¿Qué retos supone la sinodalidad para los movimientos de Acción Católica?

El gran reto de todo militante (adulto, joven, niño) de un movimiento de Acción Católica, a lo largo de todo el proceso educativo y de creyente, y en el seno del vínculo de comunión que crea la Eucaristía celebrada en la comunión apostólica, consiste en que saboree (viva en la fe) los dos rasgos clave de la identidad de la Iglesia del Cristo: la comunión, es decir, ser uno solo en Cristo (cf. 1Cor 10,16-17), aunque seamos muchos y diferentes, y la sinodalidad, es decir, caminar todos juntos (el sacerdocio ministerial de los consiliarios ordenados y el sacerdocio común de los militantes) con Cristo y los pobres, a pesar de la diversidad de ritmos, hacia el Reino del Padre, siguiendo el camino ya trazado (cf. Lc 9,51-19,44; Heb 12,2). Reto posible porqué la Acción Católica es la estructura sinodal cotidiana de la Iglesia local, ya que no solo pone en el mismo camino, el de la Iglesia, el de Cristo hacia el Padre, el ministerio apostólico y la vida y la acción de los y de las militantes, sino también la Palabra de Dios recibida con la misma Palabra de Dios a inculturar en la humanidad presente en la diócesis, procurando que llegue de la compleja y plural realidad diocesana.

Y, además de este grande y fundamental reto, podemos añadir tres más:

  • Ser fieles a la propia identidad y misión, o sea, ser el organismo habitual diocesano para que el sacerdocio bautismal camine juntamente con el sacerdocio ministerial y para que el Evangelio llegue a todos los ambientes y realidades de la diócesis (nivel local) y a todos los rincones de Cataluña (nivel interlocal).
  • Hacer bien la Revisión de la Vida –como estilo y método– para que la experiencia vivida personal y colectivamente en el mundo y desde la propia realidad infantil, juvenil y adulta, se confronte y sea cuestionada a la luz de la Palabra de Dios, y así transformada según el designio de Dios, que a menudo entra en contradicción con la realidad vivida o constatada. Y si se puede hacer, es porque se cuenta con el don del Espíritu, que otorga aquella «percepción» percepción» (sensus fidei) que ayuda a descubrir los signos de los tiempos y situarlos bajo el Evangelio y en sintonía con el designio de Dios. Una «percepción» que también debe sintonizar la onda del discernimiento del propio obispo diocesano, que vela para que lo que ha sido «percibido» esté en comunión con la Iglesia de Jerusalén (comunión en el tiempo) y a la vez con la Iglesia de Roma (comunión en el espacio). Con y desde la Revisión de Vida, el Espíritu Santo ayuda a los movimientos de Acción Católica a corregir, sanar, aclarar y adaptar la institución eclesial, e incluso suplir sus olvidos y sus errores. Y esto se puede hacer porque se está en comunión con el propio obispo, ya que el Evangelio que se anuncia e incultura en los distintos ambientes y periferias es el Evangelio de Jesucristo, y no una ideología o una serie de valores. Precisamente porque los movimientos reciben el Evangelio y no se lo inventan, y porque el Evangelio ha de ser siempre nuevo y nunca rebajado, el ministerio apostólico del obispo, de los presbíteros y diáconos debe estar siempre presente en la vida, acción y organización de los movimientos de Acción Católica.
  • Vivir la propia existencia como una ofrenda a Dios y a los demás (cf. Rom 12,1), es decir, vivir eucarísticamente. Y por eso, es necesario seguir el itinerario de Jesús, el cual, fiel al designio de Dios Padre, y empujado por el Espíritu Santo (cf. Mc 1, 12), va delante y marca el camino para que nosotros sigamos este mismo camino juntos y organizadamente, es decir, sinodalmente.

Fuente: https://esglesia.barcelona/es/articlesopinio/que-retos-supone-la-sinodalidad-para-los-movimientos-de-accion-catolica/

Categorías: Iglesia

Día de la Acción Católica: 5 claves para que los laicos vivan la sinodalidad

“Es muy importante que os sintáis protagonistas en la Iglesia”, les dicen los obispos en su mensaje Tentaciones a evitar: el clericalismo, “un mal demasiado frecuente en sacerdotes y también en los laicos”

laicos-accion-catolica-valencia

‘Somos misión’. Bajo este lema, los obispos españoles han escrito un mensaje a los laicos en este Domingo de Pentecostés –en el que se celebra también el Día de la Acción Católica y el Apostolado Seglar– en el que los invitan a “desarrollar un talante nuevo, de caminar juntos, que se denomina sinodalidad”.

Un talante para, en “la línea del magisterio del papa Francisco”, poder “ir construyendo la comunión en la Iglesia”. Y es que todo el mensaje de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, que preside el obispo auxiliar de Valencia, Javier Salinas Viñals, está presidido por la invitación que el Papa lanzó en su exhortación programática Evangelii gaudium, en la que afirma “yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo”.

Desde ahí, los pastores, recordando que “los laicos sois Iglesia” y que “en cuanto a vuestra dimensión eclesial es muy importante que os sintáis protagonistas”, ofrecen en esta jornada cinco claves a los seglares para profundizar en esa sinodalidad:

1.- Sentirse corresponsables

“Para poder crecer en sinodalidad –señala el mensaje episcopal– es necesario que todos nos sintamos partícipes, corresponsables en al misión de la Iglesia”.

2.- No trabajar aisladamente

En este proceso, los obispos consideran muy importante “que aprendamos a trabajar no por oficinas aisladas, sino por proyectos, que son los que nos ayudan a ir creciendo en la búsqueda de objetivos y logros comunes”.

3.- Participar activamente en tareas intraeclesiales

Esta sinodalidad anhelada, tiene que hacer que los laicos se sientan “invitados a ser misioneros también en el interior de la Iglesia, participando activamente en tareas intraeclesiales, que son muy importantes: catequesis, liturgia, Cáritas, asistencia a la misa dominical…”.

4.- Evitar el clericalismo

Para los obispos, ese nuevo estilo evangelizador marcado por la sinodalidad “evita que caigamos en la tentación del clericalismo, que es un mal demasiado frecuente en los sacerdotes y también en los laicos”.

5.- Estar en medio del mundo

“Por vuestra condición personal –subrayan los prelados–, al estar más en contacto, inmersos en las realidades temporales, estáis llamados, de un modo particular, a ser Iglesia en medio del mundo”, un laicado que, como señala el papa Francisco, “esté en salida, que se arriesgue, que se ensucie las manos, que no tenga miedo a equivocarse y que mire siempre hacia delante, hacia el futuro con alegría y esperanza”.

Fuente: https://www.vidanuevadigital.com/2019/06/09/dia-de-la-accion-catolica-5-claves-para-que-los-laicos-vivan-la-sinodalidad/

Categorías: Accion Catolica

Construir juntos | Carta pastoral del Arzobispo de Sevilla

Construir juntos | Carta pastoral del Arzobispo de Sevilla

Construir juntos 

En la solemnidad de Pentecostés la Iglesia celebra el día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar y subraya el papel del laicado en la misión evangelizadora. El lema de este año nos invita a seguir caminando juntos, a seguir construyendo juntos, a seguir peregrinando en comunión, participación y misión, porque la sinodalidad expresa la naturaleza de la Iglesia. Precisamente el proceso sinodal que estamos viviendo en la Iglesia nos ha de ayudar a crecer en la conciencia de la vocación misionera que recibimos en el Bautismo.

Todos los que formamos parte del Pueblo de Dios estamos llamados al apostolado: los obispos, los presbíteros, los diáconos, los miembros de la vida consagrada y los fieles laicos; a su vez, todos participamos en la misión de la Iglesia con carismas y ministerios diversos y complementarios. Los diferentes estados de vida están relacionados entre sí y ordenados mutuamente. El sacerdocio ministerial representa la presencia sacramental de Cristo Redentor a lo largo de la historia. El diaconado hace presente a Cristo como el servidor de la comunidad. Los miembros de la vida consagrada dan testimonio en el mundo la índole escatológica de la Iglesia y ponen de manifiesto la primacía de Dios y de los valores evangélicos. Los laicos contribuyen a la transformación del mundo desde dentro, como el fermento, mediante el ejercicio de sus propias tareas, manifestando a Cristo con su palabra y testimonio.

Recordemos que después de la Ascensión del Señor a los cielos, los apóstoles «perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos» (cf. Hch 1,14). Allí se inician con María los primeros pasos de vida de la Iglesia. Su presencia junto a los apóstoles tiene un significado grande, porque con ellos compartirá todo lo que había ido guardando en su corazón. En el cenáculo, implora el don del Espíritu Santo y ayuda a los Apóstoles para que se dispongan a recibirlo, y será Maestra para ellos y para la comunidad que más tarde se irá congregando a su alrededor. María, que estuvo presente desde el principio en el camino de su Hijo, ahora está presente desde el principio en el camino de la Iglesia y de su misión evangelizadora.

En las letanías del Rosario la invocamos como Reina de los Apóstoles. El sentido de esta invocación es ayudarnos a comprender que está presente en nuestra vida cotidiana, y le llamamos Reina siempre en referencia a Cristo, porque fue asociada a su Hijo de un modo singular, y por eso su realeza deriva de ser la Madre del Señor. El apostolado de María es único: ser la Madre de Dios. Ella engendró y dio a Cristo al mundo. Los Apóstoles fueron elegidos para predicar al mundo la divina palabra. María fue escogida para traer a la tierra la Palabra eterna del Padre. Jesucristo es el Apóstol del Padre, es el primer apóstol. María participa de una manera especial de la misión de Cristo, y en consecuencia, es apóstol con él. Su primer apostolado se inició en el instante de la Encarnación, ahí comienza el camino de María como apóstol y como Madre y Reina de los apóstoles.

Celebramos Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Nosotros somos los apóstoles de Jesucristo en la sociedad del siglo XXI, enviados a través de la Iglesia a ser sus testigos en medio del mundo, más aún, en medio de nuestro pequeño mundo, de nuestro entorno concreto. Si vivimos la experiencia de encuentro con Él, nuestra palabra será portadora de fuerza, de alegría, de seguridad, de sinceridad, de esperanza; nuestra palabra estará al servicio de la Palabra y será transparencia de la Palabra. Que sigamos avanzando por este camino, aportando nuestro pequeño grano de arena en la construcción del Reino de Dios,  con la protección y amaro de María, con  la luz y la fuerza del Espíritu Santo.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla  

Fuente: https://www.archisevilla.org/construir-juntos-carta-pastoral-del-arzobispo-de-sevilla/

Categorías: Accion Catolica

España. Acción Católica y Apostolado Seglar: “El Espíritu Santo nos necesita”

Jornada de Acción Católica en España

IGLESIA

La Iglesia española celebró este domingo el Día de la Acción Católica y Apostolado seglar con una invitación de los obispos a seguir construyendo juntos el gran reto y desafío pastoral de la sinodalidad.

Prensa CEE

«Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita» es el lema y la invitación de la Comisión Episcopal para los laicos, familia y vida para el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar que la Iglesia celebra el día de Pentecostés. Un día, como recuerdan los obispos de esta Comisión en su mensaje, para destacar “el papel fundamental que tiene el laicado en la corresponsabilidad eclesial y en la misión evangelizadora, junto con los pastores y la Vida Consagrada”.

El mensaje de los obispos gira en torno al Sínodo de los obispos, afirma una nota publicada por la Conferencia episcopal española (CEE).  Ya el lema, explican, “invita a seguir construyendo juntos el gran reto y desafío pastoral de la sinodalidad, que nos propone el papa Francisco con este proceso sinodal que está llevando a cabo la Iglesia universal y nuestras iglesias particulares, congregaciones, asociaciones y movimientos laicales”. Un proceso que para la Iglesia que peregrina en España está siendo “un tiempo de gracia” y una oportunidad “para crecer en comunión, participación y misión”.

La sinodalidad: el ADN de la Iglesia

La sinodalidad, recuerdan, expresa la naturaleza de la Iglesia y es su ADN, por eso, aunque hemos llegado al final de esta primera etapa sinodal, invitan a dar continuidad a este proceso para que “sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial”. Y puntualizan, “la sinodalidad consiste en ir creando un ‘nosotros’ eclesial compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia”.

Recuperar la escucha como método del proceso sinodal

Los obispos continúan su mensaje invitando a recuperar el sacramento del bautismo “como fundamento teológico de esta eclesiología de comunión”. En el bautismo, explican, “se encuentra la base para una nueva concepción del laico en la Iglesia, como miembro de pleno derecho. Desde aquí se entiende que la vocación laical no es una vocación residual, por defecto, ni hay que considerar al laico como un cristiano de segunda, ni un actor de reparto, sino protagonista de la misión evangelizadora de la Iglesia, junto a los pastores y la vida consagrada”.

La Iglesia se reconoce en los laicos

Por eso, advierten que “una Iglesia sinodal es aquella en la que la Iglesia reconozca a los laicos y los laicos se reconozcan Iglesia, evitando caer en el clericalismo, que es uno de los problemas más serios que existe en nuestra Iglesia actual”. Y proponen “promover espacios en los que todos nos sintamos protagonistas de la vida de la Iglesia y de su vocación misionera”. Para lo que es fundamental que “se favorezca el diálogo profundo y la escucha mutua, acogiendo también con respeto y cariño aquellas palabras de las personas que no piensan como nosotros”.

Así, la escucha sería el método del proceso sinodal y «una de las claves para poder compartir ideas y proyectos, sueños sobre una Iglesia que vamos construyendo entre todos y que deseamos que sea Iglesia de puertas abiertas, que la habita el Señor y donde se cuidan con esmero las relaciones fraternas.

Nadie se salva solo, nadie se salva sin Dios

Además de la importancia del Sínodo dentro de la Iglesia, los obispos destacan su papel en el diálogo con la sociedad contemporánea, especialmente con los más pobres y sufrientes. “En estos tiempos, marcados aún por la pandemia y por el drama de la guerra, por la inestabilidad económica, recibimos una llamada urgente a descubrir que nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia, pero sobre todo que nadie se salva sin Dios”, afirman.

El Espíritu Santo nos necesita

En la última parte del mensaje, se centran en el papel fundamental del Espíritu Santo en este proceso, pues “es muy importante que no olvidemos que el proceso sinodal es ante todo un proceso espiritual y está orientado al discernimiento. Se trata de preguntarnos cada uno y juntos, en comunidad o en grupos, hacia dónde nos quiere llevar el Espíritu Santo en estos momentos actuales de la historia”.

Un cambio profundo

“Estamos -continúan- ante una posibilidad de cambio profundo, en autenticidad y coherencia, ante un decisivo impulso evangelizador. Se trata ciertamente de una respuesta imprevista que es el Espíritu quien guía y es una aventura para vivir en comunidad. La tarea es enorme, sus contornos no están totalmente definidos; no conocemos por dónde y cómo discurrirá este camino. No sabemos qué nos aguarda. Solo que debemos ponernos en camino porque el Espíritu Santo nos necesita, nos llama a escuchar, discernir y seguir construyendo juntos un Pueblo de Dios en salida, que anuncie el Evangelio con alegría y sea fuente de esperanza en el momento actual”.

Fuente: https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2022-06/espana-dia-accion-catolica-espiritu-santo-nos-necesita.html

Categorías: Accion Catolica

DÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA Y DEL APOSTÓLADO SEGLAR «SIGAMOS CONSTRUYENDO JUNTOS» DOMINGO DE PENTECOSTÉS (5 DE JUNIO DE 2022)

«Sigamos construyendo juntos» #DíadelaAcciónCatólica

02 JUNIO 2022 | POR REDACCIÓN

El próximo 5 de junio, solemnidad de Pentecostés, la Iglesia celebra el día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar.

El lema de este año es «Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita». Una celebración, como recuerdan los obispos de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida en su mensaje, para destacar «el papel fundamental que tiene el laicado en la corresponsabilidad eclesial y en la misión evangelizadora, junto con los pastores y la Vida Consagrada».

5 de junio, Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar: «Sigamos construyendo juntos»

«Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita» es el lema y la invitación de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida para el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar que la Iglesia celebra el día de Pentecostés, este año el 5 de junio.

Un día, como recuerdan los obispos de esta Comisión en su mensaje, para destacar «el papel fundamental que tiene el laicado en la corresponsabilidad eclesial y en la misión evangelizadora, junto con los pastores y la Vida Consagrada».


Materiales para el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar

Mensaje de los obispos

Materiales para la reflexión

Vigilia de oración

Catequesis para niños, jóvenes y adultos


¿Cuál es el mensaje de los obispos?

El mensaje de los obispos de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida gira en torno al Sínodo de los obispos. Ya el lema, explican, «invita a seguir construyendo juntos el gran reto y desafío pastoral de la sinodalidad, que nos propone el papa Francisco con este proceso sinodal que está llevando a cabo la Iglesia universal y nuestras iglesias particulares, congregaciones, asociaciones y movimientos laicales». Un proceso que para la Iglesia que peregrina en España está siendo “un tiempo de gracia” y una oportunidad “para crecer en comunión, participación y misión”.

La sinodalidad, recuerdan, expresa la naturaleza de la Iglesia y es su ADN, por eso, aunque hemos llegado al final de esta primera etapa sinodal, invitan a dar continuidad a este proceso para que «sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial». Y puntualizan, «la sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia».

Recuperar el sacramento del bautismo y la escucha como método del proceso sinodal

Los obispos continúan su mensaje invitando a recuperar el sacramento del bautismo «como fundamento teológico de esta eclesiología de comunión». En el bautismo, explican, «se encuentra la base para una nueva concepción del laico en la Iglesia, como miembro de pleno derecho. Desde aquí se entiende que la vocación laical no es una vocación residual, por defecto, ni hay que considerar al laico como un cristiano de segunda, ni un actor de reparto, sino protagonista de la misión evangelizadora de la Iglesia, junto a los pastores y la vida consagrada».

Por eso, advierten que «una Iglesia sinodal es aquella en la que la Iglesia reconozca a los laicos y los laicos se reconozcan Iglesia, evitando caer en el clericalismo, que es uno de los problemas más serios que existe en nuestra Iglesia actual». Y proponen «promover espacios en los que todos nos sintamos protagonistas de la vida de la Iglesia y de su vocación misionera». Para lo que es fundamental que «se favorezca el diálogo profundo y la escucha mutua, acogiendo también con respeto y cariño aquellas palabras de las personas que no piensan como nosotros».

Así, la escucha sería el método del proceso sinodal y «una de las claves para poder compartir ideas y proyectos, sueños sobre una Iglesia que vamos construyendo entre todos y que deseamos que sea Iglesia de puertas abiertas, que la habita el Señor y donde se cuidan con esmero las relaciones fraternas».

Nadie se salva solo, nadie se salva sin Dios

Además de la importancia del Sínodo dentro de la Iglesia, los obispos destacan su papel en el diálogo con la sociedad contemporánea, especialmente con los más pobres y sufrientes. «En estos tiempos, marcados aún por la pandemia y por el drama de la guerra, por la inestabilidad económica, recibimos una llamada urgente a descubrir que nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia, pero sobre todo que nadie se salva sin Dios», afirman.

El Espíritu Santo nos necesita

En la última parte del mensaje, se centran en el papel fundamental del Espíritu Santo en este proceso, pues «es muy importante que no olvidemos que el proceso sinodal es ante todo un proceso espiritual y está orientado al discernimiento. Se trata de preguntarnos cada uno y juntos, en comunidad o en grupos, hacia dónde nos quiere llevar el Espíritu Santo en estos momentos actuales de la historia«.

«Estamos -continúan- ante una posibilidad de cambio profundo, en autenticidad y coherencia, ante un decisivo impulso evangelizador. Se trata ciertamente de una respuesta imprevista que es el Espíritu quien guía y es una aventura para vivir en comunidad. La tarea es enorme, sus contornos no están totalmente definidos; no conocemos por dónde y cómo discurrirá este camino. No sabemos qué nos aguarda. Solo que debemos ponernos en camino porque el Espíritu Santo nos necesita, nos llama a escuchar, discernir y seguir construyendo juntos un Pueblo de Dios en salida, que anuncie el Evangelio con alegría y sea fuente de esperanza en el momento actual».

Fuente: http://hoaccadizyceuta.blogspot.com/2022/06/sigamos-construyendo-juntos.html

Categorías: Accion Catolica

Los obispos españoles admiten que «el clericalismo es uno de los problemas más serios que existe en nuestra Iglesia actual»

Laicos en la Iglesia
Laicos en la Iglesia

«La vocación laical no es una vocación residual, ni hay que considerar al laico como un cristiano de segunda, ni un actor de reparto, sino protagonista de la misión evangelizadora de la Iglesia, junto a los pastores y la vida consagrada»

«Sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial. La sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia»

«Debemos abandonar el criterio pastoral del «siempre se ha hecho así» y tenemos que reinventarnos, ser creativos, imaginativos…»

31.05.2022 Jesús Bastante

«Sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial. La sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia». En su mensaje para Pentecostés, que lleva por título ‘Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita’, los obispos destacan «el papel fundamental» del laicado en la transmisión del Evangelio, en mitad del «gran reto y desafío pastoral de la sinodalidad» y del proceso sinodal que, justo este mes de junio, tiene uno de sus momentos cumbre con la reunión el 11 de junio de los delegados de todas las diócesis.

Antes, Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, instituciones de marcado carácter sinodal. Y es que, sostiene la nota, «la sinodalidad expresa la naturaleza de la Iglesia, es su dimensión constitutiva. No nos referimos a algo accidental, secundario, sino al ADN de la Iglesia«, más allá de «una reflexión teórica».

La vocación del laico no es residual

«La vocación laical no es una vocación residual, ni hay que considerar al laico como un cristiano de segunda, ni un actor de reparto, sino protagonista de la misión evangelizadora de la Iglesia, junto a los pastores y la vida consagrada», sostiene el mensaje de la CEE, que insiste en que «los laicos no están en la Iglesia para pedir a los párrocos o a los obispos que les atribuyan funciones».

Mensaje de los obispos españoles
Mensaje de los obispos españoles

«No se trata de ejercer un poder o de ocupar espacios en las estructuras eclesiásticas, sino que la participación de los laicos en la vida y misión de la Iglesia brota del sacramento del bautismo, desde donde descubren su vocación a ser misión, enviados, sin olvidar que, como afirma el Concilio Vaticano II, lo propio y peculiar de los laicos es su compromiso en el mundo», recalcan, abundando en que «una Iglesia sinodal es aquella en la que la Iglesia reconozca a los laicos y los laicos se reconozcan Iglesia, evitando caer en el clericalismo, que es uno de los problemas más serios que existe en nuestra Iglesia actual».

Este proceso sinodal, añaden, «nos debe llevar a vivir más intensamente la comunión y a promover espacios en los que todos nos sintamos protagonistas de la vida de la Iglesia y de su vocación misionera». Para ello proponen «diálogo profundo y escucha mutua», dos cualidades que no siempre han estado presentes en la relación de la jerarquía eclesiástica española con el mundo. Y con los fieles.

Sinodalidad
Sinodalidad

Nadie se salva solo

«En estos tiempos, marcados aún por la pandemia y por el drama de la guerra, por la inestabilidad económica, recibimos una llamada urgente a descubrir que nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia, pero sobre todo que nadie se salva sin Dios», añade el mensaje, que recuerda que, también, el proceso sinodal es «un proceso espiritual y está orientado al discernimiento», porque «el Espíritu Santo es el garante de la comunión, de la unidad que no es igual a uniformidad, sino que se expresa en la diversidad que nos conduce a la complementariedad».

«La sinodalidad eclesial no es solo una cuestión organizativa, sino que su finalidad es relanzar el sueño misionero, es la evangelización», recalca el mensaje de la CEE, que concluye reclamando cambiar el modo de actuar, sin «mirar hacia atrás con añoranza, con nostalgia del pasado«. «Debemos abandonar el criterio pastoral del «siempre se ha hecho así» y tenemos que reinventarnos, ser creativos, imaginativos…».

«Estamos ante la posibilidad de un cambio profundo (…). La tarea es enorme, sus contornos no están totalmente definidos; no conocemos por dónde y cómo discurrirá este camino. No sabemos qué nos aguarda»

«Estamos ante la posibilidad de un cambio profundo (…). La tarea es enorme, sus contornos no están totalmente definidos; no conocemos por dónde y cómo discurrirá este camino. No sabemos qué nos aguarda. Solo que debemos ponernos en camino porque el Espíritu Santo nos necesita, nos llama a escuchar, discernir y seguir construyendo juntos un Pueblo de Dios en salida, que anuncie el Evangelio con alegría y sea fuente de esperanza en el momento actual», finaliza el documento, firmado por el presidente de la comisión y arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, y de la que forman parte Mazuelos, Reig, Gil Hellín, Pérez Pueyo, Santos Montoya, Arturo Ros, Jesús Orozco y Antonio Gómez Cantero, junto a Saiz Meneses y Sergi Gordo.

Fuente: https://www.religiondigital.org/espana/obispos-espanoles-clericalismo-problemas-Iglesia-laicos-sinodalidad-pentecostes-accion-catolica-participacion_0_2455554425.html

Categorías: Laicos

Mensaje de Claudia Carbajal, presidenta del Consejo Nacional de ACA

08 MAY 2022

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¡Alabado sea Jesucristo!

Es tiempo de actuar desde un corazón discipular misionero. Todo en el paradigma de la misión.

Estamos aquí y estamos en camino, andando no más, parafraseando al Beato Angelelli.

Haciendo resonar en nosotros el grito que recuerda en medio del dolor del mundo de hoy, hay un solo camino: “todos ustedes son hermanos” y en su eco, aquella invitación de Wenceslao Pedernera, nuestro hermano beato, “no odien”, porque esta hora nos exige, ser puentes, tejer redes, superar grietas, vivir la comunión, que es mucho más que sumar, profundizando aquello de ser Iglesia, misterio de comunión misionera, que el Venerable Card. Pironio nos propusiera invitándonos al ejercicio de la sinodalidad que es dialogo, participación, corresponsabilidad encarnada en acciones concretas.

Tenemos que salir hacia el encuentro de todos, con el corazón dispuesto y abierto a abrazar allí la vida como viene. Pero no como buenas intenciones, declaraciones discursivas o hechos puntualmente agendados, sino en actitud de vida concreta en la parroquia, la diócesis, en lo nacional. En cada familia, el estudio, el barrio, en cada lugar de trabajo, en cada comunidad, en el campo social.

Reavivemos en nosotros la dulce y confortadora alegría de evangelizar, ofreciendo con sencillez y audacia el testimonio de nuestro encuentro personal y comunitario con Jesús que nos cambió la vida y nos puso en un camino en donde no se puede volver atrás, porque el que siembra siempre mira el surco de hoy, con esperanza, destinado a dar frutos, cuando Dios quiera, donde y como Él quiera.

Todos discípulos misioneros, los aspirantes con su natural alegría entre otros niños para ser testigos del amor de Dios que sigue confiando en la humanidad. Los jóvenes que con su fuerza vital testimonien que hay un sentido para la vida que plenifica de verdad y no, con espejitos de colores. Los adultos y sectoriales que, presentes en la tierra de misión de cada uno y una, anuncien con su vida la buena noticia que libera, transforma y es capaz de hacer nueva todas las cosas.

El querido Papa Francisco, a quien hoy desde aquí, le renovamos nuestro cariño y fidelidad, nos dice que esta pasión evangelizadora “se note” … pues bien, entonces, ¡¡¡a hacerla notar!!! En medio de nuestro pueblo, de nuestra gente que reclama por paz, por justicia, por el desarrollo integral de cada hermano y hermana, empezando por los más pobres y desamparados en cada periferia de la vida, ya sea material o existencial.

En nuestra querida Argentina es urgente dar respuestas al clamor de los pobres y al cuidado de nuestra casa común, para despejar las sombras de un mundo cerrado y abrirlas creativamente a horizontes de fraternidad.

Que lo que hemos soñado juntos, a lo largo del itinerario que hemos vivido como AC, en cada comunidad, en los organismos de conducción, se transformen en acciones concretar de amistad social, de encuentro evangelizador, de hecho misionero en cada grupo y en la vida de cada uno de nosotros.

Y permítame, antes de finalizar, agradecer a Jesús que me salió al encuentro para cimentar mi fe a través del camino de la ACA en la parroquia Asunción y San Andrés, en mi diócesis de San Martin, cuna también de mi familia, a Emilio, mis hijos, mis nueras, mis nietos pequeños, incondicionales sostén del camino y del servicio que hoy me toca asumir. A mis amigas y amigos, entrañables compañeros de la misión y la vocación, y a cuantos, en este largo recorrido, han enriquecido mi vida con su testimonio de generosa entrega a los otros, sólo por el amor a Jesús.

En Él nuestra confianza para este nuevo tramo que iniciamos, eslabón de una historia que ya lleva 91 años en nuestra patria. A su misericordia y providencia cada paso del porvenir-

Somos nosotros, somos Iglesia, somos misión. Que en el día de nuestra madre la Virgencita de Luján, nos cubra con su manto y nos ayude a decir siempre, ¡Hágase!

Fuente: https://www.accioncatolica.org.ar/blog/2022/05/08/mensaje-de-claudia-carbajal-presidenta-del-consejo-nacional-de-aca/

Categorías: Accion Catolica, Asambleas

TEMA III    LA Acción Católica:  FORMADORA DE LAICOS 

TEMA III    LA A.C. :  FORMADORA DE LAICOS        

1.- OBJETIVO:

Suscitar en cada militante, la formación progresiva, integral y permanente, para insertarnos comprometidamente en la la tarea evangelizadora, asumiendo el papel que nos corresponde, que fue diseñado en el Concilio Vaticano II y que su S.S. Juan Pablo II ha reiterado a lo largo de su pontificado.

2-  REVISION DEL TRABAJO PERSONAL

        Quienes participamos podemos comentar nuestras 

        experiencias sobre la tarea anterior.

3.-  PARTIR DE LA EXPERIENCIA Y REVIVIRLA

      Voluntariamente responderemos con sinceridad a las siguientes preguntas.

a)     ¿Consideras que para el cumplimiento de tu misión específica, dentro de la Acción Católica, estás completamente preparado?

4.-  DOCTRINA O CONTENIDO DEL TEMA

      Lectura compartida: cada quien leerá un párrafo.

      Al final se harán los comentarios.

–  La recopilación del siguiente material ha sido proporcionada por Mons. Carlos Talavera    –

El Papa Juan Pablo II hace ver la calidad formativa de la ACCION CATOLICA.

1. La Acción Católica Participa en el fin Apostólico de la Iglesia

 “El cuarto criterio de eclesialidad, la conformidad y participación en el fin apostólico de la Iglesia, pertenece a las características constitutivas de la Acción Católica  y se concreta en los compromisos de evangelización y santificación, y por tanto de formación cristiana de las conciencias cuya centralidad y urgencia han sido subrayadas”. (A la ACI 24.4.89)

2. La Formación tiene que ser en primer lugar en la Caridad.

La caridad, fruto del amor de Dios infundido con el don del Espíritu Santo en nuestros corazones, representa, en efecto, la verdadera fuerza de la Iglesia y de todo organismo que vive en la Iglesia.

Esta debe constituir el objetivo primario del trabajo formativo que se desarrolla en vuestra asociación -particularmente por obra de vuestros sacerdotes asistentes- y al mismo tiempo tiene que sostener y alimentar tanto la unidad interna de la Acción Católica y su total entrega a la comunión eclesial, como el compromiso por la evangelización, estimulando a cada uno de los asociados a la Acción Católica a la más íntima unidad entre la fe y la vida”. (A la ACI 24.4.1992)

3.  La Acción Católica debe ser Escuela de Formación Cristiana.

“Es necesario en primer lugar, intensificar el esfuerzo en la formación cristiana permanente y global, prestando atención particular a la preparación de los formadores.

La Acción Católica es escuela de formación permanente porque abarca todas las edades y condiciones de vida; es escuela de educación integral -humana, cultural y pastoral- por su mismo fin, que es el fin global apostólico de la Iglesia.

Poned en el centro de todos vuestros proyectos formativos el primado de la vida espiritual, tal como lo exige la respuesta que todos, como bautizados, hemos de dar a la llamada fundamental a la santidad” (A la ACI 24.4.1992)

4. La Acción Católica debe ser Escuela de Evangelización.

“Es preciso, además, que haya un esfuerzo más decidido por lograr la inteligencia de la fe y la evangelización de la cultura, que exigen un conocimiento amoroso y maduro de la verdad cristiana,  una lectura sabia de la realidad social e histórica y una capacidad de diálogo y comunicación con todos en la lógica de la fidelidad plena a Dios y al hombre.

Con estas condiciones, la Acción Católica puede llegar a ser una escuela auténtica de evangelización, enraizada en la escucha de la Palabra de Dios y en la catequesis.

Así será capaz de evangelizar especialmente a cuantos se han alejado de la fe y de la práctica de la vida cristiana.

Debéis ser, como Acción Católica y, por tanto, en vuestra realidad comunitaria, sujetos activos de evangelización, promoviendo iniciativas principalmente a nivel parroquial, que os permitan expresar vuestra generosa capacidad misionera abierta a todos.

Por lo demás, ¿no es la evangelización vuestra primera finalidad? No basta que cada uno de los miembros evangelice, sino que es preciso que lo haga la asociación como tal, de forma solidaria y «a la manera de un cuerpo orgánico» (AA 20)”. (A la ACI 24.4.1992)

5. La Acción Católica debe dar Educación Social y Política.

“Si tenéis claras las orientaciones que vuestros pastores han afirmado en repetidas ocasiones sobre la unidad de los creyentes en la defensa y promoción de los valores humanos y evangélicos imprescindibles, os resultará fácil obrar responsablemente a favor de la educación de los fieles en la esfera social y política, por medio del conocimiento, la profundización y la difusión de la doctrina social de la Iglesia, a cuya elaboración la Acción Católica ha dado siempre una aportación constante”. ((A la ACI 24.4.1992)

6. La Acción Católica debe ser Escuela de Formación Espiritual, Doctrinal y de Acción.

“El impulso misionero es proporcional a la «conciencia de verdad» (cf. discurso de Loreto).

A fin de que la Acción Católica comparta con todos sus componentes el sentido de responsabilidad por la verdad cristiana y pueda ser su Anunciadora y Testimonio cualificado en el seno de las complejas problemáticas actuales, vuestras asociaciones están llamadas a convertirse en auténticas escuelas de formación doctrinal, además de espiritual, y no sólo por las verdades a creer, sino también por el comportamiento a observar”. (A la ACI 25.4.1986)

7. Formación y Acción.

“Esta dimensión formativa se entendería evidentemente de forma restringida y errónea si quedase aislada de aquella actividad, de ‘acción’ justamente, como dice el nombre mismo de vuestra asociación, o peor, si se opusiera absurdamente a la misma.

Al contrario, como la formación es la raíz misma de la misionariedad, así también la misma formación debe ser intrínsecamente misionera, orientada a la acción apostólica. De ahí procede también la amplitud de su aliento.

Una auténtica formación de laicos de Acción Católica debe abrazar, junto a las temáticas espirituales y teologales, la doctrina social de la Iglesia y todo lo que ayuda a capacitarlos para introducir la fuerza redentora del Evangelio en el seno de las realidades temporales”. (A la ACI 25.4.1986)

   Ser laico es una condición

       sacramental de servicio,

   una condición carismática de

                     libertad,

           un testimonio evangelizador del

                      mundo,

        una presencia eclesial de

                corresponsabilidad.

5.-  ENCUENTRO CON LA PALABRA DE DIOS

Nos ponemos de pie.

     Alguien lee el siguiente pasaje de la Sagrada Escritura.

PROGRESAR HACIA EL HOMBRE PERFECTO

“Así prepara a los suyos para las obras del ministerio en vista de la construcción del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios y lleguemos a ser el Hombre perfecto, con esa madurez que no es menos que la plenitud de Cristo.

Entonces no seremos ya niños a los que mueve cualquier oleaje o viento de doctrinas o cualquier invento de personas astutas, expertas en el arte de engañar.

Estaremos en la verdad y el amor, e iremos creciendo cada vez más para alcanzar a aquel que es la cabeza, Cristo.

El hace que el cuerpo crezca, con una red de articulaciones que le dan armonía y firmeza, tomando en cuenta y valorizando las capacidades de cada uno.

Y así el cuerpo se va construyendo en el amor.”

(Efesios 4, 12-16)

6.-  SILENCIO Y REFLEXION

     Guardamos silencio para acoger la Palabra de Dios.

7.-  CONFRONTAR NUESTRA REALIDAD PERSONAL

      CON LA PALABRA DE DIOS

      Todos podemos compartir nuestra reflexión en el 

      encuentro con la Palabra de Dios.

a)     Describe con una palabra, lo que requieres  para 

      emprender la tarea de formación.

8.- ORACION COMUNITARIA

      Haremos en voz alta – personal y voluntariamente –

      la oración que Dios haga surgir en nuestro corazón.

9.-  TAREA

a)         Analizar lo que, sobre la formación,  S.S. Juan Pablo II  nos presenta en los números 57, 58 y 59 de la Exhortación Christifideles Laici.

10.-  CANTO Y DESPEDIDA

SANTA MARIA DEL CAMINO

Estrofa:                                  I

    Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás,

     contigo por el camino, Santa María va.

Coro:              ¡VEN CON NOSOTROS A CAMINAR

                         SANTA MARIA, VEN!

                        ¡VEN CON NOSOTROS A CAMINAR

                         SANTA MARIA, VEN!

 

Estrofas:                               

II

  

 Aunque te digan algunos,  que nada puedes cambiar,

     lucha por un mundo nuevo; lucha por la verdad.

                                    III

     Si por el mundo los hombres, sin conocerse van,

     no niegues nunca tu mano, al que contigo está.

                                   IV

     Aunque parezcan tus pasos, inútil caminar,

     tú vas haciendo caminos, otros los seguirán.

Fuente

ACCION CATOLICA MEXICANA

JUNTA NACIONAL – COMISION DE ESTUDIO

Categorías: General

Catolicismo: mayoría numérica, minoría cultural

Santiago García Álvarez

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Resulta paradójico que profesar la religión de la mayoría en muchos espacios de nuestro país, deviene en lo políticamente incorrecto. Cuando comenzaba a escribir en Excélsior, me llamó la atención un consejo, no a mí, sino a una persona quien también hacía sus pininos en otro medio: “No escribas como católico ni muestres abiertamente tu fe; eso significaría el fin de tu carrera”. Me sorprendió por lo que ya refería en el párrafo inicial, pero más por un sesgo discriminatorio en ello.

La Iglesia católica ha sufrido distintas crisis. La más reciente, vinculada a los conocidos abusos sexuales. Siglos atrás, la estrecha relación con el poder político. Incluso, la violencia religiosa, la piedad sin contenido o la ambigüedad de los propios católicos, como lo advertía con sentido autocrítico el propio cardenal Ratzinger. Evidentes fallos humanos.  

Cuando se juzga al catolicismo y al cristianismo, se suele omitir la otra cara de la moneda. Me refiero al testimonio de millones de personas que han vivido coherentemente con su fe, quizá de forma más bien discreta, haciendo bien en su entorno inmediato. Hay otros acontecimientos más notorios en los que también se pasa por alto la identidad cristiana. El menú es amplísimo; se me ocurre las centenarias universidades de París, Bolonia y Oxford, fundaciones vinculadas a la Iglesia católica. 

La ciencia no sería lo que es actualmente sin el cristianismo. Pensemos en la religiosidad de Nicolás Oresme, Nicolás de Cusa, Copérnico, Pascal, Newton o Kepler. Una lista similar saldría si hacemos referencia a la música, la literatura o la pintura. Lo mismo de la labor asistencial y la atención a los desprotegidos, áreas en que católicos han marcado diferencia a través de numerosas iniciativas. En nuestro país se puede consultar la Cuenta Satélite de Instituciones sin Fines de Lucro, del Inegi. Tampoco se puede pasar por alto que la dignidad de la persona y el respeto a la libertad son dos fundamentos de la actualidad que el cristianismo impulsó mucho antes que la Ilustración. Tal vez, que Francisco de Vitoria sea el padre del Derecho Internacional moderno, uno de los principales defensores de derechos humanos de los pueblos originarios americanos y fraile dominico es más que coincidencia.

Una de las molestias que genera el catolicismo es su postura moral hacia determinados temas. Lo que no suele considerarse es que la consistencia católica en doctrina y moral se debe a que sus fieles defienden una tradición y una revelación cuyas partes esenciales no ven conveniente modificar; siendo razonables, están convencidos que fueron dadas por su bien por una inteligencia más grande que ellos mismos. Es difícil de entender en un mundo democrático, quizá sea un sello de garantía para quienes piensan que existe una lógica que, si les trasciende, es compatible con su razón y que no está sujeta a la fragilidad de las pasiones.

Otro hecho frecuente es el alejamiento de las religiones, especialmente la católica, debido a conductas incoherentes de sus fieles. Sentirse decepcionado de la conducta de los cristianos es comprensible, pero no al grado de despreciar su espiritualidad, cuya esencia pone el acento en la sublimidad de su fundador, a quien entienden como un Dios hecho hombre, que es al único que realmente quieren imitar. Fundador, cuya existencia, incluyendo la celebración de hoy, es respaldada por fuentes históricas no menores a las de Platón o Aristóteles. En Nietzsche se expresa aquel grito desesperado: ¡Dios ha muerto! Precisamente el mismo relato del viernes pasado, sin final feliz. Ahora se nos quiere preparar para una teología después de la muerte de Dios, pero, ¿basada en qué? ¿Cuáles serían los pilares o sus fundamentos? ¿Son sólidos? ¿Realmente el ser humano puede ocupar el lugar de Dios y servir de imparcial y desinteresadamente, sin abusos?

Posturas como la referida contrastan con los recientes escritos de Dave Rubin, líder mediático americano contemporáneo, proveniente de una familia judía. Es homosexual y vive con su pareja. Aunque ha sido agudo crítico de las religiones, le ha preocupado que el posmodernismo rechace sistemáticamente la verdad objetiva a cambio de sentimientos subjetivos. En su opinión, las sociedades funcionan mejor cuando se sustentan en sistemas de creencias intemporales, como puede ser la Biblia. El código ético como una realidad objetiva externa a la propia persona es un ancla más segura, pues evita que la puedan cambiar a conveniencia o manipular en nombre de supuestas mayorías. Esas religiones basan su grandeza, según Rubin, en defender algo más grande que ellos. El mundo tiene cerca de 2 mil 500 millones de cristianos y católicos, pero en las esferas intelectuales y sociales, los católicos tienen rasgos más bien de minorías. Pienso que los poderes mediáticos y culturales no deberían discriminar a ninguna persona por ser creyente de cualquier religión. La fe y la razón son dos accesos a la realidad que en los tiempos actuales necesitan más diálogo que nunca, no sólo por el bien de la religión, sino de la ciencia y las humanidades.  

Escribir como católico no consiste en imponer un punto de vista desconectado de la realidad misma, a la que hay que entender a profundidad, con su enorme complejidad y sus variados matices. Es dialogar desde el estudio riguroso de las distintas áreas del conocimiento, alejados del dogmatismo y con respeto a todos, con una visión trascendente que abre horizontes tan optimistas como realistas. Curiosamente, el misterio más oscuro de la fe –Semana Santa– es el signo más claro de una luminosa esperanza que responde a las inquietudes más profundas, y que celebramos hoy.

Fuente: https://www.excelsior.com.mx/opinion/santiago-garcia-alvarez/catolicismo-mayoria-numerica-minoria-cultural/1510202

Categorías: Reflexiones

Acción Católica: Para vivir el Misterio del Cristo Total

Escrito por: Acción Católica General de Madrid – miércoles, julio 08, 2015

INTRODUCCIÓN

El descanso dominical, las vacaciones de verano y otros momentos en los que el hombre deja aparcado su trabajo profesional y se dedica al ocio, al descanso es, además de un mandamiento de Dios, una necesidad física y psíquica de la naturaleza del hombre.

Uno de los grandes problemas que encuentran los trabajadores de esta sociedad capitalista en la que se cuenta con la bolsa del paro, es que las empresas a veces les exigen renunciar a su tiempo de descanso para dedicarlo al trabajo, haciendo una verdadera injusticia con los hombres. Esto ocurre especialmente con los jóvenes trabajadores, los que están comenzando y tienen menos experiencia y por ello mismo, menos curriculum, y tienen que aguantar más las condiciones que se les ponen.

Cuando llega este tiempo de descanso, lo que hay que hacer es desconectar de la marcha habitual, cortar con todo aquello que ocupa la cabeza durante la mayor parte del tiempo y relajarse para coger nuevas fuerzas.

Por eso hay tanta gente que se va al campo, a pasear por la montaña. El cambio de actividad descansa no sólo el cuerpo, también el alma, la cabeza. Todo el hombre debe tomar aire fresco, respirar con fuerza. Muchas veces es una verdadera necesidad olvidarse de los problemas habituales del trabajo, de la presión de la competitividad. Los mismos niños necesitan jugar, ver cosas distintas, salir y no estar dedicados al colegio y a los estudios como si no hubiera otra cosa.

La televisión ha servido de escape en muchas ocasiones. Desgraciadamente más de lo que debiera. La televisión tiene un especial éxito justamente porque no obliga a pensar, todo nos lo dan hecho. No exige esfuerzo seguir el ritmo de lo que se nos presenta y por ello mismo es una verdadera evasión. En ocasiones hay que aprender a cortar con la televisión también, porque nos encierra mucho en nosotros mismos.

Algunos cristianos tienen el mismo criterio con su fe. Creen que hay que desconectar a veces de lo que es la religión. Son creyentes que cumplen una serie de normas mejor o peor, pero tienen claro que eso que creen no implica sus vidas. Son los que han convertido la fe en una especie de ideología. La fe no cambia mi forma de ser y tengo que saber cuando debo vivirla y cuando debo tomarme un «descansillo».

Pues bien, el amor a la Iglesia, el compromiso cristiano no consiste en cosas que hacer, sino en ser. La fe implica una vivencia, un seguimiento. Por que no somos pregoneros de buenas ideas, somos discípulos, seguidores de un hombre, de un Hombre que es Dios. Nuestro especial sentir con la Iglesia no es una toma de postura ante determinados temas más o menos conflictivos, es una opción, es un talante, es un deseo de identificarme con ella, porque en ella encuentro sentido a lo que soy, a lo que amo, a lo que sufro. Hacer Iglesia, para un creyente, es serlo, es amarlo, es vivirlo, es disfrutarlo.

EXPOSICIÓN DOCTRINAL

1. LA FECUNDIDAD DEPENDE DE NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

Llevamos todo este curso procurando meditar sobre nuestro amor a la Iglesia, nuestro ser Iglesia, nuestro compromiso de Iglesia. Pero sería ingenuo no descubrir que de ese amor, ser y compromiso surge una espiritualidad propia. Un camino para progresar en la perfección evangélica que siendo seguro es, también, exigente. Es la espiritualidad que debe estar detrás de nuestra formación y de nuestros programas de acción: «no existe conciencia cristiana adulta si no es la fe la que preside, articula, informa y unifica el encuentro que se da en todo militante cristiano entre su ser hombre inmerso en la sociedad y su ser miembro de la Iglesia. Para el cristiano la fe es siempre el primer valor y el criterio decisivo» (La Acción Católica Española, hoy, II, 2, a, 4).

Realmente todo lo que un cristiano busca con la formación y con el trabajo apostólico es la santidad. Ese es el fin primero de la Acción Católica como asociación pública de fieles y el de la Iglesia misma. Juan Pablo II decía en los primeros encuentros que tuvo con los militantes: «La Acción Católica debe apoyarse decididamente sobre la santidad, todos sus miembros han de tener verdadera ansia de santidad» (Audiencia del 30 de diciembre de 1978). Con la finalización del Jubileo del año 2000, lo volvió a repetir, dirigido, esta vez, a toda la Iglesia: «Si el bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial» más aún, si hemos recibido el bautismo y estamos convencidos de que ha sido un verdadero don para nosotros sabemos que nos hemos puesto en camino del Sermón de la Montaña: ‘sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’ (Mt 5, 48)» (NMI 31).

Los medios de formación que la Acción Católica pone a nuestro alcance, la misma Revisión de Vida que hacemos en equipo, tiene como primer propósito la conversión del corazón, para poder identificarnos con Cristo, nuestro Maestro y Señor. Cuando hablamos de la formación para tener unidad de vida, no decimos otra cosa que nos formamos para ser cristianos, no meramente para adquirir conocimientos. Queremos ser, queremos vivir, por ello lo que aprendemos nos es útil para mejorar, para descubrir actitudes que debemos cambiar, para vivir conforme a lo que queremos mostrar.

No podemos olvidarlo nunca, nuestro servicio en la Iglesia, sea cual sea, no nace de un altruismo personal, lleno de buena voluntad, como si se trata de una ONG más, ni de un participar de unas ideas hermosas que me parecen acertadas, convirtiendo nuestro ser Iglesia a una ideología. Nuestro trabajo apostólico, nuestra disponibilidad a las necesidades de la Iglesia y del mundo circundante nace de un convencimiento profundo, radical, vital, de que hemos sido elegidos por Dios para vivir con Él, para, finalmente, identificarnos con Él. A eso se le llama aspirar a la santidad.

Puede sonar pretencioso o un tanto exagerado ese deseo de ser santo. Pero no lo es. No olvidamos nuestra pobreza ni nuestra fragilidad, pero lo abandonamos en las manos del Señor, en quien hemos puesto nuestra confianza. Si fuera por nosotros, no nos atreveríamos a desear nada, mas si quien nos llama a la santidad nos la concede si nos abandonamos en Él, podemos estar seguros de alcanzarla. Para ser capaces de tan alta hazaña es necesario algo más que nuestro personal propósito y nuestra valía. Es Cristo, con su gracia quien hace posible, no sólo alcanzarlo, sino incluso desearlo. Con la fuerza de Dios nosotros vencemos el pecado y nuestra mediocridad.

2. SIGUIENDO EL CAMINO DE LA ORACIÓN.

«Os preocupáis por mantener con Él un diálogo constante mediante la oración personal, asociativa y litúrgica, la meditación y la ‘lectio divina’, la constante frecuencia de los sacramentos, de la Eucaristía y de la Penitencia. De la intimidad con el Señor nace el testimonio de la caridad. Y vosotros pretendéis alimentar este crecimiento sobrenatural mediante la regular dirección espiritual, los retiros y los Ejercicios espirituales, la filial devoción hacia la Virgen… Habéis adquirido el compromiso del rezo del Rosario, os habéis consagrado a María. En el camino cotidiano de santificación están junto a vosotros con el ejemplo y el consejo vuestros consiliarios…» (Juan Pablo II, Encuentro con los militantes de la Acción Católica Italiana, 21 de septiembre de 1991).

Lo primero es la oración. Sin ella el cristiano está indefenso, es débil, no puede ni luchar con las dificultades que la vida tiene, ni lanzarse a nuevos retos. Oración personal, y oración comunitaria. Oración que cada uno dirige al Padre con confianza filial y oración que los creyentes, como miembros del Cuerpo de Cristo, hacemos en unión de intención y de amor.

Oración no es sinónimo de abandono de nuestros compromisos más humanos. Nuestra oración, por ser la de los hombres, es profundamente humana y está atravesada de un amor grande por todos los hombres, cuyas intenciones, problemas, miserias y alegrías ponemos ante el Señor. Oración que convertimos en vida, porque queremos que nuestra vida sea iluminada por la de Cristo. «La espiritualidad no es un modo de huir de nuestro entorno sino un modo de vivir nuestra existencia en plenitud, siendo dóciles al Espíritu. Nuestros ratos de oración son momentos que no podemos desconectar del quehacer diario. No son un elemento añadido a nuestra vida, sino que la sustentan. Se trata de que ‘seamos oración’ haciendo de la vida concreta el lugar de nuestro encuentro con Dios» (Permaneced en mi amor, una regla de vida para los jóvenes de Acción Católica de Madrid, 61).

Cuando se habla de oración podemos pensar que se trata de una actividad propia de especialistas, de expertos, de privilegiados o, incluso, iluminados. Nada más lejos de la verdad. La oración es el resultado de un encuentro, del encuentro de Dios con el hombre. La vida de oración es un don que el Señor concede a todos los que con humildad e insistencia se lo piden. Todos podemos convertirnos en ‘profesionales de la oración’. «Se equivoca quien piense que el común de los cristianos se puede conformar con una oración superficial, incapaz de llenar su vida. Especialmente ante tantos modos en que el mundo de hoy pone a prueba la fe, no sólo serían cristianos mediocres, sino ‘cristianos con riesgos'» (NMI, 34).

3. LA IGLESIA COMO MEDIANERA.

Junto a la oración, los cristianos contamos con la Iglesia, nuestra Madre, que nos engendró para Cristo en el Bautismo y que no nos abandona en nuestro camino de perfección.

La Iglesia, entre otras cosas, nos parte y entrega el Cuerpo de Cristo, nuestro Señor, en la Eucaristía, y nos sana de nuestras dolencias y torpezas en el sacramento de la Penitencia. Ambos sacramentos vigorizan nuestro empeño de santidad y nos posibilitan el continuar el camino del cielo. Son medios, no fines, en sí mismos, pero son necesarios, puesto que realizan en nosotros la salvación operada por Cristo en la Cruz.

La frecuente recepción de los sacramentos, especialmente el de la Santísima Eucaristía nos une del modo más perfecto posible aquí en la tierra con Cristo (cf. RH, 20). En la Eucaristía no sólo recibimos la gracia de Dios sino al mismo Autor de esa gracia, que se hace presente en el Pan y Vino Eucarísticos, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad. La comunión eucarística transforma nuestro ser, nuestro amor, nuestra vida entera.

El sacramento de la Penitencia nos limpia de nuestros pecados, pero por si esto fuera poco, nos concede el don de Dios para vencer, para ser más dóciles, para superar nuestra pobreza. Por eso debemos acudir a él con frecuencia, con alegría, con deseos de identificarnos con Cristo. Por otro lado, la confesión frecuente con el mismo sacerdote, que nos conoce y exige, nos ayudará también a valorar la ayuda de la dirección espiritual, que, una vez más, sin ser en sí misma un fin, ha mostrado tantas veces su eficacia en las aspiraciones de santidad de tantos cristianos y de tantos militantes de Acción Católica.

A través de estos medios, Dios se hace presente. La Iglesia se hace mediadora entre Dios y nosotros, poniéndonos al alcance de la mano la gracia de Dios, la experiencia de su vida, la oración e intercesión de la Comunión de los Santos.

4. CONFIANZA FILIAL EN LA MADRE DE DIOS.

Una nota que identifica a los cristianos es nuestro amor a la Virgen María. En ella encontramos no sólo la atención cariñosa de nuestra Madre, que ya sería bastante, sino un ejemplo, una muestra, una imagen de lo que cada uno de nosotros y todos juntos como miembros de Cristo aspiramos ser algún día.

A Ella acudimos continuamente y en esta ocasión le rogamos por aquellos hermanos nuestros en la fe, hijos suyos, que más lo puedan estar necesitando.

EXAMEN

– ¿Busco en todas mis cosas a Dios y su gloria? ¿intento que todo lo que vivo y hago me ayuden a ser mejor hijo de Dios, a estar más cerca de Cristo? ¿aspiro realmente a la santidad?

– ¿Pongo los medios que están a mi alcance para tener más presencia de Dios a lo largo del día? ¿le pongo al Señor como fin de todas mis obras? ¿le ofrezco el trabajo, la vida de familia, el descanso?

– ¿Soy consciente de que la eficacia de mi apostolado, del de la Acción Católica y el de la Iglesia depende más de mi santidad que de mi esfuerzo personal? ¿procuro que este convencimiento se traduzca en obras concretas?

– Cuando me formo, leo, hago revisión de vida ¿busco la conversión del corazón? ¿quiero dejar al Señor que entre en mi vida con toda su fuerza y exigencia?

– ¿Busco diariamente tiempo para estar con el Señor? ¿lucho por hacer oración personal todos los días? ¿procuro llevar una vida litúrgica? ¿aprovecho los ratos que tengo de oración y los retiros? ¿acudo anualmente a los ejercicios espirituales?

– ¿Acudo con frecuencia a los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia? ¿cuido la comunión eucarística? ¿me preparo con piedad para celebrar estos dos sacramentos? ¿tengo dirección espiritual? ¿la vivo con esmero y puntualidad?

– ¿Invoco a María en mis problemas? ¿la tengo presente a lo largo del día? ¿la miro como ejemplo y como ayuda en mi camino de santidad?

TEXTO

La fecundidad de la Acción Católica depende de su unión vital con Cristo . Cada militante de Acción Católica, consciente de su vocación a la santidad , tiene «ansia de santidad. La Acción Católica debe apoyarse decididamente sobre la santidad» .

Como toda santidad cristiana, tiene su comienzo en la consagración bautismal . Es la primera y fundamental vocación que exige de cada uno «el seguimiento y la imitación de Jesucristo» . Es pues una santidad real y concreta, por eso, en el citado discurso del 30 diciembre de 1978, el Papa añadía: «El compromiso de la santidad implica, por ello, austeridad de vida, serio control de los propios gustos y de las propias opciones, compromiso constante en la oración, una actitud de obediencia y de docilidad a las normas de la Iglesia, tanto en el campo doctrinal, moral y pedagógico como en el campo litúrgico.».

Elemento de la identidad misma del militante de la Acción Católica es «vivir, como discípulos de Jesús y en proceso permanente de formación y conversión personal, los valores del Evangelio» . En el fondo lo que se afirma no es otra cosa que «todos los fieles deben esforzarse según su propia condición por llevar una vida santa, así como por incrementar la Iglesia y promover su continua santificación» .

En distintas ocasiones la enseñanza del Papa al dirigirse a los miembros de la Acción Católica desciende a hacer una enumeración bastante minuciosa de los medios para alimentar la vida interior. Así, el 21 de septiembre de 1991, a los cien mil militantes de la Acción Católica italiana reunidos en Roma les enseñaba: «Os preocupáis por mantener con Él un diálogo constante mediante la oración personal, asociativa y litúrgica, la meditación y la ‘lectio divina’, la constante frecuencia de los Sacramentos, de la Eucaristía y de la Penitencia. De la intimidad con el Señor nace el testimonio de la caridad. Y vosotros pretendéis alimentar este crecimiento sobrenatural mediante la regular dirección espiritual, los retiros y los Ejercicios espirituales, la filial devoción hacia la Virgen… Habéis adquirido el compromiso del rezo del Rosario, os habéis consagrado a María. En el camino cotidiano de santificación están junto a vosotros con el ejemplo y el consejo vuestros Consiliarios…».

El carisma específico de la Acción Católica es la vivencia del misterio del Cristo total, Cabeza y Cuerpo. De él surge una espiritualidad propia y peculiar, como camino exigente y seguro para progresar en la perfección evangélica. Esta espiritualidad ha de orientar toda la práctica concreta de la asociación: la formación y los programas de acción. «No existe conciencia cristiana adulta si no es la fe la que preside, articula, informa y unifica el encuentro que se da en todo militante cristiano entre su ser hombre inmerso en la sociedad y su ser miembro de la Iglesia. Para el cristiano la fe es siempre el primer valor y el criterio decisivo» .

Como norma insoslayable tiene que guiarse por la enseñanza insistente de los Papas , y del Concilio Vaticano II, y tiene que llevar a «mirar al hombre con los mismos ojos de Cristo» y a amarlo con el mismo amor del corazón del Hijo de Dios hecho hombre.

Consejo Diocesano de Acción Católica General de Madrid, Ideario, 27-28.

Fuente: http://accioncatolicageneral.blogspot.com/2015/07/accion-catolica-para-vivir-el-misterio.html

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