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El discernimiento católico

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PorHernán Bernasconi7 de Octubre de 2018

Dice el Papa Francisco: «Recemos juntos para que toda la Iglesia reconozca la urgencia de la formación en el discernimiento espiritual, en el plano personal y comunitario».

Hoy proponemos a los creyentes de nuestra sociedad hacer un ejercicio de «discernimiento» comunitario de la realidad argentina actual, comenzando por preguntarnos ¿cuál es el «signo de los tiempos»? No sin antes explicar el alcance católico del término «discernimiento».

¿Qué significa discernir para la doctrina católica?

Son sinónimos «reconocer», «descubrir», «escrutar», «interpretar». Aptitud para razonar es el significado que le asigna la norma jurídica. Desde la psicología sería la capacidad para construir un juicio propio en función a la experiencia, al razonamiento y la propia forma de ver el mundo y de pensar.

El padre Fabián explica el sentido cristiano de la palabra. En su artículo publicado por Aleteia titulado «¿Cómo se disciernen los signos de los tiempos?», analiza el tema del diálogo de la Iglesia con el mundo según la Constitución Pastoral Gaudium et Spes (Concilio Vaticano II, 7/12/1965). Allí dice que «discernir tiene un doble significado. Por una parte hace referencia a separar o distinguir aspectos o niveles de la realidad. Por la otra parte significa conocer (o reconocer) lo bueno o lo malo de la realidad».

De tal modo que cuando discernimos nos situamos en el ver la realidad por un lado y por otro en el evaluar la realidad.

Es importante la diferencia, pues el ver la realidad (esto es, conocerla por todos los medios) «no comprometería mayormente al sujeto que hace la distinción» y en cambio, el evaluar (lo que significa observarla a la luz del Evangelio) «lo compromete a actuar (decidirse) según lo que ha interpretado sea, para él, una voluntad de Dios» o no.

Señalemos algunas referencias de la Iglesia para quien quiera profundizar el desarrollo de este tema: La Biblia y sus muchos empleos en el Nuevo Testamento, San Ignacio de Loyola, los Ejercicios y las Constituciones, las homilías del cardenal y después papa Jorge Mario Bergoglio, Ponderación teológica del método ver-juzgar-actuar de Raúl Biord Castillo sdb, y la profusa bibliografía citada por este último.

¿Qué son los signos de los tiempos?

Conformémonos conviniendo que signos son «señales» y que cuando decimos «signos de los tiempos» nos referimos a las señales que somos capaces de captar (visuales, sonoras, estéticas, de la naturaleza u otras) acerca de la realidad que percibimos. La palabra es signo, no obstante el signo es una unidad menor a la palabra y así se ha dicho que es la «mínima unidad de la creación» (ot, letra, en lengua hebrea, Cabalá Bnei Baruj). De donde también se afirmó que «el signo es la huella del dedo de Dios».

Distinción entre los signos de los tiempos y los signos de Dios

«¿Que sería discernir los signos de los tiempos?», se pregunta el padre Fabian y explica que «la respuesta que da el Concilio (Vaticano II en GS) es doble».

Por una parte se considera que es distinguir los acontecimientos que pertenecen a nuestro tiempo presente. «Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza» (GS 4).

Pero más adelante habla de reconocer en esos signos la voluntad de Dios para nosotros. Se me dirá con razón que no es tarea sencilla distinguir los hechos y signos de nuestro tiempo. El autor a quien seguimos indica los siguientes pasos.

Primer paso: los signos de los tiempos

El primer paso consiste en identificar las notas que caracterizan nuestro presente. Haciendo un ejercicio ejemplificador y provisorio señalaré algunas de las que a mi juicio caracterizan la realidad política y social de la Argentina de hoy. Algunas provenientes del pasado, otras propias del ahora.

¿Cuáles son esas notas? Un signo constante de los últimos 120 años: fuga de capitales; de los últimos 35 años: desaparición de las fuerzas armadas; de los últimos 20 años: extinción por sustitución de los partidos políticos por «empresas políticas privadas», estructuras de publicidad y consultoras de opinión, constante aumento de la corrupción de políticos y empresarios. Es cierto que estamos hablando de notas iniciadas hace mucho tiempo, pero también es cierto que nos siguen distinguiendo y entendemos que no tiene importancia quien fue el primero. De las últimas décadas, la consolidación del poder financiero, un signo de estos últimos años en Latinoamérica también en nuestro país, un Poder Judicial muy corrupto (manejado desde el Ejecutivo, venal, chicanero), paradójicamente jueces y fiscales que investigan la corrupción de los poderosos. Una nota que también es un «signo de este tiempo» que quedará grabada para todos los tiempos, que jamás podrá ser borrado de la historia universal: Jorge Mario Bergoglio, ¡un Papa argentino!

Signos propios de estos dos años en el campo económico, la transferencia de ingresos de a lo menos 20 mil millones de dólares del sector público al privado agropecuario y de la industria de la minería mediante la eliminación de las retenciones, la actualización de las tarifas de servicios públicos (frente a cuyo costo el Estado se lavo las manos), un signo de estos dos años la gran devaluación, el sometimiento al FMI y la incondicional obediencia del gobierno argentino al de los EU.

En el campo popular son signos evidentes la protesta callejera, los piquetes, la mayor concurrencia a los comedores escolares o barriales para pobres, la deserción escolar, la desocupación, la falta de insumos en los hospitales, las grandes obras públicas, la alta inflación. Estas también son notas que caracterizan nuestro presente.

Segundo paso, dos etapas

a) Discernir los signos de Dios

En un trabajo de discernimiento seriamente hecho, la realidad debe ser rigurosamente valorada. Pasada por el filtro axiológico a la luz de los valores evangélicos. Fácil es advertir que el Papa Francisco fue ungido por voluntad del Espíritu Santo. ¿Cómo podría sino, un no europeo, pobre, jesuita, oriundo de un país de dudosa reputación periférico, llegar a ser el máximo jefe de la Iglesia Católica del mundo? Difícil de aceptar parece en cambio la aprobación de las medidas por las que se eliminaron impuestos a los contribuyentes de las empresas extractivas de minerales, que eran una fuente de ingresos para sufragar el gasto público social. No parece ser un caso claramente contrario al Plan de Dios? De igual manera, el aumento (por atraso en las actualizaciones) de la tarifa de transporte de pasajeros de los trabajadores no resulta injusto cuando el trabajador no tiene porque pagar los costos más una ganancia del transporte, si eso no le resulta trasladable al monto de sus ingresos? Acaso en muchos países desarrollados el transporte público no esta subsidiado por el Estado? Que la incidencia en la variación de los costos del gas derivada de la última variación del dólar deba ser pagado por los usuarios a todas luces resulta injusto ya que los ingresos de estos no se actualizan, salvo excepciones. En fin, en el plano valorativo, «a groso modo», muchas de las medidas económicas del actual gobierno, a la luz de la justicia de Dios, serían muy difíciles de justificar. También serían muy difíciles de justificar los actos de corrupción de funcionarios de todos los gobiernos, y como entendemos que no existe la defensa de la prescripción o el recurso del «mero transcurso del tiempo» muchos absueltos de hoy serán condenados por Dios pero esto es otra cosa.

En conclusión, el signo de los tiempos que caracteriza la situación de la política económica argentina, por medidas propias o heredadas, según opinión del suscripto que debería ser revisada y debatida – se puede resumir en una palabra: rechazo. Limitado esto, claro está, a una axiología religiosa para la cual, padece de una injusticia social manifiesta.
«Hambre y sed de justicia»

Veámoslo desde las palabras de Monseñor Pironio, a quien el padre Fabián trae a cuento: «Cuando el hombre toma conciencia de la profundidad de su miseria (individual y colectiva, física y espiritual), se va despertando en él un ‘hambre y sed de justicia’ verdadera que lo prepara a la bienaventuranza de los que han de ser saciados y se va creando en su interior una capacidad muy honda de ser salvado por el Señor».

Razones más, razones menos, la realidad del fracaso de la política argentina en su conjunto es incontrovertible. Por lo tanto el reconocimiento del espíritu de resistencia del pueblo trabajador es justo; es un pueblo que en la calle afirma el sentido de su existencia tal como es la lucha por el trabajo, la dignidad, la subsistencia y el bienestar de su familia.

b) Actuar

Es el momento de concretizar en una acción transformadora lo que se ha comprendido acerca de la realidad (en el ver) y lo que se ha descubierto del plan de Dios sobre ella (en el juzgar). Es el momento del compromiso por una praxis nueva.

El actuar impide que la reflexión quede en lo abstracto. Ya que de lo que se trata no es sólo contemplar la praxis tal como se da en la realidad observada, ni sólo interpretarla, se trata de transformarla a la luz del Evangelio.

«El actuar -dice Raúl Biord Castillo sdb, lug. Cit., pag. 20 -nace de la valoración de la situación de la denuncia de todo lo que va en contra del proyecto de Dios. El actuar tiende al crecimiento de las personas, de las comunidades, de la historia, hasta alcanzar la estatura de Cristo Jesús, el hombre perfecto.»

¿Quién o quiénes tienen que hacer el discernimiento?

Decía Paulo VI quien promulgó la Gaudium et Spes en 1965 de tanta vigencia hoy y especialmente aquí, en Latinoamérica, «…incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción según las enseñanzas sociales de la Iglesia tal como han sido elaboradas a lo largo de la historia especialmente en esta era industrial, a partir de la fecha histórica del mensaje de León XIII sobre la condición de los obreros».

De donde, frente a las realidades cotidianas, frente a los hechos que surgen como signos que están marcando a fuego nuestra realidad presente y un destino no común, tenemos que preguntarnos ¿qué nos diría Jesucristo si en carne y hueso, como lo estuvo ayer en Judea estuviera hablando con nosotros en nuestra esquina, en nuestra fábrica, en nuestro club o en nuestra escuela? ¿Qué haría ante la iniquidad? ¿Cómo podemos sumar nuestra voluntad a la voluntad del Divino? Creyendo en Él y diciéndole «Celestiales poderes, compartan mi pan amargo, marchen conmigo, hablen por mi boca! Cristo vencerá!».

«Salve divino, foco de Amor,
salva al pueblo argentino, escucha su clamor,
salva al pueblo argentino, Sagrado Corazón!»

(Cristo Jesús en ti la Patria espera – Cancionero católico

Fuente: https://www.infobae.com/opinion/2018/10/07/el-discernimiento-catolico/

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