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L’Osservatore Romano y la guerra cristera

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L’Osservatore Romano y la guerra cristera[1]

Juan González Morfín[2]

http://www.arquidiocesisgdl.org/2011-7-5.php

 

El autor de esta monografía se dio a la tarea de rastrear todo lo que la publicación oficiosa de la Santa Sede divulgó acerca de la situación religiosa en México durante lo más cruento del conflicto (1927-1929), episodio que la historia recuerda como ‘guerra cristera’

 

Exordio

Aunque según el censo de 1910 el 99% de la población mexicana se declaraba católica, sin embargo, a partir de 1914, quienes practicaban esa religión sufrieron un largo periodo de persecuciones, que fueron distintas en intensidad según la época y la región del país, y que se extendieron prácticamente hasta 1940.

Durante estos años, los católicos protestaron pacíficamente por la clausura de sus escuelas y seminarios, el cierre de sus conventos, la nacionalización de las iglesias y la confiscación de todos los bienes eclesiásticos, entre otras restricciones. Pero cuando el 25 de julio de 1926 el pleno del episcopado manifestó, ante la última de las leyes emanada por el gobierno mexicano, que a partir de ese momento no podían someterse a la legislación oficial sin al mismo tiempo traicionar la doctrina de Jesucristo y que, a causa de ello se veían en la necesidad de suspender todo acto de culto mientras dicha ley permaneciera vigente, fue entonces que, de manera espontánea primero, y convocados por una asociación cívico religiosa después, decenas de millares de católicos tomaron las armas en contra del gobierno para exigir que se derogaran las leyes antirreligiosas.[3]

Hasta ese momento, el magisterio de la Iglesia había condenado de manera unánime la insurrección contra los poderes establecidos, por lo que los insurrectos, católicos que deseaban ser coherentes con la doctrina que profesaban, se preocuparon por conocer si el movimiento de defensa de sus derechos religiosos era moralmente lícito.[4]

Como el episcopado no se pronunció de una manera unánime en torno al conflicto, quienes era partidarios de resistir por medio las armas las leyes antirreligiosas, buscaron apoyarse tanto en las opiniones de algunos moralistas, como en algunos textos de L’Osservatore Romano, al que consideraban como una voz autorizada e intentaban descubrir en él lo que pensaba la Santa Sede sobre el movimiento.

Se ha llegado a aventurar la hipótesis de que la Santa Sede al inicio vio con simpatía la insurrección de los cristeros y que, a partir de junio de 1928, le retiró su apoyo a través de un comunicado de prensa aparecido en las páginas de L’Osservatore. A lo largo de este artículo se intentará conocer cuál fue la postura de este diario en torno al conflicto religioso y el levantamiento armado a lo largo de los años que duró la guerra cristera.

 

 

Declaraciones del 11 de agosto de 1926

 

La primera edición de L’Osservatore que tuvo repercusiones entre los que sostenían que era legítimo defender por las armas derechos inalienables que no habían podido salvaguardarse una vez agotados los medios pacíficos, fue la edición del 11 de agosto de 1926, en la que se contenían las siguientes afirmaciones en medio de una artículo que describía la situación que se vivía en el país:

“Ni se diga que los católicos podrían unirse y organizarse para intentar una defensa por las vías legales, puesto que toda asociación de fieles que pretenda un fin tal, ha sido estrictamente vetada por la Ley Calles con las penas más graves (Art. 10-16); de manera que no resta a las masas que no quieren vivir sometidas a la tiranía y no son ya contenidas por la pacífica predicación del clero otra cosa que la rebelión violenta”.[5]

 

La precedente afirmación se encuentra dentro de un extenso reportaje que analiza la situación de México, es decir, no pretende emitir un juicio doctrinal o moral sobre si ha llegado o no el momento en el que se justificaría el recurso a las armas. Por otra parte, ni siquiera se le podría acusar de ser una insinuación a la violencia, pues subraya que la predicación del clero contempla sólo la vía pacífica; sin embargo, dentro de un examen muy atento de la situación que prevalece en el país a partir de la Ley Calles,[6] ofrece dos premisas muy aprovechables para los que sostenían que la defensa armada era un recurso al que se podía apelar cuando se hubieran cumplido determinadas condiciones, estas premisas eran: a) afirmaba que se había llegado a tal punto que era imposible intentar una defensa por la vía legal; y b) aseveraba también que a las masas que no quisieran vivir sometidas a la tiranía no les quedaba otra opción que la rebelión violenta. Precisamente por esto, desde ese momento y todavía años después de terminado el conflicto religioso, sería utilizado dicho texto como ejemplo de que la Santa Sede había aprobado la defensa armada.[7]

El 11 de agosto, día en que fueron publicadas tales afirmaciones, no se habían desencadenado aún los primeros levantamientos. Se había producido un tumulto en Cocula el 3 de agosto, en el que el pueblo enardecido impidió que se hiciera el inventario de la iglesia y se entregara ésta a una junta de vecinos. En la trifulca murió linchado el juez encargado de dar fe del inventario y, si las demás autoridades salvaron la vida, fue gracias a la intervención del párroco. En Guadalajara y en Sahuayo también se habían producido tumultos parecidos los días 3 y 4 del mismo mes; sin embargo, tampoco éstos constituyeron verdaderos levantamientos. Por consiguiente, es un hecho que L’Osservatore Romano no intentaba referirse a estos hechos cuando afirmaba que no restaba otra opción a las masas que la rebelión violenta. Era una consideración producto de un frío análisis, una observación hecha por un espectador imparcial y, sobre todo, autorizado. No obstante, partir de ese momento fue valorada como un argumento a favor de proceder por el camino de las armas.

Una conferencia de monseñor Pisani

En el marco de una semana de solidaridad con México, celebrada en Roma, en la que participaron diferentes instituciones, monseñor Pietro Pisani,[8] arzobispo titular de Constanza de Scizia, pronunció una conferencia el 26 de febrero de 1927. En ella, explicó ampliamente el problema mexicano que había ya en ese momento desembocado en el levantamiento armado de diversos grupos de católicos en contra del poder constituido. Los levantados habían optado por el camino de la defensa armada sin contar con la aprobación ni la censura de la jerarquía. Llegado a este punto, el prelado sostuvo en su conferencia la licitud de esta opción basada en la siguiente premisa:

“La sentencia de Santo Tomás es clara: en las circunstancias actuales en México no se tiene la ley, sino una perversión de la ley que ha pisoteado el derecho natural, y se tiene la violencia que induce a renegar de la religión profesada. Por lo tanto, se tiene el derecho de reaccionar, de resistir”.[9]

El prelado prosiguió su conferencia proporcionando algunos datos sobre el movimiento de resistencia armada y haciendo ver que ya en esos momentos estaba siendo coronado de éxito.[10] Estas afirmaciones, si bien recogidas únicamente como parte de la conferencia “Il Messico e la guerra alla libertà di coscienza” impartida por monseñor Pisani, tuvieron bastante eco, pues se utilizaron como argumento publicado por L’Osservatore Romano en el que se mostraba la licitud de la defensa armada emprendida por los mexicanos.[11]

Textos de solidaridad con los católicos perseguidos

A partir de finales de 1926 comenzó a aparecer cada vez con mayor frecuencia en L’Osservatore Romano una sección titulada La persecuzione nel Messico, o bien, La persecuzione messicana. En ella aparecían noticias de distinto tipo, muchas de ellas relacionadas con martirios y hechos de sangre,[12] otras referentes a los enfrentamientos de los rebeldes con el ejército,[13] algunas con declaraciones de los obispos mexicanos,[14] y muchas, muchas más, en las que se difundía lo que los católicos de todas partes del mundo hacían a favor de sus hermanos mexicanos perseguidos, desde peticiones a la Sociedad de las Naciones para que interviniera de alguna forma e hiciera cesar la persecución, hasta manifestaciones, conferencias y colectas a favor de los mexicanos verificadas en distintas partes del mundo.[15]

 

En este tipo de actos, con frecuencia intervenían oradores eclesiásticos y personajes de gran autoridad, cuyos mensajes eran reproducidos parcialmente o sintetizados por L’Osservatore, obviamente sin hacerse solidario de su contenido; sin embargo, son significativos algunos de estos textos publicados en ese marco, pues de alguna manera atañen al tema de nuestro estudio y, sobre todo, porque fueron publicados por un diario en el que oficiosamente en algunas ocasiones se daba a conocer el sentir de la Santa Sede.

En este contexto, y dentro de una extensa noticia sobre la protesta de los católicos húngaros por la persecución en México, L’Osservatore consigna dos hechos relevantes: por una parte, menciona que el cardenal Seredi, primado de Hungría, comparó los mexicanos con los Macabeos y, aunque no hace una referencia explícita a los combatientes, la comparación tiene ciertas implicaciones. Luego reproduce parcialmente las declaraciones de otro de los oradores, el padre Bela Bangha, S. J., quien sostuvo en su discurso:

 

 

“La acción católica debe oponerse a las tendencias destructivas. Ella debe estar inspirada siempre en la caridad, pero esta caridad no puede degenerar en pusilanimidad e impotencia, sino que debe optar, acudiendo incluso a la espada, por la justa defensa de la verdad y de la justicia, del mismo modo en que se está dispuesto a usar la espada para defender la patria”.[16]

 

 

Es bastante explícita la alusión a un hecho que, en México, se estaba ya dando desde un año y medio atrás.

Unos días después, el diario romano reproduce las palabras que el padre Rutten, O.P., dirigió al senado belga pidiéndole hacer algo por los católicos mexicanos perseguidos no sólo en contra de principios universales, sino de sus propias leyes. En determinado momento dice:

 

“Y no se me objete que los católicos mexicanos, habiéndose rebelado contra el gobierno, éste se ha encontrado en la necesidad de oponer la fuerza contra la fuerza. ¿Qué deben hacer unos ciudadanos, víctimas de un régimen como el que he denunciado, cuando han sido privados de todo medio legal para defenderse y cuando una petición con dos millones de firmas es rechazada sin siquiera haberla examinado? Sin embargo, no es éste el momento de examinar, desde un punto de vista doctrinal, la cuestión de saber cuándo una insurrección es legítima. Yo prefiero aquí demostrarles con hechos la falsedad de las acusaciones difundidas en el exterior, con las que el gobierno mexicano ha querido responsabilizar al episcopado de la agitación insurreccional”.[17]

 

Nuevamente, aunque sin entrar en materia, en la argumentación reproducida por L’Osservatore se puede encontrar una insinuación a la licitud de una defensa armada comenzada por ciudadanos que, para ese momento, habían agotado todo medio legal.

Como son demasiados los textos que se pueden citar en este apartado, se ofrece solamente uno más, que es interesante por estar suscrito por todos los obispos franceses. Transcribe esta noticia un mensaje dirigido al episcopado mexicano por parte de la Asamblea de Cardenales y Arzobispos de Francia. Quienes suscriben indistintamente se dirigen a sus hermanos en el sacerdocio y a los mexicanos que sufren la persecución, a quienes llegan a llamar confesores de la fe. El lenguaje utilizado es muy emotivo y, en algunos momentos, parece hacer alusión no sólo a la lucha para mantener la fe ante las tribulaciones, sino aquella otra emprendida para defenderla como se haría con cualquier otro derecho inalienable:

 

“Vuestra causa es nuestra causa: la causa de todas las naciones católicas. Todas las naciones católicas son hermanas en la fe, y cuando una de ellas es oprimida en sus libertades religiosas, todas las demás son golpeadas con ella. Y es por la defensa de nuestra fe, de nuestros derechos y de nuestras libertades que vosotros estáis sufriendo. Es más, vuestra causa es la causa de la humanidad entera, puesto que los derechos por los cuales combatís son los derechos sagrados de la conciencia, que el hombre ha recibido no del Estado, sino de Dios mismo, por lo que su inviolabilidad pertenece a toda la humanidad (…). La victoria final será vuestra, porque vosotros representáis la verdad y el derecho che son inmortales, y porque tenéis de vuestra parte a Dios, que no muere, y que tiene siempre la última palabra (…)”.[18]

 

Este tipo de textos tenían un objetivo bien definido: romper una especie de conspiración del silencio que venía reinando en la prensa internacional en torno a la persecución de Calles. Precisamente por eso se insertaban en la primera plana y, frecuentemente, con grandes encabezados. Sin embargo, mostraban también que las intenciones de Roma, si bien nunca fueron las de emitir algún documento a favor de la defensa armada, lo cual no era su papel, tampoco fueron las de condenarla. Es significativo, en cambio, encontrar en L’Osservatore palabras como éstas, de monseñor José María González y Valencia, quien era conocido por ser partidario de apoyar a la Liga en la empresa acometida de la defensa armada:

“En medio de estos ríos de sangre, nosotros, los católicos todos, observamos que se avecina la paz de Cristo en el reino de Cristo. La sangre de nuestros mártires ha producido sus frutos. De esta sangre surgió y creció la admirable organización de los católicos laicos de México, la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, a la que los católicos deben la guía y la fuerza extrínseca e intrínseca de su resistencia y su perseverancia. Os ruego dirigir vuestras simpatías en primer lugar a esta Liga, que personifica la fidelidad católica y el heroísmo católico. Debo además confesar que me conforta grandemente saber que los católicos de varios países están dispuestos a socorrer práctica y eficazmente la Liga (…)”.[19]

Alusiones a los cristeros y al ejército mexicano

Las referencias de L’Osservatore a los combatientes católicos fueron pocas, y casi siempre sólo para repetir lo que de ellos se decía en diversas agencias noticiosas.[20] Entre ellas, es significativa la publicada en julio de 1928, en la que tres veces se refiere a los rebeldes utilizando la expresión “los libertadores”.[21]

En relación con el ejército federal, las alusiones fueron mucho más frecuentes para presentarlo como un instrumento a las órdenes de un régimen tiránico, que perpetraba con lujo de crueldad un sinnúmero de atropellos en contra de la población católica. Eso originó que el agregado militar de la embajada de México ante la república italiana escribiese al director de L’Osservatore una respetuosa carta, en la que protesta por la publicación de noticias tan adversas a la buena fama de la institución militar.[22] Inmediatamente después de ésta, el diario explica que no todas las noticias han sido adversas, pues también ha mencionado gestas heroicas de miembros del ejército, como la del soldado que se negó a ensañarse contra los mártires de Zamora, y acto seguido fue fusilado; o como aquella otra cumplida en Coyoacán por doce soldados, que de rodillas pidieron perdón a las monjas de la Visitación por tener que cumplir la orden de expulsarlas de su convento.

Pero debemos decir, que afirmando verdaderamente calumnioso todo lo que se ha dicho en nuestro diario, el señor agregado militar se ha equivocado de camino. Todos los diarios del mundo han narrado el fusilamiento de Agustín Ríos, de 13 años, sucedido el 3 de enero de 1927 en León, y el de un joven de quince años en Parras, y uno más de un chico de trece años en Arandas (…). Nuestro diario no ha publicado nada que no procediera de otros testimonios ya sometidos al control de la opinión pública. Por citar algunos, el periódico Universe de Londres narraba que, el 28 de abril pasado, las tropas habían arrestado a un sacerdote en Lagos, al que le rompieron ambos brazos y una pierna, y después fue arrojado a una hoguera antes de ser fusilado. La Koelnische Volkszeitung, del 3 de abril, refiere la espantosa muerte del reverendo Pablo García, al que por haber acudido a asistir un herido fue arrestado y, mientras permanecía con los soldados, éstos le cercenaron la nariz y las orejas, le arrancaron los ojos y la lengua, dejándolo morir después en un vagón de ganado (…).[23]

Continúa una larga lista de desmanes cometidos por soldados de diverso rango y mencionando los diversos periódicos que antes de L’Osservatore habían hecho públicas esas atrocidades. Por hechos como éste, no sólo el diario romano, sino en general el mundo civilizado no podía ver con simpatía la política del gobiernos de Calles y, viceversa, aunque concedía pocas probabilidades de conseguir algo a los rebeldes, los comenzaba a calificar como “libertadores”.

La ‘nota aclaratoria’ de junio de 1928

La edición del viernes-sábado 8-9 de junio de 1928 de L’Osservatore Romano contiene un pequeño texto aclaratorio, desligado de las noticias sobre México que se encuentran en el mismo lugar, en lo que, hemos mencionado, ya era casi una sección fija del diario titulada “La persecuzione nel Messico”, es decir, el texto se encuentra en una columna de la primera plana intercalado entre dos noticias ajenas a la situación de México, sin ningún encabezado que lo introduzca. Este texto es quizá el más difundido de los publicados por L’Osservatore y se suele interpretar como una desautorización, si no incluso como una condena del órgano oficioso de la Santa Sede hacia el movimiento de resistencia armada emprendido por algunos católicos.[24] Consta de dos breves párrafos que a continuación se transcriben:

“Hay quien cree y quiere hacer creer que circule en México, y en algunos otros lugares, la voz de que el mismo Sumo Pontífice ha impartido una bendición especial a la insurrección armada y ha incluso concedido especiales indulgencias a los combatientes, estimulando con esto (según dicen ellos mismos) también la colecta de dinero destinado a los combatientes.

Consta en numerosos y conocidos documentos que el Santo Padre se ha colocado siempre de parte de sus hijos mexicanos perseguidos y sufrientes por la fe de sus padres, pero también está documentado que nada hay de verdad en la voz anteriormente citada”.[25]

El objeto y el alcance de este texto parecen claramente delimitados: desmentir que el Papa haya impartido una bendición especial a los combatientes estimulando con ello las colectas que se realicen a favor de la insurrección. Sin embargo, ni lejanamente contiene algo que pudiera significar una condena al levantamiento armado.[26] Al contrario, en la segunda parte de esta nota aclaratoria se hace constar precisamente que el Papa siempre ha estado de parte de sus hijos mexicanos que son perseguidos y sufren por mantener la fe de sus padres, y en esta alusión no excluye para nada a los combatientes, de los cuales recién acaba de admitir su existencia. Lo único que pretende esta nota aclaratoria es corregir un abuso concreto que se estaba dando sin duda en perjuicio de la Iglesia e, incluso, de los mismos combatientes.[27]

Desde los inicios del movimiento de resistencia armada, muchos mexicanos residentes en el extranjero se habían organizado para dar a conocer lo que acontecía en México, pues los acontecimientos muchas veces eran encubiertos por la prensa internacional. Para ello se utilizaron innumerables foros en distintas ciudades del mundo, especialmente de los Estados Unidos y de Europa. Normalmente se impartían conferencias ilustrativas de la situación y se exhibían fotografías y transparencias de algunos hechos concretos: represiones, fusilamientos, etc. A los asistentes se les invitaba a formar parte de asociaciones de apoyo a los mexicanos. Entre estas asociaciones algunas ayudaban económicamente también a la Liga. Tan sólo del 3 de febrero al 3 de junio de 1928 el padre Mariaux, S. J., impartió 90 conferencias en 81 ciudades de Alemania.[28]

Este tipo de eventos tendieron a multiplicarse y no siempre se ajustaban a la verdad, ni las colectas que se recababan eran siempre utilizadas en beneficio de los mexicanos. Por este motivo se llegó incluso a inventar la patraña de que el Papa había dado una bendición especial a los combatientes y a los que colaboraban con ellos en cualquier forma. De ahí la nota aclaratoria a la que nos estamos refiriendo, cuya finalidad exclusiva era rectificar una falsa información que, según el tenor del texto, además de calumniar a la Santa Sede, se estaba utilizando para recaudar fondos. Por otra parte, el mismo periódico había hecho notar que estas manifestaciones de solidaridad hacia México eran bien vistas por el Papa.

En efecto, en la primera página de su edición del 21/22 de mayo de 1928, es decir, apenas dos semanas antes de su nota aclaratoria, L’Osservatore publicó en primera plana una noticia con un mensaje del Papa agradeciendo los movimientos de solidaridad acaecidos por esas fechas en Alemania. En ella, se menciona un documento del Santo Padre extendido al episcopado de Baviera “bendiciendo de corazón a cuantos han iniciado y favorecido aquel admirable movimiento de solidaridad humana y cristiana”.[29]

En cualquier caso, la trascendencia del texto de L’Osservatore, sin ningún encabezado, en el que sólo se aclara que es falso que el Papa bendiga la insurrección y las colectas que se están haciendo para este efecto, ha sido tal que ha llevado a algunos estudiosos a proclamar que la “rebelión de los cristeros” estuvo desautorizada desde el primer momento por la Santa Sede;[30] o bien, que la Santa Sede a mediados de 1928 condenó el movimiento armado.[31]

Publicaciones posteriores a la nota aclaratoria

La hipótesis de que, con la nota del 8 de junio, la Santa Sede había condenado el movimiento armado y había cambiado su postura ante los levantados y quienes simpatizaban con ellos, no encuentra apoyo en la línea editorial que mantuvo L’Osservatore después de la publicación de la nota aclaratoria, pues continuó siendo la misma. En los días que siguieron a la nota, tan sólo en el mes de junio, fueron publicados nueve artículos en los que se hablaba de manifestaciones de solidaridad con México en distintas partes del mundo,[32] del martirio de algún sacerdote,[33] de la condena internacional al gobierno incluso por protestantes y masones…,[34] es decir, no hubo un cambio de orientación en los artículos que se publicaban. Incluso, repitiendo noticias dadas por otros periódicos, tres veces se refiere a los rebeldes como “los libertadores” un mes y medio después de la publicación de la nota.[35]

Especial mención merece la trascripción que, en septiembre de 1928, L’Osservatore Romano hizo de una carta de agradecimiento de la Liga a los escritores franceses que habían protestado por la persecución religiosa en México.

En esta carta se hacía mención de la sangre generosa vertida en los campos de batalla y se volvía a citar a los combatientes católicos con el título de libertadores:

“La Liga nacional para la defensa de la libertad religiosa en México, en nombre de todos los mexicanos que luchan por la santa libertad de conciencia, y por las instituciones sagradas de la familia, de la propiedad y de la religión; en nombre de esta patria afligida; en nombre de la sangre generosa vertida abundantemente en los campos de batalla por nuestros heroicos libertadores; en nombre de la sangre bendita de nuestro mártires, que han muerto por la fe de Cristo, nuestro Rey, envía un caluroso voto de reconocimiento y de gratitud a los ilustres intelectuales europeos que, de frente al mundo y siguiendo el ejemplo de Su Santidad (…), han denunciado la infame “conspiración del silencio” con la que la facciosa prensa internacional ha recogido las iniquidades realizadas cada día en la persecución religiosa emprendida en nuestra contra (…)”.[36]

Por otro lado, aunque eran del todo conocidas las posturas del arzobispo de Durango, José María González y Valencia, y del P. Mariaux, S.J., a favor de los rebeldes, sin embargo L’Osservatore seguiría mencionando su presencia en algunas de las manifestaciones que se hacían en distintos lugares protestando por la persecución en México.[37]

Más tarde, en relación con la Liga, todavía en 1929 sería citada como fuente para la colecta de dos millones de firmas que acompañaron una nueva petición a las Cámaras para que se modificase la ley y, en ese mismo día, L’Osservatore hacía ver que, aunque ninguno quiere ver mezcladas la religión con la política

[…] no obstante, cuando con el pretexto de la política han sido atacados los principios religiosos, los defensores de estos principios han tenido que recurrir a las armas y de eso han sido resultado las desastrosas condiciones que todavía hoy afligen el país.[38]

Conclusión

Recapitulando lo dicho en torno a los textos de solidaridad y, en concreto, los textos recientemente examinados, se puede concluir que las distintas noticias aparecidas en L’Osservatore Romano durante la guerra cristera, se encuentran lejos de presentar algo que pueda ser interpretado como censura de la Santa Sede al movimiento armado y, en cambio, sin comprometer en ningún momento a la Santa Sede, sí se pueden leer diversas declaraciones en las que se aprecia un trasfondo de simpatía tanto por los combatientes, como por los que defendían su postura y por los que se encontraban encabezándolos.

 

 

[1] Este artículo fue publicado en italiano, bajo el título “L’Osservatore Romano e la guerra cristera”, en Nova Historica 25 (2008), pp. 74-87. El autor de este texto lo ha cedido para su publicación en las páginas de este Boletín.

[2] Presbítero de la prelatura personal del Opus Dei (2004) residente en Guadalajara, licenciado en letras clásicas por la UNAM, doctor en teología por la Universidad de la Santa Cruz en Roma, ha escrito La guerra cristera y su licitud moral (2004), L’Osservatore Romano en la guerra cristera y El conflicto religioso en México y Pío xi, (Minos, 2009).

[3] La insurrección derivó en una guerra de guerrillas que llegó a tener presencia hasta en veinte entidades federativas, y que recibió a posteriori el título de “guerra cristera”, pues los defensores de la libertad religiosa fueron despectivamente llamados cristeros por el gobierno.

[4] Entre otros textos del Magisterio, la rebelión y la revolución habían sido reprobadas por: Pío IX, Syllabus, 8-XII-1864, n. 63, ASS 3 (1867-1868), pp. 174-175; León XIII, Enc. Quod Apostolici muneris, 28-XII-1878, ASS 11 (1878), p. 370; Id., Enc. Immortale Dei, 1-XI-1885, ASS 18 (1885), p. 163; Id., Enc. Libertas, 20-VI-1888, ASS 20 (1887), p. 605; Id., Carta apostólica Annum ingressi, 19-III-1902, ASS 34 (1901-1902), p. 520; Pío XI, Enc. Ubi arcano, 23-XII-1922, AAS 14 (1922), pp. 677-678. Además, la historia mostraba cómo en la práctica la Iglesia había hecho respetar esta doctrina, pues el siglo anterior el Papa Gregorio XVI había reprobado la insurrección de los católicos polacos contra el Zar y, apenas unos años antes, el episcopado irlandés había condenado una insurrección de los católicos y había anunciado que cuantos persistieran en oponerse al gobierno por medio de las armas serían excomulgados, y que todo sacerdote que hubiese aprobado el levantamiento sería suspendido a divinis.

[5] L’Osservatore Romano (en lo sucesivo L’O.R.), 11-VIII-1926, p. 1: “Né si dica che potrebbero i cattolici unirsi e organizzarsi a tentare una difesa per le vie legali; perché ogni associazione di fedeli per un tale fine è strettamente vietata dalla legge Calles con le pene più gravi (art. 10-16); sicché non resta alle masse che non vogliono sottostare alla tirannia o non sono più frenate dalla pacifica predicazione del clero, che la ribellione violenta” (el subrayado es nuestro).

[6] Ley publicada el 2 de julio de 1926 por el general Plutarco Elías Calles (de quien toma su nombre). Esta ley contenía 33 artículos, todos los cuales establecían penas para quienes se negaran a cumplir o a hacer cumplir la legislación anticlerical ya vigente. Desde el punto de vista de su contenido, no imponía nuevas restricciones a la Iglesia; sin embargo, penalizaba gravemente las faltas de cumplimiento a las diversas leyes reglamentarias del artículo 130º ya emitidas.

[7] Así lo sostiene, por ejemplo, Andrés Barquín y Ruiz, uno de los ideólogos de la Liga, asociación cívica que se dio a la tarea de organizar la resistencia armada: “Las circunstancias impusieron y el bien común exigió que la Liga, conservando su carácter cívico, encabezara al pueblo católico mexicano en el ejercicio del derecho de rebeldía bélica, que la Santa Sede había previsto emplearían los católicos mexicanos, ya que en el número del 11 de agosto de 1926 de L’O.R., se publicó el artículo oficial de la Silla Apostólica, titulado La Verdadera Causa de los Desórdenes en México. –Contestación al Presidente Calles, en el que claramente se exponía el criterio del Papa:”Ni se diga que…”“ (Andrés Barquín Y Ruiz, José María González y Valencia, Arzobispo de Durango, Jus, México 1967, p. 62).

[8] En aquel momento, consultor de la Comisión Pontificia para la Interpretación del Código de Derecho Canónico.

[9] L’O.R., 27-II-1927, p. 3: “La sentenza di S. Tommaso è chiara: nel Messico ora non si ha la legge, ma la deviazione della legge che ha calpestato il diritto naturale e si ha la violenza che induce a negare la religione professata. Si ha quindi diritto di reagire, di resistere”.

[10] Cfr. Ib.

[11] En carta al obispo de San Luis Potosí, los prelados de la Comisión de Obispos en Roma daban cuenta de esta conferencia: “El Excmo. Sr. Arzobispo Mons. Pisani, invitado por el Circolo San Pietro ha hablado con entusiasmo de los católicos armados. A esta conferencia asistieron graves empleados del Vaticano, y después esa conferencia figuró en las crónicas de L’O.R.” (Carta, 11-III-1927, cit. en Aurelio Acevedo [ed.], David VI, Estudios y Publicaciones Económicas y Sociales, México 2000 [primera edición facsimilar], p. 258).

[12] Cfr. L’O.R., 3-VIII-1926, p. 1; 17-XI-1926, p. 1; 23-XII-1926, p. 1; 9-I-1927, p. 1; 22/23-II-1927, p. 1; 21-I-1928, p. 1 (sobre el martirio del padre Pro); 11-IV-1928, p. 1; 19-IV-1928, p. 1; 13-V-1928, p. 1; 14-IX-1928, p. 2; 26-IX-1928, p. 1; 1-XII-1928, p. 1; 5-II-1929, p. 1.

[13] Cfr. L’O.R., 6-I-1927, p. 1; 13-I-1927, p. 1; 14-I-1927, p. 1; 26-I-1927, p. 1; 25-III-1927, p. 1; 29-VII-1928, p. 1; 16-II-1929, p. 1.

[14] Cfr. L’O.R., 10-XII-1926, p. 1; 1-III-1927, p. 1; 15-I-1928, p. 1; 30/31-I-1928, p. 1; 5-V-1928, p. 1; 4-VIII-1928, p. 1; 13-IX-1928, p. 1; 3-I-1929, p. 1; 2-III-1929, p. 1.

[15] Cfr. L’O.R., 17-I-1928, p. 1; 28-II-1928, p. 1; 13-III-1928, p. 1; 14-III-1928, p. 1; 17-III-1928, p. 1; 1-IV-1928, p. 1; 3-IV-1928, p. 1; 11-IV-1928, p. 1; 21/22-IV-1928, p. 1; 28-IV-1928, p. 1; 4-V-1928, p. 1; 23-V-1928, p. 1; 24-V-1928, p. 1; 25-V-1928, p. 1; 31-V-1928, p. 1; 24-VI-1928, p. 1; 4-VII-1928, p. 1; 8/9-VII-1928, p. 1; 13-VII-1928, p. 1; 14-VII-1928, p. 1; 2-IX-1928, p. 1; 26-IX-1928, p. 1; 1-I-1929, p. 1.

[16] L’O.R., 27/28-II-1928, p. 1: “L’azione cattolica deve opporsi alle tendenze distruttrici. Essa sarà sempre ispirata alla carità, ma questa carità non deve generare pusillanimità e debolezza, bensì deve por mano, occorrendo anche alla spada, per la giusta difesa della verità e della giustizia, come siamo pronti ad usare la spada per difendere la patria”.

[17] L’O.R., 1-III-1928, p.1: “E non si mi obbietti che i cattolici messicani, essendosi ribellati contro il Governo, questo si è trovato nella necessità di opporre la forza alla forza. / Che devono fare dei cittadini, vittime del regime che ho denunciato quando vengono privati di ogni mezzo legale per difendersi e quando una petizione con due milioni di firme è senza alcun esame respinta?/ Ma non è questo il momento di esaminare dal punto di vista dottrinale la questione di sapere quando un’insurrezione è legittima. Io preferisco qui dimostrarvi coi fatti la falsità delle accuse sparse all’estero dal Governo messicano che ha voluto rendere responsabile l’Episcopato dell’agitazione insurrezionale”.

[18] L’O.R., 2/3-IV-1928, p. 1: “La vostra causa è la nostra causa. Essa è quella di tutte le nazioni cattoliche. Tutte le nazioni cattoliche sono sorelle nella fede, e quando una di esse è oppressa nelle sue libertà religiose, tutte le altre sono colpite in essa. È per la difesa della nostra fede, dei nostri diritti e delle nostre libertà che voi soffrite. / Anzi, la vostra causa è quella dell’umanità tutta, perchè i diritti per i quali voi combattete, sono i diritti sacri della coscienza, che l’uomo ha, non dallo Stato, ma da Dio stesso, e la cui inviolabilità interessa tutta l’umanità. / La vittoria finale sarà per voi perchè voi rappresentate la verità e il diritto che sono immortali, e perchè voi avete con voi Dio, che non muore…”.

[19] L’O.R., 4-IV-1928, p. 1: “Ma, in mezzo a questi fiumi di sangue, noi cattolici tutti vediamo che si avvicina la pace di Cristo nel regno di Cristo. Il sangue dei nostri martiri ha prodotto i suoi frutti. Da questo sangue sorse e crebbe la ammirabile organizzazione dei cattolici laici del Messico, la Lega per la difesa della libertà religiosa, alla quale i cattolici devono la guida e la forza estrinseca ed intrinseca della loro resistenza e perseveranza. Vi prego di rivolgere le vostre simpatie in prima linea a questa Lega, che personifica la fedeltà cattolica e l’eroismo cattolico. Confesso pure, che mi riesce di grande conforto sapere che i cattolici di vari paesi sono disposti a soccorrere praticamente ed efficacemente quella Lega (…)”.

[20] En varios momentos llega incluso a reproducir noticias procedentes de fuentes oficiales para ironizar sobre la situación de “tranquilidad” en que vivía el país, según afirmaban los partidarios del gobierno (Cfr. L’O.R., 19-IX-1928, p. 1; 21-XI-1928, p. 1).

[21] Cfr. L’O.R., 29-VII-1928, p. 1.

[22] Cfr. L’O.R., 28-VII-1928, p. 1.

[23] Ib.: “Ma dobbiamo dire che affermando veramente calunnioso tutto quanto si dice sul nostro giornale, il signor Attacchè militare sbaglia indirizzo. Tutti i giornali del mondo hanno narrato la fucilazione di Agostino Rios di anni 13, avvenuta il 3 gennaio 1927 in Leon, e quella di un quindicenne a Parras e un altra di un tredicenne in Arandas. Noi abbiamo citato. Il nostro giornale nulla ha pubblicato che non provenisse da altra testimonianze già poste sotto il controllo dell’opinione pubblica. Così il giornale Universe di Londra narrava il 28 aprile u. s. di un sacerdote arrestato a Lagos dalle truppe, cui furono spezzate le braccia, una gamba e preparato un rogo. Fu infine fucilato. La Koelnische Volkszeitung riporta la spaventovele fine del rev. Paolo Garcia che per essere accorso ad assistere un ferito, mentre era in arresto fra i soldati, questi gli tagliarono il naso e gli orecchi, gli strapparono gli occhi e la lingua, lasciandolo morire poi in un carro bestiame (…)”.

[24] En este sentido, como una condena a la insurrección armada, dice Jean Meyer que fue utilizada esta nota por la prensa mexicana al día siguiente de su aparición en L’O.R. (Cfr. Jean Meyer, La Cristiada 2 – El conflicto entre la iglesia y el estado 1926/1929, Siglo XXI, México 19785, p. 328).

[25] L’O.R., 8/9-VI-1928, p. 1: “C’è chi crede e vuol fare credere che circoli nel Messico ed altrove la voce che lo stesso Sommo Pontefice ha impartito una speciale benedizione all’insurrezione armata ed ha perfino concesso indulgenze speciali ai combattenti, incoraggiando quindi (viene da sé) anche la raccolta di denaro destinato ai combattenti. Consta da numerosi e noti documenti che il Santo Padre si è sempre schierato dalla parte dei suoi figli messicani perseguitati e sofferenti per la fede dei loro padri, ma è pure documentato che nulla vi è di vero nella voce di cui sopra”.

[26] Jean Meyer interpreta esta nota aclaratoria como un forma de distanciarse la Santa Sede de los insurgentes con el fin de propiciar el éxito de las negociaciones por la paz (Cfr. Jean Meyer, La Cristiada 2, cit., pp. 344-345).

[27] Este tipo de notas aclaratorias publicadas en un lenguaje más bien vago, pero comprensible por el público involucrado, no son extrañas en L’O.R.. Ofrecemos a continuación, sin que tenga nada que ver con el argumento de nuestro trabajo, un ejemplo de este tipo de aclaraciones: “Alcuni giornali italiani ed esteri asseriscono che, in seguito a delle informazioni trasmesse da Roma a qualche giornale francese, importanti riunioni avrebbero avuto luogo nei giorni scorsi in Vaticano tra il card. Gasparri, il card. Dubois arcivescovo di Parigi, il card. Cerretti ed il generale Castelman, allo scopo di”addivenire ad un compromesso per risolvere il grande dissidio sorto fra i cattolici francesi” in seguito alle note misure contro l’Action Française. Sempre secondo tali informazioni, le trattative sarebbero a buon punto per concludere una specie di”modus vivendi” tale da”quietare i sentimenti cattolici e religiosi dei cattolici” dell’Action Française. Siamo in grado di poter assicurare che tali notizie ed informazioni non hanno alcun fondamento” (L’O.R., 26-II-1927, p. 2). Otras notas de este género se pueden leer en L’O.R., 27-IX-1928, p. 1; 23-X-1928, p. 1; 1-XII-1928, p. 1; 19-II-1929, p.1.

[28] Cfr. J. Antonio López Ortega, Las naciones extranjeras y la persecución religiosa, editado por el autor mismo, México 1944, p. 142.

[29] L’O.R., 21/22-V-1928, p. 1: “Sua Santità, commossa per le imponenti manifestazioni avvenute nella cattolica Baviera a favore dei fratelli di fede perseguitati nel Messico, ha fatto trasmettere all’episcopato bavarese i sentimenti della Sua sovrana soddisfazione, benedicendo di cuore a quanti hanno iniziato e favorito quell’ammirevole movimento di solidarietà umana e cristiana”.

[30] Cfr. José Ma. García Escudero, “La comunidad política”, en Alfonso A. Cuadrón (ed.), Manual de Doctrina Social de la Iglesia, BAC, Madrid 1993, p. 712.

[31] Cfr. Alberto María Carreño, El Arzobispo de México Exmo. Sr. D. Pascual Díaz y el conflicto religioso, Victoria, México 19432, pp. 205-206; Jean Meyer, La Cristiada 2, cit., p. 328.

[32] Cfr. L’O.R., 12-VI-1928, p. 1; 15-VI-1928, p. 1; 16-VI-1928, p. 1; 24-VI-1928, p. 1.

[33] Cfr. L’O.R., 29-VI-1928, p. 1.

[34] Cfr. L’O.R., 26-VI-1928, p. 1.

[35] Cfr. L’O.R., 29-VII-1928, p. 1.

[36] L’O.R., 29-IX-1928, p. 1: “La Lega nazionale per la difesa della libertà religiosa al Messico, in nome di tutti i messicani che lottano per la santa libertà di coscienza, e per le istituzioni sacre della famiglia, della proprietà e della religione; in nome di questa patria afflitta, in nome del sangue generoso, versato a fiotti sui campi da battaglia dai nostri eroici liberatori; in nome del sangue benedetto dei nostri martiri, che sono morti per la fede di Cristo nostro Re, invia un voto caloroso di riconoscenza e di gratitudine agli illustri intellettuali europei che, di fronte al mondo, e seguendo l’esempio di Sua Santità il Papa, e di Bernard Shaw, hanno denunciato l’infame”cospirazione del silenzio” con cui la sedicente stampa d’informazione ha raccolto le iniquità compiute ogni giorno nella persecuzione religiosa intrapresa contro di noi (…)”.

[37] Cfr. L’O.R., 14-VII-1928, p. 1; 25-IX-1928, p. 1.

[38] L’O.R., 3-I-1929, p. 1: “ma quando, col pretesto della politica furono attaccati i principi religiosi, i difensori di questi principi dovettero insorgere e ne risultarono le disastrose condizioni che ancora travagliano il paese”.

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