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La dignidad de la mujer ayer, hoy y mañana con la moda

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La dignidad de la mujer ayer, hoy y mañana con la moda

Sheila Morataya-Fleishman

 

“No se vale que permitamos que a nuestras hijas y niñas no se les inculque el recelo por la moral y por la belleza de su dignidad femenina debido a la falta de formación en una misma”. Sheila Morataya

“¿Quién me tiene que decir a mi como debo vestirme?…. Soy una chica más bien de vestimenta cómoda y práctica, con los tacones y las faldas me siento rara, pero… ¡nadie puede decirme como debo vestirme!… Y menos, los hombres. Es que estoy alucinando, dejadnos en paz ya… siempre diciéndonos cómo tenemos que comportarnos, cómo tenemos que vestir… tanto unos como otros. Chicos, me desmarco de todo y de todos”. Este es un comentario de una joven lectora como crítica a una cultura que impone cánones de belleza que poco tienen que ver con la con el interior de una mujer y con su esencia.

El culto a la figura ha llegado a nuestras madres jóvenes (y no tan jóvenes) y a nuestras hijas. Empezó con furia en la década de los noventa y se ha ido intensificando desde entonces. La aparición de las redes sociales ha vuelto a toda la gente mucho más atenta a cómo luce cuando se toma “selfies”, y las adolescentes, tan vulnerables y en constitución de su personalidad, se enfrentan ansiosas a éste mundo de selfies, duckface y fotos a sus piernas.

Dicen las revistas de moda que dentro de sus páginas, se puede encontrar todo lo que se necesita para lograr la figura ideal que cada mujer quiere tener. Recuerdo que las devoraba desde que tenía tan solo trece años. Los artículos y anuncios nos hablan de cremas que queman la grasa, pastillas para acelerar el metabolismo y hasta la famosa dieta de repollo que se pasa de generación en generación. ¿Cómo es que mi hija ya la conoce? Ciertamente no por mí. Claro, las revistas promueven el culto a la figura y a una belleza que nunca se marchitará. No te lo dice una teóloga, filósofa o psicóloga, sino una mujer que en su primera juventud acarició y dio forma al sueño de ser modelo profesional y entrenadora de modelos. Cuando veo todo tipo de publicidad hacia las mujeres, pienso en mujeres delgadas, mujeres jóvenes, mujeres sin una gota de grasa en sus cuerpos y vestidas a la última moda. Como lo era yo. Pero también pienso en esas cinturas de avispa a fuerza de mucha ensalada, horas interminables en el gimnasio y mujeres que sacrifican todo por lucir tal y como las que ven en las revistas, incluso volviéndose anoréxicas, bulímicas y compulsivas. A la cabeza de esta lista están las y los modelos, pues ellos también padecen y son quizá los dioses de este culto como lo fui yo en su día.

El culto a la figura, esa preocupación por estar delgada o delgado, y tener un cuerpo perfecto, es el tema favorito para las nuevas aplicaciones de los teléfonos inteligentes, crear campañas publicitarias, para la prensa, la radio y la televisión. Por eso nuestras niñas en su mayoría, a los trece años están pidiendo cirugía plástica, a los doce ya se cambian el color del cabello y a los quince se cambian el color de los ojos. Si son azules, los quieren verde, si son negros los quieren azules. En fin, nadie se ha salvado pues a la cabeza estamos las madres de la generación de los “milinium” (debo confesar que he cometido unos cuantos errores dando formación de esto a mi hija), vivir metida en la corriente de todo ello, me arrastro más de una vez.  El culto a la figura, que se hace notar en “el six pack” perfectamente esculpido, los brazos de Michele Obama, los pechos de Kim Kardashian y las piernas de modelo de pasarela con alitas de ángel tipo Victoria Secret, ha llegado a las madres y a nuestras niñas de 8 años. En nuestro tiempo, el modelo a seguir era la muñeca Barbie, para los millennium ha sido la muñeca Bratz que con la misma delgadez que Barbie pero con labios carnosos y sensuales, ojos que hechizan a cualquiera y vestimenta que seduce, le dicen a nuestras niñitas: mira, así somos las mujeres hoy, 5 libras de más y olvídate, pues no pasarás la prueba. Para aterrizar con la heroína de Frozen, Elsa que no solo es delgada y bella, sino no cree en que haga falta el amor de un compañero para ser feliz. ¿Dónde quedo Caperucita Roja o la María de Jorge Isaacs? ¿La Reina Esther y las reinas de España que se hicieron santas por la dignidad con la que se conducían mostrado en su vestimenta, sus actos y su pudor al hablar? ¿Qué estás dispuesta a hacer tú nueva madre, joven madre y mujer humanizadora de la sociedad? Que se comprenda que hablo de los extremos, las mujeres por nuestra dignidad debemos cuidarnos, hacer ejercicios, vestirnos bien y utilizar la moda para influir de forma positiva pero sin llegar a los extremos y la perfección en todo el conjunto a los que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación.

Necesidad de despertar y actuar

¿Hasta cuándo seguiremos durmiendo y apoyando todo esto, nosotras mujeres que hacemos y defendemos la cultura? ¿Le parece amigo lector que son estos modelos la noción de feminidad que queremos transmitir a las niñas? ¿Cómo evitar caer en estas trampas que inclusive muchas de nosotras como mujeres nos hemos creído? ¿Quién se animará a reinventar las muñecas? Supongamos que es cada una de nosotras la que trabaja para proveer a nuestras hijas y nuestras mujercitas una nueva mirada hacia lo que realmente significa ser mujer y estar a la moda. De acuerdo a Juan Pablo II, en su carta apostólica a las mujeres “la mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico que le es propio y que sólo ella puede dar: su delicada ternura, su generosidad incansable, su amor por lo concreto, su agudeza de ingenio, su capacidad de intuición, su piedad profunda y sencilla, su tenacidad… La feminidad no es auténtica si no advierte la hermosura de esa aportación insustituible, y no la incorpore a la propia vida”.[1]

“Si damos una mirada a los últimos siglos de nuestra historia, comprobamos que el movimiento feminista ha cambiado profundamente nuestra convivencia, tanto en la familia como en la sociedad. Estos cambios parecían, al principio justos y necesarios. Más tarde, se los ha caracterizado –con creciente preocupación– como dañinos, exagerados y, en la actualidad, son (y quieren ser) plenamente destructivos” (Jutta Burgaff). Uno de ellos es la moda: un cuerpo liso como lienzo, sin gota de celulitis y grasa; un rostro esculpido y sin arrugas a fuerza de botox, colágeno para inflar los labios y máscaras de maquillaje con diferentes tonos de base que esculpen los pómulos, adelgazan el rostro para terminar con las pestañas postizas, las extensiones de cabello y las uñas solares. Ahora no soy modelo pero vivo con una millennium y todo un rosal de chicas de su edad y menos.

¿Mujer o género?

En palabras de la teóloga ya fallecida Jutta Burgaff: “A partir de la mitad siglo XX, una parte de las feministas ya no aspiraban simplemente a una equiparación de derechos jurídicos y sociales entre el varón y la mujer, sino a una igualdad funcional de los sexos. Comenzaron a exigir la eliminación del tradicional reparto de papeles entre varón y mujer (que les parecía arbitrario), y a rechazar la maternidad, el matrimonio y la familia. Se basan fuertemente en la filósofa existencialista Simone de Beauvoir (1908 – 1986), cuya voluminosa obra “Le Deuxième Sexe” (1949) fue un éxito mundial. Beauvoir previene contra la “trampa de la maternidad”, que sería utilizada en forma egoísta por los varones para privar a sus esposas de su independencia. En consecuencia, una mujer moderna debería liberarse de las “ataduras de su naturaleza” y de las funciones maternales. Se recomiendan, por ejemplo, relaciones lesbianas, la práctica del aborto y el traspaso de la educación de los hijos a la sociedad. Shulamith Firestone exige en su obra “The Dialectic Sex” la liberación de la mujer de la “tiranía de la procreación” a cualquier precio, y resume el sentir general de sus compañeras: “Quiero decirlo con toda claridad: El embarazo es una atrocidad.” [i]

Como ha mencionado, la prestigiosa teóloga, en el siglo XX comienza la revolución del género. Pero la mujer es más que un género. ¿Y qué es el género? Es el vocablo utilizado que no contiene en sí mismo el significado de ser mujer. Este vocablo queda corto para expresar lo que la mujer es en toda su profundidad. Por su constitución ontológica, la persona es una unidad substancial de cuerpo y espíritu. La naturaleza humana existe de dos modos distintos como varón y como mujer, de aquí que ambos posean la misma dignidad. La mujer es un ser sexuado. Cuando me refiero a la sexualidad hablo de la totalidad de la persona como hombre o mujer. Es por esto que la mujer debe defender esa dignidad propia que radica en ella, siendo muy celosa y cuidadosa a la hora de vestirse y así enseñar a sus hijas a hacerlo. “Es deber de cada madre, escribe San Juan Pablo II elevar la dignidad de cada mujer”.

Cuando la persona nace, nace desnuda y de inmediato se la cubre, pues se quiere proteger su intimidad. Profundizar en torno a esto con nuestras hijas es muy necesario, pues ayudará a la joven a comprender el porqué es importante vestirse y ser cuidadosa en cuanto a la ropa que se lleva, pues si la mujer quiere que se la ame por el significado profundo de ser persona-mujer y por su dignidad, ya que la vestimenta puede ser ayudar o ser obstáculo para alcanzar el fin que cada una tiene. Como madre deberás cuidar y cultivar su pudor, enseñarle desde pequeña que no es correcto que otros la vean desnuda; transmitirle los valores al escoger el uso del traje de baño y cuando este en edad de los shorts, ayudarle a comprender la razón por las cuáles en su hogar existen unas reglas en cuanto al largo de los mismos.

Dicen que en la moda, se vale todo, sin embargo, yo no estoy de acuerdo con esto. No se vale caer en el permisivismo y en el acomodamiento de porque está de moda y porque todo el mundo lo lleva, hay que hacerlo. No se vale que permitamos que a nuestras hijas y niñas no se les inculque el recelo por la moral y por la belleza de su dignidad femenina debido a la falta de formación en una misma. No se vale que por miedo a que nuestras hijas dejen de ser populares, no les enseñemos a respetarse, valorarse y protegerse a sí mismas.

Inculcar valores para ser mujeres con criterio

Algunos de los valores claves que podemos enseñar a nuestras niñas cuando queremos transmitirles la noción de la dignidad, autoestima y autorespeto, pueden ser:

  • Haz un inventario que empiece por ti: ¿en qué creo a la hora de vestirme, conducirme en privado y en sociedad, maquillarme y comprar ropa? ¿Tengo un presupuesto, calendario y sigo los lineamiento de un guardarropa básico?
  • ¿Cómo cuido de mi pudor, en el aspecto de escotes, largo de faldas y vestidos, pantalones que se ciñen demasiado al cuerpo o maquillaje y peinado? Si quieres una idea de que tan bien lo estás haciendo, observa el antes y después de las que ahora son reinas como Leticia de España, Máxima de Holanda, y las princesas de Inglaterra, Kate Middleton y Sofía de Suecia. El protocolo a la hora de vestirse, proyectar una imagen e influir sobre las mujeres unas a otras no es sólo para las casas reales, es para todas y cada una de nosotras mujeres comunes y corrientes que adornan el mundo con el impacto que provocan las flores al mirarlas.
  • ¿Cuáles son mis ideas en torno a la moda como vehículo ideal para influir positivamente en el papel de la mujer en la sociedad?
  • ¿Cuánta atención y cabeza pongo en la selección de prendas, colores y formas que van mejor de acuerdo a mi forma corporal, ocupación y edad?
  • Si eres una mujer profundamente comprometida con todo lo que enseña la Santa Iglesia Católica, pensarás en penetrar tu personalidad de las actitudes, modos y formas de vestir que la Virgen Santísima llevaría en este tiempo. ¿Cómo sería el perfume que ella dejaría a su paso de llevar a Jesús a la iglesia, a una fiesta de cumpleaños y a la playa? ¿Cómo te la imaginarías al vestirse para una cena a solas con José o para una fiesta entre amigas? No se te olvide que la Virgen María fue tan mujer como tú y yo, de carne y hueso. Pobre, sencilla y digna. Con la cabeza bien puesta sobre los hombros.

Después de estos ejemplos creo que tú misma puedes elaborar una lista de valores imprescindibles para la educación de tu hija: pudor, buenos modales, perfección en la postura al estar de pie, sentada y al caminar. Cuéntame que has probado, qué no te ha dado resultado, en qué estás teniendo problemas. Resolvamos juntas las dudas en torno a nuestra dignidad y la moda e iluminemos el mundo como el necesita ser iluminado por nosotras las mujeres, humanizadoras de la sociedad y promotoras del reino de los cielos. Además si encuentras este artículo de gran utilidad te invito a promoverlo con tus amigas, provocar una tertulia entre tú y ellas para discutirlo y si hay espacio invítame a mí también. Te aseguro que es así como las mujeres iluminamos el mundo.

Sheila Morataya-Fleishman

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