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Espiritualidad cristiana para la participación ciudadana

Espiritualidad cristiana para la participación ciudadana

Fuente http://imdosoc.org

 

La espiritualidad cristiana se forja en primer lugar a partir del encuentro con el Señor a través de la escucha de su palabra, de la identificación de sus opciones, de la contemplación de su vida para hacer nuestras sus actitudes.

 

El Evangelio testimonia cómo la vida de Jesús está atravesada permanentemente por la acción del Espíritu de Dios, desde el bautismo hasta la Cruz. De ahí que una característica del discípulo de Jesús está dada por el dejarse conducir por el Espíritu, dejarse enseñar por Él y dejar que el mismo Espíritu ayude al discernimiento ante las situaciones inéditas de cada época.

 

Me han pedido que comparta con ustedes algunas reflexiones sobre la espiritualidad que podría llevarnos a una mayor participación ciudadana.

 

Comenzaré por recordar algunas ideas sobre lo que se entiende por espiritualidad. Juan Pablo II en Ecclessia in America escribía: “Espiritualidad es un estilo o forma de vivir según las exigencias cristianas, la cual es la vida en Cristo y en el Espíritu… En este sentido por espiritualidad se entiende no una parte de la vida, sino la vida guiada por el Espíritu Santo” (EA 29).

 

La espiritualidad lleva al cristiano a convertirse en hombre nuevo. Esto se realiza mediante un proceso, que en América Latina hemos llamado seguimiento de Jesús, en donde la persona va asumiendo el estilo del Señor, su forma de vida, su disponibilidad al Espíritu. La acción del Espíritu va disponiendo al hombre a la comunión con Dios y con los hermanos, mediante un proceso en el que lo libera de los egoísmos, en que lo ha sumido el pecado.

 

La meta es siempre la comunión, a la que no se accede, sino por un profundo proceso de conversión. Sin embargo, la comunión llama permanentemente a la solidaridad puesto que se constata cada día, cuántos hermanos están lejanos de esta realidad. Nuestro mundo roto y dividido, como nos recordó el mismo Papa Juan Pablo II en su último documento sobre la Eucaristía, espera de nosotros los cristianos un servicio que parece no le puede venir de ningún lado.

 

Quisiera proponer a ustedes el texto de las bienaventuranzas desde donde podríamos encontrar algunas líneas que sustenten una espiritualidad que nos lleve a la participación ciudadana.

 

Bienaventurados los pobres:

La primera bienaventuranza no es una loa a la miseria y a lo que destruye la vida del hombre. Es en primer lugar un reconocimiento a los que no están llenos de sí mismos, los que en su trabajo cotidiano no han colocado la búsqueda del prestigio, del poder o del dinero como el centro de su vida. Es una exaltación de la vida que se empeña por renunciar a postrarse ante los ídolos que la cultura contemporánea coloca delante de los hombres.

 

Esta bienaventuranza tiene su fundamento en una profunda confianza en Dios que le permite al hombre avanzar con las manos vacías, sin temor a ser despojado de sus bienes, porque se vive como si nada se poseyera y, con la frente en alto, porque se siente libre de tener que aceptar componendas que dañen la propia dignidad y la de los demás.

 

Quien asume la pobreza desde esta perspectiva tiene el coraje de luchar y comprometerse con todas sus fuerzas en el escenario público pues sabe que nada tiene que perder pues lo que tiene le viene de Dios. Es capaz de superar los miedos que paralizan la acción de las personas y las comunidades, pues su seguridad le viene de Dios.

 

Si hay un elemento que hoy impide con fuerza la participación ciudadana, es el miedo que de distintas maneras impide los procesos de organización, que alienta la apatía y el conformismo.

 

Bienaventurados los mansos:

No hay nada más lejano al espíritu del Evangelio que la resignación y la fatalidad. El Evangelio en cambio propone siempre la tenacidad y la perseverancia. A la luz de la figura de Jesús, quien contempla con los ojos de Dios la realidad, brota naturalmente la indignación ética ante la injusticia, que con sus múltiples facetas, daña la vida de las personas. Ser manso no significa aguantarlo todo como si no hubiera nada que hacer para transformar el mundo; es la expresión de un corazón que no pierde del todo la armonía a pesar de la adversidad. El hombre manso evita el camino de la dominación y está permanentemente por el servicio.

 

Para la participación ciudadana se requieren cristianos que cultivando la mansedumbre sean capaces de dialogar en medio de las diferencias; que sean capaces de aceptar que la verdad se conquista paulatinamente, mediante el ejercicio de escuchar la verdad de los demás. El cristiano con la mansedumbre se faculta para luchar contra todo tipo de autoritarismos y se convierte en promotor de una sociedad incluyente y plural.

 

Alentar la participación ciudadana requiere un ejercicio que cultive en el corazón de las personas la paciencia histórica, para confiar que a pesar de la resistencia de la realidad a transformarse ningún esfuerzo deja de producir sus frutos. El desaliento en muchos casos puede ser expresión de un acercamiento a la realidad de manera simplista, de una

incapacidad de perseverar ante los problemas.

 

Bienaventurados los que lloran:

Jesús se acercó a la realidad siempre desde la compasión. No se detuvo sólo en el intento de comprenderla, sino que aceptó compartir el sufrimiento de sus hermanos. No sólo lloró con ellos, sino que tomó partido a favor de los que lloran. Sus lágrimas, sin embargo, no lo detuvieron, en el lamento, sino que se dispuso a luchar para superar cuanto oprimía su vida.

 

En México, alentar la participación ciudadana, ha de estar motivado, en primer lugar, por las actitudes de Jesús ante el dolor de los hermanos. Para que sea expresión de nuestro seguimiento del Señor, hay que estar dispuestos a compartir ese dolor. Hoy son tantos los rostros que sufren que sería imposible enumerarlos. Sin embargo, quisiera detenerme a afirmar que la situación de los millones de pobres y de hermanos viviendo en la miseria es ya, desde la perspectiva de la fe, algo que debe empujarnos a la acción. Muchas manifestaciones de dolor están tocando a las puertas de nuestro corazón: el desempleo, la migración, la violencia contra grupos concretos como las mujeres trabajadoras, la desolación del campo, el abandono de los indígenas, la frustración de los jóvenes y la vulnerabilidad de los niños y los ancianos.

Llorar mantiene el corazón sensible ante tanta contradicción y muerte. Llorar traerá siempre como recompensa la consolación.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia:

Esta es la bienaventuranza no de los saciados, sino de los profundamente insatisfechos puesto que saben que en el proyecto de Dios hay vida plena para los hermanos. Esta es la bienaventuranza que permite mantener la pasión por el hombre. Quien vive conforme a esta bienaventuranza no se cansa de exigir justicia para los desposeídos, no se cansa de denunciar las abismales desigualdades que ubican a unos en la opulencia y a otros los sume en la miseria. Propone que dar a cada quien lo que le pertenece debe entenderse en primer lugar en términos de la dignidad de la persona. Bienaventurados pues los que hacen de la lucha por la justicia expresión de su fidelidad a Dios porque Dios mismo los saciará.

Bienaventurados los misericordiosos:

En una sociedad tendiente a la división y a la confrontación esta bienaventuranza adquiere una importancia singular. No se puede alentar la participación ciudadana desde la vida del cristiano si antes no se tiene un auténtico deseo de reconciliación. No habrá avances sustantivos en la vida de nuestra sociedad si las rencillas o los rencores de personas o de grupos se sitúan como el resorte que empuja a la acción. La misericordia capaz de perdonar las ofensas recibidas permite no claudicar ante la frustración que el trabajo social en muchos momentos trae consigo.

 

La reconciliación, misión fundamental de la Iglesia, implica la capacidad de tender puentes, de sumar esfuerzos, de acercar a los diversos, de hacer descubrir lo mucho que nos une, de operar en el mundo, pensando que aun los peores agravios, pueden ser transformados para crecimiento de las sociedades.

Bienaventurados los limpios de corazón:

 

La limpieza del corazón es una cualidad necesaria para el cristiano llamado a la participación ciudadana. De modo especial en nuestro México, en donde durante mucho tiempo se afirmó que entrar a la política era como estar dispuesto a nadar en agua turbia y sucia, como haber cedido a la tentación de la trampa y de la mentira.

Las promesas incumplidas, los arreglos por debajo del agua, las patadas debajo de la mesa durante mucho tiempo han caracterizado la participación política en México. El cristiano que se dispone a participar en la vida pública está llamado a ser persona de una sola palabra, aquel para quien un si es un si, y un no es un no. Está llamado a desenmascarar todo aquello que huela a corrupción en las organizaciones sociales como en los puestos públicos. Ellos son los que verán a Dios.

 

Bienaventurados los que trabajan por la paz:

La discordia y la sospecha, la división y la descalificación las cuales imperan en nuestra realidad política son enemigas de la paz. Una espiritualidad para la participación ciudadana ha de estar dispuesta a buscar siempre la paz desde las propias contradicciones y debilidades.

Hacer del adversario político un enemigo nunca será expresión de lucha por la paz. La paz surgirá cuando la lucha por la justicia sea llevada adelante, cuando se siga creyendo que es posible construir a partir de lo que ha quedado por debajo de los escombros. La paz significa también la disposición a ceder en aquellas cosas que no son esenciales y a mantenerse firme en lo no negociable: la dignidad de la persona y sus derechos.

 

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia:

La cruz se encuentra siempre al final del camino de aquel que se compromete con la justicia. Las trincheras que resguardan la propia comodidad y que nos aseguran no correr riesgos nos alejan de vivir esta bienaventuranza. El Evangelio da testimonio de la incomprensión y el rechazo de muchos a la persona de Jesús. Da testimonio en la misma persona del Maestro, de la gran posibilidad que se tiene de ser objetos de traición.

México y todas las naciones cuentan entre sus altares a mártires que murieron por la confesión de su fe en el Dios que hace justicia a los oprimidos. Su sangre ha abonado el camino de la democracia, de la superación, de la desigualdad y de la paz.

La espiritualidad cristiana que promueve la participación ha de ser consciente de que la cruz está siempre delante. Pero después de la cruz siempre vendrá la manifestación de la Gloria.

 

Monseñor Sergio Obeso

Arzobispo de la Arquidiócesis de Xalapa, Mexico

 

 

Categorías:DSI, General

El compromiso social de los fieles laicos

La Delegación de Pastoral Social de la Diócesis celebró el pasado 8 de noviembre en la Casa de la Iglesia una mesa de experiencias bajo el título: “La fe en el compromiso público”.
En la misma participaron Eduardo García (gerente territorial de Servicios Sociales), José Jolín (director gerente del Complejo Hospitalario del Río Carrión), Mauricio Bugidos (juez magistrado de la Audiencia Provincial), e Isidro Prieto (jefe de estudios del IES Jorge Manrique y secretario de la fundación de becas Trinidad Arroyo). Todos ellos compartieron los retos y dificultades con las que se encuentran en el ejercicio de su profesión siempre desde su opción de Fe.
A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios. Mediante el Bautismo, los laicos son injertados en Cristo y hechos partícipes de su vida y de su misión, según su peculiar identidad.
Las realidades temporales: Es tarea propia del fiel laico anunciar el Evangelio con el testimonio de una vida ejemplar, enraizada en Cristo y vivida en las realidades temporales: la familia; el compromiso profesional en el ámbito del trabajo, de la cultura, de la ciencia y de la investigación; el ejercicio de las responsabilidades sociales, económicas, políticas. Todas las realidades humanas seculares, personales y sociales, ambientes y situaciones históricas, estructuras e instituciones, son el lugar propio del vivir y actuar de los cristianos laicos.
La espiritualidad del fiel laico: En la experiencia del creyente, en efecto, «no puede haber dos vidas paralelas: por una parte, la denominada vida “espiritual”, con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada vida “secular”, es decir, la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura». La síntesis entre fe y vida requiere un camino regulado sabiamente por los elementos que caracterizan el itinerario cristiano: la adhesión a la Palabra de Dios; la celebración litúrgica del misterio cristiano; la oración personal; la experiencia eclesial auténtica…
La doctrina social y los grupos eclesiales: La doctrina social de la Iglesia es de suma importancia para los grupos eclesiales que tienen como objetivo de su compromiso la acción pastoral en ámbito social. Estos constituyen un punto de referencia privilegiado, ya que operan en la vida social conforme a su fisonomía eclesial y demuestran, de este modo, lo relevante que es el valor de la oración, de la reflexión y del diálogo para comprender las realidades sociales y mejorarlas. En todo caso vale la distinción «entre la acción que los cristianos, aislada o asociadamente, llevan a cabo a título personal, como ciudadanos de acuerdo con su conciencia cristiana, y la acción que realizan, en nombre de la Iglesia, en comunión con sus pastores».
El fiel laico y la vida económica: Ante la complejidad del contexto económico contemporáneo, el fiel laico se deberá orientar su acción por los principios del Magisterio social. Es necesario que estos principios sean conocidos y acogidos en la actividad económica misma: cuando se descuidan estos principios, empezando por la centralidad de la persona humana, se pone en peligro la calidad de la actividad económica.
El fiel laico y la vida política: Para los fieles laicos, el compromiso político es una expresión cualificada y exigente del empeño cristiano al servicio de los demás. La búsqueda del bien común con espíritu de servicio; el desarrollo de la justicia con atención particular a las situaciones de pobreza y sufrimiento; el respeto de la autonomía de las realidades terrenas; el principio de subsidiaridad; la promoción del diálogo y de la paz en el horizonte de la solidaridad: éstas son las orientaciones que deben inspirar la acción política de los cristianos laicos.
Las políticas contrarias a la fe cristiana: Cuando en ámbitos y realidades que remiten a exigencias éticas fundamentales se proponen o se toman decisiones legislativas y políticas contrarias a los principios y valores cristianos, el Magisterio enseña que «la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral».
El principio de laicidad: El principio de laicidad conlleva el respeto de cualquier confesión religiosa por parte del Estado… Por desgracia todavía permanecen, también en las sociedades democráticas, expresiones de un laicismo intolerante, que obstaculizan todo tipo de relevancia política y cultural de la fe, buscando descalificar el compromiso social y político de los cristianos sólo porque estos se reconocen en las verdades que la Iglesia enseña y obedecen al deber moral de ser coherentes con la propia conciencia; se llega incluso a la negación más radical de la misma ética natural.
La elección de un partido político: Las instancias de la fe cristiana difícilmente se pueden encontrar en una única posición política: pretender que un partido o una formación política correspondan completamente a las exigencias de la fe y de la vida cristiana genera equívocos peligrosos. El cristiano no puede encontrar un partido político que responda plenamente a las exigencias éticas que nacen de la fe y de la pertenencia a la Iglesia: su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica, a fin de que el partido y su proyecto político resulten estimulados a realizar formas cada vez más atentas a lograr el bien común, incluido el fin espiritual del hombre.
Transformar la historia desde Cristo: También en lo que respecta a la «cuestión social» se debe evitar «la ingenua convicción de que haya una fórmula mágica para los grandes desafíos de nuestro tiempo. No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros! No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste».
Construir la «civilización del amor»: La finalidad inmediata de la doctrina social es la de proponer los principios y valores que pueden afianzar una sociedad digna del hombre… Sólo la caridad puede cambiar completamente al hombre. «La caridad representa el mayor mandamiento social. Respeta al otro y sus derechos. Exige la práctica de la justicia y es la única que nos hace capaces de ésta. Inspira una vida de entrega de sí mismo: “Quien intente guardar su vida la perderá; y quien la pierda la conservará” (Lc 17, 33)». Pero la caridad tampoco se puede agotar en la dimensión terrena de las relaciones humanas y sociales, porque toda su eficacia deriva de la referencia a Dios.
Fuente: http://iglesiapalencia.blogspot.mx/2013/11/el-compromiso-social-de-los-fieles.html
Categorías:DSI

Dificultades y retos para lograr un compromiso socio-político en la CVX México

Dificultades y retos para lograr un compromiso socio-político en la CVX México

Andrés Mayorquín Rios

Junio 2014, Mérida, Yuc., México

“Jesús les contestó: Denles ustedes de comer.”

(Mr  6, 37)

 

Introducción

¡Denles ustedes de comer!

Esa frase se me ha quedado grabada en lo más profundo de mí ser y cada vez que la leo o escucho surgen en mí fuertes emociones, muchas ideas y cuestionamientos, deseos e impulsos. Seguramente la había escuchado varias veces antes, pero recuerdo bastante bien la Eucaristía donde la escuché y me dejó vibrando. Fue hace unos 8 años, había ido solo a la misa esa noche. Un diácono que hacía buenas homilías era el celebrante. Tuvo tanto impacto que mi esposa y yo elegimos ese Evangelio para nuestra boda, pues simbolizaba que nuestro matrimonio también tenía que responder en algún momento a esa petición de Jesús, de alguna manera teníamos que encontrar el modo de ser solidario con quienes más lo necesitan. Es por esto que para mí la política resulta un espacio importante de acción, donde se pueden lograr muchas grandes transformaciones y en el cual tengo interés de incidir.
El presente ensayo pretende ser una mirada a la experiencia que, como ignaciano y cevequiano, he tenido en los intentos burdos de responder a esta frase imperiosa de mi Dios y cómo sigo buscando la mejor manera de aportar, desde mi espacio y tiempo, soluciones a las grandes necesidades de mi país. En este recorrido abordaré mi percepción de:

  1. Cómo los laicos nos enfrentamos a grandes dificultades, retos, peligros y tentaciones al momento de optar por el lugar donde ejercer nuestro encargo misionero.
  2. De igual manera trataré de identificar los principales factores que afectan  a la comunidad CVX México (particular, local, nacional) cuando sus miembros pretenden promover, responder y vivir el compromiso político y social.

Desarrollo

La política, hoy por hoy en México, tiene el grave prejuicio de ser una vocación sólo para los corruptos, para los inmorales, para los egoístas, para los aprovechados y los tranzas. Se le considera un medio para obtener fama y éxito, dinero y riqueza, poder e influencia. La mayoría de las personas tienen una percepción negativa del político y de su trabajo, pues a lo largo de las últimas décadas se ha acumulado suficiente evidencia de que la mayoría de los funcionarios se aprovechan de sus cargos para beneficiarse o dar beneficio a sus familiares y amigos cercanos, a través de una red de complicidades, de tráfico de influencias, de corruptelas, de acuerdos por fuera de la ley.

Las encuestas de opinión lo confirman. Palazuelos Covarrubias (2012) documenta con mucha claridad esta situación: los partidos políticos son la institución que recibe menos confianza de los ciudadanos en Latinoamérica, con un promedio de 35.8%. En México estamos ligeramente debajo de ese promedio con un 35.3%.

Pero esta percepción no se limita a los políticos y a sus partidos. La idea de que la política no sirve para lo que debería servir, el bien común, ha permeado tanto en el imaginario colectivo, que, como lo describe Jiménez (2013) en un artículo del periódico La Jornada, el apoyo a la democracia mexicana ha pasado del 49% en 1995 a un 37% en el 2013.

Con apenas estos 2 datos, nos damos cuenta perfectamente de que los políticos no han trabajado adecuadamente para lograr satisfacer las necesidades de la población, lo cual ha redundado en una imagen negativa del quehacer político. Esta imagen puede ser un prejuicio, y como tal, promover generalizaciones dramáticas sobre las personas que han decidido buscar el desarrollo de la sociedad en su conjunto de una forma honesta y decidida. Sin embargo, definitivamente es una barrera importante para todo aquél que con buenas intenciones quiere participar en la política, como una respuesta concreta a la experiencia de Dios.

Por otro lado, la mayoría de los políticos mexicanos son abiertamente hombres de fe, muchos de ellos católicos. Es más, un partido político está en el espectro de lo que se conoce como democracia cristiana: el Partido Acción Nacional (PAN). Sus principios son muy similares a los que presenta la Doctrina Social de la Iglesia, porque se nutren y se fundamentan en la filosofía humanista (González Carrillo, A., Magaña Duplancher, A., s.f.). Aún en los partidos de izquierda, en donde las ideas comunistas que promueven el ateísmo tienen gran cabida, existen políticos creyentes.

¿Cómo explicamos entonces esta ruptura entre la ideología partidista de los políticos actuales en México, que aunque con diversidad de propuestas, pregonan la búsqueda del bien común, y la vivencia real de un actuar alejado de dichos valores? ¿Cómo entender que la mayoría de los políticos sean católicos y sin embargo, den muestra que no hay una relación directa entre la fe que se profesa y la actividad a la que se dedican?

Mauricio López (2014) da en el clavo cuando, en su presentación, retoma la frase del Papa Francisco dicha a alumnos y exalumnos de colegios jesuitas: “¿No será que la política está llena de porquería y de corrupción porque no hemos llevado los valores y una ética desde nuestra propia visión del Evangelio a estos espacios?”. Es una pregunta directa y retadora a todo aquel cristiano que opina mal de los políticos, a todo aquél que piensa que de la política, entre más lejos mejor. Es un cuestionamiento crucial para la CVX, la cual pretende ser un elemento clave en la instauración del Reino en la Tierra.

Juan Pablo II (1988), en la exhortación Christifideles Laici menciona los dos graves peligros y tentaciones a las que se enfrentan los laicos católicos : “la tentación de reservar un interés tan marcado por los servicios y las tareas eclesiales, de tal modo que frecuentemente se ha llegado a una práctica dejación de sus responsabilidades específicas en el mundo profesional, social, económico, cultural y político; y la tentación de legitimar la indebida separación entre fe y vida, entre la acogida del Evangelio y la acción concreta en las más diversas realidades temporales y terrenas”.

Ambas tentaciones se relacionan y entrelazan con la problemática planteada. Por un lado está el católico que con buena intención, cree que haciendo solamente servicios dentro de la Iglesia puede realizar la misión de ser obreros en la viña. De esta forma, la política es menospreciada como un espacio auténtico a donde nos manda  el Señor: “Id también vosotros a mi viña”. Nos negamos a reconocer como un espacio de misión y de apostolado precisamente aquél donde hay más urgencia en que se vivan con mayor plenitud los valores del Reino.

No se puede negar que también hay algunos católicos que, comprometidos con su fe, pretenden trabajar de forma recta y honesta en la política para lograr mejoras sustanciales a las condiciones de vida de la población más marginada, más pobre, más excluida. Sin embargo, lo que llamamos “el sistema”, las formas y maneras en que se llevan a cabo las relaciones y las acciones dentro de la vida política, genera barreras, minimiza espacios, excluye de los acuerdos, obstaculiza la participación de estos laicos bien intencionados.

En el otro caso, están aquellos laicos que han optado por trabajar en la política y que tratan de explicar y justificar sus actos incongruentes con los valores cristianos, estableciendo una clara separación entre lo que dicen creer y lo que hacen a diario. “El Estado es laico”, “No se debe mezclar religión con política”, dicen. Para ellos la espiritualidad nada tiene que ver con la forma de actuar en los diversos ambientes de su realidad concreta, no hay correlación entre la fe y la vida. Al final, el resultado del quehacer político de estos laicos se aleja del bien común.

Estos peligros a los que se han hecho referencia son consecuencia de una experiencia espiritual muy deficiente, superficial y, en algunos casos, nula. Muchos laicos han limitado o reducido su espiritualidad al cumplimiento de algunos pocos deberes rituales o litúrgicos; realizan los sacramentos una vez en la vida, como marca el canon social; asisten a misa los domingos; recitan oraciones de memoria; se forman en la fe con las homilías del sacerdote.

Es claro que, en estas circunstancias, difícilmente puede surgir un compromiso real y profundo para abordar los problemas y realidades temporales y ordenarlos según el Evangelio de Jesús. Se requiere que la vivencia espiritual, la relación con Dios que ama al hombre sea personal, profunda, íntima, en confianza. Como decía José Luis Caravias (s.f.): Hemos de volver a experimentar vitalmente a Dios. Sentir al Dios vivo. Dejando a un lado, como basura inservible, las imágenes obscurantistas de Dios, caídas ya por tierra.”

La Iglesia debe encontrar mecanismos y herramientas que permitan a todos los laicos recuperar esta experiencia del Dios vivo, del Dios que ama infinitamente, que no se enoja, que no castiga. Los cristianos tenemos que esforzarnos para experimentar en nuestra vida el amor del Padre que nos muestra Jesús en la parábola del hijo pródigo, aquél Padre que está a la espera, atento a nuestro regreso a casa, deseoso de abrazarnos, porque ya ha perdonado todo en su gran misericordia, que festeja y celebra nuestro arrepentimiento.

Pero también los católicos hemos de reconocer, en nuestra relación con Dios, que él es un Dios activo, siempre presente en nuestro espacio y nuestro tiempo, un Dios encarnado. Mauricio (2014) lanzó una cuestión al respecto: “¿creemos o no creemos en ese Cristo que se hace presente, que camina en medio de nosotros y que nos presenta un itinerario que nos obliga a salir de nuestro sitio tranquilo y a buscar hacer algo para transformar la realidad?”

En la CVX México se viven estas mismas dificultades y retos en cuanto al compromiso socio-político. Si bien, los Principios Generales de la CVX (1990) establecen que “la espiritualidad de nuestra Comunidad está centrada en Cristo y en la participación en el Misterio Pascual. Brota de la Sagrada Escritura, de la liturgia, del desarrollo doctrinal de la Iglesia, y de la revelación de la voluntad de Dios a través de los acontecimientos de nuestro tiempo… consideramos los Ejercicios Espirituales de san Ignacio como la fuente específica y el instrumento característico de nuestra espi­ritualidad. Nuestra vocación nos llama a vivir esta espiri­tualidad, que nos abre y nos dispone a cualquier deseo de Dios en cada situación concreta de nuestra vida diaria”, esto no implica que en automático los miembros estén en plena disponibilidad de asumir un compromiso socio-político que los lleve “a trabajar en la reforma de las estructuras de la sociedad tomando parte en los esfuerzos de liberación de quienes son víctimas de toda clase de discriminación y, en particular, en la supresión de diferencias entre ricos y pobres.”

Los cevequianos no estamos exentos de enfrentarnos a estas mismas tentaciones, mencionadas en la exhortación Christifideles Laici a las que se hizo referencia anteriormente. Muchos cevequianos en México han desarrollado con gran compromiso y eficacia servicios dentro de la Iglesia. Como ejemplos claros de este servicio se pueden mencionar la creación en diversas ciudades de los centros ignacianos de espiritualidad o de casas de retiros, el apoyo en las parroquias o capillas asignadas a la Compañía de Jesús, dando catequesis en las parroquias a las que pertenecen, apoyando experiencias misioneras, siendo ministros extraordinarios de la Eucaristía o lectores de la Palabra. Pero, sin que sea una regla, muchos de estos miembros han limitado su apostolado a estos servicios, dejando de lado otros campos de misión a los que también son invitados y requeridos.

En parte, esto también puede ser resultado de que hay un desconocimiento de las opciones de participación política, se cree que los únicos caminos son los partidos políticos y como ya se ha mencionado, estos tienen un gran desprestigio en la sociedad, por lo cual muchos cevequianos deciden no optar por este camino.

Otras situaciones que se presentan en la CVX cuando sus miembros se inclinan por participar de alguna manera en la vida política son las que bien describe David Martínez (2013):

1)   el conflicto se hace presente en la comunidad, generando incomprensión, falta de solidaridad, descalificaciones y hasta rencores;

2)   Existe un falso respeto por las opciones políticas de los demás, hay indiferencia a éstas, y por lo tanto no hay afectación en la vida comunitaria porque no hay verdadera comunidad.

Ambas situaciones terminan por generar desaliento y desánimo en estas tareas de participación o involucramiento en política. En la primera, los miembros prefieren no compartir sus deseos y acciones de compromiso político con tal de no iniciar el conflicto, de recibir críticas o rechazo. La política se vuelve tema prohibido, tabú, porque de lo contrario las diferencias pueden ser tan grandes que se genere un rompimiento interno. En la segunda, aunque las aspiraciones políticas  pueden ser compartidas en la comunidad, no se profundiza en ellas ni se apoya el discernimiento personal ni se hace discernimiento comunitario sobre el tema. La política no forma parte de la experiencia espiritual comunitaria ni se desprende y alimenta de ella.

Pero hay una circunstancia no contemplada en estas dos opciones a las que se acaba de hacer referencia: la comunidad en general no se interesa en el compromiso socio-político; son muy pocos los miembros que perciben a la política como un espacio idóneo para desarrollar su misión apostólica; a veces sólo uno de los miembros siente esta inquietud, este llamado a participar activamente en organizaciones civiles o partidistas que trabajen por la transformación de las estructuras de la sociedad. Si la comunidad no ha asumido como práctica común el Discernir, Enviar, Acompañar y Evaluar (DEAE), los miembros que se inclinan por la política como apostolado se sienten realmente aislados, solos en misión, sin el apoyo de sus compañeros de camino.

Los miembros que se enfrentan a estas circunstancias no solo batallan con los retos que la política de natural ofrece, sino además, encuentran poco eco de las propuestas que pudiera hacer al resto de su comunidad. Cuando el miembro comparte a la comunidad sus intereses, sus inquietudes, sus miedos, ésta responde con un “Sí, te apoyamos”, pero que no trasciende más allá de palabras de aliento; cuando propone algún proyecto, alguna idea, alguna vía en la que se requiere que la comunidad asuma una postura o realice alguna acción concreta, la respuesta puede ser un “Mejor no, nos podemos involucrarnos o comprometernos de esa forma” o un “Adelante, lo que tu decidas se hará”, pero dejando toda la responsabilidad del hacer en quien generó la propuesta. Esta situación desmotiva a los miembros e impide que la comunidad sea el espacio ideal donde se podría y debería compartir con sinceridad y confianza los conflictos, las tentaciones a las que se enfrentan las personas cuando se involucran en la política; la comunidad deja de ser el lugar donde se revive y consolida el compromiso con el Reino a través de experiencias espirituales profundas, que confrontan, que motivan.

Hay otro factor que también incide en el compromiso político de las comunidades: la edad de los miembros. En la gran mayoría de las comunidades locales del país el promedio de edad está por arriba de los 50 años, y en algunos casos muy por encima de esta edad. Estas comunidades tienden a preferir otro tipo de apostolados, más del tipo asistencialista. Consideran que el compromiso político demanda demasiado tiempo, o que ya no están en condiciones de involucrarse de ese modo. Si hay comunidades de jóvenes, les dejan este tipo de actividades a ellos. Hay que considerar que si bien el discernimiento de la CVX mundial sobre la importancia del apostolado en la política llevó a que quedara definido en los Principios Generales en 1990 como una opción en la misión, es hasta en los últimos años, en las últimas asambleas mundiales en donde ha adquirido fuerza y ha recibido más promoción hacia adentro de la comunidad. Por lo tanto, las comunidades que ya tienen muchos años de ser CVX (algunas que aún existen se desprendieron de las Congregaciones Marianas) han considerado que esta opción no es para ellas o no se han sentido con la fortaleza de orientarse hacia esa frontera.

Se dijo también que los Ejercicios de San Ignacio son la fuente y el instrumento de la espiritualidad cevequiana. Se requiere un proceso constante de formación en el estilo de vida cevequiano, fundamentado en la experiencia de los Ejercicios Espirituales para poder comprender la necesidad de un compromiso socio-político. Sólo aquellos miembros que perseveran en la práctica de los Ejercicios pueden ordenar su vida y poco a poco sentir el deseo de participar más activamente en ordenar las realidades temporales. Es por eso que también las comunidades tienen dificultad de consolidar el compromiso político, ya que hay desfases en los procesos personales de los miembros en este tipo de experiencia. En las comunidades de adultos jóvenes que se han formado en lo últimos años en México, hay muchos miembros que no han vivido los Ejercicios Espirituales mientras que otros de la misma comunidad los han tomado en varias ocasiones, lo que lleva a que haya diferentes grados de compromiso.

Un gran reto que debe superar la CVX México es la falta de relaciones y comunicación entre los miembros de diferentes comunidades particulares y locales, para lograr establecer redes de apoyo y grupos de acción cuando las personas tiene intereses similares. Si bien las Asambleas nacionales son una gran oportunidad de conocer miembros de otras comunidades, escuchar experiencias previas, recibir propuestas, estas reuniones se limitan a muy pocos asistentes de cada comunidad local y con poco tiempo para hablar sobre los apostolados y las diversas formas en que estos se están viviendo en cada comunidad. No existen formalmente los medios ni las herramientas para que se establezcan relaciones entre miembros que puedan generar proyectos y propuestas relacionadas con política.

Conclusiones

La CVX México enfrenta muchos retos en cuanto a la consolidación del compromiso socio-político de sus miembros. Algunos de estos retos están relacionados más con la calidad de laicos católicos, como son el preferir aportar sólo en servicios a la Iglesia o vivir un rompimiento o separación entre la espiritualidad y la vida cotidiana de la persona.

Pero hay otras muchas dificultades que las comunidades cevequianas tienen que superar: el desconocimiento de opciones de participación política; mejorar la formación de los miembros en estos temas; la polarización de las comunidades cuando los miembros tienen ideologías políticas diferentes; la superficialidad con la que se abordan estos temas y se hace discernimiento; la edad y los intereses de los miembros; la falta de experiencias en Ejercicios Espirituales y la ausencia de redes de comunicación que no sean a través de los órganos directivos, entre otros.

Se requiere que la comunidad nacional de México establezca metas claras que permitan que cada vez más miembros asuman y compartan el compromiso político, de forma que puedan minimizarse las dificultades a las que ya se han hecho mención. Se ha caminado en este sentido, con el impulso que se desprende del discernimiento comunitario que se hace en la comunidad mundial, pero es necesario que este mismo discernimiento se haga en la comunidad nacional para adaptarlo a nuestros propios modos y cultura, así como entenderlo en el contexto de la política mexicana.

Es importante que la CVX México promueva la formación de grupos intercomunidades que pudieran tener inquietudes apostólicas similares, de tal forma que se conviertan también en espacios de discernimiento personal y comunitario. Considero importante que durante las asambleas nacionales se dedique un tiempo suficiente al trabajo que impulse la elección de apostolados socio-políticos. También se requiere que se profundice en el DEAE, de tal manera que se convierta en una herramienta catalizadora de este tipo de apostolados.

En las comunidades regionales se vuelve indispensable que compartan los procesos nacionales y mundiales respecto a los apostolados y que los miembros de las mesas de servicio sean intermediarios eficaces entre la comunidad nacional con las comunidades particulares. También redundará en buenos resultados en el compromiso socio-político la creación de nuevas comunidades de personas jóvenes. En los procesos formativos recomendados por la comunidad local se debe incluir una sección de conocimiento y profundización de la realidad social, de formación política y la identificación de oportunidades  de participación de manera organizada.

Se debe poder replicar el DEAE en las comunidades particulares, pero también es importante que se consolide el sentimiento de pertenencia a la comunidad mundial. Cada miembro debe hacer un esfuerzo por dedicar un tiempo a la realización de Ejercicios Espirituales, ya sean en retiro o en la vida diaria. También debe procurarse que todos los miembros conozcan las fronteras definidas en la comunidad mundial y que hagan discernimiento para encontrar a cuál se sienten llamados a participar.

 

 

Bibliografía

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Comunidad de Vida Cristiana (1990). Principios Generales de la Comunidad de Vida Cristiana. Recuperado de http://www.cvx-clc.net/l-sp/documents.html

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Jiménez, A. (2013, 23 de diciembre). La democracia, en duda por la crisis de los partidos políticos. La Jornada. Recuperado de http://www.jornada.unam.mx/2013/12/23/politica/006n1pol

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López Oropeza, M. (2014). ¿Por qué el imperativo del compromiso socio-político de la CVX como cuerpo? Curso “Dimensión política del compromiso social de la CVX-LA”. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=fxXmX-PgndE&feature=youtu.be

Martínez Mendizabal, D. (2013). Ensayo “El necesario compromiso político desde la CVX: Fe, justicia y compromiso político en laicos y laicas ignacianos”. En Martinez Mendizabal, D. & Lopez Oropeza, M. (2013). Participación socio-política del laicado cristiano (pp 15-28). Bogotá. Comunidad de Vida Cristiana.

Palazuelos Covarrubias, I. (2012). La desconfianza en los partidos políticos y la percepción ciudadana de desempeño gubernamental: México ante América Latina. Revista Mexicana de Análisis Político y Administración Pública. Vol I (1), 79-107. Recuperado de  http://www.remap.ugto.mx/index.php/remap/article/view/11

 

Publicado por Andrés Mayorquin en 17:19

Etiquetas: CVX, Discernimiento, Doctrina Social de la Iglesia, Incidencia Socio-política, Política

 

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TU COMPROMISO SOCIO-POLÍTICO, EXPRESIÓN DE LA CARIDAD

Constatamos que existe una profunda crisis de identidad del cristiano como tal en relación a su presencia y actuación en e...

 

TU COMPROMISO SOCIO-POLÍTICO,
EXPRESIÓN DE LA CARIDAD

Solemnidad de Pentecostés -23 de mayo de 1999-
Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

Queridos hermanos:

La Iglesia Universal y nuestras Iglesias Particulares celebran siempre con gozo el día de Pentecostés. Es la fiesta del Espíritu; el día por excelencia de la Iglesia, de la comunión; es la celebración, el recuerdo de aquel día en el que la primera comunidad cristiana salió a las calles de Jerusalén. Por eso, desde hace muchos años unimos al recuerdo de este acontecimiento salvador la celebración del día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar.

Os escribimos esta carta de Pentecostés, en camino hacía la celebración del Jubileo del año 2000. Aunque la Carta lo es para toda la Iglesia que peregrina en España, va dirigida con un calor especial a todos los cristianos laicos, que en parroquias, comunidades ó movimientos peregrináis por este mundo tratando de convertir en una gran familia, en camino a la casa del Padre.

La llamada que os hacemos al compromiso socio-político, y que refleja el lema escogido para este día “Tu Compromiso Socio-Político, expresión de la Caridad”, cobra mayor urgencia a la vista de algunos de los acontecimientos que estamos viviendo o vamos a vivir en fechas muy cercanas. Recordamos por su particular significación: el grave conflicto bélico que se está desarrollando en el corazón de Europa y que cuestiona las instituciones políticas creadas para la resolución pacífica de los conflictos internacionales (la ONU); y precisamente en las fechas del 50 aniversario de la creación de una Alianza Militar (la OTAN) que está interviniendo decisivamente en esta guerra; en un momento de crisis de la Unión Europea. Y, a pocas fechas de una elecciones Municipales y Europeas en España.

TODO COMPROMISO CRISTIANO NACE DEL AMOR

El Evangelio y las Cartas de San Juan nos muestran de modo especial, el gran amor del Padre manifestado en Jesús, y su repercusión en nosotros que nos hace capaces de construir fraternidad: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en El no perezca sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Será la 1ª carta de Juan (3, 14.16.18) la que nos indique en qué consiste el amor, y de que modo hemos de vivirlo los cristianos: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. En esto hemos conocido lo que es el amor: en que El ha dado su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos… Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con hechos y de verdad”. En Jesús de Nazaret, en la entrega total de su vida, llegamos a entender el Amor incondicional de Dios para con nosotros, y la inseparable conexión del amor a Dios y al prójimo. No es pues de extrañar que la Iglesia haya querido en este tercer año de preparación al Jubileo unir la reflexión teológica sobre el Padre con la necesidad de avivar en nosotros la virtud teologal de la Caridad. “La caridad, en su doble faceta de amor a Dios y a los hermanos, es la síntesis de la vida moral del creyente. Ella tiene en Dios su fuente y su meta” (TMA 50). Amor de Dios que es universal, desde la clara predilección por los pobres, los pequeños y los marginados (Lc 4, 16-21).Pero como ese amor ha de ser con hechos y de verdad, el Papa ha querido que la Iglesia se comprometa en una acción colectiva como es la condonación o alivio de la Deuda Externa de los países del tercer mundo. De esta manera el anuncio del Amor del Padre se ve acompañado por un gesto de solidaridad que lo haga creíble a los ojos de nuestro mundo (TMA 51). Todo este proceso de preparación al Jubileo del año 2000, lo hemos de vivir cada cristiano y la Iglesia en su conjunto con un espíritu de autentica conversión y penitencia, pues hemos de reconocer humildemente que todos hemos caído en ese pecado, de la insolidaridad y desentendimiento de los graves problemas de nuestro mundo.

EVANGELIZACIÓN, CARIDAD Y COMPROMISO SOCIO-POLÍTICO.

Todos reconocemos, con actitud comprensiva, que los católicos españoles han estado marcados por una espiritualidad individualista y por tanto por una moral que únicamente insistía en las dimensiones personales del pecado. Cierto, que junto a esa mayoría de cristianos fervorosos y de una caridad asistencial, siempre han coexistido personas y movimientos católicos con una clara conciencia de la dimensión comunitaria de la fe, y por tanto, de una moral personal y social. La larga trayectoria de las Encíclicas Sociales, y lo que es más significativo, la frecuente práctica cristiana de la vida de muchos, ha ido creando conciencia de la necesaria dimensión social y política de la fe. Los propios obispos españoles, en el documento de abril de 1986 “Los católicos en la vida pública”, acuñamos el término feliz de “caridad política” que exponíamos así en los números 60 y 61 “La vida teologal del cristiano tiene una dimensión social y aun política que nace de la fe en el Dios verdadero, creador y salvador del hombre y de la creación entera. Esta dimensión afecta al ejercicio de las virtudes cristianas, lo que es lo mismo, al dinamismo entero de la vida cristiana.

Desde esta perspectiva adquiere toda su nobleza y dignidad la dimensión social y política de la caridad. Se trata del amor eficaz a las personas, que se actualiza en la prosecución del bien común de la sociedad.

Con lo que entendemos por “caridad política” no se trata sólo ni principalmente de suplir las deficiencias de la justicia, aunque en ocasiones sea necesario hacerlo. Ni mucho menos se trata de encubrir con una supuesta caridad las injusticias de un orden establecido y asentado en profundas raíces de dominación o explotación. Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo justo y más fraterno, con especial atención a las necesidades de los más pobres”.

Es cierto, que esta práctica del amor cristiano así entendido, requiere comprender y asumir la doctrina del Vaticano II sobre la misión de la Iglesia, descrita entre otros en los Documentos AA 20 y LG 33, 34,35 y 36. “Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misión profética…, no sólo a través de la Jerarquía…, sino también por medio de los laicos…, para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria , familiar y social.” Concepto de misión, que pocos años más tarde explicará con proverbial sencillez y con un gran rigor teológico el Papa Pablo VI, en la Encíclica “la Evangelización del mundo contemporáneo”. Misión única para toda la Iglesia (Jerarquía, religiosos y laicos) aunque ejercida de modo peculiar y complementario por sus distintos miembros (Vid. CVP nº 95-97). Es misión por tanto de toda la Iglesia “impregnar todas las realidades del Espíritu del Evangelio” (EN nº 17-24, 31 y 36). A vosotros, laicos cristianos os corresponde de modo “peculiar” y “propio”, vivir ese compromiso en medio de la realidad social, política económica etc… (cf. también, Christifideles laici, nos. 41-42).

Desde esta perspectiva, como dice la reflexión que la Secretaría General de la Acción Católica ha preparado para esta jornada “El compromiso social y político del cristiano no es algo opcional, es una dimensión de la Evangelización y concreción necesaria de la caridad, a la que toda la Iglesia y todos los miembros de la Iglesia estamos llamados según nuestras posibilidades y nuestra vocación”.

“De esta forma, todo cristiano debe sentirse afectado por la política. Siempre que pueda, debe ser un ciudadano activo y nunca debe minimizar los resultados de su acción. En las sociedades actuales, se multiplican los “lugares” en los que se está jugando el futuro: se puede actuar a nivel de empresa, de taller, de región, de municipio, de barrio a través de un Sindicato, de un Partido, de una Asociación, de una Comisión de Padres de Alumnos, de una Asociación de Consumidores. Esta exigencia es tanto más imperiosa cuanto que el campo de la política se amplía cada vez más. Toda la vida cotidiana (trabajo, “hábitat”, tiempo libre, etc.) de cada uno depende de las decisiones del Poder económico, cultural, estatal. Las opciones políticas tienen consecuencias no sólo a corto plazo, y las decisiones políticas (incluidas las económicas y sociales) comprometen a las generaciones posteriores” (Conferencia Episcopal Francesa “Política, Iglesia y Fe”, 1972, apartado 6).

ACOMPAÑAMIENTO ECLESIAL EN EL COMPROMISO SOCIO-POLÍTICO

Como invitación ferviente a superar los recelos en este compromiso y lugar donde encontrar medios para su adecuado acompañamiento eclesial os recomendamos que releáis los nos. 172-178 de Los Católicos en la Vida Pública. Transcribimos alguno de los párrafos de los nos. 172 y 173: “El compromiso en la vida pública, si es asumido con verdadero espíritu de servicio, ofrece grandes posibilidades de ejercer la virtud cristiana de la caridad. Pero la vida política es dura y exigente y está salpicada de dolorosas tensiones y dificultades. Lo que debería ser campo fecundo para el crecimiento y profundización en la vida cristiana se convierte, a veces, en fuente de escepticismo, de ambición o de escándalo. La intensa ideologización de la actividad política, los fuertes conflictos de intereses y la tentación del pragmatismo pueden llegar a comprometer la misma fe y la práctica integral de la vida cristiana.

Por ello los cristianos que deciden dedicarse a la vida pública y política tienen necesidad y derecho de ser ayudados y acompañados por la misma Iglesia que urge su compromiso”.

Queremos recordar de nuevo algunos de los modos de acompañamiento, que no debemos olvidar:

  • La orientación moral del Ministerio Pastoral (Encíclicas Sociales, Cartas y Reflexiones sobre situaciones culturales-económicas y políticas concretas, etc).
  • La vida litúrgico-celebrativa de todas las comunidades cristianas, que a la luz de la Palabra y con la fuerza salvadora de los sacramentos alienta, orienta y corrige el quehacer cotidiano de todos los fieles.
  • El acompañamiento personal de los sacerdotes.
  • La ayuda y apoyo de los movimientos y asociaciones apostólicas que “han de permitir a los cristianos valorar con lucidez las consecuencias inherentes a los compromisos que puedan contraer; y ayudarles también a asumir desde su fe, los sufrimientos inseparables de un compromiso serio en el esfuerzo común por la purificación y la transformación de las estructuras y de las instituciones. El cristiano ha de llegar a descubrir que, sólo en el misterio de Cristo muerto y resucitado alcanzará su pleno sentido el sacrificio de quienes con bienaventurados en la lucha por la justicia” (Orientaciones pastorales del Episcopado español sobre apostolado seglarde 1972, nº 14).

La creación de espacios de recogimiento y reflexión donde pequeños grupos de cristianos de diferentes adscripciones sociales y políticas confronten soluciones y prácticas político-sociales diferentes, y en muchos casos contrapuestas. Y todo ello a la luz del evangelio y desde la una auténtica caridad cristiana. (Vid. Documento citado de los Obispos Franceses, apartado “¿Es paralizante la confrontación”).

EL SERVICIO DE LA ACCIÓN CATÓLICA

Los Obispos hemos pedido de modo peculiar a la Nueva Acción Católica, en esta hora de renovación y puesta en marcha de la “Nueva Evangelización”, que sea un instrumento humilde y servicial para procurar en cada parroquia y diócesis la necesaria formación social de la conciencia de los laicos cristianos, fermento de unidad entre los diversos movimientos e impulsora de la tarea misionera de toda la Iglesia. (“La Acción Católica, hoy”, págs. 22-23).

UNAS PALABRAS DE GRATITUD Y DE ESPERANZA

No podemos finalizar esta carta de Pentecostés sin daros las gracias de corazón a todos los cristianos niños y jóvenes, hombres y mujeres, sacerdotes y religiosos que desde vuestras parroquias, movimientos y asociaciones seglares hacéis un esfuerzo ilusionado y generoso para construir, desde el Amor, el Reino de Dios, procurando la permanente renovación de valores, instituciones y proyectos educativos, culturales y politíco-sociales inspirándoos y sosteniéndoos en el Amor desbordante de Dios nuestro Padre. Así mismo reconocemos con gratitud el esfuerzo de quienes habiendo adquirido compromisos políticos ocupan cargos públicos estáis trabajando en la dura tarea de ordenar la vida pública hacia el bien común a veces con el olvido, la incomprensión e incluso con la crítica desproporcionada de vuestros compañeros de partido y vuestras propias comunidades cristianas. Como los primeros discípulos, vivid unidos en la fe y sostenidos por la esperanza, fiados en las palabras y gestos de Jesús Resucitado: “Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba con ellos, confirmando la palabra con las señales que la acompañaban” (Mc16,19-20).

Que la Santísima Virgen acompaña vuestro caminar apostólico e interceda ante el Padre por todo el laicado cristiano.

Pte. de la CEAS:
Mons. Braulio Rodríguez Plaza, Obispo de Salamanca

Vpte. de la CEAS y Pte. de la Subcomisión para la Familia y Vida:
Mons. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Segorbe-Castellón

Vocales:
Mons. José María Conget Arizaleta, Obispo de Jaca
(Consiliario de la Acción Católica Española)

Mons. Antonio Ángel Algora Hernando, Obispo de Teruel y Albarracín
(Responsable del Departamento de Pastoral Obrera)

Mons. Juan García-Santacruz Ortíz, Obispo de Guadix-Baza
(Responsable del Foro de Laicos, Cursillos de Cristiandad y Pastoral Rural).

Mons. Fco. Javier Ciuraneta Aymí, Obispo de Menorca
(Familia y Vida)

Mons. Fco. Javier Martínez Fernández, Obispo de Córdoba
(Familia y Vida)

Mons. César Augusto Franco Martínez, Auxiliar de Madrid
(Responsable del Departamento de Pastoral de Juventud)

Mons. Juan José Omella Omella, Auxiliar de Zaragoza
(Viceconsiliario de la Acción Católica Española)

 

 

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El Padre de Los Migrantes

El Padre de Los Migrantes

31 de May. de 2017

 

Alice Driver | Longreads | Junio ​​2017 | 22 minutos (5,698 palabras)

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“¿Qué tan buena es una frontera si no hay gente dispuesta a abrirla de par en par?”
— Hanif Willis Abdurraqib *cita del relato en vivo en el “California Sunday Popup” en Austin, Texas, 4 de marzo de 2017

* * *

A la orilla de la tierra prometida se levantan tormentas de polvo provenientes del desierto obscureciéndolo todo, incluso los migrantes tienen que esperar frente a un complejo rodeado por una valla metálica coronada por alambre de púas. Pero el Padre Javier Calvillo Salazar es oriundo de Ciudad Juárez, México, y está acostumbrado a todo esto, así como a todos aquellos que llegan después de una jornada en la que bien pudieron haber transcurrido miles de kilómetros y cientos de días, casi todos llegan cubiertos de cicatrices, con huesos rotos o sin alguno de sus miembros, con heridas que dejan en evidencia la falta de humanidad que se encuentra a lo largo del camino. Son personas que llegan llorando, con rostros endurecidos, con embarazos, con enfermedades venéreas y hasta con historias que remiten a las de Gabriel García Márquez, en las que cuentan haber visto con sus propios ojos a un cocodrilo devorar a un recién nacido de una sola y tajante mordida.

Nicole fue entregada en los brazos de su madre, Ana Lizbeth Bonía de 28 años, en un hospital de la frontera norte de México. Después de una travesía de 9 meses, que inició en Comayagua, Honduras, Ana Lizbeth llegó al albergue de migrantes Casa del Migrante Diócesis de Juárez con su esposo Luis Orlando de 23 años, y su desnutrido hijo José Luis de 2 años, que tenía unos ojos redondos como platos que brillaban con emoción. Ana nunca terminó la primaria, y pasó su niñez en las calles, vendiendo verduras desde los 4 años.

El albergue para migrantes en Juárez está tan cerca de El Paso, Texas, que los migrantes sienten el agridulce llamado de una tierra que pueden ver pero en la que difícilmente pueden vivir de manera legal. El albergue cuenta con 120 camas para hombres, 60 para mujeres, 20 para familias, así como con un área aparte en donde los migrantes transgénero pueden quedarse si así lo desean. La mayoría de los migrantes que llegan son hombres solteros, y durante las entrevistas realizadas ellos mencionaron que la amenaza del presidente Trump de separar a los niños de sus madres ha provocado una caída en la migración de estos grupos. Inicialmente, cada migrante tiene permitida una estancia no mayor a tres días, pero pueden quedarse más tiempo dependiendo de su condición, como es el caso de Ana, que necesitaba tiempo para descansar y recuperarse después de haber dado a luz a Nicole.

 

 

El albergue fue fundado por los Misioneros de San Carlos en 1982, y el Padre Javier, quien lleva 15 años trabajando con los migrantes, ha sido el director durante los últimos 7 años. El albergue funciona las 24 horas del día 7 días a la semana gracias a un personal compuesto por veintitrés personas, entre los que se incluyen terapeutas, expertos en derechos humanos, cocineros y recepcionistas. En enero de este año la Iglesia Católica designó al Padre Ricardo Reina García, de 42 años, para que ayudara al padre Javier con el trabajo realizado en el albergue. Cuando llegué al albergue, el Padre Ricardo ya llevaba ahí casi dos meses.

He estado viajando a Juárez desde 2011, primero para realizar entrevistas para mi libro, More or Less Dead, y después porque no pude dejar de escribir sobre las mujeres que había conocido, madres cuyas hijas habían desaparecido, víctimas de violación y asesinato. De algún modo, quería usar mis palabras para luchar por la igualdad y la justicia. A raíz del proceso de investigación de mi libro, me di cuenta que muchas de las víctimas de la violencia en Juárez eran migrantes porque, a fin de cuentas, los migrantes son extremadamente vulnerables a la violencia, ya que suelen ser personas indocumentadas que están lejos de sus familias. En 2015, después de la publicación de mi libro, supe que para mi siguiente proyecto contaría historias de migrantes, muchos de los que desaparecieron en México sin dejar huella, víctimas de una extensa red de tráfico de personas. En 2017 recibí una beca para iniciar un proyecto sobre los migrantes centroamericanos, y fue entonces cuando regresé a Juárez a vivir en el albergue de migrantes de la ciudad, como parte inicial de una travesía en la que seguiría la ruta de los migrantes a través de México, Guatemala y El Salvador.

Tres días después de la llegada de Ana al albergue de migrantes de Juárez, el Padre Ricardo se apresuró a llevarla al hospital para que diera a luz. Antes de subirse a la camioneta, el Padre comentó que Ana le dijo que no quería que su esposo Luis estuviera presente en la sala de parto.

El Padre Ricardo, nacido también en Juárez, tiene una complexión grande que podría resultar intimidante si no hablara con la suavidad que lo caracteriza. Su voz es reconfortante, un decibel mayor al de un susurro, y cuando no está llevando a migrantes a la estación de autobuses, a citas médicas o trabajando, pasa sus días presidiendo bautizos, bodas y funerales. Durante mi estadía de dos semanas en el albergue pasamos mucho tiempo juntos. Una tarde soleada, mientras el viento doblaba por las esquinas del albergue, me dijo: “Mi contexto de vida familiar siempre fue entender la dinámica de la migración. Mi familia, mi papá es de aquí de Zaragoza, de un rancho, mi mamá es de Zacatecas, la abuela de mi mamá es de Durango. Ya que mis raíces son en esa movilidad humana que significa busca una mejor vida por generaciones, así me concibo. Mi concepto es que la migración es una condición humana que va a estar siempre presente”.

Para algunos migrantes el camino terminaba en Juárez, donde al menos había algo de trabajo disponible. Cuando Nicole cumplió cinco días de nacida me senté con su padre Luis y le pregunté sobre su viaje. Él y Ana habían viajado en autobuses desde Honduras hasta Juárez, y cuando ya no tenían dinero se quedaban en un lugar y pedían limosna en las calles o buscaban algún trabajo, me dijo: “Sí queríamos cruzar, o sea, a Estados Unidos, pero según lo que dijo el presidente pues cambiamos de planes por lo que él dijo, que iba a separar a los padres de sus hijos, y pues por eso tomamos la decisión de quedarnos acá”. A pesar de su juventud, Luis parecía muy convencido de formar una vida en Juárez para su esposa y sus dos hijos.

En el albergue de los migrantes una madre, Ana, había dado luz al mismo tiempo que otra se preguntaba dónde estaba su hija. Anahí Ortigoza Reyes, de 34 años, estaba varada en Juárez mientras su hija Ashley Anahí estaba en Oregon. Anahí y Ashley habían volado a Juárez desde Huajuapan de León, México. Anahí me contó que había contratado a unos polleros para que la llevaran a ella y a su hija a través de la frontera, pero las habían obligado a separarse. Los polleros primero cruzaron la frontera a salvo con su hija, pero dejaron a Anahí cerca del muro con un par de pinzas para cortar alambre y le dijeron que tenía que cortar el camino de vallas metálicas para poder cruzar. Casi inmediatamente, Anahí fue capturada por la patrulla fronteriza y enviada de vuelta a Juárez. “Mi esposo está del otro lado”, me dijo, “vive en Oregon. La niña ya está en Oregon”. Le pregunté cuándo fue la última vez que había vivido en Estados Unidos: “Regresé para México y ya llevo 12 años aquí. Vine a ver a mi mamá que estaba mala”, me contestó.

Manuel García Corona, de 45 años y nacido en Michoacán, México, llegó al albergue después de haber sido deportado de Estados Unidos. Había vivido ahí 25 años y trabajaba como conductor de camiones de carga pesada a pesar de su condición como indocumentado. Cuando le pregunté sobre el porqué de su deportación, dijo que había sido acusado erróneamente de transportar migrantes indocumentados, pero no quiso entrar en detalles. “¿Volver a Estados Unidos?” preguntó, “es un país muy bonito y la gente es bien paciente y agradezco mucho la paciencia para la comunicación, pero para nosotros que ya somos deportados es un país de miedo, yo te lo podría identificar como el infierno”. Manuel piensa regresar a su estado natal, Michoacán, México, en vez de intentar regresar a Estados Unidos. Otros hombres deportados que habían llegado al albergue hablaron sobre los hijos que habían dejado atrás, o sobre familias separadas, y también dijeron que cruzarían la frontera las veces que fuera necesario para poder reunirse con sus hijos.

 

 

“El tren casi estuvo a punto de quitarme los pies”, relató Darlin Palacios de 38 años y originario de San Pedro Sula, Honduras. Tenía ojos destellantes e inquisidores, y narraba su historia con calma y mesura. Se sentó en la sala de televisión del albergue frente a un mural pintado por los migrantes y en donde aparecía la leyenda “Ningún ser humano es ilegal”. El mural mostraba el rostro de una mujer blanca con cabello estilo telenovelesco, un adolescente negro y un niño de piel muy clara, junto a ellos había un tren en cuya parte superior iban subidas varias mujeres de formas voluptuosas, las cuales, supuse, sólo habían podido ser pintadas por hombres.

El tren de carga en el que Darlin y la mayoría de los otros migrantes se suben atraviesa México de sur a norte, y es conocido como La Bestia o El Tren de la Muerte. Éste recorre más de 2,900 km desde Tapachula hasta Juárez, y durante el viaje los migrantes tienen que tomar docenas de trenes diferentes, subirse y bajarse continuamente para evitar tanto los puestos de control policíaco como los grupos criminales que controlan algunos territorios. Darlin llegó al albergue de migrantes en Juárez tras el que sería su quinceavo intento por cruzar la frontera de Estados Unidos. Su primer viaje lo hizo en 2004, cuando tenía 26 años. En ese entonces había estado trabajando en una tienda de reparación de electrónicos, pero tanto él y su familia estaban muy endeudados y necesitaban dinero. En contra de los deseos de su familia, Darlin decidió que trataría de llegar a Estados Unidos: “Cumplí como dos o tres cumpleaños nada más andando, navidades dos”, dijo.

Darlin ha pasado doce de sus mejores años en la ruta de los migrantes, repitiendo un circuito de territorio cada vez mayor sin poder llegar jamás al destino que tanto anhela. Al hablar sobre el ambiente político actual de Estados Unidos Darlin me comentó: “En la frontera sí hay un poquito más de racismo que antes, pero en lo que es el racismo en general pues creo que eso siempre ha sido igual. Le tenemos más miedo a la criminalidad aquí en México al querer cruzar que a la misma migra. La migra siempre nos va a detener. La criminalidad no nos va a detener, nos va a matar”.

Darlin recuerda cada uno de sus viajes a detalle, y habla con entusiasmo de casi todas sus aventuras, excepto sobre cuando fue secuestrado por un grupo criminal durante su último intento de cruzar la frontera y llevado a la sierra mexicana por un mes. Habló sobre lo hermoso que puede ser el viaje, sobre todo al ir conociendo México desde lo alto del tren. Sí, también había llorado a lo largo del camino y se había deprimido, pero trataba no pensar en eso ya que su futuro estaba siempre en su mente. Las dos veces que logró cruzar la frontera de Estados Unidos fue capturado y deportado inmediatamente. ¿Sabías que usan drones para encontrarte en las noches? preguntó, “los drones detectan el movimiento y te avientan una luz encima”. La segunda vez que lo deportaron, la orden de expulsión le prohibía la entrada a Estados Unidos durante 20 años.

“Esta es una de las mejores casas de migrantes que hay en México” me comentó Darlin, “nos atienden perfectamente, buena comida. Lo único es que no nos dejan salir a menos que vayamos a trabajar, dicen que es por seguridad”. Entre 2009 y 2011 Juárez fue declaraba la ciudad más violenta del mundo, y aún sigue experimentando niveles elevados de violencia. Cuando llegué ahí, el 23 de marzo de 2017, había habido un total de 71 asesinatos en la ciudad en ese mes, y justo antes de mi llegada la policía había descubierto fosas comunes con 18 cuerpos no identificados.

 

 

A los migrantes los mantienen encerrados en el albergue, les permiten usar el teléfono y el internet diez minutos al día, y se les escolta a sus dormitorios todas las noches a las 8:30 p.m.

Tienen permitido dejar el albergue durante el día en caso de que quieran trabajar y ganar un poco de dinero extra en trabajos arreglados por el albergue. Muchos se han quejado del horario estricto, pero también reconocen el buen funcionamiento del lugar. Todos los migrantes con los que hablé mencionaron que muchos de los albergues en México son corruptos y funcionan para hacer dinero: les cobran la comida y el uso de regaderas, o incluso operan como vínculo entre polleros y traficantes de personas. Algunos albergues no tienen camas, otros no cuentan con electricidad y en otros se sirve comida podrida o ni siquiera ofrecen comida. Ana, madre de la pequeña Nicole, describió que muchas veces: “Hay demasiada gente y hay albergues donde los directores no son buenos, hasta la comida venden. Es un negocio. Dejan a uno bañarse una vez por semana”.

El desayuno en el albergue de Juárez se servía todos los días a las 7:30 am. Los pollos que estaban en el patio trasero producían cerca de una docena de huevos a la semana y, cuando había disponibles, eran preparados por Lolita, la cocinera a cargo del turno de casi todas las mañanas. El café era caliente y abundante, lo bebíamos en tazas que tenían un leve sabor a cloro. Lolita hacía milagros con la comida que recibían como donación, y a veces servía hot cakes, chiles rellenos y caldo de pollo. Los migrantes, que nunca estaban seguros de dónde saldría su próxima comida, lanzaban miradas de alegría al ver la comida de Lolita.

Un migrante llamado Gonzalo Rodríguez llegó al albergue varios días después que Darlin. Me contó que era homosexual y que había trabajado como maestro en Costa Rica hasta que un administrador muy religioso y conservador trató de encarcerlarlo por ser homosexual y trabajar con niños. Gonzalo huyó de Costa Rica y se encontró con su padre y su medio hermano en Honduras. Me contó que su medio hermano decidió acompañarlo en su intento por cruzar hacia Estados Unidos y atravesaron México juntos con ayuda de un pollero. Fueron al consulado de Honduras, en donde cada uno pago $2,500 dólares por identificaciones falsas, las cuales, pensaron, facilitarían las cosas. Sin embargo, poco después de empezar su viaje en México el pollero los vendió a un grupo de traficantes de personas. Gonzalo también me dijo que tenía miedo de decirle a la gente sus preferencias sexuales, ya que en muchos albergues de México rechazan a personas homosexuales o transgénero desde que ponen un pie en la puerta.

Gonzalo, que tenía el rostro redondo y chato y era muy directo al hablar, bajó la voz y dijo susurrando: “A mi hermano se lo llevaron para traficar droga y yo fui a una bodega en Magdalena, una bodega más grande que esta casa, donde había unas 185 personas y allí había personas de todas las nacionalidades: hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, unos de Nepal, de la India, que estaban siendo prostituidos, y niños entre los 13 y 15 años de edad estaban siendo prostituidos, ¿me entiendes?”. Los hombres de complexión grande como Gonzalo servían para empacar cocaína y mariguana. También contó que: “El cuarto negro era el que daba más temor de todos, porque sabíamos que iban a sacar un órgano, y allí le daban el tiro de gracia a las muchachas o a los muchachos porque ya no querían seguir allí, los mataban enfrente de todo el mundo”. Había escuchado rumores sobre el tráfico de órganos en México desde hace 10 años, pero le dije que no había investigación alguna que comprobara la existencia de una transacción tan bien establecida y técnicamente coordinada como esa. “Pero seguro el tráfico de órganos dejaría algún tipo de evidencia ¿no?”, pregunté. Gonzalo insistía en que el tráfico de órganos era algo real.

En el transcurso de los años, el Padre Javier había escuchado historias similares: “Cuando hablamos de eso, de migración, hablamos ya de números, hablamos de ganancia, hablamos de economía, hablamos de intereses, hablamos del producto de muchas cosas sexualmente, humanamente, de órganos”, comentó.

“Yo tengo varias quemaduras en mi piel porque no quise hacer cosas que tenía que hacer” dijo Gonzalo; se subió el pantalón para mostrarme las marcas en sus piernas, “a mí y a unos tres muchachos más nos obligaron a tener relaciones sexuales con animales, hacerles sexo oral a perros. Sí, grabaron para hacer vídeos”. Había visto esos videos brutales en venta en el barrio de Tepito, en la Ciudad de México, y así como los rumores sobre el tráfico de órganos, también había escuchado que los traficantes obligaban a sus víctimas a hacer videos pornográficos especiales.

Cuando se trata del cuerpo humano todo puede ser objeto de tráfico. Los migrantes son un producto en un sistema que los separa en partes lucrativas, hasta que muchas veces no queda nada. “Lo curioso es que el migrante existe, pero no existe, porque no trae papeles y por lo tanto todos pueden hacer lo que quieran”, comentó el Padre Javier en su oficina pintada de un azul celestial y sentado detrás de un escritorio lleno de pilas de papeles y libros; atrás de él parpadeaba un router ubicado junto a la base de un pequeño crucifijo y de una figura dorada la Virgen de Fátima. Cuando el Padre Javier no usaba sus vestimentas religiosas para presidir bautizos y bodas, atendía con dinamismo asuntos relacionados a los migrantes enfundado en chamarras y chalecos deportivos.

Los cuerpos de los migrantes son un gran negocio a nivel mundial. El padre Javier me explicó porqué la migración en México es un negocio más rentable que el tráfico de drogas. Después de escuchar las historias compartidas por algunos migrantes, entendí la manera en que el tráfico de drogas y el de personas se entrelazaban, tal y como sucedió en el caso de Gonzalo, que fue víctima de tráfico y, al mismo tiempo, usado para empacar drogas. Los migrantes son una estadística, un producto que puede moverse de acuerdo a los intereses específicos en alguno de los dos lados de la frontera: “Estamos hablando de la trata de personas, estamos hablando de la desaparición de niños, estamos hablando de la venta de órganos”, señaló el Padre Javier.

A los 16 años Bayron Valle se encontraba camino a Estados Unidos, huía de la violencia y de las adversidades económicas en Ocotepeque, Honduras. A los 18 años, en su segundo intento por llegar a Estados Unidos, logró llegar a California como indocumentado. Bayron relató cómo fue atrapado por la policía en Indio y enviado a un centro de detención en Brawley, y después trasladado a otro lugar en la parte central de California. Posteriormente lo llevaron a San Diego, y finalmente lo enviaron a un centro en Arizona, como parte de un proceso que duró ocho meses.

“Es como la cárcel, uno no tiene opción de nada, ni siquiera de llamar. Las llamadas son bien caras, cuesta 35 centavos de dólar cada minuto”, dice Byron de ahora 22 años, mientras, sentado bajo el sol, alimenta con gajos de naranja a los pollos y pavos que merodean alrededor de los magueyes del albergue en busca de insectos: “Cuando me trajeron a Arizona fue terrible. Nos daban papas de comer, desayuno, almuerzo y cena, solo papa, papa y papa”.

A pesar de su cara de niño, Byron conocía muy bien los caminos de la ruta del migrante; la había recorrido 7 veces, desde Honduras hasta la frontera de México con Estados Unidos. “Sólo quiero pagar algunas deudas que tenemos en Honduras nosotros, de cuando estudiamos mis hermanos y mi mamá, sólo pagar eso”, explicó, “en Honduras no es posible, en el otro lado sí. Allí en Honduras me muero y no hago nada”. Byron venía acompañado por su primo Carlos Portillo, de 25 años y también originario de Ocotepeque, Honduras.

Todos los días, al atardecer, Carlos se paraba afuera del dormitorio de hombres a lavar con una sola mano una de sus dos únicas playeras; su otra mano estaba vendada y permanecía colgada, sin fuerzas, a su costado. Esta era la primera vez que Carlos recorría la ruta del migrante y relató cómo los grupos criminales “Nos tiraron de La Bestia, y tú sabes que en estas cosas no te puedes defender, porque si te defiendes te van a matar”. Extrañaba a su hermano de 7 años y hablaba sobre cuánto deseaba darle las oportunidades que él mismo nunca tuvo: “Mi sueño siempre ha sido ayudar a mi familia”.

El Padre Javier ha trabajado con los migrantes por muchos años y, de algún modo, ha aprendido a ordenar sus historias fragmentadas y siempre cambiantes con el fin de encontrar el mejor modo de ayudarlos, aun cuando sus verdades cambian constantemente. Él conocía profundamente sus miedos, tanto los que externaban como los que callaban, y podía ver cómo la desesperación y la violencia, que eran parte de la experiencia de los migrantes, hacía que les resultara muy difícil confiar en alguien. En la ruta del migrante un policía puede ser un traficante de personas, un soldado puede ser un violador, un compañero migrante puede ser un pollero, y un pretendiente puede convertirse en un proxeneta. El Padre Javier también había visto a familias separarse: “Mira cuanta gente se queda en el camino, cuantos se caen del tren, cuantos se mutilan, cuantos se parten a la mitad, cuantos vienen corriendo y los esposos se suben y dejan a sus niños abajo”.

La violencia cotidiana e incluso la brutalidad de la incertidumbre; por ejemplo, no saber cuándo vas a comer, deja a los migrantes acabados hasta la médula. A su vez, todas sus historias me advertían que si los migrantes supieran mi nombre y se lo dijeran a los secuestradores, estos podrían buscarme en Facebook, pedir un rescate, por ejemplo, o decirme que uno de los migrantes que había entrevistado era en realidad un pollero, y así infundirme miedo o causarme paranoia. En mi último día en el albergue Gonzalo me pidió que le tomara fotos para mandárselas a su hermano, un hermano que varias veces había declarado tan vivo como muerto. Después me pidió que le mandara las fotos a través de Whatsapp. Cuando me dio su número yo lo pensé por un momento, pues si le mandaba las fotos le daría mi propio número. Al percatarse de mi vacilación me dijo: “No quieres que tenga tu número ¿verdad?”. Quería confiar en él y me sentí mal, así que opté por enviarle las fotos. Sin embargo, en el transcurso de las siguientes 24 horas ya había recibido una solicitud de amistad de Facebook de él, así como un mensaje de voz en mi teléfono. Decidí borrar ambos.

Anahí permaneció en el albergue una semana mientras buscaba la manera de traer a su hija de 4 años de vuelta a México con ayuda del personal del albergue. Era complicado, ya que el esposo que ella había mencionado no era oficialmente su esposo. Anahí después dijo que era su novio, a pesar de que tenía 12 años de no haber estado en Estados Unidos. En el mejor de los casos este hombre sería un ex-novio, y dado que él no tenía una relación legal con la niña, las autoridades policiales de Estados Unidos estaban considerando acusarlo de secuestrar a Ashley Anahí. Cuando hablé con el Padre Javier sobre este caso, me dijo que el creía que el supuesto novio de Anahí “Generalmente resulta ser un pollero, así son los polleros, la mayoría de los polleros son los que mueven a los niños o a las mujeres”.

Anahí tenía otros dos hijos en Huajuapan de León, Mexico; Miguel Ángel de 10 años y con ciudadanía norteamericana, y Nelly Charo, de 7 años. Los había dejado con su familia y les había explicado el porqué de su partida, pero no estaba segura de que hubieran entendido. Aunque ya había abandonado la idea de cruzar hacia Estados Unidos otra vez, tenía la esperanza de que Miguel Ángel ayudara a sus hermanas a obtener la ciudadanía cuando él cumpliera 18 años: “Pero tengo el consuelo de que él les arregle a sus hermanas y puedan estudiar allá y salir adelante por ellos mismos”, dijo pensativa.

Una noche después de que Anahí había regresado a Huajuapan de León para conseguir la copia original del acta de nacimiento de Ashley Anahí, que era necesaria para que la niña regresara a México, el Padre Ricardo reunió al resto de los migrantes en la iglesia que estaba junto al albergue para leer la historia de Abraham y su partida hacia la tierra prometida. “Abraham era un migrante. ¿Qué tienen en común su historia y la de ustedes? ¿Qué sintieron al dejar a sus familias?” preguntó el padre. Todos permanecieron sentados en silencio.

Finalmente uno de ellos preguntó “¿Por qué Abraham no logró llegar a la tierra prometida?, necesito saber, ¿fue porque era un pecador?” Aunque estos hombres de Honduras, Costa Rica, México y muchos otros lugares no podían compartir sus sentimientos abiertamente, querían saber si habían sido castigados por algún pecado que desconocían. ¿Cómo es eso de deambular sin la esperanza de llegar a la tierra prometida? Algo que me impactó durante todas mis entrevistas, es que cuando le preguntaba a los migrantes cuál había sido la parte mas difícil de su travesía –algunos de ellos habían sido secuestrados, torturados o habían pasado años y recorrido miles de kilómetros tratando de llegar a la frontera- la respuesta siempre era, palabras más, palabras menos, “Dejar a mi familia”.

En su viaje más reciente de Honduras a México, Darlin fue secuestrado por un grupo criminal durante cuatro días. En el transcurso de sus doce años en la ruta del migrante se había vuelto experto en los sistemas de extorsión. En México esto incluía pagar cierta cantidad de dinero a los grupos en determinadas ciudades antes de subirse a La Bestia. Los grupos pedían a cada migrante una cantidad de dinero y les daban un código. Los miembros de estos grupos viajaban en el tren preguntando los códigos, y aquellos que no lo tenían eran arrojados del tren o secuestrados y luego vendidos a traficantes de personas. “Pues al principio sí pensaba que iba a morir y lo primero que me imaginé fueron los Zetas”, dijo Darlin mientras relataba su secuestro; pensaba que los Zetas era el cartel más poderoso en México. Al final la policía encontró a los secuestradores y rescató a Darlin y a muchos otros migrantes. Justo después de haber sido liberados todos corrieron a bañarse al río y, mientras se bañaban, alguien robó sus ropas y disparó hacia ellos: “Me encontré una pieza de ropa botada en un basurero y con esa me arropé un pedazo y allí venía por todo el pueblo descalzo y desnudo, y todo el mundo se nos quedaba viendo porque era algo raro”.

Un día Darlin me dijo que Ana, cuya bebé tenía quince días de nacida, había escuchado el rumor de que Luis se había besado en la cocina con la cocinera del turno de la noche. Al día siguiente noté que Ana tenía moretones y rasguños en su cuello y, cuando salí a la camioneta a acompañar al Padre Ricardo para ir a dejar a un grupo de migrantes que se iba del albergue, vi que Luis iba con ellos: “Voy a cruzar la frontera”, dijo subiéndose al carro sin voltear a ver a su esposa y a sus hijos, que estaban sentados bajo el sol detrás de la valla del albergue.

Mientras manejaba, el Padre Ricado hablaba sobre su amor por la enseñanza y la literatura, especialmente la poesía; y luego recitó de memoria “Cultivo una rosa blanca” del poeta cubano José Martí: “Cultivo una rosa blanca/ en junio como en enero/ para el amigo sincero/ que me da su mano franca./ Y para el cruel que me arranca/ el corazón con que vivo,/ cardo ni ortiga cultivo;/ cultivo la rosa blanca”. En el momento en que el padre musitó la palabra “rosa” habíamos llegado a la entrada de la parada de autobús que estaba sobre la carretera. Los migrantes se bajaron de la camioneta y sus rostros desaparecieron entre una nube de polvo mientras nos alejábamos.

Esa noche, preocupado por Ana, el Padre Ricardo le llevó la cena a la sala común para que ella no tuviera que enfrentar las preguntas de otros migrantes. Nos sentamos juntos y comimos en silencio esperando que Ana se decidiera a compartir lo que sentía. Cuando le preguntamos sobre Luis ella contestó con calma: “No sé a dónde va. No va a volver”.

Durante varios días, Gonzalo, el migrante que huía de Costa Rica, siguió contándome su historia. Su medio hermano todavía estaba perdido, y Gonzalo había ido a buscarlo de albergue en albergue en el lado mexicano de la frontera. Se preguntaba si su hermano simplemente se había desvanecido dentro del agujero negro de las desapariciones en México. De acuerdo con un reporte de Amnistía Internacional, en México se han reportado 29, 917 desapariciones forzadas en los últimos años.

Cuando platiqué con el Padre Javier acerca de las desapariciones, me dijo: “No sé si te han platicado de Tamaulipas y los hoyos que hay con perros. Ponen a trabajar a los migrantes, a empaquetar la droga y todas esas cosas y luego, de repente, los llevan a un hoyo donde hay puro perro Doberman, los echan allí y los perros se los comen”.

Pensé en el caso de los 43 estudiantes normalistas, que desaparecieron por la fuerza en septiembre de 2014. El gobierno reportó que sus cuerpos habían sido calcinados, pero una investigación forense no logró encontrar prácticamente un solo fragmento de hueso o material biológico. Ante la falta de evidencia de la muerte de los estudiantes, su desaparición se unió a las decenas de miles de desapariciones denunciadas y no denunciadas. “¿Por qué nadie comenta nada de la trata de personas? Aquí está un claro testimonio y hemos expuesto el vídeo en reuniones. Lógicamente hay probabilidades de que los tráficos de órganos existen, la trata de personas existe, la esclavitud existe”, comenta el padre Javier al hablar del creciente problema de las desapariciones en México.

Darlin, el experto en migración que vivía en el albergue y que se jactaba de haber hecho más intentos en cruzar la frontera que nadie que hubiera conocido, habló sobre cómo las noticias de asesinatos y desapariciones afectan a todos; comentó: “Nuestras familias nunca quieren que tomemos este camino porque ellos han escuchado lo peligroso que es y todo eso. Inclusive cuando encontraron… no sé si escuchaste una noticia de 72 que habían matado en Tamaulipas en el rancho de San Fernando [en 2010], desde esa vez ya las familias hondureñas se han quedado con eso de que una persona puede regresar en cuatro tablas, como le decimos allá, o no regresar nunca”.

En mi segundo día en el albergue Gonzalo me dijo que pensaba que tenía SIDA. Lo alenté para que fuera a hacerse una prueba, pero me dijo que temía que el Padre Javier y el Padre Ricardo lo juzgaran. Esa tarde, el Padre Ricardo, a quien le gustaba ver documentales en YouTube, me invitó a ver un breve documental sobre los migrantes en México que había sido filmado en 2016. “Entrevistan a uno de los migrantes que ahora mismo está en el albergue”, me dijo. A la mitad de las entrevistas apareció Gonzalo, sentado sobre las vías del tren al lado del entrevistador. Se veía igual, pero se presentaba así mismo como Olvin, y le contó al entrevistador la misma historia que me había contado, pero esta vez agregó que los traficantes habían matado a su hermano frente a él. Cuando busqué “Olvin Rodríguez” en Google me di cuenta que también había sido entrevistado por otro periodista para un artículo del Pulitzer Center, y en esa versión de su historia su hermano también había sido asesinado.

Al día siguiente, el personal del albergue me contó que Luis había ido a buscar a Ana. El Padre Javier, que había visto la evolución de esa relación, comentó: “Hay muchos que llegan con la mujer, que es su esposa, que esto que otro, y de repente las dejan, vienen con hijos, así como con esta chica embarazada Ana, hay que ayudar. De repente, va y dice ‘bye’, y no se encariñó mucho con la niña y se va”.

Cuando Darlin dejó el refugio para probar su suerte al cruzar la frontera otra vez, aseguró que en Honduras ya no había oportunidades para él. En sus palabras: “Si me deportan de nuevo, me volvería de nuevo, vuelvo a venir y probar nuevamente. Yo cuando miro a personas mayores que andan en estos caminos, digo yo ‘¿tendré que llegar a esa edad pues para llegar a Estados Unidos? o ¿estaré a esa edad todavía intentando?’”; y después bromeó con que quizá su pasatiempo era la migración.

Dos días después de que Luis apareció en la puerta del albergue, Ana anunció que había encontrado una casa en Juárez para rentar. Le dijo al Padre Javier que un amigo se la había rentado a un precio muy bajo, empacó sus cosas y se marchó. El Padre Javier estaba preocupado por los niños, especialmente por José Luis, que tenía un peso muy bajo para su edad y no contaba con un acta de nacimiento.

“Por eso tú no sabes a veces si es el pollero o el tratante y trae muy dominado a la mujer”, comentó, “hay casos en los que tú dices, y no sabes si es hermano, hermana, si es primo, su amigo, su esposo, su amante o son polleros, dices tú”. Dado que ni Ana ni Luis contaban con un acta de nacimiento o cualquier otro documento legal que probara que Luis era su hijo, el Padre Javier dudaba que el niño fuera de ellos. Ana le dijo que iba a vivir sola, pero a otros migrantes les dijo que Luis había encontrado una casa para ellos, “¿Por qué no me dijo la verdad?”, se preguntó el Padre Javier.

La última vez que vi a Gonzalo, me dijo “¡Encontraron a mi hermano! Está en Texas pero le amputaron una pierna porque los secuestradores le dispararo, y tiene SIDA”. Nunca sabré si el medio hermano de Gonzalo estaba vivo o muerto; o si había sido asesinado frente a él, quien también se presentaba bajo el nombre de Olvin; o si los secuestradores le habían disparado cuando escapó. Nunca cuestioné a Gonzalo sobre la veracidad de su historia porque podía sentir la amenazante violencia de la que él escapaba, la sentí tan profundamente que yo misma empecé a tener miedo sin saber bien por qué.

“Si tú me dices: Padre, te van a hablar y cambiar de trabajo, yo diría, sí, porque como humano también tengo que buscar mi salud”, explicó el Padre Javier, “lo que sí puedo compartirte es que algo que me provoca crisis ahora es que he estado muy enfermo. Ya tengo como cuatro años muy grave, caigo, recaigo, traigo problemas ahorita de la sangre. Sí, traigo problemas del corazón, de la presión”.

En mi último día en el albergue me senté en su oficina, frente a él, estudié su cara bajo la profunda semisombra de la luz de la tarde, “El cardiólogo me dijo ‘ya vaya pensando en bajarle al ritmo en muchas cosas porque ya va afectando muchas cosas’”, me comentó. El problema era que ningún otro cura en Juárez quería trabajar en el albergue de migrantes, así que el obispo le pidió que se quedara, “El obispo me dijo, ‘Seamos realistas, tú tienes que quedarte porque yo veo el plan de Dios allí’”, me explicó el padre. En su plática me confesó que creía firmemente que Dios le mostraría algo de piedad gracias a su trabajo en el albergue. Sin dejar de lucir agotado me preguntó: “Dígame esto ¿Cuándo la migración es mala? ¿Cuándo va a ser malo querer buscar una mejor vida, una mejor familia, un mejor trabajo? ¿Cuándo va a ser malo querer huir de la muerte o de que te quieran matar a ti y a tus hijos, o querer evitar que tu gobierno te aplaste?”

* * *

Alice Driver es una periodista y traductora freelance con sede en la Ciudad de México. Ella es la autora de More or Less Dead, y ella es un 2017 Foreign Policy Interrupted Fellow. Su trabajo ha aparecido o está por venir en The New York Times, Outside Magazine, The Atlantic, Oxford American, Lenny Letter, The Guardian y Pacific Standard.

* * *

Editor: Mike Dang
Fotógrafo: Itzel Aguilera
Comprobador de hechos: Matt Giles; Traductora: María Ítaka

 

 

Fuente: https://wordpress.com/read/blogs/70135762/posts/77900

 

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Trabajar para vivir y no vivir para trabajar

Trabajar para vivir y no vivir para trabajar

Publicado en web el 14 de Julio, 2017, www. semanario,com.mx

¡Cuidado!

Too much work

Uno de los males de nuestro tiempo es el estrés, este puede ser generado por nuestra actividad laboral aunado al cada vez más largo tiempo que invertimos en los traslados y a la poca actividad física que realizamos, por eso es importante estar alerta y cuidarnos.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El Síndrome de Desgaste Profesional o Burn Out, es una sensación de agotamiento vital reconocido en la Clasificación Internacional de Enfermedades.
Fue reconocido a partir de la década de los sesentas del siglo pasado, y puede decirse que “es el precio que se paga por servir”, así lo define el Dr. Jorge Montoya Carrasquilla, médico psiquiatra quien desde hace varios años se enfoca en el manejo de las pérdidas y es director y fundador del Instituto John Bowlby en su natal Colombia, y quien visitó Guadalajara para participar en la Primera Jornada Contra el Sufrimiento organizada por Centro San Camilo y por fundación Acompaña.
Si bien, el término burn out fue utilizado desde la década de los 60’s, fue hasta mediados de los 70’s que comenzó a desarrollarse.
Burn out es un término anglosajón que significa estar quemado, desgastado, exhausto y haber perdido la ilusión por el trabajo. Se presenta principalmente en el personal sanitario como enfermeras, médicos, cuidadores, pero también en personas que trabajan directamente en atención al cliente, es decir, quienes tienen mayor contacto con otras personas.
El Burnout aparece cuando la persona se siente con exceso un de trabajo o demandas y al mismo tiempo infravalorada. Esto puede ocurrirle desde el empleado de oficina que no ha tenido vacaciones, a la agotada madre y ama de casa que lucha para cuidar a los niños, las tareas domésticas y unos padres de edad avanzada.

 

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No me siento satisfecho con mi trabajo
La manera más fácil de diagnosticarlo es mediante un test, El Maslach Burnout Inventory (MBI), de Christina Maslach y Susan Jackson (1986). Este test utiliza un enfoque tridimensional evaluando los siguientes componentes: realización personal en el trabajo, cansancio emocional y despersonalización.
Algunas de las preguntas que incluye este cuestionario son: ¿Me siento emocionalmente agotado por mi trabajo? ¿Cuándo me levanto por la mañana y me enfrento a otra jornada de trabajo me siento fatigado? ¿Siento que trabajar todo el día con la gente me cansa? ¿Siento que estoy demasiado tiempo en mi trabajo? ¿Mis compañeros de trabajo me subestiman. La dirección muestra favoritismo? ¿La burocracia interfiere con la realización de mi trabajo. Las personas en mi trabajo compiten en vez de cooperar?.
Si algunas de estas respuestas son positivas, quizá debamos buscar ayuda para tener un diagnóstico profesional y buscar una salida para este padecimiento que incluso podría llevarnos a la muerte.
Los efectos negativos del Burnout se trasladan a todos los ámbitos de la vida, incluyendo la casa, el trabajo y la vida social. El Burnout también puede causar cambios a largo plazo en el cuerpo que nos hacen vulnerable a enfermedades como la gripe o el resfriado porque el nivel de defensas disminuye.
El Burnout puede ser el resultado de una tensión implacable, pero no es lo mismo que el exceso de estrés. El estrés, por lo general, implica numerosas presiones que exigen demasiado física y psicológicamente. Pero las personas estresadas todavía pueden imaginar que si tan sólo pudieran tener las cosas bajo control, se sentirán mejor.
En el Burnout, por el contrario, esto no es suficiente. Las personas que lo padecen tienen una sensación de vacío, carecen de motivación y no son capaces de ver solución a su problema, a menudo no ven ninguna esperanza de un cambio positivo en sus situaciones.

Tratamiento
Se basa en tres aspectos fundamentales: control del estrés, ensayo conductual y potenciación del autocontrol. En ocasiones puede ser necesario un breve período de baja laboral.

 

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Quién Puede Padecerlo

El burn out, puede darse en prácticamente cualquier actividad, particularmente si se presentan una o más de las siguientes características:
• Profesiones de alto contacto con personas.
• Horarios de trabajo excesivos (Trabajo que supera las ocho horas diarias).
• Ambiente laboral estático en largos periodos de tiempo.
• Remuneración económica inadecuada.
• Inconformidades con los compañeros y superiores.
• Trato inadecuado.
• Pésimo clima laboral.
• Ambigüedad de rol.
• Falta de información sobre aspectos relacionados con la actividad laboral.
• Falta de equidad o justicia
organizacional.
• Relaciones conflictivas con los usuarios, clientes o compañeros.
• Limitaciones para la toma de decisiones.
• Imposibilidad de poder ascender en el trabajo.

El burn out tiene tres características fundamentales que son:

El agotamiento: la sensación de ya no ser capaz de ofrecer más de sí mismo.
La suspicacia / escepticismo: actitud distante hacia el trabajo, a las personas que se está ofreciendo el servicio y hacia los compañeros de trabajo.
Ineficacia: sensación de que no se están llevando a cabo debidamente las tareas y de que se es incompetente en el trabajo.

Cómo Evoluciona El Burn Out

Se trata de un trastorno crónico y progresivo caracterizado por las siguientes etapas:
1. Etapa cero (entusiasmo): La persona experimenta inicialmente el trabajo como algo estimulante.
2. Primera etapa (estancamiento): Se comienzan a plantear dudas acerca del trabajo, del esfuerzo, de si vale la pena, las expectativas iniciales se oscurecen, los objetivos ya no son tan claros y se comienza a aislar y a interpretar negativamente las propuestas. Aparecen los primeros síntomas físicos (dolores de cabeza, síntomas digestivos y aburrimiento).
3. Segunda fase (frustración): Las herramientas de la organización y las personales hacen que, o bien se salve positivamente la situación (se recobra la ilusión por nuevos proyectos, las motivaciones, o cambios hacia un trabajo con mejores perspectivas) o se entra en una etapa donde los problemas psicosomáticos se hacen crónicos y se va adoptando una actitud irritable, dubitativa y con poca adecuación a las tareas.
4.    Tercera fase (apatía): La persona se resigna a no cambiar las cosas, entra en una etapa de no saber decir que no, de cinismo ante los clientes y comienza el ausentismo laboral.

Los signos de alarma más sobresalientes son:

1. Cambios de comportamiento.
2. Cambio de actitud hacía los clientes que pueden ser vistos, por primera vez, como difíciles, pesados, no cooperativos, problemáticos, etc.
3. Cambio de actitud en relación a otros pares o compañeros.
4. Rechazo a iniciar el trabajo.
5. Intensificación de los mecanismos de defensa.
6. Disminución de la autoestima.
7. Rigidez de conducta.
8. Cambios físicos (fatiga emocional y física, aumento de la tensión arterial, jaquecas, tensión muscular, niveles bajos de energía, pérdida de interés).
9. Cambios emocionales (depresión, fatiga, tristeza, insatisfacción, sensación de estar emocionalmente “vaciado”, falta de energía para afrontar un nuevo día, sensación de incapacidad o de dar más de sí).
10. Trastornos en los hábitos de vida (trastornos del sueño, del apetito y sexuales).
5. Cuarta fase (quemado): Cuando se produce un colapso físico e intelectual de no poder más, y es donde la enfermedad se manifiesta en sus características más comunes y acentuadas.

Algunas de las muchas estrategias para evitar y tratar el burn out son:

• Implicarse en actividades externas al trabajo.
• Fortalecer las relaciones personales y familiares.
• Planificar y desarrollar actividades de esparcimiento, como ir al cine, al teatro y a conciertos.
• Dedicar tiempo al juego y la recreación.
• No omitir períodos de vacaciones.
• Realizar actividad física regularmente.
• Reducir imprevistos: organizar las urgencias de tal forma que no interfieran en el trabajo planificado.
• Reducir la burocracia.
• Planear reuniones sin afectar el tiempo de los trabajadores.
• Acortar distancia entre los niveles organizacionales.
• Mejorar proceso de adaptación en cuanto a las expectativas de la realidad laboral.
• Formación en control de emociones.
• Equilibrio de áreas vitales: familia, amigos, aficiones, descanso y trabajo.
• Fortalecimiento del concepto de trabajo en equipo: espacios y objetivos comunes.
• Reducir la burocracia y fortalecer el apoyo de personal auxiliar.
• Estímulo a la educación continuada.
• Fortalecimiento de comunicación con departamentos directivos.

La alimentación también cuenta para tener un buen rendimiento

Se debe reducir al mínimo el consumo de azúcar y los carbohidratos refinados ya que estos alimentos pueden afectar a nuestra energía.
Reducir la ingesta de cafeína, grasas trans y alimentos con altos niveles de conservantes químicos u hormonas.
Comer más ácidos grasos omega-3. Las mejores fuentes son los pescados grasos, algas, semillas de lino y las nueces.
Evitar la nicotina. Fumar cuando te sientes estresado puede parecer que te calma, pero la nicotina es un estimulante poderoso, que conduce a mayores niveles de ansiedad.
Beber alcohol con moderación. El alcohol reduce temporalmente las preocupaciones, pero demasiado puede causar muchos efectos.

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http://www.semanario.com.mx/ps/2017/07/trabajar-para-vivir-y-no-vivir-para-trabajar/

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LA CARIDAD POLÍTICA: MISIÓN DE LOS LAICOS

LA CARIDAD POLÍTICA: MISIÓN DE LOS LAICOS

 

Somos Iglesia para la misión…. y nuestra vocación es la caridad política

 LA CARIDAD POLITICA:

Se trata del amor eficaz a las personas, que se actualizan en la prosecución del bien común de la sociedad. 

El amor que se expresa en la preocupación por los asuntos comunes. 

Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común. Ésta es la vía institucional —también política— de la caridad…. Ésta caridad en las instituciones, no es menos cualificada e incisiva que la caridad asistencial eclesial. (CIV 7)

En muchos aspectos, el prójimo que tenemos que amar se presenta “en sociedad”, de modo que amarlo realmente, socorrer su necesidad o su indigencia, puede significar algo distinto del bien que se le puede desear en el plano puramente individual: amarlo en el plano social significa, según las situaciones, servirse de las mediaciones sociales para mejorar su vida, o bien eliminar los factores sociales que causan su indigencia. La obra de misericordia con la que se responde aquí y ahora a una necesidad real y urgente del prójimo es, indudablemente, un acto de caridad; pero es un acto de caridad igualmente indispensable el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria” (CDSI 208).

La política es una de las formas más elevadas del amor, de la caridad. ¿Por qué? Porque lleva al bien común (Papa Francisco). Y una persona que, pudiendo hacerlo, no se involucra en política por el bien común, es egoísmo; o que use la política para el bien propio, es corrupción.

Esta expresión, caridad política, aparece ya utilizada (y muy probablemente por primera vez en el ámbito del magisterio de la Iglesia) por Pio XI, en su discurso de 18 de diciembre de 1927, a la Federación Universitaria Católica Italiana –FUCI-. Si Mussolini había acusado a la FUCI de ir más allá del apostolado e incurrir en la actividad política, Pío XI proclamará que la política, en cuanto atiende al interés de la entera sociedad constituye  “el campo de la más amplia caridad, la caridad política”.

En varias de sus encíclicas, pero especialmente en Sollicitudo rei socialis, Juan Pablo II se refiere a la solidaridad, en cuanto virtuosa preocupación por el bien común (es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común), enunciada por Pablo VI como “civilización del amor”, un concepto que ha sido reiteradamente recogido recientemente por el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, que le ha dedicado un entero y final capítulo conclusivo. Juan Pablo II ha hablado, en el mismo sentido, de “amor social” (RH 15). Y Benedicto XVI caridad social, la caridad propia ejercida por los fieles laicos, con autonomía y bajo su responsabilidad, en la vida pública, en las instituciones y en su actividad política. (DCE 29).

Esta dimensión pública de la caridad, definida como caridad social o política, está en el Compendio.

“…Es necesario que se muestre la caridad no sólo como inspiradora de la acción individual, sino también como fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos. En esta perspectiva la caridad se convierte en caridad social y política: la caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une” (CDSI 207).

También construir  estructuras de gracia (y justicia), es cosa de política. è Las decisiones personales no terminan en la persona que las provoca. Estamos rodeados de estructuras que no hacen visible el proyecto salvador de Dios. Son estructuras de pecado, en cuanto que nacen de decisiones personales inmorales y, sin embardo, terminan por justificar otras decisiones inmorales. Lo malo de las estructuras de pecado es que nos llevan a considerar como normal el mal que nosotros mismos hemos generado… (SRS 38).

Preferencia por los pobres….

“Vista la dimensión mundial que ha adquirido la cuestión social, este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor […]. Nuestra vida cotidiana, así como nuestras decisiones en el campo político y económico, deben estar marcadas por estas realidades” (SRS 42).

Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente extraordinario y aparezca como tal, es necesario que se vea en el prójimo la imagen de Dios según la cual ha sido creado,…. Se satisfaga ante todo a las exigencias de la justicia, y no se brinde como ofrenda de caridad lo que ya se debe por título de justicia; se quiten las CAUSAS de los males, no sólo los defectos, y se ordene el auxilio de forma que quienes lo reciben se vayan liberando poco a poco de la dependencia externa y se vayan bastando por sí mismos. (AA 8)

 

LA CARIDAD POLÍTICA EN LA DSI:

+ León XIII alienta a los católicos al compromiso evangélico en lo público, sin privatizar la fe. Se refiere a la caridad cristiana y a la solidaridad como “amistad”, la que se entrega toda entera a sí misma para utilidad de los demás y reconoce la potencialidad transformadora de la fe para cambiar la sociedad desde sus cimientos (RN 20-21, 41; 114-116).

+ Benedicto XV, considera la caridad como fuerza motriz que obliga a practicar la justicia y a eliminar las desigualdades. “El Evangelio no presenta una ley de la caridad para las personas particulares y otra ley distinta para los Estados y las naciones, que en definitiva están compuestas por hombres particulares” (Pacem Dei 11).

+ Pío XI, la búsqueda de un orden basado en los “principios más elevados y más nobles: la justicia social y la caridad social”, virtudes que no son sólo personales, sino que explícitamente tienen una pretensión política “construyendo un orden social y jurídico, cuyo alma sea la “caridad social” como forma de regular y frenar la dictadura económica imperialista que somete al mundo (QA 88).

Pío XI fue el primer Papa en utilizar literalmente la expresión “caridad política(cuando Mussolini le acusó de exceder los límites del apostolado al incidir en la política): El campo político abarca los intereses de la sociedad entera; y en este sentido, es el campo de la más vasta caridad, de la caridad política, de la caridad de la sociedad” (Discurso a los dirigentes de la Federazione Universitari Cattolici Italiani, 18 de diciembre de 1927).

+ Juan XXIII. En las Encíclicas sociales Mater et Magistra y Pacem in Terris, aparece la dimensión mundial, el carácter universal de la justicia social. Por caridad, el cristiano está llamado a buscar dentro de las instituciones “el Reino de Dios y su justicia” y se siente “vinculado a los demás para sentir como propias sus necesidades, alegrías, sufrimientos (…) con una actitud siempre cuidadosa con el interés ajeno” (MM 257). Posteriormente, viendo la creciente socialización e interdependencia, afirmará que el amor como servicio al prójimo se expresa, de la mejor manera, en la participación en las instituciones con el fin de ponerlas al servicio de todas y cada una de las personas en todos los campos de la vida humana (PT 146).

+ El Concilio Vaticano II sintetiza, sobre todo en Gaudium et spes, en Dignitatis Humanae y en Apostolicam Actuositatem las relaciones entre la caridad política y la ética para construir un mundo más acorde con el designio divino y una sociedad que cada vez más esté al servicio del desarrollo pleno de las personas. Mantiene una visión solidaria interdependiente de toda la humanidad, que rechaza toda ética individualista (GS 30). Se apuesta por dignificar la política, valorando el apostolado de los seglares, a modo de fermento, donde las asociaciones con finalidad social adquieren protagonismo (LG 31; GS 75; AA 2, 17-18). Nombra la “caridad y la fortaleza política” como actitudes del compromiso político de los cristianos (citando en nota el discurso mencionado de Pío XI el Concilio Vaticano II) (GS 75).

+Pablo VI en la Populorum Progressio extiende su mirada al conjunto del planeta y propugna una caridad universal que tenga la intención política de construir un nuevo mundo, para lo que no bastan las ayudas urgentes. Y para llegar a este cambio, exhorta al compromiso de los laicos y a la conversión de “mentalidad, costumbres, leyes y estructuras” (PP 81).

En la Octogesima Adveniens (OA 81) reflexiona sobre la acción política de los católicos; haciendo una llamada explícita a la participación política (a pesar de las dificultades), pues es ahí donde se deciden los modelos organizativos de las sociedades. Afirmará que este compromiso político es “un camino serio para ejercer el deber de todo cristiano de servir a los demás, lo cual exige: -discernimiento de la realidad a la luz del Evangelio y del pensamiento social de la Iglesia (OA 1), buscando responder concretamente a la pregunta ¿qué me exige el amor al prójimo, aquí y ahora?; -la transformación de las mentalidades y estructuras que sostienen el imperialismo de las multinacionales (OA 43-45); -construir una sociedad con democracia real y protagonismo de los ciudadanos, ya que está amenazada por la tecnocracia (OA 47. En este campo del compromiso, hay pluralidad de opciones, lo cual no debe hacer olvidar que todos han de preocuparse en “perfeccionar las estructuras y acomodarlas mejor a las verdaderas necesidades actuales” (OA 50).

+  Juan Pablo II. Ante una realidad de injusticia y “estructuras de pecado” (SRS 36), que llega de definir como “cultura de muerte” (EV 12), el Papa llama a los cristianos a la conversión y a un compromiso evangelizador para ir construyendo la Civilización del Amor y una Cultura de la Vida. Se refiere al “amor social” (RH 15) y a “la «opción preferencial por los pobres»; es definida como una «forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana» (SRS 42; CA 11).

+ Benedicto XVI sitúa la Encíclica Deus caritas est en la larga tradición de otras encíclicas sociales, no solamente por lo que representa la virtud de la caridad, sino también porque atribuye una importancia primordial a la virtud de la justicia.

Los fieles laicos tienen el deber inmediato de actuar a favor de un orden justo en la sociedad, por eso están llamados a participar en la vida pública, según sus posibilidades y limitaciones, en alguna acción socio-política, desde lo más pequeño o cotidiano hasta lo más alto; de esta manera, la variada actividad del laico es considerada por el Papa como “caridad social”(DCE 15, 19, 29).

En Caritas in veritate hace una llamada constante al desarrollo integral de la persona que a su vez incide en la sociedad, para lo cual es necesario vivir la caridad en la verdad” en todas las relaciones, tanto las más cercanas como las que se desenvuelven en las estructuras sociales, económicas, políticas… (nn.11, 34, 52,53 ss).

+ Los Obispos españoles, en el Documento Los católicos en la vida pública, acuñaron el término “caridad política”. La caridad política es presentada como consecuencia directa de la vida teologal, es decir, de una visión contemplativa que entiende el mundo y la historia dentro de la dinámica divina de la Creación y de la Redención y, por tanto, sin divisiones espiritualistas entre el campo de la fe y el de la política:

 

“Con lo que entendemos por ‘caridad política’, (…). Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo más justo y más fraterno, con especial atención a las necesidades de los más pobres” (nn.60-61).

 

PROPUESTAS DE COMPROMISO:

El servicio a la persona humana

Entre los ámbitos del compromiso social de los fieles laicos emerge, ante todo, el servicio a la persona humana: la promoción de la dignidad de la persona, el bien más precioso que el hombre posee, es « una tarea esencial; …..Los fieles laicos deben, por tanto, trabajar a la vez por la conversión de los corazones y por el mejoramiento de las estructuras, teniendo en cuenta la situación histórica y usando medios lícitos, con el fin de obtener instituciones en las que la dignidad de todos los hombres sea verdaderamente respetada y promovida. (552 CDSI)

Defensa de la vida humana

  • promover una cultura de la vida siempre respetuosa con la vida humana.
  • Proponer a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona, y exigir a los Estados la creación de políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad.

Hacia una profunda renovación cultural

  • Buena formación socio-política, con un buen análisis de la cultura dominante; y de la DSI
  • Centros culturales, foros públicos para el diálogo sobre los grandes problemas de la humanidad.
  • MCS que promuevan la dignidad de las personas y de los pueblos, se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad.
  • Defensa de la ley natural inscrita en el corazón del hombre y que, como tal es universal, inviolable e inalienable. La ley natural ha de ser el fundamento de todo diálogo político, cultural y religioso, ya que es la que nos indica cuales son “las exigencias fundamentales de la dignidad de la persona humana, de su vida, de la institución familiar, de la equidad del ordenamiento social, es decir, los derechos fundamentales del hombre”.
  • Tener presencia en el mundo de la escuela y de la universidad; los ambientes de investigación científica y técnica; los lugares de creación artística y de la reflexión humanista; y en los medios de comunicación social, instrumentos tan importantes para la formación de la mentalidad y de las costumbres.

Dirigir la globalización hacia un mundo más humano

  • Denuncia de las desigualdades.
  • Combatir las causa políticas de los grandes problemas de la humanidad, demostrando que la pobreza obedece mucho más a causas políticas, comerciales y culturales, que a los desastres naturales.
  • Eliminar las causas estructurales
  • Generar una opinión pública solidaria con los problemas de los empobrecidos de la tierra.
  • Trabajar para que en nuestros ambientes, instituciones…. Se vaya creando una conciencia solidaria.

Promover la lógica del don y la gratuidad en la economía

  • Debe haber un replanteamiento integral y moral de la vida económica, en donde la persona sea el centro de la economía y que no se guie por el máximo beneficio, sino según el bien común.
  • Profundizar en el surgimiento de un nuevo poder político, el de las asociaciones de consumidores.
  • Abrir otras formas de cooperación, nuevas iniciativas económicas que, sin renunciar al beneficio, vayan más allá de la lógica del lucro como fin en sí mismo.
  • Promoviendo la eficacia de las organizaciones sindicales, y promocionando la creación de nuevas formas de organización de trabajadores, nuevas formas de solidaridad entre quienes participan en el trabajo común.

 

CONCLUSIONES

Hoy sigue siendo urgente que los laicos tomen conciencia de su vocación y misión, de tal manera que en este siglo XXI pueda florecer un laico adulto que responda a la llamada de ser testigos del amor de Dios, manifestado en Jesucristo, en medio del mundo.

Si la falta de compromiso ha sido siempre algo inaceptable, el tiempo presente los hace aún más culpable. Añadiendo con angustia que a nadie le es lícito permanecer ocioso (Christifideles laici, 3). Las nuevas situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos.

Desde una fe unida a la vida, a los laicos se nos urge especialmente a asumir nuestra responsabilidad en la construcción de la sociedad como proyecto de vida en común, iluminando y penetrando de espíritu cristiano la mentalidad y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que vive, promoviendo la consecución del bien común en la actividad política, social, económica y en la vida profesional y familiar.

La Doctrina Social de la Iglesia refiere con insistencia que el campo propio, aunque no exclusivo, de la actividad evangelizadora y transformadora de los laicos es la vida pública, expresándose en los documentos con distintas expresiones: los laicos deben insertarse:

  • “…en el corazón del mundo y al frente de las más variadas tareas temporales” (EN 70),”…animando cristianamente el orden temporal…” (CL 42),
  • “…en las realidades temporales y en su participación en las actividades terrenas” (CL 17),
  • “…tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales…” (LG 31; 35, 36; GS 43; AA 3, 4, 7; AG 21).
  • Y todos “aquellos lugares y circunstancias en los que (la Iglesia) sólo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos” (LG 33; CL 15; AA 2).
  • “…Ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento” (AA 2).
  • El mundo es “el ámbito y el medio de la vocación de los cristianos laicos” (CL 17).
  • Los laicos “son Iglesia y son la Iglesia en el mundo…, con su presencia en la vida pública, hacen presente a la Iglesia en el mundo y transforman la sociedad según el espíritu del Evangelio” (CLIM 46)
  • “Lo que el alma es en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo” (LG 38).
  • Los fieles laicos “no pueden abdicar de la participación a la ´política´ (…), o sea a las múltiples y variadas actividades económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinadas a promover orgánica e institucionalmente el bien común” (CL 42).
  • Como señala Juan Pablo II, el laico es el nuevo protagonista “… lanzado en las fronteras de la historia: la familia, la cultura, el mundo del trabajo, los bienes económicos, la política, la ciencia, la técnica, la comunicación social; los grandes problemas de la vida, de la solidaridad, de la paz, de la ética profesional, de los derechos de la persona humana, de la educación, de la libertad religiosa” (Homilía de Juan Pablo II conclusiva del Sínodo de 1987, n. 7).
  • “La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la vida pública y aceptan las cargas de este deber” y pide que aquellos fieles laicos que tienen capacidad para ello “se consagren […] al servicio de todos con el amor y la fortaleza que la vida política exige” (GS, 75).
  • “En esta hora magnífica y dramática de la historia ante la inminencia del tercer milenio -dice Juan Pablo II-, nuevas situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas y culturales, exigen hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos. Si la falta de compromiso ha sido siempre inaceptable, el tiempo presente lo hace aún más culpable, A nadie le es lícito permanecer ocioso” (ChfL 3).

Construir la « civilización del amor »

La finalidad inmediata de la doctrina social es la de proponer los principios y valores que pueden afianzar una sociedad digna del hombre. (CDSI 580)

El amor debe estar presente y penetrar todas las relaciones sociales: Este amor puede ser llamado « caridad social » o « caridad política ». (CDSI 581)

Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social —a nivel político, económico, cultural—, haciéndolo la norma constante y suprema de la acción. (CDSI 582)

“Cada laico debe ser ante el mundo un testigo de la resurrección y de la vida del Señor Jesús y una señal del Dios vivo. Todos juntos y cada uno de por sí deben alimentar el mundo con frutos espirituales (cf. Ga 5,22) y difundir en él el espíritu de que están animados aquellos pobres, mansos y pacíficos a quienes el Señor en el Evangelio proclamó bienaventurados (cf. Mt 5,3-9). En una palabra, lo que el alma es en el cuerpo, son los cristianos en el mundo” (Lumen Gentium, 38..)

 

Pablo Matute (militante cristiano)

Extracto de la ponencia “Misión Especifica de los laicos: Caridad Política” 

(Aula Doctrina Social de la Iglesia / febrero 2017)

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