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VOCACIÓN DEL LAICO UN POCO DE HISTORIA

 

VOCACIÓN DEL LAICO UN POCO DE HISTORIA

TEMA 1

 

La historia de la Iglesia aporta una gran luz para captar la común vocación cristiana que subyace a las diferenciaciones que, desde ella, fueron apareciendo después.

 

 

1.- Nuevo testamento e Iglesia primitiva: Un pueblo de sacerdotes.

En el N.T. y en la Iglesia primitiva no se habla de laicos, ni de clero, ni de vida Religiosa. Se habla de la comunidad de los bautizados, de los hermanos, de los santos y elegidos, de los que siguen el Camino y se comienzan a llamar cristianos, que son Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu.

Y es que los evangelios y los escritos del N.T. narran la vida de Jesús y la interpretan mostrándonos una nueva idea de religión, un modo nuevo de vincularse con Dios y de lo que es una verdadera actividad sacerdotal que reconcilia y comunica con la divinidad, fr4ente el modo de concebir la religión que tenía el judaísmo de la época.

Los evangelios descalifican los comportamientos religiosos judíos tradicionales, sus mediaciones absolutas (la ley y el culto) y sus mediadores (los sacerdotes) para poner el acento en un modo de existencia humana que es la que permite conocer a Dios, relacionarse con él y vivir en comunión con la divinidad: la de Jesús. Él es el ejemplo y el que genera los comportamientos del hombre que vive según Dios.

Esto no lo entendieron las autoridades religiosas judías para quienes el cumplimiento perfecto de la Ley, las ofrendas y sacrificios del culto son lo esencial. Para ellas es incomprensible que sea misericordia y no el sacrificio lo que sea agradable a Dios y que el Dios Amor llame al hombre a amar de forma especial a los pobres, los marginados y pecadores (que son los más lejanos de él).

Jesús pone de manifiesto que el hombre “religioso” puede ser cumplidor de la ley y de sus obligaciones de culto y, sin embargo, no haya aprendido a querer a los demás y a confiar en Dios. Esto lo comprenden bien los pecadores que son los que se abren a esta afirmación de Jesús. Para ellos Jesús es la Palabra misma de Dios, el Hijo de Dios, porque les asoma a un horizonte en el que pueden confiar en Dios, abrirse al amor y afirmar su propia dignidad a pesar de su existencia pecadora. Jesús da un nuevo sentido a sus vidas y les revela el rostro de Dios.

Vivir como Jesús es tener libre acceso a Dios. En Jesús lo sacerdotal es su vida misma; al conocerlo, se conoce a Dios. Por eso para los sacerdotes y autoridades religiosas de Israel el comportamiento de Jesús era revolucionario y blasfemo. En Jesús se radicaliza la crítica de los profetas de Israel que denunciaban la separación entre culto y vida (ver Is. 29, 13; 1, 15 y ss; Os 6, 6; Am 5, 21; Mt 15, 3 y ss; etc).

Lo básico es la vida, y las relaciones con los demás cobran un nuevo significado. Los ritos no tienen un sentido en sí, al margen de la vida, sino que las actitudes y los comportamientos tienen significado de culto y sacrificio (Rom 12, 1-2). Es la vida la que da sentido al culto y a los ritos. Por eso el centro del culto está en el comportamiento cotidiano y la relación con Dios exige la solidaridad con los otros.

La vida de Jesús es una vida toda ella sacerdotal que se expresa en la conducta y el estilo con que afronta los acontecimientos. La Última cena es la síntesis y la plenitud de su entrega sacerdotal al Padre y a los hombres.

Lo sacerdotal y lo profético convergen en Jesús y en sus seguidores: el culto tiene que generar una vida santa y ser su expresión más adecuada. Es un sacerdocio profético. Se es sacerdote viviendo de una determinada manera, según el estilo de Jesús; no basta con ejercer funciones rituales y de culto.

Desde las tradiciones del N.T. y las comunidades primitivas no hay mas que un sacerdocio, el de Cristo, del que participa el conjunto de los cristianos que son un pueblo de sacerdotes de Dios y Cristo y siempre en una perspectiva existencial, no ritual.

Prevalece el polo comunitario de la Iglesia. Toda la comunidad participa de la vida eclesial, toda la Iglesia es misionera, toda la Iglesia se enfrenta a un mundo pagano y hostil, el Imperio romano, el Dragón apocalíptico, toda la Iglesia martirial, toda la Iglesia mantiene la tradición apostólica, toda la Iglesia recibe y asimila la Escritura, toda la Iglesia ora, toda la Iglesia es solidaria con los pobres, toda la Iglesia participa activamente en sínodos y concilios y en la elección de sus ministros, toda la Iglesia profundiza en su fe, actúa en el catecumenado y en la reconciliación de penitentes, toda la Iglesia es servidora y ministerial.

La primitiva comunidad, que vive en situaciones de desarraigo social y que espera impaciente la llegada de Cristo resucitado, tiene un sentido sacerdotal en cuanto testigo y seguidora de Cristo y de su proyecto de construcción del reino de Dios.

La vivencia que tienen del Espíritu es la que les hace subsistir en medio de persecuciones y hostilidad ambiental y participar en la misión como una comunidad profética y sacerdotal al mismo tiempo.

Es importante recalcar que estas afirmaciones se hacen en escritos del N.T. que conocen la existencia de ministros, de cargos y de dirigentes, ya que las comunidades cristianas están estructuradas jerárquicamente desde la pluralidad de carismas y ministerios. No todos son iguales en la comunidad ni todos tienen las mismas funciones, pero todos son sacerdotes y no hay mención de sacerdocio alguno que no sea el comunitario.

El pueblo de Dios consiste en esta Iglesia de hermanos que tienen una misma fe sin que jamás haya alusión al binomio clero/laicos. Hay una igualdad fundamental basada en la consagración bautismal. De ella se deduce una forma de vivir y de comportarse que es el sacramento de consagración por excelencia de la vida cristiana (Rom 6; 1 Cor 6, 15 – 20).

La originalidad de la comunidad cristiana respecto de la judía está en que en ella todos son sacerdotes y no sólo algunos; todos tienen acceso directo a Dios que les ha sido abierto por Cristo y les es dado por el Espíritu y todos son iguales en cuanto discípulos de Cristo.

Y, sin embargo, se trata de comunidades jerárquicas, con una estructuración ministerial y una gran pluralidad de funciones, carismas y ministerios. Esta variedad nunca puede desplazar la dignidad e igualdad común, la fraternidad en el estilo de vida y el ejercicio respetuoso y no autoritario de los cargos y responsabilidades.

La contraposición consagrado/no consagrado, sacerdotal/no sacerdotal se da siempre en el contraste entre cristianos y no cristianos y nunca como diferencia dentro de la comunidad.

Sin embargo, en el N.T. hay una diferencia sustancial entre los apóstoles, testigos de Cristo, y el pueblo de carismáticos, entre un ministerio apostólico y los diversos comunitarios. Esta diferencia no permite hablar de los primeros como sacerdotes y negar el sacerdocio a los segundos. Lo que afirma el N.T. es que todos son sacerdotes y que las dimensiones sacerdotales del ministerio apostólico, de las que sólo se cita la predicación de Pablo del evangelio, están al servicio del sacerdocio de todos.

El desarrollo posterior de las dimensiones sacerdotales del ministerio apostólico, que dará origen al “sacerdocio ministerial”, tiene que respetar y potenciar este sacerdocio de los fieles y no frenarlo o perjudicarlo.

Además, tanto el sacerdocio como el culto cristiano se dan en la vida y tienen consecuencias existenciales, más de comportamiento que de ritos. La división sagrado/profano es rebasada por una consagración personal, la bautismal, que hace todo en nuestra vida sagrado, toda ella en relación con Dios y ofrecida, como culto vivo, a Dios. La orienta toda a Dios y al servicio de los demás.

Las categorías sacerdotales del A.T. se leen en el N.T. desde la existencia profana y, sin embargo, sacerdotal de Jesús.

 

PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR

  • Jesús no vivió como sacerdote sino como laico y “profeta”; como ellos denunció el culto que no va unido a la confianza en Dios y a actitudes de amor y misericordia ¿recuerdas algunos pasajes evangélicos en los que se recoge esta actitud profética de Jesús ante la Ley o el Templo…?
  • Pero la carta a los Hebreos llama a Jesús “sacerdote”. Su vida y muerte fue mediación entre Dios y los hombres. Él es el único verdadero mediador. Los seguidores de Jesús estamos llamados a reproducir en nuestra propia vida el “sacerdocio profético” de Jesús.
  • En las primeras comunidades cristianas no hay diferencia entre clero y laicos, pero sí de funciones, ministerios y carismas. El ministerio apostólico es el primero y con el tiempo dará origen al “ministerio sacerdotal” (Ver 1Cor 12, 28 – 30)
  • En Jesús lo sacerdotal es toda su vida. Adhiriéndonos a Él por el bautismo también somos sacerdotes, profetas y reyes a su estilo. Lee Rom 12, 1 – 2 y piensa y expresa cómo podemos todos los cristianos ser sacerdotes de nuestra propia vida, ese “culto” de actitudes y comportamientos, de vida “ofrecida…”

 

 

2.- La Iglesia de cristiandad. De la “comunidad sacerdotal” a “el clero y los laicos”

A comienzos del s.III tenemos testimonios de que se designa con el título de sacerdotes a los ministros cristianos, se llama Sumo Pontífice al Obispo y se habla de funciones sacerdotales reservadas a los ministros ordenados.

Parece que todo esto está muy unido al desarrollo sobre la conciencia de la Eucaristía, su carácter de sacrificio que simboliza, representa y actualiza el sacrificio de Cristo que se entregó por nosotros. Se establecen correlaciones entre la Eucaristía y los sacrificios judíos y paganos a los que supera y anula, y los que presiden la Eucaristía acaban llamándose sacerdotes por analogía con los que ofrecen sacrificios judíos y paganos. Esta evolución histórica, teológica y eclesial constituye la base de la tradición dogmática que ve la fundación por Jesús del ministerio sacerdotal.

Además la expansión progresiva del cristianismo exige una multiplicación de presbíteros para atenderlos presidiendo pequeñas comunidades y Eucaristías en comunión con el obispo, pero con autonomía de él. El obispo, sin embargo, aunque al comienzo era el presidente nato de la Eucaristía, va siendo absorbido por funciones de gobierno y de administración de la Iglesia local y de enseñanza magisterial.

Desde el s. IV la sociedad se abre al cristianismo, primero como religión lícita y luego oficial. Surge la “cristiandad” y se anuncian los problemas que se agudizarán en la Edad Media. Decae el celo misionero, hay progresivamente un desplazamiento de lo bautismal a lo eucarístico y un alejamiento de las teologías del sacerdocio común. Se constituye una carrera clerical por grados, hasta llegar al último: el episcopal. Se crea poco a poco un cuerpo estamental con un estatus social, reconocido por el estado romano. Se desarrollan los privilegios que reciben los eclesiásticos de las autoridades y de los patricios. Se asemejan cada vez más a los funcionarios del estado y se distancian del pueblo. Padres de la Iglesia y teólogos protestaron, pero esta evolución prosperó.

También afectó a las condiciones de vida del pueblo cristiano y del sacerdote. Comienzan estos a “vivir del altar”, liberados por sus comunidades, y renuncian a una profesión profana. Se agrandan las diferencias entre el estado clerical y el pueblo. En el concilio de Elvira se adopta el celibato obligatorio para los clérigos de occidente.

Resumiendo, con el Constantinismo y la Cristiandad medieval, cuando desaparece la tensión Iglesia/mundo, porque todo el mundo ha sido bautizado, se agudizan las diferencias intraeclesiales: el ministerio apostólico se organiza en una estructura aparte, el clero, que sacraliza a los ministros haciéndolos mediadores entre Dios y el pueblo, los sitúa y ordena por encima de la comunidad, monopolizando los demás carismas, impone en occidente el celibato, margina a la comunidad de la elección de sus ministros, que se convierten así en funcionarios, dependientes, incluso económicamente, de la institución eclesiástica.

Como consecuencia, y al desarrollarse una parte de la comunidad (la jerarquía con su dimensión ministerial), surge un nuevo equilibrio eclesiológico. Surge el laicado, como el polo opuesto al clero y dentro de la Iglesia se hacen pasivos. Se empieza a equiparar Iglesia a clero y esto resta protagonismo a los laicos en la Iglesia.

Es verdad que en la eclesiología medieval siempre permanece la idea de que la Iglesia es una comunidad de personas, un pueblo, y el concepto de Iglesia designa indistintamente al conjunto de la Iglesia y a la sociedad. Hay una tendencia a resaltar la dimensión jerárquica pero se conserva una eclesiología comunitaria y personal.

Pero junto a esta teología comienza a abrirse paso otra que tiende a equiparar Iglesia y clero.

En una sociedad donde los señores laicos utilizaban los puestos eclesiásticos a su antojo como feudo o beneficio propio, los papas y eclesiásticos reformadores comienzan la lucha por liberar a la Iglesia del poderío laical. Uno de los instrumentos de reforma es precisamente éste: que los laicos se ocupen de los asuntos de la sociedad y los eclesiásticos de la vida interna de la Iglesia. La sociedad (el mundo) es de competencia de los laicos, la Iglesia es de incumbencia de los clérigos.

Esta contraposición de ámbitos dura hasta nuestros días y desde ella se hace plenamente comprensible la idea de que la Iglesia consiste principalmente (incluso a veces se equipara sin más) a los clérigos.

Esta visión se mantendrá hasta comienzos del siglo XX.

 

Pío X en la Vehementer Nos (1906) consagra esta visión eclesial: “La Iglesia es por su propia esencia, una sociedad desigual, es decir una sociedad que incluye a dos categorías de personas: los pastores y el rebaño, los que ocupan un rango en los diferentes grados de la jerarquía y la multitud de los fieles. Y estas categorías son de tal forma distintas entre sí, que únicamente en el cuerpo pastoral reside el derecho y la autoridad necesarios para promover y dirigir todos los miembros hacia el fin de la sociedad. Por lo que se refiere a la multitud, no tiene otro derecho sino el de dejarse guiar y, como rebaño fiel, seguir a sus pastores”.

La idea de Iglesia que subyace a esta visión es claramente vertical, jerárquica y piramidal. Esta eclesiología es la que ha consumado la separación de los ministros y los laicos y no ha desaparecido totalmente, a pesar de las correcciones del Vaticano II. Subsiste en muchas afirmaciones y documentos eclesiásticos, así como en la mentalidad popular. Cuando se dice: “la Iglesia afirma, piensa o hace algo”, se está pensando casi siempre en la jerarquía.

Con esta mentalidad no hay mucho lugar para acentuar la común igualdad y dignidad de todos los cristianos, que es anterior a la pluralidad de carismas y ministerios; el papel del Espíritu, que actúa en toda la comunidad de la que forma parte la jerarquía (sin que se niegue su función de autoridad jerárquica); la importancia del Bautismo y la Confirmación que hace de cada cristiano sujeto de derechos y obligaciones, tanto dentro como fuera de la Iglesia.

El Vaticano II ofrece un nuevo enfoque eclesial más comunitario, igualitario y espiritual (del Espíritu…) tanto de la Iglesia como del papel de los laicos.

PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR

  • Durante los siglos III, IV y V, el desarrollo y profundización en la Eucaristía, la importancia de las funciones sacramentales en la Iglesia y el aumento masivo de los bautizados van haciendo del clero un estamento cada vez más alejado del pueblo cristiano.
  • Surge la división clero/laicos, aunque se conserve una visión de la Iglesia como comunidad y se tenga claro que hay un sacerdocio de todo el pueblo de Dios.
  • En la Edad Media se añade un motivo más que va a separar en la Iglesia al clero de los laicos. Comienza en el siglo X, se consolida en el XI y llega prácticamente hasta el Vaticano II. Los laicos, el pueblo cristiano, se ocupa de las cosas seculares (del mundo, del siglo), los clérigos, de las cosas de la Iglesia. La visión de la Iglesia en este último caso es vertical, jerárquica y piramidal.
  • ¿Crees que la historia nos sirve para explicar mucha de la pasividad que existe aún hoy en nuestros laicos dentro y fuera de la Iglesia? Pon ejemplos.
  • ¿Qué idea de Iglesia crees que hay en los laicos que conocemos? ¿Y en nosotros?

 

Fuente: https://www.adcspinola.org/index.php/descargas-adcspinola/laicos-spinola/materiales-1/148-tema-1-vocacion-del-laico-haciendo-un-poco-de-historia-para-empezar

 

Categorías:Laicos
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