Los obispos vuelven la mirada a la Acción Católica
Los obispos vuelven la mirada a la Acción Católica

JOSÉ LORENZO | La Acción Católica se reivindica y, cincuenta años después de la crisis que la descabezó, vuelve a contar con la confianza de una Conferencia Episcopal que asiste “con una expectación muy positiva” al relanzamiento que, en 2009, dio lugar en Cheste (Valencia) a la Acción Católica General (ACG). La escenificación de esta apuesta será en una asamblea que se celebrará en Santiago de Compostela del 3 al 6 de agosto, y a la que la ACG invita a laicos de todas las diócesis y edades, sean o no militantes, bajo el lema Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo.
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Además, del 27 de julio al 2 de agosto, siguiendo la estela de la importante peregrinación de la Acción Católica en 1948 a Compostela, los militantes –y probablemente algún obispo– recorrerán varios tramos del Camino para abrazar al Apóstol.
Hace tiempo que los obispos buscan y animan a los laicos a un compromiso efectivo en la vida pública que vaya más allá de la religiosidad popular. Por eso, en los últimos años acompañan el proceso de reflexión interna de la ACG, cuyos avances son estudiados en reuniones de la Asamblea Plenaria. “Desde nuestra constitución en 2009, la ACG se ha puesto a disposición de lo que la Iglesia necesita. Y este ofrecimiento se está llevando a cabo en cada una de las parroquias, en las diócesis y en la Conferencia. Los obispos están profundizando en nuestra propuesta, en los materiales que se ofrecen, en la forma de ponerlo en marcha y están promoviendo la implantación en sus diócesis, con las diversas adaptaciones que se requiere en cada una de ellas”, señala a Vida NuevaManuel Verdú, su consiliario. “No se trata del resurgimiento de un nuevo carisma, sino de un instrumento diocesano para colaborar en la maduración cristiana de la fe de los laicos”, subraya el sacerdote de la Diócesis de Cartagena.
“Es muy importante que haya un laicado que forme parte del tejido diocesano habitual con las características que propone la ACG de espiritualidad, formación y espíritu misionero. Y ese laicado es una de las grandes carencias que tenemos, quizás porque en los últimos años no hemos sabido darle preponderancia a su papel”, argumenta Carlos Escribano, consiliario nacional.
El también obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño confiesa que una de las cosas que más le “cautivó” del “proyecto renovado” de la ACG “es que hay notas muy exigentes, y eso ha salido de ellos”. “Por ejemplo –explica–, trabajar en profundidad lo que tiene que ser una espiritualidad fuerte, profundamente cristológica. Y el tema de la formación sistemática e integral, que es algo básico y una de las grandes carencias del laicado en España. O ese trabajo para profundizar en la cuestión misionera y evangelizadora en línea con Francisco”.
Escribano insiste en valorar que todo este proceso –para el que los militantes de la ACG ya han preparado unos completos materiales– ha surgido de los propios laicos y los sacerdotes que les acompañan. “Este esfuerzo inicial hace que se mire otra vez con especial agrado este movimiento interno de la ACG”, señala. “Personalmente, y en lo que he podido hablar con mis hermanos obispos –añade–, creemos que puede aportar mucha luz a la consolidación de la vida de las parroquias dentro de esa propuesta misionera que se propone en Evangelii gaudium”.
El obispo valora que los militantes hagan suyos los planes diocesanos y parroquiales –“que es algo que está siempre un poquito en solfa”–, así como que sientan que su misión es la de la Iglesia diocesana. “Su propuesta intenta que, de manera orgánica, los seglares profundicen no solo desde el ministerio que se les encomienda, sino desde la realidad más profunda de la vida cristiana, intentado conseguir laicos maduros que puedan afrontar una tarea evangelizadora. Eso es lo que suscita un singular apoyo para presentar este proyecto a las diócesis. Y, a partir de ahí, se irá dando un tejido renovador”, apunta. Y este verano, en Compostela, se verá hasta dónde quieren llegar.
En comunión con los nuevos movimientos
Este apoyo a la Acción Católica General (ACG) se da en un momento –y bajo un pontificado– en donde los nuevos movimientos no tienen tanta visibilidad. Pero este aliento episcopal no significa que se dé la espalda a esas otras realidades. “Este impulso nace de la propia identidad de lo que es la Acción Católica: un instrumento que la Iglesia se da a sí misma. Pero no está para desbancar a los demás. Está al servicio de todos y uno de los elementos que tienen que procurar es la comunión con otras asociaciones. Y eso hay que subrayarlo”, señala el obispo Carlos Escribano.
Y parecen tenerlo claro en la ACG, en donde “de ninguna manera” se han sentido relegados en otras épocas por los nuevos movimientos. “Son una fuerza del Espíritu Santo y una realidad muy importante en la Iglesia. Es necesario que no vivamos la diversidad de carismas como una competencia, sino como una complementariedad”, afirma por su parte el consiliario Manuel Verdú.
Las cifras de la Acción Católica General
- Número de miembros: 2.391 (1.958 adultos + 433 jóvenes).
- Presente en 46 diócesis.
- Diócesis con más militantes: Madrid (345), Oviedo (187) y Bilbao (176).
- Diócesis donde hay jóvenes: 23.
- Diócesis con más jóvenes que adultos: Ourense y Calahorra y La Calzada-Logroño.
Medio siglo perdido
JOSÉ LORENZO | Redactor jefe de Vida Nueva
Quieren los obispos una mayor visibilidad de los laicos en la vida pública, pero también dentro de la Iglesia, tomando más responsabilidades en las parroquias, en una apuesta por una dinamización pastoral ante el número menguante y la avanzada edad de los párrocos. Y han vuelto su mirada a la Acción Católica General, que vive un lento proceso de relanzamiento. Atrás parece quedar la dura travesía del desierto en donde se les dio por acabados mientras se abría la navaja multiusos de los nuevos movimientos.
Hablar de relanzamiento se antoja un poco ingenuo en medio de una realidad desoladora para el apostolado. Pero está bien que se intente. Y es un bonito gesto que, cincuenta años después de la debacle de esta asociación seglar, se haya organizado para 2017 un gran encuentro en Santiago de Compostela, siguiendo la estela de la peregrinación de 1948.
Quizás sería más adecuado hablar de “repensar”, porque los tiempos han cambiado y es difícil que vuelvan aquellas cifras de militantes y asociados, aquellos miles de centros por toda España. Lo bueno es que se haya aprendido la lección y que no se vuelva a desmantelar una realidad pujante en donde los laicos, sin romper la comunión, hicieron palpable su compromiso temporal.
Hoy, ante la insignificancia del hecho religioso, los prelados añoran aquello a lo que dieron la puntilla. Sucedió que las críticas a un régimen al que la jerarquía seguía sosteniendo precipitaron el cese de consiliarios, la dimisión de presidentes y el éxodo de afiliados hacia otras formaciones que alumbraron la Transición.
Tenemos hoy en la HOAC un ejemplo de perseverancia, a pesar del fuego amigo y de recelos que todavía persisten. Desde sus 70 años que acaba de conmemorar, mira al futuro “con pasión” y ha encontrado en Francisco el eco de tantas de sus denuncias incomprendidas. El presente les ofrece más futuro.