Archivo

Archive for the ‘Liturgia’ Category

Aportaciones de la tercera edición oficial del Misal Romano en lengua española

Aportaciones de la tercera edición oficial del Misal Romano en lengua española

Resultado de imagen para cambios misal romano 2017

 

Publicado el 19/01/2017

https://iglesiaactualidad.wordpress.com/2017/01/19/aportaciones-de-la-tercera-edicion-oficial-del-misal-romano-en-lengua-espanola/

 

Luis GARCÍA GUTIÉRREZ

Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia

La tercera edición típica del Missale Romanum, publicada en 2002 y nuevamente impresa con algunas modificaciones en 2008 (III editio typica emendata), supone realmente una notable mejora y perfeccionamiento del Misal vinculado al Concilio Vaticano II y, tratándose del principal libro de la plegaria litúrgica de la Iglesia, una referencia para el conjunto de las ediciones actualmente en uso.

Es de esperar que la difusión y la utilización de la nueva edición oficial del Misal en lengua española en las celebraciones eucarísticas se haga con el conocimiento suficiente de las aportaciones de la edición y, sobre todo, con el espíritu que ha movido la revisión y el enriquecimiento del Misal, que no ha sido otro que el de contribuir a un mayor aprovechamiento espiritual de los contenidos y a una mejora sustantiva de las celebraciones en orden al ideal, siempre exigente y que debemos procurar todos, de la participación consciente, activa y fructuosa en el Mysterium fidei que es la Eucaristía.

Evidentemente, esa actualización de los contenidos del Misal que se aprecia en la referida editio typica III ha pasado a las edición oficial del Misal en lengua española bajo la responsabilidad de la autoridad competente (cf. SC 22; 36; 39; etc.; CDC c. 838).

En concreto, estas son las principales aportaciones de la edición nueva edición oficial en lengua española:

1.- Revisión de la traducción

Una de las principales “novedades” que ofrece la tercera edición oficial del Misal en lengua castellana es la revisión de la traducción existente. Esta revisión ha sido extremadamente laboriosa, atendiendo en rigurosa fidelidad a la edición típica latina, según las normas y las orientaciones de la Instrucción Liturgiam authenticam (cf. Notitiae, nn. 428-429, año 2002, pp. 65-119), que prima el criterio de fidelidad y literalidad. Asimismo, el texto final ha sido posteriormente revisado por un profesor que es miembro de la Real Academia Española, con el fin de subsanar posibles errores o usos inapropiados del de la lengua.

2.- La Ordenación General del Misal Romano

En primer lugar, es muy significativa la nueva estructuración y enriquecimiento de la Ordenación General del Misal Romano, integrando en su numeración el famoso Proemio de 1970, la revisión de todo el texto, la aclaración de algunos puntos poco exactos en las ediciones precedentes, y el añadido del capítulo noveno dedicado a las adaptaciones litúrgicas que competen a los obispos y a las conferencias episcopales. Es oportuno señalar, en la OGMR, la importancia que se da a la celebración eucarística presidida por el obispo diocesano y a la acción de este en el campo litúrgico (cf. n. 22). Se han añadido también subtítulos a muchos párrafos y se ha aumentado el número de artículos en algunos capítulos, como el dedicado a la estructura de la misa.

Esta OGMR, con la aprobación de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (Prot. N. 1938/04/L), ya había sido publicada en castellano, como separata, en el año 2005, y tenía como finalidad que los sacerdotes y fieles tuvieran acceso al texto autorizado de uno de los más importantes documentos que encabezan el libro litúrgico que es preciso usar en la celebración de la Eucaristía.

En efecto, la nueva edición de la Institutio Generalis del Misal ha introducido también numerosas precisiones y algunos cambios, consecuencia de una doble necesidad. Por una parte, recoger las aportaciones de numerosos documentos y libros litúrgicos aparecidos después de 1975, fecha de la segunda edición típica del Missale Romanum. Entre los primeros cabe señalar la Instrucción Inaestimabile donum sobre algunas normas relativas al culto del Misterio eucarístico (de 3-IV-1980), el Código de Derecho Canónico (25-1-1983), la Instrucción Varietates legitimae sobre la liturgia romana y la inculturación (25-I-1994), y la Instrucción Ecclesiae de mysterio sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles laicos con el ministerio de los sacerdotes (15-VIII-1997). Entre los segundos el Ordo dedicationis ecclesiae (29-V-1 977), la segunda edición típica del Ordo lectionum missae (25-1-1981) y el Caeremoniale episcoporum (19-III-1990). Pero, por otra parte, era conveniente precisar mejor algunos detalles celebrativos o rubricales, y ofrecer indicaciones claramente destinadas a prevenir o corregir algunos abusos. Posteriormente a la aparición de la tercera edición típica del Missale Romanum, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos hizo pública la Instrucción Redemptionis sacramentum sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la santísima eucaristía (25-III-2004), documento expresamente anunciado por el papa san Juan Pablo II en la encíclica Ecclesia de Eucharistia, en el n. 52 (17-IV-2003).

He aquí algunas novedades o precisiones significativas que ofrece la Ordenación General del Misal Romano:

  • la recomendación a los sacerdotes de la celebración diaria de la eucaristía (cf. n. 19); y la insistencia, para los sacerdotes, en el ejercicio del ministerio propio de su orden como el mejor modo de participar en la eucaristía, a no ser que una causa justa les excuse (cf. n. 114);
  • la homilía, que en ningún caso puede encargarse a un fiel laico (cf. n. 66);
  • en la liturgia eucarística, después de la invitación del sacerdote «Orad, hermanos…», los fieles se ponen de pie para la respuesta «El Señor reciba de tus manos…» (cf. n. 146). De esta manera, la asamblea escucha en pie las tres oraciones propias de la misa del día: «oración colecta», «oración sobre las ofrendas» y «oración después de la comunión»; no tiene sentido que esté en pie en la primera y última y sentado en la segunda.
  • la recitación de la plegaria eucarística, reservada también al ministerio sacerdotal, usando solamente el texto delMisal, y en la que los fieles participan escuchando con fe y en silencio, y con las aclamaciones asignada a ellos (cf. n. 147);
  • el gesto de los fieles durante la consagración, que por principio estarán de rodillas a no ser que lo impida la enfermedad o alguna de las causas ya señaladas en la edición anterior (la estrechez del lugar o la aglomeración de la concurrencia o cualquier otra causa razonable), de manera que «quienes no se arrodillen en la consagración, harán una profunda inclinación mientras el sacerdote se arrodilla después de ella» (n. 43).
  • respecto a lasposturas de los fieles durante la misa, se subraya el criterio de uniformidad de la asamblea (cf. n. 42).
  • cuando un obispo celebra fuera de su diócesis, la mención del obispo del lugar ha experimentado cambios en las distintas ediciones delMisal Romano. En la tercera edición, tras las palabras «con tu servidor el papa N.», añade: «Con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N., y conmigo, indigno siervo tuyo». Se destaca así la comunión con el pastor propio que ejerce su jurisdicción en una diócesis concreta en la que se está celebrando la eucaristía. Además, la Ordenación General del Misal Romano señala que no se han de nombrar a otros obispos, en caso de que estuvieran presentes.
  • el modo de acceder los fieles a la comunión: en efecto, no pueden tomarla por sí mismos ni pasarse entre sí el Pan eucarístico o el cáliz. La recibirán de rodillas o de pie, según las disposiciones de la Conferencia Episcopal, pero si lo hacen de pie se recomienda que hagan la debida reverencia según esas disposiciones y, si la reciben en la mano, el que comulga debe consumir la partícula inmediatamente y delante del ministro (cf. nn. 160-161). La Conferencia Episcopal Española solicitó la facultad para recibir la comunión en la mano y fue concedida por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos por Decreto del 12 de febrero de 1976 (Prot. 190/76).
  • la facultad de la comunión bajo las dos especies ha sido ampliada notablemente, pudiendo el obispo diocesano establecer normas para su diócesis (cf. n. 283); en cuanto a la manera de distribuirla, se mantienen únicamente dos, bebiendo del cáliz o porintención (cf. nn. 286-287);
  • el modo de purificar los vasos sagrados, en concreto, una vez distribuida la comunión, el sacerdote (o el diácono) consume enseguida «en el altar» todo lo que haya podido quedar en el cáliz. En cambio, el Pan consagrado se consume en el altar o se lleva al sagrario (cf. nn. 163; 183); la purificación puede ser hecha por el sacerdote (cf. n. 163), el diácono (cf; n. 183) o por el acólito «instituido» (cf. n. 192).

Así pues, la substancia de la Ordenación General no ha cambiado. Sigue siendo la guía, a modo de manual, que facilita a los sacerdotes, a los restantes ministros y a la comunidad de los fieles descubrir el sentido profundo y el valor de los elementos de la celebración eucarística bajo la perspectiva litúrgica, doctrinal, espiritual y pastoral, para que comprendan mejor y lleven a la práctica, con un conocimiento más completo de lo que deben hacer, los aspectos rituales. La misma palabra institutio, que en el ámbito de los libros litúrgicos se ha traducido siempre por ordenación, indica que es mucho más que una instructio. Propone una normativa sobria, suficientemente precisa y al mismo tiempo flexible para que cada ministro, realizando todo y solo aquello que debe realizar, pueda hacer suyos los gestos y las actitudes que la Iglesia le propone, para desempeñar su función de una manera fiel y, a la vez, personal. Ambos aspectos del ejercicio de los distintos oficios y ministerios en la celebración eucarística son, en efecto, opuestos, pero se necesitan mutuamente. De ahí la conveniencia de que sea suficientemente conocida y de que, antes de la ordenación de los diáconos o presbíteros, se promueva y asegure de algún modo este conocimiento.

3.- El Propio del tiempo

En los tiempos de Adviento y Navidad se ha mantenido la organización de las ferias ya presente en la segunda edición en lengua española y se ha añadido una nueva oración colecta para el día 20 de diciembre, además de una nueva misa para la vigilia de la Epifanía.

En el tiempo de Cuaresma se han introducido las oraciones super populum en los formularios de cada día y se han añadido una nueva oración colecta para el viernes de la V semana para la conmemoración de la Virgen de los Dolores y otra para el sábado siguiente, esta última de temática bautismal.

En el tiempo de Pascua se añaden once colectas nuevas a fin de evitar las repeticiones, más un formulario para la vigilia de la Ascensión del Señor y una segunda colecta alternativa para la misa de la solemnidad.

En algunas oraciones del tiempo per annum y de las fiestas del Señor se han realizado algunos retoques.

4.- El Ordinario de la Misa

En el Ordinario de la Misa se han añadido textos a las bendiciones solemnes, y realizado cambios en las oraciones super populum, y se ha incluido un nuevo prefacio para los mártires.

En el Ordinario de la Misa se han incluido las dos plegarias eucarísticas de la reconciliación, que ahora no llevan título propio.

Después de estas plegarias se ha introducido también la plegaria eucarística V (la antigua del Sínodo Suizo) con sus cuatro variaciones para las misas por diversas circunstancias. Estas plegarias han sufrido, por otra parte, un cambio en su orden (la cuarta, titulada «La Iglesia en camino hacia la unidad», pasa a ser la primera, desplazando un puesto las demás). Los nombres de tres de ellas también han experimentado cambios:

  • la segunda, que antes se llamaba «Dios guía a su Iglesia», ahora se llama: «Dios guía a su Iglesia por el camino de la salvación»;
  • la tercera: «Jesús, nuestro camino», ahora es: «Jesús, camino hacia el Padre»;
  • la cuarta: «Jesús, modelo de caridad» ahora llamada «Jesús, que pasó haciendo el bien».

Por su parte, las plegarias eucarísticas para las misas con niños aparecen también, pero en apéndice.

En la presente edición se ofrece el apéndice latino en forma de separata con una selección de textos (tanto eucológicos como bíblicos), con el objeto de que el volumen del Misal no sea demasiado grueso, lo que haría difícil su manejo y conservación. La separata forma parte del Misal y permite un cómodo y digno uso del texto latino cuando se use esta lengua en la celebración.

En las plegarias eucarísticas II, III y IV se ha incluido el nombre de san José, según el Decreto del cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, con fecha de 1 de mayo de 2013.

Los prefacios, respondiendo al criterio expresado por la instrucción Liturgiam authenticam (28 de marzo de 2001), reproducen la variedad de las conclusiones del Missale Romanum; en la segunda edición se habían unificado estos finales en unos pocos formularios que se repetían. En total, el misal ofrece ahora la riqueza de unos 32 protocolos distintos para un total de 114 prefacios.

En el Ordinario de la Misa, siguiendo la edición típica y la autorizada y expresa disposición comunicada en su día por el cardenal Francis Arinze, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a las conferencias episcopales (Prot. N. 467/05/L de 17 de octubre de 2006), en las plegarias eucarísticas aparece la expresión «por muchos» en la consagración del cáliz, que ha de sustituir a la expresión «por todos los hombres». La expresión «por muchos» pretende ofrecer una mayor fidelidad a los textos originales del Nuevo Testamento (cf. Mt 26, 28 y Mc 14, 25) y a la tradición litúrgica de la Iglesia latina. En este sentido, la expresión en uso no era realmente una traducción del texto, sino una interpretación, explicable en el clima de los primeros años de la reforma litúrgica y sujeta, por otra parte, a la variabilidad del texto en las diferentes lenguas modernas. Véase, al respecto, la carta del papa Benedicto XVI al presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, de 14 de abril de 2012.

5.- El Propio y el Común de los santos

En el santoral hay cuatro nuevos formularios para memorias obligatorias y otras dieciséis facultativas para las misas de los santos incorporados al Calendario Romano General o que habían subido de categoría litúrgica desde la edición de 1975, más otras treinta y siete nuevas oraciones, aparte de los cambios introducidos en muchas otras ya existentes. El Misal contiene ya el prefacio de la fiesta de Santa María Magdalena (22 de julio), memoria que fue elevada a fiesta por Decreto del cardenal Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (Prot. N. 257/16 del 3 de junio de 2016); asimismo se han añadido las oraciones para las memorias de san Juan Pablo II y san Juan XXIII, recientemente incorporadas al Calendario Romano General (Prot. N. 309/14 del 29 de mayo de 2014).

Se han unificado los títulos de las fiestas marianas. En la segunda edición en lengua española existía una gran variedad de títulos que, por otra parte, no respondían al original latino (p. e.: antes decía: «Nuestra Señora del Carmen», ahora dice: «Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo»).

También, para seguir el criterio latino, cuando se celebran varios santos en una misma misa, el título ha sufrido modificaciones. En adelante se dirá, por ejemplo: «Santos Cirilo, monje, y Metodio, obispo»; y no «San Cirilo, monje, y san Metodio, obispo».

Algunas decisiones en concreto, relativas al Calendario particular de España, decididas y aprobadas en su momento por la Asamblea Plenaria de la CEE, que hubieran requerido introducir en su lugar los textos correspondientes, no obtuvieron la necesaria recognitio. Tan solo, por rescripto de 14 de septiembre de 2014, la Congregación comunicaba que se había aceptado el cambio de mención del Santísimo Nombre de María el día 12 de septiembre por el de Dulce Nombre de María. Ya anteriormente se había advertido que la memoria obligatoria del día 6 de noviembre se titulase de este modo: Santos Pedro Poveda e Inocencio de la Inmaculada, presbíteros y compañeros, mártires.

En las misas del Común de los santos: han pasado de siete a once las Misas de la Bienaventurada Virgen María; se ha añadido un nuevo formulario para las Misas de varios mártires, y otro para las celebradas para uno solo; se han sistematizado los formularios para las Misas de los pastores. También se ha introducido uno nuevo «para un monje» y otro «para una monja». También ha cambiado el nombre del formulario «Santos que se han consagrado a una actividad caritativa», pasándose a llamar ahora «Santos que practicaron obras de misericordia».

6.- Misas rituales

En las Misas rituales se han reorganizado las relativas a las etapas de la iniciación cristiana, las destinadas a la unción y el viático, al sacramento del Orden, al del matrimonio, y se ha introducido una referencia nueva para la institución de lectores y acólitos.

7.- Misas por diversas necesidades

Las secciones de las Misas por diversas necesidades se han estructurado pasando de cuatro a tres: «Por la Iglesia», «Por las necesidades públicas», «Por diversas necesidades», pero pasando de 46 a 49 misas. Los formularios nuevos son los siguientes: «n. 11: En los aniversarios del matrimonio» y «n. 39: Para pedir la continencia».

8.- Misas votivas

Entre las Misas votivas se han añadido la de la Divina Misericordia, la de Nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote, y la de San Juan Bautista, pasando, por tanto, de dieciséis a diecinueve.

9.- Misas de difuntos

Las Misas de difuntos han sido objeto también de una nueva organización, si bien los capítulos pasan de cinco a cuatro, desapareciendo el capítulo V, titulado «En las exequias de los niños», que se ha incorporado al «capítulo I. En las exequias».

10.- Apéndices

Finalmente, en el Apéndice se encuentran los textos del Ordinario de la Misa con música, el rito de la bendición del agua para la aspersión dominical, la bendición de un ministro extraordinario de la comunión, la bendición del cáliz y de la patena dentro de la misa, algunos modelos de oración universal, las plegarias eucarísticas para las misas con niños, la preparación para la misa y la acción de gracias de esta. Y, por último, los índices.

11.- Textos bíblicos

La III edición oficial española del Misal contiene el texto bíblico de la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española en las antífonas de entrada y comunión y en los pocos textos bíblicos que recoge el Misal de forma literal.

Como es sabido, el 25 de noviembre de 2008 la CCXI Asamblea Plenaria del episcopado español aprobó la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, editada por la BAC. El 29 de junio de 2010 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos otorgó su conformidad a esta traducción bíblica, llamada a ser incorporada principalmente en los libros litúrgicos. Tras algunos cambios introducidos posteriormente, la misma Congregación concedió, mediante Decreto del 22 de agosto de 2014, la recognitio definitiva.

De esta manera, por primera vez, el mismo texto sagrado resonará con idéntico vocabulario y con unas mismas expresiones en la liturgia, en la catequesis, en la enseñanza de la religión, en los documentos oficiales de la Conferencia Episcopal y aun en los ejercicios de piedad. Esto tiene una relevancia especial y significativa desde el punto de vista de la comprensión, fijación en la memoria y celebración y vivencia de la Palabra de Dios.

 

 

Categorías:Liturgia

ADVIENTO UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA DEJAR NACER A DIOS EN NUESTRO CORAZÓN

ADVIENTO UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA DEJAR NACER A DIOS EN NUESTRO CORAZÓN
Publicado en el año 2006 
1.   ¿QUÉ ES ESO DEL ADVIENTO?
 
Integrar imagen
Los cristianos estamos de nuevo esperando. Comenzamos el tiempo que nos traerá al Mesías inaugurando un tiempo nuevo en un mundo nuevo. Tener esperanza es síntoma de vida: cuando alguien no espera es que ha decidido que su vida no merece la pena. Nada hay más positivo y rejuvenecedor que esperar con ilusión un acontecimiento, más aún si lo sabemos cercano y
extraordinario.   Eso   sí,   únicamente   comienzan   algo   los   que   tienen esperanza. Nosotros, los cristianos, somos o deberíamos ser los hombres y las mujeres de la esperanza, dispuestos a empezar siempre, a levantarnos por encima de nuestras debilidades, fracasos y angustias, porque sabemos, una vez más, que Dios extiende su mano en la persona de Jesús de Nazaret.
 
Adviento  es posibilidad, descubrimiento,  acercamiento, abajamiento, conversión, discernimiento, contemplación, asombro, espera, profecía, alegría, esperanza, confianza, camino, fiesta… Adviento es Jesús de Nazaret.
 
Este año hemos pensado que sería muy gráfico trabajar con la figura de una mano, que simboliza la mano que Dios nos tiende. Cada domingo, la mano se irá abriendo un poco e irá apareciendo una indicación procedente de la Palabra de Dios. Dios, mediante su Palabra, nos indica el itinerario vital y creyente que debemos hacer si queremos descubrir a Jesús, si queremos experimentar en nuestra propia vida cómo Jesús, encarnándose en nuestra humanidad, es la mano que Dios nos tiende. Jesús que se hace hermano nuestro.
 
Celebrar el Adviento significa dejar que Dios con su mano y su Palabra toque nuestro corazón y lo habite, lo haga confortable, lo serene, lo llene de paz, de sitio libre para acogerlo. En Adviento, Dios extiende su mano: No dejemos escapar esta nueva oportunidad.
 
La Palabra de Dios esboza un itinerario catequético precioso, que no deberíamos dejar pasar por alto. Dicho itinerario nos presenta cuatro indicaciones básicas para poder acercarnos al Misterio de la Navidad, a ese Dios que extiende su mano a la humanidad encarnándose en Jesús de Nazaret: DESPIERTA, PREPÁRATE, CONVIÉRTETE, CAMINA.
 
Las cuatro indicaciones poseen un tono directo, claro, exhortativo y señalan las etapas de un proceso de crecimiento, de todo proceso vocacional de cada proceso de madurez.
En este Adviento, Dios Padre va abriendo su mano y nos va mostrando el itinerario para encontrarnos con su Hijo, para que vivamos con esperanza su venida: “Jesús: Dios no puede decir más de sí mismo”.
 
En este Adviento, Dios nos invita a despertar de lo de siempre, de nuestra rutina y adormilamiento, a poner manos a la obra; nos invita a prepararnos, por dentro y por fuera, personal y comunitariamente; nos invita a convertirnos, a ser y estar de otra manera, a usar nuestras manos también para otras tareas, para otras  personas;  nos  invita  a  caminar,  a  extender  nuestra  mano  y  bendecir  (hablar  bien,  ensalzar, reconocer) a los otros, va a vivir como hombres y mujeres que han encontrado a Jesús y se han dejado transformar por su vida y su mensaje.

2.   NUESTRO ITINERARIO PARA EL ADVIENTO

 

¡DESPIERTA! Evangelio: LC 21,25-28.34-36)

 

La primera señal que Dios nos hace es ¡Despierta!

 

Jesús fue un creador incansable de esperanza. Toda su existencia consistió en contagiar a los demás la esperanza que él mismo vivía desde lo más hondo de su ser. Su grito de alerta Levantaos, alzad la cabeza; andaos con cuidado …”, no ha perdido actualidad,  pues las personas seguimos matando la esperanza y embotando nuestra existencia de muchas maneras.

 

Integrar imagen
Cuando en una sociedad las personas tienen como objetivo casi único de su vida la satisfacción de sus apetencias y se encierra cada una en su propio disfrute,  allí  muere  la  esperanza.  Uno  de  los  efectos  más  graves  y generalizados  de  vivir  en  una  sociedad  como  la  nuestra  puede  ser  la frivolidad, la ligereza en el planteamiento de los problemas más serios de la vida,  la  superficialidad  que  lo  invade  todo,  y  que  se  traducen  personas

satisfechas que no quieren cambiar el mundo. No se rebelan frente a las injusticias. Nada más lejos de aquel Extiende tu mano” de Jesús, que implica toda la vida de las personas y que desborda todas sus esperanzas.

 

Integrar imagen
Resulta tentador instalarnos en nuestro pequeño mundo, gozar de la abundancia y vivir tranquilos y cómodos, sin mayores aspiraciones y sin problemas, pero no lo olvidemos: sólo aquellos que se han insensibilizado pueden sentirse a gusto en un mundo como éste. Quien ama de verdad la vida y se siente solidario, quien tiene la esperanza del Reino, sufre la tensión y la

intranquilidad de comprobar que todavía no podemos disfrutar la felicidad a la que estamos llamados.

 

De la frivolidad y el embotamiento sólo es posible liberarse despertando, aprendiendo a vivir de forma más lúcida. Nunca es tarde para escuchar la llamada de Jesús a vivir vigilantes y discernir, despertando de tanta frivolidad y asumiendo la vida de manera más responsable.

 

La verdadera esperanza ni embota ni adormece, sino que nos desinstala y nos pone en pie. La esperanza cristiana es la espera creadora de los comprometidos a favor de una sociedad más justa y más fraterna.

 

     ¡PREPÁRATE! (Evangelio: LC 3,1-6)

 

Integrar imagen
Esta  es  la  nueva  pauta  de  Dios  en  boca  de  Juan  el  Bautista:

¡Prepárate!

Juan, un hombre que no pertenece a ninguna jerarquía y que no posee poder ni dinero ni autoridad alguna, es el único que escucha la palabra de Dios, que debe oír todo el pueblo.

Siempre es así: es al pobre al que hay que escuchar, para poder oír en lo más hondo de nuestro ser la llamada al cambio y poder ver la salvación de Dios. Cuando una persona sincera es capaz de aprender a

mirar la vida desde la perspectiva del pobre y del indefenso, se siente llamada a renovar su vida. Escuchar a la persona que nos grita desde el desierto de   su pobreza es siempre escuchar una llamada a la conversión.


Hoy, un grito estridente y doloroso resuena en nuestro mundo: el clamor de los pobres, los indefensos,  los  atropellados  por  la  injusticia,  los  ancianos,  los  humillados,  los  manipulados,  los emigrantes, los que carecen de trabajo… los menores.

Es una voz que nos urge a empeñarnos de manera personal y comunitaria. Esa voz nos habla de ponernos manos a la obra, de allanar, enderezar, igualar. Sólo así, podremos ver todos la salvación de Dios.

 

Vivimos más y mejor informados que nunca y, sin embargo, son más cada vez los que se sienten desprovistos de razones convincentes para dar sentido a su vida. Hoy es posible una comunicación rápida y eficaz entre las personas y los pueblos y, sin embargo, cada vez somos menos capaces de entablar relaciones de amor y amistad. La sociedad está mejor equipada para luchar contra el dolor, la enfermedad y el mal, pero, al mismo tiempo, parece que las personas se sienten más débiles para enfrentarse al sufrimiento y las contrariedades de la vida. Cada vez son mayores las posibilidades de viajar, divertirse y cultivar toda clase de aficiones y deseos, pero sigue creciendo a la vez el número de personas insatisfechas…

 

Muchos hombres y mujeres se encuentran con falta de ilusión, sentido, horizonte, alegría… Lo que caracteriza a los cristianos es que, al diseñar nuestra vida, al darle un sentido y vivirla, tenemos como punto de referencia clavel a Jesús. De ahí la importancia de escuchar con atención la voz del profeta: Preparad el camino al Señor”. Para que Jesús nazca en nosotros debemos prepararnos, y esta preparación consiste en la igualación definitiva de las relaciones humanas, que han de pasar de la desigualdad a la igualdad, de la injusticia a la justicia, expresado simbólicamente en la nivelación de los terrenos.

 

No basta el cambio interior: el camino y los senderos hacen referencia a algo que tiene relación con todos, a un mundo nuevo, a una nueva sociedad. La voz del profeta es un reto para todos. No se puede ver la salvación de Dios si no hay conversión, si no hay cambio, si no hay praxis concreta del compartir y la solidaridad, si no ponemos nuestras manos al servicio de los demás.

 

     CONVIÉRTETE (Evangelio: LC 3, 10-18)

 

Integrar imagen
Esta es la indicación más dura y directa, que nos dice lo que hemos de hacer: ¡Conviértete!

 

Hoy escuchamos muchas llamadas al cambio, a la responsabilidad ética y la solidaridad, pero casi nadie se da por aludido. La conversión es

imposible cuando se da por supuesta. Además, los medios de comunicación social nos informan, cada vez con más rapidez de toda la realidad que

acontece entre nosotros: conocemos cada vez mejor las injusticias, las miserias y los abusos que se cometen, lo que crea en nosotros cierto sentimiento de solidaridad, e incluso de culpabilidad, pero a la vez acrecienta nuestra sensación de impotencia: ¿y qué podemos nosotros hacer?

 

Las sencillas palabras de Juan el Bautista ponen el dedo en la llaga y nos obligan a pensar que la raíz de las injusticias está también en nuestro corazón.

 

Integrar imagen
En estos tiempos tan duros para los pobres y marginados, la denuncia de Juan cobra nueva vigencia. Es el momento de compartir y ser solidario, de “abrir los dedos y

hacer de nuestras manos, manos abiertas que acaricien, pidan y trabajen y que adopten un gesto de espera; que saluden, que inviten y den; manos limpias que ofrezcan una amistad sincera, manos llenas de amor, manos incansables… manos abiertas.


     CAMINA (LC 1,39-45)

 

Esta es la indicación del cuarto domingo de Adviento.

 

El primer gesto de María, tras acoger las palabras del ángel y decir a la propuesta divina, es ponerse en camino y marchar aprisa junto a otra mujer que necesita en esos momentos su cercanía.

 

Hay una manera de amar que debemos recuperar en nuestros días:  consiste en acompañar a vivir a quien se encuentra hundido en la soledad, bloqueado por la depresión, atrapado por la enfermedad, marginado por la droga o sencillamente vacío de toda alegría y esperanza de vida. Se trata de acompañar a vivir a cada persona su propia historia personal.

 

Integrar imagen
Estamos consolidando una sociedad hecha sólo para los fuertes, los agraciados, los jóvenes, los sanos, los triunfadores y los que son capaces de gozar y disfrutar de la vida. Convertimos la amistad y el amor en un intercambio mutuo de favores, pero así no es posible experimentar la alegría de contagiar y dar vida.

 

No es fácil aceptar el mensaje evangélico de ponerse en camino”, cuando

nos consideramos “tan ocupados” en tareas y nos sentimos tan agobiados que confesamos no tener tiempo ni para nosotros mismos. Esto difícilmente se casa con la actitud de María.

 

Es falso creer que Dios se ha hecho hombre buscando la liberación plena de la humanidad y no esforzarse a la vez por ser persona cada día y trabajar por un mundo más humano y liberado. Es mentira creer en un Dios que se desprende, abaja y humaniza y al mismo tiempo, considerar que lo mío, mi tarea, mi trabajo, mis actividades son sagradas e intocables. Es mentira creer en un Dios que camina y nos visita y, a la vez, encerrarnos en nuestro pequeño mundo y en nuestros problemas.

 

Integrar imagen
Hemos sido invitados a despertar, prepararnos, convertirnos y caminar, para poder experimentar y ser testigos de que Dios viene a nuestro encuentro, de que Jesús encarnado en nuestra humanidad es la mano que Dios extiende a cada uno de nosotros.

 

3.   DESCUBRAMOS A DIOS CON NOSOTROS

 

Queridos amigos y amigas:

Seguro que ya os habéis enterado. Es tiempo de Adviento y me sale del alma comunicarme con los que sois mis amigos para celebrar este tiempo fuerte. Nos estrenamos para celebrar algo que Dios ha hecho por nosotros: ser Dios con nosotros. Reconocer a Dios en nuestra vida ordinaria y vivir divinamente” lo ordinario se nos da mal; nos cuesta,   por eso debemos prepararnos como ya hemos venido diciendo: vamos a darnos un tiempo para entrenarnos, para hacernos más sensibles y poder acoger la presencia de Dios entre nosotros.

 

Integrar imagen
     Necesitamos sensibilizarnos porque estamos muy insensibles a los otros y al Otro. Nos hace falta mirar con ojos de ternura a nuestro mundo y a las heridas de los hombres y mujeres de hoy. Detrás de las apariencias hay duras realidades y mucho dolor callado y mucha soledad ahogada. ¿Cómo reconocer a Dios y su voz si no reconocemos la voz de los próximos…?

Es  hora  de  entrenarnos  en  mirar  y  reconocer  a  quien tenemos al lado (al esposo, a la esposa, al padre, a la madre, al

hijo, al hermano, al vecino, al compañero de trabajo, al extranjero, al herido, al excluido…

No es verdad que aceptemos A Dios-con-nosotros si no nos acogemos próximo –con-el-prójimo. Dios se cruza cada día contigo y conmigo, aunque no caigamos en la cuenta…


     Necesitamos aprender a abajarnos. Suenan por todas partes voces que llaman a ser triunfadores”.

La vida se convierte en una continua Operación Triunfo”. Tienes que subir, llegar, alcanzar, superar…  Pero  ¿dónde  vamos?  Hay  que  llegar  a  la  cima  profesional  y  ser  un  fracaso  es insoportable.  Es  una  guerra  permitida  y  admitida  para  subsistir:  si  no  luchas,  te  devoran, desapareces, por lo que tienes que luchar y triunfar. Pero, ¿podremos entender lo que significa el Dios que desciende? Descender, abajarse, encarnarse es asumir andar junto a los que están más abajo, junto a los que no pueden y no les dejan subir. Es hora de entrenarnos en bajar hacia los que Dios mira con más complacencia y a los que llama bienaventurados: los pobres, los que lloran, los que no se las dan de nada…

 

     Necesitamos aprender a intimar con Dios. Sin intimidad todo es vacío. La intimidad hace milagros, es la que lanza e impulsa. Es hora de íntimos y de intimidad. Hagamos de nuestra vida humana una vida más íntima para aprender a intimar también con Dios.

 

Integrar imagen
     Necesitamos aprender la grandeza de lo pequeño.  La  Navidad comercial  es  atrayente,  deslumbrante,  pero  es  la  hora  de  lo pequeño, de lo sencillo. Tenemos que inaugurar gestos de Navidad densos y sencillos, tan sencillos como la levadura o el grano de mostaza. Cuando inundemos de gestos pequeños el espacio y el tiempo que abarcamos, escucharemos el deseo de paz de Dios. Lo pequeño tiene nombre: una sonrisa, una palabra, un minuto dado, un gesto inesperado de cercanía y comprensión, una oración callada… Tienes que saber que todo lo que Dios inicia, siempre tiene orígenes pequeños.

4.   CORRESPONDENCIA CON DIOS A) Carta a Dios

 

Querido Dios:

Te escribo desde el planeta Tierra. Estoy oyendo que vas a venir, que es Adviento, y se me ha ocurrido ponerte unas líneas para informarte sobre el lío en que te vas a meter. verás lo que haces. Me perdonarás si acentúo un poco las tintas negras…

Lo primero de todo es preguntarte por qué vienes, quién te ha pedido que vengas…. No creo que haya salido de los humanos esta idea. Si es cosa tuya, te admiro. Debes estar muy admirado de nosotros. Oye, saber que alguien se acuerda de nosotros tanto es como para sorprenderse… De paso, se te agradece la idea… Ya sé que para el amor no hay razones, para el amor la única razón es el amor.

Yo no digo que no haya gente que te espera y suspira por ti, pero son los menos. No te creas que te vas a encontrar con muchos esperadores. Aquí, Dios, tú interesas poco. Has pasado a segundo lugar, mejor, estás pasado de moda. Se puede vivir sin ti y no pasa nada. ¿Para qué tener un compromiso con Dios si se puede vivir sin Dios tan ricamente? Dicen que creer en ti es ser un poco trasnochado.

Integrar imagen
La gente de la Tierra no te necesita, lo que necesita es trabajo, dinero, salud, pasarlo lo mejor posible, subir un poco más, tener un poco más. Con este panorama, ¿qué vas a hacer entre nosotros? ¿Qué musiquilla celestial nos vas a tocar? Estamos en otra onda. Imagino que te vas a llevar un chasco si vienes.

Bueno, y no te cuento los líos que tenemos montados de conflictos, de guerras, de olvidos de la gente pobre… Es cierto  que  hay  personas  que  están  muy  sensibilizadas  y trabajan lo que pueden y dan todo lo que tienen por ayudar a

los más desfavorecidos. Hay más millones que lo pasan mal que bien.


Como opinión particular, no logro comprender cómo unos humanos juegan y explotan tanto a otros. El bolsillo y el placer de unos hace a otros esclavos, pobres y juguetes. No entiendo, por eso muchas veces decimos ¡Pero  dónde vamos a llegar!

He exagerado un poco, pero que conste que es verdad todo lo que te digo. Y, en el fondo, el corazón de los humanos sigue vacío, buscando, insaciable…

Tenemos tanto que hacer, que lo esencial, ser personas y querernos, no lo hacemos. Vamos muy acelerados y no nos damos tiempo para aprender a amar, ni para saber esperar y perdonar.

Bueno, supongo que en algún sitio encontrarás gente maja que te acogerán bien, junto a la mula y el buey. Donde hay riqueza tendrás menos sitio porque allí no te necesitan. Donde no hay, te harán un hueco en seguida… ¡Cosas de este planeta!

Nada más, que conste que me alegro de que vengas. Tendremos que mirar menos al cielo si tú estás en la tierra, aunque no si te reconoceré. ¿Cómo yo dónde vas a estar, si vas a dar conferencias y a que hora? Si no nos dices con claridad estas cosas, no vas a tener mucho público.

No  sabes  la  cantidad  de  cosas  que  se  anuncian,  nos  sobran  y  pasamos  de  ellas.Espero  que enciendas alguna estrellita para seguirla y poder encontrarte, pues en el fondo tengo ganas de ti y de encontrarte, aunque lo disimule… ¡Anda, guíñame el ojo, que te necesito, aunque no lo grite muy alto! Un abrazo para ti y toda la familia celestial,

 

Un hombre

 

B) CARTA DE DIOS AL HOMBRE

Querido hombre:

 

Esto del correo electrónico es un invento buenísimo que hasta lo hemos instalado en el cielo. El sistema es especial y no dependemos de vuestras multinacionales. ¡Eternidad de planes económicos! ¡Una gran ventaja!

Gracias por el panorama que me presentas. Es un tanto pesimista pero dices verdades. Yo sí que sé dónde están los que esperan de verdad. Suele ser siempre gente sencilla que no ha perdido la cabeza ni se le han embotado los ojos por el resplandor de la ambición. No te preocupes: conozco dónde están los que me esperan. Iré a los sencillos.

Otra cosilla: no es que haya decidido visitar” la Tierra. Lo que he decidido es hacerme hombre y vivir con vosotros para hablaros al corazón. Un pequeño matiz: no voy de visita, voy para estar con vosotros y para que escuchéis las palabras que no se os ocurren a vosotros. Llevo en el corazón las palabras de mi Padre y os la anunciaré.

Tenéis que tener en cuenta que no voy a la tierra porque seáis buenas personas, sino para que seáis buenas personas…, claro, el que quiera.

Integrar imagen
El clamor de los que sufren, las heridas de los heridos, los gemidos de los explotados, las lágrimas de los niños llegan hasta el cielo. no lo sabes, pero muchos que se las dan de felices son unos pobres infelices. Ya te digo que desde aquí se ven las cosas de otra manera. ¡Si supieras lo que hablan los corazones cuando calla el ruido y llega el silencio! Es cierto que el corazón de los humanos, de no usarlo o usarlo mal, se hace corazón de piedra. Pero yo confío: no está todo perdido. El amor despedaza las piedras. Merece la pena cualquier cosa por ablandar el corazón de los hombres y mujeres del planeta Tierra. Yo me propongo dejar todo y abajarme, con tal de que una de las cien ovejas perdidas vuelva a la majada…

muy bien querido hombre, que no voy a recoger frutos. Voy a sembrar palabras de vida, de amor, de contradicción… Germinarán sólo si caen en buena tierra… Lo importante es que tengáis semilla de vida y de novedad para hacer una tierra nueva y un cielo en la tierra… Te preocupa no reconocerme.

Te aseguro que nos toparemos: la señal es que voy revestido de persona. Donde veas una persona, escucha y trátala como me tratarías… Te aseguro que nos encontraremos. Te sorprenderé y te hablaré en silencio al corazón.

Hasta pronto: en cualquier lugar o persona, te esperaré… EL DIOS VERDADERO.


P R E P Á R A T E Y AS Í LO PO D R Á S V E R

 

Del evangelio de M a rcos (1,18)

 

“Una voz grita en el desierto: preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos. Juan bautizaba en el desierto: preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos.

Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y que se bautizaran, para que se les perdonasen sus pecados. Acudía gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

-Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con el Espíritu Santo.”

 

Guardo silencio y pienso si esteadvientome está ayudando a prepararmea su llegada

 

 

 

Momento para compartir en oración:

(En clima de silencio y con tranquilidad, leemos la primera  bienaventuranza y, antes de pasar a la siguiente, cada uno expresa lo que le evoca; en caso de no evocarle nada, sencillamente, la vuelve a leer en voz alta. Hacemos lo mismo con cada una de ellas).

 

Dichosos lo que encuentran en este Dios la fuerza que les ayuda a mantenerse esperanzados en medio de su debilidad personal…

 

Dichosos lo que encuentran en este Dios la fuerza para mirar y amar a los hermanos como son. Sin resignación ni juicio. Con amor paciente que aprende a cargar con los demás…

 

Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para sufrir y encajar los contratiempos y fracasos de cada día, la dureza, especialmente de algunos días…

 

Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para permanecer en la oración cuando muchas veces no sienten sino aburrimiento, desazón o sólo silencio…

 

Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para hacer lo que pueden hacer, para no ceder ni a la actividad frenética ni a la retirada…

 

Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para no despreciar los pequeños detalles, los pequeños gestos, los encuentros cuidados, los trabajos sencillos, no reconocidos ni valorados. Los que no buscan el brillo del reconocimiento sino que se alegran de veras porque sus nombres están grabados en el corazón de Dios…

 

Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para estar entre los pobres de todo tipo sin pretensiones, sin ruido, sin paternalismos, con valentía…

 

Dichosos lo que encuentran en este Dios su fuerza para no desanimarse ante el peso de su mala salud, la falta de relevancia, el poco y lento cambiar de las cosas…

 

… porque ellos engendran Reino de Dios.

 

… porque ellos reconocerán a Dios en el pesebre.

 

(Mikel Hernansanz OFM, Revista “Frontera-Hegian”, nº 43)


Acabamos con esta oración en boca de Juan que recitamos leyendo un párrafo cada uno.


Jesús, soy Juan,

que estaba en el desierto bautizando

y predicando un bautizo de conversión, para que desapareciese

todo lo que estaba alejando a Dios de la humanidad.

Lo dice la Sagrada Escritura por boca del profeta Isaías:

yo envío mi ángel delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”.

 

Yo preparaba, Jesús, tu camino;

era el ángel que iba delante de ti

para que tu pueblo se abriese a tu venida.

 

Tú eres el esposo que viene al encuentro de tu esposa,

de la humanidad entera, el pueblo de Dios. Yo preparaba a la esposa con agua,

para que tú la ungieses con Espíritu Santo.

 

Acudía hacia mí la gente de Judea y de Jerusalén,

pero llegaste desde Nazaret, de la Galilea llena de paganos.


Fuiste sumergido por mí en el Jordán, apenas subiste del agua,

viste que el cielo se rasgaba.

 

Sí, Jesús,

en ti el cielo se abre,

se abre a la plena comunicación entre Dios y la humanidad.

 

El Espíritu bajaba hacia ti, como al principio se cernía

en forma de  paloma sobre las aguas.

 

Y se o una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado en ti me complazco”.

Tú eres el Hijo de Dios,

que, como el Siervo del Señor,

llevas el amor de Dios a todas las naciones.

 

A lo largo de toda tu vida fuiste tentado, intentaron alejarte de tu estilo,

adulterar tu espíritu;

pero tú siempre te mantuviste firme en medio de las fieras

y los ángeles te servían.

 

Jesús, yo quiero ser siempre

el ángel que te prepare el camino.

 

“Cómo oran los personajes del Evangelio”. Rodolf Puigdollers


 
 
 
 
 
La Oración no acaba aquí, llévala a tu vida!!!!
 
 
 
 
 
Integrar imagen
 
Categorías:Liturgia

Encuentro de Adviento: Compromiso de los seglares ante la crisis

Militantes de los movimientos de Acción Católica de la Diócesis de Cartagena compartimos un retiro con motivo del inicio del Adviento, un tiempo de espera y de esperanza

Imagen de familia del Retiro de Adviento celebrado en el convento Franciscano de Santa Catalina del Monte.

El pasado 2 de diciembre, primer domingo de Adviento, los militantes de los movimientos de Acción Católica (AC) de la Diócesis de Cartagena (Acción Católica General, Frater y HOAC) participamos en un Retiro en el que abordamos el tema sobre  “El compromiso de los seglares de la Acción Católica ante la situación de deterioro personal, familiar, social e institucional que se está dando con la crisis”.  Convocados por el Consejo Diocesano de AC, la reflexión la dirigió su consiliario y también de la HOAC, Joaquín Sánchez. A continuación os ofrecemos un resumen de su exposición.

En primer lugar hemos aclarado que todos los bautizados somos seglares y de estos seglares surgen ministerios pastorales, que como muy bien dice la palabra, ministerio es un servicio al pueblo de Dios para orar, celebrar y testimoniar la fe. Este ministerio tiene una gran tentación y es convertirse en poder y en control. Todos somos seglares por el sacramento del Bautismo. Ser sacerdote no anula nuestra condición de laicos. Nuestra iglesia se debe traducir en servicio, entrega, diálogo y generosidad.

 

¿Cómo percibimos la realidad?

El consiliario del Consejo Diocesano de AC y de la HOAC, Joaquín Sánchez, durante la celebración del Retiro.

Ante los momentos tan duros que estamos viviendo podemos caer en el desaliento y el desánimo, porque pensemos que este tiempo, esta etapa, tiene una especial complejidad que nos lleva al sufrimiento y a la desesperanza, mirando al futuro con una gran incertidumbre y miedo. Podemos pensar que nuestra época es un momento histórico muy doloroso. En este sentido hacemos referencia a una conferencia dada por el médico inglés Ronald Gibson.

Nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada, no hace caso a las autoridades y no tiene el mayor respeto por los mayores de edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. No se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos.

Sócrates (470-399 a.C.)

Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder. Porque esta juventud es insoportable, desenfrenada y simplemente horrible.

Hesíodo (720 a.C.)

Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos.

Sacerdote del año 2000 antes de Cristo.

Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura.

Frase escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad) y con más de 4000 años de existencia.

La historia nos enseña que los problemas, las dificultades, los sufrimientos y las injusticias siempre han estado ahí. Esto nos debe ayudar a afrontar las injusticias con un talante que no nos rompa ni agote nuestra vitalidad. El hecho que constatemos la existencia del mal como un fenómeno histórico constante no quiere decir que no demos los mejor de nosotros mismos a lo largo de nuestra vida.

No podemos huir de la realidad ni camuflarla ni justificar  nuestra falta de coherencia con el evangelio, que nos lleva a ser Buena Noticia para los pobres. Se trata de afrontar la realidad para transformarla a luz de los valores evangélicos.

 

Cuidarnos

Para dar y aportar buenas y positivas cosas a la vida debemos estar muy bien con nosotros mismos. Si estamos hundidos, preocupados de tal manera que nos deja sin fuerza o no nos cuidamos físicamente… difícilmente nuestra vida será expresión de fe y de ayuda a los demás. No se trata de una vivencia egoísta, sino de un yo maduro que sabe tener una estabilidad emocional y de pensamiento para situarnos en la realidad como militantes que damos luz en la oscuridad.

Cuando estamos bien con nosotros mismos, con nuestra conciencia, es cuando podemos comprometernos de tal manera que seamos anuncio, denuncia y lucha por un mundo de amor, de amistad, de bondad, de paz, de solidaridad, de encuentro y de justicia. Y este compromiso tendrá una fuerza especial porque seremos, como dice Ghandi: “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

 

Una herramienta imprescindible: La Palabra de Dios

Un buen consejo es leer los evangelios de manera continuada porque nos permite una buena comprensión del mensaje de Jesús, sobre todo teniendo en cuenta las manipulaciones o malas interpretaciones del mismo. Vamos a poner un ejemplo.

Leemos el texto de Mateo 6, 25-34:

Por tanto, os digo: No estéis preocupados por lo que habéis de comer o beber para vivir, ni por la ropa con que habéis de cubrir vuestro cuerpo. ¿No vale la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Mirar las aves que vuelan por el cielo: ni siembran ni siegan ni almacenan en graneros la cosecha: sin embargo, vuestro Padre que está en el cielo les da de comer. Pues bien, ¿Acaso no valéis vosotros más que las aves? Y de todos modos, por mucho que uno se preocupe ¿cómo podrá prolongar su vida ni siquiera una hora?

¿Y por qué estar preocupados por la ropa? Mirad cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan. Sin embargo, os digo que ni aun el rey Salomón, con todo su lujo, se vestía como uno de ellos.

…No estéis, pues, preocupados por le día de mañana, porque mañana ya habrá tiempo de preocuparse. A cada día les basta con sus propios problemas.

Este texto se ha utilizado para decir que nuestro Dios nos da lo que necesitamos en la vida, lo cual nos lleva a la confianza, a la providencia de Dios. Incluso se ha utilizado para criticar a aquellos que luchan por el reparto y la redistribución de las riquezas. Además, queda sin responder a la pregunta de qué pasa con esas personas que mueren de hambre por la sequía, por ejemplo.

Al texto de Mateo 6, 25-34 le antecede el siguiente que dice: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero”. El enlace es “Por tanto, os digo” (en negrita), con lo cual el texto ya no hace referencia a la providencia, sino a esas personas codiciosas y avariciosas que han hecho del dinero su Dios y su amo. La interpelación es que hay riquezas para todos, poniendo ejemplos de la naturaleza.

Nos llaman la atención aquellos comportamientos, valores, principios, complicidades… que entran en contradicción con el Evangelio. ¿Cuántas guerras se han hecho en el nombre del Dios de Jesús? ¿Cómo hemos podido ser cómplices de genocidas y dictadores? Y así un gran número de ejemplo de la realidad pasada y presente. Éste es un de los temas claves para los cristianos. Nuestros comportamientos, actitudes, valores, principios, creencias… ¿están condicionadas por la Palabra de Dios o primero tomamos decisiones en función de otros valores, aunque para nosotros sean contravalores, como la codicia, la ambición, el rencor, el odio, la violencia, la indiferencia, la injusticia, la insolidaridad, etc. y después buscamos justificarlas? En este sentido, la expresión “perdono pero no olvido” habla por sí mismo. Primero viene lo que debería ser y después viene la excusa, el famoso “pero”.

Ejemplo de esto lo tenemos cuando decimos que “para Dios, lo mejor”, y en función de esta afirmación invertimos muchos recursos económicos y pastorales a adorar un Dios, que Él mismo dice que no es narcisista. Nuestro Dios no es narcisista, no quiere nada para sí. La mejor alabanza, la mejor adoración, es amar al prójimo, aliviar el sufrimiento humano. Un texto que nos puede servir de paradigma es Juan 13, 31-35, que habla del Mandamiento Nuevo, que no es otro que el amor que Dios nos tiene y que nos interpela a amarnos los unos a los otros.

 

¿Qué podemos hacer?

Vivimos en una sociedad donde el neoliberalismo y su lógica ha impuesto la ley del mercado, que no es otra cosa que mercantilizar y comercializar toda la existencia, incluida la vida humana y la naturaleza. Es duro experimentar cómo desde esta lógica economicista, de acaparar todas las riquezas, estamos destruyendo y desmontando lo poco que habíamos construido del Estado del Bienestar. Lo que ha costado muchos años de luchas en poco tiempo lo están desmontando con la excusa de la crisis, que no es una crisis sino una estafa financiera. Se enriquece más a los más enriquecidos y se empobrece más a los empobrecidos, aumentando su número con la incorporación a la pobreza de lo que fue la llamada clase media.

Lo que podemos hacer es resistir el embate de este neoliberalismo, no desalentarnos, no caer en la tentación de arrojar la toalla. Es duro experimentar los recortes, el paro y la precariedad, realizados desde la política para pagar la deuda entre los banqueros, en este caso, de los banqueros españoles con los banqueros alemanes y en menor medida con los franceses y norteamericanos, y que se traduzca en pobreza y miseria, falta de autoestima, refugio en el alcohol y en los antidepresivos. Nuestra misión de creyentes es aliviar el sufrimiento humano dando lo mejor de nosotros mismos.

Para afrontar todo esto debemos estar informados para tener una capacidad crítica, que se expresen en solidaridad y compromiso.

Otra de las cosas que podemos hacer es luchar por los problemas locales y globales, y trabajar en red, de tal manera que los problemas de un sector sean mis problemas. Si hay un problema de política social lo apoyamos todos; si hay un problema de sanidad, de educación tenemos que implicarnos todos. Un lucha sectorial es una lucha fragmentada y tiene el germen de la insolidaridad, porque muchas veces luchamos por lo nuestro, pero no por lo otro, porque decimos que ése no es nuestro problema.

Por todo ello, nuestra espiritualidad debe ser una espiritualidad de la encarnación, esa espiritualidad que nos lleva a la cercanía, presencia y compromiso con los últimos. Nuestra vida debe estar llena de vidas compartidas, acompañadas, codo con codo, interpelando para que convirtamos nuestros corazones de egoísmo, avaricia, odio y violencia, en corones que saben comprender, compartir, que hablan desde la paz y la reconciliación.

 

Recuperar la esperanza y la alegría

Por todo esto, esta Navidad queremos poner el acento en que sigue habiendo motivos para la lucha y la esperanza. Ese niño pequeño, desde el pesebre, nos invita a creernos la utopía, a que la vida pertenece a todos y cada unos de nosotros, a creernos que las personas egoístas, avariciosas, codiciosas y sin ética no van a tener la última palabra, porque vamos a comprometernos por ser buena noticia para los que sufren y los que son crucificados.

Y como no queremos que nos quiten la alegría y la dicha, vamos a saborear la vida con el encuentro con los amigos y familiares, con los vecinos, con los compañeros de trabajo… Que sigamos sonriendo, amando, acariciándonos, expresemos nuestras vidas desde la ternura y la bondad.

Desde aquí os deseo felices navidades y… ¡nos encontramos en la lucha y en la construcción de la esperanza de una tierra nueva y un cielo nuevo!

– See more at: http://hoacmurcia.es/2012/12/11/encuentro-de-adviento-compromiso-de-los-seglares-ante-la-crisis/#sthash.6fMwDIZh.dpuf

Categorías:Liturgia

Propuestas Para Una Navidad Diferente

Propuestas Para Una Navidad Diferente

http://www.concepcionistas.com/taxonomy/term/167

“LA PALABRA SE HIZO CARNE Y PUSO SU MORADA ENTRE NOSOTROS” (JN 1,14)

Hacernos pequeños. Hacernos pequeños para entrar en el Reino. A contracorriente del ambiente, que nos empuja constantemente a ser más grandes que los otros, a colocarnos por encima de todos los pequeños. Como Jesús, que se hizo pequeño por amor. “¿Quién te ha hecho tan pequeño?”, le preguntaba un día san Bernardo a Jesús. Y Jesús le respondía: “Me ha hecho el amor”.

Hacernos inteligibles de los últimos. Se hace inteligible de los demás quien está cerca y se acerca, quien se dice con gestos sencillos y palabras de verdad. Jesús se hizo como uno de nosotros, se colocó abajo, donde están los más abajados de la tierra. La experiencia de su Abbá le llevó a arriesgar en el anonadamiento. Enseguida le entendieron los pastores de las afueras de Belén, los enfermos que se hacinaban en torno a los caminos, los niños, las mujeres, los pecadores arrojados de toda mirada, los extranjeros.

Mostrar la bondad en los límites de nuestra vida. No hace falta ser grandes para ser significativos. La bondad puede hacerse visible en medio de la enfermedad, en la monotonía del día a día, en la comunidad de vecinos, en los lugares de trabajo. Es posible asumir con alegría las pobrezas. Jesús, encarnándose, hizo de la fragilidad humana un signo de amor y cercanía a todo ser humano. “¡Qué bueno es este Bien nuestro!”, exclamaba admirada santa Teresa.

Mirar la creación como algo bueno. Vemos al mundo con una visión esperanzada, a pesar de todo. Es posible el encuentro de la fe y de la cultura de nuestro tiempo. Cada día podemos entrar en diálogo con “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren” (GS 1). Cuando miramos nuestras manos descubrimos una tarea: reconciliar a los hombres y mujeres con la vida. Jesús no es amenaza del ser humano, es salvación. El roble está latente en el fondo de la bellota y el reino está dentro de nosotros (cf Lc 17,21).

Dejarnos afectar por los que peor lo pasan en el mundo. En vez de mirar hacia otra parte, volvemos la mirada para ver de cerca el rostro de los que sufren, estén cerca o lejos. Plantamos cara a la pereza de dejar para mañana lo que ya hoy puede hacernos descubrir la vida que llevamos dentro. Los pobres nos evangelizan, sacan de nosotros lo mejor. Los que vienen de lejos, distintos y distantes, son personas concretas hacia las que hay que andar, moverse, alcanzarlos para hacerse prójimos, para entablar relaciones con ellos. Jesús, en su encarnación, siempre está en éxodo hacia la humanidad, el Espíritu le unge para salir al encuentro de que le han perdido el rastro a la alegría. Jesús se interesa por cada persona, por la vida de cada persona.

Ir contracorriente de los criterios del mundo. Solo a los peces muertos se los lleva la corriente, los peces vivos se esfuerzan con denuedo por llegar a las fuentes. No se compaginan los criterios de calidad de vida que tiene el mundo con los que criterios del Evangelio. Jesús, al encarnarse, abre paso a la misericordia, que es la cualidad del corazón sensible a lo que les pasa a los otros. Jesús pasa por su corazón el rostro de que tienen la vida debilitada y le sale a borbotones la ternura. Su grito apasionado es éste: “Que todos tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Y su tarea confiada a todo el que quiera seguirle: “Sed misericordiosos como misericordioso es vuestro Padre” (Lc 6,36).

Ser signos de vida y alegría. En lo que somos y hacemos, porque no todo da lo mismo. Donde hay creatividad y belleza, se origina expectación ante el Misterio. La encarnación de Jesús genera alegría, fragancia que se extiende por los valles, buena noticia que se cuentan los pobres, unos a otros. Más allá de todo cansancio y agotamiento, se abre imparable la frescura de la vida. Así canta Juan de la Cruz, al contemplar el Misterio de la Navidad, el admirable intercambio: “El llanto del hombre en Dios, y en el hombre la alegría”.

Ver en las historias de las gentes parábolas del Dios vivo. Descubrir toda la creación, mirada por la mirada del Creador, llena de huellas. Como Jesús, que habla del Padre con su humanidad, pero que habla también del Padre con las historias que recoge de la calle y con los detalles de una creación expectante que no le deja nunca indiferente. Las semillas, el viento, la lluvia, los niños, la tierra, el color del cielo, la generosidad tan escondida de los pobres, la mujer que da a luz, el samaritano que desvía su camino para atender a malherido… todo serán parábolas vivas que hablan de un Padre que sigue actuando en el mundo.

Anunciar lo que hemos visto y oído junto al Misterio de Belén. Contrarrestar tanta palabrería que deja vacío el corazón con esa tarea, de hoy y siempre, de oírnos unos a otros la fe. Comunicar a Jesús al mundo de hoy. “Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos” (1Jn 1,3) para que la comunión y la alegría sean completas, para lograr entre todos, viviendo la Encarnación, lo que era imposible.

Mirar la vida de las personas con atención. Para que nada se pierda. Para hacer un mundo mejor hay que empezar a mirarlo con mejores ojos. Jesús se hace carne, se hace mirada. A su paso, nada queda escondido, todo queda levantando en una dignidad y belleza inigualable. La creación a su paso se recrea.

Escuchar los sonidos de la vida. Oír voces, que antes no eran nuestras, ni nos decían nada. Jesús dejó por los caminos una música, y ahora quien la escucha, descubre lo hermosa que es la danza de la fraternidad. Jesús dirá “dichosos” a los que se pongan como tarea diaria la de la escucha.

Compartir lo pequeño. Belén es pequeña, un niño es pequeño, María y José son una familia escondida en el trabajo y el gozo de cada día. Todo es pequeño, pero Dios escoge ese lenguaje para hacerse presente en medio del mundo. Poner en el candelero lo que no cuenta, esa es su estrategia. Y lo poquito, compartido, empieza a ser una fiesta inacabable.

Arrimar el hombro para tareas solidarias. Jesús vino llamando a nuestra puerta, por si queríamos dejarle trabajar con nuestras pobrezas. El Espíritu se mueve, su imaginación nunca se agota. Donde menos se espera surgen iniciativas, siempre a favor de la vida. Hacen falta manos que apoyen, sensibilidades que se pongan al servicio del bien, dones múltiples colocados en una mesa común para continuar la transfiguración que Jesús inició en una cuna.

 

Categorías:Liturgia

PROMOCIÓN HUMANA Y LITURGIA

PROMOCIÓN HUMANA Y LITURGIA

NDL

http://www.mercaba.org/LITURGIA/NDL/P/promocion_humana_y_liturgia.htm

SUMARIO: Premisa – I. Liturgia y valores humanos: 1. Maestra que inculca la jerarquía de los valores; 2. Los valores humanos redimensionados en referencia a lo divino – II. Potencialidad promotora de lo humano de la liturgia: 1. La liturgia exige ser “vivida”: abarca a todo el hombre, asume su existencia concreta, transformándola; 2. La celebración convoca la asamblea y provoca una participación activa, consciente y plena; 3. La celebración se desarrolla en un clima de fiesta, que provoca una intensa experiencia colectiva; 4. Dios habla hoy en la liturgia y llama a la historia humana a comparecer ante el tribunal de su palabra; 5. La liturgia abarca todas las dimensiones históricas de la salvación: pasado, presente y futuro; 6. Todo acto litúrgico actualiza la misión que brota del bautismo: nos envía a los hermanos – III. ¿Qué falta a nuestras liturgias para ser de verdad promotoras de lo humano? – IV. Conclusión.

Premisa

La reflexión más reciente sobre la misión de la iglesia, y la misma dramaticidad de los problemas que tienen lugar en el mundo de hoy han estimulado a profundizar en los lazos existentes “entre evangelización y promoción humana… Vínculos de orden antropológico, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la creación del plan de la redención que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a la que hay que combatir y de justicia que hay que restaurar. Vínculos de orden eminentemente evangélico como es el de la caridad. En esta perspectiva, el que toma en serio la afirmación del concilio, que presenta la liturgia “como la cumbre y la fuente de toda la vida de la iglesia” (SC 10), no se sorprenderá de encontrar en este diccionario una voz sobre el tema promoción humana y liturgia.

Para estudiar este tema se podían escoger dos caminos: a) el de señalar todo lo que falta a nuestras liturgias, tal y como son realizadas, para ser verdaderamente promotoras de lo humano; b) o bien estudiar positivamente las potencialidades que se encuentran en una verdadera liturgia para promocionar al hombre, o sea, para empujarlo (mover) hacia adelante (pro), para favorecer su crecimiento y abrirlo a una continua novedad. Se ha preferido estudiar este deber ser como un ideal que ha de amarse y perseguirse con todas las fuerzas. Una mirada posterior al ser, muy lejano del ideal, mostrará todo el camino que queda por recorrer y estimulará al compromiso.

I.  Liturgia y valores humanos

Partiendo del significado global del término evangelización como ha sido formulado por Pablo VI en la exhortación apostólica La evangelización del mundo contemporáneo, es claro que la evangelización incluye la liturgia como parte integral. En efecto, por evangelización, según el uso común, se entiende el conjunto del anuncio de la palabra de Dios, de la comunicación de la vida divina mediante los sacramentos y del testimonio en la historia del servicio a los hermanos’.

Inserta entre anuncio y testimonio, la liturgia los une vitalmente.

1.  MAESTRA QUE INCULCA LA JERARQUÍA DE LOS VALORES. Poniendo el evangelio en relación con la promoción del hombre, podemos comparar los valores de la fe con las metas del progreso humano. La liturgia interviene sobre todo como una maestra que inculca la jerarquía de los valores, esa misma jerarquía que encontramos tan bien expresada en la constitución SC (n. 2) cuando describe las dos caras del misterio de la iglesia: “En la iglesia lo humano está ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación, lo presente a la ciudad futura que buscamos”. Es la liturgia la que nos ha ofrecido esta visión plena, bien equilibrada, del misterio eclesial. Es también la que nos ofrece una comprensión adecuada de la relación entre iglesia y mundo, reino e historia, fe y valores humanos.

Ciertamente, el mundo litúrgico está impregnado de valores sobrenaturales: en él domina la perspectiva de la fe, se celebra la pascua de Cristo, se manifiesta el plan de Dios para nuestra salvación. Pero la liturgia no está nunca desencarnada. Es el hombre en su vida concreta el que debe ser salvado en todo el conjunto de su destino; lo humano que se realiza aquí abajo, y lo divino que se consuma allá arriba. Habla a menudo del cielo, pero no afirma que el cielo lo sea todo y la tierra nada. Pero tampoco afirma lo contrario. Fiel a la antropología bíblica, se atiene a un humanismo integral abierto a la dimensión trascendente del destino del hombre.

2.  Los VALORES HUMANOS REDIMENSIONADOS EN REFERENCIA A LO DIVINO. Decir que “el hombre está ordenado a lo divino”, como hace la SC en el pasaje citado, significa prolongar los valores humanos mucho más allá de sus confines naturales: hacerlos entrar en el mundo de lo divino. De este modo la dimensión humana no se anula, sino que es redimensionada. Algún ejemplo concreto: — La gracia de los sacramento, especialmente de la eucaristía, hace madurar a la persona hacia su plenitud, el “hombre perfecto” (Ef 4,13), que es Cristo. Los santos demuestran hasta qué punto las dimensiones humanas pueden ser dilatadas por lo divino. — La experiencia viva de la asamblea litúrgica hace madurar las relaciones sociales hacia esa koinonía que comporta una profunda comunión con los hermanos, modelada sobre la que existe en el seno de Dios: “para que sean uno, como nosotros somos uno” (in 17,22). El ofrecimiento del perdón que renueva impulsa la liberación del hombre hasta la libertad total, para la que no basta la ausencia del pecado, que es esclavitud interior. — Ofreciendo una comunión con la misma vida de Dios, satisface el ansia de participar y de compartir más allá de lo que se puede realizar en los diversos momentos de la vida. — Insertándose en la pascua de Cristo se abre a una novedad que no se refiere sólo a la cultura, las estructuras y los modelos operativos, sino que también afecta a las raíces mismas del hombre, transformadas por la novedad del Resucitado, que “hace nuevas todas las cosas” (Ap 21,5).

Para el que no cree está claro que todo esto no significa nada, mientras que para nosotros, los creyentes, es maravillosamente capaz de promocionar lo humano. El hombre cristiano es un hombre bajo el signo del más, lo que hacía decir a Nicolás Pende: “El cristiano es un ser compuesto de cuerpo, alma y Espíritu Santo”.

II. Potencialidad promotora de lo humano de la liturgia

Querría ahora indicar esquemáticamente las dimensiones litúrgicas que me parecen más directamente promotoras de lo humano. Las llamo potencialidades porque nada sucede automáticamente: explotarlas depende de nuestro esfuerzo.

1.  LA LITURGIA EXIGE SER “VIVIDA”: ABARCA A TODO EL HOMBRE, ASUME SU EXISTENCIA CONCRETA, TRANSFORMÁNDOLA. El acto litúrgico no es algo que tenga valor en sí mismo, pero se sustenta por sí mismo, aunque nadie lo comprenda y lo viva, con tal que se realice exactamente todo lo que está mandado. En ese acto debe comprometerse todo el hombre. Así se convierte claramente en el acto de alguien: debe llegar al hombre real, asumir su vida con sus problemas y sus aspiraciones, provocar sus opciones. Si se dice que es un acto de la iglesia, no debe olvidarse que la iglesia existe en los hombres: la iglesia es el nosotros de los cristianos (san Jerónimo). El hombre debe introducirse completamente en el acto litúrgico. O sea, por una parte debe movilizar todas sus capacidades (cuerpo y alma, inteligencia y voluntad, memoria y afectividad); por otra debe sentirse implicado tanto en su mundo personal como en la dimensión social que lo une a los hermanos [-> Participación]. La liturgia es sacramental: por tanto se sitúa en la línea de la encarnación y no quiere como actores a hombres desencarnados. Como Cristo bajó del cielo ‘por nosotros los hombres y por nuestra salvación”, así el gesto sacramental es acción de Dios, pero lo es para el hombre. Lo quiere salvar en su situación concreta.

Y a este hombre, después de haberle aferrado, lo pone de espaldas contra la pared: el signo litúrgico tiene una dimensión esencial de compromiso. Es esto lo que impulsó a los padres de la iglesia a llamar al bautismo sinthéke, contrato.

Me limito a hacer algunas alusiones evocadoras: Los sacramentos particulares hacen referencia a momentos centrales de la existencia cristiana: el nacimiento (bautismo), el crecimiento continuo (eucaristía), la maduración y asunción de responsabilidades (confirmación), la formación de una familia (matrimonio), la crisis de la enfermedad (unción), etc. El sacramento es un gesto personal de Cristo que asume esta situación, con el don de la gracia la transforma y nos la restituye para que la vivamos en el plano de la fe. El sacramento supone un salto cualitativo hacia adelante. — En la eucaristía todo el -> trabajo humano, ese desmedido esfuerzo por transformar la realidad, es llevado al altar. Para simbolizarlo sirven los signos del pan y del vino, “fruto de la tierra y del trabajo del hombre”. Como el pan y el vino de modo maravilloso forman parte de la eucaristía, así el trabajo humano entra en el drama de la redención. Chenu dice que se convierte en “una maravillosa materia para el reino”. De aquí se sigue que el hombre trabajador es promovido a la dignidad de colaborador de Dios, en el gran opus de la redención siempre en acto. — Todas las aspiraciones, las ansias y los problemas del hombre son asumidos en la oración de intercesión. No es que con esto nos lavemos las manos, dejando a Dios el encargo de resolver todo. La oración verdadera no es nunca una coartada del descompromiso ni empuja al hombre a dimitir de sus responsabilidades: mientras rezo por la paz o por la justicia, la gracia trabaja en mi corazón y me da luz y fuerza para ser pacífico: constructor de la paz y operador de la justicia.

Surge aquí el carácter bipolar, que ve desarrollarse el acto litúrgico entre dos términos en tensión dialéctica: el misterio de Dios y el misterio del hombre. La liturgia es antes que nada -> memorial: actualiza, o sea, hace presentes los grandes gestos con los que Dios nos salva. Pero la forma es sacramental: debe hablar al hombre y aferrarlo. De aquí la exigencia de una dimensión antropológica, que debe ponerse de acuerdo con la -> cultura y la historia de hoy.

Es preciso, sin embargo, comprender bien esta exigencia: que la liturgia debe conceder un espacio a la vida real y expresarla, permitiendo así una participación viva [-> Pastoral litúrgica]. Esto no se realiza simplemente haciendo entrar en el acto litúrgico la vida tal como es en sus formas cotidianas y profanas. Así desaparecería toda la diferencia entre lo sagrado y lo profano. Es un camino equivocado, invocado por algunos, que pretende, por ejemplo, transformar la eucaristía en una merienda fraterna, realizada en torno a una mesa en mangas de camisa. Así tendremos no una liturgia más humana y más promotora de lo humano, sino solamente una liturgia más banal y con menos significado. La liturgia no celebra la acción del hombre, sino la de Dios. Si nuestra existencia debe entrar en ese misterio, sólo lo puede hacer a través de la expresión simbólica que es el lenguaje de la liturgia, e implica una ruptura con respecto a las formas de lo cotidiano y ordinario. La liturgia está viva, si se da realmente una vida de comunión con Dios y con los hermanos, y después esa vida se hace presente en la celebración, que se convierte en su signo, y así se introduce en la trama de la salvación.

Se ha observado que la -> eucología del mundo litúrgico en sus textos clásicos, en gran parte conservados, no concede gran espacio a los temas de la promoción humana: el plan de Dios, los temas del reino y de la -> escatología dominan indiscutiblemente, junto con las radicales exigencias que se imponen a los que entran a formar parte de él. Los elementos terrenos afloran, en cambio, más explícitamente en los textos de reciente composición: las oraciones de algunos santos (especialmente los santos caritativos, como Juan Bosco o Vicente de Paúl) y las peticiones de la -> liturgia de las Horas, en donde se da un mayor espacio a los problemas humanos y a los proyectos de progreso inspirados en la doctrina social de la iglesia. Indudablemente, el hecho se explica por la mayor sensibilidad que tenemos hoy con relación a esta dimensión de la evangelización. Pero creo que hay una razón más profunda: los proyectos y las metas del hombre están unidos a la actualidad y a la imprevisible mudanza de los acontecimientos. Por tanto, difícilmente puede encontrarse su expresión en textos fijos e inmutables. Por el contrario, la atención a lo concreto encontrará su puesto en las partes de -> creatividad (las intenciones de la oración de los fieles, las moniciones y la -> homilía del celebrante, etc.), en las que la liturgia renovada deja amplias posibilidades, no siempre utilizadas con la necesaria sensibilidad y atención al hoy. Los proyectos humanos deben ser armonizados a nivel de fe con el plan divino que la liturgia debe sobre todo anunciar y celebrar.

2.  LA CELEBRACIÓN CONVOCA LA ASAMBLEA Y PROVOCA UNA PARTICIPACIÓN ACTIVA, CONSCIENTE Y PLENA. Se sabe que alrededor del altar está el pueblo de Dios, convocado por el Resucitado. El modelo al que nos referimos son las asambleas vivas del s. w, que hemos descubierto en el estudio de las fuentes. Nos reunimos en -> asamblea para unirnos en torno a él y escuchar la palabra. Se experimenta la profundidad de los vínculos que la adhesión a Cristo en la fe crea entre nosotros. La asamblea litúrgica, si se desarrolla en un clima contagioso de fe, de fiesta y de dinamismo pascual, realiza la forma más profunda de unidad. Nos hacemos uno en Cristo. Se crea un hábito de comunión que elimina las divergencias y destruye todas las barreras que distancian a las personas.

Este pueblo reunido está, pues, implicado por entero en la acción. Cada uno tiene que hacer su parte según la diversidad de los roles, pero la acción es única, y en ella todos somos actores. Es una forma casi ideal de participación que no admite espectadores.

Asamblea y participación son realidades conectadas y de importancia decisiva para la promoción humana. Hay en nuestra sociedad una profunda exigencia a este respecto. El verticalismo, que hace brotar todo de lo alto y mortifica el movimiento de participación de la base, ha desaparecido. No se está ya dispuesto a delegar en otro la propia parte de responsabilidad. Cada vez más se quiere ser protagonista de la parte de historia en la que se vive. Las mismas instituciones eclesiales y civiles se abren a nuevas formas de participación y de corresponsabilidad con diferentes organismos, originando diversas formas de asambleas.

Si la asamblea dominical [-> Domingo] se convierte en una experiencia viva, por ese mismo hecho crecerá hacia una participación responsable. Ayudará a superar una actitud de pasividad y de rutina, a abrirse al diálogo y al encuentro con los otros, a acoger el don del hermano y a ofrecerle generosamente lo mejor de sí mismo, a buscar diversas formas de participación en la vida cotidiana (escuela, barrio, ambiente de trabajo) y a asumir roles y compromisos en la vida pública; en una palabra, a sentirse corresponsable en primera persona del bien común; ante todo del bien de la iglesia, viviendo esa dimensión señalada por el Vat. II y llamada ordinariamente “conciliaridad de la iglesia”.

Es verdad que las grandes asambleas dominicales no facilitan intercambios profundos ni consienten posibilidades amplias de diálogo y creatividad. De aquí la legítima exigencia de realizarlo en celebraciones de grupo con una dimensión más humana. Al difundirse, estas formas ofrecen gran ayuda a los -> grupos comprometidos; pero no se debe tener la pretensión de que ésta sea la única forma, porque la celebración normal es siempre la que convoca a todo el pueblo de Dios alrededor de su Señor, como ya sucedió a los pies del Sinaí.

Obsérvese, además, que si se acentúa indebidamente esta dimensión propia de la asamblea, se acabará por sustituir el individualismo de ayer por un comunitarismo nivelador. Esto, más que promover a la persona en sus relaciones con los otros, la achicaría, desatendiendo a los particulares, no respetando los ritmos personales de crecimiento, desconociendo las exigencias de interiorización y de apropiación a las que la persona no puede renunciar. Las pausas para la oración en silencio [1 Silencio] pretenden dar la debida respuesta a estas exigencias.

3.  LA CELEBRACIÓN SE DESARROLLA EN UN CLIMA DE FIESTA, QUE PROVOCA UNA INTENSA EXPERIENCIA COLECTIVA. Hay una fiesta donde quiera que se reúne mucha gente —en un clima de alegría contagiosa— para celebrar un hecho de decisiva importancia: se realiza una acción simbólica que lo ritualiza, y todos tienen conciencia de estar insertos en ese acontecimiento, de participar en él. En la liturgia, este hecho es la pascua de Cristo: el signo litúrgico lo hace presente y permite participar en él. De aquí nace una intensa y exuberante experiencia, que en los africanos se traduce en danza también durante la liturgia. Es un ritmo nuevo, festivo sin duda, que rompe el comportamiento ordinario. La alegría irrumpe espontáneamente y se traduce en canto. Se crea un clima de fraternidad y una necesidad espontánea de compartir. Nuestro pueblo tiene necesidad de expresarse a través de la fiesta. ¡Es tan escasa la reserva de alegría en nuestro mundo! El placer, el tener y el poder no son más que miserables sucedáneos buscados por muchos y por todos los medios; sucedáneos que han envenenado las fuentes de la alegría, apagado el canto y matado la capacidad lúdica del hombre, marcando su rostro con preocupaciones y angustias. Entonces el clima fascinante de la fiesta se convierte en un recuerdo de otros tiempos y la convivencia se hace cada vez más inexpresiva y banal.

Una liturgia vivida en la alegría podrá hacer renacer el sentido de la -> fiesta, del que la vida del pueblo no puede prescindir, porque está profundamente unido a nuestra naturaleza. Pero para hacerlo verdaderamente, deberá desarrollarse en un ambiente pascual, impregnado de alegría. Decía Nietzsche: “Tendrían que cantarme mejores canciones…; sus discípulos tendrían que parecerme más redimidos”.

4.  Dios HABLA HOY EN LA LITURGIA Y LLAMA A LA HISTORIA HUMANA A COMPARECER ANTE EL TRIBUNAL DE SU PALABRA. La liturgia actualiza todo. Lo que resuena en la asamblea es una palabra actual que Dios pronuncia hoy. Es una llamada, una provocación divina. Nadie puede situarse ante el evangelio en actitud de espectador. Puesto que resuena hoy, el terreno en el que cae es la situación histórica de los que escuchan, y se convierte en palabra de juicio. Puede hacerse cortante como una espada.

No es sólo el individuo que escucha el que es juzgado. Al entrar en la celebración, el creyente no olvida lo que ha sucedido fuera. Lleva a la oración su experiencia, las situaciones concretas en las que se encuentra implicado y las analiza a la luz de la fe. Se le ofrece la palabra como un criterio de juicio, y es una criteriología que llega al corazón de los hechos. La -> homilía debe ayudar a hacer esta valoración. La palabra cumpie su función profética ofreciendo un juicio de condena del mal, que puede convertirse en una ardorosa denuncia de injusticias patentes (pienso en Helder Cámara), un estímulo para la conversión o la manifestación de compromisos concretos y urgentes en la iglesia y en el mundo. Lo dice K. Barth: “Tengo en una mano el evangelio y en la otra el periódico, y leo los acontecimientos a la luz del evangelio”.

Así, en torno a la palabra se forma una comunidad comprometida, una comunidad tan madura que no sufre “lo que sucede”, sino que lo valora a la luz de la palabra. Promoviendo esta conciencia crítica, ante todo de sí misma, se ayuda al hombre a superar el fatalismo, a hacerse cargo de los problemas de la iglesia y del mundo y a dar humildemente su aportación, fortalecido por ese “suplemento de espíritu” que sólo el evangelio puede dar. Será un evangelio no domesticado, que conserva su carga original renovadora y se hace levadura dentro de todas las situaciones humanas; una palabra que dialoga con los acontecimientos y provoca los hechos. Y así continúa la historia sagrada.

5.  LA LITURGIA ABARCA TODAS LAS DIMENSIONES HISTÓRICAS DE LA SALVACIÓN: PASADO, PRESENTE Y FUTURO. Una de las adquisiciones fundamentales del Vat. II es la de haber redescubierto la revelación como historia, historia sagrada porque tiene a Dios como protagonista. La economía se presenta como una historia siempre en acto; historia que tiene un largo pasado escalonado de maravillas, que se prolonga en el hoy que estamos viviendo y se cumplirá definitivamente al final de los tiempos.

El sacramento abarca las tres dimensiones: es recuerdo, porque recapitula retrospectivamente todo el pasado y lo actualiza mediante el -> memorial eficaz; es presencia, porque se revive el acontecimiento salvífico y me ofrece aquí y ahora la salvación; es espera, porque el don de la gracia no es todavía la salvación definitiva. Por tanto está proyectado hacia un futuro en el que el presente se completará de modo inaudito.

Esto responde bastante bien a la necesidad de historicidad, tan aguda en la cultura contemporánea, y es fuertemente estimulante para un compromiso activo en el hoy. Encuadrado en este único y gran acontecimiento, proyectado hacia adelante, este fragmento de presente en el que he de actuar se sublima. Es bonito sentirse implicados en una historia más grande que nosotros. El pasado de la historia sagrada, que me atestigua la fidelidad de Dios y la continuidad de su plan, me ofrece una base sólida y un fundamento seguro para la esperanza. Se sabe que un hombre sin esperanza es incapaz de un compromiso dinámico.

Sé que en esta historia se construye el reino. Y el reino es el único absoluto. Esto impide absolutizar cualquier otra estructura contingente. No hay ya lugar para falsos mesianismos terrenales. Las realizaciones históricas son siempre limitadas. Caminamos hacia la ciudad futura, y el reino está todavía en construcción. Hay sobre todo un todavía no. Esto abre todos los proyectos a una concepción dinámica, proyectada hacia el futuro, y por lo tanto promotora de lo humano, de un mañana mejor que el hoy. La fe abre a la novedad. De aquí no surgirá una invitación al descompromiso, sino más bien a una presencia más incisiva. “La espera de la tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra” (GS 39).

Además, el futuro que la liturgia presenta es el futuro de Dios. El hombre no está solo desplegando sus fuerzas en el plano de la historia, como nuevo Prometeo, empeñado en una conquista que sólo depende de él. El protagonista es Dios, Señor de la historia, y nosotros sólo debemos colaborar con él. Por tanto, el futuro que esperamos no es una utopía, porque se funda en la promesa divina. El que acepta este modo de entender la fe se libera de la natural reacción de angustia frente a “lo que todavía no ha sucedido nunca”. El sacramento vivido en todas sus dimensiones históricas se convierte así en gesto de auténtica esperanza cristiana, que hace posible todo tipo de audacia.

6.  TODO ACTO LITÚRGICO ACTUALIZA LA MISIÓN QUE BROTA DEL BAUTISMO: NOS ENVÍA A LOS HERMANOS. Liturgia y misión son inseparables. Hay un movimiento dialéctico que va de la vida a los sacramentos y de los sacramentos a la vida; del encuentro con Dios al encuentro con los hermanos. El acto litúrgico es un gesto al que llega la vida concreta; por lo tanto, es indudablemente un punto de llegada. Pero esto no basta. Es sobre todo un punto de partida: ofrece luz y fuerza para dar un sentido nuevo al vivir de cada día.

Del sacramento se sale enviados a los hombres. Es como si se dijese: “Id y comunicad a los otros el don recibido. Gritad desde los tejados la maravillosa noticia de que Dios nos ama y nos salva”.

Se va a los hermanos con la misión que proviene de haber experimentado el amor de Cristo que se entrega. La exigencia queda marcada por ese don. Nos sentimos impelidos a seguir sus huellas, a asumir su estilo de servicio, a volcar sobre los otros ese amor oblativo; un amor que, precisamente porque piensa solamente en darse, acude adonde hay más miseria.

Todo sacramento es un gesto liberador de Cristo, y privilegia por tanto a los marginados. Me libera para que yo me convierta a la vez en liberador. Quien ha tenido esta experiencia no podrá permanecer neutral ante las formas de opresión y de injusticia que encuentre.

Colmado de los dones del Señor, no podrá rehuir el don de sí y de sus cosas. “Pues si os comunicáis en los bienes inmortales, ¿cuánto más en los mortales?” (Didajé IV, 8). En la asamblea de Nairobi (1975) del Consejo ecuménico de las iglesias un orador dijo: “El que evangeliza es un menesteroso que va a decir a otro menesteroso dónde pueden encontrar ambos de comer”. El que vive la liturgia se siente prisionero de esta dialéctica. Siente que debe tender un puente entre la eucaristía y la vida. La monición final debería estimularlo y orientarlo en este sentido y ponerle en el corazón un gran deseo de “hacer nuevas todas las cosas” al ir al encuentro de la vida diaria.

III.      ¿Qué falta a nuestras liturgias para ser de verdad promotoras de lo humano?

He evocado las potencialidades de la liturgia. Podría parecer una poesía inconsistente. De hecho son dimensiones verdaderas, objetivas, del signo litúrgico. Es verdad que podemos debilitarlas, hasta incluso anularlas.

Pero nuestras liturgias, tal como son celebradas en concreto, ¿son promotoras de lo humano? En el complejo de nuestra realidad litúrgica, junto a muchos aspectos positivos, ¿no se ven desgraciadamente carencias notables? ¿Cuáles son en concreto? Me limitaré a algunas rápidas alusiones:

  • Liturgias que se desarrollan en un clima aséptico e irreal, sin ningún enganche con la vida ni con la actualidad, que lo mismo pueden celebrarse en España que en Africa, en los años sesenta que en los años noventa. No es preciso discurrir mucho para entender que favorecen la falta de compromiso y la alienación.
  • Asambleas apáticas y pasivas, en las que no se realiza ni un encuentro con el Resucitado ni la comunión con los hermanos. En vez del clima de fiesta domina el cansancio y el aburrimiento. El espacio litúrgico se convierte en un lugar sin atmósfera, atemporal e impersonal, donde no tienen cabida la vida y los problemas del hombre.
  • La costumbre “cosificante”, que empuja a decir palabras y a realizar gestos de modo mecánico, sin que el corazón se comprometa mínimamente. Entonces hasta las palabras más llenas de fuerza (gracia, luz, salvación) y los gestos más expresivos se quedan vacíos. Es exactamente lo contrario de la autenticidad.
  • La sistemática inutilización de medios importantes para animar a la asamblea, como los gestos de acogida [I Animación], que deben dar al signo de la asamblea su dimensión humana, promoviendo relaciones fraternas; las moniciones, que deben reencender la chispa de la fe que se ha experimentado, etc. Muchos celebrantes se autocondenan al papel de simples ejecutores de ritos prescritos y de lectores de fórmulas estándar.
  • La fijación total, que inutiliza todos los espacios creativos, renuncia a las necesarias adaptaciones a la asamblea concreta, no permite a nadie expresarse y quita a todos el espacio necesario para crecer. Es una barrera que aprisiona y adormece, e impide seguir hacia adelante. En el extremo opuesto está la creatividad subversiva del que no respeta a la asamblea, imponiéndole los gustos personales de uno solo, se abandona a una improvisación absoluta, sin ningún sentido de los propios límites, o actúa a menudo de un modo reductivo, despojando a la celebración de su dimensión de -> misterio. Se debilita entonces su potencial de fe, base del compromiso cristiano.
  • Homilías atemporales y descomprometidas, que presentan más o menos bien una doctrina, pero que renuncian a iluminar las situaciones concretas de la vida, a ser la fuerza divina (dynamis) que suscite una praxis cristiana coherente.
  • La incapacidad de armonizar de modo equilibrado en la experiencia litúrgica los aspectos de contemplación y de alabanza (veo admirado las maravillas de Dios y le canto mi admiración y mi reconocimiento) con el operativo, o sea, con el compromiso concreto que el Señor exige de mí y que debe traducirse en hechos. Sin contemplación, la acción carece de vida; sin compromiso concreto, la contemplación se hace estéril.

IV.      Conclusión

Si entre el ideal esbozado y las situaciones concretas se abre un foso profundo, a todos nos toca allanarlo con solícito empeño. Promovamos nuestras liturgias hacia estas metas, y veremos con nuestros ojos la rica aportación que ofrecen para la promoción del hombre.

[-> Existencia cristiana y liturgia, -> Compromiso].

M. Magrassi

BIBLIOGRAFIA: Bellavista J., Liturgia, ideología política y exclusión de la comunidad eclesial, en “Phase” 77 (1973) 425-436; Duquoc C.-Guichard J., Política y vocabulario litúrgico, Sal Terrae, Santander 1977; Gatti G., Liberación, en DTI 3, Sígueme, Salamanca 1982, 310-318; Gelineau J., Celebrar la liberación pascual, en “Concilium” 92 (1974) 273-287; Llopis J., Homilías y política, en “Phase” 91 (1976) 60-63; Rovira J.M., Incidencia de la ideología en las celebraciones litúrgicas, ib, 77 (1973) 407-422; VV.AA., Los jóvenes y el futuro de la Iglesia, en “Concilium” 106 (1975) 305-464; VV.AA., Teología de la liberación, en “Selecciones de Teología” 70 (1979) 98-190; VV.AA., Política y liturgia. La liberación del hombre por la liturgia, en “Concilium” 92 (1984) 165-309. Véase también la bibliografía de Compromiso y Existencia cristiana y liturgia.

Categorías:Liturgia

Historia y teología de la Navidad

Historia y teología de la Navidad

historia y teologia de la navidad

AUTOR: P. Eduardo Sanz de Miguel, OCD

http://www.portalcarmelitano.org/liturgia/122-liturgia-articulos/453-historia-y-teologia-de-la-navidad.html

Para que la Navidad no se reduzca a una mera evocación cultural, acompañada por una sensación de romanticismo, sin consecuencias prácticas para nuestra vida, hay que profundizar en su origen y significado. La Navidad no es una simple fiesta de cumpleaños…


1. Introducción

Entre todas las celebraciones de la Iglesia, las de Navidad son las que conservan mayor repercusión en las manifestaciones culturales y folklóricas de la sociedad, impregnando todas sus dimensiones: recetas culinarias, adornos, belenes, obras de teatro, villancicos, películas de cine (tan numerosas, que han dado lugar a un género específico), actividades para niños, campañas solidarias, etc. Hay que reconocer que nuestros contemporáneos muchas veces la celebran privándola de su referencia religiosa, por lo que hay que centrar la atención en lo esencial, que es la contemplación orante del misterio.

Para que la Navidad no se reduzca a una mera evocación cultural, acompañada por una sensación de romanticismo, sin consecuencias prácticas para nuestra vida, hay que profundizar en su origen y significado. La Navidad no es una simple fiesta de cumpleaños ni una celebración periódica del misterio de la infancia. La Navidad es algo más profundo, porque supone la entrada de Dios en nuestra historia. En este sentido, la Navidad no es solo recuerdo, sino también una presencia, ya que Jesucristo ha entrado en nuestra historia y se ha quedado para siempre con nosotros. La Congregación para el Culto Divino dice que lo propio de este tiempo es la manifestación de la identidad y de la misión del Señor, que se revela en los diversos acontecimientos que se conmemoran en esos días: «En el tiempo de Navidad, la Iglesia celebra el misterio de la manifestación del Señor: su humilde nacimiento en Belén, anunciado a los pastores, primicia de Israel que acoge al Salvador; la manifestación a los Magos, “venidos de Oriente” (Mt 2,1), primicia de los gentiles, que en Jesús recién nacido reconocen y adoran al Cristo Mesías; la teofanía en el río Jordán, donde Jesús fue proclamado por el Padre “Hijo predilecto” (Mt 3,17) y comienza públicamente su ministerio mesiánico; el signo realizado en Caná, con el que Jesús “manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él” (Jn 2,11)». (Directorio, 106).

2. El lugar de la Natividad

2.1 Belén

Es lícito suponer que las primeras manifestaciones de culto al misterio de la Natividad surgieran en el mismo lugar donde los evangelios la sitúan. Según la profecía de Miqueas, recogida por san Mateo, el Mesías debía nacer en Belén, la ciudad de David (cf. Miq 5,1; Mt 2,6). Los evangelios no entran en detalles. San Mateo solo habla de la ciudad y san Lucas especifica que María «acostó [a su hijo] en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2,7). La literatura cristiana ha desarrollado el simbolismo del pesebre, para subrayar la pobreza voluntariamente asumida por Cristo.

Desde antiguo, los cristianos de Belén acudían a rezar a la gruta donde nació Jesús. Con la intención de acabar con el culto cristiano, el emperador Adriano, el año 135, ordenó plantar encima un bosque sagrado en honor de Adonis. Pero los creyentes locales nunca perdieron memoria del lugar. San Justino, a mediados del s. II, confirma la tradición. Otros testimonios indican que vecinos y forasteros lo visitaban. Orígenes escribe el año 248 que «en Belén se muestra la cueva en la que nació Jesús y, en esta cueva, el pesebre en el que fue depositado».

Tal como narra Eusebio de Cesarea, contemporáneo de los hechos, el año 326, santa Elena hizo construir una preciosa basílica, colocando el altar sobre la gruta y conservando un acceso a la misma. Severamente dañada por los samaritanos el año 529, el emperador Justiniano la sustituyó por otra de mayores dimensiones, que es la que se conserva. Los cruzados la usaron para las ceremonias de coronación de sus reyes y la adornaron con mosaicos y frescos, de los que algunos aún perduran. En la fachada se pueden observar: el dintel de la gran puerta primitiva, el arco gótico que la sustituyó en época cruzada y la pequeña puerta que se adaptó en siglos posteriores, para que los turcos no pudieran entrar a caballo. Esta puerta se ha convertido en el símbolo de la necesaria humildad para poder penetrar en el misterio de la encarnación. Miguel de Unamuno tiene una preciosa poesía que se puede aplicar a la puerta de la basílica de Belén, que dice: «Agranda la puerta, Padre, / porque no puedo pasar; / la hiciste para los niños, / yo he crecido, a mi pesar. / Si no me agrandas la puerta, / achícame, por piedad, / vuélveme a la edad bendita / en que vivir es soñar».

Desde antiguo, se tuvieron allí celebraciones en honor del nacimiento de Cristo. A partir de la paz constantiniana, la numerosa afluencia de peregrinos a Tierra Santa influyó en la extensión de las fiestas que conmemoraban algún aspecto de la vida del Señor. Al regreso a sus lugares de origen, las fueron instituyendo, a imitación de las que habían visto.

2.2 Evocación de Belén en Roma

También por influencia de los peregrinos, en muchos lugares se construyeron capillas en honor de Sancta Maria ad praesepium, donde se conmemoraba el nacimiento del Señor en la pobreza de Belén. En Roma se levantó una en el Esquilino, en la que se expuso un pesebre de madera. La tradición dice que es el pesebre de Belén, llevado a Roma por san Jerónimo. Algunos creen que fue llevado en tiempos del Papa Teodoro (s. VII) para librarlo de la profanación de los sarracenos y otros por los cruzados (s. XII).

El Papa Liberio († 366) la incorporó dentro de una Basílica en honor de santa María de las nieves. Después del concilio de Éfeso (431), Sixto III la reedificó, llamándola de santa María la Mayor. De esa época son los mosaicos que decoran el arco triunfal, con escenas de la vida de la Virgen y de la infancia de Cristo. Con el pasar del tiempo, se convirtió en la iglesia de Navidad en Roma. Nicolás IV (Papa franciscano † 1292) encargó los mosaicos del ábside y de la fachada, así como las figuras del Belén, obra de Arnolfo di Cambio, que se conserva en el museo de la Basílica y que es el primero conocido de esculturas exentas.

Los mosaicos colocados a ambos lados de la nave central recuerdan la historia de la humanidad como una gran procesión hacia el Redentor, cuyo nacimiento debería estar representado en el centro del arco triunfal. Sin embargo, en su lugar se encuentra solo un trono vacío. De este modo, la procesión de la historia se ve arrastrada hacia abajo, donde hay una cripta con la cuna de Belén. El trono se halla vacío porque el Señor ha descendido al establo, para estar con los hombres.

3. Origen de las fiestas navideñas

La celebración de Navidad el 25 de diciembre está documentada en Roma en el cronógrafo del 354, compuesto el año 336. Varios datos permiten suponer que la fiesta es más antigua, incluso anterior a la paz de Constantino. Por su parte, la Epifanía es de origen oriental, como su nombre indica. Está documentada desde el s. II entre los basilidianos gnósticos de Alejandría, que conmemoraban el bautismo del Señor. A lo largo del s. IV la asumieron casi todas las iglesias orientales, con diversos contenidos: nacimiento de Jesús, adoración de los Magos, bautismo en el Jordán y milagro de Caná, principalmente. Pronto se produjo un intercambio entre ambas fiestas y se introdujo la Navidad en Oriente y la Epifanía en Occidente, respetándose las fechas originales de ambas y celebrándolas como dos momentos del mismo misterio.

Los latinos usaron el nombre de Natalis Domini para su fiesta del 25 de diciembre. En ella subrayaron la fe en la encarnación del Señor, la debilidad libremente asumida por Cristo al tomar nuestra condición (la apparitio Domini in carne). Los griegos, por su parte, usaron los nombres de Epifanía y Teofanía para su fiesta del 6 de enero. En ella subrayaron la revelación de la gloria de Cristo y de su divinidad en distintos acontecimientos.

Varias realidades coincidieron en el surgimiento de la Navidad: las saturnales, los cultos de Mitra, la fiesta del Natalis (Solis) Invicti, la teología simbólica de los Padres y la oposición a las primeras herejías cristológicas. Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre cuál fue la más influyente en este proceso.

3.1 Las saturnales

Eran fiestas romanas en honor del dios Saturno (el Chronos griego). Comenzaban el 17 del décimo mes (diciembre), con un sacrificio en su templo del foro y un banquete, en el que podía participar todo el pueblo. Duraban siete días, durante los cuales había espectáculos de gladiadores, disfraces y juegos de azar. También se suavizaban las obligaciones de los siervos y esclavos, que eran admitidos a comer en la mesa de sus señores y recibían regalos. Ya que las fiestas obligaban a todos y los cristianos eran minoría, éstos pudieron aprovechar la ocasión para celebrar a Jesucristo, que libera de la esclavitud, regala su propia vida y sienta a su mesa a los creyentes, convirtiéndose en su alimento (al contrario de Saturno, que devoraba a sus propios hijos).

3.2 Los cultos mistéricos de Mitra

El 25 de diciembre celebraban su nacimiento de una roca, en una cueva, con una antorcha encendida en una mano. Inmediatamente fue adorado por unos pastores. Con el tiempo, Mitra fue identificado con el sol y llamado Deus Sol Invictus Mitra. Casi no se conservan textos de esta religión. Solo restos arqueológicos y referencias de los Santos Padres de la Iglesia, por lo que cualquier conjetura al respecto es difícil de demostrar, a pesar de los numerosos libros y artículos que se publican dando por supuesto lo contrario.

3.3 Los cultos solares

Más clara parece la relación del Natalis (Solis) Invicti en el surgir de la Navidad. En esto coinciden muchos autores, aunque no hay unanimidad. Al llegar el solsticio de invierno, los romanos celebraban grandes festejos en honor del sol, especialmente en su templo del Campo Marzio en la Urbe. El emperador Aureliano (270-275) decretó la obligación de celebrar la fiesta en todo el imperio. La fecha estaba muy bien escogida. De hecho, en el hemisferio Norte, a medida que avanza el otoño, los días son cada vez más cortos y fríos, y las noches más largas. En cierto momento, la tendencia se invierte, las horas de luz van creciendo y los rayos del sol ganan fuerza, hasta que las noches son más cortas que los días. En la parte occidental del imperio romano, el solsticio de invierno se celebraba el 25 de diciembre.

Los romanos creían que, desde el principio de los tiempos, las tinieblas hacían guerra al Sol para arrebatarle su poder benéfico sobre la Tierra. La noche previa al solsticio, parecía que las tinieblas alcanzaban su máximo poder y que la pervivencia del sol (y con él, de la vida) estaba en peligro. Por eso, el 24 de diciembre encendían hogueras en las puertas de sus casas y junto a las murallas, para ayudar al sol en su batalla contra las tinieblas. Cuando amanecía, se postraban para adorar al astro rey, que ascendía victorioso un año más. La fiesta, llamada Natalis (Solis) Invicti, continuaba con intercambios de regalos, comilonas y borracheras.

Estas costumbres estaban tan arraigadas, que todavía san León Magno († 461) denuncia a los que continuaban realizando gestos de veneración al sol en Navidad: «Antes de pisar la basílica de san Pedro […], suben las escaleras que llevan a lo alto de la plaza, vuelven allí su cuerpo hacia el sol naciente, e inclinando la cabeza, hacen reverencia al brillante disco» (Sermón 27 in nativitatem). Gesto que él reprueba, considerándolo incompatible con la participación en la misa. Se conservan varios testimonios de los Santos Padres que condenan los abusos que se realizaban en esos días, invitando a los cristianos a meditar la Palabra de Dios, a la oración y a la limosna, como verdaderas prácticas de Navidad. San Agustín contrapone los regalos, fiestas en los teatros y borracheras de los paganos, a las limosnas, oraciones y ayunos de los cristianos (Sermón 198,2). San Gregorio Nacianceno insiste en lo mismo: «No pondremos guirnaldas en los zaguanes, ni organizaremos danzas, ni adornaremos las calles […]. Nosotros debemos gozar con la Palabra de Dios y con las explicaciones correspondientes a la fiesta de hoy» (Sermón 38,4-6).

Estas cosas no sucedían solo en las provincias occidentales del imperio. Casi todos los pueblos de la antigüedad consideraron al sol como un dios benéfico. Con motivo de su ciclo anual, también en Oriente había fiestas aunque, por el uso de calendarios diversos, celebraban el solsticio el 6 de enero, como testimonia san Epifanio de Salamina, a mediados del s. IV: «Ocho días antes de las kalendas de enero, los idólatras griegos celebran una fiesta que los romanos llaman saturnalia, los egipcios kronia, los alejandrinos kikellia. En efecto, el octavo día antes de las kalendas de enero significa una ruptura, ya que en ese día cae el solsticio y el día comienza de nuevo a alargarse y la luz del sol brilla durante más tiempo».

Con estos precedentes, no debe extrañar que, entre los formularios litúrgicos más antiguos para Navidad y Año Nuevo, se encuentren los de la missa ad prohibendum ab idolis, es decir: misa para apartar a los fieles del culto a los ídolos. Los primeros cristianos transformaron lentamente las fiestas invernales en honor del sol hasta convertirlas en fiestas en honor de Cristo, luz del mundo y salvador de los hombres, tomando del ambiente cultural algunos elementos simbólicos, como la victoria de la luz y el calor sobre las tinieblas y el frío. Muchos villancicos hacen referencia al frío del invierno, para indicar el sufrimiento libremente asumido por Cristo.

3.4 Simbolismo cósmico e historia

El simbolismo solar puede ser una buena ayuda a la hora de expresar la dimensión cósmica de nuestra fe, pero los contenidos de la Navidad no se explican únicamente a partir de esas referencias, ni mucho menos a partir de las antiguas fiestas paganas en honor del sol. El simbolismo cósmico ayuda a comprender el acontecimiento histórico de la encarnación, pero nunca puede suplantarlo. El cristianismo no cree en mitos intemporales, sino en la manifestación de Dios en la historia. Lo novedoso del cristianismo es que Dios ha entrado en nuestra historia, se ha dejado ver, oír y tocar (cf. 1Jn 1,1-3). En Navidad, la Iglesia celebra el amor de Dios, que ha enviado su Hijo al mundo para salvar a los hombres del pecado y hacerlos hijos suyos. Por eso, las fiestas de la manifestación de Cristo tienen el mismo significado en los países mediterráneos del hemisferio norte, donde surgieron, que en los países del Ecuador o en los del hemisferio sur, que celebran la Navidad en verano. Más aún: la celebración de la Navidad en el mundo entero, independientemente de su relación con la estación invernal, indica que la fe cristiana va más allá de los condicionamientos geográficos o culturales. La liturgia hace referencias a los ciclos de la naturaleza, pero solo por su relación con los episodios históricos de la vida de Cristo, que son la clave última de interpretación de toda la obra de Dios, también de la Creación, ya que «todo fue creado por medio de Él y para Él» (Col 1,16). Por lo que todo (también los ciclos de la naturaleza) encuentra su sentido último en Él.

3.5 La teología simbólica de los Padres

Éste es el motivo por el que no deben ser despreciadas las explicaciones de la teología simbólica de los Padres sobre el origen de la fiesta. Según una tradición judía, recogida por san Agustín y otros autores, Dios creó a Adán el 25 de marzo (inicio de la primavera e inicio del año hebreo, que coincidía con la Pascua según Ex 12,2). En la misma fecha habrían tenido lugar los principales acontecimientos de la historia de Israel, por lo que también en esa fecha se esperaba la manifestación del Mesías, como se puede ver en el tratado hebreo de Rosh Hashanah: «El mundo fue creado en el mes de Nisán y en Pascua nacieron los patriarcas, al inicio del año Sara, Raquel y Ana recibieron la visita de mensajeros celestes, José salió de la prisión, cesó la esclavitud de nuestros padres en Egipto; y en el mes de Nisán llegará la redención futura».

Hoy, estos razonamientos pueden resultar extraños, pero para la tradición judía son muy importantes, porque manifiestan la unidad de toda la historia de la salvación, en la que la creación, la alianza y la redención final son distintas etapas del eterno proyecto de Dios. De hecho, hasta el presente, los israelitas celebran cuatro noches en la Pascua: la de la creación, la de la alianza con Abrahán, la de la salida de Egipto y la de la futura venida del Mesías. Por este motivo, desde antiguo, los Padres pusieron en relación la creación del mundo, el nacimiento de Cristo y su muerte redentora. Algunos autores hacen coincidir el nacimiento y la muerte; otros, la concepción y la muerte, situando el nacimiento nueve meses después.

Los Padres también ponen en relación el nacimiento de Cristo, en el solsticio de invierno, con el nacimiento de san Juan Bautista, en el solsticio de verano, ya que entre ambas fechas se dan los seis meses de diferencia que señala san Lucas (1,26). Así, Juan Bautista habría sido concebido en el equinoccio de otoño y nacido en el solsticio de verano. Por su parte, Jesús habría sido concebido en el equinoccio de primavera y nacido en el solsticio de invierno. De esta manera queda subrayado el simbolismo de Cristo, luz del mundo. San Agustín, comentando la frase del Bautista «Es necesario que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30), hace notar el significado místico del texto, que se cumple al nacer san Juan en el momento en que los días disminuyen y Jesús cuando los días comienzan a alargar, dando a entender que la misión del Bautista habría de terminar cuando comenzara la del Señor. De esta manera, los Padres interpretaban que Cristo da sentido a toda la Creación (cf. Col 2,10).

Posiblemente, éstas no sean explicaciones históricas fiables sobre la fecha del nacimiento de Cristo, pero tuvieron gran importancia en la elección del 25 de diciembre para celebrar la Navidad. Además, ayudan a comprender el sentido que la Iglesia primitiva daba a esta fiesta. También recuerdan que el nacimiento del Señor está en referencia con su muerte y resurrección, de la que alcanza su sentido último. Ratzinger siempre defendió esta postura en sus escritos, como puede verse aquí: «El punto de partida para la fijación de la fecha del nacimiento de Cristo lo constituye, sorprendentemente, la fecha del 25 de marzo […]. Hoy resultan insostenibles las antiguas teorías según las cuales el 25 de diciembre había surgido en Roma en contraposición al culto de Mitra, o también como reacción cristiana ante el culto del sol invicto, promovido por los emperadores romanos del s. III como intento de crear una nueva religión imperial. Lo más decisivo fue la relación existente entre la creación y la cruz, entre la creación y la concepción de Cristo […]. Partiendo de este contenido, originalmente cósmico, de la fecha de la concepción y nacimiento de Jesús, el desafío del culto al sol pudo ser aceptado e incluido de forma positiva en la teología de la fiesta» (J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, 147-149).

Una vez elegido Pontífice ha conservado la opinión, enriqueciéndola de nuevas referencias: «El primero que afirmó con claridad que Jesús nació el 25 de diciembre fue Hipólito de Roma, en su comentario al libro del profeta Daniel, escrito alrededor del año 204. Algún exegeta observa, además, que ese día se celebraba la fiesta de la Dedicación del templo de Jerusalén, instituida por Judas Macabeo en el 164 antes de Cristo. La coincidencia de fechas significaría entonces que con Jesús, aparecido como luz de Dios en la noche, se realiza verdaderamente la consagración del templo, el Adviento de Dios a esta tierra. En la cristiandad, la fiesta de Navidad asumió una forma definida en el siglo IV, cuando tomó el lugar de la fiesta romana del Sol invictus, el sol invencible; así se puso de relieve que el nacimiento de Cristo es la victoria de la verdadera luz sobre las tinieblas del mal y del pecado» (Audiencia General, 23-12-2009).

3.6 Las primitivas herejías cristológicas

Finalmente, no podemos olvidar el surgimiento de las primeras herejías cristológicas y la oposición de la Iglesia a las mismas, por medio de sus concilios y de su liturgia. Para algunos, ésta sería la causa principal del surgimiento de la Navidad. Otros no la consideran su origen, pero sí el motivo de su rápida difusión. Lo que está claro es que la profundización de la fe en los escritos de los Padres, y su definición en los concilios, influyó definitivamente en los textos litúrgicos.

Con la celebración de la manifestación del Hijo de Dios en la carne, se subrayaba el realismo de la encarnación, en la que se realiza el eterno proyecto de salvación, que se revelará plenamente solo en la muerte y resurrección del Señor. De hecho, la finalidad principal de la Navidad no es tanto conmemorar el aniversario del nacimiento de Cristo cuanto celebrar que el Verbo se ha hecho carne para salvar a los hombres.

4.  Primeras reflexiones sobre la encarnación

4.1 Época apostólica

Los primeros cristianos anunciaban que Jesucristo murió, resucitó y ha sido constituido salvador de los hombres (cf. Hch 2,22-36). Por eso lo aclamaban como Kyrios (traducción del Adonai hebreo, forma de nombrar a Dios en la versión griega de la Biblia). No ignoraban su pasado histórico, pero ponían el acento en el poder salvador de Cristo resucitado, único camino para llegar al Padre y fuente del Espíritu Santo. Con el pasar del tiempo, algunas personas quisieron adaptar el cristianismo a sus ideas filosóficas, surgiendo diversas herejías cristológicas, a las que respondieron los autores ortodoxos, profundizando en la verdad revelada.

Ya en el s. I, algunos gnósticos (que pensaban que Dios y la materia son incompatibles) rechazaron tanto la posibilidad de la encarnación del Señor como la de su pasión. Afirmaban que el Hijo de Dios no fue verdaderamente hombre, ya que no tuvo una carne real, sino solo en apariencia. Por eso fueron llamados docetas. Los apóstoles reaccionaron con energía contra estas fantasías: «Han irrumpido en el mundo algunos seductores que no reconocen que Jesucristo es verdaderamente hombre» (2Jn 7). Esta doctrina fue considerada falsa y sus propagadores fueron identificados con el anticristo (cf. 1Jn 2,22). Hasta el punto de que la confesión de la humanidad del Señor se convirtió en la clave para distinguir a los verdaderos cristianos: «Si reconocen que Jesucristo es verdadero hombre, son de Dios; pero si no lo reconocen no son de Dios» (1Jn 4,2-3).

La primera generación cristiana profundizó entonces en el misterio de Cristo y comprendió que Jesús no comenzó a ser el Hijo de Dios después de su resurrección. Lo era desde siempre. Y no por adopción, sino por naturaleza. De hecho, es el mediador de la Creación, presente junto al Padre desde antes del tiempo: «Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas» (Col 1,15ss). Si no se dieron cuenta durante su vida mortal es porque Él mismo escondió su condición divina al asumir la naturaleza humana: «Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios. Al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos» (Flp 2,6ss). La reflexión alcanza su punto culminante en el prólogo de san Juan, cuando afirma que «la Palabra se hizo carne» (Jn 1,14). Es decir: el Logos de Dios ha asumido nuestra sarx, nuestra realidad concreta, débil y limitada.

También se creció en la comprensión de las consecuencias salvíficas de la encarnación como inicio y posibilidad de la redención, que se llevará a cumplimiento en el misterio pascual. Al hacerse el Hijo de Dios hermano nuestro, Dios nos ha adoptado como hijos suyos: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos sometidos a la ley y convertirnos en hijos adoptivos de Dios» (Gal 4,4-5). En definitiva, Jesucristo es el Hijo de Dios, que se ha hecho hombre por salvar a los hombres. Quienes lo rechazan permanecen en sus pecados, pero a cuantos creen en Él, les hace hijos de Dios (cf. Jn 1,12ss).

Al principio, los cristianos solo se interesaban por los acontecimientos de la vida pública de Jesús, a partir de su bautismo en el Jordán, tal como muestra el Evangelio de san Marcos (el más antiguo). A partir de las polémicas con los docetas, surgió el deseo de saber más datos de su infancia, aquéllos que María conservaba en su corazón (cf. Lc 1,29; 2,19.51). Por eso, san Mateo y san Lucas antepusieron unos evangelios de la infancia a sus narraciones de la vida pública, como pórtico de lo que viene después, pero también como clave de comprensión.

4.2 Época patrística

Aunque parecía que el peligro de una comprensión sesgada del misterio de Jesús había sido superado, se presentó con nuevas variantes. En el s. II surgió el adopcionismo, que sostenía que Cristo (el Hijo eterno de Dios) había descendido sobre Jesús (un hombre histórico y concreto) y se había aposentado en su cuerpo, como en un templo, cuando fue bautizado en el Jordán. Cristo habría hablado y actuado entre los hombres usando el cuerpo humano de Jesús, que abandonó en el momento en que éste fue crucificado. En resumen, creían que el que enseñó e hizo milagros fue el Cristo de Dios, pero el que nació de María y murió en la Cruz fue el hombre Jesús.

Por el contrario, viendo en la encarnación el fundamento de la redención, los Santos Padres proclaman constantemente que no está sanado lo que no ha sido asumido por Cristo. Por eso confiesan unánimes que Jesucristo es el verdadero Hijo de Dios, nacido de María Virgen. Él, asumiendo nuestra condición, vivió una vida en todo igual a la nuestra (excepto en el pecado), sin dejar de ser Dios. Lo recuerda Melitón de Sardes († 180 ca.) en su homilía pascual, donde pone en relación la encarnación y la Pascua, al afirmar que el Hijo de Dios vino del cielo a la tierra en beneficio de los hombres, para salvarlos de la situación doliente en que los había dejado el pecado: «El Señor, siendo Dios, se revistió de la naturaleza de hombre: sufrió por el que sufría, fue encarcelado en bien del que estaba cautivo, juzgado en lugar del culpable, sepultado por el que yacía en el sepulcro». Por su parte, san Hipólito († 235) añade: «Sabemos que se hizo hombre de nuestra misma condición […]. Para que nadie pensara que era distinto de nosotros, se sometió a la fatiga, quiso tener hambre y no se negó a pasar sed, tuvo necesidad de descanso y no rechazó el sufrimiento». San Atanasio († 373) insiste en el realismo de la encarnación, en clara polémica con los herejes: «Tenía que parecerse en todo a sus hermanos y asumir un cuerpo semejante al nuestro […]. Estas cosas no son una ficción, como algunos juzgaron; ¡tal postura es inadmisible! Nuestro Salvador fue verdaderamente hombre, y de Él ha conseguido la salvación el hombre entero […]. El cuerpo que el Señor asumió de María era un verdadero cuerpo humano, conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero, digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro».

San Gregorio Nacianceno († 389) lo desarrolla con firmeza, uniendo de nuevo la encarnación y la pasión como dos momentos de una misma obra salvadora: «Él asume mi carne para dar la salvación al alma creada a su imagen y para dar la inmortalidad a la carne […]. Tuvimos necesidad de que Dios asumiera nuestra carne y muriera, para que nosotros pudiéramos vivir». San Agustín († 430) expone la misma fe en diálogo con el lector: «Estarías muerto para siempre si Él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca habrías sido librado de la carne del pecado si Él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Nunca habrías vuelto a la vida si Él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte». Se pueden encontrar textos similares en todos los Padres. La liturgia recoge varios.

Una vez superado el adopcionismo, surgió una nueva herejía, que esta vez negaba la plena divinidad de Jesucristo: el arrianismo. Según Arrio († 336), el Verbo sería la primera y más excelsa criatura de Dios, mediador de la posterior creación, que se encarnó en el vientre de María para salvar a los hombres, pero que no era de naturaleza plenamente divina. Más tarde, los nestorianos se manifestaron contrarios a llamar Theotokos a María, porque la consideraban madre de Cristo, pero no del Hijo de Dios.

Todas estas desviaciones tienen un origen común: querer asimilar el misterio de Jesús a los mitos paganos sobre semidioses, originados por la unión entre una divinidad y un ser humano, dando lugar a seres medio humanos y medio divinos. Por el contrario, los Padres (siguiendo la enseñanza bíblica) afirman unánimemente que Jesucristo es totalmente Dios y totalmente hombre, su ser Dios no quita nada a su ser hombre. Esto no tiene nada que ver con los mitos paganos de semidioses generados por la divinidad.

4.3 Los primeros concilios de la Iglesia

Se convocaron para responder a esas doctrinas y otras similares, explicando la fe apostólica y las enseñanzas de los Santos Padres. Los Concilios de Nicea (325), Constantinopla (381), Éfeso (431) y Calcedonia (451) fijaron con claridad la fe de la Iglesia: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, de la misma naturaleza que el Padre en lo que concierne a la divinidad, de nuestra misma naturaleza en lo que concierne a la humanidad, engendrado antes del tiempo por el Padre y nacido en el tiempo de la Virgen María. No dos personas distintas, sino una sola persona, con dos naturalezas (la humana y la divina).

El resultado más importante de estos concilios fue la formulación del símbolo niceno-constantinopolitano, el Credo que une a todos los cristianos en la confesión de la divinidad y de la humanidad de Jesucristo. La formulación del Credo no surgió como una novedad. Al contrario, fue el esfuerzo de la Iglesia por preservar la originalidad de la fe cristiana en la encarnación libre de contaminaciones posteriores: «La fe en la verdadera encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana: “Podréis conocer en esto el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios” (1Jn 4,2). Esa es la alegre convicción de la Iglesia desde sus comienzos cuando canta “el gran misterio de la piedad”: “Él ha sido manifestado en la carne” (1Tim 3,16)» (Catecismo 463).

Como es natural, las clarificaciones de la doctrina sobre la encarnación influyeron en la evolución de la liturgia de la Iglesia y en los textos celebrativos de la Navidad, así como en la rápida difusión de la fiesta en todas las Iglesias locales. Además del Credo, la liturgia conserva hasta el presente numerosos textos que confiesan la fe católica, tal como se formuló en los primeros concilios. De especial belleza es el prefacio II de Navidad: «Cristo, sin dejar la gloria del Padre, se hace presente entre nosotros de un modo nuevo: el que era invisible en su naturaleza se hace visible al adoptar la nuestra; el eterno, engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para asumir en sí todo lo creado, para reconstruir lo que estaba caído y restaurar de este modo el universo, para llamar de nuevo al reino de los cielos al hombre sumergido en el pecado».

AUTOR: P. Eduardo Sanz de Miguel, OCD

 

Categorías:Liturgia

Para celebrar Cristo Rey 2013

Para celebrar Cristo Rey 2013:

2 comentarios

Para celebrar Cristo Rey 2013:

http://www.accioncatolica.org.ar/?p=10723

Ahora también está disponible el guión de la misa, junto a las reflexiones  preparadas para que, según la realidad de cada grupo, puedan utilizarlas en sus encuentros, enviarlas por email a cada militante, en especial aquellos que militan en forma extraordinaria, subirlas a facebook u otra red social, adecuando su mensaje.

Descargar el Guión de la Misa de Cristo Rey

Descargar esquema para la Vigilia de Cristo Rey

Descargar en Camino a Cristo Rey 2013

Descargar La Campaña Nuestra Vida en Familia es +:  En el marco de este mes de noviembre, con la fiesta de Cristo Rey en el camino, y hacia el tiempo de Adviento-Navidad les proponemos

Descargar Novena de Cristo Rey

Categorías:Liturgia