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TU COMPROMISO SOCIO-POLÍTICO, EXPRESIÓN DE LA CARIDAD

Constatamos que existe una profunda crisis de identidad del cristiano como tal en relación a su presencia y actuación en e...

 

TU COMPROMISO SOCIO-POLÍTICO,
EXPRESIÓN DE LA CARIDAD

Solemnidad de Pentecostés -23 de mayo de 1999-
Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

Queridos hermanos:

La Iglesia Universal y nuestras Iglesias Particulares celebran siempre con gozo el día de Pentecostés. Es la fiesta del Espíritu; el día por excelencia de la Iglesia, de la comunión; es la celebración, el recuerdo de aquel día en el que la primera comunidad cristiana salió a las calles de Jerusalén. Por eso, desde hace muchos años unimos al recuerdo de este acontecimiento salvador la celebración del día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar.

Os escribimos esta carta de Pentecostés, en camino hacía la celebración del Jubileo del año 2000. Aunque la Carta lo es para toda la Iglesia que peregrina en España, va dirigida con un calor especial a todos los cristianos laicos, que en parroquias, comunidades ó movimientos peregrináis por este mundo tratando de convertir en una gran familia, en camino a la casa del Padre.

La llamada que os hacemos al compromiso socio-político, y que refleja el lema escogido para este día “Tu Compromiso Socio-Político, expresión de la Caridad”, cobra mayor urgencia a la vista de algunos de los acontecimientos que estamos viviendo o vamos a vivir en fechas muy cercanas. Recordamos por su particular significación: el grave conflicto bélico que se está desarrollando en el corazón de Europa y que cuestiona las instituciones políticas creadas para la resolución pacífica de los conflictos internacionales (la ONU); y precisamente en las fechas del 50 aniversario de la creación de una Alianza Militar (la OTAN) que está interviniendo decisivamente en esta guerra; en un momento de crisis de la Unión Europea. Y, a pocas fechas de una elecciones Municipales y Europeas en España.

TODO COMPROMISO CRISTIANO NACE DEL AMOR

El Evangelio y las Cartas de San Juan nos muestran de modo especial, el gran amor del Padre manifestado en Jesús, y su repercusión en nosotros que nos hace capaces de construir fraternidad: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en El no perezca sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Será la 1ª carta de Juan (3, 14.16.18) la que nos indique en qué consiste el amor, y de que modo hemos de vivirlo los cristianos: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. En esto hemos conocido lo que es el amor: en que El ha dado su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos… Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con hechos y de verdad”. En Jesús de Nazaret, en la entrega total de su vida, llegamos a entender el Amor incondicional de Dios para con nosotros, y la inseparable conexión del amor a Dios y al prójimo. No es pues de extrañar que la Iglesia haya querido en este tercer año de preparación al Jubileo unir la reflexión teológica sobre el Padre con la necesidad de avivar en nosotros la virtud teologal de la Caridad. “La caridad, en su doble faceta de amor a Dios y a los hermanos, es la síntesis de la vida moral del creyente. Ella tiene en Dios su fuente y su meta” (TMA 50). Amor de Dios que es universal, desde la clara predilección por los pobres, los pequeños y los marginados (Lc 4, 16-21).Pero como ese amor ha de ser con hechos y de verdad, el Papa ha querido que la Iglesia se comprometa en una acción colectiva como es la condonación o alivio de la Deuda Externa de los países del tercer mundo. De esta manera el anuncio del Amor del Padre se ve acompañado por un gesto de solidaridad que lo haga creíble a los ojos de nuestro mundo (TMA 51). Todo este proceso de preparación al Jubileo del año 2000, lo hemos de vivir cada cristiano y la Iglesia en su conjunto con un espíritu de autentica conversión y penitencia, pues hemos de reconocer humildemente que todos hemos caído en ese pecado, de la insolidaridad y desentendimiento de los graves problemas de nuestro mundo.

EVANGELIZACIÓN, CARIDAD Y COMPROMISO SOCIO-POLÍTICO.

Todos reconocemos, con actitud comprensiva, que los católicos españoles han estado marcados por una espiritualidad individualista y por tanto por una moral que únicamente insistía en las dimensiones personales del pecado. Cierto, que junto a esa mayoría de cristianos fervorosos y de una caridad asistencial, siempre han coexistido personas y movimientos católicos con una clara conciencia de la dimensión comunitaria de la fe, y por tanto, de una moral personal y social. La larga trayectoria de las Encíclicas Sociales, y lo que es más significativo, la frecuente práctica cristiana de la vida de muchos, ha ido creando conciencia de la necesaria dimensión social y política de la fe. Los propios obispos españoles, en el documento de abril de 1986 “Los católicos en la vida pública”, acuñamos el término feliz de “caridad política” que exponíamos así en los números 60 y 61 “La vida teologal del cristiano tiene una dimensión social y aun política que nace de la fe en el Dios verdadero, creador y salvador del hombre y de la creación entera. Esta dimensión afecta al ejercicio de las virtudes cristianas, lo que es lo mismo, al dinamismo entero de la vida cristiana.

Desde esta perspectiva adquiere toda su nobleza y dignidad la dimensión social y política de la caridad. Se trata del amor eficaz a las personas, que se actualiza en la prosecución del bien común de la sociedad.

Con lo que entendemos por “caridad política” no se trata sólo ni principalmente de suplir las deficiencias de la justicia, aunque en ocasiones sea necesario hacerlo. Ni mucho menos se trata de encubrir con una supuesta caridad las injusticias de un orden establecido y asentado en profundas raíces de dominación o explotación. Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo justo y más fraterno, con especial atención a las necesidades de los más pobres”.

Es cierto, que esta práctica del amor cristiano así entendido, requiere comprender y asumir la doctrina del Vaticano II sobre la misión de la Iglesia, descrita entre otros en los Documentos AA 20 y LG 33, 34,35 y 36. “Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misión profética…, no sólo a través de la Jerarquía…, sino también por medio de los laicos…, para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria , familiar y social.” Concepto de misión, que pocos años más tarde explicará con proverbial sencillez y con un gran rigor teológico el Papa Pablo VI, en la Encíclica “la Evangelización del mundo contemporáneo”. Misión única para toda la Iglesia (Jerarquía, religiosos y laicos) aunque ejercida de modo peculiar y complementario por sus distintos miembros (Vid. CVP nº 95-97). Es misión por tanto de toda la Iglesia “impregnar todas las realidades del Espíritu del Evangelio” (EN nº 17-24, 31 y 36). A vosotros, laicos cristianos os corresponde de modo “peculiar” y “propio”, vivir ese compromiso en medio de la realidad social, política económica etc… (cf. también, Christifideles laici, nos. 41-42).

Desde esta perspectiva, como dice la reflexión que la Secretaría General de la Acción Católica ha preparado para esta jornada “El compromiso social y político del cristiano no es algo opcional, es una dimensión de la Evangelización y concreción necesaria de la caridad, a la que toda la Iglesia y todos los miembros de la Iglesia estamos llamados según nuestras posibilidades y nuestra vocación”.

“De esta forma, todo cristiano debe sentirse afectado por la política. Siempre que pueda, debe ser un ciudadano activo y nunca debe minimizar los resultados de su acción. En las sociedades actuales, se multiplican los “lugares” en los que se está jugando el futuro: se puede actuar a nivel de empresa, de taller, de región, de municipio, de barrio a través de un Sindicato, de un Partido, de una Asociación, de una Comisión de Padres de Alumnos, de una Asociación de Consumidores. Esta exigencia es tanto más imperiosa cuanto que el campo de la política se amplía cada vez más. Toda la vida cotidiana (trabajo, “hábitat”, tiempo libre, etc.) de cada uno depende de las decisiones del Poder económico, cultural, estatal. Las opciones políticas tienen consecuencias no sólo a corto plazo, y las decisiones políticas (incluidas las económicas y sociales) comprometen a las generaciones posteriores” (Conferencia Episcopal Francesa “Política, Iglesia y Fe”, 1972, apartado 6).

ACOMPAÑAMIENTO ECLESIAL EN EL COMPROMISO SOCIO-POLÍTICO

Como invitación ferviente a superar los recelos en este compromiso y lugar donde encontrar medios para su adecuado acompañamiento eclesial os recomendamos que releáis los nos. 172-178 de Los Católicos en la Vida Pública. Transcribimos alguno de los párrafos de los nos. 172 y 173: “El compromiso en la vida pública, si es asumido con verdadero espíritu de servicio, ofrece grandes posibilidades de ejercer la virtud cristiana de la caridad. Pero la vida política es dura y exigente y está salpicada de dolorosas tensiones y dificultades. Lo que debería ser campo fecundo para el crecimiento y profundización en la vida cristiana se convierte, a veces, en fuente de escepticismo, de ambición o de escándalo. La intensa ideologización de la actividad política, los fuertes conflictos de intereses y la tentación del pragmatismo pueden llegar a comprometer la misma fe y la práctica integral de la vida cristiana.

Por ello los cristianos que deciden dedicarse a la vida pública y política tienen necesidad y derecho de ser ayudados y acompañados por la misma Iglesia que urge su compromiso”.

Queremos recordar de nuevo algunos de los modos de acompañamiento, que no debemos olvidar:

  • La orientación moral del Ministerio Pastoral (Encíclicas Sociales, Cartas y Reflexiones sobre situaciones culturales-económicas y políticas concretas, etc).
  • La vida litúrgico-celebrativa de todas las comunidades cristianas, que a la luz de la Palabra y con la fuerza salvadora de los sacramentos alienta, orienta y corrige el quehacer cotidiano de todos los fieles.
  • El acompañamiento personal de los sacerdotes.
  • La ayuda y apoyo de los movimientos y asociaciones apostólicas que “han de permitir a los cristianos valorar con lucidez las consecuencias inherentes a los compromisos que puedan contraer; y ayudarles también a asumir desde su fe, los sufrimientos inseparables de un compromiso serio en el esfuerzo común por la purificación y la transformación de las estructuras y de las instituciones. El cristiano ha de llegar a descubrir que, sólo en el misterio de Cristo muerto y resucitado alcanzará su pleno sentido el sacrificio de quienes con bienaventurados en la lucha por la justicia” (Orientaciones pastorales del Episcopado español sobre apostolado seglarde 1972, nº 14).

La creación de espacios de recogimiento y reflexión donde pequeños grupos de cristianos de diferentes adscripciones sociales y políticas confronten soluciones y prácticas político-sociales diferentes, y en muchos casos contrapuestas. Y todo ello a la luz del evangelio y desde la una auténtica caridad cristiana. (Vid. Documento citado de los Obispos Franceses, apartado “¿Es paralizante la confrontación”).

EL SERVICIO DE LA ACCIÓN CATÓLICA

Los Obispos hemos pedido de modo peculiar a la Nueva Acción Católica, en esta hora de renovación y puesta en marcha de la “Nueva Evangelización”, que sea un instrumento humilde y servicial para procurar en cada parroquia y diócesis la necesaria formación social de la conciencia de los laicos cristianos, fermento de unidad entre los diversos movimientos e impulsora de la tarea misionera de toda la Iglesia. (“La Acción Católica, hoy”, págs. 22-23).

UNAS PALABRAS DE GRATITUD Y DE ESPERANZA

No podemos finalizar esta carta de Pentecostés sin daros las gracias de corazón a todos los cristianos niños y jóvenes, hombres y mujeres, sacerdotes y religiosos que desde vuestras parroquias, movimientos y asociaciones seglares hacéis un esfuerzo ilusionado y generoso para construir, desde el Amor, el Reino de Dios, procurando la permanente renovación de valores, instituciones y proyectos educativos, culturales y politíco-sociales inspirándoos y sosteniéndoos en el Amor desbordante de Dios nuestro Padre. Así mismo reconocemos con gratitud el esfuerzo de quienes habiendo adquirido compromisos políticos ocupan cargos públicos estáis trabajando en la dura tarea de ordenar la vida pública hacia el bien común a veces con el olvido, la incomprensión e incluso con la crítica desproporcionada de vuestros compañeros de partido y vuestras propias comunidades cristianas. Como los primeros discípulos, vivid unidos en la fe y sostenidos por la esperanza, fiados en las palabras y gestos de Jesús Resucitado: “Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba con ellos, confirmando la palabra con las señales que la acompañaban” (Mc16,19-20).

Que la Santísima Virgen acompaña vuestro caminar apostólico e interceda ante el Padre por todo el laicado cristiano.

Pte. de la CEAS:
Mons. Braulio Rodríguez Plaza, Obispo de Salamanca

Vpte. de la CEAS y Pte. de la Subcomisión para la Familia y Vida:
Mons. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Segorbe-Castellón

Vocales:
Mons. José María Conget Arizaleta, Obispo de Jaca
(Consiliario de la Acción Católica Española)

Mons. Antonio Ángel Algora Hernando, Obispo de Teruel y Albarracín
(Responsable del Departamento de Pastoral Obrera)

Mons. Juan García-Santacruz Ortíz, Obispo de Guadix-Baza
(Responsable del Foro de Laicos, Cursillos de Cristiandad y Pastoral Rural).

Mons. Fco. Javier Ciuraneta Aymí, Obispo de Menorca
(Familia y Vida)

Mons. Fco. Javier Martínez Fernández, Obispo de Córdoba
(Familia y Vida)

Mons. César Augusto Franco Martínez, Auxiliar de Madrid
(Responsable del Departamento de Pastoral de Juventud)

Mons. Juan José Omella Omella, Auxiliar de Zaragoza
(Viceconsiliario de la Acción Católica Española)

 

 

 Constatamos que existe una profunda crisis de identidad del cristiano como tal en relación a su presencia y actuación en e...

 

 

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