensan dar continuidad a estas iniciativas para que se conviertan en un compromiso pastoral permanente para toda la Iglesia?

La opción de valorar a los abuelos -como llama el Papa a las personas mayores- no nació con la pandemia ni termina con ella, sino que es un rasgo que distingue al pontificado del Papa Francisco. Nuestro Dicasterio, como indica su mismo estatuto, se dedica específicamente a la pastoral de las personas mayores y estamos pidiendo a todas las realidades eclesiales a crear una oficina específicamente destinada a la pastoral de los mismos. La institución de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, para la que ya estamos trabajando, va en la misma perspectiva: los mayores son una parte relevante del laicado católico y serán los protagonistas del futuro de la Iglesia.

La pandemia les ha golpeado con especial dureza, sobre todo a aquellos que se han encontrado sin un entorno familiar. A raíz de esta experiencia, nuestras iniciativas se inscriben en el marco de la pastoral familiar, con la intención de fomentar una actitud de acogida por parte de las familias hacia las personas mayores que están más solas.

¿Cómo puede contribuir el reciente motu proprio del Papa sobre el acceso de las mujeres al ministerio instituido del lectorado y del acolitado a mejorar la dignidad y la misión de la mujer en la Iglesia?

La posibilidad de conferir los ministerios de acólito y lector también a las mujeres no resuelve en sí misma la cuestión relativa a las mujeres y su presencia en la Iglesia. Sin embargo, la medida deseada por el Papa Francisco, además de superar una discriminación que no tenía justificación teológica, llama la atención sobre la valoración de las mujeres en la Iglesia no como sustitutas para realizar determinadas tareas, sino como portadoras, ellas mismas, de su propia vocación eclesial, en virtud del bautismo y según los dones que las hacen apóstoles en los contextos eclesiales y no eclesiales en los que viven y trabajan.

Fuente: https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2021-06/la-mision-despertar-la-fuerza-de-los-laicos.html

Categorías:Laicos

¿POR QUÉ TANTA VIOLENCIA?

HOMILÍAS Y MENSAJES


¿POR QUÉ TANTA VIOLENCIA?

2021/06/16 11:38


VER

Hace un año, una bala atravesó el parabrisas del vehículo en que yo iba a mi pueblo natal, incrustándose una parte en mi cuello, sin afectar milagrosamente cuerdas bucales. No era un ataque a mi persona, sino algo accidental: una banda de asaltantes perseguía a una camioneta para robarle, y como ésta no se detenía, a balazos la pararon. Yo pasaba por allí en ese momento, y una bala nos llegó. Lo platico de nuevo para insistir en que vivimos en medio de una violencia que cada día se incrementa en todo el país. El fin de semana pasado, fue asesinado un sacerdote franciscano de la Prelatura de El Nayar, Tepic, porque le tocó un fuego cruzado entre dos bandas criminales. 

Nuestro gobierno no está enfrentando esta descomposición social con todos los recursos a su disposición, sino que ha dejado crecer a estos grupos, que cada día extorsionan, amenazan, cobran y hacen lo que quieren, imponen sus leyes, designan candidatos a puestos de gobierno, talan montes y trasladan impunemente la madera, asaltan y matan a quien no se ciñe a sus arbitrariedades. En algunos territorios, parece que el gobierno está rebasado, o ausente, porque allí impera el crimen organizado. Sus líderes enrolan a jovencillos, incluso adolescentes, que se sienten muy poderosos por las armas largas que les hacen portar. No sabemos las razones profundas del gobierno central para no llevar a cabo un combate más efectivo contra estos grupos, y nuestro pueblo pobre se siente indefenso, sufriendo la inseguridad.

Antes de las elecciones pasadas en nuestro país, un periodista me preguntó qué pensaba sobre esta violencia creciente y a qué causas la atribuía. Esta fue mi respuesta:

Esta situación refleja el deterioro de los valores tradicionales de nuestro pueblo. Algunas de las causas que originan este clima de inseguridad social son: La violencia verbal de algunos líderes, la descomposición de la familia, la ausencia o carencia de un padre responsable y trabajador, la ausencia también de una madre que, por necesidad, tiene que salir a trabajar y deja solos a sus hijos, la falta de trabajo, agravada por la pandemia, el alejamiento de Dios y de la Iglesia, la pobreza de muchos y su ambición de tener el dinero que nunca han tenido.

Los pastores de la Iglesia invitamos a practicar la justicia, la paz, el trabajo y la fraternidad, pero muchos, a pesar de declararse creyentes, no nos hacen caso, sino que obedecen a sus jefes territoriales, que obligan a todos a acatar sus órdenes, so pena de muerte. Hay quienes se enrolan como “halcones”, para ganar dinero, sin estudiar ni trabajar. El Presidente del país insiste en que hay que combatir las causas que originan esta violencia, como la carencia de estudio y trabajo, y para ello se centra en sus programas sociales. Esto es correcto y hay que seguirlo haciendo, pero esos programas son para un muy largo plazo, mientras los pueblos se quedan indefensos y sienten que el gobierno máximo no hace lo suficiente para revertir la situación. Esto explica, en parte, que haya perdido votos en algunas entidades, no sólo entre clases medias y altas.

PENSAR

Desde el principio de la humanidad, aparece Caín, como símbolo de las envidias, odios y abusos contra los demás. Es el ser humano que quiere ser superior a los demás, que no tolera que otros sean mejores y ejerce su poder sobre ellos, llegando hasta el asesinato. Dios no está de acuerdo con esas actitudes, sino que nos invita a amarnos como hermanos, perdonarnos y ayudarnos solidariamente, para no dejarnos dominar por la violencia. Recuerdo sólo algunos textos:

“Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros. Así como yo los he amado, ámense unos a otros. Todos conocerán que son mis discípulos si se aman unos a otros” (Jn 13,34-35). “El que quiera ser el primero entre ustedes, que sea su servidor” (Mt 20,27). “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). 

“No te dejes vencer por el mal, sino que vence el mal a fuerza de bien” (Rm 12,21). “Si no tengo amor, no soy nada” (1 Cor 13,2). “No nos cansemos de hacer el bien” (Ga 6,9). “Si se enojan, no lleguen a pecar; que la puesta del sol no los sorprenda en su enojo… Destierren de ustedes la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad” (Ef 4,26.31). “Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes” (1 Pedro 5,5).

“Quien dice que está en la luz, mientras aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas” (1 Jn 2,9). “Este es el mensaje que oyeron desde el principio: que nos amemos los unos a los otros. No como Caín, que por ser del Maligno asesinó a su hermano… Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. Quien no ama, permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un homicida, y ya saben que en ningún homicida permanece la vida eterna” (1 Jn 3,11-12.14-15).

ACTUAR

¿Qué hacer? Dejarnos guiar más por Dios y educarnos por su Palabra, que nos lleva por caminos muy distintos; recomponer las familias y no deshacerlas por la violencia o la irresponsabilidad; educar a los hijos en una noble austeridad y que aprendan a trabajar; no cumplir todos sus antojos. Pero también que nuestras máximas autoridades civiles, ante el poderío de los grupos criminales, no abandonen a nuestros pueblos; que los protejan y defiendan; que utilicen más la tecnología virtual para detectarlos e impedirles que sigan dañando a la sociedad.

+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo Emérito de SCLC

Fuente: https://cem.org.mx/Mensajes/3724–POR-QUÉ-TANTA-VIOLENCIA-.html

Categorías:Magisterio

Los apóstoles seglares y Acción Católica

Los apóstoles seglares

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El Papa Pío XI ha sido en los tiempos modernos el Papa del apostolado seglar, que él encuadró en la Acción Católica. Pues, bien; escuchemos lo que nos cuenta él mismo:

Estaba yo en oración el día de Pentecostés. Rezaba especialmente por la Iglesia. Y en ese momento vi con claridad la esencia y el programa de la Acción Católica (Carla al cardenal de Lisboa)

A partir de ese momento, aquel Papa tan genial tomó el apostolado de los laicos como la gran tarea de su pontificado. A la Acción Católica la llamaba la niña de mis ojos.

Desde este Papa—– sobre todo a partir del Concilio, cuando quedaron del todo consagrados todos los esfuerzos y ensayos realizados hasta entonces, y prescindiendo del nombre concreto de Acción Católica— el apostolado de los laicos en la Iglesia tiene plena carta de ciudadanía y con él han vuelto a ser los laicos, en cuanto a anunciadores del Evangelio, lo que fueron desde los comienzos mismos del Cristianismo.

¿Por qué los laicos hemos de ser apóstoles? ¿Por qué nos hemos de poner a disposición de nuestros Pastores en el anuncio del Evangelio? ¿Por qué el apostolado ha de ser una de nuestras ilusiones cristianas?

Empezamos por decir que la razón suprema es el amor. Queremos ser apóstoles precisamente porque amamos a Jesucristo y amamos el Reino de Dios. Quiten de nuestro lenguaje la palabra amor, y no se entenderá nada de lo que decimos; mientras que si partimos del amor, todo se va a entender perfectamente.

Y aquí nos encontramos con el gran deseo de Jesucristo: He venido a prender fuego en la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? (Lucas 11,49). Jesucristo nos entrega la antorcha encendida, y, si le amamos, ¿cómo nos vamos a negar a agarrarla en nuestras manos?

Y a propósito de la antorcha, tenemos las imágenes de dos Santos que se nos presentan en la Iglesia como un desafío. No es la primera vez que salen estos dos casos en nuestro programa: son Domingo de Guzmán e Ignacio de Loyola, dos ejemplos auténticamente formidables.

Guzmán, antes ya de nacer, es una inquietud para su madre. En un sueño —mejor, en una visión, porque la cosa venía de Dios—, ve cómo la criatura que va a dar a luz es un cachorro feroz. Lleva en su boca agarrada fuerte con los dientes una antorcha llameante y lo ve correr a través de los campos pegándole fuego a todo. ¿Un guerrero? ¿Un revolucionario?… No; sino un apóstol, como se confirmó ampliamente después.

Por donde pasaba Domingo, allí ardían las gentes en amor de Dios…

Loyola, puesta en marcha la Compañía de Jesús en Roma, a los pies mismos del Vicario de Jesucristo, lanza a los suyos con esta arenga enardecedora: Id, y prended fuego a todo el mundo.

Hoy los laicos en la Iglesia, sabedores de la impaciencia de Cristo porque el mundo arda, hacemos nuestra la consigna de Ignacio y queremos ser como Domingo: hay que llevar el fuego del amor a un mundo que se está enfriando de manera tan alarmante.

El apostolado nuestro es muy importante para la Iglesia. No se bastan los Pastores que Jesucristo puso al frente de su Pueblo para la ingente tarea de la evangelización.

Hoy, como le ocurrió al mismo Jesús, junto a los Doce tuvo que seleccionar a otros setenta y dos que, sin ser del grupo de los Apóstoles, los mandó a todas partes para que le preparasen la llegada y le dispusieran el trabajo. Y lo hicieron tan bien que, cuando regresaron de su misión, no cabían en su piel de contentos. Hablaban, gritaban, contaban entusiasmados a Jesús todo lo que habían hecho, hasta el punto de que emocionaron al Señor, el cual les aseguró: Yo veía caer a Satanás como un rayo del cielo (Lucas 10,18). Y para colmarles la alegría, les aseguró con todo el aplomo de su palabra divina: Pero no estéis contentos precisamente por esto. Alegraos porque vuestros nombres están escritos en el Cielo.

Es la promesa que Pablo les expresa igualmente a sus colaboradores de Filipos (4,3): Sus nombres están escritos en el libro de la vida.

Son muchas las veces que se piensa en el problema de la salvación, y aquí tenemos una señal clara de predestinación: no se puede perder quien se ha empeñado en llevar a los demás a la salvación. Que es lo dicho también por el apóstol Santiago al final de su carta: Has salvado tu propia alma si has ayudado a volver al buen camino al hermano que se descarrió y se había apartado de la verdad.

No deja de ser todo esto un estímulo grande para los que tomamos con empeño el ser apóstoles en nuestros ambientes.

En virtud de nuestro Bautismo y de nuestra Confirmación, todos podemos ser apóstoles. No hay ninguno de nosotros a quien se le niegue esta gloria, lo mismo hombres que mujeres, nosotros los seglares igual que los sacerdotes.

La inmensa cúpula de la Basílica de San Pedro en el Vaticano está sostenida por cuatro columnas imponentes, sobre las cuales se apoya esa obra grandiosa del templo. En esas cuatro columnas, cuatro estatuas gigantescas: la de San Andrés y la de Longinos, la de Santa Elena y la de la Verónica. Las contemplaba un famoso Cardenal alemán, y exclamó: Estos son los cuatro símbolos del apostolado de la Iglesia. Aquí están los guardianes del Credo de los Apóstoles: los hombres y las mujeres, los sacerdotes y los seglares.

Ante los muchos hermanos que hoy trabajan en el apostolado, bien está que tengamos de cuando en cuando un recuerdo especial para ellos. Los admiramos. Los queremos. Les tenemos envidia. ¡Dichosos los que ayudan a Jesucristo a encender el mundo en el amor de Dios!

Categorías:Laicos

Decreto del Dicasterio para “Las Asociaciones de fieles”

Sala Stampa

Decreto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida “Las Asociaciones de Fieles” que disciplina el ejercicio del gobierno en las asociaciones internacionales de fieles, privadas y públicas, y en otros entes con personalidad jurídica sujetos a la supervisión directa del mismo Dicasterio, 11.06.2021

DECRETO GENERAL

Las asociaciones internacionales de fieles y el ejercicio del gobierno en ellas son objeto de particular reflexión y consiguiente discernimiento por parte del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en razón de las competencias que le son propias.

En virtud del bautismo, la Iglesia reconoce el derecho de asociación de los fieles y protege su libertad de fundarlas y dirigirlas.  Entre las diversas formas de aplicación de este derecho se encuentran las asociaciones de fieles (cf. cann. 215; 298-329 del Código de Derecho Canónico) que, sobre todo después del Concilio Vaticano II, han vivido una época de gran florecimiento, aportando a la Iglesia y al mundo contemporáneo una abundancia de gracia y de frutos apostólicos.

El gobierno en las asociaciones, reconocido y protegido como se ha indicado arriba, debe, sin embargo, ejercerse dentro de los límites establecidos por las normas generales de la Iglesia, por las normas estatutarias propias de cada una de las agregaciones y en conformidad con las disposiciones de la autoridad eclesiástica competente para su reconocimiento y para la supervisión de su vida y actividad.

La coesencialidad de los dones carismáticos y de los dones jerárquicos en la Iglesia (cf. Iuvenescit Ecclesia, 10), exige, en efecto, que el gobierno, en el seno de las agregaciones de fieles, se ejerza de manera coherente con su misión eclesial, como servicio ordenado a la realización de sus propios fines y a la tutela de sus miembros.

Es necesario, por tanto, que el ejercicio del gobierno se articule adecuadamente en la comunión eclesial y se realice en su calidad instrumental para los fines que la asociación persigue.

En el proceso de definición de los criterios para una gobernanza prudente de las asociaciones, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha considerado necesario regular la duración y el número de mandatos de los cargos de gobierno, así como la representatividad de los órganos de gobierno, con el fin de promover una sana rotación y evitar apropiaciones que no han dejado de procurar violaciones y abusos.

Teniendo en cuenta lo anterior, y habiendo valorado la utilidad del relevo generacional en los órganos de gobierno y la conveniencia de promover una rotación en los cargos de gobierno;

Teniendo también en cuenta la necesidad de prever los mandatos del gobierno como para permitir la realización de proyectos adecuados a los fines de la asociación;

Evaluado, asimismo, el papel del fundador para la oportuna configuración, desarrollo y estabilidad de la vida asociativa, en virtud del carisma que dio lugar a su nacimiento;

Con el fin de garantizar el buen funcionamiento del gobierno de todas las asociaciones internacionales de fieles;

Habiendo consultado a expertos en la materia y a otros Dicasterios de la Curia Romana, en la medida de sus competencias;

Vistos el artículo 18 de la Constitución Apostólica Pastor Bonus sobre la Curia Romana, el artículo 126 del Reglamento General de la Curia Romana, los cánones 29, 30 y 305 del Código de Derecho Canónico, y los artículos 1, 5 y 7 § 1 del Estatuto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida;

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en el ejercicio de sus funciones y por mandato de la Suprema Autoridad

decreta,

con referencia a las asociaciones internacionales de fieles reconocidas o erigidas por la Sede Apostólica y sujetas a la supervisión directa del Dicasterio, lo siguiente.

Art. 1. – Los mandatos en el órgano central de gobierno a nivel internacional pueden tener una duración máxima de cinco años cada uno.

Art. 2 § 1. – Una misma persona puede ocupar cargos en el órgano central de gobierno a nivel internacional por un período máximo de diez años consecutivos.

Art. 2 § 2. – Tras el límite máximo de diez años, la reelección sólo es posible tras una vacante de un mandato.

Art. 2 § 3. – La disposición en el artículo 2 § 2 no se aplica a quien ha sido elegido moderador, quien puede ejercer esta función independientemente de los años que haya pasado en otro cargo en el órgano central de gobierno a nivel internacional.

Art. 2 § 4 – Quien haya ejercido las funciones de moderador durante un máximo de diez años, no podrá volver a ocupar ese cargo; sin embargo, podrá ocupar otros cargos en el órgano central de gobierno a nivel internacional sólo después de una vacante de dos mandatos en estos cargos.

Art. 3. – Todos los miembros pleno iure tendrán una voz activa, directa o indirecta, en la constitución de las instancias que eligen al órgano central de gobierno a nivel internacional.

Art. 4 § 1. – Las asociaciones en las que, en el momento de la entrada en vigor del presente Decreto, los cargos en el órgano central de gobierno a nivel internacional estén conferidos a miembros que hayan superado los límites establecidos en los artículos 1 y 2, deberán prever nuevas elecciones en un plazo máximo de veinticuatro meses a partir de la entrada en vigor del presente Decreto.

Art. 4 § 2. – Las asociaciones en las que, en el momento de la entrada en vigor del presente Decreto, los cargos en el órgano central de gobierno a nivel internacional recaigan en miembros que superen, durante el período del mandato en curso, los límites establecidos en los artículos 1 y 2, deberán prever nuevas elecciones en un plazo máximo de veinticuatro meses a partir de la consecución del límite máximo impuesto por el presente Decreto.

Art. 5. – Los fundadores podrán ser dispensados de las normas de los artículos 1, 2 y 4 por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Art. 6. – Las presentes disposiciones no se refieren a los cargos de gobierno que están vinculados a la aplicación de las normas propias de las asociaciones clericales, institutos de vida consagrada o sociedades de vida apostólica.

Art. 7. – El presente Decreto se aplica, con la excepción de la norma del artículo 3, también a otras entidades no reconocidas ni erigidas como asociaciones internacionales de fieles, a las que se les ha concedido personalidad jurídica y que están sujetas a la supervisión directa del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Art. 8. – A partir de la entrada en vigor del presente Decreto y hasta la aprobación de eventuales modificaciones de los estatutos por parte del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, lo establecido abroga toda norma contraria a él que pueda estar prevista en los estatutos de las asociaciones.

Art. 9. – El presente Decreto, promulgado mediante su publicación en el diario L’Osservatore Romano, entra en vigor tres meses después del día de su publicación. El Decreto se publicará también en el comentario oficial de las Acta Apostolicae Sedis.

El Sumo Pontífice Francisco, en la Audiencia concedida el 2 de junio de 2021 al que suscribe, Cardenal Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, ha aprobado en forma específica el presente Decreto General, que tiene fuerza de ley, junto con la Nota Explicativa que lo acompaña.

Dado en Roma, en la sede del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el 3 de junio de 2021, Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

Card. Kevin Farrell

Prefecto

P. Alexandre Awi Mello, I.Sch.

Secretario

Fuente: https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2021/06/11/decre.html

Nota explicativa, 11.06.2021

Nota explicativa

1.         El Decreto General Las asociaciones de fieles regula el ejercicio del gobierno en las asociaciones internacionales de fieles, tanto privadas como públicas, y en otras entidades con personalidad jurídica sujetas a la supervisión directa del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.  El Decreto debe leerse en el contexto de la misión encomendada al Dicasterio, así como en referencia al Magisterio sobre las asociaciones de fieles y los movimientos eclesiales.

2.         El Dicasterio, en el ámbito de su propia competencia, tiene la tarea de acompañar la vida y el desarrollo de las asociaciones de fieles y de los movimientos laicales (cfr. Estatuto, Art. 7). Su labor está animada por el deseo de promover el crecimiento de las realidades eclesiales que le han sido confiadas, así como de ayudar a los Pastores a desempeñar adecuadamente su función de guía y acompañamiento.

3.         Siguiendo la huella del Concilio Vaticano II, que reconoció en el apostolado laical organizado una expresión de la vocación y la responsabilidad misionera de los fieles laicos (cfr. Apostolicam actuositatem, 1, 18-19), san Juan Pablo II veía realizada en las agregaciones de fieles la esencia de la misma Iglesia: «hacer presente el misterio de Cristo y su obra salvífica en el mundo» (Mensaje a los participantes en el Congreso mundial de los movimientos eclesiales, 27 de mayo de 1998). Con clarividencia profética, dirigiéndose a los movimientos eclesiales con ocasión de la Vigilia de Pentecostés de 1998, les lanzó un nuevo reto: «Hoy ante vosotros se abre una etapa nueva: la de la madurez eclesial. Esto no significa que todos los problemas hayan quedado resueltos. Más bien, es un desafío, un camino por recorrer. La Iglesia espera de vosotros frutos “maduros” de comunión y de compromiso» (Discurso a los movimientos eclesiales y a las nuevas comunidades en la Vigilia de Pentecostés, 30 de mayo de 1998).

4.         Benedicto XVI profundizó en las implicaciones de esta nueva fase de madurez eclesial, señalando una comunión más madura de todos los componentes eclesiales como el modo de entender adecuadamente las agregaciones de fieles a la luz del plan de Dios y de la misión de la Iglesia, «para que todos los carismas, en el respeto de su especificidad, puedan contribuir plena y libremente a la edificación del único Cuerpo de Cristo» (A los obispos participantes en el Seminario de estudio organizado por el Consejo Pontificio para los Laicos, 17 de mayo de 2008). También exhortó a los movimientos eclesiales a someterse con pronta obediencia y adhesión al discernimiento de la autoridad eclesiástica, señalando esta voluntad como la garantía misma de la autenticidad de sus carismas y de la bondad evangélica de su labor (cfr. Mensaje a los participantes en el II Congreso mundial de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades, 22 de mayo de 2006).

5.         El Papa Francisco, en línea con sus predecesores, sugiere entender las necesidades que requiere el camino de madurez eclesial de las agregaciones de fieles desde la perspectiva de la conversión misionera (cfr. Evangelii gaudium, 29-30). Señala como prioridades el respeto a la libertad personal; la superación de la autorreferencialidad, la unilateralidad y la absolutización; la promoción de una sinodalidad más amplia, así como el preciado bien de la comunión. «La verdadera comunión – señala – no puede existir en un movimiento o en una nueva comunidad si no se integra en la comunión más grande que es nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica» (Discurso a los participantes en el III Congreso mundial de los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, 22 de noviembre de 2014).

En referencia a la madurez eclesial, el Papa Francisco exhorta: «No olvidéis que, para alcanzar esta meta, la conversión debe ser misionera: la fuerza de superar tentaciones y carencias viene de la alegría profunda del anuncio del Evangelio, que está en la base de todos vuestros carismas» (Discurso a los participantes en el III Congreso mundial de los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, 22 de noviembre de 2014). Esta es la clave interpretativa que permite captar el sentido eclesial del presente Decreto, que pretende, en concreto, superar las “tentaciones e insuficiencias” que se encuentran en el modo de ejercer el gobierno dentro de las asociaciones de fieles.

6.         En su servicio de acompañamiento a más de un centenar de asociaciones y otras entidades internacionales sobre los que ejerce una vigilancia directa, el Dicasterio ha tenido la oportunidad de observar prácticas muy diversificadas en la gestión de las responsabilidades de dirección. Esta experiencia ha suscitado un estudio y un discernimiento que tiene por objeto la buena conducción del gobierno dentro de estas agregaciones.

7.         En las asociaciones de fieles, la autoridad es atribuida por la libre voluntad de los asociados de acuerdo con los estatutos, y debe ser ejercida como un servicio para el buen gobierno de la entidad, con referencia a los objetivos específicos en el cumplimiento de la misión eclesial. En efecto, los carismas que han dado lugar al nacimiento de diversas realidades agregativas han sido otorgados por el Espíritu Santo ad utilitatem de todo el Pueblo de Dios, no solo en beneficio de quienes los reciben (cfr. Iuvenescit Ecclesia, 5-7). En consecuencia, el horizonte último para concebir cada dimensión de la vida de las realidades agregativas sigue siendo la Iglesia, no el ámbito restringido de la asociación internacional o, menos aún, de cada grupo local individual. Por tanto, también el gobierno en las asociaciones de fieles debe entenderse en una perspectiva de comunión eclesial, y se ejerce según las normas del derecho universal y del derecho propio, bajo la vigilancia de la autoridad eclesiástica (cfr. cann. 305, 315, 323, Código de Derecho Canónico; Lumen gentium, 12 b; Iuvenescit Ecclesia, 8).

8.         En el ámbito de la vigilancia que le corresponde, el Dicasterio – tras un cuidadoso estudio del Magisterio y del derecho de la Iglesia, así como una prudente consulta interdicasterial – ha identificado algunos criterios de razonabilidad en relación con dos aspectos necesarios para el buen ejercicio del gobierno: la regulación de los mandatos de los órganos de gobierno a nivel internacional y la representatividad de estos últimos. El Decreto General promulgado hoy – que cuenta con la aprobación en forma específica del Sumo Pontífice – reglamenta estos mandatos en cuanto a su duración y número y, para las asociaciones, la participación de los miembros en la constitución de los órganos centrales de gobierno.

9.         No pocas veces, la falta de límites a los mandatos de gobierno fomenta, en los llamados a gobernar, formas de apropiación del carisma, de personalismo, de centralización de funciones, así como expresiones de autorreferencialidad, que fácilmente conducen a graves violaciones de la dignidad y la libertad personales, e incluso a verdaderos abusos. Además, un mal ejercicio de gobierno crea inevitablemente conflictos y tensiones que hieren la comunión y debilitan el celo misionero.

10.       Del mismo modo, la experiencia ha demostrado que el relevo generacional de los órganos de gobierno, a través de la rotación de las responsabilidades directivas, aporta grandes beneficios a la vitalidad de la asociación: es una oportunidad de crecimiento creativo y un impulso a la inversión formativa; revitaliza la fidelidad al carisma; da aliento y eficacia a la interpretación de los signos de los tiempos; fomenta formas nuevas y actuales de acción misionera.

11.       El Decreto abroga cualquier norma contraria a él vigente en los estatutos de las agregaciones y entidades interesadas.

12.       En cuanto a la representatividad, el Decreto establece que los miembros pleno iure de una asociación participen, al menos indirectamente, en el proceso de elección del órgano central de gobierno a nivel internacional (Art. 3).

13.       En cuanto a la renovación de los cargos de gobierno, el Decreto limita a cinco años la duración máxima de cada mandato en el órgano central de gobierno a nivel internacional (Art. 1), y a un máximo de diez años consecutivos el ejercicio de cualquier cargo en dicho órgano (Art. 2 § 1), con la posibilidad de reelección solo tras la vacante de un mandato (Art. 2 § 2), excepto en el caso de la elección como moderador, que puede ejercerse con independencia de los años ya transcurridos en otro cargo del órgano central (Art. 2 § 3). 2 § 2), salvo en el caso de la elección como moderador, cargo que puede ejercerse con independencia de los años que se hayan pasado en otro puesto en el órgano central (Art. 2 § 3); la función de moderador puede ejercerse durante un máximo de diez años en absoluto, después de los cuales ya no es posible ejercer ese cargo (Art. 2 § 4).

14.       Consciente del papel clave que desempeñan los fundadores en diversas asociaciones o entidades internacionales, el Dicasterio, al aprobar los estatutos, ha otorgado a menudo estabilidad a los cargos de gobierno atribuidos a los mismos fundadores. De este modo, ha querido dar el tiempo suficiente para que el carisma que han recibido encuentre un lugar adecuado en la Iglesia y sea acogido fielmente por los miembros. En virtud de este Decreto, el Dicasterio se reserva la facultad de dispensar a los fundadores de los límites establecidos (Art. 5), si lo considera oportuno para el desarrollo y la estabilidad de la asociación o entidad, y si tal dispensa corresponde a la clara voluntad del órgano central de gobierno.

15.       El Dicasterio confía en que este Decreto sea acogido con el debido espíritu de obediencia filial y de comunión eclesial, del que tantas asociaciones de fieles y entidades internacionales han dado prueba ejemplar, y que se capte plenamente su motivación pastoral, nacida del deseo de la Iglesia-Madre de ayudar a estos hijos suyos a progresar hacia la plena madurez eclesial deseada. El Dicasterio da gracias al Señor por el precioso don que constituyen estas realidades internacionales, comprometidas en el anuncio de Cristo Resucitado y en la transformación del mundo según el Evangelio.

Categorías:Laicos

¿POR QUIÉN VOTAR?

HOMILÍAS Y MENSAJES


¿POR QUIÉN VOTAR?

2021/06/02 10:37


VER

A un indígena tsotsil, que acudía a todos los mítines de los candidatos a puestos públicos, fueran del partido que fueran, le pregunté por qué lo hacía, pues no le importaban los candidatos y, en el día de las elecciones, no votaba. Esta fue su respuesta: “Yo voy, para ver qué me dan”. Como se regalan cosas a los asistentes a los mítines, lo que le interesaba era lo que le obsequiaran, no otra cosa. Todavía hay quienes, con regalos, quieren convencer a los electores. O aprovechan para sus intereses electorales los apoyos y los programas oficiales, que no salen de los bolsillos de los gobernantes, sino de nuestros impuestos.

He sabido de mítines y reuniones de candidatos con grupos de los pueblos y colonias, o con quienes acuden a su convocatoria, y muchos van para escuchar promesas, pensando apoyar con su voto a quien ofrezca lo que a ellos interesa. Otros votan por quien les ha prometido un puesto de trabajo en su equipo, si triunfan; unos más, sólo se fijan en el color del partido, sin tomar en cuenta su plataforma y, sobre todo, el desempeño de quienes legislan o gobiernan representando ese color.

Los obispos y sacerdotes emitimos oportunas orientaciones, sin inclinarnos por un candidato o un partido, sólo ofreciendo algunos criterios de ética política; sin embargo, muchos ni caso nos hacen. No votan por criterios éticos, sino por conveniencias materiales.

PENSAR

Los miembros de la Conferencia del Episcopado Mexicano expresamos lo siguiente en un documento alusivo a este momento electoral:

1. “Al momento de votar es preciso buscar el bien posible, es decir, hay que discernir qué partido o candidato realiza el bien común en las circunstancias concretas. Muy frecuentemente el bien posible no es el “ideal”; sin embargo, es preciso procurar hacer el bien aun cuando éste sea modesto o limitado, evitando, a toda costa, basar la elección en el “mal menor”, ya que el mal, moralmente no puede ser elegido nunca ni como fin ni como medio.

2. Es necesario ilustrar nuestra conciencia con la información disponible sobre las propuestas, programas y valores de los diversos candidatos, partidos y agrupaciones políticas; asimismo, interesarse sobre su capacidad de atender las necesidades de México con honorabilidad, congruencia y sentido humano.

3. Una conciencia rectamente formada es capaz de iluminar las decisiones concretas para promover la dignidad de la persona humana, la defensa de la vida (de todas las vidas) desde la concepción y hasta la muerte natural, el matrimonio y la familia como núcleos fundamentales del bienestar social, la atención a las múltiples regiones que se ven amenazadas por el yugo del crimen organizado, la plena vigencia del derecho humano a la libertad religiosa, la auténtica democracia, la opción preferencial por los más pobres y el compromiso activo por el cuidado del medio ambiente. Hoy, más que nunca, el bien común reclama más acciones que discursos.

4. Si hemos avanzado en la cultura democrática debemos extirpar actitudes como la apatía y la indiferencia, así como evitar que cualquier persona o agrupación busquen manipular a los ciudadanos en el ejercicio de su voto a través de la presión, las dádivas o los chantajes. Entre más libertad exista para elegir, más capacidad tendremos al momento de exigir”.

Los obispos de los Estados de Morelos y México manifestaron por su parte: “Es necesario que nuestro voto sea libre, razonado y responsable, sin perder de vista que hemos de emitirIo conforme a nuestros principios y valores, cuidando que el candidato comparta estos mismos principios y valores, y esté dispuesto a sostenerlos en el ejercicio de su cargo público. Amemos y defendamos la vida, la justicia, el orden, el matrimonio, la libertad de creencia, el derecho de los padres a educar a sus hijos, y cuidemos para que, quienes han de ser electos para los cargos públicos, respeten y custodien de manera coherente a lo largo de su legítima gestión estos principios y valores no negociables, necesarios para nuestra coexistencia pacífica, pues la democracia no sólo se ejerce en el momento de emitir el voto, sino que es una actitud y un estilo de vida permanente.

Exhortamos a toda la ciudadanía a ejercer su derecho y obligación de votar por los candidatos a diputados y presidentes municipales. Les pedimos que se informen acerca de la calidad de cada uno de ellos, su capacidad para ejercer un servicio de esta índole, sus propuestas de trabajo en orden al bien de todos en nuestras comunidades, y las plataformas políticas de los partidos que los han postulado”.

ACTUAR

En concreto, a la hora de votar, piensa: ¿Estás de acuerdo con el aborto? Discierne qué partido y qué diputados lo promueven. ¿Estás de acuerdo con la familia como Dios la formó? Analiza quiénes van por otro camino. ¿Estás de acuerdo con que tú, como padre de familia, no puedas decidir en la educación de tus hijos? Fíjate quiénes te quieren hacer a un lado. ¿Estás de acuerdo con quienes no hacen lo necesario para evitar la violencia de los grupos armados? Tú decides si les vas a apoyar con tu voto. Fíjate, sobre todo, al elegir diputados, pues de ellos dependen las leyes que norman nuestra sociedad. Y oremos mucho al Espíritu Santo que nos ilumine.

+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo Emérito de SCLC

Fuente: https://cem.org.mx/Mensajes/3703–POR-QUIÉN-VOTAR-.html

Categorías:DSI

XXXVIII Asamblea Plenaria Nacional en Querétaro 2007


Unidos por una Accion Catolica para tiempos nuevos

Fuente Revista “Cultura Cristiana”, Año LXXV, No 10, oct 2007.

En el Seminario Conciliar de Queré

taroDesde el viernes 27 de septiembre empezaron a llegar los delegados diocesanos a su Asamblea Plenaria Nacional, con las más viva ilusión de alcanzar los objetivos de este evento preparado con anticipación suficiente, pues se trataba del acontecimiento de mayor significación en la vida de la Acción Católica.
La bella, acogedora y creciente ciudad de Querétaro acogió a los asambleístas. Muchas familias abrieron su hogares para recibir cálidamente a los jóvenes, ellos y ellas, y a los adultos, mujeres y hombres, reprentantes de sus respectivas Organizaciones y Movimientos: UFCM, ACJM, JCFM, UCM, MEAC, ACAN Y MORAC, y por supuesto varios dirigentes miembros de las Juntas Diocesanas.
Todos ellos, juntos con los dirigentes nacionales y un buen número de Asistentes Eclesiásticos, sacerdotes comprometidos en sus diócesis para animar el esfuerzo de los seglares y fungir como lazo de comunión entre la Acción Católica y los señores Obispos.
.

SOLEMNE APERTURA

Había llegado el momento de las inscripciones, cuando los asambleístas se encontraron por vez primera; abrazos, saludos afectuosos, signo de amistad y cariño, todo envuelto en la esperanza de alcanzar las metas propuestas en esta nueva jornada.

El homenaje a nuestra patria mexicana se realizó en el saludo a la bandera nacional bajo la armonía de tambores y cornetas que hacían vibrar de emoción a los presentes, respetuosos y alegres por momento tan emotivo.

Las palabras de Mons. Ricardo Watty Urquidi, Obispo de Nuevo Laredo, y Presidente de la Dimensión Episcopal para los Laicos, pusieron en marcha el ca­minar de la Asamblea. Un mensaje alentador pidiendo a la Acción Católica un esfuerzo renovado a fin de alcanzar los cam­bios necesarios. Su exhortación fue enriquecida con varios textos del documento “APARECIDA”, de la Quinta Conferencia Episcopal Latinoamericana.

Finalmente, agradeció a los dirigentes nacionales su labor realizada du­rante este período social.

FUNCIÓN INFORMATIVA

Elemento central en la vida de toda institución apostólica es la evaluación de las acciones pastorales logradas y de las actividades de carácter administrativo. Para ello, los informes de Presidencia y Tesorería.

La maestra Gloria Alanís Escamilla dio a conocer las realizaciones más significativas del trienio 2004-2007. Lo hizo a través de imágenes que permitieron,   una más atractiva  comprensión de cifras, datos, tiempos y lugares. La Presidenta de la Junta Nacional mostró las acciones más relevantes que se lograron, unida a la problemática actual de la Acción Católica.

Al concluir esta información, Gloria Alanís, señalo una interesante prospectiva de la ACM, destacando algunas urgencias, entre ellas el crecimiento cualitativo y cuantitativo de los militantes, y el ofrecer respuestas cristianas adecuadas a la cultura del hombre de hoy.

El área financiera de la Junta Nacional, durante los últimos tres años, fue analizada por su tesorera, Lic.. Estela González Contreras. Un informe muy objetivo, preciso y transparente que permitió examinar los distintos movimientos económicos exigidos para el desarrollo de las actividades promovidas.

Concluía dicha información, la Asamblea manifestó a Gloria y a Estela una merecida felicitación, y un sincero agradecimiento, en efusivo aplauso.

ILUMINACIÓN

Los nuevos proyectos de la Acción Católica recibieron una luz intensa a través del mensaje de Monseñor Carlos Aguiar Retes, quien expuso el tema: “Laicos: Discípulos y Misioneros de acuerdo a la V CELAM” disertación excelente para ubicar el caminar de los dirigentes y militantes en el futuro. En este mismo número de CULTURA CRISTIANA ofrecemos el resumen de tan interesante conferencia.

OBJETIVO DE LA ASAMBLEA

Llegó el momento de culminar el proceso de reflexión que los dirigentes diocesanos habían iniciado desde hace varios meses y se continuaría hoy con los siguientes pasos: Félix Velazco, Secretario Nacional, de manera precisa explicó el contenido del lema “Hacia una ACM para tiempos nuevos”, del cual se desprende el objetivo central de la Asamblea: “Retomar nuestro carisma original, replantearlo, reorientarlo y reexpresarlo, a fin de que siga siendo manifestación del Espíritu al servicio del mundo y de la Iglesia”.

TEMÁTICA CENTRAL

Para alcanzar dicho objetivo se formularon tres planteamientos.
 

1) La Identidad de la Acción Católica
Verónica Ma. Rodríguez, Presidenta de la Junta diocesana de Toluca, recordó cómo surgió la figura de la AC bajo la inspiración de Pío XI, quien modeló los principios fundamentales y los propuso a los obispos del mundo. Paulatinamente, los Episcopados de cada país, y le dieron su se, mediate un estuto  en el que señalaron la “gran novedad” de esta institución: “Participación de los laicos en el apostolado de la Jerarquía”. Los obispos mexicanos aceptaron la invitación del Papa y procedieron a constituir la AC, creada definitiva­mente el 24 de Diciembre de 1929. Así fue desarrollando su misión y extendiéndose en el País con el beneplácito y apoyo de los Pastores Mexicanos.
El Concilio Vaticano asumió el magisterio Papal de Pío XII y Juan XXIII sobre la AC y expresó las cuatro “notas” características de su identidad: Apostolicidad, Seglaridad, Organicidad y Jerarquicidad. Iluminados por el profundo significado teórico y práctico de cada “nota”, la AC ha buscado descubrir su carisma original y realizarlo como un ministerio específico al servicio de la Iglesia y de la sociedad.
Esta exposición también señaló algunas de las orientaciones de Juan Pablo II, es­pecialmente del documento “Christifidelis Laici”. Por supuesto, se mencionaron tam­bién varias de las enseñanzas dictadas por el episcopado mexicano sobre la Acción Católica.
 

2) La Formación
El camino para reafirmar la identidad de la Acción Católica es una formación madura y creciente de sus militantes. Esta fue la línea central de la ponencia de Esmeralda Serrato García, Presidenta Nacional de la JCFM.
Después indico: formar es “dar  forma  a  una cosa, poner en orden, desarrollo, aptitud y habilidad en lo físico y lo moral”.
Enseguida, tres puntos claves: Primero, la necesidad de la formación como elemento esencial para asimilar el sentido de la evangelización, que es la auténtica misión de la A C. Segundo, los principios de una verdadera formación laical, es decir, formación humana adecuada a las condiciones de cada persona y conforme a la realidad de la sociedad en que vive; formación espiritual profunda que avive la fe en Cristo y en la Iglesia. Y tercero: un proceso formativo sostenido, apoyado en programas con temas atractivos, aplicados bajo técnicas modernas, adecuadas a cada destinatario.
La formación, experimentada con las características anteriores, facilitará la proyección de los militantes, tanto a la vivencia personal como al anuncio del mensaje cristiano en las diversas estructuras: familia, trabajo, educación diversiones, grupos sociales.


3) la  proyección
La actividades propias de la AC se derivan de su genuina misión, de su tarea esencial que no es otra sino la evangelización, en el sentido más profundo. Ella ha sido llamada a un profetismo para que Cristo se haga vida en las personas y en las instituciones. A la luz de estos elementos, Ana María Todd Hernández, Presidenta de la Junta Diocesana de Jalapa, desarrollo el tema “Proyección de la ACM en la Iglesia y en el Mundo”
Dos partes comprendió esta ponencia:
Una, para insistir en el conocimiento de los cambios sociales, entenderlos y buscar en ellos una presencia cristiana, de tal manera que la nueva cultura sea iluminada por Evangelio. En esta labor misionera el laico tiene un lugar insustituible.
La otra parte, tan importante como la primera, es la participación de la Acción Católica, a través de sus militantes,  en la misión conjunta de la Iglesia, que comúnmente se llama “la Pastoral”.
Esta conferencia fue describiendo cómo la renovación de los organismos eclesiales y el surgimiento de nuevas organizaciones apostólicas, han causado algunos problemas prácticos que deben superarse a fin de conseguir una presencia real y efectiva en los cuadros pastorales.


Nuevamente se ratificó la doble proyección de la ACM: hacia los ambientes sociales en donde cada militante ha de ser “luz de Cristo”, y una activa y eficiente presencia en los organismos con los cuales los Obispos promueven la pastoral. Esta doble perspectiva, requiere un análisis dentro de cada .circunscripción eclesiástica.

LAS LINEAS DE ACCIÓN


La trilogía de la temática: Identidad, Formación y Proyección, fue objeto de un concienzudo estudio de los asambleístas Para ello, se integraron grupos con delegados de las distintas diócesis.
Cada ponente propuso dos preguntas, las cuales se analizaron en los pequeños círculos para establecer ciertas “líneas de acción”, discutidas, posteriormente, en reunión pie-nana. Con una primera aprobación, fueron analizadas por los delegados de cada diócesis y finalmente por todos los asambleístas.
Esta discusión y aprobación de los compro­misos, fue uno de los aspectos más prometedores de la Asamblea, pues se decidieron las urgencias que la AC ha de atender a nivel nacional, mismas que inspirarán las futuras acciones a nivel diocesano y parroquial.
Estos debates fueron conducidos con gran habilidad y sabiduría por Luz del Carmen Romero, Delegada Nacional de la Acción Católica de Niños y Adolescentes.
 

ORACIÓN Y ESPIRITUALIDAD

Cada uno de los pasos de la Asamblea fueron revestidos por un clima de espiritualidad.

La oración y la meditación, a primera hora, mediante el rezo de Laudes, animados por los Asistentes Eclesiásticos, avivaron la participación entusiasta de los delegados. El uso de un folleto especial con los salmos y la liturgia de cada día, fue factor decisivo para guiar las celebracionesy las momentos de meditación y contemplación.

LA CELEBRACIÓN EUCARISTICA

Indudablemente el momento central, culmen de cada día fue la congregación de los asambleístas en torno a Jesús Eucaristía.
El primer día, por Mons. Mario De Gasperin, Obispo de Querétaro.
El segundo día, por el Asistente Nacional Pbro. Nicolas Valdivia y asistentes diocesanos de diferentes diócesis que asistieron a la asamblea.


El tercero, por Mons. Salvador Espinosa Medina, Vicario Episcopal de la diócesis anfitriona.
En las tres misas concelebraron los Asistentes Eclesiásticos. Se vivió la liturgia en forma intensa, con cantos llenos de fervor y de alegría.
Las homilías de los Presidentes de las celebraciones fueron de rico contenido para y ofrecer agradecer y los esfuerzos de cada día.
 

MENSAJE DE S. S. BENEDICTO XVI

Durante la Eucaristía del primer día, se dio lectura al mensaje de saludo enviado por el Papa Benedicto XVI, a través de su Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone.
El Exmo. Señor Christopie Pierre, Nuncio Apostólico en México, comunicó la imposibilidad de asistir a la Asamblea, como era su deseo.
 

LAS ELECCIONES:

Una de las funciones de la Asamblea Plenaria Nacional es la elección del Presidente de la Junta Nacional. Para ello, este mismo organismo nombró a una comisión para cumplir este encargo. El Presidente de la Junta diocesana de Aguascalientes, don Agustín Castañeda Rosas, y dos dirigentes de ella: César Reyes Camacho y el Lic. Javier Macías Venegas, atendieron con eficacia y responsabilidad tan delicado asunto.


Primero, informaron de las personas que la DELAI aceptó como miembros de la terna: Sra. Ana María Todd Hernández de Croda, y Sritas. Esmeralda Serrato García y Verónica Ma. Rodríguez Cerdeño.
Enseguida, explicaron la forma de votación y se procedió a la elección. Por mayoría, fue electa Ana María Todd Hernández de Croda, para el período social 2007-2010 .- La manifestación de alegria y a la aprobación los presentes se envolvieron en aplausos y porras.
Posteriormente, la Presidenta electa propuso tres personas para que una de ellas fungiera como Vicepresidenta: Esmeralda Serrato García, Guadalupe Rodríguez de Chávez y Consuelo Cortés Bravo
Por mayoría, se eligió a Esmeralda. De nuevo, los aplausos y las porras.
 

LOS ASISTENTES ECLESIÁSTICOS

Durante estos tres días de estudio, reflexión y convivencia, un grupo de quince sacerdotes, Asistentes Eclesiásticos diocesanos, participaron responsablemente con los laicos. Además, realizaron un diálogo especial con Mons Ricardo Watty.


El ultimo día, tres de los Asistentes, expusieron a la Asamblea sus inquietudes y propósitos, insistiendo en la misión evangelizadora de la AC y en la necesidad de una formación integral ade­cuada a los tiempos modernos. Ratificaron su compromiso de seguir acompañando a los laicos y alentándolos a fortalecer los diversos organismos, y para alcanzar un crecimiento cuantitativo y cualitativo. Todos los asambleístas se sintieron muy estimulados por este sincero testimonio sacerdotal.


El P. Nicolás Valdivia, Asistente Nacional, coordinó e impulso inteligentemente esta esperanzadora vivencia de los Asistentes. La Asamblea, llena de gozo, les tributó un prolongado aplauso de gratitud.
 

QUERÉTARO, DIÓCESIS ANFITRIONA

La Acción Católica de esta diócesis brindó su talento y su generosidad para preparar y realizar todos los diversos aspectos que exigen un evento de esta naturaleza. Misión cumplida con eficacia, diligencia, oportunidad y cariño. La hospitalidad de las familias; la disponibilidad y solidaridad de su obispo, Mons. Mario De Gasperín y de su Vicario Mons. Salvador Espinosa Medina; los Sacerdotes y seminaristas que atendieron con paciencia los diversos servicios, en el Seminario un lugar lleno de comodidades para todos detalles organizativos.
 

En las personas de José Luis Aboytes Morales, Gonzalo Barcenas Mejía y Margarita Reyes Olvera, Presidentes de la Junta Diocesana y de los Comités Diocesanos de la UCM, y UFCM, les entregamos la emocionada gratitud a todas personas que colaboraron fielmente.
 

HACIA TIEMPOS NUEVOS

La Asamblea concluyó en la capilla, cantando el “Himno a la Alegría”. Rostros renovados y dispuestos a emprender una etapa llena de esperanza. Lo abrazos de despedida eran el signo de avanzar y cumplir los propósitos forjados durante tres días. En los labios y en el corazón de cada asambleísta se leía: regresemos a nuestras diócesis y “Unidos, construyamos la Acción Católica, para los Nuevos Tiempos.”

De la Revista ONIR

Categorías:Asambleas

HOMILÍA EN SANTA MISA DEL INICIO DE LA XXXI ASAMBLEA PLENARIA NACIONAL DE LA ACCIÓN CATÓLICA MEXICANA.

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noviembre 7, 2016

HOMILÍA EN SANTA MISA DEL INICIO DE LA XXXI ASAMBLEA PLENARIA NACIONAL DE LA ACCIÓN CATÓLICA MEXICANA

Templo parroquial de Santiago Apóstol, Sahuayo, Mich., 04 de noviembre de 2016.

escudo del obispo

Muy queridos hermanos y hermanas miembros de la Acción Católica Mexicana:

  1. Con gran alegría les saludo a todos ustedes, en esta tarde en la que nos hemos reunido para celebrar nuestra fe y encomendar a Dios los esfuerzos y trabajos de esta XXXIa  Asamblea Plenaria Nacional de la Acción Católica Mexicana, que bajo el lema: “Por una Acción Católica realista, educativa y proyectiva”, busca, en continuidad con la Asamblea anterior, vislumbrar los caminos y las herramientas que favorezcan a todas  las organizaciones y movimientos que la integran, ser una Acción Católica en salida misionera, de manera que, renovada en sus estructuras y puesta la mirada en los valores de la identifican, responda con astucia y creatividad evangélica, a los desafíos de la nueva evangelización, principalmente como nos lo ha señalado el Papa Francisco “yendo a las ‘periferias existenciales y materiales’”, en donde muchos se encuentran marginados, incluso por nosotros mismos; imaginando situaciones, lugares de vida y acciones pastorales, que permitan a estas personas salir del ‘desierto interior’; teniendo el coraje de introducir el interrogante sobre Dios dentro de este mundo; teniendo el valor de dar nuevamente cualidad y motivos a la fe de muchas de nuestras comunidades cristianas.
  2. En esta línea el Papa Francisco en el mes de junio pasado dirigió a los participantes de la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para los Laicos un discurso extraordinario del cual quiero retomar lo siguiente: “Quisiera proponerles, como horizonte de referencia para vuestro futuro inmediato, —dice el santo Padre— un binomio que se podría formular así: «Iglesia en salida – laicado en salida». También ustedes, por lo tanto, alcen la mirada y miren «fuera», miren a los más «lejanos» del nuestro mundo, a tantas familias en dificultades y necesitadas de misericordia, a tantos campos de apostolado aún sin explorar, a los numerosos laicos de corazón bueno y generoso que voluntariamente pondrían al servicio del Evangelio sus energías, su tiempo, sus capacidades si fuesen convocados, valorados y acompañados con afecto y dedicación por parte de los pastores y de las instituciones eclesiásticas. Tenemos necesidad de laicos bien formados, animados por una fe genuina y límpida, cuya vida ha sido tocada por el encuentro personal y misericordioso con el amor de Cristo Jesús. Tenemos necesidad de laicos que arriesguen, que se ensucien las manos, que no tengan miedo de equivocarse, que sigan adelante. Tenemos necesidad de laicos con visión de futuro, no cerrados en la pequeñeces de la vida. Y lo he dicho a los jóvenes: tenemos necesidad de laicos con sabor a experiencia de vida, que se atrevan a soñar. Hoy es el momento en el que los jóvenes tienen necesidad de los sueños de los ancianos. En esta cultura del descarte no nos acostumbremos a descartar a los ancianos. Empujémosles, empujémosles para que sueñen y —como dice el profeta Joel— «tengan sueños», esa capacidad de soñar, y den a todos nosotros la fuerza de nuevas visiones apostólicas” (Francisco, Discurso a los participantes de la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para los Laicos, 17/06/2016).
  3. Conozco todos los esfuerzos que en esta línea se han hecho durante estos tres años, sin embargo, considero que es importante consolidar los proyectos. En este sentido me muy importante no perder de vista los tres conceptos – ejes que contiene el lema propuesto para esta asamblea: “realismo”, “educación” y “proyección”. Realismo porque nos ayuda a poner los pies sobre la tierra. Saber dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Educación. Es casi imposible “evangelizar sin educar y educar sin evangelizar”; dicho binomio supone la exigencia de la formación tanto de los agentes de pastoral como de los destinatarios de la evangelización. Proyección. Estos tres conceptos llevados a la práctica, serán claves para que juntos hagamos de la Acción Católica: un tiempo de discernimiento, purificación y reforma (cf. EG, 30). Tal como el magisterio reciente nos lo está enseñando. La transmisión de la fe, como una acción fundamental de la Iglesia, lleva a las comunidades cristinas a articular en modo concreto las obras fundamentales de la vida de fe: caridad, testimonio, anuncio, celebración, escucha, participación compartida. Es necesario concebir la evangelización como un proceso a través del cual la Iglesia, movida por el Espíritu Santo, anuncia y difunde el Evangelio en todo el mundo; impulsada por la caridad impregna y transforma todo el orden temporal, asumiendo y renovando las culturas.
  4. Todos sabemos y concomemos muy bien el contexto en el cual se da la gestación de la Acción Católica en México; hoy los desafíos y las exigencias no son menos exigentes, más aún se han fortalecido en algunos sectores, pues quizá no han sido iluminados por la luz del Evangelio. Sin embargo, debemos tener la certeza que el evangelio seguirá siendo el mismo. “Cuando se asume un objetivo pastoral y un estilo misionero, que realmente llegue a todos sin excepciones ni exclusiones, el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario. La propuesta se simplifica, sin perder por ello profundidad y verdad, y así se vuelve más contundente y radiante” (EG, 35).
  5. Hoy, la palabra de Dios que hemos escuchado en la liturgia de esta Misa, nos anima y nos fortalece. San Lucas en el Evangelio (16, 1-8), con una parábola que suscita en nosotros cierta sorpresa porque en ella se habla de un administrador injusto, al que se alaba, analizando a fondo, el Señor nos da una enseñanza seria y muy saludable. Habla de un administrador que está a punto de ser despedido por gestión fraudulenta de los negocios de su amo y, para asegurarse su futuro, con astucia trata de negociar con los deudores. Ciertamente es injusto, pero astuto: el evangelio no nos lo presenta como modelo a seguir en su injusticia, sino como ejemplo a imitar por su astucia previsora.
  6. Aquí está la clave, la nueva evangelización necesita de la astucia de los administradores. Como he dicho, el Señor nos propone la astucia, la sagacidad, la habilidad del administrador como un camino que nos ayude para buscar instaurar el Reino de Dios. El Papa identifica esta astucia con algunos términos nuevos pero profundos: Primerear, es decir adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos (cf. EG, 24).
  7. Que esta Asamblea, sea realmente un tiempo de Dios que nos permita a todos pastores y laicos, captar las mociones del espíritu que nos ayuden realmente a vislumbrar los caminos de la misión. Quiero agradecer a todos lo que durante estos tres años han puesto todo su esfuerzo por llevar adelante la misión de  Acción Católica. Gracias a la Junta Nacional  y a su asistente eclesiástico por propiciar la comunión. Que el Señor premie todos sus esfuerzos y que quienes serán elegidos en estos días como líderes nacionales, tengan siempre presente que nuestro único objetivo es  instaurar la paz de Cristo en el Reino de Cristo.
  8. Invocamos la intercesión de San José Sánchez del Río, de manera que su testimonio y ejemplo nos anime a todos para no desfallecer ante las pruebas y dificultades por vivir verdaderamente como cristianos. Incluso cuando esté en peligros nuestra vida y nuestra integridad. Pidámosle a él que no enseñe a caminar aún con los pies heridos o lastimado. Pidámosle a el que nos enseñe a gritar con fuerte voz que Cristo vive y que santa María de Guadalupe también. Amén.

+ Faustino Armendáriz Jiménez

Obispo de Querétaro

Fuente: https://www.diocesisqro.org/homilia-en-santa-misa-del-inicio-de-la-xxxi-asamblea-plenaria-nacional-de-la-accion-catolica-mexicana/

Categorías:Junta Nacional

“México debe ser una nación oficialmente católica”: el semanario “Unión” en la década de 1950

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Enviado por el editor el Jue, 05/09/2019 – 16:44

Laura Camila Ramírez Bonilla*

El 25 de junio de 1950, el semanario católico Unión publicó en su primera plana, y sin ningún eufemismo, el titular: “México debe ser una nación oficialmente católica”. En el enunciado estaba implícito un anhelo, un proyecto por realizar y, al mismo tiempo, una nostalgia: un pasado mejor al que había que retornar. La frase indicaba obligación, no posibilidad. “México tuvo esa característica en siglos pasados, cuando formó la Nueva España y primeros lustros de México Independiente, significándose como una nación católica”. El tono era de pérdida. El “espíritu católico” había dejado de existir, “quedando en la actualidad sólo un pueblo de católicos, pero jamás una nación católica”.[1] El artículo, firmado por el asiduo colaborador Fidel Peón, lamentaba la imposición de los ideales revolucionarios como nuevo mito fundacional de la nación mexicana, entonces presa de un Estado laico y opuesto al sentir de un “pueblo” que mayoritariamente se definía y actuaba como creyente.

¿Qué era Unión? ¿Qué valores sustentaron su ideal de nación? ¿Qué noción de la historia emergió de su discurso? ¿Cómo definió a la identidad mexicana de la época? Fundado en 1936, el semanario católico Unión fue un proyecto editorial de la Obra Nacional de la Buena Prensa, propiedad de la Compañía de Jesús, en el que convergieron laicos organizados, miembros del clero y autoridades eclesiásticas. Los unía la fe en cierto sistema jerárquico del orden social, en el cual la Iglesia, como institución, y el catolicismo, como conjunto de símbolos y valores, debían estar unidos al poder político y a la identidad nacional. Su intención no fue representar al catolicismo mexicano en su totalidad, aunque en ocasiones se asumieron portadores de una lectura más “correcta” y “consciente” del mismo. Tampoco se trataba de un grupo estructurado y homogéneo que actuara en línea recta durante las tres décadas de su existencia. Unión fue parte del catolicismo mexicano adscrito a Acción Católica, obediente al episcopado, que encontró en la prensa un apostolado.

El objetivo de este artículo es identificar el ideario de “nación católica” que el semanario Unión promovió como tabla de salvación para la sociedad mexicana en crisis, en particular durante los primeros años de la década de 1950; entendiendo a Unión como una entre otras expresiones de la derecha religiosa mexicana —heredero de los conflictos de los años veinte y treinta—, anticomunista y antiliberal, recelosa de los valores de la modernidad y de los avances de la modernización material. Si bien Unión no emprende una confrontación contra el Estado laico ni se define como proyecto político con pretensiones partidistas,[2] la revisión hemerográfica que aquí se expone revela un sector social escéptico frente al régimen político, considerado una suerte de fachada,[3] que ve en la laicidad estatal un foco de desestabilización “espiritual”, social y política.

Oponiéndose al nacionalismo revolucionario y sus símbolos de cohesión, durante los años cincuenta, Unión promovió la “confesionalización” de la nación como respuesta al desorden social y deterioro moral que, desde su diagnóstico, imperaban en el país. Columnas de opinión, caricaturas y reportajes pidieron iniciar el “gran retorno” hacia la nación católica. Se trataba de un “derecho adquirido” y un deber cívico y religioso, basado en la histórica presencia del catolicismo en México. Su retórica no admitió pluralidad religiosa alguna, exaltó la hispanidad como fuente de sentido del “ser mexicano”, en detrimento de un pasado indígena asimilado con el atraso, y vaticinó un futuro de descontrol ante la ausencia de dios. En su radical discurso a mediados del siglo XX, Unión llegó a considerarse un guardián de la moral católica, en tanto única y verdadera para México; un promotor de la formación cívico-política de los católicos y, finalmente, un defensor de la idea de que su profesión de fe era el factor de cohesión social legítimo y más efectivo para la sociedad mexicana.

El presente artículo se organiza en cuatro secciones: una revisión del proyecto editorial Unión, una relación de contextos que permiten entender el papel de dicha publicación en los años cincuenta, el ideario de nación que planteó en sus páginas a partir de seis grandes pilares, y las consideraciones finales.

El Semanario Católico Popular Unión

Las referencias a Unión son prácticamente nulas en la historiografía.[4] La reconstrucción parcial de su historia obedece a su escasa presencia en los archivos; hay una recopilación incompleta en la Hemeroteca Nacional y en el Seminario Conciliar de la Ciudad de México.[5] Por información del mismo semanario, se sabe que fue fundado en enero de 1937, en la Ciudad de México.[6] Se trató de uno de los tantos proyectos editoriales de la Obra Nacional de la Buena Prensa,[7] creada en 1936, tras el cierre de la Comisión de Prensa y Propaganda.[8] Los avances actuales de esta investigación no nos permiten establecer la fecha exacta del último número ni las razones por las cuales dejó de publicarse. Sin embargo, el más reciente de la colección hemerográfica, del 28 de diciembre de 1969, nos permite hablar de una circulación mínima de 32 años, nada despreciable para un impreso de su tipo.[9]

Unión nació en un momento de fuerte tensión entre la Iglesia y el Estado. La desconfianza mutua se reflejó en las acciones de la derecha católica y sus espacios de activismo. Durante los años treinta, a decir de Collado, “la confrontación entre las derechas y las izquierdas escaló y algunos políticos, anticlericales radicales, parecieron adueñarse del panorama”.[10] Unión nos remite al cardenismo y al sentimiento de amenaza que se reforzó entonces en la Iglesia católica. El proyecto de educación socialista, que profundizaba la laicidad en las escuelas; el estallido de nuevos episodios de violencia, secuelas del conflicto cristero, y la reforma agraria, ligada a la propiedad colectiva de la tierra, dieron sentido a proyectos de respuesta y contención como Unión.[11] Sin tratarse de una publicación de declarada militancia política, en sus páginas era evidente la promoción de un orden social antagónico al propuesto por Cárdenas. Ahora bien, en perspectiva es posible plantear que, si el surgimiento de Unión atendió a la tensión Iglesia-Estado, su permanencia en el tiempo se debió a la estabilización de dicha relación, conseguida por Ávila Camacho, Alemán y Ruiz Cortines.

Desde su fundación en la colonia Mixcoac, la Obra Nacional de la Buena Prensa fue confiada a la Compañía de Jesús. Su primer director fue el sacerdote José Antonio Romero, S. J., quien había participado en la creación de los folletos Vida del Alma, en Saltillo.[12] No era extraño que el mismo Romero se convirtiera en el primer director y fundador de Unión; su trayectoria está ligada a la historia de los impresos católicos de México en el siglo XX: permaneció como director de la editorial hasta 1961, año de su fallecimiento, y tuvo a su cargo publicaciones religiosas como Chiquitín, ¿Lo sabías? y Christus, revista mensual de teología que se convirtió en el órgano oficial del Episcopado Mexicano.[13] Unión fue aliado estratégico de la Legión Mexicana de la Decencia y la Campaña Nacional de Moralización del Ambiente —inaugurada en 1951—, en la cual Romero figuraba como subdirector.[14] La difusión de sus escritos, las colaboraciones de sacerdotes que trabajaban en estos órganos, la reproducción de la censura cinematográfica que emitía la Legión y la presencia de artículos de respaldo y complemento a sus labores se hicieron evidentes en esos años.

El semanario mantuvo tres formatos entre 1938 y 1969. Una de estas transiciones ocurrió durante nuestro periodo de estudio. Entre enero de 1938 y junio de 1954 observamos una revista con un promedio de doce páginas, que recibía al lector con una portada a dos tintas y una fotografía acompañada de una frase emblemática que cambiaba en cada número. “Ante todo mexicanidad: fe católica y patriotismo” fue uno de sus lemas. En sus páginas centrales, los contenidos de Unión podían variar entre reflexiones sobre asuntos religiosos, moralidad, vida cotidiana, la reproducción de documentos eclesiásticos y artículos de opinión sobre religión, política y sociedad, entre otros. Estos artículos solían ir firmados por el padre Romero.[15]

En junio de 1954, Unión cambió a formato folio. Su transformación física lo hacía más cercano a un periódico que a una revista, con seis páginas, a siete columnas, sin portada, con fotografías e ilustraciones en la primera plana. A partir de 1955, su autodenominación cambió de Semanario Católico Popular a Semanario Popular Independiente. La modificación no era ingenua: la administración y el equipo editorial se mantuvieron intactos, y Unión continuó siendo parte de la prensa católica; sin embargo, de un énfasis religioso pasó a temas de actualidad nacional e internacional, con apartados especializados en medios de comunicación y columnas de opinión con contenido político.

A finales de los años sesenta, tenemos un semanario renovado, autodefinido como “una visión honrada de México”. El formato recuperó el estilo de una revista, con tamaño tabloide, una portada, una diagramación ajustada a las necesidades de cada sección y un promedio de dieciséis páginas, además de que cada número desarrollaba un tema central de investigación. Es posible que esos cambios estén asociados al fallecimiento de Romero en 1961, y la llegada de F. Santa María a la dirección. Los asuntos sociales y políticos pasaron a ser las principales preocupaciones del impreso.

En sentido estricto, Unión no fue un medio noticioso. Sus tres décadas de existencia y transformación se pueden organizar en estilos de formato y contenidos diferentes, sin abandonar el talante confesional y en una relación variable con las derechas religiosas.[16]

Los cincuenta de Unión

¿A qué “México” hacía referencia Unión? ¿Por qué proponer una “nación católica” a inicios de los cincuenta? El momento más conservador del semanario Unión coincide con una estrategia doble durante los gobiernos de Ávila Camacho, Alemán Valdez y Ruiz Cortines: por un lado, la estabilización de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, o lo que Roberto Blancarte ha denominado modus vivendi, tras años de confrontación;[17] y por otro, un giro hacia la derecha en la dirigencia del país.[18] Aunque las circunstancias parecían más dadas a la colaboración que a la confrontación, proyectos como Unión optaron por tomar distancia y oponerse al gobierno.

En el periodo en cuestión, el desarrollismo alemanista, la industrialización, la urbanización, el crecimiento poblacional[19] y la emergencia de clases medias[20] marcaron el ritmo de intensos cambios socioeconómicos y culturales, mientras que la apertura política y la plena consolidación de una sociedad moderna se vieron retrasadas. La retórica anticomunista, ya en el marco de la Guerra fría, había permeado la política interna y externa, promoviendo una alineación más estrecha con el mundo capitalista. Utilizando estratégicamente el nacionalismo revolucionario, hubo un acercamiento a Estados Unidos que coincidió con el distanciamiento del mundo obrero y sindicalista[21] y con una transición de una sociedad de predominancia rural a una de mayorías urbanas.[22] El semanario Unión de los años cincuenta no sólo leyó estas transformaciones, sino que reaccionó contra aquellas que percibió dañinas para el catolicismo local. Fue tiempo de paradojas: en medio de la modernización que el progreso demandaba, un sector de la sociedad emprendió un “rearme moralizador”, que consistió en un significativo activismo laical y el fortalecimiento de la institución eclesiástica en ámbitos socioculturales y políticos.[23] Según el INEGI, los católicos representaban 98.2 % de la población de México en los años cincuenta, casi 2 % más que el número registrado el decenio anterior (96.6 %).[24]

¿Cómo entender la postura de Unión en su tiempo? Aunque ya no había una confrontación directa con el Estado, su naturaleza laica y un espíritu nacional, que se definía neutral ante lo religioso, continuaban siendo temas incómodos para un catolicismo integral e intransigente como el que representaba Unión.[25] Al inicio de la década, este proyecto editorial se apropió de la bandera de la “recristianización” de México, priorizando para ello una narrativa nacionalista. El discurso de la “unidad nacional” que el presidente Manuel Ávila Camacho (1940-1946) —públicamente católico— había estructurado como valor supremo, por encima incluso del radicalismo agrario, educativo y obrero de los gobiernos revolucionarios,[26] parecía no convencer a ese sector de la derecha católica. Para Unión, el catolicismo era la génesis y sustento de la mexicanidad.

La idea de “confesionalizar” la nación se debe entender desde un proyecto más amplio. Desde finales de los años veinte, el papa Pío XI (1922-1939) promovió la recristianización mediante la renovación de Acción Católica. Su objetivo general era “restaurar en Cristo, no solamente lo que incumbe directamente a la Iglesia en virtud de su misión divina [sino] la civilización cristiana en el conjunto de todos y cada uno de los elementos que la integran”.[27] En términos particulares, se proponía combatir la civilización anticristiana por medios justos y legales, al tiempo que reparaba los “desórdenes gravísimos” que ésta producía,[28] “para moralizar a México es indispensable recristianizarlo”, sentenció Unión.[29] El discurso sobre la urgencia de la recristianización, la moralización del ambiente y la nación católica estaban articulados para revistas como éstas.[30] En otras palabras, la recuperación del orden social —la “restauración en Cristo”— implicaba asumir un modelo de nación confesional, contrario al imperante.

Es preciso señalar que la noción de nación del semanario Unión remitía, en el sentido moderno del término, a la construcción de una unidad colectiva definida por la religión y la historia común. En ese relato de recuerdos y olvidos, el “error histórico” del que habló Renan en 1882 operaba en función del predominio del catolicismo entre los sistemas de creencias de la población.[31] ¿Qué definía la “imagen de comunión”[32] que conformaba a la nación? En el sentido más básico, apelaba a un “quiénes somos” arraigado en el “quiénes hemos sido”, en ese caso nostálgico, que exaltaba los factores socioculturales y políticos que habían producido unidad: la profesión de fe y la práctica continua del catolicismo.

Ideales de nación

Desde la perspectiva de Unión, México había perdido “la voluntad enérgica del bien obrar al dejar de ser una nación católica”. La ausencia de la fe dejaba a la nación incompleta, sin la base sólida de su pasado y en incertidumbre ante el futuro. En gran medida, la crisis moral que la sociedad vivía, según el diagnóstico de la publicación, estaba asociada a la falta de Dios en los referentes de unidad nacional: “Nuestro pueblo es católico y si se quiere que progrese y realice constructiva trayectoria es necesario que conserve sus creencias, afirme esas mismas convicciones e identifique sus empresas con sus propios principios de rectitud cristiana”.[33]

Así, el ideal de nación católica que Unión defendió en tiempos de recristianización y campañas de moralización se caracterizó por seis pilares.

Primero, una nostalgia por el pasado como tiempo de mejores condiciones, toda vez que la fe católica definía el canon de la convivencia y la institución eclesiástica mantenía una relación armoniosa con el Estado. Unión aludía a la Nueva España y los primeros lustros del México independiente para ejemplificar ese tiempo anhelado: “La canonización de un santo, la celebración de una fiesta religiosa, la declaración de un dogma, eran motivo de regocijo nacional”. Los tiempos en que los mártires católicos y las conmemoraciones de fe se fusionaban con el calendario patrio habían dejado de existir, para infortunio de una sociedad creyente. La degradación moral que caracterizaba al presente hacía más notorio todo lo bueno que el pasado representaba y todo lo trasgresor que significaba el ahora. “La familia, la escuela, el Estado, prestaban a la Iglesia el debido respeto, y la vida nacional como la individual, se deslizaban en el cauce del más íntegro catolicismo. Las buenas y cristianas costumbres no eran sino reflejo de esa vida cristianísima”.[34] En ese marco, el futuro era un tiempo oscuro del que nada bueno podía provenir.

Segundo, la historia compartida de los mexicanos estaba ligada a la historia de la Iglesia católica. Si había un hecho que justificara la religión católica como parte de la identidad nacional era la presencia constante que dicho sistema de creencias e instituciones había consolidado desde la llegada de los españoles hasta la actualidad. El nacionalismo revolucionario cortó con el relato religioso —católico— como pasado común, cohesionador: “México, lo dice su historia, fue una nación católica. El catolicismo es una de las esencias de su nacionalidad, esencia que se va perdiendo”.[35] Para esta revista, el Estado laico había desvirtuado la verdadera historia patria: ¿por qué se empeñan algunos “en separar del concepto patrio, todo sentimiento de religión y por lo mismo de nobleza y bondad” ?, preguntó Unión en 1952.[36] La historia es ya en este punto un instrumento usado a conveniencia. La nación y los nacionalismos recuerdan de manera selectiva, como ya había señalado Renan, “el olvido y, yo diría incluso, el error histórico son un factor esencial de la creación de una nación, y es así como el progreso de los estudios históricos es a menudo un peligro para la nacionalidad”.[37] Evidentemente, el pasado cristiano, hispánico, que conmemoraba y extrañaba Unión, carecía de referencias al pasado indígena de las poblaciones y al mestizaje como consecuencia del encuentro entre los dos mundos. Su discurso se contraponía incluso al indigenismo oficial posterior a la Constitución de 1917. La política indigenista de los cuarenta había creado una institución propia, el Instituto Nacional Indigenista (INI), cuyo origen se remonta a la ley del 10 de noviembre de 1948. Para cuando Unión emitió su “manifiesto” nacionalista, el INI inauguró el Centro Coordinador Indigenista (CCI) en San Cristóbal de Las Casas, bajo el liderazgo del antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán.[38] Los dos proyectos parecían contradictorios.

Tercero, la identidad nacional propuesta por Unión se construyó en oposición a otras ideologías. El semanario señaló a sus opositores con nombre propio: “Las ideas revolucionarias, ateas, de la Revolución francesa, la separación de México de la madre patria, el liberalismo corruptor, la influencia protestante, la norteamericana, la revolucionaria última que compendia tantos ‘ismos’”. Todos estos elementos habían “dado muerte a esa vida de México como nación católica y disminuido el número de los hijos católicos”.[39] La identidad nacional, como construcción de un “quiénes somos”, exige un ejercicio de diferenciación. En este caso “el otro” —el distinto— era un peligro latente, En este caso “el otro” una amenaza, un enemigo decidido a derribar o negar la identidad propia. En el contexto de la Guerra fría, el otro —el enemigo— es altamente demonizado y politizado. Para Unión, la personificación del mal eran el comunismo, la Unión Soviética y el socialismo, de los que había que protegerse como estrategia básica de sobrevivencia. “En México y en España, mientras tuvo influencia en la vida pública, proscribió la religión, asesinó sacerdotes, incendió iglesias, hizo atea la enseñanza”.[40] En el plano político religioso, “el peligro protestante” se erigía como auténtico desafío a la fe católica.[41] La cercanía geográfica con Estados Unidos ponía en riesgo la pureza de la nación, pero era al mismo tiempo indispensable para definir un opuesto histórico que reafirmara la identidad.

El cuarto factor por mencionar en el marco de la diferenciación son la hispanofilia y el extranjerismo. A excepción de los españoles católicos, la presencia de extranjeros en México era vista con recelo por Unión: “Ha inoculado en nuestra nacionalidad muchas novedades contrarias a la fe católica de nuestros padres y, por ende, demoledoras”.[42] No en vano la publicación no hablaba de extranjería (la situación y condición legal de la persona que es extranjera en relación con las leyes del país donde reside) sino de “extranjerismo”, indicando una doctrina, sistema o movimiento: “Nuestros puertos se han abierto más y más cada día a refugiados ateos y sectarios que han envenenado nuestro ambiente cada vez más y más”, indicaba en 1950. Ante el impulso casi xenófobo de Unión surgían excepciones: “Si la corriente hispánica seleccionada cuidadosamente fuera la que hubiera aportado a nuestras playas, o la italiana o francesa de recia contextura católica, nuestros males sociales anticristianos no fueran tan perjudiciales como lo son hoy día”.[43] Había un especial reconocimiento a España, entendida como “madre patria”, en la pauta identitaria de la publicación. Durante esos años los latinos, en particular los españoles, tenían abiertas las puertas migratorias del país, aparentemente sin restricciones. Al respecto, se destacan dos rasgos particulares: primero, hay escasas alusiones expresas al exilio republicano iniciado al término de la Guerra civil española (1936-1939); si bien muchos de los emigrados a México ostentan la nacionalidad española, para Unión son representantes del socialismo, del Estado laico y el ateísmo. Y segundo, la independencia de México de la “madre patria” representaba, en los términos de Unión, un accidente infortunado del devenir histórico.

Como confirmación de lo anterior, en noviembre de 1955, José Vasconcelos escribió la columna titulada “Nuestra cultura es la española, y quienes van en contra de ella van contra la patria”. En una explícita justificación de la aniquilación de la cultura prehispánica, Vasconcelos no sólo agradeció que hubiera sido la Corona española —y no otra— la encargada de conquistar América, sino incluso concluyó que el régimen colonial instaurado fue superior al ya existente de los “aborígenes”: “Nada destruyó España, porque nada había”.[44] En su hispanofilia a ultranza, el Vasconcelos de los años cincuenta veía con más añoranza que realismo la idea de conformar una falange y promover, como en los años treinta, una contienda por el poder político.[45] En las mismas páginas, Ezequiel Cervantes expresó su indignación ante José Gaos, por haber afirmado en una conferencia en el Casino Español que “la historia de España es la historia de la decadencia, aun en la época de Isabel la Católica”.[46] Cervantes contradecía a Gaos, resaltando que el legado de España a la humanidad estaba signado por tres “epopeyas”: haber expulsado a los musulmanes de Europa, haber emprendido una lucha acérrima contra la reforma de Martín Lutero y, sobre todo, haber descubierto un nuevo mundo con la misión de expandir el catolicismo. El cierre de la columna era predecible. Una exaltación al generalísimo Franco, ante los “ladridos” del filósofo español exiliado en México. El carácter anticomunista y antiestadounidense de Unión, aunado a su intransigencia católica, lo acercaban más al nacionalismo militante que a un mero relato de identidad.[47]

Quinto, la devoción guadalupana representaba un símbolo de comunión que debía ser incluido en el relato nacional. En 1952, el semanario alabó la presencia del presidente Miguel Alemán en la inauguración de la alameda y plaza pública de la Basílica de Guadalupe. El aporte gubernamental a los fondos para la obra fue visto como un reconocimiento al “hondo sentimiento religioso y mariano del pueblo”. Monseñor Luis Martínez no dejó de manifestarse complacido de la cooperación Iglesia-Estado: “Esta plaza tiene una gran importancia religiosa y patriótica y un doble mérito: haber intervenido en su proceso de mejoramiento el Gobierno y el pueblo católico mexicano”.[48] ¿Por qué el pueblo había aclamado al presidente ese día?, anotaba Unión: porque con sus actos el mandatario comprendía y reconocía las más arraigadas creencias de los mexicanos. Los cimientos de la gran obra que significaba hacer de México una acción católica los había puesto la Virgen María en el Tepeyac, sentenciaba Unión.[49]


Ilustración publicada en Unión, 11 de diciembre de 1955.

Cuando la iconografía guadalupana se integraba a las páginas de Unión, se conservaba el estandarte patrio. El uso de la bandera y el escudo reiteraba la pertenencia de la devoción mariana a una nacionalidad particular. El 11 de diciembre de 1955, un día antes de la fiesta de la Virgen, el semanario publicó una representación de la coronación de la Virgen como “reina del trabajo”. El martillo y el engranaje se sumaron a la iconografía aludiendo a los sistemas de producción, mientras que la corona de la guadalupana era sostenida por un obrero y un propietario. La ilustración, retomada de la imagen oficinal que se distribuyó en espacios públicos, desafiaba la representación laica que corrientes como el muralismo habían hecho de los trabajadores en la era posrevolucionaria. Incluso resultaba irónica la posición del martillo y el engranaje, casi igual a la del martillo y la hoz en los emblemas comunistas. La colaboración entre trabajador y empresario demostraba también una concepción distinta del mundo laboral. La impronta de la “modernización autoritaria”, como señala Loaeza, muestra dinámicas económicas en auge. Las políticas de promoción empresarial e inversión privada, con amplios márgenes de crecimiento, coindicen con este mismo periodo, como antesala de las agitaciones sindicales y movilizaciones sociales de finales de la década.

Y por último, en el ámbito nacional dos elementos representaban el recelo principal de Unión frente al nacionalismo revolucionario: el Estado y la educación laicos. Aunque el semanario reconocía en el Estado y la nación dos entidades diferentes, asumía como perjudicial para el segundo el carácter laico que había confirmado el primero con la Constitución de 1917. Pese a la relación de concordia que llevaba la jerarquía eclesiástica con los gobiernos de Alemán y Ruiz Cortines, quienes pertenecían al ámbito de Unión, el Estado mexicano era “un agente perseguidor del catolicismo”.[50] Que la laicidad fuera un nuevo factor de cohesión nacional e integración, aunque ya no estuviera asociado al anticlericalismo y en lo educativo se orientara al progreso científico, desfanatizando así las posiciones,[51] era un elemento que fastidiaba a sectores conservadores como Unión.

Para 1955 el semanario suscribió las declaraciones de Pío XII ante el Congreso Internacional de Ciencias Históricas, considerando que Iglesia y Estado eran poderes independientes el uno del otro, que no debían ignorarse entre sí, “sino colaborar mediante el entendimiento mutuo”. No obstante, Unión extendió los alcances de las declaraciones del pontífice, agregando que la Iglesia trascendía a todos los hombres y todos los tiempos, “con el deber moral de oponerse a las leyes civiles cuando éstas violan los dictados divinos”.[52]

Por su parte, la educación laica quitaba a la nación la posibilidad de que las nuevas generaciones se formaran en la tradición católica. Este tipo de educación no sólo era interpretada como una afrenta al catolicismo de los mexicanos, sino un desafío a la perpetuación de sus tradiciones, valores y símbolos —pese a que con la reforma de 1946 ya se hubiera eliminado el carácter socialista de la educación y monseñor Martínez hubiera mostrado complacencia ante dicho cambio—. En el ambiente moralizador de la época, a la educación laica le cabía una gran parte de la responsabilidad en el deterioro de las buenas costumbres y la decencia, en especial entre los niños y adolescentes desorientados.

¿Cuál era entonces la propuesta del semanario Unión? “Iniciar el gran retorno”. No había de fondo un modelo estrictamente nuevo. Unión planteaba como primera respuesta la confesionalización: “Trabajar ahincadamente porque México sea nuevamente nación católica, como lo fue en los tiempos en que no primaban en sus instituciones el ateísmo ni la persecución”.[53] El retorno, como expresión y como propósito, resumía y ratificaba el tono conservador y tradicional del semanario de los años cincuenta. El pasado bueno era el ejemplo ante un presente malo. Se trataba de una aspiración amplia, que habría de abarcar tanto aspectos públicos como privados de los individuos y la sociedad. “Como cuando la familia era hondamente cristiana, como cuando sus miembros, fuera y dentro de casa, se conducían como católicos: como cuando sus escuelas eran católicas”.[54] A la nación católica le competían el individuo, el comportamiento, las relaciones familiares, el hogar, la acción cívica, la educación, la cultura y muchas otras cosas. Parecía entonces un proyecto totalizador que, sustentado en la confesión mayoritaria del pueblo, asumía que sólo una verdad religiosa podía definir lo que era ser mexicano. Cuando tal condición se reconociera, “entonces habrá equilibrio, orden, cordura, imperará la justicia y los hombres tratarán a sus semejantes como tales”. En el caso de Unión, la nación se supeditaba a la fe. Los “mexicanos viriles” eran, para este semanario, aquellos que sabían “conservar primero su fe y después servir a su patria”.[55]

Consideraciones finales

El semanario católico Unión representó un proyecto editorial con un ideario de nación. En virtud de su tiempo y su espacio, y entendido como una expresión de la derecha católica, la publicación construyó una postura de oposición, sin mayor diálogo con otras visiones o actores, frente al modelo de nación de la Revolución mexicana. Su protesta principal surgió de la exclusión de Dios y del catolicismo del orden social mexicano. Para Unión, el modelo imperante significaba una subversión del orden: era un proyecto contrario a la historia de México, en la que la Iglesia católica era parte integral. Según este semanario, el nacionalismo revolucionario desconocía el sentir de la mayoría de los mexicanos. Un “pueblo de bautizados” no podía participar de un proyecto ateo de unidad nacional. En el camino, la única medida de salvación era un “gran retorno”: instaurar una nación católica, hispanófila, anticomunista, antiestadounidense y antiliberal.

En los cincuenta, el propósito de Unión fue crear opinión entre sus lectores-creyentes, probablemente practicantes de un catolicismo riguroso, atentos a las indicaciones eclesiásticas sobre la moral, la doctrina, la familia, la estructura social, el entretenimiento, los espectáculos y las relaciones humanas. Su intromisión en temas políticos —cautelosa ante el artículo 130 constitucional— reveló una voz de la derecha mexicana debido a tres características: el interés por que la Iglesia asumiera un lugar más protagónico en la escena pública; la falta de identificación con la laicidad del Estado y el orden político y social posrevolucionario, aunque lo acatara y respetara; y el anhelo de que se reconociera al catolicismo como raigambre de la identidad mexicana.


* Universidad Iberoamericana.

[1] “México debe ser una nación oficialmente católica”, Unión, México, 25 de junio de 1950, p. 1.

[2] Como sí va a ocurrir con el sinarquismo y sus proyectos editoriales; véase Pablo Serrano Álvarez, “El sinarquismo en el Bajío mexicano (1934-1951). Historia de un movimiento social regional”, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, vol. 14, núm. 14, 1991, pp. 195-236.

[3] Sin ser nuestro tema principal, es preciso señalar que Unión incluyó con frecuencia debates políticos en sus páginas. Sobre el régimen político en el periodo estudiado, la revista señaló: “¿Hay alguna probabilidad de elecciones honradas? Existen serios obstáculos, México tiene un gobierno unipartidista y además, personal a pesar de su escaparate externo de república”. Luis Nava (presbítero), “El derecho de votar”, Unión, México, 29 de junio de 1952, p. 1.

[4] En las revisiones hechas sólo aparece mencionado en María Luisa Aspe Armella, La formación social y política de los católicos mexicanos. La Acción Católica Mexicana y la Unión Nacional de Estudiantes Católicos, 1929-1958, México, Universidad Iberoamericana / Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, 2008.

[5] Ni el acervo de la Universidad Iberoamericana ni la biblioteca de Buena Prensa, las dos organizaciones de la comunidad jesuita a la que pertenecieron su director y su editorial, reportan existencias del periódico. Tampoco se encuentra en otras hemerotecas.

[6] El primer periódico de 1938 tiene un registro oficial del 7 de enero de 1937. Los periódicos de los cincuenta indican que Unión obtuvo registro de segunda clase en la Administración de Correos el 28 de noviembre de 1941, mientras que alcanzó el registro de propiedad intelectual de la Secretaría de Educación Pública el 14 de diciembre de 1950.

[7] Hasta la actualidad, la editorial Buena Prensa sigue funcionando, administrada por la Compañía de Jesús. Cuenta con cuatro librerías en la Ciudad de México; véase información disponible en: http://www.buenaprensa.com/ (consultado el 30 de mayo de 2018).

[8] María Luisa Aspe Armella, op. cit., pp. 364-365.

[9] Por sus características generales, se podría mencionar el caso de la Unión Nacional Sinarquista de México, que publicó El Sinarquista entre agosto de 1940 y septiembre de 1959 (diecinueve años). Para la Ciudad de México, según el catálogo de la Hemeroteca Nacional, encontramos revistas eucarísticas, en especial las de Acción Católica: El Católico Mexicano, publicada entre 1948 y 1970 (veintidós años); Fe, revista quincenal publicada entre 1954 y 1965; Heraldo Parroquial, que circuló entre 1951 y 1955; Restitución, periódico mensual publicado entre 1940 y 1950; la revista mensual de la Unión Católica Femenina, Acción Femenina, que apareció en 1933 y que, según ACM, se sigue publicando; y Christus, editada desde 1935 hasta 1978. Evidentemente, hace falta un balance cuantitativo y catálogos organizados al respecto.

[10] María del Carmen Collado Herrera, Las derechas en el México contemporáneo, México, Instituto Mora, 2015, p. 21.

[11] Según Hernández, entre 1930 y 1933 los laicos católicos formaron grupos de élite, organizaciones clandestinas de base popular y partidos que perseguían preponderancia nacional: “La derecha católica buscaba la ruta más efectiva para participar en la vida política, evitando los altos costos que le había representado la lucha armada”. Tania Hernández, “Las derechas mexicanas en la primera mitad del siglo XX”, Con-temporánea, México, núm. 9, enero-junio de 2018, disponible en: https://con-temporanea.inah.gob.mx/del_oficio/tania_hernandez_num9 (consultado el 18 de julio de 2019).

[12] De esta experiencia surgió la idea de Buena Prensa. Hasta hoy, estos folletos continúan siendo repartidos en las iglesias.

[13] Un perfil biográfico de José Antonio Romero se puede encontrar en la página web de Buena Prensa: http://www.buenaprensa.com/Romero_ort_fun.html (consultado el 18 de julio de 2019).

[14] A las órdenes de monseñor Luis María Martínez, arzobispo de la Ciudad de México, quien fungía como director de la campaña. Así lo demuestra el Archivo de Acción Católica Mexicana, fondo: Legión Mexicana de la Decencia, carpetas 1, 3, 5 y 8, resguardado en el Acervo Histórico de la Universidad Iberoamericana.

[15] Sus páginas contenían pocas ilustraciones y la única fotografía era reservada para la portada. Para entonces, el periódico incluía escasa pauta publicitaria. Las páginas interiores versaban sobre temas similares: reflexiones sobre el evangelio en la sección Deberes y devociones; el Consultorio práctico, con las preguntas de los lectores; la Guía cinematográfica, con la censura eclesiástica; y Orientaciones, con consejos de vida cotidiana y prácticas religiosas. En 1938, Unión costaba diez centavos, con una suscripción semestral cuyo precio era de 2.50 pesos. A inicios de los cincuenta, su costo ascendió a 25 centavos, y la suscripción anual, a diez pesos.

[16] Los cambios de formato y contenido de Unión revelan una preocupación por establecer una comunicación efectiva; pero en su etapa final también muestran la impronta del Concilio Vaticano II y la relación del laicado y el clero con otras agencias de impacto social. A partir de 1954 la publicación se vuelve ágil y menos acartonada en sus artículos.

[17] Roberto Blancarte, Historia de la Iglesia católica en México, México, FCE, 1992, p. 119.

[18] María del Carmen Collado Herrera, op. cit., p. 23; Elisa Servín, “Entre la Revolución y la reacción: los dilemas políticos de la derecha”, en Erika Pani (coord.), Conservadurismo y derechas en la historia de México, México, FCE / Conaculta, 2009, p. 495.

[19] El censo de 1951 reporta una población de 32 347 698 habitantes; véase INEGI, Anuario estadístico 1958-1959, México, INEGI, 2009, p. 35.

[20] Soledad Loaeza, “Modernización autoritaria a la sombra de la superpotencia, 1944-1968”, en Erik Velásquez García et al., Nueva historia general de México, México, El Colegio de México, 2010, pp. 674-677; Carlos Monsiváis, “Notas sobre la cultura mexicana en el siglo XX”, en Historia general de México, México, El Colegio de México, 2006, pp. 1035-1036.

[21] Elisa Servín, op. cit., p. 495.

[22] A punto de iniciar la década de 1960, el Censo General de Población reportó que dieciocho de treinta y cinco millones de habitantes en México, es decir, un poco más de la mitad, vivían en zonas urbanas. La mayoría de la población urbana se concentró en la Ciudad de México. INEGI, Anuario estadístico 1970-1971, México, INEGI, 2009, pp. 29-30; Ariel Rodríguez Kuri y Renato González Mello, “El fracaso del éxito, 1970-1985”, en Erik Velásquez García et al., Nueva historia general de México, México, El Colegio de México, 2010, p. 700.

[23] José Miguel Romero de Solís, El aguijón del espíritu: historia contemporánea de la Iglesia en México, 1892-1992, México, Imdosoc, 2006, pp. 442, 452-454; Roberto Blancarte, op. cit., p. 21.

[24] INEGI, La diversidad religiosa en México. Censo general de población y vivienda 2000, México, INEGI, 2000, p. 3.

[25] Siguiendo a Émile Poulat, el historiador Ricardo Arias define el catolicismo “integral” e “intransigente” como un sector que asume una concepción “globalizante” frente a la injerencia de lo religioso en la sociedad, rechazando la separación entre el creyente y el hombre social, así como entre las instituciones estatales y la religión. Ricardo Arias, El episcopado colombiano: intransigencia y laicidad (1850-2000), Bogotá, Uniandes / Icanh, 2003.

[26] Así lo plantean Luis Aboites y Engracia Loyo en “La construcción de un nuevo Estado, 1920-1945”, en Erik Velásquez García et al., Nueva historia general de México, México, El Colegio de México, 2010, p. 644.

[27] Manuel García, La palabra de Pío XI sobre la Acción Católica, México, Buena Prensa, 1940, p. 6.

[28] Émile Guerry, Código de Acción Católica, trad. de Francisco Peiró, Madrid, Razón y Fe, 1932, p. 43.

[29] “Campaña Nacional para la Moralización del Ambiente”, Unión, 6 de junio de 1952.

[30] Es el caso del Boletín de la Junta Central, de ACM, La Familia Cristiana, Señal, Juventud, La Unión, entre otros.

[31] Al mejor estilo de Ernest Renan, “¿Qué es una nación?”, pp. 3-4, disponible en: http://perso.unifr.ch/derechopenal/assets/files/obrasjuridicas/oj_20140308_01.pdf (consultado el 18 de julio de 2019).

[32] Benedict Anderson, Comunidades imaginadas, México, FCE, 1995, pp. 22-25.

[33] Luz de Also, “Religión y patria”, Unión, México, 25 de junio de 1950, p. 3.

[34] Fidel Peón, “México debe ser una nación…”, Unión, México, 25 de junio de 1950, p. 1.

[35] Luz de Also, “Religión y patria”, Unión, México, 1952, p. 12.

[36] Idem.

[37] Ernest Renan, op. cit., p. 3.

[38] Leif Korsbaek y Miguel Ángel Sámano Rentería, “El indigenismo en México: antecedentes y actualidad”, Ra Ximhai, vol. 3, núm. 1, enero-abril de 2007, pp. 195-224.

[39] “México debe ser una nación oficialmente católica”, Unión, México, 25 de junio de 1950, p. 1.

[40] Luis Nava (presbítero), “Un problema de nuestros días”, Unión, México, 13 de julio de 1952, p. 1.

[41] José María González (monseñor), “El peligro protestante”, Unión, México, 19 de julio de 1953, p. 12.

[42] Fidel Peón, “México debe ser una nación oficialmente católica”, Unión, México, junio 25 de 1950.

[43] Idem.

[44] José Vasconcelos, “Nuestra cultura es la española y quienes van en contra de ella, van contra la patria”, Unión, México, 6 de noviembre de 1955.

[45] Luis Barrón, “Conservadores liberales: Luis Cabrera y José Vasconcelos, reaccionarios y tránsfugas de la Revolución”, Erika Pani (coord.), Conservadurismo y derechas en la historia de México, México, El Colegio de México, 2009, pp. 458-460.

[46] Ezequiel Cervantes, “El Prof. Gaos necesita aprender historia”, Unión, México, 11 de diciembre de 1955.

[47] Para Hastings, el nacionalismo emana de la creencia de que la etnicidad o tradición nacional propia es tan valiosa que requiere ser defendida bajo la creación o la ampliación de una nación-Estado. Ello se hace latente cuando una etnia o nación siente amenazados su propio carácter, extensión o importancia, ya sea por un ataque externo o por el sistema estatal del que hasta ese momento ha formado parte. Adrian Hastings, La construcción de las nacionalidades: etnicidad, religión y nacionalismo, Madrid, Cambridge University Press, 2000, pp. 14-15, 51.

[48] Luz de Also, “Religión y patria”, Unión, México, 1952, p. 12.

[49] “México debe ser una nación oficialmente católica”, Unión, México, 25 de junio de 1950, p. 3.

[50] Luz de Also, “Religión y patria”, Unión, México, 1952, p. 12.

[51] Alejandro Ortiz-Cirilo, Laicidad y reformas educativas en México (1917-1992), México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-UNAM (Cultura Laica, 10), 2015, p. 82, disponible en: http://catedra-laicidad.unam.mx/wp-content/uploads/2015/06/laicidadyreformas1.pdf (consultado el 18 de julio de 2019).

[52] “Iglesia y Estado, son poderes independientes”, Unión, México, 25 de septiembre de 1955, p. 1.

[53] Fidel Peón, “México debe ser…”, Unión, México, junio 25 de 1950, p. 1-3.

[54] Idem.

[55] Idem.

Fuente: https://con-temporanea.inah.gob.mx/del_oficio_laura_ramirez_num11

Anacleto: beato y acejotaemero

Anacleto: beato y acejotaemero

Salvador I. Reding Vidaña Religión 27 Noviembre 2019

Anacleto González Flores, el beato mártir mexicano por defender su Fe durante la persecución religiosa de los años veinte en México, ha sido nombrado como patrono de los laicos mexicanos, y esto ha sido oportunidad recordar su imagen y su papel en la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, la ACJM. En esta organización de la Acción Católica Mexicana, tuvo un destacado papel en el apostolado y defensa de la Iglesia, y en general, de los derechos civiles de los mexicanos.

La ACJM había nacido el 13 de agosto de 1913, como una organización apostólica de la Iglesia. Creció a lo largo y ancho del país, y en Guadalajara fue fundada por Anacleto, que le dio gran impulso. Dentro de ella, tuvo un gran desempeño como líder, como maestro y como orador, y fue también su promotor en otras ciudades de Jalisco. Con su ejemplo, muchos de sus compañeros acejotaemeros liderearon y hablaron a favor de la Iglesia perseguida.

Para los jóvenes militantes de la ACJM a lo largo de todos estos años, la figura de Anacleto González Flores ha sido ejemplo sin igual, quizá el modelo del joven católico militante por excelencia; inspirador de maestros, oradores y periodistas católicos, de líderes religiosos, sociales y hasta políticos, que han pasado por las filas de la ACJM.

El libro “Tú Será Rey”, de Anacleto, fue el gran inspirador de muchos acejotaemeros, como libro de cabecera para la acción “Por Dios y por la Patria”, lema de la ACJM, inscrita en su bandera con el escudo oficial. En la dedicatoria como autor, Anacleto consagró este libro a Cristo Rey, y lo dedicó a su familia, “y a las jóvenes y los jóvenes de La Cruzada Femenina por la Libertad y de la A.C.J.M.” Escribió que su libro era uno de osadía, y dijo que “grande osadía se necesita ya para llegar a ser santos”. Y él mismo fue ejemplo de osadía cristiana.

A través de la historia de la Iglesia en México del siglo XX, la ACJM tuvo un gran papel apostólico y de formación de juventudes. Cuando en Jalisco Anacleto la inició y convivió en ella, participó intensamente en la defensa de la libertad religiosa ante la persecución de los gobiernos “revolucionarios”, tanto en Jalisco (bajo su liderazgo) como en las diócesis en donde existían sus grupos. Muchos de sus militantes tuvieron también participación directa e indirecta en las zonas de la guerra cristera.

Amén de los muertos en combate cristero, muchos acejotaemeros fueron martirizados en esa terrible y negra época de la historia de México. Dentro de la lista de los mártires canonizados por haber dado su vida en esa persecución, muchos eran miembros de la ACJM, como Anacleto.

No se puede concebir la historia acejotaemera sin que la imagen, enseñanza y ejemplo de Anacleto González Flores aparezcan en primer plano. Para todo militante y exmilitante de la ACJM este mártir de la era cristera, es no solamente un ejemplo de vida, sino un gran, inmenso orgullo. Es “nuestro” Anacleto.

El grito católico ante los enemigos de la Iglesia en México, de “¡viva Cristo Rey!”, fue de Anacleto y sus seguidores una constante, y las últimas palabras antes de morir de estos mártires. Junto al mismo, se agrega el de “¡viva la Virgen de Guadalupe!”. Estos gritos se han repetido a lo largo de la historia de México hasta nuestros días. Y como de Anacleto, son motivo de orgullo y lemas vivos del catolicismo mexicano.

Al ser asesinado Anacleto, sus últimas palabras fueron, tras perdonar a sus verdugos, las de “yo muero, pero Dios no muere ¡viva Cristo Rey!”. Y como sucede en muchos martirios de líderes que tratan de ser acabados, el de Anacleto, en vez de ser una voz silenciada por los asesinos, se convirtió en miles de voces en defensa de la Fe. Muchos de los escritos de su intensísima labor periodística, son en estos tiempos de gran valor y actualidad.

El ser nombrado Anacleto (el “Maistro Cleto” para sus seguidores y alumnos), como patrono del laicado mexicano, ha sido gran motivo de alegría para todo militante y exmilitante de su (y nuestra) querida ACJM, en la que tuvo tanta acción ejemplar a favor de Cristo Rey.

Fuente: https://www.signis.mx/religion/3311-anacleto-beato-y-acejotaemero

Recuerdos del Primer centenario de la A.C.J.M.

Asociación Católica de la Juventud Mexicana

Primer centenario de la A.C.J.M.

El año de 1937 llegó a Mexicali el sacerdote Manuel Sánchez Ahumada, un hombre muy culto y con una gran experiencia en la vida pastoral

Primer centenario de la A.C.J.M.

General

Por Heberto J. Peterson Legrand lunes, 12 de agosto de 2013 · 00:00

Ensenada, B.C. – En la primer década del siglo pasado, se iba acrecentando entre los católicos la preocupación por “La Cuestión Social” que la Encíclica “Rerum Novarum” del Papa León XIII, publicada en 1891, había ido despertando en ellos y les pedía un mayor acercamiento al pueblo para ver por los más necesitados.

El Papa había visto de cerca los efectos de la Revolución Industrial y le preocupaba que el salario fuera justo, que las jornadas fueran de 7, 8 o 9 horas, que hubiera higienización en las fábricas y viviendas de los trabajadores, armonía entre las clases, etcétera.

Dentro de éste contexto, cuyo diagnóstico se podría ampliar más, estando en México el Padre Jesuita Bernardo Bergöend, quien conocía a profundidad las organizaciones juveniles de Europa, y sobre todo las francesas, impulsa la fundación de la A.C.J.M. (Asociación Católica de la Juventud Mexicana), siendo su primer presidente René Capistrán Garza y cuyos objetivos serían entre otros: Formarlos en los principios cristianos para que vivieran de acuerdo a ellos y contribuyeran a un mejor orden social de su comunidad y se comprometieran a una mejor participación para la búsqueda del Bien Común; participaran en la política para aplicar la justicia y con la armonía alcanzar la paz.

Lamentablemente durante los gobiernos de los presidentes Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles las relaciones entre la Iglesia y el Estado se crisparon por el radicalismo al grado que durante el gobierno del segundo se llegó a las armas al no tener otra alternativa los católicos, aun cuando no todos estaban de acuerdo y en ello se vio envuelta la A.C.J.M. 

Mártires y héroes

De este conflicto -que lo deseable es que no se hubiera dado y que duro de 1926 a 1929-, surgieron, mártires y héroes como: Los beatos, Salvador, Manuel y David, acejotaemeros Anacleto González Flores, los hermanos Jorge y Ramón Vargas González, Luis Padilla, Miguel Gómez Loza, Luis Magaña Servín, Ezequiel Huerta y Salvador Huerta, y otros jóvenes más.

Después de los arreglos de 1929 entre el Gobierno y la Iglesia, en el que se entró a un “Modus Vivendi”, la A.C.J.M. se adecuó a los nuevos tiempos sin perder su esencia para dentro de un mejor clima social poder continuar con la formación de sus jóvenes para integrarlos al servicio de la patria y de su iglesia.

Desde luego que la historia de la A.C.J.M., es muy amplía pero el propósito de éste modesto trabajo es el que no pase desapercibido el primer centenario de ésta organización, que les guste o no a algunos, forma parte importante de la historiografía de nuestra Patria, y por otro lado en forma muy sucinta escribir algo de sus actividades en Baja California.

Antecedentes en BC

El año de 1937 llegó a Mexicali el sacerdote Manuel Sánchez Ahumada, un hombre muy culto y con una gran experiencia en la vida pastoral. Llegó a ser muy querido por la comunidad católica por su entrega, apostolado y fecunda actividad. 

Durante su estancia tuvo a bien fundar las cuatro organizaciones fundamentales de la Acción Católica Mexicana: A.C.J.M. (Asociación Católica de la Juventud Mexicana) la J.C.F.M. (Juventud Católica Femenina Mexicana) U.F.C.M. (Unión Femenina Católica Mexicana) y U.C.M. (Unión de Católicos Mexicanos)

Parece ser que el primer presidente de la A.C.J.M. en Mexicali fue el Sr. Fidel Lozano, allá por la década de los ´40 del siglo pasado; además, entre otros: Miguel Coria, Raúl Garayzar, Archivaldo Borboa, Fortunato Álvarez, José Huerta Acosta y Román Torres Ríos, y por instrucciones del doctor y sacerdote José Ibarrola Grande, M.Sp.S, el padre Máximo García Martínez las siguió con la organización e instrucción.

Del grupo parroquial dice en sus memorias el padre Máximo, refiriéndose el Grupo Parroquial de la A.C.J.M. de Nuestra Sra. De Guadalupe en Mexicali: “Con estos socios dan ganas de trabajar, de quemarse las pestañas a fin de satisfacer sus deseos de superación que siempre manifestaban. Para ellos la revista “LUMEN” fue el medio, en el que algunos de los jóvenes aprendieron a escribir artículos o reportajes de las actividades apostólicas, sociales y deportivas del grupo y también de la vida de la ciudad”.

En 1945 el equipo de futbol soccer fue el primer campeón de la liga y obtuvo la Copa Kelly.

Trasladan a Tijuana al Padre Máximo García por instrucciones de Mons. Felipe Torres Hurtado con el propósito de que se haga cargo de la juventud ya que en Mexicali había hecho un espléndido trabajo y porque el Padre Luis Manuel se iba de Tijuana. Lo nombran Sub-Asistente Diocesano de la A.C.J.M. y de la J.C.F.M.

Sigue diciendo el P. Máximo que gracias a la amistad que Mons. Felipe Torres Hurtado tenía con el Presidente de la República, Lic. Miguel Alemán Valdés, le devolvieron a la Iglesia del Vicariato Apostólico de B.C., los terrenos que ocupaba como imprenta un tal señor Medina Amor. Al mismo tiempo acompaño a Monseñor al Florido para una entrevista con el Presidente a fin de que se diera cuenta de la construcción del Campo Deportivo de la A.C.J.M., de Tijuana y de los 500 desayunos que esa institución daba a los niños pobres  de la Ave. “C” y Coahuila, de la Colonia y del Cañón Hidalgo y la Independencia. Proyectos que gustaron mucho al Presidente.

Fue la A.C.J.M. en Tijuana también muy dinámica y pujante y cuya revista “LUMEN” en latín y que quiere decir LUZ, la luz de Cristo.

Entre otros muchos en Tijuana formaron parte Raúl Mendiola, quien fue presidente Diocesano; Dr. René Andrade Peterson, Armando Herrera y Javier Peniche, Manuel González.

Sección Ensenada

En Ensenada, ciudad donde se fundó el Seminario de Nuestra Señora de la Paz en 1940 y del cual formaba parte también el P. Máximo García, fue sede de otra Sección de la A.C.J.M.

Hago un paréntesis para comentar que los jóvenes seminaristas que eran muy entusiastas formaron la primera liga de futbol soccer y jugaban con equipos del 14 batallón de infantería y con el equipo de Yun-Kuy que dirigía un joven chino.

Yo pertenecí a la A.C.J.M. y recuerdo que éramos jóvenes muy entusiastas y alegres. Teníamos al igual que los Acejotaemeros de Mexicali y Tijuana avidez por aprender. Se nos daban pláticas sobre historia, religión, apologética sobre la cuestión social y civismo, así como otras materias que nos fueran dando una formación más integral. Además, hacíamos obras de caridad y con ello socializábamos con la gente y ayudábamos al que menos puede y menos tiene. 

Junto con las muchachas de la J.C.F.M. organizábamos muchos eventos y con el tiempo de esas relaciones salieron varios matrimonios. Recuerdo en éste momento a Enrique Cárdenas con Acuco Roqueñi, José María Jáuregui y Amelia González, Enrique Romo y Lupita Labastida.

Durante la Presidencia Nacional del Lic. Abel Vicencio Tovar 1955-1957 se realizó una Asamblea o Congreso Nacional en la ciudad de Tijuana y acudimos algunos de Ensenada. Nos hospedaron en el Seminario que está en la calle Ocampo. Nos dio la bienvenida el Excelentísimo Sr. Obispo Galindo Mendoza, quien era un hombre extraordinario de muy fino trato. Recuerdo allí muy activos al Padre Javier Esparza, a quien quise mucho; al padre Miguel Valdez, creo que los dos de la primera generación de sacerdotes ordenados en B.C.

Hubo diversas conferencias magistrales y otros eventos, entre ellos un concurso de oratoria donde representó a Ensenada el compañero Melesio Villegas, a quien recuerdo que estando todos ya acostados para dormir el día anterior a la competencia él permanecía despierto repasando su discurso y ordenando sus ideas. El hecho es que al día siguiente y después de una reñida competencia Melesio obtuvo el campeonato nacional de oratoria y nosotros nos sentimos muy orgullosos de que nuestro culto y brillante acejotaemero pusiera en alto a Ensenada.

Mi memoria es flaca, recuerdo algunos nombres de acejotaemeros de Ensenada: Jorge Pérez, Enrique Cárdenas, Ernesto Pedrín, Pablo Rousseau, Víctor Sarmiento, Carlos Castañeda, Francisco Rochín, Octavio Durán, Ramón Durán, Arturo Zepeda, Feliciano Bañuelos, Antonio y Clemente Zavala, Mario Pérez, Enrique Hernández 

También recuerdo gratamente a Fray Felipe de Jesús López, entonces muy joven y dinámico, a Fray Hilario muy bondadoso.

En aquellos años de fines de los ‘40 y la década de los ‘50 del siglo pasado estábamos llenos de vitalidad, con una gran energía y entusiasmo para llevar a cabo trabajos de equipo siempre movidos, desde luego, por el amor a nuestros semejantes, por ese cristianismo que debíamos encarnar dando parte de nuestro tiempo, de nuestras personas con un verdadero sentido de servicio y entrega que nos supieron participar en la A.C.J.M.

Hoy la organización cumple 100 años y quienes militamos en sus filas ya sin aquella juventud y con el desgaste propio de los años guardamos en nuestra memoria personal e histórica, y en nuestros corazones, el grato recuerdo con el que nos alimentamos espiritualmente. Recordamos con cariños a nuestros compañeros que se nos adelantaron  

* Fuentes: Memorias Padre Máximo García.

Del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana: La Encíclica Rerum Novarum y los trabajadores en la ciudad de México (1891-1913) y Religiosos y Laicos en tiempos de Cristiandad (1919-1921)

Entrevistas orales.

Fuente: https://www.elvigia.net/general/2013/8/12/primer-centenario-acjm-121436.html

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