Anacleto enseñó con la palabra, su vida y su sangre

Anacleto enseñó con la palabra, su vida y su sangre

La Cristiada, aquella singular gesta durante la cual México asombró al mundo ofreciéndole una muchedumbre de héroes que fueron santos, aún tiene mucho que contarnos.


México; la Cristiada, Anacleto


Por lo pronto, fue San Juan Pablo II, aquel inolvidable Papa “venido de un país lejano”, quien se interesó por estudiar a fondo dicha gesta; y, al comprobar que muchos de los sacrificados lo fueron por odio a la fe y perdonando a sus verdugos, no dudó en elevarlos a los altares, entre ellos, aparte de los numerosos sacerdotes y seglares sacrificados, dos héroes nacidos en los Altos de Jalisco: un fraile dominico y un intelectual de altos vuelos.

El fraile dominico fue Fray Luciano Reginaldo Hernández, nacido en San Miguel el Alto, Jalisco, martirizado nada menos que en España, cuando, en 1936, el gobierno de la II República inició una feroz persecución contra la Iglesia. Este héroe del cristianismo contemporáneo fue beatificado por Benedicto XVI en octubre de 2007.

El intelectual de altos vuelos –pensador, orador y dirigente social– fue Anacleto González Flores, nacido en Tepatitlán, Jalisco, martirizado en 1927 por los esbirros de Plutarco Elías Calles y beatificado también por Benedicto XVI, en noviembre de 2005.

Mucho es lo que se ha escrito acerca de Anacleto González Flores, tanto que cualquier intento por estudiar a fondo su figura está condenado de antemano al fracaso.

El maestro Anacleto era licenciado en Derecho, lector incansable, orador elocuente y poseedor de un envidiable estilo literario que hacía las delicias de sus lectores.

Anacleto, consciente de que los dones que había recibido no eran para adornarse frívolamente, sino más bien para ponerlos al servicio de la causa de Cristo Rey, decidió convertirse en un activista del pensamiento y de la acción todas las horas del día.

En Jalisco fundó la Unión Popular, desde la cual, organizando cuadros y formando jefes católicos, supo desafiar al gobierno callista en el terreno de las ideas llevadas a la práctica. Muchos de sus artículos pueden leerse en dos libros suyos: “El plebiscito de los mártires” y “Tú serás Rey”.

Al tener una amplísima visión de la realidad, Anacleto comprendió muy bien la esencia hispano-católica, tanto de México como del resto de las naciones hermanas. Amplísima visión que se resume en el siguiente párrafo:

“Nuestra vocación tradicionalmente, históricamente, espiritualmente, religiosamente, políticamente, es la vocación de España, porque de tal manera se anudaron nuestra sangre y nuestro espíritu con la carne, con la sangre, con el espíritu de España, que desde el día en que se fundaron los pueblos hispanoamericanos, desde ese día quedaron para siempre anudados nuestros destinos, con los de España. Y en seguir la ruta abierta de la vocación de España, está el secreto de nuestra fuerza, de nuestras victorias y de nuestra prosperidad como pueblo y como raza”.

Ni duda cabe que quien lea el párrafo anterior, por momentos, creerá estar leyendo al intelectual español Ramiro de Maeztu, quien fuera el primero en señalar la vocación de los pueblos hispánicos.

Y así como en España un Ramiro de Maeztu y también un Manuel García Morente ponían los cimientos de la ideología hispano-católica, aquí en México dicho honor le correspondió a un valiente alteño nacido en el pintoresco pueblo de Tepatitlán.

Quizás por eso lo odiaron tanto, odio que se manifestara con la saña con que lo torturaron antes de matarlo.

Vale la pena reproducir unos pensamientos expresados por el mártir antes de ser sacrificado:

“He trabajado con todo desinterés por defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia. Vosotros me mataréis, pero sabed que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de mí dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la seguridad de que veré pronto, desde el cielo, el triunfo de la religión en mi patria”.

Un intelectual no solamente valioso sino también valeroso.

Sus restos se veneran en el Santuario de Guadalupe, en Guadalajara. Sobre la placa que cubre el nicho, una inscripción en latín: “VERBO, VITA ET SANGUINE DOCUIT”, lo cual, en buen romance, significa: “Enseñó con la palabra, con la vida y con la sangre”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

Categorías:Historia Iglesia

Topografía del espíritu cristiano

Topografía del espíritu cristiano

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta, 25/05/2017

Las Escrituras nos indican tres palabras y tres lugares de referencia para el camino cristiano. La primera palabra es la memoria, y el primer lugar es Galilea. Jesús resucitado dice a los discípulos que le precedan en Galilea, que es donde tuvo lugar el primer encuentro con el Señor. Y cada uno de nosotros tiene su propia Galilea, donde Jesús se nos manifestó por primera vez, lo conocimos y tuvimos esa alegría y ese entusiasmo de seguirlo. Para ser un buen cristiano es necesario siempre tener la memoria del primer encuentro con Jesús o de los sucesivos encuentros. Es la gracia de la memoria que en el momento de la prueba me da certeza.

La segunda palabra es la oración y el segundo lugar es el Cielo. Cuando Jesús sube al Cielo no se separa de nosotros. Físicamente sí, pero siempre está vinculado a nosotros para interceder por nosotros. Muestra al Padre sus llagas, el precio que pagó por nosotros, por nuestra salvación. Así pues, debemos pedir la gracia de contemplar el Cielo, la gracia de la oración, el trato con Jesús en la oración, que en ese momento nos escucha, está con nosotros.

Y la tercera palabra es la misión y el tercer lugar es el mundo. Jesús, antes de irse –lo vimos ayer en el Evangelio de la Ascensión*– dice a los discípulos: Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos. Id: el sitio del cristiano es el mundo para anunciar la Palabra de Jesús, para decir que estamos salvados, que Él vino para darnos la gracia, para llevarnos a todos con Él ante el Padre.

Esta es la topografía del espíritu cristiano, los tres lugares de referencia de nuestra vida: la memoria, la oración, la misión, y las tres palabras para nuestro camino: Galilea, Cielo y mundo. Un cristiano debe moverse en esas tres dimensiones y pedir la gracia de la memoria. Decid al Señor: Que no me olvide del momento en que tú me elegiste, que no me olvide de los momentos en que nos hemos encontrado. Y luego, rezar, mirando al Cielo, porque Él está allí para interceder por nosotros. Y luego ir de misión: o sea, no quiere decir que todos deban ir al extranjero; ir en misión es vivir y dar testimonio del Evangelio, es hacer saber a la gente cómo es Jesús. Y eso, con el ejemplo y con la Palabra, porque si yo digo cómo es Jesús, cómo es la vida cristiana, pero vivo como un pagano, eso no sirve; la misión no va.

Si, en cambio, vivimos en la memoria, en la oración y en misión, la vida cristiana será hermosa y también gozosa. Y esa es la última frase que Jesús nos dice hoy en el Evangelio: el día en que viváis la vida cristiana así, se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Nadie, porque tengo la memoria del encuentro con Jesús, tengo la certeza de que Jesús está en el Cielo en este momento e intercede por mí, está conmigo, y yo rezo y tengo el valor de hablar, de salir de mí y hablar a los demás y dar testimonio con mi vida de que el Señor resucitó, está vivo. Memoria, oración, misión. Que el Señor nos dé la gracia de entender esta topografía de la vida cristiana e ir adelante con alegría, con esa alegría que nadie nos podrá quitar.


* En el Vaticano, la Ascensión del Señor se celebró ayer jueves. En casi todos los demás lugares se traslada al domingo próximo (ndt).

Fuente: https://www.almudi.org/liturgia/homilias-de-santa-marta/homilia/97293/topografia-del-espiritu-cristiano

Categorías:La voz del papa, Laicos

Sangre cristera, entrega de amor valiente

Sangre cristera, entrega de amor valiente

Publicado en web el 22 de Mayo, 2017

A 17 años, incrementa  la fe en los Santos Mártires mexicanos

 

El 21 de mayo del año 2000, el entonces Papa Juan Pablo II, regaló a México 25 nuevos santos, encabezados por San Cristóbal Magallanes. Hoy, la fe hacia nuestros santos gana poco a poco terreno y el Santuario en su honor continua su avance.

 

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Sonia Gabriela Ceja Ramírez

 

El 21 de mayo se festejará a nivel Iglesia universal la fiesta de San Cristóbal Magallanes y compañeros mártires quienes fueran canonizados en esa misma fecha, pero hace 17 años por el ahora también santo Juan Pablo II, en El Vaticano.
Para conmemorar tan importante efeméride, el Santuario de los Mártires organiza un triduo a manera de fiesta patronal y que se llevará a cabo del 19 al 21 de mayo.
“Todos los días tendremos a las 5 de la tarde una hora santa, exposición del Santísimo, la bendición y luego, el rezo del Rosario; confesiones y a las 6, la Misa.
“El viernes tendremos la conferencia ‘Testigos de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe’, la cual se realizará en la capilla provisional del Santuario y será impartida por la Hermana Anacely Villa.
“El sábado 20, a las 9 de la mañana, tendremos primeras comuniones. El domingo 21, de manera especial pidiendo por la unidad de las familias, tendremos la Misa a las 10, la Misa solemne a las 12 y la de acción de gracias a las 6 de la tarde.
“Además, el domingo, también a las 8 de la mañana tendremos la Carrera por la Eucaristía.
“Durante las fiestas, como de ordinario, se tendrá el relicario que estuvo presente en Roma, hace 17 años en la Misa de Canonización. La intención era que el relicario se quedara allá pero el Papa San Juan Pablo II dijo que las reliquias de los mártires deberían estar en tierra mexicana.
“Este relicario está regularmente en el Santuario, mientras que, desde hace algunos meses, está saliendo otro con los restos de los beatos Anacleto González y compañeros.  Este relicario está visitando algunas parroquias con la intención de que la gente los conozca y pida su intercesión por un milagro para que puedan llegar a ser canonizados y celebrarlos también como santos”.

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Si crece la devoción
El padre Aviña señaló que la participación de fieles en el Santuario de los Mártires se ha triplicado. “Aunque entre semana es poca la afluencia, si es más gente que cuando iniciamos, vienen entre 20 y 30 personas. Y los domingos que vienen los decanatos en peregrinación después de que las reliquias visitan sus parroquias, ahí también ha aumentado la participación.
“Nos visita gente no solo de la Zona Metropolitana de Guadalajara sino también foráneas. En el norte del país o incluso al otro lado,  hay un gran interés por conocer la vida de los mártires, porque es gente que emigró y anhela muchas cosas de México y entre ellas su fe. Tienen más conocimiento muchas veces de los mártires, porque allá también se les hace difusión y esporádicamente vienen a conocer y visitar el Santuario”.
El sacerdote explicó que el Año de la Misericordia atrajo muchos fieles al Santuario así como los eventos que se han organizado en la asamblea principal.

Que también
crezca la generosidad
El padre invitó a todos los fieles católicos a donar según sus posibilidades pues destacó que el Santuario es una obra es de todos. Dijo que particular interés por contar con este amplio espacio celebrativo han mostrado los diferentes grupos, movimientos y apostolados de la arquidiócesis quienes han colaborado generosamente y de manera constante con esta obra.
Finalmente el padre exhortó a los fieles a orar por el Santuario y a colaborar económicamente según sus posibilidades y su generosidad.
El Santuario está abierto diariamente de 9 de la mañana a 7 de la tarde. Misa diaria, 6 de la tarde.

 

Vivir la fe en fidelidad hasta la muerte

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El viernes 19 de mayo, a las 6.45 de la tarde y como parte de la fiesta de San Cristóbal Magallanes y compañeros Mártires, la hermana Anacely Villa Barriga, Messt., impartirá una conferencia titulada “Testigos de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”.
Y es que, dijo en entrevista a Semanario, es importante que recordemos y nos ubiquemos cómo vivió la Iglesia esa época oscura para la historia de México.

Recordar
y valorar la entrega
“En 1915 se da la muerte del primero de los mártires canonizado, San David Galván, mientras que en 1935, muere el último de los mártires canonizados hasta el momento.
“Fue una época muy difícil para la Iglesia en México porque los gobernantes venían con una mentalidad liberal tratando de hacer a un lado el papel de la Iglesia en la sociedad, con el argumento de que la Iglesia no permitía el progreso, el desarrollo de la nación, que hubiera igualdad, etcétera.
“Esta mentalidad acompañada de una fuerte influencia de la masone ría, del socialismo, y también otras ideas un poco indigenistas hicieron que hubiera una reacción de rechazo de parte de muchos gobernantes, tanto del presidente de la república como de algunos gobernadores y presidentes municipales.
“Todo este ambiente tenía como objetivo quitar a la Iglesia su papel de defensora de los derechos humanos y también del cierto arbitraje en la sociedad, de la influencia espiritual que tenía porque según esto, cada hombre tenía libertad de actuar según su conciencia, que ciertamente así es pues sabemos que tenemos una ley inscrita por Dios en el corazón, pero como Dios le estorbaba al gobierno se decidió sacarlo”.

Sin miedo,
con mucha valentía
“Los católicos en ese tiempo, que eran personas que tenían una fe sólida, rechazaron esa actitud del gobierno y de una u otra forma trataron de defender la libertad religiosa en nuestra patria. Este fue el papel de nuestros mártires.
“Los sacerdotes continuaron con la formación religiosa de los católicos, pero los laicos también tuvieron un papel muy importante.
“El llamado de los Obispos fue a resistir de una manera pacífica. Los sacerdotes por ningún motivo debían tomar las armas ante la insurgencia de algún grupo de laicos que defendieron la fe, porque cuando vieron por ejemplo, en Chalchihuites el 15 de agosto de 1926, que mataron al padre Luis Batiz y a tres jóvenes laicos comprometidos con la Iglesia, un grupo de laicos fueron de los primeros que empezaron a combatir al Ejército, a disparar por esa acción que realizó. Aunque alguno desobedeció, a ellos no se les considera mártires.
“En esa época hubo un poco de confusión porque los Obispos, muchos de ellos estaban exiliados y algunos otros se fueron por su cuenta. Algunos estuvieron asilados en Cuba, en Estados Unidos o en Roma para evitar la muerte. Fue una situación muy difícil para ellos. Muy pocos se quedaron en México, por ejemplo, Don Francisco Orozco y Jiménez, Arzobispo de Guadalajara.
“Ellos ejercieron el papel que tenían que ejercer, ser pastores y tratar de evitar más derramamiento de sangre. En el momento en que se tomó la decisión que vino también de Roma respecto a que se dejara la lucha armada, los cristeros obedecieron porque los sacerdotes llamaban a la obediencia al Santo Padre y a los Obispos, quienes se adhirieron a buscar la paz.

El privilegio
de testificar la fe
La religiosa señaló que desde el principio de la Iglesia siempre ha habido mártires.
Ser mártir significa ser testigo.
“Cuando una persona, sobre todo nosotros cristianos-católicos tomamos consciencia de lo que significa la fe, se está dispuesto a pedirle a Dios su gracia para vivir en fidelidad esa fe hasta la muerte.
“Nuestros mártires nos dan ejemplo de esa fidelidad a Dios. Nosotros desde el bautismo hemos aceptado a Dios como lo único en nuestra vida. Somos cristianos, llevamos la marca de la cruz de Cristo y la gracia más grande que como cristianos podemos recibir es la del martirio, no cualquiera recibe esa gracia. En ese tiempo muchos cristianos deseaban ser mártires. Anhelaban el martirio porque era la oportunidad de vivir en fidelidad hasta el último momento, la gracia de su bautizo y demostrar al mundo que Cristo es el Rey, que no hay ningún gobernante, ni ninguna mentalidad, que esté por encima de la consciencia del ser humano más que Dios y en aquel tiempo el gobierno, quería manejar la consciencia del hombre y ponerse en el lugar de Dios, que fue lo que no aceptaron nuestros mártires, que se impusiera sobre la ley de Dios una ley que era contraria a la libertad de religión y a cualquier derecho en contra el hombre.
“Este ser testigo, este ser fiel hasta el último momento, es lo que a nosotros nos debe de servir, sobre todo en este tiempo, de motivación profunda para decir, se puede dar la vida por Dios.
“Así como a ellos les concedió la gracia del martirio, a nosotros nos puede conceder la gracia de la fidelidad diaria a nuestra fe en medio de las persecuciones que estamos viviendo en la actualidad, que no son persecuciones con armas o de muerte pero que son persecuciones contra la fe y contra los principios y derechos del hombre”.

 

 

Devoción que refleja respeto y cariño

Museo y Santuario dedicados a San Cristóbal

En el lugar donde nació y donde fue Párroco el santo que encabeza el grupo de Mártires Mexicanos, Totatiche, se le tiene un gran amor y fervor, y le agradecen sus favores y milagros, con un museo y la construcción de un Santuario.

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Dulce Natalia Romero Cruz

El Museo ubicado en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario en Totatiche, ha tenido varias etapas. Después del martirio de San Cristóbal Magallanes el 25 de mayo de 1927, que en ese entonces era Párroco de Totatiche, y de San Agustín Caloca, Vicario, la gente comenzó a guardar las pertenencias personales que tenía de los dos porque ya los consideraban santos. Entre las reliquias de segundo grado que se reunieron, fueron: ropa, utensilios de cocina que usaba para comer (platos, vasos) cuando visitaba a las familias, además de las cosas personales que se conservaron en la Parroquia, sus muebles, los libros con los que celebraban la Eucaristía, los ornamentos, etc. Poco a poco se fueron recabando y estuvieron resguardados en el Seminario. Pero las reliquias de primer grado son sus restos, sus huesos, y se encuentran en unas urnas que están depositadas en el interior de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en los altares laterales.
“Cuando inició el proceso de canonización –platicó el Pbro. Juan José Villanueva Ríos, que tiene 5 años como Párroco de Nuestra Señora del Rosario en Totatiche-, el Pbro. José de Jesús Gálvez Amezcua, comenzó a recolectar todas las pertenencias y en un Salón Anexo a la Parroquia, que se usaba para el catecismo, exhibió las pertenencias en unas vitrinas y fue cuando nació el Museo, esto fue hace unos 20 o 25 años”.
Pero hace 3 años se remodeló, se cambió el piso, se renovaron las vitrinas, se pusieron luces led, se grabaron algunos escudos, entre otros detalles.

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Reconocimiento mundial
El señor Cura relató que “la gente les tiene mucha fe, los invoca para todo, para curar enfermedades, solventar necesidades, resolver inquietudes y para que los ayude en peligros”. Asegura que la devoción a San Cristóbal se ha ido extendiendo en todo el país e incluso en el extranjero, como en Argentina, Italia, España, Estados Unidos de Norteamérica. Que incluso lo han nombrado Patrono de algunos Seminarios y Congregaciones Religiosas, en el país.
La fama se ha ido extendiendo principalmente entre las personas que estudian e investigan el acontecimiento de la Guerra Cristera, donde el señor Cura Magallanes tiene una presencia muy importante. Es por eso que el cariño y la devoción se han propagado.

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Un digno Santuario
En la cabecera municipal de Totatiche, se está construyendo un Santuario, con capacidad para 1000 personas, dedicado a San Cristóbal. El 25 de mayo de este año, que es el aniversario de su martirio, va a iniciar la tercera etapa de este recinto que es la construcción del techo.
Los Agentes de Pastoral de Nuestra Señora del Rosario son los que están trabajando para la recaudación de fondos junto con los hijos ausentes que habitan en el país vecino del norte y algunos que viven en otros lugares de México, pidiendo donativos, organizando kermeses y rifas. Además hay muchas personas que han sido beneficiadas con la intercesión del Cura Magallanes y se han convertido en bienhechores para poder concluir la edificación.

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90 años de su martirio

Fue sacrificado el 25 de mayo de 1927 en Colotlán, junto con San Agustín Caloca, de quien también se conservan y exhiben algunas pertenencias, como su cinturón, su cartera, su escapulario, etc.
Para conmemorar esta fecha se realiza un Novenario, comenzó el miércoles 17 de mayo, asisten peregrinos de distintos lugares. Se celebra la Eucaristía en un contexto de fiesta con cohetes y castillo. Las urnas con las sagradas reliquias salen en procesión por las calles del pueblo el día 25, por la tarde. Este año se van a llevar a su Santuario por la conclusión de la segunda etapa e inicio de la tercera.
Y como se está celebrando el 90º Aniversario de su martirio se va a inaugurar una explanada con un monumento de San Cristóbal, hecho de piedra, en el lugar donde el nació que se llama San Rafael, población de Totatiche.
Todos estos acontecimientos son en preparación de la conmemoración del Centenario del Martirio de San Cristóbal, en 2027, donde la principal novedad será el Santuario terminado.

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En defensa
de la libertad religiosa

Testimonio de Fe

El grito de ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!, sigue haciendo eco en el Siglo XXI. A 17 años de la Canonización de San Cristóbal Magallanes y compañeros Mártires y a 90 años de la Guerra Cristera, es primordial escuchar los testimonios de las personas que vivieron y experimentaron el anticatolicismo.

Conchita Plascencia editRebeca Ortega Camacho

María Concepción Plascencia Parra nació el 4 de marzo de 1917 en Guadalajara, Jalisco; la novena de diez hijos de un matrimonio con profundas raíces católicas. En entrevista para Semanario recapituló los años de la implementación de la “Ley Calles” y cómo esas reformas suscitaron que su familia tuviera que salir del país. Además, el recuerdo de su participación en la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) y su asistencia al funeral del Beato Anacleto González Flores, “El maistro Cleto”.
“Andaban inspectores sondeando por un lado y por otro, buscando sacerdotes para llevarlos a la cárcel y después fusilarlos”. Entre algunas anécdotas, recuerda que para que su hermanito recibiera la Primera Comunión, su mamá lo llevó a la casa del padre y en Misa de 5 de la mañana, recibió el Sacramento de la Eucaristía. Y cuando sus papás cumplieron 25 años de casados, el sacerdote celebró la Misa en su casa. “En ese tiempo nuestro párroco, era el Padre y después Obispo Vicente M. Camacho. También fue mi primer confesor, hice mi Primera Comunión en el Templo de San Miguel a los 4 años.
“Mi infancia fue muy bonita, pero muy triste por la situación. Me tocó precisamente el tiempo de la persecución por la “Ley Calles”. Mi papá que era un católico acendrado dijo: ‘miren hijas, aquí ya no podemos ni adorar a Dios’, y nos trasladamos toda la familia a Estados Unidos.
“Nos fuimos en 1928, tenía 11 años, me fui llorando porque yo amé a mi patria desde chica. Dejamos nuestra casa (fundada en 1926, en el centro de la Ciudad) con mucha tristeza. Pero mi papá dijo, ya no se puede, porque ni Misa, no había culto sencillamente. Estaba aquí el Templo de los Santos Ángeles, como está ahorita, con la imagen de la Virgen de Guadalupe; fui a despedirme de ella llorando y le prometí que mi primera visita, si regresábamos era para irla a verla para darle las gracias y lo hice, cumplí con mi promesa (3 años después)”, relató la señorita Conchita.
En otro país, con diferentes costumbres, sin conocer el idioma, la familia Plascencia Parra ubicó su nueva residencia, precisamente a dos cuadras de Hollywood Boulevard en Los Ángeles, California. “En Estados Unidos, fue una experiencia muy diferente, con libertad. Asistimos a una escuela católica, con religiosas y todas allá andaban con sus hábitos. Nos tocó una parroquia muy bonita, Blessed Sacrament, que era de los Jesuitas. Esa fue mi infancia”. Regresaron a México en 1931.

Participación en la ACJM
“Una de las cosas que me gustó mucho fue la Acción Católica, que acababa de fundar Anacleto González Flores, la ‘Unión Católica de la Juventud Mexicana’; me integré en el Templo Expiatorio, con el Padre que le decíamos ‘Chiquito’, el Padre Javier Nuño.
“Con la “Ley Calles” se prohibió el culto; fue cuando Anacleto que era valiente y al mismo tiempo un Cristiano de carta cabal, tomó el papel de defender los derechos de la Iglesia. Se reunían en casas grandes y él daba juntas. Se congregaba la gente y él les hablaba de cómo teníamos que defender la Iglesia, defender nuestros derechos y salían con unas ganas de ser mártir.
“Una hermana, Rosario, tenía 18 años cuando se levantaron los Cristeros y se quería ir, ella estaba dispuesta a ser mártir (sus papás no la dejaron, porque era peligrosos). Los Cristeros necesitaban que se les llevaran municiones y alimentos; cooperar con ellos para que lucharan. Las muchachas hicieron como corsets, con costuras muy pegaditas y metían las balas entre una y otra”, dijo la entrevistada.

El funeral del “maistro Cleto”
El Licenciado Anacleto González Flores, nació en Tepatitlán, Jalisco, el 13 de julio de 1888. En 1922 se tituló de abogado y contrajo matrimonio. En 1925 fue presidente y fundador de la “Unión Popular de Jalisco”. Desde antes de 1926 luchó porque no se realizara la rebelión armada, él siempre se manifestó de forma pacífica. Fue tomado prisionero el 1º de abril de 1927 y sin proceso ni sentencia fue cruelmente ejecutado en el cuartel colorado de Guadalajara. “Lo colgaron de los pulgares, se le azotó, se le torturó para arrancar nombres de ilustres católicos. Por fin, le hundieron una balloneta en la espalda”. Murió a los 38 años de edad.
“Conchita (María Concepción Guerrero Figueroa), esposa de Anacleto, era amiga de mis hermanas mayores; él dejó un niño de 3 años y un bebé. “Cuando lo cogieron, lo martirizaron, fue muy terrible. Lo mataron en la cárcel y cuando lo llevaron a su casa, lo pusieron en un cajón muy pobre. De suerte que como estaba tan herido, corría la sangre alrededor del cajón.
“Era una casa que tenía rejas, que daban hacia la banqueta y nada más a través de las rejas lo podían ver. Solamente nosotros pudimos entrar. Yo estuve a un lado del cajón; me acuerdo que tenía la boca abierta y una raya de sangre sobre sus labios. Estuve a un lado  y las personas que estaban afuera, en la banquea, me daban escapularios y estampas para que se los pusiera sobre su cuerpo y se las regresaba. Lola, mi hermana, llevó una rosa blanca y la pasó alrededor de su cuerpo. Otra hermana, recogió muchos testimonios.
“En el Santuario (de Guadalupe), lo enterraron y pusieron una placa con las palabras: ‘Verbo, vita et sanguine docuite’. Los ACJMeros fueron los primeros en honrarlo el día de su martirio, el 1° d abril. Al Santuario, iban con sus banderas de la Unión Católica, ellos fueron a honrarlo, a venerarlo. Unos años después, lo exhumaron para cambiarlo, y estuve presente; sacaron la urna, no encontraron más que polvo y tengo de ese polvo, una reliquia”, señaló la señorita Conchita, que el pasado mes de marzo cumplió 100 años de vida.
Un recuerdo más, con Anacleto, fue en los primeros días de su vida. “Resulta que mis papás escogieron como mi padrino de bautismo a Hilario Pérez, que era amigo íntimo de Anacleto González Flores y cuando me bautizaron, lógico que iba a invitar a su amigo. Me dijo mi hermana, que ese día repartieron bolos y que Anacleto estaba tan contento tocando la guitarra y me tenía en sus brazos, así que tuve ese privilegio”.
Otra lucha en defensa de la libertad religiosa que enfrentó Concepción Plascencia fue cuando el gobierno de Lázaro Cárdenas estableció la educación socialista en México. Ella participó del movimiento estudiantil que tenía como objetivo “preservar la libertad de cátedra y la autonomía universitaria. Recuerda su participación en la manifestación pacífica que tuvo lugar el 3 de marzo de 1935 que fue disuelta violentamente y en la que murieron baleadas tres personas.
A pesar de todo lo que ha vivido, la entrevistada, que tiene un siglo de vida y continúa la labor de Evangelización enseñando el catecismo, manifiesta: “yo no he perdido la Fe” y exhorta a los cristianos a “aprovechar la libertad que tenemos”.

Fuente: http://www.semanario.com.mx/ps/2017/05/sangre-cristera-entrega-de-amor-valiente/

Categorías:beatos y Santos, General

El sabor de la mediocridad

El sabor de la mediocridad
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22 de Mayo de 2017 /

Redacción (Lunes, 22-05-2017, Gaudium Press) De gustos no hay nada escrito, reza un conocido adagio. En lo que concierne a la culinaria, el que nos guste una comida u otra, puede ser que no tenga tanta trascendencia, si bien el hombre es cuerpo y alma y hasta en sus costumbres alimenticias podemos percibir ciertas facetas del alma.

Pero en lo que se refiere a los gustos espirituales, pasamos a otro nivel muy alto de relevancia al que no podemos ser indiferentes, si tomamos en cuenta el que dependiendo de cuales sean los “gustos” de las personas en esta materia, veremos trazarse ante nuestro ojos y “paladares” el rumbo al que se dirige la humanidad, la Historia…

¿Pero qué tipos de gustos espirituales podríamos diferenciar en la sociedad actual en que prepondera la idea de la “religión a la carta”? No hace falta ser un gran catador de lo espiritual para darse cuenta que abundan sabores y gustos mucho más que lo abundan en la culinaria. Pero analizando un poco podremos diferenciar ciertos grupos, que parecen ser los de la mayoría.

 

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Mediocres indiferentes

No es para nada raro encontrar personas que se autodenominen indiferentes en lo que respecta a los gustos espirituales. Y llámense agnósticos, católicos no practicantes, new age, sincretistas espiritualistas o como se quiera, en realidad representan un subgrupo más dentro de lo que podríamos denominar, el grupo de las personas con sabor a mediocridad.

Mediocres en el actuar

Existe otro subgrupo humano con este “sabor” peculiar, al que le gustan mucho las palabras, e incluso aparentar ser idealistas; pero su idealismo no pasa de publicaciones en redes sociales, discusiones entre amigos, y a lo mucho algún insulto…en fin, no pasa de mera verborragia. Y cuando se les pide poner de sí mismos, se les pide el sacrificio, es que revelan su mediocridad.

Este pseudo-idealismo mediocre conviene resaltar es más común de lo que parece hoy en día, en los más variados campos, sea religión, política, academia, etc…

Mediocres intelectuales

Dios no es igualitario, y por eso ha creado algunos seres humanos con mayores capacidades intelectuales que otros, por lo que no solo es injusto, si no tonto, pretender que todas las personas tengan una igual comprensión de la realidad, y de asimilar conocimientos.

Pero tenemos que saber que esto no excusa para nada, a aquellos que sea por pereza, dejadez, o un vergonzoso miedo a ver la Verdad de frente, prefieren quedarse en el manso lago de la mediocridad intelectual, que entrar en el tormentoso mar de la realidad y ver las cosas como son, sin tapaderas, en toda su asombrosa complejidad.

Una mediocridad de las peores, pues evita que se busque la verdad con honestidad, sin importarse de las terribles consecuencias que puede traer el conocer la cruda realidad, muchas veces triste, pero al final alentadora.

Pero es bueno aclarar, que en la búsqueda de esa Verdad, no se puede prescindir de la gracia, del auxilio Divino, sin el cual es imposible encontrar el Camino, que es la Verdad y la Vida.

Mediocres filosóficos

Los mediocres que prefieren abrazar lo absurdo, las teorías más “tiradas de los pelos”, antes que tener que doblegarse ante las verdades inmutables, para de esa manera encontrar un falso sosiego en sofisticados sofismas, que son un anestésico para su conciencia atribulada.

Mediocres “tolerantes” y “pacificadores”

Quizás los mediocres más prestigiosos son los “grandes hombres” que en nombre del humanitarismo proclaman la necesidad de tolerar todo, hasta lo absurdo, de tolerar el pecado, y no el pecador, y de mantener la “paz del mundo” no la de Cristo, a todo costo para evitar cualquier conflicto e incomodidad.

Sin considerar que “… una buena paz es mejor que una buena guerra, y una buena guerra es aún mejor que una mala paz.” 1. Y que Jesucristo dijo: “No vine a traer paz, sino espada” (Mt 10, 34)

La virtud mundana de la “tolerancia” es como decía G. K. Chesterton…”la virtud de los que no tienen ninguna convicción”.

Una de las preferidas “virtudes” del mal, porque es la que les permite avanzar y ganar terreno hasta que siendo más poderosos la dejan atrás para acabar con lo que queda de bien.

Muy común y fácil es el justificar esta falsa tolerancia con las palabras del propio Señor Jesucristo, diciéndonos que debemos poner la otra mejilla, pero:

“Tampoco cuando emplea la imagen retórica de poner la otra mejilla nos está pidiendo Cristo que nos convirtamos en unos seres pasivos que se dejan vapulear por sus agresores, sino que nos recuerda que Dios está con quien recibe una agresión por su causa; y que debemos hacérselo ver al agresor, para que entienda que el daño de su bofetada es ínfimo, comparado con el beneficio de la caricia divina.” 2

Por otro lado, el León de Judá muy claro nos dejó en sus discusiones con los fariseos hipócritas como debemos actuar delante del mal, y que no hay que reservar energías cuando de defender el Templo se trate.

Pero en nuestra sociedad blandita, acostumbrada a los sabores artificiales y químicos, sabe a dulce la habladuría de estos mediocres cuando en realidad, bien desagradable es su discurso con sabor a plástico.

Mediocres envidiosos

“La envidia es el reconocimiento de la propia mediocridad.” Plinio Correa de Oliveira

Mediocres mediocres

Existen también los mediocres con un especial sabor a redundante mediocridad que generalmente unen las “virtudes” de todos los anteriores con un toque más acentuado de monótona vulgaridad, que se ve reflejado en lo aborregado e insípido de su actuar… Quienes conocen alguno, saben a qué me refiero.

Mediocres diabólicos

Aunque son menos, también existen un tipo de mediocres con un especial grado de perversidad. Algunos definen a quienes pecan con un especial conocimiento de la ofensa que realizan a su Creador, como pecadores diabólicos, pues el Diablo sabía lo que hacía. Así también hay mediocres diabólicos que conociendo el pérfido papel que realizan, lanzan su veneno relativista con la intención de destruir los tejidos más sensibles de la sociedad, y lo hacen con convicción.

La madre de todos los vicios

¿Pero cómo un solo término – mediocre- puede abarcar tantas definiciones?

Se le atribuye a la sabiduría popular la tesis de que: “La pereza es la madre de todos los vicios”, y si analizamos la mediocridad como siendo la mayor expresión de la pereza, tiene mucho sentido, y así comprendemos como muchos y diversos males pueden provenir de esa misma raíz.

Decía el Dr. Plinio Correa de Oliveira que la mediocridad es “el mal de los que, enteramente absorbidos en las delicias de la pereza y por la exclusiva deleitación de lo que está al alcance de la mano, por el entero confinamiento de lo inmediato hacen del estancamiento la condición normal de sus existencias. No miran para atrás, pues les falta el sentido de lo histórico, no miran hacia el frente o para arriba: no analizan ni preveen. Tienen pereza de se abstraer, de alinear silogismos, de sacar conclusiones, y su vida mental se cifra en la sensación de lo inmediato” 3

Definición que bien podríamos aplicar a las masas humanas que en la actualidad son arrebañadas y conducidas por el camino de la mediocridad hacia el abismo.

¿Como le sabe a Dios la mediocridad?

La mediocridad cuesta caro, ¡y que caro le costará a nuestra sociedad si no abre los ojos a la realidad!

Si no hacemos un detenido examen de conciencia, pues muchos en algún punto nos dejamos llevar por la mediocridad, que es parte de nuestra miseria humana.

A pesar de que hemos podido comprobar la gran gama de desagradables sabores que puede presentar la mediocridad, una cosa tienen en común, y es que se sirve tibia.

No se nos propone como maldad militante, como una frívola comida, dura y extravagante. Y tampoco se nos propone como un plato caliente y saludable, íntegro en el bien, ardiente y radical en su búsqueda de lo Absoluto. Si no, como un plato tibio de desagradables lentejas, que vilmente cambiamos por la primogenitura.

Y bien sabemos por las escrituras que piensa Dios de los platos tibios: “Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, Yo te vomitaré de mi boca” Apocalipsis 3:16.

Por Santiago Vieto

______
1- G. K. Chesterton – El Hombre Eterno
2- Juan Manuel de Prada – Santa Ira / http://infocatolica.com/blog/notelacuenten.php/1509220253-santa-ira
3-Plinio Correa de Oliveira. “Mediocres y mediocrátas”, Folha de Sao Paulo, 20.06.1981.

 

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LA CARIDAD POLÍTICA: MISIÓN DE LOS LAICOS

LA CARIDAD POLÍTICA: MISIÓN DE LOS LAICOS

 

Somos Iglesia para la misión…. y nuestra vocación es la caridad política

 LA CARIDAD POLITICA:

Se trata del amor eficaz a las personas, que se actualizan en la prosecución del bien común de la sociedad. 

El amor que se expresa en la preocupación por los asuntos comunes. 

Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común. Ésta es la vía institucional —también política— de la caridad…. Ésta caridad en las instituciones, no es menos cualificada e incisiva que la caridad asistencial eclesial. (CIV 7)

En muchos aspectos, el prójimo que tenemos que amar se presenta “en sociedad”, de modo que amarlo realmente, socorrer su necesidad o su indigencia, puede significar algo distinto del bien que se le puede desear en el plano puramente individual: amarlo en el plano social significa, según las situaciones, servirse de las mediaciones sociales para mejorar su vida, o bien eliminar los factores sociales que causan su indigencia. La obra de misericordia con la que se responde aquí y ahora a una necesidad real y urgente del prójimo es, indudablemente, un acto de caridad; pero es un acto de caridad igualmente indispensable el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria” (CDSI 208).

La política es una de las formas más elevadas del amor, de la caridad. ¿Por qué? Porque lleva al bien común (Papa Francisco). Y una persona que, pudiendo hacerlo, no se involucra en política por el bien común, es egoísmo; o que use la política para el bien propio, es corrupción.

Esta expresión, caridad política, aparece ya utilizada (y muy probablemente por primera vez en el ámbito del magisterio de la Iglesia) por Pio XI, en su discurso de 18 de diciembre de 1927, a la Federación Universitaria Católica Italiana –FUCI-. Si Mussolini había acusado a la FUCI de ir más allá del apostolado e incurrir en la actividad política, Pío XI proclamará que la política, en cuanto atiende al interés de la entera sociedad constituye  “el campo de la más amplia caridad, la caridad política”.

En varias de sus encíclicas, pero especialmente en Sollicitudo rei socialis, Juan Pablo II se refiere a la solidaridad, en cuanto virtuosa preocupación por el bien común (es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común), enunciada por Pablo VI como “civilización del amor”, un concepto que ha sido reiteradamente recogido recientemente por el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, que le ha dedicado un entero y final capítulo conclusivo. Juan Pablo II ha hablado, en el mismo sentido, de “amor social” (RH 15). Y Benedicto XVI caridad social, la caridad propia ejercida por los fieles laicos, con autonomía y bajo su responsabilidad, en la vida pública, en las instituciones y en su actividad política. (DCE 29).

Esta dimensión pública de la caridad, definida como caridad social o política, está en el Compendio.

“…Es necesario que se muestre la caridad no sólo como inspiradora de la acción individual, sino también como fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos. En esta perspectiva la caridad se convierte en caridad social y política: la caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une” (CDSI 207).

También construir  estructuras de gracia (y justicia), es cosa de política. è Las decisiones personales no terminan en la persona que las provoca. Estamos rodeados de estructuras que no hacen visible el proyecto salvador de Dios. Son estructuras de pecado, en cuanto que nacen de decisiones personales inmorales y, sin embardo, terminan por justificar otras decisiones inmorales. Lo malo de las estructuras de pecado es que nos llevan a considerar como normal el mal que nosotros mismos hemos generado… (SRS 38).

Preferencia por los pobres….

“Vista la dimensión mundial que ha adquirido la cuestión social, este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor […]. Nuestra vida cotidiana, así como nuestras decisiones en el campo político y económico, deben estar marcadas por estas realidades” (SRS 42).

Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente extraordinario y aparezca como tal, es necesario que se vea en el prójimo la imagen de Dios según la cual ha sido creado,…. Se satisfaga ante todo a las exigencias de la justicia, y no se brinde como ofrenda de caridad lo que ya se debe por título de justicia; se quiten las CAUSAS de los males, no sólo los defectos, y se ordene el auxilio de forma que quienes lo reciben se vayan liberando poco a poco de la dependencia externa y se vayan bastando por sí mismos. (AA 8)

 

LA CARIDAD POLÍTICA EN LA DSI:

+ León XIII alienta a los católicos al compromiso evangélico en lo público, sin privatizar la fe. Se refiere a la caridad cristiana y a la solidaridad como “amistad”, la que se entrega toda entera a sí misma para utilidad de los demás y reconoce la potencialidad transformadora de la fe para cambiar la sociedad desde sus cimientos (RN 20-21, 41; 114-116).

+ Benedicto XV, considera la caridad como fuerza motriz que obliga a practicar la justicia y a eliminar las desigualdades. “El Evangelio no presenta una ley de la caridad para las personas particulares y otra ley distinta para los Estados y las naciones, que en definitiva están compuestas por hombres particulares” (Pacem Dei 11).

+ Pío XI, la búsqueda de un orden basado en los “principios más elevados y más nobles: la justicia social y la caridad social”, virtudes que no son sólo personales, sino que explícitamente tienen una pretensión política “construyendo un orden social y jurídico, cuyo alma sea la “caridad social” como forma de regular y frenar la dictadura económica imperialista que somete al mundo (QA 88).

Pío XI fue el primer Papa en utilizar literalmente la expresión “caridad política(cuando Mussolini le acusó de exceder los límites del apostolado al incidir en la política): El campo político abarca los intereses de la sociedad entera; y en este sentido, es el campo de la más vasta caridad, de la caridad política, de la caridad de la sociedad” (Discurso a los dirigentes de la Federazione Universitari Cattolici Italiani, 18 de diciembre de 1927).

+ Juan XXIII. En las Encíclicas sociales Mater et Magistra y Pacem in Terris, aparece la dimensión mundial, el carácter universal de la justicia social. Por caridad, el cristiano está llamado a buscar dentro de las instituciones “el Reino de Dios y su justicia” y se siente “vinculado a los demás para sentir como propias sus necesidades, alegrías, sufrimientos (…) con una actitud siempre cuidadosa con el interés ajeno” (MM 257). Posteriormente, viendo la creciente socialización e interdependencia, afirmará que el amor como servicio al prójimo se expresa, de la mejor manera, en la participación en las instituciones con el fin de ponerlas al servicio de todas y cada una de las personas en todos los campos de la vida humana (PT 146).

+ El Concilio Vaticano II sintetiza, sobre todo en Gaudium et spes, en Dignitatis Humanae y en Apostolicam Actuositatem las relaciones entre la caridad política y la ética para construir un mundo más acorde con el designio divino y una sociedad que cada vez más esté al servicio del desarrollo pleno de las personas. Mantiene una visión solidaria interdependiente de toda la humanidad, que rechaza toda ética individualista (GS 30). Se apuesta por dignificar la política, valorando el apostolado de los seglares, a modo de fermento, donde las asociaciones con finalidad social adquieren protagonismo (LG 31; GS 75; AA 2, 17-18). Nombra la “caridad y la fortaleza política” como actitudes del compromiso político de los cristianos (citando en nota el discurso mencionado de Pío XI el Concilio Vaticano II) (GS 75).

+Pablo VI en la Populorum Progressio extiende su mirada al conjunto del planeta y propugna una caridad universal que tenga la intención política de construir un nuevo mundo, para lo que no bastan las ayudas urgentes. Y para llegar a este cambio, exhorta al compromiso de los laicos y a la conversión de “mentalidad, costumbres, leyes y estructuras” (PP 81).

En la Octogesima Adveniens (OA 81) reflexiona sobre la acción política de los católicos; haciendo una llamada explícita a la participación política (a pesar de las dificultades), pues es ahí donde se deciden los modelos organizativos de las sociedades. Afirmará que este compromiso político es “un camino serio para ejercer el deber de todo cristiano de servir a los demás, lo cual exige: -discernimiento de la realidad a la luz del Evangelio y del pensamiento social de la Iglesia (OA 1), buscando responder concretamente a la pregunta ¿qué me exige el amor al prójimo, aquí y ahora?; -la transformación de las mentalidades y estructuras que sostienen el imperialismo de las multinacionales (OA 43-45); -construir una sociedad con democracia real y protagonismo de los ciudadanos, ya que está amenazada por la tecnocracia (OA 47. En este campo del compromiso, hay pluralidad de opciones, lo cual no debe hacer olvidar que todos han de preocuparse en “perfeccionar las estructuras y acomodarlas mejor a las verdaderas necesidades actuales” (OA 50).

+  Juan Pablo II. Ante una realidad de injusticia y “estructuras de pecado” (SRS 36), que llega de definir como “cultura de muerte” (EV 12), el Papa llama a los cristianos a la conversión y a un compromiso evangelizador para ir construyendo la Civilización del Amor y una Cultura de la Vida. Se refiere al “amor social” (RH 15) y a “la «opción preferencial por los pobres»; es definida como una «forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana» (SRS 42; CA 11).

+ Benedicto XVI sitúa la Encíclica Deus caritas est en la larga tradición de otras encíclicas sociales, no solamente por lo que representa la virtud de la caridad, sino también porque atribuye una importancia primordial a la virtud de la justicia.

Los fieles laicos tienen el deber inmediato de actuar a favor de un orden justo en la sociedad, por eso están llamados a participar en la vida pública, según sus posibilidades y limitaciones, en alguna acción socio-política, desde lo más pequeño o cotidiano hasta lo más alto; de esta manera, la variada actividad del laico es considerada por el Papa como “caridad social”(DCE 15, 19, 29).

En Caritas in veritate hace una llamada constante al desarrollo integral de la persona que a su vez incide en la sociedad, para lo cual es necesario vivir la caridad en la verdad” en todas las relaciones, tanto las más cercanas como las que se desenvuelven en las estructuras sociales, económicas, políticas… (nn.11, 34, 52,53 ss).

+ Los Obispos españoles, en el Documento Los católicos en la vida pública, acuñaron el término “caridad política”. La caridad política es presentada como consecuencia directa de la vida teologal, es decir, de una visión contemplativa que entiende el mundo y la historia dentro de la dinámica divina de la Creación y de la Redención y, por tanto, sin divisiones espiritualistas entre el campo de la fe y el de la política:

 

“Con lo que entendemos por ‘caridad política’, (…). Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo más justo y más fraterno, con especial atención a las necesidades de los más pobres” (nn.60-61).

 

PROPUESTAS DE COMPROMISO:

El servicio a la persona humana

Entre los ámbitos del compromiso social de los fieles laicos emerge, ante todo, el servicio a la persona humana: la promoción de la dignidad de la persona, el bien más precioso que el hombre posee, es « una tarea esencial; …..Los fieles laicos deben, por tanto, trabajar a la vez por la conversión de los corazones y por el mejoramiento de las estructuras, teniendo en cuenta la situación histórica y usando medios lícitos, con el fin de obtener instituciones en las que la dignidad de todos los hombres sea verdaderamente respetada y promovida. (552 CDSI)

Defensa de la vida humana

  • promover una cultura de la vida siempre respetuosa con la vida humana.
  • Proponer a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona, y exigir a los Estados la creación de políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad.

Hacia una profunda renovación cultural

  • Buena formación socio-política, con un buen análisis de la cultura dominante; y de la DSI
  • Centros culturales, foros públicos para el diálogo sobre los grandes problemas de la humanidad.
  • MCS que promuevan la dignidad de las personas y de los pueblos, se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad.
  • Defensa de la ley natural inscrita en el corazón del hombre y que, como tal es universal, inviolable e inalienable. La ley natural ha de ser el fundamento de todo diálogo político, cultural y religioso, ya que es la que nos indica cuales son “las exigencias fundamentales de la dignidad de la persona humana, de su vida, de la institución familiar, de la equidad del ordenamiento social, es decir, los derechos fundamentales del hombre”.
  • Tener presencia en el mundo de la escuela y de la universidad; los ambientes de investigación científica y técnica; los lugares de creación artística y de la reflexión humanista; y en los medios de comunicación social, instrumentos tan importantes para la formación de la mentalidad y de las costumbres.

Dirigir la globalización hacia un mundo más humano

  • Denuncia de las desigualdades.
  • Combatir las causa políticas de los grandes problemas de la humanidad, demostrando que la pobreza obedece mucho más a causas políticas, comerciales y culturales, que a los desastres naturales.
  • Eliminar las causas estructurales
  • Generar una opinión pública solidaria con los problemas de los empobrecidos de la tierra.
  • Trabajar para que en nuestros ambientes, instituciones…. Se vaya creando una conciencia solidaria.

Promover la lógica del don y la gratuidad en la economía

  • Debe haber un replanteamiento integral y moral de la vida económica, en donde la persona sea el centro de la economía y que no se guie por el máximo beneficio, sino según el bien común.
  • Profundizar en el surgimiento de un nuevo poder político, el de las asociaciones de consumidores.
  • Abrir otras formas de cooperación, nuevas iniciativas económicas que, sin renunciar al beneficio, vayan más allá de la lógica del lucro como fin en sí mismo.
  • Promoviendo la eficacia de las organizaciones sindicales, y promocionando la creación de nuevas formas de organización de trabajadores, nuevas formas de solidaridad entre quienes participan en el trabajo común.

 

CONCLUSIONES

Hoy sigue siendo urgente que los laicos tomen conciencia de su vocación y misión, de tal manera que en este siglo XXI pueda florecer un laico adulto que responda a la llamada de ser testigos del amor de Dios, manifestado en Jesucristo, en medio del mundo.

Si la falta de compromiso ha sido siempre algo inaceptable, el tiempo presente los hace aún más culpable. Añadiendo con angustia que a nadie le es lícito permanecer ocioso (Christifideles laici, 3). Las nuevas situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos.

Desde una fe unida a la vida, a los laicos se nos urge especialmente a asumir nuestra responsabilidad en la construcción de la sociedad como proyecto de vida en común, iluminando y penetrando de espíritu cristiano la mentalidad y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que vive, promoviendo la consecución del bien común en la actividad política, social, económica y en la vida profesional y familiar.

La Doctrina Social de la Iglesia refiere con insistencia que el campo propio, aunque no exclusivo, de la actividad evangelizadora y transformadora de los laicos es la vida pública, expresándose en los documentos con distintas expresiones: los laicos deben insertarse:

  • “…en el corazón del mundo y al frente de las más variadas tareas temporales” (EN 70),”…animando cristianamente el orden temporal…” (CL 42),
  • “…en las realidades temporales y en su participación en las actividades terrenas” (CL 17),
  • “…tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales…” (LG 31; 35, 36; GS 43; AA 3, 4, 7; AG 21).
  • Y todos “aquellos lugares y circunstancias en los que (la Iglesia) sólo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos” (LG 33; CL 15; AA 2).
  • “…Ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento” (AA 2).
  • El mundo es “el ámbito y el medio de la vocación de los cristianos laicos” (CL 17).
  • Los laicos “son Iglesia y son la Iglesia en el mundo…, con su presencia en la vida pública, hacen presente a la Iglesia en el mundo y transforman la sociedad según el espíritu del Evangelio” (CLIM 46)
  • “Lo que el alma es en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo” (LG 38).
  • Los fieles laicos “no pueden abdicar de la participación a la ´política´ (…), o sea a las múltiples y variadas actividades económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinadas a promover orgánica e institucionalmente el bien común” (CL 42).
  • Como señala Juan Pablo II, el laico es el nuevo protagonista “… lanzado en las fronteras de la historia: la familia, la cultura, el mundo del trabajo, los bienes económicos, la política, la ciencia, la técnica, la comunicación social; los grandes problemas de la vida, de la solidaridad, de la paz, de la ética profesional, de los derechos de la persona humana, de la educación, de la libertad religiosa” (Homilía de Juan Pablo II conclusiva del Sínodo de 1987, n. 7).
  • “La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la vida pública y aceptan las cargas de este deber” y pide que aquellos fieles laicos que tienen capacidad para ello “se consagren […] al servicio de todos con el amor y la fortaleza que la vida política exige” (GS, 75).
  • “En esta hora magnífica y dramática de la historia ante la inminencia del tercer milenio -dice Juan Pablo II-, nuevas situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas y culturales, exigen hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos. Si la falta de compromiso ha sido siempre inaceptable, el tiempo presente lo hace aún más culpable, A nadie le es lícito permanecer ocioso” (ChfL 3).

Construir la « civilización del amor »

La finalidad inmediata de la doctrina social es la de proponer los principios y valores que pueden afianzar una sociedad digna del hombre. (CDSI 580)

El amor debe estar presente y penetrar todas las relaciones sociales: Este amor puede ser llamado « caridad social » o « caridad política ». (CDSI 581)

Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social —a nivel político, económico, cultural—, haciéndolo la norma constante y suprema de la acción. (CDSI 582)

“Cada laico debe ser ante el mundo un testigo de la resurrección y de la vida del Señor Jesús y una señal del Dios vivo. Todos juntos y cada uno de por sí deben alimentar el mundo con frutos espirituales (cf. Ga 5,22) y difundir en él el espíritu de que están animados aquellos pobres, mansos y pacíficos a quienes el Señor en el Evangelio proclamó bienaventurados (cf. Mt 5,3-9). En una palabra, lo que el alma es en el cuerpo, son los cristianos en el mundo” (Lumen Gentium, 38..)

 

Pablo Matute (militante cristiano)

Extracto de la ponencia “Misión Especifica de los laicos: Caridad Política” 

(Aula Doctrina Social de la Iglesia / febrero 2017)

Categorías:DSI

Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2017

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Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2017

El día 4 de junio se celebra la Solemnidad de Pentecostés y día de la Acción Católica y Apostolado Seglar. Bajo el lema “Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo ” la Jornada nos invita a sembrar la Palabra de Dios para ser promotores del diálogo en la sociedad y constructores de la civilización del Amor. De esta manera, podremos transmitir los valores y actitudes que contribuyan a construir un mundo más justo y fraterno.

“Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo ”

4 de junio de 2017
(Solemnidad de Pentecostés)

2017_Solemnidad_Pentecostés

2017_Solemnidad_Pentecostes_CartelCastellano

Lunes 8 mayo, 2017

 

 

Fuente:http://www.conferenciaepiscopal.es/dia-la-accion-catolica-del-apostolado-seglar-2017/

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Teología del laicado en el Vaticano II

Teología del laicado en el Vaticano II

04.01.12 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

Iglesia y laicado

Ningún concilio, antes del Vaticano II, había hablado específicamente del laicado. El capítulo IV de Lumen Gentium está dedicado exclusivamente a los laicos, aunque en un primer momento quedaban unidos al capítulo “Pueblo de Dios”, la redacción final les dedicó un apartado exclusivo.

Debemos destacar dos novedades en la estructura de dicho capítulo: del número 30 al 33 se describe el laicado de manera positiva señalando qué significa ser laico. Del número 34 al 38 se presenta la estructura teológica del laicado a partir de los tria munera de Jesucristo: sacerdote, profeta y rey.El elemento teológico más importante y positivo lo encontramos en el número 31, del cual podemos destacar dos cosas:

– La participación del ministerio triple del Pueblo de Dios:
«Con el nombre de laicos se designan aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia. Es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde» (LG 31).

– La índole secular de los laicos:
«El carácter secular es propio y peculiar de los laicos. Pues los miembros del orden sagrado, aun cuando alguna vez pueden ocuparse de los asuntos seculares incluso ejerciendo una profesión secular, están destinados principal y expresamente al sagrado ministerio por razón de su particular vocación. En tanto que los religiosos, en virtud de su estado, proporcionan un preclaro e inestimable testimonio de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas. A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios. Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las que su existencia está como entretejida. Allí están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que están estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor» (LG 31).

DEFINICIÓN DEL LAICO CRISTIANO (Cf. CHILLEBEECKX, E., «Definición del laico cristiano», en “La Iglesia del Vaticano II”, pp. 977-997).

El descubrimiento del carácter “laico” del mundo presente y del “seglar” en la Iglesia influyó fuertemente en los primeros intentos de establecer una “teología sobre el laicado”. Algunos dudaban si esta conexión con el mundo debía entrar en la definición teológica, era entonces necesario definir eclesiológicamente el término “laico”. La Iglesia tiene una misión religiosa y no parecía que hubiese lugar para la inclusión de una relación secular en dicha definición. Así pues, el laico fue definido, en sentido más pronto negativo, en contraposición con quien ejerce un ministerio oficial en la Iglesia. El laico es aquel que no tiene ningún oficio.

Y en un sentido un poco más positivo, el cristiano recibe el nombre de laico en comparación con el cristiano que desempeña una función jerárquica. No queda claro que la situación secular, según la cual el cristiano sin oficio ha de vivir de acuerdo con sus principios cristianos, sea una situación tan cristiana como la de aquél que tiene oficio y que también debe vivir según sus principios. Es, por esta razón, por la que la descripción puramente negativa del laico en la definición no satisface.

El texto preconciliar «entiende por el nombre de laicos a los fieles que por el bautismo están incorporados al Pueblo de Dios, pero viviendo en el mundo, se guían únicamente por las normas generales de la vida cristiana… Se dirige la atención a aquellos fieles del Pueblo de Dios que no han sido llamados ni al orden jerárquico ni al estado religioso reconocido por la Iglesia, pero que de un modo peculiar, incluso por medio de actividades seculares deben esforzarse por conseguir la santidad cristiana».

La Comisión preconciliar declaró que no era su intención dar una definición teológica del laicado cristiano. Desde el principio, son tres las características que incluye el concepto de laico: El laico es presentado positivamente por su calidad de miembro de la Iglesia como Pueblo de Dios, y, restrictivamente, por no estar ordenado y, por tanto, por no pertenecer al orden jerárquico ni a una orden religiosa o congregación. El laico se ocupa de los asuntos de este mundo cristianamente.

El segundo esquema fue similar pero presentó una diferencia según la cual queda claro que los laicos no están fuera de la misión primordial, es decir, religiosa, de toda la Iglesia. Aunque sin tener oficio, deben contribuir activamente, y no solamente por medio de su actividad secular cristiana, sino también de una manera no clerical a la obra evangélica de la Iglesia.

El primer esquema hacía hincapié en la significación de la actividad secular, el segundo parecía contener una reacción implícita contra aquellos que tendían a basar la definición del laico cristiano en su relación con este mundo secular.

Muchos obispos pensaron que la definición de los laicos era demasiado negativa y breve, la realidad de la vida del laico en este mundo debería aparecer con más fuerza. Por eso, en el tercer esquema se intentó reconciliar a aquellos que querían recalcar más el lugar de los laicos en la Iglesia con las peticiones de los que deseaban poner de relieve la tarea cristiana de los laicos en el mundo.

Podría sintetizarse todo esto diciendo que el concepto de laicado constituye un “estado” en la Iglesia y el mundo, es la “situación o puesto propio” del laico con el fin de reconocer este mundo según su propio modo de ser, de dirigirlo hacia la gloria de Dios y de santificarse a sí mismo y a los que lo habitan. El cuarto esquema situará en su debida perspectiva el carácter religioso del laicado cristiano.

La Constitución evita expresamente toda forma de clericalismo. La definición del laico para el Concilio comprende tres elementos: el laico se define genéricamente por su pertenencia activa a la Iglesia como Pueblo de Dios; participa en la misión universal de toda la Iglesia y no desempeña una función oficial, tampoco es un religioso.

HISTORIA

Después de la II Guerra Mundial aparecen diversos estudios sobre la “teología del laicado”. Varios autores encuentran dificultad en el “carácter secular” del laico.

Y. Congar considera el laicado en conexión con una distinción, dentro de la Iglesia, entre la Iglesia como “institución” y como “comunidad” de salvación. Recalca su participación activa en la vida de la Iglesia dentro de su función sacerdotal, profética y real. Apunta que la función secular del laico debe ordenarse hacia la salvación. Más adelante, Congar afirmará que el laico cristiano contribuye al Reino de Dios ocupándose de la realidad secular y temporal.

E. Schillebeeckx señala la exigencia de empezar con un análisis de las riquezas religiosas de las cuales participan mutuamente laicos, sacerdotes y religiosos. Así se destacaría en el laico su calidad de miembro y también su participación en la misión primordial de la Iglesia.

H. Urs von Balthasar afirma que el laico se distingue de los clérigos pero no de los religiosos. A la Acción Católica la llama “laicos clericalizados”.

G. Philips pone de relieve la participación de los laicos en la misión primordial religiosa pero además afirma que los laicos han de realizar su salvación mediante su cometido respecto de los asuntos de este mundo.

Para K. Rahner el alcance del apostolado laico queda determinado específicamente por la situación concreta que ocupa en la sociedad temporal. Un laico que se dedica de lleno al apostolado eclesial y abandona sus actividades seculares ordinarias ya no sigue siendo un laico.

Así pues, hay autores que vinculan la palabra “laos” al sentido bíblico, refiriéndose al Pueblo de Dios y otros, apuntan al matiz moderno idiomático dado a la palabra laico, vinculándolo al mundo secular. I. de la Potterie explicaba que en el mundo grecoromano la palabra “laos” se refería al pueblo, en contraposición con sus jefes o príncipes.

ELEMENTOS ESENCIALES

Los tres elementos que encontramos en las discusiones de los últimos años sobre la definición teológica del laico se encuentran presentes en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia: un elemento positivo, como ya hemos dicho, es la pertenencia activa de todos los miembros del Pueblo de Dios: la Iglesia; un aspecto negativo: el laico como uno que no tiene oficio; y un elemento distintivo: la relación con el mundo secular en cuanto que así es como el laico busca el Reino de Dios.

El Concilio, de hecho, recalca que el laico debe cumplir su propia misión, no solamente en el mundo, sino también en la Iglesia, y no especifica la relación entre los tres elementos de la definición. Indica también que, como miembro del Pueblo de Dios, al laico le es propio contribuir a la obra de evangelización, aunque no tiene oficio.

CONSECRATIO MUNDI (Cf.CHENU, M. -D., «Los laicos y la “consecratio mundi”», en “La Iglesia del Vaticano II”, pp. 999-1015).

«Los laicos, como adoradores que en todo lugar actúan santamente, consagran el mundo mismo a Dios» (LG IV, 34). De esta manera, la expresión “consecratio mundi” entra en el vocabulario oficial y solemne de la Iglesia. Lo que en otro momento hubiera parecido banal adquiere ahora un sentido sólido.

Se refiere directamente al papel de los laicos en la construcción de la Iglesia y a la presencia de la Iglesia en el mundo. En 1962 el entonces cardenal G. B. Montini, explicitaba “consecratio mundi” en una Carta Pastoral a su Iglesia de Milán: «Consecratio mundi… es decir impregnar de principios cristianos y de fuertes virtudes naturales y sobrenaturales la inmensa esfera del mundo profano».

Como dice M. D. Chenu, el Concilio Vaticano II determina «un estatuto de los seglares en una Iglesia que ha tomado consciencia de que no es una sociedad levítica, “clerical”, sino una comunión de creyentes estructurada por la jerarquía apostólica» .

Nos damos cuenta de la evolución del Concilio para captar el papel del laico como artífice real en la vida de la Iglesia, de ahí que se pueda usar el término consagración como operación por la que el hombre, en nombre propio o mandado por una institución, retira una cosa de su uso corriente o aparta a una persona de su primera disponibilidad para reservarla a la Divinidad, para rendir pleno homenaje a la soberanía de Dios sobre su creación. Se aparta, pues, la cosa o la persona de su propia finalidad, se aliena para transferirla al Soberano supremo, origen de todo ser y fuente de toda perfección.

En síntesis, el papel del laico en la construcción del Reino de Dios nunca es subsidiario, al servicio y complemento de los clérigos, sino que es una misión constitutiva con verdadera responsabilidad evangélica. La obediencia doctrinal y disciplinar no reduce la cualidad ni la verdad del compromiso dentro del mundo secular, lugar del laico que determina su función como esencial a la evangelización.

Chenu continúa afirmando que la expresión “consecratio mundi” es «valiosa y bienhechora. Pero esto no puede ni debe hacerse más que dentro del conjunto y a la luz del misterio de la Encarnación» .

COOPERACIÓN DE LOS LAICOS CON LA JERARQUÍA EN EL APOSTOLADO (Cf. KOSER, C., «Cooperación de los laicos con la jerarquía en el apostolado», en “La Iglesia del Vaticano II”, pp. 1017-1035.)

Los laicos son corresponsables, junto con los ministros ordenados (obispos, presbíteros y diáconos) y con los religiosos y religiosas, de la misión de la Iglesia, una misión con una doble faceta: intraeclesial y extraeclesial. Ambos aspectos están íntimamente unidos y no se pueden separar.

La misión característica de los laicos es, estar en el mundo y servir a las personas con las que conviven y procurar que la familia de los hombres sea más humana, fraterna y llegue a transformarse en familia de Dios. Por tanto, el mundo, la sociedad, la comunidad humana, es el ámbito, el lugar y el medio donde los laicos deben desarrollar su vocación de cristianos. Los laicos, pues, han de estar presentes en el mundo, desde su trabajo concreto, como levadura en la masa, pues esta es su misión específica y peculiar.

«Los laicos también puede ser llamados de diversos modos a una colaboración más inmediata con el apostolado de la Jerarquía» (LG IV, 33), porque, entre otras razones, pueden tener una preparación más específica que algunos clérigos. Es esencial reconocer que el límite de su participación viene marcado por el poder que sólo confiere el sacramento del Orden.

CONCLUSIÓN

Por primera vez en la historia de la Iglesia, un Concilio se ocupa de los laicos en cuanto a tales, empieza así una “teología del laicado”. El meollo de todo el capítulo IV, “Sobre los laicos”, constituye una descripción tipológica del laico.

Así pues, como ya se ha dicho, el Concilio Vaticano II proporciona dos notas constitutivas: 1) Los laicos son todos los cristianos salvo los que tienen un orden sagrado o son miembros de un estado religioso reconocido por la Iglesia. 2) Los laicos viven en el mundo. La índole secular les es propia y peculiar y en este lugar, en el mundo, les es dirigida la llamada de Dios. El mundo es su campo de acción propio.

A partir de estas afirmaciones el Concilio Vaticano II describe la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, insistiendo en que todos los miembros del Pueblo de Dios, por razón de ser bautizados, participan en el triple ministerio o misión de Cristo: el ministerio sacerdotal, profético y real. Los laicos participan en el ministerio sacerdotal de Cristo cuando están unidos a Él y como Él se ofrecen a sí mismos al servicio de los demás y ofrecen todas sus actividades a Dios; participan del ministerio profético de Cristo cuando acogen con fe el evangelio y lo anuncian con palabras y con obras; y participan en el ministerio real de Cristo cuando sirven al Reino de Dios y cuando sirven, en la caridad y en la justicia, a Jesús presente en todos sus hermanos, especialmente los más pequeños .

Como destaca Chenu, «se da al seglar cristiano su lugar constitucional dentro de la Iglesia, no por la clericalización larvada, ni por su encuadramiento en instituciones cristianas sino por su mismo ser, por la participación del misterio mediante las virtudes de la fe, esperanza y caridad» (CHENU, M. -D., «Los laicos y la “consecratio mundi”», en “La Iglesia del Vaticano II”, p. 1012.).

BIBLIOGRAFÍA

– BARAÚNA, GUILLERMO, (DIR.), La Iglesia del Vaticano II, Juan Flors, Barcelona 1966.

– PIÉ-NINOT, SALVADOR, Eclesiología. La sacramentalidad de la comunidad cristiana, Sígueme, Salamanca 2007.

 

Fuente: http://blogs.periodistadigital.com/vocacion.php/2012/01/04/p308055

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