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Los laicos en el Vaticano II

Los laicos en el Vaticano II

Lumen gentium (cap. IV) y Decreto Apostolicam Actuositatem

F. Javier Elizari, redentorista

Desde décadas anteriores al Vaticano II fueron creándose variados movimientos apostólicos de cuño seglar. Sobre tal trasfondo no ha de extrañar el interés por tratar del laicado, manifestado en toda la etapa preparatoria del concilio y, posteriormente, duran­te su celebración. El Vaticano II deseaba una revitalización de la Iglesia hacia dentro y hacia fuera. Para ello tenía que contar necesariamente con los laicos, la mayoría de los bautizados. ¿Cuál es el papel del seglar en la Iglesia y en la sociedad? El concilio nos ha dado la respuesta más explícita en dos documentos. La parte doctrinal se encuentra, so­bre todo, en el capítulo cuarto de la Constitución dogmática sobre la Iglesia (Lumen gentium, citada en adelante LG). El Decreto sobre el apostolado de los laicos (Apostoli- cam actuositatem, citada en adelante AA) reasume la teología de LG, enuncia algunos principios y da instrucciones para un apostolado mejor llevado. En estas notas, presento conjuntamente algunos aspectos de ambos documentos[I] en torno a cuatro puntos: con­cepto de laico, su función dentro de la Iglesia, su papel en el campo de las realidades temporales, su relación con la Jerarquía.

  1.  Qué es un laico

A veces se da una definición negativa del laico. Éste es un ni-ni: un cristiano que ni es miembro del clero ni forma parte de un instituto religioso. Semejante definición es frustrante, injusta, una caricatura. El Vaticano II que, incidentalmente la recoge, se de­tiene en una descripción positiva de la naturaleza del seglar en forma de díptico: lo común y lo propio del seglar respecto a los demás miembros del Pueblo de Dios. Es mucho más y más importante lo que nos une que lo que nos diferencia

La base común. El laico es, ante todo, un cristiano incorporado a Cristo por el bau­tismo y miembro del Pueblo Dios (LG 31). Los factores de unidad entre todos son nu­merosos: una misma fe, un mismo Señor, un mismo bautismo, filiación divina, idéntica vocación a la santidad, al seguimiento de Cristo, igual misión al servicio del Reino de Dios, hermanos de Cristo y hermanos de los ministros ordenados, igual dignidad. Lo primero, lo más fundamental no es ser Papa, obispo o sacerdote sino ser cristiano, creer en Cristo. El seglar no es un cristiano de segunda clase. “Con vosotros, soy cristiano; para vosotros, soy obispo”, decía san Agustín.

¿Qué es lo propio del laico según el concilio? La respuesta se sitúa, ante todo, en el terreno de la misión, aunque también se habla de una espiritualidad especial del laico y de una situación vital distinta. Lo propio, lo peculiar, lo especial del laico cristiano, es su misión de trabajar porque las realidades temporales, siempre respetando su autonom­ía, respondan, lo más posible, al espíritu evangélico. Este modo de concebir lo propio del laico no ha dejado satisfechos a todos. La función peculiar del seglar en el orden temporal no debe relegar al olvido su importantísima misión en el seno de la Iglesia.

  1.  Misión del seglar en la Iglesia

Si la misión propia del seglar se sitúa en el terreno de las realidades temporales, no puede quedar oscurecida su importantísima función en la Iglesia, un derecho y un deber radicados en la misma vocación cristiana. El panorama de acciones que se ofrece al se­glar es variado, pero antes de desplegarlo, veamos algunos rasgos del perfil del seglar, exigidos por el concilio, para lograr una acción apostólica más plena.

El seglar, persona espiritual. La acción apostólica ha de tener como base una honda espiritualidad. La unión con Cristo alimentada en la Palabra de Dios y en todos los auxilios espirituales de que podemos disfrutar en la Iglesia, es un rasgo fundamental de todo cristiano, también del seglar. Dicha espiritualidad, aparte las características comu­nes a toda espiritualidad cristiana, puede revestir tonalidades peculiares según la situa­ción en que se viva, la acción apostólica que se desarrolle y las asociaciones cristianas de las que un seglar pueda ser miembro activo.

El seglar, persona formada. Un indicio de la importancia de la formación del seglar de cara al apostolado es la dedicación por el Decreto AA de todo un capítulo a su for­mación o preparación tanto de cara al campo de las realidades temporales como en el te­rreno intraeclesial. Afortunadamente, las ofertas formativas para los seglares son hoy mucho más ricas que antes del concilio.

El testimonio evangélico. El concilio afirma repetidamente la necesidad y el valor apostólico del testimonio con la propia vida cristiana tanto dentro como fuera de la co­munidad cristiana. Sin perder la conciencia de la urgencia de ser testigos, fruto espontá­neo y natural de la propia vocación cristiana, el seglar ha de ser igualmente consciente de la debilidad de su testimonio en una sociedad tan secularizada. Esta “incertidumbre” sobre sus resultados no debe hacer perder los ánimos ni la paz.

El apostolado de la Palabra. En varios momentos los textos conciliares invitan al seglar a anunciar el mensaje evangélico. Como forma especialmente mencionada y des­tacada aparece la catequesis, pero también se invita al contacto con los alejados, perso­nas, con frecuencia, más accesibles a ellos. Dentro del apostolado de la Palabra podría­mos incluir hoy el servicio de muchos seglares en retiros, en calidad de profesores de Sagrada Escritura, teología, liturgia, profesores de religión en colegios, publicaciones religiosas, etc.

Liturgia. La participación de los seglares en servicios litúrgicos es una puerta que se ha ido abriendo de modo muy desigual: lecturas, comentarios, coros, acólitos, etc. Res­pecto a otros servicios litúrgicos, existen más reticencias o, incluso, puertas cerradas de forma incomprensible. Parece mentira que todavía haya resistencias a recibir la comu­nión de seglares. ¿Cómo entender que la lectura litúrgica del Evangelio sea todavía un monopolio reservado al sacerdote o al diácono? Y si la homilía es un servicio a la fe de la comunidad ¿no son aberrantes las normas de ver en ella un coto cerrado del sacerdote o del diácono si un seglar puede prestar mejor dicho servicio a la fe?

Participación en las obras de caridad de la Iglesia. La Iglesia “reivindica las obras de caridad como un deber y un derecho suyos, de los que no puede prescindir” (AA 8) y estimula a los seglares a participar en ellas. El Decreto sobre los laicos hace unas atina­das observaciones sobre el espíritu y actitudes del cristiano a tener presentes en estas obras: ver en el prójimo la imagen de Dios, […] y a Cristo Señor […]; respetar con la máxima delicadeza la libertad y la dignidad de la persona ayudada; pureza de intención sin buscar la utilidad propia o el deseo de dominar; satisfacer las exigencias de la justi­cia; suprimir las causas, y no sólo los efectos, de los males; liberación progresiva de la dependencia externa (AA 8).

Otros campos abiertos al seglar. AA 10 menciona la administración de los bienes de la Iglesia. En el concilio hubo sugerencias variadas sobre nuevos campos accesibles a seglares: administración de la justicia eclesial, cargos en la Curia Romana y en las cu­rias episcopales, e incluso, los Nuncios de la Santa Sede.

Suplencia en tareas sagradas. A veces los laicos suplen a ministros sagrados en tare­as sagradas: predicación, administración de algunos sacramentos por falta de tales mi­nistros o por estar ellos impedidos en caso de persecución (LG 35).

Movimientos apostólicos. Todo este variado apostolado puede llevarse a cabo de forma individual o asociada. De ello trata ampliamente AA, cap. IV, nn. 15-22. Una breve palabra sobre los movimientos laicales postconciliares entre los cuales parecen dominar los de tipo conservador o, en todo caso, contar con mayor apoyo de la Jerarqu­ía.

  1. Misión del seglar en el mundo

Este importante asunto se encuentra desperdigado en los dos documentos conciliares aquí presentados y no se presenta como un núcleo separado y bien ordenado. De su con­tenido selecciono algunos puntos. En primer lugar, me refiero a dos cuestiones de signo más bien doctrinal que no parece deban constituir una gran preocupación real y práctica. Para esta vertiente de la vida del seglar, no se puede olvidar la Constitución sobre la Iglesia en el mundo de hoy, la Gaudium et spes.

¿No es algo extraña la tesis conciliar de lo temporal como misión propia del seglar frente a los no laicos? Veamos algunos de los muchos pasajes conciliares en que queda plasmada esta tesis. “El carácter secular es lo propio y peculiar de los laicos. [. Éstos] tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios. […] Es ahí donde Dios los llama a realizar su función propia. […] A ellos de manera especial les corresponde iluminar y ordenar to­das las realidades temporales […] de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo” (LG 31).

Por otro lado, la misma LG 31 parece percibir una posible objeción a su tesis. Admi­te que “los miembros del orden sagrado [… no menciona a los religiosos] pueden algu­nas veces ocuparse de realidades profanas e incluso ejercer una profesión civil”. Sin embargo, este hecho, según el concilio, no invalida la tesis de la misión propia del se­glar, porque los clérigos, “en razón de su vocación particular, se ordenan principalmente al sagrado ministerio como a profesión propia”. Algunos se preguntan: Si los sacerdo­tes católicos pudieran casarse y ejercieran normalmente una profesión ¿podría seguir sosteniéndose fundadamente la tesis de la misión en lo temporal como propia de los lai­cos? Si estos cambios se dieran, es evidente que la acción de la Iglesia en lo temporal seguiría siendo, ante todo, responsabilidad de los laicos por una sencilla razón numéri­ca: casi todos los cristianos son laicos y sólo una minoría los sacerdotes y religiosos. Pe­ro ¿sería justo presentarla como algo propio del seglar? Este tipo de reflexión es muy legítimo pero no nos ha de enredar y alejar de lo decisivo: el compromiso por un mundo más humano y más acorde con el aliento evangélico.

El laico no es meramente un cristiano que vive en el mundo, en medio de las realida­des temporales, que ejerce una profesión, que participa en actividades sociales extrapro- fesionales. Sólo con eso no cumple su misión de cristiano. Ésta le pide trabajar para que todas esas realidades se construyan y se vivan, inspiradas en el bien integral del ser humano, buscando su impregnación de espíritu evangélico, lo cual podría constituir una cierta preparación para la siembra de la Palabra de Dios. Su misión incluye incorporar valores morales a la cultura y a las realizaciones humanas, sanear las estructuras y con­diciones sociales para que sean justas. Esta misión del seglar ha de conjugarse con el respeto a la autonomía de las realidades temporales, de sus propios fines, leyes y me­dios, exigencia repetida por el concilio.

Estas dos cuestiones, de un cierto interés, no deben constituir una preocupación cen­tral. Lo fundamental es la buena actuación de los seglares en los numerosos campos de acción en los variados marcos del orden temporal: familia, ejercicio de la profesión, ac­tuaciones fuera del campo profesional, en especial la colaboración en obras sociales de inspiración civil, a la que el concilio invita a los cristianos. La AA recuerda la impor­tancia de la competencia profesional, la necesidad de la formación así como la posesión de virtudes relativas a la convivencia social: honradez, espíritu de justicia, sinceridad, bondad, fortaleza de ánimo.

  1. Relación laicos y jerarquía

Los principios y orientaciones de la Constitución sobre la Iglesia y del Decreto acer­ca de los seglares establecen, en esta materia, un marco mucho más abierto que el vi­gente antes del concilio. Existe una variedad de modelos “de relaciones con la jerarquía, según las diferentes formas y objetos” del apostolado, según la mayor o menor vincula­ción de las obras y/o asociaciones apostólicas con la jerarquía (AA 24). Igualmente podríamos hablar de un espíritu, un “trato familiar”, que debe inspirar las relaciones en cualquiera de esos modelos. Presentemos algunos rasgos de este nuevo espíritu.

En primer lugar, el diálogo. Por parte de los seglares, éste implica la manifestación – derecho y deber, dice el texto – de necesidades, deseos y pareceres en relación con el bien de la Iglesia, manifestación hecha a través de contactos directos o por medio de los organismos eclesiales creados para este fin. Estamos muy lejos del mutismo y pasividad anteriores. Por otro lado, se pide a los pastores una gran capacidad de escucha, prestar atenta consideración a los proyectos y deseos de los laicos.

Otro signo del nuevo espíritu es la creación de nuevos y más amplios espacios de li­bertad a la actuación de los seglares tanto en el terreno de las realidades temporales co­mo en asuntos intraeclesiales, en la creación de obras e instituciones y en su dirección.

Como era de esperar, se pide a los laicos una buena acogida de las decisiones de sus pastores, cuando actúan como “maestros y jefes de la Iglesia”.

¿Qué ha sido del nuevo marco y espíritu de relaciones entre laicos y jerarquía? La vida eclesial nos ofrece un mosaico variadísimo de respuestas de unas comunidades a otras. Dando por supuesto que el concilio podía haber diseñado un marco y un espíritu mejores, no hay duda de que su proyecto abre puertas y ventanas. Sus posibilidades han quedado, en parte frustradas por la pervivencia de un estilo clerical y paternalista. ¿También por una cierta pasividad de algunos seglares, favorecida por una herencia de siglos? Una peligrosa y dañina expresión de clericalismo y paternalismo puede ser la se­lectividad de interlocutores laicos por parte de la Jerarquía, especialmente en algunas cuestiones. Se prefiere escuchar a los seglares obedientes, manejables, que resultan “cómodos” y marginar a los “incómodos”. Éste procedimiento selectivo no es un buen camino ético y, eclesialmente, además de empobrecedor suele llevar a soluciones sis­temáticamente tradicionales, partidistas y sesgadas.


[I] Apostolicam actuositatem, n.1, remite a otros cinco documentos conciliares en relación con los seglares.

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El Laicado Católico después de la visita del Papa en Cuba

El Laicado Católico después de la visita del Papa

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

http://www.diocesispinardelrio.info/dioces/data/laicado/1.html

Reflexión del Consejo Diocesano de Laicos de Pinar del Río

La visita de Su Santidad el Papa Juan Pablo II a Cuba ha suscitado un nuevo aliento de reflexión y compromiso en toda la Iglesia cubana. Su magisterio y sus gestos siguen inspirando nuestra vida cristiana y nuestra acción apostólica.
Recientemente constituido, el Consejo Diocesano de Laicos de Pinar del Río ha asumido unos estatutos en los cuales se define como “un organismo de reflexión y diálogo permanentes… como un espacio de y para los laicos, donde puedan motivar su compromiso temporal, así como posibilitar la coordinación de acciones comunes, salvaguardando la debida subsidiaridad para la transformación de la realidad desde su propia identidad.”
Para motivar el compromiso de los laicos católicos y contribuir a establecer un diálogo con todos los hombres de buena voluntad, con los que compartimos el presente y el destino de nuestra Patria, hemos acordado dar a conocer nuestras reflexiones al terminar cada sesión del Consejo de Laicos.
En esta primera Sesión, efectuada en Pinar del Río los días 19 y 20 de junio de 1998 hemos reflexionado sobre los desafíos que han suscitado, con relación al laicado católico, las enseñanzas y actitudes del Santo Padre en su visita a Cuba.
Llenos de esperanza, con nuestra confianza puesta en el Señor, y mirando “a Cuba, a su pueblo, a sus hijos, que son sin duda su mayor riqueza”, creemos con el Santo Padre que “ésta es la hora de emprender los nuevos caminos de renovación, así como las situaciones que favorecen y entorpecen nuestra respuesta a esos compromisos teniendo en cuenta la realidad que vivimos en Cuba hoy:

LA VOCACIÓN DE LOS LAICOS

En su Mensaje a los Obispos cubanos el Santo Padre dijo:
“Animen a los fieles laicos a vivir su vocación con valentía y perseverancia, estando presentes en todos los sectores de la vida social, dando testimonio de la verdad sobre Cristo y sobre el hombre; buscando, en unión con las demás personas de buena voluntad, soluciones a los diversos problemas morales, sociales, políticos, económicos, culturales y de espiritualidad que deben afrontar la sociedad; participando con eficacia y humildad en los esfuerzos para superar las situaciones a veces críticas que conciernen a todos, a fin de que la Nación alcance condiciones de vida cada vez más humanas. Los fieles católicos, al igual que los demás ciudadanos, tienen el deber y el derecho de contribuir al progreso del País. El diálogo cívico y la participación responsable pueden abrir nuevos cauces a la acción del laicado y es de desear que los laicos comprometidos continúen preparándose con el estudio y la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia para iluminar con ella todos los ambientes.”(Mensaje a los Obispos en la Habana. No 5c)

De esta reflexión deseamos responder a este:

Primer Desafío: Estar presentes y actuantes en todos los ambientes de la vida social como testigos vivos de Cristo, con valentía y perseverancia.

Para concretar este desafío hemos encontrado estas propuestas:
a)Contribuir a disminuir la autocensura que limita a tantos laicos en su acción eclesial y social.
b)Promover la reflexión y la toma de conciencia de la vocación y misión propias del laico.
c)Cultivar la constancia y la coherencia entre la vida de fe y las acciones concretas.

Mirando a nuestra realidad creemos que hay situaciones que favorecen hoy la realización de este desafío como son:

-La credibilidad creciente de la Iglesia Católica.
-El incremento del número de fieles.
-El llamado de la Iglesia al protagonismo de los laicos.
-Las necesidades a las que debemos responder debido a la situación crítica del país.
-El contenido mismo de la Doctrina Social de la Iglesia nos anima a este compromiso.

No favorecen:
-La falta de conciencia en muchos laicos de su vocación y misión en el mundo.
-La falta de información actualizada sobre temáticas nacionales, internacionales, económicas, culturales, sociales, eclesiales, etc.

LA MISIÓN DE LOS LAICOS

En cuanto a la misión propia del laicado católico reflexionamos estas palabras del Santo Padre en la Catedral de la Habana:
“A los laicos aquí presentes, que representan a tantos, les agradezco su fidelidad cotidiana por mantener la llama de la fe en el seno de sus familias, venciendo así los obstáculos y trabajando con valor para encarnar el espíritu evangélico en la sociedad. Los invito a alimentar la fe mediante una formación continua, bíblica, catequética, lo cual los ayudará a preservar en el testimonio de Cristo, perdonando las ofensas, ejerciendo el derecho a servir al pueblo desde su condición de creyentes católicos en todos los ámbitos ya abiertos, y esforzándose por lograr el acceso a los que todavía están cerrados. La tarea de un laicado católico comprometido es precisamente abrir los ambientes de la cultura, la economía, la política y los medios de comunicación social para transmitir, a través de los mismos, la verdad y la esperanza sobre Cristo y el hombre. En este sentido es de desear que las publicaciones católicas y otras iniciativas puedan disponer de los medios necesarios para servir mejor a toda la sociedad cubana de los fieles y de su genuina vocación cristiana al servicio de la verdad y de Cuba.”(No. 6)

A partir de estas exhortaciones deseamos responder a este:

Segundo Desafío: tener un laicado comprometido y formado que participe activamente en los espacios donde ya está presente y se disponga a abrir nuevos ambientes sociales para servir mejor a nuestro pueblo.

Para responder a este reto encontramos una realidad que favorece:

-El pueblo está ávido de un nuevo enfoque ético y espiritual y deseoso de ser educado para la participación y tener nuevos espacios para ella.

Encontramos, sobre todo, una realidad que entorpece este compromiso:

-Lo difícil de entrar en nuevos ambientes por las trabas excluyentes para la presencia de laicos católicos. Esto hace demasiado lento este proceso que de por sí lleva tiempo.
-La falta de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace que limita la participación del pueblo o de personas con alternativas de pensamiento político, económico y social diferentes.

LA ENCARNACIÓN DE LOS LAICOS

En su Homilía de Santiago de Cuba el Papa Juan Pablo II se dirigió a nosotros los laicos católicos y nos dijo:
“La Iglesia llama a todos a encarnar la fe en la propia vida, como el mejor camino para el desarrollo integral del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, y para alcanzar la verdadera libertad, que incluye el reconocimiento de los Derechos humanos y la justicia social. A este respecto, los laicos católicos, salvaguardando su propia identidad para poder ser “sal y fermento” en medio de la sociedad de la que forman parte, tienen el deber y el derecho de participar en el debate público en igualdad de oportunidades y en actitud de diálogo y reconciliación. Asimismo, el bien de una nación debe ser fomentado y procurado por los propios ciudadanos a través de medios pacíficos y graduales. De este modo cada persona, gozando de libertad de expresión, capacidad de iniciativa y de propuesta en el seno de la sociedad civil y de la adecuada libertad de asociación, podrá colaborar eficazmente en la búsqueda del bien común.
La Iglesia, inmersa en la sociedad, no busca ninguna forma de poder político para desarrollar su misión, sino que quiere ser germen fecundo del bien común al hacerse presente en las estructuras sociales. Mira en primer lugar a la persona humana y a la comunidad en que vive, sabiendo que su primer camino es el hombre concreto en medio de sus necesidades y aspiraciones. Todo lo que la Iglesia reclama para sí lo pone al servicio del hombre y de la sociedad. En efecto, Cristo le encargó llevar un mensaje a todos los pueblos, para lo cual necesita un espacio de libertad y medios suficientes. Defendiendo su propia libertad, la Iglesia defiende la de cada persona, la de la familia, la de las diversas organizaciones sociales, realidades vivas, que tienen derecho a un ámbito propio de autonomía y soberanía… La Iglesia está llamada a dar testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político y económico…”(Homilía en Santiago. No 4b y c)

Después de reflexionar en estas enseñanzas del Vicario de Cristo deseamos responder a la siguiente interpelación:

Tercer Desafío: Ejercer el derecho y el deber que tenemos los laicos católicos de participar en el debate público en igualdad de condiciones y oportunidades.

Para concretarlo proponemos estas líneas de acción:

a)Promover:
-la defensa de la dignidad de la persona humana.
-el reconocimiento de todos los Derechos Humanos y la justicia social.
-la libertad de expresión y asociación.
-la capacidad de iniciativa y propuesta de los ciudadanos.
-la búsqueda, entre todos, del bien común.
b)Denunciando:
-cualquier manifestación de la corrupción del poder político y económico.
c)Cultivando:
-las actitudes de diálogo, reconciliación, valentía y profetismo.
d)A través de:
-medios pacíficos y graduales.
e)Para ello necesitamos:
-espacios de libertad y acceso a los medios de comunicación social.

Hemos encontrado también aspectos de nuestra realidad social y eclesial que favorecen estas líneas de acción:

-El pueblo lo necesita y lo ha expresado, especialmente durante la visita del Papa.
-Hay laicos disponibles y de alguna manera preparados para asumir este servicio.
-La existencia de algunos pequeños espacios de participación, debate y diálogo.
-El interés creciente de algunas instituciones oficiales, asociaciones legalizadas y personas con ciertas responsabilidades, por participar en el debate público del que no desean que sea excluida la Iglesia.

Otras realidades que entorpecen la realización de este compromiso:

-No existe aún un verdadero debate público.
-Hay miedo y desconfianza de muchas partes.
-No se favorecen la creación de espacios de participación y debate verdaderamente abiertos y libres.
-Se encuentran algunos funcionarios políticos que entorpecen y limitan las iniciativas de diálogo y cooperación con la Iglesia que se suscitan entre personas, asociaciones e instituciones oficiales.

SOBRE LA PARTICIPACIÓN DE LOS LAICOS EN LA SOCIEDAD

En su discurso en el Aula Magna de la Universidad de la Habana, el Sucesor de San Pedro nos dijo:
“El Padre Félix Varela… habló también de democracia, considerándola como el proyecto político más armónico con la naturaleza humana, resaltando a la vez las exigencias que de ellas se derivan. Entre estas exigencias destacaba dos: que haya personas educadas para la libertad y la responsabilidad, con un proyecto ético forjado en su interior, que asuman lo mejor de la herencia de la civilización y de los perennes valores trascendentes para ser así capaces de emprender tareas decisivas al servicio de la comunidad; y , en segundo lugar, que las relaciones humanas, así como el estilo de convivencia social, favorezcan los debidos espacios donde cada persona pueda, con el necesario respeto y solidaridad, desempeñar el papel histórico que le corresponde para dinamizar el Estado de Derecho, garantía esencial de toda convivencia humana que quiera considerarse democrática.”(No. 4 a).

En su homilía en la Plaza José Martí se refiere a las actitudes que debemos asumir los laicos ante los diferentes sistemas sociales:

“Los sistemas ideológicos y económicos que se han ido sucediendo en los dos últimos siglos, con frecuencia han potenciado el enfrentamiento como método, ya que contenían en sus programas los gérmenes de la oposición y de la desunión… Un Estado moderno no puede hacer del ateísmo o de la religión uno de sus ordenamientos políticos.
El Estado,… debe promover un sereno clima social y una legislación adecuada… para que la fe pueda expresarse en los ámbitos de la vida pública y contar con los medios y espacios suficientes para aportar a la vida nacional sus riquezas espirituales, morales y cívicas.
Por otro lado,… el neoliberalismo capitalista subordina a la persona humana y condiciona el desarrollo de los pueblos a las fuerzas ciegas del mercado…, imponiendo a las naciones programas económicos insostenibles” (No.4)

“La Iglesia…frente a estos sistemas presenta la cultura del amor y de la vida… para lo que hay que recorrer un camino de reconciliación y de acogida fraterna de todo prójimo… La Iglesia… propone al mundo una justicia nueva, la justicia del Reino de Dios…
En la búsqueda de la justicia del Reino no podemos detenernos ante dificultades e incomprensiones…
Este es el gran cambio que la sociedad necesita y espera y sólo podrá alcanzarse si primero se produce la conversión del corazón de cada uno, como condición para los necesarios cambios en las estructuras de las sociedad” (No.5)

En coherencia con esta y otras enseñazas ya mencionadas queremos responder a este:

Cuarto Desafío: Ofrecer propuestas compartidas de soluciones a los problemas sociales de nuestra Patria ejerciendo el criterio de forma constructiva y participando con eficacia y sencillez.

Para poner en práctica el compromiso que emana de este desafío hemos encontrado las siguientes propuestas de acción:

a)Buscando métodos participativos que abarquen la mayor parte de los sectores de la sociedad.
b)Incentivando la creatividad de los ciudadanos.
c)Abriendo espacios de participación en cada ambiente.
d)Utilizando los espacios ya abiertos para ampliar la participación.
e)Procurando una mayor cooperación con otras denominaciones cristianas e instituciones públicas, en aspectos de carácter social.
f)Estudiando y sobre todo aplicando ya la doctrina Social de la Iglesia a cada situación y ambiente concretos.
g)Aprendiendo a dialogar como actitud y como metodología para la participación.

Para llevar a cabo estos compromisos encontramos aspectos de nuestra realidad que favorecen:
-La toma de conciencia por parte de algunos de la necesidad de cambios estructurales en nuestro país.
-La existencia de un Monasterio Social de la Iglesia que ilumina y anima.
-La globalización o apertura del mundo por la que llegan nuevas ideas democráticas y participativas.

Otras realidades entorpecen este compromiso social:

-La carencia de espacios suficientes para la participación en la sociedad civil.
-Falta de acceso de los laicos a los Medios de Comunicación Social.
-La pérdida de valores y de una cultura participativa.
-La radicalidad de algunos proyectos en el extranjero con los que el Estado y otras instituciones intentan identificar los proyectos concretos que surgen aquí para descalificarlos.

SOBRE LA NECESIDAD DE UN PROYECTO DE VIDA PERSONAL

En varias ocasiones durante su visita el Santo Padre nos invitó, especialmente a los jóvenes pero no sólo a ellos, a tener un proyecto de vida asumido con la libertad interior y la audacia cristiana que se necesitan para que cada persona pueda hacerse cargo de las riendas de su propia vida. Esta es la exhortación del Papa:
“Acojan el llamado a ser virtuosos. Ello quiere decir que sean fuertes por dentro, grandes de alma, ricos en los mejores sentimientos, valientes en la verdad, audaces en la libertad, constantes en la responsabilidad, generosos en el amor, invencibles en la esperanza. La felicidad se alcanza desde el sacrificio. No busquen fuera lo que pueden encontrar dentro. No esperen de los otros lo que ustedes son capaces y están llamados a ser y hacer. No dejen para mañana el construir una sociedad nueva, donde los sueños más nobles no se frustren y donde ustedes puedan ser los protagonistas de su historia.
Recuerden que la persona humana y el respeto por la misma son el camino de un mundo nuevo. El mundo y el hombre se asfixian si no se abren a Jesucristo. Ábranle el corazón y emprendan así una vida nueva, que sea conforme a Dios y responda a las legítimas aspiraciones que Ustedes tienen de verdad, de bondad y de belleza… este es todo un programa de vida personal y social fundado en la caridad, la humildad y el sacrificio, teniendo como razón última servir al Señor”. (Homilía en Camagüey. No 4b, c y d)

Luego de reflexionar sobre estas propuestas queremos responder al siguiente reto:

Quinto Desafío: Asumir un proyecto de vida de modo que podamos ser virtuosos y lleguemos a ser protagonistas de nuestra historia personal y social.

Para hacer de este reto un compromiso asumimos estas propuestas de acción:

a)Logrando que las acciones de los laicos, sus obras y resultados, tengan la convocatoria necesaria por la disposición a la donación personal, al sacrificio con sentido, a la entrega por amor a los demás, que es la más hermosa de las formas de alcanzar la felicidad aquí y ahora.
b)Promoviendo la toma de conciencia de la necesidad de una educación que tenga como base las raíces cubanas y cristianas, dando prioridad a la dignidad de la persona humana sobre todas las demás realidades sociales y poniendo los medios necesarios para contribuir a esta educación.
c)Continuando los programas de formación moral y cívica que iluminen y contribuyan a transformar la realidad actual.

Hay tres realidades que favorecen la realización de estos compromisos:

-La visita del Papa, con su magisterio, actitudes, gestos y proyección.
-La existencia en nuestra diócesis del Centro de Formación Cívica y Religiosa.
-La constitución de este Consejo Diocesano de Laicos.

Hay algo que entorpece la respuesta adecuada a este desafío:

Nuestra poca autoestima, nuestra falta de voluntad y nuestra indiferencia. Nuestros miedos y autocensuras. Nuestros acomodamientos. El pensar que todo lo de afuera es mejor.

SOBRE LA VIDA FAMILIAR

El Papa también dedicó una de sus jornadas, y su primera Eucaristía en Cuba al tema de la familia, que es inseparable de la vocación laical:
“El matrimonio, con su carácter de unión exclusiva y permanente, es sagrado porque tiene su origen en Dios… Si la persona humana es el centro de toda institución social, entonces la familia, primer ámbito de socialización, debe ser una comunidad de personas libres y responsable, que lleven adelante el matrimonio como un proyecto de amor; siempre perfeccionable, que aporta vitalidad y dinamismo a la sociedad civil.
En la vida matrimonial el servicio a la vida no se agota en la concepción, sino que se prolonga en la educación de las nuevas generaciones. Los padres, al haber dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole y, por consiguiente, deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de los hijos… Es verdad que en el ámbito de la educación a la autoridad pública le competen derechos y deberes, ya que en el ámbito de la educación a la autoridad pública le competen derechos y deberes, ya que tienen que servir al bien común; sin embargo, esto no le da derecho a sustituir a los padres. Por tanto, los padres, sin esperar que otros les reemplacen en lo que es su responsabilidad… No esperen que todo les venga dado. Asuman su misión educativa, buscando y creando los espacios y medios adecuados en la sociedad civil.”(Homilía en Santa Clara. No 5b y 6ª)

Nuestra reflexión en este sentido quiere responder a este desafío:

Sexto Desafío: Formar a los esposos en la importancia de la estabilidad familiar, la indisolubilidad del matrimonio y la defensa de la vida y para que asuman corresponsablemente la misión educativa a la que tienen derecho y deber prioritario.

Este reto pudiera concretarse en las siguientes propuestas de acción:

a)Brindando preparación prematrimonial con programas específicos de formación humana y cristiana.
b)Acompañado a las familias, sean creyentes o no, en sus logros y dificultades.
c)Ayudando a los padres para que asuman su responsabilidad primera y principal en la educación de sus hijos.
d)Educando a sus padres para que puedan ejercer el derecho a escoger “el estilo pedagógico, los contenidos éticos y cívicos y la inspiración religiosa en los que desean formar integralmente” a sus hijos.
e)Asumiendo la necesidad social de crear comunidades educativas donde tome parte la familia, la escuela, la Iglesia y la sociedad civil.

Hemos encontrado algunas realidades que favorecen este proceso:

– Preocupación de padres, educadores e instituciones por la situación de deterioro de la educación existente, fundamentalmente en lo que se refiere a cívica y ética.
– Cierta forma de conciencia de la necesidad de cambios profundos en la educación en Cuba.

Encontramos también algunas realidades que entorpecen el proceso educativo:

-Desintegración familiar voluntaria o forzosa.
-Falta de libertad para abrir nuevos espacios para la educación.
-Reduccionismo del mensaje evangélico solamente a lo doctrinal o pietista que hacemos algunos laicos, pastores y autoridades civiles, despojándolo de su carácter vivencial, familiar y social.
-Poco desarrollo de un verdadero voluntario social.

SOBRE LA ESPIRITIALIDAD DE LOS LAICOS

Todos estos desafíos y compromisos no tendrían sentido permanente, ni motivación profunda, sin una vida interior, sin una mística, que los inspire, los impulse, los consagre, los ofrezca a Dios, siguiendo el estilo de vida de Cristo. A esto le llamamos espiritualidad cristiana.

El Papa ha hablado de esta espiritualidad a los jóvenes cubanos. En ese mensaje programático que todos debemos estudiar y poner en práctica el Vicario de Cristo nos dice:
“Guiados por el Espíritu, combatan con la fuerza de Cristo resucitado para no caer en la tentación de las diversas formas de fuga del mundo y de la sociedad; para no sucumbir ante la ausencia de ilusión, que conduce a la autodestrucción de la propia personalidad mediante el alcoholismo, la droga, los abusos sexuales y la prostitución, la búsqueda continua de nuevas sensaciones y el refugio en sectas, cultos espiritualistas alienantes o grupos extraños a la cultura y a la tradición de su patria.
La virtud es la fuerza interior que impulsa a sacrificarse por amor al bien y que permite a la persona no solo realizar actos buenos, sino también dar lo mejor de sí mismo… por eso, y porque el futuro de Cuba depende de ustedes, de cómo formen su carácter, de cómo vivan su voluntad de compromiso en la transformación de la realidad, les digo: ¡Afronten con fortaleza y templanza, con justicia y prudencia, los grandes desafíos del momento presente; vuelvan a las raíces cubanas y cristiana, y hagan cuanto esté en sus manos para construir un futuro cada vez más digno y más libre!. No olviden que la responsabilidad forma parte de la libertad. Más aún la persona se define, principalmente por su responsabilidad ante la historia,”(Mensaje a los jóvenes. No 3a y 4)

Reflexionando durante la primera sesión de nuestro Consejo de laicos hemos querido escuchar la presente exhortación apremiante:

Séptimo desafío: Fomentar la vivencia de los valores del Evangelio de Cristo como fuerza interior que nos impulse al sacrificio y al compromiso personal, familiar y social, para no caer en la tentación de la fuga del mundo y de nuestra patria específicamente, de modo que podamos construir en ella, con todos, un futuro cada vez más libre y más digno.

Para responder a este reto hemos asumido las siguientes propuestas de acción:

a)Fortaleciendo la virtud en el laico cubano a través de una sistemática formación cívica y ética que lo prepare para desempeñar la misión que le corresponde en la transformación de nuestra realidad.
b)Asumiendo los compromisos concretos en la animación de los distintos ambientes dando testimonio de valor, tolerancia y capacidad de diálogo.
c)Cultivando una espiritualidad del arraigo y la pertenencia a nuestra tierra y nación, destacando los valores más genuinos de nuestra identidad cubana de matriz cristiana.
d)Haciendo propuestas legítimas de proyectos alternativos para que tanto los cristianos, como cualquier otra persona de buena voluntad, no lleguemos a ceder ante las tentaciones de evasión del mundo y del compromiso personal y social aquí en Cuba.
e)Descubriendo el valor de sacrificio que da la verdadera felicidad.
f)Fortaleciendo la dimensión espiritual del laico en la escucha de la Palabra de Dios.
También hemos encontrado aspectos que favorecen y que entorpecen estas líneas de acción. Entre los que las favorecen:

-La capacidad de recuperación de los cubanos.
-La transformación que está viviendo la Iglesia en Cuba.
-El ambiente creado por la visita del Papa a Cuba y las resonancias de su magisterio.
-El sustrato cristiano de referencia católico de nuestro pueblo.
-La responsabilidad y toma de conciencia del protagonismo de la Iglesia ante esta situación histórica.
-El nivel de instrucción de nuestro pueblo facilitará la recuperación.

Hay otras realidades que entorpecen, a saber:

-El miedo persistente.
-La Iglesia no asume completamente todavía la autonomía del laicado y su protagonismo en la animación de los ambientes sociales, culturales, políticos y económicos.
-La carencia de espacios y medios de participación y comunicación.
-La situación material y moral que estimula a la emigración y al exilio.
-La falta de experiencia de una espiritualidad vivida y sólida y su confusión con actividades de piedad y culto.
-La refracción que todos hacemos a veces al cambio de vida personal social o político.
-La falta de protagonismo de buena parte del pueblo cubano.

SOBRE EL LLAMADO DEL SANTO PADRE A LOS PINAREÑOS

Por último queremos compartir con ustedes nuestra acción de gracias a Dios, y a cuantos hicieron posible ese gesto de inmensa cercanía pastoral y cariño pontificio para nuestra pequeña Diócesis y para todo el pueblo de Pinar del Río. Se trata del sobrevuelo del avión papal que conducía al Vicario de Cristo a nuestra Patria y que desviándose de su ruta, vino hasta nuestro cielo para darnos la primera bendición apostólica y dejarnos este mensaje:
“Al sobrevolar el territorio de esa amada Diócesis de Pinar del Río, antes de llegar a la Habana para iniciar mi viaje apostólico a Cuba, me complace dirigir un cordial saludo a los hijos e hijas de esa región occidental de la Nación, cuyos atractivos naturales evocan aquella otra riqueza que son los valores espirituales que les han distinguido y que están llamados a conservar y a transmitir a las generaciones futuras para el bien y el progreso de la Patria.”

Los laicos representados en este Consejo Diocesano queremos responder a esta deferencia del Papa asumiendo este:

Octavo Desafío: Conservar y transmitir los valores históricos, culturales y cristianos que son patrimonio del pueblo pinareño.

Para responder a esta invitación pontificia, asumimos las siguientes propuestas de acción:

a)Promoviendo el rescate de tradiciones, costumbres, cantos, bailes, poesías, amor a la Virgen y a la Iglesia de los sectores campesinos y más populares.
b)Insistiendo y propagando la formación ética, cívica y religiosa de los miembros de nuestras comunidades, de los agentes de pastoral y de todos los hombres de buena voluntad.
c)Motivar a las familias pinareñas para que asuman su misión en la transmisión de estos valores y se conviertan en el primer espacio de personalización y socialización. Es decir en los primeros educadores para la libertad y la responsabilidad.

Favorecen estas líneas de acción las siguientes realidades:

-Queda un sustrato o patrimonio de valores humanos, espirituales, que constituyen una reserva moral sobre la que hay que reconstruir.
-Cierta experiencia que ya existe en un proyecto de educación cívica y religiosa.
-La experiencia que tiene la Iglesia de Pinar de Río en relación con la evangelización del mundo de la cultura.
-La esperanza en la Iglesia que encontramos en gran parte del pueblo pinareño.

Entorpecen la realización de estos compromisos:

-La falta de credibilidad en los proyectos existentes.
-La falta de pluralismo que asuma la diversidad como una riqueza y no como división.
-Deficiente educación ética y cívica en nuestro pueblo.
-El ateísmo impuesto.
-La falta de un proyecto educativo a nivel oficial que tenga a las persona como centro y fin del sistema, y que involucre a la escuela, la familia y la Iglesia en el proceso educacional.

Hasta aquí el futuro de nuestra reflexión en esta Primera Sesión del Consejo Diocesano de Laicos de Pinar del Río.

Sabemos que “el Espíritu Santo sopla donde quiere, y quiere soplar en Cuba”. Invocamos al Padre de las Luces para que estas propuestas de acción apostólica que han surgido de nuestra respuesta a los desafíos pastorales que brotan de las enseñanzas del Santo Padre en Cuba, puedan encontrar en sus destinatarios, esa tierra buena en que la semilla de la Palabra de Dios pueda germinar en fruto de virtud, vida en el Espíritu y progreso material para todos los hijos de la Nación cubana.

Dado en Pinar del Río, a los 20 días del mes de junio de 1998.
CONSEJO DIOCESANO DE LAICOS.

 

 


 

Categorías:Laicos

Pidiendo a Dios por la paz en el mundo

Pidiendo a Dios por la paz en el mundo PDF Imprimir E-mail
Martes, 28 de Enero de 2014 08:49http://www.accioncatolicageneral.es/index.php?option=com_content&view=article&id=791%3Apidiendo-a-dios-por-la-paz-en-el-mundo&catid=1%3Anoticias&Itemid=19

 

En el Ángelus del pasado domingo 26 de enero el Papa Francisco, acompañado por dos niños de la Acción Católica Italiana de Roma, realizó un gesto simbólico a favor de la paz en el mundo mediante la suelta de dos palomas blancas. El Papa Francisco les invitó incluso a saludar a las personas congregadas en la Plaza de San Pedro y a dirigirles unas palabras. De esta forma contaron que traían un mensaje de paz al Papa “para que así pueda llegar a todo el mundo”, para recordar que “cada niño tiene el derecho a jugar y a divertirse en un contexto hecho a su medida”, y que eso no sucede en muchos países del mundo a consecuencia de la guerra.Este gesto forma del acto final de la “Caravana de la Paz”, organizada por los niños de la Acción Católica Italiana.

Estas fueron las palabras del Papa Francisco durante el Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El Evangelio de este domingo narra los inicios de la vida pública de Jesús en las ciudades y aldeas de Galilea. Su misión no parte de Jerusalén, es decir del centro religioso, social y político, sino de una zona periférica, despreciada por los judíos más observantes, con motivo de la presencia en aquella región de diversas poblaciones; por ello el profeta Isaías la indica como “Galilea de los gentiles” (Is 8, 23).

Es una tierra de frontera, una zona de tránsito donde se encuentran personas diferentes por raza, cultura y religión. Galilea se convierte así en el lugar simbólico para la apertura del Evangelio a todos los pueblos. Desde este punto de vista, Galilea se parece al mundo de hoy: comprendida por diversas culturas, necesidad de confrontación y de encuentro. También nosotros estamos inmersos cada día en una “Galilea de los gentiles”, y en este tipo de contexto podemos asustarnos y ceder a la tentación de construir recintos para estar más seguros, más protegidos. Pero Jesús nos enseña que la Buena Noticia no está reservada a una parte de la humanidad, hay que comunicarla a todos. Es un buen anuncio destinado a cuantos lo esperan, pero también a quienes, tal vez, ya no esperan, y ni siquiera tienen la fuerza de buscar y de pedir.

Partiendo de Galilea, Jesús nos enseña que nadie está excluido de la salvación de Dios, más bien, que Dios prefiere partir desde la periferia, de los últimos, para alcanzar a todos. Nos enseña un método, su método, que expresa el contenido, es decir la misericordia del Padre. “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (Exhortación ApostólicaEvangelii Gaudium, 20).

Jesús comienza su misión no sólo desde un lugar descentrado, sino también a partir de hombres que se dirían “de bajo perfil”. Para elegir a sus primeros discípulos y futuros apóstoles, no se dirige a las escuelas de los escribas y doctores de la Ley, sino a las personas humildes y sencillas, que se preparan con empeño a la llegada del Reino de Dios. Jesús va a llamarlos allí donde trabajan, en la ribera del lago: son pescadores. Los llama, y ellos lo siguen inmediatamente. Dejan las redes y van con Él: su vida se convertirá en una aventura extraordinaria y fascinante.

Queridos amigos y amigas, ¡el Señor llama también hoy! Pasa por los caminos de nuestra vida cotidiana; también hoy, en este momento, aquí, el Señor, pasa por la plaza. Nos llama a ir con Él, a trabajar con Él por el Reino de Dios, en las “Galileas” de nuestros tiempos. Cada uno de ustedes piense: el Señor pasa hoy, el Señor me mira, ¡me está mirando! ¿Qué me dice el Señor?
Y si alguno de ustedes oye que el Señor le dice: “sígueme”, sea valiente, vaya con Él; Él no decepciona jamás. ¡Dejemos alcanzarnos por su mirada, por su voz, y sigámoslo! “Para que la alegría del Evangelio llegue hasta a los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz”.

Que la alegría del Evangelio llegue hasta a los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz

Con unos niños en su balcón, Francisco suelta dos palomas pidiendo a Dios la paz para el mundo

http://religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=33566

Con unos niños en su balcón, Francisco suelta dos palomas pidiendo a Dios la paz para el mundo

 

Un niño y una niña de Acción Católica con el Papa tras el Angelus.

 

 

«Sin fraternidad es imposible una sociedad justa», dice Francisco en el mensaje del Día de la Paz

En vídeo, el Papa pide, contra el hambre «un rugido capaz de sacudir al mundo»: gran campaña mundial

«La paz franciscana no es sentimiento almibarado ni armonía panteísta», previene el Papa en Asís

Francisco explicó el difícil pasaje de que Jesús no vino a traer paz: «La fe no es algo decorativo»

En el Ángelus de este domingo 26 de enero por primera vez el Papa Francisco realizó, acompañado de dos niños, el gesto de soltar unas palomas simbolizando la paz en la Plaza de San Pedro.

Se trata de dos miembros de la Acción Católica infantil de la diócesis de Roma, a quienes el Santo Padre invitó además a soltar sendas palomas de la paz, a saludar a la multitud congregada en la Plaza de San Pedro, e incluso a dirigirle unas palabras.

Fue la joven quien lo hizo, para explicar que traían un mensaje de paz al Papa “para que así pueda llegar a todo el mundo”, un mensaje de paz recordando que “cada niño tiene el derecho a jugar y a divertirse en un contexto hecho a su medida”, y que eso no sucede en muchos países del mundo a consecuencia de la guerra.

Finalmente agradecieron al Papa por su “alegría”: “¡Gracias, Papa, te abrazamos!”, concluyó su intervención. A lo que Francisco respondió con sendas palmadas en la cabeza.

En años anteriores, tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI habían realizado esta misma ceremonia, siempre flanqueados por un niño y una niña.

La crueldad mafiosa

Previamente, el Papa había tenido unas palabras de recuerdo para el niño Cocó Campolongo, de tres años, asesinado el pasado domingo junto con sus padres por la mafia calabresa. El pequeño fue tiroteado y abrasado dentro del coche ardiendo en una vendetta que ha conmovido Italia.

El hecho “no tiene precedentes en la historia de la criminalidad”, protestó Francisco: “Recemos a Cocó, que seguro que está en el cielo, por las personas que han cometido este delito, para que se arrepientan y se conviertan al Señor”, pidió, sumiéndose en un silencio orante que siguió toda la Plaza.

Reina católica

Asimismo, recordó que el sábado fue beatificada en Nápoles la reina consorte de las Dos Sicilias María Cristina de Saboya. Resaltó “su profunda espiritualidad y su gran humildad” y compromiso con el sufrimiento del pueblo, hasta convertirse en una auténtica “madre de los pobres”.

La elección de Dios

Antes de eso, al comentar el Evangelio del día, el Papa recordó que Dios llama a todos a la salvación todos los días: “Si alguno de los que están hoy en esta plaza siente hoy mismo que Dios le dice ´Sígueme´, que sea valiente y le siga. ¡Él no decepciona nunca!”, proclamó.

El Papa Francisco reflexionó sobre el Evangelio dominical que narra el inicio de la vida pública de Jesús en las ciudades y aldeas de Galilea, cuya misión parte de una zona periférica, despreciada por los judíos más observantes, por lo que el profeta Isaías la indica como “Galilea de los gentiles”.

Por esta razón afirmó que “también nosotros estamos inmersos cada día en una ‘Galilea de los gentiles’, y en este tipo de contexto podemos asustarnos y ceder a la tentación de construir cercos para estar más seguros, más protegidos. Pero Jesús –afirmó el Papa Bergoglio– “nos enseña que la Buena Noticia no está reservada a una parte de la humanidad, sino que hay que comunicarla a todos. Es un buen anuncio destinado a cuantos lo esperan, pero también a quienes, tal vez, no esperan más, y no tienen ni siquiera la fuerza de buscar y de pedir”.¿Te ha gustado esta historia? Ayúdanos a que llegue a muchas más personas y a que podamos seguir publicando más. Pincha aquí y haz ahora tu donación.

Que la alegría del Evangelio llegue hasta a los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz: el Papa a la hora del Ángelus dominical

2014-01-26 Radio Vaticana

(RV).- (Con audio y video) Ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos de numerosos países la Plaza de San Pedro volvió a vestirse de fiesta. En esta ocasión también estuvieron presentes los muchachos de la Acción Católica de la diócesis de Roma, que participaron en la iniciativa llamada “Caravana de la Paz”, junto al Cardenal Vicario del Papa, Agostino Vallini y procedieron, desde el estudio del Santo Padre a la liberar algunas palomas, símbolo de la paz.
El Papa Francisco reflexionó sobre el Evangelio dominical que narra el inicio de la vida pública de Jesús en las ciudades y aldeas de Galilea, cuya misión parte de una zona periférica, despreciada por los judíos más observantes, por lo que el profeta Isaías la indica como “Galilea de los gentiles”.
Se trata de una tierra de frontera – explicó el Santo Padre – una zona de tránsito donde se encuentran personas de diferentes razas, culturas y religiones. Galilea se convierte así en el lugar simbólico para la apertura del Evangelio a todos los pueblos. Desde este punto de vista – prosiguió – Galilea se parece al mundo de hoy en el que coexisten diversas culturas, necesidad de comparación y de encuentro. Por esta razón afirmó que “también nosotros estamos inmersos cada día en una ‘Galilea de los gentiles’, y en este tipo de contexto podemos asustarnos y ceder a la tentación de construir cercos para estar más seguros, más protegidos. Pero Jesús – afirmó el Papa Bergoglio – nos enseña que la Buena Noticia no está reservada a una parte de la humanidad, sino que hay que comunicarla a todos. Es un buen anuncio destinado a cuantos lo esperan, pero también a quienes, tal vez, no esperan más, y no tienen ni siquiera la fuerza de buscar y de pedir.
Después de rezar a la Madre de Dios, el Papa recordó la celebración de la Jornada Mundial de los enfermos de lepra. Enfermedad que, aun estando en regresión, afecta aún, lamentablemente, a muchas personas que viven en condiciones de grave miseria. Por eso afirmó que es importante mantener viva la solidaridad con estos hermanos y hermanas, a quienes el Pontífice les aseguró su cercanía en la oración, junto a todos los que los asisten y se empeñan para eliminar esta enfermedad.
El Santo Padre también manifestó su cercanía en la oración a Ucrania, en particular a cuantos han perdido la vida en estos días y a sus familias. Y manifestó su deseo de que se desarrolle un diálogo constructivo entre las instituciones y la sociedad civil para que, evitando todo recurso a acciones violentas, prevalezcan en el corazón de cada uno el espíritu de paz y la búsqueda del bien común.
De la misma manera el Obispo de Roma recordó que en los próximos días millones de personas que viven en Extremo Oriente o esparcidas en varias partes del mundo, entre los cuales chinos, coreanos y vietnamitas, celebran el Año nuevo lunar. De ahí que les deseara a todos ellos una existencia colmada de alegría y de esperanza. “Que el anhelo irrefrenable a la fraternidad – dijo – que albergan en su corazón, encuentre en la intimidad de la familia el lugar privilegiado donde pueda ser descubierto, educado y realizado. Esta será una preciosa contribución a la construcción de un mundo más humano, en el que reina la paz.
El Papa Francisco recordó además que el sábado en Nápoles fue proclamada Beata María Cristina de Savoya, quien vivió a mediados del siglo XIX, Reina de las dos Sicilias. De esta mujer de profunda espiritualidad y de gran humildad que supo hacerse cargo de los sufrimientos de su pueblo, convirtiéndose en verdadera madre de los pobres, el Pontífice afirmó que “su extraordinario ejemplo de caridad testimonia que la vida buena del Evangelio es posible en todo ambiente y condición social”.
Entre los saludos del Obispo de Roma a los diversos grupos de fieles y peregrinos de Italia y de otros países, destacamos los dirigidos a los estudiantes de Cuenca, en España, y a las muchachas de Panamá.
El Papa también expresó su cercanía a las poblaciones inundadas por el aluvión en la región italiana de Emilia.
Y, por último, antes de desear feliz domingo y buen almuerzo, se dirigió a los muchachos y muchachas de la Acción Católica de la Diócesis de Roma, quines también este año, acompañados por el Cardenal Vicario, acudieron a la Plaza de San Pedro en gran número al término de su “Caravana de la Paz”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).
Texto completo de la alocución del Papa Francisco antes del rezo del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El Evangelio de este domingo narra los inicios de la vida pública de Jesús en las ciudades y aldeas de Galilea. Su misión no parte de Jerusalén, es decir del centro religioso, social y político, sino de una zona periférica, despreciada por los judíos más observantes, con motivo de la presencia en aquella región de diversas poblaciones; por ello el profeta Isaías la indica como “Galilea de los gentiles” (Is 8, 23).
Es una tierra de frontera, una zona de tránsito donde se encuentran personas diferentes por raza, cultura y religión. Galilea se convierte así en el lugar simbólico para la apertura del Evangelio a todos los pueblos. Desde este punto de vista, Galilea se parece al mundo de hoy: comprendida por diversas culturas, necesidad de confrontación y de encuentro. También nosotros estamos inmersos cada día en una “Galilea de los gentiles”, y en este tipo de contexto podemos asustarnos y ceder a la tentación de construir recintos para estar más seguros, más protegidos. Pero Jesús nos enseña que la Buena Noticia no está reservada a una parte de la humanidad, hay que comunicarla a todos. Es un buen anuncio destinado a cuantos lo esperan, pero también a quienes, tal vez, ya no esperan, y ni siquiera tienen la fuerza de buscar y de pedir.
Partiendo de Galilea, Jesús nos enseña que nadie está excluido de la salvación de Dios, más bien, que Dios prefiere partir desde la periferia, de los últimos, para alcanzar a todos. Nos enseña un método, su método, que expresa el contenido, es decir la misericordia del Padre. “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 20).
Jesús comienza su misión no sólo desde un lugar descentrado, sino también a partir de hombres que se dirían “de bajo perfil”. Para elegir a sus primeros discípulos y futuros apóstoles, no se dirige a las escuelas de los escribas y doctores de la Ley, sino a las personas humildes y sencillas, que se preparan con empeño a la llegada del Reino de Dios. Jesús va a llamarlos allí donde trabajan, en la ribera del lago: son pescadores. Los llama, y ellos lo siguen inmediatamente. Dejan las redes y van con Él: su vida se convertirá en una aventura extraordinaria y fascinante.
Queridos amigos y amigas, ¡el Señor llama también hoy! Pasa por los caminos de nuestra vida cotidiana; también hoy, en este momento, aquí, el Señor, pasa por la plaza. Nos llama a ir con Él, a trabajar con Él por el Reino de Dios, en las “Galileas” de nuestros tiempos. Cada uno de ustedes piense: el Señor pasa hoy, el Señor me mira, ¡me está mirando! ¿Qué me dice el Señor?
Y si alguno de ustedes oye que el Señor le dice: “sígueme”, sea valiente, vaya con Él; Él no decepciona jamás. ¡Dejemos alcanzarnos por su mirada, por su voz, y sigámoslo! “Para que la alegría del Evangelio llegue hasta a los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz” (Ibíd., 288)
(Traducción de Griselda Mutual – RV).

FIN Y OBRA DE LA IGLESIA

FIN Y OBRA DE LA IGLESIA

Pbro. Esteban Medina, asistente de la junta nacional de la ACM

Encuentro Nacional de ACM 1999.

 

El final del milenio que vivimos despierta en nosotros una sensación extraña. Sentimos que a nivel de humanidad algo muere y algo nace. Pensamos necesariamente en la caducidad del tiempo y de nuestro mundo. La inminente llegada del tercer milenio nos ha puesto a todos en una actitud de reflexión y de aJena ante el futuro de la humanidad. Más allá de la celebración, universalmente programada, se impone un balance sincero del pasado y un proyecto esperanzador rumbo al futuro.

Como Acción Católica Mexicana no podíamos dejar pasar este último año del milenio que se va, sin que nos encontráramos juntos con el Señor de la historia, para agradecer sus dones, para reconocer nuestra pobre respuesta a su llamado y a sus gracias, y para expresarle nuestras preocupaciones y esperanzas.

NUESTRA IGLESIA

Miembros conscientes de la Iglesia que Cristo fundara hace ya dos mil años, portadores de un mensaje de amor y comprometidos en una misión evangelizadora mediante la palabra, la acción y el testimonio, no podemos menos de hacer, aunque sea breve, un examen de conciencia en cuanto Iglesia. La historia nos muestra cómo aquella comunidad primitiva que vivieron los primeros discípulos de Cristo en caridad fraterna, y que logró hacer creíbles las primeras predicaciones de los apóstoles, se vio rebasada por factores ajenos a la enseñanza de Jesús. El gran mandato del amor y la unidad fue cayendo en el olvido, para dar paso a otras preocupaciones relacionadas con la vida interna de la Iglesia. Se crearon divisiones no sólo por defender la integridad de la doctrina de Cristo, sino también por el egoísmo y la influencia del propio mundo que se trataba de transformar con la Buena Nueva.

Tal vez, la fractura interna de mayor gravedad fue la exagerada división que se creó entre obispos y sacerdotes por una parte y “simples fieles” por la otra. En lugar de aquella comunidad evangelizadora del mundo. se estableció – una práctica pastoral que dividió a la Iglesia entre los que predicaban y los que debían escuchar, entre los que decían la misa y los que la oían, entre los que mandaban y los que debían obedecer, entre los que todo lo sabían y 105 que todo lo debían consultar y aceptar. Y si el nuevo mandamiento de Jesús fue explícito: “Ámense los unos a los otros” (Jn. 13, 34), “permanezcan unidos a mí” (Jn. 15, 4), la indiferencia y la división son pecados de escándalo.

El Concilio Ecuménico II, en la segunda mitad del presente siglo vino a despertarnos de un letargo y con su luz nos hizo descubrir no pocos vicios que se habían convertido en ley. Nos vino a reabrir los ojos para recordarnos que antes que la diversidad de funciones y ministerios, está la igualdad y la corresponsabilidad de todos los cristianos, como hijos de Dios y hermanos en Jesucristo por el bautismo; que más importante que guardar una disciplina es la ley del amor fraterno; que más allá de toda exigencia propia de las instituciones humanas, está el ideal de formar un solo cuerpo: el de Cristo, y un solo pueblo: el Pueblo de Dios.

Para quienes recordamos la vida en la Iglesia antes del Concilio, el cambio que hoy vivimos nos parece extraordinario. Sin embargo, es necesario afirmar que mucho de lo establecido solemnemente por el Concilio ha permanecido frío, en la letra de sus constituciones y sus decretos, o simplemente se ha repetido y tal vez analizado en otros documentos pontificios y episcopales, pero no se ha traducido todavía en vida y práctica pastoral. El grado de aplicación de la doctrina y normas conciliares es muy diverso según las circunstancias y las personas de cada iglesia particular. Las percepciones de cada cristiano también son diferentes según la propia experiencia: habrá quienes minimicen los avances y habrá quienes admiren con satisfacción las metas alcanzadas.

El Concilio también nos trajo a muchos cristianos una conciencia refrescante de pertenencia a la Iglesia de Cristo. Surgieron nuevas comunidades con nombres de organizaciones y movimientos dentro de la Iglesia, creamos nuevos caminos para seguir a Jesús y los diversos caminos nos separaron; pretendimos ser sarmientos del único tronco pero desconocimos a los demás sarmientos; reprodujimos aquellas divisiones de los seguidores de Pablo y los de Apolo.

Y todavía más, dentro de nuestra pequeña comunidad (la Acción Católica Mexicana) nos dividimos según edad y sexo para dividir nuestro trabajo y ser humanamente más efectivos, inventamos diferentes siglas y banderas, y el trabajo y las siglas y las banderas, acabaron destrozando nuestra unidad.

Por eso nos urge hacer vida una eclesiología de comunión, evangélica e integral, hondamente arraigada en la comunión trinitaria, hecha vida en la comunión con Cristo y expresada en el insustituible amor fraterno, particularmente entre todos los miembros del Pueblo de Dios; comunión que nos haga olvidar diferencias y divisiones, protagonismos y revanchas. “La eclesiología de comunión (afirma en 1985 el II Sínodo extraordinario de los Obispos) es una idea central y fundamental en los documentos del Concilio.

La historia también nos ha enseñado que la Iglesia – y esto vale igualmente para nuestra Acción Católica Mexicana – cuando más se ha ocupado en cumplir su propio fin, la misión que Cristo le confió: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio”, más ha logrado vivir la comunión; y cuando más se ha preocupado por sus problemas internos, más se han ahondado las divisiones entre hermanos.

NUESTRO MUNDO

El mundo que vivimos al final de este milenio se caracteriza particularmente por haber entrado a una etapa de cambios superacelerados y de globalización. En los últimos años hemos sido testigos de cambios que antes requerían siglos. Los avances de la tecnología cibernética hacen envejecer en un año todo logro alcanzado. En los campos de la genética, de la medicina, de la comunicación social; en la producción y distribución de nuevos productos, etc. los cambios se aceleran cada día más y arrastran consigo a nuestras instituciones y estructuras familiares, educativas, económicas, sociales, culturales, políticas y religiosas. La fuerza avasalladora y el influjo moral y social de los modernos medios de información y comunicación, trascienden todas las fronteras y se vuelven difíciles de evaluar, y más difíciles aún de controlar, por una autoridad hasta hoy inexistente en esos niveles.

Por otra parte, el milenio que agoniza muestra un rostro por varios conceptos deprimente: se ha perdido el respeto a la vida humana, la criminalidad, la violencia y el terrorismo han invadido nuestra vida social, el materialismo y el secularismo han desterrado los valores evangélicos que subyacían en nuestras culturas, la indiferencia y la anarquía se apodera y destruye nuestras más caras instituciones.

Al ponderar estos y otros muchos retos que se agigantarán en el nuevo milenio, los cristianos de hoy no podemos menos que experimentar un sentimiento de incapacidad y de impotencia – como tal vez lo sintieron los primeros cristianos- ante la misión de evangelizar que el Señor Jesús nos encomienda, es decir, “de llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar la misma humanidad” (Evangelii Nuntíandi N. 18).

NUESTRO FUTURO

Cuando a S.S. Juan Pablo II le preguntaron qué sentía al constatar la minoría de los católicos ante la realidad que se avecina con el tercer milenio, el Papa contestó que los valores de la religión no pueden medirse con números y estadísticas, y recordó las palabras de Cristo: “No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre se ha complacido en daros su reino” (Lucas 12, 32).

No cabe duda que cuando esto responde, Juan Pablo II tiene en su mente una Iglesia revitalizada por su Espíritu, fuertemente alimentada por su Palabra y estrechamente unida por el amor.

Nuestros obispos describen esa Iglesia como “fiel al proyecto de Dios y fiel a la vocación y dignidad del hombre”; “que viva el misterio de la comunión con Dios, con los hermanos y con la naturaleza”; “en diálogo permanente con el hombre de nuestro tiempo… y que en todo momento, con respeto y firmeza le anuncie los valores esenciales del Evangelio”; “en la que, en una actitud de corresponsabilidad solidaria, la jerarquía, los consagrados y los seglares encuentren espacios de acción apostólica”; “en constante proceso de conversión”; “que sea siempre la Iglesia de Cristo”; “que ilumine con la Palabra del Señor las realidades terrenas y acompañe a sus miembros en sus quehaceres temporales, para que sean “luz del mundo y sal de la tierra”; “una Iglesia que opte preferentemente por el más pequeño y débil; que reconozca, promueva y defienda su dignidad de persona y de hijo de Dios y sus derechos fundamentales e inalienables”; en una palabra: “una Iglesia fiel al mandato de Cristo”. (Plan de Trabajo 1988-1991)

Podríamos concluir resumiendo los puntos de nuestra reflexión eclesial en la coyuntura del cambio de milenio: primero, sin miedo al mundo que se nos echa encima, involucramos en su transformación, desde dentro, con la fuerza del Evangelio; segundo, participar sin prejuicios, activa y solidariamente, en la revitalización de una Iglesia de comunión integral, inyectando en nuestra propia sangre las palabras suplicantes de Jesús: “Sean uno, para que el mundo crea”

 

Categorías:Iglesia

La pastoral

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Tema: La Pastoral

1. Concepto “Pastoral”

a. Pastoral en la terminología bíblica

En los últimos dos siglos ha habido una evolución  de la idea de pastoral ha sido el estudio bíblico del concepto pastoral.

La idea y la realidad del pastoreo están profundamente arraigadas en la cultura de Israel. Su origen nómada, su alusión continua a la época peregrinante y los avatares de una historia en la que la movilidad de sus gentes caracterizó su propio ser hicieron que la figura del pastor en su doble vertiente de jefe y compañero adquiriera importancia como referencia religiosa en su comprensión de Dios y en su misma comprensión de pueblo de Dios, y aquellos que actúan en su nombre reciben el nombre de pastotes, mientras que el pueblo se caracteriza por ser el rebaño que sigue sus pasos por la senda de la alianza.

En el Antiguo Testamento tres son las características que aparecen en esa doble referencia:

–          Más que definición de Dios, el nombre de pastor sirve para ilustrar la historia de Israel desde el amor que Dios le ha tenido. Ellos se sientes rebaño que es cuidado, acompañado, rescatado. No solo viendo el pasado, sino también en la esperanza del futuro.

–          El nombre de pastor es también designación para los servidores de Dios que están a la cabeza del pueblo. Dios pastorea a su pueblo por medio de pastores elegidos por él para que realicen su tarea. Moisés es el prototipo, y en tiempos proféticos es David. Las más duras recriminaciones bíblicas son a los malos pastores.

–          El nombre de pastor es reservado de un modo especial para la situación que ha de venir. “Os daré pastores según mi corazón” (Jr 3,15)

Podemos decir que la acción salvadora de Dios para su pueblo ha sido presentada en Israel en términos pastorales y que esta acción se ha desarrollado a través de mediaciones humanas  no siempre fieles a lo encomendado. Dado que la fidelidad de Dios está por encima de la respuesta humana, su pastoreo exige una novedad en el comportamiento de sus pastores que expresen radicalidad la acción de Dios.

En el Nuevo Testamento Cristo aparece interpretando su historia y su misión desde el ámbito religioso-cultural de su pueblo y comprendiendo también desde la terminología pastoril su propia obra.

–          La situación del pueblo que él encuentra es la del rebaño sin pastor. Es una situación que mueve la compasión al mismo Jesús que actúa para sacarlo de ese estado.

–          Él mismo se presenta con el buen pastor anunciado por los profetas para la época mesiánica (Jn 10,1-18)

–          Eligió y llamó pastores. Es verdad que la terminología pastoril no es abundante a la hora de denominar discípulos, si es cierto que les encomienda continuar su misión de pastor, y se expresa en Pedro “apacienta mis obejas” (Jn 21,15-17)

Por esto, la acción de Jesús ha sido llamada acción pastoral y la acción posterior de la Iglesia ha llevado el mismo nombre, de la misma manera que han sido llamados pastores aquellos que la sustentaban.

b. Las direcciones de la acción de Jesús.

Común mente ha hablado de la acción de Jesús en tres dimensiones profeta–sacerdote–rey.  Sin embargo, el desarrollo de la eclesiología en último siglo, la concepción de la Iglesia como pueblo de Dios, el estudio sacramental de su mediación salvífica y la profundización en los misterios y carismas de todos los que comparten la misión de la Iglesia han hecho que hoy veamos la acción eclesial en la totalidad de sus miembros como continuación de la acción de Cristo.

–          La relación con el Padre. Jesús no se presenta como absoluto y último, sino que siempre hace referencia a su Padre. Su autoridad se debe a Él. Le llama con cariño Abba; la oración es el centro de su existencia. Su alimento es hace su voluntad.

–          La proclamación del Reino. El centro de su misión es el Reino de Dios. No encontramos una clarificación conceptual, pero si sus características: protagonismo de Dios en su decisión, en su gratitud y en su amor; la definitividad en su manifestación y en la pastura que se toma ante él; la salvación del hombre porque supone la bienaventuranza que comienza ahora y que tendrá su plenitud escatológica. El Reino entra en la historia con las obras de Jesús.

–          El grupo de los doce. Es una necesidad de asociar a otros a su misión y a la multiplicación de su anuncio; y también es la significación del nuevo pueblo que comienza con la legada del Reino.

c. La acción de la primera comunidad cristiana.

El misterio de la Iglesia depende del misterio de la encarnación y Cristo, enviado del Padre, envía a su vez al Espíritu sobre la Iglesia. Gracias a éste, la Iglesia se convierte en Cuerpo de Cristo y Cristo no está ausente de la comunidad humana, pero su presencia solamente se entiende en una forma nueva, desde el misterio de Pascua. Cristo se hace presente y operante en su Iglesia.

Presupuestos reflexivos de la acción y características de la acción pastoral:

–          Es una acción que no es propia, sino derivada

–          La acción pastoral tiene como elementos constitutivos el anuncio del evangelio, el cambio de vida y la recepción de los sacramentos.

–          La acción pastoral de la Iglesia crea una comunidad y características propios, signos de su identidad a la vez que conforma distintas estructuras para hacerlas posibles y para que la acción pastoral sea realizada.

–          La estructura de la Iglesia que brota de las acciones pastorales y la misma acción pastoral entran en contacto con los distintos hombres y tiempos evolucionando según las exigencias de la evangelización.

–          La acción pastoral de la Iglesia entra en estrecha relación con la teología y con el magisterio.

d. Definición y estratos.

Es la “práctica y acción en la vida de la Iglesia”. Mas tenemos que hablar en tres estratos.

La pastoral Fundamental: Un primer nivel es reflexivo sobre la acción pastoral de la Iglesia es el que se pregunta por la misma acción en sí misma considerada. La Iglesia se pregunta que hace y de qué manera se manifiesta en la acción su propio SER. Le corresponde profundizar en la acción eclesial en sí desde sus referencias básicas: continuidad de la misión de Cristo, la progresiva e histórica configuración hacia el Reino y el destino de esa acción en la evangelización del mundo. De ellas surge criterios pastorales y dimensiones de la acción pastoral.

La pastoral especial. Un segundo nivel que podemos encontrar es el uso del término pastoral en el que se refiere a la acción de la Iglesia en una situación determinada. Ya no se trata de contemplar la acción en sí misma y de hacer una teoría sobre la acción, sino del contraste entre lo que es la acción pastoral en sí y su realización histórica en casa una de las estructuras y acciones pastorales concretas. Contemplamos la acción de la Iglesia en el hoy de la historia con un objetivo muy determinado: la proyección de una acción nueva que responda con más autenticidad a lo que la acción pastoral debe ser.

La pastoral aplicada. Pasamos del terreno de lo reflexivo a lo operativo, de la universalidad a la concreción, del pensamiento a la acción, Su campo ya no está en el interior de los estudios teológicos, sino en la vida concreta de la Iglesia. En la gran mayoría de las veces a esto nos referimos con pastoral.

El agente de teología pastoral es el responsable de hacer operativo lo que antes ha sido reflexivo y hacer casuística lo que ha sido universalmente tratado.

2. La Pastoral de Conjunto

Como ya mencionamos, ser y obrar de la Iglesia van completamente ligados, y con ellos el observar el mundo como parte de la pastoral especial. Desde el siglo XIX inicia una nueva reflexión eclesiológica y por lo tanto pastoral. En esta época surge la visión del Cuerpo Místico, que llevó a renovar y reflexionar, pero decayó y surgió la visión de la pastoral de conjunto.

La pastoral de conjunto descubre y estudia la situación de la sociedad; descubre la necesidad de conjuntar en la Iglesia los distintos medios y agentes para su misión desde un planteamiento pastoral y una programación común; y se descubre la Iglesia diocesana como unidad pastoral.

Así se habla de dos temas: la evangelización y la eficacia.

3. La Pastoral Vocacional

Definición 1: “La Pastoral Vocacional es la acción de la Iglesia que fomenta la diversidad de vocaciones. Ha de atender armónicamente a la concientización vocacional de toda la comunidad y a la vez al cuidado de los procesos para las vocaciones de especial consagración.”[1]

Definición 2: “Es la acción de la Iglesia a favor de todas las vocaciones, a fin de que sea edificada según la plenitud de Cristo y conforme a la variedad de los carismas que el Espíritu Santo suscita en ella. Acompaña a cada cristiano plenamente iniciado para que descubra y viva su vocación específica”[2]

Definición 3: La acción concordé de toda la comunidad cristiana, a favor de todas las vocaciones para que la Iglesia sea edificada según la plenitud de Cristo y conforme a la variedad de carismas de su Espíritu.”[3]

Se distingue:

–          Pastoral vocacional encarnada: en las diversas acciones pastorales.

–          Pastoral vocacional diferenciada: promueve los procesos específicos.

Objetivos de la pastoral vocacional:[4]

–          Anunciar la entera vocación del hombre.

–          Promover todas las vocaciones.

–          Cuidado especial a las vocaciones al ministerio ordenado y a la vida consagrada.

–          Promover los ministerios y carismas

–          Estimular a la comunidad cristiana.

De manera más desarrollada sus objetivos son:[5]

Pastoral vocacional encarnada:

–          Presentar la misión evangelizadora de la Iglesia.

–          Ayudar a todos los creyentes a tomar conciencia de la dimensión vocacional de su existencia.

–          Describir a la comunidad creyente el valor de la complementariedad vocacional.

–          Facilitar a los creyentes la toma de conciencia de su responsabilidad en la Pastoral Vocacional.

Pastoral vocacional diferenciada:

–          Presentar las actitudes vocacionales de Jesús.

–          Abrir espacios de oración vocacional.

–          Ayudar a los jóvenes a descubrir la realidad concreta de la Iglesia y participar en ella.

–          Clarificar el sentido d auténtica realización humana.

–          Hacer descubrir a los jóvenes sus capacidades personales.

–          Poner en contacto con las necesidades más urgentes del entorno humano y eclesial.

–          Facilitar a todos la lectura creyente de los acontecimientos.

–          Ofrecer el testimonio vocacional de los santos.

–          Presentar a los candidatos un abanico vocacional suficiente.

–          Facilitar a los candidatos el contacto con comunidades vivas.

–          Llevar a su plenitud vocacional el proceso grupal de pastoral juvenil y educativa.

–          Llamar directa y claramente.

4. La Pastoral de Conjunto y la Pastoral Vocacional

Si bien la acción pastoral de la Iglesia es única, ésta se diversifica en distintos sectores para atender a todos ellos. Esta diversificación puede hacer que se pierda de vista el principio de unidad que la debe animar toda. El Magisterio de la Iglesia ha afirmado que este principio se puede encontrar perfectamente en la Pastoral Vocacional, pues a ella confluyen todas las pastorales e incluso puede servir como elemento de verificación de la pastoral auténtica.[6]

Es la pastoral general la que debe confluir en la animación vocacional para favorecer la opción vocacional; pero es la Pastoral Vocacional la que a su vez debe permanecer abierta a las otras dimensiones, insertándose y buscando salida en las otras direcciones. ¡La Vocación es el vcorazón palpitante de la Pastoral unitaria![7]

5. Niveles de la Pastoral Vocacional

–          Ejecución. Cuando la acción se dirige al fomento, formación o sostenimiento de las vocaciones. Son acciones a nivel de ejecución, por ejemplo, una conciencia vocacional para jóvenes, un preseminario, una tanda de ejercicios espirituales para religiosas, una actividad vocacional con seminaristas o sacerdotes, una campaña de promoción vocacional. Todas estas acciones pretenden cuidar las vocaciones directamente, por eso pertenecen a la ejecución.

–          Animación. Cuando la acción de dirige al fomento, formación o sostenimiento de los agentes de pastoral vocacional. Son acciones a nivel de animación: una campaña para suscitar equipos parroquiales de pastoral vocacional, un encuentro de agentes vocaciones para su formación, una convivencia de maestros para sensibilizarlos sobre su papel en la promoción de las vocaciones, un encuentro para padres de familia de los seminaristas en el que se les insiste sobre la importancia de que colaboren en la formación de sus hijos. Estas son acciones de animación porque pretenden animar a los agentes vocacionales en su acción específica a favor de las vocaciones.

–          Asesoría. Cuando la acción se dirige a aquellas personas que coordinan a diversos agentes vocacioneles. Son acciones a nivel asesoría: una convivencia de coordinadores de la pastoral vocacional; una asamblea de p.v.; una reunión de responsables de la p.v. en los colegios o parroquias (siempre que tengan equipos de p.v. en cada colegio o parroquia). Estas son acciones de asesoría porque atienden las necesidades de quienes animan a otros en su acción vocacional.

–          Mentalización. Es la acción que se dirige a los últimos responsables de la p.v., quienes coordinan desde los principios. Son acciones de mentalización las siguientes: envío de informes sobre las actividades vocacionales a los superiores; formación del coordinador general de la pastoral vocacional, formación de los superiores generales y locales sobre la p.v.; sensibilización de los párrocos en torno a la p.v.

6. Destinatarios de la Pastoral Vocacional

Nivel ejecución.

–          Jóvenes en general

–          Jóvenes que participan en grupos apostólicos.

–          Jóvenes sin inquietud vocacional.

–          Jóvenes con inquietud vocacional

–          Adultos, sacerdotes, religiosos o laicos.

Nivel animación

–          Posibles miembros del equipo vocacional.

–          Adultos con experiencia en el apostolado.

–          Religiosos de las comunidades locales.

–          Seminaristas enviados a la pastoral vocacional.

–          Catequistas, maestros, animadores juveniles.

Nivel asesoría

–          Coordinadores de centros vocacionales.

–          Responsables de la educación en  la fe.

–          Delegados locales de pastoral vocacional.

Nivel mentalización

–          El obispo y los superiores mayores.

–          Los párrocos y los superiores locales.

–          Directores de colegios o grupos apostólicos.


[1] SAC. OPERARIOS DIOCESANOS, Curso básico de pastoral vocacional, Manuales vocacionales, pag. 144.

[2] Plan Nacional de Pastoral Vocacional No. 296

[3] Plan Nacional de Pastoral Vocacional No. 314

[4] PNPV 313-319

[5] SAC. OPERARIOS DIOCESANOS, Curso básico de pastoral vocacional, Manuales vocacionales, pag. 158-161.

[6] PNPV 311; Cfr. LPVIP 18.

[7] PNPV 312; Cfr. IVT 26g.

Categorías:Iglesia

Formación de militantes cristianos

Formación de militantes cristianos

http://manolobarco.wordpress.com/formacion-de-militantes-cristianos/

Este esquema no es más que eso, un esquema y además da por supuesto el proceso de iniciación a la fe fundamental en todo fiel cristiano; lo que pretende es subrayar algunos aspectos que, por distintas circunstacias, suelen quedar “minimizados” en los procesos de formación de los laicos en su vocación y misión en el mundo. Para ampliar y completar: ver Decreto de Pablo VI “APOSTOLICAM ACTUOSITATEM“ sobe el apostolado de los laicos y “CRISTI FIDELIS LAICI” Carta encíclica de Juan Pablo II a los fieles laicos

LA FORMACIÓN DE MILITANTES OBREROS CRISTIANOS

SEGÚN “LA PASTORAL OBRERA DE TODA LA IGLESIA

(Esquema realizado por Manolo Barco a partir del Documento de la Conferencia Episcopal Española La Pastoral Obrera de Toda la Iglesia (POTI)CONTEXTO DE LA FORMACIÓN

La formación de militantes obreros cristianos está un función de la misión de la Iglesia. Una Iglesia inserta en el mundo como levadura en la masa y con una presencia significativa. Significativa en el sentido de ser signo de la liberación y salvación de Jesucristo que ha venido a “reunir a los hijos dispersos”, convocándolos a la mesa de la filiación y fraternidad. Esta inserción de la Iglesia en el mundo se concreta desde Pastoral Obrera en la presencia significativa en el mundo obrero, en medio de tantos y tantas hermanos y hermanas trabajadores y trabajadoras que, siguiendo a Jesucristo, se hacen presentes en la sociedad, a través de este mundo obrero, desde los más pobres del mismo; desde aquellos que viven de manera más dramática las consecuencias de un sistema que pone por encima de la persona “el dinero y la producción”.

La Pastoral Obrera, lógicamente, está presente en la vida y misión de la Iglesia, (Cfr POTI 1-11) Pero al mismo tiempo la Pastoral Obrera, como todo tipo de Pastoral, ha de estar presente en la sociedad como exigencia de la misión evangelizadora. Así nos lo recuerdan nuestros obispos en el Documento de “La Pastoral Obrera de toda la Iglesia”, citando el Documento de “Los Cristianos Laicos, Iglesia en el mundo”, «La presencia pública de la Iglesia es una exigencia de su misión evangelizadora»Es verdad que el mundo obrero ha vivido y está viviendo profundos cambios, lo mismo que el resto de la sociedad.

Unos cambios que, aunque no pocos han ido en la dirección de la dignificación de la persona, de los colectivos y pueblos, otros muchos están teniendo consecuencias graves para los pueblos, colectivos y personas, situaciones que hemos de afrontar con todo realismo camuflar la verdad con la injusticia o la colaboración con la misma. Es desde ahí, desde el corazón mismo de la vida, desde la verdad de la vida y realidad, desde donde estamos llamados a ser testigos-militantes cristianos. «En muchas ocasiones los Obispos españoles hemos ofrecido a los católicos y a la sociedad en general, nuestros análisis, reflexiones y sugerencias sobre el momento actual, con sus luces y sombras… La solidaridad de la Iglesia con los pobres, “participando en los gozos y esperanza, las tristezas y angustias de todos”» , siguiendo a Jesús y la esperanza en el Reino de Dios, nos impulsa a afrontar con realismo la actual situación social con sus elementos contrapuestos y sus aspectos negativos». Entre otros señalamos:

La desigualdad entre Norte y Sur -en el mundo, en el país, en las regiones.

El tipo de desarrollo productivista, tecnificado, antiecológico… y por lo tanto poco humano.

La falta de participación democrática real del pueblo.

La burocratización de la vida política.

La corrupción político-social-económica .

Unos modelos y estilos de vida antihumanos e insolidarios, que llevan a la desmesurada exaltación del dinero, del éxito….

La construcción de una Europa insolidaria de grandes desequilibrios y desigualdades» (POTI 12)

Esta realidad que nos señalas los obispos a nivel general es la que aparece a los distintos cuadernos del presente material, sobre todo en los primeros cuando se trata de la memoria del 1º de Mayo y de la situación de precariedad que vive el mundo obrero hoy.

Es ese el contexto desde donde nos planteamos la evangelización del mundo obrero hoy y, como consecuencia de la misma, la formación de militantes cristianos.

«A través de la Pastoral Obrera ha de plantearse, desde dentro de ese mundo, cómo anunciar ahí la Buena Noticia, cómo iluminar y trabajar por la transformación de esa realidad desde los valores del Evangelio, cómo ser ahí instrumento dócil a la acción del Espíritu, para que la Iglesia de Jesucristo nazca, eche raíces y se consolide en el mundo del trabajo. (POTI 12)

PRESUPUESTOS DE LA FORMACIÓN DE MILITANTES

La evangelización de este mundo no se puede realizar de cualquier manera y haciendo cualquier cosa. Algo esencial en esta tarea es la presencia y compromiso de los cristianos en la vida pública. En este sentido los obispos señalan como elementos fundamentales de dicha evangelización:Participación de los laicos

Las comunidades eclesiales, asociaciones y movimientos apostólicos, deberán impulsar la participación de sus miembros en la vida pública a través de las instituciones políticas, sindicales, culturales, sociales… a fin de construir y reconstruir el tejido social en línea de justicia, fraternidad, libertad… (POTI 13)El Anuncio, Presencia y Compromiso

Las comunidades eclesiales, asociaciones y movimientos apostólicos no sólo potenciarán la presencia de sus asociados en las realidades temporales, como exigencia de su propio bautismo, sino que ayudarán a que lo hagan desde valores y criterios evangélicos, como levadura que dinamiza, como luz en el candelero y como ciudad construida sobre el monte que anuncia la Buena Noticia de Cristo, el Señor, potenciando la formación integral de la persona, la opción por los sectores más pobres del mundo obrero y el discernimiento cristiano de los acontecimientos y de las propias actuaciones. (POTI 14)Denuncia profética

Las comunidades eclesiales, asociaciones y movimientos apostólicos, en el ejercicio de su misión evangelizadora, denunciarán las situaciones de injusticia o explotación, tanto individuales como colectivas, contrarias al Plan de Dios. (POTI 15)

Relación con otras organizaciones

Para mejor conocer la realidad y la situación por la que pasa el mundo obrero, las comunidades eclesiales, asociaciones y movimientos apostólicos mantendrán contactos periódicos con las organizaciones sindicales y asociaciones que el mundo obrero se da a sí mismo. (POTI 16)Acompañamiento y la animación

Los cristianos que se sientan especialmente vocacionados a compartir, total o parcialmente, la vida de los distintos fragmentos del mundo obrero actual: trabajo, paro, vivienda… en sus compromisos y opciones deberán ser alentados y acompañados por la comunidad.(POTI 17)

Para animar el compromiso de los cristianos laicos en la vida pública y el necesario acompañamiento pastoral, hay que promover la formación adecuada y animar la disponibilidad y dedicación de sacerdotes, diáconos permanentes y religiosos (PITI 18)

Relación Pastoral Social- Pastoral Obrera

La Conferencia Episcopal y las Iglesias particulares promoverán las relaciones entre Pastoral Social y Pastoral Obrera para recoger la sensibilidad de Pastoral Obrera hacia grupos de marginación social (drogadictos, tercera edad, emigrantes e inmigrantes…) y asegurar que la Pastoral Social dé respuestas que impliquen, en la práctica, promoción, liberación, lucha por la justicia.. (POTI 19)URGENCIA Y PRIORIDAD DE LA FORMACIÓN DE MILITANTES

«La formación no es un privilegio de algunos, sino un derecho y un deber de todos».

«La formación de los fieles laicos se ha de colocar entre las prioridades de la diócesis y se ha de incluir en los programas de acción pastoral, de modo que todos los esfuerzos de la comunidad (sacerdotes, laicos y religiosos) concurran a este fin».

«La formación implica un dinamismo, una actividad, una metodología y una preocupación que abarcan toda la vida y que estimulan la autoafirmación basada en la responsabilidad personal».

«El cristiano laico se forma especialmente en la acción. Un método eficaz en su formación es la Revisión de vida, avalado por la experiencia y recomendado por el magisterio de la Iglesia ».

En esto partimos de la larga experiencia que los movimientos apostólicos tienen ya en la Iglesia que ha puesto de manifiesto la importancia de la formación en los militantes obreros cristianos para asumir su propio protagonismo laical y su misión evangelizadora, tanto personal como comunitaria. (POTI 20)

DINAMISMO PEDAGÓGICO DE LA FORMACIÓN DE MILITANTES

Las Iglesias particulares en la elaboración de cualquier Plan de Formación o documentos que hayan de publicar, tendrán en cuenta :

A. Partir del conocimiento directo y vivo de la realidad, sintiéndola como propia, con el corazón y no sólo con la razón.

B. Analizar las causas profundas de la desigualdad social, descubriendo cómo influyen en las personas, qué víctimas crea, y señalando, a la vez, los valores, aspiraciones y esfuerzos, también de incoherencias de los trabajadores.

C. Tomar conciencia de la actuación del Espíritu de Dios, que anima y mueve sus esfuerzos y sus luchas.

D. Comprometerse en la transformación de la realidad según el proyecto de Dios incidiendo de manera especial en las causas. (POTI 21)

Pero este dinamismo es el que se sigue como proceso en la formación diaria en los Equipos de Vida de los militantes obreros cristianosEse proceso de formación que se realiza en los equipos de militantes viene complementado con otros espacios formativos más sistemáticos, tanto a nivel antropológico, social, sindical, político, bíblico, teológico, etc., dependiendo de cada Movimiento u Organización

OTRAS INSTANCIAS DE FORMACIÓN

La Conferencia Episcopal, reconociendo que las Instituciones y Escuelas de formación de laicos existentes son tan necesarias como insuficientes, animará o promoverá la creación de instituciones para la formación integral y acompañamiento de los laicos comprometidos en los distintos ámbitos de la vida pública: Escuelas Sociales o Centros de formación que ayuden a conocer la Doctrina Social de la Iglesia y sus exigencias, la Historia del Movimiento Obrero, cursillos especializados sobre política económica y sobre formación bíblica, teológica, catequética…. (POTI 22)FORMACIÓN ESPECÍFICA TAMBIÉN PARA SACERDOTES, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS Y SEMINARISTAS

«Para que se dé una pastoral verdaderamente incisiva y eficaz hay que desarrollar la formación de los formadores» .

Los candidatos al sacerdocio, los diáconos permanentes, los sacerdotes y religiosos, han de formarse específicamente para reconocer y promover los carismas de los laicos, conociendo la historia del mundo obrero, sus relaciones con la Iglesia, su cultura y religiosidad, las líneas básicas de la Pastoral Obrera de la diócesis, la Doctrina Social de la Iglesia…. (POTI 23)Participación de los laicos en la formación de los seminaristas y sacerdotes

«Los Obispos promoverán la presencia y participación de los laicos en la formación de los candidatos al sacerdocio y en la formación permanente del clero», potenciando Encuentros de Seminaristas-Mundo Obrero, cursillos de formación y Jornadas programadas por los grupos y movimientos apostólicos Obreros. (PITI 25)ESTILO DE VIDA PERSONAL COHERENTE CON EL EVANGELIO DE JESUCRISTO

«La formación de los laicos ha de contribuir a vivir en la unidad dimensiones que, siendo distintas, tienden con frecuencia a escindirse…». En este sentido, por ejemplo, hoy, más que nunca hay que:

Potenciar nuevos tipos de relaciones laborales, donde se comparta el trabajo, se asegure el tiempo libre y la dedicación a la familia, cultura… se denuncie los abusos del trabajo: el pluriempleo, horas extras, el trabajo precario…

Promover la solidaridad que educa en el compartir y crecer en conciencia de fraternidad.

Asegurar formas de vida de mejor calidad natural y humana, no apoyadas en el consumo y por el consumo.

Potenciar experiencias de vida comunitaria entre los cristianos que hacen presentes los valores del Reino de una manera cercana y visible (participación en asociaciones, cooperativismo, comunicación de bienes…) cristianos que estén abiertos a todos aquellos que los quieren compartir…

Avanzar, en el seno de la propia Iglesia, en mayor justicia social con los trabajadores con los que tienen relaciones laborales. (POTI 26)

ESPIRITUALIDAD, LUGAR PREFERENTE EN LA FORMACIÓN

«En la formación de los laicos, el cultivo de la espiritualidad ha de ocupar un lugar preeminente».

«Para que la fe sea plenamente acogida, enteramente pensada, fielmente vivida» hay que:

A. Potenciar una espiritualidad donde se asegure la oración personal, se parta de la vida, se eduque la mirada a la realidad, se una la acción y la contemplación… Donde se cuide la celebración festiva de la fe, especialmente, a través de la Eucaristía -culmen de nuestra vida cristiana- y a través del Sacramento de la Penitencia y de otros medios que, desde la experiencia acumulada a lo largo de los años en grupos y movimientos de Pastoral Obrera han ayudado a descubrir el paso salvador del Señor, en: retiros, ejercicios espirituales, Revisiones de Vida, Estudios del Evangelio…

B. Asegurar una espiritualidad de acompañamiento, al estilo de Jesús con los de Emaús; a fin de que el militante y el agente de la Pastoral Obrera:

Se sienta miembro de la comunidad eclesial y ciudadano de la sociedad civil.

Sea solidario con los hombres y testigo del Dios vivo.

Se comprometa en la liberación de los hombres y sea contemplativo.

Esté empeñado en la renovación de la humanidad y en la propia conversión personal

«Viva en el mundo sin ser del mundo (Jn. 17, 14-19),como el alma en el cuerpo, así los cristianos en el mundo». (POTI 26)

 

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