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Acción Católica: Un ministerio de la comunidad

Acción Católica: Un ministerio de la comunidad

INTRODUCCIÓN

El camino de la humanidad va poco a poco forjándose a través de la unión de las personas. Cada vez se habla más de globalización, de universalización de la economía.

La emigración y la correspondiente integración de las personas, de culturas a veces tan diferentes, es también un hecho irrefutable. Dicen las estadísticas que el 20% de los niños nacidos en nuestra comunidad autónoma estos últimos cuatro años son hijos de emigrantes. Es un dato, no una opinión, y como tal ha de tomarse. Esto exige por parte de todos una revisión seria de nuestras actitudes.

Hay una clara tendencia en lo político, económico, social y cultural a la integración y a la unidad, con el respeto debido a la diversidad pero sin consentir quedarnos en ella. Cada uno, cada una, con nuestras propias condiciones culturales y sociales tenemos que admitir la pluralidad dentro de la unidad, y reconocemos que esas diferencias que de hecho existen entre todos no sólo no nos separan o dividen, sino que nos enriquecen y nos ayudan a ser más personas.

Las dificultades vienen cuando la defensa de los propios derechos o de las características de un determinado grupo se hace a costa de los del resto, o incluso en contra de los derechos o características de los demás. Así surgen los problemas, los malos entendidos y los abusos.

En la Iglesia, por la gracia de Dios, hay multitud de grupos, de ‘espiritualidades’, de formas concretas de vivir la fe. Todas tienen unos principios inviolables que se respetan, pero, como dijo Mons. Suquía en el Sínodo de Obispos sobre la vocación y formación de los laicos, la unidad no significa uniformidad. Dentro de la unidad de la Iglesia caben realidades muy diversas, que unidas forman un mosaico maravilloso y rico, en el que caben todos los hombres y mujeres, cada cual con sus características.

En esa riqueza crece y se desarrolla la labor de la Acción Católica. Sus militantes no sólo no se encuentran incómodos ante la diversidad, sino que agradecen a Dios la multitud de vocaciones que el Espíritu ha sembrado en la Iglesia, y descubre un campo de trabajo fundamental que le es propio: ser vínculo de unidad entre todos los que forman parte de la Iglesia aunque con carismas y dones diversos. La Acción Católica es, en ese ambiente, fermento al servicio de todos los miembros y grupos..

EXPOSICIÓN DOCTRINAL

1. RESPETO A LA DIVERSIDAD.

La riqueza de la Iglesia se manifiesta, también, en la pluralidad de carismas y vocaciones que se dan entre los cristianos. No se puede negar la proliferación de asociaciones, movimientos, espiritualidades y congregaciones que han surgido a lo largo de los siglos, y muy en concreto desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días.

Hay quienes no aceptan, o entienden tanta variedad. Puede ser que nosotros, si fuéramos los encargados de la repartición de dones entre los hombres, lo hubiéramos hecho de otro modo. Pero… tendremos que aceptar nuestro papel de meros observadores en esta materia, y descubrir que Dios se manifiesta a través de todos estos carismas con una fuerza y una riqueza difícil de calcular.

Es verdad que a veces parece que la división es grave, y que debilita la capacidad de trabajo y de eficacia de los apostolados de la Iglesia. Sin embargo, gracias a esta diversidad cada hombre, cada mujer, y cada uno con sus características personales propias, encuentran su lugar en la Iglesia. La inculturación de la que habla tanto Juan Pablo II no se refiere en este contexto tan sólo a la evangelización de culturas distintas, se puede incluso concretar a formas concretas de expresión de nuestros sentimientos religiosos.

Con el pretexto de la unidad hay quien se resiste a admitir la diversidad, como si ésta destruyera lo genuino del seguimiento a Jesucristo. Estas actitudes a veces provocan verdaderas intolerancias a la pluralidad y a la diversidad, que por otro lado ha aprobado y bendecido la Iglesia a través de sus pastores, y sobre todo por medio del Pastor Supremo de la Iglesia, que da esa unidad en la caridad, que es el Papa. Y el que pretendía aunar las formas y los criterios, lo que hace es convertirse en motivo de discordia, de división, y crea, sin quererlo un nuevo grupo: el de sus seguidores, el de quienes no quieren otros grupos que el de quienes no quieren otros grupos, y sirva la redundancia.

No es este el criterio mayoritario, gracias a Dios. Todos nosotros entendemos que la diversidad es un don. Siempre y cuando se respeten los carismas y dones de los demás, y no se pretenda imponer el propio como si del único se tratara. De hecho a todos nos vendría muy bien contemplar al resto de los movimientos, asociaciones y grupos para aprender lo que en ellos hay sin duda de bueno. Es verdad que cada uno se sentirá más identificado de un modo especial con las formas concretas de uno de ellos, o con el de varios… pero ahí radica la grandeza de la invitación de Cristo a seguirle.

Todos tenemos lo fundamental en común, que es la fe en Cristo Jesús, el amor a la Iglesia, el deseo de ser santos, el espíritu de servicio hacia los demás… y entre todos, remando en la misma dirección dentro de esta barca que es la Iglesia, hacemos que las obras de Dios vallan brillando a los ojos de los hombres.

Respetar en este caso es algo más que meramente consentir. Respetar significa amar, valorar. Es alegrarnos con los éxitos de los demás, que por ser como yo hijos de Dios, son también nuestros. Es entristecernos y hacer nuestras las dificultades por las que pasan determinadas personas o grupos por su condición de militantes cristianos. Es aprender de los demás, es comprender las limitaciones que puedan tener. Es rezar por todos, conscientes de que todos formamos parte de la misma Iglesia, la de Cristo.

Y esto lo hacemos no por la valía de las personas que nos encontramos, sino por nuestro amor a la Iglesia, por nuestra fidelidad a la vocación cristiana que todos hemos recibido, por convencimiento de que en esa pluralidad se manifiesta también el rostro de Cristo.

2. INTEGRADORES DE LA COMUNIDAD.

Los militantes de Acción Católica no se constituyen en comunidad dentro de la diócesis ni de la Parroquia. La Acción Católica, como asociación, es un grupo diversificado al servicio de la Comunidad (cf. Ideario, 21).

Junto con los otros grupos tanto de apostolado como de oración o de caridad, y junto a los sacerdotes y al obispo si del ámbito diocesano se trata, los miembros de Acción Católica forman una única comunidad, para la construcción del cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

Esa diversidad que enriquece el rostro de la Iglesia no se contrapone a la debida unidad que da formar parte de la misma comunidad. Más aún nos hace reconocer la responsabilidad grave que cada uno de nosotros tenemos de servir a la unidad, siendo cada uno de nosotros lo que Dios ha querido que seamos, viviendo en plenitud nuestra vocación y, por encima de todo la caridad, que es vínculo de unidad.

Si esto es aplicable a todos y a cada uno de los movimientos apostólicos de la Iglesia, lo es de un modo específico de la Acción Católica. La razón es que la búsqueda de esa unidad está en la misma raíz de su vocación: “Hoy, en muchas parroquias de nuestra Archidiócesis, los militantes de Acción Católica están promoviendo, con verdadero espíritu de entrega y de amor a la Iglesia, la comunión de los diferentes agentes de pastoral” (D. Antonio Mª Rouco, Carta pastoral en el día de Pentecostés de 2001).

Los militantes de Acción Católica, por su sentido de Iglesia, buscan cauces para servir a todos, también a los que no participan de sus criterios o modos de trabajo. Quieren servir de instrumentos para que la Parroquia o la Diócesis, dependiendo del ámbito en el que estén trabajando, sea una verdadera comunidad, en la que los pastores y seglares se animen y ayuden mutuamente. Sirviendo así a la construcción de la Iglesia, se da un verdadero testimonio de entrega y se muestra con la vida lo que es la militancia en nuestro movimiento.

Por supuesto, no puede faltar la preocupación por ayudar y tener presente al resto de los miembros de nuestros Centros. La caridad vivida con quienes forman parte de nuestro grupo de revisión de vida y con el resto de los grupos, así como con los demás centros de Acción Católica, fortalece nuestro espíritu, anima nuestro apostolado, alegra nuestra entrega y testimonia nuestra vocación. Por ello es importante y no podemos abandonar la sincera atención a nuestros hermanos de asociación. Sin que esto implique nunca cerrarnos en nosotros mismos, o abandonar nuestra visión de Iglesia en el trato con los demás.

3. PARA HACER PRESENTE A CRISTO.

Cuando los militantes de Acción Católica actúan así, son capaces de contagiar al resto de los grupos y personas que pertenecen a nuestras parroquias. Más aún, así se hace creíble el Evangelio ante los que se han ido alejando de la Iglesia.

Además de que la unidad en el compromiso hará más eficaz el trabajo apostólico, esa unidad, ese entendimiento entre todos, esa vivencia de la comunión dentro de la parroquia y dentro de la diócesis, facilitará que otros pierdan recelos o complejos infundados, o superados.

No se trata en absoluto de una táctica apostólica o de un compromiso para mostrar hacia fuera una imagen que no existe en realidad. Es en verdad un compromiso de amor con el Señor, a quien buscamos, a quien servimos y a quien queremos dar a conocer.

Trabajando así el rostro de Cristo se hace presente en una humanidad dividida e individualista. Los hombres de hoy no creen en muchas ocasiones que la comunión sea posible, parece una idea fuera de lógica. Y sin embargo, los cristianos creemos firmemente en ello. Sabemos perfectamente de las fragilidades personales y ajenas, pero confiamos en Dios, creemos en la gracia, nos abandonamos a su voluntad. Y sabemos que en este mundo, con la ayuda de Dios, podemos y debemos aspirar a la comunión entre las personas, entre los grupos, entre quienes compartimos una misma fe, un mismo bautismo, un mismo Padre, aunque lo hagamos por caminos diversos:

“Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: este es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo” (NMI 43).

4. REINA DE LA ACCIÓN CATÓLICA.

Concluimos el retiro, como es habitual, poniéndonos en manos de María. Pablo VI la invocó como Reina de la Acción Católica. Ante ella ponemos nuestra asociación, se la encomendamos por que sabemos que no hay otras manos mejores para cuidarla.

Con ella como intercesora estamos seguros de que todos y cada uno de los militantes de Acción Católica seremos capaces de vivir la vocación cristiana y laical con todas sus consecuencias.

También somos conscientes de que ella nos exige, y nos pide más, más generosidad, más entrega, más espíritu de servicio, más alegría. Con su ayuda lo iremos consiguiendo, aunque a veces nos cueste.

EXAMEN

– ¿Busco en todas mis cosas servir a la Iglesia? ¿procuro que mi corazón no se aborrezca o juzgue otras realidades eclesiales? ¿aspiro realmente a la unidad?

– ¿Me alegro con las alegrías de los demás? ¿Me preocupo por ayudar en la medida de mis posibilidades en las dificultades de los demás? ¿Me intereso por el resto de los grupos y asociaciones que hay en la parroquia o diócesis?

– ¿Rezo y me mortifico por el resto de los apostolados? ¿Encomiendo los frutos apostólicos de los demás grupos? ¿Pongo dificultades para su implantación o para que su trabajo de frutos?

– ¿Me cuesta trabajo aceptar a los demás? ¿Sé que debo buscar vínculos de unión y de servicio mutuo entre todos los que hay a nuestro alrededor? ¿Hago presente mi carisma ante los demás, sabiendo aceptar el del resto?

– ¿Defiendo con valentía a los demás grupos o personas? ¿Intento hacer ver la bondad de la comunión fraterna? ¿Lo muestro con mis actitudes?

– ¿Evito todo tipo de comentarios que puedan hacer daño a otros? ¿Me escudo en una ‘crítica constructiva’ para decir cualquier barbaridad de otros?

– ¿Invoco a María? ¿Le pido por la unidad de todos los que creemos en Cristo su hijo? ¿Le presento las dificultades que tengo para aceptar a los demás y le pido ayuda para superarlas? ¿La invoco como madre de la Iglesia?

TEXTO

La Acción Católica General realiza esta comunión eclesial sirviendo a la Iglesia, en las diversas comunidades en las que orgánicamente se hace presente, en las que “ha de contribuir y revalorizar y renovar las instituciones comunitarias eclesiales, evitando peligrosas incitaciones centrífugas” .

Primaria y esencialmente la Acción Católica es una organización diocesana. “Se necesita que todos los Movimientos especializados y la nueva Acción Católica General estén enraizados en las iglesias particulares. Sin esta inserción no es posible seguir caminando” . Y como la misma Iglesia diocesana, para mejor realizar su servicio, se articula y organiza de diversas formas, entre las que destaca por su validez la división en Centros parroquiales . “Centrándonos en la Acción Católica General su importancia nace de la necesidad de cohesionar al laicado que surge como consecuencia de la labor de la parroquia y en la necesidad de ofrecer cauces para impulsar su presencia evangelizadora en la sociedad” . A los jóvenes de todo el mundo les decía Juan Pablo II “es justamente la Iglesia diocesana la que debéis descubrir. La Iglesia no es una realidad abstracta y desencarnada; al contrario, es una realidad muy concreta: cabalmente una Iglesia diocesana reunida en torno al Obispo. Es también la Iglesia parroquial la que debéis descubrir, su vida, sus necesidades… De esta Iglesia concreta, debéis ser sarmientos vivos y fecundos, es decir, conscientes y responsablemente partícipes de su misión…” .

La Acción Católica General no es una comunidad, sino un grupo diversificado al servicio de la propia comunidad (diocesana y parroquial). Por ser una asociación y un ministerio no puede constituirse nunca como ‘comunidad’ en la que la Iglesia se realice por el ejercicio de sus funciones esenciales.

Forma, pues, parte de su propia comunidad, junto con los otros fieles y grupos, enriquecido cada uno por su parte, con carismas diversos, procedentes de un mismo Espíritu y dados para la construcción de un único cuerpo que es la comunidad de la Iglesia.

Se integra en la comunidad: compartiendo sus objetivos y problemas; ayudando a sus fines, bajo la guía de los Pastores propios de la comunidad; y participando de su vida misionera, evangelizadora, litúrgica y caritativa . “La Acción Católica potencia el funcionamiento de las estructuras pastorales de corresponsabilidad y participación, por las que se expresa también la comunión en la Iglesia. La Acción Católica ofrece una constante disponibilidad para la colaboración responsable en los servicios de la comunidad eclesial” .

Actúa en la comunidad como ‘fermento’ al servicio de todos los miembros, los grupos y la comunidad entera para conseguir que toda ella sea evangelizadora .

Consejo Diocesano de Acción Católica General de Madrid, Ideario, 20-21.

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