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Exigir para educar

Exigir para educar POR PEDRO J. BELLO GUERR A Periódico AM Querétaro, 15/02/09 Hace algunas semanas fui de excursión con unos amigos a la montaña, llegamos a una cabaña muy bonita, en un lugar precioso en la Sierra de Puebla; llegando al refugio, la señora nos puso a limpiarlo todo para que estuviera presentable y así estuvimos durante un largo rato; iba con nosotros Marco, su hijo pequeño, de 4 años de edad. Mientras Lorena, que as í se llama mi amiga se ponía a limpiar las telarañas y a quitar las arañas que había en los rincones, de repente se escuchó el grito de Marco que decía: -Mami, no mates a las arañas pequeñas por favor. Todos nos sorprendimos por la fuerza de su comentario y detuvimos lo que estábamos haciendo en ese momento. Mientras su mámale dijo: -¿No ves que feas son? -Sí, pero para sus mamas son bonitas, lo mismo que yo para ti. Esta pequeña historia nos ayuda a centrarnos en el tema de hoy: Exigir para educar. ¿Qué es lo hermoso o valioso qué buscamos en las personas? ¿Lo físico? ¿Su dinero? ¿Lo material? ¿Sus valores? ¿Qué es? Realmente lo que los padres quieren para sus hijos y todos queremos para nuestros seres queridos es que sean felices, pero la felicidad es una meta muy difícil de alcanzar, cuesta trabajo y solamente se alcanza con gran esfuerzo; mismo que en esta época que nos ha tocado vivir brilla por su ausencia, la gente no se exige y no exige a los demás. Se bebe demasiado, se permite lo que sea mientras se cuide el dicho “nada con exceso y todo con medida”; pero la verdad es que nos falta exigirnos y exigir a los otros. ¿Qué es exigir? Exigir es esforzarse en conseguir una meta que uno se ha planteado poniendo los medios adecuados para llegar a ella. La exigencia, entre otras cosas debe tener los siguientes componentes: Primero: La firmeza, que no tiene nada que ver con la rudeza sino con ponerse una meta y darle seguimiento ayudando a que las personas no se desvíen; sin importar nuestro estado de ánimo, porque a veces venimos eufóricos porque nos fue bien-en un negocio y entonces damos permisos que en condiciones normales no daríamos; o al revés, cuando estamos de malas no damos ningún permiso y con esto podemos hacer referencia a cualquier cosa en las relaciones. Debemos ser firmes, como los mástiles de los barcos que sostienen las velas sin importar la fuerza del viento. Para poder exigir el primer componente es la firmeza. El segundo componente es la constancia: cuando uno se fija una meta personal o que deben conseguir los hijos, empleados o gente que depende de nosotros; debemos ayudarles a no darse por vencidos con facilidad y para eso hay que revisar con ellos como van, su avance, cómo lo están haciendo, e ir inventando nuevas formas de hacer las cosas porque las formas anteriores no funcionan. Ahora no se le puede prohibir a un hijo no chatear, pero si puede uno sentarse con él a poner reglas y ver formas de que no tenga interacciones peligrosas; pero si dejamos a la gente y no les damos seguimiento, jamás conseguiremos que lleguen a sus metas. El tercer componente es la motivación. Se habla muchísimo de esto, motivar es mover hacia algo y si tenemos firmeza, constancia, pero no motivamos, podemos causar heridas, molestias, enojos, entonces debemos tener la habilidad de – en el momento adecuado – decir la frase necesaria como: “adelante”, “vas bien”, “no importa que retrocediste un poco, pero mañana lo lograras”, “confío en ti, sé que puedes”, “aunque hayas dicho una mentira, seque te equivocaste, pero no eres un mentiroso, se que no lo volverás a hacer”. Todo eso nos lleva al cuatro componente que es una buena comunicación porque todo lo anterior: firmeza, constancia y motivación no sirve para nada si no sabemos comunicar, que es algo que nos falta, comunicarnos con nuestros iguales, con los menores, con los mayores, para eso hay que saber escuchar y hablar en el momento adecuado, pero muchas veces hablar haciendo reflexionar al otro: “yo que tu haría esto, pero tu sabrás”; de tal forma que no obliguemos más que cuando sea necesario por el bien de la persona a la que mandamos; pero en los demás casos, vale la pena decir: “yo que tu en lugar de fumar una cajetilla al día, empezaría fumando cinco cigarros diarios para ir bajando un poco y así en todo. Seamos exigentes con firmeza, constancia, motivando y buscando nuevas formas de comunicarnos con los demás, así mejoraremos este mundo nuestro que tanto falta le hace la exigencia. jbellog@colegioalamos.edu.mx

Categorías:Cuentos para educar
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