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Archive for 28 julio 2009

Declaracion final 80 años de ACM

Celebración de los 80 Años de la Acción Católica Mexicana

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Celebración de los 80 Años de la Acción Católica Mexicana

 

Los participantes en la celebración de los 80 años de la Acción Católica Mexicana, hombres y mujeres adultos, jóvenes, adolescentes, niños y niñas, de 50 diócesis del país, reunidos en la Ciudad de Puebla, los días 24 al 26 de julio,

 

Declaramos que:

La Acción Católica Mexicana es una comunidad de laicos libremente comprometidos, a vivir personal y orgánicamente el Evangelio y así realizar su vocación cristiana en la misión apostólica de la Iglesia con especial vinculación con la Jerarquía.

 

Reconocemos que en el ayer histórico de la Acción Católica Mexicana hay un valioso patrimonio espiritual fundado en Cristo, que llevó a sus socios a asumir su compromiso cristiano en la Iglesia y en las estructuras sociales.

 

Aceptamos que la Acción Católica tiene una presencia cuantitativa disminuida lo cual le impide una amplia y eficaz labor evangelizadora. En el presente, vivimos un cambio de época en un México plural y diverso que afectan profundamente a nuestro mundo y provocan desafíos que no hemos sabido enfrentar.

 

Esperamos en el futuro inmediato, que la Acción Católica Mexicana se deje sorprender nuevamente por Cristo y la radicalidad del Evangelio, de manera personal y comunitaria.

 

Por lo tanto llamamos a:

 

Analizar la realidad de México con sentido objetivo y crítico para dar respuestas inspiradas en el Evangelio.

 

Trabajar desde la Doctrina Social de la Iglesia que exige el respeto a la vida y a la dignidad de todo ser humano.

 

Defender a la familia como uno de los “tesoros más importantes” de la humanidad.

 

Reconocer a la educación como factor determinante para el desarrollo de los pueblos y que la ACM ha hecho un aporte muy valioso en la formación integral de sus socios y socias.

 

Comprometemos a construir una cultura de la paz, donde haya igualdad y respeto entre los hombres y las mujeres y eficaz ayuda a los más débiles.

Valorar los avances de la ciencia y la tecnología y velar para que éstos no atropellen la naturaleza del ser humano.

 

Respetar y promover la protección al medio ambiente para tener un desarrollo sustentable.

 

Potenciar el espíritu de comunión que nos ayude a superar el egoísmo y a construir una sociedad más justa y humana.

 

Apoyar y sumamos a los esfuerzos de las autoridades e instituciones, los diferentes grupos e individuos, que están comprometidos en la transformación de la sociedad, restituyendo la justicia, eliminando las desigualdades sociales, el estigma de la violencia y la corrupción en nuestra patria.

 

Pedimos nos ayude la compañía siempre cercana, llena de comprensión y ternura de María de Guadalupe y la intercesión de nuestros Santos y Beatos.

 

 

 

“La paz de Cristo en el Reino de Cristo”

 

Homilia Nuncio apostolico Chistophe Pierre 26/08/09

Homilía de S.E.R. Mons. Christophe Pierre,
Nuncio Apostólico en México a la
Accion Catolica Mexicana

 

Homilia Misa de Clausura festejo 80 años de ACM

Homilia Misa de Clausura festejo 80 años de ACM

80 Aniversario de la Acción Católica Mexicana
Puebla de los Ángeles, Pue., 26 de Julio de 2009

Es para mí motivo de gozo estar aquí con todos ustedes, representantes de la Acción Católica Mexicana reunidos para celebrar el 80 aniversario de la Asociación en México y para reflexionar, como dice su lema, sobre los “80 años de Acción Católica Mexicana: ayer fecundo, hoy exigente, mañana esperanzador”.

En este contexto les deseo que releyendo con iluminado discernimiento la historia que les ha precedido, individuando claramente los dones que el Espíritu les ofrece hoy, miren y afronten con optimismo el nuevo futuro.

La Acción Católica, a través de la tarea formativa, del servicio pastoral efectivo dentro de las estructuras eclesiales, de las situaciones existenciales y la reconstrucción practica de la síntesis entre fe y vida en todo ambiente, a lo largo de los años ha llevado a cabo una admirable obra evangelizadora que ha contribuido a la santificación de muchos y a la formación cristiana de las conciencias, que ha impregnado de espíritu evangélico alas comunidades y los ambientes.

Este ha sido, a lo largo de los años, el objetivo de la Acción Católica y de cada uno de sus miembros, y ¡cuántos esfuerzos se han realizado por alcanzado!, pero también, innumerables ha sido los logros obtenidos, también aquí, en esta amada tierra de Santa María de Guadalupe.

Fue precisamente el 24 de Diciembre de 1929 cuando oficialmente se creó la Acción Católica Mexicana integrada, entonces, por la hoy llamada Unión Femenina Católica Mexicana (UFCM); la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM); la Juventud Católica Femenina Mexicana (JCFM) y la Unión de Católicos Mexicanos (UCM); a ellas se añadió después la Obra Nacional de Instrucción Religiosa (ONIR).

En las décadas siguientes, la Acción Católica se adentró con gran entusiasmo en un proceso dinámico para constituir grupos, comités y juntas a todos los niveles y para crecer cualitativa y cuantitativamente, desarrollando contemporáneamente una intensa actividad en la formación de sus militantes, en el apostolado catequético y social, colaborando en actividades parroquiales, difundiendo la buena prensa, prestando servicios en favor de la familia y de la promoción humana, siempre iluminados por el fecundo y específico Magisterio de los Sumos Pontífices, del Concilio Ecuménico Vaticano II, de las Conferencias Episcopales Latinoamericanas, de la Conferencia Episcopal Mexicana y de los Obispos diocesanos.

Años y años, todos colmos de esfuerzos y de búsqueda, de adaptación, de cambios y de revisión constante; de integración en la pastoral orgánica de las diócesis y, también, de dificultades prácticas para armonizar la doble proyección de la Asociación: como colaboradora en la construcción de la comunidad eclesial y como institución formadora de laicos para la evangelización de las realidades temporales.

Así, desde hace ya 80 años, bajo la guía y paternal atención del Magisterio, la presencia y el apostolado de la Acción Católica ha sido por demás fecundo y valioso. ¡Cuántas vocaciones sacerdotales y religiosas surgieron de su seno! ¡Y cuántos padres de familia lograron ser verdaderos educadores y formadores de sus hijos, gracias a la formación recibida y al apostolado ejercido con amor y con entusiasmo en la propia parroquia y en la propia diócesis! ¡Y qué decir de los mártires!

Sí, hermanos. De mucho hay que alegrarse y de mucho hay que dar gracias. Alegrarse y dar gracias por el ejemplar pasado de la Acción Católica, pero, ante todo, por el providencial carisma que la hizo nacer, es decir, por aquel don particular del Espíritu que hace que nunca falten en su Iglesia los talentos y recursos de gracia que los fieles, ”piedras vivas del edificio santo de Dios”, necesitan para servir a la causa del Evangelio; para hacer que el Evangelio se encuentre con la vida del hombre como luz, la más elevada y verdadera, que puede orientar a la sociedad en la construcción de la “civilización del amor”.

Hoy, -decía el Papa Pablo VI el 25 de abril de 197-, “la Acción Católica tiene que descubrir de nuevo la pasión por el anuncio del Evangelio, única salvación posible para un mundo que de otro modo caería en la desesperación. Ciertamente, la Acción Católica ama al mundo, pero con un amor que recibe la inspiración del ejemplo de Cristo. Su modo de servir al mundo y de promover los valores del hombre consiste primariamente en evangelizar, en coherencia lógica con la convicción de que en el Evangelio de encierra el poder más estremecedor, capaz de hacer verdaderamente nuevas todas las cosas” (L’Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, l de mayo de 1977, Pág. 2).

Mucho se ha dicho y mucho se dirá sobre este siglo XXI que estamos aún iniciando, tan turbulento e inquieto, con múltiples desafíos en las diversas áreas del existir humano, político, social y religioso, en las que a veces parece prevalecer el ‘pluralismo ideológico’ que frecuentemente se manifiesta hostil a los verdaderos valores, partidario del ‘laicismo’, promotor de crisis en las instituciones e incluso de dramática inquietud en las conciencias. Ante ello es obvio el por qué se hace necesario promover en sí mismo y en los demás, la madurez de la conciencia cristiana.

Pues, en efecto, no será posible comprometer auténtica y conscientemente el propio tiempo y las propias capacidades a favor de la salvación y santificación de las almas, si no se tiene certeza y claridad sobre las verdades que debemos creer y practicar. Sobre la inseguridad, la incertidumbre, la confusión, la contradicción, es imposible edificar. Para iluminar y motivar se necesita el testimonio trasparente de una fe iluminada y convencida.

Testimonio trasparente de la fe que, por otra parte, queridos hermanos, podrá ofrecerse sólo si es consecuencia de aquella fundamental opción por un consciente y serio anhelo de santidad. Tarea del militante de la Acción Católica es dar, amar, iluminar, llevar paz y alegría; pero, si no hay anhelo de santidad, ¿cómo podrán poseerse estos dones? Y ¿cómo podrán ofrecerse? Esto es lo esencial: comprometerse en ser santos.

Aunque hay que trabajar, y mucho, el servicio eclesial de la Acción Católica no puede reducirse a un mero activismo, su servicio a la Iglesia inicia y se desarrolla en el anhelo de sus militantes por ser santos y para, desde ahí, laborar por forjar conciencias cristianas maduras en los discípulos y misioneros de Jesús.

Como hicieron los Sumos Pontífices en el reciente pasado, también hoy hay que afirmar que la Iglesia no puede prescindir de la Acción católica. La Iglesia necesita de laicos que fieles a su vocación – que esencial y radicalmente es la llamada a la santidad -, y congregados en tomo a los legítimos pastores, estén dispuestos a compartir, junto con ellos, la labor diaria de la evangelización en todos los ambientes.

En este contexto conviene recordar también que lo que hace que la Acción católica no sea una asociación eclesial cualquiera, sino un don de Dios para el incremento de la comunión eclesial, es su vínculo directo y orgánico con la diócesis y con su obispo, con las parroquias y sus pastores, junto a los cuales asumen, como propios, el camino, las opciones pastoral es y la espiritualidad de la Iglesia diocesana.

Queridos hermanos y hermanas. Ustedes, militantes de la Acción Católica han decidido acoger la palabra de Cristo en sus vidas y, por ello, se han comprometido y se esfuerzan por ser también más conscientes de la misión que Cristo les ha confiado y sigue confiando.

“La Iglesia no puede prescindir de la Acción Católica”, afirmó el Papa Juan Pablo 11. Y es que la Iglesia los necesita: los necesita laicos, los necesita ejemplares, los necesita santos discípulos y misioneros, con la Iglesia y en la Iglesia, para el mundo.

La Acción Católica, por ello, debe empeñarse por seguir siendo la gran escuela de espiritualidad laical y de apostolado asociado que sabe y quiere poner a disposición de las ciudades y de los pueblos, de los lugares de trabajo y de la escuela, de la salud y del tiempo libre, de la cultura, de la economía y de la política, su identidad, conciencia y labor cristiana.

Recordando la frase que el Papa Paulo VI dirigiera a la Acción Católica en 1968: “Vuestra historia es como un motor que os impulsa”, orgullosos y agradecidos por su pasado, asuman con responsabilidad el presente y pónganse en marcha reflejando aún más su riqueza espiritual.

El secularismo o la persecución, el individualismo o el cansancio, el enfrentamiento con las diversas visiones de la vida o la injusticia nos dicen que cuan sea necesario dirigir constantemente y vivir siempre con la mirada puesta en Jesús: sólo contemplando a Jesús sabremos y podremos hacerlo presente, fiel e íntegramente, a los hombres de nuestra época.

Asuman, pues, queridos hermanos y hermanas y manifiesten en todas partes, su compromiso a favor de la evangelización, con un nuevo fervor misionero; déjense iluminar, tocar e impulsar por su historia marcada con el ejemplo luminoso de los santos y beatos; brillen ustedes también hoy por la fidelidad a la Iglesia y por su esfuerzo por ser santos. Sean en el mundo presencia profética y trabajen para que nuestro mundo recupere el verdadero sentido del hombre y de su dignidad, el valor de la vida y la familia, de la paz y la solidaridad, de la justicia y la misericordia. Fijen audazmente su mirada en Jesús y, desde una auténtica renovación, láncense con esperanzador optimismo para conquistar el mundo a Cristo Jesús.

No tengan miedo. María, nuestra Madre, intercede por nosotros. Invóquenla siempre y confiadamente: Ella es la Virgen de la ternura, de la esperanza y la fortaleza. Ella es el ‘Trono de la sabiduría’, que iluminará su camino de fidelidad. Ella es Madre de la Iglesia, siempre presente en nuestras parroquias y diócesis. Sean mensajeros fieles, generosos, incansables y valientes de Cristo en todos los lugares en los cuales llevan a cabo su cuotidiana actividad.

Y siguiendo el ejemplo de los Santos mártires, hagan de la Acción Católica Mexicana una cada vez más verdadera escuela de santidad, sintiéndose “llamados a continuar con renovado ardor apostólico y misionero el estilo evangélico de vida que nos han trasmitido” (DA 275).

¡Felicidades en su aniversario y que el Señor colme a la Acción Católica Mexicana, a cada uno de ustedes y a todos sus seres queridos, de abundantes bendiciones! Así sea.

CAPITULO XXI LUCHAS SOCIALES Y POSICION DE LOS CATÓLICOS

CAPITULO XXI LUCHAS SOCIALES Y POSICION DE LOS CATÓLICOS

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

SUMARIO: 1. Un símbolos la tempestad del Tiberíades. – 2. Luchas sociales, causas y consecuencias. – 3, Democracia y Cristianismo. – 4. El deber de los católicos.

l.-UN SÍMBOLO: LA TEMPESTAD DEL TIBERÍADES. –

Bellísima es aquella escena del Evangelio que nos presenta al Maestro divino, en el mar de Tiberíades, sentado en la popa de una vieja barca, rodeado de los pobres, de los humildes, de esa porción predilecta de su corazón y a quienes hablaba de las cosas divinas y mostraba el camino del cielo. De pronto, se levanta la tormenta, y las olas agitadas del mar amenazan sumergir a la débil barquilla. Los apóstoles, entonces, se postran temerosos a los pies de Cristo, exclamando: “Maestro, sálvanos que perecemos”.

Y Aquel a quien el viento y el mar obedecen y los elementos rinden vasallaje, calma las olas agitadas al eco de su palabra omnipotente y creadora, y de nuevo sobreviene la calma y vuelve a brillar la luz del sol en el horizonte. Esa tempestad de que nos habla el Evangelio es simbólica y se reproduce hoy en el mar agitado de las ideas, en la región de los principios, en el mundo de las almas. Preguntad al sabio, al político, al filósofo, al director de pueblos, al mentor de multitudes, y todos os dirán: la tempestad de la irreligión y de la anarquía se ha desencadenado sobre el mundo y, cual tromba amenazadora, va desarraigando principios, corrompiendo costumbres y haciendo vacilar los fundamentos mismos del orden social.

Y el triunfo y consagración de ideas disolventes, el derrumbe de instituciones seculares, los cetros despedazados, la Europa convulsionada y desangrada, lo dicen con la elocuencia pavorosa de los hechos. ¡Guerra a Dios! es el grito que conmueve el alma de los pueblos; ¡revolución social! es la idea que germina, como la semilla vegetal, en el fondo de la sociedad contemporánea. Nunca como hoy el hombre se ha parecido más a Luzbel y la sociedad se ha asemejado más al infierno.

El infierno lo constituye el odio eterno contra Dios; y es el odio, el triple odio contra el hombre, contra la sociedad y contra Dios el que trae enloquecido el corazón de las multitudes. Doctrinas anárquicas están minando los fundamentos mismos del orden social. Un golpe tres veces sacrílego separó a la sociedad de Jesucristo: el Protestantismo, que fue la revolución contra la autoridad religiosa; el filosofismo, la revolución contra la autoridad divina; la revolución del 79, que fue la rebelión contra la autoridad civil. Estas tres revoluciones han engendrado la revolución social que es la rebelión contra toda autoridad divina y humana y que quisiera, como el tirano de Roma, que las autoridades del mundo no tuvieran sino una sola cabeza para cortarla de un solo golpe, entronizando el reinado de la anarquías

Es un sistema que triunfa; es una idea que va infiltrándose en las masas; es una pasión que se va encendiendo en los corazones; es el Socialismo, y su forma más avanzada, el Comunismo, que se preparan a celebrar los funerales de la sociedad. Y si en medio de estos peligros, de esta tempestad que ya ruge sobre nuestras cabezas, no clamamos como los discípulos del Evangelio; “Maestro, sálvanos que perecemos”, el mundo será arrasado por un diluvio de sangre, por un diluvio de lágrimas.

2.-LUCHAS SOCIALES. CAUSAS Y CONSECUENCIAS. –

Estamos en presencia de la lucha social, de la lucha de clases que ha lanzado al pobre contra el rico, al proletario contra el capitalista.

Un concepto pagano de la vida está encendiendo una hoguera de odios, de ambiciones, de venganzas. En todas partes: corrupción, injusticias, explotación del obrero, y abajo turbas extenuadas que arrastran su vida entre, el vicio, el odio y la miseria. Un abismo separa a las clases sociales. La sociedad es un inmenso hospital, dice Nordeaux. Bajo el manto de púrpura de una civilización material oculta nuestro siglo horribles llagas morales. Ricos y pobres, patronos y obreros son dos ejércitos enemigos, unos, devorados por la ambición; otros, con el puño levantado, el odio en el corazón y el arma en el brazo. Y en todas partes: injusticias, miserias, odios, ignorancias, prejuicios, completan la desorientación, el hondo malestar, el desequilibrio social,

Es la guerra de todos contra todos que presentía Hobbes en el estado pre-social de la humanidad; es la guerra civil permanente que ha sacudido los fundamentos mismos de la sociedad.

Y ¿cuál es la causa? Las ideas.. . las ideas que han pasado del cerebro de los bárbaros civilizados al cerebro de los bárbaros incultos; las ideas que engendran los hechos; las ideas de una filosofía anticristiana aplicadas a la vida social y que constituyen, hoy, el Evangelio de los pueblos. Hay dos errores radicales de la escuela socialista que se han posesionado de la inteligencia y del corazón de las muchedumbres: un error en el punto de partida: el hombre nace bueno y la sociedad lo deprava. Por lo tanto, es necesario destruir por su base a la sociedad actual, para edificar sobre sus ruinas la sociedad del porvenir. Y un error en el punto de llegada: el paraíso del hombre está sobre la tierra. Por eso hay que satisfacer acá todas las exigencias de la naturaleza y todas las pasiones del corazón.

Es la consecuencia de la doctrina rusoniana.

A ese pueblo se le ha engañado con utópicas reivindicaciones; se han arrebatado de su corazón las esperanzas inmortales. Por eso es natural que pida y exija el mejor puesto y la mejor parte en el banquete de la vida. No conocen a Aquél que puso en la frente del pobre una corona de Rey y lo levantó a la altura de su corazón; a Aquél que arrojó la semilla de la fraternidad, esencia de toda Democracia, cuando dijo: “Todos vosotros sois hermanos y uno solo es vuestro Padre que está en los cielos. Amaos, amad a vuestros enemigos, orad por los que os persiguen y calumnian para que seáis imitadores del Padre que está en los cielos, y que hace salir el sol para los buenos y para los malos y caer la lluvia para los justos y los pecadores”.

Porque no conocen a Cristo que fue el primer obrero; que trabajó como trabajan los hijos del taller y de la fábrica; y que esas manos que fabricaron los mundos y encendieron las estrellas, fueron manos fatigadas en el trabajo, manos endurecidas en el trabajo, manos de oficio. Porque no conocen a Cristo que nació pobre para dignificar la pobreza; que vivió pobre para consolar la pobreza, que murió pobre para enseñar la pobreza.

3. – DEMOCRACIA Y CRISTIANISMO. –

No lo olvidéis, hijos del taller, queridos obreros. Hoy se habla mucho de Democracia y se confunde esta palabra que significa el gobierno de la comunidad en favor de la misma, con el desorden, el odio, la anarquía social. No lo olvidéis: la cuna de la Democracia está en Belén y su cátedra se levanta en Nazaret. Cristo es recibido en brazos de un obrero: José; y de una obrera: la Virgen María. No tuvo más abrigo que las pajas de un pesebre. Le adoran humildes pastores y después los reyes de oriente. Se hace humilde para levantar a los humildes; se hace pobre para consolar a los pobres y se hace obrero para enseñar a los obreros. ¡Qué lección de Democracia! Ella no consiste sólo en hacer descender a los grandes al nivel de los pequeños, sino en elevar a los pequeños a la altura de los grandes. Mas tarde, esa escena de Belén se reproduce en Nazaret. Ahí hay paz, hay pan y hay trabajo. Trabajo, pan y Paraíso que es lo que necesita el hombre para ser feliz. Es un taller como el vuestro y ahí se trabaja y se ora. Es una escuela de virtudes como debe ser vuestro hogar. Trabaja la Madre, trabaja el patriarca, trabaja el Hijo de Dios. Es decir, se dignifica, eleva y sublima el trabajo del obrero. Hasta ese momento el trabajo había sido considerado una deshonra; desde hoy, será una virtud. Y santificó esa fuente misteriosa de la vida, porque es sabido que el trabajo es una fuente de producción que nunca se agota. Es la verdadera riqueza del hombre; es un capital que siempre lleva consigo: en su vida, en sus fuerzas, en sus músculos, en su inteligencia. Y el trabajo lo ha dignificado y lo ha santificado el Cristianismo.

Y ese Dios que no inclinó su frente ante los poderosos de la tierra, ni ante el fariseo orgulloso, ni ante la Sinagoga soberbia, la inclina ante el taller de Nazaret; siente la fatiga del trabajo y por su frente corren gotas de sudor que en la frente de un Dios eran una corona de perlas. Belén y Nazaret son las cátedras mudas y elocuentes de la verdadera Democracia del Evangelio. Hijos del taller: fuisteis dignificados, fuisteis realizados por el obrero de Nazaret.

No es Democracia la doctrina subversiva, ni odiar al rico, al poderoso, ni el sueño utópico de reivindicaciones que os ofrecen vuestros falsos redentores, que no se han dejado crucificar por el pueblo, pero que crucifican al pueblo, subiendo sobre sus hombros a las alturas del poder. La verdadera Democracia es la de Cristo que se deja crucificar por el pueblo, por el mundo y por sus mismos enemigos. La esencia de la Democracia es la libertad, la igualdad y la fraternidad. Palabras cristianas que ha querido arrebatar la revolución. La Escuela revolucionaria ha escrito esas palabras en los estandartes, en los edificios, en las oriflamas; pero Cristo, dieciocho siglos antes, las había escrito en las conciencias, en los corazones, en las almas. Con sus manos traspasadas nos dio la libertad; nos libertó de la esclavitud del vicio, del error y del despotismo que se sentaba en el trono; con sus brazos abiertos a todos estrecha desde su Cruz y lega al mundo el precepto sublime del amor, revelándonos la paternidad divina y la fraternidad humana: arroja la semilla de la fraternidad, la que ha derramado torrentes de sangre divina para dar vida; no la mentida fraternidad revolucionaria que es la fraternidad de Caín, que ha derramado torrentes de sangre para dar la muerte y que ha legado al mundo la libertad de las tumbas… la igualdad de las cabezas, la fraternidad dé Caín…

Ahí tenéis el fruto de la revolución; ¡cabezas cortadas!.. . Pero el fruto bendito de la Cruz es Cristo: vida, amor, consuelo, esperanza…

“Si nosotros, dice Castelar, los descendientes de los antiguos parias, respiramos hoy un ambiente de libertad, lo debemos a la doble redención religiosa y social del Cristianismo”.

Esto lo confiesa el socialista Picard, en su libro: “Sermón de la Montaña”: “Cristo, al predicar la bondad universal, la fraternidad, la justicia inmanente, hacía brotar fuentes mágicas de las que, al correr de los siglos, brotarían en ondas regeneradoras toda la Economía política y toda la Filosofía social verdaderamente humanitaria” (Pag. 20).

He ahí la obra de la Democracia cristiana: hacer de la humanidad, una familia; y de los hombres, hermanos entre sí.

Una hermandad, un mundo de corazones enlazados por el vínculo sagrado del amor.

Cristo no sólo levanta al pobre y realza al humilde: El mismo se pone en lugar del pobre, del humilde, del proletario, del desheredado de la fortuna. Y así nos dice bellamente en su Evangelio, donde dicta sus preceptos sociales, que cuando venga a juzgar a los hombres y a los pueblos en el último día de los tiempos, dirá a los buenos: “Venid, benditos de mi Padre, a poseer el reino que os tengo preparado; porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; estuve desnudo y me vestisteis; estuve enfermo y me visitasteis. Y los buenos dirán: ¿Cuándo, Señor, habéis estado hambriento, enfermo, pobre y desnudo? Y Cristo les dirá: Lo que hicisteis con uno de estos pequeños, hermanos míos, conmigo lo hicisteis”.

Y a los réprobos les dirá: “Id, malditos, al fuego eterno, porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; estuve desnudo y no me vestisteis; estuve enfermo y no me visitasteis. ¿Cuándo, Señor, habéis estado pobre, enfermo, desnudo, hambriento? -Lo que no hicisteis con uno de estos pobres, conmigo no lo hicisteis” (Ev. S. Mateo).

Pero nada sabe de esto nuestro pueblo; ignora estos principios redentores que están en cada página del Evangelio; no conocen a Cristo, que dictó tan sublimes preceptos sociales, y he ahí la causa del hondo malestar que reina en la sociedad; las falsas doctrinas que se predican al pueblo, doctrinas que han encendido el soplo de rebelión que agita a los espíritus, el fuego del odio en el corazón, contra la religión, la autoridad, el rico, el poderoso. Nuestro siglo se enorgullece de sus adelantos materiales; ha podido acortar las distancias entre los pueblos, pero ha aumentado las distancias entre las clases sociales. Porque se ha quitado al pueblo la paz y la esperanza, únicos bienes que tal vez le quedaban; le ha quitado la religión que predica al rico la caridad y la justicia, y al pobre el respeto, la obediencia y el amor, que ricos y pobres deben amarse como hermanos; la religión que tiene luces para todas las cuestiones, solución para todos los problemas, remedio para todas las llagas. De ahí esas doctrinas que perturban la paz y el orden en la sociedad; de ahí esas huelgas, asaltos a mano armada, odios profundos, residuos de amargura que hay en el fondo de la sociedad. Y si no, mirad a Rusia; allí los hombres pusieron su paraíso en la tierra, y encontraron un infierno de odios, de ambiciones, de venganzas; fueron en busca de la libertad ilimitada que predicaron sus apóstoles, sus líderes, y han encontrado la tiranía del Soviet, mucho más terrible que la tiranía de los Zares; fueron en busca de la igualdad utópica que también le prometieron sus redentores, y han encontrado la perfecta igualdad, en la miseria, en el hambre y en la muerte…

No hay que olvidarlo: sin la fe en Cristo, no hay virtudes; sin virtudes, no hay progreso; sin progreso, no hay orden; y sin orden, no hay sino anarquía y desorden en la sociedad. Quitad al hombre la religión, y se convierte en una fiera que sólo despedaza y devora.. .

4.-DEBER DE LOS CATÓLICOS. –

En esta hora trágica del mundo en que se juegan los destinos de la sociedad, debemos resolver este pavoroso problema que es el problema de la humanidad y de la historia: o vamos a la barbarie por la lucha de clases, o a la paz social por la concordia y el amor,

O perecerá la sociedad en manos del Socialismo, o se salvará por una inmensa efusión de justicia y de amor. Pero la justicia y el amor que son virtudes, no puede infundirlas el legislador humano, ni la ciencia, ni el progreso, ni el arte. El legislador da las leyes, pero no puede hacerlas cumplir. No impera sobre los actos internos del hombre. Sólo la Religión dirige y gobierna el espíritu, e impera en la conciencia humana. Y por eso a esta sociedad no podrá salvarla ni la ciencia, ni la industria, ni la riqueza, ni la política, ni la paz, ni la guerra. El mal está en el corazón y sólo podrá salvarla una gran fuerza de amor; sólo el Evangelio que es amor, sólo Cristo revelado al mundo como doctrina, como ley, como justicia, como amor. Está perdida por la inteligencia y el corazón; luego hay que salvarla dando luz a su inteligencia e infundiendo amor en su corazón. Y Cristo es luz, y Cristo es amor. Y la Acción Católica, llevando a Cristo al seno de la sociedad y al corazón de los pueblos, resuelve este problema; acerca las clases sociales, une los corazones de los hombres por el lazo de oro de la fraternidad.

“Id al pueblo” dijo el gran Pontífice de los obreros, León XIII, que con un gesto dominó las tempestades sociales y alimentó a los pueblos con el pan de la verdad y del amor. Digamos como el Maestro divino en la montaña de las bienaventuranzas: “Miserear super turbam”. “Tengo compasión de esta muchedumbre”. Y démosle religión y catecismo, pan y justicia social. He ahí los valores que llevaron a la sociedad a la cumbre del progreso y que podrán salvar de esta honda crisis al mundo contemporáneo. Enrolaos bajo las banderas de la Acción Católica, que trabaja por el bienestar de los pueblos con obras efectivas y permanentes, que esparce la semilla fecunda del Evangelio y que viene a curar esas dos llagas f de la sociedad: la apostasía de los espíritus y la lucha de clases. Trabajad en esta obra redentora y social; porque sólo cuando los latidos del Evangelio se confundan con los latidos del Corazón de Cristo, aparecerá en el horizonte el arco iris de la paz…

Con Profunda Emoción

Con Profunda Emoción

Emilio Palafox Márquez

Periódico AM 12 julio 2009
Querétaro, Mexico

 

 

 

Interesa la noticia tanto a los creyentes como al no creyente. Tal vez más a éste porque, mientras el creyente vive sereno en la verdad, el que no cree zozobra en su mar de dudas. Desde 1950 la arqueología tiene identificadas las reliquias de san Pedro que se veneran en la Basílica de su nombre en Roma. Y se acaban de encontrar los restos mortales de san Pablo en la llamada Basílica de San Pablo Extramuros, igualmente en Roma. Esto último lo refirió el Papa Benedicto XVI en su homilía para la clausura del Año Paulino, el domingo 28 de junio 2009.

A pocos pasos de la tumba del apóstol Pablo, Benedicto XVI reveló que se había hecho una pequeña perforación en el sarcófago, que no había sido abierto en tantos siglos, y mediante una sonda “se han encontrado restos de un precioso tejido de lino de color púrpura, bañado en oro, y de un tejido de color azul con filamentos de lino”, junto con granos de incienso rojo. Además “se han descubierto pequeñísimos fragmentos óseos, que, sometidos al examen del carbono 14 por parte de expertos que desconocían la procedencia, han resultado que pertenecían a una persona que vivió éntrelos siglos I y II. Esto parece confirmar la unánime e incontrovertida tradición de que se tratan de los restos mortales del apóstol Pablo”. Y añade: “Todo esto llena nuestro ánimo de profunda emoción”…

***

Tras la noticia, Benedicto XVI se refirió a la enseñanza de san Pablo sobre la renovación del hombre mediante la fe. Lo fundamental es que “con Cristo se inició una nueva manera de venerar a Dios, un nuevo culto, que consiste en el hecho de que el hombre viviente se transforma él mismo en adoración”. Para explicarlo citó un texto de la carta a los Romanos: “Nos acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios””(12,2).

Pablo nos dice: *el mundo no puede ser renovado sin hombres nuevos. Sólo si hay hombres nuevos, habrá también un mundo nuevo, un mundo renovado y mejor. Esto significa también, añadió el Papa, que no basta adaptarse a la situación actual. El apóstol nos exhorta a no ser conformistas”.

Pero ¿cómo llegar a ser hombres nuevos? “Nos convertimos en nuevos, si nos dejamos conquistar y plasmar por el hombre nuevo, Jesucristo”. Esto requiere transformar nuestro modo de pensar. “El pensamiento del hombre viejo, el modo de pensar común está dirigido en general hacia la posesión, el bienestar, la influencia, el éxito y la fama”, afirmó Benedicto XVI. Así, en último análisis, “queda el propio ‘yo’ en el Centro de mando”… Pero “debemos aprender a pensar de maneta profunda”. Es necesario que “nosotros queramos lo que Dios quiere, porque reconocemos que aquello que Dios quiere es lo bello y lo bueno. Se trata, por tanto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual”.

La sabiduría cristiana lo expresa así: hay que salir de la “órbita del yo” para vivir en la

“órbita de Dios”.

***

Para Benedicto XVI, esta renovación supone, como dice san Pablo a los Efesios, que el cristiano alcance la edad adulta, una humanidad madura. Y aquí Benedicto XVI hizo una reflexión sobre el difundido eslogan de la “fe adulta” que tantas veces encubre una actitud inmadura. “Con frecuencia se entiende como la actitud de quien no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige de forma autónoma lo que quiere creer y no creer, es decir, una fe “hecha por uno mismo”. Esto se interprete como Valentía para expresarse en contra del magisterio de la Iglesia. En realidad para esto no es necesaria la valentía, porque se puede siempre estar seguro del aplauso público. En cambio, la valentía es necesaria para unirse a la fe de la Iglesia, incluso si ésta contradice al ‘esquema’ del mundo contemporáneo. A esta falta de conformismo de la fe Pablo la llama una ‘fe adulta’. Califica en cambio como infantil el hecho de correr detrás de los vientos y de las corrientes del tiempo”.

Como ejemplos de lo que hoy día forma parte de la verdadera fe adulta, el Papa mencionó: “comprometerse con la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción” y “reconocer el matrimonio entre hombre y mujer  para toda la vida”.

En nuestro tiempo, advirtió el Papa,”los hombres a menudo permanecen interiormente vacíos y por lo-tanto tienen que aferrarse a promesas y drogas que después tienen como consecuencia un ulterior crecimiento del sentido de vacío en su interior”. Como remedio, mencionó el encuentro con Dios en la vida; de oración y en los sacramentos de la confesión y de la sagrada eucaristía.

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¿Son una novedad estas declaraciones de Benedicto XVI sobre los restos de san Pablo? Sí, ciertamente, una novedad fascinante: (Cubren veinte siglos de historia!

¿Y la tumbar de san Pedro? La identificación de les restos de san Pedro tiene igualmente otra historia bellísima. Una vez que los investigadores excavando localizaron la tumba de san Pedro, Pío XII anunció gozoso en el radiomensaje de Navidad de 1950: “Hemos encontrado la tumba de san Pedro”.

Terminad la investigación en 1952, tras descifrar la profesora Margante Goarducci en un muro el grafito que dice en griego, “Pedro está, aquí”, se abrió el nicho. Estaba forrado de mármol blanco, y se encontraron los restos de él

Pablo VI el 28 de junio de 1978: “Hemos llegado al final. Hemos encontrado los huesos. De san  Pedro identificados científicamente por especialistas en el tema”.

Categorías:Historia Iglesia

Los desafíos éticos del progreso

Los desafíos éticos del progreso

Fe y Razón

Luis Fernando Valdés

Periódico AM 12 julio 2009
Querétaro, México

 

El pasado 7 de julio salió a la luz la tan anunciada “encíclica social” de Benedicto XVI, titulada “Caritas in veritate” (La caridad en la verdad). Fechado el 29 de junio, este documento pontificio trata sobre temas de gran actualidad para la vida económica y social del mundo contemporáneo.

En esta tercera Encíclica de su pontificado, el Santo Padre pone de relieve que la caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de la persona y de la humanidad. Sólo con la caridad, iluminada por la razón y por la fe, es posible alcanzar objetivos de desarrollo dotados de valor humano.

La propuesta del Obispo de Roma consiste en un desarrollo integral, basado en la caridad y en la verdad. Si la caridad se desliga de la verdad sobre el hombre y la sociedad, no pasara de ser un buen sentimiento, pero quedará al margen de las soluciones que requiere el mundo actual.

El Santo Padre no desea ofrecer soluciones técnicas a los grandes problemas sociales del mundo actual, sino que su meta es exponer unos grandes principios, que son indispensables para construir el desarrollo humano en los próximos años.

El Papa propone -entre otros temas- un importante cambio de paradigma: pasar de la mentalidad de “progreso económico” al modelo de “desarrollo humano integral”. Y enumera algunas distorsiones del desarrollo, cuando no se toma en cuenta a la persona: una actividad financiera “en buena parte especulativa” los flujos migratorios “frecuentemente provocados y después no gestionados adecuadamente” o la “explotación sin reglas” de los recursos de la tierra.

Benedicto XVI vuelve a recordar la necesidad de la ética para que pueda surgir un recto orden económico. Explica que “son necesarios hombres rectos tanto en la política como en la economía, que estén sinceramente atentos al bien común”. También señala que la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento, pero “no de cualquier ética sino de una ética amiga de la persona”. Además, propone que en la economía de mercado se recupere la contribución importante del “principio de gratuidad”, para que el “provecho” individualista no sea la única regla.

Resulta muy novedoso que una Encíclica aborde de modo sistemático la cuestión ecológica. El Papa sostiene que “es necesario un estilo de vida distinto por parte de toda la humanidad, en el que los deberes de cada uno con respecto al ambiente se entrelacen con los de la persona considerada en sí misma y en relación con los demás”.

No menos notable es la afirmación que “el desarrollo de los pueblos depende sobre todo del reconocimiento de ser una sola familia”. Por eso, afirma el Pontífice, la religión cristiana puede contribuir al desarrollo.

Pero más sorprendente aún es la propuesta que hace el Santo Padre para solucionar “los problemas enormes y profundos del mundo actual”. Sostiene que hace falta “una autoridad política mundial regulada por el derecho”, que respete los principios de subsidiariedad y solidaridad, y que se oriente al bien común, respetando las grandes tradiciones morales y religiosas de la humanidad.

Con su estilo tan sugerente, el Papa Ratzinger ofrece unas posibles vías de solución para las cuestiones sociales y económicas. Deseamos que esta nueva Encíclica sea atendida por los principales actores de la vida social y económica: políticos, economistas, empresarios, académicos… y por todos los que deseamos un mundo verdaderamente mejor.

Correo: lfvaldes@gmail.com http//columnafeyrazon.blogspot.com

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Consejos de un Padre de adolescentes

Consejos de un Padre de adolescentes

Por Pedro J. Bello Guerra.

Periódico AM 12 julio 2009
Querétaro, México

 

“Cuentan que en un reino lejano, hace muchos años, convocaron aun concurso de arqueros para ver quien lanzaba sus flechas a la mayor distancia posible, el premio: riquezas, honor y la mano de la princesa. Es así que iniciada la competencia comenzaron a destacar arqueros de gran fortaleza física, algunos con aires de grandeza y prepotencia, hábiles con el arco, pero poco promisorios para ocupar con dignidad y virtuosismo, en un futuro lejano, el título de rey. Pasaron varios días de competencias y eliminatorias hasta que al final se enfrentaron tres caballeros, dos de ellos con un gran físico, musculosos y llenos de orgullo y seguridad en su triunfo, el primero de ellos haciendo alarde de sus anteriores victorias lanza su flecha y esta sale volando a gran velocidad recorriendo 100, 200, 300 metros, ¡algo inusitado, cuando las mejores marcas hasta el momento no rebasaban los 260 metros!

El segundo competidor, un poco nervioso ante la hazaña de su compañero, se dirige a la línea de tiro, tensa su arco, apunta a un blanco imaginario y distante y salta como bólido su flecha recorriendo 100, 200, 250 metros, 260, 285 metros y cae al suelo. El festejo del primer arquero por su triunfo inminente lo desborda, ya que el tercer competidor nada tiene que hacer – espigado, reservado y con un físico insignificante en comparación de los otros dos. Sin embargo, el tercer competidor se presenta con paso firme y semblante sereno a cumplir con su participación en el torneo. Su mirada fija en el horizonte, su rostro refléjalas huellas de un trabajo duro en el campo, curtido por el sol; y su brazo refleja la firmeza de quien no compite contra otros sino contra sí mismo.

El público enmudece y sin más, el tercer arquero mira al cielo, tensa su arco y dispara al parecer buscando las alturas más que la distancia horizontal que le diera el triunfo, y para sorpresa de todos el tiro es perfecto alcanzando su máxima altura y qué decir de la distancia horizontal, 100, 200, 300, 500, mil metros vía flecha se pierde en la lejanía. El júbilo es general, la hazaña que sus ojos acaban de presenciar se une al regocijo de ver al hijo de un humilde leñador joven trabajador, tesonero y virtuoso, convertirse en el futuro rey.

Al preguntarle al joven triunfador cómo pudo lograr tal proeza, responde con sencillez: “Tuve un gran maestro, mi padre, quien me enseñó con su ejemplo lo que es la constancia y el esfuerzo, porque cuando me enseñó a tirar con arco y flecha me decía: “hijo, debes tener metas altas en tu vida, lo mismo en los torneos que en tu trabajo, no te conformes con la medianía, apunta al sol y alcanzarás las estrellas”.

Es por eso que como padres de familia de adolescentes hay que procurar vivir tres virtudes: ‘El cariño, la exigencia y la paciencia’. Porque el amor ayuda a exigir y tener paciencia en esa edad tan complicada que es la adolescencia que viene del latín ‘adoslecere’, es decir, que les falta mucha madurez para dejar de ser niños y ser hombres.

El amor a sus hijos no se funda en sus méritos sino en su calidad de personas, de hijos de Dios y en la deuda de amor que todos tenemos para con nuestros padres que nos engendraron por amor y sin más méritos que nuestro enternecedor desamparo y la promesa de un futuro lejano, deuda que jamás podremos pagar a nuestros padres más que haciendo lo propio con nuestros hijos. Y a través del amor se tendrá la paciencia necesaria para que día a día ir forjando en los adolescentes un buen carácter, como se hace con las joyas preciosas que se van puliendo hasta que su brillo sale délo oculto de la piedra. Además con paciencia podremos exigirles, y es que el amor tiene dos caras al igual que una moneda, la de la entrega, perdón, aceptación incondicional, ternura, protección y apoyo, pero también la de la exigencia que hace crecer, la corrección que endereza el camino, la confianza en el otro y en sus posibilidades de ‘ser’, aún sin nosotros; porque como dijera S.S. Juan Pablo II “cuando a los jóvenes se les pide poco dan poco, pero cuando se les exige mucho lo dan todo”.

pedrobelloguerra@gmail.com

Categorías:Cuentos para educar