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Archive for 30 noviembre 2008

El servicio es el sello del cristiano

El servicio es el sello del cristiano

JOSE MARTÍNEZ COLIN *

Periódico AM Querétaro 301108

 

Mace unos días se cumplió el vigésimo aniversario de la carta sobre los fieles laicos en la Iglesia. Con ese motivo, el Papa Benedicto XVI pronunció un discurso en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para los Laicos. Ahí recordó el papel y la misión que han de tener los fieles laicos: su dignidad y su vocación a la santidad en medio del mundo.

La misión del laico es insustituible, pues sólo él puede llegar e influir en su propio entorno. Por eso importa que en cualquier lugar en que se desarrolle, haga bien su labor y con ello le dé la gloria debida a Dios: en la fábrica, campo, hogar, oficina o escuela. Haciendo bien su tarea recibirá, por añadidura, su recompensa.

Hay un relato que nos ejemplifica los beneficios que nos reportan esa actitud de servicio a los demás.

Sucedió una noche de tormenta, hace ya bastantes años, en que un matrimonio mayor entró en la recepción de un pequeño hotel en Filadelfia. Se aproximaron al mostrador y preguntaron: “¿Puede darnos una habitación?”.

El empleado, un hombre atento, les dijo: “Lo siento de verdad, pero hoy se celebran tres convenciones simultáneas en la ciudad. Todas nuestras habitaciones y las de los demás hoteles cercanos están ocupadas”. El matrimonio manifestó discretamente su agobio, pues era difícil que a esa hora y con ese tiempo tan horroroso encontrar otro lugar. El empleado entonces les dijo: “Miren…, no puedo dejarles marchar con este aguacero. Si aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me arreglaré con el sillón de la oficina, pues pasaré toda la noche pendiente del hotel”.

Al matrimonio les parecía abusar de la cortesía de aquel hombre, pero el empleado insistió tanto con cordialidad que finalmente accedieron. A la mañana siguiente, al pagar la estancia, aquel hombre dijo al empleado: “Usted es el tipo de gerente que yo tendría en mi propio hotel. Quizás algún día construya uno para devolverle el favor que hoy nos ha hecho”. Él lo tomó como un cumplido y despidieron amistosamente.

Pasados 2 años, recibió una carta de aquel hombre, donde le pedia que fuera New York. Acepto el ofrecimiento. Al llegar, el hombre mayor lo condujo hasta la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34, señalo un imponente edificio y le dijo “Este es el hotel que estoy construyendo para usted”. El empleado le miro con asombro: “¿Es una broma, verdad?”. “Puedo asegurarle que no “ le contesto. Así fue como William Waldorf construyó Waldorf Astoria original y contrató a su primer como gerente, de nombre George C. Boldt.

Boldt nunca se imaginó que al atender cortésmente a aquel matrimonio años atrás, su vida se vería tan beneficiada.

Impregnar de sentido cristiano todas las actividades es la misión de los laicos. Y el servicio es la actitud esencial que el cristiano ha de saber vivir. Además, servir desinteresadamente a los demás suele tener un buen retorno.

Por ello importa que nuestras actividades cotidianas estén impregnadas de amistad, generosidad, paciencia y amor. En pocas palabras, es la enseñanza del Señor: poner en todo el amor a Dios y al prójimo.

*Sacerdote, Ingeniero en Computación por la UNAM/ Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra (e-mail:padrejosearíiculos@gmail.com)

Categorías:Laicos, Reflexiones

El perro y el espejo

El perro y el espejo

EDUCAR HOY

POR PEDRO J. BELLO GUERRA.
Periódico AM Querétaro 301108

Vagabundeando por aquí y por allá, un perro grande fue a dar a un cuarto con las paredes forradas con grandes espejos. Así que, de repente, se vio rodeado de perros. Se enfureció, empezó a rechinar los dientes y a gruñir. Naturalmente, todos los perros de las paredes hacían lo mismo: enseñaban los colmillos amenazantes.

El perro empezó a dar vueltas vertiginosamente sobre sí mismo para defenderse de los atacantes y luego se aventó rabiosamente contra uno de los presuntos asaltantes. Acabó en el suelo, sangrando y medio muerto por el tremendo golpe que se había dado contra el espejo.

Si hubiera movido alegremente su cola al principio, todos los perros de los espejos le habrían correspondido. Habría sido una gran fiesta.

Todos conocemos el dicho ‘como te ven, te tratan’, a veces esto se emplea para decir que cuando una persona se muestra bien vestida y educada recibirá buen trato, si por el contrario se muestra descuidada o, por lo menos, no a la altura de lo que socialmente se espera de ella, se le ignorará o se le tratará con cierto desprecio. Esta apreciación me parece un poco injusta, porque supone que la mayoría delas personas son tan superficiales como para fijarse sólo en la apariencia externa y no ver más allá -. Dice Saint Exupéry en el Principito, que ‘lo esencial es invisible a los-ojos, sólo se ve con el corazón”- y desgraciadamente, sin embargo esto llega a suceder; hay quienes se olvidan que toda persona a la que traten -bien o mal vestida, con modales refinados o bruscos, es ante todo persona y tiene una dignidad por la que es merecedora de un buen trato’-. También podemos entender este dicho como una advertencia de que hay que cuidar nuestra actitud y modales, porque, como también se dice, ven el pedir está el dar’ – por tanto- nuestro trato amable y respetuoso nos abrirá puertas, mientras que un trato hostil y arrogante tenderá a cerrarlas.

Otro dicho popular que quizá refleje con más exactitud el cuento del perro y de los espejos, es el que afirma: “lo que se siembra se cosecha’, porque nuestras acciones son semillas que con el tiempo crecen y dan frutos. Si sembramos semillas de manzana, esperamos como frutos manzanas, si sembramos vides esperamos como frutos uvas, por tanto, si en la vida sembramos a nuestro alrededor comprensión, optimismo y amor, eso es precisamente lo que esperamos cosechar; sin embargo, si las semillas que plantamos sonde altanería, prepotencia, amargura, odios, chismes y maledicencias, quizá los demás nos devuelvan esto mismo de manera personal o en el ambiente desagradable que fuimos forjando a nuestro alrededor, aunque lo más probable es que los frutos que recibamos sean de aislamiento, soledad, falta de amigos, resentimiento, olvido y desamor. A nosotros corresponde decidir el tipo de semillas que plantamos en el huerto de la vida.

En la vida real los espejos son las personas con las que tratamos -cónyuge,hijos, parientes, amigos, compañeros de trabajo, transeúntes….-, y en ocasiones nos devuelven un trato idéntico al que les damos, como un espejo, en otras, nos dan una imagen mejorada o, por el contrario, muy borrosa y desagradable, pues ellos deciden si aplican la ley del talión, “ojo por ojo, y diente por diente’ o la ley de la jungla donde “el fuerte se aprovecha del débil’, o la de la “caridad cristiana’ que manda” amar a tu prójimo como a ti mismo’ y más aún,” ama a tus enemigos’.

Preguntémonos: ¿con qué “ley’ nos regimos en la vida?.

La ley del talión, apegada a una justicia mal entendida, “igualitaria ‘, que devuelve el bien recibido con un bien similar y de igual modo al recibir un agravio o daño. Es una ley un tanto pobre que no da cabida al perdón, ni a la caridad.

La ley de la “jungla’ nos lleva a pasar por la vida tratando de sacar provecho a costa de los más débiles, viviendo en medio del egoísmo y la insensibilidad. Es una ley del canibalismo en que” el pez grande se come al chico’, pero no olvidemos que siempre habrá otros peces de mayor tamaño dispuestos a comernos.

Finalmente, la ley del amor al prójimo hace que veamos en cada persona con que nos topamos a un hermano con quien compartir y de quien recibir bienes, disculpas y apoyo para construir juntos una mejor sociedad.

pjbellog@colegioalamos.edu

Categorías:Cuentos para educar

Semana Social Queretaro 2008

Semana Social Diocesis de Queretaro 2008

Expositor

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La crisis alimentaria y el cambio climatico
Expositor Lic Jaime Septien

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La pastoral de salud VIH/Sida y Aborto
Expositor R.P Oscar Arias
            

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La Demogracia
Expositor Lic Alfredo Botello Montes

 

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Calentamiento Global: Expositores
Dn Mario de Gasperin Gasperin Obispo de Queretaro
Pbro Gabriel Alvarez

 

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Calentamiento global Lectios

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Violencia, seguridad y paz
Expositor Lic Pablo Castellanos

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Categorías:DSI

CAPITULO XII APOSTOLADO DE LA MUJER

CAPITULO XII APOSTOLADO DE LA MUJER

 

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

 

SUMARIO: 1. a) Actuación de la mujer en la sociedad. Todo reclama el apostolado. Su necesidad. – 2. b) Diversos apostolados: la oración, la palabra, el ejemplo, apostolado religioso, social. – 3. c) La mujer en el Evangelio. Su brillante actuación. Ha sido heroína, mártir, apóstol. Su actuación en la moderna sociedad.

1.-a) ACTUACIÓN DE LA MUJER EN LA SOCIEDAD. –

En las nuevas transformaciones que se preparan en la sociedad, la mujer cristiana tiene una nobilísima misión que cumplir: ella debe guiarla por la senda del Evangelio y por los caminos de la luz… No podéis permanecer sentadas junto a los sepulcros y llorar sobre sus ruinas. Para llorar y gemir hay ya bastantes corazones desgarrados. Vosotras debéis velar junto a las cunas y salvar a la nueva sociedad.

Así hablaba Montalembert a la mujer francesa y así es necesario hablar a la mujer cristiana, hoy que el enemigo ha desplegado el estandarte de la negación, y de la impiedad y pretende arrancar a Cristo de las conciencias, de los corazones, de las almas.

Cuando el enemigo que amenaza al mundo es la fuerza, dice un ilustre orador, llámese Atila o Mahomet, Dios dice a los guerreros: ¡combatid! Cuando el enemigo es la herejía, llámese Arrio, Lutero o Voltaire, Dios dice a los genios: ¡tomad la pluma y luchad! Pero cuando el enemigo amenaza a Jesucristo, a la Iglesia, a la sociedad, el espíritu de Dios sopla sobre las almas para decirles: ¡salud al encuentro del enemigo cargados con los tesoros de la caridad, y triunfaréis por el amor!

¡Oh mujer cristiana! personificación de la caridad y del amor. Levantad vuestros ojos y tended la vista por el vasto campo del apostolado religioso y social.

“La mies es mucha, pocos son los operarios”.

El egoísmo hiela los corazones y mata las almas. La sociedad sufre en su opulencia, se agita, cual enfermo en lecho suntuoso. Está perdida por el corazón, porque se ha separado del que es la luz, del que es la vida, del que es el Amor.

Esto reclama el apostolado fecundo de la candad. La sociedad marcha entre tinieblas, porque se ha separado de Jesucristo que es la Verdad. El enemigo ha pasado sembrando la cizaña del vicio y del error que tienen sus apóstoles y un trono en los corazones. Esto reclama el apostolado del ejemplo, el apostolado de la verdad. El campo social ha caído en manos del hombre enemigo de que habla el Evangelio. Se destierra a Cristo del individuo, de la familia, de la sociedad, de la vida pública, del templo de las leyes.. .

Esto reclama el apostolado de la defensa, el apostolado de la conquista. ¡Qué hermosos apostolados! Levate oculos vestros.., ¡Levantad vuestros ojos! “La mies es mucha; pocos son los operarios”.. .

El hombre tiene hambre y sed de justicia, hambre de paz y de amor, porque no conoce a Aquél que es la justicia, que es la paz y que es el amor. El hombre se ha vuelto de cara a la tierra, se ha materializado. Y todo lo ha probado esta sociedad: la crueldad, la sangre, la voluptuosidad, la riqueza, la fuerza… Hoy le propone Cristo la prueba del amor, la que nadie ha intentado y la única que puede salvarlo. ..

Es necesario llevar a Cristo a las inteligencias, a los corazones, a las almas; es necesario ser apóstoles, el eco de su voz, su imagen hecha viviente, como la prolongación de sus latidos divinos.

El católico de hoy no puede guardar su fe en el secreto de su conciencia o en el seno de su hogar. Debe salir con esa antorcha a iluminar las inteligencias y a encender los corazones. “Somos hijos de la luz y debemos caminar como hijos de la Luz”, dice San Pablo.

Debemos esgrimir esas dos armas que han obtenido más victorias que las huestes napoleónicas: el arma de la verdad y el arma de la caridad. Y la mujer es la personificación de la caridad. Ella debe difundir en su vida, sus irradiaciones de amor.

Si el hombre es idea, ella es el sentimiento; si el hombre es inteligencia, ella es el corazón. La mujer debe ser apóstol, se debe al cristianismo. Ella ha colocado en su frente, la triple corona de Virgen, esposa y madre. ¡Oh mujer, aprende a conocer tu grandeza y los destinos que te ha confiado Dios! Tu misión comienza con Jesucristo que te redimió en el orden espiritual y en el orden social; tu misión recibe un bautismo de sangre en el calvario donde está de pie una mujer como personificación del amor y como ideal del dolor; y tu misión recibe la unción de la gracia en el cenáculo, donde una mujer, la Virgen María, es el alma del colegio apostólico.

2.-b) DIVERSOS APOSTOLADOS: PALABRA, ORACION, EJEMPLO, ETC.-

La mujer, pues, se debe al cristianismo, debe ser apóstol. Y ahí tenéis diversos apostolados en que podéis ejercer vuestra actividad. El apostolado de la palabra, de la oración, del ejemplo, el apostolado religioso y social.

El apostolado de la palabra. Poco es una palabra; podemos ser apóstoles, podemos hacer el bien, podemos llevar las almas a Dios y ganarlas para Cristo. Una palabra en el seno del hogar. ¿No hay en vuestra familia un alma extraviada, un corazón indiferente? Una palabra en el seno de la amistad. ¿No tenéis entre vuestros amigos un espíritu que vaya buscando luz, que vaya buscando la verdad? Pues basta una palabra, muchas veces, para arrojar la semilla, para encender la luz y para volver al buen camino a muchos hijos pródigos. Los que no se rinden con la palabra del sacerdote o con la enseñanza del buen libro, no resisten las insinuaciones cariñosas de la amistad.

Una palabra en el seno del pueblo. ¿No podéis enseñar, no podéis corregir? ¿No podéis hacer el bien a esos pobres que no conocen a Dios y que llevan una vida materialista? Muchas veces podéis llegar vosotras adonde no puede llegar el sacerdote, podéis hacer oír vuestra voz allí donde no se oye la voz del ministro del Evangelio. Podéis ser apóstoles, cooperadoras del sacerdote en la salvación de las almas.

¿Y qué decir de los centros obreros, de las fábricas? ¡Cuánto bien puede hacer en ellos un alma encendida en las llamas del apostolado! Apostolado de la oración. La oración atrae la gracia y la gracia salva y vivifica ¿No podéis pedir en vuestras plegarias por la difusión de la verdad, la extensión del reino de Cristo?

Santa Teresa desde su celda convirtió tantas almas como los misioneros que predicaban a Cristo en medio de las selvas.

El apostolado del ejemplo es el más elocuente, el más necesario de los apostolados. Vuestra vida debe ser una predicación constante. Los hombres son persuadidos, más que por la palabra, por el ejemplo. Debéis vivir vida de fe y en conformidad con los principios de vuestra fe. No como tantos cristianos que tienen fe de cristianos, pero que llevan vida de paganos; que sirven a Cristo en la penumbra del hogar y le niegan muchas veces en la vida social.

Esos cristianos hacen mayor mal a la religión que la acción de sus propios enemigos. Los primeros cristianos vencieron al paganismo con el ejemplo de su vida. Arrancaron al paganismo esta frase que es toda su apología: “Ved cómo se aman”. Y los paganos fueron convencidos, más que por la virtud de los milagros, por los milagros de la virtud…

El apostolado religioso, sea de prensa, de catequesis, de cristianización de las familias, el apostolado de la educación, de la caridad, el apostolado social en sus diversas formas, acción en los talleres, fábricas, etc.

Sobran los apostolados, pero faltan los apóstoles, Messis quidem multa… Pero la mujer cristiana puede ejercitar su celo y su espíritu de piedad en estos apostolados. Ora et labora. Trabajo, acción, perseverancia. Sobre todo perseverancia. Muchas veces todo termina en comenzar.. . Somos impulsivos, nos falta la constancia. Poco es una gota de agua, pero la reunión de ellas forman los océanos; pequeño es un grano de arena, pero el conjunto forma las montañas gigantescas…

3.-c) LA MUJER EN EL EVANGELIO. SU BRILLANTE ACTUACIÓN. –

Para que os animéis a trabajar en las obras del apostolado, os diré cuál fue el papel de la mujer en el Evangelio.

Una mujer, Santa Isabel, fue la primera que entonó el cántico de glorificación al Mesías redentor, cuando pronunció aquellas palabras a la Santísima Virgen que la visitaba: “Bendito es el fruto de tu vientre”.

Una Mujer, la mujer ideal, la Virgen María, al contemplar las maravillas que en ella había obrado el Omnipotente, entonó el sublime cántico Magníficat que es el modelo de lirismo en todos los siglos: Una mujer, la profetisa Ana, anuncia al Mesías salvador; una mujer, la Samaritana, lleva a Cristo a todos aquéllos que tenían sed del agua viva que salta hasta la vida eterna. La mujer acompaña a Cristo en el camino del Calvario; la mujer está junto a la Cruz; llevan aromas en vasos de alabastro para perfumarlo, pero también llevan el perfume del amor en el vaso inmortal de su corazón; una mujer, la Virgen María, es el alma de la Iglesia.

La mujer  ayuda a los apóstoles  en la predicación  del Evangelio. Petronila, Práxedes, Prudenciana, Lidia, Maxila, Matea, Efigenia.

Más tarde, la mujer con Helena levanta santuarios y descubre la verdadera Cruz; con Clotilde convierte reinos y hace caer de rodillas al fiero sicambro que adora lo que ha quemado y quema lo que ha adorado.

Forma el corazón de los reyes con Blanca y Berenguela de Castilla; santifica el trono con Isabel de Hungría, de Portugal, con Brígida de Suecia, con Margarita de Escocia; llega a la cumbre de la santidad y de la belleza con Teresa de Jesús, se convierte en heroína de la religión y de la patria con Juana de Arco y descubre mundos en medio de las olas desconocidas con Isabel la Católica.

La mujer en el cristianismo ha sido apóstol, ha sido heroína, ha sido mártir.

Cuando Cristo entró entre palmas en Jerusalén, aquel pueblo le batía palmas de triunfo y le alfombraba de flores su camino, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Al día siguiente, ese mismo pueblo pedía que fuese crucificado.

¡Qué su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!

Y Jesús camina hacia el Calvario, herido, despedazado, más que por las heridas, más llagado todavía por el amor. Iba rodeado de enemigos; sólo le cruzan miradas de odio. Y en medio de tanto odio ¿no habrá algunos ojos compasivos? ¿Unos labios que alaben, un corazón que compadezca?

¡Ah sí! Esas miradas, esos labios, ese corazón fueron vuestros ¡oh mujer cristiana! Los discípulos huyen; Pedro renegó de él, pero una mujer se acerca; la Verónica le ofrece un lienzo para enjugar su rostro y las lágrimas de aquellos ojos:

“Ojos llorosos  que piedad inspiran,
Ojos sin ira que el perdón predicen…
Ojos que tristes, al mirar, suspiran
Ojos que tiernos, al mirar, bendicen”…

 

Las mujeres le acompañan, llorando. El Maestro les dice: “No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos”… Y hace veinte siglos que ese pueblo llora, con sus gemidos ha arrullado al mundo y juega con las hebras de su llanto.. .

La mujer cumplía en esos momentos los grandes designios de Dios. Era el alma religiosa de la patria que lloraba la condenación del inocente, la muerte del Justo.

Ese drama sangriento todavía se está representando en medio de la humanidad.. . La Pasión no ha terminado.. . el mundo sigue condenando al inocente, se sigue pidiendo la libertad de Barrabás, la crucifixión de Cristo; el mundo sigue siendo el calvario de la verdad, de la justicia, de la virtud.. .

Y la mujer, hoy como ayer, debe acompañar a Cristo en el camino de su dolor; hoy como ayer, es el alma religiosa de la patria que llora la muerte del Justo; hoy como ayer, debe ser apóstol del Evangelio y esparcir la semilla, de la caridad que es la soberana de las almas. Tal es vuestra misión ¡Oh mujer cristiana! En el origen de todas las cosas grandes hay siempre una mujer.. . ¡Sed apóstoles! Cristo es vuestro ideal, vuestra enseña, la Cruz que “es algo más que un dolor que en el mundo se desploma: es el símbolo que toma la grandeza de un amor”…

 

El anillo mágico

El anillo mágico

Pedro J. Bello Guerra

Periódico AM, Querétaro 231108

 

A quién de nosotros no nos gustaría poseer un objeto mágico que nos cumpliera nuestros deseos, en o especial las riquezas, los placeres o el poder; por ello muchos cuentos e historias fantásticas nos hablan de lámparas con genios dentro, hadas con varitas mágicas, zapatillas encantadas, llaves mágicas que abren puertas a otras dimensiones, pulseras, collares, máscaras, ídolos, cristales, anillos…

Incluso hoy en día hay personas que confían su vida y su futuro en la magia o en la superstición, lo mismo en las cartas, que en una pata de conejo, un trébol de cuatro hojas, o un cristal de cuarzo al cuello, como si esos objetos pudiesen protegernos de los males y atraer la buena suerte.

Un rey convocó al palacio a todos los magos de su reino y les dijo:

-Quisiera ser siempre un ejemplo para mis súbditos y aparecer fuerte y seguro, tranquilo e impasible en las vicisitudes de la vida. A veces estoy triste o deprimido por un hecho infausto o por una desgracia inevitable. Otras veces una repentina alegría o un gran acontecimiento me ponen en un estado de euforia anormal. Todo esto no me gusta. Me hace sentir como una hoja sacudida por los altibajos de la vida. Háganme un amuleto que me salve de estos estados de ánimo y estas alteraciones de humor, tanto los tristes como los alegres.

Uno tras otro, los magos se rehusaron. Todos sabían hacer amuletos de todos los tipos para incautos que iban a ellos, pero no era cosa fácil engañar aun rey que, además, quería un amuleto con efectos tan difíciles.

La ira del rey ya estaba por explotar cuando habló un viejo sabio:

-Majestad -dijo-, mañana yo mismo te traeré un anillo que cada vez que lo mires te cambiará el humor: si te sientes triste, te pondrá alegre, y si estuviera eufórico, te calmará. Bastará para eso que tú leas la frase mágica grabada en él.

Al día siguiente volvió el anciano sabio y en el silencio general, porque todos querían conocer la frase mágica, ofreció al rey el anillo. El rey lo tomó y leyó la frase grabada en el aro de plata: “Esto también pasará”.

Quizá un consejo muy sano es el del sabio del cuento que en vez de buscar un objeto mágico nos brinda la oportunidad de la madurez y la virtud como medios para afrontar los retos al permitirnos dimensionarlos acontecimientos buenos y malos de nuestra vida. Ante la vanagloria y soberbia del que se siente invencible en sus triunfos, cabe recordarle la moderación, prudencia y humildad de quien tiene la certeza que “todo eso pasará” y vendrán tiempos difíciles. Por su parte, al afligido y triste por una pena o fracaso cabe animarle con la misma frase “todo eso pasará”’, y vendrán tiempos mejores.

Pero si tanto los acontecimientos buenos como los malos pasarán ¿Con qué nos quedamos? Esa es quizá la pregunta clave; no quedamos con el fruto de nuestras acciones y nuestras decisiones, si en la vida nos esforzamos por ser buenos como hijos, padres, ciudadanos, e hijos de Dios; si nos preocupamos por brindar amor, tiempo, apoyo, paciencia, recursos y cuanto sea necesario a nuestra familia y seres queridos, y la solidaridad, ayuda y participación social responsable a nuestra sociedad y a los menos favorecidos, ciertamente nos habremos quedado con mucho, aunque no nos lo hayan reconocido con un premio, lo que cuenta es aquello con que nos quedamos: la virtud, la bondad, y la satisfacción por el deber cumplido.

De igual manera, si en la vida nos ha tocado sufrir enfermedades, pobreza o injusticias; todo eso pasará algún día, pero debemos tener cuidado de con qué nos quedamos, hay dos caminos, por un lado está el del resentimiento, el enojo, la desilusión, la tristeza y el conformismo; por otro está el esfuerzo diario por levantarnos de las contrariedades, de sonreír ante nuestros seres queridos a pesar de los problemas, el deseo sincero y empeño por superar los obstáculos, y hasta la lucha frontal, pero por medios lícitos, por combatir la injusticia… en pocas palabras vuelve a surgir la virtud, la bondad, el amor, pero desde la cara de la esperanza, de la fortaleza que resiste las contrariedades y las combate, o las acepta con la cara en alto y con la certeza de que en la intención y esfuerzo está el verdadero triunfo y no tanto en los resultados.

Categorías:Cuentos para educar

CAP XI LA IGLESIA Y LAS GLORIAS DE SU APOSTOLADO

CAPITULO XI LA IGLESIA Y LAS GLORIAS DE SU APOSTOLADO

SUMARIO: 1. Una frase de Papini y una profecía de Bignon. – 2. Un cuadro trágico de la sociedad. – 3. El único remedio. La acción de la democracia cristiana. – 4. Las glorias del apostolado. Grandes figuras. Una página de Mella y una frase de Pío X.

 

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

1.- UNA FRASE DE PAPINI Y UNA PROFECIA DE BIGNON.-

“Tenemos necesidad de Ti, Señor. Tú solamente’ puedes comprender la inmensa necesidad que hay de Ti en esta hora trágica del mundo. Todos te buscamos, aun aquéllos que no te conocen. El hambriento cree buscar su pan y tiene hambre de Ti; el sediento cree beber el agua y tiene sed de Ti; el enfermo anhela la salud-y su mal es tu ausencia. El que busca la verdad te busca a Ti que eres la única verdad; el que persigue la belleza te busca a Ti que eres la belleza ideal; el que busca la paz también te busca a Ti que eres la única paz que puede sosegar los corazones inquietos. Necesitamos de Ti, aunque sea una palabra tuya, un centellear en el firmamento, una luz en la mitad de la noche, un fulgor en el crepúsculo. Queremos ver esos ojos que traspasan la roca del pecho y llegan al corazón, que curan cuando miran con enojo, que hacen sangrar cuando miran con ternura. Tenemos necesidad de Ti; el mundo sufre, está hambriento, sediento de verdad, de belleza, de amor, y su mal es tu ausencia…”

Estas palabras, de uno de los más altos valores literarios y científicos de Europa, Giovanni Papini, son como el gemido que exhala el mundo moderno, que busca a Cristo, que lo lleva presente y vivido como un taro en el mismo vaivén de sus eternas inquietudes.

Todo lo ha probado este siglo: ha probado la crueldad y la sangre, ha derramado sangre; ha probado la voluptuosidad y le ha dejado en la boca un sabor de podredumbre y una quemadura más dolorosa; ha probado la Ley y no la ha obedecido; ha probado la ciencia, pero ni los nombres, ni los números, ni las clasificaciones, ni los tecnicismos han podido calmar su hambre rabiosa; ha probado la riqueza, y se encuentra más pobre; ha probado la fuerza y ha despertado más débil. Hoy le propone Cristo la prueba del amor, la que nadie ha intentado, pero la única que puede salvarlo.

“Como nunca, necesita de la palabra de Dios y de su aplicación en la hora presente, porque el mundo oscila y tiembla entre la balanza de la vida y de la muerte”, escribía el pensador Bignon al Papa Pío X desde el Congreso de Ginebra en 1912.

Fueron palabras proféticas; nosotros hemos asistido a su cumplimiento. Poco después temblaban de espanto las entrañas de la humanidad al ver el sepulcro de millones de hombres que el monstruo de la guerra cavó en el corazón de Europa convulsionada y desangrada. Termina la guerra y estalla la revolución social y Europa se convirtió en un montón de escombros humeantes, en frase de Guillermo Ferrero.

2. – UN CUADRO TRÁGICO DE LA SOCIEDAD –

¿Acaso estoy exagerando la nota con enfermizo pesimismo? La mitad de la tierra sufre del mal político; Asia enferma; China en guerra o revolución; la India, en fermentación. En Turquía, Persia, Afganistán, las ideas e ingerencias políticas de Europa han incubado fuerzas revolucionarias. En Europa cayeron imperios formidables, instituciones seculares, saltaron cetros, rodaron coronas. El mundo está enfermo, poseído de un delirio de catástrofe. No ha bastado el diluvio de sangre que ha cubierto en los últimos años la mitad de la tierra; ese diluvio no ha apagado aún la efervescencia de los espíritus. Y éste es sólo el prólogo del verdadero drama que se avecina. Violencias, dictaduras blancas o rojas; revoluciones sociales, guerras de revancha, de doctrinas, gases tóxicos, enjambres de aeroplanos capaces de extirpar poblaciones en pocos segundos: ¿no es esto lo que en esta hora trágica contemplan nuestros ojos conturbados? El mundo está intoxicado por el delirio ideológico de la destrucción y de la fuerza; está enfermo y su mal es la ausencia de Dios.

Marcha entre tinieblas porque se ha separado de Aquél que es el Camino, la Verdad y la Vida; de Aquél que para hablar a los hombres se hizo inteligencia, se hizo corazón, se hizo Evangelio, se hizo amor. El hombre ha materializado su vida; se ha vuelto de cara a la tierra; se precipita frenético sobre este momento que pasa, y quiere saciar, en este, polvo vil, su sed de infinito y su hambre de eternidad. Quiere saciar esa sed de infinito que le devora las entrañas en el hilo de la fuente y se olvida de los raudales del manantial. De ahí el reinado del egoísmo que se ha entronizado en el corazón de la sociedad y que es la causa del hondo malestar que aqueja al mundo contemporáneo. Todo el arte y la cultura no ha enjugado una lágrima… De ahí el vicio y el error que tienen sus apóstoles y un trono en los corazones; de ahí que esos conceptos de paz, de justicia, de fraternidad, de amor son hoy conceptos-dioses, como los llama Stirner: el hombre los ha hecho huir al cielo. De ahí las luchas sociales, consecuencias del materialismo de la vida que amenazan sepultar a esta sociedad decrépita que caerá al peso de sus infortunios o se ahogará en el océano de sus lágrimas si no retorna de nuevo a los principios salvadores del Evangelio,

 

3. – EL ÚNICO REMEDIO. – ACCIÓN DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA. –

¿Cual es el remedio? Cristo. Es la única esperanza, el único Médico que puede curar nuestras llagas, la esperanza suprema del mundo. Su doctrina es llamarada de luz y calor de vida, fuente de belleza y perfección social. Y como estamos en el siglo de la democracia, el único remedio es la acción de esa Democracia que nació con Cristo en Belén y con él trabajó en el taller de Nazaret. Que escuchó atónita la proclamación de sus derechos en el Sermón de la Montaña, donde los pobres, los humildes, los que sufren fueron llamados bienaventurados; esa democracia que aprendió sus deberes en la escuela del Maestro; que enjugó su llanto de cuarenta siglos al oír la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro; que abrió su corazón a la esperanza al oír que los últimos serían los primeros en el reino de Dios, y que ese pobre esclavo, sobre cuyas espaldas había caído implacable el látigo de la tiranía, también podría llevar sobre su frente, aún herida por el clavo de la servidumbre, una corona de estrellas en el cielo…

El reinado dé Cristo en las inteligencias, en los corazones, en las almas: es el único remedio, la suprema esperanza, él único faro que brilla en medio de la tempestad.

Tal es la mentalidad de los grandes pensadores modernos, llámense Papini, Le Bon, Bourget, Barres, Maurrás, Lemaitre, Bazin, Psicari y Hervé, el furibundo socialista que, quemando lo que había adorado, ha escrito: “El espiritualismo es la salvación de Francia y la redención del mundo”. “El espiritualismo es una pieza necesaria en el mecanismo social”, dice Cambó.

El sentimiento religioso es algo interrogativo en el espíritu; resuelve los grandes problemas de la vida y es la base inconmovible del orden social. La sociedad descansa sobre la religión, la autoridad, la propiedad y la familia. Removed esas bases, y vacilan sus cimientos…

He aquí la misión que tenemos los católicos y los hombres de orden: infundir de nuevo en medio de las muchedumbres la levadura del Evangelio y defender el orden social cristiano. Todo un programa luminoso de acción-social católica.

Defender nuestros ideales por las obras de Acción Católica; propagarlos por medio del apostolado cristiano.

Mantener, defender, propagar. Este es el ideal del católico de hoy que debe trabajar dentro del templo y fuera del templo. Dentro del templo debe ser columna que sostenga el edificio de Dios; fuera del templo, espada, escudo, cimera para defender su causa sacrosanta.

Ya no podemos guardar nuestra fe en el secreto de nuestro hogar; debemos salir con esa antorcha a iluminar las inteligencias y a encender los corazones. Somos hijos de la luz, dice San Pablo y debemos caminar como hijos de la luz. Vamos a esgrimir el arma de la verdad y el arma de la caridad. El que coopera al apostolado de la Iglesia, coopera a la acción de Cristo en la sociedad; y el que coopera a la acción de Cristo, trabaja por el mejoramiento intelectual y moral de esta sociedad que, tendida a orillas del camino, bajo un cielo nebuloso y triste, está esperando que el buen Samaritano venga a curar las heridas de su espíritu.

4. – GLORIAS DEL APOSTOLADO. UNA PAGINA DE MELLA. –

¿Qué es el apostolado? Es la acción de Cristo en el mundo. ¿Qué es el apóstol? El eco de su voz, su imagen hecha viviente, la prolongación de sus latidos divinos. Los apóstoles han salvado a la humanidad. A las sociedades no las salvan los políticos sino los santos; y más influencia ejerce en el mundo un corazón santo que una inteligencia privilegiada y genial. ¿Qué ha sido de aquellos grandes hombres que conmovieron al mundo con la fama de sus hechos: Alejandro, César, Napoleón? Sobre sus fosas se extiende hoy el manió del olvido, el polvo de los siglos, y sobre la memoria de muchos de ellos la condenación de los hombres y los anatemas de la historia. Pero el pobrecillo de Asís sigue ejerciendo todavía poderosa influencia en los destinos de la humanidad. Fue llamado un loco y ha enloquecido divinamente a los hombres y sigue atrayendo, como un imán gigantesco, todos los corazones.

El apostolado es como la prolongación de esa sed divina de almas, esa sed mística de amor que sintió Cristo en el madero de la Cruz. Cristo es el primer misionero que trajo la misión de salvar al hombre, de enseñar la verdad, de romper las cadenas de la esclavitud de la culpa. El Evangelio lo presenta recorriendo los campos y las ciudades, y las orillas del mar, en sublime faena apostólica, perdonando a los pecadores, enseñando a los rudos, aliviando las miserias de los hombres, hablando de las cosas divinas y consolando todos los dolores de aquella humanidad que ponía sus angustias bajo su sandalia.

Esa misión redentora no termina con Cristo; El se ha prolongado en su Iglesia que es la efusión de su amor; ha establecido un sacerdocio con el encargo de enseñar la verdad, y le confía la misma misión que había traído del cielo. “Como mi Padre me envió, así Yo os envío a vosotros. Id y enseñad a todas las naciones”.

E irrumpió su Paráclito en doce pechos humanos que hicieron caer de rodillas al mundo ante la Cruz. Fueron los Doce Apóstoles, sobre cuyas cenizas reposa hoy la cúpula más grandiosa de la tierra. Establecieron en el mundo esa caridad de Apostolado que es la donación del hombre en cuanto inteligencia, en cuanto sentimiento, en cuanto vida exterior, dice Lacordaire.

Apostolado que no conoció China encerrada en su mutismo secular.

Ni la India replegada en la envoltura de sus castas.

Ni Grecia, patria del arte, pero que no tuvo ni apóstoles, ni misioneros, ni mártires.

Ni Roma que no tuvo de universal sino su ambición.

 

Y esa palabra anunciada por el apóstol, voló de un extremo a otro de la tierra, con más rapidez que las águilas romanas, que las águilas francesas, sin que el vapor haya estado ahí para prestarle alas, ni la industria para perforar, las montanas a  su paso.

Y estuvo en Jerusalén, en Antioquía, en Corinto, en Efeso, en Almas, en Alejandría, en Roma, en las Galias; fue más lejos que César, llegó hasta los escitas, cautivó el corazón del mundo.

Y cuando Vasco y Colón adivinaron mundos en medio de las olas desconocidas, también vino con ellos la palabra de Cristo. Y la India, la China y el Japón fueron evangelizados. Y desde los Lagos del Canadá hasta los confines de América, allá donde se abrazan los océanos, llegó la palabra de Cristo. Ella habitó las florestas, los ríos, las cavidades de las rocas, las orillas de los lagos, las cumbres de las cordilleras, sedujo al caribe, al iroqués, al inca, al araucano, amó y fue amada por mil razas perdidas en medio de los continentes. ¿Quién es ese hombre? Es el apóstol que va transfundiendo la vida del espíritu en las almas y guiando a los hombres a las alturas del cielo. Como Cristo, pasa aliviando todas las miserias: limpia al leproso, resucita a los muertos a la vida de la gracia, toca los ojos cerrados a la luz de la verdad; y por donde pasa, penetra la fe como un rayo de sol en las crueldades de una celda.

La familia de ese hombre, es la humanidad; su paternidad, las almas; su anhelo, la gloria de Dios; su enseñanza, el Evangelio; su pendón, su bandera, la Cruz.

A la luz de la fe, es Cristo en la tierra; a la ‘luz de las civilizaciones, su conservador; a la luz de la hoguera, un mártir; a la luz de la lámpara del santuario, una víctima; a la luz de la historia, un triunfador; a la luz de la ciencia, un maestro; a la luz de la Teología, un salvador; a la luz de la vela que sostiene el moribundo, el guía, el amigo, el ángel.

Ese hombre sacrifica las más hondas afecciones del corazón y atraviesa los mares y continentes sin más arma que su breviario, sin más anhelo que predicar la verdad, sin más gloria que la de morir muchas veces anónimo en medio de las selvas y de los desiertos, para decir con el apóstol ideal: “Y sobre la huesa mía, en el mundo feliz, sólo un lamento vendrá a gemir bajo la noche umbría: el gemido del viento”…

El mundo fue salvado por el ideal de los Apóstoles: Cristo; y hoy sólo será redimido por los apóstoles de Cristo.

Lo dice el ilustre orador español Vázquez Mella en una bellísima página. Un día prendió la llama del apostolado en el pecho de doce pescadores, rudos, sin ascendiente, sin más fortuna que sus redes, pero que hicieron caer al mundo de rodillas ante la locura de la Cruz.

Y cuando el cadáver de Roma que se creía eterna fue repartido entre los bárbaros, surge la era de los mártires y de los santos que convencen al paganismo con el admirable heroísmo de su virtud.

Y después de tres siglos de lucha, la Iglesia sale, triunfante, de las catacumbas para reinar en el corazón de los hombres y de los pueblos. Cuando el enemigo enarbola el estandarte de la negación y de la impiedad, acuden los Cirilos, los Ciprianos, los Gregorios que defienden la verdad y aniquilan el poder de las tinieblas.

En el siglo I ese apóstol lo forman millones de mártires, que escriben con su sangre en las arenas del Circo el sublime Credo de la fe cristiana.

En el siglo II es Justino, llamado por su elocuencia el Cicerón cristiano.

En el siglo III, el mártir de los mártires, Lorenzo, ilumina su siglo con las llamas candentes de su tormento.

En el siglo IV, cuando las sombras caen sobre el mundo, brillan la elocuencia y santidad de San Basilio y Crisóstomo.

En el siglo V, cuando Roma yace bajo la noche de la barbarie, aparecen a iluminarla San Agustín y San Jerónimo.

 

En el siglo VI, para levantar los nuevos reinos, Santa Clotilde y San Leandro.

En el siglo VII, cumbre de la edad visigoda, San Isidro y Alcuino.

En el siglo VIII, San Bonifacio ilumina la Alemania.

En el siglo IX, San Eulogio y San Odón invaden el mundo con su orden Cluniacense.

En el siglo X brilla como un faro Silvestre segundo.

En el siglo XI, cuando el cesarismo echa cadenas a la Iglesia, parece San Gregorio VII, uno de los más grandes caracteres de la historia, que muere en el destierro por haber amado la justicia y odiado la iniquidad.

En el siglo XII, al grito de ¡Dios lo quiere! aparece San Bernardo conmoviendo las naciones de occidente.

En el siglo XIII, el más grande de los siglos cristianos, que dio al mundo las cuatro maravillas: La Suma, las Partidas, el Arte gótico y la Divina Comedia, junto a un Domingo y un Francisco, está un Buenaventura y un Tomás de Aquino, el más santo de los sabios y el más sabio de los santos.

En los siglos XIV y XV, cuando la Iglesia parece que se iba a desgajar con el cisma de occidente, brillaron Santa Catalina de Sena y San Vicente Ferrer.

En el siglo XVI, cuando la Reforma ataca el principio de autoridad, aparecen los prodigios de obediencia San Ignacio de Loyola y Santa Teresa de Jesús.

En el siglo XVII, cuando el Jansenismo helaba las almas, aparece el apóstol de la caridad San Vicente de Paúl.

En el siglo XVIII, siglo de la crítica y del sensualismo, el gran moralista San Alfonso de Ligorio.

En el siglo XIX, siglo de la Democracia proletaria, el beato José de Labre.

Y en el siglo XX, cuando el mundo necesita de una luz que resplandezca en medio de las sombras, Dios pondrá en la cima del Vaticano al gran Papa de la Eucaristía, Pío X, para que con los rayos del Sol de las almas caliente el corazón del mundo.. .

El apostolado, decía este ilustre Pontífice, es la primera de las obras.

Cooperemos a ese apostolado de la Iglesia y habremos contribuido a salvar a esta sociedad que necesita soplos de Evangelio, hálitos de caridad, el contacto amoroso del pecho de Cristo.

 

El tesoro

El tesoro

EDUCAR HOY

POR PEDRO J. BELLO GUERRA.

Periodico Am de Queretaro, 16/11/08

“Lo había descubierto casualmente: en el terreno que alquilaba y cultivaba desde hacía tiempo había un tesoro. Eran monedas de oro y objetos preciosos, encontrados el día que decidió arar en profundidad.

Se apresuró a enterrarlo de nuevo y lepidio al propietario que le vendiera el terreno.

Viendo sus deseos, el dueño aceptó, pero le pidió una cantidad enorme. Para poder reunir el dinero necesario el hombre buscó un segundo empleo y después un tercero.

Empezó aganar, invirtió las ganancias, creó una empresa, extendió sus negocios más allá de los límites del Estado.

Pasó el tiempo. El hombre invertía, comerciaba, dirigía, viajaba.

Se olvidó por completo del tesoro escondido en el campo”.

Hace tiempo era frecuente ver personas que compran billetes de lotería esperando cambiar su suerte, había señores o señoras que en las zonas más concurridas de peatones, en el centro de la ciudad, se pasaban ofreciendo el “cachito” de la suerte, o la tentadora oferta de “pegúele al gordo” cuando hablábamos del sorteo de grandes cantidades de dinero en fiestas importantes como el 5demayo,el 25 o el 31 de diciembre.

Hoy las cosas han cambiado un poco, pues se ven más estanquillos y menos vendedores de billetes; también ha aumentado la oferta y a que ahora, además de los tradicionales billetes de lotería, nos ofrecen una gama de variantes tales como pronósticos deportivos -en las modalidades de fut-bol soccer, futbol americano o beisbol  también el sorteo “me late”, el tris… y una gama casi infinita de tentaciones para hacerse rico de la noche a la mañana sin más esfuerzo que ser fieles en comprar ese sueño cada semana.

comprar ese sueño cada semana.

Vivimos como el campesino del cuento, esperando un golpe de suerte con la lotería, casándonos  con alguien rico(á) -y si se puede guapo (hermosa)-, votando por aquel amigo que decidió entrar a la política “concursando” para puestos de elección popular, y confiando en que una vez en el poder “se acordará de nosotros cuando esté en su reino”, o como se decía antes, que nos de algún “hueso” o simplemente, nos favorezca consiguiéndonos placas detaxi o algún permiso o exención de pagos para poner un “negocito”.

Pero antes de construir castillos en el aire -basados en la suerte y a veces en la trampa-, soñando como cenicientas que un hada madrina hará realidad nuestro sueño, podríamos reflexionar en la anécdota anterior -una más de las que nos propone Bruno Perrero-:

En primer lugar, nos dice el autor del cuento, que el agricultor encontró él tesoro cuando se decidió a arar en profundidad, porque rara vez los tesoros, es decir, las cosas valiosas, se encuentran sin esfuerzo. Por otra parte, también se nos dice, que una vez hallado el tesoro, pero no siendo de su propiedad esas “ricas” tierras, buscó por todos los medios comprar el terreno y todo lo que en él se encontraba. ¿Te has preguntado alguna vez si cuando trabajas aras en profundidad? Y no me refiero a que te dediques a las labores del campo, sino a que te distingues en tu empleo porque cuanto haces se destaca por su calidad y prontitud. Te aseguro que si haces bien tu trabajo, arando a profundidad, la riqueza que buscas estará en tu prestigio, en lo valioso que eres para tu empresa o trabajo -lo cual en estos tiempos es importante porque nadie quiere perder su empleo-, en la calidad de lo que haces o produces y en la satisfacción personal por cumplir con tu deber.

Además de arar en profundidad aquel hombre se puso una meta: conseguir recursos para comprar el terreno y así hacerse rico con el tesoro que allí se encontraba; sin embargo, al paso del tiempo se olvidó del terreno y del tesoro porque descubrió que su mayor riqueza eran sus talentos naturales, su esfuerzo por mejorar, su iniciativa para emprender negocios, su dedicación…. Quizá a nosotros se nos olvida que más que poner nuestras esperanzas en los pronósticos deportivos o en cualquier sorteo o amistad con un político, la mejor y más segura forma de progresar tanto en lo material como en lo humano es con trabajo bien hecho, con esfuerzo, con honradez y constancia.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx

Categorías:Cuentos para educar