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Los laicos católicos y la vida política

Los laicos católicos y la vida política

Artículo de la Revista Crecer

Desilusionados o indiferentes muchos son los laicos católicos, por no decir la mayoría, que miran la actividad política de costado y con cierto prejuicio. Si bien es cierto que los ejemplos cotidianos a veces nos alarman y nos defraudan, solo puede cambiar una realidad cuando personas valiosas se comprometen en ella con idoneidad y entusiasmo, el Documento de Puebla nos recuerda “La fe cristiana no desprecia la actividad política; por el contrario, la valoriza y la tiene en alta estima” (n. 514).

Juan Pablo II describía la política como “la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural destinada a promover orgánicamente el bien común” (Christifideles Laici, n. 42)., el Santo Padre insistía en el papel que corresponde a los laicos:”Los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política… Todos y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en la vida política, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades.

De allí que los laicos debemos asumir el desafío de estar presentes, tanto en la actividad política considerada en su sentido más amplio -y aquí a nadie le es lícito permanecer indiferente- como en el sentido más estricto de “política de partido”.

Un partido político es un “grupos de ciudadanos que se proponen conseguir y ejercer el poder político para resolver las cuestiones económicas, políticas y sociales según sus propios criterios o ideologías” (Puebla, n. 523). Los cristianos que se sientan llamados al compromiso político como una exigencia de su bautismo, encuentran “en la enseñanza social de la Iglesia los criterios adecuados, a la luz de la visión cristiana del hombre” (Puebla, n. 525).

Los partidos políticos

Ahora bien, a la hora de elegir un partido en el cual participar, los laicos no han de buscar recetas mágicas en las enseñanzas de la Iglesia, sino recurrir a ellas para elegir, haciendo uso de su libertad y con rectitud de conciencia, aquel que según criterio propio, canalice de modo más oportuno acciones acorde a los principios que nuestra fe nos propone para promover la dignidad humana de todos y cada uno de los hombres, en especial del más desprotegido.

En la encíclica Sollicitudo rei socialis, Juan Pablo II recordaba que la Iglesia no dispone ni propone sistemas o programas políticos o económicos, ni manifiesta siquiera preferencias por unos o por otros, con tal de que la dignidad del hombre sea respetada y promovida. Ahora bien, como afirmaba a su vez Pablo VI en su encíclica Populorum progressio, la Iglesia es experta en humanidad y como tal le compete extender necesariamente su misión religiosa a los diversos campos en que los hombres y mujeres desarrollan sus actividades, por lo cual nos recuerda aquellos principios que hemos de tener claramente presente en el ejercicio de la acción política, sea ya ciudadana o partidaria.

La formación en Doctrina Social de la Iglesia es para los laicos un camino que ayudará en el discernimiento de los principios directrices, desde los cuales se propondrán las estrategias y proyectos factibles de hacerlos concretos de modo tal que sirvan a las construcción de estructuras sociales humanizadoras.

Además el encuentro y diálogo entre católicos que participan activamente o se identifican con diferentes partidos políticos beneficiará la búsqueda de caminos comunes, que lejos de sembrar divisiones opositoras posibiliten puntos de convergencia, contralor en las acciones propuestas, alternativas de acuerdos para promover en sus propios espacios el respeto por las cuestiones éticas fundamentales de la vida social.

De allí que las redes de políticos de diversos partidos, los encuentros o foros pueden ser instrumentos que faciliten el ejercicio de la vida política desde una actitud madura, positiva, de respeto y búsqueda del bien común.

A la hora de votar.

Cuando se acercan las elecciones, muchas veces nos asalta cierta incertidumbre, desconfianza y hasta desgano, entonces el ejercicio de votar se vuelve más que una acción responsable y concientemente asumida, un deber mecánico tomado a veces hasta la ligera, sin un previo ejercicio del análisis y la opción.

Para que esto no suceda, tal vez sea bueno tener presente estos criterios como punto de partida:

1.   No descanse su voto solamente en la afiliación a un partido político, en sus anteriores hábitos de votación, o en la tradición de votación familiar. Años atrás estas eran maneras confiables para determinar por quién se podía votar, pero hoy no son de fiar. Debe mirar a cada candidato y a su programa de gobierno, aun eligiendo en una misma votación candidatos de diversos partidos para las diferentes funciones que se elijan: ejecutiva o legislativa.

2.   No emita su voto por la apariencia o la personalidad del candidato, o por su astucia ante los medios de comunicación. Discierna la propuesta que realiza, analice su coherencia, repase si es posible su trayectoria.

3.   No vote por los candidatos sólo porque se declaren cristianos. A veces esto no es más que otra estrategia de “marketing político” o una adhesión a la fe por su tradición lo cual no implica de por sí que su proyecto o estilo de vida encarne la propuesta de la doctrina social de la Iglesia o su compromiso público desde la fe.

4.   Tome su decisión sobre los candidatos que parecen más dispuestos a promover el bien común, muchas veces miramos solo desde una perspectiva individualista acerca de lo que nos beneficiará a nosotros mismos, como personas o sector social, dejando de lado otras variables para el análisis del bien común de la sociedad de la que formamos parte.

5.   El voto suele ser tomado como un premio o un castigo, sin embargo se ha de vtar desde una actitud positiva tratando de elegir aquella propuesta y los representantes que a conciencia parezcan más idóneos para llevarlos adelante.

6.   Infórmese directamente leyendo las plataformas de gobierno, lea artículos relacionados a los candidatos acerca de sus diferentes posturas, no se deje llevar por la publicidad, las campañas o la información mediática que no siempre es objetiva o imparcial. Lea, escuche y realice un ejercicio personal de discernimiento.

Benedicto XVI nos recuerda algunos principios
Benedicto XVI en marzo de este año, recordó ante parlamentarios del Partido Popular Europeo algunas ideas que nos ayudan a reflexionar acerca de porque desde la fe misma, tenemos derecho de expresar nuestras creencias,: Dijo en aquella oportunidad “Cuando las Iglesias o las comunidades eclesiales intervienen en el debate público, expresando reservas o recordando principios, esto no es una forma de intolerancia o una injerencia, pues estas intervenciones buscan únicamente iluminar las conciencias, para que las personas puedan actuar con libertad y con responsabilidad, según las auténticas exigencias de la justicia, incluso cuando esto pueda entrar en conflicto con situaciones de poder y de interés personal”.

Recordó también tres principios de vital importancia a sostener, proponer y defender en la vida pública. Ellas son:

— “protección de la vida en todas sus fases, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural”;

— “reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa frente los intentos de hacer que sea jurídicamente equivalente a formas radicalmente diferentes de unión que en realidad la dañan y contribuyen a desestabilizarla, oscureciendo su carácter particular y su papel social insustituible”;

—  “la protección del derecho de los padres a educar a sus hijos”.

El papa Benedicto XVI aclaró que estos principios no son verdades de fe, sino que se inscriben en la naturaleza humana. Por lo tanto, “la acción de la Iglesia al promoverlos no tiene un carácter confesional, sino que se dirige a todos, independientemente de su afiliación religiosa

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