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Juventud, ¿divino tesoro?

Juventud, ¿divino tesoro?
(Por: Carolina Cogordán, Colaboradora de Mujer Nueva, 2005-10-19)

La poesía de Rubén Darío me hizo reflexionar sobre una realidad que se constata a cada paso: actualmente se tiene a la juventud por un “divino tesoro” más cotizado que ninguno otro.

Por una parte, los niños sueñan con llegar a ella, y en su afán queman etapas por las que antes se pasaba, y ahora fácilmente se considera “joven” a un niño o pre-adolescente de 11 años, el cual en lugar de jugar con muñecas, o carritos, busca imitar el comportamiento de los mayores: un niño obedece a sus padres, pero el “joven” de once años ya no; una niña juega con muñecas, una “joven” de once ya no, ahora tiene novio, bebe en las fiestas, ve películas y lee revistas para jóvenes y se comporta como lo hacen sus hermanos de 16.

Por otra parte, los adultos se aferran a su juventud como a su más preciada joya. Hacen de todo con tal de no perderla. No es difícil encontrar a “jóvenes” de 30 o hasta 35 años vistiendo el mismo atuendo que esos otros “jóvenes” de 11; evitando todo aquello que huela a “adulto” o a “madurez” como el comprometerse únicamente con una persona, o el seguir unas ciertas normas éticas; llevando una vida sin nada que los ate y sin responsabilidades pues para eso son jóvenes, para “estar libres” y hacer lo que quieran.

Y yo me pongo a pensar, ¿qué les ofrece la “juventud” para que la busquen con tal ahínco?

Muchos piensan que el joven es “más libre” porque tiene menos ataduras, porque se le exige menos, y por lo mismo se “divierte más”. Ya disfruta de las diversiones de los adultos, pero todavía se libra de sus responsabilidades. Y así se da un fenómeno muy triste del desencanto y desaliento en tantos jóvenes que no quieren llegar a adultos: muchos piensan que la juventud es la edad para “probar todos los placeres” y que ya llegará la edad en la que “sentarán cabeza”. Pero se olvidan de que lo quieran o no, cada acto de la juventud va dando una dirección a su futuro. Los que optan por tomar decisiones definitivas en la vida, están libremente modelando su propio futuro: al decidir formar una familia, o aceptar un trabajo estable, o comprometerse en alguna acción social que ayude a la comunidad, están siendo protagonistas de sus vidas. En cambio, los que optan por no decidir, y quedar “libres” sin amarrarse para poder “probar de todo”, están dejando que las circunstancias escriban y condicionen su futuro y paradójicamente están coartando ellos mismos su libertad para decidir sobre su propia vida. No son pocos los jóvenes, que por sentirse “libres” han quedado presos de alguna adicción a las drogas, o han adquirido el Sida o enfermedades venéreas que han condicionado el resto de su vida, o han quedado atados al alcohol que les ha impedido hacer lo que realmente querían, o viven con el constante remordimiento de un aborto que nos les permite ser realmente felices, aunque hayan pasado ya muchos años. Es verdaderamente triste encontrarse con “jóvenes” que a los 35 años se encuentran marchitos y sin muchas posibilidades de dónde elegir, cuando la juventud debería de ser ese momento esperanzador de la vida en que todo es posible todavía y en el que uno se prepara de la mejor manera para poder optar libremente por el camino que se quiere seguir en la vida.

La juventud, al ser una etapa sin las responsabilidades propias de la edad adulta, ha de ser el momento propicio de la vida en que la persona aprende y se ejercita en ser dueña de sí misma para estar preparada para lo que la vida le depare en un futuro. Es el momento de preparase profesionalmente para poder rendir el mejor servicio posible a su sociedad; el momento de hacer propios los principios éticos que fundamentarán su vida, sobre los cuales basará todas sus decisiones futuras; el momento de fortalecer la propia voluntad para estar listo para lo que venga; el momento de construir amistades estables y duraderas basadas en el respeto mutuo, que lo acompañarán el resto de su vida; es el momento de sentar las bases de lo que será la vida futura.

La sociedad de hoy al incitar a los jóvenes a vivir sin reglas, a probar de todo, a tener el placer como el mayor objetivo de esta etapa, a no pasar a la edad adulta, le está haciendo un daño muy grande a esta generación, al no brindarle los elementos para una verdadera maduración. No está equipando a estos jóvenes de lo que necesitan para cuando sean mayores. En pocas palabras, ofreciéndoles la “felicidad” en placeres pasajeros y momentáneos, les está quitando la oportunidad de ser realmente felices.

La juventud será un verdadero tesoro para todos aquellos que la aprovechen equipándose bien para la verdadera batalla de la vida, y en este caso se convertirá en un tesoro invaluable para la sociedad al asegurarle un futuro esperanzador.

Ayudemos a nuestros jóvenes a ver el engaño y el peligro que hay en esa vida fácil, consumista y sin responsabilidades que les ofrece el mundo de hoy, para que puedan realmente disfrutar del divino tesoro que es su juventud dignamente vivida como una etapa de transición hacia la verdadera plenitud humana.
 

Categorías:General, Laicos
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