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Lectura actualizada de las «notas» de la A.C.

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Lectura actualizada de las «notas» de la A.C.

Fuente: Acción Católica Española Documentos

La Acción Católica se ha realizado históricamente en formas concretas. Como es habitual, las formas concretas que ha encarnado la Acción Católica en el pasado han respondido a lo esencial de su más honda naturaleza.

La más honda y substancial naturaleza de la Acción Católica está constituida por las cuatro Notas que el Concilio Vaticano II sancionó autorizadamente como definitorias de la Acción Católica en el Decreto sobre Apostolado de los Seglares (AA 20). Estas cuatro Notas conjuntamente la identifican como organización singular del Apostolado Seglar en la Iglesia.

Pretendemos recoger lo sustantivo de cada una de esas cuatro Notas para distinguirlo de las formas concretas, y por ello accidentales, en las que la Acción Católica se ha encarnado a través de su historia. Este esfuerzo nos ayudará, sin duda, a encontrar la configuración peculiar que hoy ha de adoptar la Acción Católica para responder a la sensibilidad y exigencias del presente sin traicionar su naturaleza e identidad.

PRIMERA NOTA: APOSTOLICIDAD, ECLESIALIDAD DE LA ACCIÓN CATÓLICA

«El fin inmediato de estas organizaciones es el fin apostólico de la Iglesia, es decir, la evangelización y “santificación de los hombres y la formación cristiana de sus conciencias de tal manera que puedan imbuir del espíritu del Evangelio las diversas comunidades y los diversos ambientes” (AA 20, a).

En la fisonomía genuina de la Acción Católica se destaca su «eclesialidad». Sin esta referencia a la Iglesia, manifiesta y vivida, no existe la Acción Católica.

El camino recorrido desde los comienzos de su historia ha sido una larga experiencia, realizada con la fuerza del Espíritu Santo. Ha sido un aprendizaje para la teología del laicado, como si primero hubiera sido la vida y después la teología. El proceso se inició describiendo a la Acción Católica como una «participación en el apostolado jerárquico de la Iglesia». Posteriormente se habló de «una cooperación» con él (cf. AA 20). Hasta descubrir que la relación radical es, ante todo, con la misma Iglesia. Este arranque del Concilio es luminoso.

A la luz del Vaticano II y de la experiencia vivida por los Movimientos destacamos tres aspectos eclesiológicos que definen a la Acción Católica.

1.- «EL FIN GENERAL APOSTOLICO DE LA IGLESIA (AA 20; CF, A A 19}

Este «fin general» de la Iglesia está claramente especificado en los tres objetivos esenciales de la Iglesia: evangelizar y santificar (cf. Mt 28, 18-20), formar cristianos adultos, para llevar el Evangelio a todos los ambientes. Dicho de otro modo, es propagar el Reino y extenderlo a todos los hombres ordenando el universo entero en Cristo. Esto recibe el nombre de apostolado (AA 2).

Es el Señor mismo quien destina también a los laicos con los carismas recibidos del Espíritu (LG 30, 33; AA 3) (cf. ChL 24).

El decreto Christus Dominus anima a los obispos para que urjan a los fieles este deber de apostolado, recomendándoles que «tomen parte y colaboren en los diversos campos del apostolado seglar, sobre todo en la Acción Católica» (n. 17).

La Acción Católica, pues, no tiene fin propio, sino que hace suyo el triple objetivo de la Iglesia, en cualquier campo, en cualquier ambiente y también en el ámbito de la comunidad.

La Acción Católica nace y vive para la evangelización. Es como su pasión. Esto supone conocer, vivir y celebrar el anuncio del Evangelio, una fidelidad generosa al Señor, el estar atenta a la historia, iluminar la vida desde el Evangelio, ser sensible para plantar el Evangelio en las zonas más áridas, más yermas. Evangelio y cultura humana, fe e historia interpelan a la Acción Católica. La Evangelii Nuntiandi hinchó sus pulmones y su corazón con un rico y esperanzador haz de luz.

La Acción Católica impulsa la vocación universal a la santidad y la promueve por diversos medios —los sacramentos y la oración, la acción y la formación, la escucha de la Palabra y la revisión de vida…—; anima a todos los laicos en el seguimiento de Jesucristo —concreta así la llamada universal y común a la santidad sin diferencia de grado (cf. LG 39)—; orienta asimismo la coherencia y unidad entre la fe y la vida; y, por último, acompaña la fidelidad de los laicos a Jesucristo en los diversos ámbitos y tareas de la vida pública en que están presentes activamente (LG 41). De esta forma la Acción Católica ayuda a los militantes a llevar en el mundo una «vida según el Espíritu» (cf. Rm 6, 22; Gal 5, 22), cuyo fruto es la santificación (ChL 16) y cuya expresión es su inserción y participación en la vida pública (LG 40; ChL 17; cf. CVP 60-61).

Otro empeño permanente de la Acción Católica es la formación de laicos adultos.,

•  Para «impregnar todas las realidades del espíritu del Evangelio» (AA 20; LG 33, 34, 36), tarea propia y peculiar del laico (LG 31, EN 70; C/C225; ChL 15, 36), aunque no exclusiva (GS 43), la Acción Católica hace suyo el proyecto de los dos grandes documentos del Vaticano II, la Lumen Gentium y la Gaudium et Spes. A su luz vive el fin general de la Iglesia.

2.- EN LA IGLESIA PARTICULAR

El fin general de la Iglesia no se vive en abstracto; tiene una concreción histórica y geográfica: la Iglesia particular, en la que se hace presente y actúa la Acción Católica (ChD 11).

La identidad de la Acción Católica se define ante todo por su fundamental referencia a la Parroquia ahí es donde desarrolla su misión, a La Iglesia particular (Diócesis) por ser esencialmente diocesana, y en consecuencia, a la Conferencia del Episcopado mexicano. Así, pues, en todos los niveles ha de asumir los objetivos pastorales, pensarlos con quienes los proyectan, realizarlos, experimentarlos y evaluarlos.

Por eso la Acción Católica consolida la misma comunidad parroquial, diocesana, y nacional. En cada diócesis, la Junta Diocesana de la Acción Católica es una forma de expresar de esas comunidades; a ellas les aporta su experiencia de asociación, su estilo de formación, su modo eclesial de vivir y celebrar la fe en Cristo, su compromiso, y su impulso misionero.

3. PLANTAR IGLESIA.

Hay un texto del Vaticano II, que ha sido especialmente subrayado y que define de forma gráfica y según la tradición de la Iglesia la misión de la Acción Católica, en comunión con el fin general de la misma Iglesia. Se encuentra en el decreto Ad Gentes, n. 15. La expresión es «plantar la Iglesia».

«Plantar la Iglesia» significa consolidarla en terrenos abonados, plantarla más allá de las parcelas cultivadas. En el mundo obrero, rural, marítimo, universitario; en el matrimonio y en la familia; en la juventud y en la infancia (cf. EN 70)

Este texto conciliar al que nos referimos da a la Acción Católica un título singular, le da el carácter de un «ministerio», junto al ministerio ordenado o de los catequistas: «Para la plantación de la Iglesia y el desarrollo de la comunidad cristiana son necesarios varios ministerios, que todos deben favorecer y cultivar diligentemente, con la vocación divina suscitada de entre la misma congregación de los fieles, entre los que se cuentan las funciones de los sacerdotes, de los diáconos y de los catequistas y la Acción Católica.»

Este modo de presentar la Acción Católica fue indicado por el Papa Pablo VI (25-IV-1977) como una «singular forma de ministerialidad laical», desarrollado por el Papa Juan Pablo II en sus discursos a la Asamblea General de la Acción Católica Italiana (9-XII-1983; 26-111-1986) y repetido en la Exhortación postsinodal Christifideles Laici (n. 23) recogiendo las sugerencias de los padres sinodales (1987).

En resumen, podemos afirmar que es distintivo de la Acción Católica el asumir, sin restricciones, el mismo fin apostólico general de la Iglesia.

SEGUNDA NOTA: SEGLARIGAD PROTAGONISMO DE LOS LAICOS O SECULARIDAD DE LA ACCIÓN CATÓLICA

«Los laicos, cooperando, según el modo que les es propio, con la jerarquía, aportan su experiencia y asumen responsabilidad en la dirección de estas organizaciones, en el examen diligente de las condiciones en que ha de ejercerse la acción pastoral de la Iglesia y en la elaboración y desarrollo del método de acción» (AA 20, b).

Como prólogo a esta segunda nota se deberán recordar los siguientes puntos:

1.- El capítulo IV de la Lumen Gentium. Junto con los números 1 al 3 de Apostolicam Actuositatem ponen las bases teológicas del reconocido derecho y deber de los laicos en la misión de la Iglesia. El Ministerio Pastoral no les da ese derecho-deber: se lo reconoce.

La Acción Católica, que asume el fin general apostólico de la Iglesia, es obra de laicos. La Acción Católica es «muy secular». En esta Nota las palabras claves son «res­ponsabilidad» y «experiencia», que los laicos aportan.

2.- A ello hay que añadir un nuevo aspecto. «Nada hagáis sin el obispo» es una norma eclesial, que nos viene de la tradición viva de la Iglesia. Esta norma puede ser traducción correcta de la eclesiología de comunión, que afirma también esta segunda Nota. Es la expresión del rico principio paulino de la «comunión y diversidad»: participación y corresponsabilidad.

Quienes van a realizar el fin apostólico general de la Iglesia (AA 19) son los laicos, y lo realizan del único modo correcto posible: en comunión y en cooperación con el Ministerio apostólico de los obispos y del Papa.

3.- En tercer lugar, esta Nota se ha de leer a la luz de la   Gaudiun et spes. En el apostolado hay un lugar irreemplazable: los laicos. Y habría que destacar los cuatro campos que el Papa Juan Pablo II propuso al Apostolado Seglar y en concreto a la Acción Católica, en su discurso de Toledo (4-XI-1982): la familia, el mundo del trabajo, el campo de la política y el mundo de la cultura. Hay que añadir, ahora, como fuente de inspiración de esta especial responsabilidad, la Sollicitudo reí socialis.

4.- Finalmente, prólogo explicativo de esta Nota es la larga experiencia vivida por la Acción Católica. La dignidad de los laicos, su misión, sus derechos y deberes, su responsabilidad en la evangelización. Son, en esa historia, hechos más que afirmaciones. Hechos vividos, a veces, con tensión, superada por el diálogo eclesial, por el Espíritu y por el amor a la misma Iglesia.

En general hay que decir que los laicos viven en la Acción Católica, al igual que en otras asociaciones y en su vida individual, la triple y necesaria función de «sacerdotes», «profetas» y «reyes». Es más, su testimonio, gesto y palabra, es absolutamente imprescindible en lugares y ambientes donde sólo ellos pueden darlo y hacer presente a la Iglesia.

Surge, por tanto, en el obispo y en los presbíteros el deber de escucharlos fraternalmente, de promover la responsabilidad que les corresponde en la misión de la Iglesia, de encomendarles con confianza organismos en servicio de la propia Iglesia, dejándoles libertad y campos de acción, hasta invitarles a que emprendan también obras por su cuenta (PO 9; cf. LG 37).

Más en concreto, el protagonismo de los laicos, referido a la Acción Católica, se concreta en ofrecer su experiencia y responsabilidad en tres órdenes:

  • Los laicos son responsables inmediatos y directos en la «dirección» de la Acción Católica.
  • Es interesante destacar la responsabilidad que hay que tener de las condiciones en que ha de ejercerse la acción pastoral de la Iglesia». Se dice «de la Iglesia» y no sólo de la acción y proyecto evangelizador de la Acción Católica. La Acción Católica no ha nacido para sí misma. Vive para la Iglesia, vive en la Iglesia.
  • Por último, los laicos tienen una especial «experiencia y responsabilidad en la elaboración, seguimiento y evaluación de los programas de trabajo», tanto de los propios Movimientos, como de la comunidad eclesial local y particular.

 

Con esta triple responsabilidad, los laicos, «al cooperar según su condición específica con el Ministerio Pastoral» asumen el fin apostólico general de la Iglesia; son agentes de la evangelización, que es proclamada por ellos, viven la solidaridad con los hombres y procuran su promoción, plantan la Iglesia en lugares inhóspitos y la hacen presente en cada ambiente o situación humana donde ellos viven o trabajan, denuncian la injusticia y la desigualdad, fortalecen la comunión en el interior de la Iglesia, potencian su acción misionera, se responsabilizan de la formación de los militantes para hacer nacer un laicado adulto, celebran la fe, la vida, sus luchas, sus esperanzas, viven la espiritualidad propia de su condición (AA 4), para que los hombres sean santificados y el mundo sea imbuido del espíritu evangélico (primera Nota), hasta «instaurar todo en Cristo, el Señor».

TERCERA NOTA: ORGANICIDAD, UNIDOS A MANERA DE CUERPO ORGÁNICO

«Los laicos trabajan unidos a la manera de un cuerpo orgánico de forma que se manifieste mejor la comunidad de la Iglesia y resulte más eficaz el apostolado» (AA 20, c).

Después de afirmar la responsabilidad de los laicos en la dirección y en el método de la Acción Católica, para que sirva al fin que la hizo nacer, la tercera Nota expresa el «modo eclesial» de su trabajo.

La plena madurez del laicado cristiano (cf. AG 21) se expresa por su responsabilidad en la misión (segunda Nota). Pero necesita también un «modo» de realizarla. La misión exige una permanente formación cultural, doctrinal, un intenso cuidado de la fe y una preocupación por celebrarla, un empeño en vivir el seguimiento de Cristo.

 

1.- AL ESTILO DE LA IGLESIA.

El Señor ha puesto en la Iglesia la llamada permanente a construirse como comunidad y a vivir la comunidad. La comunidad, que nace del Espíritu, es signo visible de unidad y es instrumento y matriz para la misión.

La Acción Católica recibe un poderoso chorro de luz y de aliento para autodefinirse de toda la teología sobre la Iglesia. Pero recibe igualmente la luz para su estilo de trabajar en la misión. De la Iglesia la Acción Católica aprende a ser Acción Católica. Esta es la aportación radical de la Iglesia a la Acción Católica. Veámoslo en concreto:

ü  Unidos (AA 20, c). El texto de Apostolicam Actuositatem afirma que los militantes de la Acción Católica trabajan «unidos».

Hay Acción Católica, si hay unidad en los distintos niveles. Unidad cualificada y plasmada en todas las articulaciones de cada Movimiento. Unidad nacida y mantenida entre todos los Movimientos, respetándose y valorándose. Unidad que asume lo espe­cífico de cada Movimiento, su experiencia asociativa, sus carismas. Unidad realizada conforme a la identidad de cada asociación de la Acción Católica, según nace del Concilio, del Magisterio de la Iglesia, de las orientaciones de la Conferencia Episcopal y de la larga experiencia de la misma Acción Católica.

Unidad abierta al campo más ancho de la comunidad eclesial en el plano nacional, diocesano y parroquial. Esta apertura a la comunidad eclesial es específica de la Acción Católica, tanto por su ser orgánico como por su peculiar relación con el Ministerio Apostólico. Como quiere el Papa Juan Pablo II, la Acción Católica está llamada a ser una gran fuerza de comunión intraeclesial.

Unidad abierta a la misión entera de la Iglesia. Desde la unidad de los distintos Movimientos de la Acción Católica es desde donde se asume la misión general de la Iglesia en los distintos ambientes y situaciones que viven los hombres.

Unidad fundada en la fuerza unitiva del amor cristiano.

En consecuencia ningún movimiento de Acción Católica es él solo, por separado, la Acción Católica. La Acción Católica es, pues, el conjunto de todos los Movimientos que la integran.

ü  A modo de cuerpo orgánico (cfr. también AA 19). Esta afirmación declara a la Acción Católica como una realidad asociativa y orgánica.

La tercera Nota quiere reafirmar que la Acción Católica obra no sólo a través de cada uno de sus miembros, sino como asociación en cuanto tal. Y ésa es su forma peculiar. Expresa, ante todo, una realidad de comunión —laicos unidos— y una realidad asociativa y orgánica —a modo de cuerpo orgánico.

Como «cuerpo orgánico», dentro de cada Movimiento y en el conjunto de todos ellos, la Acción Católica tiene en cuenta la variedad de situaciones del hombre, tiene en cuenta los campos diversos en que ha de prestar su servicio.

Por eso, modalidad necesaria de los Movimientos de la Acción Católica es la de «obrar unidos a modo de cuerpo orgánico».

Y, como ocurre en la Iglesia, la Acción Católica es consciente de que esta unidad orgánica exige esfuerzo y renuncias; es consciente de que esta unidad orgánica se mantiene viva por la escucha de la Palabra, por la oración, por la fe compartida y celebrada en los sacramentos.

ü  El asistente Eclesiástico: función e importancia de su presencia en la Acción Católica:

v  La función del asistente eclesiástico en la Acción Católica es una forma de vivir la vocación sacerdotal como lo es vivirla en la parroquia y en otros campos específicos (Pontificio Consejo para los Laicos: Los sacerdotes en las  asociaciones de fieles). Es un Cristiano con los laicos y por ellos sacerdote, pastor y profeta (San Agustín)

v  Preside en nombre de Jesucristo la celebración de la Eucaristía y acompaña con los sacramentos, alimenta con la Palabra y sirve con la entrega de su vida.

v  Uno, en nombre del obispo, al servicio de todos para que todos sean uno en Jesucristo.

v  Alienta la pluralidad de carismas, con que el Espíritu construye la comunión eclesial.

v  Acompaña el proceso educativo.

2. LO QUE LA AC APORTA O PUEDE APORTAR A LA COMUNIDAD

Como recibe de la Iglesia su razón de ser y su estilo, la Acción Católica puede y debe aportar a la comunidad eclesial experiencia asociativa de laicos. Experiencia que se traduce en una propuesta variada de caminos de formación para la asociación y para la misión. Puede ofrecer, como cuerpo orgánico, la experiencia de análisis de situación, de programas de acción, realizados siempre comunitariamente. La Acción Católica se ha ejercitado en el discernimiento y en el juicio cristiano vividos en grupo y con sentido de grupo. Ha vivido, a veces con paciente esfuerzo, el desarrollo de relaciones interpersonales y puede ofrecer un extendido tejido de articulaciones en regiones, en diócesis, en parroquias, en lugares de servicio y de misión (cf. la nota anterior).

La Acción Católica ofrece una constante disponibilidad para la colaboración responsable en los servicios de la comunidad eclesial. Y ella misma ha de responder a la invitación de cooperar fraternalmente en la Iglesia con las demás formas de apostolado (cf. AA 20, al final).

Finalmente, la Acción Católica se ofrece, como asociación, a todos los laicos que acepten sus fines y metodología. Como asociación tiene en cuenta a los laicos de una comunidad concreta en la variedad de situaciones y condiciones de vida, en la diversidad de compromisos y ambientes. Y, como asociación, trabajará preferentemente desde los pobres, con ellos y para ellos.

CUARTA NOTA: JERAQUICIDAD BAJO LA SUPERIOR DIRECCIÓN O EN COMUNIÓN ORGÁNICA CON EL MINISTERIO PASTORAL

«Los laicos, o bien ofreciéndose, o bien invitados a la acción y directa cooperación con el apostolado jerárquico, actúan bajo la dirección de la misma jerarquía, que puede sancionar esta cooperación incluso por un mandato explícito» (AA 20).

Como punto de arranque estimamos que la cuarta Nota no puede leerse como la primera de todas, aunque sea muy específica de la Acción Católica, sino que hay que leerla después de las tres anteriores.

Una palabra clave para entender la «superior dirección» es la «cooperación» de que se habla en las Notas 2.a y 4.a

En la Iglesia siempre se coopera, bien sea como hermanos, bien sea, en nuestro caso, con los hermanos y con los pastores, que son también hermanos, y siempre se coopera pobremente con el Señor, que es la Vid verdadera, que es el arquitecto y la Piedra angular, y nosotros albañiles, que podemos cansarnos fácilmente

Cooperar indica un trayecto, una trayectoria. Crea un estilo, un hábito. Cooperar es una forma estable de trabajar, supone un trayecto común asumido. Es roce, es cercanía, es ir en la misma dirección. Cooperar indica humildad, porque otros también son necesarios.

En suma: cooperar es la expresión plástica y verificación de la eclesiología de comunión (cf. Sínodo Extraordinario de los Obispos, 1985).

En cuanto al contenido de esta cuarta Nota vamos a analizarlo en tres pasos sucesivos:

RELACIONES CON EL MINISTERIO PASTORAL, TERMINOLOGIA.

• Se habla de una «cooperación». La Acción Católica pertenece al grupo de asociaciones que con «muchísima frecuencia fueron definidas como “cooperación” de los laicos en el apostolado jerárquico»

(AA 20).

Unas veces se habla de «cooperación» y otras de «unión». Unas veces se aplica el adjetivo de «muy estrecha» (AA 20), otras de «más estrecha» (AA 24) y otras de «más inmediata» (LG 33).

  • Estas sencillas observaciones,  recogidas del Concilio,  nos ofrecen  luz para interpretar el sentido de la «cooperación» de los laicos asociados con el Ministerio Pastoral de la jerarquía. En la Iglesia hay diversidad de ministerios y servicios, pero es una y única la misión de toda la Iglesia (AA 2, cf. LG 31).
  • La cooperación «más directa» no pertenece a la naturaleza y obligatoriedad del apostolado de todos los laicos (LG 33, 3). Sin embargo está pedida para la Acción Católica y es constitutiva de su naturaleza y actividad.

A esta cooperación «más estrecha» hay referencia en dos lugares de las notas: en la segunda, cuando se habla de la responsabilidad propia de los laicos en la asociación, y en la cuarta, cuando se habla de que «obran bajo la superior dirección de la jerarquía».

La Lumen gentium da pie para interpretar esta concreta cooperación y unión con los pastores al poner, como punto de referencia, a «aquellos hombres y mujeres que ayudaban al apóstol Pablo en la evangelización» (cf. Fil 4, 3; Rom 16, 3 ss.; LG 33).

•  De todo ello puede deducirse un espectro amplio y coherente de concreciones al definir las relaciones de los laicos con el Ministerio Pastoral:

a) LO NECESARIO Y OBLIGATORIO

v  Todos los creyentes —clérigos y laicos— son llamados al trabajo necesario para hacer presente hoy la misión única de la Iglesia (LG 31, 32; AA 2).

v  Este deber y derecho -lo realiza cada uno según los sacramentos y carismas recibidos, «incluso los más sencillos»,. Es la unidad y la diversidad (LG 32; AA 2, 3).

v  Este obrar común exige, como expresión de la comunión necesaria, la cooperación y la colaboración de los laicos con el Ministerio Pastoral (AA 24; CD 17).

b) LO VOLUNTARIO Y LIBRE

v La cooperación se da en la Iglesia de diversas formas. Entre ellas, algunas por su específica finalidad (AA 19) o por el objeto de u actividad comportan una colaboración no común, sino «más directa, más estrecha, más inmediata» con el Ministerio Pastoral (LG 33; A A 24). Esta colaboración así definida es característica y necesaria en la Acción Católica.

v Una consecuencia correlativa es, como se dice en AA 24, que el Ministerio Pastoral asume, respecto a estas asociaciones llamadas Acción Católica, una responsabilidad especial. En el decreto Christus Dominus se pide a los obispos que encarezcan a los laicos que tomen parte y ayuden a las varías obras de apostolado y señaladamente a la Acción Católica (n. 17).

v Un dato significativo, por lo tanto, es que la cooperación «más estrecha» con el apostolado de la jerarquía no es exigida tanto por el bautismo cuanto por los fines y objetivos de la peculiar asociación que es la Acción Católica y va, por tanto, más allá de la comunión necesaria en todas las asociaciones de laicos.

2. EL MANDATO O MISION CANONICA.

Es otro paso para clarificar las relaciones con el Ministerio Pastoral y profundizar en ellas.

  • Del «mandato» se habla concretamente en dos lugares del decreto Apostolicam Actuosüatem (n. 20, d, y 24). El segundo texto es más explícito y parece que a la luz de él ha de interpretarse el primero.
  • Leyendo con atención AA 24, descubrimos luces coherentes con toda la enseñanza del mismo Concilio. Estos son los pasos:

—  Hay diversidad de formas y grados de relacionarse los laicos con el Ministerio Pastoral (AA 2, 3, 19).

—El Ministerio Pastoral puede elegir y promover algunas de las asociaciones,

—Pero esto lo debe realizar bajo dos condiciones:

—Que, al participar, estrechamente unidos en la única misión salvadora de la Iglesia, no se confundan la forma de apostolado jerárquico y la que es propia de los laicos.

  • Y que no se prive, por lo tanto, a los laicos de la necesaria facultad de obrar por propia iniciativa. Se entiende que las dos condiciones deben ser tenidas en cuenta tanto por parte del Ministerio Pastoral como de los laicos.
  • Con la palabra «mandato» se describen estas relaciones específicas. Es verdad que se le atribuye un significado amplio, lejos de lo que este término expresa en el lenguaje jurídico. Tal vez sea por esta razón por lo que el término «mandato» no aparece en el nuevo Código de Derecho Canónico, aplicado al apostolado de los laicos, aunque se discutió su utilización. Y parece que se evita, entre otras razones, por las controversias a que dio y da lugar en el ámbito jurídico.
  • Sin embargo, esta lectura de AA 24 da luz para entender la vinculación más estrecha, la razón de ella, las condiciones en que se ha de realizar y la reciprocidad de tal vinculación. Todo ello parece claro, si se tiene en cuenta que el «mandato» está considerado como la expresión más alta de la vinculación Ministerio Pastoral laicado, puesto que se dice que «esta superior dirección de la propia jerarquía puede sancionar esta cooperación incluso con un mandato explícito» (AA 20, d).

3. LA SUPERIOR DIRECCION DE LA JERAQUIA (COMUNION ORGANICA CON EL MINISTERIO PASTORAL)

Vengamos ya al término clave de la cuarta Nota, la «superior dirección» o, como hemos subtitulado, a la comunión orgánica con el Ministerio Pastoral.

La «superior dirección» nace de la teología viva, de la fe en el ministerio de la unidad y nace del trabajo continuado, como jornaleros todos —obispos y laicos— por cuenta ajena, trabajadores de Cristo, el Señor, como viene a decir Pablo. Trabajadores en la Iglesia, casa de todos, para construir el Reino.

Son diversos los datos y matices que pueden perfilar su sentido eclesial más hondo.

  • De ello se puede deducir que la «superior dirección» no es la dirección necesaria del obispo que ejerce en todas las asociaciones (AA 24); no puede suprimir la dirección responsable, que en la Acción Católica corresponde a los laicos; no puede minimizar la condición laical; ni es, por tanto, una dirección permanente en la marcha habitual de los Movimientos de Acción Católica; no responde al esquema de mandante y mandado. Tampoco, por ello, puede reducirse la Acción Católica a un instrumento meramente ejecutivo de lo mandado. Ni, por otra parte, el Ministerio Pastoral, con la «superior dirección», puede limitarse sólo a funciones de vigilancia, de guía o de coordinación, puesto que este deber y derecho lo tiene el Ministerio Pastoral con todas las asociaciones. ¿De dónde nace y qué expresa la «superior dirección»?
  • Nace como consecuencia del trabajo en común entre pastores y laicos, que es peculiar de la Acción Católica. Hay una palabra clave, tal es el término «asocia». Es un trabajo evangelizador y misionero en común, desde el proyecto hasta la realización y evaluación. Es un trabajo fuertemente asociado. Por eso, por parte del Ministerio Pastoral se adquiere una especial responsabilidad.  El laico se sabe Iglesia y, como tal, en estrecha cooperación con el servicio que a la Iglesia y a la evangelización ha de ofrecer su ministerio apostólico.

Es muy importante subrayar este trabajo y este camino en común.

  • Nace también de la «ministerialidad» de la Acción Católica (cf. AG 15), como un ministerio orientado a «plantar la Iglesia» más allá de los solares habituales. Esta ministerialidad de la Acción Católica, como ocurre con otros ministerios, exige una unión más estrecha, más inmediata con el Ministerio ordenado.
  • Nace del contenido de la primera Nota, por el hecho de asumir el mismo fin apostólico de la Iglesia.
  • La «superior dirección» se concreta en relaciones específicas. como son no sólo la aprobación de los Estatutos, sino el nombramiento del presidente y del asistente eclesiástico.

Requiere diálogo, acogida, estima cordial, trabajo común, profunda comunión y unidad, y, en este clima, la Acción Católica acepta gozosamente la última palabra de quien tiene este servicio en la Iglesia y con quien está trabajando de forma cercana, corresponsable y asociada.

Las asociaciones de la Acción Católica son necesarias para el fin de la Iglesia. Hay pocas formas más claras de expresar hondamente la comunión de los laicos y pastores en la vida y en la misión de la Iglesia. Como es enriquecedor para la Iglesia el trabajo cercano de laicos y pastores, es igualmente enriquecedor para los laicos trabajar en comunión con los pastores bajo su «superior dirección».

La Acción Católica que hoy es necesaria

Estimamos necesario diseñar una nueva Acción Católica, que facilite su desarrollo en una nueva etapa en su ya larga historia. Este diseño ha de ser compartido por el Ministerio Pastoral y los actuales Movimientos de Acción Católica para que pueda ser ofrecido a nuestras Iglesias particulares y a nuestras parroquias en orden a colaborar en la nueva evangelización de la sociedad actual.

Urge, pues, más que nunca apostar por el servicio que siempre se le ha pedido a la Acción Católica. Esta nueva configuración trata de dar un perfil más definido y estable a lo intensamente buscado durante los últimos quince años.

Recordemos las palabras de su Santidad Benedicto XVI dirigió a AC Italiana por sus 140 años de existencia:

“La Acción católica nació como una asociación particular de fieles laicos, caracterizada por un vínculo especial y directo con el Papa, que muy pronto se convirtió en una valiosa forma de “cooperación de los laicos en el apostolado jerárquico”, recomendada “encarecidamente” por el concilio Vaticano II, que describió sus irrenunciables “notas características” (cf. Apostolicam actuositatem, 20). Esta vocación sigue siendo válida también hoy. Por tanto, os animo a proseguir con generosidad en vuestro servicio a la Iglesia. Asumiendo su fin apostólico general con espíritu de íntima unión con el Sucesor de Pedro y de corresponsabilidad operante con los pastores, prestáis un servicio en equilibrio fecundo entre Iglesia universal e Iglesia local, que os llama a dar una contribución incesante e insustituible a la comunión.”

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Categorías:Accion Catolica
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