Inicio > DSI > Cualidades del político

Cualidades del político

Cualidades del político
Si el político es el que tiene capacidad subjetiva para su quehacer propio, es decir, para la tarea de gobernar, aquélla requiere determinadas cualidades, sin las que resulta imposible que el hombre que responde afirmativamente al llamamiento satisfaga las exigencias de su vocación.
Siguiendo en parte a Leopoldo-Eulogio Palacios en su libro “La prudencia política” (Editorial Gredos, Madrid, 1978, págs. 119 y ss.), las cualidades de los políticos han de ser, en el orden cognoscitivo y en el preceptivo, las siguientes:
a) De orden cognoscitivo:

  • • Buena memoria que le depare una información correcta del pasado;
  • • Intuición que le permita contemplar sin dificultades el presente;
  • • Profetismo que le faculte para vislumbrar y gobernar de cara al futuro;
  • • Docilidad que le haga prestar atención al magisterio de otros;
  • • Agilidad mental que sin perjuicio de ese magisterio, le habilite para el estudio;
  • • Razón industriosa que le facilite el uso hábil de los conocimientos adquiridos.

b) De orden preceptivo:

  • • Circunspección para atender a las múltiples y variantes circunstancias de tiempo y lugar;
  • • Cautela para evitar los obstáculos, distinguir el amigo del enemigo público, lo que es nocivo y lo que es útil a la república;
  • • Valor sereno ante el peligro;
  • • Voluntad para superarlo.
  • • Mística y acción del político

El político auténtico sabe conjugar, casi de modo intuitivo, la mística con la acción sobre la materia fluida en que la misma acción se proyecta; y tal conjunción se produce porque la mística no se identifica con el mito, que es falso, sino con lo místico, que, no obstante permanecer oculto e invisible, es verdadero. De esta forma, el político por vocación no deserta, aunque trepide su intimidad profundamente sensible ante la obra ardua y jamás conseguida de informar plenamente y de conformar de un modo absoluto los materiales que se le ofrecen según el arquetipo doctrinal que admira y desea.

El político puede y debe tener, en determinadas circunstancias, espíritu revolucionario, pero no debe ser tan sólo un revolucionario. El político que es tan solo un revolucionario, no realiza jamás la revolución proyectada, porque, falto de visión o su puesto lo ocuparan quienes gozan de talento práctico, o, siguiendo al frente de la misma, la convierte en un caos que acaba resolviéndose con la tiranía.

El político auténtico, y me refiero al político cristiano, conjuga igualmente el “finis operis” con el “finis operantis”, es decir, el fin de la obra política, con sus leyes propias, que a veces permiten calificarla de neutral, como una ley de transportes que podría subscribir un político ateo, y el fin que el político se propone con esa ley, y que no es otro, en nuestro caso, que un servicio al bien común.

El político se entrega a su labor con ánimo de sacrificio. Sabe que aquél que se mete a redentor es crucificado y, no obstante, acepta de antemano la crucifixión, con tal, si es posible, de redimir. Ese espíritu de servicio y de sacrificio de que hablaba un gran pensador, le hace traspasar plenamente su vocación de las virtudes cardinales.
Autor: B. P. L | Fuente: http://www.arbil.org


Autor: Winston H. Elphick D.

http://www.discipulomisionero.com/detalle.php?id=MTY2
SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.

Anuncios
Categorías:DSI
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: