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¡Vale la pena poner límites a los hijos!

OCURRENCIAS DE LA VIDA DIARIA

¡Vale la pena poner límites a los hijos!

Ana Cecilia Guajardo

Revista Acción Femenina. Agosto 2010/año 77/947

Hablar acerca de qué normas y límites son necesarios establecer a los niños y adolescentes es un tema que a muchos padres les inquieta y preocupa. “Mí hija siempre se sale con la suya, no respeta horarios”, “no hago entender a mi hijo que, si no estudia, va a perder el lugar en la escuela”, “por más que castigamos a nuestra hija, sigue teniendo su cuarto desordenado”. Estos son ejemplos a los que cotidianamente se enfrentan algunos padres con sus hijos.

Antes que nada, conviene recordar que toda persona necesita de reglas de comportamiento como parte de la organización y estructuración de su personalidad. Por ello, es esencial que los padres eduquen a sus hijos desde los primeros años de edad con base en normas, límites y hábitos; mostrándoles cómo conducirse en el ámbito familiar para que, posteriormente, lo puedan hacer de manera certera fuera de casa.

La educación que reciben los hijos es responsabilidad y función de los padres principalmente. Existen padres autoritarios que marcan reglas y límites rígidos esperando que los hijos obedezcan sin cuestionamiento alguno, todo se centra en el “porque lo digo yo”. Otros padres manejan una autoridad blanda con los hijos, les “sueltan las riendas” dándoles una excesiva libertad para que hagan todo lo que quieren.

También hay padres que son capaces de marcar reglas y límites a los hijos de manera sensata.

CUANDO LOS HIJOS TOMAN EL CONTROL

Hace algún tiempo Juan quería ir a un lugar pero, al no encontrar señalamientos, preguntó a algunas personas por el sitio que buscaba, unos lo mandaban hacia un rumbo y otros, hacia otro lugar. Al no ver nada en claro, Juan se sintió perdido y confundido. Así se pueden sentir los niños y adolescentes al no tener una brújula que oriente y guíe su camino por la vida. De ahí la importancia de que los padres enseñen a sus hijos cómo deben actuar y comportarse, explicando el por qué de una norma o límite.

Con base en el entendimiento, es más probable aceptar algo que, cuando se siente que ha sido impuesto.  En ocasiones, a los padres se les dificulta ejercer o manejar su autoridad, siendo demasiado blandos o tolerantes con los hijos.

Y, hay que estar muy alerta porque los niños pero, sobre todo los adolescentes utilizan muchos recursos manipuladores para “salirse con la suya”, insistiendo en hacer lo que ellos quieren y no lo que se vale.

Esto puede generar una lucha de poder entre padres e hijos y, muchas veces, los progenitores terminan cediendo, con tal de no seguir discutiendo.

Al ceder, los hijos toman el control de la situación y la autoridad de los padres se pierde.

Otra situación que se da es cuando no hay consistencia en mantener las reglas establecidas.  Por ejemplo, Pablo tiene permiso de ver la tele de 8:00 a 9:00 de la noche y le dice a su mamá:

“Mami ¿me dejas ver más tiempo la tele?, al cabo que mi papá no se va a dar cuenta” y, la mamá accede. Al aceptar esto, la madre de Pablo, le está mandando el mensaje de que “se vale romper las normas y límites”, quedando con esto la autoridad de los padres en entredicho. Y, Pablo estará invitado a volver a hacer lo mismo con otros acuerdos. El límite estaba establecido pero éste se violó y el control del cumplimiento del mismo se perdió.

MAMÁ CONTRA PAPÁ

Cuando existe contradicción entre lo que señala mamá y lo que dice papá, los hijos pueden sacar ventaja. Si mamá dice: “La hora de llegar a la casa es a las 2 a.m.”; pero papá dice: “Puedes llegar hasta las 3:30 a.m.”; por supuesto, los hijos se inclinarán hacia el padre. Siempre preferirán a quien que sea más permisivo, restándole autoridad al otro y progenitor. Si los padres no respetan los acuerdos establecidos entre ellos, mucho menos lo harán los hijos. Y, si las reglas son confusas, pueden ser interpretadas por lo hijos según más les convenga.

También se puede relajar la autoridad cuando existe un sentimiento de culpa Una madre  dice: “Me siento mal de dejar a mi hijo todo el día en la guardería, por eso cuando estoy con él le doy todo lo que me pide”. Otro ejemplo, los papas de Mari se acaban de divorciar, por tanto, le cumplen a la hija todos sus caprichos (ropa de moda, compu nueva, etc.), debido a la culpa que experimentan.

Claro, si Mari no obtiene lo que pide se vuelve rebelde y grosera, les ha tomado la medida a sus padres y está sacando provecho de la situación de divorcio.

¿Valdrá o no la pena poner límites a los hijos desde temprana edad?

La falta, ambigüedad o inconsistencia de reglas y límites pueden generar niños y adolescentes caprichosos, egoístas y exigentes, agresivos y violentos. Diana, la mamá de Carlos, expresa: “¡Cómo hubiera querido haberle puesto límites a mi hijo cuando era más chico!, ahora me arrepiento de no haberlo hecho. Él siempre me decía que lo dejara, que él sabía lo que hacía”.

Actualmente la policía le puso límites a Carlos por transgresión a las normas (agresión y robo de dinero para comprar droga), desafortunadamente ahora este joven se encuentra en la cárcel. AF

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