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El Dirigente de Acción Católica

1 –    EL DIRIGENTE DE ACCIÓN CATÓLICA,

PERSONA HUMANA, EDUCADOR, TESTIGO Y LÍDER

En lo que sigue te brindaremos una idea de lo que es ser dirigente de Acción Católica. Visualizaremos al dirigente en diferentes aspectos que lo caracterizan.

1.     El dirigente es ante todo persona humana y como tal portadora de valores y desvalores

RESUMEN DEL PERFIL DEL HOMBRE LIGHT

(Por Enrique Rojas, Artículo Diario La Nación 1994)

El hombre Light es el hombre sin sustancia, ligero, casi vacío, hueco por dentro, con mucha fachada y escaso fondo…

Lo Light lleva implícito un verdadero mensaje, todo ligero, suave, sin gusto, descafeinado, liviano etéreo, débil, reducido, amortiguado en su contenido.

En este clima psicológico, ha ido brotando en los últimos años un nuevo modelo de hombre que puede quedar definido así: se trata de una persona indiferente, que no se aferra a nada que no sea el dinero, el éxito y el poder, el triunfo o el narcisismo o el pasarlo bien como máximo objeto y sin restricciones. Ya no tiene verdades absolutas, ni certezas firmes. Eso si, quiere mucha información, leer muchos periódicos y revistas para saber que está pasando. Se trata solo de recibir noticias sin capacidad para hacer una síntesis.

Es hedonista, consumista, permisivo y relativista….Teniendo casi de todo no es feliz. Es un hombre sin referente. Su moral es la urbanidad. Es un hombre vulnerable….

Para reflexionar: ¿Cuánto de esto vemos todos los días? ¿Cuánto nos toca a nosotros? ¿Cómo es el hombre NO Light?

Jesús nos enseña a través del Sermón de la Montaña (Mt 5, 2-12) cuáles deben ser los valores que debemos tener: felices los mansos, los humildes, los puros, los justos, los pacíficos, los misericordiosos, los afligidos, los perseguidos a causa de la justicia.

El dirigente es una persona comprometida en trabajar su propia vida, en el camino de vivir una vida valiosa. De desplegar un proyecto de vida presidido por el desarrollo de las virtudes.

Los valores han de fundar y sostener su vida.

El dirigente, educa con el ejemplo, y encarnando esos valores en los que trata de ayudar y promover.

EXIGENCIAS DEL DIRIGENTE/LÍDER

Son personas normales, con limitaciones y talentos, pero dispuestas a crecer y a servir a Dios en sus hermanos, para lo cual se esforzarán por practicar:

  • La humildad: reconociéndose personas en camino de crecimiento, como el resto, pero con un rol específico y exigente en medio de su comunidad.
  • El amor: siendo caritativos, generosos, sin esperar gratificaciones inmediatas.
  • La paciencia: ubicándose en el lugar de los otros, para con ellos caminar el camino de la evangelización.
  • El espíritu de sacrificio: aceptando las renuncias que han de imponerse en su vida, en la entrega del tiempo, de su trabajo, y hasta veces de su descanso.
  • El espíritu de iniciativa y de creatividad: buscando siempre alternativas nuevas para extender el Reino.
  • La oración: sin dejar que esta se ahogue por el activismo.
  • El optimismo: contagiando alegría y esperanza propia del Evangelio, sin triunfalismos, pero sin fatalismos ni depresiones derrotistas.

“El líder, lidera por tres razones: 1 POR EL EJEMPLO, 2 POR EL EJEMPLO Y 3 POR EL EJEMPLO”

(A. Levy)

2.     El dirigente, portador de valores, se vuelve así Formador y Educador.

Su tarea es esta: dirigir es educar y educar es dirigir procurar que todo educando descubra, formule y sepa autoconducir su proyecto personal de vida.

El dirigente debe saber que se educa más por lo que se es, que por aquello que se dice y se hace. Es por ello que debemos empeñarnos en perfeccionarnos y llegar a la madurez para ser cada vez mejor y servir mejor a los otros.

Como educador es:

  •  Portador de un Mensaje: que se trasluce en obras y en palabras.
  •  Animador, coordinador, buen comunicador, sabio y prudente promotor de cambios.
  •  Autoridad: nutre y hace crecer, sembrando profundas convicciones y auténticas motivaciones de vida.

¿Cómo educa Dios Padre? El va enseñando y conduciendo a su Pueblo. Lo va guiando hasta la tierra prometida, hasta la plenitud de los tiempos en que nacerá el Salvador. Este Padre bueno escucha a su pueblo, lo espera, lo perdona, a veces lo reprende, pero jamás lo abandona.

Jesús además de ser Maestro de Vida nos enseña a ser también guía de otros. Observando los métodos de Jesús vemos que Él habla con parábolas, que son comparaciones, con palabras sencillas que los que escuchan entienden. Comenta las realidades divinas a partir de hechos cotidianos y cercanos a esa gente: la pesca, la viña, el pastor, la higuera, el agua.

Al servicio de este estilo educativo, se instrumenta toda nuestra pedagogía institucional, que como dirigentes iremos compartiendo, enriqueciendo y llevando a cabo.

Desafíos del laico dirigente como educador

  • Debe ser un cristiano de oración. De la firmeza de sus convicciones sacará valor para colaborar en la formación de los demás. Esto supone el conocimiento, amor y trato con Jesucristo.
  • Que sea consciente de la responsabilidad que tiene la obra de la salvación.
  • Es un cristiano participante del sacerdocio, profetismo y realeza de Jesucristo en virtud de los sacramentos del bautismo y la confirmación.
  •  Como educador juzga críticamente la realidad del mundo a la luz del Evangelio.
  • Es una persona comprometida en el cambio social, frente a las estructuras injustas.
  • Es el cristiano dispuesto a llegar a la madurez de la plenitud de Cristo EF 4,13
  • Es una persona comprometida con el estilo formativo evangelizador de la Institución.

3.     Por esto es necesario que cada dirigente se vuelva Discípulo y Testigo.

El testigo es un hombre experimentado, que habla de lo que vive y porque lo vive. Hoy con una fuerza profunda, es necesario ver en el testigo la experiencia de Dios.

El Testigo es alguien que experimenta a Alguien. Esta experiencia se da por la Palabra que se escucha, por los sacramentos que se celebran, por la comunidad que se vive. El Testigo tiene que hacer la Gimnasia permanente de mirar al mundo con los ojos de Cristo.

“El que experimenta al Señor habla de lo que vive, no calla nunca aunque sienta el peso de la soledad y de la impopularidad. PERO NO ESTÁ SÓLO. Por experiencia sabe que el Señor está con él. Y con el Señor los hermanos, sabe que está con los hombres, como los hombres lo necesitan “. Mons. Maulión 4/l/97.

4.     Todo esto hace de un dirigente de Acción Católica un Líder, un Conductor, un Animador.

Antes que nada, es necesario tener claro que todo miembro de Acción Católica debe ser líder, pero no todos tienen porqué ser dirigentes.

El dirigente, en su vinculación con la gente, administra cosas tales como: autoridad, libertad, jerarquía, participación. Es necesario lograr un adecuado equilibrio de estos términos para manejar la tensión que le es propia.

Liderar, en cambio, es crear condiciones de oportunidad y exigencias para lograr que la gente oriente su inteligencia racional y su voluntad libre, en la forma más autónoma posible, hacia objetivos significativos para sí y para la misión.

Liderar es influir, guiar con dirección y apoyar con diversos estímulos.

Ejercer el liderazgo es lograr que un grupo de personas se comprometa en pos de los objetivos significativos de la organización.

El líder, el dirigente está comprometido con su misión. En nuestro caso con la Institución de la Acción Católica, con su razón propia de ser: LA EVANGELIZACIÓN.

La tarea de liderar, de conducir implica: orientar, guiar, educar, formar, resolver situaciones, prever, planificar.

El líder debe ser una persona ATENTA a la realidad de su grupo, de sus personas, del entorno de su grupo, del mundo, y ser PROMOTOR DE CAMBIO, comprometido con esa realidad.

Principios del liderazgo dirigencial

  • La capacidad de un líder tiene su punto de partida en el compromiso con la misión.
  • La responsabilidad exige del líder la capacidad de autodisciplinarse, sobre todo cuando sus desaciertos demandan evaluación.
  • Saber afrontar problemas y buscar soluciones, no culpando siempre a los demás.
  • Conocer el objetivo por el cual se trabaja.
  • Conocer a los miembros del grupo.
  • Saber establecer relaciones significativas con los miembros o con los grupos a cargo.
  • Conocer la realidad y leer en ella los signos de los tiempos.

En un líder el 25% es técnica y el 75% es el desarrollo de su personalidad.

Algunas tareas propias del líder

  • Comunicar eficientemente las ideas.
  • Rezar y abrirse a la acción del Espíritu en la tarea asumida.
  • Confiar en la acción del Espíritu en la comunidad.
  • Estimular a las personas para que quieran obrar.
  • Estudiar las actitudes de quienes dirige.
  • Practicar el hábito de escuchar bien.
  • Hacer críticas constructivas y correcciones fraternas.
  • Saber elogiar lo correcto.
  • Delegar responsabilidades en los demás.
  • Reconocer méritos.
  • Evitar una actitud dominadora.         Estar interesado en los demás y apreciarlos.
  • Dirigir con sugerencias.
  • Explicar las exigencias.
  • Destacar lo positivo.
  • Ser consecuente.
  • Tener confianza en las personas.
  • Admitir errores.
  • Explicar por qué se rechazan las ideas de los demás.
  • Dejar al otro que hable, antes de evaluar su postura.
  • Aceptar quejas y criticas.
  • Ser capaz de destacar la importancia ajena.

Un dirigente de Acción Católica, debe tender siempre a madurar su vocación y misión, en el camino permanente de la CONVERSIÓN.

Pero debemos recordar que esta tarea es vivida en el marco de una comunidad de dirigentes, que animan, que guían, que se comprometen con la misión y comparten el camino de liderar, dirigir la Acción Católica.

Esta dimensión del liderazgo, es para nosotros también esencial y nos remite una vez más a la pedagogía de Dios, que para conducir a su Iglesia, elige un cuerpo, un grupo de apóstoles, a cuya cabeza pone a Pedro, uno entre ellos.

De allí que, el espíritu de unidad, el trabajo en equipo, el diálogo, la coherencia en los objetivos plenamente compartidos, la aceptación mutua, la preocupación servicial, la corresponsabilidad en los esfuerzos concertados y la mística vivida en parte de éste crecimiento personal al que como dirigentes debemos tender.

Perfil del animador

1.  El animador es mediador de la comunidad cristiana

  • No sólo debe sentirse parte de la Iglesia, sino participante.
  • Es el delegado de la comunidad como educador del grupo
  • Es factor positivo de integración y no divisiones

2.  El animador lleva al grupo a un proyecto de vida más atrayente y más participativo

  • Proyecto de Vida: Es el conjunto de valores y actitudes, junto con la metodología de trabajo y formación, que elabora un grupo.
  • El proyecto se inspira en la comunidad cristiana.
  • Ayuda al grupo a elaborarlo, transmitirlo, testimoniarlo.

3.  El animador vive una espiritualidad

  • La espiritualidad es un estilo determinado de vivir el Evangelio.
  • El motor y móvil del accionar del animador es el amor pastoral.
  • No se cansa de pedir y trabajar para obtener la gracia de la unión entre la vida y fe, entre reflexión y trabajo.
  • Su adhesión incondicional a Jesús es lo primero en su vida.
  • Encuentra en María, la imagen de su servicio de animación.

4.  El animador tiene un camino de formación

  • Sabe que debe ser fiel a Dios y a los hombres
  • No se cansa de informarse y perfeccionarse
  • Conoce su propia identidad: sus pensamientos, sentimientos, motivaciones, responsabilidades…
  • Acepta las duras exigencias de su servicio como signo de su entrega al Señor y a la Iglesia.
  • Busca cada día ser más eficiente en las manos de Dios.
  • Tiene la evaluación como referencia de la maduración.

5.  Ser dirigente-formador implica un compromiso primordial con la Autoformación

Para este rol habrá de formarse convenientemente y asumir la autoformación para ser capaces de autogobernar nuestra propia vida y colaborar con la formación de los miembros de nuestros grupos.

Autoformarnos implica:

  •      Un esfuerzo voluntario que debo hacer para alcanzar un mayor conocimiento y una mayor vivencia de la Verdad que debo saber y de las actitudes que debo asumir.
  •      El compromiso personal de poner en marcha mis posibilidades y mis talentos para este logro, con una actitud de apertura, de búsqueda y de disposición al trabajo, a la reflexión.
  •      Un hábito de observación, trabajo, estudio, contemplación, que se desarrolla por “repetición”, es decir practicándolo con perseverancia.
  •      Un fruto de la relación con Dios Padre, que me invita a profundizar cada día en la “contemplación de un misterio gozoso”, con mis hermanos a quienes debo ser capaz de “dar razón de la esperanza” y de la función que cumplo en mi grupo como formador de evangelizados-evangelizadores.

Un buen ejercicio será que pienses en cuáles han sido, en lo que va de este año, tus esfuerzos de autoformación:

  •   último libro o material leído
  •   material o medio de capacitación utilizado en este año
  •   tiempo dedicado a Meditar la Palabra
  •   documentos de la Iglesia leídos
  •   tiempo dedicado a la reflexión
  •   último retiro realizado

2 – El delegado frente al grupo y en relación con sus pares

Según el Estatuto de la Acción Católica, nuestra institución se halla estructurada en distintos organismos directivos.

1.    Organismos de dirección y conducción

A Nivel Nacional

Asamblea Nacional

Es el máximo organismo de comunión, participación, conducción y decisión. Formula las grandes líneas de acción. Se reúne por lo menos una vez al año convocada por el Consejo Nacional y participan los presidentes diocesanos. Cuando en esta Asamblea se renuevan los dirigentes se realiza la llamada Asamblea Federal donde participan todos los dirigentes y militantes del país.

Consejo Nacional

Es un órgano ejecutivo encargado de conducir la actividad de la Institución, orientando y supervisando la tarea operativa y específica de las Áreas. Aprueba y promueve los programas de formación, métodos y actividades apostólicas, que deberán ser asumidos por los Consejos Diocesanos. Cada tres año renueva sus miembros.

Comisiones Nacionales

Son los organismos encargados de la elaboración y ejecución de los planes específicos, para alcanzar las metas y objetivos del Consejo de su Área. Orientan a las Comisiones Diocesanas indicando los programas formativos/apostólicos y métodos operativos. Las Comisiones se dividen en cuatro Áreas: Adultos, Jóvenes, Aspirantes y Sectores.

A Nivel Diocesano:

Asamblea Diocesana

Es el máximo organismo de comunión, participación, conducción y decisión a nivel diocesano. Está formado por los miembros del Consejo Diocesano y los presidentes de los Consejos parroquiales. Se reúne por lo menos una vez al año para considerar las orientaciones y líneas de acción formuladas desde el nivel nacional, que adecuarán a la pastoral diocesana. Cada tres años se renuevan sus miembros.

Consejo Diocesano

Es un órgano ejecutivo encargado de conducir la actividad institucional de la diócesis sobre las bases de las resoluciones de la Asamblea Diocesana y las orientaciones del Consejo Nacional adaptadas a la realidad local y a la pastoral diocesana.

Comisiones Diocesanas

Las funciones son iguales que las del nivel nacional, aplicadas a lo diocesano. Las Áreas Diocesanas son también: Adultos, Jóvenes, Aspirantes y Sectores.

A Nivel Parroquial:

Asamblea Parroquial

Es el máximo organismo a nivel parroquial. También cada tres años renueva sus miembros.

Consejo Parroquial

Es el órgano ejecutivo encargado de conducir las actividades a nivel parroquial siguiendo las orientaciones del Consejo Diocesano y del sacerdote que cumple el rol de Asesor.

Comisiones de Área

Trabajan en las cuatro Áreas ya conocidas. Las componen los Responsables de Área y los Delegados de cada Sección.

2.    El delegado y el grupo que conduce

Apuntando siempre a la formación integral de cada miembro de A.C., el delegado debe conocer a los integrantes del grupo que está conduciendo, la realidad que están viviendo, sus necesidades, sus problemas. Esto ayudará también a entender su relación con los demás miembros y comprender actitudes del grupo.

Los grupos de militancia de A.C. (a diferencia de otros grupos organizados) suelen ser inestables, hay una rotación permanente de sus integrantes, a veces se pierden de vista los objetivos o algunos miembros no saben para qué están o cuál es su rol en el grupo.

Esto se puede sobrellevar si tenemos en claro nuestra razón de ser como Institución: la EVANGELIZACIÓN.

Nuestro Proyecto Institucional en el capítulo dedicado al servicio de los dirigentes institucionales señala:

“Todo miembro debe sentirse responsable de la vida y la marcha de la Institución, y llegado el caso, debe estar disponible para asumir responsabilidades directivas en cualquiera de los organismos de conducción parroquial, diocesano o nacional”.

“Ser dirigente de la Institución es un servicio que la Iglesia puede pedir a través de los Pastores o a través de los mecanismos propios de la organización, y que debe ser asumido por el período que corresponda, sin desmedro de las otras responsabilidades ineludibles del deber de estado que compete a todo laico”.

De esto se derivan algunas consideraciones:

  • La primera es la relación entre ser dirigente y ocupar un cargo. Ocupar un cargo es una situación transitoria, no es un escalafón, es un servicio temporario.
  • La segunda es que marca esta necesaria disponibilidad a asumir cargos de conducción, como un requerimiento a todos los miembros de la Institu­ción.
  • La tercera es que esta función de dirigen­te debe realizarse sin descuidar las otras responsabilidades que le competen como laico (familia, estudio, trabajo, etc.). Recordar que ante todo somos hombres, luego cristianos, y finalmente apóstoles; en ese orden debemos priorizar nuestras obligaciones o responsabilidades.
  • La cuarta es que este servicio dirigencial abarca en nuestra Institución el rol formativo, dada la identidad propia de la AC, donde la formación es consustancial a su tarea. Todo dirigente, ocupe el cargo que ocupe, en los organismos de con­ducción, es un formador.
  • La quinta es que ser dirigente, ser formador implica ejercer dentro de una comunidad , la autoridad. La autoridad que no es un privilegio, sino un servicio.

3.    Ahora bien ¿qué significa Autoridad?

Podemos decir que es la “facultad de man­dar según la recta razón” y que su fuerza obliga­toria procede del orden moral, la autoridad mis­ma es por sobre todo una fuerza moral que está orientada a la búsqueda del bien común de un grupo, una institución, una sociedad. Por eso toda verdadera autoridad es servicio.

Servicio que implica: guiar, orientar, formar, planificar, coordinar, tomar decisiones, velar por la identidad propia de nuestra Institución, conducir los esfuerzos tras los ob­jetivos de la misión.

4.    Modos de ejercer la autoridad

Autoridad impositiva o autoritaria

  • Se atiende siempre y por sobre todo el objetivo que se persigue por sobre las personas.
  • Prevalece el yo sobre el nosotros, se frenan iniciativas y el trabajo espontáneo.
  • Anuncia con rigor el plan de acción y desea a toda costa, aún con impaciencia, que se cumpla lo previsto.
  • No consulta, desea resultados inmediatos.
  • Es autosuficiente, ostenta superioridad en la relación con los demás.
  • No deja crecer, no valora a cada persona en lo que es, basa su relación en la exigencia.

Autoridad liberal

  • En realidad no es autoridad, sino ausencia de ella. Lo deja todo librado al azar, minimiza las acciones y las consecuencias de sus propios actos, valora los resultados aparentes y las fachadas.
  • Deja hacer, no toma decisiones, no planifica, no evalúa, no forma a nadie, pierde y hace que los demás casi siempre pierdan el tiempo.
  • Tras la aparente libertad para dejar actuar se esconde una indiferencia o desprecio del cargo.

Autoridad democrática

  • Es respetuosa y participativa. Se basa en la consideración de las personas y de sus posibilidades y limitaciones. Consulta en las determinaciones firmes e importantes. Trata de lograr el consenso, sin perder por ello la perspectiva de la toma de decisiones que está en sus manos.
  • Es capaz de respetar la iniciativa de los miembros del grupo en la toma de decisiones secundarias, es más, las motiva.
  • Desarrolla la paciencia, es pluralista, cordial y dialogante. No por ello menos firme.
  • Colabora en la integración de los miembros.
  • Crea en el grupo la actitud de considerarse iguales entre sí, lo cual produce respeto y confianza.
  • Miremos nuestras actitudes frente al grupo y en las demás situaciones de nuestra vida. Comparemos con las mencionadas en estos tres tipos de autoridad.
  • Este puede ser un buen momento para fijar un compromiso de mejorar o cambiar aquellas actitudes negativas que tenemos, especialmente en nuestro grupo.

5.    Delegado, el hermano mayor.

“Un filósofo preguntó un día a un amigo­:

– Para enseñar el latín a Juan, ¿qué se necesita conocer?

– ¡El latín!

– No –dijo el filósofo- es necesario antes conocer a Juan.”

Pero para conocer al otro primero debemos conocernos a nosotros mismos, aceptar nuestras limitaciones, capacidades, reacciones ante diferentes situaciones, para aprovechar al máximo nuestras posibilidades sabiendo que lo que tenemos es un don de Dios.

Tenemos que estar agradecidos por lo que tenemos y somos, a la vez, que debemos querer mejorar, para poder también ayudar a mejorar a todos los que nos rodean:

Corrigiendo, no consintiendo todo.

Orientando, pero dejando que cada uno elija su camino

Aconsejando, pero paraesto es necesario que exista confianza.

El delegado debe ayudar a descubrir lo profundo del mensaje Evangélico en las cosas simples y cotidianas.

6.    Delegado, un apóstol de Cristo.

“Como el Padre me envió a mí yo también los envío a ustedes» Jn 20, 21

El apostolado debe hacerse por todos, a todos, en cualquier lugar, a cualquier hora y a cualquier edad.

El apostolado implica el propio testimonio de vida, acompañado por la palabra, el anuncio explícito.

Debe existir en el delegado una coherencia entre Fe y Vida, entre lo que se dice y lo que se hace, en lo que se cree y lo que se vive.

7.    El trabajo en equipo signo de nuestra tarea de conducción

Nosotros como, dirigentes de AC tenemos que conocer y llevar a la práctica todos los elementos que se ponen en juego al trabajar en equipo.

Trabajar en equipo supone:

a. Objetivos y metas comunes: Cuando uno participa de una tarea grupal tener los objetivos y metas claramente definidas es un factor clave para el buen funcionamiento. Mucho más lo es cuando se es parte de una Institución que tiene como misión:

  • gestar la comunión eclesial
  • evangelizar
  • formar las conciencias

Todos los miembros del Consejo, Comisión o equipo, deben comprometerse con las metas.

Para ellos es muy importante participar en el momento en que estas son fijadas.

En nuestra Institución los objetivos y las metas van fijándose en distintos grados de generalidad y con distinta participación, partiendo de la Asamblea Nacional hasta la Asamblea de cada parroquia, expresando así el sentido de unidad, en un marco de libertad para determinar de acuerdo a características propias, cómo se concretarán en cada nivel (nacio­nal – diocesano – parroquial).

Un equipo pierde tiempo y energía si:

  • no comprende o no está de acuerdo con los objetivos
  • no se pone de acuerdo en las prioridades

b. Funciones y responsabilidades: ¿quién hace cada cosa? ¿cuáles son las responsabilidades? ¿qué se espera de cada persona?

Cuando trabajamos juntos, surgen expectativas de unos sobre otros. Por eso es bueno definir de entrada qué tareas específicas tiene a cargo cada uno, y cuál es la tarea que les corresponde a todos.

Dialogar y perfilar las tareas es muy importante para que cada uno se comprometa con la tarea, no invada la tarea del otro y colabore en la realización de la tarea en común.

c. Cómo trabajar: Además del «qué» debe hacer el equipo (objeti­vos-metas) y de «a quién» debe hacerlo (funciones) es necesario tener muy claro “cómo” trabaja el grupo.

El trabajo eficiente requiere procedimientos claros y consensuados en varios temas por ejemplo:

  1. Toma de decisiones: ¿cómo tomamos las decisiones? ¿quién es responsable? ¿cómo participan todos los miembros en esa toma de decisiones?
  2. Comunicación: ¿qué se debe comunicar? ¿a quién? ¿con qué frecuencia?
  3. Reuniones: los dirigentes siempre se quejan de las reuniones. Para que esto no ocurra y sean eficaces habrá que responder algunas preguntas: ¿cada cuánto necesita­mos una reunión de equipo? ¿qué lograremos en cada reunión? ¿qué temas vamos a tratar? ¿quién conduce esta reunión?

d. Apoyo mutuo: cuando trabajamos en equipo es lógico que entre los miembros surjan sentimientos positivos y también negativos, para lo cual será muy importante trabajar sobre algunos aspectos:

  1. Confianza: cada uno debe exponer sus puntos de vista y hablar abiertamente de sus diferencias, sin miedo a ridiculizaciones o represalias.
  2. Apoyo: cuando se va creando un sentimiento de participación y madurez se logra trabajar en equipo.
    1. La ayuda y la complementación son naturales. Nadie necesita proteger sus funciones de los demás.
  3. Comunicación: cada uno puede decir abierta­mente lo que siente y piensa, sabiendo que el resto le escucha y tratará de comprenderlo como exigencia propia de la caridad.
  4. Resolución de conflictos: en todo grupo hay conflictos, mejorarse y superarse es propio de todo equipo de trabajo, y mucho más si se trata de dirigen­tes cristianos. Trabajar las diferencias, ponerlas en común, dialogarlas es indispensable. Un grupo maduro no las suprime, ni fingen que no existe. Sencillamente las afronta
  5. Sobrenaturalizar la tarea: nuestro trabajo como animadores está en una órbita propia del acontecer cristiano, por lo tanto como todo en nuestra vida debe ponerse en las manos de Dios y por amor a Él, amar a cada Jesús que está en la persona de mi compañero de equipo, por más imperfecta que pueda parecerme su figura. En él está Jesús a quien amo y con Él tengo que crecer y trabajar con el mismo amor con que Jesús me amó. (Leer: Efesios 4, 1- 14).

e. Necesidad de Liderazgo: hay un dicho por ahí que dice “muchos caciques y pocos indios”, nada mejor para describir un organismo de conducción, pero si bien ésta es su característica, respetar estilos personales, acordar formas de trabajo, escucharse, ceder cuando se perjudica al equipo son factores importante a tener en cuenta.

f. Aprovechamiento de los talentos de cada uno: la riqueza del trabajo en equipo está en la diversidad y la comunión. Aprovechar los talentos de cada uno para el bien de la tarea, las distintas habilidades, conocimientos y las experiencias personales son por demás importantes a la hora de trabajar en común, tanto para los más nuevos, como para los de mayor experiencia.

(Leer: Romanos 12, 3-13).

g. Ambiente organizativo: toda tarea requiere orden, método y a la vez flexibilidad para llevarse a cabo . el respeto de los horarios establecidos, la puntualidad, el material de trabajo, debe ser moneda corriente a la hora del trabajo en común.

8.    Nuestro equipo de conducción: una comunidad

Sin lugar a dudas, el estilo que debe caracteri­zar a nuestros equipos de conducción y animación es el comunitario.

Para que ello sea posible deberemos:

a. Saber escuchar a todos: no bastará con querer hacerlo, es preciso descubrir el modo de ser de cada uno para entender lo que quiera decir. Escuchar no es sólo dar un tiempo para expresarse, sino también darse tiempo para comprender con objetividad lo que el otro quiere decir.

Esto exige alejar todos los prejuicios y llevará a que escuchemos las posturas de cada uno, para luego llegar a la comunión de ideas, que no siempre surgirá desde un primer momento y en algunos casos sólo se llegará a un acuerdo para el trabajo.

b. Querer respetar a todos: el respeto implica aceptación del pluralismo de ideas y de sentimientos. La diversidad impulsa a ver el punto desde diversas miradas diferentes y seguramente enriquecedoras. Trabajar en equipo significa respetarnos entre todos, aun en casos donde nos resulte difícil.

c. Claridad de ideas: es importante tener siempre en claro los temas que vamos a trabajar, reflexionar sobre ellos con anticipación y formular un juicio propio, a partir de los cuales se buscará el consenso. El orden del día de la reunión dada con anticipación a cada integrante del equipo ayuda a clarificar las opiniones, y a ordenar el ritmo del trabajo.

d. Facultad de síntesis: a fin de que el equipo como comunidad llegue a acuerdos y resoluciones, es importante conducir los aportes a síntesis parciales que nos impidan volver siempre al punto cero de la conversación.

e. Mentalidades abiertas: esto significa que cada uno de nosotros debe ser cordial, sencillo y claro, evitando la antipatía, la superioridad, la agresividad, las actitudes sobradoras y la indiferencia. Seguramente que en el trabajo habrá discrepan­cias y disidencias, pero actuemos con caridad, y sepamos crear espacios de distensión y calma cuando los ánimos se alteran, es esencial al trabajo en equipo. Un pensamiento permanente para el trabajo en equipo entre nosotros debería ser: “en el otro está Jesús, a quien amo”.

f. Sentido de justicia y equidad: que impida preferencias o tratamientos diferentes, todos debemos poder expresarnos, sentirnos convocados y partici­pantes, sin importar el nivel de experiencia o la edad de cada uno, sobre todo en equipos de trabajos heterogéneos. (Leer: Filipenses 2,1-11).

Ahora bien estas condiciones o características son realmente difíciles de llevarse a cabo si no apoyamos la construcción de nuestro trabajo en equipo en Cristo, fundamento, centro y fin de nuestra tarea.

3 – El dirigente de Acción Católica participa y conduce reuniones

1.    Las reuniones de A.C.

Gran parte de la vida de la Institución tiene que ver con las reuniones. En todos los niveles, para diversos propósitos y en todo mo­mento, nos vinculamos a través de reuniones, si bien no es el único medio, es quizás el más utilizado. Por momentos ha sido puesta como la actividad por excelencia de la Acción Católica y quizás por saturación de reuniones también ha sido desvalorizada como medio eficaz para cumplir nuestros objetivos formativos y misioneros.

Las reuniones deben organizarse como se merecen para superar la enfermedad conocida como “reunionitis” que se basa en convocar reuniones “porque toca”, en cuyo caso no son provechosas porque los temas no se tratan en profundidad, o están llenas de interrupciones justificadas sólo por el deseo de hablar.

En primer término es importante analizar para qué sirve una reunión:

  • Todos los grupos necesitan resolver temas y situaciones que son de interés común: informa­ción, proyectos, dificultades internas, organización de actividades, etc.
  • La reunión es una excelente forma de satisfacer estas necesidades de comunicación.
  • La reunión es un medio útil para fortalecer los vínculos al interior del grupo y ponerse de
  • acuerdo en función de objetivos comunes.
  • En nuestro caso la reunión es el momento de encuentro de la comunidad de apóstoles para…
    • formarse,
    • revisar la vida apostólica,
    • compartir la Palabra y la oración,
    • fomentar lazos de fraternidad y comunión en el amor a Jesús,
    • proyectarnos hacia la misión dentro y fuera de la Iglesia.

2.    Tipos de reuniones

Reuniones informativas: tienen por objeto poner en conocimiento de un conjunto de personas, determinados hechos, proyectos, decisiones, etc. que les conciernen. Quien informa habitualmente es la persona que ejerce la autoridad en el grupo.

En este tipo de reuniones la comunicación se da en forma descendente, uno emite informa­ción, los otros la reciben. Hoy en día es común la realización de preguntas al que brinda la información luego de la exposición y la comunicación es en este caso ascendente.

También es ascendente cuando una persona requiere recabar información de un grupo de personas, los reúne y les solicita información; como en los casos anteriores la comunicación es casi unilateral.

Reuniones formativas: tienen por objeto formar a sus integrantes, es decir, proporcionarles la ocasión no solo de infor­marse, sino de revisar esquemas, conductas, actitudes y planteamien­tos, y así evolucionar como personas, cambiar, crecer.

Suelen tener algo de informativas pero su principal objetivo no es ese.

Esta tiene como función facilitar el aprendizaje del grupo actuando como miem­bro del grupo pero sin confundirse con él. Los participantes ya no son sólo receptores, sino miembros activos.

Reuniones resolutivas: son aquellas que tienen por objeto resolver problemas en los que el grupo está involucrado. El eje de este tipo de reuniones es el problema, el número de miembros es reducido y hay una persona que coordina las intervenciones de los miem­bros y orienta al grupo para cumplir sus objetivos.

En estas reuniones se incentiva a que todos participen. Ejemplo: las reuniones de los Consejos o Comisiones de Área.

Puedes ver un resumen de lo anterior en el siguiente esquema:

Tipos de reuniones – Momentos de la reunión
InformativasComunicación descendente–ascendente.Coordina la autoridad.Se dan a conocer informaciones fijadas.
FormativasDiálogo interactivo. Participación abierta.Coordina el expositor.Se busca discutir, analizar, etc. para APRENDER.
ResolutivasIntercambio de aportes. Pocos miembros.Coordina un moderador.El eje es el problema a resolver.

Todas las reuniones tienen algo de informativas, de formativas y de trata­miento de problemas, pero es importante que los miembros del grupo sepan cuáles de los puntos del orden del día son informati­vos y cuáles requieren su participación o decisión. Esto evita malos entendidos, predispone a mejores actitudes y ayuda a los miembros a ubicarse mejor en su rol.

En la Acción Católica existen este tipo de reuniones permanentemente, adoptando característi­cas particulares por su diversidad y cantidad.

Básicamente podríamos distinguir entre las reuniones de:

  • Los Grupos de Militancia: cuyo propósito puede ser el crecimiento espiritual, la formación, la integración del grupo, la revisión de vida apostólica, la organización de tareas misioneras, etc. Como vemos, aquí se complementan los tres tipos de reunio­nes, pero especialmente, las formativas.
  • Las Comunidades de Conducción: los Consejos, las Comisiones de Área y los Equipos. Si bien las reuniones pueden tener los mismos propósitos arriba enunciados para los Grupos de Militancia, son preferentemente deliberativas y de resolución de problemas, es decir de organización de tareas apostólicas o dependiendo del caso, también de planificación y/o evaluación de las mismas.
  • Grupos de proyección evangelizadora: estos grupos realizan reuniones de diverso tipo, según sea la característica del mismo. Si se reúnen para una acción evangelizadora, predominará la toma de decisiones o lo informativo. Si se reúne para profundizar una temática será predominante el estudio.

Cierto es que cualquier tipo de reunión que se realice en nuestra Institución, aún predominando una forma, nuestras reuniones deben ser todas formativas. Es decir, deben tender a que quienes participe­mos:

  • Maduremos nuestra fe.
  • Profundicemos nuestra vocación
  • Asumamos nuestra misión para el protagonismo eclesial y social.

Es por ello que en nuestras reuniones, independientemente del objetivo, no puede faltar:

Compartir un momento de oración y reflexión de la Palabra.

Compartir la vida para promover la fraternidad y comunión dentro de la comunidad.

Revisar nuestra vida de apostolado (VER)

Formarnos (JUZGAR a la luz del Evangelio)

Proyectarnos hacia dentro y fuera de la parroquia en la misión de construir el Reino (ACTUAR)

3.    Reuniones productivas e improductivas

Nuestras reuniones resultan…
PRODUCTIVASIMPRODUCTIVAS
Ø       Está claro de antemano y para todos para qué se hace la reunión y la forma de trabajo. Ø       Hay un orden de momentos armado que se respeta y en el cual tienen espacio todos los que deseen plantear algo. Ø       El material está preparado y accesible a todos Ø       Los aportes son respetuosos, útiles y aplicables al caso que se discute. Ø       Las decisiones que se toman surgen del consenso, son asumidas por todos y quedan definidas.Ø       Llegamos tarde o nos vamos antes y no participamos. Ø       No nos interesamos, la pasamos “en otra”. Ø       Se hace pesada y/o muy extensa. Ø       Cada uno se va por las ramas y no queda nada en limpio. Ø       No hay clima de confianza y respeto para expresarse abiertamente. Ø       La falta de información y/o material impide definir decisiones y retrasa todo. Ø       Lo que se resuelve no es asumido y queda en la nada.

Para aplicar en nuestra reuniones…  esta reunión, ¿es realmente útil?, ¿no se puede reemplazar por otra propuesta?, ¿tenemos claro para qué se hace?

Cabe recordar que todo momento en la vida del grupo debe ser formativo, no sólo una reunión dentro de la parroquia, sino también los momentos de recreación, salidas, etc.

4.    Los siete pecados de las reuniones de trabajo

Frecuentemente las reuniones no salen bien y esto puede ser a causa de “pecados” o vicios a la hora de organizar o participar en la reuniones. Veamos cuáles son los más frecuentes y sus posibles remedios.

1.         La gente llega tarde, se va temprano y se la pasa haciendo garabatos.

Ø         Poner normas claras para la participación.

Ø         Valorar la importancia de las reuniones.

Ø         Todos conocen el objetivo de la reunión.

Ø         Tener objetivos claros y respeto por los métodos.

2.         Las reuniones son demasiado largas.

Ø         Las reuniones no deben durar más de 90 a 120 minutos.

3.         La gente se va por las «ramas». Se dedica más tiempo a la digresión que a la discusión de los temas propuestos.

Ø         Tener un orden del día.

Ø         Seguir el orden de los temas propuestos.

Ø         Que el temario sea adecuado para el momento del grupo.

Ø         El desafío: que la reunión no pierda su foco sin desalentar la creatividad o la espontaneidad, o la apertura de la gente.

4.         Después de la reunión no pasa nada. Las decisiones o consignas no se tradu­cen en acciones.

Ø         Registrar los comentarios por escrito donde todos los vean: actas, carteleras, etc.

Ø         Hacer una síntesis de lo acordado.

Ø         Precisar la decisión y responsabilizarse de ella.

5.         Se conversa mucho pero no siempre la gente es sincera.

Ø         Estimular la participación y la apertura.

Ø         Utilizar técnicas donde la opinión sea anónima.

Ø         Impulsar la confianza y la sinceridad en el marco de la caridad.

6.         En la reunión siempre falta alguna infor­mación importante que obliga a no tomar decisiones.

Ø         Contar con todo lo importante.

Ø         Preparar la reunión.

Ø         Evitar el “después lo vemos, después lo hablamos”.

7.         Las reuniones no mejoran, la gente comete siempre los mismos errores.

Ø         En cada reunión alguien funciona como «observador» y realiza una lista de lo que anduvo bien y lo que estuvo mal.

Ø         Desafío: que la reunión se disfrute, despierte interés.

Ø         Lograr no sólo un espíritu de colaboración sino que las personas se estimulen una a otras para pensar más creativamente.

Ø         Corregir fraternalmente, para superarse.

5.    Tipos de planificación y elementos

Anual àß Por Etapas àß  Mensual (Calendario)  àß Reunión
Objetivo/s general/esMetas concretasOrganización de actividades. Administrar tiempo y recursos.Objetivo. Contenidos. Destinatarios. Técnicas. Recursos. Tiempo. Espacio. Evaluación.

ES FUNDAMENTAL SER REALISTAS CON RESPECTO A LAS DEBILIDADES, OBSTÁCULOS, FORTALEZAS Y OPORTUNIDADES. Y EVALUAR CONSTANTEMENTE

Al comienzo del año de trabajo es fundamental realizar la planificación anual planteando los objetivos generales a llevar adelante, teniendo en cuenta las líneas generales que se trabajarán a nivel diocesano y parroquial. Además, la Acción Católica posee el denominado Plan de Formación Permanente en donde según la Sección (Prejuveniles, Aspis menores, etc.) se plantean los contenidos comunes mínimos, los esperados y los coyunturales. De allí y en base a la realidad de nuestro grupo extraeremos los contenidos que trabajaremos a lo largo del año.

También es aconsejable conocer el calendario litúrgico con anticipación para no superponer o desfasar las actividades propuestas y poder ir programando, si es posible mensualmente, dichas actividades con mayor detalle, administrando mejor el tiempo y los recursos.

6.    Preparación de la reunión

a. Establecer el propósito de la reunión (OBJETIVOS)

Definir con claridad los objetivos. Su formulación debe ser concreta y señalar los logros esperables al término de la reunión.

Es importante anotarlos porque permite volver a considerarlos y establecer su importan­cia, es decir responder a estas 3 preguntas:

  1. ¿Cuál es el objetivo prioritario?, el que se quiere alcanzar de todos modos.
    1. ¿Cuáles son los objetivos que se desean alcanzar “además”?
    1. ¿Cuáles son los objetivos secundarios que puedan dejarse para otra reunión?

Esta definición de objetivos prioritarios permite jerarquizar los temas a tratar y evita luego pasar mucho tiempo discutiendo asuntos secundarios y postergando los asuntos esenciales para los últimos minutos de la reunión.

b. Elaborar el plan de trabajo (CONTENIDOS)

Establecer el orden de las cuestiones que se abordarán, agrupando los asuntos afines.

Definir el modo de tratar cada tema.

c. Convocar a los participantes (DESTINATARIOS)

Definido el plan de trabajo, es conveniente convocar a quiénes van a participar con sufi­ciente tiempo de anticipación.

En algunos tipos de reuniones es importante, a partir del plan de trabajo, convocar sólo a aquellos que son necesarios para algunas tareas concretas. Ejemplo : la organización de una actividad en concreto, la preparación de los provisorios para la oficialización, etc.

La reunión comienza en el momento que los participantes reciben la convocatoria.

Es importante dar a conocer: el por qué de la reunión, qué se espera lograr de ella, cuál es el plan de trabajo, quién la convoca, dónde se efectuará, cuándo se llevará a cabo, por qué importa la participación del invitado, horario de inicio y cierre.

d. Técnicas y recursos

Para evitar proble­mas de tiempo y que se disperse la atención durante la reunión, es necesario recopilar previamente toda la información que se disponga, en relación con los temas a tratar, según el plan de traba­jo. Esto permitirá contar con los datos suficientes para la toma de las decisiones.

Si la reunión es esencialmente formativa, existen medios de incrementar el valor de las mismas a través de las técnicas y dinámicas grupales. Empleando una adecuada dinámica se pueden lograr mejores resultados y llegar a cumplir el objetivo de la reunión con mayor eficacia.

e. Administración del tiempo

Indicar el tiempo establecido para cada tema. Para ello conviene asignar tentativamente los minutos para cada momento considerando la duración total de la reunión, y conviene consensuarlo con los participantes.

f. Preparar el espacio físico

1.         El lugar de la reunión debe permitir trabajar con comodidad, sin interrupción.

2.         Organizar la sala de acuerdo con el plan de trabajo: disposición de mesas, sillas, pizarrón, etc., de manera que posibilite una buena comunicación y relación.

3.         Preparar los materiales: fotocopiado de documentos, proveer papeles, tableros, tijeras, papel adhesivo, marcadores. Verificar (antes!) que los aparatos que se vayan a utilizar funcionen.

4.         Prever las pausas: momentos de distensión, café, mate, etc.

7.    Cierre de la reunión y Evaluación

Ha llegado el momento de cerrar la reunión. Es la hora de las conclusiones. El dirigente da por concluida la jornada y orienta al grupo a tomar compromisos de acción concretos. Es necesario hacer una síntesis al final de la reunión para que queden en claro las conclusiones y los compro­misos asumidos.

A veces no es fácil determinar cuándo una reunión es necesario que termine, no se trata siempre de esperar que llegue el término del horario fijado.

El dirigente puede cerrar la reunión cuando:

  • Se alcanzaron los objetivos.
  • Se necesitan más datos para poder realizar más progresos.
  • Para tomar decisiones se requieren expertos que no están en la reunión.
  • Se necesita más tiempo para analizar y comentar el tema con terceros.
  • No hay tiempo para tratar el tema como se debe.
  • Un grupo especial puede resolver mejor el tema.
  • La creciente tensión impide realizar una tarea constructiva.

Finalmente a fin de poder mejorar lo que hacemos, es preciso evaluarlo, utilizando técnicas eficaces, buscando aspectos que se puedan mejorar e introduciendo los cambios necesarios.

A veces una palabra basta para evaluar la reunión: por ejemplo, se solicita a cada integrante que piense durante unos minutos (2 ó 3) una palabra que represente lo vivido en la reunión, luego se hace una lluvia de ideas y se anotan en el pizarrón o papelógrafo. También se puede dividir al grupo en subgrupos pequeños para realizar esta tarea.

Otras veces podemos solicitar una evalua­ción más profunda, tal vez por escrito.

Se pueden evaluar muchos aspectos de la reunión: si fue productiva, si se comprendió el tema, como se sintieron los participantes, como se comportó el grupo.

Por otro lado, también es necesario hacer periódicamente una evaluación a nivel dirigencial, ya sea del equipo de conducción como de las Comisiones de Área, a fin de revisar cómo se están llevando a cabo los objetivos planteados y poder mejorar nuestra labor.

8.    Factores de bloqueo en las comunicaciones

Es necesario entender que frente a cierto tipo de participantes el dirigente debe tomar determinadas actitudes, teniendo siempre presente que la caridad debe primar por sobre todas las cosas:

‚   El hablador: Inagotable sobre cualquier tema. Si se le deja, es capaz de acaparar la totalidad del tiempo.

ü     Sin violentarlo, limitar su tiempo de palabra. Hacerle practicar ejercicios de audi­ción. Forzarlo a expresarse de otra forma que no sea la palabra (dibujos, escritos, mímica).

‚   El mudo: Piensa que no tiene nada que decir, no se atreve a hablar, está apabullado por los habladores, teme ser criticado.

ü     Ayudarlo a salir de su mutismo, incitarlo a hablar, tranquilizarlo, destacar lo que él dice. Cambiar los medios de expresión (el dibujo es un excelente desencadenante de la palabra).

‚   El agresivo: Ataca al grupo, al conductor. Busca influirlos usando el miedo, el chantaje, la ironía, etcétera.

ü     No atacarlo. Soportar con caridad y seguir los pasos de la corrección fraterna.

‚   El señor sabelotodo: El vio todo, experi­mentó todo, logró todo. Puede ser peligroso pues es capaz de bloquear las ideas originales del grupo y arrastrarlo hacia pistas falsas.

ü     Consultarlo pero no dejarse influir por él.

‚   El censor: Critica todo, bloquea todo, desalienta al grupo. Es fatigante para el conduc­tor.

ü     Intentar hacerlo volverse positivo lleván­dolo a decir: “¿cómo podría resultar posible eso?” en lugar de “es imposible”.

‚   El desanimado: De antemano sabe que la reunión no dará ningún resultado. En cada etapa superada por el grupo intenta mostrar la inutili­dad del esfuerzo.

ü     Devolverle su dinamismo perdido. Tratar­lo con humor. Valorizar sus ideas. Forzar sus resistencias.

‚   El divertido: Lleva todo a la broma y hace reír al grupo. En ese sentido es muy útil, pero amenaza con despojar de toda eficacia a la reunión transformándola en una sesión de risa loca.

ü     Dominarlo con humor. Extraer el lado positivo de sus humoradas y pedirle colabora­ción.

‚   El manipulador: Busca arrastrar al grupo por caminos conocidos por él solo y para su provecho exclusivo. Para ello está dispuesto a utilizar todos los medios.

ü     Adivinar sus intenciones y ayudarlo a que se ubique y respete al grupo.

También se pueden enfrentar bloqueos grupales:

‚   El grupo se mantiene silencioso y apático

ü     Modificar el estilo de conducción.

ü     Aclarar el tema, preguntar que pasa, por qué no participan.

ü     Analizar con el grupo las razones de esta apatía.

‚   El grupo se muestra agresivo

ü     Si se trata de una minoría hablar con ellos.

ü     Arreglar con los participantes agresivos para que se expliquen sobre su propio comportamiento, en un clima sereno.

ü     Si se trata de la totalidad del grupo, pedir a los participantes analizar la situación. Si el grupo se niega a ello, es preferible distender la reunión.

ü     No perder jamás la serenidad, el sentido del humor, la fe, la caridad.

‚   El grupo da vueltas

Esto se puede dar por tres causas :

1.         Hay tensiones psicológicas en el grupo.

2.         La manera de abordar el problema o los métodos usados para tratarlo no son adecuados.

3.         No se puede dominar la situación.

Llevar al grupo a dilucidar las razones de esas tensiones y de esa falta de eficacia. Incitarlo a definir los medios apropiados para salir de esa situación desalentadora:

ü     Aclaración de las tensiones.

ü     Definición de otro método de trabajo.

ü     Dejarse ayudar por otros, cuando es el líder el que no encuentra cómo salir de esto.

ü     Mantenerse siempre a la escucha del grupo y no dejarse llevar jamás por impulsos o impresiones.

Fuente: Acción Católica – Pquia. San Antonio de Padua Sur Rosario – Argentina


ACM, QRO, MX. jlam, 2008

Categorías: Accion Catolica
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