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Teología del Apostolado Seglar Introducción del punto 5 al 8

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SUMARIO: § 5. Acción Católica y asociaciones religiosas de seglares. — § 6. Teología de la Acción Católica. — § 7. Gracias y carismas en la Acción Católica. —- § 8. Plan de la obra.

§ 5. ACCIÓN CATÓLICA Y ASOCIACIONES RELIGIOSAS DE SEGLARES

Hasta el presente, al menos, por Acción Católica se ha entendido el apostolado oficial de los seglares que, en algún aspecto, fuese universal, es decir, que se extendiese a toda obra capaz de ser realizada por el seglar católico en su condición de tal. Todo otro apostolado que no reuniera esa universalidad, no se le tenía por Acción Católica en la organización positivo-canónica de la Iglesia.

Sin embargo, con buen criterio se ha enseñado y defendido que tanto la Acción Católica como las asociaciones eclesiásticas de seglares son del mismo orden o naturaleza, y se distinguen al igual que el todo se diferencia de sus partes. La Acción Católica coincide con cada una de las diferentes asociaciones de laicos, según su mayor o menor extensión en el programa apostólico señalado por la jerarquía. Mas el apostolado es idéntico en todo lo que haya coincidencia de programa entre la Acción Católica y esas organizaciones de laicos.

Esa identidad hace que la Acción Católica, lo mismo que las asociaciones religiosas de fieles, se catalogue en el apostolado oficial de los seglares, porque en todas ellas existe aquella misión canónica o mandato dado por la jerarquía, señalando, impulsando, preceptuando, si conviene, las tareas apostólicas que deben asumir los fieles seglares. De ahí que por apostolado oficial se comprenda el ejercido por la Acción Católica y las expresadas asociaciones y, además, también el apostolado del culto y el desarrollado fuera de organismos eclesiásticos siempre que obedezca o responda al referido mandato o misión canónica. Pero nadie dejará de ver que en ese mismo apostolado oficial de seglares viene comprendido el de las religiosas y el de varones religiosos que no pertenezcan al orden clerical, siempre y cuando actúen a tenor de las respectivas constituciones de su religión y con sujeción a sus legítimos superiores.

El límite que actualmente separa o distingue los organismos de Acción Católica de las demás asociaciones religiosas de fieles, con ser muy tenue, es de índole canónico-administrativa, pero no de orden teológico, ya que no afecta a la naturaleza del apostolado en sí.

Fácil es reducir a una unidad conceptual, y prácticamente a una misma realidad, los organismos de Acción Católica y las demás asociaciones de fieles seglares.

Cierto es que, en los organismos de Acción Católica, el seglar se ofrece a la Iglesia jerárquica para realizar cualquier actividad de apostolado propia de los laicos; y, en las demás asociaciones, dicho ofrecimiento versa únicamente sobre los fines que, como propios de determinada asociación, han sido señalados por la jerarquía. Por lo que no hay universalidad de programa apostólico, sino únicamente alguna o muchas tareas que cumplir. Con todo, esa diferencia más bien es teórica o idealística que decisiva y trascendente en el terreno de las realidades.

En efecto, aunque el seglar se ofrezca para toda clase de tareas apostólicas en la Acción Católica, su actividad, de hecho, está limitada necesariamente por esta triple serie de causas:

  1. no todas las necesidades de la Iglesia concurren en cada lugar, parroquia o diócesis; por lo que el seglar tendrá excluidas de su programa apostólico todas aquellas actividades que, si bien son necesarias en otros lugares, no tienen razón de ser allí donde habita o ejerce su apostolado;
  2. dentro de las necesidades a llenar en cada territorio o lugar, no todos los seglares están adornados de las cualidades de orden externo o social que son indispensables para determinadas tareas apostólicas; es más, otros, incluso con dichas cualidades, no tienen expedito el camino para el apostolado por un sinfin de motivos, como son los de ambiente, familia, trabajo, enfermedades, etc.; y
  3. el ejercicio u ocupación en unas obras impide, de hecho, la realización simultánea de otras más o menos incompatibles, por lo que es menester que unos se dediquen a unas tareas, y otros, a otras distintas; y aun en ese ejercicio ismo, puede incluirse la voluntad de la jerarquía señalando preponderantemente los trabajos a realizar.En el terreno teológico, la identidad de apostolado aparece todavía con más claridad en la llamada Acción Católica y en las demás asociaciones religiosas de fieles. Pues si aquélla es la colaboración del laicado en el apostolado de la Iglesia, que en cada lugar viene determinada, según las circunstancias, por la jerarquía, dichas asociaciones implican igualmente colaboración del laicado en el apostolado jerárquico, según determinación, más o menos fija en cuanto a su programa, por la misma jerarquía, y así, la cofradía de la Doctrina Cristiana es la colaboración de fieles y clérigos en el apostolado de magisterio de la Iglesia jerárquica.Desde el punto de vista teológico, en todas estas instituciones eclesiales se verifica, en pleno sentido formal, colaboración del laicado en el apostolado de la Iglesia jerárquica, en virtud de misión canónica o mandato. De lo cual se infiere que, teológicamente, son sinónimos los referidos institutos de seglares.Tanto por apostolado oficial de los seglares como por Acción Católica quedan comprendidas las asociaciones religiosas de seglares; pero con éstas no se abarca toda la amplitud del apostolado oficial o Acción Católica, por el límite que impone la disciplina eclesiástica, al configurarlas en verdaderos organismos canónicos; y así, con ser dichas asociaciones estricto apostolado oficial de los seglares, no tienen toda su extensión o amplitud, ya que no comprenden el apostolado oficial que se ejerce fuera de organismos creados por la jerarquía para los laicos, como es, por ejemplo, además del anteriormente citado, el de los que sirven en las funciones del culto público de la Iglesia.En cuanto al término “seglar” o “seglares” empleado en este lugar y en todo el decurso de la obra, se le da significado eminentemente teológico. De esta manera, seglar es todo cristiano que no pertenezca al orden clerical, aunque sea miembro de una orden o congregación religiosa o sociedad equiparada, salvo que, por el contexto de la frase en temas sucesivos, aparezca su antinomia con el religioso que no ha sido recibido en la clerical milicia. Bajo esta consideración teológica son, por tanto, seglares las religiosas y los religiosos que no sean clérigos, a pesar de que los de uno y otro sexo gocen, por derecho positivo-eclesiástico, de las prerrogativas clericales.
  4. Como conclusión, pues, de lo expuesto, por apostolado oficial de los seglares o Acción Católica se comprende también el de las asociaciones religiosas para laicos; pero con éstas no se expresa, ni en ellas se contiene, todo el apostolado oficial, o sea, toda la extensión de la Acción Católica.
  5. Por lo que hace al aspecto administrativo-canónico o disciplinar, en razón de que la Acción Católica, conforme ha proclamado la Santa Sede, “no cristaliza rígidamente en esquemas fijos”[1], y ha sido impulsada con amplitud de criterio, no sólo dentro de los tipos de organización unitaria o federativa, sino también al margen de todo organismo canónico, como sucede en parroquias rurales o de exiguo número de habitantes que no permite o aconseja la creación de organismos, y también en asociaciones civiles, las cuales, como las Conferencias de San Vicente de Paúl, se ponen enteramente a disposición de la Iglesia jerárquica para desarrollar, allí donde indique o señale, toda clase de obras de misericordia[2], mediante previa misión canónica[3], Apostolado oficial de los seglares y Acción Católica se funden en idéntica unidad conceptual y realidad, en forma que ambas expresiones son verdaderamente sinónimas.
  6. Toca, pues, puntualizar el sentido que en este tratado u obra se da a las expresiones Apostolado oficial de los seglares Acción Católica y Asociaciones religiosas de seglares o laicos, para llegar a la apetecida unidad de terminología.
  7. Comparando, ahora, la labor apostólica de un militante de Acción Católica con la de un miembro de asociaciones religiosas de seglares, aparece que uno y otro ejercen la misma naturaleza de apostolado; y si a veces, no siempre, existe mayor extensión de programa en uno que en otro, este más o menos no altera ni modifica la índole del apostolado de la Acción Católica y de las referidas asociaciones. Precisamente, por esas consideraciones, la Acción Católica se ha organizado bajo dos tipos que, si externa o socialmente presentan alguna diferencia, coinciden exactamente en su contenido sustancial: apostolado oficial de los seglares. Tales son: la organización de tipo unitario, en la que si los seglares, dentro de su organismo, son capaces de realizar cualquier faceta propia de su apostolado oficial, en la práctica, empero, está restringida su capacidad por aquella triple serie de limitaciones reseñadas; y la de tipo federativo, la cual abarca las referidas asociaciones de seglares para diferentes fines, y en las que los fieles ingresan para desarrollar el apostolado señalado por la Iglesia jerárquica a cada una de las mismas.

§ 6. TEOLOGÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA

Con este epígrafe se restringe el tema concerniente al apostolado oficial de los seglares o Acción Católica. Nos fijamos tan sólo — y el campo de estudio es extensísimo — en la realidad sobrenatural que representa en la Iglesia esa institución y movimiento del laicado en cuanto colabora en el apostolado jerárquico, dejando de lado las prescripciones positivas que emanen de la jerarquía a ese respecto. Mientras, pues, la laicología abarca todo lo referente al fiel seglar, la Acción Católica le considera primordialmente en su cualidad de miembro del Cuerpo Místico de Cristo, como adornado de valores sobrenaturales para actuar externamente en favor del prójimo, al estilo como lo hacen quienes son partícipes de la potestad jerárquica.

Dentro del estudio de la Acción Católica o apostolado oficial de los seglares, nos situamos más concretamente en la parte que, por ser perenne e inmutable, fluye de los fundamentos dogmáticos de la verdad revelada y que constituye, con toda propiedad, la teología de la Acción Católica.

Este tratado, por su matiz teológico, prescinde de la organización positivo-eclesiástica que pueda darse a nuestra institución teológica, para determinar su entidad y actividad en la esfera social. Pero en la configuración inmutable de esa realidad eclesial se pretende destacar lo que ante Dios representa esa colaboración del laicado en la misión de la Iglesia jerárquica, con sus varias facetas que origina, tanto en orden al propio colaborador como al prójimo y a la Iglesia en general.

Siendo, por consiguiente, la teología del apostolado de los seglares una rama especial de la teología acerca del laicado, a nadie debe extrañar que, para su exposición y desarrollo, se invoquen o apliquen verdades o principios, alguna vez algo remotos, de la teología general sobre los laicos, a fin de trazar la sistemática perenne e inmutable de dicho apostolado, cuya institución y actividad sobrenatural son, hoy más que nunca, tan acariciadas por la jerarquía y por el elemento seglar.

§ 7. GRACIAS Y CARISMAS EN LA ACCIÓN CATÓLICA

La presencia de este subtítulo general: gracias y carismas en la Acción Católica, determina el contenido primordial de esta obra acerca del estudio teológico del apostolado oficial de los seglares, que no es más que la riqueza sobrenatural de energías para quienes estén llamados a colaborar con la Iglesia jerárquica para la salvación de las almas. Sin tener presente esta vivencia de gracias y carismas, los temas adquirirían, quizá, un aspecto puramente académico; serían como bisecciones que se operasen en la mesa de estudio; carecerían, sin duda, de la vitalidad que pudiese alentar al lector a tomar iniciativas, seguir consejos, realizar obras y, en concreto, colaborar con la jerarquía. En cambio, enfocando nuestro objetivo a la virtualidad y necesidad de las gracias y dones en el apostolado de los seglares, la exposición temática misma constituye ya una invitación a actuar en el campo de las realidades, en forma que tanto para los miembros de la jerarquía, a quienes incumbe enseñar, ponderar, dirigir y encauzar los destinos de la Acción Católica, como para los seglares mismos que estén interesados en ella, represente como toques de gracia, vivencias sobrenaturales que penetren en las almas generosas de amor hacia el prójimo, para dar nuevos impulsos a la Acción Católica.

Todo ello no es óbice, empero, que, siendo ante todo un trabajo teológico, se expongan como sostén o marco de referencia las bases sobre las que deba cimentarse la acción de la gracia en este apostolado de los seglares.

Insistiendo más concretamente en el subtítulo de la presente obra, debe reconocerse que todo lo tocante a la gracia divina viene comprendido en el estudio de la teología y por eso, en nuestro caso, en la teología del apostolado de los seglares. Sin embargo, por el expresado epígrafe subtitular se pone de relieve la importancia que en el apostolado asume la acción de la gracia sobrenatural. En términos algo generales puede decirse que la simple teología de la Acción Católica describe y analiza los elementos constitutivos que les son esenciales; y la doctrina de la gracia enseña, en cambio, cómo funciona esta institución, cuáles son sus energías y qué se requiere para que ella y cualquier otro apostolado den frutos y en abundancia, y qué obstáculos será necesario vencer. Ejemplo de esta realidad de la gracia divina puede verse en los apóstoles. Ellos recibieron, ya en la última cena, de Jesucristo mismo la plenitud del sacerdocio. Con todo, a pesar de esta consagración ontológica que recibieron en forma indeleble, se muestran, antes y aun después de la resurrección de Jesucristo, sin fuerzas, sin aliento, apagados. Mas llega el día de Pentecostés, y con él la venida del Espíritu Santo; movidos entonces por el impulso divino, que es la gracia de Jesucristo, transfórmanse los apóstoles en otros hombres; y, en Jerusalén, es ésta una maravilla para todos. Los que hasta entonces fueron tímidos hasta la cobardía, ocultos y encerrados en el cenáculo por temor a la policía judía, de repente manifiestan tal ardor en predicar a Jesús crucificado y resucitado, que sus oyentes ven en ello el efecto de una embriaguez pasajera[4]. Lo maravilloso del caso es que esa embriaguez perdurará mientras vivan los discípulos. Ni los látigos del sanedrín, ni los cepos de los carceleros, ni la cruz de los esclavos o el hacha de los líctores, lograrán acabar con la grandeza de ánimo de los apóstoles. “Si son humanos este consejo o esta empresa — había dicho Rabbi Gamaliel —, se disolverán por sí mismos, pero si de Dios proceden, no conseguiréis detenerlos, pues sería esto luchar contra Dios”[5]. No tarda en cumplirse la palabra del doctor en Israel: todavía llenos los ojos de la visión de Jesús resucitado, consagran los discípulos lo que les queda de vida a ganar almas para el Maestro conocido y amado de ellos, y mueren en confirmación de su fe[6].

Estos maravillosos y fecundos efectos de la gracia en las almas no se acabaron con los apóstoles; siguió la serie de cansinas con que Dios adornó a muchos fieles, cual convenía a la Iglesia naciente, para edificación del Cuerpo de Cristo[7]; y continúa en todos los cristianos en conformidad con la promesa divina: “Sabed que estoy con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos”[8] .

Abordar la doctrina de la necesidad y eficacia de la gracia divina en el apostolado de los seglares y, en especial, en la Acción Católica, es el objetivo primordial de esta obra, y al que se subordina siempre toda otra disquisición teológica referente a la teología de la Acción Católica en cuanto a la sistematización y desarrollo de temas.

  • 8. PLAN DE LA OBRA

Cuatro partes, enumeradas y clasificadas en títulos, constituyen el substrato o plan de esta obra, la cual va precedida de la presente introducción y termina con un epílogo.

El primer título tiene carácter preliminar porque reúne los fundamentos sobre los que se apoyan los tres restantes. El segundo se ocupa del aspecto subjetivo de la Acción Católica en cuanto supone una determinación del individuo, causada por la acción divina, para consagrarse ante Dios y la Iglesia al apostolado. El tercero estudia la Acción Católica como institución en sí, es decir, en su aspecto objetivo, y, además, la incorporación del seglar a la misma con todo lo que a este efecto es menester, en especial, la colación carismática al fiel seglar. Y en el cuarto y último título se desarrolla lo que es consecuencia conjunta de uno y otro elemento subjetivo y objetivo: la vida apostólica del seglar relacionada con Dios, consigo mismo y el prójimo, como efluvio de la asistencia divina. Para este último objetivo se ha tomado como ideal la vida de apostolado en San Pablo, según el modelo que nos presenta uno de sus mejores exegetas[9], a fin de exponer los dones y virtudes sobrenaturales que integran la vida apostólica en los seglares.

Aplicando una terminología más técnica a esta materia[10], podemos decir que el título segundo trata de la colaboración constitutiva, la cual fluye del seglar en cuanto se ofrece, movido por la gracia, a la jerarquía para actuar en su apostolado; el tercero versa sobre la participación carismática que obtiene el seglar al incorporarse en el apostolado de la Acción Católica; y el cuarto expone la colaboración consecutiva propia de los seglares, que se origina de los dos expresados antecedentes, y cuya plasmación interna y social es la vida apostólica o actuación de la realidad carismática que informa y robustece la oblación del seglar a Dios y a la Iglesia en favor del apostolado jerárquico.

 

[1] .  Pius XI, Encycl. “Firmissiman constantiam” ad episcopos mexicanos, 28 mart. 1937: AAS 28, 210.

[2]  Véase: Reglamento General de la Sociedad de San Vicente de Paúl, Madrid, 1905, Art. 1, p. 28.

[3] “…Hemos de tener gran respeto a los consejos que nos diere la sociedad o sus jefes; y, sobre todo, seguir con absoluta docilidad la dirección que los Superiores eclesiásticos tengan a bien darnos. San Vicente de Paúl no quería que sus discípulos emprendiesen ninguna obra buena sin la anuencia de sus respectivos párrocos y sin haber recibido su bendición [mandato o misión canónica]. Nunca, pues, hagamos nada nuevo ni importante en el distrito de una jurisdicción eclesiástica, sin ponerlo en conocimiento del que la ejerce” (Reglamento General de la Sociedad de San Vicente de Paúl, p. 19).

3 S. MARCH – Teología.

[4] 12.        Ac 2 13.

[5] 13.        Ac 5 38-39.

[6] 14.        P. ROUSSELOT-J. HUBY, El Nuevo Testamento: en “Christus” o Manual de Historia de las Religiones, trad. de la 5.a ed. franc., Barcelona, 1929, p. 896.

[7] 15.     Ef 4 12.

[8] 16.        Mt 28 20.

[9] 17.        C. CORNEX.II A LAPIDE, Effigies divi Pauli sive Idea Vita Apostólica, ed. 27, R. Galdós, Westmalle, 1938.

[10] 18.      J. SABATEK MARCH, Derecho constitucional de la Acción Católica, Barcelona, 1950, p. 26.

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