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El reto de la mujer de hoy en la promoción de la santidad

 

22 de septiembre de 2007
Tere García Ruiz

Si de pronto la mujer se da cuenta de que es sustituible en todos los ámbitos humanos, excepto en su hogar como madre y esposa, y entonces decide vivir para ellos, para garantizar que ella y ellos se conduzcan conforme a los más altos valores éticos y espirituales, si de pronto se atreve en el trabajo a interpelar a sus jefes o compañeros respecto de la bondad o maldad de sus decisiones y actividades, si de pronto la mujer deja que su intuición la lleve a denunciar la injusticia y por eso pierde el empleo, o si de pronto, se atreve a poner alto a una relación destructiva, o si de pronto va por el mundo como sacerdote, reina y profeta y por eso, por seguir a Cristo es bienaventurada, llorará con la certeza de ser consolada.

No nos preocupe la incomprensión de los demás, aun la de quienes más amamos. Algunos preguntan ¿dónde está el Dios de los buenos a quienes parece que todo les sale mal, que la gente abusa de ellos, o sus hijos se les mueren, se enferman y sus negocios fracasan? Hay que saber que ¨todos los santos son ayudados por Dios, pero en el interior donde nadie ve¨ (San Agustín, CS 53.8) y que las vicisitudes de la vida nos ocurren a todos por igual, independientemente de la bondad o maldad de nuestros actos, porque así como el sol sale para todos, también las tormentas y terremotos afectan a los pobladores de un mismo lugar.  Lo importante en todo caso es saber que todo es para bien de los que aman a Dios. No por conocerle y amarle seremos eternos en la tierra, somos peregrinos y no habitantes. Nuestra patria es el Cielo y por eso lo natural en el tiempo es que todo cambie y se acabe. Al conocer y amar a Dios vivimos felices y en paz pese a todo lo que nos ha de doler en la vida temporal.

Cuando se habla de la vida virtuosa de algún santo, algunas personas, incluso de iglesia, dicen al referirse a la belleza espiritual de un ser humano, para justificar sus malas acciones ¨¡Es que él o  ella son santos, pero yo…. Yo no tengo madera de santo. Yo estoy en este mundo y soy muy terrenal!¨. Pero nadie es santo por sus propias fuerzas. Hasta los que rechazan la idea de ser santos, saben que ningún santo pudo solo.

Dice san Agustín que los justos reconocen sus pecados, piden perdón y dan gracias por todo lo que de Dios han recibido, desde la existencia, hasta la vida que en este espacio tiempo comienza y que en el Amor del Padre es eterna.

Los que no son santos, no lo son, por pereza espiritual o por soberbia: son esclavos en defensa de sus méritos personales y han descuidado su trato con Dios, al grado de no desear una vida futura que no acabe, y en cambio, desear por todos los medios garantizar su permanencia no sólo en la vida temporal. Además de aferrarse al tiempo, se afanan en conservar su fama, poder, estatus y superflua seguridad a costa de lo que sea, con tremendo miedo a perder lo adquirido. Como se ve, no ser santo es no ser sabio, lo cual significa saber distinguir entre lo eterno y lo efímero, el gozo de lo permanente y el placer del instante, Dios y su creación. La necedad, de hecho, se traduce como necesidad. ¿De qué? De sabiduría.

La diferencia no se refiere a buenos y malos, sino a felices y desdichados. Hay que promover la santidad porque el mundo de hoy no está siendo feliz. Santo quiere decir feliz, bienaventurado. Lo que ha pasado es que hemos diseñado o permitido que se nos imponga un estilo de vida que contradice, ignora y se muestra indiferente al sentir de nuestra alma.  La diferencia entre un santo y uno que no lo es, estriba en la dicha de fiarse de Dios y el tormento de sostenerse a sí mismo tratando de ocultar sus límites, como si hubiese que demostrarle a Dios que somos buenos o que merecemos lo que Él gratuitamente nos otorga porque su voluntad es amarnos. La necedad puede llegar al grado de pensar que Dios nos debe el pago a nuestros méritos. El santo no hace méritos, sólo se deja amar por Dios y con el mismo amor que recibe, corresponde. No hay otro amor distinto del único que debiera llamarse Amor, el único con el que podemos amar a Dios, amarnos a nosotros mismos y al prójimo también.

Casi todos los errores que cometemos en la vida son debido a nuestra condición de mendigos de amor. Y si esto es como digo, imagínense cuánta humanidad doliente la de hoy que, ignorante de Dios, sin papá ni mamá que les hayan parido espiritual y afectivamente, sin alimento, sin rumbo y con una sed insaciable, van probando de todo para encontrar el amor perfecto que colma y basta. Tal es sólo el amor de Dios, el mismo Dios que es el Amor. No hay otro amor perfecto que pueda saciarnos.

La gente miente, roba y mata porque quiere amar y no sabe cómo ni cuándo ni dónde está el garante de la vida segura que no acaba.  Y las mujeres inmersas en este embrollo somos capaces de abandonar a los hijos, a los padres ancianos y hasta nuestra dignidad por un poco de amor que hasta pagamos con sexo, si es necesario, con tal de recibir una  pizca de algo que parezca amor. Pero, “si la sal se vuelve insípida ¿con que sazonaréis?¨ ¿Qué puede hacer el mundo sin Dios y sin madre?

Tenemos razón al buscar un amor perfecto, al reconocer que necesitamos vivir en paz y al sentir miedo a la muerte. Tenemos razón porque estamos hechos para un amor seguro y asegurado que nos ofrece la certeza de jamás morir, nunca extraviarnos y siempre ser.

Esta es la clave. El tema es el ser. La inseguridad que hoy vive nuestra pobre humanidad está enclavada en un desorden de valores. Todo en la vida tiene un valor, un precio, por decirlo de otra manera. Para ser felices se necesita, antes que nada, paz. Y para tener paz, se necesita ponernos a ordenar los valores, comenzando por el valor de los seres. El ser más valioso es Dios. A Él hemos de tener en primer lugar, como lo más grande y más preciado. En seguida, los seres humanos. Y a los seres humanos, también hay que ordenarlos. En sí mismo, lo más valioso del hombre y la mujer es el alma y luego el cuerpo. No lo digo como si fuésemos una división en dos partes; estoy cierta de que somos unidad sustancial de cuerpo y alma, pero el cuerpo no vive sin el alma, cuyas facultades son  la inteligencia y la voluntad, que, iluminadas por Dios, nos permiten tomar decisiones y movernos en dirección hacia la Verdad, la Belleza y la Bondad, donde se halla la felicidad verdadera, a la que no siempre el cuerpo se dirige, si nos dejamos mover únicamente por la impulsividad para satisfacer la necesidades vitales que de no orientarlas hacia la Vida, nos atan a la esclavitud de los placeres que después interrumpen nuestra libertad y nos impiden llegar a la verdadera felicidad.

Al hablar de meter orden en los valores, he comenzado con la necesidad de ordenar los seres: Dios, el ser humano, y luego, los demás seres vivos, animales, plantas, luego las piedras y luego, hasta el final las cosas. De no poner este orden frente a nosotros, lo que ocurre es que nos entristecemos porque no podemos ser coche, ni telcel, como se nos vende la idea hoy de que las cosas son aquello que nos dará felicidad. Y despreciamos a la familia porque implica entrega y sacrificio, mientras que anhelamos la comodidad que nos lleva a la frustración del egoísmo. Queremos ser felices y vamos en sentido contrario.

Y claro, con urgencia por alcanzar eso que se nos ha inculcado como fuente de felicidad, hay quienes mienten, roban y matan para adquirir lo que otros tienen, creyendo que esos otros son felices, cuando también van por la vida mendigando amor.

San Agustín dice, que nuestros pasos son nuestros afectos, nos instruye a conocernos mejor a nosotros mismos al hacernos saber que avanzamos en dirección hacia aquello que amamos, de ahí la importancia de amar en primer lugar a Dios, de quien procede lo bello, lo bueno y lo verdadero, quien es amor y fuente de amor. La vida santa, dice el obispo de Hipona, es una como dirección del afecto al sumo bien. (San Agustín CIM 1.25.46). Y hay otras formas del mismo santo para decir lo mismo: ¨Dime qué amas y te diré quién eres. Si amas a Dios eres Dios¨, ¨Nuestro amor es nuestro peso¨, lo que nos jala al cielo o nos empuja al precipicio, depende de lo que amemos. Y sólo con el amor de Dios podemos amar a nuestros hijos, esposos, padres, hermanos y amigos.

En los libros De la Vida Feliz y el décimo de Las Confesiones, el padre de la Gracia, nos habla de la santidad como fruto del amor de Dios Trino. El ser humano es feliz cuando por la fe, la esperanza y la caridad conduce todo su ser hacia Dios que nos crea, vivifica nuestra vida y nos redime. La inquietud  filosófica de su tiempo era el sentido de la vida humana. La respuesta de todos era ser feliz y la parte más importante del debate, dónde se halla la felicidad.

Ser feliz es ser virtuoso decían los estoicos, Aristóteles, los platónicos… casi todos coincidían en lo mismo, pero la forma en la que cada grupo concebía la virtud era distinta. San Agustín dice que prefiere vivir pidiendo perdón por sus pecados antes que jactarse de ser virtuoso, al modo como los sabios concebían la virtud, que llevaba una enorme carga de soberbia al llevar la cuenta de exagerados méritos humanos.

San Agustín explica que la verdadera virtud es fruto de la humildad y procede de un darse cuenta de la necesidad que tenemos de Dios, quien gratuitamente nos provee de todo para llegar a Él. La virtud es orden en el amor: seremos justos si agradecemos a Dios todo en la vida, seremos prudentes si al habernos encontrado con Dios evitamos todo aquello que nos aleja o separa de Él, seremos templados al estar llenos de Él, y seremos fuertes si en todo momento, pase lo que pase, nos alimentamos de Él que es la Fuerza, la Medicina, la Vida Feliz y Eterna por la que vale la pena gozar y sufrir nuestra condición humana.

El santo sabe que aquí en la tierra pasa de todo, pero también, que todo pasa.  Sabe que sólo es feliz quien tiene lo que quiere, siempre y cuando lo que quiera sea bueno y una vez alcanzado nadie se lo quite, ni se acabe. El santo sabe que lo único que no acaba es Dios, se dirige hacia Él porque sabe que Él es su creador, el mismo que le creó por amor, para Él amarle. Dios nos creó para Él amarnos y al dejarnos amar por Él, le amamos y nos amamos. Por eso, el santo que me comparte sus palabras para animarles a promover la santidad comienza sus confesiones diciendo: ¨Senor, nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti¨.

El corazón de la humanidad está tremendamente inquieto, triste y desolado. Cuando hay tanto progreso en las telecomunicaciones, hay un mayor registro de soledad y desvaríos, el sinsentido de la vida y la confusión, por falta de identidad como hijos de Dios, tiene a personas, familias y comunidades, en un estado de miedo que atormenta. Es injusto existir de esa manera: la vida es feliz y eterna, para que sea vida tiene que ser feliz y para que sea feliz, tiene que ser eterna, porque si fundamentamos nuestra felicidad en cosas pasajeras o efímeras, el sólo miedo a perderlas es ya un tormento y no vida. La única que se llama vida es la feliz y eterna.

En su carta 130, San Agustín escribe a Proba, una mujer viuda que le pregunta qué ha de pedir en la oración. San Agustín le aconseja que pida la vida bienaventurada, que ame a Dios, que viva el Padre Nuestro que Cristo nos enseñó, que viva las bienaventuranzas, y con todo ello será feliz, nada más que con todo ello.

Para ser feliz se necesita tener fe en Dios. No sólo creer que Dios existe, eso hasta el diablo lo sabe. Más bien, hay que creer en la Palabra de Dios, hay que creer en el Padre que Jesús nos presenta en sí mismo, en el Jesús que nos dice “el que cree en mi tiene vida eterna¨. Él es la vida eterna. Y si nadie llega al Padre si no es por Él, como el mismo Cristo nos dijo, quiere decir que todos los seres humanos, redimidos por Él, son redimidos porque Él quiso. La diferencia entre un creyente de Cristo y uno que no lo conoce es que el cristiano ya goza de la promesa, ya se sabe amado y a salvo, por voluntad de Jesús. El que no le conoce, en cambio, sigue añorando al Dios desconocido y va con temor por ignorar si Dios le ama de veras o no, si hay vida después de la tierra o no.

Pero así como el don de la salvación es para todos, el camino de la conquista de ese don, también es para todos. La vida feliz o la santidad es un don que hay que conquistar. El camino es la humildad con la que se identifica y abraza la verdad: Dios nos ama, esa es la verdad. Por ese camino humilde por el que la Verdad, o sea Cristo, vino a nosotros, por el que Dios se hizo hombre y vino a alimentarse de nuestra mísera mesa sin despreciar nuestros más amargos platillos, para que cuando nos tocase llegar a su banquete eterno no nos sintiéramos extraños suyos, sino bienvenidos, y con Él gozáramos, así, por ese mismo camino de amor y confianza, con humildad iremos a su encuentro.

La alegría del buen cristiano tiene su origen, precisamente, en la esperanza que nace de la fe en la promesa de Jesús. Y la caridad es fruto de la intimidad con ese Dios Trino, al que se le ama mediante la oración, la Eucaristía, la escucha de la Palabra, la vivencia de comunidad y el apostolado. Ser santo pues, es ser feliz, vivir seguro y asegurado en un amor eterno y perfecto que no acaba.

Para promover la santidad, hoy y siempre, sólo tenemos que conocer a Dios, y permitir que se cumpla su voluntad en nosotros, que es amarnos, amarle, celebrar y compartir.  Quien comulga se sabe cuerpo de Cristo, no va sólo por la vida y mucho menos sin sentido, sabe que su misión es la misma de Jesús, anunciar a todos que Dios nos ama y que su voluntad es que seamos felices, pero de veras y no a medias.

Termino con una frase del santo de Hipona: ¨Si dijeres que eres santo por ti, serás soberbio. Asimismo, si siendo fiel de Cristo y miembro de Cristo dijeres que no eres santo, serás ingrato¨. (CS, 85.4) Y ¨Quien vive santamente merecerá comprender más, y a quien vive mal, incluso la inteligencia lo lleva a la perdición. (S 252.12)

Dios quiere que seamos felices, las buenas mamás quieren que sus hijos sean felices y ellas también quieren ser felices, pero los hombres y los niños y los ancianos, todos, todos, todos, queremos ser felices. Urge recordar al mundo dónde está la verdadera felicidad para que deje de buscar en el dinero, en la tecnología, en la fama, en el poder, en las comodidades, en el sexo, en la comida, en el alcohol, en la droga y en la estética, lo que no está en nada de lo que captamos por los sentidos. Falta hacer turismo interior para conocernos necesitados de Dios y entonces, arder en deseos de recibirlo para siempre.

 

Muchas gracias

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La dignidad de la mujer ayer, hoy y mañana con la moda

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La dignidad de la mujer ayer, hoy y mañana con la moda

Sheila Morataya-Fleishman

 

“No se vale que permitamos que a nuestras hijas y niñas no se les inculque el recelo por la moral y por la belleza de su dignidad femenina debido a la falta de formación en una misma”. Sheila Morataya

“¿Quién me tiene que decir a mi como debo vestirme?…. Soy una chica más bien de vestimenta cómoda y práctica, con los tacones y las faldas me siento rara, pero… ¡nadie puede decirme como debo vestirme!… Y menos, los hombres. Es que estoy alucinando, dejadnos en paz ya… siempre diciéndonos cómo tenemos que comportarnos, cómo tenemos que vestir… tanto unos como otros. Chicos, me desmarco de todo y de todos”. Este es un comentario de una joven lectora como crítica a una cultura que impone cánones de belleza que poco tienen que ver con la con el interior de una mujer y con su esencia.

El culto a la figura ha llegado a nuestras madres jóvenes (y no tan jóvenes) y a nuestras hijas. Empezó con furia en la década de los noventa y se ha ido intensificando desde entonces. La aparición de las redes sociales ha vuelto a toda la gente mucho más atenta a cómo luce cuando se toma “selfies”, y las adolescentes, tan vulnerables y en constitución de su personalidad, se enfrentan ansiosas a éste mundo de selfies, duckface y fotos a sus piernas.

Dicen las revistas de moda que dentro de sus páginas, se puede encontrar todo lo que se necesita para lograr la figura ideal que cada mujer quiere tener. Recuerdo que las devoraba desde que tenía tan solo trece años. Los artículos y anuncios nos hablan de cremas que queman la grasa, pastillas para acelerar el metabolismo y hasta la famosa dieta de repollo que se pasa de generación en generación. ¿Cómo es que mi hija ya la conoce? Ciertamente no por mí. Claro, las revistas promueven el culto a la figura y a una belleza que nunca se marchitará. No te lo dice una teóloga, filósofa o psicóloga, sino una mujer que en su primera juventud acarició y dio forma al sueño de ser modelo profesional y entrenadora de modelos. Cuando veo todo tipo de publicidad hacia las mujeres, pienso en mujeres delgadas, mujeres jóvenes, mujeres sin una gota de grasa en sus cuerpos y vestidas a la última moda. Como lo era yo. Pero también pienso en esas cinturas de avispa a fuerza de mucha ensalada, horas interminables en el gimnasio y mujeres que sacrifican todo por lucir tal y como las que ven en las revistas, incluso volviéndose anoréxicas, bulímicas y compulsivas. A la cabeza de esta lista están las y los modelos, pues ellos también padecen y son quizá los dioses de este culto como lo fui yo en su día.

El culto a la figura, esa preocupación por estar delgada o delgado, y tener un cuerpo perfecto, es el tema favorito para las nuevas aplicaciones de los teléfonos inteligentes, crear campañas publicitarias, para la prensa, la radio y la televisión. Por eso nuestras niñas en su mayoría, a los trece años están pidiendo cirugía plástica, a los doce ya se cambian el color del cabello y a los quince se cambian el color de los ojos. Si son azules, los quieren verde, si son negros los quieren azules. En fin, nadie se ha salvado pues a la cabeza estamos las madres de la generación de los “milinium” (debo confesar que he cometido unos cuantos errores dando formación de esto a mi hija), vivir metida en la corriente de todo ello, me arrastro más de una vez.  El culto a la figura, que se hace notar en “el six pack” perfectamente esculpido, los brazos de Michele Obama, los pechos de Kim Kardashian y las piernas de modelo de pasarela con alitas de ángel tipo Victoria Secret, ha llegado a las madres y a nuestras niñas de 8 años. En nuestro tiempo, el modelo a seguir era la muñeca Barbie, para los millennium ha sido la muñeca Bratz que con la misma delgadez que Barbie pero con labios carnosos y sensuales, ojos que hechizan a cualquiera y vestimenta que seduce, le dicen a nuestras niñitas: mira, así somos las mujeres hoy, 5 libras de más y olvídate, pues no pasarás la prueba. Para aterrizar con la heroína de Frozen, Elsa que no solo es delgada y bella, sino no cree en que haga falta el amor de un compañero para ser feliz. ¿Dónde quedo Caperucita Roja o la María de Jorge Isaacs? ¿La Reina Esther y las reinas de España que se hicieron santas por la dignidad con la que se conducían mostrado en su vestimenta, sus actos y su pudor al hablar? ¿Qué estás dispuesta a hacer tú nueva madre, joven madre y mujer humanizadora de la sociedad? Que se comprenda que hablo de los extremos, las mujeres por nuestra dignidad debemos cuidarnos, hacer ejercicios, vestirnos bien y utilizar la moda para influir de forma positiva pero sin llegar a los extremos y la perfección en todo el conjunto a los que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación.

Necesidad de despertar y actuar

¿Hasta cuándo seguiremos durmiendo y apoyando todo esto, nosotras mujeres que hacemos y defendemos la cultura? ¿Le parece amigo lector que son estos modelos la noción de feminidad que queremos transmitir a las niñas? ¿Cómo evitar caer en estas trampas que inclusive muchas de nosotras como mujeres nos hemos creído? ¿Quién se animará a reinventar las muñecas? Supongamos que es cada una de nosotras la que trabaja para proveer a nuestras hijas y nuestras mujercitas una nueva mirada hacia lo que realmente significa ser mujer y estar a la moda. De acuerdo a Juan Pablo II, en su carta apostólica a las mujeres “la mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico que le es propio y que sólo ella puede dar: su delicada ternura, su generosidad incansable, su amor por lo concreto, su agudeza de ingenio, su capacidad de intuición, su piedad profunda y sencilla, su tenacidad… La feminidad no es auténtica si no advierte la hermosura de esa aportación insustituible, y no la incorpore a la propia vida”.[1]

“Si damos una mirada a los últimos siglos de nuestra historia, comprobamos que el movimiento feminista ha cambiado profundamente nuestra convivencia, tanto en la familia como en la sociedad. Estos cambios parecían, al principio justos y necesarios. Más tarde, se los ha caracterizado –con creciente preocupación– como dañinos, exagerados y, en la actualidad, son (y quieren ser) plenamente destructivos” (Jutta Burgaff). Uno de ellos es la moda: un cuerpo liso como lienzo, sin gota de celulitis y grasa; un rostro esculpido y sin arrugas a fuerza de botox, colágeno para inflar los labios y máscaras de maquillaje con diferentes tonos de base que esculpen los pómulos, adelgazan el rostro para terminar con las pestañas postizas, las extensiones de cabello y las uñas solares. Ahora no soy modelo pero vivo con una millennium y todo un rosal de chicas de su edad y menos.

¿Mujer o género?

En palabras de la teóloga ya fallecida Jutta Burgaff: “A partir de la mitad siglo XX, una parte de las feministas ya no aspiraban simplemente a una equiparación de derechos jurídicos y sociales entre el varón y la mujer, sino a una igualdad funcional de los sexos. Comenzaron a exigir la eliminación del tradicional reparto de papeles entre varón y mujer (que les parecía arbitrario), y a rechazar la maternidad, el matrimonio y la familia. Se basan fuertemente en la filósofa existencialista Simone de Beauvoir (1908 – 1986), cuya voluminosa obra “Le Deuxième Sexe” (1949) fue un éxito mundial. Beauvoir previene contra la “trampa de la maternidad”, que sería utilizada en forma egoísta por los varones para privar a sus esposas de su independencia. En consecuencia, una mujer moderna debería liberarse de las “ataduras de su naturaleza” y de las funciones maternales. Se recomiendan, por ejemplo, relaciones lesbianas, la práctica del aborto y el traspaso de la educación de los hijos a la sociedad. Shulamith Firestone exige en su obra “The Dialectic Sex” la liberación de la mujer de la “tiranía de la procreación” a cualquier precio, y resume el sentir general de sus compañeras: “Quiero decirlo con toda claridad: El embarazo es una atrocidad.” [i]

Como ha mencionado, la prestigiosa teóloga, en el siglo XX comienza la revolución del género. Pero la mujer es más que un género. ¿Y qué es el género? Es el vocablo utilizado que no contiene en sí mismo el significado de ser mujer. Este vocablo queda corto para expresar lo que la mujer es en toda su profundidad. Por su constitución ontológica, la persona es una unidad substancial de cuerpo y espíritu. La naturaleza humana existe de dos modos distintos como varón y como mujer, de aquí que ambos posean la misma dignidad. La mujer es un ser sexuado. Cuando me refiero a la sexualidad hablo de la totalidad de la persona como hombre o mujer. Es por esto que la mujer debe defender esa dignidad propia que radica en ella, siendo muy celosa y cuidadosa a la hora de vestirse y así enseñar a sus hijas a hacerlo. “Es deber de cada madre, escribe San Juan Pablo II elevar la dignidad de cada mujer”.

Cuando la persona nace, nace desnuda y de inmediato se la cubre, pues se quiere proteger su intimidad. Profundizar en torno a esto con nuestras hijas es muy necesario, pues ayudará a la joven a comprender el porqué es importante vestirse y ser cuidadosa en cuanto a la ropa que se lleva, pues si la mujer quiere que se la ame por el significado profundo de ser persona-mujer y por su dignidad, ya que la vestimenta puede ser ayudar o ser obstáculo para alcanzar el fin que cada una tiene. Como madre deberás cuidar y cultivar su pudor, enseñarle desde pequeña que no es correcto que otros la vean desnuda; transmitirle los valores al escoger el uso del traje de baño y cuando este en edad de los shorts, ayudarle a comprender la razón por las cuáles en su hogar existen unas reglas en cuanto al largo de los mismos.

Dicen que en la moda, se vale todo, sin embargo, yo no estoy de acuerdo con esto. No se vale caer en el permisivismo y en el acomodamiento de porque está de moda y porque todo el mundo lo lleva, hay que hacerlo. No se vale que permitamos que a nuestras hijas y niñas no se les inculque el recelo por la moral y por la belleza de su dignidad femenina debido a la falta de formación en una misma. No se vale que por miedo a que nuestras hijas dejen de ser populares, no les enseñemos a respetarse, valorarse y protegerse a sí mismas.

Inculcar valores para ser mujeres con criterio

Algunos de los valores claves que podemos enseñar a nuestras niñas cuando queremos transmitirles la noción de la dignidad, autoestima y autorespeto, pueden ser:

  • Haz un inventario que empiece por ti: ¿en qué creo a la hora de vestirme, conducirme en privado y en sociedad, maquillarme y comprar ropa? ¿Tengo un presupuesto, calendario y sigo los lineamiento de un guardarropa básico?
  • ¿Cómo cuido de mi pudor, en el aspecto de escotes, largo de faldas y vestidos, pantalones que se ciñen demasiado al cuerpo o maquillaje y peinado? Si quieres una idea de que tan bien lo estás haciendo, observa el antes y después de las que ahora son reinas como Leticia de España, Máxima de Holanda, y las princesas de Inglaterra, Kate Middleton y Sofía de Suecia. El protocolo a la hora de vestirse, proyectar una imagen e influir sobre las mujeres unas a otras no es sólo para las casas reales, es para todas y cada una de nosotras mujeres comunes y corrientes que adornan el mundo con el impacto que provocan las flores al mirarlas.
  • ¿Cuáles son mis ideas en torno a la moda como vehículo ideal para influir positivamente en el papel de la mujer en la sociedad?
  • ¿Cuánta atención y cabeza pongo en la selección de prendas, colores y formas que van mejor de acuerdo a mi forma corporal, ocupación y edad?
  • Si eres una mujer profundamente comprometida con todo lo que enseña la Santa Iglesia Católica, pensarás en penetrar tu personalidad de las actitudes, modos y formas de vestir que la Virgen Santísima llevaría en este tiempo. ¿Cómo sería el perfume que ella dejaría a su paso de llevar a Jesús a la iglesia, a una fiesta de cumpleaños y a la playa? ¿Cómo te la imaginarías al vestirse para una cena a solas con José o para una fiesta entre amigas? No se te olvide que la Virgen María fue tan mujer como tú y yo, de carne y hueso. Pobre, sencilla y digna. Con la cabeza bien puesta sobre los hombros.

Después de estos ejemplos creo que tú misma puedes elaborar una lista de valores imprescindibles para la educación de tu hija: pudor, buenos modales, perfección en la postura al estar de pie, sentada y al caminar. Cuéntame que has probado, qué no te ha dado resultado, en qué estás teniendo problemas. Resolvamos juntas las dudas en torno a nuestra dignidad y la moda e iluminemos el mundo como el necesita ser iluminado por nosotras las mujeres, humanizadoras de la sociedad y promotoras del reino de los cielos. Además si encuentras este artículo de gran utilidad te invito a promoverlo con tus amigas, provocar una tertulia entre tú y ellas para discutirlo y si hay espacio invítame a mí también. Te aseguro que es así como las mujeres iluminamos el mundo.

Sheila Morataya-Fleishman

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Guía para la madre de un adolescente

Guía para la madre de un adolescente

Mónica Robles Santamarina

Revista Acción Femenina, mayo2011/año 78/956

 

 

Cuando pensamos en la adolescencia se nos vienen a la cabeza varias ideas: descontrol de las emociones, conductas de riesgo, rebeldía y desobediencia ante los padres, incomprensión, etc.. En general la percibimos como una etapa complicada y difícil, por la cual todos, incluyendo a nuestros propios hijos, se ha de pasar.

Sin embargo, la adolescencia es un tiempo crucial del desarrollo de cualquier persona, para alcanzar la madurez necesaria para convertirnos en adultos. Entraña importantes cambios físicos, de pensamiento, de la manera en la que nos percibimos a nosotros mismos y de cómo nos relacionamos con los demás. A pesar de las dificultades que conlleva, es necesario atravesar por ella.

Hoy pretendemos que se comprenda mejor y ofrecer algunos consejos prácticos para ayudar a nuestros hijos a atravesarla de la mejor manera posible, para así, llegar a convertirse en adultos maduros y responsables de sus propios actos.

¿CUANDO COMIENZA LA ADOLESCENCIA?

En general, empieza con la pubertad, proceso mediante el cual cualquier persona alcanza la madurez sexual y la capacidad para reproducirse. Para que se dé el inicio de la pubertad, tanto en hombres como en mujeres, transcurren alrededor de siete años. El proceso por lo común tarda cerca de cuatro años en ambos sexos y empieza aproximadamente dos o tres años antes en ellas que en ellos.

La edad promedio de entrada de los niños a la pubertad es de doce años, pero pueden empezar a mostrar cambios entre los nueve y los dieciséis años de edad. Las niñas, en cambio, comienzan a mostrar los primeros cambios relacionados con la pubertad entre los ocho y los diez años.

CAMBIOS CORPORALES, PSICOLÓGICOS Y SOCIALES

Todos conocemos los cambios físicos: “el estirón” de crecimiento, la maduración de los órganos reproductores, el engrasamiento de la voz, la menarca ( o primera menstruación), el crecimiento de vello en diferentes zonas del cuerpo, así como el aumento de peso y masa muscular son algunos de los cambios físicos que experimentamos todos durante este proceso.

Estos cambios corporales repercuten en los ámbitos psicológicos, de pensamiento y emocionales de todos los jóvenes. Es necesaria una adaptación a la nueva imagen corporal. Muchos adolescentes no se sienten contentos con su nueva imagen, no les gusta lo que ven en el espejo, lo que puede tener consecuencias como baja autoestima o los muy conocidos trastornos de la alimentación, sobre todo en las mujeres. >

Para que se produzcan estas modificaciones corporales, necesarias para alcanzar la madurez adulta, es indispensable que ocurran cambios hormonales en los jóvenes, los cuales repercuten en el estado de ánimo y en el comportamiento de los adolescentes. Las altas y bajas repentinas de humor repentinos, la atracción hacia el sexo contrario, el sentimiento de incomprensión, el aumento de agresividad, la rebeldía y las conductas de riesgo (consumo de sustancias prohibidas, actividad sexual temprana, etc..) son consecuencias comunes de las alteraciones hormonales.

El adolescente tiene que lidiar, día con día, con el hecho de que ya no se ve como era antes, que piensa y siente cosas de manera distinta y con la pérdida de interés en las actividades de la infancia. Experimenta confusión y dificultades para comprenderse a sí mismo y su nuevo papel dentro del mundo. Es importante que conozcamos el origen y desarrollo de estos fenómenos para comprender mejor a nuestros hijos y así poder ayudarlos en esta lucha.

En muchas ocasiones, debido a falta de conocimiento y experiencia, entorpecemos el paso de nuestros hijos por esta etapa, en lugar de ayudarlos en esta lucha interna y encauzarlos en el camino correcto.

¿QUÉ HACER CON NUESTROS HIJOS ADOLESCENTES?

Los padres hemos de definir, de común acuerdo, los límites, reglas y las consecuencias de no cumplirlas. El adolescente siempre se va a encontrar en una continua lucha entre sus deseos de autonomía e independencia y su miedo a los mismos. Nosotros como padres debemos ser muy claros y firmes en el momento de establecer límites y reglas para evitar aumentar su confusión.  De lo contrario, su sentimiento de confusión aumentará, lo que en vez de beneficiar a nuestros hijos, les hará más daño.

Hablar con nuestros hijos. El sentimiento de incomprensión es característico durante esta etapa. El adolescente se siente inseguro y, en muchas ocasiones, avergonzado tanto de los cambios corporales, como de las nuevas sensaciones y sentimientos que comienza a experimentar. Debemos, antes que nada, escuchar a nuestros hijos, darles oportunidad que nos hablen acerca de sus preocupaciones y cuestionamientos, y abrir las puertas a una comunicación adecuada. En ocasiones, sin ni siquiera darnos cuenta, somos nosotros mismos los que no permitimos que fluya la comunicación en nuestros hogares. Es necesario, entonces, fomentar la escucha atenta y comprensiva para aumentar así la confianza y mejorar las redes de comunicación entre los miembros de nuestra familia.

Evitar que existan temas tabúes. Lo que no se habla y aprende en casa, el adolescente lo aprenderá fuera de ella. Por ello es importante permitir que dentro del hogar se discutan temas como la sexualidad, las conductas de riesgo o el uso de drogas. Sólo así nos aseguraremos que lo que aprendan es lo adecuado, lo que los encaminará a tomar decisiones más informadas y maduras cuando lo requieran.

Ser pacientes y evitar reacciones desmedidas. No dejarnos llevar por emociones como la ira o el enojo en el momento de tomar decisiones sobre la educación de los hijos. Es importante mantener la calma y ecuanimidad, sobre todo en los momentos de crisis. Si explotamos y les gritamos a nuestros hijos, ¿cómo entonces podemos exigirles que no actúen de esta manera?

Reconocer lo positivo, no sólo castigar lo negativo. Muchas veces, nos enfocamos tanto en corregir las conductas y actitudes negativas, que nos olvidamos por completo de aplaudir lo positivo. El reconocimiento de sus logros, por pequeños que sean, ayudará a fomentar su autoestima y sentimiento de identidad.

Ser padres comprensivos, no amigos. Muchos padres se vuelven permisivos con el fin de evitar cualquier tipo de conflicto con sus hijos adolescentes. Al hacer esto caemos en un error casi igual de grave como el de ser completamente autoritarios e inflexibles.

No existe receta perfecta para educar a nuestros hijos adolescentes; sin embargo entre más nos demos a la tarea de conocerlos, comprender los cambios que viven y fomentar la comunicación y valores en nuestra familia, lograremos que atraviesen esta difícil etapa de la mejor manera posible.

Aunque existan casos más complicados que otros, todo adolescente pasa por un periodo de crisis durante esta etapa. En nuestras manos recae entonces la opción de ayudarlos o entorpecer su camino hacia la adultez..”

Categorías:JCFM, Mujer

Carta a tu niña interior

Carta a tu niña interior

Revista Acción Femenina, México,  Abril 2011-04-27

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Guadalupe Chávez villafaña

Querida amiga:

Pero, ¡qué seria estás! Desde hace tiempo veo que ya no tienes la alegría de hace años. Vas por la vida como si llevaras un gran peso en la espalda, como si hubieras perdido las ilusiones de niña y los sueños de juventud. ¿Te acuerdas de esos tiempos?

Reías y jugabas con tus primos y amigos. Te trepabas a los árboles, brincabas en los charcos y te empapabas bajo la lluvia. Imaginabas historias fantásticas en las que tú eras la heroína y luego me decías que cuando crecieras ibas a luchar para cambiar el mundo.

Esos sueños continuaron en tu adolescencia, en la que estudiabas con ahínco, esperando que lo aprendido te sirviera para trabajar en algo en que pudieras ayudar a los más necesitados.

Tenías entusiasmo, aspiraciones, energía y esperanza de lograrlo, y te esforzabas para hacerlo realidad.

Ahora eres una mujer adulta, madura, formal, seria, con enormes responsabilidades, una mujer que se toma la vida muy a pecho. Y quizás en parte no esté tan mal, pero…

Pero ya no eres la misma, ya no tienes el brillo de la alegría en tu mirada; ya no sonríes con la ilusión del futuro, ya no luchas con la misma esperanza.

¿En qué parte del camino lo perdiste?

¿En qué momento de la vida te perdiste?

En dónde dejaste olvidada a esa niña maravillosa que eras.

Sí, amiga, intenta recuperara tu niña interior, esa que te nutre de alegría; esa que te empuja a vivir con espontaneidad, sin preocuparte del “qué dirán”.

Y sobre todo, intenta recuperar la relación que de niña tenías en tu papá-mamá Dios, a quien todo le platicabas y en quien confiabas plenamente.

Además te pido que intentes alguna de esas “locuras” que tan feliz te hacían de pequeña: columpiarte libremente, sentarte en una banca del parque a disfrutar de un helado, correr descalza por el pasto, y, sobre todo, abrazar “con abrazos de oso” a tu marido y tus hijos y también a tus amigas y tías, y mamá… Sí, con esos abrazos que dabas cuando tenías cinco años.

Espero que recuperando esos pequeños momentos desaparezca tu seño fruncido y regrese tu sonrisa infantil.

Te quiere y mucho,

Tu niña interior que te habla desde tu propio corazón.

Día del niño, día de la mujer

Día del niño, día de la mujer

Ma. Eugenia Díaz de Pfennich

Revista Acción Femenina, Mexico,  Abril 2011-04-27

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Cuando pensabas que no te veía,

te sentí darme un beso por la noche

y me sentí amado y seguro.

Madre Teresa de Calcuta

Beatriz comentaba a sus amigas: “Cuando yo era niña y mi madre trabajaba todo el día para sostenernos, si no hubiera sido por mi nana Julia, quien se encargaba no sólo de hacer la comida, ordenar la casa, preparar los uniformes y de ayudarme a hacer la tarea, así como por mi tía Virginia que siempre estaba pendiente de que no nos faltara nada: ropa, fiestas de cumpleaños y por la querida tía Consuelo, que me enseñó a cocinar y me invitaba a cenar a su casa, cada viernes, para que fuera con mi mamá y si quería con alguna amiga, les aseguro que nunca hubiera llegado a ser lo que soy. Ahora tengo 60 años, pero siempre he reconocido, desde lo profundo de mi corazón, lo que cada una de estas maravillosas mujeres hicieron por mí”.

Los niños y las niñas necesitan la presencia amorosa, antes que nada de su madre, o de su madre adoptiva para poder desarrollarse y madurar, pero no sólo es la mamá la que ayuda a conformar la personalidad del niño o la niña; también, la abuela, la tía, la educadora, la maestra, la catequista, la vecina, la amiga de la familia, sensible y cariñosa con los niños. Más tarde en la vida, se reconocerá el bien que le hicieron cada una de estas mujeres o el gran vacío que dejó la falta de cariño, soledad y abandono que se vivió. Desde luego, no todos los niños y las niñas tienen el amor, el cariño y la atención que necesitan y las consecuencias se sienten no sólo en la familia y en la escuela, sino en nuestro México.

NECESIDADES FUNDAMENTALES DEL SER HUMANO

¿Conocemos los adultos las necesidades que todo ser humano tiene que cubrir y que debemos respetar para ayudar a un niño o niña a crecer y descubrir el amor de Dios y la alegría de vivir?

Primero el niño tiene necesidades fisiológicas que deben ser atendidas: alimentarse, cubrirse, dormir. El adulto consciente no puede descuidar la adecuada alimentación y el tiempo de sueño y descanso que un niño necesita. Un pequeñito llora generalmente cuando tiene hambre o sueño aunque en ocasiones creemos que es un simple berrinche.

La necesidad de amor y pertenencia es básica porque no podrá desarrollarse bien e ir madurando sin cariño; es indispensable sentirse amado, primero por Dios, su Padre, saber que Dios le confió su vida a sus papas y que él pertenece a una familia específica con su propia historia, con abuelos, tíos, primos, etc.

Necesidad de estima, porque todo ser humano requiere que se valoren sus cualidades, sus dones naturales y los logros que ha alcanzado. Dios lo dotó con cualidades específicas y él debe descubrir y realizar su propio proyecto de vida.

El niño o la niña han de cubrir su necesidad de seguridad, lo que significa sentir que no corre riesgo su vida, ni su familia, que puede tener acceso a la educación y aspirar a un futuro. En México el problema del narcotráfico y la violencia ha afectado a niños y adultos. El niño debe comprender el valor de la oración personal y en grupo y la Providencia Divina que nunca nos desampara.

Desde muy pequeño el niño debe saber que es importante su colaboración, por pequeña que sea, en su familia, su escuela… y esto se llama necesidad de responsabilidad. El niño aprende que debemos ser solidarios con los demás y ayudar a personas que sufren. También descubre que debe ser “buen administrador” de su tiempo, sus bienes (la naturaleza, su casa, juguetes, libros, ropa, etc.) y en especial debe cuidar su salud y su cuerpo.

Todo ser humano tiene necesidad de realización plena, o sea, tener la oportunidad, a través de su vida, de seguirse superando siempre para alcanzar las metas que se propuso y realizar su proyecto específico de vida, según la voluntad de Dios.

NORMAS CONCRETAS PARA LA EDUCACIÓN DE UN NIÑO O NIÑA

¿Conocen los niños las normas de conducta que establecemos los adultos?

La norma se debe cumplir siempre que sea posible, no depende si el adulto está de buen o mal humor, atento o distraído, cansado o impaciente, o si el niño logró convencerlo de que por “esta ocasión” se le disculpe de cumplirla.

Busquemos que las normas de conducta que exigimos estén orientadas a lograr un crecimiento y madurez en los niños y fundamentadas en la justicia y en la construcción de la paz y el amor a México, nuestra patria.

Normas básicas y actitud del adulto:

√       Tu actitud debe manifestar fundamentalmente amor hacia el niño o niña, no a las normas. *

√       Decir con claridad cuáles son las normas y principios que buscamos, por ejemplo: hablar con la verdad, ser puntuales, respeto, orden, limpieza, cuidar lo propio y lo ajeno, ver televisión o jugar en la computadora (especificar cuánto tiempo por día o por semana), hacer buen uso del dinero, aprender a ahorrar y ayudar económicamente a un necesitado, tener horario para la tarea escolar, comer a una hora fija, hacer uso del baño en coordinación con los demás, no gritar e interrumpir (valor del diálogo, del acuerdo), etc.

√       Respetar las normas escogidas y no cambiar continuamente.

√       Explicar con claridad el castigo o sanción para cada falta a una norma.

√       Seguridad y objetividad cuando el niño o la niña rompe una norma y debe cumplir un castigo. El castigo debe ser siempre proporcionado a la falta. Si un niño pequeño entra corriendo con los zapatos llenos de lodo, esto no es motivo para gritar o golpearlo, por ejemplo.

√       Mostrar paciencia y cariño cuando el niño o la niña recaen en el incumplimiento de las normas familiares o escolares.

Las mujeres, de un modo o de otro acompañamos a los niños y niñas en su proceso de crecimiento y maduración. Nuestra naturaleza femenina está dotada de instinto maternal que nos ayuda a comprender y amar a los más débiles ya sean nuestros hijos, sobrinos, nietos o aquellos a quienes dedicamos tiempo voluntariamente como son los niños del catecismo, los huérfanos, los minusválidos, los niños de la calle, etc. La pedagogía de Dios para ayudarnos a crecer es maravillosa: nos ama profundamente, respeta nuestra libertad, nos tiene infinita paciencia, nos perdona siempre, nos pone obstáculos para que maduremos y nos lleva de la mano para que no tropecemos nuevamente.

No hay que olvidar lo que el gran educador Lord Chesterfield, afirmaba: “Si ganas el corazón del niño, caminas ya con favorable ventaja de educar su razón y orientar su voluntad”. AF

Categorías:Mujer, Revista Accion Femenina Etiquetas:

Por la mujeres, todos los dias todos los derechos

POR LAS MUJERES, TODOS LOS DÍAS TODOS LOS DERECHOS

¿Qué hace el Instituto Nacional de las Mujeres?

Mónica Santamarina de Robles

Revista Acción Femenina, marzo 2011

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Tradicionalmente las mujeres estaban dedicadas exclusivamente a atender al marido y a procrear y educar a sus hijos en la familia que habían formado; el matrimonio era su destino natural y en él debían estar sujetas a la voluntad del esposo. Eran muy pocas las que trabajaban fuera del hogar para sostenerlo o ayudarlo económicamente; también eran pocas las que estudiaban una carrera. Con el paso del tiempo y sobre todo en el último siglo, todo esto ha cambiado. Ahora son cada vez más las mujeres que trabajan fuera del hogar y, aunque muchas lo hacen obligadas por la necesidad de sacar adelante a su familia, día con día aumenta el número de mujeres que estudian, se preparan y salen a laborar motivadas por el deseo de superarse, desarrollar plenamente todas sus capacidades y aportar a la sociedad sus conocimientos y habilidades.

LAS MUJERES HEMOS CAMBIADO

En muchas universidades el número de mujeres que cursan una carrera profesional es ya igual o incluso superior al de los hombres. Las mujeres se casan cada vez a una mayor edad y algunas deciden no hacerlo. También ha aumentado el número de divorcios y de madres solteras y el número de hijos que tienen las familias ha disminuido. Además, con los adelantos de la ciencia, las mujeres vivimos cada vez más años y con una mejor calidad de vida.

Todos estos cambios han afectado positiva y negativamente a las mujeres y a la sociedad. Entre los cambios positivos tenemos el que las mujeres puedan desarrollarse íntegra y plenamente; decidir libre y responsablemente

si formar o no una familia; estudiar y optar por cursar una carrera y ejercer su profesión, dedicarse exclusivamente a cuidar a sus hijos o combinar ambas tareas.

Entre las consecuencias negativas tenemos la desintegración de la familia, el creciente número de madres solteras y mujeres solas que tienen que sacar adelante a la familia, la violencia dentro de ella, la delincuencia juvenil y hasta infantil, la explotación laboral de la mujer y la nueva “esclavitud” que viven algunas mujeres agobiadas y exhaustas ante la ardua tarea de combinar trabajo fuera de casa con el cuidado del hogar y de los hijos, muchas veces sin la ayuda del padre y sin los apoyos suficientes por parte del gobierno y de la sociedad.

¿QUÉ HACER FRENTE A LOS EFECTOS NEGATIVOS DE LOS CAMBIOS RECIENTES?

Ya que es imposible volver al pasado, se tienen que crear condiciones para que los cambios de papeles de las mujeres tengan más efectos positivos para ellas, para sus familias y para la sociedad y se eliminen los efectos negativos. Entre muchas acciones a realizar, se requiere apoyar a la familia para que no se desuna; que los papas compartan con las mamas las responsabilidades de los hijos y del cuidado de la casa; que la mujer no sufra la violencia del varón; que si la mujer trabaja, el empleador le pague el salario justo; que se pueda conciliar la vida familiar con la vida laboral, etc.

Para atender estas necesidades y lograr que todos los hombres y mujeres sean reconocidos y tratados como personas iguales en dignidad e iguales ante la ley se tiene que cambiar la cultura milenaria que destinaba a las mujeres exclusivamente al cuidado de la familia y no las consideraba al mismo nivel que los varones. Se requieren también cambios de leyes, de hábitos, de costumbres, de actitudes y de lenguaje.

Con el fin de impulsar estos cambios, en el año 2000 se aprobó en nuestro país la creación del Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) que lleva diez años trabajando para que todos los hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades de desarrollo.

EL INSTITUTO NACIONAL DE LAS MUJERES

El INMUJERES es una institución del gobierno federal que trabaja para crear una cultura de igualdad, libre de violencia y discriminación, capaz de propiciar el desarrollo integral de todas las mujeres mexicanas y permitir, tanto a hombres como a mujeres por igual, ejercer plenamente todos sus derechos, así como participar equitativamente en la vida política, cultural, económica y social del país. Es, por lo tanto, la instancia rectora de la política nacional en materia de equidad e igualdad de hombres y mujeres ante la ley.

Para ello, el INMUJERES cuenta con diversos programas como son Mujer y Medio Ambiente, Prevención de la Trata de Personas, Fondo Proequidad, Vida sin Violencia, Emprendedoras y Empresarias, El Observatorio de los Medios de Comunicación, etc. A través de estos programas se van orientando algunas de las políticas del gobierno y se presta asesoría y servicios a las mujeres, promoviendo su desarrollo y participación constructiva en la sociedad. En Acción Femenina te hemos dado ya a conocer alguno de estos servicios.

Asimismo, era necesario contar con leyes que permitieran y promovieran cada una de las acciones del gobierno en la lucha contra la discriminación a las mujeres, el combate a la violencia de género y el ejercicio pleno de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Así se aprobaron, entre otras, la Ley del Instituto Nacional de las Mujeres, la Ley General de Igualdad entre Mujeres y Hombres, la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas, la Ley para la Protección de los derechos de las Niñas, los Niños y los Adolescentes y la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.?

Esta última ley es de gran importancia ya que busca evitar la violencia física, psicológica, patrimonial, económica y sexual hacia las mujeres. En ella podemos identificar si somos víctimas de violencia y saber qué hacer y a quién acudir para defendernos. Es tan importante que ya se ha logrado que en 20 Estados de la República y en el Distrito Federal se hayan aprobado leyes similares.

Otro trabajo que realiza el INMUJERES es lograr que en los presupuestos de egresos del Gobierno se destinen recursos para atender las necesidades de las mujeres. Por ejemplo, en la Secretaría de Salud se aplican recursos específicos para la prevención y detección del cáncer de mama y cérvico uterino.

Es también muy importante el trabajo de capacitación que realiza el INMUJERES en las instituciones públicas y privadas para que todo el personal que en ellas trabaja sea tratado en igualdad de condiciones y que las mujeres no sean discriminadas, que no se les pague menor salario por trabajo igual y que no se les impida ocupar puestos de mandos superiores, sólo por el hecho de ser mujeres, cuando tengan la misma o mayor preparación y capacidad que los varones. Además, estimula y capacita a las mujeres para que quienes lo desean puedan aspirar a ocupar cargos de elección popular en las contiendas de los distintos partidos políticos.

El Instituto Nacional de las Mujeres tiene el compromiso de lograr que las mujeres mexicanas tengan igualdad de oportunidades y puedan disfrutar de una vida libre de violencia. Hoy que está cumpliendo diez años se siente satisfecho de sus logros, pero es consciente del largo camino que todavía le falta por recorrer.

¿Y NOSOTRAS QUÉ?

Nosotras, integrantes de la UFCM, comprometidas con la evangelización y el desarrollo integral de las mujeres, debemos conocer nuestros derechos y exigir que se nos respeten. Es fundamental además conocer los programas y las Instituciones que tanto el gobierno federal como los gobiernos locales y municipales tienen para el apoyo a las mujeres, a fin de darlos a conocer en nuestras comunidades y buscar encauzar a quienes necesiten de los diversos servicios que se ofrecen.

Trabajar para que los

demás respeten

nuestra dignidad

de mujer.

Conoce tus derechos y compártelos.

Te invito a asumir plenamente y a vivir conforme a tu dignidad de mujer, a trabajar para que los demás la reconozcan y respeten, a conocer y hacer valer todos tus derechos y a prepararte y actuar libremente para desarrollar todas las potencias que el Señor te dio. Sabemos que todavía hay mucho por hacer, pero logros como los aquí descritos a favor de una cultura que respete nuestra igual dignidad y promueva el pleno ejercicio de todos nuestros derechos son asuntos que deben ocuparnos e importarnos siempre. Ya seguiremos platicando en otra ocasión

Categorías:Mujer

Mujer, ¿quién eres tú? El arte de amar

Mujer, ¿quién eres tú? El arte de amar

Ma. Eugenia Díaz de Pfennich

No rehuyas lo bello ni lo terrible.

Rilke

Revista Acción Femenina, marzo 2011

Beatriz, comentaba en la reunión mensual con sus amigas cercanas: Siempre he buscado estar muy bien arreglada, verme joven y delgada, con buena ropa, sobre todo para agradarle a mi esposo, que es muy exigente, pero ahora con el pasar de los años, mi esposo no me toma en cuenta, mis hijos me consideran frívola y poco cariñosa y siento su indiferencia. Me pregunto: ¿qué he hecho mal? ¿Porqué me siento tan vacía, tan fracasada?

Beatriz no descubrió la belleza de ser mujer, de tener conciencia de su propia dignidad, de pensar en su misión. Leía sólo revistas, que hablaban de ser atractiva, ser exitosa socialmente, conservarse delgada… Todo eso no le dio sentido a su vida.

Encontramos en Proverbios 31, 30: ¡El encanto es engañoso, la belleza pasa pronto, lo admirable en una mujer es la sabiduría!

LLAMADA AL AMOR

Cada ser humano, por voluntad de su Creador, es único e irrepetible y su finalidad es lograr la realización plena, o sea, desarrollar totalmente sus cualidades y descubrir y vivir su proyecto personal. No podemos conformarnos con alcanzar metas aisladas.

La palabra Eva significa “fuente de vida, madre de todos los vivientes”. La mujer y el hombre son iguales en dignidad, pero con una misión diferente; complementaria, pero distinta. La mujer posee características naturales, corporales y psicológicas que la ayudan a cumplir con su misión que es comunicar la vida física y espiritual. Desde luego no es sólo tener hijos, es aportar a la humanidad ayuda a través de la ternura, la dedicación, la fuerza, la entereza, la luz, la comprensión y todos aquellos valores que nos presenta el Evangelio.

El ser humano está llamado al amor, ley fundamental que Cristo nos enseñó. La mujer tiene en sí, en su corazón femenino, la predisposición al amor. No cabe duda que algunas veces lo ofrece a personas indignas y puede toparse con grandes decepciones y fracasos, pero es mejor amar aunque ello conlleve peligro y fuente de sufrimiento que negarse a abrir el corazón. o#?

Para la mujer que naturalmente tiende a acoger y proteger la vida, el amor es una cuestión esencial y las mujeres creyentes encuentran en el amor a Dios la fuerza para amar a los demás. No hay amor a Dios que excluya al prójimo. Sin el amor presente en el mundo, el mundo sería un lugar de desolación y abandono. La mujer que da amor ejerce, por lo tanto, un poder y una fuerza que transforma y mejora todo lo que la rodea.

PROFUNDA SENSACIÓN DE FRACASO

El hombre necesita de la mujer para amar, para comprender, para que su vida tenga sentido, salga de la soledad y del egoísmo. La mayor discriminación de la mujer, consiste en negar la dignidad que ella recibió del Creador, es decir, eliminar la huella de su identidad. Esta discriminación limita a la mujer a lo temporal, a lo material. Considerar que la mujer es sólo bella y objeto de placer la encajona en una trampa donde no puede realizarse plenamente y cuando se acaba la juventud y llega la vejez hay una profunda sensación de fracaso.

Cuando celebramos en el mundo entero el Día Internacional de la Mujer, es indispensable valorar nuestra dignidad de mujeres cristianas y saber que nuestro trabajo por las mujeres, tiene sus raíces en el Evangelio. El mundo actual reclama la presencia y la acción de la mujer, que como María es consciente del lugar que ocupa, para construir un mundo más humano.

Cuando el hombre o la mujer se desentienden de su misión, algo hay que no funciona como es debido. Quedan sumidos en la oscuridad. Desentenderse de la vocación significa caminar a la deriva y determina un estado de enfermedad en el alma y una sensación de malestar que se manifiesta en el abatimiento, la tristeza y el hastío de la vida.

Por lo tanto difícilmente conquistará la mujer la posición que le corresponde con una actitud de rencor, enojo, agresividad… La mujer necesita adquirir la conciencia de sus verdaderos y propios valores y estar presente con paciencia, responsabilidad y amor en las distintas áreas de la sociedad. La mujer maternal puede contribuir a que muchos hombres se conviertan al bien y con tanta mayor eficacia cuanto más firmemente se valore a sí misma.

EL GENIO PROPIO DE TODA MUJER

El gran teólogo francés, Teilhard de Chardin, escribía sobre la mujer creyente lo siguiente: “La tierna compasión, el encanto de la santidad, que emanan de la Mujer tan naturalmente y que sólo se encuentran cerca de ella, es la presencia de Dios que se siente y que resplandece”.

En el libro de los Proverbios se destacan, desde hace miles de años, cualidades de la mujer fuerte: le tendió su mano al pobre, la abrió para el indigente, va irradiando salud y dignidad, mira con optimismo el porvenir, lo que dice es siempre muy juicioso, tiene el arte de transmitir la piedad. (Proverbios 31, 20,25,26…)

El sentimiento de amor a la humanidad es el genio propio de toda mujer. Capacidad para dialogar, llegar a acuerdos, construir la paz, vivir la justicia, ser solidaria con los necesitados, ser prudente, ser paciente, escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica, son algunas de las cualidades naturales de la mujer que comunica vida a su alrededor. Estas cualidades naturales no se desarrollan sin voluntad, oración, disciplina y paciencia. Es, por lo tanto, indispensable también que el hombre valore y comprenda la misión de la mujer.

María Madre de la Misericordia es la Mujer por excelencia.  En su letanía la invocamos con las características propias de su ser femenino: Madre amable, Madre del buen consejo, Madre prudentísima, Virgen poderosa, Causa de nuestra alegría, Salud de los enfermos, Consoladora de los afligidos, Reina de la paz..

María ayúdanos a valorar y vivir con alegría nuestra misión en un mundo donde hace falta la presencia comprometida de la mujer. Aprender el arte de amar significa acompañar en sus penas y angustias, en sus alegrías y esperanzas a nuestra familia, comunidad y al mundo.

CUESTIONARIO PERSONAL:

1.         ¿Tienes alta autoestima y conoces tus dones naturales? No
2.         ¿Te aceptas como eres y deseas superarte? No
3.         ¿Lees con frecuencia la Biblia y acoges la Palabra en tu interior? No
4.         ¿Sabes dialogar y llegar a acuerdos? No
5.         ¿Enseñas a tus hijos, nietos, alumnos a ser amables y tolerantes? No
6.         ¿Frente a situaciones difíciles sabes controlarte y mostrarte paciente? No
7.         ¿Tienes algún compromiso voluntario (sin salario) como enfermera, catequista, trabajo con minusválidos, en la UFCM, etc.? No
8.         ¿Te preocupas por tu formación para superarte? No

 

Si contestaste Sí a todas, eres una persona excepcional que ayuda a cambiar el mundo.

Si contestaste Sí sólo a 4, necesitas seguir intentando mejorar.

Si contestaste Sí a menos de 4, haz un alto y pide consejo, haz oración y con la ayuda de Dios y disciplina te superarás.

Con la mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanza de volver

Proverbio Judío