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La unidad y la diocesanidad en la Accion Catolica

LA UNIDAD Y LA DIOCESANEIDAD EN LA AC

Arq. Alejandro Madero. Presidente Nacional del
Consejo Nacional  Acción Católica Argentina

 

Uno puede pensar que resulta reiterativo volver sobre el tema de la Unidad cada vez que nos encontramos, sin embargo nos anima seguir profundizando sobre ella, la invitación de JPII a explorar cada vez más profundamente la riqueza de nuestro carisma .  Ciertamente la unidad es parte de nuestro carisma.

 Propongo tomar el tema desde tres aspectos distintos:

1-       La Unidad, condición de credibilidad

2-       La Unidad, característica de nuestra identidad

3-       La Unidad, síntesis de nuestra condición laical

1-La Unidad , condición de credibilidad

Una de las exigencias más importantes que el tiempo que vivimos reclama de nosotros, como individuos y como comunidad, es la vivencia de la unidad.

La vivencia de la unidad en la Iglesia y en la AC.

Para la Iglesia , la unidad es una condición de credibilidad. “ Padre, que sean Uno, como Tu y Yo somos uno, para que el mundo crea “ La petición de Jesús al Padre , que al mismo tiempo nos señala el modo de cómo está unidad tiene que ser.

“ La suerte de la Evangelización está ciertamente vinculada al testimonio de unidad dado por la Iglesia “ ( P VI, EN 77) Es testimonio y también garantía de su misión.

Quien da la vida, unidad y movimiento al cuerpo, es el Espíritu Santo. Es siempre el único e idéntico Espíritu, el principio de la variedad y de la unidad en la Iglesia. Es el que genera la diversidad.

Hoy esa unidad se expresa en la Comunión. Está en el espíritu de todos los documentos desde el  Concilio Vaticano II en adelante, Juan Pablo II y también nuestros obispos. “La comunión es el misterio de la Iglesia, que se presenta como un Pueblo congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. ( San Cipriano)

Esta comunión en la Iglesia es un gran don del Esp. Santo que los laicos estamos llamados a acoger con gratitud y a vivir con profundo sentido de responsabilidad.

Para la Acción Católica, esto pertenece a su identidad, vivir en plenitud la comunión eclesial en todas sus dimensiones. Ofrecer el testimonio de una comunión con el Papa y con los obispos, en disponibilidad para acoger sus enseñanzas doctrinales y sus orientaciones pastorales. Y también para hacer suyos, los planes pastorales de la CEA, y especialmente los planes pastorales diocesanos.

Esto es lo que nos caracteriza y distingue, pero al mismo tiempo nos compromete. Es nuestro modo de ser Iglesia.

“ Habéis elegido vivir para la Iglesia y para la totalidad de su misión”

“ La Iglesia os necesita porque habéis elegido el servicio a la Iglesia particular y su misión, como orientación de vuestro compromiso apostólico…..” (JP II)

Ya en Santo Domingo , decían los obispos, “ las asociaciones de apostolado son legítimas y necesarias…., y siguiendo la orientación del Concilio, se reconoce un lugar especial a la Acción Católica, por su vinculación profunda con la Iglesia particular”

La identidad de la Acción Católica, se define por su referencia a la Iglesia particular, y también por su referencia a la comunión de las diversas Iglesias particulares.

Quien expresa esta vinculación especial con la Iglesia particular, es el Consejo Diocesano. Y lo hace y debe hacerlo sin disminuir lo específico de la Acción Católica, asumir como propia la totalidad de la misión. Aquí es donde el diálogo se convierte en un instrumento natural para confrontar los diversos puntos de vista y sobre todo para examinar las divergencias que obstaculizan la comunión.  Diálogo con el Pastor, Diálogo entre los dirigentes. Esta cercanía permitirá conocer que es lo que piensa el Pastor, qué espera de nosotros y recíprocamente.

 A lo largo de su historia, la Acción Católica ha ido adaptando su organización para expresar más adecuadamente y hacer más vivencial la unidad.

Este fue el sentido de las modificaciones principales de los estatutos del año 1977, cuando dejó de ser una unión de federaciones para ser una conducción centralizada, y 5 ramas de atención a las realidades particulares.

Más adelante en el año 1993, experiencia de la que casi todos los que aquí estamos hemos participado, se hicieron las modificaciones que hoy vivimos, con el deseo de expresar aún más la unidad.

Acción Católica una, porque uno es el carisma que nos congrega, una es la vocación a la que fuimos llamados.

Una es la Acción Católica , que se encarna en una comunidad ya sea nacional, diocesana o parroquial, para servirla desde su propia especificidad, con iguales fines y características  . Como hemos repetido varias veces, no hay una Acción Católica nacional, otra de tal o cual diócesis o parroquia, sino una Acción Católica. La Acción Católica Argentina en este caso. Digo así, porque al participar de la experiencia internacional, encontramos con otras realidades de AC, que responden a otros modos de organización.

Esta unidad de carisma, de identidad no se da sola. Es tarea y desafío de todos y de todos los días, sin importar el lugar que nos toca ocupar. Desde el grupo, la parroquia, la diócesis , el nacional. Cada uno debe aportar lo propio para el crecimiento de la comunión.

2- La Unidad, característica de nuestra identidad.

Según la tercera nota que nos caracteriza, los laicos en la Acción Católica trabajan unidos a la manera de un cuerpo orgánico, de modo que se manifieste mejor la comunión de la Iglesia y resulte más eficaz el apostolado. ( AA 20)

Trabajar unidos. Este es nuestro modo de ser.

Hay  Acción Católica si hay unidad en cada nivel y entre los distintos niveles. Unidad que surge y es fortalecida entre todos los grupos que la componen. Desde el aprecio y el respeto de unos por otros.

Unidad que asume lo específico de cada Área y equipo, para enriquecer el conjunto. Es desde esta unidad desde donde se asume la misión general de la Iglesia.

En consecuencia con esto, ningún grupo de Acción Católica es el solo, por separado, la Acción Católica. La Acción Católica es el conjunto de todos los grupos que la integran. Esto recuerda el Proyecto Institucional, cuando  menciona la singular forma de ministerialidad, afirmando que es así, porque el sujeto sobre quien recae el mismo fin apostólico de la Iglesia  realizado a modo de cuerpo orgánico, no es cada miembro o grupo , sino la Institución en su conjunto.

Trabajar unidos exige esfuerzo y renuncia, y muchas veces paciencia. Para esperar los momentos, las personas, el momento del Espíritu.

Presupone un diálogo superador de diferencias y disensos en el espíritu de comunión, que no anula la diversidad.

Si el Consejo vive y se articula como cuando era una Junta, la unidad resultará costosa.

Si las Áreas se manejan como cuando eran ramas, también. Las Áreas son expresiones y articulaciones de una sola Institución.

La Unidad se expresa a través del Consejo, que es una comunidad que conduce y se hace operativa en las diversas acciones de las Áreas y en el nivel parroquial de los grupos de militancia y de la atención de los miembros extraordinarios.

La Unidad no es simplemente estar juntos. Esto es muy bueno , pero no alcanza.

La Unidad no es uniformidad. No significa que todos hagamos lo mismo. Pero por lo menos intentar hacer algo juntos.

 

3-La Unidad , síntesis de nuestra condición laical

A qué me refiero con esto?

A la unidad que debe haber entre nuestras vidas y nuestra fe.

Cómo vivimos esa condición de ser  miembros de la Iglesia y ciudadanos del mundo.

En esto tiene que estar puesto todo el empeño formativo. Afianzar en cada uno de nuestros militantes, la dimensión eclesial y la dimensión secular, para que sus vidas sean reflejo de verdadera unidad.  Como militantes, como dirigentes, que al mismo tiempo son  hijos, padres, estudiantes, profesionales, empresarios, trabajadores, etc.

En este punto Juan Pablo II aporta un aspecto para ver la unidad desde otro ángulo.

 “Habéis elegido seguir en forma asociada, es decir unidos, el ideal de la santidad en la Iglesia particular……” La vocación a la santidad es universal, pero nosotros hemos elegido transitarla juntos en la Acción Católica. Compartir esta escuela de santidad significa redescubrir el Don de Dios que nos permite encontrarnos de una manera más profunda con mi hermano, con los otros que son mis hermanos.

Que este camino de santidad, sea nuestra forma de hacer crecer la unidad en la Institución y en la Iglesia.

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