Teología del laicado en el Vaticano II

Teología del laicado en el Vaticano II

04.01.12 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

Iglesia y laicado

Ningún concilio, antes del Vaticano II, había hablado específicamente del laicado. El capítulo IV de Lumen Gentium está dedicado exclusivamente a los laicos, aunque en un primer momento quedaban unidos al capítulo “Pueblo de Dios”, la redacción final les dedicó un apartado exclusivo.

Debemos destacar dos novedades en la estructura de dicho capítulo: del número 30 al 33 se describe el laicado de manera positiva señalando qué significa ser laico. Del número 34 al 38 se presenta la estructura teológica del laicado a partir de los tria munera de Jesucristo: sacerdote, profeta y rey.El elemento teológico más importante y positivo lo encontramos en el número 31, del cual podemos destacar dos cosas:

– La participación del ministerio triple del Pueblo de Dios:
«Con el nombre de laicos se designan aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia. Es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde» (LG 31).

– La índole secular de los laicos:
«El carácter secular es propio y peculiar de los laicos. Pues los miembros del orden sagrado, aun cuando alguna vez pueden ocuparse de los asuntos seculares incluso ejerciendo una profesión secular, están destinados principal y expresamente al sagrado ministerio por razón de su particular vocación. En tanto que los religiosos, en virtud de su estado, proporcionan un preclaro e inestimable testimonio de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas. A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios. Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las que su existencia está como entretejida. Allí están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que están estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor» (LG 31).

DEFINICIÓN DEL LAICO CRISTIANO (Cf. CHILLEBEECKX, E., «Definición del laico cristiano», en “La Iglesia del Vaticano II”, pp. 977-997).

El descubrimiento del carácter “laico” del mundo presente y del “seglar” en la Iglesia influyó fuertemente en los primeros intentos de establecer una “teología sobre el laicado”. Algunos dudaban si esta conexión con el mundo debía entrar en la definición teológica, era entonces necesario definir eclesiológicamente el término “laico”. La Iglesia tiene una misión religiosa y no parecía que hubiese lugar para la inclusión de una relación secular en dicha definición. Así pues, el laico fue definido, en sentido más pronto negativo, en contraposición con quien ejerce un ministerio oficial en la Iglesia. El laico es aquel que no tiene ningún oficio.

Y en un sentido un poco más positivo, el cristiano recibe el nombre de laico en comparación con el cristiano que desempeña una función jerárquica. No queda claro que la situación secular, según la cual el cristiano sin oficio ha de vivir de acuerdo con sus principios cristianos, sea una situación tan cristiana como la de aquél que tiene oficio y que también debe vivir según sus principios. Es, por esta razón, por la que la descripción puramente negativa del laico en la definición no satisface.

El texto preconciliar «entiende por el nombre de laicos a los fieles que por el bautismo están incorporados al Pueblo de Dios, pero viviendo en el mundo, se guían únicamente por las normas generales de la vida cristiana… Se dirige la atención a aquellos fieles del Pueblo de Dios que no han sido llamados ni al orden jerárquico ni al estado religioso reconocido por la Iglesia, pero que de un modo peculiar, incluso por medio de actividades seculares deben esforzarse por conseguir la santidad cristiana».

La Comisión preconciliar declaró que no era su intención dar una definición teológica del laicado cristiano. Desde el principio, son tres las características que incluye el concepto de laico: El laico es presentado positivamente por su calidad de miembro de la Iglesia como Pueblo de Dios, y, restrictivamente, por no estar ordenado y, por tanto, por no pertenecer al orden jerárquico ni a una orden religiosa o congregación. El laico se ocupa de los asuntos de este mundo cristianamente.

El segundo esquema fue similar pero presentó una diferencia según la cual queda claro que los laicos no están fuera de la misión primordial, es decir, religiosa, de toda la Iglesia. Aunque sin tener oficio, deben contribuir activamente, y no solamente por medio de su actividad secular cristiana, sino también de una manera no clerical a la obra evangélica de la Iglesia.

El primer esquema hacía hincapié en la significación de la actividad secular, el segundo parecía contener una reacción implícita contra aquellos que tendían a basar la definición del laico cristiano en su relación con este mundo secular.

Muchos obispos pensaron que la definición de los laicos era demasiado negativa y breve, la realidad de la vida del laico en este mundo debería aparecer con más fuerza. Por eso, en el tercer esquema se intentó reconciliar a aquellos que querían recalcar más el lugar de los laicos en la Iglesia con las peticiones de los que deseaban poner de relieve la tarea cristiana de los laicos en el mundo.

Podría sintetizarse todo esto diciendo que el concepto de laicado constituye un “estado” en la Iglesia y el mundo, es la “situación o puesto propio” del laico con el fin de reconocer este mundo según su propio modo de ser, de dirigirlo hacia la gloria de Dios y de santificarse a sí mismo y a los que lo habitan. El cuarto esquema situará en su debida perspectiva el carácter religioso del laicado cristiano.

La Constitución evita expresamente toda forma de clericalismo. La definición del laico para el Concilio comprende tres elementos: el laico se define genéricamente por su pertenencia activa a la Iglesia como Pueblo de Dios; participa en la misión universal de toda la Iglesia y no desempeña una función oficial, tampoco es un religioso.

HISTORIA

Después de la II Guerra Mundial aparecen diversos estudios sobre la “teología del laicado”. Varios autores encuentran dificultad en el “carácter secular” del laico.

Y. Congar considera el laicado en conexión con una distinción, dentro de la Iglesia, entre la Iglesia como “institución” y como “comunidad” de salvación. Recalca su participación activa en la vida de la Iglesia dentro de su función sacerdotal, profética y real. Apunta que la función secular del laico debe ordenarse hacia la salvación. Más adelante, Congar afirmará que el laico cristiano contribuye al Reino de Dios ocupándose de la realidad secular y temporal.

E. Schillebeeckx señala la exigencia de empezar con un análisis de las riquezas religiosas de las cuales participan mutuamente laicos, sacerdotes y religiosos. Así se destacaría en el laico su calidad de miembro y también su participación en la misión primordial de la Iglesia.

H. Urs von Balthasar afirma que el laico se distingue de los clérigos pero no de los religiosos. A la Acción Católica la llama “laicos clericalizados”.

G. Philips pone de relieve la participación de los laicos en la misión primordial religiosa pero además afirma que los laicos han de realizar su salvación mediante su cometido respecto de los asuntos de este mundo.

Para K. Rahner el alcance del apostolado laico queda determinado específicamente por la situación concreta que ocupa en la sociedad temporal. Un laico que se dedica de lleno al apostolado eclesial y abandona sus actividades seculares ordinarias ya no sigue siendo un laico.

Así pues, hay autores que vinculan la palabra “laos” al sentido bíblico, refiriéndose al Pueblo de Dios y otros, apuntan al matiz moderno idiomático dado a la palabra laico, vinculándolo al mundo secular. I. de la Potterie explicaba que en el mundo grecoromano la palabra “laos” se refería al pueblo, en contraposición con sus jefes o príncipes.

ELEMENTOS ESENCIALES

Los tres elementos que encontramos en las discusiones de los últimos años sobre la definición teológica del laico se encuentran presentes en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia: un elemento positivo, como ya hemos dicho, es la pertenencia activa de todos los miembros del Pueblo de Dios: la Iglesia; un aspecto negativo: el laico como uno que no tiene oficio; y un elemento distintivo: la relación con el mundo secular en cuanto que así es como el laico busca el Reino de Dios.

El Concilio, de hecho, recalca que el laico debe cumplir su propia misión, no solamente en el mundo, sino también en la Iglesia, y no especifica la relación entre los tres elementos de la definición. Indica también que, como miembro del Pueblo de Dios, al laico le es propio contribuir a la obra de evangelización, aunque no tiene oficio.

CONSECRATIO MUNDI (Cf.CHENU, M. -D., «Los laicos y la “consecratio mundi”», en “La Iglesia del Vaticano II”, pp. 999-1015).

«Los laicos, como adoradores que en todo lugar actúan santamente, consagran el mundo mismo a Dios» (LG IV, 34). De esta manera, la expresión “consecratio mundi” entra en el vocabulario oficial y solemne de la Iglesia. Lo que en otro momento hubiera parecido banal adquiere ahora un sentido sólido.

Se refiere directamente al papel de los laicos en la construcción de la Iglesia y a la presencia de la Iglesia en el mundo. En 1962 el entonces cardenal G. B. Montini, explicitaba “consecratio mundi” en una Carta Pastoral a su Iglesia de Milán: «Consecratio mundi… es decir impregnar de principios cristianos y de fuertes virtudes naturales y sobrenaturales la inmensa esfera del mundo profano».

Como dice M. D. Chenu, el Concilio Vaticano II determina «un estatuto de los seglares en una Iglesia que ha tomado consciencia de que no es una sociedad levítica, “clerical”, sino una comunión de creyentes estructurada por la jerarquía apostólica» .

Nos damos cuenta de la evolución del Concilio para captar el papel del laico como artífice real en la vida de la Iglesia, de ahí que se pueda usar el término consagración como operación por la que el hombre, en nombre propio o mandado por una institución, retira una cosa de su uso corriente o aparta a una persona de su primera disponibilidad para reservarla a la Divinidad, para rendir pleno homenaje a la soberanía de Dios sobre su creación. Se aparta, pues, la cosa o la persona de su propia finalidad, se aliena para transferirla al Soberano supremo, origen de todo ser y fuente de toda perfección.

En síntesis, el papel del laico en la construcción del Reino de Dios nunca es subsidiario, al servicio y complemento de los clérigos, sino que es una misión constitutiva con verdadera responsabilidad evangélica. La obediencia doctrinal y disciplinar no reduce la cualidad ni la verdad del compromiso dentro del mundo secular, lugar del laico que determina su función como esencial a la evangelización.

Chenu continúa afirmando que la expresión “consecratio mundi” es «valiosa y bienhechora. Pero esto no puede ni debe hacerse más que dentro del conjunto y a la luz del misterio de la Encarnación» .

COOPERACIÓN DE LOS LAICOS CON LA JERARQUÍA EN EL APOSTOLADO (Cf. KOSER, C., «Cooperación de los laicos con la jerarquía en el apostolado», en “La Iglesia del Vaticano II”, pp. 1017-1035.)

Los laicos son corresponsables, junto con los ministros ordenados (obispos, presbíteros y diáconos) y con los religiosos y religiosas, de la misión de la Iglesia, una misión con una doble faceta: intraeclesial y extraeclesial. Ambos aspectos están íntimamente unidos y no se pueden separar.

La misión característica de los laicos es, estar en el mundo y servir a las personas con las que conviven y procurar que la familia de los hombres sea más humana, fraterna y llegue a transformarse en familia de Dios. Por tanto, el mundo, la sociedad, la comunidad humana, es el ámbito, el lugar y el medio donde los laicos deben desarrollar su vocación de cristianos. Los laicos, pues, han de estar presentes en el mundo, desde su trabajo concreto, como levadura en la masa, pues esta es su misión específica y peculiar.

«Los laicos también puede ser llamados de diversos modos a una colaboración más inmediata con el apostolado de la Jerarquía» (LG IV, 33), porque, entre otras razones, pueden tener una preparación más específica que algunos clérigos. Es esencial reconocer que el límite de su participación viene marcado por el poder que sólo confiere el sacramento del Orden.

CONCLUSIÓN

Por primera vez en la historia de la Iglesia, un Concilio se ocupa de los laicos en cuanto a tales, empieza así una “teología del laicado”. El meollo de todo el capítulo IV, “Sobre los laicos”, constituye una descripción tipológica del laico.

Así pues, como ya se ha dicho, el Concilio Vaticano II proporciona dos notas constitutivas: 1) Los laicos son todos los cristianos salvo los que tienen un orden sagrado o son miembros de un estado religioso reconocido por la Iglesia. 2) Los laicos viven en el mundo. La índole secular les es propia y peculiar y en este lugar, en el mundo, les es dirigida la llamada de Dios. El mundo es su campo de acción propio.

A partir de estas afirmaciones el Concilio Vaticano II describe la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, insistiendo en que todos los miembros del Pueblo de Dios, por razón de ser bautizados, participan en el triple ministerio o misión de Cristo: el ministerio sacerdotal, profético y real. Los laicos participan en el ministerio sacerdotal de Cristo cuando están unidos a Él y como Él se ofrecen a sí mismos al servicio de los demás y ofrecen todas sus actividades a Dios; participan del ministerio profético de Cristo cuando acogen con fe el evangelio y lo anuncian con palabras y con obras; y participan en el ministerio real de Cristo cuando sirven al Reino de Dios y cuando sirven, en la caridad y en la justicia, a Jesús presente en todos sus hermanos, especialmente los más pequeños .

Como destaca Chenu, «se da al seglar cristiano su lugar constitucional dentro de la Iglesia, no por la clericalización larvada, ni por su encuadramiento en instituciones cristianas sino por su mismo ser, por la participación del misterio mediante las virtudes de la fe, esperanza y caridad» (CHENU, M. -D., «Los laicos y la “consecratio mundi”», en “La Iglesia del Vaticano II”, p. 1012.).

BIBLIOGRAFÍA

– BARAÚNA, GUILLERMO, (DIR.), La Iglesia del Vaticano II, Juan Flors, Barcelona 1966.

– PIÉ-NINOT, SALVADOR, Eclesiología. La sacramentalidad de la comunidad cristiana, Sígueme, Salamanca 2007.

Categorías:General, Laicos

Disco ‘Todo es don’

“Algunas canciones toman las palabras de grandes testigos de nuestra fe y así, con ellos, alabamos, damos gracias, pedimos, nos comunicamos con Aquel que nos ama hasta el extremo de dar la vida por nosotros. No buscan tanto la inteligencia de la persona como su corazón, ante el cual se presenta un Dios enamorado y esperando una respuesta. la experiencia más común es que con ellas sea un poco más fácil comprender a Dios como persona, alguien a quien hablas y que te habla, que entra en comunicación contigo.

Para algunos jóvenes de A.C. en los últimos años estas canciones han sido un verdadero “descubrimiento”. Nos han llegado a través de algunos movimientos y grupos cristianos y, poco a poco, hemos ido consiguiendo algunas cintas grabadas ” en directo” en encuentros de oración o de celebración y estas grabaciones, de muy baja calidad, han ido rodando de mano en mano porque son agradables, a la gente le gusta y sobretodo le ayudan en su oración…”

“Ojalá esta pequeña aportación que ahora ofrece la Acción Católica de Madrid sirva para llamar la atención y animar a todos a cuidar mucho más nuestras canciones en las parroquias. No estamos hablando de grandes voces corales con o sin orquestación, me refiero ahora a canciones sencillas, acompañadas de una guitarra también sencilla,pocas o muchas voces, tampoco eso es muy importante, pero con un poco de gusto, con sentido de lo que se está cantando y de a quien se le está cantando, y con cierto cuidado de su adecuación al momento.

Así quieren ser nuestras canciones y así hemos querido grabarlas. Vienen a ser como una pequeña oración guiada, en donde todos los que están escuchando participan, en el mismo momento, de la misma oración y posteriormente, si el Espíritu les lleva por ahí, siguen repitiéndola y meditándola en su corazón.”

(Artículo de Ana Moya en la revista ASÍ de ACGM)

Ficha técnica:

– Voz: Ana Moya.
– Guitarras: Ana Moya y José Luis Martínez.
– Laud y Bandurria: José Ramón García.
– Coros: Enrique Martín.
– Arreglos: José Luis Martínez.

De venta en el Consejo Diocesano de Acción Católica General de Madrid.
C/ Silva12. 28004 Madrid

Telf: 91 522 22 67 / 48 08 – Fax: 91 522 22 67

e-mail: acgmadrid@gmail.com

Canciones del disco

¿Cómo ser un apóstol en un ambiente difícil? 13 consejos muy útiles

¿Cómo ser un apóstol en un ambiente difícil? 13 consejos muy útiles

Quiero ofrecerte algunas ideas , para que lo que quieres transmitir sea acogido por tu audiencia y sea Dios quien llegue a los corazones, más que tu mensaje

Por: Sebastian Campos | Fuente: http://catholic-link.com

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Una porción no menor de mi tiempo lo dedico a visitar comunidades, agrupaciones, movimientos y parroquias. Esas visitas son generalmente para hacer una charla sobre algún tema relacionado a la vida juvenil y la experiencia cristiana. Pero no siempre juego de local.

Un número no menor de mis experiencias consiste en dar conferencias en colegios, universidades, institutos y otras organizaciones con jóvenes y adultos no católicos, a veces incluso ni siquiera son cristianos. Solo están sentados ahí porque los obligaron a ir y porque el organizador de la actividad tiene la esperanza de que esa charla les toque el corazón. Casi nunca es fácil y casi nunca es cómodo, pero siempre pasan cosas y siempre Dios está en medio de todo haciendo algo.

Sobre eso quiero compartirte. Seguramente tu tienes que verte varias veces en el año con audiencias que no les interesa el tema «Dios», «fe», «religión», «catequesis, «valores» o cualquiera de las cosas que a ti sí te interesan y que son la razón por la que estás ahí parado con todo listo para entusiasmar y motivar a una experiencia de fe o para profundizar en alguna experiencia cristiana.

Quiero ofrecerte algunas ideas (no solo para salir sin tomates ni huevos sobre la cabeza), sino para que lo que quieres transmitir sea acogido por tu audiencia y sea Dios quien llegue a los corazones, más que tu mensaje. Estas ideas no son leyes, tampoco son métodos infalibles; son solo algunas estrategias y principios que he ido descubriendo en la medida que me ha ido mal y he tenido que replantearme, no para comunicar bien, sino para que Dios no se quede a medio camino y sea Él quien hable a través mio. No solo se aplican cuando te veas enfrentado a dar charlas, sino cuando tengas que argumentar algo tema cercano a tu fe, en tu clase de la universidad, en tu trabajo, con un grupo de amigos, en tu familia, etc.

«La pastoral juvenil, tal como estábamos acostumbrados a desarrollarla, ha sufrido el embate de los cambios sociales. Los jóvenes, en las estructuras habituales, no suelen encontrar respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas». (Evangelii Gaudium 105).

1. No te desesperes

Es una reacción natural comenzar a sudar, hablar más rápido y más fuerte, e incluso exasperarte. No te desesperes ni entres en pánico. No hagas sentir a nadie que estás sufriendo intentando hacer algo que no debería ser incómodo (aunque lo sea). Recuerda quien te puso ahí, recuerda cuál es tu motivación. No se trata de decir todo y salir corriendo, se trata de transmitir un mensaje que vives. Significa comunicar algo realmente importante que puede cambiar la vida de las personas.

2. Con audiencias grandes: sé cercano

Es difícil mantener a un gran número de personas completamente atentas a lo que estás intentando compartir y comunicar. Evita comenzar por la información dura: cosas como fechas, datos estadísticos, citas textuales y grandes cantidades de texto; todo eso que hace que la gente se disperse y se distraiga. Cuando la audiencia es grande es más fácil llegar al corazón que a la cabeza. Comienza por ahí. En Chile decimos «tocar la fibra», que se refiere a interpelarlos más que con contenidos concretos, con experiencias y con ideas que les hagan sentido. Hazlos emocionarse como tu estás emocionado.

3. Con audiencias pequeñas: dirígite a ellos como te dirigirías un amigo

No esperes que se conmuevan hasta las lágrimas cuando les cuentes una historia, tampoco que rían al punto de rompen en aplausos y carcajadas. Las audiencias pequeñas son un buen lugar para ser concreto, pues es más fácil mantenerlos atentos, mirarlos a los ojos y hablarles por su nombre, como con los amigos. Las audiencias pequeñas son un buen escenario para dar números, fechas, listas de cosas, datos históricos y cualquier tipo de contenido teórico que sea más cercano al mensaje, todo esto acompañado de tu experiencia personal.

4. Transmite una experiencia, no entregues una información

«El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio» ( Evangelii nuntiandi, n. 41).
Por lo tanto, tomando las palabras del Papa Pablo VI, aunque el mensaje que compartas contenga contenidos y doctrina, el gancho que mantendrá a tu audiencia atenta es tu testimonio de vida y tu «ser cristiano en la vida real» más que en los libros. Pero no olvides que es fundamental el contenido. No te quedes pegado en la anécdota, también necesitamos estructura y una base sólida, sino no sabemos dónde iremos a parar.

5. ¡Ve al punto!

«Lo que pasa es que lo que quiero decirte te lo quería decir pero no estoy seguro de poder decírtelo porque al decirlo la verdad es que no te lo estoy diciendo…». No des vueltas o los vas a marear. Si lo que tienes para compartir es breve, pues sé breve. No es necesario que te extiendas más allá de lo necesario y que el querer complementar una idea te haga zarandearte de un lado para el otro sin ser concreto y puntual. Nada más revisa de vez en cuando el twitter del Papa Francisco, que en menos de 140 caracteres nos da tremendos mensajes y no necesita de toda una hora.
6. El humor es un buen ingrediente

No tienes que preparar una rutina de «stand up comedy», tampoco tener una lista de chistes escritos para salir del paso cuando todos se distraigan (aunque a veces sirve tener alguno bajo la manga por si las moscas).
Es un dato, que algunos santos tenían una notable vena humorística, incluso supieron utilizarlo para transmitir el propio carisma. Tal es el caso —entre muchos— de San Juan Bosco que hasta tenía que hacer de mago y equilibrista Santa Teresa de Ávila, con un gran sentido del humor pero pasando por momentos difíciles y muchas pruebas, dijo a Dios en oración: «Si esta es la forma en que tratas a tus amigos, ¡No es de extrañar que tengas tan pocos!». Se trata de que seas tú, espontáneo, alegre y natural –obviamente guardando los cuidados de solemnidad si la ocasión lo requiere–. Usa el humor a tu favor, hazlos reír, ríete con ellos, pero nunca te rías de ellos.
7. Los Santos son un excelente ejemplo. Conoce sus historias y dalas a conocer
santos

Conocer las historias de los santos es importante, no sólo porque inspiran nuestras vidas y son un modelo en cuanto al seguimiento de Cristo, sino porque además son una fuente inagotable de anécdotas, historias entretenidas y testimonios de fragilidad humana pero lucha y santidad, que de seguro te ayudarán a ejemplificar lo que sea que quieres comunicar.
Cada vez que puedas, estudia la vida de algún santo, tener ese conocimiento fresco en tu memoria no solo te ayudará a salir del paso con una buena historia, sino que es la Iglesia misma la que se pone contigo adelante para hablar de Dios.
8. Prepárate no solo teóricamente

Esta muy bien que estudies y te prepares, de hecho sería una irresponsabilidad si no lo hicieras. Dominar lo que estás compartiendo es crucial cuando la audiencia se pone cuesta arriba. También es importante que prepares un buen material, ya sean diapositivas o un texto que desees entregar a todos los asistentes. Tener un buen soporte que compartir siempre facilita las cosas. Pero lo más importante es que inviertas tiempo de oración por esas personas, por ti, por tu conversión, para que seas un mejor apóstol. No significa que si las cosas no salen como esperabas es porque rezaste mal o poco. Dios no toma venganza, la oración parte de nuestros apostolado, a través de la oración es que nos encontramos con Dios para poder transmitirlo.

9. No te quedes con los estereotipos, conoce a tu audiencia

No juzgues a quien tienes al frente y no te quedes con su apariencia. Muchas veces nos hacemos de estereotipos, sobre todo con los jóvenes y con la gente mayor. No caigas en generalizaciones, cada uno es un ser único, por lo tanto dale la oportunidad de sorprenderte. El desafío es mantenerte constantemente actualizado para saber qué cosas están haciendo en su tiempo libre, que ven en televisión e Internet, como gastan su dinero y sus energías. Al mismo tiempo piensa en cómo eres tú cuando formas parte de una audiencia. Yo me he descubierto sentado viendo las mejores charlas de mi vida pero echado atrás sobre la silla, de brazos cruzados, mirando el techo, muy serio y aparentemente distraído, pero mi corazón estaba completamente ahí. Considera la posibilidad de que, quienes se ven tan apáticos frente a ti, están siendo tocados no solo por tu mensaje, sino por Dios, aunque no le hayan avisado a su cara.

10. Recuerda que no es una disertación, ¡es tu vida!

Aunque estés en una clase en el colegio o en una reunión de catequesis donde si o si debes abordar algunos contenidos, el fondo de todo es que estás hablando de algo que te mueve las entrañas. Que eso nunca deje de ocurrirte. Tener la oportunidad de poder enseñar, formar y acompañar a otros en la fe es un regalo y como apóstol que eres, deberías vibrar de pasión por estar ahí. Por lo tanto, como estás compartiendo algo que le da sentido a tu vida, considera hacerlo con pasión, dejar en corazón en la cancha, darlo todo, aunque sea una reunión para tres o cuatro personas.
«Esta pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser delegada a unos pocos ‘especialistas’, sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. Es necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido, como compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos» (Carta Novo millennio ineunte, n. 40).

11. Evita el lenguaje complicado

Hay ocasiones en que el lenguaje puede crear barreras de comunicación, prestándose para burlas, malas interpretaciones o definitivamente para que no entiendan nada de lo que quieres decir. Imagina que estás en una actividad de evangelización y una de tus diapositivas los invitas a ser apóstoles y titulas: «Sean pescadores de hombres». Nosotros aquí dentro de la barca te entendemos, pero seguro más de alguien lo va a mal interpretar. La lista de cosas que solo nosotros entendemos es inmensa, cuida esas expresiones para comunicarte mejor con quien no está familiarizado. Hay conceptos teológicos y filosóficos que para la mayoría de la gente no son familiares. Un evangelizador es un traductor que explica las enseñanzas de la Iglesia al lenguaje accesible a todos.
12. A veces simplemente hay que callar

Aunque han sido pocas veces, me ha pasado que quienes están frente a mi, no sólo son apáticos o están distraídos, sino que son agresivos, cuestionadores e incluso violentos en su lenguaje. Ciertamente no le deseo a nadie estar en una situación así, pues es muy incómoda. Debemos aprender que hay ocasiones en que debemos aprender a hacer silencio. No es dar la pelea por perdida, se trata de discernir que hay ocasiones en que no vale la pena dar ninguna pelea pues carece de sentido. En mi experiencia, cuando alguien desea atacar a la fe, a la Iglesia y a Dios, eso es lo que quiere: atacar, y digamos lo que digamos, no le haremos cambiar de opinión. Lo único que lograremos es que se radicalice más su postura y nosotros en la nuestra quedando cada vez más lejos el uno del otro. ¿Sirve de algo esa discusión?

13. Escribe tu consejo aquí…

La idea es dejar este espacio vacío para que tú añadas otro punto que creas nos esta faltando en esta galería y puedas así ayudar a otros desde tu experiencia:)

¡Ánimo!, sigue perseverando, busca nuevas estrategias y ¡no te rindas!, aunque quienes estén frente a ti tengan cara de que no les interesa lo que estás compartiendo.

Fuente:

¿Cómo ser un apóstol en un ambiente difícil? 13 consejos muy útiles

Quiero ofrecerte algunas ideas , para que lo que quieres transmitir sea acogido por tu audiencia y sea Dios quien llegue a los corazones, más que tu mensaje

Por: Sebastian Campos | Fuente: http://catholic-link.com

Una porción no menor de mi tiempo lo dedico a visitar comunidades, agrupaciones, movimientos y parroquias. Esas visitas son generalmente para hacer una charla sobre algún tema relacionado a la vida juvenil y la experiencia cristiana. Pero no siempre juego de local.

Un número no menor de mis experiencias consiste en dar conferencias en colegios, universidades, institutos y otras organizaciones con jóvenes y adultos no católicos, a veces incluso ni siquiera son cristianos. Solo están sentados ahí porque los obligaron a ir y porque el organizador de la actividad tiene la esperanza de que esa charla les toque el corazón. Casi nunca es fácil y casi nunca es cómodo, pero siempre pasan cosas y siempre Dios está en medio de todo haciendo algo.

Sobre eso quiero compartirte. Seguramente tu tienes que verte varias veces en el año con audiencias que no les interesa el tema «Dios», «fe», «religión», «catequesis, «valores» o cualquiera de las cosas que a ti sí te interesan y que son la razón por la que estás ahí parado con todo listo para entusiasmar y motivar a una experiencia de fe o para profundizar en alguna experiencia cristiana.

Quiero ofrecerte algunas ideas (no solo para salir sin tomates ni huevos sobre la cabeza), sino para que lo que quieres transmitir sea acogido por tu audiencia y sea Dios quien llegue a los corazones, más que tu mensaje. Estas ideas no son leyes, tampoco son métodos infalibles; son solo algunas estrategias y principios que he ido descubriendo en la medida que me ha ido mal y he tenido que replantearme, no para comunicar bien, sino para que Dios no se quede a medio camino y sea Él quien hable a través mio. No solo se aplican cuando te veas enfrentado a dar charlas, sino cuando tengas que argumentar algo tema cercano a tu fe, en tu clase de la universidad, en tu trabajo, con un grupo de amigos, en tu familia, etc.

«La pastoral juvenil, tal como estábamos acostumbrados a desarrollarla, ha sufrido el embate de los cambios sociales. Los jóvenes, en las estructuras habituales, no suelen encontrar respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas». (Evangelii Gaudium 105).

1. No te desesperes

Es una reacción natural comenzar a sudar, hablar más rápido y más fuerte, e incluso exasperarte. No te desesperes ni entres en pánico. No hagas sentir a nadie que estás sufriendo intentando hacer algo que no debería ser incómodo (aunque lo sea). Recuerda quien te puso ahí, recuerda cuál es tu motivación. No se trata de decir todo y salir corriendo, se trata de transmitir un mensaje que vives. Significa comunicar algo realmente importante que puede cambiar la vida de las personas.

2. Con audiencias grandes: sé cercano

Es difícil mantener a un gran número de personas completamente atentas a lo que estás intentando compartir y comunicar. Evita comenzar por la información dura: cosas como fechas, datos estadísticos, citas textuales y grandes cantidades de texto; todo eso que hace que la gente se disperse y se distraiga. Cuando la audiencia es grande es más fácil llegar al corazón que a la cabeza. Comienza por ahí. En Chile decimos «tocar la fibra», que se refiere a interpelarlos más que con contenidos concretos, con experiencias y con ideas que les hagan sentido. Hazlos emocionarse como tu estás emocionado.

3. Con audiencias pequeñas: dirígite a ellos como te dirigirías un amigo

No esperes que se conmuevan hasta las lágrimas cuando les cuentes una historia, tampoco que rían al punto de rompen en aplausos y carcajadas. Las audiencias pequeñas son un buen lugar para ser concreto, pues es más fácil mantenerlos atentos, mirarlos a los ojos y hablarles por su nombre, como con los amigos. Las audiencias pequeñas son un buen escenario para dar números, fechas, listas de cosas, datos históricos y cualquier tipo de contenido teórico que sea más cercano al mensaje, todo esto acompañado de tu experiencia personal.

4. Transmite una experiencia, no entregues una información

«El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio» ( Evangelii nuntiandi, n. 41).
Por lo tanto, tomando las palabras del Papa Pablo VI, aunque el mensaje que compartas contenga contenidos y doctrina, el gancho que mantendrá a tu audiencia atenta es tu testimonio de vida y tu «ser cristiano en la vida real» más que en los libros. Pero no olvides que es fundamental el contenido. No te quedes pegado en la anécdota, también necesitamos estructura y una base sólida, sino no sabemos dónde iremos a parar.

5. ¡Ve al punto!

«Lo que pasa es que lo que quiero decirte te lo quería decir pero no estoy seguro de poder decírtelo porque al decirlo la verdad es que no te lo estoy diciendo…». No des vueltas o los vas a marear. Si lo que tienes para compartir es breve, pues sé breve. No es necesario que te extiendas más allá de lo necesario y que el querer complementar una idea te haga zarandearte de un lado para el otro sin ser concreto y puntual. Nada más revisa de vez en cuando el twitter del Papa Francisco, que en menos de 140 caracteres nos da tremendos mensajes y no necesita de toda una hora.
6. El humor es un buen ingrediente

No tienes que preparar una rutina de «stand up comedy», tampoco tener una lista de chistes escritos para salir del paso cuando todos se distraigan (aunque a veces sirve tener alguno bajo la manga por si las moscas).
Es un dato, que algunos santos tenían una notable vena humorística, incluso supieron utilizarlo para transmitir el propio carisma. Tal es el caso —entre muchos— de San Juan Bosco que hasta tenía que hacer de mago y equilibrista Santa Teresa de Ávila, con un gran sentido del humor pero pasando por momentos difíciles y muchas pruebas, dijo a Dios en oración: «Si esta es la forma en que tratas a tus amigos, ¡No es de extrañar que tengas tan pocos!». Se trata de que seas tú, espontáneo, alegre y natural –obviamente guardando los cuidados de solemnidad si la ocasión lo requiere–. Usa el humor a tu favor, hazlos reír, ríete con ellos, pero nunca te rías de ellos.
7. Los Santos son un excelente ejemplo. Conoce sus historias y dalas a conocer
santos

Conocer las historias de los santos es importante, no sólo porque inspiran nuestras vidas y son un modelo en cuanto al seguimiento de Cristo, sino porque además son una fuente inagotable de anécdotas, historias entretenidas y testimonios de fragilidad humana pero lucha y santidad, que de seguro te ayudarán a ejemplificar lo que sea que quieres comunicar.
Cada vez que puedas, estudia la vida de algún santo, tener ese conocimiento fresco en tu memoria no solo te ayudará a salir del paso con una buena historia, sino que es la Iglesia misma la que se pone contigo adelante para hablar de Dios.
8. Prepárate no solo teóricamente

Esta muy bien que estudies y te prepares, de hecho sería una irresponsabilidad si no lo hicieras. Dominar lo que estás compartiendo es crucial cuando la audiencia se pone cuesta arriba. También es importante que prepares un buen material, ya sean diapositivas o un texto que desees entregar a todos los asistentes. Tener un buen soporte que compartir siempre facilita las cosas. Pero lo más importante es que inviertas tiempo de oración por esas personas, por ti, por tu conversión, para que seas un mejor apóstol. No significa que si las cosas no salen como esperabas es porque rezaste mal o poco. Dios no toma venganza, la oración parte de nuestros apostolado, a través de la oración es que nos encontramos con Dios para poder transmitirlo.

9. No te quedes con los estereotipos, conoce a tu audiencia

No juzgues a quien tienes al frente y no te quedes con su apariencia. Muchas veces nos hacemos de estereotipos, sobre todo con los jóvenes y con la gente mayor. No caigas en generalizaciones, cada uno es un ser único, por lo tanto dale la oportunidad de sorprenderte. El desafío es mantenerte constantemente actualizado para saber qué cosas están haciendo en su tiempo libre, que ven en televisión e Internet, como gastan su dinero y sus energías. Al mismo tiempo piensa en cómo eres tú cuando formas parte de una audiencia. Yo me he descubierto sentado viendo las mejores charlas de mi vida pero echado atrás sobre la silla, de brazos cruzados, mirando el techo, muy serio y aparentemente distraído, pero mi corazón estaba completamente ahí. Considera la posibilidad de que, quienes se ven tan apáticos frente a ti, están siendo tocados no solo por tu mensaje, sino por Dios, aunque no le hayan avisado a su cara.

10. Recuerda que no es una disertación, ¡es tu vida!

Aunque estés en una clase en el colegio o en una reunión de catequesis donde si o si debes abordar algunos contenidos, el fondo de todo es que estás hablando de algo que te mueve las entrañas. Que eso nunca deje de ocurrirte. Tener la oportunidad de poder enseñar, formar y acompañar a otros en la fe es un regalo y como apóstol que eres, deberías vibrar de pasión por estar ahí. Por lo tanto, como estás compartiendo algo que le da sentido a tu vida, considera hacerlo con pasión, dejar en corazón en la cancha, darlo todo, aunque sea una reunión para tres o cuatro personas.
«Esta pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser delegada a unos pocos ‘especialistas’, sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. Es necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido, como compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos» (Carta Novo millennio ineunte, n. 40).

11. Evita el lenguaje complicado

Hay ocasiones en que el lenguaje puede crear barreras de comunicación, prestándose para burlas, malas interpretaciones o definitivamente para que no entiendan nada de lo que quieres decir. Imagina que estás en una actividad de evangelización y una de tus diapositivas los invitas a ser apóstoles y titulas: «Sean pescadores de hombres». Nosotros aquí dentro de la barca te entendemos, pero seguro más de alguien lo va a mal interpretar. La lista de cosas que solo nosotros entendemos es inmensa, cuida esas expresiones para comunicarte mejor con quien no está familiarizado. Hay conceptos teológicos y filosóficos que para la mayoría de la gente no son familiares. Un evangelizador es un traductor que explica las enseñanzas de la Iglesia al lenguaje accesible a todos.
12. A veces simplemente hay que callar

Aunque han sido pocas veces, me ha pasado que quienes están frente a mi, no sólo son apáticos o están distraídos, sino que son agresivos, cuestionadores e incluso violentos en su lenguaje. Ciertamente no le deseo a nadie estar en una situación así, pues es muy incómoda. Debemos aprender que hay ocasiones en que debemos aprender a hacer silencio. No es dar la pelea por perdida, se trata de discernir que hay ocasiones en que no vale la pena dar ninguna pelea pues carece de sentido. En mi experiencia, cuando alguien desea atacar a la fe, a la Iglesia y a Dios, eso es lo que quiere: atacar, y digamos lo que digamos, no le haremos cambiar de opinión. Lo único que lograremos es que se radicalice más su postura y nosotros en la nuestra quedando cada vez más lejos el uno del otro. ¿Sirve de algo esa discusión?

13. Escribe tu consejo aquí…

La idea es dejar este espacio vacío para que tú añadas otro punto que creas nos esta faltando en esta galería y puedas así ayudar a otros desde tu experiencia:)

¡Ánimo!, sigue perseverando, busca nuevas estrategias y ¡no te rindas!, aunque quienes estén frente a ti tengan cara de que no les interesa lo que estás compartiendo

Fuente:

http://es.catholic.net/op/articulos/61879/como-ser-un-apostol-en-un-ambiente-dificil-13-consejos-muy-utiles-

 

Categorías:Laicos

Encuentro de Asistentes Eclesiásticos 2016

Circular 2016 – 14 Asunto: Encuentro de… – Accion Catolica Mexicana Junta Nacional

Circular 2016 – 14
Asunto: Encuentro de Asistentes Eclesiásticos
23 de abril de 2016 – “Año de la Misericordia”

A todos los Militantes y Asistentes Eclesiásticos:

Anteponemos un cordial saludo a nombre de la Junta Nacional.

Por medio de este conducto convocamos nuevamente al Encuentro para Asistentes Eclesiásticos.

Sede: Monterrey, Nuevo León.

Fecha: del 21, 22 y 23 de junio de 2016 (martes, miércoles y jueves).

Horario: inicia el martes 21 de junio a las 9:00 horas y concluye el jueves 23 de junio a las 15:00 horas.

Convocados:

• Asistentes Eclesiásticos Nacionales.

• Asistentes Eclesiásticos Diocesanos.

• Asistentes Eclesiásticos Parroquiales.

• Presbíteros, diáconos y seminaristas que deseen conocer más sobre la Acción Católica.

Programa general:

• Celebraciones Eucarísticas los tres días.

• Hora Santa.

• Diversos momentos de oración personal y comunitaria.

• Conferencia: La Acción Católica en el pensamiento de los Papas, de Pío XI a Francisco.

• Trabajo en equipos: Visión general del presbiterio sobre la Acción Católica (diálogo y conclusiones).

• Tema: La realidad de la militancia y los dirigentes de la Acción Católica de hoy.

• Trabajo en equipos: Diálogo y orientaciones pastorales sobre la realidad actual.

• Presentación: Material para dar a conocer la Acción Católica a presbíteros y seminaristas.

• Manual de identidad del Colegio de Asistentes Eclesiásticos.

• Reglamento Interno del Colegio de Asistentes Eclesiásticos.

• Recorridos turísticos por: Museo de Arte Contemporáneo, Museo de Historia Mexicana, Paseo Santa Lucía, Cascada Cola Caballo y Pueblo Mágico de Santiago.

Costo:
$ 3,000.00 pesos por persona en habitación individual.
$ 2,000.00 pesos por persona en habitación compartida.

Incluye: dos noches de hospedaje, alimentos, material de trabajo y participación en todas las actividades del programa.

El hospedaje y las sesiones de trabajo se realizarán en el Gran Hotel Ancira.

Registro:

El registro se debe realizar a través de la Oficina de la Junta Nacional por los siguientes medios:

Teléfono: (81) 20 91 04 37 de lunes a viernes de 9:00 a 14:00 horas.

Correo electrónico: acmjuntanacional@gmail.com

La Oficina recabará los datos, proporcionará la información para el pago y las indicaciones prácticas.

El pago se puede hacer con depósito en sucursal o transferencia bancaria antes del evento.

También será posible pagar el día del evento con tarjeta de crédito.

Exhortamos a todos los militantes para que apoyen a sus Asistentes Eclesiásticos para que puedan participar de este Encuentro que tendrá muchos beneficios para sus grupos y para toda la Acción Católica.

Les pedimos de favor promover esta circular en todas las juntas diocesanas, comités diocesanos y grupos parroquiales.

Agradecemos sus atenciones y rogamos al Señor que los siga colmando de bendiciones. A la Santísima Virgen María le pedimos los cubra con su manto y a San Luis Bátis, Patrono de los Asistentes Eclesiásticos de la Acción Católica Mexicana, la pedimos interceda por todas sus necesidades espirituales y materiales.

Atentamente.-
“La paz de Cristo en el reino de Cristo”
Junta Nacional
Omar Florentino Peña Briones / Presidente Nacional
Pbro. Sergio de la Cruz Godoy / Asistente Eclesiástico Nacional

Foto de Accion Catolica Mexicana Junta Nacional.
Foto de Accion Catolica Mexicana Junta Nacional.
Foto de Accion Catolica Mexicana Junta Nacional.
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Convocatoria a Asamblea Plenaria Nacional 2016

(27) Circular 2016–16 Asunto: Convocatoria a Asamblea… – Accion Catolica Mexicana Junta Nacional

Circular 2016–16
Asunto: Convocatoria a Asamblea Plenaria Nacional
26 de abril de 2016 – “Año de la Misericordia”

A todos los Militantes y Asistentes Eclesiásticos:

Anteponemos un cordial saludo a nombre de la Junta Nacional.

CONVOCATORIA

XXXI Asamblea Plenaria Nacional de la Acción Católica Mexicana

Fecha: del 4 al 6 de noviembre de 2016.

Sede: Sahuayo, Michoacán.

Horario: del viernes 4 de noviembre a mediodía al domingo 6 de noviembre después de la comida.

Convocados:
-Junta Nacional en pleno.
-Comités Nacionales en pleno.
-Presidentes de Juntas Diocesanas.
-Presidentes Diocesanos de todas las organizaciones y movimientos.
-Asistentes Eclesiásticos Nacionales y Diocesanos.

Nota: sólo los convocados tendrán voto en los momentos de decisión.

Requisitos de participación:
1.Ser militante activo.
2.Contar con tésera vigente.
3.Registrarse en tiempo y forma.
4.Participar en todas las actividades del programa de principio a fin.

Invitados: podrán participar como invitados otros dirigentes diocesanos y parroquiales, así como asistentes eclesiásticos parroquiales, siempre y cuando lo soliciten a la Junta Nacional para ver disponibilidad.

Asuntos a tratar:
-Formación.
-Presentación de informes.
-Elaboración de líneas de acción para el siguiente trienio.
-Elección de Presidente de la Junta Nacional y de Presidentes de todas las organizaciones y movimientos.
-Homenaje de la Acción Católica a José Sánchez del Río que para esa fecha ya habrá sido canonizado.

Asambleas Particulares:
Todas las organizaciones y movimientos realizarán sus Asambleas Particulares dentro del programa de la Asamblea Plenaria Nacional, lo cual se llevará a cabo el sábado 5 de noviembre. Cada Presidente Nacional dará a conocer su programa para ese día, indicaciones prácticas, así como los integrantes de la Comisión Nacional de Elecciones para elegir a los nuevos presidentes nacionales de cada agrupación.

El sábado 5 de noviembre habrá un programa especial para los Presidentes de Juntas Diocesanas de forma simultánea a las Asambleas Particulares.

Comisión Nacional de Elecciones para Presidente de la Junta Nacional:
En una circular posterior se dará a conocer los nombres de las personas que integrarán la comisión para elegir al nuevo presidente de la Junta Nacional. De igual manera se dará a conocer el Reglamento Oficial vigente para llevar a cabo este proceso, el cual fue aprobado en Asamblea Extraordinaria y promulgado con la Dimensión Episcopal para los Laicos.

Registro:
-El registro se realizará por diócesis.
-La fecha límite de registro será el 14 de octubre del presente año (sin excepción alguna).
-La Junta Nacional publicará la ficha de registro y los costos durante el mes de mayo.
-El registro será considerado como válido sólo si se envía el formato de registro y se realiza el depósito correspondiente.

Campaña de oración:
Les pedimos a todos que nos unamos en oración por el éxito y los frutos de esta Asamblea.

Agradecemos sus atenciones a la presente. Rogamos al Señor que los siga colmando de su infinita misericordia, a la Virgen María le pedimos que los cubra con su manto y al beato José Sánchez del Río le pedimos interceda por sus necesidades espirituales y materiales.

Atentamente.-
“La paz de Cristo en el reino de Cristo”
Junta Nacional
Omar Florentino Peña Briones / Presidente Nacional
Pbro. Sergio de la Cruz Godoy / Asistente Eclesiástico Nacional

Foto de Accion Catolica Mexicana Junta Nacional.
Foto de Accion Catolica Mexicana Junta Nacional.
Foto de Accion Catolica Mexicana Junta Nacional.
Categorías:comunicados, General

Monseñor Algora: “Millones de trabajadores se siguen cayendo del andamio social”

Mesa de presentación del libro sobre la pastoral obrera

Presentación del libro ‘Dignidad y esperanza en el mundo del trabajo’ (Edice)

Monseñor Algora: “Millones de trabajadores se siguen cayendo del andamio social”

Joaquín Nieto de la OIT: “El mensaje de Francisco no es de continuidad, sino de radicalidad”

José Manuel Vidal, 26 de abril de 2016 a las 09:18

Francisco Porcar: “Es el Cristo obrero el que está siendo machacado en el mundo del trabajo”

(José Manuel Vidal).- Impulsada decisivamente por el Papa Francisco, la pastoral obrera levanta cabeza y reivindica un espacio al sol en la Iglesia y en la sociedad. Con dos claves evangélicas como base: la dignidad y la esperanza. Sin ellas, como señala monseñor Algora, “millones de trabajadores se seguirán cayendo del andamio social”. Porque el sistema actual, del que el Papa dice que “mata”, ” o genera desigualdad o no sabe funcionar y necesita trabajo precario y destruye la dignidad del trabajador”.

En el salón de actos de Hermandades del Trabajo en Madrid se reunió lo más granado de la pastoral obrera de la Iglesia española, para presentar el libro ‘Dignidad y esperanza en el mundo del trabajo. A los XX años de Pastoral Obrera’ (Edice). En la mesa, moderados por el actual director del secretariado del departamento de pastoral obrera, Juan Fernández, los presentadores: Antonio Algora, obispo de Ciudad Real y responsable de la pastoral obrera, y Francisco Porcar, responsable de formación de la HOAC, acompañados del presidente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en España, Joaquín Nieto.

Entre los asistentes, representantes conocidos de este universo pastoral, como Carlos Díaz Abajo, el ex director del departamento de pastoral obrera de la CEE, el secretario general de Cáritas, Sebastián Mora, el secretario de la comisión episcopal de apostolado seglar, Antonio Cartagena, asi como diversos responsables de la HOAC y de Hermandades del Trabajo, en un salón lleno.

El moderador del acto, Juan Fernández, comenzó disculpando la ausencia de Don Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, que, por motivos de agenda, no pudo asistir. Pero, como resaltó el presentador, “sintoniza con este acto, como demuestra la reciente carta pastoral que caba de publicar sobre la pastoral obrera, con motivo del próximo día 1 de mayo”.

El primer turno de palabra fue para Antonio Algora. Con sus 21 años de obispo a las espaldas, el prelado de Ciudad Real y antes de Teruel ha sido uno de los referentes de la pastoral obrera en España en las últimas décadas. Y mantuvo la antorcha encendida incluso en los momentos de mayor involución o ‘invierno eclesial’. Criado en la espiritualidad de Hermandades del Trabajo, de las que fue consiliario, se inició en este universo de la mano de tres grandes obispos ‘sociales’: Gabino Díaz Merchán, Victorio Oliver y Jesús Domínguez.

Monseñor Algora explicó como, con el impulso de esos prelados, se fue implantando en el seno de la CEE y de la Iglesia española el interés por la pastoral obrera, que culminó en los años 90, con la publicación del documento del episcopado sobre la Pastoral obrera de toda la Iglesia.

“El conflicto social que mata”

Una pastoral sobre el mundo obrero (sin renunciar a esa palabra, que pertenece a la cultura de la lucha por los desfavorecidos) y sobre “el conflicto social, que, como dice el Papa, mata”, dijo el obispo. Y añadió que su finalidad es “dar respuesta desde el Evangelio y desde la Doctrina Social de la Iglesia al universo del trabajo”

Esta dinámica pastoral obrera fue creciendo hasta alcanzar su culmen con la llegada al solio pontificio del Papa Francisco que “nos regala los principios de la Evangelii Gaudium” y, además, es “un Papa que se implica”, en un intento de que la Iglesia pueda ayudar a “millones de trabajadores que se siguen cayendo del andamio social” y “a los que se les presenta un futuro incierto y sobrecogedor”.

El Papa Francisco volvió a ser el referente del presentador ‘laico’ del libro. El presidente de la OIT en España, Joaquín Nieto, no tuvo empacho en comenzar reconociendo y alabando el papel de la CEE en este ámbito de la pastoral obrera, asi como la labor de seducción que está realizando Bergoglio.

“Desde fuera, estamos observando un cambio muy grande en la Iglesia. El mensaje del Papa Francisco, cuyas encíclicas he leído con suma atención, no es sólo de continuidad. Es un mensaje de radicalidad y de un enorme impacto, sobre todo cuando se acompaña, como es el caso, de actos y de gestos”, explicó Nieto. Y añadió: “Vemos otra Iglesia. Con esta Iglesia actual tenemos mucho camino que recorrer juntos”.

Según el líder de la OIT, su organización también coincide con la Iglesia en que comparten “el mismo lenguaje sobre la antropología del trabajo”, en cuanto que el trabajo es una actividad humana, sometida a un proceso de deshumanización. Porque “el trabajo no es una mercancía ni puede ser tratado como tal”.

Y dado que, en el mundo la dinámica tiende a considerar el trabajo como una mercancía más, la OIT ha decidido lanzar una campaña mundial sobre el futuro del trabajo. Conscientes de estos datos estremecedores: En el mundo hay 200 millones de desempleados y cada año 40 millones de jóvenes acceden el mundo del trabajo y no lo encuentran. “A esta generación perdida le tenemos que responder con esperanza y con justicia social”, concluyó Joaquín Nieto.

“Las empresas no quieren a los trabajadores”

Por su parte, Francisco Porcar, uno de los históricos de la lucha obrera eclesial, comenzó su disertación recordando un hecho de vida de una mujer que trabaja en una fábrica de naranjas en condiciones deplorables de falta de seguridad e insalubridad y que le decía: “Nuestras empresas no quieren nada a sus trabajadoras y trabajadores”.

“Si esto es lo habitual, tenemos un problema. Un problema ocasionado porque el trabajo es un mecanismo deshumanizador de las personas, cuando debería ser una capacidad del ser humano. De ahí que la forma actual de organizar el trabajo esté dañando a las personas. Existe una terrible negación de la dignidad humana en el mundo del trabajo“, explicó Porcar.

A juicio del militante de la HOAC, el papal de la Iglesia en el mundo obrero no consiste tanto “en llevar a Cristo ahí, sino en encontrarlo ahí, porque es el Cristo obrero el que ahí, en el trabajo, está siendo machacado“.

Porcar señaló, a continuación, algunos elementos claves del actual sistema laboral. En primer lugar, aseguró que el empobrecimiento y la deshumanización forman parte del modelo social, que “necesita trabajo precario y destruye la dignidad del trabajo, porque este modelo o genera desigualdad o no sabe funcionar”.

La segunda clave, a su juicio, radica en que los políticos deberían tomar conciencia de que éste es precisamente el gran cambio que necesitamos. “La prioridad política pasa por un trabajo digno y estable”. Para poner coto a lo que el Papa llama la “cultura del descarte”.

Para conseguirlo, Porcar abogó por “recuperar la fraternidad como horizonte de la vida social o descubrir que es la misericordia la que nos hace humanos”. Eso exige “repensar la orientación de la vida social”, “salir del mito del crecimiento económico” y “repensar el sentido del trabajo humano”.

Para Porcar, “el problema no son las condiciones de trabajo, sino el tener la posibilidad de vivir con dignidad, desarrollar nuestras capacidades y aportarlas a los demás”. Porque el trabajo “es una necesidad de la persona, no de la economía”. Por eso, “hay que “trabajar para construirse y trabajar por amor”. Sin olvidar la lucha por las condiciones dignas, porque “es inaceptable la indecencia en la que tienen que vivir hoy millones de trabajadores”.

Y es que, como recordó el representante de la OIT, Joaquín Nieto, “la gran mayoría de los trabajadores no gana lo suficiente para vivir dignamente”. O que “el 80% de las persona del mundo no tienen protección social alguna”. Es decir, no se respeta su dignidad personal, ésa ante la que el propio Dios hace reverencias.


El libro es, como dijo el presentador, “una lectura creyente de la realidad del mundo del trabajo”. Consta de cuatro ponencias y una introducción de monseñor Algora. Cuentan que, en la sede de la Conferencia episcopal, los guardianes de la ortodoxia de la vieja guardia pusieron el grito en el cielo, porque, en una ponencia, recogida en el libro, se critica al cardenal Rouco por su silencio ante la crisis.

El párrafo de la ponencia de Alfonso Alcaide reza así: “Pero la realidad de nuestra Iglesia en España está totalmente condicionada por la imagen de la Virgen del Pilar cubierta con el manto del banco de Santander, por las relaciones del cardenal Rouco con la cúpula empresarial, por la orientación ideológica de la COPE y de 13 TV o por los enfrentamientos públicos entre responsables de la Conferencia episcopal y de los gobiernos en defensa de la vida, de la familia, de la educación y contra la ideología de género. Todo esto, metido en una coctelera y convenientemente agitado produce una imagen deformada de la Iglesia: la pastoral oficial de la Iglesia aparece marcada ideológicamente como de ‘derechas’, más ideología de derechas que pastoral de la Iglesia”.

Más adelante añade: “La imagen del cardenal Rouco con empresarios del IBEX 35 que apoyaban el encuentro mundial de jóvenes seguro que ha sido muy beneficiosa para ese encuentro, pero dudamos que lo haya sido para la Iglesia”.

Críticas comunes en amplios sectores de la sociedad y de la Iglesia, pero que, hasta ahora, no habían aparecido en un libro editado por la editorial de la Conferencia episcopal. Algo está cambiando en la Iglesia jerárquica española. Por fin…

Fuente: http://es.radiovaticana.va/news/2016/04/26/laicos_iglesia_mundo_carta_del_papa_al_presidente_de_la_cal/1225553

 

Categorías:Laicos

Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo. Carta del Papa al Presidente de la CAL

Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo. Carta del Papa al Presidente de la CAL

El Papa recuerda su oración ante la Virgen en México, en su carta al Presidente de la CAL – ANSA

26/04/2016 12:17
(RV).- Los laicos, son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo, a los que los pastores están llamados a servir y no a servirse de ellos, recuerda el Papa Francisco, que envió una Carta al  Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, sobre la importancia del compromiso de los laicos en la vida pública.
En el documento – firmado el 19 de marzo de 2016, Solemnidad de San José, en el cuarto año de su pontificado –  el Santo Padre recuerda el encuentro que mantuvo (4 de marzo de 2016)  con los participantes en la Asamblea Plenaria de la CAL, sobre el tema: «Indispensable compromiso de los fieles laicos en la vida pública de los países latinoamericanos».

Recogiendo lo compartido espontáneamente y prosiguiendo su reflexión, con el anhelo de que «el espíritu de discernimiento y reflexión ‘no caigan en saco roto’» y «nos ayude y siga estimulando a servir al Santo Pueblo fiel de Dios», el Obispo de Roma hace hincapié en  que el «Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir».

«Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios», escribe el Papa Francisco, evocando en su densa reflexión el magisterio del Concilio Vaticano II y al Beato Pablo VI. Y pone en guardia contra el clericalismo, animando la piedad popular y la pastoral popular y señalando asimismo que, ante los desafíos que la vida contemporánea presenta, los pastores deben estimular la inculturación, alentando a la gente a vivir, anunciar y celebrar su fe «en el aquí y ahora de la historia».

«Dos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados», madres, abuelas, padres…, recuerda luego, una vez más el Sucesor de Pedro, que antes de concluir su carta recuerda también su oración en México, ante la Madre de Dios y la oportunidad de estar a solas y de dejarse mirar por Ella.

(CdM – RV)

Texto completo de la Carta del Papa Francisco

A Su Eminencia Cardenal

Marc Armand Ouellet, P.S.S.

Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina

Eminencia:

Al finalizar el encuentro de la Comisión para América Latina y el Caribe tuve la oportunidad de encontrarme con todos los participantes de la asamblea donde se intercambiaron ideas e impresiones sobre la participación pública del laicado en la vida de nuestros pueblos.

Quisiera recoger lo compartido en esa instancia y continuar por este medio la reflexión vivida en esos días para que el espíritu de discernimiento y reflexión “no caiga en saco roto”; nos ayude y siga estimulando a servir mejor al Santo Pueblo fiel de Dios.

Precisamente es desde esta imagen, desde donde me gustaría partir para nuestra reflexión sobre la actividad pública de los laicos en nuestro contexto latinoamericano. Evocar al Santo Pueblo fiel de Dios, es evocar el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar. El Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir. Un padre no se entiende a sí mismo sin sus hijos. Puede ser un muy buen trabajador, profesional, esposo, amigo pero lo que lo hace padre tiene rostro: son sus hijos. Lo mismo sucede con nosotros, somos pastores. Un pastor no se concibe sin un rebaño al que está llamado a servir. El pastor, es pastor de un pueblo, y al pueblo se lo sirve desde dentro. Muchas veces se va adelante marcando el camino, otras detrás para que ninguno quede rezagado, y no pocas veces se está en el medio para sentir bien el palpitar de la gente.

Mirar al Santo Pueblo fiel de Dios y sentirnos parte integrante del mismo nos posiciona en la vida y, por lo tanto, en los temas que tratamos de una manera diferente. Esto nos ayuda a no caer en reflexiones que pueden, en sí mismas, ser muy buenas pero que terminan funcionalizando la vida de nuestra gente, o teorizando tanto que la especulación termina matando la acción. Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: “es la hora de los laicos” pero pareciera que el reloj se ha parado.

Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) quedan consagradas como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10) Nuestra primera y fundamental consagración hunde sus raíces en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar. Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios. Olvidarnos de esto acarrea varios riesgos y/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal como comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado. Somos, como bien lo señala el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, cuya identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo (LG 9). El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción.

A su vez, debo sumar otro elemento que considero fruto de una mala vivencia de la eclesiología planteada por el Vaticano II. No podemos reflexionar el tema del laicado ignorando una de las deformaciones más fuertes que América Latina tiene que enfrentar – y a las que les pido una especial atención – el clericalismo. Esta actitud no sólo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente. El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como “mandaderos”, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarios para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político. El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cfr. LG 9-14) Y no solo a unos pocos elegidos e iluminados.

Hay un fenómeno muy interesante que se ha producido en nuestra América Latina y me animo a decir, creo que es de los pocos espacios donde el pueblo de Dios fue soberano de la influencia del clericalismo: me refiero a la pastoral popular. Ha sido de los pocos espacios donde el pueblo (incluyendo a sus pastores) y el Espíritu Santo se han podido encontrar sin el clericalismo que busca controlar y frenar la unción de Dios sobre los suyos. Sabemos que la pastoral popular como bien lo ha escrito Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religión, pero prosigue, cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente “piedad popular”, es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad … Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo. (EN 48) El Papa Pablo usa una expresión que considero es clave, la fe de nuestro pueblo, sus orientaciones, búsquedas, deseo, anhelos, cuando se logran escuchar y orientar nos terminan manifestando una genuina presencia del Espíritu. Confiemos en nuestro Pueblo, en su memoria y en su “olfato”, confiemos que el Espíritu Santo actúa en y con ellos, y que este Espíritu no es solo “propiedad” de la jerarquía eclesial.

He tomado este ejemplo de la pastoral popular como clave hermenéutica que nos puede ayudar a comprender mejor la acción que se genera cuando el Santo Pueblo fiel de Dios reza y actúa. Una acción que no queda ligada a la esfera íntima de la persona sino por el contrario se transforma en cultura; una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida. (EG 68)

Entonces desde aquí podemos preguntarnos, ¿qué significa que los laicos estén trabajando en la vida pública?

Hoy en día muchas de nuestras ciudades se han convertidos en verdaderos lugares de supervivencia. Lugares donde la cultura del descarte parece haberse instalado y deja poco espacio para una aparente esperanza. Ahí encontramos a nuestros hermanos, inmersos en esas luchas, con sus familias, intentando no solo sobrevivir, sino que en medio de las contradicciones e injusticias, buscan al Señor y quieren testimoniar lo. ¿Qué significa para nosotros pastores que los laicos estén trabajando en la vida pública? Significa buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular todo los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe en un mundo lleno de contradicciones especialmente para los más pobres, especialmente con los más pobres. Significa como pastores comprometernos en medio de nuestro pueblo y, con nuestro pueblo sostener la fe y su esperanza. Abriendo puertas, trabajando con ellos, soñando con ellos, reflexionando y especialmente rezando con ellos. Necesitamos reconocer la ciudad –y por lo tanto todos los espacios donde se desarrolla la vida de nuestra gente– desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas… Él vive entre los ciudadanos promoviendo la caridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero. (EG 71) No es nunca el pastor el que le dice al laico lo que tiene que hacer o decir, ellos lo saben tanto o mejor que nosotros. No es el pastor el que tiene que determinar lo que tienen que decir en los distintos ámbitos los fieles. Como pastores, unidos a nuestro pueblo, nos hace bien preguntamos cómo estamos estimulando y promoviendo la caridad y la fraternidad, el deseo del bien, de la verdad y la justicia. Cómo hacemos para que la corrupción no anide en nuestros corazones.

Muchas veces hemos caído en la tentación de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis y poco hemos reflexionado como acompañar a un bautizado en su vida pública y cotidiana; cómo él, en su quehacer cotidiano, con las responsabilidades que tiene se compromete como cristiano en la vida pública. Sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas “de los curas” y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe. Estas son las situaciones que el clericalismo no puede ver, ya que está muy preocupado por dominar espacios más que por generar procesos. Por eso, debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe. ¡Los ritmos actuales son tan distintos (no digo mejor o peor) a los que se vivían 30 años atrás! Esto requiere imaginar espacios de oración y de comunión con características novedosas, más atractivas y significativas –especialmente–para los habitantes urbanos. (EG 73) Es obvio, y hasta imposible, pensar que nosotros como pastores tendríamos que tener el monopolio de las soluciones para los múltiples desafíos que la vida contemporánea nos presenta. Al contrario, tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual. Y esto discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente. Como diría San Ignacio, “según los lugares, tiempos y personas”. Es decir, no uniformizando. No se pueden dar directivas generales para una organización del pueblo de Dios al interno de su vida pública. La inculturación es un proceso que los pastores estamos llamados a estimular alentado a la gente a vivir su fe en donde está y con quién está. La inculturación es aprender a descubrir cómo una determinada porción del pueblo de hoy, en el aquí y ahora de la historia, vive, celebra y anuncia su fe. Con la idiosincrasia particular y de acuerdo a los problemas que tiene que enfrentar, así como todos los motivos que tiene para celebrar. La inculturación es un trabajo de artesanos y no una fábrica de producción en serie de procesos que se dedicarían a “fabricar mundos o espacios cristianos”.

Dos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados. La fe, la hemos recibido, ha sido un regalo que nos ha llegado en muchos casos de las manos de nuestras madres, de nuestras abuelas. Ellas han sido, la memoria viva de Jesucristo en el seno de nuestros hogares. Fue en el silencio de la vida familiar, donde la mayoría de nosotros aprendió a rezar, a amar, a vivir la fe. Fue al in terno de una vida familiar, que después tomó forma de parroquia, colegio, comunidades que la fe fue llegando a nuestra vida y haciéndose carne. Ha sido también esa fe sencilla la que muchas veces nos ha acompañado en los distintos avatares del camino. Perder la memoria es desarraigarnos de donde venimos y por lo tanto, nos sabremos tampoco a donde vamos. Esto es clave, cuando desarraigamos a un laico de su fe, de la de sus orígenes; cuando lo desarraigamos del Santo Pueblo fiel de Dios, lo desarraigamos de su identidad bautismal y así le privamos la gracia del Espíritu Santo. Lo mismo nos pasa a nosotros, cuando nos desarraigamos como pastores de nuestro pueblo, nos perdemos.

Nuestro rol, nuestra alegría, la alegría del pastor está precisamente en ayudar y estimular, al igual que hicieron muchos antes que nosotros, sean las madres, las abuelas, los padres los verdaderos protagonistas de la historia. No por una concesión nuestra de buena voluntad, sino por propio derecho y estatuto. Los laicos son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo; a los que nosotros estamos llamados a servir y no de los cuales tenemos que servirnos.

En mi reciente viaje a la tierra de México tuve la oportunidad de estar a solas con la Madre, dejándome mirar por ella. En ese espacio de oración pude presentarle también mi corazón de hijo. En ese momento estuvieron también ustedes con sus comunidades. En ese momento de oración, le pedí a María que no dejara de sostener, como lo hizo con la primera comunidad, la fe de nuestro pueblo. Que la Virgen Santa interceda por ustedes, los cuide y acompañe siempre,

Vaticano, 19 de marzo de 2016

+Francisco

 

Fuente: http://es.radiovaticana.va/news/2016/04/26/laicos_iglesia_mundo_carta_del_papa_al_presidente_de_la_cal/1225553

 

Categorías:Laicos
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