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El papa Francisco y la política

dinero doctrina social de la Iglesia Francisco Iglesia movimientos populares pastoral política técnica Publicación impresa | Año: 2016 | Número: 2424 | 3 comentarios | in Iglesia | Autor: Fares, Diego

El papa Francisco y la política

Para una aproximación hacia el horizonte político-pastoral del Papa, el autor toma en consideración de manera particular el discurso a los movimientos populares en Bolivia y el del Congreso de los Estados Unidos.

¿Qué visión de la política ha madurado y expresa el papa Francisco? La complejidad del tema puede ser afrontada reflexionando sobre dos discursos que el Papa ha dirigido a dos grupos de personas muy diferentes. Discursos que suscitaron muchos intereses y merecieron interpretaciones diversas: el que dio en el Congreso de los Estados Unidos1 y el segundo discurso a los Movimientos populares2, en Bolivia.

Al leer los textos o al escuchar las palabras del Papa tanto en el Centro Expo Feria de Santa Cruz de la Sierra como ante el Congreso en Washington, comentaristas y profesionales del periodismo se plantearon diferentes preguntas: ¿el primer discurso fue quizá un mensaje contra corriente, con pasos adelante en el compromiso de la Iglesia en la justicia social con los pueblos más pobres; y el segundo, en cambio, un discurso políticamente correcto? ¿El primero debe ser considerado un manifiesto de acentos apocalípticos y utópicos, dirigido más a la emotividad que a la razón, y el segundo un discurso más intelectual, particularmente atento a no cometer errores? ¿Es el primero un discurso cuya cifra es el populismo, y el segundo un discurso político pragmático? ¿O bien –tal como nosotros creemos– ambos discursos pueden considerarse “acontecimientos catequéticos” con los cuales el Santo Padre encendió el corazón de cuantos trabajan por el bien común –tanto en una cooperativa como en el Congreso–, iluminándolo con la doctrina social de la Iglesia, predicada con coraje, inteligencia y pasión?

Frente a las diferentes posibilidades de interpretación –que son ya signo de que los discursos del Papa contienen un plus de significado, y que no deben ser catalogados demasiado apresuradamente– es necesario volver a leer sus palabras integrándolas en su contexto. Lo que implica, entre otras cosas, que se tengan presentes la doctrina social de la Iglesia y el discernimiento de Francisco con respecto a la necesidad de rehabilitar la política no sólo en la teoría –mostrando lo positivo, en cuanto que es “una de las formas más altas de la caridad”–, sino también en la práctica, estableciendo un diálogo profundo y comprometido con todas las personas y grupos que actúan en ella, con cuantos trabajan por el bien común.

El discernimiento de Francisco: rehabilitar la política

El discernimiento de Francisco con respecto a la política pone en evidencia el hecho de que “todos” tenemos que “rehabilitarla”. “La responsabilidad social –dice el Papa– (…) requiere un cierto tipo de paradigma cultural y, en consecuencia, de la política. Somos responsables de la formación de las nuevas generaciones, ayudarlas a ser capaces en la economía y la política, y firmes en los valores éticos. El futuro exige hoy la tarea de rehabilitar la política (…), rehabilitar la política, que es una de las formas más altas de la caridad”3.

Rehabilitar una realidad quiere decir reconocer que es válida, pero que por algún motivo ha perdido su valor intrínseco. Por lo tanto hoy nos preguntamos: ¿qué significa que la política es una de las formas más altas de la caridad? ¿Cuál es la historia de esta definición tan positiva? ¿Por qué es tan fuerte la denuncia profética contra el dios dinero? Desde el momento que la política es el arte de lo posible y se realiza gracias a la acción conjunta de todos, ¿cuáles son los interlocutores preferidos del Papa? ¿Qué lenguaje emplea para dialogar con ellos? ¿Qué tareas y qué desafíos él los ayuda a discernir?

Una de las formas más altas de la caridad

Definir la política como “una de las formas más altas de la caridad” constituye ya una rehabilitación a nivel teórico. Para encontrar un lenguaje que restituya dignidad a la política de una manera simple, sin tener que recurrir al argumento de que las cosas divinas son trascendentes, o sin tener que recordar el peligro de usarla con fines egoístas, debemos recurrir a Santo Tomás. En el tratado De caritate, habla del “amor social”. Con esta expresión quiere significar que el amor, concedido sobre todo a los parientes y a los amigos más queridos, tiene que ser ofrecido también a un extraño, cuando de él “depende el bien común”. En la ciudad esta dilectiosocialis es debida “al príncipe de la ciudad, en cuanto que de él depende la salud de toda la comunidad; y por ello él debe ser amado más que el propio padre”.4

En el comentario a la Ética de Aristóteles, Tomás le atribuye a la política el estatuto de “máxima ciencia arquitectónica”.5Con esta expresión entiende indicar que la política preescribe a las demás ciencias lo que deben hacer. Ella considera y promueve el fin (bien común), armoniza el orden de las partes (la ley) y remueve los impedimentos (los enemigos). En el arte, lo que polariza todos los esfuerzos del artista es la realización material de su obra. En el campo de la política, que es el arte de lo posible, la realización es una siempre renovada mediación entre el bien particular y el bien común. El bien común, que es el fin de la política, debe ser buscado permanentemente.

A diferencia de Agustín, que sostiene que sin el pecado original no hubiera habido necesidad de obedecer a una autoridad, Tomás sostiene que “dado que el hombre es naturalmente un animal social, los hombres en estado de inocencia habrían vivido socialmente y, por lo tanto, con una autoridad” (cfr. Sum. Theol. I, q. 96, a. 4).6Como se advierte, al afirmar lo positivo de la política, en la Iglesia pueden encontrarse opiniones diferentes.

Notamos así, por un lado, que el papa Francisco no ha hecho otra cosa que predicar la doctrina social de la Iglesia, tal como recuerda cada vez que es interrogado por alguna afirmación suya que resulta innovadora. En efecto, ya Pío XI había dicho, con términos similares a los del papa Francisco, que “el campo de la política (el bien común) es el campo de la más vasta caridad”.7Por otro lado, es evidente que la afirmación de Francisco sobre lo positivo y digno de la política retoma, atrayendo como un poderoso imán, todas las reflexiones positivas de los pontífices precedentes, sin desconocer los peligros advertidos por ellos, pero subordinándolos al bien más grande de una clara rehabilitación de la política.

Un poco de historia

Para comprender esta afirmación del Papa es útil considerar la historia que se desarrolla en el lapso de 30 años. Como arzobispo, Bergoglio había sostenido esta rehabilitación de la política, si bien no fue comprendido por los gobiernos de ese tiempo. En ocasión del encuentro de Pastoral Social de 2005, en su discurso La nación por construir, había dicho: “El quehacer político es una forma elevada de caridad, de amor, y por lo tanto, un problema teológico y ético. Se da una paradoja a nivel global: el descrédito de la política y los políticos en el momento en que más los necesitamos. Son el chivo expiatorio de la sociedad. Achacamos nuestras deficiencias sobre ellos solamente, los políticos. Por eso es importante rehabilitar lo político y la política en su total amplitud”.8

En aquella ocasión Bergoglio citó la Declaración de la Comisión social del episcopado francés “Rehabilitar la política” (17 de febrero de 1999)9, un documento al que le otorgó gran importancia. En él, los obispos franceses afirmaban que “una sociedad que la menosprecie(a la política) se pone en peligro. Resulta urgente rehabilitarla y replantearse en todos los ámbitos (educación, familia, economía, ecología, cultura, sanidad, protección social, justicia…) una relación activa entre la política y la vida cotidiana de los ciudadanos” (n. 7). El documento de los obispos estaba en sintonía con las reflexiones que Bergoglio venía haciendo desde hacía más de diez años.

Con ocasión de la inauguración del año académico 1989 en la Facultad de Filosofía y Teología de la Universidad de El Salvador, en San Miguel, Bergoglio dio un discurso titulado “Necesidad de una antropología política: un problema pastoral”.10Sostuvo la necesidad de “jerarquizar la política” mostrando la diferencia entre “estar politizados” y “tener una verdadera cultura política” (n. 5). “Recuperar la validez de la política –dijo– es recuperar el horizonte de síntesis y de unidad de una comunidad: horizonte de una armonización de intereses, de organización de la racionalidad política para dirimir conflictos; horizonte estratégico de acuerdo en lo esencial, de convicción de que nuestra identidad y seguridad personal, familiar y sectorial es frágil e impredecible sin el marco superior de la política” (n. 5).

Bergoglio siempre consideró la política como “expresión simbólica de la vida en común” (n. 6), y el discernimiento de la necesidad de “jerarquizar la política” se debe a la confusión a la que estamos sometidos, en cuanto pueblo y en cuanto cristianos, a causa de la “fractura de visiones”.

En el orden semántico, esta fractura se verifica “cuando son consideradas ‘políticas’ situaciones ‘de compromiso’, ‘violentas’, ‘injustas’, o ‘conflictivas’”. En el orden empírico, la fractura se da “cuando la política es identificada con la práctica sectaria”. En el orden teórico, la fractura aparece “cuando el orden político abdica a favor del espacio económico” (n. 2).

Esta visión de la política como expresión simbólica de la unidad de un pueblo es la base antropológica que hay que tener presente para inculturar el anuncio del Evangelio en la política, es decir, en la estructura más alta y arquitectónica, por definición, de la sociedad. Y en este campo específico, debe ser sembrada la semilla del Evangelio.

Un paso adelante en la visión positiva de la doctrina social de la Iglesia

Dado que el papa Francisco atribuyó a Pablo VI la expresión “la política es una de las formas más altas de la caridad”, se acostumbra a dar por descontado que ese Papa la hubiera formulado así. Pero, al menos por las fuentes que hemos podido consultar, resulta que Pablo VI expresa ciertamente ese concepto pero no con esas palabras, ni en el mismo contexto.

El texto fundamental al respecto es de Gaudium et spes, que define a la política como “difícil pero también muy noble” (GS 75), y en la nota 8 cita la famosa frase de Pío XI que hemos recordado. En Octogesima adveniens, Pablo VI dice: “La política ofrece un camino serio y difícil –aunque no el único– para cumplir el deber grave que cristianos y cristianas tienen de servir a los demás” (n. 46).

En esa carta apostólica, Pablo VI afronta magistralmente el tema de la política y lo profundiza. El tono que usa es el de la admonición: es necesario cuidarse de las “confusiones” que pueden ser suscitadas por el término “política”; es necesario mostrar sus límites, para que la política respete a las personas, a las familias y a los grupos subsidiarios; es necesario recordarle a la política sus deberes: “debe tener como finalidad la realización del bien común” (n. 46).

Juntos a estos “peligros”, Pablo VI expresa una visión positiva: “es cosa de todos sabida que, en los campos social y económico –tanto nacional como internacional–, la decisión última corresponde al poder político” (n. 46); la política “constituye el vínculo natural y necesario para asegurar la cohesión del cuerpo social” (n. 46). Finalmente, hace la afirmación más importante, la que nos pone en guardia frente al poder dominante: “Para hacer frente a una tecnocracia creciente, hay que inventar formas de democracia moderna, no solamente dando a cada persona la posibilidad de informarse y de expresar su opinión, sino de comprometerse en una responsabilidad común (política)” (n. 47, la cursiva es nuestra). Pablo VI indica aquí las dos fuerzas contrapuestas entre las cuales se entabla la batalla fundamental: el poder de la técnica y esas “formas de democracia que hay que inventar”, que son consideradas necesarias.

El papa Francisco constata, con Pablo VI, que el verdadero peligro para la democracia es el poder tecnocrático, y es por ello que quiere rehabilitar decididamente la política. Afirma en la encíclica Laudato si: “El paradigma tecnocrático también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política. La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano. Las finanzas ahogan a la economía real” (n. 109). Por lo tanto, debemos darnos cuenta de la necesidad de rehabilitar el poder de los pueblos –el poder democrático– como el único ámbito capaz de poner un límite humano al poder, de por sí ilimitado, de la técnica, hacia el cual se dirige el dios dinero, encontrando allí el ámbito conveniente.

En definitiva, la visión tan positiva de la política que tiene Francisco corresponde a la del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia que, al recoger las afirmaciones de varios pontífices y de documentos de la Iglesia, expresa estas significativas afirmaciones: “El amor debe estar presente y penetrar todas las relaciones sociales (…). Este amor puede ser llamado ‘caridad social’11 o ‘caridad política’ y debe extenderse a todo el género humano” 12. Hablar de “caridad política” le otorga valor a un trabajo por el bien común que a menudo es poco apreciado, porque en la política no se reconoce siempre lo que hacen los demás.

El dinero: al servicio de la política o elemento de poder con la técnica

Una fuerte contraposición con la caridad política es sugerida por la expresión “el estiércol del diablo” con la que se define al dinero.

En la actualidad muchas personas, incluso buenos cristianos, se sienten en el deber de defender el dinero, basándose en un razonamiento simple: “sin ese tipo de medida del éxito o del fracaso que se acostumbra llamar ‘dinero’, ningún sistema puede funcionar” 13. Por lo general, se olvida que el dinero, de por sí, tiende a ser ilimitado. Sólo puede limitarlo el bien común de cada nación o grupo de naciones que toman decisiones políticas respecto de su valor.

El padre Raniero Cantalamessa, en la predicación del Viernes Santo de 2014, definió al dinero como “el dios cuantificable”. Su poder y su fascinación consisten en su capacidad de ser compartido de manera cuantificable por todos sus servidores y en su capacidad de recapitular (casi) todo lo que existe (se dice que “todo tiene un precio”). Esta infinitud cuantitativa se presta a ser deificada; algo que no ocurre, en cambio, con la política, puesto que el bien común, que es el fin constitutivo de la política, siempre es concreto y por lo tanto limitado.

La política es más humana, podría decirse. Puede ser puesta en discusión, exige un consenso que hay que ganar cada vez. En cambio, el dinero no: es inmortal, no se pierde, cambia solamente de dueño (o de esclavo). Y cuando se lo asocia a la técnica –también ella dotada de una infinitud cuantitativa– encuentra un campo ilimitado donde multiplicar su poder.

Los interlocutores preferidos

En el vuelo de regreso a Roma desde América latina, un periodista le preguntó al papa Francisco por qué él «apuesta mucho por los movimientos populares y menos por el mundo de la empresa». El Papa le respondió: «Todo aquello que he dicho (a los Movimientos populares) es doctrina social de la Iglesia, y cuando debo hablar al mundo de la empresa digo lo mismo, es decir, lo que le dice al mundo de la empresa la doctrina social de la Iglesia».14

En su carta en ocasión del meeting de Davos-Klosters (Suiza), Francisco elogió la creatividad de los empresarios y su deseo de «marcar la diferencia»; denunció el poder del dinero por encima de la política; y les dijo a los empresarios cómo el sentido de trascendencia pueda motivar también la economía.15

Es un hecho que la respuesta de la gente simple, como la de los Movimientos populares, a los llamados del Papa, es ciertamente más positiva que la de muchos estudiosos. Mientras estos últimos toman una cierta distancia crítica, los miembros de los Movimientos, a pesar de todas las diferencias ideológicas, apoyan más decididamente al Papa, el cual dice: «He conocido de cerca distintas experiencias donde los trabajadores unidos en cooperativas y otras formas de organización comunitaria lograron crear trabajo donde sólo había sobras de la economía idolátrica».16

Pero la adhesión y la simpatía que Francisco ha suscitado en los miembros del Congreso de los Estados Unidos demuestra que su revalorización de la política es bien recibida por todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Supo conquistar sus corazones al comenzar su discurso con las palabras del himno nacional, que recuerdan «la tierra de los libres y la casa de los valientes», y después los impulsó a hacer efectivo su coraje, luchando por «reformar el mundo», como se afirma en Laudato si, y hacer efectiva esa libertad, no permitiendo que «la política sea esclava de la economía y de las finanzas».

El Papa encuentra sus interlocutores preferidos en esas personas que, como quería Pablo VI, no se limitan a informarse y expresar una opinión, sino que se comprometen en una responsabilidad política comunitaria (cfr. OA 47). La rehabilitación de la política es «un hecho colectivo», como afirmaban los obispos franceses, y en la práctica se obtiene apreciando a todo el que trabaja por el bien común. La política se ejercita de manera dialógica, creando consenso y compromiso común. Donde encuentra estas actitudes, el Papa recibe una acogida mejor.

Un discurso pastoral

¿Qué concepción hay detrás de este desafío que plantea el Papa y que nos abarca a todos? Sin duda se trata de una concepción claramente pastoral. Un discurso es “pastoral” cuando se incultura para evangelizar, cuando se abaja y se hace pobre (cfr. 2 Cor 8, 9) para que el otro, a partir de su cultura, elija qué integrar de lo que se le propone, y así, para decirlo de alguna manera, “se evangelice a sí mismo”; o mejor, para que el Espíritu entre directamente en contacto con esa persona, ese grupo o ese pueblo, sin que la cultura del predicador sea de obstáculo, porque es mala sino porque es diferente. Es el «hacerse todo para todos» de Pablo (cfr. 1 Cor 9, 19-29).

Podemos recordar dos ejemplos de este «abajamiento» presentados por el Papa. El primero fue en Bolivia, cuando habló de la Virgen. Apelando al corazón de quienes lo escuchaban, les pidió: “Tengamos siempre presente en el corazón a la Virgen María (…), una madre sin techo que supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús (…). Yo rezo a la Virgen María, tan venerada por el pueblo boliviano, para que permita que este encuentro nuestro sea fermento de cambio”17. Y después de este momento emocionante, concluyó diciendo espontáneamente: “El cura habla largo parece ¿no?”.

Esta capacidad del Papa de relativizarse y tener en cuenta también las situaciones de quienes podrían ser una audiencia menos conmovida o interesada, manifiesta su propósito pastoral: mientras consigna el mensaje más válido –el modelo de la Virgen– siente que él debe de retirarse –no es “el Papa”, sino “un cura que habla largo”– para quien escucha pueda permanecer con “su” Virgen.

El segundo ejemplo el Papa lo dio en Washington, con la manera humilde de concluir un discurso que podríamos definir “histórico”, diciendo simplemente: “Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo”. El Papa estructuró su discurso al Congreso en clave “filial”, presentando al pueblo norteamericano el ejemplo de los sueños de tres de sus hijos y una de sus hijas. La perspectiva humilde podemos advertirla en el deseo de Francisco de hablarle al alma del pueblo norteamericano, definiéndose como «un hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes», que habla a un pueblo «de sus hijos». Dijo, entre otras cosas: «¿No era lo que queríamos para nuestros hijos?».

Al periodista que lo interrogaba sobre la influencia en los Movimientos populares y afirmaba: «Usted se pone como nuevo líder mundial de las políticas alternativas», el papa le respondió: «El mundo de los movimientos populares es una realidad muy grande. Lo que yo he hecho es darles a ellos la doctrina social de la Iglesia, lo mismo que hago con el mundo de la empresa» (y de la política, podeos agregar ahora, después del discurso de Washington).

Los discursos del papa son «un resumen de la doctrina social de la Iglesia, pero aplicada a su situación». Esta referencia a la «situación» es significativa: es el plus que el papa Francisco aporta, el discernimiento de qué se debe decir y con qué lenguaje apto para las diferentes circunstancias debe ser dicho. El contenido es la doctrina social: «Soy yo -dijo el Papa- el que sigo a la Iglesia. Yo simplemente predico la doctrina social de la Iglesia a estos Movimientos. No es una mano tendida a un enemigo. No es un hecho político, no. Es un hecho catequético. Quiero dejarlo claro esto».

Un hecho catequético

Esta expresión empleada por el Papa reclama nuestra atención: ¿qué significa para Francisco «hacer catequesis»? El catecismo no es un género menor de la teología, como tampoco lo son las homilías de Santa Marta. La catequesis de las audiencias de los miércoles no son las únicas del Papa: él las hace en casi todos sus encuentros; su actitud constante es la de un catequista.

Esto se debe a su formación jesuita. A los profesos de la Compañía de Jesús, junto al voto de obediencia al Papa, san Ignacio de Loyola quiso emitir un voto particular: el de dar «el enseñar el catecismo a los niños y a las personas simples». Cuando dice que su discurso es «catequético», el papa manifiesta su manera de considerar a quienes lo escuchan. Su simplicidad, sus metáforas y sus anécdotas, el modo directo de hablar, sus repeticiones, sus afirmaciones doctrinales no son sólo fruto de su espontaneidad natural, sino de una opción pastoral.

Cuando habla en la Misa dice una homilía; en otros ambientes, da catecismo. No lecciones de exégesis ni de teología dogmática, ni de doctrina social: predica el kerigma y da catecismo. Cuando la gente dice que lo comprende no se refiere sólo al contenido de sus discursos, sino el género literario que emplea.

Para Francisco, «el catequista es un cristiano que lleva consigo la memoria de Dios, se deja guiar por la memoria de Dios en toda su vida, y la sabe despertar en el corazón de los otros. Esto requiere esfuerzo. Compromete toda la vida”.19

Cuando narra la historia de los siete hijos de una madre macabea, quienes para no renegar de Dios fueron martirizados por el tirano, el Papa dice haber quedado impactado por esta mujer: la Biblia subraya que ella «hablaba en dialecto, en la primera lengua», precisamente –agrega Francisco– como hace «nuestra Iglesia madre», que nos habla «en aquella lengua de la verdadera ortodoxia que todos nosotros comprendemos, la lengua del catecismo, esa lengua fuerte, que nos hace fuertes y nos da también la fortaleza para ir adelante en la lucha contra el mal».20

A los miembros de los Movimientos populares de las naciones latinoamericanas, que generalmente han conocido desde chicos el catecismo, el Papa les habló de la Virgen en el «idioma del catecismo». A los miembros del Congreso norteamericano les mostró la imagen de Moisés, que preside la sala, evocando recuerdos del catecismo a judíos y cristianos. Es el género literario a partir del cual deben interpretarse sus discursos políticos. Estos entonces adquieren toda su fuerza profética y evangélica, y pierden toda otra connotación que pueden tener cuando se los lee desde otros parámetros.

Mística política

Además de los acentos propios de Francisco que reconducen la doctrina social a la realidad, hay un tono emotivo que convierte en «especiales» sus discursos. El Papa lo ha expresado claramente cuando habló de la emoción y de la conmoción frente al sufrimiento de los pobres, con trazos concretos: «Esa emoción hecha acción comunitaria no se comprende únicamente con la razón: tiene un plus de sentido que sólo los pueblos entienden y que da su mística particular a los verdaderos movimientos populares».21

En los Estados Unidos, el plus de sentido se encuentra en la referencia que el Papa hizo a los sueños del país: los de Lincoln, Luther King, Dorothy Day y Merton, «sueños que despiertan lo más profundo y verdadero que se encuentra en los pueblos»; el sueño de millones de personas que emigraron a esta «tierra que ha permitido a muchos soñar» (así concluyó su discurso).

Así, Francisco habla de mística y de un «plus» de sentido, algo que pueden comprender los pueblos. Él se coloca en ese alto nivel de manera dialógica, confiando en encontrar comprensión. Por esto, los pasos más significativos de los Discursos se caracterizan por un «ustedes y yo» que se transforma en «nosotros». La política es la construcción común de un «nosotros» que son los pueblos. Y en esas personas, exteriormente tan diferentes, Francisco encuentra ese punto que las acomuna y las reúne como un magnífico poliedro: el sueño y la pasión por el bien común que, más que polis, los hace pueblo de la «Patria Grande» y del planeta.

La cima del discurso a los Movimientos populares está constituido por la invitación que el Papa dirige a todos para que recen con esa «oración política» que bien se puede agregar a las dos oraciones con las que concluye la encíclica Laudato si: «Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez».

En su discurso en Washington, el punto culminante nos parece fue el uso del «nosotros» con el que el Papa involucró a los miembros del Congreso cada vez que se trataba de que «desearan el bien común», que es una manera de hacerlos rezar: «El desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos»;

«Tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados…».

Conclusión

El discurso a los Movimientos populares y el discurso al Congreso de los Estados Unidos se revelan, entonces, como una catequesis sobre la doctrina social de la Iglesia realizada por el papa Francisco a sus interlocutores. Es decir, una catequesis totalmente situada y contextualizada. Con el “plus” que tiene todo lo que adquiere la consistencia de la «universalidad concreta». En cuanto universal, tiene la fuerza de un mensaje dirigido a todos; en cuanto concreto, es posible recoger el fruto y traducirlo en otras realidades, teniendo sin embargo cuidado de no sustraer las cosas de su contexto.

Toda persona, todo grupo, todo sector de la sociedad tiene que escuchar el mensaje común de la doctrina social de la Iglesia y la parte específica que se refiere a él, dejándose conquistar el corazón, así como lo hicieron, cada uno a su manera, los miembros de los Movimientos populares y los del Congreso norteamericano. De esta manera, cada sector se transforma en agente activo y creativo de la deseada y necesaria rehabilitación de la política.

Traducción de José María Poirier

El autor es jesuita y argentino, doctor en Filosofía, miembro del Colegio de los escritores de La Civilta Cattolica. Fue director del Hogar San José para personas en situación de calle.

NOTAS

1.  Papa Francisco, Discurso a la Asamblea Plenaria del Congreso de los Estados Unidos de América, 24 de septiembre de 2015.

2.  Discurso en el II Encuentro de los Movimientos populares, 9 de julio de 2015.

3.  Encuentro con la clase dirigente de Brasil, 27 de julio de 2013 (las bastardillas son nuestras).

4.  Tomás de Aquino, De caritate, a.9, ad 15.

5.  Aristóteles, Ética, 1, 2 (25); Tomás de Aquino, Commentoall’EticaNicomachea di Aristotele, Bologna, Esd, 1998, 52 s.

6.  F. Truini, La pace in Tommaso d’Aquino, Roma, CittáNuova, 2008, 356

7.  Pío XI, Alocución a los dirigentes de la Federación Universitaria Católica, 18 de diciembre de 1927.

8.  J. M. Bergoglio, La nación por construir, VII Jornada de Pastoral Social, Buenos Aires, 25 de junio de 2005.

9.  Cfr. “Entrevista al papa Francisco” en La Vanguardia, 12 de junio de 2014.

10.       Cfr. J. M. Bergoglio, Reflexiones en esperanza, Buenos Aires, Universidad del Salvador, 1992

11.       Cfr. Pío XI, encíclica Quadragesimoanno, n. 88. Pablo VI, Discurso en ocasión del 25 aniversario de la FAO, 16 de noviembre de 1970. Benedicto XVI, encíclica Caritas in veritaten.7

12.       Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 581

13.       J. V. Schall, “Apocalyptic and Utopian: On Pope Francis’Bolivian Manifesto”, enThe Catholic World Report, 24 de julio de 2015

14.       Papa Francisco, Conversación con los periodistas en el viaje de regreso de Asunción a Roma, 13 de julio de 2015.

15.       Cfr. Mensaje al presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial en ocasión del Encuentro Anual en Dabos-Klosters (Suiza), 17 de enero de 2014

16.       Discurso al II Encuentro Mundial de los Movimientos populares, n. 3.1

17.       Ibid, n. 2

18.       Conversación con los periodistas en el viaje de regreso de Asunción a Roma (las bastardillas son nuestras)

19.       Homilía en la misa por la Jornada de los Catequistas, 29 de septiembre de 2013

20.       Homilía en Santa Marta, 17 de septiembre de 2013 (las bastardillas son nuestras)

21.       Discurso en el II Encuentro Mundial de los Movimientos populares, n. 2 (las bastardillas son nuestras)

Fuente: https://www.revistacriterio.com.ar/bloginst_new/2016/04/01/el-papa-francisco-y-la-politica/

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