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El sabor de la mediocridad

El sabor de la mediocridad
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22 de Mayo de 2017 /

Redacción (Lunes, 22-05-2017, Gaudium Press) De gustos no hay nada escrito, reza un conocido adagio. En lo que concierne a la culinaria, el que nos guste una comida u otra, puede ser que no tenga tanta trascendencia, si bien el hombre es cuerpo y alma y hasta en sus costumbres alimenticias podemos percibir ciertas facetas del alma.

Pero en lo que se refiere a los gustos espirituales, pasamos a otro nivel muy alto de relevancia al que no podemos ser indiferentes, si tomamos en cuenta el que dependiendo de cuales sean los “gustos” de las personas en esta materia, veremos trazarse ante nuestro ojos y “paladares” el rumbo al que se dirige la humanidad, la Historia…

¿Pero qué tipos de gustos espirituales podríamos diferenciar en la sociedad actual en que prepondera la idea de la “religión a la carta”? No hace falta ser un gran catador de lo espiritual para darse cuenta que abundan sabores y gustos mucho más que lo abundan en la culinaria. Pero analizando un poco podremos diferenciar ciertos grupos, que parecen ser los de la mayoría.

 

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Mediocres indiferentes

No es para nada raro encontrar personas que se autodenominen indiferentes en lo que respecta a los gustos espirituales. Y llámense agnósticos, católicos no practicantes, new age, sincretistas espiritualistas o como se quiera, en realidad representan un subgrupo más dentro de lo que podríamos denominar, el grupo de las personas con sabor a mediocridad.

Mediocres en el actuar

Existe otro subgrupo humano con este “sabor” peculiar, al que le gustan mucho las palabras, e incluso aparentar ser idealistas; pero su idealismo no pasa de publicaciones en redes sociales, discusiones entre amigos, y a lo mucho algún insulto…en fin, no pasa de mera verborragia. Y cuando se les pide poner de sí mismos, se les pide el sacrificio, es que revelan su mediocridad.

Este pseudo-idealismo mediocre conviene resaltar es más común de lo que parece hoy en día, en los más variados campos, sea religión, política, academia, etc…

Mediocres intelectuales

Dios no es igualitario, y por eso ha creado algunos seres humanos con mayores capacidades intelectuales que otros, por lo que no solo es injusto, si no tonto, pretender que todas las personas tengan una igual comprensión de la realidad, y de asimilar conocimientos.

Pero tenemos que saber que esto no excusa para nada, a aquellos que sea por pereza, dejadez, o un vergonzoso miedo a ver la Verdad de frente, prefieren quedarse en el manso lago de la mediocridad intelectual, que entrar en el tormentoso mar de la realidad y ver las cosas como son, sin tapaderas, en toda su asombrosa complejidad.

Una mediocridad de las peores, pues evita que se busque la verdad con honestidad, sin importarse de las terribles consecuencias que puede traer el conocer la cruda realidad, muchas veces triste, pero al final alentadora.

Pero es bueno aclarar, que en la búsqueda de esa Verdad, no se puede prescindir de la gracia, del auxilio Divino, sin el cual es imposible encontrar el Camino, que es la Verdad y la Vida.

Mediocres filosóficos

Los mediocres que prefieren abrazar lo absurdo, las teorías más “tiradas de los pelos”, antes que tener que doblegarse ante las verdades inmutables, para de esa manera encontrar un falso sosiego en sofisticados sofismas, que son un anestésico para su conciencia atribulada.

Mediocres “tolerantes” y “pacificadores”

Quizás los mediocres más prestigiosos son los “grandes hombres” que en nombre del humanitarismo proclaman la necesidad de tolerar todo, hasta lo absurdo, de tolerar el pecado, y no el pecador, y de mantener la “paz del mundo” no la de Cristo, a todo costo para evitar cualquier conflicto e incomodidad.

Sin considerar que “… una buena paz es mejor que una buena guerra, y una buena guerra es aún mejor que una mala paz.” 1. Y que Jesucristo dijo: “No vine a traer paz, sino espada” (Mt 10, 34)

La virtud mundana de la “tolerancia” es como decía G. K. Chesterton…”la virtud de los que no tienen ninguna convicción”.

Una de las preferidas “virtudes” del mal, porque es la que les permite avanzar y ganar terreno hasta que siendo más poderosos la dejan atrás para acabar con lo que queda de bien.

Muy común y fácil es el justificar esta falsa tolerancia con las palabras del propio Señor Jesucristo, diciéndonos que debemos poner la otra mejilla, pero:

“Tampoco cuando emplea la imagen retórica de poner la otra mejilla nos está pidiendo Cristo que nos convirtamos en unos seres pasivos que se dejan vapulear por sus agresores, sino que nos recuerda que Dios está con quien recibe una agresión por su causa; y que debemos hacérselo ver al agresor, para que entienda que el daño de su bofetada es ínfimo, comparado con el beneficio de la caricia divina.” 2

Por otro lado, el León de Judá muy claro nos dejó en sus discusiones con los fariseos hipócritas como debemos actuar delante del mal, y que no hay que reservar energías cuando de defender el Templo se trate.

Pero en nuestra sociedad blandita, acostumbrada a los sabores artificiales y químicos, sabe a dulce la habladuría de estos mediocres cuando en realidad, bien desagradable es su discurso con sabor a plástico.

Mediocres envidiosos

“La envidia es el reconocimiento de la propia mediocridad.” Plinio Correa de Oliveira

Mediocres mediocres

Existen también los mediocres con un especial sabor a redundante mediocridad que generalmente unen las “virtudes” de todos los anteriores con un toque más acentuado de monótona vulgaridad, que se ve reflejado en lo aborregado e insípido de su actuar… Quienes conocen alguno, saben a qué me refiero.

Mediocres diabólicos

Aunque son menos, también existen un tipo de mediocres con un especial grado de perversidad. Algunos definen a quienes pecan con un especial conocimiento de la ofensa que realizan a su Creador, como pecadores diabólicos, pues el Diablo sabía lo que hacía. Así también hay mediocres diabólicos que conociendo el pérfido papel que realizan, lanzan su veneno relativista con la intención de destruir los tejidos más sensibles de la sociedad, y lo hacen con convicción.

La madre de todos los vicios

¿Pero cómo un solo término – mediocre- puede abarcar tantas definiciones?

Se le atribuye a la sabiduría popular la tesis de que: “La pereza es la madre de todos los vicios”, y si analizamos la mediocridad como siendo la mayor expresión de la pereza, tiene mucho sentido, y así comprendemos como muchos y diversos males pueden provenir de esa misma raíz.

Decía el Dr. Plinio Correa de Oliveira que la mediocridad es “el mal de los que, enteramente absorbidos en las delicias de la pereza y por la exclusiva deleitación de lo que está al alcance de la mano, por el entero confinamiento de lo inmediato hacen del estancamiento la condición normal de sus existencias. No miran para atrás, pues les falta el sentido de lo histórico, no miran hacia el frente o para arriba: no analizan ni preveen. Tienen pereza de se abstraer, de alinear silogismos, de sacar conclusiones, y su vida mental se cifra en la sensación de lo inmediato” 3

Definición que bien podríamos aplicar a las masas humanas que en la actualidad son arrebañadas y conducidas por el camino de la mediocridad hacia el abismo.

¿Como le sabe a Dios la mediocridad?

La mediocridad cuesta caro, ¡y que caro le costará a nuestra sociedad si no abre los ojos a la realidad!

Si no hacemos un detenido examen de conciencia, pues muchos en algún punto nos dejamos llevar por la mediocridad, que es parte de nuestra miseria humana.

A pesar de que hemos podido comprobar la gran gama de desagradables sabores que puede presentar la mediocridad, una cosa tienen en común, y es que se sirve tibia.

No se nos propone como maldad militante, como una frívola comida, dura y extravagante. Y tampoco se nos propone como un plato caliente y saludable, íntegro en el bien, ardiente y radical en su búsqueda de lo Absoluto. Si no, como un plato tibio de desagradables lentejas, que vilmente cambiamos por la primogenitura.

Y bien sabemos por las escrituras que piensa Dios de los platos tibios: “Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, Yo te vomitaré de mi boca” Apocalipsis 3:16.

Por Santiago Vieto

______
1- G. K. Chesterton – El Hombre Eterno
2- Juan Manuel de Prada – Santa Ira / http://infocatolica.com/blog/notelacuenten.php/1509220253-santa-ira
3-Plinio Correa de Oliveira. “Mediocres y mediocrátas”, Folha de Sao Paulo, 20.06.1981.

 

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El cristianismo no es irracional

El cristianismo no es irracional

23.04.17 | 20:24. Archivado en Acerca del autor

Una acusación típica es que el cristianismo, y las religiones en general, son irracionales. Se admite una necesidad del hombre en buscar algo trascendente, una realidad infinita, una vida más allá de la muerte. Pero todos estos intentos, según muchos, no son más que maniobras psicológicas que dan lugar a una serie de mitos y creencias anticientíficos, instrumentos de poder y manipulación al servicio de los gobernantes o poderosos de turno.

De entrada, podemos decir que si todas las culturas del mundo tienen alguna religión es porque esta sed de infinito no es algo irrazonable ni absurdo, sino connatural al ser humano. El hombre percibe que en la realidad que lo envuelve hay algo que lo sobrepasa: se reconoce limitado ante la grandeza del universo, y reconoce que él mismo no se da la vida. Algo o alguien tienen que estar en el origen de todo. Llegar hasta aquí no es irracional: la razón nos dice que todo lo que existe tiene que tener una causa… o bien existir desde la eternidad. Decir que todo viene del azar es una forma de disfrazar la ignorancia o de dar nombre al absurdo o a la nada.

Ahora bien, ¿qué es ese origen? ¿Cómo es? ¿Hablamos de un Dios, de un grupo de dioses, o del mismo universo deificado, que se crea a sí mismo y evoluciona?

La ciencia: una visión nueva del mundo

El desarrollo de la ciencia en Occidente supone un cambio radical en la forma de ver el universo, y también el nacimiento del pensamiento ilustrado y la crisis en la fe religiosa. El método científico ha resultado muy útil para conocer el mundo físico, y lo sigue siendo. Este método se basa en la observación y la experimentación: todo lo que caiga fuera de este campo no puede estudiarse.

Por eso la ciencia no puede decir nada de Dios, ni de un ser trascendente, ni de una vida más allá del universo físico. No puede porque tanto Dios como el “cielo” están fuera del campo de estudio científico. Pero que la ciencia no pueda decir nada no quiere decir que no existan.

El problema con la ciencia y el racionalismo es que han querido agotar la realidad: se han erigido como las únicas formas de conocimiento y todo lo que no puedan abarcar, simplemente no existe o es un invento. Negar lo que no se puede conocer es la actitud de muchos racionalistas y pensadores ateos, pero esta actitud es muy dogmática y poco científica. ¿Cómo hubiera avanzado la ciencia sin mentes abiertas, exploradoras y flexibles, capaces de ir más allá del mundo conocido en un momento dado?

Pero la realidad completa es algo más que el mundo físico que podemos estudiar con métodos científicos. No hace falta ir muy lejos. Nuestra propia vida espiritual: el amor, el arte, los sentimientos, la imaginación, el impulso solidario, los valores… Todo esto son realidades no científicamente comprobables, ¡pero muy ciertas!

La fe no es irracional

Cada día estamos haciendo actos de fe. ¿Qué es fe? Fe no es creer en algo a ciegas, de modo irracional. Fe es creer algo que te comunican porque te fías de quien te lo dice. Cuando vamos a la escuela o a la universidad tenemos fe en los maestros que nos enseñan. Cuando leemos la prensa o vemos la tele tenemos fe en las agencias de noticias. Cuando vamos al médico tenemos fe en sus conocimientos y seguimos sus instrucciones sin cuestionarlas. El 90 % de lo que aprendemos es por fe, lo creemos porque nos lo han dicho nuestros padres, los profesores, los médicos, los libros o los medios de comunicación. Tan sólo un 10 % de lo que sabemos lo sabemos por experiencia directa o por nuestros razonamientos propios. En cuanto a la ciencia, ¿quién es capaz de elaborar y demostrar un teorema o una hipótesis como la relatividad? Muy pocas personas: la mayoría lo aprendemos porque unos lo han descubierto, otros lo han estudiado y otros nos lo han transmitido.

Si esto ocurre con las cosas del día a día, veremos que en el caso del cristianismo sucede algo similar. ¿En qué creemos los cristianos? Mejor dicho, ¿en quién? En Jesús. Y creemos que es Dios, que resucitó y que nos llama a vivir en plenitud, una vida eterna y con sentido.

¿Por qué lo creemos? Vayamos a los orígenes. ¿Por qué los primeros cristianos creyeron en las predicaciones de Pedro, Juan, Santiago y los demás apóstoles? En primer lugar, porque ellos fueron testigos directos de lo que predicaban. En segundo lugar, porque la gente vio su entusiasmo y su coherencia vital. En tercer lugar, porque todos ellos murieron por comunicar a Jesús y su mensaje. Y finalmente muchas personas creyeron porque vieron cómo vivían las primeras comunidades. Daban ejemplo de amor, solidaridad, alegría. Contagiaban vida. Atraían y acogían. En los tres primeros siglos de vida, el cristianismo fue una minoría muy humilde y a menudo perseguida por los gobernantes. Si no hubieran dado testimonio con una vida alegre, generosa y fraterna no hubieran entusiasmado a nadie.

Nos fiamos de los apóstoles, y de todos los que han tomado su relevo a lo largo de los siglos. Y los apóstoles no inventaron nada. Sólo hablaron de su encuentro con Jesús, vivo, resucitado, y de cómo esto les cambió la vida. Una ficción no cambia la vida a nadie; como mucho puede dar un momentáneo bienestar, frágil e ilusorio. Las mentiras se descubren pronto y ningún impostor muere entregando valientemente su vida por amor.

Nuestra fe, por tanto, no se basa en sentimientos ni en ilusiones. Se basa en hechos reales y en testigos fiables. Es objetiva, firme, individual porque cada uno cree, y colectiva porque se vive en comunidad. Es una fe que puede cambiar personas, grupos, culturas y hasta el mundo. Por mucho que se quiera negar la relevancia del cristianismo, hay hechos incuestionables. Los derechos humanos, la protección del más débil y la expansión de una cultura solidaria y pacífica a nivel mundial beben directamente de la raíz cristiana.

¿Por qué no creer?

Las personas que no creen y que han abrazado posturas agnósticas o ateas, se fundamentan básicamente en tres cosas. Una, que la ciencia no puede explicar a Dios. Dos, el problema del mal: si Dios existe, ¿por qué permite el mal en el mundo? Y tres: los grandes interrogantes del ser humano, ¿quién somos?, ¿por qué existimos?, ¿tiene sentido la vida y el universo?, no tienen respuesta. La existencia es una realidad efímera, trágica y absurda, no vale la pena buscar explicaciones. Los mismos científicos lo reconocen así: la ciencia puede responder a la pregunta de «qué y cómo» son las cosas, pero no al «por qué» existen las cosas.

Quedarse con el absurdo existencial es una postura respetable, por supuesto, pero no es más razonable que tener fe y creer que las cosas tienen un sentido y un por qué. Decidir que la ciencia tiene la única explicación posible de la realidad y cerrarse a otras formas de conocimiento no es más que una elección personal y subjetiva. Es idolatría de la ciencia y sus motivaciones son más subjetivas e ideológicas que racionales.

¿Por qué creer?

Con la razón se puede justificar la existencia de Dios, como lo hicieron los clásicos y los pensadores medievales, escolásticos y de otras escuelas. Creer que todo lo que existe tiene que tener un origen y un motivo es un axioma filosófico, apuntalado por la razón. Por tanto, no es irracional suponer que un Creador inteligente y todopoderoso ha creado este universo regido por leyes físicas y con un orden, una precisión y una armonía prodigiosos.

Si la razón puede justificar un Dios creador, las religiones son otras vías más intuitivas para intentar explicar quién puede ser este ser divino, cómo es y cómo interactúa con el ser humano.

La religión da una explicación a los grandes interrogantes humanos. Cada persona es alguien llamado a una misión en esta vida. La existencia tiene un sentido. En el caso del cristianismo, Dios se hace más cercano que nunca: totalmente humano, con Jesucristo. No es un Dios abstracto, ni impersonal, ni identificable con el mismo universo. Es un Dios personal y cercano, con el que es posible hablar y al que podemos amar.

¿Cómo lo sabemos?

Lo sabemos de primerísima fuente: por el mismo Jesús y todo lo que dijo e hizo, recogido por sus discípulos y transmitido hasta hoy. Ningún académico serio niega la historicidad de Cristo. Jesús de Nazaret no es una figura arquetípica ni mitológica. Fue un hombre real, viviendo en unos lugares concretos y en una época bien documentada históricamente. Pocos personajes de la antigüedad gozan de tantas pruebas de su existencia, corroborada por los testimonios escritos, no sólo de los evangelios, sino de autores no cristianos.

Los evangelios canónicos son escritos muy antiguos, recopilados a partir de una tradición oral que arranca de los mismos apóstoles, pocos años después de la muerte y resurrección de Cristo. Se conservan pruebas documentales y copias antiquísimas. La cuidadosa transmisión de los escritos a lo largo de los siglos es prueba del empeño en conservar al máximo la fidelidad a los relatos originales.

Tenemos hechos reales y testimonios fiables. Nuestra fe no es un mito ni una fantasía. Tenemos muy buenos y razonables motivos para creer en Jesús, creer en Dios y creer que nuestra vida está llamada a una plenitud que va más allá de la vida terrena.

 

Fuente: http://blogs.periodistadigital.com/en-la-frontera.php/2017/04/23/el-cristianismo-no-es-irracional

 

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¿Se puede vivir hoy el Reino de Dios?

¿Se puede vivir hoy el Reino de Dios?

En el mundo tecnológico e individualista de hoy, ¿es posible meter la nariz en el Reino de Dios?  Parecería que era más fácil en aquel mundo de aquella Galilea que caminó Jesús.

A Jesús no le importaba  lo que el pagano de su tiempo pensaba de ÉL, si le importaba saber lo que pensaban los que le seguían. Sus palabras sembraban  admiración en los que lo seguían y también odios en los que no creían. ¿No ocurre lo mismo en el día de hoy?

No será,  que  igual que en aquellos tiempos,  hay demasiados licenciados que solamente creen viable su saber y lo que se puede tocar o paladear?

Ya que hablamos de cantidad, bueno será recordar que fueron doce los que cambiaron la historia de la humanidad.  Hoy  en el mundo son casi  dos mil millones los cristianos,  ¿cómo es posible que no se pueda cambiar el mundo de hoy?  ¿No será que hemos complicado el vivir el Reino de Dios?

En aquellos tiempos la vivencia era lo que desparramó la fe. Aquellos doce vivían lo que creían, los que veían lo que vivían, creían también y esto explicaría en donde está la diferencia. Un puñado de personas en pocos decenios fue capaz de transformar el mundo conocido.

Recordemos que los cristianos de hoy seguimos alimentándonos de la alegría de aquellos cristianos que morían cantando mientras un león se les zampaba una pierna. Hoy no hay leones como aquellos, pero sigue habiendo cristianos que mueren cantando en países del medio oriente, en África  ayudando a enfrentar el Ébola. Son los leones de hoy,  son diferentes, pero sigue habiendo leones.

No podemos pretender que todos tengan esta sublime entrega por lo que creen, pero para estar en el Reino de Dios hay muchos caminos. Cada uno de nosotros puede descubrir en qué nivel estás, ¿en qué peldaño de tu  fe estás?  Todos pueden ser testigos de lo que creen.

Si un cristiano, vive en cristiano, su luz ilumina a todos, incluso a aquellos  que no conocen la gramática para hablar con Dios.

Ayudando, participando, estando,  es  un hablarles de Dios, sin decir una sola palabra. Viviendo haciendo el bien es una manera de llenar el alma. No hay nada que pese tanto como un cuerpo con el alma vacía.

 

¿Qué les decía Jesús cuando les explicaba  que el Reino de Dios, ya había llegado?  El Reino de Dios es todo aquello que tú hagas por el otro. Por eso les decía que ya había llegado el Reino. Todos podían ser parte del Reino.

¡Cómo cambiaría el mundo si solamente una parte de los casi dos mil millones de creyentes, estuvieran dispuestos a estar en el Reino de Dios!

Hay que imitar al Papa Francisco en su humildad y sencillez y volver a las fuentes del nacimiento del cristianismo: hay que meter la nariz en el Reino de Dios, hay que querer estar.    ¿Cómo?  Mirando a tu alrededor. No es necesario irse lejos. Tu barrio también te necesita.

Es muy buen negocio prestar atención a lo que necesita ayuda:

Las últimas investigaciones en la Universidad de Harvard están demostrando que la mejor y única manera de obtener la felicidad, es buscar la felicidad de los otros, en lugar de la propia.

Los románticos se equivocaron en casi todo. Fue un error su instinto por buscar en la soledad la inspiración de todas las cosas importantes, en lugar de buscar la innovación resultante del contacto con los otros.

 (Eduardo Punset  autor de “Viaje al amor”)

 

Y sigue lo bueno de esta actitud: Para estar alegre no hay nada mejor que ayudar a otros,  nos dice Javier Iriondo ex pelotero vasco que desde las cenizas de su existencia, renació a la vida.

¿Tu vida está llena de tristeza?  Sigue el consejo de Iriondo.

Su actitud encaja a la perfección con aquellas palabras del Pobre de Asís:

es dando que uno recibe.

 

Seguro que encontrarás algún dolor que aliviar, alguna situación que podrás contribuir a moderarla,  un consejo que dar, un apoyo que ofrecer, una presencia que reconfortará.  El Reino de Dios es tan amplio y abrazante que todos tienen cabida. Cada uno debe encontrar el cómo, con quién,  cuándo y dónde.

Y si quieres hacerlo más sencillo y no quieres mirar alrededor tuyo, limítate a decirle al Señor, que simplemente te  atreverás a decirle  “si” y el mismo Dios pondrá delante de tu nariz el donde y con quién.

Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas, pedir lo que quieras y te ayudará para que puedas. (San Agustín)

Y cuando esto suceda y siempre sucede, piensa que si Dios te lo pone por delante, es que puedes y que donde tú no llegues, Dios siempre termina arreglándolo a su manera, que para eso es Dios.

Y no me vengas a salir con alguno de los tantos “peros” frecuentes que usan múltiples creyentes: pero yo no sirvo, pero  yo nunca lo hice, pero yo no sé, pero yo no tengo tiempo, pero yo no podré. El mundo está lleno de cristianos del” pero”

Las virtudes de cualquier persona suelen nacer de su misma esencia. Es evidente que el transcurrir del tiempo y la asimilación  de  experiencias sea lo que marquen aún más la manera de ser.

Es lo que podríamos llamar el acercamiento a la madurez. La construcción máxima de nuestra manera de ser, acaba siendo  la evolución de la esencia a través de nuevas experiencias. Es la suma de un conocimiento interior junto a un aprendizaje exterior que se acaba interiorizándose en nosotros.

 

Por lo tanto, parece evidente que es muy importante conocer qué es aquello del exterior que merece cobrar protagonismo en nuestra vida porque reflexionándolo acaba enriqueciendo la esencia.

Y ahí residen seguramente las decisiones más cruciales de cada uno de nosotros, porque habremos optado en incorporarlas a nuestra manera de ser.

Si uno acaba optando por la desconfianza, la maledicencia y el negativismo, uno acaba alejándose de todo el potencial de bien que hay en cada uno. En cambio si uno es capaz de convivir con sus experiencias positivas acaba convirtiéndose en un sabio. (Joan Galobart)

Cuando uno se acerca a su madurez espiritual es cuando desde la esencia de cada uno está maduro para entrar  y entender el Reino de Dios.

La madurez es el arte de vivir en paz con lo que es imposible cambiar.

Cuando envejecemos la belleza se convierte en cualidad interior. (Ralph W. Emerson)

Para el profano, la tercera edad es el invierno. Para el sabio, es la estación de la cosecha, que la reparte desde la palabra y desde actitudes de vida.

Es cuando la comprensión ocupa el primer lugar de su ser.

No es un viejo. Podrá tener años encima de sus huesos, pero es un viejo joven.

 

A esta altura de la reflexión, que mi hermano en la fe y amigo  Miguel me sugirió que la hiciera,  quizás más de uno pensará,  ¿este que escribe siempre fue así?  No, Salvador  no era así, no pensaba así.  ¿Qué pasó entonces?

Hay un refrán que dice: “No hay mal que por bien no venga”

¡Qué sabios que son los refranes, cuánta sabiduría hay en ellos!

A la mitad de mi vida un cáncer casi me saca de este mundo. Aquellos meses, quizás un año de vida que el médico me dio, se han convertido en más de 40 años de poderlo contar.

Mentiría si dijera que viví de cerca la muerte. No, nunca la tuve cerca. Sabía que podía recibir su visita, pero nunca sentí su cercanía.

Cada mañana afeitaba mi escuálida cara y empezó a rebotar en mí rostro una frase que muchas veces había oído, pero nunca la había escuchado, nunca le había prestado atención:” busca el Reino de Dios; lo demás se te dará por añadidura”

Un día decidí que no me quería morir sin saber si la frase era cierta. Tomé mi agenda de trabajo y la partí con una línea. La parte de arriba sería  lo prioritario en mi vida, es decir el Reino de Dios. La parte de abajo mi trabajo cotidiano para seguir comiendo en este mundo.

¿Y qué pasó?  Pasó que las dos partes se llenaron por igual. Ni siquiera me tenía que preocupar en buscar.  Solamente tenía que decir si a lo que se iba presentando. ¡La de cosas que viví! ¡Qué gran aventura es tener a Dios de socio!  Eso sí,  hay que atreverse. No siempre eran cómodas. No siempre era fáciles ensamblarlas.

¡La de situaciones diversas que uno llega a vivir!  Gracias a ellas uno siempre termina creciendo en el creer.

 

Creo que si actuamos haciendo el bien, podremos estar en la lista de espera si el Cielo existe. Y si no existe, habremos tenido nuestro propio Cielo aquí en la Tierra. (Felipe Cubillos)

 

¡Atrévete a ser parte del Reino de Dios! Eso sí, recuerda que tu primer otro, es aquel que duerme contigo.

 

Salvador Casadevall

salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

 

REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA………..para acompañar a vivir

Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2007  Programa “Día Internacional de la Mujer”

Galardonado con la Rosa de Plata-Buenos Aires 2007  Programa “Navidad”

Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2006  Programa “Día del Niño”

Mención especial Premio  Magnificat-Buenos Aires 2005  Programa “Adultos Mayores”

 

Los cuatro primeros libros sobre estas reflexiones están disponibles y son vendidos por correo certificado de entrega.

 

Estas reflexiones pueden hallarse en los siguientes portales:

www.es.catholic.net de México

www.mensajesdelalma.org de Argentina

www.diosesvida.netfirms.com de Argentina

www.grupomatrimonios.com.ar  de Argentina

www.sanjosemaria.org  de España

www.aragónliberal.es de  España

www.analisisdigital.com  de España

www.mfc.org.ar de Argentina

www.yoinfluyo.com  de México

www.ideasclaras.org  de España

www.yocreo.com  de Argentina

Si usted abre GOOGLE, o  YAHOO o ASK  y pones mi nombre en BUSCAR le aparecerán varias páginas WEB que alguna vez las han publicado y algunas hasta las han archivado. Para entrar en el archivo hay que usar el mismo camino: poner en BUSCAR mi nombre.               

 

 

 

 

 

 

 

Comunicar la Palabra de Dios

Comunicar la Palabra de Dios

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Hacen falta sembradores de la Palabra, misioneros, verdaderos heraldos para formar al pueblo de Dios, como lo fueron Cirilo y Metodio, valientes heraldos, hermanos intrépidos y testigos de Dios, que hicieron más fuerte Europa, de la que son Patrones. Tres son las características de la personalidad de un enviado que proclama la Palabra de Dios. Lo cuenta la primera Lectura de hoy (Hch 13,46-49), con las figuras de Pablo e Bernabé, y el Evangelio de Lucas (10,1-9), con los 72 discípulos enviados por el Señor de dos en dos.

El primer rasgo del enviado es la franqueza, que incluye fuerza y coraje. La Palabra de Dios no se puede llevar como una propuesta –“si te gusta…”– o como una buena idea filosófica o moral –“tú puedes vivir así…”–. No. Es otra cosa. Necesita ser propuesta con franqueza, con fuerza, para que la Palabra penetre, como dice el mismo Pablo, hasta los huesos. La Palabra de Dios debe ser anunciada con franqueza, con fuerza, con coraje. La persona que no tiene coraje –coraje espiritual, valentía en el corazón, que está enamorada de Jesús, ¡y de ahí viene el valor!– dirá algo interesante, algo moral, algo que hará bien, un bien filantrópico, pero no es la Palabra de Dios. Y esa palabra es incapaz de formar al pueblo de Dios. Solo la Palabra de Dios proclamada con esa franqueza, con ese coraje, es capaz de formar al pueblo de Dios.

Del Evangelio de Lucas, capítulo 10, sacamos las otras dos características propias de un heraldo de la Palabra de Dios. Es un Evangelio lleno de elementos acerca del anuncio. La mies es abundante, pero son pocos los obreros. Rogad pues al Señor de la mies para que mande obreros a su mies. Así pues, después del coraje, a los misioneros les hace falta la oración. La Palabra de Dios se proclama también con oración. Siempre. Sin oración puedes dar una bonita conferencia, una buena charla: ¡buena, buena! Pero no es la Palabra de Dios. Solo de un corazón en oración puede salir la Palabra de Dios. Oración para que el Señor acompañe esa siembra de la Palabra, para que el Señor riegue la semilla y germine la Palabra. La Palabra de Dios debe proclamarse con oración: la oración del que anuncia la Palabra de Dios.

También en el Evangelio se describe un tercer rasgo interesante. El Señor envía a los discípulos como corderos en medio de lobos. El verdadero predicador es el que se sabe débil, sabe que no puede defenderse a sí mismo. ‘Tú ve como cordero entre lobos’ – ‘Pero, Señor, ¿para que me coman?’ – ‘¡Tú ve! Ese es el camino’. Y creo que es el Crisóstomo quien hace una reflexión muy profunda, cuando dice: ‘Pero si no vas como cordero, sino que vas como lobo entre lobos, el Señor no te protege: defiéndete solo’. Cuando el predicador se cree demasiado inteligente o cuando quien tiene la responsabilidad de llevar adelante la Palabra de Dios quiere hacerse el listillo –‘¡Sí yo puedo con esta gente!’–, así acabará mal. O regateará la Palabra de Dios: a los poderosos, a los soberbios.

Se cuenta de uno que alardeaba de predicar muy bien la Palabra de Dios y se sentía lobo. Y tras una bonita prédica, fue al confesionario y le cayó un pez gordo, un gran pecador, y lloraba, quería pedir perdón. Y el confesor comenzó a inflarse de vanidad y la curiosidad le hizo preguntarle qué palabras de las que había dicho le habían movido hasta tal punto de empujarle a arrepentirse. “Fue cuando usted dijo: pasemos a otro tema”. No sé si es verdad, pero lo seguro es que se acaba mal si se lleva la Palabra de Dios sintiéndose seguros de sí y no como un cordero a quien el Señor defenderá.

Así que esa es la misión de la Iglesia y así son los grandes heraldos que han sembrado y ayudado a crecer a las Iglesias en el mundo: han sido hombres valientes, de oración y humildes. Que nos ayuden los Santos Cirilo y Metodio a proclamar la Palabra de Dios según esos criterios, como lo hicieron ellos.

 

 

Fuente: http://www.almudi.org/liturgia/homilias-de-santa-marta/homilia/97261/comunicar-la-palabra-de-dios

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No dejar que nos roben la Navidad

Mons. Aguer: “Nos han birlado la Navidad”
Martes 13 Dic 2016 | 08:57 am

 

 

La Plata (Buenos Aires) (AICA): El arzobispo de La Plata, Mons. Héctor Aguer, recordó que ¨antes todo el mundo sabía que en Navidad había nacido Jesucristo y que era eso lo que se festejaba y que el signo era el Pesebre, mientras que hoy nos han birlado la Navidad¨. Lo afirmó en su reflexión semanal efectuada el sábado 10 de diciembre por el Canal 9 de Televisión.

El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, recordó que “antes todo el mundo sabía que en Navidad había nacido Jesucristo y que era eso lo que se festejaba y que el signo era el Pesebre, mientras que hoy nos han birlado la Navidad”.

Lo afirmó en su reflexión semanal efectuada en el programa Claves para un mundo mejor, emitido el sábado 10 de diciembre por el Canal 9 de Televisión. “Acá se juega -expresó- algo que es importantísimo porque esta es una fiesta central del año cristiano así como la Semana Santa y sobre todo el Triduo Pascual que es el otro polo del año cristiano”.

“La cuestión -señaló- es cómo se celebra bien la Navidad. Una celebración no implica solamente la misa aunque ojalá todos los bautizados fueran a misa el día de Navidad, ojalá todos los bautizados, acá en la Argentina, supieran qué pasó en Navidad y por qué celebramos Navidad, por qué se brinda en la Nochebuena”.

“Notemos -continuó- que los cambios culturales han hecho evaporar la cultura cristiana de la Navidad. Antes todo el mundo sabía que en Navidad había nacido Jesucristo y que era eso lo que se festejaba y que el signo era el pesebre… Todo eso hoy día se ha perdido desgraciadamente”.

El prelado platense recordó que “antes en público aparecían figuras de la Navidad y eso también se ha perdido”, y agregó: ¿Cuál es la figura cultural, hoy, de la Navidad? Es ese gordo vestido de colorado, barbudo, que parece que sale del invierno porque, efectivamente, viene de otros horizontes, de otro hemisferio. La Coca Cola nos ha birlado la Navidad porque este señor, el gordo Papá Noel, ha sido la imagen de esa gaseosa. Cuando decimos Papá Noel, si conocemos algo de francés, sabemos que Noel significa Navidad pero detrás está Santa Claus aunque ahora ya nadie lo llama Santa Claus que es San Nicolás y, en realidad, es verdad que es una tradición cristiana que viene de los países del norte de Europa pero pasó a Estados Unidos y lo agarró la Coca Cola y allí se acabó el pesebre, se acabó Jesús y queda Papá Noel”.

“Por otra parte, antes, los regalos, nosotros, los chicos, los esperábamos el 6 de enero. En la noche del 5 de enero poníamos los zapatos, hasta poníamos pastito y agua para los camellos. Todo eso desapareció. Los regalos, en todo caso, aparecen en Navidad, a fin del año y algunos en Reyes, aunque no tanto”.

“La cuestión es esta: nos han birlado la cultura de la Navidad. Y eso es algo que, con delicadeza pero con claridad tenemos que restaurar, tenemos que recordar y hacer recordar que en Navidad se celebra el Nacimiento de Jesús Nuestro Salvador, que nació en el parto virginal de la Virgen María, que lo concibió virginalmente por obra del Espíritu Santo”.

Continuando con su reflexión, monseñor Aguer recordó que “el Pesebre de Navidad está iluminado por la presencia del Niño Dios y de su Madre. Hay pinturas preciosas, de grandes autores de los siglos XVI y XVII, que han pintado la escena de la Navidad y lo que llama la atención es que la luz sale del Niño y de su Madre. Los bordes son oscuros pero el que ilumina es el Señor, la pequeña figura del Señor. Esa es la verdad y a través de estos signos es cómo vamos comprendiendo las cosas”.

“Por eso la cuestión que yo digo acerca de la Coca Cola y Papá Noel no hay que tomarla a la ligera porque van a ver ustedes que la propaganda es esa: un arbolito con globitos y el gordo muchas veces sin el trineo. Por eso lo importante es volver al Pesebre y mostrar que allí está figurada la escena central de la historia humana que es el Nacimiento del Redentor”.

“Esta es una dimensión importante de nuestra preparación para la Navidad. Por supuesto que esta preparación es sobre todo la interior. En lo posible vamos a hacer una buena confesión de Navidad, vamos a comulgar en la Misa de Nochebuena o en la Misa del Día de Navidad. Pero los aspectos exteriores, sobre todo para la gente sencilla y para aquellos que no son practicantes, son valiosos. Si tienen un pesebre en su casa y entra un vecino cualquiera ustedes pueden explicarle las verdades fundamentales de la fe cristiana. Y es así como la Iglesia conserva su vigencia en la cultura, de lo contrario nos recluimos en nosotros mismos y dejamos que el vasto campo del mundo quede para el Diablo, al cual Jesús llamaba el Príncipe de este mundo”, concluyó.+

Texto completo de la alocución

No dejar que nos roben la Navidad

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (10 de diciembre de 2016)

Queridos amigos: hoy es el tercer sábado de Adviento. Este tiempo que la Iglesia nos ofrece para que preparemos bien la celebración de Navidad. Acá se juega algo que es importantísimo porque esta es una fiesta central del año cristiano así como la Semana Santa y sobre todo el Triduo Pascual que es el otro polo del año cristiano.

La cuestión es: ¿cómo se celebra bien la Navidad? Una celebración no implica solamente la misa aunque ojalá todos los bautizados fueran a misa el Día de Navidad, ojalá todos los bautizados, acá en la Argentina, supieran que pasó en Navidad y porqué celebramos Navidad, porqué se brinda en la Nochebuena. Hace poco le preguntaba a una persona que no tiene mucha formación si iba a festejar la Navidad, me dijo que sí, y le pregunté si sabía lo que se festejaba y me dijo “no sé bien, fin de año”. Así es y esa es la cuestión.

Notemos que los cambios culturales han hecho evaporar la cultura cristiana de la Navidad. Antes todo el mundo sabía que en Navidad había nacido Jesucristo y que era eso lo que se festejaba y que el signo era el pesebre. Permítanme un recuerdo de mi infancia: en casa, con mamá y una tía comenzábamos a preparar el pesebre como quince días antes porque era una cosa fantástica, ocupaba todo el rincón del vestíbulo, con montañas y un montón de figuras y después estaban los 3 Reyes que aparecían e iban caminando poco a poco hasta llegar el 6 de enero. Todo eso hoy día se ha perdido desgraciadamente.

Antes en público aparecían figuras de la Navidad y eso también se ha perdido. ¿Cuál es la figura cultural, hoy, de la Navidad? Es ese gordo vestido de colorado, barbudo, que parece que sale del invierno porque, efectivamente, viene de otros horizontes, de otro hemisferio. La Coca Cola nos ha birlado la Navidad porque este señor, el gordo Papá Noel, ha sido la imagen de esa gaseosa. Cuando decimos Papá Noel, si sabemos algo de francés, sabemos que Noel significa Navidad pero detrás está Santa Claus aunque ahora ya nadie lo llama Santa Claus que es San Nicolás y, en realidad, es verdad que es una tradición cristiana que viene de los países del norte de Europa pero pasó a Estados Unidos y lo agarró la Coca Cola y allí se acabó el pesebre, se acabó Jesús y queda Papá Noel.

Por otra parte, antes, los regalos, nosotros, los chicos, los esperábamos el 6 de enero. Como les decía, iban caminando los Reyes Magos por el pesebre hasta ese día. Y también nosotros la noche del 5 de enero poníamos los zapatos, hasta poníamos pastito y agua para los camellos. Todo eso desapareció. Los regalos, en todo caso, aparecen en Navidad, a fin del año y algunos en Reyes, aunque no tanto.

La cuestión es esta: nos han birlado la cultura de la Navidad. Y eso es algo que, nosotros, con delicadeza pero también con claridad tenemos que restaurar, tenemos que recordar y hacer recordar que en Navidad se celebra el Nacimiento de Jesús Nuestro Salvador, que nació en el parto virginal de la Virgen María, que lo concibió virginalmente por obra del Espíritu Santo. Hace un par de días, el 8 de diciembre, hemos celebrado la Inmaculada Concepción de la Virgen, es decir que Ella era totalmente pura.

El Pesebre de Navidad, la Gruta de Navidad, está iluminado por la presencia del Niño Dios y de su Madre. Hay pinturas preciosas, clásicos de grandes autores de los siglos XVI y XVII, que han pintado la escena de la Navidad y lo que llama la atención es que la luz sale del Niño y de su Madre. Los bordes son oscuros pero el que ilumina es el Señor, la pequeña figura del Señor. Esa es la verdad y a través de estos signos es cómo vamos comprendiendo las cosas.

Por eso la cuestión que yo digo acerca de la Coca Cola y Papá Noel no hay que tomarla a la ligera porque van a ver ustedes que la propaganda es esa: un arbolito con globitos y el gordo muchas veces sin el trineo. Por eso lo importante es volver al Pesebre y mostrar que allí está figurada la escena central de la historia humana que es el Nacimiento del Redentor.

Esta es una dimensión importante de nuestra preparación para la Navidad. Por supuesto que esta preparación es sobre todo la interior. En lo posible vamos a hacer una buena confesión de Navidad, vamos a comulgar en la Misa de Nochebuena o en la Misa del Día de Navidad. Pero los aspectos exteriores, sobre todo para la gente sencilla y para aquellos que no son practicantes, son valiosos. Si tienen un pesebre en su casa y entra un vecino cualquiera ustedes pueden explicarle allí estas verdades fundamentales de la fe cristiana. Y es así como la Iglesia conserva su vigencia en la cultura de lo contrario nosotros nos recluimos en nosotros mismos y dejamos que el vasto campo del mundo quede para el Diablo, al cual Jesús llamaba el Príncipe de este mundo. Por favor que no sea así.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

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La crisis de la modernidad

La crisis de la modernidad

 

Thomas Williams

 

La idea de que los valores son una creación individual se remonta a muchos años atrás. De los años sesenta a los ochenta, esta corriente ideológica se infiltró en el sistema educativo americano hasta llegar a ser el modelo más popular.

En las escuelas, más que enseñarse a los alumnos a reconocer los verdaderos valores y a ponerlos en práctica, se les instaba a esclarecer sus propios valores sin hacer mucho caso de la realidad objetiva. Se exigía a los profesores, además, que propiciaran una mentalidad abierta en los alumnos, dejando de lado los prejuicios y las imposiciones cuando se trataba de valores. Se aplicó esta técnica por igual al hablar de la ética sexual, del respeto a los propios padres y a la autoridad, del uso de drogas, del aborto, de la eutanasia y de otras cuestiones de la vida humana. Los efectos han sido tan vastos y asoladores que muchos ya no logran distinguir sencillamente entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto. Como ha dicho recientemente el escritor francés André Frossard: La primera premisa de la modernidad es que no hay valores, ningún valor en absoluto; sólo hay opciones y opiniones. Esto equivale a decir que se ha perdido el sentido de la objetividad de los valores, para fijarse sólo en los valores que cada uno se cocina por su cuenta.

Imagínate al profesor de química explicando tranquilamente en clase: La sal común se designa con la fórmula NaCl porque generalmente se cree que está compuesta de sodio y cloro. Por supuesto, si alguno de ustedes no está de acuerdo, puede proponer cualquier otra combinación de elementos y tendremos en cuenta su opinión con el mismo respeto y consideración que la opinión de la mayoría. Esta escena, por supuesto, es impensable. En la educación actual existe una firme convicción de que las matemáticas, las ciencias naturales y las ciencias verificables empíricamente pertenecen al dominio del saber, de la certeza; mientras que la religión, la ética, la metafísica y otras disciplinas similares pertenecen al dominio de la opinión y de las inclinaciones personales. De acuerdo con esta mentalidad, los valores no tienen nada que ver con la realidad objetiva, sino que dependen de lo que cada uno acepta o elige creer. Esto equivale a decir, en resumidas cuentas, que no existe ningún valor absoluto para el hombre.

Aunque la sociedad moderna quiere proclamarse totalmente imparcial ante los valores, existen, con todo, al menos dos valores que suelen presentarse como absolutos: el valor de la tolerancia y el valor del pluralismo.

¿Tolerancia auténtica, o un sucedáneo barato?
¿Pluralidad o pluralismo?
¿Libertad o anarquía?

¿Tolerancia auténtica, o un sucedáneo barato?

La tolerancia, es decir, el respeto incondicional a los demás y a sus ideas, se promueve como el bien supremo e inequívoco. La tolerancia es, sin duda, un gran bien, pero no es el único bien. La tragedia empieza cuando se llama tolerancia a lo que no es más que indiferencia o escepticismo.

La indiferencia consiste en no preocuparse, ni siquiera interesarse, por los demás. Cada uno puede pensar lo que quiera, con tal de que no perjudique a nadie, especialmente a mí. Esta actitud se ve reflejada, por ejemplo, en el famoso No te metas en lo que no te importa.. ¿Alguno consideraría intolerancia desear que todo el mundo goce de buena salud o sea bien educado aunque esto implique intolerancia contra la enfermedad y la mala educación? La verdadera tolerancia de ninguna manera implica indiferencia en relación con nuestro prójimo.

El escepticismo, por otra parte, consiste en dudar de la existencia de la verdad o, al menos, de nuestra capacidad para encontrarla. Relega los valores personales al ámbito de la opinión, que se contrapone al de los hechos. Los hechos se pueden mostrar; las opiniones son una cuestión personal y es mejor reservarlas para uno mismo.

La confusión se origina en gran parte por no distinguir entre el respeto a alguien y el respeto a las ideas de alguien. No son lo mismo: Las ideas tienen que ganarse el respeto; las personas ya se lo merecen, por su dignidad propia. No necesitas probarme tu valía para merecer mi amor y respeto. Pero, ¿y las ideas? Las hay de todos tamaños, colores y sabores; verdaderas y falsas; ridículas y serias, brillantes y aburridas. Te respeto y defiendo tu derecho a seguir tu conciencia, pero no dudaré en sopesar tus ideas para escudriñar su propio valor. Algunas serán aceptables; otras quizá tendrán que ser rechazadas.

La auténtica tolerancia no exige que abandonemos nuestras convicciones, sino que respetemos la inviolabilidad de la conciencia ajena y su derecho a seguir sus creencias. Implica también reconocer como intrínsecamente malo el uso de la fuerza para cambiar el modo de pensar de alguno, aunque estemos ciertos de que está equivocado.

Ahora bien, no es correcto el decir que las teorías verdaderas son toleradas; se aceptan, más bien, porque son razonables, por su propio peso. Los errores, en cambio, algunas veces son tolerados en vista de un bien mayor: por ejemplo, el respeto hacia una persona. Esta es la esencia de la genuina tolerancia. Con respeto, pero con decisión, debemos esforzarnos por guiar a los demás hacia una existencia cada vez más plena, mostrándoles el camino que lleva a los valores superiores.

El considerar la tolerancia como valor absoluto conlleva finalmente un serio problema: no se puede tolerar cualquier cosa. No toleramos la viruela, ni el abuso de menores, ni la contaminación de aceite en los mares, ni otros muchos males que aquejan a la sociedad.

George Bernard Shaw escribió: Podemos hablar de tolerancia como queramos, pero la sociedad siempre tendrá que trazar en alguna parte una línea divisoria entre la conducta aceptable y la locura o el crimen.

¿Pluralidad o pluralismo?

Juntamente con la tolerancia, la sociedad contemporánea promueve el valor del pluralismo. El pluralismo se puede entender de dos maneras. Uno es el reconocimiento objetivo de que existe la diversidad. El otro considera que se ha de buscar como ideal una creciente diversidad.

De acuerdo con el primer significado, el pluralismo es un simple reconocimiento de que la pluralidad existe y que, por tanto, se han de tomar en cuenta los diversos modos de pensar y de comportarse. Las personas que son diferentes tienen necesidades diferentes; hemos de tomar en consideración las necesidades particulares de todos y no sólo las de aquéllos que son como nosotros.

La otra forma de pluralismo parece más bien una ideología. Esta ideología sostiene que para que haya una sociedad perfecta o ideal es necesario construirla sobre la variedad más amplia posible de valores. La variedad es buena. La uniformidad es mala.

A primera vista esta postura parece plausible y los argumentos de los expositores convincentes. Después de todo, ¿no le da la variedad sabor a la vida? La variedad de los valores, dirán, añade a la belleza de la sociedad lo que la diversidad de las flores añade a la belleza de un jardín o la variedad de los instrumentos a la belleza de una orquesta. Sin embargo, nos topamos con dos dificultades. Ante todo, ¿es la variedad un bien absoluto? Parecería, más bien, que es buena en la medida en que complementa y perfecciona el todo. En el caso del jardín, es verdad que el añadir diversas especies de flores aumenta la belleza y la armonía del conjunto, pero sólo porque cada una de ellas es bella en sí misma.

¿Qué pasaría si dispersásemos latas de cerveza, bolsas de plástico y cáscaras de naranja en medio de las flores? La variedad aumentaría, pero se destruiría la belleza. De modo similar, un valor humano completa y perfecciona nuestra naturaleza y contribuye a la armonía de la persona. La variedad es buena solamente cuando los elementos individuales que la componen son buenos.

Ningún organismo puede constituirse de pura diversidad. La unidad fortalece, la división debilita. Los padres fundadores de los Estados Unidos escogieron como lema De todos, uno. Esta elección manifiesta la diversidad de los orígenes y de las culturas del nuevo pueblo. Al mismo tiempo, podemos percibir el proceso claramente unidireccional: no de homogeneización, sino de unificación. Muchos individuos, de muy diversos antecedentes sociológicos y culturales, se juntan para conformar una nación basada en ciertos valores comunes. Aquí no hay traza de ese moderno multiculturismo que quiere acentuar las diferencias. Se ve, más bien, el deseo de formar una unidad, enriquecida con la natural diversidad de sus miembros.

La fuerza de toda asociación, nación o sociedad puede medirse pro la unidad fundamental de sus propósitos y de sus ideales. El conocido adagio romano divide y vencerás, que sintetiza una estrategia militar altamente efectiva, nos da la clave para prever los posibles efectos cuando se busca deliberadamente la división interna. Como enseña la experiencia pensemos en Bosnia y Rwanda; el acentuar las diferencias obtiene muy pocos frutos, aparte de conflictos, odio y guerra.

La segunda falacia de este argumento es la suposición de que toda uniformidad es mala. Yo diría, más bien, que el conformismo y el inconformismo son siempre parámetros insuficientes para actuar, mientras que la uniformidad puede ser buena o mala dependiendo de otros factores.

El conformista y el que se opone obstinadamente a todo no son contrarios, aunque lo parezcan. En realidad sólo cantan dos versiones de la misma pieza. Su mayor defecto es que asumen la conducta de los demás como criterio para sus acciones, en lugar de apelar a sus propios principios. El conformista es un imitador de la conducta ajena. El opositor obstinado observa el proceder de los demás y actúa, como por reflejo, de modo diverso. En realidad, estos dos comportamientos demuestran inseguridad y excesiva dependencia de los demás. El conformista y el opositor dejan su libertad personal en manos de la moda, de la opinión pública, de lo que es socialmente aceptable, en lugar de tomar decisiones basadas en sus propias convicciones.

La uniformidad, en cambio, resulta natural y buena si lo que todos escogen es un valor en sí mismo. Si nadie copia en el examen de biología, y Carlitos tampoco, no quiere decir que él sea un borrego o una víctima de la presión ambiental. Él es honesto porque la honestidad es un valor en sí mismo. Su decisión es independiente de lo que hagan los demás.

Si todos fuésemos leales, rectos y trabajadores, tendríamos más uniformidad, y no por eso la sociedad se tornaría insípida o aburrida. La uniformidad o la mismeidad es secundaria.

¿Libertad o anarquía?

Surge incluso un problema aún mayor y de más graves consecuencias cuando se cree que los valores son puramente subjetivos. Si afirmamos que no existe ningún bien para el hombre fuera de sus deseos personales e individuales, estamos preparando el pedestal para la anarquía. La sociedad propondrá la tolerancia como principio, pero siempre habrá quién verá las cosas de otro modo. Puesto que los valores no se pueden imponer, el intolerante tendrá el mismo derecho a su postura como el tolerante. Y lo mismo cabe decir del antisemita, del distribuidor de droga y del asesino. Si no existen valores objetivos y absolutos que sirvan de referencia, cada uno jugará con sus propias reglas.

Alguno dirá: Sí, es verdad, pero allí es donde interviene la ley. La ley nos protege del fanatismo, preserva el bien común y mantiene el orden social. Es cierto; las leyes son útiles, incluso necesarias, pero ellas mismas deben apelar a los valores universales como la justicia, la imparcialidad, el orden social, el bien común. La ley no es una mera convención; se apoya en valores objetivos y en los derechos universales.

Si no hay valores absolutos, la ley pierde todo su fundamento; no hay parámetros para evaluar los actos de los políticos, de los criminales, de los dictadores; ni siquiera para evaluar las mismas leyes particulares. La ley no será más que un valor arbitrario más, respaldado por la fuerza. Siempre ha sido verdad que quien está en el poder puede realizar su voluntad y dominar a quien no esté de acuerdo con él. Pero éste es el código de los salvajes. Pensemos en las atrocidades cometidas en Francia después de la Revolución, bajo el reinado del terror. Robespierre presumía de encarnar la voluntad general y amparado en este título no vaciló en masacrar a sus opositores.

Un grupo de personas o una ley pueden estar equivocados lo mismo que un individuo. Una determinada sociedad puede votar a favor de la esclavitud o del aborto o del exterminio de parte de su población. Hitler fue elegido democráticamente, pero la legalidad no garantiza la legitimidad moral o el valor de estas acciones. Cuando se cree que el derecho no es más que el capricho de cada hombre, es lógico que impere la ley del más fuerte. Por eso, para que la ley pueda de verdad promover el bien común, tiene que apoyarse sobre el fundamento sólido de valores objetivos.

Tomado del libro: Construyendo sobre roca firme

José Guadalupe Martínez Osornio, sacerdote experto en Liturgia


José Guadalupe Martínez Osornio (der.) y su hermano, Javier (izq.), se convirtieron en Sacerdotes; en la imagen con el Obispo de Querétaro, Faustino Armendáriz Jiménez FOTO: ARON COVALIU

Autor: Andrés Garrido del Toral

http://www.plazadearmas.com.mx/noticias/columnas/2015/12/06/andres_garrido_del_toral_376929_1009.html

 José Guadalupe Martínez Osornio, sacerdote experto en Liturgia

Lo veo llegar de mañana o de tarde en tarde a su sencilla oficina de la Notaría Parroquial ubicada en el anexo de San Felipe Neri, a veces apoyado en su bastón y cubriéndose de las inclemencias del tiempo y del candente sol con una gorra de beisbol. Al igual que su hermano Javier, pareciera que levita por las callejuelas de Ocampo y Balvanera, en olor a santidad, iluminando el severo edificio de la improvisada Catedral queretana. Su sonrisa y palabra siempre reconfortan, lo mismo desde el púlpito que en confesión o en charlas privadas. Lo defino como hombre sabio, no solamente por su dominio de los aspectos litúrgicos, sino porque la sabiduría no viene de acumular conocimientos, sino de aplicar éstos en favor de tu prójimo. Está correoso, es sano, alegre, positivo, pero tan sencillo y humilde como el Siervo de Asís.
Nació el 12 de septiembre de 1940, en el barrio de La Cruz. Le impactó mucho la ceremonia en que fue coronada la Santísima Virgen Pueblito, pontificiamente, el 17 de octubre de 1946, en el campo del cementerio de La Cruz, hoy instalaciones deportivas del Indereq y de la Secretaría de la Juventud. No admitían niños, en ese tiempo no había renta de sillas, a cada feligrés le pidieron sillas, recuerda que sus padres llevaron cuatro. Asistieron de seis mil a siete mil personas en una celebración que Querétaro recuerda con entusiasmo, bajo el obispado de don Marciano Tinajero y Estrada.
Su familia guardaba puntualmente las buenas costumbres de un Querétaro parroquial: su papá era un hombre disciplinado, puntual en su trabajo, siempre pendiente de que asistiera al colegio, en el Centro Educativo.
Su amistad con el padre Javier, su hermano, es grandísima, de amor incondicional. Entró con él al Seminario sólo para acompañarlo (su hermano quería ser sacerdote desde un principio, mientras que para José Guadalupe la vocación fue descubierta con el andar del tiempo).
Una vez al mes podían salir de 9am a 6pm, si se portaban bien; sus padres emigraron a Soria, Guanajuato, en busca de mejores oportunidades laborales para el jefe de la familia. Ellos, los hijos, se quedaron en el Seminario ubicado entonces en el anexo de Teresitas, en la calle de Reforma.
Miguel Estrada Lara era un padre que los quería mucho, y por ello José Guadalupe se le acercó y le comentó que ya no quería continuar en el Seminario, pero le hizo mucho bien comentárselo a tan virtuoso varón y de ahí su decisión de quedarse y continuar con la vida religiosa. En ese tiempo Guadalupe era quinto ayudante del secretario de Economía, entraba a ver cuentas y ayudaba en lo administrativo del Seminario.
La familia creció y su padre decidió construir una casa en Celaya, donde la mayoría de sus hermanos acudieron a estudiar al entonces Tecnológico Regional de esa ciudad.
Entre los maestros que le dejaron huella en la vida y en primaria están Antonio Peralta, Antonio Ramírez y José Guadalupe Corona. En el Seminario le marcó el padre Luis Landaverde, su primer director en la Escuela Apostólica, que le enseñó todos los secretos que hay en el idioma Español. Cuando pasó al Seminario Menor tuvo la oportunidad de que el padre Landaverde le enseñara francés, tanto en segundo como en tercer año de latín.
Fue ordenado sacerdote el día 26 de marzo de 1966. El señor obispo don Alfonso Toriz lo designó como asesor y asistente diocesano de la juventud en la ACJM desde que era diácono, en Ocampo y Madero. Después fue vicario en Jalpan de Serra por un año y vuelve a Querétaro como asistente diocesano de las jornadas de vida cristiana, femenina y masculina. Después fue de vicario en San Juan del Río, Tequisquiapan, y luego lo enviaron a Misión de Palmas, en Peñamiller.
De Palmas a Santa Catarina son 16km; de San Miguel Palmas a Peñamiller 28km; de San Miguel Palmas a Tolimán 35km; por lo que salía por San Miguel Palmas. Luego el camión se iba por Peñamiller, entrando al arroyo, pero se quedaba atascado y la gente siempre ayudaba a empujarlo. Los choferes eran muy amables, cosa que se extraña hoy. En San Miguel Palmas estuvo seis años, él sabía que era el mejor lugar que podía tocarle en la vida, de 1970 a1976.
Cuando estuvo en San Miguel Palmas se dio cuenta que era complicado estudiar, por lo que buscaba reuniones y congresos a nivel nacional y siguió adquiriendo conocimiento. Había veces que tenía que caminar cuatro horas para llegar a diferentes lugares de su jurisdicción eclesiástica más el regreso. Dice con seriedad que “en la soledad se da uno cuenta que hay que orar, que hay que platicar con Dios”, al que siempre le pide dos cosas: “O saber un poco de su palabra para poder explicar mejor los contenidos, o de aprender a gustar lo que celebro para disfrutarlo, que es la Liturgia”. Después lo enviaron a estudiar a Roma.
Cuando habló a Alemania para seguir estudiando, se enteró que radicaba allá Rogelio Cabrera -que es ahora Arzobispo de Monterre- y estaban otros dos seminaristas de Querétaro, Rubén Díaz y Marcelino Sánchez; entonces el sacerdote José Guadalupe se comunica con Rogelio y a éste le dice que quiere estudiar Teología Bíblica; le comentó su interlocutor que él ya estaba en ese campo y le comunicó que lo inscribirían en el Pontificio Instituto Litúrgico, porque era lo mejor que había. Estudió Liturgia el joven José Guadalupe y en dos años cursó cuarenta y cinco materias. Le pidió permiso al obispo queretano, Alfonso Toriz Cobián, de hacer cursos de doctorado en Liturgia y los realizó, pero no se tituló porque no hizo la tesis.
El monje Salvatore Marsilli, Cipriano Bagagini y Tomasso Federici fueron sus autores preferidos, sin olvidar a otros autores clásicos como San Gregorio Magno que le gustaba mucho consultar y estudiar. Reconocieron finalmente al joven Guadalupe como alumno en el Pontificio Instituto Litúrgico cuando presenta una serie de exámenes en latín y griego
El lugar que más disfrutó en su largo peregrinar es San Miguel Palmas, en Peñamiller, Querétaro, aunque también gozó su apostolado en Hércules (en la Inmaculada Concepción), donde lo confundían con su señor padre nombrándolo “Lucho”.
Siempre ha honrado la amistad y por ello, desde que estaba ordenándose de sacerdote, se reúne con sus amigos sacerdotes mes con mes, entre los que se cuentan Javier Martínez Osornio (su hermano), Salvador Rincón, Nazario García, Mario Sánchez, Enrique Ugalde, Alejandro Ledesma, con quienes se junta para platicar, estudiar, reír, orar; por lo regular sus reuniones son en el municipio de Tequisquiapan y cada mes le corresponde a uno ser anfitrión o paganoni. También se reunían con ellos los ahora finados José Ordaz, Ismael Hernández, Ausencio Morales y Lupe Galván.
En su paso por la parroquia de Ezequiel Montes dejó excelentes amistades, como la que tiene con las familias Pérez y Trejo Feregrino. En la cabecera de este municipio estuvo nueve años y medio.
Muchacho y hombre sano, practicó toda su vida deporte, como el basquetbol, donde en 1968 compitió en el campeonato estatal; el equipo lo integraban seis sacerdotes, cuatro seminaristas y dos muchachos de fuera, los que nunca perdieron con ningún equipo de primera fuerza. En el seminario le ganaron al equipo estatal A y B. Su entrenador fue Domingo Guerrero, el hoy flamante y judío dueño del bar “La Carreta”. Su entrenador en atletismo era el destacado maestro Mario Rodríguez Estrada, el hoy experto en tango y trova yucateca.
Le tocó al joven José Guadalupe representar al Estado en atletismo, concretamente al sector obrero, y recuerda que recibió sus uniformes en Plaza de Armas de manos del abogado Sergio Herrera Trejo, secretario particular del entonces gobernador Juventino Castro.
El mejor regalo que le hizo Dios, aparte de la vida, fue su familia, hermanos y papás, aclarando que su mamá aún vive. Dios le dejó participar en el sacerdocio y presidir la eucaristía hasta la fecha, diciéndome esto visiblemente emocionado y con lágrimas de felicidad en sus expresivos ojos de hombre de bien. Ve a Dios en los acontecimientos, sobre todo cuando va a visitar enfermos; platicando con ellos, los enfermos y más necesitados, se aprende mucho, se ve la vida de otra forma, afirma seguro.
Empezó a trabajar con el obispo don Marciano Tinajero desde 1958 y no ha dejado de hacerlo con los tres obispos que le sucedieron hasta la fecha. Hoy pedimos por su estado de salud, en horas de dolencia y camas de hospital, pero sé que el Supremo Creador le dará más vida en favor de sus semejantes y su grey. Dios lo bendiga amigo mío. Un abrazo a su hermano Javier, mi sanador.

LA CELDA DEL MONJE
El próximo jueves 10 de diciembre, en el bello Palacio Municipal, sito en Madero 81 poniente, presentaremos el libro “Breve Historia de Querétaro”, de los grandes maestros universitarios queretanos María Isabel Gómez Labardini, Gabriel Rincón Frías y José Rodolfo Anaya Larios. No falten, Chicovel Francisco Xavier Alcocer financió la clásica obra y regalará hasta quinientos ejemplares. Si no llegan no estén molestando después.

LAS SIRENAS DE LANDA
A la muy espiritual Peregrinación que encabezó el excelentísimo Obispo Faustino Armendáriz desde Santiago de Querétaro a Santiago de Jalpan yo no le llamaría “Camino de San Junípero Serra”, sino “Camino por San Junípero Serra”, sencillamente por la razón de que el santo muy nuestro no anduvo por esos caminos de Querétaro a La Cañada, Colón, Tolimán y Peñamiller para ir a la Sierra Gorda. San Junípero llegó a Jalpan por la vía corta, es decir, Ciudad de México, Pachuca, Zimapán, Pacula, atravesó el río Moctezuma, llegó a “La Maroma” (garita de peaje), hoy Matzacintla y giró a la izquierda para llegar a Jalpan, donde fue recibido por una multitud el 16 de junio de 1750.
He sostenido con mucha seriedad que solamente encuentro una visita de Junípero a La Cruz, en 1767 rumbo a Las Californias, pero mi estudiosa amiga Araceli Ardón ya documentó otra visita de Juni a La Cruz en diciembre de 1772 rumbo a la Ciudad de México a solicitar recursos al virrey de Bucareli.
Un abrazo amadas hermanas peregrinas y amados hermanos peregrinos, de parte de este Peregrino de Amor, y que esta Peregrinación local y muy nuestra siga por muchos años. Felicidades al señor Obispo por esta hermosa iniciativa que nos hace encontrarnos más con Dios.
Les vendo un cordero asado a la leña de encino en “El Pastorcito”, con mi dilecto amigo don Chava Mata García. El no te roba como otros…