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QUÉ SIGNIFICA SER LAICO

II             LOS FIELES LAICOS

7 Abril 2012.  Catecismo de la Iglesia Católica

897         “Por laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia. Son, pues, los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el Pueblo de Dios y que participan de las funciones de Cristo. Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo” (LG 31).

La vocación de los laicos

 

 

 

 

 

 

 

898         “Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios… A ellos de manera especial les corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y Redentor” (LG 31).

899         La iniciativa de los cristianos laicos es particularmente necesaria cuando se trata de descubrir o de idear los medios para que las exigencias de la doctrina y de la vida cristianas impregnen las realidades sociales, políticas y económicas. Esta iniciativa es un elemento normal de la vida de la Iglesia:

Los fieles laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad.  Por tanto ellos, especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del Jefe común, el Papa, y de los Obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia (Pío XII, discurso 20 Febrero 1946; citado por Juan Pablo II, CL 9).

900         Como todos los fieles, los laicos están encargados por Dios del apostolado en virtud del bautismo y de la confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra; esta obligación es tanto más apremiante cuando sólo por medio de ellos los demás hombres pueden oír el Evangelio y conocer a Cristo. En las comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria que, sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la mayoría de las veces su plena eficacia (cf. LG 33).

La participación de los laicos en la misión sacerdotal de Cristo

901         “Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. En efecto, todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios” (LG 34; cf. LG 10).

902         De manera particular,los padres participan de la misión de santificación “impregnando de espíritu cristiano la vida conyugal y procurando la educación cristiana de los hijos” (CIC, can. 835, 4).

903         Los laicos, si tienen las cualidades requeridas, pueden ser admitidos de manera estable a los ministerios de lectores y de acólito (cf. CIC, can. 230, 1). “Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho” (CIC, can. 230, 3).

Su participación en la misión profética de Cristo

904         “Cristo,… realiza su función profética … no sólo a través de la jerarquía … sino también por medio de los laicos. El los hace sus testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra” (LG 35).

Enseñar a alguien para traerlo a la fe es tarea de todo predicador e incluso de todo creyente (Sto. Tomás de A., STh III, 71. 4  ad 3).

905         Los laicos cumplen también su misión profética evangelizando, con “el anuncio de Cristo comunicado con el testimonio de la vida y de la palabra”. En los laicos, esta evangelización “adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo” (LG 35):

Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado  busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes … como a los fieles (AA 6; cf. AG 15).

906         Los fieles laicos que sean capaces de ello y que se formen para ello también pueden prestar su colaboración en la formación catequética (cf. CIC, can. 774, 776, 780), en la enseñanza de las ciencias sagradas (cf. CIC,can. 229), en los medios de comunicación social (cf. CIC, can 823, 1).

907         “Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los Pastores, habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas” (CIC, can. 212, 3).

Su participación en la misión real de Cristo

908         Por su obediencia hasta la muerte (cf. Flp 2, 8-9), Cristo ha comunicado a sus discípulos el don de la libertad regia, “para que vencieran en sí mismos, con la apropia renuncia y una vida santa, al reino del pecado” (LG 36).

El que somete su propio cuerpo y domina su alma, sin dejarse llevar por las pasiones es dueño de sí mismo: Se puede llamar rey porque es capaz de gobernar su propia persona; Es libre e independiente y no se deja cautivar por una esclavitud culpable (San Ambrosio, Psal. 118, 14, 30: PL 15, 1403A).

909         “Los laicos, además, juntando también sus fuerzas, han de sanear las estructuras y las condiciones del mundo, de tal forma que, si algunas de sus costumbres incitan al pecado, todas ellas sean conformes con las normas de la justicia y favorezcan en vez de impedir la práctica de las virtudes. Obrando así, impregnarán de valores morales toda la cultura y las realizaciones humanas” (LG 36).

910         “Los seglares también pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus Pastores en el servicio de la comunidad eclesial, para el crecimiento y la vida de ésta, ejerciendo ministerios muy diversos según la gracia y los carismas que el Señor quiera concederles” (EN 73).

911         En la Iglesia, “los fieles laicos pueden cooperar a tenor del derecho en el ejercicio de la potestad de gobierno” (CIC, can. 129, 2). Así, con su presencia en los Concilios particulares (can. 443, 4), los Sínodos diocesanos (can. 463, 1 y 2), los Consejos pastorales (can. 511; 536); en el ejercicio de la tarea pastoral de una parroquia (can. 517, 2); la colaboración en los Consejos de los asuntos económicos (can. 492, 1; 536); la participación en los tribunales eclesiásticos (can. 1421, 2), etc.

912         Los fieles han de “aprender a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana. Deben esforzarse en integrarlos en buena armonía, recordando que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana. En efecto, ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios” (LG 36).

913         “Así, todo laico, por el simple hecho de haber recibido sus dones, es a la vez testigo e instrumento vivo de la misión de la Iglesia misma `según la medida del don de Cristo'” (LG 33).

LA IGLESIA ES ASUNTO DE TODOS

Apuntes tomados del libro: Vivir con Cristo, Padre Martín Weichs, SVD)

Lo que dice Pablo Casals a los músicos, vale  también para nosotros los cristianos: “No toquen  notas, hagan concierto.” Como la melodía nunca  saldrá bien si todos los integrantes de la orquesta no tocan armoniosamente la parte que les corresponde, así tampoco se puede formar una auténtica comunidad cristiana si todos sus miembros no ocupan su lugar y desempeñan la tarea que les es propia. El director solo no hace la música; así tampoco la vida de la Iglesia, y más concretamente la de una parroquia, no es exclusivamente “asunto de los curas”, sino que es cosa de todos sus miembros.

LA IGLESIA ES ASUNTO  DE TODOS.

Algunos piensan: “Habría que comenzar por  hacer ‘practicantes’ a aquellos que se proclaman católicos”. Es muy fácil decirlo … Otros, algo maliciosos, dicen que habría que hacer verdaderamente cristianos creyentes a aquellos que son practicantes … Fuere lo que fuere de estas respuestas demasiado simplistas y demasiado rápidas, no hay duda de que un cierto número de los cristianos practicantes está compuesto por personas altamente comprometidas en la vida de la Iglesia, y sin duda y gracias a Dios este grupo va aumentando.

Pero ¿cuántos son los católicos resignados,  atrapados por las preocupaciones diarias? parece  a veces como si hubiesen cloro formado su Ideal  cristiano para no sufrir demasiado. Han llegado a  ser “clientes de la Iglesia”. No forman parte activa de la comunidad. Llegan a la iglesia como se llega a un supermercado. Durante la Misa están sentados como delante del televisor, esperando que el “espectáculo” sea interesante o termine pronto … No es asunto de ellos.

Otros, durante algún tiempo, procuran actuar, luchar, pero luego, no pudiendo cosechar los frutos de su trabajo en seguida, emprenden la retirada. Algunos de ellos se transforman en amargados críticos. A veces llegan a denigrar y querer desanimar a aquellos que continúan en el trabajo y que no quieren bajar los brazos. Resulta más fácil demoler que construir y arrimar el hombro! En otros se constata un contraste evidente entre  lo que confiesan con la boca y lo que viven …

TODOS SON RESPONSABLES EN LA IGLESIA

Es una verdad: La Iglesia no será viviente si ella no se transforma en una verdadera comunidad de creyentes donde cada uno se sienta y quiera ser responsable.

EN PRIMER LUGAR:

¡VERDADEROS CREYENTES!

No se trata desde un principio de HACER algo más. Se trata de SER; de ser cristiano auténtico. Aquí no se trata de una creencia vaga en un “ser supremo”, “en algo que está sobre nosotros”. Tampoco se trata de llamarse “auténtico creyente” sencillamente porque se admite un catálogo de verdades que hay que creer, un CREDO sin du­ da, pero un CREDO que permanece cerebral y que no compromete en manera alguna en el seguimiento de Jesucristo.

La fe viviente consiste en encontrar a Jesucristo Resucitado, que me conoce, que me ama, que me llama y que me invita a seguirlo.

Hay creyentes serios para quienes los únicos responsables en la Iglesia son: el Papa, los obispos Y los sacerdotes. Los demás bautizados no tienen más objetivo que la fidelidad a las orientaciones recibidas de arriba. Uno decía: “Yo no soy más que una oveja en la Iglesia, como dice el Evangelio. Iré donde me digan, haré lo que me manden”. Pertenece al grupo de los que creen cumplir con su deber de cristianos con sólo oír la Misa, ESCUCHAR el sermón, RECIBIR los sacramentos … Pura actitud PASIVA. ¿Es esto todo lo que tienen que hacer los laicos en la Iglesia?

La verdad es, que TODOS ESTÁN LLAMADOS POR SU BAUTISMO Y POR SU CONFIRMACIÓN A SER CRISTIANOS APOSTÓLES, activos, anunciadores y testigos de la Buena Noticia de la Salvación en Cristo.

El cristiano debe ser un TESTIGO DE LA FE  EN JESUCRISTO. Testigo es aquél que ha visto, antes de ser aquél que da cuenta de algo. Frecuentan ustedes suficientemente la lectura de la Palabra de Dios para poder decir que lo conocen a Jesucristo?

Lo que no se conoce no se puede amar …. ¿Lo conocen de una manera intelectual o lo conocen como amigo? ¿Lo conocen de una manera subjetiva y fantasiosa, eligiendo arbitrariamente aquello que les agrada en el Evangelio o bien lo conocen en verdad, a través de la fe de los apóstoles, transmitida luego por la Iglesia? ¿Aceptan a CRISTO ENTERO con todo lo que Él nos dice en el Evangelio?

Los cristianos deben ser SERVIDORES DE SUS HERMANOS, los demás hombres. La Iglesia, a través de todos sus miembros, que somos nosotros, está insertada en el mundo. Nosotros, ¿tomamos parte en las alegrías y en las penas, en las luchas y en los sufrimientos de todos nuestros hermanos, especialmente de los más pobres y de los más alejados? Dios los ama a todos. Él quiere manifestar su amor a través de su Iglesia, a través de los compromisos valientes y eficaces de los cristianos en el corazón del mundo

TODOS SON RESPONSABLES DE LA IGLESIA

Todos somos responsables de aquello que ES la Iglesia, de su SER. Nosotros somos los miembros de esta Iglesia.

Si somos miembros enfermos o medio muertos, si somos sarmientos secos por los que no corre la savia vivificante de Cristo, la Iglesia sufre. Para que la Iglesia sea viva es necesario que TODOS sus miembros vivan realmente de Jesucristo. Es necesario que una FE vigorosa los clarifique y los fortalezca. Es necesario que una” ESPERANZA sin fallas los dinamice. Es necesario que un AMOR auténtico habite en ellos y sea el motor de sus vidas.

Los cristianos son responsables de la Iglesia porque ellos son RESPONSABLES DE LA FE Y DE SU IMPACTO sobre ellos mismos y sobre los demás. La fe en nuestros días es difícil. No se mantiene por sí sola. Se halla atacada de múltiples maneras y en todas las edades. Hay que fortificar esta fe, alimentarla, purificarla, vivificarla por la lectura y meditación de la Palabra de Dios, por la participación activa en la Santa Misa y en las Celebraciones de la Pa­ labra, con oración asidua, y por reuniones

LA IGLESIA NO SE CONSTRUYE CON PLANOS Y LADRILLOS.SE CONSTRUYE ALLÍ DONDE HERMANOS ORAN, ACTUAN Y VIVEN EN EL ESPÍRITU DE JESUCRISTO

AYUDANOS A LEVANTAR ESTA IGLESIA!  Insiste el Papa Juan Pablo II en que la CATE­ QUESIS DE LOS ADULTOS “es la forma principal de la catequesis porque está dirigida a las personas que tienen mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada. La comunidad cristiana no podría hacer una catequesis permanente sin la participación directa y experimentada de los adultos, bien sean ellos destinatarios o promotores de la actividad catequética.

El mundo en que los jóvenes están llamados a vivir y dar testimonio de la fe en un mundo de profundas transformaciones y exige que la fe de ellos sea igualmente iluminada, estimulada y renovada sin cesar con el fin de penetrar las realidades temporales de las que ellos son responsables.

Así pues, para que sea eficaz, la catequesis ha de ser PERMANENTE y sería ciertamente vana si se detuviera precisamente en el umbral de la edad madura, puesto que, si bien ciertamente de otra forma, se revela no menos necesaria para los adultos. … Hay que repetirlo: en la Iglesia de Jesucristo NADIE debería sentirse dispensado de recibir la catequesis. (Cattrad. N° 43 Y 45). Es necesario que la fe sea visible para los demás. Es necesario que sea luminosa. No se ilumina una habitación con la llamita de un fósforo, sino por medio de una lámpara potente. No se puede ser faro de gran distancia con un foco de 25 vatios … ¿Qué luces somos nosotros? ¿No somos a menudo responsables de las tinieblas en las que viven todavía tantos hombres en nuestro derredor?

El Evangelio no se predica sólo -ni en primer lugar- con palabras. Se predica con los hechos; se expresa por medio de la VIDA DE LOS CRISTIANOS que VIVEN según el Evangelio. LA FE SE DEMUESTRA POR LAS OBRAS. El apóstol Santiago es claro: “Hermanos, qué provecho saca uno cuando dice que tiene fe, pero no lo demuestra con su manera de actuar? … Son las obras las que hacen justo al hombre y no sólo la fe … Así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, del mismo modo la fe que no produce obras está muerta.”         Es necesaria la fe para salvarse, pero la adhesión a CRISTO no puede ser teórica, sino que tiene que manifestarse en hechos. Dice el mismo Cristo: “No basta con que digan: ‘Señor, Señor’, para entrar en el Reino de los cielos, sino hay que hacer la voluntad de mi Padre que está en el cielo.”

Es nuestra RESPONSABILIDAD: Nuestras actitudes, nuestros comportamientos, nuestras palabras, nuestros juicios, nuestros mismos silencios son testimonios o contra­ testimonios. LA IGLESIA ES LO QUE SOMOS NOSOTROS, tal cual nosotros la hacemos, porque la Iglesia somos todos los bautizados. Lleva el rostro que nosotros le damos.

Hay muchas arrugas en el rostro de la Iglesia,  decía el Papa Juan XXIII, y él quiso el Concilio para renovar este rostro. No basta que tengamos documentos del Concilio, de Puebla y de la Conferencia Episcopal Argentina. Es la Iglesia entera, en todos sus miembros, que debe convertirse para vivir el Evangelio y convertir esos documentos en vida. En este sentido todos somos responsables, EN y DE la Iglesia.

Hay lugar en la cantera. HAY LUGAR PARA TODAS LAS VOCACIONES Y PARA LAS DISTINTAS TAREAS. Necesitamos laicos bien comprometidos y servidores de sus hermanos en nombre de Jesucristo. ¡No esperes que te vayan a pedir algo! ¡Búscalo tú mismo! Lo encontrarás fácilmente.

¡RENOVACIÓN PERMANENTE

Unidos en Cristo, ayudándonos mutuamente, estudiando, meditando asiduamente y viviendo decididamente la fe “dejaremos de ser niños, sacudidos por las olas y arrastrados por el viento de cualquier doctrina, a causa de la malicia de los hombres y de su astucia para enseñar el error. Por el contrario, viviendo en la verdad y en el amor, crezcamos plenamente, unidos a Cristo. Él es la Cabeza, y de Él, todo el Cuerpo recibe unidad y cohesión, gracias a los ligamentos que lo vivifican y a la acción armoniosa de todos los miembros. Así el Cuerpo crece y se edifica en el amor”(Ef 4,14-16).

EL LAICO EN LA IGLESIA  Y EN EL MUNDO

El laico se ubica, por su vocación, en la Iglesia y en el mundo. Miembro de la Iglesia, fiel a Cristo, está comprometido en la construcción del Reino en su dimensión temporal.

En profunda comunicación con sus hermanos laicos y con los Pastores, en los cuales ve a sus maestros en la fe, el laico contribuye a construir la Iglesia como comunidad de fe, de oración, de caridad fraterna y lo hace por medio de la catequesis, de la vida sacramental, y de la ayuda a los hermanos.

De allí la MULTIPLICIDAD DE FORMAS DE APOSTOLADO, cada una de las cuales pone énfasis en algunos de los aspectos mencionados.

Pero es en el mundo donde el laico encuentra su campo específico de acción (Cfr.EN 73). Por el testimonio de su vida, por su palabra oportuna y por su acción concreta, el laico tiene la RESPONSABILIDAD DE ORDENAR LAS REALIDADES TEMPORALES para ponerlas al servicio de la instauración del Reino de Dios.

En el vasto y complicado mundo de las realidades temporales, algunas exigen especial atención de los laicos: LA FAMILIA, LA EDUCACIÓN, LAS COMUNICACIONES SOCIALES. Entre estas realidades temporales no se puede dejar de subrayar con especial énfasis la ACTIVIDAD POLÍTICA. Ésta abarca un amplio campo, desde la acción de votar, pasando por la militancia y el liderazgo en algún partido político, hasta el ejercicio de cargos públicos en distintos niveles.

En todos los casos, el laico deberá buscar y promover el bien común en la DEFENSA DE LA DIGNIDAD DEL HOMBRE Y de sus derechos inalienables, en la protección de los más débiles y necesitados, en la construcción de la paz, de la libertad, de la justicia; en la creación de estructuras más justas y fraternas. (III Conferencia Episcopal, Puebla 787-792)

RENOVACIÓN DE LA PASTORAL DEL LAICADO

Una renovada pastoral del laicado organizado exige: vitalidad misionera para descubrir con iniciativa y audacia nuevos campos para la acción evangelizadora de la Iglesia: apertura para la coordinación con organizaciones y movimientos. teniendo en cuenta que ninguno de ellos posee la exclusividad de la acción de la Iglesia: canales permanentes y sistemáticos de formación doctrinal y espiritual con actualización de contenidos y pedagogía adecuada.

“MINISTERIOS MENORES”

Para el cumplimiento de su misión, la Iglesia cuenta con diversidad de ministerios. Al lado de los ministerios jerárquicos, la Iglesia reconoce un puesto a los MINISTERIOS SIN ORDEN SAGRADO. Por tanto, también los laicos pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio a la comunidad ec1esial, para el crecimiento y vida de ésta, ejerciendo ministerios diversos según la gracia y los carismas que el Señor quiere concederles por ejemplo, lector o acólito.

 

Fuente: http://www.arquidiocesisdeibague.org/delegaciones/pastoral-bio-etica/33-preguntas-frecuentes/preguntas-frecuentes/541-que-significa-ser-laico

 

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