“Acción Católica es la institución que más en serio se está tomando lo de ‘Iglesia en salida'” Antonio Muñoz

https://i2.wp.com/www.periodistadigital.com/imagenes/2017/06/08/muoz_560x280.jpg

Antonio Muñoz, presidente de la Acción Católica

 

El presidente de la ACG aboga por una nueva estructura, con “escuelas de discípulos misioneros”

Antonio Muñoz: “Acción Católica es la institución que más en serio se está tomando lo de ‘Iglesia en salida'”

“Lo que es Cáritas para la acción socio-caritativa, la AC lo es para la formación y el envío del laicado”

Jesús Bastante, 08 de junio de 2017 a las 07:59

No somos laicos de primera o de segunda. Somos laicos de parroquia y de la diócesis, que vivimos nuestra fe y queremos ayudarnos unos a otros,a seguir creciendo y a seguir evangelizando

Francisco, con los niños de Acción Católica

Francisco, con los niños de Acción Católica

(Jesús Bastante).- Antonio Muñoz es el presidente actual de la Acción Católica General. Este malacitano, casado y padre de dos hijos, está convencido de esa “Iglesia en salida” de la que habla Francisco. Por eso, desde Acción Católica se está trabajando en una nueva estructura, mucho más parroquial, que se impregne en todas las realidades eclesiales y que pueda ayudar a “apostar por la autenticidad. La clave es, que para llevar a cabo esa Iglesia en salida, necesita misioneros”, subraya.

 

Vivimos un momento en el que Acción Católica está, no sé si decir, reinventándose.

Probablemente sea la institución de Iglesia, al menos en España, que más en serio se está tomando esto de la “Iglesia en salida” del papa Francisco de: “vamos a ver cuáles son nuestro talentos y cómo podemos contribuir para hacer realidad esa idea”.

La encomienda del papa Francisco es para toda la Iglesia. Una de las cosas buenas que tiene Acción Católica es que no vive para sí misma, sino que desde su ser eclesial tiene que analizar qué necesita la Iglesia y, desde ahí resituarse, posicionarse y presentar un proyecto que pueda servir.

Luego, depende también del espíritu y de las circunstancias. Pero desde esa clave de siempre renovarse par dar respuesta a lo que la Iglesia necesita en cada momento.

 

¿Y qué necesita hoy, desde la óptica de acción Católica, la Iglesia?

La Iglesia necesita apostar por la autenticidad. La clave es, que para llevar a cabo esa “Iglesia en salida”, necesita misioneros.

Una de la grandes misiones que tiene la Acción Católica es posibilitar que todos tomemos conciencia de nuestro ser discípulos misioneros. Y cuando hablamos de todos, es de hacer un trabajo desde muchos laicos que ya estamos en las parroquias.

Muchas veces, las parroquias las organizamos en torno a funciones. Tenemos el grupo de catequistas, el grupo de liturgia, el grupo de Cáritas.

 

Pero no hay una vida parroquial unificada o personas que se sientan de parroquia.

La idea es que desde la parroquia se generen espacios donde cualquier laico, independientemente de la función que pueda desarrollar, encuentre un espacio donde darle sentido profundo desde la fe. Pero, cuando hablamos de la fe, estamos hablando de algo que nos mueve: la fe no es para quedarnos cruzados de brazos.

 

No es solo un mero conocimiento de dogmas, sacramentos y doctrina.

Para nada. La fe tiene un dinamismo que va a la esencia de la propia vocación cristiana y que tiene dos movimientos básicos: El de la llamada, que Dios te va haciendo en cada momento. Y desde nuestra libertad la respuesta que damos a esa llamada. Todo ello dinamizado desde el amor.

Desde el amor que recibimos de Dios y el amor que volcamos hacia nuestros hermanos.

 

 

 

¿Ha cambiado mucho la realidad de la parroquia? Porque antes, al menos cuando yo era niño, las parroquias sí que tenían vida. Eran un motor más del barrio. Y muchas amistades, muchos grupos y muchas parejas surgían en un mismo ámbito.

En ese sentido, yo creo que a la parroquia le está pasando un poco como a la fe. En cierto modo, Dios se invisibiliza en la sociedad de hoy y parece que nuestras parroquias se hacen también un poco invisibles en los barrio donde están.

El tema de ser fuente de la aldea, de ser un referente en el territorio donde la parroquia se encarna, es fundamental. Pero esto solo pasa si en la parroquia se hace vida cristiana. Si realmente los cristianos vivimos nuestra fe con autenticidad y somos capaces de testimoniarlo es ese entorno.

 

No puede hacerlo sólo el párroco.

Ya lo dice el Papa, si la parroquia no la convertimos en algo organizativo, administrativo y de mantenimiento de ciertas cosas que ya están y no se convierte en un hospital de campaña para dar respuesta a las necesidades que tienen las personas, la parroquia se hace invisible. Porque la oferta de hoy es múltiple.

Justo ahí está el reto: en cómo ser capaces de ser significativos en la encarnación que nos toca.

Eso no se genera porque lo diga el Papa o porque lo pongamos en un documento. Eso se genera porque en el día a día conseguimos organizar escuelas de discípulos misioneros.

La Acción Católica está trabajando para generar esa escuela de discípulos misioneros. No para que haya a mucha gente en Acción Católica. Y no porque queramos erigirnos en salvadores de la Iglesia. No: será en comunión con lo que ya existe. En comunión con esas catequesis, con esas liturgias y con otros movimientos.

 

Quieres decir que no estamos hablando de una disputa por la feligresía o porque esta iglesia sea más de la Acción Católica o de los kikos o del Opus. Hablas de otra cosa.

Entiendo que se trata de que la Acción Católica se diluya como marca de formación exclusiva como un movimiento más, que sea el magma que impregne el trabajo de al parroquia.

Con la palabra disolución hay que tener cuidado.

 

Cierto. No estamos hablando de desaparición ni de nada por el estilo.

Y tampoco de rebajas; hay una cosa que no se toca y es la búsqueda de autenticidad, de una sana eclesialidad y, siempre, poniendo por delante la misión.

Es, ser testigos; que no es una cosa de medias tintas. Es algo que requiere una apuesta seria, formativa y de acción evangelizadora consistente. Eso no se puede diluir.

Lo que sí que hay que tener claro, es no caer en la autorreferencialidad. Como no vamos, es con las siglas por delante. Ni con la pertenencia por delate. El reto es, que en cada parroquia se genere un cauce formativo desde niños hasta adultos. Donde cualquier laico pueda participar de él para, desde ahí, sentirse enviado a evangelizar.

Eso no se significa que todo sea Acción Católica. O que no pueda haber otra realidad en la parroquia que también trabaje por eso. Pero sí, que esa oferta exista porque la necesitamos y vamos, todos juntos, a trabajar por eso.

 

Es un proyecto que habéis presentado, entiendo, en la Conferencia Episcopal y que hay un visto bueno, porque estáis trabajando en ello. Nosotros informamos que tuvisteis también una visita en Roma, previa a la de los 150 años de la Acción Católica italiana, donde también mantuvisteis un encuentro con Farrel y con alguien más. ¿Cómo han respirado ambas instituciones, la Conferencia episcopal y Roma?

La Conferencia Episcopal refrenda y está respaldando este proyecto, que se vive con ilusión. Pero cuando hablamos de formación y de procesos, nos referimos a cosas que necesitan tiempo para que vayan, poco a poco, cuajando y generando brotes.

 

 

Que no es “la purga Benito”, que decía mi madre.

No. Y está pensado para que haya mucha gente nueva que se vaya sumando. Pero cada uno es de su padre y de su madre y tenemos que anteponer un proyecto común a las rutinas adquiridas que cada uno tenemos.

Higinio, el presidente que había antes que yo, decía que esto era como cuando su abuela hacía las fabes, allí en Asturias, al fuego en una olla grande.

Pero sí es verdad que se están viendo ya brotes verdes, que van creciendo y lo hacen con fuerza. Porque realmente están respondiendo a necesidades que hoy se demandan desde las parroquias. Eso, a los que estamos coordinando toda esta historia a nivel de España, nos produce ilusión y ver como una suerte el estar aquí.

Hace años, yo no hubiera creído la ilusión que este proyecto está generando. Y los obispos están apoyando e impulsando.

Hay que ver, luego, cómo se concreta en cada una de las diócesis y cada una de las parroquias. Aquí no hay una receta concreta de un plan de actuación, sino un marco de hacia dónde queremos caminar. La concreción se tiene que hacer en cada realidad. Y los protagonistas, tienen que ser esa gente que está ahí.

Una de las cosas que decimos es, que nosotros no le marcamos la hoja de ruta a las parroquias, sino su plan pastoral diocesano. Desde aquí, ofrecemos material informativo, espacios de encuentro, de análisis de coordinación y de cómo poder ir creciendo conjuntamente. Pero ellos tienen que mirar siempre a su realidad concreta y, desde ahí, ser protagonistas del proceso que se genere.

 

Que la gente se sienta copartícipe fundamental de la creación de lo que surja. Y que no sea una cosa puntual. Estamos hablando de una dinamización en el tiempo. De un camino de vida parroquial y de ahí al mundo.

Antonio Cartagena nos decía que Farrell, que lleva poco tiempo en el nuevo dicasterio -un entorno en el que están cambiando mucho la cosas-, decía que era la primera vez que le presentaban algo concreto, con pautas y con posibilidades.

Lo que nos comentó el cardenal Farrell fue, que el Papa le encomienda que hay muchos laicos en toda la Iglesia que necesitan ser atendidos de una forma directa.

 

Están en el banquillo.

Efectivamente. Pero que, al final, son los evangelizadores que tienen que llevar a cabo toda esta renovación de nuestra Iglesia.

Hay mucha gente de parroquia que puede participar de lo más importante que tiene la parroquia, que es la celebración de la eucaristía. Y otros que se sienten llamados para realización de diferentes tareas. Pero para generar comunidades vivas y cristianos que vivan su fe con más integridad desde la parroquia, tenemos que ofertar esos espacios donde poder revisar nuestra vida comunitariamente, a la luz de la fe.

Se trata de cambiar un poco el chip. En Málaga, como sabemos que a lo mejor nos vienen cuarenta niños para hacer la catequesis de comunión, buscamos catequistas. Y si llega septiembre y no tenemos suficientes, salimos al micro y pedimos voluntarios.

Y luego, puede que estas personas que durante tres o cuatro años colaboran en catequesis, dejan de ser catequistas porque cambian sus circunstancias. Y estas personas podrían tener un grupo de adultos donde compartir su fe, formarse, etc.

No debe depender la revisión, la formación y la vivencia comunitaria de tu fe, de una tarea específica. Ese cauce es el que queremos ayudar a que se genere en nuestra Iglesia.

 

Como pasa en la vida religiosa, en la que el general de una congregación, cuando cambia su mandato, puede hacer cualquier otra cosa. Al final, lo importante es el trabajo que se genera; lo que se necesita y lo que se puede crear.

Nosotros queremos poner en el centro de la vida cristiana el dinamismo vocacional. Que, si te implicas, que sea porque lo estás viviendo como una llamada que Dios te hace para que, desde tu fe, hagas un servicio al hermano. Ir a cultivar esa espiritualidad es de lo que se trata en esos espacios formativos que queremos generar en las parroquias.

Cuando hablamos del laicado, muchas veces nos vamos directamente a la palabra corresponsabilidad. Está bien, porque todos somos corresponsables de la misión. Pero la esta palabra tiene un peligro, que lo vemos directamente como repartirnos tarea.

La corresponsabilidad se entiende desde la vocación. Si yo realmente sé que tengo una fe firme que me mueve para donarme al hermano, la tarea es secundaria. Es, simplemente, un concreción de esa llamada que Dios me va haciendo. Incluso concreciones que pueden ir variando a lo largo de mi vida.

 

Te puedes especializar en “equis”, pero esa especialización, como nos pasa a los que tenemos profesiones vocacionales, viene motivada por un deseo. Llámalo fe o como quieras, si estamos hablando de profesiones. Pero viene motivado por algo.

Pero desde nuestra perspectiva cristiana es porque queremos que Dios sea quien vaya dirigiendo nuestra vida. Hacemos un proyecto de vida en clave evangélica y, por supuesto, en clave misionera. Y ahí tienen sentido las tareas que luego vamos a asumir.

 

Eso supone que las fases y los trabajos también pueden variar.

Pero eso hay que educarlo y no se hace siempre. Directamente, nos vamos a lo básicamente necesario porque nos come lo urgente.

 

Y al final, parece que estamos en una Iglesia de cifras.

No se trata, por tanto, de hacer muchas cosas nuevas. Pero sí de hacer nuevas las cosas que hacemos. Si yo estoy en Cáritas, no porque quiero ser voluntario o porque quiero ser buena gente, sino que lo hago desde una perspectiva más profunda, conseguiré que mi trabajo en Cáritas pueda transmitir el Evangelio de una manera más directa.

 

 

El trabajo de Cáritas puede que sea el que venga más a pelo para explicar lo que queréis hacer.

Lo decimos mucho. Lo que es Cáritas para la acción socio-caritativa dentro de la Iglesia, en cierto modo la Acción Católica lo es para la formación y el envío del laicado. Puede haber otras realidades eclesiales que provienen de diferentes carismas que trabajan por los pobres, por la caridad, pero todo el mundo entiende que Cáritas es el instrumento propio que tiene la Iglesia para que toda la comunidad viva esa dimensión. Porque en el fondo Cáritas, somos todos. No solamente las que atienden a personas que tienen necesidades en el barrio, sino también las que animan a que en toda la comunidad, esa dimensión no la pierda de vista porque es troncal en la vivencia de la fe.

Con la Acción Católica pasa igual. El tema de que el laicado se sienta corresponsable en la misión de la Iglesia es por lo que Acción Católica trabaja, junto con otras realidades.

Pero ofrece herramientas y espacios dentro de lo más básico que hay en la Iglesia, que es la parroquia, para que cualquier persona lo pueda tener. Ése es el proyecto y en lo que estamos trabajando. Lo que pasa es, que de como era la Acción Católica de hace 70 años a como es ahora, las realidades han cambiado mucho.

Es un proyecto nuevo, de hecho la cita que hemos cogido es “A vinos nuevos, odres nuevos”, y los destinatarios son personas nuevas también; personas de parroquia que quieran dar consistencia a su vida desde la fe y trabajando juntos.

 

¿Qué le dirías a personas de otras instituciones de la Iglesia, y no sé si también a las del interior de la Acción Católica -porque sois una federación de instituciones-, que pueden ver esto de una manera muy distinta a cómo tú lo explicas y sentir algún recelo, en el sentido de invasión de su parcela?

Que hay que trabajar desde la comunión. Una de las cosas más bonitas que estamos viviendo estos últimos años es que allá por donde vamos, cuando presentamos el proyecto en lo concreto, en cómo luego se aterriza a una parroquia, nadie nos dice que no tenga sentido. Todo el mundo ve, que los que se ofrece en este proyecto, es algo que encaja con lo natural, que es nuestra Iglesia y nuestra parroquia. Y que no entra en competencia con nadie.

Básicamente, lo que estamos diciendo es que en toda parroquia existan grupos parroquiales de vida cristiana. No queremos que hay niños de Acción Católica y de catequesis, o jóvenes de Acción Católica y jóvenes de la parroquia. No. Son grupos de la parroquia donde los niños saben que después pueden pasar a ser jóvenes, que los jóvenes pueden pasar a ser adultos, y que hay un proceso que genera continuidad.

Este proceso te permite tener referentes siempre por delante. Lo ideal es que el adulto que acompaña a esos niños tenga también su grupo parroquial de adultos. Entonces, lo que hace con esos niños es trasmitir en primera persona lo que ese adulto está viviendo. Pero esos grupos no tienen que ser de miembros de Acción Católica, sino de personas de la parroquia.

 

Me planteaba más el hecho de personas, grupos e instituciones que ya llevan tiempo trabajando de una manera determinada y que pueden sentir esto como una invasión.

Al final, se trata de que las personas que se sientan llamadas a vivir de manera comunitaria su fe desde un grupo con un carisma concreto, también la pueda encontrar en la parroquia. Esto no quita que existan otros grupos parroquiales movidos por carismas que surgen del Espíritu Santo.

Nosotros no queremos que todas las parroquias sean de Acción Católica, pero sí queremos que en las parroquias hay grupos parroquiales de diferentes carismas y que entre todos propiciemos este itinerario de fe, que es importante para todos.

Pero claro, aquí la cuestión es que no se entiende la parroquia sin su referencia a la diócesis. Lo ideal es que este proceso formativo se haga desde el plan pastoral diocesano, y que el obispo, los párrocos y todos los laicos de esas diócesis lo veamos con naturalidad.

 

 

 

Un proceso a medio plazo, cuando menos.

Pero, igual que vemos con naturalidad lo que hoy es Cáritas, que nadie está cuestionándola desde ninguna parroquia.

 

Cierto.

Nadie la cuestiona. Se ve con naturalidad que es un instrumento básico que tiene la Iglesia para desarrollar esta dimensión. Lo que queremos generar ahora es eso.

¿Y cómo se genera? Pues no cayendo en la auto-referencia. Si nosotros vamos con unas siglas por delate y no priorizamos, entonces caemos en un problema.

El Papa nos lo decía la semana pasada en Roma: “Hay que popularizar la Acción Católica, pero no podéis ser aduana. No podéis poner unas etiquetas a la gente normal de la parroquia. Entonces, vosotros mismos estaríais cerrando las puertas”.

Pero la Acción Católica hay que popularizarla para que se vea de una manera normal dentro de la Iglesia y que luego responda a la vida del pueblo. Y también estamos hablando de la gente alejada.

 

No politicemos los conceptos, sí.

Exactamente. Entonces, ése es el trabajo que estamos desarrollando para que el proyecto se entienda, pero sin querer generar competencia ni tampoco creernos que somos aquí los salvadores de nada, ni de la Iglesia. Es trabajar desde lo que hay y desde la comunión.

 

¿Tenéis proyectos piloto que estén funcionando en parroquias, en alguna diócesis, y donde estéis viendo que el modelo es insertable, que encaja y que puede funcionar?

Sí. La manera de empezar realmente, es poniendo en coordinación a párrocos y a laicos de diversas parroquias de una diócesis concreta. Este dinamismo se está generando de una manera bonita en diferentes diócesis.

Las más llamativas tienden hacia el sur, en Córdoba y en Málaga, que son también diócesis donde la realidad parroquial todavía tiene un empaque de gente, de dinamismo. Pero luego, también en diócesis más pequeñitas como pueden ser Valladolid, Tortosa y Santiago de Compostela, donde también hay entusiasmo y hay ganas de ir generando lazos y redes de comunicación.

Una de las cosas que también decimos mucho en la Acción Católica, es que lo que queremos generar es una red de trabajo conjunto, donde se visibilice a los laicos de parroquia que quieren caminar juntos.

Este verano organizamos en Santiago de Compostela nuestra asamblea general. Pero no queremos que sea una asamblea donde nos revisemos a nosotros mismos, sino que sea un encuentro abierto donde cualquier laico, de cualquier parroquia, pueda acudir y pueda reflexionar conjuntamente.

Lo que hemos hecho para esto es poner como centro de reflexión lo que hoy la Iglesia quiere que miremos, que es cómo renovar la pastoral de las parroquias para ponerla en clave de salida.

Ése sería el primer reto: cómo construir parroquias en clave de salida. Que tiene aparejado un segundo reto: qué papel juegan los laicos para esa nueva visión pastoral que el Papa nos está encomendando.

Y, si hablamos de parroquia en salida y hablamos de laicado, vamos a un tercer reto: que es el tema de una presencia pública significativa. No se trata de un testimonio hacia adentro, sino un testimonio hacia afuera.

Y el cuarto reto: si esto es para todos, no hagamos cada uno la guerra por nuestra cuenta. Hagámoslo juntos, caminemos juntos. Generemos cauces comunitarios que nos posibiliten, desde una problemática común, poder hacer cosas juntos.

Ese es el espíritu que tiene el encuentro de este verano. En cierto modo visibiliza el espíritu que tiene el nuevo proyecto de Acción Católica: ser un espacio de encuentro, de acompañamiento y de trabajo conjunto para cualquier persona que se sienta de la parroquia.

Nosotros también decimos que esto es una especie de marca blanca o de medicamento genérico. La persona que quiera vivir su fe desde un carisma concreto, pues estupendo. Ahora bien, hay muchas personas que simplemente se sienten de la parroquia y ya está.

Se necesita este itinerario de fe, este proceso y lazos de comunicación de unas parroquias con otras. Para eso, la Iglesia generó la Acción Católica y ahora se trata de que la Acción Católica se actualice, para dar respuesta hoy a esa necesidad que sigue siendo básica en nuestras parroquias.

 

 

 

Un proyecto muy ambicioso, y muy complicado por lo que me cuentas. Pero también muy ilusionante. Te reconozco que hace tiempo, muchos hubiéramos necesitado esto para no ver cómo la gente se desenganchaba de esa realidad parroquial. No sé si hay vuelta atrás para los que se han ido, pero esos brotes verdes que comentabas antes, son muy interesantes.

Lo bueno es, que al generar un proceso para toda la vida, una persona que se sienta movida por la chispa de la fe, va a poder insertarse en una comunidad de una manera más férrea en cualquier momento.

 

Que no hay que regresar a la casilla de salida.

Ésa es una de las grandes potencialidades que tiene en ofrecer un proyecto que engloba niños, jóvenes y adultos.

Otra potencialidad que tiene, es el tema de la familia: uno de los grandes retos que tienen las pastorales familiares es cómo conjugar los procesos básicos de la fe con los elementos básicos de lo que se da en el ambiente de la familia.

En este cauce para toda la vida de lo que encuentras en la parroquia, es que lo que vive tu niño, lo puedes vivir tú como adulto. Obviamente, una familia ideal ideal se puede entroncar plenamente en este cauce, y habrá otras que sean parciales donde, a lo mejor, lo vive solo el marido o están los niños pero no están los padres. Pero desde la Iglesia o desde la parroquia, la oferta es permanente.

Ahora, el reto está en cómo acercar a esas personas alejadas, cómo les podemos avivar esa chispa de la fe para que den ese paso al frente. La oferta está.

Nosotros, con el planteamiento de este proyecto de Acción Católica, no estamos proponiendo una manera concreta de hacer el primer anuncio de la fe, estamos proponiendo “y después qué”. Que la parroquia pueda, en cualquier momento, ofrecer un camino de continuidad donde el acompañamiento y el envío misionero sean el centro de todo.

Igual que hablamos de la comunión con otro tipo de movimiento y otros tipos de carisma dentro de la parroquia, también podemos hablar de la comunión con el tema de la vehiculización del primer anuncio. Esto no entra en confrontación con cursillos de cristiandad, ni con la cena alfa. Todo lo contrario, esto encaja. Lo ideal es que cada realidad lleve a cabo la tarea específica por la cual fue creada.

 

Y que, a la vez, pueda aportar en otros aspectos de esa vida parroquial y de esa comunidad parroquial que se genere.

Exactamente. Pero todo se entronca si conseguimos generar este itinerario. Que es lo que estamos tratando de conseguir pero que, como tú bien dices, es una cosa a medio-largo plazo y que poco a poco se irá superando.

 

Estaremos muy atentos Antonio. Iremos viendo, si te parece, cómo va caminando. Y seguiremos conversando, porque es un proyecto muy interesante y muy en la línea de lo que quiere el papa Francisco.

Al final, también, por muy papa que sea, no deja de ser una persona que es falible como todo el muno. Pero el proyecto tiene detrás mucho evangelio y mucho camino. Ese camino de Jesús en el que los que le acompañaban venían todos de su padre y de su madre, pero todos trabajan juntos en un proyecto.

El Papa lleva en su corazón a la Acción Católica; su familia, sus padres, sus abuelos y él de joven estuvo viviendo en este cauce en Argentina en la Acción Católica, que él quiere mucho. Y en Argentina, ha trabajado mucho por Acción Católica. Ahora, está apostando fuerte por ella. Pero luego el Papa es jesuita, por eso hablamos de compatibilidad.

 

Es jesuita y es franciscano, entre comillas, también.

Al final, si realmente cada cosa se pone en su contexto y se trabaja desde la humildad y desde el servicio, todo encaja. Y eso es lo que el Papa nos está diciendo. Cuando el otro día nos daba su discurso, utilizó la palabra carisma, que es una palabra que utiliza mucho. Nos preguntó cuál es el carisma de la Acción Católica, y, vino a decir que el carisma de la Acción Católica es ser diocesano. Es ser diócesis. Es ser instrumento en la entraña de la Iglesia diocesanas.

A mí, cuando utilizó la palabra “entrañablemente”, me encantó, porque significa dos cosas: por un lado, el tema del cariño, de ser algo propio de esa maternidad y, por tanto, querido.

Y por otro lado, el de pertenecer al propio esqueleto de la Iglesia, al propio interior de la Iglesia. Con estas siglas o con otras. Con esta estructura organizativa o con otra. Pero la Acción Católica es necesaria, significando la diocesanidad.

Luego puso el ejemplo de los sacerdotes diocesanos; puede haber sacerdotes que vivan su fe desde una carisma más específico, pero pueden servir en las diócesis. Pues claro que lo hay. Pero también hay un montón que son simplemente sacerdotes diocesanos que viven su presbiterio diocesano y ya está.

Pues el laicado que simplemente quiere vivir su bautismo sintiéndose parroquia y sintiéndose diócesis y ya está, es de Acción Católica. O al menos es simpatizante o partícipe de este proyecto que estamos generando.

Luego habrá algunos, como nosotros, que damos el paso al frente y ofrecemos la disponibilidad a la Iglesia para posibilitar que este cauce exista. Pero no somos laicos de primera o de segunda. Somos laicos de parroquia y de la diócesis, que vivimos nuestra fe y queremos ayudarnos unos a otros,a seguir creciendo y a seguir evangelizando.

En Málaga, yo siempre he estado en una parroquia haciendo diferentes cosas; acompañando niños y acompañando jóvenes. Y, antes de venir para Madrid, estuve diez años de delegado diocesano de la juventud, allí, en mi diócesis. En cierto modo, el servicio que hacía allí como delegado, es similar al que hago aquí para promover todo este tema del laicado y de la acción católica.

Un delegado diocesano no va por libre, es delegado del obispo. Y su hoja de ruta es el plan pastoral diocesano. Una persona que coordina la acción católica general, tampoco va por libre; se acoge a los programas y a los planteamientos que la Iglesia va haciendo. Lo hace de manera propositiva desde el laicado, desde la experiencia. Y desde la vivencia tiene que llevar la problemática social a esos planes pastorales y tiene que aportar su criterio de una manera activa. Pero no vamos por libre, sino que trabajamos en comunión con los pastores: esto es lo que significa la acción católica.

 

Se trata de construir entre todos, cada uno con su función, con su misión o su ministerio específico.

Pero muy en comunión y en diálogo permanente con lo que son los pastores, y asumiendo como propio todo esto.

Se trata de una llamada, para todos. Y con esta naturalidad es como hay que presentarla. Y quitar prejuicios, que es una de las cosas que tenemos.

Cuando hablamos de acción Católica, hay muchas personas que piensan que es la que hubo en la dictadura. También hay personas que piensan en la Acción Católica y se van para el extremo opuesto.

Pero el lema que tenemos en Roma es: “Con todos y para todos”. Y con ese “para todos” pensamos, como decíamos, en esos alejados, germen de comunión y de evangelización.

Volviendo al tema de los sacerdotes, nosotros no queremos sacerdotes especialistas de Acción Católica, sólo queremos párrocos que acompañen los procesos de sus laicos. No queremos que haya un sacerdote que esté en tal parroquia trabajando y que luego vaya a parroquias del otro extremo de la ciudad a acompañar a unos laicos, porque son de acción Católica. En aquél extremo de la ciudad los acompañará su párroco. Igual que no hay sacerdotes de Cáritas.

Es el párroco el que vela y el que trabaja y acompaña por el tema de su Cáritas en la parroquia; ésto es lo que tiene que ser para la Acción Católica. Pero, para eso, hay que quitar esos prejuicios de los que hablábamos: hay que explicar este proyecto para el que ya estamos poniendo sobre la mesa medios concretos para su desarrollo.

Tenemos recursos formativos para niños, para jóvenes y para adultos. Y dentro de esa etapa, lo tenemos dividido en niveles para grupos que empiezan a caminar, para grupos que están viviendo un proceso de consolidación, o un proceso de maduración en la fe. Tenemos espacios de encuentro y de análisis y cursillos de acompañamiento, que es uno de los pilares para que todo esto tome consistencia. Materiales específicos para temas sociales que surgen, para hacer alguna campaña o alguna reflexión. Hace poco hicimos una sobre el tema de la dignidad de la persona.

Son elementos que también nutren el día a día de esa realidad. Y no lo estamos haciendo por libre, sino que lo estamos haciendo con el departamento de la catequesis la Conferencia, con el departamento de Juventud… Realmente son materiales avalados por la propia Conferencia Episcopal y al servicio de todos.

 

“Con todos y para todos”. Nos quedamos con eso. Muchas gracias por venir a contarnos esta iniciativa y este ambicioso e ilusionante itinerario. Seguiremos hablando.

Gracias a vosotros.

 

 

Fuente: http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2017/06/08/antonio-munoz-accion-catolica-es-la-institucion-que-mas-en-serio-se-esta-tomando-lo-de-iglesia-en-salida-religion-iglesia-movimientos-especializados-evangelizacion.shtml

Categorías:Accion Catolica, General

Declaración de la Comisión Episcopal de Pastoral Social Mexicana

https://i1.wp.com/cem.org.mx/img/diocesis/5932ee7b89ea0.jpg

Declaración


 

Declaración de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

1.- Como obispos de México tenemos la certeza que nos enfrentamos como nación a una emergencia que es a la vez humanitaria, política, económica y social y que afecta a toda la nación y en particular a las diferentes regiones. Esta crisis es cada vez más reconocida y su gravedad y perspectiva futura es de mayores dificultades, y así desgraciadamente por su profundidad contribuye a la caída de símbolos y esperanzas, de modelos y narrativas.

Ante esta situación, como hemos señalado los obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano: “la Iglesia Católica, como comunidad e institución que forma parte importante de la sociedad mexicana, asume la responsabilidad histórica de actuar al servicio de nuestro pueblo. Se espera de ella y ofrece, no solamente una palabra profética, sino un compromiso de vida y de acción permanentes, un testimonio personal y comunitario”.1

Nos duele la situación de México y queremos ver de frente la realidad para actuar conforme a nuestra conciencia, por ello el episcopado y sus distintas comisiones y órganos hemos emitido recientemente declaraciones en torno al tema de migrantes,2 del trabajo3 y de los desaparecidos.4Esta declaración busca dar una mirada de conjunto, agregando otros elementos actuales y dando seguimiento a los documentos mencionados para animar y fortalecer una acción pastoral de largo plazo.

Creemos que la situación de México requiere de cambios estructurales profundos, que deben ser fruto de diálogo y no de imposición, que deben ir a la raíz de las problemáticas y no ser solamente respuestas coyunturales. Sabemos que todos los cambios requieren sacrificios y todos debemos estar dispuestos a ello, a partir de quienes más privilegios tenemos. Identificamos que el mayor desafío es cambiar las injusticias, la corrupción, la impunidad y las violencias, vengan de donde vengan.

A una crisis multidimensional se requiere responder todos, cada uno desde su espacio y posibilidades, por ello debemos iniciar desde el diálogo y colaboración, involucrando a quienes nos son cercanos y a los adversarios a contribuir a una sociedad, una economía y una política transformadas. Estamos absolutamente convencidos que debemos avanzar hacia estos cambios desde ya, por lo que nos comprometemos y proponemos líneas de acción clave para responder a la urgencia con visión de futuro:

2.-Construir una vida en paz y propiciar el diálogo en México y con los otros pueblos

Construir la paz y el diálogo entre todos los mexicanos. No podemos cejar en la construcción de la paz frente a las múltiples violencias que traen tanto dolor a nuestras comunidades. No es con más violencias, guerras o supresión de libertades que se sientan las bases de la paz. Tenemos que interpelarnos e interpelar a todos los creyentes aquí y en el mundo, dispuestos a actuar con verdad y justicia, cambiar los modelos económicos, políticos, sociales y culturales para un respeto de los derechos humanos personales y colectivos.

Ante las múltiples iniciativas y declaraciones que se van dando en estos meses, se requiere el compromiso y la colaboración de todos con objetivos que propicien la elaboración de planes y realización de acciones emergentes, tanto locales como nacionales. Desde la Iglesia reconocemos y apoyaremos todos los esfuerzos de aquellos que han venido buscando la colaboración entre mexicanos y estamos dispuestos a participar y aportar a los diálogos sociales que propicien la colaboración de todos, sin protagonismos, agendas ocultas o visiones de corto plazo. El diálogo debe desembocar en discernimiento comunitario, decisiones comunes y acciones concretas y procesos compartidos, que tengan impacto transformador en la vida actual y, esperamos, en el mediano y largo plazo.

Simultáneamente con los diálogos en nuestra sociedad, tenemos que dialogar con las sociedades del exterior, en especial en tres espacios prioritarios:

  • Propiciar el Diálogo a nivel latinoamericano. La Conferencia del Episcopado Mexicano ha señalado que por ello tenemos como propósito apoyar la articulación, ante la emergencia, de las respuestas a favor de los migrantes a través de las redes latinoamericanas ya existentes del CELAM, como REPAM y CLAMOR, todo ello para “colaborar unidos y luchar para que no existan muros ni militarizaciones entre comunidades hermanas” 5.
  • Propiciar el diálogo con Estados Unidos y Canadá. Daremos seguimiento a los compromisos planteados en la declaración de la CEM 6 de propiciar el diálogo de las tres sociedades para avanzar en la resolución común de nuestros problemas comunes.
  • Nuestra responsabilidad en el mundo. México tiene una responsabilidad en el mundo, tiene que ser una nación que frente a las divisiones y guerras entre naciones trate “de integrar a los distintos pueblos de la tierra”, que frente a las desigualdades y luchas “ofrezca modelos practicables de integración social”, que frente al dominio de una visión unilateral trate de “integrar en el desarrollo todos los elementos que lo hacen verdaderamente tal”. Pero, también tiene la responsabilidad de contribuir a que todo el mundo sea “una casa común” habitable para todos. Reconozcamos asimismo que, sin una acción mundial en estos grandes desafíos, México mismo no podrá lograr un avance verdadero y sustentable.

En cuanto nos corresponde, como obispos, nos comunicaremos con nuestros hermanos de los diversos países para compartirles la problemática mexicana, pero también la determinación de colaborar con todos en estas tareas indispensables para la supervivencia de la humanidad.

3.-Una nueva economía, para un verdadero desarrollo.

Economía y sociedad. Como recientemente ha declarado el Papa Francisco, debemos decir no a una economía que mata, y sí a aquella que ayuda a vivir porque comparte, incluye a los pobres y usa las ganancias para crear comunión.7

Un primer aspecto al que debemos dedicar la actuación de la nación es el de las causas y consecuencias económicas y sociales de la migración. Ante las medidas que se están tomando en Estados Unidos y el posible empobrecimiento de comunidades y regiones que dependen de remesas, la acción solidaria de todos es necesaria para propiciar la cohesión social como respuesta de la sociedad entera ante la emergencia humanitaria. Como se señaló en la declaración de la CEM sobre el tema, redoblaremos los esfuerzos de la iglesia en este sentido.

Hemos señalado en ocasión del día del trabajo, que “los bajos salarios, el aumento en el costo de productos alimenticios y otros productos requeridos hacen vivir a los trabajadores al día”, 8o con insuficiencia, por ello creemos que el actual debate sobre el salario mínimo debe verse con una óptica de urgencia. Exhortamos fuertemente a la responsabilidad social de empresas y grupos privilegiados. Todos tenemos que contribuir ante las dificultades con creación de trabajo, especialmente cada empresario cristiano, que no debe ser un homo economicus, un autómata que reacciona a estímulos, sino debe ser ciudadano responsable que usa sus ganancias para el bien común, hoy la creación de empleos dignos con salarios decentes y la reactivación de la economía interna son un imperativo.

Asimismo, es necesario promover en nuestras comunidades un consumo responsable orientado por la opción de una vida sobria al adquirir los productos mexicanos que crean empleos dignos en nuestras regiones. Recordamos el señalamiento del Papa Benedicto XVI al respecto”.9

El campo y los campesinos y el cuidado de la creación. Debemos dar prioridad como sociedad al campo y a los campesinos, especialmente a los pueblos originarios, por un deber de justicia actual, por una deuda acumulada de años en que no se les ha dado su parte y, ahora también porque debemos recuperar la posibilidad de tener seguridad alimentaria como nación.

Daremos prioridad a este sector y a estas comunidades en nuestro trabajo pastoral, en la acción de la pastoral social y caritativa y en la promoción de la economía social y solidaria. Creemos que es indispensable rescatar al campo de los mecanismos que atrasan y manipulan.

Ante el cambio climático es indispensable apoyar a las comunidades que más van a sufrir ante este fenómeno creado por el hombre.

La renegociación de tratados económicos debe hacerse con sumo cuidado, en especial, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y el Acuerdo con la Unión Europea que serán renegociados. Cuando se negoció el TLCAN severas asimetrías ocasionaron que en nuestro país hubiera sectores ganadores y sectores olvidados y perdedores. En una nueva negociación los pobres no pueden volver a ser abandonados, se tiene que prevenir y compensar a quienes resultaran afectados. Tampoco se puede compensar a Estados Unidos con sacrificio de migrantes y construcción de barreras en el sur-sureste de nuestro país. Los obispos europeos y norteamericanos recientemente plantearon ante la negociación de su tratado transatlántico que debiera “no sólo considerar la teoría económica, sino también un análisis objetivo de sus efectos sobre nuestros ciudadanos, nuestras sociedades y nuestro planeta”.10 Los tratados, deben contribuir al bienestar, especialmente de los pobres y no exacerbar la desigualdad, llevando a un mundo más pacífico. Creemos que, durante la negociación, deben estar vigilantes ciudadanos representantes de las naciones implicadas, que defiendan los derechos de los pobres, los pueblos originarios, el cuidado de la creación, los mecanismos de participación y el diálogo entre iguales. Buscaremos el diálogo con las conferencias episcopales de estos países para propiciar la mayor justicia.

4.-Construir una política al servicio de nuestro pueblo

Este año y el próximo habrá elecciones en nuestro país. Es importante que todos participemos en estos procesos de manera activa, no podemos en esta emergencia dejar de actuar por el bien común, el futuro de México está en juego. Debemos actuar con honestidad y exigir la honestidad en todas y todos los participantes, con una ética civil común para todos los mexicanos. Debemos fijarnos en los programas y en las personas, exigir que programas y personas estén comprometidos con los temas centrales para el futuro como la lucha contra la corrupción e impunidad; la prevención de las violencias (en especial de los comunicadores y defensores de los derechos humanos) y el sufrimiento de víctimas de estas violencias; el respeto de la vida desde su concepción hasta su fin natural; así como la superación urgente de la pobreza y las desigualdades lacerantes.

En estos meses electorales habrá mucha discusión, enfrentamientos y asperezas. Tratemos de que este proceso electoral no deje heridas que nos impidan colaborar juntos ahora y después de ellos en los puntos esenciales que requieren de todas y todos los mexicanos para superarse.

5.-La crisis nos convoca a mexicanos y mexicanas a una acción urgente, a una colaboración con todos, porque sin todos, sin acción concertada y multidimensional nuestras acciones difícilmente lograrán la necesaria transformación del país. Por ello compartimos con las y los mexicanos, estos compromisos y planteamientos con la esperanza de suscitar y fortalecer las iniciativas de todos los grupos y sectores. Si las y los mexicanos no nos comprometemos hoy con la transformación de México, especialmente quienes más responsabilidades tenemos, está claro que el respeto a la dignidad de las personas como hijas e hijos de Dios, no se cumplirá en México.

6.- A todos los fieles católicos, a las mujeres y a los hombres de buena voluntad, y a todas y todos aquellos que creemos en un Dios creador les invitamos a cerrar este comunicado compartiendo esta oración que nos ha propuesto el Papa Francisco: “Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas, Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie. Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos.

Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita. Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz”.

Invocando a Santa María de Guadalupe les bendecimos.

Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

S.E. Mons. Carlos Garfias Merlos

Arzobispo de Morelia
Justicia Paz y Reconciliación, Fe y Política

S.E. Mons. José Leopoldo González González

Obispo de Nogales
Presidente de CEPS-Cáritas Mexicana

S.E. Mons. Jorge Alberto Cavazos Arizpe

Obispo de San Juan de los Lagos Pastoral del Trabajo

S.E. Mons. Domingo Díaz Martínez

Arzobispo de Tulancingo Pastoral de la Salud

S.E. Mons. Andrés Vargas Peña

Obispo Auxiliar de México Pastoral Penitenciaria

S.E. Mons. José de Jesús González Hernández

Obispo de la Prelatura del Nayar Pastoral Indígena

S.E. Mons. Guillermo Ortíz Mondragón

Obispo de Cuautitlán
Pastoral de la Movilidad Humana

 

 

 

1 Acciones de la Iglesia Católica ante la emergencia humanitaria que enfrentan las comunidades migrantes. CEM, 2017

2 “Acciones de la Iglesia Católica…”, op.cit.

3 Mensaje de Pastoral del Trabajo, Dimensión de Pastoral del Trabajo, CEPS, mayo 2017

4 Estudio del Observatorio Nacional de la CEM sobre los desparecidos en México, mayo 2017

5 Acciones de la Iglesia Católica, op.cit.

6 Acciones de la Iglesia Católica, op.cit.

7 Véase especialmente el mensaje del pasado 4 de febrero al movimiento de focolares http://w2.vatican.va/content/francesco/it/speeches/2017/february/documents/papa-francesco_20170204_focolari.html)

8 Mensaje de Pastoral del Trabajo, op cit.

9 Benedicto XVI, Caritas in Veritate, No. 66

10 EU and US Bishops’ recommendations on the negotiations of the Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP) (accesado 201606-16)

 

http://cem.org.mx/Slider/111-ver-detalle.html

Categorías:Iglesia

Carmelita descalza a un paso de convertirse en la primera beata de Paraguay

https://www.aciprensa.com/imagespp/size680/VenerableChiquitunga_FacebookCausaChiquitunga_070617.jpg

Venerable María Felicia de Jesús Sacramentado / Crédito: Facebook Causa Chiquitunga

Carmelita descalza a un paso de convertirse en la primera beata de Paraguay

Por Bárbara Bustamante

De esta manera, la causa de esta venerable será estudiada por la comisión teológica de la Congregación para las Causas de los Santos, para luego presentarla al Santo Padre, quien finalmente será el encargado de evaluar y firmar el decreto que permitiría su beatificación.

María Felicia Guggiari Echeverría,  conocida como “Chiquitunga”, nació el 12 de enero de 1925. Desde los 14 años se dedicó intensamente a la oración y el apostolado en la Acción Católica de Paraguay.

Tras descubrir su vocación de religiosa contemplativa, el 14 de agosto de 1955 “Chiquitunga” ingresó a los 30 años al Carmelo de Asunción, y 4 años después murió a causa de una fuerte hepatitis, el 28 de marzo de 1959.

Su proceso de beatificación se inició en 1997 y fue declarada “venerable” en 2010 por el Papa Benedicto XVI.

La curación atribuida a la intercesión de la religiosa ocurrió el año 2002, en el departamento de San Pedro, cuando un recién nacido, Ángel Ramón, presentó complicaciones en el parto y que estuvo veinte minutos sin signos vitales tras cortar el cordón umbilical.

Ante esta complicación la obstetra pidió la intercesión de la carmelita, y tras 20 minutos de haber sido dado por muerto el bebé recuperó sus signos vitales.

“Ni el oxígeno que le quisieron poner, ni oprimiendo su pecho, se reanimó, nada, nada, así estuvo por 20 minutos”, relató el P. Flaminio Benítez, de la Orden del Carmelo que presentó el caso a la Santa Sede.

“Ya con cinco minutos sin oxígeno en el cerebro queda con secuelas, hoy 15 años después el niño está normal”, sostuvo el sacerdote según señala AICA.

Respecto a la resolución de la junta médica del Vaticano, el Presidente de la Conferencia Episcopal de Paraguay y Arzobispo de Asunción, Mons. Edmundo Valenzuela, pidió prudencia a la hora de llamarla “beata”.

“Hasta que el Santo Padre no promulgue aún el reconocimiento del milagro inexplicable y maravilloso nadie la llame aún beata. Esperamos un poco más”, afirmó el Prelado en un mensaje.

Por su parte, el P. Benítez, explicó que “esto ahora va a la Congregación para la Causa de los Santos y ahí los teólogos hacen una nota al Papa, presentándole los resultados de la junta médica y entonces el Papa firmará un decreto convocando la beatificación, esto sería dentro de unos meses todavía”.

Hasta la fecha, el único santo de Paraguay es el jesuita y mártir San Roque González de Santa Cruz, canonizado en 1988 por el Papa San Juan Pablo II.

Fuente: https://www.aciprensa.com/noticias/carmelita-descalza-a-un-paso-de-convertirse-en-la-primera-beata-de-paraguay-64374/

Categorías:beatos y Santos, General

CARTA DEL OBISPO DE ASTORGA por el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

 

CARTA DEL OBISPO DE ASTORGA 

Queridos diocesanos:

La fiesta de Pentecostés nos recuerda un año más que todos los bautizados hemos recibido la unción del Santo Espíritu que nos capacita para dar testimonio y predicar el evangelio de Cristo a todas las gentes y por toda la tierra. Todos somos miembros activos del Cuerpo de Cristo, todos estamos llamados a participar en la misión de este Cuerpo que es anunciar el evangelio y alcanzar la meta de la santidad, ayudados por la gracia de Dios.

Todos somos hijos y, por tanto, hermanos. Y entre los hermanos no caben las disputas ni las divisiones o las indiferencias porque en una familia bien avenida todos son necesarios y todos buscan una misma meta. El apostolado de los seglares debemos entenderlo todos como una aportación específica y esencial a la Iglesia y a su misión otorgada por el mismo Señor en el bautismo. Nade debe impedir la misión de los seglares tal como la expresó en su día el Concilio Vaticano II cuando afirmó en el Decreto Apostolicam actuositatem: “Los laicos, hechos partícipes del ministerio sacerdotal, profético y real de Cristo, cumplen su cometido en la misión de todo el pueblo de Dios en la Iglesia y en el mundo. En realidad, ejercen el apostolado con su trabajo para la evangelización y santificación de los hombres, y para la función y el desempeño de los negocios temporales, llevado a cabo con espíritu evangélico de forma que su laboriosidad en este aspecto sea un claro testimonio de Cristo y sirva para la salvación de los hombres….Los cristianos seglares obtienen el derecho y la obligación del apostolado por su unión con Cristo Cabeza. Ya que insertos en el bautismo en el Cuerpo Místico de Cristo, robustecidos por la Confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, son destinados al apostolado por el mismo Señor” (A A 2 y3).

A lo largo de estos cincuenta años posteriores al Concilio todos hemos hecho esfuerzos para despejar las dudas, superar reticencias y situar en el lugar correspondiente cada ministerio. Los esfuerzos no han sido en vano. Hemos de reconocer que se ha avanzado un largo trecho en el reconocimiento de la misión del laicado en la Iglesia; pero queda todavía otro trecho del camino quizá más largo todavía. Hasta ahora se han dado pasos en la incorporación de laicos en tareas eclesiales como colaboradores del ministerio sacerdotal. Siendo estas tareas muy importantes, sobre todo en la liturgia, la catequesis y la caridad. La misión esencial del laicado está en medio del mundo, en la propia vida social, cultural, política, económica, sindical. En estos campos no hemos avanzado mucho. ¿Cuántos de nuestros políticos se reconocen como cristianos que llevan los valores del Reino de Dios para impregnar y transformar la sociedad según el plan de Dios? ¿Cuántos empresarios o sindicalistas cristianos se comprometen a respetar la dignidad de la persona y de los pobres por encima de la ganancia económica o del prestigio social? ¿Cuántos educadores, médicos, abogados cristianos defienden los principios éticos y los aplican, incluso con la objeción de conciencia? ¿Cuántos padres y madres de familia se comprometen en vivir el matrimonio como alianza de amor abierta siempre a la vida y a la trasmisión de la fe? ¿Cuántos están en los medios de comunicación donde se juega hoy la sensibilización de la sociedad?

Hemos de reconocer que son pocos los seglares que descubren su vocación a ejercer el sacerdocio común de todos los fieles en orden a transformar el mundo y de alguna manera hacer presente los valores del Reino de Dios ya en este tiempo. Ciertamente, son pocos; pero los seglares, varones y mujeres, comprometidos con su específica vocación son hoy verdaderos confesores de la fe en los Parlamentos, en las empresas, en los hospitales, en las escuelas, en la judicatura, en el desarrollo cultural, en múltiples ámbitos en los que anteponen su fe y la defensa de su fe incluso al puesto de trabajo o al prestigio social.

Para que los seglares puedan ser constantes en su vocación y que no desfallezcan en la misión evangelizadora es necesario que apoyemos las asociaciones seglares. Todas las aprobadas por la Iglesia son buenas y cumplen una función muy importante en el acompañamiento espiritual, la formación y el apoyo mutuo. Particularmente, la Acción Católica cumple esta función de promoción del laicado para que ejerza en el mundo su propia vocación y misión. Esta institución eclesial que ha dado a la Iglesia mártires y santos laicos, mujeres y varones, padres, madres, solteros ha celebrado recientemente un Congreso internacional en Roma. El Santo Padre les ha dirigido unas palabras que pueden servir para reavivar el dinamismo apostólico de los seglares en forma asociada o no. Les decía el Papa Francisco: “Es necesario que la Acción Católica esté presente en el mundo político, empresarial, profesional, pero no para creerse los cristianos perfectos y formados sino para servir mejor. Es imprescindible que la Acción Católica esté en las cárceles, los hospitales, en la calle, las villas, las fábricas. Si no es así, va a ser una institución de exclusivos que no le dice nada a nadie, ni a la misma Iglesia. Quiero una Acción Católica en este pueblo, la parroquia, en la diócesis, en el país, barrio, en la familia, en el estudio y el trabajo, en lo rural, en los ámbitos propios de la vida. En estos nuevos areópagos es donde se toman decisiones y se construye la cultura. El compromiso que asumen los laicos que se integran a la Acción Católica mira hacia adelante. Es la decisión de trabajar por la construcción del reino…Todos tienen derecho a ser evangelizadores”.

Hermosas palabras que invitan tanto a los cristianos laicos como a los consagrados y sacerdotes a reflexionar para avanzar en la comprensión de la misión del seglar y en facilitar las medidas pastorales adecuadas para que puedan realizar su verdadera y auténtica misión. En este sentido he creído oportuno adscribir la Delegación de Apostolado Seglar a la Vicaría de Pastoral social e integrar en la misma Delegación la Pastoral obrera y rural. Espero que de esta forma se pueda ayudar desde las estructuras diocesanas a la verdadera promoción del compromiso evangelizador de los laicos que ha de tener siempre en cuenta la dimensión social de la fe.

Agradezco a todos los seglares que estáis evangelizando con vuestro sencillo; pero firme testimonio de fe en los distintos ambientes sociales en los que desarrolláis la vida. ¡Qué hasta vosotros descienda la bondad de Dios y haga prósperas las obras de vuestras manos! Con mi afecto y bendición.

† Juan Antonio, obispo de Astorga

Categorías:Accion Catolica, General

Carta Pastoral en el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2017

26 May , 2017

“Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo”

Queridos diocesanos:

En la solemnidad de Pentecostés recordamos que el Espíritu Santo es el principio de expansión de la Iglesia y la fuerza que dinamiza su misión. La docilidad al Espíritu llevó a difundir el cristianismo, nos dice el papa Francisco. Él es el que guía a la Iglesia hacia las periferias geográficas y espirituales del mundo.

El don del Espíritu Santo

Pentecostés pone ante nuestra consideración la omnipresencia misteriosa del Espíritu que es el don de Dios Padre y de Cristo resucitado a la Iglesia, como nos refiere el evangelista san Juan: “Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20,22). Este don hemos de descubrirlo como principio de cohesión y de unidad de la Iglesia porque “nadie puede decir: Jesús es el Señor sino por el Espíritu Santo” (1Cor 12, 3). Cristo y la Iglesia forman un único cuerpo: “Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados.  Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos” (Ef 4, 4-6), escribe san Pablo. El Espíritu Santo es también principio de unidad entre nosotros que, bautizados en un solo Espíritu, formamos un solo cuerpo. En Él encontramos el  principio de nuestra identidad cristiana que nos distingue del mundo: “Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce; vosotros en cambio, lo conocéis  porque mora con vosotros y está con  vosotros” (Jn 14, 16-18). Jesús se refiere al mundo que no lo reconoció y que ahora rechaza a la Iglesia: “Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros” (Jn 15,18). Ante ese mundo no podemos perder nuestra identidad ni ocultar nuestra comunión eclesial más allá de la diversidad de opiniones.

Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

En este contexto encuentra razón de ser el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, convocando a todos los cristianos laicos a vivir la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo resucitado. “Su colaboración como miembros del pueblo de Dios, es indispensable para que la Iglesia pueda hacerse presente en muchos ambientes y lugares de primera importancia en la vida secular, como las universidades, los medios de comunicación, la formación de la opinión pública, las orientaciones y tendencias en la vida laboral, económica, cultural y política”[1].

Interpretamos esta jornada con el lema: “Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo”. Como el sembrador que sale de su casa y se pone en camino para llegar al campo donde ha de esparcir la semilla, así los laicos cristianos han de salir de sí mismos para ir al encuentro de los demás y anunciar la Palabra de Dios, promoviendo el diálogo en la sociedad y construyendo la civilización del amor, sin olvidar que construir ignorando a Dios y su voluntad nos lleva a la desilusión, a la tristeza y al sentimiento de derrota. El compromiso de fidelidad al amor de Dios no es fácil, pero en su misericordia no nos abandona y nos ofrece siempre la posibilidad de volver a Él, experimentando la alegría de su amor que perdona. No podemos quedar atrapados en la jaula de nuestros criterios y añoranzas. Os animo a vivir con esperanza vuestro compromiso cristiano, teniendo en cuenta las orientaciones del Sínodo diocesano que acabamos de clausurar. ¡Merece la pena! Como os decía en la clausura, transformar el documento sinodal en acontecimiento providencial es lo que la Iglesia diocesana nos pide para que Cristo resucitado con la fuerza del Espíritu sea el protagonista de esa historia que está por llegar. Dice el papa Francisco que siempre hay que volver a visitar los orígenes, una memoria que nos salva de cualquier imaginación gloriosa pero irreal del pasado. No se trata tanto de ocupar lugares cuanto de iniciar procesos. Las fragilidades que nos circundan hemos de transformarlas en lugares de bendición.

Queridos diocesanos, en los primeros días de agosto tendremos en nuestra diócesis la asamblea nacional de la Acción Católica General. Os invito a participar en este encuentro. Esto ayudará a dar un impulso a la Acción católica para fortalecer la Evangelización, pues como dijo el Papa “la misión no es una tarea entre tantas en la Acción Católica, sino que es la tarea”. Encomendemos en la oración los frutos de este encuentro.

Agradeciendo vuestro compromiso pastoral en la diócesis, os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] CEE, Plan Pastoral de la CEE (2016-2020): BOCE, 31 diciembre 2015, 87.

Fuente: http://www.archicompostela.es/carta-pastoral-dia-la-accion-catolica-del-apostolado-seglar-2017#prettyPhoto

Anacleto enseñó con la palabra, su vida y su sangre

Anacleto enseñó con la palabra, su vida y su sangre

La Cristiada, aquella singular gesta durante la cual México asombró al mundo ofreciéndole una muchedumbre de héroes que fueron santos, aún tiene mucho que contarnos.


México; la Cristiada, Anacleto


Por lo pronto, fue San Juan Pablo II, aquel inolvidable Papa “venido de un país lejano”, quien se interesó por estudiar a fondo dicha gesta; y, al comprobar que muchos de los sacrificados lo fueron por odio a la fe y perdonando a sus verdugos, no dudó en elevarlos a los altares, entre ellos, aparte de los numerosos sacerdotes y seglares sacrificados, dos héroes nacidos en los Altos de Jalisco: un fraile dominico y un intelectual de altos vuelos.

El fraile dominico fue Fray Luciano Reginaldo Hernández, nacido en San Miguel el Alto, Jalisco, martirizado nada menos que en España, cuando, en 1936, el gobierno de la II República inició una feroz persecución contra la Iglesia. Este héroe del cristianismo contemporáneo fue beatificado por Benedicto XVI en octubre de 2007.

El intelectual de altos vuelos –pensador, orador y dirigente social– fue Anacleto González Flores, nacido en Tepatitlán, Jalisco, martirizado en 1927 por los esbirros de Plutarco Elías Calles y beatificado también por Benedicto XVI, en noviembre de 2005.

Mucho es lo que se ha escrito acerca de Anacleto González Flores, tanto que cualquier intento por estudiar a fondo su figura está condenado de antemano al fracaso.

El maestro Anacleto era licenciado en Derecho, lector incansable, orador elocuente y poseedor de un envidiable estilo literario que hacía las delicias de sus lectores.

Anacleto, consciente de que los dones que había recibido no eran para adornarse frívolamente, sino más bien para ponerlos al servicio de la causa de Cristo Rey, decidió convertirse en un activista del pensamiento y de la acción todas las horas del día.

En Jalisco fundó la Unión Popular, desde la cual, organizando cuadros y formando jefes católicos, supo desafiar al gobierno callista en el terreno de las ideas llevadas a la práctica. Muchos de sus artículos pueden leerse en dos libros suyos: “El plebiscito de los mártires” y “Tú serás Rey”.

Al tener una amplísima visión de la realidad, Anacleto comprendió muy bien la esencia hispano-católica, tanto de México como del resto de las naciones hermanas. Amplísima visión que se resume en el siguiente párrafo:

“Nuestra vocación tradicionalmente, históricamente, espiritualmente, religiosamente, políticamente, es la vocación de España, porque de tal manera se anudaron nuestra sangre y nuestro espíritu con la carne, con la sangre, con el espíritu de España, que desde el día en que se fundaron los pueblos hispanoamericanos, desde ese día quedaron para siempre anudados nuestros destinos, con los de España. Y en seguir la ruta abierta de la vocación de España, está el secreto de nuestra fuerza, de nuestras victorias y de nuestra prosperidad como pueblo y como raza”.

Ni duda cabe que quien lea el párrafo anterior, por momentos, creerá estar leyendo al intelectual español Ramiro de Maeztu, quien fuera el primero en señalar la vocación de los pueblos hispánicos.

Y así como en España un Ramiro de Maeztu y también un Manuel García Morente ponían los cimientos de la ideología hispano-católica, aquí en México dicho honor le correspondió a un valiente alteño nacido en el pintoresco pueblo de Tepatitlán.

Quizás por eso lo odiaron tanto, odio que se manifestara con la saña con que lo torturaron antes de matarlo.

Vale la pena reproducir unos pensamientos expresados por el mártir antes de ser sacrificado:

“He trabajado con todo desinterés por defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia. Vosotros me mataréis, pero sabed que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de mí dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la seguridad de que veré pronto, desde el cielo, el triunfo de la religión en mi patria”.

Un intelectual no solamente valioso sino también valeroso.

Sus restos se veneran en el Santuario de Guadalupe, en Guadalajara. Sobre la placa que cubre el nicho, una inscripción en latín: “VERBO, VITA ET SANGUINE DOCUIT”, lo cual, en buen romance, significa: “Enseñó con la palabra, con la vida y con la sangre”.

@yoinfluyo

redaccion@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

Categorías:Historia Iglesia

Topografía del espíritu cristiano

Topografía del espíritu cristiano

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta, 25/05/2017

Las Escrituras nos indican tres palabras y tres lugares de referencia para el camino cristiano. La primera palabra es la memoria, y el primer lugar es Galilea. Jesús resucitado dice a los discípulos que le precedan en Galilea, que es donde tuvo lugar el primer encuentro con el Señor. Y cada uno de nosotros tiene su propia Galilea, donde Jesús se nos manifestó por primera vez, lo conocimos y tuvimos esa alegría y ese entusiasmo de seguirlo. Para ser un buen cristiano es necesario siempre tener la memoria del primer encuentro con Jesús o de los sucesivos encuentros. Es la gracia de la memoria que en el momento de la prueba me da certeza.

La segunda palabra es la oración y el segundo lugar es el Cielo. Cuando Jesús sube al Cielo no se separa de nosotros. Físicamente sí, pero siempre está vinculado a nosotros para interceder por nosotros. Muestra al Padre sus llagas, el precio que pagó por nosotros, por nuestra salvación. Así pues, debemos pedir la gracia de contemplar el Cielo, la gracia de la oración, el trato con Jesús en la oración, que en ese momento nos escucha, está con nosotros.

Y la tercera palabra es la misión y el tercer lugar es el mundo. Jesús, antes de irse –lo vimos ayer en el Evangelio de la Ascensión*– dice a los discípulos: Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos. Id: el sitio del cristiano es el mundo para anunciar la Palabra de Jesús, para decir que estamos salvados, que Él vino para darnos la gracia, para llevarnos a todos con Él ante el Padre.

Esta es la topografía del espíritu cristiano, los tres lugares de referencia de nuestra vida: la memoria, la oración, la misión, y las tres palabras para nuestro camino: Galilea, Cielo y mundo. Un cristiano debe moverse en esas tres dimensiones y pedir la gracia de la memoria. Decid al Señor: Que no me olvide del momento en que tú me elegiste, que no me olvide de los momentos en que nos hemos encontrado. Y luego, rezar, mirando al Cielo, porque Él está allí para interceder por nosotros. Y luego ir de misión: o sea, no quiere decir que todos deban ir al extranjero; ir en misión es vivir y dar testimonio del Evangelio, es hacer saber a la gente cómo es Jesús. Y eso, con el ejemplo y con la Palabra, porque si yo digo cómo es Jesús, cómo es la vida cristiana, pero vivo como un pagano, eso no sirve; la misión no va.

Si, en cambio, vivimos en la memoria, en la oración y en misión, la vida cristiana será hermosa y también gozosa. Y esa es la última frase que Jesús nos dice hoy en el Evangelio: el día en que viváis la vida cristiana así, se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Nadie, porque tengo la memoria del encuentro con Jesús, tengo la certeza de que Jesús está en el Cielo en este momento e intercede por mí, está conmigo, y yo rezo y tengo el valor de hablar, de salir de mí y hablar a los demás y dar testimonio con mi vida de que el Señor resucitó, está vivo. Memoria, oración, misión. Que el Señor nos dé la gracia de entender esta topografía de la vida cristiana e ir adelante con alegría, con esa alegría que nadie nos podrá quitar.


* En el Vaticano, la Ascensión del Señor se celebró ayer jueves. En casi todos los demás lugares se traslada al domingo próximo (ndt).

Fuente: https://www.almudi.org/liturgia/homilias-de-santa-marta/homilia/97293/topografia-del-espiritu-cristiano

Categorías:La voz del papa, Laicos