Archivo

Archive for the ‘beatos y Santos’ Category

Carmelita descalza a un paso de convertirse en la primera beata de Paraguay

https://www.aciprensa.com/imagespp/size680/VenerableChiquitunga_FacebookCausaChiquitunga_070617.jpg

Venerable María Felicia de Jesús Sacramentado / Crédito: Facebook Causa Chiquitunga

Carmelita descalza a un paso de convertirse en la primera beata de Paraguay

Por Bárbara Bustamante

De esta manera, la causa de esta venerable será estudiada por la comisión teológica de la Congregación para las Causas de los Santos, para luego presentarla al Santo Padre, quien finalmente será el encargado de evaluar y firmar el decreto que permitiría su beatificación.

María Felicia Guggiari Echeverría,  conocida como “Chiquitunga”, nació el 12 de enero de 1925. Desde los 14 años se dedicó intensamente a la oración y el apostolado en la Acción Católica de Paraguay.

Tras descubrir su vocación de religiosa contemplativa, el 14 de agosto de 1955 “Chiquitunga” ingresó a los 30 años al Carmelo de Asunción, y 4 años después murió a causa de una fuerte hepatitis, el 28 de marzo de 1959.

Su proceso de beatificación se inició en 1997 y fue declarada “venerable” en 2010 por el Papa Benedicto XVI.

La curación atribuida a la intercesión de la religiosa ocurrió el año 2002, en el departamento de San Pedro, cuando un recién nacido, Ángel Ramón, presentó complicaciones en el parto y que estuvo veinte minutos sin signos vitales tras cortar el cordón umbilical.

Ante esta complicación la obstetra pidió la intercesión de la carmelita, y tras 20 minutos de haber sido dado por muerto el bebé recuperó sus signos vitales.

“Ni el oxígeno que le quisieron poner, ni oprimiendo su pecho, se reanimó, nada, nada, así estuvo por 20 minutos”, relató el P. Flaminio Benítez, de la Orden del Carmelo que presentó el caso a la Santa Sede.

“Ya con cinco minutos sin oxígeno en el cerebro queda con secuelas, hoy 15 años después el niño está normal”, sostuvo el sacerdote según señala AICA.

Respecto a la resolución de la junta médica del Vaticano, el Presidente de la Conferencia Episcopal de Paraguay y Arzobispo de Asunción, Mons. Edmundo Valenzuela, pidió prudencia a la hora de llamarla “beata”.

“Hasta que el Santo Padre no promulgue aún el reconocimiento del milagro inexplicable y maravilloso nadie la llame aún beata. Esperamos un poco más”, afirmó el Prelado en un mensaje.

Por su parte, el P. Benítez, explicó que “esto ahora va a la Congregación para la Causa de los Santos y ahí los teólogos hacen una nota al Papa, presentándole los resultados de la junta médica y entonces el Papa firmará un decreto convocando la beatificación, esto sería dentro de unos meses todavía”.

Hasta la fecha, el único santo de Paraguay es el jesuita y mártir San Roque González de Santa Cruz, canonizado en 1988 por el Papa San Juan Pablo II.

Fuente: https://www.aciprensa.com/noticias/carmelita-descalza-a-un-paso-de-convertirse-en-la-primera-beata-de-paraguay-64374/

Categorías:beatos y Santos, General

Sangre cristera, entrega de amor valiente

Sangre cristera, entrega de amor valiente

Publicado en web el 22 de Mayo, 2017

A 17 años, incrementa  la fe en los Santos Mártires mexicanos

 

El 21 de mayo del año 2000, el entonces Papa Juan Pablo II, regaló a México 25 nuevos santos, encabezados por San Cristóbal Magallanes. Hoy, la fe hacia nuestros santos gana poco a poco terreno y el Santuario en su honor continua su avance.

 

FOTO 1

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

 

El 21 de mayo se festejará a nivel Iglesia universal la fiesta de San Cristóbal Magallanes y compañeros mártires quienes fueran canonizados en esa misma fecha, pero hace 17 años por el ahora también santo Juan Pablo II, en El Vaticano.
Para conmemorar tan importante efeméride, el Santuario de los Mártires organiza un triduo a manera de fiesta patronal y que se llevará a cabo del 19 al 21 de mayo.
“Todos los días tendremos a las 5 de la tarde una hora santa, exposición del Santísimo, la bendición y luego, el rezo del Rosario; confesiones y a las 6, la Misa.
“El viernes tendremos la conferencia ‘Testigos de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe’, la cual se realizará en la capilla provisional del Santuario y será impartida por la Hermana Anacely Villa.
“El sábado 20, a las 9 de la mañana, tendremos primeras comuniones. El domingo 21, de manera especial pidiendo por la unidad de las familias, tendremos la Misa a las 10, la Misa solemne a las 12 y la de acción de gracias a las 6 de la tarde.
“Además, el domingo, también a las 8 de la mañana tendremos la Carrera por la Eucaristía.
“Durante las fiestas, como de ordinario, se tendrá el relicario que estuvo presente en Roma, hace 17 años en la Misa de Canonización. La intención era que el relicario se quedara allá pero el Papa San Juan Pablo II dijo que las reliquias de los mártires deberían estar en tierra mexicana.
“Este relicario está regularmente en el Santuario, mientras que, desde hace algunos meses, está saliendo otro con los restos de los beatos Anacleto González y compañeros.  Este relicario está visitando algunas parroquias con la intención de que la gente los conozca y pida su intercesión por un milagro para que puedan llegar a ser canonizados y celebrarlos también como santos”.

FOTO 3

Si crece la devoción
El padre Aviña señaló que la participación de fieles en el Santuario de los Mártires se ha triplicado. “Aunque entre semana es poca la afluencia, si es más gente que cuando iniciamos, vienen entre 20 y 30 personas. Y los domingos que vienen los decanatos en peregrinación después de que las reliquias visitan sus parroquias, ahí también ha aumentado la participación.
“Nos visita gente no solo de la Zona Metropolitana de Guadalajara sino también foráneas. En el norte del país o incluso al otro lado,  hay un gran interés por conocer la vida de los mártires, porque es gente que emigró y anhela muchas cosas de México y entre ellas su fe. Tienen más conocimiento muchas veces de los mártires, porque allá también se les hace difusión y esporádicamente vienen a conocer y visitar el Santuario”.
El sacerdote explicó que el Año de la Misericordia atrajo muchos fieles al Santuario así como los eventos que se han organizado en la asamblea principal.

Que también
crezca la generosidad
El padre invitó a todos los fieles católicos a donar según sus posibilidades pues destacó que el Santuario es una obra es de todos. Dijo que particular interés por contar con este amplio espacio celebrativo han mostrado los diferentes grupos, movimientos y apostolados de la arquidiócesis quienes han colaborado generosamente y de manera constante con esta obra.
Finalmente el padre exhortó a los fieles a orar por el Santuario y a colaborar económicamente según sus posibilidades y su generosidad.
El Santuario está abierto diariamente de 9 de la mañana a 7 de la tarde. Misa diaria, 6 de la tarde.

 

Vivir la fe en fidelidad hasta la muerte

FOTO 2

El viernes 19 de mayo, a las 6.45 de la tarde y como parte de la fiesta de San Cristóbal Magallanes y compañeros Mártires, la hermana Anacely Villa Barriga, Messt., impartirá una conferencia titulada “Testigos de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”.
Y es que, dijo en entrevista a Semanario, es importante que recordemos y nos ubiquemos cómo vivió la Iglesia esa época oscura para la historia de México.

Recordar
y valorar la entrega
“En 1915 se da la muerte del primero de los mártires canonizado, San David Galván, mientras que en 1935, muere el último de los mártires canonizados hasta el momento.
“Fue una época muy difícil para la Iglesia en México porque los gobernantes venían con una mentalidad liberal tratando de hacer a un lado el papel de la Iglesia en la sociedad, con el argumento de que la Iglesia no permitía el progreso, el desarrollo de la nación, que hubiera igualdad, etcétera.
“Esta mentalidad acompañada de una fuerte influencia de la masone ría, del socialismo, y también otras ideas un poco indigenistas hicieron que hubiera una reacción de rechazo de parte de muchos gobernantes, tanto del presidente de la república como de algunos gobernadores y presidentes municipales.
“Todo este ambiente tenía como objetivo quitar a la Iglesia su papel de defensora de los derechos humanos y también del cierto arbitraje en la sociedad, de la influencia espiritual que tenía porque según esto, cada hombre tenía libertad de actuar según su conciencia, que ciertamente así es pues sabemos que tenemos una ley inscrita por Dios en el corazón, pero como Dios le estorbaba al gobierno se decidió sacarlo”.

Sin miedo,
con mucha valentía
“Los católicos en ese tiempo, que eran personas que tenían una fe sólida, rechazaron esa actitud del gobierno y de una u otra forma trataron de defender la libertad religiosa en nuestra patria. Este fue el papel de nuestros mártires.
“Los sacerdotes continuaron con la formación religiosa de los católicos, pero los laicos también tuvieron un papel muy importante.
“El llamado de los Obispos fue a resistir de una manera pacífica. Los sacerdotes por ningún motivo debían tomar las armas ante la insurgencia de algún grupo de laicos que defendieron la fe, porque cuando vieron por ejemplo, en Chalchihuites el 15 de agosto de 1926, que mataron al padre Luis Batiz y a tres jóvenes laicos comprometidos con la Iglesia, un grupo de laicos fueron de los primeros que empezaron a combatir al Ejército, a disparar por esa acción que realizó. Aunque alguno desobedeció, a ellos no se les considera mártires.
“En esa época hubo un poco de confusión porque los Obispos, muchos de ellos estaban exiliados y algunos otros se fueron por su cuenta. Algunos estuvieron asilados en Cuba, en Estados Unidos o en Roma para evitar la muerte. Fue una situación muy difícil para ellos. Muy pocos se quedaron en México, por ejemplo, Don Francisco Orozco y Jiménez, Arzobispo de Guadalajara.
“Ellos ejercieron el papel que tenían que ejercer, ser pastores y tratar de evitar más derramamiento de sangre. En el momento en que se tomó la decisión que vino también de Roma respecto a que se dejara la lucha armada, los cristeros obedecieron porque los sacerdotes llamaban a la obediencia al Santo Padre y a los Obispos, quienes se adhirieron a buscar la paz.

El privilegio
de testificar la fe
La religiosa señaló que desde el principio de la Iglesia siempre ha habido mártires.
Ser mártir significa ser testigo.
“Cuando una persona, sobre todo nosotros cristianos-católicos tomamos consciencia de lo que significa la fe, se está dispuesto a pedirle a Dios su gracia para vivir en fidelidad esa fe hasta la muerte.
“Nuestros mártires nos dan ejemplo de esa fidelidad a Dios. Nosotros desde el bautismo hemos aceptado a Dios como lo único en nuestra vida. Somos cristianos, llevamos la marca de la cruz de Cristo y la gracia más grande que como cristianos podemos recibir es la del martirio, no cualquiera recibe esa gracia. En ese tiempo muchos cristianos deseaban ser mártires. Anhelaban el martirio porque era la oportunidad de vivir en fidelidad hasta el último momento, la gracia de su bautizo y demostrar al mundo que Cristo es el Rey, que no hay ningún gobernante, ni ninguna mentalidad, que esté por encima de la consciencia del ser humano más que Dios y en aquel tiempo el gobierno, quería manejar la consciencia del hombre y ponerse en el lugar de Dios, que fue lo que no aceptaron nuestros mártires, que se impusiera sobre la ley de Dios una ley que era contraria a la libertad de religión y a cualquier derecho en contra el hombre.
“Este ser testigo, este ser fiel hasta el último momento, es lo que a nosotros nos debe de servir, sobre todo en este tiempo, de motivación profunda para decir, se puede dar la vida por Dios.
“Así como a ellos les concedió la gracia del martirio, a nosotros nos puede conceder la gracia de la fidelidad diaria a nuestra fe en medio de las persecuciones que estamos viviendo en la actualidad, que no son persecuciones con armas o de muerte pero que son persecuciones contra la fe y contra los principios y derechos del hombre”.

 

 

Devoción que refleja respeto y cariño

Museo y Santuario dedicados a San Cristóbal

En el lugar donde nació y donde fue Párroco el santo que encabeza el grupo de Mártires Mexicanos, Totatiche, se le tiene un gran amor y fervor, y le agradecen sus favores y milagros, con un museo y la construcción de un Santuario.

IMG_5377 EDIT

Dulce Natalia Romero Cruz

El Museo ubicado en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario en Totatiche, ha tenido varias etapas. Después del martirio de San Cristóbal Magallanes el 25 de mayo de 1927, que en ese entonces era Párroco de Totatiche, y de San Agustín Caloca, Vicario, la gente comenzó a guardar las pertenencias personales que tenía de los dos porque ya los consideraban santos. Entre las reliquias de segundo grado que se reunieron, fueron: ropa, utensilios de cocina que usaba para comer (platos, vasos) cuando visitaba a las familias, además de las cosas personales que se conservaron en la Parroquia, sus muebles, los libros con los que celebraban la Eucaristía, los ornamentos, etc. Poco a poco se fueron recabando y estuvieron resguardados en el Seminario. Pero las reliquias de primer grado son sus restos, sus huesos, y se encuentran en unas urnas que están depositadas en el interior de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en los altares laterales.
“Cuando inició el proceso de canonización –platicó el Pbro. Juan José Villanueva Ríos, que tiene 5 años como Párroco de Nuestra Señora del Rosario en Totatiche-, el Pbro. José de Jesús Gálvez Amezcua, comenzó a recolectar todas las pertenencias y en un Salón Anexo a la Parroquia, que se usaba para el catecismo, exhibió las pertenencias en unas vitrinas y fue cuando nació el Museo, esto fue hace unos 20 o 25 años”.
Pero hace 3 años se remodeló, se cambió el piso, se renovaron las vitrinas, se pusieron luces led, se grabaron algunos escudos, entre otros detalles.

IMG_5378 EDIT

Reconocimiento mundial
El señor Cura relató que “la gente les tiene mucha fe, los invoca para todo, para curar enfermedades, solventar necesidades, resolver inquietudes y para que los ayude en peligros”. Asegura que la devoción a San Cristóbal se ha ido extendiendo en todo el país e incluso en el extranjero, como en Argentina, Italia, España, Estados Unidos de Norteamérica. Que incluso lo han nombrado Patrono de algunos Seminarios y Congregaciones Religiosas, en el país.
La fama se ha ido extendiendo principalmente entre las personas que estudian e investigan el acontecimiento de la Guerra Cristera, donde el señor Cura Magallanes tiene una presencia muy importante. Es por eso que el cariño y la devoción se han propagado.

IMG_5381 EDIT

Un digno Santuario
En la cabecera municipal de Totatiche, se está construyendo un Santuario, con capacidad para 1000 personas, dedicado a San Cristóbal. El 25 de mayo de este año, que es el aniversario de su martirio, va a iniciar la tercera etapa de este recinto que es la construcción del techo.
Los Agentes de Pastoral de Nuestra Señora del Rosario son los que están trabajando para la recaudación de fondos junto con los hijos ausentes que habitan en el país vecino del norte y algunos que viven en otros lugares de México, pidiendo donativos, organizando kermeses y rifas. Además hay muchas personas que han sido beneficiadas con la intercesión del Cura Magallanes y se han convertido en bienhechores para poder concluir la edificación.

IMG_5383 EDIT

90 años de su martirio

Fue sacrificado el 25 de mayo de 1927 en Colotlán, junto con San Agustín Caloca, de quien también se conservan y exhiben algunas pertenencias, como su cinturón, su cartera, su escapulario, etc.
Para conmemorar esta fecha se realiza un Novenario, comenzó el miércoles 17 de mayo, asisten peregrinos de distintos lugares. Se celebra la Eucaristía en un contexto de fiesta con cohetes y castillo. Las urnas con las sagradas reliquias salen en procesión por las calles del pueblo el día 25, por la tarde. Este año se van a llevar a su Santuario por la conclusión de la segunda etapa e inicio de la tercera.
Y como se está celebrando el 90º Aniversario de su martirio se va a inaugurar una explanada con un monumento de San Cristóbal, hecho de piedra, en el lugar donde el nació que se llama San Rafael, población de Totatiche.
Todos estos acontecimientos son en preparación de la conmemoración del Centenario del Martirio de San Cristóbal, en 2027, donde la principal novedad será el Santuario terminado.

IMG_5386 EDIT

En defensa
de la libertad religiosa

Testimonio de Fe

El grito de ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!, sigue haciendo eco en el Siglo XXI. A 17 años de la Canonización de San Cristóbal Magallanes y compañeros Mártires y a 90 años de la Guerra Cristera, es primordial escuchar los testimonios de las personas que vivieron y experimentaron el anticatolicismo.

Conchita Plascencia editRebeca Ortega Camacho

María Concepción Plascencia Parra nació el 4 de marzo de 1917 en Guadalajara, Jalisco; la novena de diez hijos de un matrimonio con profundas raíces católicas. En entrevista para Semanario recapituló los años de la implementación de la “Ley Calles” y cómo esas reformas suscitaron que su familia tuviera que salir del país. Además, el recuerdo de su participación en la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) y su asistencia al funeral del Beato Anacleto González Flores, “El maistro Cleto”.
“Andaban inspectores sondeando por un lado y por otro, buscando sacerdotes para llevarlos a la cárcel y después fusilarlos”. Entre algunas anécdotas, recuerda que para que su hermanito recibiera la Primera Comunión, su mamá lo llevó a la casa del padre y en Misa de 5 de la mañana, recibió el Sacramento de la Eucaristía. Y cuando sus papás cumplieron 25 años de casados, el sacerdote celebró la Misa en su casa. “En ese tiempo nuestro párroco, era el Padre y después Obispo Vicente M. Camacho. También fue mi primer confesor, hice mi Primera Comunión en el Templo de San Miguel a los 4 años.
“Mi infancia fue muy bonita, pero muy triste por la situación. Me tocó precisamente el tiempo de la persecución por la “Ley Calles”. Mi papá que era un católico acendrado dijo: ‘miren hijas, aquí ya no podemos ni adorar a Dios’, y nos trasladamos toda la familia a Estados Unidos.
“Nos fuimos en 1928, tenía 11 años, me fui llorando porque yo amé a mi patria desde chica. Dejamos nuestra casa (fundada en 1926, en el centro de la Ciudad) con mucha tristeza. Pero mi papá dijo, ya no se puede, porque ni Misa, no había culto sencillamente. Estaba aquí el Templo de los Santos Ángeles, como está ahorita, con la imagen de la Virgen de Guadalupe; fui a despedirme de ella llorando y le prometí que mi primera visita, si regresábamos era para irla a verla para darle las gracias y lo hice, cumplí con mi promesa (3 años después)”, relató la señorita Conchita.
En otro país, con diferentes costumbres, sin conocer el idioma, la familia Plascencia Parra ubicó su nueva residencia, precisamente a dos cuadras de Hollywood Boulevard en Los Ángeles, California. “En Estados Unidos, fue una experiencia muy diferente, con libertad. Asistimos a una escuela católica, con religiosas y todas allá andaban con sus hábitos. Nos tocó una parroquia muy bonita, Blessed Sacrament, que era de los Jesuitas. Esa fue mi infancia”. Regresaron a México en 1931.

Participación en la ACJM
“Una de las cosas que me gustó mucho fue la Acción Católica, que acababa de fundar Anacleto González Flores, la ‘Unión Católica de la Juventud Mexicana’; me integré en el Templo Expiatorio, con el Padre que le decíamos ‘Chiquito’, el Padre Javier Nuño.
“Con la “Ley Calles” se prohibió el culto; fue cuando Anacleto que era valiente y al mismo tiempo un Cristiano de carta cabal, tomó el papel de defender los derechos de la Iglesia. Se reunían en casas grandes y él daba juntas. Se congregaba la gente y él les hablaba de cómo teníamos que defender la Iglesia, defender nuestros derechos y salían con unas ganas de ser mártir.
“Una hermana, Rosario, tenía 18 años cuando se levantaron los Cristeros y se quería ir, ella estaba dispuesta a ser mártir (sus papás no la dejaron, porque era peligrosos). Los Cristeros necesitaban que se les llevaran municiones y alimentos; cooperar con ellos para que lucharan. Las muchachas hicieron como corsets, con costuras muy pegaditas y metían las balas entre una y otra”, dijo la entrevistada.

El funeral del “maistro Cleto”
El Licenciado Anacleto González Flores, nació en Tepatitlán, Jalisco, el 13 de julio de 1888. En 1922 se tituló de abogado y contrajo matrimonio. En 1925 fue presidente y fundador de la “Unión Popular de Jalisco”. Desde antes de 1926 luchó porque no se realizara la rebelión armada, él siempre se manifestó de forma pacífica. Fue tomado prisionero el 1º de abril de 1927 y sin proceso ni sentencia fue cruelmente ejecutado en el cuartel colorado de Guadalajara. “Lo colgaron de los pulgares, se le azotó, se le torturó para arrancar nombres de ilustres católicos. Por fin, le hundieron una balloneta en la espalda”. Murió a los 38 años de edad.
“Conchita (María Concepción Guerrero Figueroa), esposa de Anacleto, era amiga de mis hermanas mayores; él dejó un niño de 3 años y un bebé. “Cuando lo cogieron, lo martirizaron, fue muy terrible. Lo mataron en la cárcel y cuando lo llevaron a su casa, lo pusieron en un cajón muy pobre. De suerte que como estaba tan herido, corría la sangre alrededor del cajón.
“Era una casa que tenía rejas, que daban hacia la banqueta y nada más a través de las rejas lo podían ver. Solamente nosotros pudimos entrar. Yo estuve a un lado del cajón; me acuerdo que tenía la boca abierta y una raya de sangre sobre sus labios. Estuve a un lado  y las personas que estaban afuera, en la banquea, me daban escapularios y estampas para que se los pusiera sobre su cuerpo y se las regresaba. Lola, mi hermana, llevó una rosa blanca y la pasó alrededor de su cuerpo. Otra hermana, recogió muchos testimonios.
“En el Santuario (de Guadalupe), lo enterraron y pusieron una placa con las palabras: ‘Verbo, vita et sanguine docuite’. Los ACJMeros fueron los primeros en honrarlo el día de su martirio, el 1° d abril. Al Santuario, iban con sus banderas de la Unión Católica, ellos fueron a honrarlo, a venerarlo. Unos años después, lo exhumaron para cambiarlo, y estuve presente; sacaron la urna, no encontraron más que polvo y tengo de ese polvo, una reliquia”, señaló la señorita Conchita, que el pasado mes de marzo cumplió 100 años de vida.
Un recuerdo más, con Anacleto, fue en los primeros días de su vida. “Resulta que mis papás escogieron como mi padrino de bautismo a Hilario Pérez, que era amigo íntimo de Anacleto González Flores y cuando me bautizaron, lógico que iba a invitar a su amigo. Me dijo mi hermana, que ese día repartieron bolos y que Anacleto estaba tan contento tocando la guitarra y me tenía en sus brazos, así que tuve ese privilegio”.
Otra lucha en defensa de la libertad religiosa que enfrentó Concepción Plascencia fue cuando el gobierno de Lázaro Cárdenas estableció la educación socialista en México. Ella participó del movimiento estudiantil que tenía como objetivo “preservar la libertad de cátedra y la autonomía universitaria. Recuerda su participación en la manifestación pacífica que tuvo lugar el 3 de marzo de 1935 que fue disuelta violentamente y en la que murieron baleadas tres personas.
A pesar de todo lo que ha vivido, la entrevistada, que tiene un siglo de vida y continúa la labor de Evangelización enseñando el catecismo, manifiesta: “yo no he perdido la Fe” y exhorta a los cristianos a “aprovechar la libertad que tenemos”.

Fuente: http://www.semanario.com.mx/ps/2017/05/sangre-cristera-entrega-de-amor-valiente/

Categorías:beatos y Santos, General

El amigo Joselito

El amigo Joselito

Publicado en web el 9 de junio, 2016

“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” Jn 15, 13

jlsanchez

La amistad es uno de los dones más grandes que todos tenemos y que siempre los manifestamos con nuestras palabras y nuestras acciones. Esta amistad siempre está unida y guiada de una manera especial por el amor al prójimo.
José Sánchez del Río es un testimonio de amistad entre el hombre y Dios; tanto que, a ejemplo de Cristo, que dio su vida por sus amigos, que somos nosotros, Joselito también dio su vida por dar testimonio del gran amor que le tenía a su amigo Jesucristo y sus hermanos.
Sabemos muy bien que nadie defiende lo que no se conoce, y mucho menos lo que no se ama. Por tanto, Joselito, desde niño, gracias a sus padres y a sus hermanos, conoció a Nuestro Redentor, se enamoró de su propuesta de vida y lo defendió hasta dar su vida por Él.
Los biógrafos de Joselito mencionan testimonios, de viva voz, de que era muy amistoso con todos sus compañeros, ayudaba a todos los que le pedían ayuda y, sobre todo, muy devoto de la Virgen y de Jesucristo, ya que rezaba el Rosario diario y cuando iba a misa lo hacía gustoso y con gran devoción.
La amistad sincera y firme con Jesucristo, con los años, fue incrementándose y solidificándose, y que al momento de la persecución religiosa por parte de los gobernantes, Joselito defendió a su Amigo Cristo Rey, a pesar de que tenía poca edad. Esta defensa a su Amigo Jesús la hacía desde su casa con la oración y sus rezos, pero lo quiso llevar a las obras; tanto, que quería enlistarse en las filas de los soldados que defendían la Fe Católica, pero por tener poca edad, al principio no lo admitieron; los jefes notaron el gran amor que tenía a Jesucristo, y sabiendo que lo defendería al límite, le dieron permiso de estar con los soldados de una manera sencilla pero significativa: primero, llevaba la bandera de su Batallón, y posteriormente, siendo el clarín del General; y espiritualmente, era quien dirigía el Rosario, daba palabras de aliento, oraba por los soldados caídos, siempre con una entrega generosa a Dios, que motivaba a los demás a entregarse por el ideal de Cristo, que en ese momento era la defensa de la Fe.
Cuando lo apresaron, nos dio la muestra de la generosidad, lealtad y valentía que cualquiera de nosotros podemos tener para sus amigo: cedió la oportunidad de salvarse a su Capitán, y así cayo prisionero. Ya estando prisionero, a todos los que junto a él estaban encarcelados por causa de Cristo, los alentaba a ser fuertes y sentirse orgullosos de ser prisioneros por el nombre de Cristo, tal como San Pablo y San Pedro, entre otros cristianos.
Joselito nos dio prueba de que defendía a su Amigo Jesucristo y a sus “pertenencias”, cuando vio el ultraje que los soldados habían hecho de la Casa de Dios; hizo un gesto semejante como lo hizo Jesús al expulsar a los vendedores del Templo, porque no le daban el valor al espacio reservado para el culto a Dios; limpió el presbiterio donde muchas veces había hecho oración de rodillas para pedirle el don del martirio.
Los soldados, encabezados por su padrino, lo golpearon brutalmente para que traicionara a sus amigos de guerra y, sobre todo, renegara de su gran Amigo: Jesús. Pero cada golpe que le daban a él, era un aliciente que iba suscitando dentro de él para fortalecerlo y abrazarse más a su Amigo, porque sabía que nunca lo iba a dejar solo.
Antes de morir, con mucha tristeza le escribió una carta a su madre para despedirse, pero no sin antes pedir el Sacramento de la Eucaristía para fortalecer el caminar duro y doloroso que iba a padecer; camino que lo conduciría al encuentro amoroso con su gran Amigo.
Los auténticos amigos nunca se traicionan, inclusive en peligro de muerte, y como dice San Juan, “no hay más dicha que dar la vida por sus amigos” (Cfr Jn 15,13). Joselito nunca traicionó a su Amigo Jesús.
Este testimonio de auténtica amistad lo muestra un adolescente que vivió entre nosotros y que nos ayuda a que nuestra amistad con Dios, basada en su ejemplo, vaya creciendo y cimentando cada día y en cada instante, a través de frecuentar los Sacramentos, hacer oración, meditar la Palabra de Dios y hacer vida el amor con nuestras obras en cada instante y en cada lugar donde nos desarrollemos. La verdadera amistad no es sólo de palabra, que se dice en un instante, sino una manera de pensar y vivir por el otro que cada día se va solidificando en el amor; tanto, que podamos dar nuestra vida por los amigos.
Joselito es un testimonio de amistad con Dios real y alcanzable para cualquiera de nosotros. Pidamos su intercesión para que nos ayude a unirnos más a Dios y que su testimonio de vida nos inspire a entregarnos totalmente a nuestro Salvador Jesucristo.

Paulina2

TESTIMONIO

Paulina Gálvez, la mamá de Ximena Guadalupe, quien por intercesión de Joselito sana, nos cuenta cómo ha sido su vida y la de su hija al lado de “su niño”, como cariñosamente le dice.
Conoció a José Sánchez del Rio desde niña, ya que su abuela y una tía abuela le tenían mucha devoción. Les llamaba la atención que un niño tan chiquito hubiera sido tan valiente.
Cuando nació Ximena y empezó con los problemas de salud, que les llevaron a ir de un médico a otro y recibir diferentes diagnósticos, Paulina dice que “se agarró de la mano de su niño”, y a pesar de los pronósticos de los médicos, ella no dudaba de que Joselito iba a interceder por la salud de su pequeña.
El día que la iban a desconectar porque médicamente no había ya nada que hacer, pidió que la dejaran tomarla en sus brazos, y en ese momento la pequeña abrió los ojos y empezó a sonreír. Paulina supo en el instante que su niño había escuchado sus oraciones y había intercedido por la salud de su hija.
Desde ese día, su vida ha cambiado radicalmente. Fueron muchos años de estudios, pruebas, entrevistas, para comprobar el milagro que llevará a José Sánchez del Rio a los Altares. Paulina nos cuenta que, desde el milagro, ha podido conocer más a Dios, lo grande que es y lo grande que es su Misericordia, y también descubrir que día a día vivimos milagros.
Paulina dice que lo que más ha marcado su vida, de la vida de Joselito, es ver su valor a tan corta edad , capaz de dar la vida por Cristo.
Actualmente, Paulina y Ximena comparten su testimonio como una forma de agradecimiento a José para que más personas conozcan su vida; pero, sobre todo, crean en los milagros.

Fuente:

http://www.semanario.com.mx/ps/2016/06/el-amigo-joselito/

Categorías:beatos y Santos, General

Fray Junípero Serra

Fray Junípero Serra:

I.- Mallorquín universal

Petra estará de fiesta las próximas semanas. Petra, localidad situada en el centro de Mallorca, que cuenta alrededor de tres mil habitan…

Fray Junípero es considerado el “apóstol de California"Fray Junípero es considerado el “apóstol de California”

Fray Junípero es considerado el “apóstol de California”. Allí fundó numerosas misiones católicas, que años después darían lugar a ciudades tan importantes como Los Ángeles, San Diego, San José o San Francisco. En el salón estatuario del Capitolio, en Washington, se puede contemplar una estatua de fray Junípero de tamaño natural, junto a otras 37, en representación de los próceres del Estado de California. Francisco ha calificado a fray Junípero como “uno de los padres fundadores de los Estados Unidos”.

Cuando fray Junípero nació, existía en Petra el convento franciscano de san Bernardino de Siena, que se encontraba cerca del hogar de la familia Serra. Los padres, Antonio y Margarita, agricultores muy modestos, tuvieron también una hija, Juana María. Fray Junípero realizó sus primeros estudios en la escuela aneja al convento de san Bernardino, revelándose un niño inteligente; fue allí donde germinó su vocación religiosa, que la familia acogió con alegría. A pocos kilómetros de Petra se encuentra el santuario de Nuestra Señora de Bonany, donde brotó la devoción mariana de fray Junípero, que practicó a largo de toda su vida; allí predicó su último sermón en Mallorca.

En 1730, con dieciséis años, fray Junípero abandonó Petra, para dirigirse a Palma de Mallorca. Ese mismo año entró como novicio en la orden franciscana en el convento de Santa María de los Ángeles de Jesús, situado en las afueras de Palma. Terminado el año de prueba satisfactoriamente, el joven Miquel Josep hizo la profesión religiosa el 15 septiembre de 1731, decidiendo cambiar su nombre por el de Junípero (Ginepro), uno de los primeros compañeros de san Francisco de Asís. En el convento de san Francisco, en Palma, donde permanecería durante veinte años, fray Junípero cursó los estudios de filosofía y teología. Fue ordenado sacerdote en diciembre de 1737, con veinticuatro años, y aquel mismo año fue nombrado profesor de filosofía; en 1740 lo será en teología. Al finalizar los estudios la primera promoción, dijo a sus alumnos: “Ya no soy vuestro profesor, sino vuestro más humilde servidor”. Fray Junípero ejercitó también el ministerio sacerdotal predicando y confesando en comunidades rurales del interior de Mallorca. Con apenas treinta años, fue nombrado catedrático de filosofía en la Universidad de Mallorca, conocida comúnmente como “Universidad Lulliana”, en honor del beato Ramón Llull, célebre intelectual y místico mallorquín del Medievo.

La muerte de uno de sus mentores, fray Antonio Perelló, natural también de Petra, estimuló en fray Junípero los deseos de ir misionero a México, entonces llamado virreinato de Nueva España, con el deseo de difundir el Evangelio entre los pueblos indígenas. La tarea de anunciar a Cristo a personas con culturas y creencias muy diversas al cristianismo no se presentaba una tarea fácil: requería instaurar relaciones de confianza con la población, construir prácticas de vida que no desbancaran completamente las costumbres locales, así como contribuir al progreso material de los nativos; esto fray Junípero lo aprendería con la experiencia. Junto a otro franciscano más joven, fray Francisco Palóu, que con el correr de los años se convertiría en su biógrafo, zarparon del puerto de Palma en la primavera de 1749 en dirección a Málaga, desde donde navegaron hacia Cádiz. Allí permanecieron durante cuatro meses antes de partir hacia el continente americano, el 29 de agosto, en el buque Nuestra Señora de Guadalupe, donde viajaba un grupo de veinte franciscanos. Después de una escala de dos semanas en Puerto Rico, el 4 de diciembre la nave atracó en el puerto de Veracruz, el más importante de Nueva España. El último día del año, tras un trayecto extenuante que fray Junípero quiso recorrer a pie, pernoctaron en el santuario de la Virgen de Guadalupe, en el cerro del Tepeyac, a las afueras de la Ciudad de México, donde la Virgen María se apareció a san Juan Diego Cuauhtlatoatzin en 1531. Fray Junípero llegó a Nueva España dos siglos después del arribo de los doce primeros franciscanos, llamados los “doce apóstoles” (1524).

Fray Junípero fue acogido en el convento de san Fernando, que tenía la misión de formar misioneros por un período de dos años, para evangelizar posteriormente en territorios de frontera. Pero pronto se presentó la oportunidad a fray Junípero de ofrecerse voluntario para evangelizar en las misiones de la región de la Sierra Gorda, al norte de la capital del virreinato, donde vivían dos pueblos indígenas: los Pames y los Jonace, ambos pertenecientes a la etnia chichimeca. La primera de las cinco misiones que allí fundó fray Junípero fue la de Santiago de Jalpan, en la tierra de los Pames, que con el tiempo dio lugar a la ciudad que hoy es conocida como Jalpan de Serra, en el Estado de Querétaro. Con gran fe y optimismo, así como con notable liderazgo personal y capacidad organizativa, fray Junípero afrontó su tarea apostólica entre aquellas gentes. Además de la atención espiritual y la formación catequética, fray Junípero enseñó a los indígenas nuevas técnicas de agricultura y de cría de ganado, que contribuyeron a aumentar la producción agropecuaria y garantizaban el sustentamiento de las misiones. Los misioneros franciscanos consideraron que si la población indígena se convertía en sedentaria, esta circunstancia favorecería la evangelización; por eso ayudaron a los nativos a estructurarse como comunidad. Cada poblado disponía de un alcalde y de funcionarios municipales elegidos democráticamente.

Fueron construidos cinco templos de estilo barroco, que todavía se conservan, que son una manifestación concreta de la inculturación de la fe en México. Fray Junípero participó en la construcción de estas iglesias como un albañil más. Por otro lado, fue designado responsable de esas misiones, y tuvo que hacerse cargo no sólo de los misioneros franciscanos y los indígenas, sino también de las relaciones con los militares y los colonos. Fue en esta época cuando fray Junípero defendió el derecho de la población indígena de seguir utilizando la propia tierra, que había sido invadida por los colonos, obteniendo la ayuda del virrey. Esto supuso para fray Junípero ser denunciado falsamente de maltrato a los nativos. En cambio, ellos mismos se ocuparon de desmentir estas calumnias ante las autoridades coloniales.

En 1758, fray Junípero y el inseparable P. Palóu fueron destinados por los superiores a la misión de san Saba, en Texas, donde los Comanches habían destruido la misión y asesinado a dos franciscanos. Sin embargo, las autoridades españolas consideraron demasiado peligroso el restablecimiento de la misión de san Saba. Así que ambos frailes regresaron a la Ciudad de México, donde permanecieron en el convento de san Fernando hasta 1768. Durante estos diez años, fray Junípero fue maestro de novicios y realizó junto con otros franciscanos largos viajes, siempre a pie, para predicar la palabra de Dios en misiones populares y administrar los sacramentos, especialmente el de la penitencia, en lugares donde los fieles no veían un sacerdote durante años. Conociendo las capacidades de fray Junípero, sus superiores decidieron confiarle en 1769 la tarea de dar inicio a las misiones en la Alta California. Ese año comenzó otra gran aventura apostólica para fray Junípero.

II. Junípero Serra: la evangelización de la Alta California

Fray Junípero dedicó los últimos años de su vida a administrar los sacramentos del bautismo y de la confirmación a miles de indígenas Fray Junípero dedicó los últimos años de su vida a administrar los sacramentos del bautismo y de la confirmación a miles de indígenas

La expulsión de los jesuitas de todos los dominios de la corona española, decretada por el rey Carlos III en 1767, motivó que la evangelización en el virreinato de Nueva España fuera encomendada a los franciscanos y a los dominicos. Teniendo en cuenta las grandes dotes apostólicas y organizativas de fray Junípero, sus superiores decidieron confiarle la misión en las tierras de California. El 1 de julio de 1769, procedente de la misión de Loreto, llegó por tierra a lomos de mulo al puerto de San Diego, en la llamada “Alta California”, región que se extendía desde las actuales ciudades de San Diego hasta San Francisco, un territorio de 750 km en línea recta, y cuyo nombre recuerda que fueron fundadas como misiones. Por aquel tiempo, los indígenas que poblaban la Alta California eran alrededor de 60.000. La Baja California se encuentra en la península que lleva el mismo nombre, en el noroeste del actual México. El período que va desde 1769, año en que fue fundada la primera misión, hasta 1810, año en que comenzaron las guerras de independencia en América Latina, fueron fundadas 19 misiones en la Alta California; 9 de ellas por fray Junípero.

Al frente de la primera expedición hacia la Alta California, que comprendía misioneros, soldados y colonos, se encontraba Gaspar de Portolà, gobernador militar de la provincia de Las Californias. Fray Junípero se puso enseguida a trabajar en la misión de San Diego: se construyeron cabañas y una sencilla iglesia con pinturas y otros objetos religiosos traídos desde la Baja California, confiando en que la belleza del arte atraería a los pobladores, los Kumeyaay. Sin embargo, los indígenas robaron y atacaron la misión. Una vez pacificada la situación, fray Junípero partió en nave desde San Diego hasta Monterey, donde fundó en 1770 la misión de San Carlos (no hay que confundir la ciudad de Monterey en California, al sur de San Francisco, con la de Monterrey, que se encuentra en el norte de México). Además de las dificultades que comportaba la misión en esas tierras, fray Junípero tuvo que vérselas también con el obstruccionismo del sucesor de Portolà al mando de las tropas en la Alta California, Pedro Fages, en los proyectos evangelizadores del santo, que hubiera querido establecer misiones con más rapidez.

El trabajo evangelizador con los pobladores de Monterey -los Rumsen– era lento y con resultados muy modestos. Eran pocos los indígenas adultos que aceptaban la fe católica y manifestaban a los misioneros el deseo de ser bautizados. En cambio, algunos consentían que sus hijos recibieran el sacramento del bautismo. Esta situación no desalentó el espíritu apostólico de fray Junípero; todo lo contrario: sugería a sus superiores la fundación de nuevas misiones (las tres siguientes en crearse fueron las de San Antonio y San Gabriel, en 1771, y San Luis Obispo, en 1772). Uno de los problemas que encontró fray Junípero fue la limitación del número de indígenas que podían entrar en la misión, impuesta por las autoridades militares. Fray Junípero se opuso a estas interferencias, afirmando: «Si no se nos permite entrar en contacto con ellos, ¿qué hacemos entonces aquí?». Conviene recordar que la fundación de las misiones requería la conjunción de la tarea propia de los misioneros con la presencia de tropas que garantizaban la seguridad de los evangelizadores, a la vez que los militares descubrían y tomaban posesión de nuevos territorios hasta entonces inexplorados. Los fines que perseguían unos y otros, por tanto, eran distintos; de ahí que las autoridades religiosas y políticas entraran a menudo en conflicto. Los misioneros necesitaban la protección de los soldados, aunque defendían su autonomía y se oponían a las injerencias que sufrían en su trabajo. Por ejemplo, denunciaron con fuerza a las autoridades la violencia de los militares hacia la población indígena.

En 1771, Antonio María de Bucareli y Ursúa sustituyó como virrey de Nueva España a Carlos Francisco de Croix, el cual había protegido la actividad misionera de fray Junípero. Bucareli fue uno de los mejores administradores que tuvo la monarquía española en el siglo XVIII, y un buen virrey de Nueva España. De carácter sereno y reflexivo, Bucareli logró mantener en paz el virreinato e impulsar las reformas borbónicas. En estas circunstancias, fray Junípero realizó un gesto audaz: emprender viaje hacia la Ciudad de México para entrevistarse con el nuevo virrey. Considerando la urgencia de hablar con Bucareli, fray Junípero partió de la Alta California después de haber tratado el tema con sus hermanos franciscanos, pero sin haber solicitado previamente el permiso de su superior, fray Rafael Verger. Este modo de proceder fue debido a que una carta desde la Alta California hasta la Ciudad de México podía llegar a tardar alrededor de un año, y el santo quería llevar noticias de primera mano acerca de las misiones al virrey; temía que las informaciones que le pudieran llegar del comandante Pedro Fages condicionaran negativamente la actitud del virrey respecto a la acción evangelizadora de los franciscanos en la Alta California. El virrey recibió a fray Junípero, quien le informó directamente de la situación en las misiones. Bucareli pidió a fray Junípero que escribiera un documento con todas las sugerencias que deseaba presentarle. Fray Junípero escribió el 13 de marzo de 1773 un largo memorándum con 32 peticiones concretas, que se podrían agrupar en cuatro grandes temas: 1) El abastecimiento de las misiones de la Alta California; 2) La carencia de mano de obra cualificada en las misiones; 3) La distribución de competencias entre los misioneros y los soldados; y 4) La autoridad y la conducta de los soldados. En una solicitud de este último capítulo pide al virrey que respecto a los indígenas bautizados «ningún castigo ni maltratamiento se haga en alguno de ellos, ni por el oficial ni por soldado alguno sin el dictamen del padre misionero, por ser lo dicho costumbre inmemorial del reino desde su conquista, muy conforme al derecho natural (…)».

A fray Junípero se le concedió casi todo lo que había solicitado al virrey, especialmente lo relativo a la autoridad sobre los indígenas. Sugirió también la sustitución de Pedro Fages por otro comandante, cosa que sucedió en 1775 en la persona de Fernando de Rivera y Moncada. Cuando fray Junípero regresó a la Alta California en 1773, encontró las misiones de la Alta California notablemente desarrolladas. Entonces propuso la creación de una nueva misión, la de San Juan de Capistrano, pero mientras se estaba por empezar, seiscientos indios Kumeyaay atacaron la misión de San Diego y la destruyeron totalmente, asesinando a un misionero, fray Luis Jayme, y a dos artesanos. Fray Junípero escribió al virrey para pedirle que se perdonara a los asesinos si hubiesen sido capturados, y no fuesen castigados muy severamente. Le recordaba también que él mismo había manifestado años antes que si los indígenas le mataban se les había de perdonar. Apenas fue posible, se reconstruyó la misión de San Diego y se estableció, no tan solo la misión de San Juan de Capistrano, sino también la de San Francisco, ambas en 1776, y la de Santa Clara, 1777.

En 1777, teniendo en cuenta el desarrollo de las misiones en la Alta California, la sede del gobernador de Las Californias se trasladó a Monterey, y fue nombrado gobernador Felipe de Neve, el cual comenzó un proceso de secularización de las misiones, siendo esto motivo de sufrimiento para fray Junípero. Neve pretendía que no hubiera más misiones en la Alta California, sino sólo “doctrinas”. Las doctrinas eran misiones secularizadas, es decir, parroquias autónomas bajo la jurisdicción de un obispo, y no de una orden religiosa. La transformación de las misiones en doctrinas era el modo con el que las autoridades coloniales pretendían disminuir el influjo de las órdenes religiosas y aumentar el del poder secular. Fray Junípero se propuso evitar que las misiones se convirtieran en territorios sometidos al sistema de dominación colonial, con los misioneros concebidos al servicio de una estrategia de conquista, en la que la evangelización fuese sólo un elemento accidental. Pero fray Junípero, siguiendo las disposiciones de sus superiores religiosos, tuvo que aceptar el nuevo modelo organizativo de las misiones que la administración borbónica estaba imponiendo en el Nuevo Mundo.

En 1782 fray Junípero fundó la misión de San Buenaventura. Dedicó los últimos años de su vida a administrar los sacramentos del bautismo y de la confirmación a miles de indígenas. Antes de cumplir setenta años, y después de haber trabajado treinta y cuatro en Nueva España, sus fuerzas disminuyeron notablemente. Después de haberse confesado con el P. Palóu, falleció en la misión de San Carlos de Monterey el 28 de agosto de 1784. Cuando fray Junípero murió, alrededor de seis mil indígenas habían sido bautizados en las misiones por él fundadas. Fue un religioso dotado de un enorme dinamismo evangelizador; lo único que le movió fue el deseo de anunciar a Cristo, de testimoniar la alegría del Evangelio. De san Junípero Serra dijo el Papa Francisco el día de su canonización: «Tuvo un lema que inspiró sus pasos y plasmó su vida: supo decir, pero sobre todo supo vivir diciendo: “siempre adelante”. Esta fue la forma que Junípero encontró para vivir la alegría del Evangelio, para que no se le anestesiara el corazón. Fue siempre adelante, porque el Señor espera; siempre adelante, porque el hermano espera; siempre adelante, por todo lo que aún le quedaba por vivir; fue siempre adelante. Que, como él ayer, hoy nosotros podamos decir: “siempre adelante”».

Categorías:beatos y Santos, General

NOVENA AL BEATO MIGUEL AGUSTÍN PRO, S.J.

NOVENA AL BEATO MIGUEL AGUSTÍN PRO, S.J.

https://promariana.files.wordpress.com/2011/08/padre_pro2.jpg?w=630

Oración Inicial para todos los días

Dios nuestro, Padre bueno, te damos gracias por habernos dado a Jesús, tu Hijo, como compañero de nuestra vida, como Maestro y Redentor; y por haber concedido al P. Miguel Agustín Pro vivir y morir buscando tu mayor gloria y el bien de sus hermanos, los hombres y mujeres de México y del mundo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Oración final para todos los días

Dios y Padre nuestro, que concediste a tu siervo Miguel Agustín en su vida y en su martirio buscar ardientemente tu mayor gloria y la salvación de los hombres, concédenos, a ejemplo suyo, servirte y glorificarte a través del amor y compromiso con nuestros prójimos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 


PRIMER DIA – LA FAMILIA

Miguel Agustín Pro Juárez nació en Guadalupe, Zac. el 13 de enero de 1891. Sus padres se llamaban Miguel Pro y Josefina Juárez. Los hijos de este ejemplar matrimonio fueron 11; el tercero es Miguel Agustín, y los últimos, Humberto y Roberto, que harían compañía a su hermano mayor en los sótanos de la Inspección de Policía. Las dos mayores, serían religiosas: María de la Luz y María Concepción.

El P. Pro fue siempre muy apegado a su familia. Supo ser buen hijo y buen hermano. Desde pequeño muestra una naturaleza efervescente y optimista, desbordante de imaginación y alegría. No es muy piadoso, pero está embebido en la atmósfera de fe en que ha sido educado desde niño. “De esa clase de santos quiero ser yo: un santo que come, duerme, hace travesuras y muchos milagros”, dijo una vez Miguel Agustín.

Al recibir unos retratos de sus hermanos escribió:

“Cuánto mi alma gozará al ver mi familia entera,

cuya imagen verdadera en mi pecho vivirá.

Y ni la muerte podrá borrar por leves instantes

de esos seres los semblantes,

que como un sagrado templo de mi corazón contemplo siempre amados, siempre amantes”.

Viendo nuestra vida

  1. ¿Qué nos hace sentirnos vivos en la familia?
  2. ¿Qué nos quita la alegría en la familia?
  3. ¿Cómo podemos vivir plenamente (en santidad, en armonía) en el matrimonio, en la familia?

 

Oración del día

Te damos gracias, Señor, por la familia en que hiciste nacer y crecer al Beato Miguel Agustín. Por su padre, Miguel Pro; por su madre, Josefina Juárez; por sus hermanos. Por que compartió con ellos un ambiente familiar sencillo, alegre; por que recibió una formación cristiana que unía la fe y la vida.

Te pedimos por todas las familias de México y del mundo, especialmente por las que están desunidas, sufren violencia o pasan alguna necesidad.

Por Cristo, nuestro Señor.

Amén.

 

Peticiones personales

Oración final

 


SEGUNDO DIA – LA VOCACION

En agosto de 1911, a la edad de 20 años, Miguel Agustín sintió que Dios lo llamaba a la vida religiosa e ingreso a la Compañía de Jesús. En una carta que escribe a una persona que oraba por él, encontramos estas palabras sobre la vocación:

“¿Habla Dios al alma?… Sí, sí habla y muy dulce es su palabra. Sí habla y el alma comprende esa voz y entiende ese lenguaje. Yo lo sé por experiencia y te aseguro que no tenía las disposiciones que tú tienes para comprender ese llamamiento, antes por el contrario, tenía todas las disposiciones contrarias, todos los obstáculos en contra y no por hechos que no dependían de mí, sino por acciones y manera de proceder completamente contrarias. Pero… en su infinita misericordia puso los ojos en ese tronco seco y estéril de mi vida, y viendo la estatua que El mismo debería sacar con su gracia santísima, me dio la vocación, me sacó, a pesar de mi oposición, de un mundo corrompido en el que vivía, para que se cumplieran las hermosas palabras del salmista: Te saqué del estiércol para colocarte entre los príncipes de mi pueblo…”.

Viendo nuestra vida

1)  ¿De qué manera Dios te ha hablado a ti?

2)  ¿Cuál es tu vocación, tu misión en el mundo?

Oración del día

Te damos gracias, Señor, por la vocación del Padre Pro a la Compañía Jesús. Por su entrega y generosidad en el seguimiento de tu Hijo Jesucristo. Porque, a ejemplo de San Ignacio, supo en todo amar y servir.

Concédenos a todos, por intercesión del Beato Miguel Agustín, saber agradecer los dones de la vida y de la fe en tu providencia. Ayúdanos a descubrir tu voluntad y a cumplir ésta enteramente.

Por Cristo, nuestro Señor.

Peticiones personales

Oración final

 


TERCER DIA – LOS ESTUDIOS

El 15 de agosto de 1913 Miguel Agustín hace sus primeros votos (de pobreza, castidad y obediencia). Comienza sus estudios, que tiene que interrumpir, pues la noche del 4 al 5 de agosto el noviciado de El Llano en Michoacán es invadido por unos soldados que se entregan al pillaje. Los superiores deciden que los jóvenes estudiantes prosigan los estudios en California. Cada vez disminuyen las esperanzas de poder regresar a México por las leyes antirreligiosas. Así las cosas, Miguel Agustín con otros compañeros jesuítas va a estudiar la filosofía a Granada (1917-1920).

El P. Valentín Sánchez -rector del filosofado- da este testimonio sobre el H. Pro: “No estaba dotado de especial talento para la especulación filosófica; no recuerdo con exactitud sus notas de exámenes, pero me imagino que fueron más bien medianas. En cambio le había concedido el señor gran talento para tratar con los prójimos. Su carácter expansivo y bromista lo hacía familiar a todos y más a los más humildes. Sus recursos inagotables para imitar caracteres iban a serle sumamente útiles en tiempo de persecución para ocultarse, introducirse en todas partes y hacerse todo a todos para ganarlos a todos para Cristo… ¿Sus virtudes? Yo era su rector, y en su alma, que él me mostraba sin reservas, descubría su admirable paciencia en medio de las contrariedades”

En 1920, al terminar sus estudios de filosofía, el H. Pro es enviado a hacer su magisterio a Nicaragua. Dos años después regresa a Europa a estudiar la teología para, finalmente, recibir la ordenación sacerdotal junto con 21 compañeros el 30 de agosto de 1925.

Viendo nuestra vida:

Para prestar un mejor servicio en el trabajo pastoral, ya sea como catequista, ministro, animador, es importante dar tiempo al estudio y la capacitación.

1)  ¿Se dan en la parroquia cursos y talleres de capacitación?

2)  ¿A cuáles has asistido? ¿Qué te han dejado?

Oración del día

Te damos gracias, Señor, por ese tiempo de estudios en que te hiciste presente en la vida del P. Pro. Por que gracias a ese tiempo invertido en libros, cursos, clases, pudo prestar un mejor servicio a tu Pueblo.

Te pedimos que nos demos tiempo para asistir a las reuniones de las Comunidades de Base, donde se ven temas sobre la vida de la Iglesia, la Biblia, la familia, las relaciones humanas. Así como a los talleres y cursos de catequistas, jóvenes, matrimonios que se ofrecen en la parroquia.

Por Cristo, nuestro Señor.

Peticiones personales

 

 


CUARTO DIA – LOS ENFERMEDAD

La salud del P. Pro no era buena. Una úlcera estomacal y la oclusión del píloro le causaban graves molestias. En una carta íntima escribe: “los dolores no cesan. Disminuyo de peso, de doscientos a cuatrocientos gramos cada semana, y a fuerza de embaular porquerías de botica, tengo descarriado el estómago”. En otra dice: “No duermo casi nada. No tengo apetito. No puedo trabajar. Apenas puedo rezar el rosario, celebrar la misa, alguno que otro día, parte del breviario” Su organismo se redujo a tal extremo que sus superiores decidieron enviarlo a México, para que no fuera morir lejos de su tierra.

Después de un viaje al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes escribió: “Era muy penoso para mi miserable naturaleza volver a México sin salud, sin acabar mis estudios; encontrar a mi pobre patria deshecha por sus gobernantes, y sin el placer de volver a ver aquella madre mía, que me dio el ser, y a quien lloro aún en medio de mi resignación y conformidad. Pero mi viaje a Lourdes me ha dado bríos”.

De regreso en México se dedicó, entre otros ministerios, a visitar enfermos y atender moribundos: “¿Enfermos? ¿Viáticos? ¿Extremaunciones?… aquí sí que quisiera no sólo trilocarme, sino centuplicarme. El Viernes de Dolores, a pesar de las dos tandas de ejercicios, anduve de aquí para allá…”

Viendo nuestra vida

1)  ¿Qué personas están enfermas en nuestra comunidad? (Mencionemos sus nombres, pidamos por ellos).

2)  ¿Tenemos el testimonio de algún enfermo o enfermos, que a pesar de minada salud, presten algún servicio a la comunidad o contagien su fe, alegría y buen humor?

Oración del día

Te damos gracias, Señor, por la vida y entereza del P. Pro, aún en medio del dolor y la enfermedad. Por su alegría y buen humor. Por su paciencia y entrega a los enfermos.

Te pedimos por todos los enfermos de esta comunidad. Sabemos que estás en ellos. Te pedimos que nos demos tiempo para visitarlos, para atenderlos en sus necesidades, para darles consuelo y aliento y, por supuesto, para aprender de ellos.

Por Cristo, nuestro Señor.

Peticiones personales

Oración final

 

 


QUINTO DIA – EL SERVICIO DE LA FE

El 7 de julio de 1926 el P. Pro desembarca en el puerto de Veracruz para ponerse a las ordenes del padre Provincial. La situación religiosa en México es gravísima. El presidente Calles jura destruir la fe cristiana; publica una ley que lo autoriza a disolver los Institutos Religiosos, a cerrar las escuelas católicas y a apoderarse de los bienes eclesiásticos. Los obispos protestan. Millones de católicos exigen la libertad religiosa. Calles hace oídos sordos y señala el 31 de julio como fecha para aplicar sus decretos. El P. Pro, ejerce su sacerdocio de manera clandestina. En una carta le escribe al P. Provincial: “La falta de sacerdotes es extrema; la gente muere sin los sacramentos y los pocos que quedamos no damos abasto. ¿Los que quedamos? Ojalá todos trabajaran un poquito, que así la cosa no andaría tan mal; pero cada uno es dueño de su miedo… Yo uso las cautelas que Usted me indica y nada me ha pasado; sustos más o menos; que no pasan de sustos y que sirven espiritual y materialmente para confiar más en la amorosa providencia de nuestro Padre Dios y para reírme después de pasado el percance, por lo cómico que resulta de esta situación tan fingida que llevamos”. Ahí esta el P. Pro que viste de catrín, mecánico, obrero, a veces a pie a veces en bicicleta, para atender a los fieles en sus necesidades, celebrar sacramentos, fortalecerlos en la fe. En otra carta fechada el 17 de octubre de 1927 dice: “Si tardo en escribir, se debe al sinnúmero de ocupaciones que me traen a mal traer por estos barrios capitalinos. Se pierde la cuenta de confesiones, comuniones y bautizos; pasan de media docena los matrimonios semanales, hay multitud de enfermos que piden se les visite y no sé cuántos son los prójimos que visan su pasaporte para el otro mundo”.

Viendo nuestra vida

1)  ¿De qué manera colaboramos nosotros en el servido de la fe? (Que se presenten las catequistas, ministros, animadores…).

2)  ¿Qué situaciones de incomprensiones o rechazos hemos enfrentado al prestar este servicio a la Iglesia?

Oración del día

Te damos gracias, Señor, por haber hecho del P. Pro un apóstol de tu Evangelio. Por su servicio a la fe, por su entrega y generosidad en la atención a todos los fieles en sus necesidades materiales y espirituales. Por su creatividad para anunciar a Jesucristo, celebrar los sacramentos, trabajar por el Reino de Dios.

Concédenos a todos, a ejemplo del P. Pro, ser apóstoles de tu Evangelio en la familia, en el trabajo, en la sociedad. Que no desfallezcamos en nuestro compromiso como cristianos a pesar de rechazos, persecuciones o incomprensiones.

Por Cristo, nuestro Señor.

Peticiones personales

Oración final

 


SEXTO DIA – EL COMPROMISO SOCIAL

El P. Pro fue un hombre comprometido con las causas sociales. En Concepción del Oro, Zac. fue testigo de la situación tan penosa en que trabajaban los mineros. Junto con su madre y otras personas de la comunidad se organizaron para atender a los mineros y a sus familias, sobre todo en cuanto a la alimentación y a la salud. En Francia y Bélgica tuvo contacto con los movimientos obreros católicos. De regreso a México sigue con este apostolado social. Recojamos unas ideas del P. Pro en sus conversaciones con los padres de la Acción Popular:

“Debemos persuadirnos, con humildad, de que somos jefes en nombre de la Iglesia, no sólo en materias religiosas, sino también en cuestiones sociales. Debemos formar la opinión, ensanchar los horizontes, mirar por el futuro, trabajar siempre a honra de la Iglesia. No nos limitemos a un ministerio estrecho. El sacerdote que se contenta con trabajar con unas cuantas almas, puede ser bien intencionado, pero tiene espíritu de sacristán. Imitemos a nuestro padre San Ignacio, que fue un verdadero revolucionario, un renovador, un innovador en el buen sentido de estas expresiones; muchas cárceles padeció con ocasión de sus sermones y doctrinas que fueron tildadas de novedades…

En México el nivel intelectual es bastante bajo; es necesario levantarlo. Para esto hay que formar al clero, a los católicos, a los obreros; preparar élites, estudiar, orar. ..

Debemos hablar, gritar contra las injusticias, tener confianza, pero no tener miedo. Proclamemos los principios de la Iglesia, el reinado de la caridad, sin olvidar, como sucede algunas veces, el de la justicia…”.

Viendo nuestra vida

1)  ¿Qué actividades en la línea de la promoción social realizamos en nuestras comunidades?

2)  ¿Qué nos falta hacer en la línea de la promoción de la justicia?

Oración del día

Te damos gracias, Señor, por el compromiso del P. Pro con las causas sociales. Por su sensibilidad para escuchar los dolores y penas del pueblo pobre. Por su valentía para denunciar las injusticias y anunciar que es posible organizarse para que haya libertad, justicia y fraternidad.

Te pedimos nos des el valor y la fuerza para no quedarnos solo en la oración y en la celebración de los sacramentos. Que sepamos unir la fe con la vida. Que nos organicemos para ir creando comunidades vivas, dinámicas, fraternas y solidarias.

Por Cristo, nuestro Señor.

Peticiones personales

 


SEPTIMO DIA – LA ORACION Y LA EUCARISTIA

El P. Pro no fue un hombre de largas oraciones. Era, como San Ignacio, como buen jesuíta, un contemplativo en la acción: alguien que busca y encuentra a Dios en todas las cosas. Entre una actividad y otra elevaba una oración a Dios, rezaba el rosario, el breviario. Pero lo que ocupaba un lugar primordial era la Eucaristía. Quienes lo ven celebrar la misa con tanta devoción, aun cuando merodee la policía, no podrán olvidar a este sacerdote tan unido a Cristo, que refleja en su vida la vida del Señor.

Dejemos que él mismo nos comparta su experiencia al celebrar la misa: “Yo no he hallado en toda mi vida religiosa un medio más rápido y eficaz para vivir muy estrechamente unido a Jesús que la Santa Misa. Todo cambia de aspecto; todo se mira bajo otro punto de vista; todo se amolda a horizontes más amplios, más generosos, más espirituales… Algo divino que inunda el alma la cambia por completo, y ese algo que en el carácter se le va a dar y que no es otra cosa que la plenitud del Espíritu Santo, consume todo lo que de humanidad quedaba, para avivar su vida divina, su participación más estrecha y real, al “consortes divinae nature” (participantes de su divina naturaleza)”.

Viendo nuestra vida

1)  ¿Cómo hacemos nosotros oración?

2)  ¿Qué significa para mí la Eucaristía? ¿Cómo la vivo?

Oración del día

Te damos gracias, Padre, por el gran espíritu del P. Pro, siempre abierto a encontrarte en todas las cosas. Por su amor a la Eucaristía. Por esa unión y amor personal a tu Hijo Jesucristo.

Te pedimos nos ayudes a encontrarte en todas las cosas. Que nos demos tiempo para la oración personal y comunitaria; que vayamos a Misa y participemos activamente en ella. Que llevemos la vida a la Misa, que la Misa nos impulse al compromiso por la comunidad.

Peticiones personales

Oración final


OCTAVO DIA . EL MARTIRIO

El 13 de noviembre de 1927, hubo un atentado dinamitero contra el reelecto General Obregón, del que también acusaron de complicidad al P. Pro y a sus hermanos. El 18 de ese mismo mes, fueron aprehendidos y encarcelados. Al enterarse de esto, el Ing. Luis Segura Vilchis, verdadero autor del atentado, se presentó voluntariamente en la Inspección de Policía, declarando que los hermanos Pro no tenían ninguna participación en el hecho. Con todo, no se les otorgó la libertad. El 22 de noviembre, el Gral. Cruz llevó a los detenidos ante un grupo de periodistas, ante los que el P. Pro declaró: “Señores, juro ante Dios que soy ¡nocente de lo que me acusan”. Al día siguiente, sin haberle probado el delito; más aún, sin haberle hecho el proceso judicial de rigor y ni siquiera haber terminado el acta policíaca. Calles ordenó que fuera pasado por las armas. Así, el 23 de noviembre de 1927, el P. Pro caía acribillado por las balas.

Aquellas palabras que el P. Pro escribió tiempo atrás al P. Provincial se cumplieron: “¿Mi vida? Pero ¿qué es ella? ¿No sería ganarla si la diera por mis hermanos? Ciertamente es que no hay que darla tontamente, pero ¿para cuándo son los hijos de Loyola, si al primer fogonazo vuelven grupas?… Lo más que me pueden hacer es matarme. Pero eso no será sino el día y la hora que Dios me tiene reservada”.

Al saber la noticia de su muerte, unas sirvientas a quienes el P. Pro había dado unas pláticas, exclamaron: “Ese padrecito consiguió lo que quería. ¡Nos hizo tanta presión para que pidiéramos a Dios que le concediera la gracia del martirio!”.

El Sr. Jorge Núnez dio también su testimonio: “¿Qué haría usted -le pregunté al P. Pro- si el gobierno lo apresara para matarlo? El me respondió: Pediría que se me permitiera arrodillarme un momento para hacer un acto de contrición y morir con los brazos en cruz gritando ¡Viva Cristo Rey!”.

Viendo nuestra vida

El P. Pro con su alegría, entusiasmo, gran fe y generosidad ofreció su vida por los demás, por Cristo; no sólo en el martirio sino en las pequeñas y grandes cosas de la vida.

1)  ¿Cómo entendemos las palabras de Jesús: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10)?

2)  ¿Cómo podemos nosotros entregar y dar la vida por los demás?

3)  ¿De qué manera podemos trabajar para que todos tengamos acceso a una vida digna? Oración del día

Te damos gracias. Señor, porque infundiste en tu siervo Miguel Agustín el anhelo de dar la vida por Cristo, lo que él consideraba como la mejor prueba de su amor a Dios y a los hermanos.

Concédenos a todos la gracia de vivir y morir en tu amistad, y de aceptar las circunstancias que rodeen nuestra muerte como el modo de compartir la pasión redentora y la muerte de tu Hijo Jesús, para participar después en la gloria de la resurrección.

Por Cristo, nuestro Señor.

Peticiones personales

Oración final


NOVENO DIA – UN TESTIGO DEL EVANGELIO

El 25 de noviembre de 1988 Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, beatificó al P. Miguel Agustín Pro, S.J. Leamos a continuación la homilía papal en la misa de beatificación:

“Un motivo de alegría para la Iglesia universal y, especialmente para la Iglesia de México, es la beatificación del padre Miguel Agustín Pro, sacerdote jesuíta, cuyas virtudes hoy exaltamos y proponemos al Pueblo de Dios. El es una nueva gloria para la amada nación mexicana y para la Compañía de Jesús.

Su vida de apóstol sacrificado e intrépido estuvo inspirada siempre por un incansable afán evangelizador. Ni los sufrimientos de sus graves enfermedades, ni la agotadora actividad ministerial, ejercida frecuentemente en circunstancias penosas y arriesgadas, pudieron sofocar el gozo irradiante y comunicativo que nacía de su amor a Cristo, y que nadie le pudo quitar (cf. Jn 16,22).

En efecto, la raíz más honda de su entrega abnegada a los demás fue su amor apasionado a Jesucristo y su ardiente deseo de configurarse con El, incluso en su muerte. Este amor lo expresó de un modo particular en el culto eucarístico. La celebración diaria de la Santa Misa era el centro de su vida, así como fuente de fortaleza y fervor para los fieles. El P. Pro organizó las llamadas “estaciones eucarísticas” en los domicilios particulares, donde diariamente se podía recibir ocultamente el Cuerpo del Señor durante los años de persecución.

Ante el eximio ejemplo de virtudes sacerdotales del P. Pro, quiero exhortar una vez más a mis amados hermanos sacerdotes a la entrega total a Jesucristo, vivida gozosamente en el celibato por el Reino de los cielos y en el servicio generoso a los hermanos, sobre todo a los más pobres y abandonados”.

Viendo nuestra vida

1)  ¿Qué rasgos me llaman más la atención de la vida del P. Pro?

2)  ¿Qué virtudes podemos imitar del P. Pro para comprometernos más como cristianos? Oración del día

Te damos gracias, Señor, por el testimonio tan fuerte del P. Pro. Por la entrega, la fidelidad y creatividad con que anunció el Evangelio.

Te pedimos nos ayudes a ser también nosotros, en la familia, en el trabajo, en el mundo, testigos y apóstoles de tu Evangelio.

Por Cristo, nuestro Señor.

Peticiones personales

El domingo 13 de noviembre de 1927, diez días antes de ser fusilado, el padre Pro se abandona en manos de la Santísima Virgen María, llena de dolores.

Oración a la Virgen de los Dolores

“¡Déjame pasar la vida a tu lado, madre mía, acompañado de tu soledad amarga y tu dolor profundo. . . !

¡ Déjame sentir en mi alma el triste llanto de tus ojos y el desamparo de tu corazón!

No quiero en el camino de mi vida

saborear las alegrías de Belén,

adorando entre tus brazos virginales al niño Dios.

No quiero gozar en la casita humilde de Nazaret de la amable presencia de Jesucristo.

¡No quiero acompañarte en tu Asunción gloriosa entre los coros de los ángeles!

Quiero en mi vida las burlas y mofas del Calvario.

Quiero la agonía lenta de tu Hijo,

el desprecio, la ignominia, la infamia de su cruz.

Quiero estar a tu lado, Virgen dolorosísima, de pie, fortaleciendo mi espíritu con tus lágrimas, consumado mi sacrificio con tu martirio, sosteniendo mi corazón con tu soledad, amando a mi Dios y a tu Dios con la inmolación de mi ser”.

Categorías:beatos y Santos, General

El Caso de Miguel Agustín Pro

El Caso de Miguel Agustín Pro

http://cronicasdeuncristero.blogspot.mx/p/el-caso-de-miguel-agustin-pro.html

El sacerdote M. A. Pro S.J., momentos antes

de recibir la descarga del pelotón que lo fusiló el

23 de Noviembre de 1927

Entre los mártires de la Cristiada, uno de los más famosos es el sacerdote jesuita Miguel Agustín Pro Juárez, ejecutado en 1927 por la mafia anticatólica de Plutarco Elias Calles. En cuanto a fama y resonancia, sólo puede comparársele Anacleto González Flores, el glorioso líder cristero asesinado en Jalisco.

¿Pero qué tuvo de especial el padre Pro? ¿Por qué se le beatificó mucho antes que a Anacleto y se le dio tanta importancia? Esto es algo de lo que nos proponemos estudiar.

Ciertamente la vida del padre Pro es extraordinaria, ejemplar, leyendo sus biografías se saborea una santidad que cualquier católico se preciaría de tomar por modelo.

Sin duda hubo, entre los mártires de la Persecución, muchos católicos ejemplares, santos, dignos de igual veneración que el padre Pro. Pero este último murió en medio de un torbellino político, y víctima de una incivilizada injusticia, que algunos de sus mismos autores condenaron. Y no somos nosotros ahora quienes lo ensalzamos tanto, sino el mismo pueblo católico, que acompañó su féretro en una tremenda procesión, fenómeno que se repetiría en los funerales de José de León Toral, quien fue el que finalmente liberó a México de Obregón.

Vamos a estudiar los hechos.

  • Breve resumen de su vida: José Ramón Miguel Agustín, como era su nombre completo, nació el 13 de enero de 1891 en la población de Guadalupe, en el estado de Zacatecas, México, y a 8 kilómetros de la capital zacatecana. Fue el tercer hijo del matrimonio de don Miguel Pro y doña Josefa Juárez. Tenía dos hermanas mayores, Concepción y María de la Luz. Con el tiempo tendría otra hermana menor, Ana María, y tres hermanos menores, Edmundo, Humberto y Roberto, aparte de otros 4 hermanos que murieron muy niños.

A finales de ese año la familia se mudó a México, pues don Miguel era ingeniero en Minas y allá en la capital había buenas posibilidades de trabajo. La familia vivió allí unos años, y luego en 1896, en Monterrey.

En su infancia, Miguel Agustín demostró ser terrible, destrozaba las muñecas de sus hermanas, repelaba, hacía berrinches y frecuentemente tenían que corregirlo. A principios de 1898 la familia Pro Juárez se trasladó a Concepción del Oro (estado de Zacatecas), donde hizo su Primera Comunión junto con sus hermanas mayores. Quien les dio la Primera Comunión fue el padre Mateo Correa, de quien hablamos en el capítulo anterior, y quien también fue mártir de la Persecución, por negarse a violar el secreto de Confesión.

Miguel pasó además, por dos experiencias duras al estudiar lejos de su familia, en otras ciudades. Y trabajó con su padre en la administración de minas, cuando ya se dibujaban en el horizonte los primeros tintes de la Revolución: La Sucesión Presidencial de 1910 publicada por Madero en 1908, y las huelgas de Río Blanco y Cananea.

Descubrió su vocación religiosa poco a poco, en misiones, al salvarse de ser aplastado por un carro minero, invocando a la Virgen. El ingreso de sus hermanas Luz y Concepción como monjas a un convento lo dejó a él vacío y bastante deprimido. Finalmente decidió entrar al seminario, e hizo sus primeros votos el 15 de agosto de 1913, con lo cual era ya novicio de la Compañía de Jesús.

Históricamente nos estamos situando en la época posterior a la caída de Díaz y Madero, el advenimiento de Carranza, y con él, el comienzo de la Persecución.

De hecho en 1914 los carrancistas ya perseguían fieramente a los curas, saqueaban y profanaban iglesias, y dispersaban comunidades religiosas. Los jesuitas del Occidente mexicano tienen que aprestarse a huir. Al hermano Pro le llegaron entonces noticias de su familia: los carrancistas habían despojado a su padre don Miguel, quien tuvo que huir para salvarse de morir, y nadie de la familia conoce su paradero. Su madre, enferma, y con los niños Humberto, Roberto y Ana María, se dirigió a Guadalajara. Él ya no puede pensar en reunírseles; los carrancistas -y aun a veces los villistas- seguían como consigna el atrapar a cuanto “curita” pudieran, y en muchos casos fusilarlos.

Pero aun con el peligro, Miguel se disfraza de ranchero y consigue llegar a Guadalajara, donde ve a su madre y a sus hermanos. La Perla de Occidente -como se nombra a Guadalajara-, estaba en poder de Obregón, uno de los más pertinaces perseguidores.

El 1 de Octubre se cursó a los jesuitas mexicanos la orden de huir al extranjero. El p. Pro se despide en la estación de su familia, donde ve por última vez a su madre. Por tren y a veces a salto de mata llegan a los Estados Unidos. En Los Gatos fueron alojados por jesuitas norteamericanos. Sin embargo, ante las pocas esperanzas de volver a México, donde cada vez se complica más la Persecución y la política, los jesuitas desterrados serán enviados a España. Por Nueva Orleans, La Habana y Nueva York, finalmente se embarcan para Cádiz. En julio de 1915 el hermano Pro está en Granada, donde pasa 5 años estudiando Retórica y Filosofía. A mediados de 1922 se dirigió al Colegio de Sarriá, cerca de Barcelona, para estudiar Teología.

Estuvo muy enfermo a fines de 1923, y en septiembre de 1924 se fue a Enghien, Bélgica, a seguir con la Teología. En Bélgica le ocurrió un episodio chistoso, pues le tocó estar en un tren lleno de obreros socialistas, que de inmediato se pusieron hostiles, al verlo subir con todo y sotana jesuita.

  • Oiga-le dice uno de ellos.-¿sabe usted a dónde ha ido a caer, señor cura?
  • No-responde, ¿A dónde?
  • ¡Nosotros somos socialistas!
  • ¡Ah, pues entonces he caído bien. Yo también soy socialista!, aguarden, ya es la una y no he comido, ¿Quieren convidarme de sus provisiones?

Sorprendidos, los obreros se encontraron metidos de cabeza en una trampa. Convidar al cura era insólito para ellos, pero no convidarle era demostrar con hechos que no eran socialistas, y que no compartían sus cosas. Finalmente el hermano Pro se los ganó con su buen humor, y platicó y comió con ellos.

Ahí en Bélgica recibe las órdenes, el 7 de julio de 1925 el subdiaconado, el 25 el diaconado y el 31 de agosto el presbiterado: la Orden definitiva.

En medio de unas operaciones por úlcera en el estómago, le llega al p. Pro un duro golpe: su madre doña Josefa falleció el 8 de febrero de ese año 1926. Después de llorarla, la invocará y la tendrá presente durante su ministerio.

Con su úlcera, realmente no va a poder vivir muchos años, pero los superiores jesuitas convienen en que es justo permitirle volver a su patria, por si la enfermedad se agravara. Antes de embarcarse de regreso a América, el p. Pro se dirige a Lourdes, a visitar la Gruta donde tuvo lugar la Aparición de la Santísima Virgen.

El p. Pro se embarcó en el vapor Cuba, en Saint-Nazarie, Francia, el 24 de junio de 1926. El 8 de julio el p. Pro llegaba a la ciudad de México, procedente de Veracruz, donde encontró a su padre don Miguel, a sus hermanos Humberto y Roberto, y a su hermana Ana María. Con alegría degustó nuevamente las tortillas y demás comida mexicana que algún buen recuerdo debían traer a su organismo.

  • El padre Pro en la Persecución Religiosa: México había cambiado en sus años de ausencia, especialmente en lo que se refiere al problema religioso. Ya estudiamos cómo Carranza desató la Persecución. Vino la Constitución de 1917, luego Obregón continuó la labor anticatólica, pero justo a la llegada del p. Pro, el presidente Calles extremababa las medidas anticatólicas. El 14 de junio había sido publicada la Ley Calles, y los católicos, organizados a través de la A.C.J.M. y la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, se disponían a hacer frente a tan neronianas medidas.

En medio de esta situación, y por órdenes superiores, el p. Pro tenía que seguir estudiando Teología. Pero al mismo tiempo, como sacerdote católico, se dedicó a pastorear almas, trabajando con celo apostólico por administrar los sacramentos a los fieles, de manera oculta, y convirtiéndose así en blanco de la Policía.

Lo más interesante del padre Pro es que él quería ser mártir, pero al mismo tiempo quería ser pastor, y empeñó todo su ingenio y su habilidad en escabullirse a la policía siempre que pudo. Visitaba familias, visitaba a las religiosas del Buen Pastor, ayudaba a pobres y enfermos. Vamos a contar algunas anécdotas, de sus aventuras con la Policía, registradas en las cartas que el p. Pro enviaba a sus amigos.

  • El 4 de diciembre de 1926 la Liga soltó 600 globos que dejaron caer propaganda religiosa. El presidente Calles estaba en la zona de Balbuena con sus amigos, y aplaudió calurosamente, pensando que los globos eran de la CROM. Cambió de actitud por completo al leer uno de los volantes, y furioso, ordenó la aprehensión de “los globeros”. La policía tenía en su lista negra a Humberto y Roberto Pro, y con la consigna de detener a cualquier varón que llegara a la casa Pro, detuvieron al p. Miguel. Llevándoselo, en coche, él empezó a hacerlos reír con chistes, y por la ventanilla del coche arrojó toda la propaganda que llevaba en sus bolsillos. La gente, estupefacta, veía como salía la propaganda de un carro policiaco.

En la prisión lo juntaron con otros católicos, y el teniente los recibió con un burlón:

  • Mañana vamos a tener Misa.
  • ¡Malo!-pensó el padre.- Ya me olieron.
  • Sí-siguió el otro.- Entre ustedes viene un presbítero. Es un Miguel Agustín.
  • ¡Alto ahí!-exclamó el padre.- Se confunde ud., lo que viene al final de mi nombre es mi apellido “Pro”, y no “Pbro.”, que es la abreviación de presbítero.
  • En otra ocasión, yendo por la calle lo empezaron a seguir unos agentes de policía. Él se dio cuenta, y entonces, repentinamente se volvió a ellos, y fingiendo reconocerlos como amigos suyos, los saludó afectuosamente, abrazándolos e invitándolos a tomar un café. Los policías quedaron completamente perplejos, y se convencieron de haber equivocado la presa.
  • Yendo vestido de traje a dar la Sagrada Comunión a un grupo de señoras, entró gritando la criada que venía la policía. Las damas se espantaron, pero el padre las tranquilizó, les ordenó repartirse por la casa. Acto seguido se guardó el Santísimo en el pecho y encendió un cigarrillo.

Entonces entró un grupo de agentes.

  • ¡Aquí hay culto público!-dijo el jefe.
  • No la amuelen-replicó el padre.
  • Sí, señor, aquí hay culto público, acompáñenos a revisar la casa.

Total que el padre los acompañó, pero no conocía la casa, y cuando después de mil vueltas y un buen rato no encontraban al dichoso curita, el padre les dijo con desenvoltura:

  • Bueno, caballeros, se me hace tarde, quedé en salir con mi novia, y la verdad no tengo tiempo para esperar a que atrapen a ese desvergonzado sacerdote que se está burlando de ustedes…
  • En otra ocasión llegó vestido de saco y con sombrero a una casa donde lo esperaba un grupo de católicos. Pero al doblar la esquina para llegar vio dos policías apostados en la entrada. No podía retroceder, pues los policías lo hubieran notado, así que se adelantó, se abrió levemente el saco, como enseñando una placa, y les dijo con severidad:
  • ¡Aquí hay gato encerrado!

Los dos agentes se cuadraron de inmediato, con saludo militar, y él, muy serio, entró en la casa. Ahí los fieles le suplicaron que se marchara, que era muy peligrosa su estancia, y el padre se burlaba diciéndoles:

  • Pero queridos, ¿Cuál es el peligro? ¡La policía en persona nos cuida la casa!

De todos modos le pidieron que mejor se fuera, y se salió, recibiendo nuevamente dos hermosos saludos militares de parte de los soldados.

  • Otra vez, al irlo persiguiendo la policía, él dio vuelta a una esquina y se encontró con una señorita conocida suya. De inmediato le guiñó el ojo y la tomó del brazo; ella le siguió el juego, y se fueron, riendo y platicando como dos enamorados amantes. Los policías, al ver tal cuadro, se quedaron confusos, y los dejaron ir. Más tarde su oficial superior, al serle descrito “el novio” de la peculiar pareja, les dijo furioso: ¡Ese era el cura Pro!

Así es como, usando su ingenio y su agudeza, el p. Pro burló en numerosas ocasiones a la policía, continuando con su ministerio.

El 23 de septiembre se ofrece solemnemente a Dios como víctima por la salvación de la fe en México, por la paz de la Iglesia y la salvación de Calles. Con él se ofrece la abadesa Concepción Avecedo de la Llata, de quien tendremos ocasión de hablar más detalladamente, al tratar el asesinato de Obregón.

Para hablar del martirio de Miguel Agustín Pro; conviene pasar al siguiente punto.

  • El atentado dinamitero contra el gral. Álvaro Obregón: La Persecución había arreciado a lo largo del mandato presidencial de Calles. Detrás de él, Obregón seguía manejando la política nacional, y trató de obtener un arreglo con la Iglesia, debido a que la imagen de México a nivel internacional empezaba a ser objeto de sospechas. La prensa, amordazada, no publicaba casi nada de lo que ocurría en México, y durante mucho tiempo se ignoró la gravedad de la situación.

Obregón podía contar con las ansias de paz de algunos obispos, especialmente Leopoldo Ruiz y Pascual Díaz. Al gobierno le empezaba a urgir terminar con la rebelión cristera, la cual amenazaba con ser más dura, debido al ingreso del general Enrique Gorostieta a las filas cristeras. Unas reuniones con prelados en San Antonio, Texas, no tuvieron éxito debido a la vigilancia de Mons. Mora y del Río, quien no se dejó engañar por las artimañas obregonistas. Obregón intentó enviar un delegado a hablar con el Papa, para, mediante engaños, hacer que se declarara en contra del movimiento de resistencia católica.

Pero Pío XI se negó a recibir a los delegados, y sencillamente despreció las melosas mentiras de quien había expulsado de México a su delegado apostólico Mons. Filippi. Tanto a Calles como Obregón les empezaba a cansar el asunto cristero, mucho más peligroso de lo que ellos habían imaginado, pero cuando Mons. Pascual Díaz fue a Roma, a ver si gestionaba la paz, el Ilmo. Mons. Mora y del Río protestó, y Roma respondió una vez más negativamente.

A los anticristianos se les empezó a meter en la cabeza la idea de vengarse del Papa, luego del desaire a los delegados enviados por Obregón.

Mientras tanto, Obregón se aprestaba a volver a la presidencia. Por órdenes suyas, Calles hizo que el Congreso reformara la ley, y con hipócrita desdén por los principios “sacrosantos” de la Constitución de 1917, la reformaron de modo que la reelección era permitida por una sola vez, no para periodo inmediato, es decir, no durante 6 años. Ahora, con esa reforma, Obregón podía volver a ser presidente, y Calles también luego de él, de modo que a los católicos les aguardaba la perspectiva de ser gobernados 12 años más por esa mancuerna de salvajes.

Los católicos se sintieron desalentados con la noticia, y empezó a gestar en algunos el pensamiento de tiranicidio. Todos los católicos sabían que Obregón era el máximo enemigo de ellos. En la Biblia encontramos a las tiranicidas Jael y Judith, y un grupo de acejotaemeros de dispuso a ejecutar al tirano Obregón.

El jefe de ellos era Luis Segura Vilchis, ingeniero que trabajaba en la Compañía de Luz y Fuerza Motriz, y a quien mencionamos anteriormente, ya que participó en la defensa del Centro de Estudiantes Católicos, en 1922. Primero construyó una bomba con la cual intentó dinamitar el tren presidencial, pero fracasó en su intento, debido a que Obregón venía en un tren de pasajeros, y Segura no quiso matar inocentes por un culpable.

Para las siguientes elecciones, le surgieron dos rivales a Obregón, los generales Francisco Serrano y Arnulfo R. Gómez. Ambos fueron asesinados para quitarlos de en medio, a principios de noviembre de 1927; con lo que Obregón iba hacia la presidencia con las manos manchadas de sangre.

Mientras tanto, Segura Vilchis tenía ya un cristero y dos acejotaemeros dispuestos a ayudarle: el cristero era José González, y los otros dos Nahúm Lamberto Ruiz y Juan Antonio Tirado Arias. En complicidad con su jefe, Manuel Velázquez Morales, Segura fabricó unas bombas para ser lanzadas a mano. Pidió a la Liga un coche, aunque sin informar para qué -los únicos al tanto de su plan eran su jefe y su equipo inmediato-. La Liga gestionó que Humberto Pro, hermano del p. Miguel, cediera a Luis Segura un viejo automóvil Essex placas 10101, mientras que a él le entregaron un Studebaker. El Essex estaba a nombre de Daniel García, seudónimo de Roberto Pro, el otro hermano del padre. Ignorantes de todo el plan, se gestionó el cambio de coches, y José González recibió el Essex.

El 13 de noviembre de 1927 llegaba Obregón a la ciudad de México, proveniente de Sonora, con todo su equipo electoral y su estado mayor. Los conjurados se reunieron, aunque Velázquez Morales, viendo que tardaban en ir por él, se marchó a la Villa de Guadalupe. Mientras tanto, José González estaba al volante del Essex, junto a él Segura, atrás Tirado y Ruiz.

Obregón había llegado en el tren a la 1 de la tarde, y se marchó a su domicilio en la Avenida Jalisco 196. Gonzalez propuso matarlo a puñaladas cuando saliera, pero Luis Segura decidió seguir con el plan. A las 2 Obregón salió, y junto con los licenciados Bay y Orcí subió a su automóvil Cadillac, decidido a pasear un rato antes de ir a la corrida de toros de la tarde, organizada en su honor.

El Cadillac se dirigió al bosque de Chapultepec, seguido por el Essex. Detrás del Cadillac iba el automóvil de los guardaespaldas del caudillo, dirigidos por el coronel Jaime. Ambos carros se enfilaron por la Fuente de las Ranas y siguieron por Chapultepec.

Justo al llegar a la Calzada de los Filósofos, el Essex emparejó al Cadillac, Segura arrojó una bomba, Nahúm arrojó la suya y de inmediato vació su revólver contra el auto de Obregón. Se hizo una gran humareda, saltaron cristales rotos, Obregón, sumamente pálido, buscaba en vano su revólver.

Creyendo haber logrado su cometido, Segura Vilchis ordena la fuga, y el Essex sale con dirección al Paseo de la Reforma. Obregón y sus amigos se dan cuenta de que son víctimas de un atentado.

Sin embargo, nadie resultó herido de gravedad, Obregón sólo sufrió unos rasguños, y a las preguntas de sus acompañantes, respondió con enojo:

¡Yo estoy bien, agarren a esos!

De inmediato, los guardaespaldas de Obregón, en el segundo auto, se lanzan en persecución del Essex. Ambos autos salen de Chapultepec y enfilan por Reforma. El coronel Jaime no deja de disparar contra el Essex, y finalmente una bala abre un agujero en el tanque de gasolina. En la Glorieta del Ángel, Segura ordena a González torcer hacia la derecha, y por Florencia y Liverpool alcanzan la avenida de los Insurgentes. Nahúm Ruiz, en el asiento trasero, se asoma por la ventanilla y recibe un balazo que le atraviesa la cabeza; sin decir palabra se inclina sobre Tirado, manchándolo de sangre.

Al llegar a Insurgentes, se les acerca un vehículo Ford, Segura Vilchis ordena provocar un choque contra el, en la esquina de Insurgentes y Liverpool. Se detienen los coches por el choque, y se arremolina la gente. Segura Vilchis salta del Essex y huye rápidamente. González hace lo mismo pero en otra dirección. Tirado intenta huir, pero su ropa manchada de sangre llama la atención de la policía, y él y Nahúm Ruiz son apresados. El primero es llevado a la Inspección y el segundo al Hospital Juárez. Mientras tanto, Segura Vilchis se presentó ante la Liga a dar cuenta de su misión. Posteriormente tomó el tranvía de Tacubaya y llegó a la plaza de toros cuando empezaba la corrida. Con gran consternación vio llegar a Obregón, lo que le probó el fracaso del atentado; pero aun así se acercó al caudillo, lo saludó e intercambió con él varias palabras, para crear una coartada.

La noticia del atentado contra Obregón causó conmoción en el país. La familia Pro lo supo hasta en la noche, y todavía no se preocuparon, sino hasta el día siguiente, cuando en los diarios Humberto se enteró de que los dinamiteros iban en el Essex placas 10101. Como el automóvil había estado en su poder, era de presumir que la policía dirigiría sus sospechas hacia él.

En la Inspección, Juan Tirado fue torturado brutalmente, pero fiel a su consigna acejotaemera, Tirado no dijo absolutamente nada, y desde su arresto hasta su muerte fue imposible arrancarle confesión alguna. La policía hizo correr, años después, la versión de que se engañó al herido Nahúm Ruiz, cuando un policía se hizo pasar por su hermano, y Ruiz le habría dicho que avisara al ing. Luis Segura y a los señores Pro que se escondieran, versión falsa, por supuesto, desde el momento en que Ruiz desconocía la suerte de Segura, y su estado de gravedad era tal, que falleció el 20 de noviembre.

Calles y Obregón cursaron de inmediato la orden de detener a cuanto implicado se pudiera descubrir en el atentado. El jefe militar de la capital, gral. Roberto Cruz, y el jefe policiaco José Mazcorro dirigieron la investigación, y para la ejecución de las pesquisas, Mazcorro nombró a Álvaro Basail y Valente Quintana.

Antes de morir Ruiz, su esposa Luz del Carmen hizo declaraciones, entre otras, que el jefe de su marido en la Liga era el ingeniero Segura Vilchis. Y la policía se dirigió hacia él.

El día 17 Basail llegó a la Compañía de Luz y Fuerza ante el joven de 23 años de edad:

  • ¿Es usted el ingeniero Luis Segura?-preguntó. -Sí, señor, para servir a usted. -Vengo, ingeniero, con una molestia. Soy agente de la Inspección General de Policía. Basail miró fijamente a Segura, quien permaneció inmutable.
  • El señor general Cruz-prosiguió Basail.- Me ha encargado que suplique a usted pase a verle, para un asunto de importancia.

Se fueron hacia la Inspección, y ahí llevaron a Segura ante el general Cruz.

  • Mucho gusto en conocerlo, ingeniero-le dijo Cruz.- Siéntese, ingeniero, me he permitido molestarlo para hacerle algunas preguntas.
  • Sí, mi general, estoy a sus órdenes. -Ingeniero, ¿Qué sabe usted del atentado al general Obregón? -Lo que dice la prensa, general. -¿Nada más? -Nada más, mi general.
  • Y, ¿podría decirme usted qué hizo el día 13?
  • No lo podré hacer con mucho lujo de detalles, porque no pensé que fuera a serme de utilidad alguna. Pero verá usted. En la mañana fui a misa…
  • ¿A misa?
  • Sí, señor, a misa.
  • ¿A dónde?
  • General, me va a permitir guardar el secreto, porque sé la pena en la que incurren las personas en cuyos domicilios se dice misa.
  • Muy bien, pero dígame, ¿es usted católico?
  • Sí señor, católico, apostólico y romano.
  • Continue…
  • Después de misa fui a comer a mi casa, y como las dos de la tarde me fui a los toros. Va usted a ver, porque aquí traigo el talón del boleto. ¡La corrida fue monumental! Estaba yo cerca del general Obregón; me acuerdo que brindaron a usted un toro. Después de la corrida me fui a comer a un restorán cercano, luego fui a casa, y en la noche al teatro.

Con estos detalles Cruz ordenó que Segura permaneciera prisionero, mientras el general Obregón avalaba la coartada.

  • ¡Viva Cristo Rey!: Al principio la policía estaba desorientada. El mismo Obregón no estaba seguro de la procedencia del atentado, y sospechaba inclusive de Calles. Pero la policía cateó un domicilio en la calle de Alzate, indicado por la esposa de Nahúm Ruiz, y al encontrar allí material para preparar bombas, consignaron a las señoritas que habitaban la casa. Estas ignoraban todo, pero sabían que la casa pertenecía una señora Josefina Montes de Oca, quien les había prestado la casa por mediación de un joven llamado Humberto Pro. Al momento de salir el apellido Pro, la policía recibió órdenes de arrestar a los tres hermanos.

Estos, por precaución, habían abandonado su domicilio y se refugiaron en casa de la señora María Valdés, en la calle de Londres número 22, donde se tomó la decisión de que Humberto y Roberto se irían a combatir con los cristeros.

Mientras tanto, Basail y Quintana habían detenido a la señora Montes de Oca, y luego interrogaron a su hijo José, un atolondrado muchachito que había asistido al refugio de los Pro. Mediante amenazas, los policías le hicieron confesar que la casa donde se encontraba el dichoso Miguel Pro, era la de Londres 22.

Ese mismo día la policía empezó a rondar cerca de la casa de la señora Valdés, y en la madrugada del 18 de noviembre un piquete de soldados se introdujo en la casa y derribó a golpes la puerta del cuarto donde dormían los hermanos Pro.

  • ¡Nadie se mueva!-gritaron.

Miguel se dirigió a sus hermanos:

  • Arrepiéntanse de sus pecados como si estuvieran en la presencia de Dios.- Acto seguido pronunció la absolución sacramental y prosiguió:
  • Desde ahora vamos ofreciendo nuestras vidas por la religión en México y hagámoslo los tres juntos para que Dios acepte nuestro sacrificio.

Salieron escoltados por los soldados, y Basail se dirigió a la señora Valdés:

  • ¿Sabía usted que escondía en su casa a los dinamiteros?
  • Lo que yo sé-replicó ella.- Es que escondía a un santo.

El Padre Pro intervino:

  • Esta señora es inocente. Déjela usted tranquila y haga de nosotros lo que quiera.- Se volvió hacia la señora Valdés. .- ¡Me van a matar!-le dijo.- Le regalo a ud. mis ornamentos sacerdotales.
  • Nada de eso-dijo Basail.- Nada tienen que temer ustedes en la Inspección.

Pero el p. Pro ignoró el comentario. La señora le obsequió un sarape, él le dejó sus ornamentos y un cilicio, y acto seguido los tres hermanos fueron llevados a la Inspección de Policía. Allí el padre regaló su sarape a Juan Tirado, quien estaba enfermo por las torturas de que había sido objeto. Encontraron también a Segura Vilchis, pero siguiendo la consigna acejotaemera, ni él dio muestras de conocerlos, ni ellos a él.

Se inició un proceso que al principio fue regular. Los hermanos Pro no podían decir más que la verdad: que ellos no tenían absolutamente nada que ver en el atentado. La evidente inocencia de los Pro hizo que se pensara en dejarlos libres bajo fianza. Pero el día 21 Calles y Obregón ordenaron tajantemente a Cruz que fueran fusilados.

Cruz les hizo ver que tenían que dar al menos alguna apariencia de legalidad al proceso.

  • ¡No quiero formas, sino el hecho!-replica Calles.
  • ¿No convendría asignar a los acusados a un tribunal?-sugiere Cruz.
  • He dado mis órdenes-se exaspera Calles.- A usted no le corresponde sino obedecerlas. Y volverá para darme cuenta de haberlas cumplido.
  • Entonces, ¿qué hacemos con el acta de la Inspección?-insiste Cruz.

Obregón interviene:

  • ¡Que acta ni que…! (suelta una expresión vulgar)

Cruz refirió años después dicha entrevista, atribuyendo todo a la fobia anticlerical de Calles.

Sin embargo, la inocencia de los Pro era clarísima. La clave de eso fue el propio Luis Segura Vilchis.

Se le informó a Obregón de que estaba preso Luis Segura, pero el tirano confirmó que se había encontrado a Segura en El Toreo, y que no pensaba que fuera uno de sus atacantes. El general Cruz informó a Segura que iba a ser puesto en libertad, pero entonces fue cuando Segura supo que quienes iban a ser ajusticiados, acusados por el atentado contra Obregón, eran los hermanos Pro. Su conciencia de cristiano y su honor de caballero le obligaron, pues, a confesar toda la verdad.

Y se dirigó a Cruz:

  • General Cruz, ¿me da usted su palabra de honor de que sólo serán sacrificados los responsables del intento de matar a Obregón, y de que serán puestos en libertad los demás presos que no tomaron parte activa en él y que están acusados de ser los autores y ejecutores del mismo, si le digo la verdad sobre este asunto?
  • Sí, ingeniero.
  • Pues bien, general: el autor, director y ejecutor del intento de ejecución del general Obregón, llevado a cabo el día 13, soy yo. En la realización del plan me ayudaron Nahúm Lamberto Ruiz y Juan Antonio Tirado Arias, los hermanos Pro Juárez nada tuvieron que ver en este asunto, pues ni supieron lo que yo iba a hacer, ni tomaron parte alguna en lo hecho por mí.
  • Usted se burla de mí, ingeniero. Su inculpabilidad está plenamente probada, y el mismo general Obregón ha declarado en su favor. Lo que usted pretende es que los Pro salgan en libertad absoluta por “falta de méritos”, para después que ellos estén salvos, argüir que es usted inocente, como lo es, y salir asimismo en plena libertad.
  • No general, no pretendo burlarme de usted. Quiero, sí, salvar a los Pro, porque es mi deber hacerlo así, ya que ellos no tienen responsabilidad alguna en el intento de ejecución de Obregón. Sé que mi confesión me costará la vida, pero es para mí un deber de conciencia, que seguramente usted no comprende, el proceder así. Si ustedes matan a los Pro, después de que yo les haya demostrado que son inocentes, ese será un crimen suyo, y ninguna responsabilidad tendré yo en él, como la tendría si no hablara. Y hablo en serio, general, y con la verdad en los labios.

Segura describió pues, toda la preparación y ejecución del atentado, de lo que se desprendía que éste fue realizado por él, por Ruiz, Tirado, y el chofer González, quien seguía prófugo.

Finalmente Cruz, con todos los detalles, no tuvo más que aceptar la declaración del ingeniero.

  • Pero, ¿por qué intentó usted matar a mi general Obregón?
  • Porque es un hipócrita perseguidor de mi fe, un asesino de católicos, un traidor a la Patria, a la que intenta destruir en beneficio de los Estados Unidos, al servicio de cuyo imperialismo está.
  • Entonces, ¿no se arrepiente usted, ingeniero, de haber intentado matar a mi general Obregón?
  • Si veinte vidas tuviera Obregón, veinte le quitaría para salvar al catolicismo y a la Patria de tan ominosa tiranía.
  • Vuelva usted a su prisión.
  • No olvide que soy el responsable de este asunto, y que reivindico para mí todas las consecuencias.
  • Vuelva usted a su prisión. Y así Segura Vilchis permaneció en prisión, pudiendo considerarse ya condenado a muerte, sin que por eso se liberara a los Pro, naturalmente. Al día siguiente, 19 de noviembre, vino la declaración formal del acejotaemero:
  • Me llamo Luis Segura Vilchis, tengo 24 años de edad, soy soltero, ingeniero topógrafo, natural de Piedras Negras, Coahuila, con domicilio en la casa número 6 de la plaza Juárez de Guadalupe Hidalgo, Distrito Federal. Yo preparé y planeé el atentado dinamitero contra el general Álvaro Obregón. Yo comprometí a mis tres compañeros, Nahúm Lamberto Ruiz, Juan Tirado Arias y José González, dos de ellos en poder de la policía y el último prófugo. Yo fabriqué las bombas en la casa número 144-A de la calle de Alzate, pero rehúso denunciar a la persona que me ayudó en ello. Fuera de las personas que tomaron participación directa en el atentado, ninguna otra supo del asunto hasta que los hechos fueron del dominio público.

¿Qué tenía pues, el gobierno, contra los Pro, y en concreto, con Miguel?

Nada, salvo el odio irracional de Calles hacia todos los sacerdotes católicos. El propósito de Calles y Obregón de vengarse del Papa, a raíz de las negativas de éste a negociar una “paz” hipócrita y falsa, los indujo a descargar, en la persona del padre Pro, una venganza sonora y revanchista. Las circunstancias son anómalas, se trataba de un sacerdote muy popular y querido entre los católicos, jesuita para colmar el plato, y su ejecución fue realizada con la participación de numerosos medios de publicidad, reporteros y periódicos, siendo que normalmente el gobierno hacía sus ejecuciones en secreto.

El señor cónsul de Argentina en México, Emilio Labougle, intercedió ante Calles por los Pro, y Calles aceptó desterrarlos, pero arteramente habría de violar su palabra. Ya por la noche del 22 de noviembre hubo mucho movimiento en la Inspección, se reforzó la guardia. A la medianoche bajó al calabozo el general Cruz, llevando consigo a Jesús Palomera López, un hombre de pésima reputación moral, apodado “el asesino de católicos”. Cruz señalaba los reos, Palomera los miraba de pies a cabeza y tomaba notas. Fueron fotografiados todos, uno por uno. Al p. Pro le dio muy mala impresión tal visita, y dijo a su hermano Roberto:

  • Quién sabe lo que quieren hacer estos señores, pero nada bueno ha de ser. Pidámosle a Dios resignación y fuerza para lo que sea, y resignémonos a lo que venga.

Por la madrugada el padre despertó y se tomó una aspirina. En las primeras horas del 23 de noviembre se escuchó movimiento por toda la Inspección, y a las 10 horas apareció en el calabozo el jefe de las Comisiones de Seguridad, Mazcorro, quien dijo en voz alta:

  • ¡Miguel Agustín Pro!

El padre se puso de pie, por orden de Mazcorro se puso el saco, apretó la mano de Roberto y salió al patio de la Inspección.

No se les había dicho absolutamente nada a los prisioneros, por lo que al salir, y encontrar todo el aparato de ejecución, el padre se sorprendió, pero con toda calma caminó al paredón. El que lo llevaba, Valente Quintana, se acercó y le dijo:

  • Padre, le pido perdón por la parte que me toca en esto.
  • No solo lo perdono-respondió el padre.- Sino que le doy las gracias.

Condujeron al padre al lugar donde se hacían prácticas de tiro al blanco, donde estaban cuadros de madera recortados en forma de silueta humana.

Los encargados de fusilarlo, soldados de la Gendarmería Montada, formaron el cuadro y se dispusieron a recibir órdenes.

El mayor Torres le pregunta si tiene algún último deseo, y el padre responde:

  • Que me permitan rezar.

Torres se retiró, dejándolo solo, y luego de unos minutos arrodillado, el padre se colocó en posición.

Al grito de “¡Apunten!” abrió los brazos en cruz y gritó: -¡Viva Cristo Rey!

Recibió la descarga y se inclinó sobre su costado derecho, un sargento se acercó a darle el tiro de gracia.

El general Cruz, rodeado de sus lugartenientes y todo un séquito de fotógrafos y reporteros, presenciaba la ejecución.

Acto seguido se llevó a Luis Segura Vilchis. Segura palideció un instante al ver lo que le aguardaba, pero se repuso de inmediato, y con gallardía y serenidad avanzó al paredón. Frente al cadáver del p. Pro, fue el primero en rendir homenaje al mártir, inclinando la cabeza.

Posteriormente vino Humberto Pro, quien antes de morir tocó con reverencia el cadáver de su hermano, y finalmente Juan Tirado.

Desde la mañana se había acercado a la Inspección la señorita Ana María Pro, hermana menor de los reos. Se alarmó porque esa mañana no le habían permitido a su criada llevar el desayuno a sus hermanos. Vio a Quintana y Basail, quienes le prometeron conseguirle permiso para ver a sus hermanos. Entre la multitud que se había reunido, Ana María pudo escuchar hipótesis, como que los reos iban a ser enviados a las islas Marías, o bien a la Escuela de Tiro, para ser fusilados.

En ese momento llegaron cuatro ambulancias de la Cruz Verde, destinada a conducir cadáveres, y ya no le cupo la menor duda de que sus hermanos iban a morir. Escuchó cuatro descargas, que la llenaron de terror, pensando que ni uno de sus hermanos había sobrevivido. Finalmente supo que Roberto no había sido fusilado, esto debido a la intervención indignada del señor Labougle.

En el hospital Juárez Ana María se encontró con su hermano Edmundo, y luego llegó don Miguel Pro, padre de los ajusticiados. El anciano besó en la frente a sus dos hijos muertos, y dijo a Ana María, que sollozaba: -Hijita, no hay motivo para llorar.

Llevaron los cuerpos a la calle de Pánuco, donde fueron velados, reuniéndose una gran cantidad de gente. A las 10 de la noche tocaron la puerta y don Miguel, al abrir, se encontró frente a media docena de policías.

Se inquietó, pero los policías, descubriéndose la cabeza, y humildemente, le pidieron permiso para ver a los mártires. Se arrodillaron frente a los cadáveres y rezaron silenciosamente. Al salir dijeron a don Miguel: -Si algo se les ofrece a ustedes, cuenten con nosotros.

¡He ahí un homenaje digno de respeto!

Al día siguiente fueron sepultados en el Panteón de Dolores, con asistencia de una verdadera muchedumbre, y don Miguel, luego de arrojar la primera paletada de tierra sobre los ataúdes, exclamó:

  • ¡Todo ha terminado! Los dos murieron por Dios, y de Dios gozan ya en el cielo, ¡Te Deum laudamus!

Posteriormente la familia sería desterrada a Cuba, junto con Roberto, salvado de la muerte. Sería él quien proporcionaría, años después, interesantes detalles del martirio.

El caso del p. Pro es el perfecto ejemplo del ODIO de Calles a la Iglesia y a todo lo católico; su vileza dio un insigne mártir a los católicos y a los cristeros, y sólo avivó más la aversión hacia Obregón, quien sería finalmente ejecutado -en el siguiente tema se estudiará eso-.

Muchos años después Calles cayó en desgracia, y luego de sufrir el destierro volvió a México, donde paseaba fuera de su casa completamente solo, él, que un día fuera el “Jefe Máximo” de la Revolución. Murió en 1945, siendo sepultado en el mismo Panteón de Dolores, a 100 metros de la tumba del beato Miguel Agustín Pro.

¡Siempre será triste el destino de los enemigos de Cristo!

El Caso de Miguel Agustín Pro



El sacerdote M. A. Pro S.J., momentos antes
de recibir la descarga del pelotón que lo fusiló el
23 de Noviembre de 1927

Entre los mártires de la Cristiada, uno de los más famosos es el sacerdote jesuita Miguel Agustín Pro Juárez, ejecutado en 1927 por la mafia anticatólica de Plutarco Elias Calles. En cuanto a fama y resonancia, sólo puede comparársele Anacleto González Flores, el glorioso líder cristero asesinado en Jalisco.
¿Pero qué tuvo de especial el padre Pro? ¿Por qué se le beatificó mucho antes que a Anacleto y se le dio tanta importancia? Esto es algo de lo que nos proponemos estudiar.
Ciertamente la vida del padre Pro es extraordinaria, ejemplar, leyendo sus biografías se saborea una santidad que cualquier católico se preciaría de tomar por modelo.

Sin duda hubo, entre los mártires de la Persecución, muchos católicos ejemplares, santos, dignos de igual veneración que el padre Pro. Pero este último murió en medio de un torbellino político, y víctima de una incivilizada injusticia, que algunos de sus mismos autores condenaron. Y no somos nosotros ahora quienes lo ensalzamos tanto, sino el mismo pueblo católico, que acompañó su féretro en una tremenda procesión, fenómeno que se repetiría en los funerales de José de León Toral, quien fue el que finalmente liberó a México de Obregón.
Vamos a estudiar los hechos.

-Breve resumen de su vida: José Ramón Miguel Agustín, como era su nombre completo, nació el 13 de enero de 1891 en la población de Guadalupe, en el estado de Zacatecas, México, y a 8 kilómetros de la capital zacatecana. Fue el tercer hijo del matrimonio de don Miguel Pro y doña Josefa Juárez. Tenía dos hermanas mayores, Concepción y María de la Luz. Con el tiempo tendría otra hermana menor, Ana María, y tres hermanos menores, Edmundo, Humberto y Roberto, aparte de otros 4 hermanos que murieron muy niños.
A finales de ese año la familia se mudó a México, pues don Miguel era ingeniero en Minas y allá en la capital había buenas posibilidades de trabajo. La familia vivió allí unos años, y luego en 1896, en Monterrey.

En su infancia, Miguel Agustín demostró ser terrible, destrozaba las muñecas de sus hermanas, repelaba, hacía berrinches y frecuentemente tenían que corregirlo. A principios de 1898 la familia Pro Juárez se trasladó a Concepción del Oro (estado de Zacatecas), donde hizo su Primera Comunión junto con sus hermanas mayores. Quien les dio la Primera Comunión fue el padre Mateo Correa, de quien hablamos en el capítulo anterior, y quien también fue mártir de la Persecución, por negarse a violar el secreto de Confesión.
Miguel pasó además, por dos experiencias duras al estudiar lejos de su familia, en otras ciudades. Y trabajó con su padre en la administración de minas, cuando ya se dibujaban en el horizonte los primeros tintes de la Revolución: La Sucesión Presidencial de 1910 publicada por Madero en 1908, y las huelgas de Río Blanco y Cananea.
Descubrió su vocación religiosa poco a poco, en misiones, al salvarse de ser aplastado por un carro minero, invocando a la Virgen. El ingreso de sus hermanas Luz y Concepción como monjas a un convento lo dejó a él vacío y bastante deprimido. Finalmente decidió entrar al seminario, e hizo sus primeros votos el 15 de agosto de 1913, con lo cual era ya novicio de la Compañía de Jesús.
Históricamente nos estamos situando en la época posterior a la caída de Díaz y Madero, el advenimiento de Carranza, y con él, el comienzo de la Persecución.

De hecho en 1914 los carrancistas ya perseguían fieramente a los curas, saqueaban y profanaban iglesias, y dispersaban comunidades religiosas. Los jesuitas del Occidente mexicano tienen que aprestarse a huir. Al hermano Pro le llegaron entonces noticias de su familia: los carrancistas habían despojado a su padre don Miguel, quien tuvo que huir para salvarse de morir, y nadie de la familia conoce su paradero. Su madre, enferma, y con los niños Humberto, Roberto y Ana María, se dirigió a Guadalajara. Él ya no puede pensar en reunírseles; los carrancistas -y aun a veces los villistas- seguían como consigna el atrapar a cuanto “curita” pudieran, y en muchos casos fusilarlos.

Pero aun con el peligro, Miguel se disfraza de ranchero y consigue llegar a Guadalajara, donde ve a su madre y a sus hermanos. La Perla de Occidente -como se nombra a Guadalajara-, estaba en poder de Obregón, uno de los más pertinaces perseguidores.
El 1 de Octubre se cursó a los jesuitas mexicanos la orden de huir al extranjero. El p. Pro se despide en la estación de su familia, donde ve por última vez a su madre. Por tren y a veces a salto de mata llegan a los Estados Unidos. En Los Gatos fueron alojados por jesuitas norteamericanos. Sin embargo, ante las pocas esperanzas de volver a México, donde cada vez se complica más la Persecución y la política, los jesuitas desterrados serán enviados a España. Por Nueva Orleans, La Habana y Nueva York, finalmente se embarcan para Cádiz. En julio de 1915 el hermano Pro está en Granada, donde pasa 5 años estudiando Retórica y Filosofía. A mediados de 1922 se dirigió al Colegio de Sarriá, cerca de Barcelona, para estudiar Teología.
Estuvo muy enfermo a fines de 1923, y en septiembre de 1924 se fue a Enghien, Bélgica, a seguir con la Teología. En Bélgica le ocurrió un episodio chistoso, pues le tocó estar en un tren lleno de obreros socialistas, que de inmediato se pusieron hostiles, al verlo subir con todo y sotana jesuita.
Oiga-le dice uno de ellos.-¿sabe usted a dónde ha ido a caer, señor cura?
No-responde, ¿A dónde?
¡Nosotros somos socialistas!
¡Ah, pues entonces he caído bien. Yo también soy socialista!, aguarden, ya es la una y no he comido, ¿Quieren convidarme de sus provisiones?

Sorprendidos, los obreros se encontraron metidos de cabeza en una trampa. Convidar al cura era insólito para ellos, pero no convidarle era demostrar con hechos que no eran socialistas, y que no compartían sus cosas. Finalmente el hermano Pro se los ganó con su buen humor, y platicó y comió con ellos.

Ahí en Bélgica recibe las órdenes, el 7 de julio de 1925 el subdiaconado, el 25 el diaconado y el 31 de agosto el presbiterado: la Orden definitiva.
En medio de unas operaciones por úlcera en el estómago, le llega al p. Pro un duro golpe: su madre doña Josefa falleció el 8 de febrero de ese año 1926. Después de llorarla, la invocará y la tendrá presente durante su ministerio.
Con su úlcera, realmente no va a poder vivir muchos años, pero los superiores jesuitas convienen en que es justo permitirle volver a su patria, por si la enfermedad se agravara. Antes de embarcarse de regreso a América, el p. Pro se dirige a Lourdes, a visitar la Gruta donde tuvo lugar la Aparición de la Santísima Virgen.
El p. Pro se embarcó en el vapor Cuba, en Saint-Nazarie, Francia, el 24 de junio de 1926. El 8 de julio el p. Pro llegaba a la ciudad de México, procedente de Veracruz, donde encontró a su padre don Miguel, a sus hermanos Humberto y Roberto, y a su hermana Ana María. Con alegría degustó nuevamente las tortillas y demás comida mexicana que algún buen recuerdo debían traer a su organismo.

-El padre Pro en la Persecución Religiosa: México había cambiado en sus años de ausencia, especialmente en lo que se refiere al problema religioso. Ya estudiamos cómo Carranza desató la Persecución. Vino la Constitución de 1917, luego Obregón continuó la labor anticatólica, pero justo a la llegada del p. Pro, el presidente Calles extremababa las medidas anticatólicas. El 14 de junio había sido publicada la Ley Calles, y los católicos, organizados a través de la A.C.J.M. y la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, se disponían a hacer frente a tan neronianas medidas.
En medio de esta situación, y por órdenes superiores, el p. Pro tenía que seguir estudiando Teología. Pero al mismo tiempo, como sacerdote católico, se dedicó a pastorear almas, trabajando con celo apostólico por administrar los sacramentos a los fieles, de manera oculta, y convirtiéndose así en blanco de la Policía.

Lo más interesante del padre Pro es que él quería ser mártir, pero al mismo tiempo quería ser pastor, y empeñó todo su ingenio y su habilidad en escabullirse a la policía siempre que pudo. Visitaba familias, visitaba a las religiosas del Buen Pastor, ayudaba a pobres y enfermos. Vamos a contar algunas anécdotas, de sus aventuras con la Policía, registradas en las cartas que el p. Pro enviaba a sus amigos.

-El 4 de diciembre de 1926 la Liga soltó 600 globos que dejaron caer propaganda religiosa. El presidente Calles estaba en la zona de Balbuena con sus amigos, y aplaudió calurosamente, pensando que los globos eran de la CROM. Cambió de actitud por completo al leer uno de los volantes, y furioso, ordenó la aprehensión de “los globeros”. La policía tenía en su lista negra a Humberto y Roberto Pro, y con la consigna de detener a cualquier varón que llegara a la casa Pro, detuvieron al p. Miguel. Llevándoselo, en coche, él empezó a hacerlos reír con chistes, y por la ventanilla del coche arrojó toda la propaganda que llevaba en sus bolsillos. La gente, estupefacta, veía como salía la propaganda de un carro policiaco.
En la prisión lo juntaron con otros católicos, y el teniente los recibió con un burlón:
Mañana vamos a tener Misa.
¡Malo!-pensó el padre.- Ya me olieron.
-siguió el otro.- Entre ustedes viene un presbítero. Es un Miguel Agustín.
¡Alto ahí!-exclamó el padre.- Se confunde ud., lo que viene al final de mi nombre es mi apellido “Pro”, y no “Pbro.”, que es la abreviación de presbítero.

-En otra ocasión, yendo por la calle lo empezaron a seguir unos agentes de policía. Él se dio cuenta, y entonces, repentinamente se volvió a ellos, y fingiendo reconocerlos como amigos suyos, los saludó afectuosamente, abrazándolos e invitándolos a tomar un café. Los policías quedaron completamente perplejos, y se convencieron de haber equivocado la presa.

-Yendo vestido de traje a dar la Sagrada Comunión a un grupo de señoras, entró gritando la criada que venía la policía. Las damas se espantaron, pero el padre las tranquilizó, les ordenó repartirse por la casa. Acto seguido se guardó el Santísimo en el pecho y encendió un cigarrillo.
Entonces entró un grupo de agentes.
¡Aquí hay culto público!-dijo el jefe.
No la amuelen-replicó el padre.
Sí, señor, aquí hay culto público, acompáñenos a revisar la casa.
Total que el padre los acompañó, pero no conocía la casa, y cuando después de mil vueltas y un buen rato no encontraban al dichoso curita, el padre les dijo con desenvoltura:
Bueno, caballeros, se me hace tarde, quedé en salir con mi novia, y la verdad no tengo tiempo para esperar a que atrapen a ese desvergonzado sacerdote que se está burlando de ustedes…

-En otra ocasión llegó vestido de saco y con sombrero a una casa donde lo esperaba un grupo de católicos. Pero al doblar la esquina para llegar vio dos policías apostados en la entrada. No podía retroceder, pues los policías lo hubieran notado, así que se adelantó, se abrió levemente el saco, como enseñando una placa, y les dijo con severidad:
¡Aquí hay gato encerrado!
Los dos agentes se cuadraron de inmediato, con saludo militar, y él, muy serio, entró en la casa. Ahí los fieles le suplicaron que se marchara, que era muy peligrosa su estancia, y el padre se burlaba diciéndoles:
Pero queridos, ¿Cuál es el peligro? ¡La policía en persona nos cuida la casa!
De todos modos le pidieron que mejor se fuera, y se salió, recibiendo nuevamente dos hermosos saludos militares de parte de los soldados.

-Otra vez, al irlo persiguiendo la policía, él dio vuelta a una esquina y se encontró con una señorita conocida suya. De inmediato le guiñó el ojo y la tomó del brazo; ella le siguió el juego, y se fueron, riendo y platicando como dos enamorados amantes. Los policías, al ver tal cuadro, se quedaron confusos, y los dejaron ir. Más tarde su oficial superior, al serle descrito “el novio” de la peculiar pareja, les dijo furioso: ¡Ese era el cura Pro!

Así es como, usando su ingenio y su agudeza, el p. Pro burló en numerosas ocasiones a la policía, continuando con su ministerio.
El 23 de septiembre se ofrece solemnemente a Dios como víctima por la salvación de la fe en México, por la paz de la Iglesia y la salvación de Calles. Con él se ofrece la abadesa Concepción Avecedo de la Llata, de quien tendremos ocasión de hablar más detalladamente, al tratar el asesinato de Obregón.
Para hablar del martirio de Miguel Agustín Pro; conviene pasar al siguiente punto.

-El atentado dinamitero contra el gral. Álvaro Obregón: La Persecución había arreciado a lo largo del mandato presidencial de Calles. Detrás de él, Obregón seguía manejando la política nacional, y trató de obtener un arreglo con la Iglesia, debido a que la imagen de México a nivel internacional empezaba a ser objeto de sospechas. La prensa, amordazada, no publicaba casi nada de lo que ocurría en México, y durante mucho tiempo se ignoró la gravedad de la situación.
Obregón podía contar con las ansias de paz de algunos obispos, especialmente Leopoldo Ruiz y Pascual Díaz. Al gobierno le empezaba a urgir terminar con la rebelión cristera, la cual amenazaba con ser más dura, debido al ingreso del general Enrique Gorostieta a las filas cristeras. Unas reuniones con prelados en San Antonio, Texas, no tuvieron éxito debido a la vigilancia de Mons. Mora y del Río, quien no se dejó engañar por las artimañas obregonistas. Obregón intentó enviar un delegado a hablar con el Papa, para, mediante engaños, hacer que se declarara en contra del movimiento de resistencia católica.
Pero Pío XI se negó a recibir a los delegados, y sencillamente despreció las melosas mentiras de quien había expulsado de México a su delegado apostólico Mons. Filippi. Tanto a Calles como Obregón les empezaba a cansar el asunto cristero, mucho más peligroso de lo que ellos habían imaginado, pero cuando Mons. Pascual Díaz fue a Roma, a ver si gestionaba la paz, el Ilmo. Mons. Mora y del Río protestó, y Roma respondió una vez más negativamente.
A los anticristianos se les empezó a meter en la cabeza la idea de vengarse del Papa, luego del desaire a los delegados enviados por Obregón.

Mientras tanto, Obregón se aprestaba a volver a la presidencia. Por órdenes suyas, Calles hizo que el Congreso reformara la ley, y con hipócrita desdén por los principios “sacrosantos” de la Constitución de 1917, la reformaron de modo que la reelección era permitida por una sola vez, no para periodo inmediato, es decir, no durante 6 años. Ahora, con esa reforma, Obregón podía volver a ser presidente, y Calles también luego de él, de modo que a los católicos les aguardaba la perspectiva de ser gobernados 12 años más por esa mancuerna de salvajes.
Los católicos se sintieron desalentados con la noticia, y empezó a gestar en algunos el pensamiento de tiranicidio. Todos los católicos sabían que Obregón era el máximo enemigo de ellos. En la Biblia encontramos a las tiranicidas Jael y Judith, y un grupo de acejotaemeros de dispuso a ejecutar al tirano Obregón.

El jefe de ellos era Luis Segura Vilchis, ingeniero que trabajaba en la Compañía de Luz y Fuerza Motriz, y a quien mencionamos anteriormente, ya que participó en la defensa del Centro de Estudiantes Católicos, en 1922. Primero construyó una bomba con la cual intentó dinamitar el tren presidencial, pero fracasó en su intento, debido a que Obregón venía en un tren de pasajeros, y Segura no quiso matar inocentes por un culpable.
Para las siguientes elecciones, le surgieron dos rivales a Obregón, los generales Francisco Serrano y Arnulfo R. Gómez. Ambos fueron asesinados para quitarlos de en medio, a principios de noviembre de 1927; con lo que Obregón iba hacia la presidencia con las manos manchadas de sangre.

Mientras tanto, Segura Vilchis tenía ya un cristero y dos acejotaemeros dispuestos a ayudarle: el cristero era José González, y los otros dos Nahúm Lamberto Ruiz y Juan Antonio Tirado Arias. En complicidad con su jefe, Manuel Velázquez Morales, Segura fabricó unas bombas para ser lanzadas a mano. Pidió a la Liga un coche, aunque sin informar para qué -los únicos al tanto de su plan eran su jefe y su equipo inmediato-. La Liga gestionó que Humberto Pro, hermano del p. Miguel, cediera a Luis Segura un viejo automóvil Essex placas 10101, mientras que a él le entregaron un Studebaker. El Essex estaba a nombre de Daniel García, seudónimo de Roberto Pro, el otro hermano del padre. Ignorantes de todo el plan, se gestionó el cambio de coches, y José González recibió el Essex.

El 13 de noviembre de 1927 llegaba Obregón a la ciudad de México, proveniente de Sonora, con todo su equipo electoral y su estado mayor. Los conjurados se reunieron, aunque Velázquez Morales, viendo que tardaban en ir por él, se marchó a la Villa de Guadalupe. Mientras tanto, José González estaba al volante del Essex, junto a él Segura, atrás Tirado y Ruiz.
Obregón había llegado en el tren a la 1 de la tarde, y se marchó a su domicilio en la Avenida Jalisco 196. Gonzalez propuso matarlo a puñaladas cuando saliera, pero Luis Segura decidió seguir con el plan. A las 2 Obregón salió, y junto con los licenciados Bay y Orcí subió a su automóvil Cadillac, decidido a pasear un rato antes de ir a la corrida de toros de la tarde, organizada en su honor.
El Cadillac se dirigió al bosque de Chapultepec, seguido por el Essex. Detrás del Cadillac iba el automóvil de los guardaespaldas del caudillo, dirigidos por el coronel Jaime. Ambos carros se enfilaron por la Fuente de las Ranas y siguieron por Chapultepec.
Justo al llegar a la Calzada de los Filósofos, el Essex emparejó al Cadillac, Segura arrojó una bomba, Nahúm arrojó la suya y de inmediato vació su revólver contra el auto de Obregón. Se hizo una gran humareda, saltaron cristales rotos, Obregón, sumamente pálido, buscaba en vano su revólver.
Creyendo haber logrado su cometido, Segura Vilchis ordena la fuga, y el Essex sale con dirección al Paseo de la Reforma. Obregón y sus amigos se dan cuenta de que son víctimas de un atentado.
Sin embargo, nadie resultó herido de gravedad, Obregón sólo sufrió unos rasguños, y a las preguntas de sus acompañantes, respondió con enojo:
¡Yo estoy bien, agarren a esos!

De inmediato, los guardaespaldas de Obregón, en el segundo auto, se lanzan en persecución del Essex. Ambos autos salen de Chapultepec y enfilan por Reforma. El coronel Jaime no deja de disparar contra el Essex, y finalmente una bala abre un agujero en el tanque de gasolina. En la Glorieta del Ángel, Segura ordena a González torcer hacia la derecha, y por Florencia y Liverpool alcanzan la avenida de los Insurgentes. Nahúm Ruiz, en el asiento trasero, se asoma por la ventanilla y recibe un balazo que le atraviesa la cabeza; sin decir palabra se inclina sobre Tirado, manchándolo de sangre.
Al llegar a Insurgentes, se les acerca un vehículo Ford, Segura Vilchis ordena provocar un choque contra el, en la esquina de Insurgentes y Liverpool. Se detienen los coches por el choque, y se arremolina la gente. Segura Vilchis salta del Essex y huye rápidamente. González hace lo mismo pero en otra dirección. Tirado intenta huir, pero su ropa manchada de sangre llama la atención de la policía, y él y Nahúm Ruiz son apresados. El primero es llevado a la Inspección y el segundo al Hospital Juárez. Mientras tanto, Segura Vilchis se presentó ante la Liga a dar cuenta de su misión. Posteriormente tomó el tranvía de Tacubaya y llegó a la plaza de toros cuando empezaba la corrida. Con gran consternación vio llegar a Obregón, lo que le probó el fracaso del atentado; pero aun así se acercó al caudillo, lo saludó e intercambió con él varias palabras, para crear una coartada.

La noticia del atentado contra Obregón causó conmoción en el país. La familia Pro lo supo hasta en la noche, y todavía no se preocuparon, sino hasta el día siguiente, cuando en los diarios Humberto se enteró de que los dinamiteros iban en el Essex placas 10101. Como el automóvil había estado en su poder, era de presumir que la policía dirigiría sus sospechas hacia él.
En la Inspección, Juan Tirado fue torturado brutalmente, pero fiel a su consigna acejotaemera, Tirado no dijo absolutamente nada, y desde su arresto hasta su muerte fue imposible arrancarle confesión alguna. La policía hizo correr, años después, la versión de que se engañó al herido Nahúm Ruiz, cuando un policía se hizo pasar por su hermano, y Ruiz le habría dicho que avisara al ing. Luis Segura y a los señores Pro que se escondieran, versión falsa, por supuesto, desde el momento en que Ruiz desconocía la suerte de Segura, y su estado de gravedad era tal, que falleció el 20 de noviembre.

Calles y Obregón cursaron de inmediato la orden de detener a cuanto implicado se pudiera descubrir en el atentado. El jefe militar de la capital, gral. Roberto Cruz, y el jefe policiaco José Mazcorro dirigieron la investigación, y para la ejecución de las pesquisas, Mazcorro nombró a Álvaro Basail y Valente Quintana.
Antes de morir Ruiz, su esposa Luz del Carmen hizo declaraciones, entre otras, que el jefe de su marido en la Liga era el ingeniero Segura Vilchis. Y la policía se dirigió hacia él.

El día 17 Basail llegó a la Compañía de Luz y Fuerza ante el joven de 23 años de edad:
¿Es usted el ingeniero Luis Segura?-preguntó.Sí, señor, para servir a usted.Vengo, ingeniero, con una molestia. Soy agente de la Inspección General de Policía. Basail miró fijamente a Segura, quien permaneció inmutable.
El señor general Cruz-prosiguió Basail.- Me ha encargado que suplique a usted pase a verle, para un asunto de importancia.
Se fueron hacia la Inspección, y ahí llevaron a Segura ante el general Cruz.
Mucho gusto en conocerlo, ingeniero-le dijo Cruz.- Siéntese, ingeniero, me he permitido molestarlo para hacerle algunas preguntas.
Sí, mi general, estoy a sus órdenes.Ingeniero, ¿Qué sabe usted del atentado al general Obregón?Lo que dice la prensa, general.¿Nada más?Nada más, mi general.
Y, ¿podría decirme usted qué hizo el día 13?
No lo podré hacer con mucho lujo de detalles, porque no pensé que fuera a serme de utilidad alguna. Pero verá usted. En la mañana fui a misa…
¿A misa?
Sí, señor, a misa.
¿A dónde?
General, me va a permitir guardar el secreto, porque sé la pena en la que incurren las personas en cuyos domicilios se dice misa.
Muy bien, pero dígame, ¿es usted católico?
Sí señor, católico, apostólico y romano.
Continue…
Después de misa fui a comer a mi casa, y como las dos de la tarde me fui a los toros. Va usted a ver, porque aquí traigo el talón del boleto. ¡La corrida fue monumental! Estaba yo cerca del general Obregón; me acuerdo que brindaron a usted un toro. Después de la corrida me fui a comer a un restorán cercano, luego fui a casa, y en la noche al teatro.

Con estos detalles Cruz ordenó que Segura permaneciera prisionero, mientras el general Obregón avalaba la coartada.

-¡Viva Cristo Rey!: Al principio la policía estaba desorientada. El mismo Obregón no estaba seguro de la procedencia del atentado, y sospechaba inclusive de Calles. Pero la policía cateó un domicilio en la calle de Alzate, indicado por la esposa de Nahúm Ruiz, y al encontrar allí material para preparar bombas, consignaron a las señoritas que habitaban la casa. Estas ignoraban todo, pero sabían que la casa pertenecía una señora Josefina Montes de Oca, quien les había prestado la casa por mediación de un joven llamado Humberto Pro. Al momento de salir el apellido Pro, la policía recibió órdenes de arrestar a los tres hermanos.
Estos, por precaución, habían abandonado su domicilio y se refugiaron en casa de la señora María Valdés, en la calle de Londres número 22, donde se tomó la decisión de que Humberto y Roberto se irían a combatir con los cristeros.
Mientras tanto, Basail y Quintana habían detenido a la señora Montes de Oca, y luego interrogaron a su hijo José, un atolondrado muchachito que había asistido al refugio de los Pro. Mediante amenazas, los policías le hicieron confesar que la casa donde se encontraba el dichoso Miguel Pro, era la de Londres 22.
Ese mismo día la policía empezó a rondar cerca de la casa de la señora Valdés, y en la madrugada del 18 de noviembre un piquete de soldados se introdujo en la casa y derribó a golpes la puerta del cuarto donde dormían los hermanos Pro.
¡Nadie se mueva!-gritaron.
Miguel se dirigió a sus hermanos:
Arrepiéntanse de sus pecados como si estuvieran en la presencia de Dios.- Acto seguido pronunció la absolución sacramental y prosiguió:
Desde ahora vamos ofreciendo nuestras vidas por la religión en México y hagámoslo los tres juntos para que Dios acepte nuestro sacrificio.
Salieron escoltados por los soldados, y Basail se dirigió a la señora Valdés:
¿Sabía usted que escondía en su casa a los dinamiteros?
Lo que yo sé-replicó ella.- Es que escondía a un santo.
El Padre Pro intervino:
Esta señora es inocente. Déjela usted tranquila y haga de nosotros lo que quiera.- Se volvió hacia la señora Valdés. .- ¡Me van a matar!-le dijo.- Le regalo a ud. mis ornamentos sacerdotales.
Nada de eso-dijo Basail.- Nada tienen que temer ustedes en la Inspección.
Pero el p. Pro ignoró el comentario. La señora le obsequió un sarape, él le dejó sus ornamentos y un cilicio, y acto seguido los tres hermanos fueron llevados a la Inspección de Policía. Allí el padre regaló su sarape a Juan Tirado, quien estaba enfermo por las torturas de que había sido objeto. Encontraron también a Segura Vilchis, pero siguiendo la consigna acejotaemera, ni él dio muestras de conocerlos, ni ellos a él.

Se inició un proceso que al principio fue regular. Los hermanos Pro no podían decir más que la verdad: que ellos no tenían absolutamente nada que ver en el atentado. La evidente inocencia de los Pro hizo que se pensara en dejarlos libres bajo fianza. Pero el día 21 Calles y Obregón ordenaron tajantemente a Cruz que fueran fusilados.
Cruz les hizo ver que tenían que dar al menos alguna apariencia de legalidad al proceso.
¡No quiero formas, sino el hecho!-replica Calles.
¿No convendría asignar a los acusados a un tribunal?-sugiere Cruz.
He dado mis órdenes-se exaspera Calles.- A usted no le corresponde sino obedecerlas. Y volverá para darme cuenta de haberlas cumplido.
Entonces, ¿qué hacemos con el acta de la Inspección?-insiste Cruz.
Obregón interviene:
¡Que acta ni que…! (suelta una expresión vulgar)
Cruz refirió años después dicha entrevista, atribuyendo todo a la fobia anticlerical de Calles.

Sin embargo, la inocencia de los Pro era clarísima. La clave de eso fue el propio Luis Segura Vilchis.
Se le informó a Obregón de que estaba preso Luis Segura, pero el tirano confirmó que se había encontrado a Segura en El Toreo, y que no pensaba que fuera uno de sus atacantes. El general Cruz informó a Segura que iba a ser puesto en libertad, pero entonces fue cuando Segura supo que quienes iban a ser ajusticiados, acusados por el atentado contra Obregón, eran los hermanos Pro. Su conciencia de cristiano y su honor de caballero le obligaron, pues, a confesar toda la verdad.
Y se dirigó a Cruz:
General Cruz, ¿me da usted su palabra de honor de que sólo serán sacrificados los responsables del intento de matar a Obregón, y de que serán puestos en libertad los demás presos que no tomaron parte activa en él y que están acusados de ser los autores y ejecutores del mismo, si le digo la verdad sobre este asunto?
Sí, ingeniero.
Pues bien, general: el autor, director y ejecutor del intento de ejecución del general Obregón, llevado a cabo el día 13, soy yo. En la realización del plan me ayudaron Nahúm Lamberto Ruiz y Juan Antonio Tirado Arias, los hermanos Pro Juárez nada tuvieron que ver en este asunto, pues ni supieron lo que yo iba a hacer, ni tomaron parte alguna en lo hecho por mí.
Usted se burla de mí, ingeniero. Su inculpabilidad está plenamente probada, y el mismo general Obregón ha declarado en su favor. Lo que usted pretende es que los Pro salgan en libertad absoluta por “falta de méritos”, para después que ellos estén salvos, argüir que es usted inocente, como lo es, y salir asimismo en plena libertad.
No general, no pretendo burlarme de usted. Quiero, sí, salvar a los Pro, porque es mi deber hacerlo así, ya que ellos no tienen responsabilidad alguna en el intento de ejecución de Obregón. Sé que mi confesión me costará la vida, pero es para mí un deber de conciencia, que seguramente usted no comprende, el proceder así. Si ustedes matan a los Pro, después de que yo les haya demostrado que son inocentes, ese será un crimen suyo, y ninguna responsabilidad tendré yo en él, como la tendría si no hablara. Y hablo en serio, general, y con la verdad en los labios.
Segura describió pues, toda la preparación y ejecución del atentado, de lo que se desprendía que éste fue realizado por él, por Ruiz, Tirado, y el chofer González, quien seguía prófugo.

Finalmente Cruz, con todos los detalles, no tuvo más que aceptar la declaración del ingeniero.
Pero, ¿por qué intentó usted matar a mi general Obregón?
Porque es un hipócrita perseguidor de mi fe, un asesino de católicos, un traidor a la Patria, a la que intenta destruir en beneficio de los Estados Unidos, al servicio de cuyo imperialismo está.
Entonces, ¿no se arrepiente usted, ingeniero, de haber intentado matar a mi general Obregón?
Si veinte vidas tuviera Obregón, veinte le quitaría para salvar al catolicismo y a la Patria de tan ominosa tiranía.
Vuelva usted a su prisión.
No olvide que soy el responsable de este asunto, y que reivindico para mí todas las consecuencias.
Vuelva usted a su prisión. Y así Segura Vilchis permaneció en prisión, pudiendo considerarse ya condenado a muerte, sin que por eso se liberara a los Pro, naturalmente. Al día siguiente, 19 de noviembre, vino la declaración formal del acejotaemero:

Me llamo Luis Segura Vilchis, tengo 24 años de edad, soy soltero, ingeniero topógrafo, natural de Piedras Negras, Coahuila, con domicilio en la casa número 6 de la plaza Juárez de Guadalupe Hidalgo, Distrito Federal. Yo preparé y planeé el atentado dinamitero contra el general Álvaro Obregón. Yo comprometí a mis tres compañeros, Nahúm Lamberto Ruiz, Juan Tirado Arias y José González, dos de ellos en poder de la policía y el último prófugo. Yo fabriqué las bombas en la casa número 144-A de la calle de Alzate, pero rehúso denunciar a la persona que me ayudó en ello. Fuera de las personas que tomaron participación directa en el atentado, ninguna otra supo del asunto hasta que los hechos fueron del dominio público.

¿Qué tenía pues, el gobierno, contra los Pro, y en concreto, con Miguel?
Nada, salvo el odio irracional de Calles hacia todos los sacerdotes católicos. El propósito de Calles y Obregón de vengarse del Papa, a raíz de las negativas de éste a negociar una “paz” hipócrita y falsa, los indujo a descargar, en la persona del padre Pro, una venganza sonora y revanchista. Las circunstancias son anómalas, se trataba de un sacerdote muy popular y querido entre los católicos, jesuita para colmar el plato, y su ejecución fue realizada con la participación de numerosos medios de publicidad, reporteros y periódicos, siendo que normalmente el gobierno hacía sus ejecuciones en secreto.

El señor cónsul de Argentina en México, Emilio Labougle, intercedió ante Calles por los Pro, y Calles aceptó desterrarlos, pero arteramente habría de violar su palabra. Ya por la noche del 22 de noviembre hubo mucho movimiento en la Inspección, se reforzó la guardia. A la medianoche bajó al calabozo el general Cruz, llevando consigo a Jesús Palomera López, un hombre de pésima reputación moral, apodado “el asesino de católicos”. Cruz señalaba los reos, Palomera los miraba de pies a cabeza y tomaba notas. Fueron fotografiados todos, uno por uno. Al p. Pro le dio muy mala impresión tal visita, y dijo a su hermano Roberto:
Quién sabe lo que quieren hacer estos señores, pero nada bueno ha de ser. Pidámosle a Dios resignación y fuerza para lo que sea, y resignémonos a lo que venga.

Por la madrugada el padre despertó y se tomó una aspirina. En las primeras horas del 23 de noviembre se escuchó movimiento por toda la Inspección, y a las 10 horas apareció en el calabozo el jefe de las Comisiones de Seguridad, Mazcorro, quien dijo en voz alta:
¡Miguel Agustín Pro!
El padre se puso de pie, por orden de Mazcorro se puso el saco, apretó la mano de Roberto y salió al patio de la Inspección.
No se les había dicho absolutamente nada a los prisioneros, por lo que al salir, y encontrar todo el aparato de ejecución, el padre se sorprendió, pero con toda calma caminó al paredón. El que lo llevaba, Valente Quintana, se acercó y le dijo:
Padre, le pido perdón por la parte que me toca en esto.
No solo lo perdono-respondió el padre.- Sino que le doy las gracias.
Condujeron al padre al lugar donde se hacían prácticas de tiro al blanco, donde estaban cuadros de madera recortados en forma de silueta humana.
Los encargados de fusilarlo, soldados de la Gendarmería Montada, formaron el cuadro y se dispusieron a recibir órdenes.
El mayor Torres le pregunta si tiene algún último deseo, y el padre responde:
Que me permitan rezar.
Torres se retiró, dejándolo solo, y luego de unos minutos arrodillado, el padre se colocó en posición.
Al grito de “¡Apunten!” abrió los brazos en cruz y gritó: –¡Viva Cristo Rey!
Recibió la descarga y se inclinó sobre su costado derecho, un sargento se acercó a darle el tiro de gracia.
El general Cruz, rodeado de sus lugartenientes y todo un séquito de fotógrafos y reporteros, presenciaba la ejecución.
Acto seguido se llevó a Luis Segura Vilchis. Segura palideció un instante al ver lo que le aguardaba, pero se repuso de inmediato, y con gallardía y serenidad avanzó al paredón. Frente al cadáver del p. Pro, fue el primero en rendir homenaje al mártir, inclinando la cabeza.
Posteriormente vino Humberto Pro, quien antes de morir tocó con reverencia el cadáver de su hermano, y finalmente Juan Tirado.

Desde la mañana se había acercado a la Inspección la señorita Ana María Pro, hermana menor de los reos. Se alarmó porque esa mañana no le habían permitido a su criada llevar el desayuno a sus hermanos. Vio a Quintana y Basail, quienes le prometeron conseguirle permiso para ver a sus hermanos. Entre la multitud que se había reunido, Ana María pudo escuchar hipótesis, como que los reos iban a ser enviados a las islas Marías, o bien a la Escuela de Tiro, para ser fusilados.
En ese momento llegaron cuatro ambulancias de la Cruz Verde, destinada a conducir cadáveres, y ya no le cupo la menor duda de que sus hermanos iban a morir. Escuchó cuatro descargas, que la llenaron de terror, pensando que ni uno de sus hermanos había sobrevivido. Finalmente supo que Roberto no había sido fusilado, esto debido a la intervención indignada del señor Labougle.
En el hospital Juárez Ana María se encontró con su hermano Edmundo, y luego llegó don Miguel Pro, padre de los ajusticiados. El anciano besó en la frente a sus dos hijos muertos, y dijo a Ana María, que sollozaba: –Hijita, no hay motivo para llorar.

Llevaron los cuerpos a la calle de Pánuco, donde fueron velados, reuniéndose una gran cantidad de gente. A las 10 de la noche tocaron la puerta y don Miguel, al abrir, se encontró frente a media docena de policías.
Se inquietó, pero los policías, descubriéndose la cabeza, y humildemente, le pidieron permiso para ver a los mártires. Se arrodillaron frente a los cadáveres y rezaron silenciosamente. Al salir dijeron a don Miguel: –Si algo se les ofrece a ustedes, cuenten con nosotros.
¡He ahí un homenaje digno de respeto!

Al día siguiente fueron sepultados en el Panteón de Dolores, con asistencia de una verdadera muchedumbre, y don Miguel, luego de arrojar la primera paletada de tierra sobre los ataúdes, exclamó:
¡Todo ha terminado! Los dos murieron por Dios, y de Dios gozan ya en el cielo, ¡Te Deum laudamus!
Posteriormente la familia sería desterrada a Cuba, junto con Roberto, salvado de la muerte. Sería él quien proporcionaría, años después, interesantes detalles del martirio.

El caso del p. Pro es el perfecto ejemplo del ODIO de Calles a la Iglesia y a todo lo católico; su vileza dio un insigne mártir a los católicos y a los cristeros, y sólo avivó más la aversión hacia Obregón, quien sería finalmente ejecutado -en el siguiente tema se estudiará eso-.
Muchos años después Calles cayó en desgracia, y luego de sufrir el destierro volvió a México, donde paseaba fuera de su casa completamente solo, él, que un día fuera el “Jefe Máximo” de la Revolución. Murió en 1945, siendo sepultado en el mismo Panteón de Dolores, a 100 metros de la tumba del beato Miguel Agustín Pro.
¡Siempre será triste el destino de los enemigos de Cristo!

Categorías:beatos y Santos